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Para todos los públicos Últimas preguntas - Qué dice el Papa a las mujeres - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

Hola, amigos, ¿qué tal? Muy buenos días.

Como siempre, un gusto que estén con nosotros

aquí en "Últimas preguntas".

Les invitamos a participar de la conversación

que hoy vamos a mantener.

Vamos a hablar de la presencia de la mujer en la Iglesia,

un tema que les aseguro da para mucho.

Hace algún tiempo el papa Francisco,

volviendo en uno de sus viajes apostólicos,

en una serie de preguntas que le hacen los periodistas en el avión,

una serie de conversaciones que allí se mantienen,

él comentó, entre otras cosas, que se hacía necesaria

una teología sobre las mujeres.

Bueno, pues este va a ser uno de los puntos que vamos a abordar,

pero lo vamos a hacer a propósito,

y por eso hemos invitado a quien hoy está con nosotros,

la presentamos ahora mismo, María Teresa Compte.

Buenos días, María Teresa. Buenos días, María Ángeles.

Has estado con nosotros más veces, es un gusto, de verdad.

Igualmente, sí. Me encanta venir, O sea, ya lo sabes.

María Teresa Compte es experta en doctrina social de la Iglesia,

en la actualidad trabaja en la Fundación Pablo VI,

y recientemente ha publicado, y por eso también queríamos

que estuviese hoy con nosotros para hablar de esto,

un libro que se llama

"Diez cosas que el papa Francisco propone a las mujeres".

Entonces, las diez propuestas sobre las mujeres.

Un tema, desde luego, de tremenda actualidad.

Debería haberlo sido siempre, pero parece que ahora

se está volviendo a hablar un poco más de esta cuestión,

¿no, María Teresa? Bueno, la verdad es que sí lo es.

Si miramos hacia atrás,

yo diría que desde los años 50 del siglo pasado,

en el ámbito del magisterio,

pues ha habido preocupación con este tema.

Es verdad, con orientaciones y planteamientos distintos,

que muchos también tienen que ver con el paso del tiempo.

Claro. Lo que pasa es que, fíjate,

tuvimos que llegar a los años 70, a principios de los 70,

para que el Vaticano, en este caso Pablo VI,

organizase una primera comisión de estudio sobre el tema,

que tuvo que ver también con la convocatoria

del primer año internacional dedicado a la mujer.

Luego, es verdad, Juan Pablo II le dedicó

esa famosa carta a la "Mulieris Dignitatem"...

Pero bueno, han sido pronunciamientos...

Digamos que como... Muy puntuales.

Es decir, quizás no ha habido una reflexión profunda.

Se ha hablado mucho, se ha contado poco con las mujeres

para que hablaran o habláramos de nosotras mismas,

y Francisco, es verdad que desde el principio de su pontificado

ha puesto esta cuestión sobre la mesa.

Vamos a ver qué va pasando.

Vamos a ver porque tampoco es cuestión

de que haya unos cambios radicales, pero sí que está bien

que al menos, se empiece a hablar o se continúe hablando

y con unas perspectivas, desde luego, actuales.

En esas propuestas que tú planteas en este libro

que presentabas el pasado mes de marzo,

así en líneas generales, luego profundizamos un poquito más,

pero así en líneas generales, ¿cuál sería esa visión

o ese planteamiento que el papa Francisco quiere abordar

o puede abordar en esa llamada "teología sobre la mujer"?

Bueno, yo creo que ya es interesante

que a los pocos meses de haber sido elegido,

tú lo planteabas al principio en la presentación,

él aborda ya esa cuestión

y lo hace en dos momentos muy seguidos en el tiempo:

en una entrevista con el padre Spadaro,

y luego, en una entrevista, en una rueda de prensa en el avión

en el viaje de vuelta de Brasil, de la JMJ.

El planteamiento de esta cuestión para Francisco

tiene que ver con el planteamiento de todas las grandes cuestiones

de su pontificado. Creo que en esto hay algo muy claro,

la reforma que se protagoniza en la Iglesia

y que vamos protagonizando no es solo obra del papa,

no es solo obra de Francisco, y eso él lo tiene muy claro.

Por lo tanto, lo que él ha hecho es una invitación,

una invitación que hizo hace cinco años por primera vez

y en la que luego ha ido insistiendo mucho.

Lo que él dice básicamente es que si hay que pensar seriamente

el lugar, que no el papel, eso a él le gusta...

