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Para todos los públicos Últimas preguntas - Hijos surferos - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

¿Qué tal, amigos?

Muy buenos días y bienvenidos una semana más

a "Últimas preguntas".

Bueno, si nos están viendo padres de familia,

que seguro que son muchos padres de familia,

pues con hijos, iba a decir edad adolescente,

sí, y mayores, y más pequeños,

porque el tema de las pantallas, llámese smartphone,

llámese tabletas, llámese videojuegos,

pues es algo que está a la orden del día

en la mayoría de las familias, por ser un poco prudente

y no decir en todas, y en cualquier momento, ¿verdad?

Para muchos padres esto es una ola que nos lleva,

que parece que nos arrastra un tsunami digital.

Así ha titulado el libro que ya escribió

hace algunos meses,

pero que desde luego es auténtica novedad siempre

porque siempre tenemos que releer

y, sobre todo, repensar las actitudes

con la que los padres nos acercamos a esta realidad

tan presente en nuestras vidas, que es el mundo o la realidad

del mundo digital.

"Tsunami digital. Hijos surferos".

Un título que yo creo que define perfectamente

esta realidad que estamos viviendo.

Está con nosotros el autor de este libro,

que es Juan Martín, que también es profesor de Derecho

en la Universidad de Valencia. Juan, buenos días.

¿Qué tal? Muy buenos días, María Ángeles.

Encantada de que estés con nosotros.

Nos vamos a tutear, si me permites. Claro que sí. Por supuesto.

Nos vamos a sentir más cómodos. ¿Por qué este...?

No te digo todavía el título, sino el libro,

"Tsunami digital. Hijos surferos".

¿Cómo se te ocurre escribir este libro?

Bueno, yo desde hace años voy a colegios a dar charlas

sobre educación digital.

Y, la verdad es que he ido, no sé, a más de 100 colegios a dar charlas

y después de muchas charlas...

Es un tema que me preocupa, que me inquieta un poco

en estos últimos años cómo ha ido evolucionando

el uso que hacemos de la tecnología.

Y llegó un día que dije: "Oye, ¿por qué no escribo un libro

con lo que voy contando en los colegios?"

Y, bueno, ese es el origen un poco del libro.

Tsunami digital. Es verdad, hay veces que los padres lo vivimos

como una ola que nos viene, una ola gigantesca que nos viene

y que nos va a llevar por delante porque no sabemos cómo sortearla.

Pero sí que podemos educar y podemos enseñar

a surfear a nuestros hijos.

Claro, tendremos que saber nosotros también, ¿no?

Sí. A ver, creo que el título compendia muy bien

la amenaza que supone la tecnología, el tsunami,

es una cosa irresistible, es una avalancha

y, bueno, ante esa situación, pues en qué medida podemos hacer

un uso creativo, divertido, original, y sobrevivir a la avalancha.

Pero sí que quiero incidir que es bastante peligroso

y que tiene muchos riesgos,

que si uno no aprende a surfear y lo enseña,

el resultado va a ser bastante perjudicial para los menores

y para los adultos también.

Es decir, que los primeros que tenemos que aprender a surfear

somos los adultos. Hombre, desde luego.

Llámese padres, llámese profesores, llámese cualquier persona

que en su vida cotidiana tiene una relación con niños

y con adolescentes, jóvenes.

Claro, estamos hablando de educación digital,

educación en internet.

Hemos de darnos cuenta, creo yo, que los primeros maleducados,

o ineducados si quieres, somos los adultos.

Nadie nos ha enseñado cómo utilizar un móvil,

cómo llevar todo el día un aparato con internet

permanentemente en el bolsillo, cómo actuar en un grupo de WhatsApp.

Entonces, bueno, uno tiene que autoeducarse

y luego intentar pensar de qué forma va a transmitir esas ideas

a los hijos, ya sean jóvenes, adolescentes o niños.

