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Para todos los públicos Últimas preguntas - J.C. la novela - ver ahora
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Fíjate que Jesucristo, de alguna manera,

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Hola amigos, qué tal, buenos días,

bienvenidos una semana más a Últimas preguntas.

Hoy vamos a dedicar la mañana

a la lectura serena, reposada, profunda y sugerente,

a propósito de una novela que se llama "J.C. El sueño de Dios".

Tuvimos ocasión de hablar con su autor, con Miguel Aranguren.

Buenos días, M Ángeles.

Gracias por acompañarnos una vez más, esto me encanta.

Pues es una alegría, ¿eh?

Además que... de verdad,

he disfrutado tanto con la lectura de este libro,

que el privilegio de poder luego hablar con el autor,

a mí me sigue maravillando, de verdad,

así que, gracias por estar, Miguel.

Oye, ¿por qué este libro, El sueño de Dios, ni más ni menos,

J.C. El sueño de Dios?

Pues mira, empezaré diciendo que yo soy escritor de novela

y andaba yo, después de la última que publiqué,

pues dándole vueltas.

Siempre un escritor cuando acaba una obra de ficción

se queda con la sensación de que lo ha contado todo, ¿no?

y, nada, un día en un almuerzo, en una comida,

con una persona que trabaja con gente joven

pues así un poco de pasada me comentó:

"oye, no sabes lo que ha cambiado la sociedad

de cuando tú estudiabas en el colegio,

ahora hay muchísimos chicos, me hablaba en el aspecto religioso,

chicos y chicas que no están bautizados,

que no saben nada de la fe y por lo tanto de la cultura,

nuestra cultura es cristiana,

y que, sin embargo, buscan con anhelo y sin encontrar,

una respuesta muchas veces a su sufrimiento,

son generaciones que sufren mucho, hogares rotos,

a veces un trato violento entre ellos,

bueno, la vida misma".

Y la verdad es que me fui de allí, de aquella conversación,

un poco intranquilo, ¿no?,

pensando si podría yo aportar algo o no,

porque entre otras cosas este hombre me decía:

"falta una novela que acerque el personaje de Jesús".

Claro, aquello fue una indirecta, a mí me dio un poquito de miedo,

lo recibí casi, casi, como un golpe,

pero poco después fue la JMJ en Madrid

y cuando comprobé que en el agosto madrileño,

que hace un calor que no hay quien pueda dar un paso,

llegaron a España, a nuestra ciudad, a la capital de España,

medio millón de jóvenes dije:

"en efecto hay interés en la búsqueda y, además, no solo eso,

igual que Jesús ha hablado a todos los hombres de todas las generaciones

también habla y busca a los hombres de hoy,

no solo a los jóvenes, a todos".

Y ahí empecé a trabajar, a documentarme,

dediqué un año y medio solamente al estudio y a la documentación

y un día, puse la primera palabra.

Y de esto hace tiempo,

porque te ha llevado tiempo escribir esta novela.

Sí, han sido siete años, siete años de trabajo.

Claro, es que hablabas y no me extraña,

de ese año y medio de documentación,

porque está recreado, está contado más que recreado,

está contada la vida en Nazaret, la vida en Belén,

la vida en Jerusalén, en la época de Jesús,

al detalle, al detalle, entonces claro,

es que estamos hablando de una historia,

podemos decir conocida más o menos,

porque estamos hablando de la infancia de Jesús,

con lo cual eso de conocida es más difícil,

pero sí que cada uno tiene en nuestro imaginario,

tenemos en nuestro imaginario cómo pudo ser,

con lo cual había que ser muy preciso

contando y situando a los personajes en un tiempo y en un espacio.

Claro, mira, es imposible escribir novela

si durante el proceso de escritura no estás dentro,

si el autor no está dentro,

si no forma parte del entorno y del paisaje.

Y es más, siendo el personaje Jesús y siendo sus padres María y José,

había un riesgo muy grande

que yo tuve muy claro desde el inicio

de escribir a partir de tópicos y de figuras más o menos almibaradas

y no, yo quería conocer el tema, porque además es una antigüedad

y una antigüedad en un rincón del Imperio olvidado,

donde la vida era muy complicada, ¿no?, era muy breve también,

era un pueblo humillado y, de repente,

se produce el milagro de los milagros.

Por otra parte,

yo en esta novela quería ir más allá del relato evangélico,

es decir, me apoyo en determinados momentos

en los que tenemos recogido en cada uno de los evangelios,

pero mi labor de escritor me empujaba más

a acompañar a los personajes

en esos pasajes que hay entre escena y escena,

es decir, cómo era la convivencia diaria con Jesús,

no solamente en la infancia,

porque también hay guiños a momentos de su edad adulta,

cómo fue también el proceso de su conocimientos de sí mismo,

claro, porque fue hombre perfecto y, por lo tanto, fue un bebé,

y su conciencia se fue formando poco a poco.

