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Últimas preguntas

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Para todos los públicos Últimas preguntas - Presidente de la Conferencia Episcopal - ver ahora
Transcripción completa

Son relatos literariamente muy bellos los dos, relativamente largos,

(Música cabecera)

¿Qué tal, amigos? Muy buenos días, bienvenidos a "Últimas preguntas".

Hoy les invitamos a ver la entrevista que hemos mantenido

con el presidente de la Conferencia Episcopal Española,

Monseñor Ricardo Blázquez, a propósito del 50 aniversario

de su ordenación sacerdotal.

Motivo por el que ha escrito el libro "Memoria y gratitud".

Esa entrevista fue grabada antes de la declaración

a propósito de la situación en Cataluña

que la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal

ha realizado esta semana.

Por este motivo, les vamos a ofrecer esta declaración

al final de la entrevista.

Don Ricardo Blázquez, buenos días, muchas gracias por recibirnos

en su despacho en la Conferencia Episcopal Española.

Buenos días y muchas gracias por invitarme. Encantado.

Se cumplen en estos, el año pasado, este año

el 50 aniversario de su ordenación sacerdotal

en febrero de este año 2017.

50 hemos celebrado también años de la Confederación Episcopal

que usted preside.

Usted por estos motivos ha escrito un libro, "Memoria y gratitud",

en el que, efectivamente, hace memoria, hace repaso de estos años

y, sobre todo, agradece, merece la pena disfrutar de este escrito.

Vamos por partes, 50 años de su ordenación sacerdotal.

¿Cuál sería la valoración que hace?

Sin duda, que para mí fue uno de los acontecimientos

más decisivos de mi vida.

Tuvo lugar la ordenación sacerdotal

en Ávila, el día 18 de febrero de 1967.

Yo les aseguro que aquel día en Ávila no hacía mucho calor.

Fue un día precioso para mi vida.

Son los 50 años de la ordenación de presbítero.

Son también otra serie de acontecimientos

que yo he tenido en cuenta a la hora de titular el libro.

Se hace memoria, unas veces más personal

y otras veces más eclesial o colectiva,

y también el sentimiento que predomina.

A la hora de recordar todos estos acontecimientos,

en mi caso en concreto, se impone la gratitud.

Seguramente ha habido otro tipo de momentos

y de sentimientos producidos por ellos,

pero el que predomina es doy gracias a Dios,

doy gracias a Dios a través de tantas personas

como me han ayudado en la vida.

A la hora de la gratitud, sin lugar a dudas,

supongo que hay que mirar atrás.

No esos 50 años, sino antes, hay que situarnos en su vocación,

en su respuesta a la llamada.

Me imagino que ahí tendrá un papel fundamental

incluso su infancia en su pueblo, en Villanueva del Campillo,

su familia, su gente, en definitiva.

A la hora de sentir la llamada del Señor,

para mí fueron importantísimas algunas personas.

Estoy pensando ahora en el párroco de mi pueblo,

que fue el mismo párroco que más tarde

el recién ordenado obispo en Plasencia, José Luis Retana,

tuvo también.

Para mí el contacto con el párroco, don Fidel se llamaba,

siendo monaguillo, viendo cómo actuaba

en las familias, en los niños, en los jóvenes,

en todo el ambiente del pueblo,

fue un acontecimiento en total que se me iba convirtiendo en pregunta.

¿Y tú por qué no puedes ser también como don Fidel?

En mi familia siempre encontré apoyo,

también el maestro de mi pueblo me ayudó mucho

y el ambiente general era un ambiente profundamente religioso.

De modo que ante una vocación al Ministerio Sacerdotal

reaccionaron, yo creo que todos los que de alguna forma

quisieron expresarse, con esperanza y también consuelo sobre mi vida.

Yo me alegro mucho de haber encontrado ese ambiente tan propicio.

Hablaba de esas dos dimensiones,

la dimensión eclesial, la dimensión social también,

de la presencia de la iglesia en la sociedad.

¿Cuál es a su juicio,

como presidente de la Conferencia Episcopal,

el momento actual desde estos dos puntos de vista?

Yo estoy convencido de que estamos entrando

en un cambio de época.

Un cambio de época se puede comparar con la edificación de un puente.

Hay un pilar que está construido,

un pilar que en esos andamios que sobrevuelan

se va poco a poco edificando, pero todavía el pilar,

el otro pilar estamos con ello.