Has dicho algo muy importante y aquí me gustaría

que nos empezásemos a detener ya en determinadas cuestiones.

Tienen que parar o tenemos que parar a pensar.

Fundamental la reflexión, ¿no?

Porque muchas veces decimos: "Deja ya el móvil".

Pero ¿por qué? Claro.

¿No?

A ver, en primer lugar, creo que hace unos años

alertar frente a los riesgos de internet no era tan habitual.

Se alertaba frente a algunos pederastas y tal,

pero cómo internet hacía daño en general

o un uso descontrolado no era muy común,

no se hablaba mucho.

Ahora casi todos los días en prensa hay noticias,

hay expertos, gente que está hablando de eso.

A mí lo que me preocupa

es que me parece que hay mucho adulto, educador,

que tiene una preocupación,

pero que es una preocupación un poco a bulto,

si me permites la expresión.

Es decir, algo me preocupa, pero no sé por qué.

Entonces, me parece fundamental pararse a pensar y decir:

"Bueno, ¿a mí por qué me preocupa?"

Y a esa preocupación genérica ponerle nombres y apellidos,

sobre todo porque hasta que tú no sabes qué te preocupa

y le has puesto un nombre, no puedes desarrollar una estrategia.

¿Qué voy a hacer?

Me preocupa esto por esto, esto es lo que voy a hacer.

Si tú te quedas en: "Qué barbaridad. Parece mentira.

Mi hijo está enganchado".

Pero no eres capaz de articular un poco tu discurso,

es muy difícil que eduques bien.

Claro, porque nos pueden preocupar muchas cosas.

Puede preocupar una cantidad de horas,

una cantidad de tiempo desmesurado que pasan nuestros hijos

ante las pantallas, pero por el simple hecho del tiempo

que no lo está ocupando en otra cosa,

o puede preocupar qué está ocurriendo

durante ese tiempo, que a lo mejor es un minuto,

pero puede ser algo peligroso lo que esté pasando.

Puede ser tema de abusos, abusos sexuales,

acoso escolar, efectivamente...

O puede ser... tema de violencia de otro tipo.

O puede ser el no saber, pensar o hacer otra cosa.

Es decir, hay que ponerle un nombre, ¿no?

Y para eso hay que conocer, Juan. Claro.

Y luego cada familia es distinta, cada niño es distinto

y cada padre es distinto.

Entonces, igual hay familias que les preocupa mucho

un contenido inadecuado que se puede ver en su casa,

a otras familias les preocupa la distracción y las notas,

a otras familias les preocupa el tema del acoso...

En fin, evidentemente, todos los padres deben saber

el amplio abanico de peligros que hay,

pero uno también tiene que decir:

"Bueno, yo en el contexto en el que me muevo,

con los chicos a los que estoy educando,

las niñas a las que educo, ¿qué es lo más importante?

¿A mí qué me preocupa en particular y qué voy a hacer?

Bueno, pues eso, los potenciales malos usos son muy variados.

A mí quizá el que más me preocupa es la distracción permanente.

Creo que la tecnología,

y esto no solo a los niños y a los adolescentes...

A todos.

Estar permanentemente sometido a interrupciones,

ya sea en el trabajo, en el descanso,

paseando con tu pareja, estando con tu hijo,

al final nos impide disfrutar de lo que estamos haciendo.

Uno nunca está al 100% haciendo algo, siempre está dividiendo su atención.

Y eso, claro, pues hace que uno lo viva con menos intensidad

y lo disfrute menos.

¿Y a los padres?

Nos comentabas al comienzo que tienes mucha relación

con padres, profesores, a través de las charlas

en los colegios, y con alumnos, obviamente.

¿Qué es lo que más les preocupa?

¿Dónde ponemos el foco?

Bueno, hay un poco de todo.

Una pregunta que todo el mundo hace es:

"Bueno, ¿y a qué edad le compro el móvil a mi hijo?"

