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Últimas preguntas

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Para todos los públicos Últimas preguntas - Feliz Navidad - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

Hola, amigos, ¿qué tal? Muy buenos días. Feliz Navidad.

Gracias por estar con nosotros en este día tan especial

en el que también vamos a hacer un programa especial.

Porque hoy no vamos a tener conversación,

no vamos a tener entrevistas, no va a haber reportajes.

Va a ser diferente porque queremos celebrar

de otro modo el nacimiento del hijo de Dios.

Para eso hemos querido que estuviesen con nosotros

dos buenos amigos del programa que han estado en otras ocasiones

pero que hoy vienen juntos. Carmen Sara Floriano.

Bienvenida, buenos días. Muchas gracias.

Buenos días, María Ángeles. Gracias a ti por estar aquí

una vez más, en "Últimas preguntas". Y Luis Guitarra. Bienvenido.

Hola. Muchas gracias. Habéis estado en otras ocasiones,

pero venís juntos. Y esto es culpa, si me permiten,

de Carmen Sara, que cuando estuvo en el programa la vez anterior,

dijo: "Podíamos venir un día Luis y yo a hacer algo juntos bonito".

Y dije: "Pues sí, en Navidad". Fíjate qué bien.

Qué bien. Oye, ¿qué vais a hacer? Contadnos un poco.

Vamos a hacer una muestra de una actuación que hacemos nosotros

que se llama "Relatos y canciones para despertar el alma",

vamos alternando canciones y relatos, y vamos a hacer aquí una muestra

en este día tan especial para que lo puedan conocer todos.

Una muestra, además, ambientada en Navidad, lógicamente, ¿no?

Claro. Sí, sí. Intentamos que los relatos y las canciones

lleguen dentro, bien al alma, para despertarnos.

Y un día como hoy no podía ser menos.

Pues eso es lo que queremos compartir con ustedes,

con vosotros, con nuestro público que hoy tenemos en el programa

y que nos encanta que hayan venido con nosotros.

Así que yo ya no dijo nada más,

nada más que adelante y gracias.

(Música)

Llegaste despacito

como se acerca el sol a mi ventana.

Como la primavera,

que cuanto más se espera, más se retrasa.

Llegaste de puntillas

como una bailarina en plena danza.

Y haciendo los honores,

llegaste entre dolores y esperanzas.

Llegaste porque aquí se abrió una puerta.

Llegaste y, sin apenas darnos cuenta,

nos pusimos a soñar.

Tú,

llegaste tú.

Tú,

y nuestra casa se llenó de sueños.

Tú,

llegaste tú.

Para quedarte siempre en nuestro corazón.

Llegaste en la batalla,

el humo y la metralla te hicieron llorar.

Y mientras te acunaba,

sentía que abrazaba así a la humanidad.

Llegaste con motivos,

llegaste a dar sentido,

llegaste a buscar,

igual, seguramente,

que el resto de la gente la felicidad.

Llegaste porque aquí se te esperaba.

Llegaste y, sin apenas decir nada,

juntos fuimos mucho más.

Llegaste porque aquí se abrió una puerta.

Llegaste y, sin apenas darnos cuenta,

nos pusimos a soñar.

Tú,

llegaste tú.

Tú,

y nuestra casa se llenó de sueños.

Tú,

llegaste tú.

Para quedarte siempre en nuestro corazón.

Tú,

llegaste tú.

Tú,

y nuestra casa se llenó de sueños.

Tú,

llegaste tú.

Para quedarte siempre en nuestro corazón.

Pues era entonces hoy un buen día para abrirles las puertas

a esa vida que está llegando, como decía la canción.

Y algo así hizo la niña que solo sabía pintar.

La niña que solo sabía pintar vivía en una torre.

Al nacer, le tocaron cinco puertas intercaladas en la pared circular.

La torre no tenía ni mesa, ni sillas, ni esquinas,

porque a la niña no le tocó al nacer.

Puede que la mesa y las sillas las tenga la niña

que solo sabía escribir;

y las esquinas, el niño que solo sabía llorar.

Por las esquinas.

Pero a la niña que solo sabía pintar, junto a aquellas cinco puertas

también le tocó al nacer una enorme caja de acuarelas.

Tan grande que ocupaba todo el suelo de la torre.

Tan grande que para mojar el pincel en el color verde,

tenía que hacerlo con los pies metidos en el naranja.

Gracias a esa enorme caja de acuarelas,

la niña que solo sabía pintar aprendió a hacerlo.

Es verdad que al principio tuvo un poco de miedo

de manchar toda la pared.

(CHISTA) "Ten cuidado",

parecía que escuchaba por dentro cada vez que lo intentaba.

Pero lo logró.

Logró pintar de rojos, azules, violetas, amarillos, naranjas,

sus manos, su pelo, su ropa, pero también la pared.

Y cuando ya no había más espacio para pintar,

la niña volvía al color blanco.

El blanco, que la esperaba Para empezar de nuevo.

