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Últimas preguntas

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Para todos los públicos Últimas preguntas - Renacer en Los Andes - ver ahora
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que caminan entre nosotros.

(Música cabecera)

¿Qué tal, amigos? Buenos días.

Una semana más, aquí estamos. En "Últimas preguntas".

Yo les invito que, para comenzar hoy el programa,

veamos juntos este vídeo. Después hablamos.

Guiado por la atracción de vivir intensamente,

siempre me he movido en el límite.

He atravesado desiertos, navegado por aguas peligrosas,

pilotado aviones y buceado en profundas cuevas.

Descendido barrancos y practicado la caída libre.

Por mi trabajo, he visto la muerte de cerca muchas veces,

pero nunca me había enfrentado a ella cara a cara.

Hasta que un día me perdí en la cordillera de los Andes

y la muerte caminó a mi lado.

Sin agua, sin comida, a muchos grados bajo cero

y sabiendo que no podían ir a buscarme,

era ya solo cuestión de horas.

Pero pedí ayuda y se me concedió.

¿Casualidad? ¿Dios? ¿Suerte?

Ahora sigo recorriendo el mundo por zonas de conflicto,

de catástrofes, de pobreza.

Pero ya no es un desafío.

Es una necesidad de gratitud y entrega.

De ayudar con mi trabajo todo lo que puedo a los demás.

Trece años después he sentido la necesidad de contar al mundo

esta experiencia espiritual que movió los cimientos de mi vida.

Una luz, tal vez solo una leve llama que ya nunca me ha abandonado.

Esperanza, paz, serenidad, fe, amor.

No importa el nombre si con este libro puedo apoyar

a los que se enfrentan a una adversidad, un desafío,

a encontrar la energía para superar el temor a uno mismo.

A encarar el miedo a este mundo tan bello y tan hostil

y salir fortalecido.

Está con nosotros el protagonista de esta historia, Miguel Ángel Tobías.

Buenos días. Buenos días.

Bienvenido una vez más. Me encanta que vengas.

Muchas gracias. Yo también me siento en casa.

Me alegro mucho, Miguel Ángel.

Fíjate que nos contaste esta historia hace tiempo.

Me decías antes que fue prácticamente el primer programa,

la primera entrevista que hiciste. Fue la primera entrevista.

Yo no lo sabía. No tenía ese dato.

Te lo agradezco muchísimo que fuese aquí.

Donde tú acercaste algo tan duro, tan íntimo, tan personal.

Ahora, 13 años después, has dicho: "Ya lo cuento en un libro, ¿no?".

Un libro en el que, habiéndote escuchado esta historia

muchas veces, reconozco que me ha sorprendido.

Ha sacado una parte, has hecho un desnudo emocional muy grande.

Pues mira, incluso el primer sorprendido soy yo.

Gente que se sabe la historia, que creía que se sabía la historia,

porque yo se la había contado, y que se han leído el libro,

me dicen: "Miguel Ángel, el libro es mucho más d

e lo que tú habías contado".

Pero entonces confieso y digo:

"El libro es mucho más de lo que yo mismo contaba,

porque para escribir el libro he tenido que hacer un ejercicio

de inmersión emocional, psicológica,

sobre lo que viví en aquel momento, minuto a minuto".

Y me he dado cuenta al escribir el libro

que había muchas cosas que no quería volver a recordar.

En las que no quería volver a pensar.

Porque la mente, evidentemente,

hace que cuando has pasado una experiencia tan tremenda,

tan dura como esta,

de haber estado a punto de morir,

hay cosas en las que no quieres volver atrás.

Por lo duro que supuso.

Tienes el relato. Te acuerdas de lo que viviste.

Tienes pinceladas de los momentos más fuertes que pasaron dentro de ti.

A la hora de escribirlo,

para que el lector pueda meterse en la historia,

he tenido que entrar minuto a minuto.

He llorado, he tenido fiebre escribiendo.

Hay una anécdota.

Es un libro que he escrito en los ratos que he ido pudiendo

Fines de semana, en cada momento que podía me ponía a escribir.

Y venía una vez en el AVE, entre Valencia y Madrid,

estaba escribiendo en la tablet y estaba llorando.