Después de todo este rollo que nos has contado, ¿a qué edad?

Aquí hay dos escuelas.

Hay gente que dice: "Cuanto antes, mejor

porque así tú le acompañas y le educas".

Y hay gente que dice:

"Cuanto más tarde, mejor. Espera todo lo que puedas".

Yo soy más de esta segunda escuela,

pero la otra me parece también razonable.

Ahora, creo que la clave es acompañar en el uso.

Hablar mucho...

Esto es una cosa que en el libro he intentado hacer, no sé si...

Es hablar mucho en positivo.

O sea, frente a todos los riesgos intentar buscar...

El riesgo que antes hablábamos, distracción.

Bueno, pues yo no voy a educar diciendo:

"No te distraigas, no te distraigas, deja el móvil, estás adicto".

Quiero decir, los mensajes negativos no motivan.

Entonces, a la hora de dar un mensaje negativo

uno tiene que decir: "¿Cómo puedo vender esto en positivo?"

¿Y cómo?

Pues igual hay que decir: "Oye, ¿tú quieres...?

Por ejemplo, ¿Rafa Nadal por qué gana partidos de tenis?

¿Nadal es mejor que Federer? No.

Todos los golpes de Federer son mejor que los de Nadal.

Esto no es que lo diga yo,

lo dice Toni Nadal y lo dice Rafa Nadal.

¿Por qué le gana?

Porque pone más intensidad, porque pone más concentración.

Entonces, igual en casa tú puedes decir:

"Oye, cariño, ¿tú quieres ser como Rafa Nadal?"

Depende de los años que tenga tu hijo.

"Oye, ¿tú quieres hacer algo con intensidad y con concentración?"

Y creo que eso es una actitud que todavía es atractiva

en un adolescente. Hacer las cosas al 120%.

Cualquier partido de liga juvenil,

¿qué le grita el entrenador a los chavales?

O el Cholo Simeone que grita... Intensidad.

Bueno, pues igual en vez de hablar de no te distraigas,

vamos a intentar vender el mensaje en:

"Concéntrate. Da el 120%". Creo que es un mensaje que vende más.

Luego habrá que decir: "No te distraigas",

pero intentar esa actitud positiva. Ponerlo en positivo, ¿no?

Pero para eso también los padres, los educadores,

tenemos que hacer un ejercicio también de no distraernos.

Porque muchas veces somos los primeros que nos distraemos

y concentramos toda la atención en los smartphones,

en el grupo de WhatsApp, lo que sea, y no estamos utilizando

ese tiempo ni esas neuronas, si me permiten la expresión,

en proponer algo más creativo, ¿no? Desde luego, desde luego.

Creo que... A ver, igual soy un poco exagerado,

pero me parece que este es uno de los desafíos más grandes

que ha tenido nunca un educador.

Creo que uno tiene que ser muy inteligente

para responder a él.

En mi opinión, la única salida,

la única defensa frente a este tsunami,

es las relaciones personales.

Es decir, quererse más en casa, querer más a los niños,

querer más a los amigos.

Y ser capaz de decir: "Oye, estoy hablando con mi mujer.

No miro el móvil en ningún momento

porque ella es más importante que esto".

Pues un domingo en vez de estar viendo la televisión,

Eurosport o vídeos de YouTube,

voy a ir a jugar con mi hija dos horas sin mi móvil,

porque mi hija es lo más importante de mi vida.

Esto que antes se daba por supuesto,

ahora uno se lo tiene que recordar permanentemente,

y me parece una oportunidad bonita.

Quiero decir, creo que es una forma de surfearlo.

Y quizá uno dice: "Oye, voy a retomar esta afición que tenía de pequeño

para compartirla con mi hijo.

Voy a buscar tiempo de calidad con mis padres, con mis hermanos.

Voy a comprar un juego de mesa y vamos a jugar juntos".