Sí, diferenciar. El lugar de la mujer en la Iglesia,

hay que pensar con profundidad sobre este tema,

no se trata de hacer retoques, no se trata de tres nombramientos,

no se trata de elegir a dos o tres mujeres,

se trata de reflexionar seriamente sobre esto,

sobre todo, porque yo creo que ese es también su estilo pastoral.

Es decir, si hay que asumir cambios,

que esos cambios no vayan luego a involucionar,

que los pasos que demos sean pasos asumidos, conscientes,

y que sean lo suficientemente profundos

para poder seguir avanzando.

Yo creo que ese sería un poco el estilo de la reforma, en este tema.

Y en otros, pero pero en este.

Además, con ese planteamiento que él hace y que tú has abordado

me parece que de un modo magnífico en este libro,

me parece que es un planteamiento muy profundo,

porque a veces yo tengo la sensación, María Teresa,

de que muchas veces, incluso desde las propias mujeres,

estamos limitando mucho, y aquí sí que hablo del papel,

de la mujer en la Iglesia.

Es que me parece que la visión del papa Francisco,

no sabemos cómo luego irá, qué puede pasar con todo esto,

pero la visión del papa Francisco

o el planteamiento inicial del papa Francisco

me parece que es mucho más amplio que el que en muchas ocasiones

nosotras mismas estamos poniendo sobre el tapete.

A mí me parece... No sé tu opinión, como digo,

pero una postura muy reduccionista limitarlo, por ejemplo,

a la ordenación de las mujeres.

Mira, hay cosas, quizás hay gente que se sorprenda si digo esto,

pero voy a empezar por ahí porque, además,

también lo he dejado claro en el libro.

Para mí no es la cuestión.

Si esto tiene que suceder, va acabar sucediendo, ¿no?

El problema es que así no se resuelve nada. Me explico.

Si uno de los grandes problemas, por ejemplo,

que tenemos en la Iglesia y en la vida de las comunidades,

es el problema del clericalismo, y el papa lo dicho mil veces,

no lo digo yo, lo dice él, no se resuelve esa cuestión gravísima

que afecta, por ejemplo, a la comprensión de la mujer,

a la relación de la mujer con los sacerdotes,

a la relación de la mujer con el mundo de los religiosos,

no se resuelve firmando un decreto, ¿no?

No se resuelve así.

Y repito, si esto tuviera que llegar o tiene que llegar, llegará.

El problema es previo.

El problema es: abordemos esta cuestión de fondo,

afrontémosla sin miedo,

convirtámosla en una cuestión asumida por la comunidad.

Algo previo: reconozcamos que existe un problema,

porque muchas veces ni siquiera queremos reconocer

que existe el problema.

Tú aludías antes a la fecha de presentación,

el libro se presentó el día 7 de marzo,

con toda la intención, buenísima intención,

el día 8 es el Día Mundial de la Mujer.

Esa semana, "El Observatorio" vaticano,

en su suplemento "Donne Chiesa Mondo",

publicó un informe.

Publicó un informe en el que se aludía a una cuestión

que al papa Francisco le preocupa muchísimo,

que es, no solo lo que queda también dentro de la Iglesia

de machismo y de cultura machista, sino la cuestión de la servidumbre.

Aprovecho para decir, o sea, el prólogo del libro que he escrito...

Es verdad, no lo hemos dicho. Lo ha escrito el papa.

Sí, el papa Francisco lo prologó.

Y en esa carta que el papa Francisco me dirige alude a las dos cuestiones.

Pues bien, en "El Observatorio Romano",

que no es cualquier medio de comunicación

con relación al Vaticano y a la Santa Sede,

se publica un informe en el que se denuncia

esa situación de servidumbre que viven muchas mujeres,

consagradas y religiosas, y no solo dentro de la Iglesia.

Creo que el punto 0 es reconocer el problema,

reconocer que muchas veces no sabemos qué hacer con las mujeres,

reconocer que la mujer sigue siendo fuente de desconfianza y de sospecha,

reconocer que miramos a la mujer con mirada sospechosa.

Una de las cosas que Francisco dice y que me parece muy profunda

y muy interesante y yo diría que casi eso sí que puede marcar,

puede ser la vuelta de llave de este tema,

es la necesidad de liberar a la mujer de las miradas de sospecha.

No podemos negar que hemos asociado históricamente

al pecado con la mujer, o a la mujer con el pecado.