Pintaba toda su pared de blanco, y vuelta a empezar.

Así una y otra vez, una y otra vez, una y...

"¿Qué habrá detrás de las puertas?", se preguntó una vez.

Y con la curiosidad intacta con la que todas las personas

venimos a este mundo, la niña se acercó a una de aquellas puertas,

¡oh!, y al abrirla, un vendaval entró por aquella puerta.

Un montón de aire que revolvió sus papeles,

despeinó su melena, inundó la torre con su silbido,

y ella cerró.

¡Uy!

Le costó mucho trabajo volver a colocar todo en su sitio.

Bueno, principalmente su pelo. Así, mechón a mechón.

Y cuando ya estuvo bien peinada, decidió olvidarlo

y dedicarse a lo que ella en verdad sabía hacer:

pintar.

Pintar.

Pero es que faltaban cuatro puertas por abrir.

Así que con la misma curiosidad de antes,

pero ahora salpicada de un poco de miedo,

la niña se acercó a otra de aquellas puertas

y la abrió.

Nada, solo una pared blanca.

"Bueno, así tengo más espacio para pintar", pensó la niña.

Faltaban tres puertas, se acercó a otra, y...

Otra pared blanca.

Solo faltaban dos. Pero las iba a abrir más tarde.

Ahora quería llenar de lunares de colores

esos dos espacios detrás de las puertas.

Pero había un problema.

Los ojos de la niña no eran capaces de dejar de mirar aquella puerta.

Esa que, al abrirla, había provocado tanto desastre en su sala

por culpa del aire que había dejado pasar.

Aunque tenía que reconocer que ahora respiraba mejor.

Incluso era capaz de oler, aunque no sabía bien a qué.

Así que, con el miedo intacto con el que solo unos pocos

son capaces de seguir caminando, la niña se acercó de nuevo

a aquella primera puerta y la abrió.

¡Oh! ¡Esta vez fue un río!

¡Un río con un montón de agua que empapó sus sueños,

mojó su ropa, llenó la torre! Y ella cerró.

Y sin volver a colocar nada en su sitio,

cogió el pincel y puso: "No abrir".

Luego se secó.

Y pintó toda la torre de colores.

Y sin miedo ni curiosidad ninguna,

abrió las dos puertas que le faltaban por abrir.

Porque sabía lo que se iba a encontrar detrás.

Más pared blanca.

Ay, pero es que la niña no era capaz de dejar de mirar

aquella primera puerta.

La puerta prohibida, condenada a estar cerrada.

Culpa del aire y del agua que había dejado pasar.

Miró su ropa, que ya estaba seca.

Entonces, la niña se sentó.

Se sentó delante de aquella primera puerta.

Y pasó sentada

más tiempo del que había estado nunca en toda su vida.

Y en un momento determinado, sin saber muy bien por qué,

con el miedo vencido de los que sueñan con volar,

la niña se levantó, cogió carrerilla

y abrió aquella puerta sin dejar de correr.

Al principio, no veía nada.

Era un túnel negro por el que ella solo corría y corría y corría.

El cansancio la hizo sonreír

y pensar que se podía cambiar el nombre

y llamarse la niña que solo sabía correr,

porque no era capaz de hacer otra cosa.

Cuando aquel túnel negro por el que ella iba corriendo

acabó al abrir los ojos,

el blanco, el blanco en sus pupilas.

El blanco, como siempre, que la esperaba

para empezar de nuevo.

Y cuando el blanco se retiró de sus ojos,

ahí estaban ellos, los colores.

Los de verdad. No los de la caja de acuarelas.

Estaban el azul del cielo y el amarillo del sol.

El verde de la hierba, el rojo amapola,

el gris de la piedra. La niña contempló la vida.

La de verdad.

La vida se le coló dentro con sus colores.

Respiró profundamente.

Olía a romero.

La niña se descalzó y bailó.

Y no sé cómo acaba esta historia.

Porque la niña sigue pintando,

no en la torre, al aire libre.

Y sigue abriendo puertas.

Unas acaban en pared, pero otras no.

Por eso no puedo decir "fin"

a lo que en verdad solo acaba de comenzar.

(Aplausos)

Gracias.

(Música)

-Esta vida nueva que llega y nos sorprende

nos anima a que desaprendamos aquello que no nos hace felices

y a que nos sumemos a la auténtica alegría.

Desaprender la guerra,

realimentar la risa,

deshilachar los miedos,

curarse las heridas.

Difuminar fronteras,

rehuir de la codicia,

anteponer lo ajeno,

negarse a las consignas.

Desconvocar el odio,

desestimar la ira,

rehusar usar la fuerza,

rodearse de caricias.

Reabrir todas las puertas,

sitiar cada mentira,

pactar sin condiciones,

rendirse a la justicia.

Rehabilitar los sueños,

penalizar las prisas,

indemnizar al alma,

sumarse a la alegría.