O sea, ser capaces nosotros, como tú decías,

de dejar a un lado las pantallas y estar más tiempo juntos.

Lo que pasa es que quien maneja todo el tema

de las redes sociales, de las aplicaciones y demás,

esto lo saben de sobra y van a crear contenidos

que de algún modo van a sustituir eso que nos estás proponiendo.

Hablas de relaciones.

Tenemos, por ejemplo, WhatsApp, o cualquier otro chat

en cualquiera de las demás aplicaciones.

Al fin y al cabo son relaciones, de otra manera, quizá no tan...

Pero son relaciones.

Hablas de deporte, nos van a proponer aplicaciones

donde incluso podamos jugar padres e hijos...

Bien. Tenemos ahí una lucha.

Sí, el desafío es demostrar...

Igual alguien está feliz de que su hijo se pase

el sábado o el domingo jugando con una aplicación. Pues bien.

Ahora, quien no esté feliz, tendrá que decir:

"¿Yo cómo le explico a mi hijo que es mejor ir al parque

a jugar con sus primos o con sus amigos

que quedarse en casa jugando al Fortnite?"

Y tenemos que ser capaces de explicárselo.

Y luego, yo creo que no hay que ser ingenuos,

a veces hay padres que dicen: "Bueno, este alarmismo

con la tecnología. Qué exageración.

Si en el fondo esto es como la tele o como la imprenta...

Cualquier invento al principio es peligroso".

Bien, discrepo totalmente de eso. Creo que esto es muy distinto.

Detrás de una pantalla...

Antes había unos cuantos programadores de televisión,

pero ahora detrás de un smartphone hay centenares de ingenieros,

gente que sabe de neuromarketing, de publicidad, de diseño,

gente listísima que cobra mucho dinero

y que además conoce perfectamente a nuestro hijo o a nosotros.

¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Qué años tiene? ¿Dónde vive?

¿Cuáles son los últimos 100 000 vídeos que ha visto?

Entonces, todo ese ejército de gente está preparando

al otro lado de la pantalla, con el tema del Big Data,

está preparando un producto tan atractivo,

que el tema es: ¿quién puede resistir?

Es como poner a un niño en una tienda de chucherías

y decirle: "Oye, papá y mamá se van".

Cómete alguna, esto no es malo.

Vendremos dentro de una hora, con todas las chucherías ahí.

¿Qué niño no se va a cebar?

Pues eso es lo que tenemos detrás de la pantalla

y creo que hasta que no nos demos cuenta

de que esto realmente va muy en serio...

El otro día un niño...

Así hablamos, que si no me enrollo.

Escuché a un chaval de 12 años, que me dijo en un colegio:

"A mí ya no me gusta el fútbol. Prefiero jugar a los videojuegos".

Y era un chaval que le encantaba el fútbol y estaba federado.

"Y yo ayer le dije a mi padre que me borrara del equipo,

que el tiempo que entreno y juego al fútbol,

prefiero estar jugando al Fortnite". Que es un videojuego...

Claro, esto es una cosa muy seria.

Porque estar sentado en tu habitación jugando a algo

con gente que no conoces, no desarrollas empatía,

no haces ejercicio físico,...

Bien, terminas echando barriga, te puedes hacer agresivo...

En el tema de la violencia los videojuegos no está demostrado

que se produzca, pero bueno, el tema del sedentarismo

y la falta de habilidades sociales es evidente.

(RÍE) Bueno.

Lo que pasa es que los padres en muchas ocasiones,

yo creo que se da ahí...

Tenemos a veces una actitud un poco contradictoria.

Por un lado, regañamos, criticamos, tratamos de controlar,

ahora hablaremos también de ese tema, Juan, si te parece,

pero por otro, nos viene muy bien. Me explico.

Claro.

¿Qué hago para que el niño, estamos aquí en una sobremesa,

qué hago para que el niño esté calladito...?

Toma el móvil y ponte un vídeo.