Si tú ves a alguien que llora que está hablando por teléfono,

todo el mundo piensa que le han dado una mala noticia y está llorando,

pero que veas a alguien que está llorando

mientras escribe en un ordenador...

Entonces una señora se levantó.

Vino y me dijo: "Perdone, ¿le pasa algo? ¿Le puedo ayudar?".

Me pareció, me enterneció brutalmente.

¿Qué pasó? Que no me quedó más remedio que explicar a la señora

y al resto de la gente que estaba en ese vagón de AVE,

todo el mundo se enteró que yo estaba escribiendo el libro

donde contaba el milagro que viví en los Andes.

Nunca me voy a olvidar de ese momento.

¿Por qué lloraba?

Porque estaba en ese momento escribiendo

el instante en el que me imaginaba a mis amigos

llamando a mi madre para decirle que su hijo había muerto.

Y claro, las lágrimas me caían de la cara.

Ha sido un ejercicio muy duro.

Ha sido apasionante escribirlo, pero decía a la editorial, Planeta,

que estaba siendo un ejercicio durísimo.

No me imaginaba que iba a ser tan duro.

Estoy acostumbrado a contar historias por el mundo a través

de los documentales de las películas.

Pero cuento las vidas de otros. Son otros los protagonistas.

En este caso, el protagonista del libro soy yo.

Estar contando íntimamente todo lo que pensé, sentí,

incluso me da hasta vergüenza.

Siento hasta pudor en las presentaciones de los libros.

La gente que viene me dice que se lo ha leído,

siento vergüenza cuando me lo dicen.

Sí, porque hablamos mucho de afrontar la vida.

Es una frase que decimos con frecuencia.

Pero es que tú en esa experiencia que vives,

en ese episodio tan fuerte de tu vida,

yo, por cierto, remito a los espectadores a que, por supuesto,

que lean el libro, obviamente. "Renacer en los Andes".

Pero también que vean aquella entrevista que hace años,

no sé si siete u ocho años que viniste al programa

y nos lo contaste.

Digo que hablamos con frecuencia de afrontar la vida,

pero tú ahí estabas afrontando tu muerte. Sin renunciar a la vida.

Luego lo comentamos también.

Pero estabas afrontando tu muerte. Muy duro eso.

Bueno... A ver.

Podemos vivir, en general.

Todos vivimos, afortunadamente, sin saber cuándo vamos a morir.

Si lo supiéramos, sería una angustia terrible.

Me duele en el corazón cuando personas que,

por cualquier tipo de enfermedad o lo que sea,

saben o les han dicho que tienen un tiempo o un plazo.

Es verdad que, aunque luego esto va para arriba o para abajo,

pero que te hayan dicho que tienes un plazo,

me parece una cosa terrorífica.

Pero en general, no sabemos cuándo.

Estar viviendo una situación donde yo no estaba herido,

estaba enfermo. Estaba sano.

Simplemente estaba en los Andes, en medio de una montaña

sin agua y sin comida.

Sabiendo que nadie me iba a ir a buscar.

Y saber que había sobrevivido la primera noche

a muchos grados bajo cero,

y que por mi propio conocimiento científico

sabía que la segunda noche era imposible sobrevivir,

saber que te vas a morir dentro de unas horas es terrible.

Es terrible.

El sentimiento de desolación absoluto.

En ese momento te das cuenta de la importancia que tiene la vida.

Hablamos de la palabra vida y muerte con una facilidad

y una tranquilidad y relax...

Las noticias, que es terrible.

"Han muerto 5 personas, han muerto otros 5000 en el mediterráneo".

Por favor, pensemos que cada una de esas muertes fuésemos nosotros,

que nos estuviésemos enfrentando a ello.

Y las personas a las que les ha pasado como a mí,

que han tenido esa situación de ser conscientes

de que se iban a morir,

es una experiencia desoladora y que solamente tienes dos opciones.

O enfrentarte a ella incluso en la propia aceptación,

con lo cual, entras en otro estado diferente...

¿Que lo hiciste también? Que lo hice también.

Lo hice a las 15:00 de la tarde de aquel día

en ese diálogo que mantenía con Dios durante horas.