De este punto de vista pensemos eclesialmente,

de la vida de la Iglesia.

Entonces, eran años de una abundancia extraordinaria vocacional

y ahora estamos padeciendo una escasez,

no sé si extraordinariamente, una escasez notabilísima grande

desde hace muchos años de vocaciones

para el Ministerio Presbiteral y para la vida consagrada

y también estamos notando para el matrimonio cristiano.

Entonces, los cambios en la sociedad han sido grandes

y los cambios en la Iglesia.

Pensemos lo que significó para todos nosotros

la transición de un régimen a otro,

que además tuvimos los españoles entonces

y tenemos que hablar como colectividad,

el acierto de hacerlo bien.

Una transición que fue elogiada por tantas personas desde el exterior

y que ha sido estudiada también como una transición

bien pensada y bien realizada.

Yo creo que en todos había un deseo de reconciliación y vida en común.

Ya lo que pasó no podemos evitar que pasara, ya ha pasado,

pero sí podemos plantearnos de cara al futuro

otra forma de convivencia.

Lo anterior, dispensémonos unos a otros el perdón.

¿Cuál debe ser un poco, según lo ve usted,

el motor que mueva, el motor fundamental

para que esos cambios sean eficaces,

para que esos cambios sean positivos?

Yo creo que hay una serie de valores

humanos, también cristianos,

que tienen que ser como mimbre,

como los mimbres de lo que queremos construir.

Hay un valor que es inolvidable y fundamental,

la libertad.

Dios nos ha creado libres y nosotros no tenemos la capacidad

para oprimir la libertad de nadie, ni en la sociedad ni en la iglesia.

La libertad tiene que ser también conviviente

la libertad de unos con la libertad de todos.

Por tanto, una libertad vivida

en común, compartida, con respeto mutuo

y una libertad y convivencia para hacer,

para hacernos mejores, para dejar un mundo mejor,

para responder a los desafíos que en cada coyuntura histórica

tenemos como sociedad y tenemos como iglesia,

pero yo indicaría estos valores como fundamentales.

La libertad, la libertad vivida en común para trabajar juntos,

para construir juntos.

La Iglesia universal está preparando el sínodo de los jóvenes

el próximo año 2018.

Un sínodo con el título

"Lo jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional".

Usted aludía hace unos minutos precisamente a las vocaciones.

¿Cómo ve usted a los jóvenes

y cómo piensa que ven los jóvenes a la Iglesia?

Yo los veo siempre y lo digo muchas veces

porque presido muchas celebraciones con jóvenes,

particularmente en la confirmación,

yo les digo y además con sinceridad quien dice joven dice futuro.

Quien dice joven dice esperanza.

Los jóvenes tiene derecho a los que les precedimos en el tiempo,

en las generaciones, que no pongamos plomo sobre sus alas,

soñemos con ellos, colaboremos en la construcción de su futuro.

Las generaciones se van implicando de una manera armoniosa,

que no sea con rupturas y con rechazos.

Entonces, yo, cuando hablan los jóvenes,

estoy transmitiendo, les quiero transmitir

un mensaje de esperanza, de confianza en ellos,

deseo de que acierten en su vida,

porque es verdad que siempre estamos acechados

por muchas tentaciones,

pero hay momentos que si las tentaciones

se ceban en una persona, la pueden inutilizar para el futuro,

la pueden estropear en su vida, en sus ilusiones.

Que puedan responder con fortaleza.

Entonces, en esta situación, qué duda cabe que necesitamos

jóvenes, muchos jóvenes con entusiasmo, con trabajo,

con laboriosidad, con deseos de convivencia en la sociedad

también en la iglesia.

La armonización de una generaciones y otras es complementaria.

Un niño necesita no solo de sus padres, también de sus abuelos.

Y un abuelo necesita, unos abuelos necesitan

no solo de sus hijos, también de sus nietos.

Y las cuatro o cinco generaciones que convivimos

en un momento determinado de la historia

nos necesitamos unos a otros, no podemos arrinconar a nadie.

Me da la sensación, don Ricardo, que usted es una persona

cuya actitud es siempre la de no apagar la mecha

por muy pocos que sean los rescoldos que quedan.

Al contrario, avivar el fuego.

En este contexto de cierta descristianización de la sociedad,

¿cómo se puede hacer?

¿Qué piensa usted que podemos hacer precisamente para avivar ese fuego?