Juan Pablo II en la "Mulieris Dignitatem"

dedicó un capítulo a esto, pero yo lo digo en el libro,

el magisterio no siempre se hace praxis.

A veces, además, hay intencionadamente,

se hace que esto no se haga praxis.

Bueno, el pecado no es de la mujer, el pecado es humano.

Este tema, que aparentemente muchas veces decimos que tenemos resuelto,

no lo tenemos resuelto. No lo tenemos resuelto.

No tenemos resuelto, por ejemplo, el tema de la formación

y la entrada de mujeres en los seminarios.

Y este es un tema importantísimo

porque los sacerdotes que hoy están en los seminarios

van a tener que compartir su vida con mujeres laicas,

que no son ni sus madres ni sus hermanas.

En los noviciados, normalizar muchas cosas.

Le gusta el tema de los ministerios laicales,

no es ninguna tontería. El papa lo reconoció

en su encuentro con las superiores generales.

La fuente de los derechos de igualdad en la Iglesia es el bautismo.

Bueno, todas estas cosas hay que pensarlas seriamente,

pero, sobre todo, digo que en primer lugar hay que reconocer

que tenemos un problema, no pasa nada. Lo tenemos.

Un problema en el que yo creo que todos tenemos que intervenir

y buscar propuestas porque a veces miramos solamente al papa

o a la jerarquía, ampliándolo un poco más,

pero los propios laicos, los propios seglares,

creo que tenemos mucho que aportar.

Pues sí, y además, en el fondo esta es una cuestión...

Yo creo que esta es una cuestión, la cuestión de la mujer,

es una cuestión directamente relacionada

con el papel de los laicos en la iglesia.

Sí. O sea...

Ya no solo porque el mundo está hecho de hombres y mujeres,

y porque se exprese como se exprese, la relacionalidad hombre mujer

es siempre una relación de complementariedad,

no solo en las relaciones conyugales, en cualquier relación humana,

en todas las relaciones.

Este tema es un tema que tiene que ver, fundamentalmente,

con el papel de los laicos. Y probablemente es un tema

que para que se ponga sobre la mesa

con mayor notoriedad, visibilidad y transparencia,

somos los laicos los que tenemos que forzarlo.

Es verdad que la vida religiosa femenina

o la vida consagrada femenina ha hecho mucho por este tema,

muchísimo, hay que mirar hacia atrás para agradecer

todo lo que se ha hecho,

pero si las mujeres laicas, los hombres laicos, los laicos,

no recogemos el guante de la invitación que ha lanzado

el papa Francisco, esperar que Roma lo haga todo

no parece lo más...

Ni va a ser lo más efectivo, ni parece que en este proceso

de apertura, de nueva evangelización,

de nuevos modos de acercamiento al mundo,

tampoco sea lo más deseable.

Tenemos un modelo en todas estas vueltas

que le estamos dando al tema,

hablábamos de ese magisterio de la Iglesia,

especialmente a partir de los años 50,

pero es que si nos vamos a hace 2000 años, ahí empezó todo.

Claro. Que no se nos olvide,

que tengamos muy presente cuál fue la relación de Jesús

con las mujeres. Ese es un tema importantísimo.

Y de hecho, las mujeres que han hecho teología,

incluso...

Digo, por normalizar también, porque este tema...

Las mujeres que la han hecho desde una perspectiva feminista,

han hecho teología feminista,

o han hecho teología de la mujer desde la perspectiva de la mujer,

y que han trabajado mucho, sobre todo, en el estudio de la Biblia,

sin lugar a dudas, es la cuestión sobre la que más luz han arrojado.

¿Cuál es la relación que Jesús mantenía con las mujeres?

¿Quién era María Magdalena? ¿Quién era la samaritana?

¿Quién era la Virgen María?

Creo que las grandes figuras femeninas de la vida de Jesús

son muy importantes,

pero la clave la da la relación de Jesús con las mujeres.

Yo creo que Jesús fue siempre muy consciente

de que la mujer tiene una sensibilidad espiritual especial.

Si María Magdalena es testigo de la resurrección,

no es porque sí, es porque María Magdalena,

como María la madre de Jesús, se queda a los pies de la cruz.

La mujer se queda y se queda hasta el final.

Y aún sufriendo mucho y padeciendo desgarro

es capaz de quedarse a los pies de la cruz.