Acepté mi muerte.

Pero a la vez, era una aceptación interna, interior

y, sin embargo, estaba con el compromiso

de seguir peleando y luchando, y no dejar de caminar para ver

si yo salvaba mi vida, ¿no?

Ojalá que la gente que lea el libro y esté pasando por una circunstancia

no tan grave o tan límite, pero al final todos los seres humanos

vamos a pasar por momentos buenos y malos,

y ojalá sirva para que las personas que lo lean

y estén pasando por esos momentos malos,

o el día que los tengan que pasar,

de sirva y se acuerden de las reflexiones que hago en el libro,

y esto les pueda dar un poco de fuerza, un poco de luz, esperanza

y serenidad como para decir: "Tengo esta situación delante.

Por supuesto, voy a pedir ayuda. No estamos solos.

Pero además, comprometerse con uno mismo y decir:

"Voy a hacer todo lo que yo pueda hasta el límite de mis fuerzas

para salir adelante, pelear y superar esta situación".

¿Qué te hace a ti aferrarte a la vida en ese momento?

Porque lo fácil... Fácil, entre comillas, obviamente.

Aquí las palabras quedan siempre limitadas.

Pero en esta situación en la que tú ya veías que era irremediable,

salvo milagro, como ocurrió, pero era irremediable tu muerte.

Pero ¿qué te hace aquí cuando racionalmente era imposible

que tú pudieses vivir?

¿Qué te hace aferrarte a la vida?

Hay dos momentos muy diferentes en esta historia que viví.

Uno fue por la noche.

La primera noche donde estaba congelado,

donde la lucha era contra mí mismo,

porque si me dormía me moría.

Entonces no luchas contra el frío,

luchas contra tu mente, que lo que te dice es:

"Duérmete y acaba con este sufrimiento

y se acaba el sufrimiento".

Y esa noche hubo una mano que dos veces me despertó.

Forma parte de ese milagro.

Que una mano me tocara la cara y entonces me despertara

y me permitiera seguir viviendo.

Pero la segunda vez que sucedió,

yo estaba tan congelado, tan en las últimas,

con un sentimiento de paz.

Ya no me dolía nada.

Ya no me dolía nada.

Estaba muriéndome y no me dolía nada.

Y de repente me vino la cara de mi madre.

Es el único momento en todo ese día donde verbaliza la palabra,

que con los labios muy rígidos, sin poderlos mover,

dije mamá.

Pero no dije mamá para pedir ayuda a mi madre,

sino dije mamá, con el sentimiento vi su cara y dije:

"No, no, no, no me puedo morir. No me puedo morir".

entonces tuve que hacer ese esfuerzo de pasar de la congelación

a la descongelación que significaba volver a sentir dolor.

Que ese volver a la vida esa noche significó volver a sentir dolor.

Luego ya de día, la experiencia otra vez con esa conciencia

de que me quedaban horas para morir,

hice lo único que en aquel momento sentí.

Fue entrar en un diálogo directo con Dios. Pedir ayuda.

Con consciencia de que yo de allí solo

era imposible que saliese.

Sabía que no había opción ninguna donde ir.

Estaba en medio de los Andes. Cientos de kilómetros de montañas.

A 5000 m de altura, muchos grados bajo cero por la noche.

Y como te decía antes, sin agua y sin comida.

Entré en ese diálogo interno

que en el libro se relata muy detalladamente.

Cómo fue ese diálogo. Qué cosas pedí.

Cómo se me fueron dando, cómo fueron sucediendo las cosas.

Y que, por supuesto, queda siempre, como no puede ser de otra manera,

en la cabeza, en la mente, en el corazón del lector,

poder sentir que, efectivamente, fue un milagro.

Si alguien piensa que fue la suerte...

Tuve la suerte más grande que alguien puede tener en el mundo.

O que fue fruto de la casualidad que yo fuese pidiendo cosas

y esas cosas fuesen pasando, pues yo acepto.

Obviamente, lo que cada uno quiera sentir.

Pero yo, íntimamente, no tengo ninguna duda.

Aquello fue un milagro. La mayoría de la gente que lee el libro lo ve.

Ve claramente ese milagro.