Es verdad, si usted utiliza la comparación de la mecha,

yo a veces en una predicación utilizo también

la comparación de las brasas que están cubiertas de ceniza

y se necesita soplar sobre la ceniza para que las brasas

de nuevo iluminen y también calienten.

Entonces, tenemos que acercarnos unas personas a otras con mucho respeto.

Hay situaciones en las que cuando uno habla

o inicia una conversación con otro se necesita pedir permiso.

Yo te preguntaría si tú me das permiso.

Tenemos también que unos y otros, no simplemente respetarnos,

una distancia que a veces en lugar de interés por la persona

resulta más bien deferencia con la persona

a acercarnos con interés a la persona.

Para hacer un camino con ellos.

Seguramente que todos tenemos muchas heridas de la vida,

pero si las heridas no cicatrizan, quedamos exangües.

Entonces, a veces hay que pedir perdón,

a veces hay que abrir una meta que se tenga en cuenta

para caminar hacia ella,

a veces hay que ofrecer también la colaboración.

Hay que pedir también la colaboración y sostenerla, etc.

Pero acerquémonos unos a otros.

Yo le he leído o le he escuchado en algún momento

que usted ha dicho que Santa Teresa

es una experta en traer papas a España.

¿Cree que vendrá el papa Francisco?

Yo confío que sí, yo confío que sí.

Ella se las arreglará.

Nosotros no necesitamos darle la consigna que ella se arreglará.

Yo también, yo soñaba que el papa Francisco hubiera venido

con ocasión de la celebración

de los 500 años del nacimiento de Santa Teresa

pero cuando ya necesitamos una respuesta

de él, de la Santa Sede, porque necesitamos ir preparando las cosas,

nos dijeron que no estaba prevista una visita del papa a España ese año,

pero yo espero que sí.

Santa Teresa continúa siendo intercesora para viajes del papa.

Me imagino que como arzobispo de Valladolid,

como presidente de la Conferencia Episcopal española,

el tiempo libre que le queda es muy poquito,

¿pero en qué le gusta a usted emplearla?

Pues mire.

Yo las tardes de los domingos, si no tengo otra ocupación,

voy con mucha frecuencia a cantar las vísperas

con los monjes de La Trapa de Dueñas.

Hago el camino, unos 35 km para ella, otros para acá,

estoy un rato rezando, canto con ellos, los saludo,

saludo a las personas,

porque está, como saben ustedes, en Palencia

y yo estuvo tres años en Palencia,

y casi siempre me encuentro con personas conocidas.

Esa es, por ejemplo, es una misión.

Me hubiera gustado

otras satisfacciones personales de otra orden.

Por ejemplo, siento mucho no poder leer

lo que yo desearía leer.

Porque estamos siempre o preparando las cosas con muchas prisas,

a veces con demasiada prisa, o también con otras ocupaciones,

charlando, recibiendo, compartiendo lo que sea.

Me gustaría leer más.

Me gustaría también visitar sin prisa

determinadas ciudades, países.

Cuando no tenía estas obligaciones ministeriales ni esta misión,

entonces sí lo ocupaba durante los años,

los veranos los solía ocupar.

En el tiempo que yo estuve en Salamanca,

por dos meses que teníamos más o menos a nuestra disposición,

solía ocuparlos de esta forma. Viajar también me gusta.

Don Ricardo, ¿qué pasaje del Evangelio

no se cansa usted de releer y qué pasaje del Evangelio

es el que más le gusta

o sobre el que más le gusta predicar o compartir?

No me es fácil elegir entre dos pasajes.

La parábola del hijo pródigo que decimos,

del padre bueno con dos hijos,

y también el relato de Jesús

que se les apareció a los discípulos de Emaús.

Son relatos literariamente muy bellos los dos, relativamente largos,

que sin ser tan muy fácilmente en las vidas de las personas,

de las familias,

del recorrido que vamos haciendo cada uno,

los dos son pasajes preciosos.

Si me apura un poco, yo elegiría el de Emaús.

Emaús, el Señor se acerca a aquellos discípulos

que bajaban con aire entristecido

después de los acontecimientos que habían tenido lugar en Jerusalén

en que Jesús fue crucificado.

Ellos bajan tristes, como de vuelta de una esperanza fallida,

van como en silencio, comentando a duras penas lo que ha ocurrido

y se les acerca un caminante misterioso.

Lo desconocen, no saben quién es.

Les pregunta: "¿De qué vais hablando?"