Humanizar los credos,

purificar la brisa,

adecentar la tierra,

reinaugurar la vida.

Desconvocar el odio,

desestimar la ira,

rehusar usar la fuerza,

rodearse de caricias.

Reabrir todas las puertas,

sitiar cada mentira,

pactar sin condiciones,

rendirse a la justicia.

Desconvocar el odio,

desestimar la ira,

rehusar usar la fuerza,

rodearse de caricias.

Reabrir todas las puertas,

sitiar cada mentira,

pactar sin condiciones,

rendirse a la justicia.

Desaprender la guerra,

curarse las heridas,

desaprender la guerra,

negarse a las consignas.

Desaprender la guerra,

rodearse de caricias.

Desaprender la guerra,

rendirse a la justicia.

Desaprender la guerra,

sumarse a la alegría.

Desaprender la guerra,

reinaugurar la vida.

(Aplausos)

Y en estas fechas no podía faltar un poema de Gloria Fuertes.

"El camello cojito".

El camello se pinchó con un cardo del camino,

y el mecánico Melchor le dio un poco de vino.

Baltasar fue a repostar más allá del quinto pino.

E intranquilo, el gran Melchor consultaba su "Longinos".

"¡No llegamos, no llegamos, y el Santo Parto ha venido!".

Son las doce y tres minutos y tres reyes se han perdido.

El camello cojeando, más medio muerto que vivo,

va despeluchando su felpa entre los troncos de olivos.

Acercándose a Gaspar, Melchor le dijo al oído:

"¡Vaya birria de camello que en Oriente te han vendido!".

Para colmo, a la entrada de Belén al camello le dio hipo.

¡Ay, qué tristeza tan grande, en su belfo y en su tipo!

La mirra va cayéndose a lo largo del camino.

Baltasar lleva los cofres, Melchor va empujando el bicho.

Y a las tantas ya del alba, ya cantaban pajarillos,

los tres reyes se quedaron boquiabiertos e indecisos

oyendo hablar como a un Hombre

a un Niño recién nacido.

"No quiero oro ni incienso,

ni esos regalos tan fríos.

Quiero al camello.

¡Le quiero, le quiero!", dijo el Niño.

A pie vuelven los tres reyes cabizbajos y afligidos,

mientras el camello, echado,

le hace cosquillas al Niño.

-Pues vamos a terminar como acabamos muchas de nuestras actuaciones.

Recordándonos y deseándonos que todo nos vaya muy bien.

(Música)

Mientras haya un horizonte en esta tierra,

mientras no pierdas las ganas de reír,

mientras brille en nuestro cielo alguna estrella,

no te rindas, no te canses de vivir.

Todo va a ir bien.

Todo va a ir bien.

Todo, todo, todo,

todo va a ir bien.

Mientras haya quien denuncie en las aceras

la injusticia, las promesas sin cumplir,

mientras quede algún peldaño en tu escalera,

no te pares, no lo dejes sin subir.

Mientras siga amaneciendo en cada aldea,

mientras falte una canción por escribir,

mientras sientas que aún te merece la pena,

no te calles, no te quedes sin decir.

Todo va a ir bien.

Todo va a ir bien.

Todo, todo, todo,

todo va a ir bien.

Todo va a ir bien.

Todo va a ir bien.

De algún modo, sé que todo, todo va a ir bien.

Hay ventanas en mitad de mi ciudad,

hay palabras en el aire que nos hacen confiar.

Y certezas que nos dan la libertad,

que nos hablan de utopías,

que contagian valentía,

que nos muestran un camino por andar.

Todo va a ir bien.

Todo va a ir bien.

Todo, todo, todo,

todo va a ir bien.

Todo va a ir bien.

Todo va a ir bien.

De algún modo, sé que todo, todo va a ir bien.

Todo va a ir bien.

Todo va a ir bien.

Todo, todo, todo,

todo va a ir bien.

Todo va a ir bien.

Todo va a ir bien.

De algún modo, sé que todo,

todo va a ir bien.

Muchas gracias.

Carmen Sara, Luis Guitarra, gracias, de verdad,

por este ratito que habéis compartido con nosotros

y de este modo tan especial. Gracias.

Gracias a vosotros. -Muchas gracias.

Y nuestro deseo de una muy feliz Navidad para todos

y para todos los espectadores. Que tengáis una feliz Navidad.

Y es que todo va a ir bien, claro que sí.

¿Cómo no va a ir bien si estamos celebrando

el nacimiento del hijo de Dios? Estamos celebrando la Navidad.

Todo va a ir bien. Y nos lo vamos a contar.

Vamos a seguir contándonoslo aquí, en "Últimas preguntas".

Gracias y feliz Navidad.

Todo va a ir bien.

  • Feliz Navidad

Últimas preguntas - Feliz Navidad

25 dic 2016

Hoy vamos a celebrar la Navidad con un  programa muy especial, acompañados de la música y de las narraciones de Luis Guitarra y Carmen Sara Floriano.

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