¿Me dejas que lea el párrafo en el que cuentas

esta conexión con tu madre?

"Solo dije mamá. Fue como volver a generar conexión con la vida.

Porque eso es lo que representa una madre, la vida.

Era como si acabara de nacer y el bebé que todos fuimos

estuviera desorientado, sin ver, sin entender lo que oye.

Ni dónde está ni por qué. No sabe respirar.

Le han sacado de su letargo, de una hibernación.

Tiene que decidir si quiere vivir.

Pero, de repente, está frente a su madre.

Le da fuerza y sentido a todo. Así me sentí yo.

Era un bebé naciendo, reconociendo y queriendo vivir

gracias a la fuerza de su madre".

Sí.

Me emociono porque no...

Porque eso es lo que representa la madre.

Yo tengo la suerte de que siempre he sentido esto.

Siempre he sabido cuál es el valor de una madre.

Ayer en la presentación del libro en otra ciudad

contaba de una película en la que hablé aquí, "Rising Nepal",

que rodé meses después del terremoto de Nepal,

que yo quería filmar el encuentro de dos víctimas, hijo y madre.

La madre en las montañas, el hijo en Katmandú.

Como quería firmar esa verdad,

no les permitía encontrarse antes de rodar.

Por lo tanto, coloqué las cámaras.

Cuando las cámaras estaban colocadas,

le dije al equipo de producción: "Ahora decirle a Devendra,

ese protagonista que camine hacia su madre".

Los nepalíes son muy fríos en cuanto al contacto físico.

Entonces, se agarró así de los brazos de la madre,

se movió un poco, y yo dije:

"No, no, no, es tu madre. Esto no puede ser".

Y de repente este chico dijo:

"Madre, déjeme. Déjeme un momento. Que me agache a besarle los pies".

Entonces, cuando vi eso...

También lo tienen claro y es esto.

Es lo que trato de decirle a todo el mundo a lo largo de mi vida.

No van encontrar nada más importante en la vida que la familia.

Los padres y los hermanos.

La madre representa eso.

Cuando hablamos, nos miramos y todo el mundo lo entiende.

Todo el mundo siente esto.

También se lo digo a las personas que,

por las circunstancias de su vida, su madre ya no está con ellos.

Les digo: "No os equivoquéis. Nunca van a dejar de estar.

Están ahí. Hablad con ellas. Pedidles.

Porque no van a dejar jamás una madre,

desde este lado, desde el otro,

jamás va a dejar de velar por sus hijos, ¿no?".

De algún modo, hablas también en el libro

de esas personas que ya no están físicamente con nosotros.

Tú además, no tengo delante el párrafo,

pero dices: "Yo sentí la ayuda de distintas personas,

Dios, pero no estaba solo".

Algo así vienes a contar, ¿no?

Esa presencia de ángeles aquí, alrededor de nosotros.

Pero en esa vida después de la muerte.

En esa presencia de almas.

yo toda la vida he sentido,

y para mí es una obviedad que hay ángeles

que caminan entre nosotros.

Pero uno puede pensar: "¿Cómo? ¿Son figuras extrañas?".

Con alitas... Con sus alitas, no.

Serán como sean y los habrá de todos los tipos.

Pero si uno piensa en una madre Teresa de Calcuta,

si piensa en los misioneros que hay en el mundo anónimos.

Que nunca vamos a conocer, que están en las zonas,

en las leproserías o en las zonas donde nadie quiere ir.

Donde lo único que hay es horror.

Hambre, sufrimiento y desesperanza.

¿Alguien tiene duda de que estos seres humanos,

estas personas son ángeles? Ninguna.

Me fascina...

Como estoy muy entrenado en esto, me fascina ir por el mundo

con esta sensación de ir descubriendo,

no de los con alitas, ¿no?

De los que caminan por aquí.

Ir descubriendo ángeles.

Desgraciadamente, vivimos en un mundo en el que...

hay muchos problemas.

Donde estamos viendo el horror permanentemente.

Yo que recorro el mundo en zonas de catástrofes,

guerras y zonas de pobreza.

Le digo a todo el mundo:

"Fijaos que en cada sitio del planeta donde hay una situación dramática,

donde hay una situación dura,

si te quedas un rato mirando, en algún momento aparece un ángel.