¿Qué hago para que no salga...?

Claro, a lo mejor si sale ahora con sus amigos

a los que no conozco mucho y se van al parque

y lo mismo empiezan a fumar o hacen un botellón,

prefiero que esté aquí en mi casa, metido en su habitación...

Claro.

Parece contradictorio porque dices, estás alertando de los problemas

que se puede encontrar en la calle y no nos paramos a pensar

en los que puede encontrar o no, pero existen, ¿no?

Claro. A ver, educar es muy difícil.

Y dedicar tiempo a un hijo es muy difícil.

Las exigencias del mercado laboral son enormes,

uno llega a casa baldado y, oye, pues...

Toda la vida: "Venga, cómete esta por papá".

Y ahora resulta que sacas una tableta y pones "Peppa Pig"

y el niño se calla y no molesta. Entonces, es comodísimo.

El tema es que el camino cómodo

no siempre es el mejor camino para educar.

Yo entiendo que es el sábado por la mañana,

tú estás reventado, llevas toda la semana trabajando,

y dices: "Oye, ponte unos dibujos y déjame dormir". Bien.

Ahora, si uno recurre demasiadas veces al camino fácil,

al final...

Un tema importante, que no quería que se me olvidara,

vamos a intentar fomentar aficiones que supongan un esfuerzo.

No es lo mismo que tu hijo vea vídeos en YouTube

a que tu hijo sea youtuber.

Si tu hijo es youtuber y hace vídeos inteligentes,

yo qué sé, de platos de cocina, de chapucillas que hace en casa,

de trucos de magia que ha aprendido, pues es un buen hobby,

aunque sea digital,

porque requiere esfuerzo, crecimiento.

Claro, claro.

Creo que tenemos un gran desafío de desarrollar aficiones.

Antes la gente iba al campo, cogía setas, iba a pescar,

arreglaba motores, hacía puzles, hacía aeromodelismo,

cantaba en coros, tocaba instrumentos musicales.

Hoy en día, yo cuando pregunto en los colegios:

"¿Qué aficiones tenéis?"

La gente...

Claro, ¿quién va a tener una afición, si tú puedes tumbarte así?

Voy a dedicar un ratito...

Creo que también todo lo que sea en familia, intentar suscitar

aficiones que supongan retrasar la gratificación...

Siembro ahora para recoger mañana, todo eso es una escuela para la vida.

Internet es todo lo contrario, es clic, ya, clic, ya, clic, ya.

Están aprendido lecciones que no son adecuadas.

Claro.

Hablaba yo antes del tema del control.

Eres profesor de Derecho... Sí.

¿Cómo...?

Es un debate que se ha abierto muchas veces,

hasta qué punto podemos meternos en la intimidad de nuestros hijos,

para controlar lo que están viendo.

¿Hay una línea delgada, ancha, cómo es?

Guau.

Esto nos daría para otro programa. Sí, daría para mucho.

Teóricamente, los niños hasta los 14 años

no pueden entrar en una red social, ni ceder sus datos personales.

Lo hacen antes mintiendo.

Por ahí está el juez Calatayud, que dice que él hasta los 18 años

no daría móvil, me parece haberle oído.

Yo creo que un padre o una madre tienen que controlar

hasta cierto punto lo que hacen sus hijos,

pero siempre respetando la confianza, para educar hay que confiar.

Claro, tú no puedes espiar lo que hace un hijo o una hija,

tiene 11-12 años, un poquito, siete años...

Con 16-17 años, no me parece razonable.

Es interesante no permitir que haya unos cotos cerrados:

"No, aquí no puedes entrar". "¿Qué haces en Instagram?".

"No, no te lo puedo decir".

"Mamá, tú no entras aquí".

"Claro que voy a entrar aquí, enséñame qué ves".

No porque tenga yo un afán de espiarte, sino...

Igual que no permites que en su habitación

pongan una tranca en la puerta,

o van a la calle: "¿Con quién vas?". "No, a ti qué te importa".