Quién soy yo, ¿no? Quién soy yo, etcétera.

Y luego un personaje

que en la elaboración del libro me ha cautivado que es San José,

pues de qué manera un hombre, en principio ajeno a esta historia,

acaba lleno de ella.

A mí, lo has mencionado tú, San José, ¡qué cariño has puesto!,

yo creo que le has puesto un cariño especial,

a la figura de ese hombre con sus incertidumbres,

con su sorpresa, con su...

es que no quiero desvelar muchas cosas del libro,

pero sí es decirle a Jesús:

"es que he tenido a mi dios en mis brazos

y le he cuidado cuando tenía fiebre,

como cualquier padre, ¿no?"

¡Qué ternura!, bueno, mejor léanlo,

no quiero seguir yo poniendo calificativos.

La verdad es que en algunos momentos de la escritura de la novela

a mí venía a la cabeza el momento del nacimiento de mis hijos.

No me extraña.

Yo siempre digo, tengo cuatro, y con los cuatro he llorado,

pero he llorado además con una libertad enorme

en cuanto me los pusieron en los brazos,

e incluso antes, ¿no?,

acompañando a mi mujer en ese momento

que es, pues eso,

en el que uno toca nuestra máxima humanidad

y, de alguna manera, el chispazo de dignidad que tenemos.

Un niño es un auténtico milagro.

Entonces me preguntaba de qué manera vivió San José

sin participar, claro, corporalmente,

de lo que es la génesis del Niño Jesús, ¿no?,

la formación en el vientre de María,

pero Dios entró derrumbando las puertas en su vida

y después tuvo al Niño en sus manos y, en efecto,

ese vínculo, que además es un vínculo de padre a hijo,

no hay en ningún momento duda por parte de San José

de que su trato con el Niño tiene que ser más distante,

sino todo lo contrario, lo abraza...

la misión que tiene como padre la vive con una ternura tremenda,

pero San José pasó sus dudas, como decías, pasa sus miedos...

y este es otro aspecto del libro

que también me interesa de alguna manera recalcar, ¿no?,

yo creo que los personajes de J.C. El sueño de Dios,

y hay personajes de máxima santidad, ¿no?,

y que forjan la historia de Occidente,

en un principio era ya de todo el Planeta, ¿no?,

eran personas de carne y hueso,

entonces tuvieron miedos, lo que decías tú,

tuvieron enfermedades, sufrieron desprecios,

tuvieron dudas, se vieron impotentes ante las cosas que se encontraban

y que no habían esperado, ¿no?

Y también esta parte a mí me conmovía

a medida que lo iba escribiendo,

porque pensaba que estaban, bueno, me he dado cuenta,

que están mucho más cerca de nosotros de lo que podríamos llegar a pensar.

Con lo difícil que es, me imagino Miguel,

abordar esta historia humana y divina.

Inseparable además. Inseparable, inseparable.

Un reto grande. Era un reto grande.

Se han escrito muchas vidas de Cristo y lo que pasa es que, vamos a decir,

que la mayoría de ellas,

con un componente religioso muy concreto.

Esto es un novela, es una novela.

El lector puede ser lo más amplio que podamos...

Sí, totalmente ajeno a la fe. Efectivamente, efectivamente.

Lo que decíamos al principio, ni siquiera bautizado,

incluso no tener interés especial por los misterios de la revelación

y acercarse a ellas simplemente por un interés histórico,

que lo tiene y mucho.

Pero sí que es cierto que a mí me ha obligado,

bueno, me ha hecho sufrir mucho, ¿eh?, porque han sido siete años

y yo no sabía si iba a llegar al punto y final.

Yo creo que el sufrimiento era un pago

a la aventura en la que me había metido.

Pero respecto a lo que tú decías,

yo no quiero parecer nada, es decir,

no me quiero echar o poner méritos en ningún caso, ¿no?,

pero es un novela que de alguna forma me ha obligado a rezar,

es decir, pienso que es imposible o es muy difícil,

llegar a un Cristo real si de por medio no hay un trato,

o uno no pretende tener ese trato

y esforzarse por tener ese trato con Cristo,

que además es una zona clave de la novela,

o es un ritornelo constante en la novela,

el pensamiento de que es el único personaje de la Historia,

la única persona en la que podemos asegurar, desde la fe,

que está vivo, y por lo tanto ese trato es posible.

Tú dices que te ha llevado a rezar la creación de esta novela,

pues yo, como lectora, te diré que también.

Es verdad que cualquier lector puede no rezar,

está abierta a cualquier lector desde el punto de vista histórico

o puramente narrativo, que es magnífico también.