Y aparece un ángel en forma de lo que sea que da una botella de agua,

que da un abrazo, una sonrisa a alguien".

Yo no tengo duda.

No estoy convencido de que haya 8000 millones

o 7500 millones de humanos sobre la tierra.

De esos debe haber unos cuantos millones de ángeles

que seguro que caminan entre nosotros.

¿Qué es para ti la sensación de miedo,

soledad y humildad también?

Porque, por lo que nos has descrito, por lo que leemos en este libro,

es humildad absoluta de:

"Yo solo no puedo, necesito ni más ni menos que a Dios".

Mira...

yo creo que, primero con el tema de la soledad, ¿no?

Sin ninguna duda,

estoy 100 % convencido de que la enfermedad más grave

que puede tener un ser humano es la soledad.

Precisamente, en España,

donde la cifra es...

creo que hay como un millón y medio de personas mayores de 65 años

que viven solas.

De esas, seguro que hay un porcentaje, no sé cuál es,

que lo hacen voluntariamente, que están bien,

que están bien de salud y están felices.

Pero me pongo a pensar en los cientos de miles que no.

Me pongo a pensar en los cientos de miles de personas

que sienten esa soledad

O porque sus familiares no les prestan atención

o porque en general la sociedad no mira hacia otro lado

y caminamos así por el mundo.

Yo, yo, yo. Lo mío, lo mío, lo mío.

No somos capaces de girar hacia los lados.

Con lo cual, animo a la gente y en el libro que hago reflexiones,

al final del libro también sobre la soledad, el amor,

Dios, la muerte...

A que, por favor, seamos muy conscientes de estas personas.

Yo viví el sentimiento de soledad, probablemente,

más dramático que se puede llegar a vivir.

Es: "Sé que me voy a morir,

estoy físicamente solo, no hay nadie a mi alrededor,

pero, además, las personas que me quieren,

que no saben que estaba yo viviendo esa tragedia en los Andes,

que estaban en España en agosto, que están de vacaciones,

están pensando que su hijo, su hermano, su tío, su primo,

está viviendo un viaje de aventura en Perú con sus amigos,

que todo está bien y no pasa nada, fue terrorífico".

Decir: "Me voy a morir y me voy a morir solo.

Me voy a morir sin que la gente que me quiere

ni siquiera pueda tener un pensamiento

hacia mí en este último momento".

Con lo cual, desde aquella experiencia...

Por eso decía antes lo de la soledad.

Estoy muy obsesionado, en el buen sentido de la palabra,

con que fomentemos entre todos este concepto.

Que por favor, miremos a los lados

e intentemos ver a quién tenemos al lado.

Y si realmente tiene esa enfermedad, que tratemos de ayudarle.

Y con respecto a lo que decías de la humildad,

una persona muy religioso que en aquel momento,

cuando yo viví la tragedia de los Andes,

era el asesor de cultura del presidente del Gobierno,

en aquel momento. Por lo tanto, un tipo muy culto.

Era quien escribía los discursos de cultura con 62 años.

Rafael se llama. Me dijo una cosa.

"Miguel Ángel...

sin tú saberlo, has cumplido los preceptos

para que se pueda dar un milagro".

Y claro, le pregunté que cuáles eran.

Y me dijo que el primero era humildad para reconocer

que tú de allí solo no salías.

Sin esa humildad, es imposible que se me hubiera ayudado.

Si yo me creo autosuficiente, creo que lo puedo todo,

creo que lo voy a resolver,

¿por qué me va a ayudar nadie?

Los otros fueron pedir ayuda.

Si no pides ayuda, igual.

Si no pedimos ayuda, ¿por qué nos la van a dar?

Libre albedrío. Puedes hacer con tu vida lo que quieras.

Lo tercero fue aceptar mi muerte.

Encomendarme a lo que parecía que era inevitable que iba a pasar.

Y otra cosa de la que hemos hablado antes.

Decidir que voy a seguir caminando.

Hay que pedir ayuda.

Pero uno tiene que luchar con todas sus fuerzas

y poner toda su cabeza y su corazón, su inteligencia y voluntad

e intentar resolver ese problema que está teniendo.