Otros tuvieron más miedo. Quiero decir, todas estas claves,

que son las que nos da el Evangelio y nos da la actitud de Jesús,

sin lugar a dudas, si el modelo es él,

si somos testigos de él, pues ahí está todo.

Tú lo decías muy bien. Todo empezó hace 2000 años.

¿Cuál es ese lugar...?

Y no hablamos de papel, como muy bien tú indicabas al comienzo...,

A tu juicio..., aquí ya la opinión quizás es más personal,

pero también obviamente desde tus estudios

y tu trabajo diario reaccionado con la doctrina social de la Iglesia...

¿Cuál es, a tu juicio, ese lugar de la mujer en la iglesia?

Bueno, yo he señalado antes,

y lo repito porque creo que eso es fundamental,

que la fuente de los derechos en la iglesia de participación,

de cumplimiento de la misión,

de participación en los bienes espirituales,

religiosos de la iglesia, la da el bautismo.

El bautismo es el que nos hace radicalmente iguales.

Luego, nuestro lugar, deriva...

El lugar de la mujer en la iglesia deviene del sacramento del bautismo.

Y luego...

Pues el lugar que la mujer merece, quiera...

de acuerdo a su vocación, ¿no?

De acuerdo a esa llamada

a vivir en plenitud.

Creo que la clave es que el lugar sea un lugar que favorezca

el desarrollo pleno de la mujer,

porque es de eso de lo que estamos hablando.

De lo que estamos hablando fundamentalmente

es del desarrollo pleno de la personalidad de la mujer

como mujer y, por lo tanto, de la liberación de todo aquello

que impide el desarrollo pleno de la mujer.

Yo creo que esa es la clave desde la que hay que plantearlo, ¿no?

Por lo tanto, cuando hablemos de liberación,

de reivindicaciones de derechos o de reivindicaciones de igualdad

que nadie se asuste porque de lo que estamos hablando,

de lo que se habla, estamos hablando en clave religiosa,

en clave cristiana, en clave eclesial,

de lo que se habla es de liberarnos de todo aquello

que nos impide ser plenamente mujeres.

Sin que lo de ser mujer sea un misterio, ¿eh?

Porque esa es otra... O sea, como si la esencia de lo femenino

fuera un misterio insondable... No. No, no. No es ningún misterio.

De la misma manera... Bueno, claro, es que todo esto...

De la misma manera que no hay mujer sino mujeres.

Que no todas las mujeres queremos lo mismo

y que no por no querer lo mismo somos menos eclesiales,

menos seguidoras de Cristo,

menos fieles a la misión que Cristo ha puesto en nuestras manos, ¿no?

Que ese también es otro problema

porque, a veces, parece que todas las mujeres

tenemos que desear lo mismo de acuerdo a nuestra vocación,

y no tiene por qué ser así.

El propio papa Francisco, lo apuntabas al comienzo,

escribió el prólogo de tu libro. Una carta preciosa que te dirige.

¿Qué sensación...? Bueno, recomendamos leer el libro

y, por supuesto, empezar por el prólogo, pero así,

¿qué sensación te dio a ti?

Bueno, fue un regalo. Siempre lo he dicho. Fue un regalo.

A mí, cuando Ediciones Claretianas me encarga...

el director de Publicaciones Claretianas,

Fernando Prado, me encarga el libro, que forma parte de una colección,

pues me hace una propuesta. Yo ya lo he dicho.

Al principio dije: "Dios santo, qué marrón". Si se permite la expresión.

Luego, en la propia introducción, lo cuento.

Tuve la intención de abandonar.

Pero no lo hice.

Y al final me encontré con este regalo.

Con lo cual era algo que no...

Yo no acepté porque sabía que iba a pasar esto

y ni siquiera lo supe mientras estaba escribiendo el libro.

Tardé mucho en saberlo y me enteré pocos días antes...

Pocos, muy pocos, horas, yo creo,

antes de que el libro fuera a la imprenta.

Pues un regalo.

Es un regalazo porque, como todo regalo, es por sorpresa,

es inmerecido, porque los regalos son siempre inmerecidos...

Pero, de algún modo, sin que haya razones encubiertas

que no se pueden explicar, que no existen

porque esto es pura gratuidad, sí que es como...

Bueno, tiene mucho de aliciente y también tiene mucho de confirmación

y, entonces, lo vivo con... alegría, fundamentalmente.

La verdad es que me produce mucha alegría cuando veo esa carta

que está dirigida a mí, ¿no? Pues siento alegría.