Cuidas muchísimos las palabras que utilizas, las imágenes,

me parece que está muy bonito desde ese punto de vista,

pero a mí, particularmente, me ha llevado también a rezar.

Pues es que me conmueve y me conmueve tu comentario

y tantísimos que estoy recibiendo en esa onda, ¿no?

Me estoy acordando de un sacerdote que me para de repente por la calle

y me dice: "oye tú, ¿tú eres el escritor de El sueño de Dios?".

Le digo que sí y me dice:

"Pues que sepas que he predicado unos ejercicios

y he utilizado parte de tu libro y me doy cuenta

de que así es mucho más fácil

que los fieles entiendan ciertos momentos de la Historia,

de la Historia Sagrada o de la historia de Jesús".

Y la verdad es que a mí me sobrecoge,

porque yo soy un pequeñito escritor, no soy más.

Te ha salido muy bien.

Oye, mencionas también a la figura de San Juan.

Sí. ¿Por qué?

Sí, de San Juan Evangelista, es... perdón, de San Juan Bautista.

Pues mira, San Juan Bautista es un perfecto desconocido.

Y además es un personaje que a la mayoría de los cristianos

nos parece que tiene una especie de toque extraño, ¿no?

Un rarito que se fue al desierto. Un raro, ¿no?,

no se sabe muy bien por qué bautiza,

ni qué tipo de bautismo es el que él imparte

y, curiosamente, a medida que empecé a documentarme,

resulta que a mí me sobrecogió, ¿no?,

fue, de alguna manera también, el segundo mártir

después de los niños inocentes que mandó degollar Herodes, ¿no?

Y fue el segundo mártir, totalmente consciente además,

de que había una persona, que era la persona,

que era el Mesías, que era el Salvador del Mundo,

que había llegado.

Se habían encontrado,

él todavía en el vientre de su madre, después nació

y Jesús estaba en el vientre también de María

y, posiblemente, no habían tenido más relación.

Las distancias, aunque no eran muy largas,

en aquellas época ir de un sitio a otro era complicado

y además la gente tenía muy pocos recursos,

no existían las vacaciones,

estas cosas de las que ahora disfrutamos tanto.

San Juan es una persona fundamental en la historia de los Evangelios,

de la vida de Cristo,

porque, de alguna manera, tenía claro no solo su llegada,

sino la necesidad de la preparación del pueblo

para poder acogerse a su salvación,

de la que él tampoco tenía mucha seguridad por dónde iba, ¿no?

Esas dos caras de San Juan, es decir,

la cara de la emoción por la llegada

y de la duda de cómo iba a cumplirse esa salvación,

si iba a ser una salvación temporal y espiritual,

solamente espiritual o solamente temporal,

pues hizo que fuera un personaje fundamental en la novela.

Ahora hablaremos de otros personaje,

pero antes, a propósito de esto que dices,

claro, es que nosotros como lectores, 2000 años después,

ya sabemos lo que ha pasado

y si lo abordamos desde el punto de vista de la fe

pues mucho más, ¿no?

Pero claro, quienes estaban, estos personajes de tu novela,

que son obviamente personajes reales,

cuando lo estaban viviendo,

pues yo entiendo perfectamente la incertidumbre,

sí, un Mesías, esperamos un Mesías, pero, ¿y es este de verdad?

¿Y quién soy yo, y qué papel juego en esto?

Ahora lo vemos muy fácil si volvemos la vista atrás.

Sin duda.

Fíjate que Jesucristo, de alguna manera,

contradecía todas las expectativas.

Habían nacido en un lugar tan miserable como una cueva,

vivían en Galilea,

que era un territorio despreciado por los que vivían en Judea,

que eran, podríamos decir, el judío auténtico en aquel tiempo,

es decir, en Galilea estaban mezclados

con paganos que venían por todos los caminos.

De ahí no podía venir nada bueno.

Y fíjate que además, cuando él se proclama Mesías,

no tiene ni Ejército, ni intención de tener Ejército,

ni quiere conquistar otra cosa más que el corazón de la gente

y además, teniendo él preferencia por ser judío,

por los suyos, no solo no desprecia, sino que busca también

a los que no forman parte del pueblo elegido,

porque los quieren incorporar a su salvación.

Ahora, yo también con este libro me he reforzado en el convencimiento

de que Jesús, igual que habló a sus personajes de tú a tú,

y en buena medida es lo que trato de reflejar en la novela,

si lo buscamos, nos habla a cada uno de nosotros de tú a tú,

porque Jesucristo es un personaje histórico,

pero a la vez no lo es,

porque sino no se explican estos 21 siglos

de una presencia constante, misteriosa y definitiva,

para tantísimas personas que han llenado el mundo

de luz, de esperanza, de servicio,

es decir, que han reflejado al propio Cristo.

Y como en toda novela, si me permites esta expresión,

hay buenos pero también hay malos. Sí, claro.