Dicen: "¿Eres tú el único que no sabe lo que ha ocurrido

estos días en Jerusalén?"

Jesús entabla una conversación con ellos,

que es una catequesis preciosa en el camino, en el camino de la vida.

Llegan a la posada, este caminante misterioso

hace ademán de seguir adelante y los discípulos dicen:

"¿A dónde vas ya? Si ya ha anochecido y el pueblo cercano queda lejos,

quédate con nosotros".

Cuando estaban cenando se les abren los ojos,

porque también el Corán tiene sus ojos y lo reconocen.

Usted ha hablado a lo largo de esta conversación,

ha sacado en distintos momentos, ha hablado en distintos momentos

de los sueños. ¿Cuál es su sueño?

Mi sueño es poder cumplir el ministerio que se me ha entregado.

El tiempo que el papa crea oportuno.

Yo ya presenté el día 13 de abril la carta de renuncia,

concretamente de renuncia al servicio pastoral

como arzobispo en la diócesis de Valladolid

y lo que el papa crea oportuno.

Si ya me dice: "Ya, Ricardo", ya está

y si me dice: "Continúe un poco más", pues muy bien.

En este sentido, no tengo problema ni para decir ya, ya he terminado,

ni para continuar.

Don Ricardo Blázquez, muchísimas gracias de verdad

por este tiempo que nos ha dedicado. Muchas gracias por esta oportunidad.

Saludo a todos cordialmente.

Como les comentábamos al inicio, vamos a ver íntegramente

la declaración que los obispos

de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal

han realizado a propósito de la situación en Cataluña.

Ante la grave situación que se vive en Cataluña,

con gran preocupación en el resto de España,

los obispos queremos, en primer lugar,

hacer nuestros los deseos y sentimientos

manifestados recientemente de forma conjunta

por los obispos con sede en el territorio de Cataluña,

auténtico representantes de sus diócesis.

En especial, invitamos a la oración por quienes en este momento difícil

tienen la responsabilidad en el gobierno,

de las diversas Administraciones Públicas

de la gestión del bien común y de la convivencia social

a fin de que todos seamos guiados por la sensatez y el deseo

de ser justos y fraternos

y con responsabilidad avanzar

en el camino del diálogo y del entendimiento,

del respeto a los derechos y a las instituciones

y de la no confrontación ayudando a que nuestra sociedad

sea un espacio de fraternidad, de libertad y de paz.

En estos momentos graves la verdadera solución del conflicto

pasar por el recurso al diálogo

desde la verdad y la búsqueda del bien común de todos

como señala la doctrina social de la Iglesia.

El papa Francisco nos indica que es hora de saber

cómo diseñar en una cultura que privilegia el diálogo

como forma de encuentro

la búsqueda de consensos y acuerdos,

pero sin separarla de las preocupaciones

por una sociedad justa con memoria y sin exclusiones.

Para hacer posible este diálogo honesto y generoso

que salvaguarde los bienes comunes de siglos

y los derechos propios de los diferentes pueblos

que conforman el Estado, es necesario

que tanto las autoridades de las Administraciones Públicas

como los partidos políticos y otras organizaciones,

así como los ciudadanos

eviten decisiones y actuaciones irreversibles

y de graves consecuencias.

Que lo sitúe al margen de la práctica democrática

amparada por las legítimas leyes

que garantizan nuestra convivencia pacífica

y origine fracturas familiares, sociales y eclesiales.

Como hemos señalado los obispos en otra ocasión

también difícil para nuestra convivencia democrática y pacífica,

es todo punto necesario recuperar la conciencia ciudadana

y la confianza en las instituciones.

Todo ello en el respeto de los cauces y principios

que el pueblo ha sancionado en la Constitución.

Por último, reiterando nuestra llamada

a la esperanza y la plegaria a Dios, la serenidad y entendimiento,

ofrecemos nuestra colaboración

al diálogo en favor de una pacífica y libre convivencia entre todos.

Muchas gracias.

Bien, cambiamos de asunto, y ahora vamos a abrir una nueva sección,

"Cine con valores".

Grabando.

-Teléfono en silencio, en modo avión además.

(Música)

Esta película ya, aunque no se hiciera,

a mí ya me da un montón.

El poder hablar contigo de una puta vez,

que hace, 2006, hace un montón de años que me pasó esto

y hasta ahora no habías querido saber nada y te enfadabas.