"Me importa porque soy tu padre,

yo quiero saber qué vídeos ves de YouTube, qué vídeos...".

Y luego, ser también un poco pillo:

"Cuál es el youtuber más famoso de tu clase, entre la gente de tu clase?".

No digas: "¿Qué es lo que tú más ves?",

sino: "¿Qué es lo que más ven lo de tu clase?".

"Ven a este". "Vamos a verlo un día".

Es clave hablar muchísimo. Te pones en casa, y pones el vídeo.

"Vamos a ver, ¿quiénes son los...?".

"¿Quién es la chica de tu pandilla con más seguidores en Instagram?".

"No sé quién, y tal...".

"Vamos a ver un poquito el perfil".

Uno lo ve, y dice: "Qué fotos más divertidas",

o: "Qué original, qué simpática".

O le dice: "Oye, qué egocéntrica, ¿no?".

O: "Qué narcisista, ¿tú quieres ser así?".

También la tecnología nos da una oportunidad buenísima para hablar.

Pero, claro, uno tiene que remangarse, y decir:

"Oye, vamos a ver este vídeo", "¿Quién es la influencer más famosa

entre las chicas de tu clase?", y verlo.

Entonces igual uno ve cosas que no le gustan.

Uno puede enterrar la cabeza en la arena,

y hacer la avestruz.

Pero quien quiera jugar, tiene que dedicar tiempo

a enterarse de qué está pasando, y hablar.

Luego, que haga lo que quiera, no vas a controlar,

del control en Internet saben mucho más que tú.

Pero no puedes abdicar. Por lo menos tengo que decirte

a mí qué me parece todo esto.

Muchas veces somos los propios padres...

Hablabas antes, por ejemplo, de Instagram, ¿no?

Somos los padres quienes adoptamos una postura,

porque nos gusta, nos gustan las redes,

nos gusta estar ahí, por ejemplo.

Entonces, claro, ¿con qué autoridad podemos decir a nuestros hijos:

"No estés todo el día colgando fotos tuyas en Internet"?,

si somos las propias madres o padres quienes,

permítanme esta expresión que se utiliza tanto, por postureo,

o porque realmente contamos algo interesante, puede haber de todo.

Pero estamos colgando nuestra vida en las redes sociales, ¿no?

Entonces... También autocontrol, quizá, no sé.

Sí, uno quizá, cuando va a decir algo a un hijo,

puede pensar primero: "¿Yo esto lo hago?".

"¿Qué ejemplo estoy dando?".

Al final, el mejor predicador es fray Ejemplo.

Y a lo mejor nos hablan mucho del postureo, y tal,

pero si yo subo fotos todo el día, si a mí no me preocupa,

¿qué más me da que lo haga mi hijo?

También creo que a uno le pone delante de un espejo de coherencia.

Le echo la bronca a mi hijo porque no se concentra estudiando,

¿y yo en el trabajo qué?

Igual estoy viendo los goles de Cristiano Ronaldo,

yo qué sé, o noticias de política, o de... todo el día.

También creo que es una oportunidad buena para que...

Quiero decir, no puedes ser un fariseo digital:

"Voy a educar lo que a mí me parece que es importante".

Y analizar...

Volvemos, por cerrar un poco, aunque no se cierra nunca este círculo,

pero un poco por esa reflexión con la que comenzábamos,

y que de algún modo me gustaría terminar,

esa reflexión: qué educación, qué mundo les estamos transmitiendo,

por ejemplo cuando la admiración por alguien,

el tener un modelo, un ídolo,

o alguien a quien seguir, como se dice ahora,

esté medido por la cantidad de seguidores, o followers,

por utilizar el mismo lenguaje, que tienen.

Cuando los criterios, los valores, deberían ser otros, ¿no?

Claro.

Sí, eso, cada uno tiene que cocinarse sus propios mensajes.