La figura de Satán.

Como en toda novela y como en toda historia humana.

La figura de Satán también has querido que esté muy presente.

Sí, es curioso, cuando lees el Evangelio,

percibes que Satanás, el demonio, no es un personaje de Carnaval,

no es un personaje para asustar a los niños,

no es una leyenda,

sino que Cristo habla de él y habla constantemente, ¿no?,

es más, en muchos de los milagros, los evangelistas indican

que la persona tenía ciertas enfermedades

o ciertas posesiones satánicas y es el gran enemigo,

el padre del desorden, del odio, de la ruptura, de la mentira,

de la falsificación, del enfrentamiento, de la guerra,

de todos los males, ¿no?, que conocemos,

que ha conocido el ser humano.

Y sin embargo, en nuestra época, también es curioso,

cómo ha acogido de alguna forma esa aura de personaje de cómic,

de muñeco, de invención, de leyenda, y, bueno, uno lee,

ponlo al principio, ¿no?,

la palabras con las que Cristo habla de él,

y te quedas conmocionado, ¿no?,

y comprendes que está presente, que forma parte de nuestra realidad

y que también, es algo esperanzador, es el gran derrotado en la historia.

Es un libro, de verdad se lo digo,

que tiene muchísimas lecturas, yo creo,

a mí me sugiere eso,

tiene muchísimas lecturas y también relecturas.

No se si habrá que esperar siete años como tú al escribirlo,

yo creo que antes, merecerá al pena releerlo.

Seguro que estarás trabajando en muchas cosas más

y no solamente literarias, sino también artísticas,

desde un punto de vista más amplio, ¿no?

Sí, lo estábamos comentando antes de comenzar la entrevista.

Tengo la inmensa suerte de una vez al año poder ir a Kenia,

que es un país que en mi vida tiene un significado muy especial,

a prestar mis dones artísticos y poder pintar templos, iglesias,

en las que, por razones de pobreza, pues no hay una sola imagen.

Es una cosa muy bonita porque en los pueblos africanos,

que tienen..., fíjate, yo a medida que iba componiendo esta novela

me daba cuenta de que hay muchas cosas en común, ¿no?,

entre los pueblos más retrasados de nuestro tiempo

y los tiempos de Cristo, ¿no?

En Kenia, donde sobre todo la población adulta

es casi en su totalidad analfabeta, llegan a las iglesias,

y la iglesia es una nave desnuda, pero si echamos la vista atrás

en nuestra sociedad, en nuestro país, en Europa, en Occidente,

también cuando la población era mayoritariamente analfabeta,

entraban en las iglesias y tenían una serie de imágenes

que les hacía muchos más fácil

llegar al conocimiento o al entendimiento

de la Historia Sagrada.

Entonces yo voy allí, me dejan paredes,

llevo mis pinturas,

voy acompañado de un hermano mío que también es artista, es pintor,

y allí estamos 12 días más o menos

dale que te dale con el pincel y la paleta.

La verdad es que es un auténtica fortuna poder hacerlo.

Para nosotros sí ha sido una fortuna que hayas estado en el programa

y que nos hayas acercado toda estas realidades,

muchas de ellas plasmadas en este libro

"J.C. El sueño de Dios".

Por cierto, ¿por qué las siglas?

Fíjate, pues porque fue el nombre,

el primer nombre con el que titulé el archivo,

el que tenía en mi ordenador, J.C.,

para diferenciarlos rápidamente de otros

y después, pues porque me gustaron las siglas.

Además, las hemos utilizados muchas veces.

Me acordaba de una canción de Mecano. Yo también.

J.C., que además es muy bonita.

Y después pensé que podía ser tal vez una causa

de que el público no reconociera bien el posible contenido de la historia

y entonces ya busqué algo mucho más poético

que es una cita más que aparece en la novela,

que habla del sueño de Dios.

Pues vamos a seguir soñando

y te agradezco que nos hayas sugerido estos sueños,

que desde mi punto de vista, merecen la pena.

Miguel, esperamos verte muy prontito por aquí.

Muchas gracias.

A todos ustedes, amigos, les emplazamos a la próxima semana.

Ojalá quieran estar con nosotros, al otro lado de la televisión,

o de Internet, que sabemos que son muchos

los que nos siguen a través de la redes sociales.

En cualquier caso,

les deseamos que tengan una semana estupenda

y encontrarnos de nuevo aquí, el próximo domingo. Hasta entonces.

Subtitulación realizada por Carmen Sevilla Machuca.

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Últimas preguntas - J.C. la novela

25 ago 2019

Con los datos que disponemos y tras una exhaustiva labor de investigación, el novelista Miguel Aranguren, nos propone una sugerente y reflexiva recreación de cómo fue su vida en familia y cómo se preparó para la misión que tenía encomendada.

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