(Música)

Si esto me dio mal rollo,

es porque a mí en tu proceso este de exaltación de tal

me regalabas una biblia, con una postal además,

que es: "Yo lo que quiero es que tú seas feliz".

-Me acuerdo que María me decía: "Rezo por ti" o cosas así

y yo era como... Qué asco o no sé.

-A mí me regaló una biblia y a poco le doy con ella en la cabeza.

-Estabas en una rebeldía violenta.

(Canción religiosa)

¿Qué tienes miedo de que te convenza o qué?

"No, ya es que me quieres evangelizar".

Pues sí, claro que te quiero evangelizar.

Es como que me ha tocado la Bonoloto y te quiero dar diez millones.

Chico, ¿no quieres o qué?

-Es como el paradigma de lo que es una auténtica conversión.

(Teléfono)

¿Qué haces con el teléfono encendido?

-No, no, que es la alarma del ángelus.

(RÍEN)

Una película que, como cuenta el propio director,

David Arratibel, nace del estupor

de ver cómo toda su familia se convierte.

A partir de ahí, él, desde su agnosticismo,

trata de indagar en cómo es ese proceso de tener fe,

de tener la certeza de que Dios existe.

Ya ves que aquí el bolo baja y aquí el bolo...

-Mi cuñado, que es muy erudito en sus explicaciones,

dice que de lo que obra el Espíritu Santo

en el alma del creyente no se puede demostrar

Entonces, dice que, en ese sentido, es una película

que intenta algo que no consigue,

pero sí creo que con los testimonios de cuatro personas muy diferentes,

con vivencias muy diferentes

y desde una reflexión intelectual muy profunda de cómo explican su proceso,

creo que se llega a atisbar lo que es la vivencia de la fe.

que yo estoy interrogando como un inquisidor a ellos

Entonces, ¿por qué tú a tu hermana que tanto la quieres

no has hablado de estoy y hace seis años que le pasó esto?

Para mí, lo interesante de la película es cuando esas películas

que la cámara se gira hacia el autor y le interroga.

A mí, de repente, me di cuenta qué es lo que me ha impedido

a hablar con mi familia durante seis o siete años

sobre su proceso de conversión

que, a priori, no tiene por qué ser un tema conflictivo.

Yo creo que la película no va a responder a preguntas,

lo que va a hacer es que genere preguntas.

La película, sobre todo, lo que propone es que haya diálogos.

Yo creo que el converso tiene que ver más

con la primera persona del verbo conversar,

de proponer las conversación, sin perjuicios y desde el amor.

Yo, hablar del hecho religioso con las personas,

desde esa premisa de intentar entender al otro,

no convencer, que es muy importante, sobre todos los creyentes,

que tienen esa parte de apostolado y tal

que genera ese problema de que en la conversación...

Mí lo que me interesaba es entender, entender qué os ha pasado,

entender desde el cariño, desde el amor, que me lo explicaran.

Entonces, la película, yo creo que la única...

O lo más importante que propone como respuesta

es ante los nudos familiares y las conversaciones pendientes,

es una película de conversaciones pendientes.

Lo que propone es desanudar esas conversaciones.

Grandes respuestas a las grandes preguntas,

yo creo que en esta película no hay ninguna.

La película, lo más importante, es que ha sido

una película sanadora en el entorno a la familia.

Ha sido una película que nos ha hecho mucho bien.

Ahora nos reímos de esto, estamos vacilando.

El otro día estábamos de merendola a las 20:00 de la tarde

y mi hermana pequeña: "Si a misa hoy no he ido".

-"Qué más da que no vayas". -"No puedo no ir".

Esa no era una conversación que podíamos tener de risas

en medio de unas coca colas

y eso ha sido muy sanadora la película.

En ese sentido es muy terapéutica y lo que plantea es eso,

que hablemos de las cosas desde el amor y sin prejuicios.

Así finalizamos el programa.

Les agradecemos el tiempo que nos han dedicado

y les emplazamos hasta la próxima semana,

que nos encontraremos de nuevo aquí, en "Últimas preguntas".

Gracias, hasta entonces.

(Música)

  • Presidente de la Conferencia Episcopal

Últimas preguntas - Presidente de la Conferencia Episcopal

01 oct 2017

En el programa de esta semana veremos la entrevista que mantuvimos con el Presidente de la CEE, Mons. Ricardo Blázquez a propósito de su 50 Aniversario de ordenación sacerdotal. También hablamos con David Arratibel sobre su película "Converso".

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