Uno puede decir: "¿Tú sabes quién era el chico más popular

en mi época, en el colegio? Mirad a este, mira cómo ha acabado".

"¿Tú crees que tú padre, o tu madre era la más popular?

Igual yo no tengo 50 amigas, pero tengo cinco,

y mira qué bien nos llevamos". Creo que todo un esfuerzo

por hablar en positivo de personalidad, de valentía,

de autenticidad, de concentración, es fundamental.

Tomamos nota, tomamos buena nota, vamos a ver si somos capaces

de ponernos a ello, que lo comentabas antes, Juan,

nadie ha dicho que esto sea fácil, y requiere un esfuerzo,

el camino mejor no siempre es el más fácil.

Así que vamos a seguir estos consejos

y muchos más de este libro,

"Tsunami digital. Hijos surferos".

Juan Martínez, muchísimas gracias. A vosotros por la invitación.

A seguir reflexionando sobre estos temas, que nos viene muy bien.

Con todos ustedes nos quedamos ahora con otros asuntos,

porque hace unos días, en la Casa de América,

se ha presentado una interesante reflexión

impulsada en esta ocasión por la Fundación para la Democracia.

Una presentación en la que estuvieron

dos premios nobel de la Paz, como Lech Walesa y Rigoberta Menchú.

(Música)

El encuentro se produjo en el ámbito de presentación del informe

que la Fundación Democracia Internacional

ha elaborado con motivo del Mundial de Qatar 2022.

Un informe en el que denuncian las condiciones de esclavitud

en las que están trabajando miles de inmigrantes,

que principalmente llegan desde Nepal.

Creo que lo más significativo es...

es los más de 2000 muertos que existen ya en Qatar

en torno a la construcción de la infraestructura, ¿no?

Eso es lo más llamativo.

Lo más llamativo, por el silencio mundial,

llamativo porque hemos interpelado a los organismos, a la FIFA,

para que se informe, si no estaba informada,

y tome posición de...

de qué va a hacer hacia adelante,

cuál va a ser la reacción institucional hacia adelante.

-Hemos interpelado a las instituciones en general,

y en este caso, está en las manos de la FIFA,

para que tome una acción, para que nos dé una explicación.

No a nosotros, sino a los ciudadanos,

que ya tienen conciencia de lo que está pasando en Qatar.

Pero yo quiero felicitar de manera especial

el trabajo tan intenso que ha hecho don Guillermo Whpei.

Con ese liderazgo tan importante para nosotros,

ha levantado este tema, lo hemos acompañado,

y la unión de nuestras instituciones en torno a esta causa.

Así que tanto don Guillermo, como todos los colaboradores

de la Fundación para la Democracia Internacional,

han hecho un informe tan extraordinario,

que refuerza y da a conocer lo que han hecho

otros organismos de derechos humanos como Amnistía Internacional,

pero también la lamentable posición que ha tomado la OIT.

Porque yo soy una de los defensores de la OIT,

por la defensa del derecho de los trabajadores del mundo.

Pero en este caso nos ha fallado, y lo decimos con la frente en alto,

porque ellos tienen la obligación

de no sujetarse a las presiones políticas.

Así nos despedimos. La próxima semana, si lo desean,

nos volvemos a encontrar aquí, en "Últimas preguntas".

Y en cualquier momento, ya que hoy hemos hablado de redes sociales,

de ámbito digital, ahí también, por supuesto, en las redes sociales,

y en Internet nos encontramos y hablamos de estas,

o de otras historias.

En cualquier caso, hasta el próximo domingo, si Dios quiere.

(Música créditos)

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Últimas preguntas - Hijos surferos

29 jul 2018

Hablamos con Juan Martínez, autor de "Tsunami digital, hijos surferos", que nos comenta algunas pautas sobre el buen uso de internet. También abordamos la situación que se vive en Nicaragua y la labor de la Iglesia.

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