Si se dan estas cosas, y Dios quiere, se produce.

Hablo con mucha vergüenza de esto, porque sé, evidentemente,

hay mucha gente que se ha muerto en la montaña.

Hay mucha gente que muere todos los días.

Yo no tengo ni idea, no lo puedo saber

por qué a mí se me ayudó, y en otros momentos,

desde nuestra mente racional humana, ¿por qué no se ayuda a otros?

No lo puedo saber.

Lo único que puedo hacer y lo digo también con toda humildad,

es vivir en consecuencia.

De saber que se dio ese milagro, que se me ha dado

una segunda oportunidad de vivir y que tengo que vivir siendo consciente

de que se me dio esa segunda oportunidad.

Utilizas ahí siempre una frase.

Creo que lo define muy bien.

"Estoy en comisión de servicio".

Estamos todos en comisión de servicio.

Lo que pasa es que yo ya lo sé.

En esa comisión de servicio estás haciendo servicio magnífico,

obviamente, con una de las cosas que mejor sabes hacer.

Es la producción de películas, cine, documentales.

Ahora estás trabajando...

Nos queda muy poquito tiempo, pero como vas a venir pronto

a contarnos otras cosas, no pasa nada.

Pero sí coméntanos un poquito un proyecto en el que estás

participando con esta casa, con TVE.

Sí, estoy produciendo y dirigiendo una película maravillosa.

En coproducción con TVE.

Se titula "Me llamo Gennet".

Es la historia de la primera sordociega de nacimiento

europea en tener un título universitario.

Deseando ver esa historia y tantas otras en las que trabajas

y seguirás trabajando en esta comisión de servicio

en la que todos estamos.

Miguel Ángel, un gusto, como siempre.

Muchas gracias. Te agradezco muchísimo este tiempo

que nos has dedicado. Te esperamos prontito.

Mientras tanto, nos leemos este libro.

"Renacer en los Andes".

Hablábamos de esos ángeles que están aquí,

a nuestro alrededor y que... con estar un poquito atentos,

Muchos de ellos, me consta, y conocemos a bastantes de ellos,

están, por ejemplo, en Cáritas.

Cáritas Española ha presentado su memoria anual hace unos días

y nosotros hoy vamos a conocer algo más de ese buen hacer

de la institución caritativa a la Iglesia.

La memoria de actividades de este Cáritas Española

revela cifras esperanzadoras en cuanto al compromiso

por parte de la sociedad en la lucha contra la pobreza.

Alerta de que, si bien, la crisis ha remitido,

sus efectos son colean en buena parte de las familias españolas.

Así lo demuestran las cifras.

El número de personas atendidas por Cáritas desciende.

Pero para el 40 % de estas,

la pobreza y precariedad se han vuelto crónicas.

-Cáritas sigue abierta a las personas que lo necesitan.

Es verdad que son algunas menos,

pero con una mayor intensidad de la pobreza.

Como tantas veces hemos dicho,

hay un empobrecimiento de la pobreza.

Al final se está concentrando en las familias más desfavorecidas

una intensidad muy grande de los efectos de la pobreza.

Hemos incrementado el número de donaciones privadas

y hemos incrementado el número de voluntarios.

Estamos entre 158 millones de euros de presupuesto y de ello,

el 75 % procede de donaciones privadas.

Y hemos llegado a las cifras récord de personas voluntarias.

Prácticamente, 85 000 personas voluntarias.

Día a día en las parroquias, en los proyectos,

están gastándose y desgastándose para formar parte

de las personas que luchamos contra la pobreza.

Una solidaridad que se extiende más allá de nuestras fronteras.

-Por eso Cáritas quiere extender su solidaridad

a los países del sur.

Han sido más de 30 millones de euros los que hemos dedicado

a cooperación internacional.

Básicamente, en tres líneas de trabajo.

La primera, seguridad alimentaria.

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Últimas preguntas - Renacer en Los Andes

05 nov 2017

Esta semana estará con nosotros Miguel Ángel Tobías para presentarnos su libro "Renacer en los Andes" en el que narra cómo afrontó una muerte que parecía inevitable.

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