Fundamentalmente alegría.

Y hay momentos en los que digo: "Bueno, pues es verdad.

Hay que llegar hasta el final siempre. Al menos hay que intentar,

hay que intentar llegar hasta el final siempre".

No nos va a dar tiempo ahora de profundizar mucho más,

pero lo hablamos en su momento y es un tema al que tendremos que volver

y por eso ya te invitamos desde ahora mismo

para que vengas otro día, María Teresa.

Hablar de mujer, hablar de mujeres...

es tener que mirar también esa parte...

Ya no solamente... hoy nos hemos detenido más

en ese lugar que las mujeres podemos ocupar en la iglesia,

o debemos ocupar en la iglesia, no solo en la sociedad, obviamente,

pero es que hay mujeres que, de un modo, obviamente,

totalmente inmerecido, no buscado, están siendo víctimas.

O sea, no solamente esos anhelos que tienen de presencia,

sino que sus derechos están siendo totalmente conculcados.

Son víctimas de la explotación, víctimas de agresiones,

tú, además, estás trabajando muchísimo

por el tema de la gestación subrogada,

por el tema de la explotación sexual,

por el tema de explotaciones de mucho tipo, ¿no?

Pues sí. Ese es parte del problema.

Es parte del problema que a veces nos cuesta reconocer.

La mujer es explotada

porque su cuerpo es extremadamente rentable.

Es duro decirlo porque es duro reconocerlo,

pero la verdad es así.

El cuerpo de la mujer es muy rentable.

Y el cuerpo, el cuerpo humano, hoy se ha convertido,

dicen algunos economistas, en un biovalor económico.

En un biovalor. Bueno, el cuerpo es un recurso.

Es un recurso que genera muchísimo dinero

y el cuerpo de la mujer genera mucho dinero. Muchísimo.

La trata con fines de explotación sexual es un negocio

muy muy muy muy muy muy rentable. La economía reproductiva...

se está convirtiendo en un negocio muy rentable

que usa el cuerpo de la mujer como valor financiero.

Los malos tratos. La exclusión, la marginación,

la negación de derechos, el machismo, la misoginia...

Evidentemente no podemos establecer relaciones de identidad

entre la situación de las mujeres en el primer mundo,

en el mundo occidental, o en España, que en los rankings internacionales

dicen que es uno de los países del mundo donde es más fácil...

es mejor ser mujer... con otros países del mundo.

Lo que pasa es que aquí vale lo de siempre.

Si nada humano me es ajeno,

nada de lo que le sucede a la mujer me puede ser ajeno. Entonces...

Eso de decir "esto pasa en otros lugares",

"eso les pasa a otras mujeres",

"eso tiene que ver con algo que es cultural"...

Claro, sí. Tiene que ver con la concepción de la mujer.

Con la concepción de su dignidad, con que todavía no tenemos muy claro

eso de la igualdad entre los seres humanos

porque los hay que son más iguales que otros

y en el caso de la mujer y el varón,

pues a veces las mujeres son consideradas menos iguales.

Claro, todas estas cosas forman parte de este proceso, ¿no?

Por lo tanto, hay que seguir hablando de la necesidad de defender

la liberación de las mujeres allí donde y cuando somos explotadas,

marginadas y verlo como algo normal

que tiene que ver con el compromiso de la fe con la justicia.

Si lo vemos, si lo vivimos en clave cristiana,

en clave eclesial, no hay más explicación que esta, ¿no?

Comprometernos con la justicia

en nombre de la fe cristiana que profesamos pasa por aquí también.

Y verlo con normalidad,

sin aspavientos ni miedos innecesarios

pues hará que el compromiso sea cada vez mayor, más mayoritario y, quizás.

podamos resolver antes problemas que son tremendamente acuciantes.

Pues hay que seguir dándoles vueltas a estos problemas, estas situaciones

y a estas esperanzas también, ¿cómo no?

Claro, es que hay que vivirlo en clave de esperanza,

porque si no, fíjate.

Uno se encierra en casa y no hace nada.

Pero hay que vivirlo en clave de esperanza.

Pues te invitamos, María Teresa Compte

para que estés en otra ocasión con nosotros.

Siempre es un gusto, ya lo sabes. Gracias, María Ángeles.

Y con todos ustedes nos quedamos,

continuamos, para hablar de otras historias.

La oficina de transparencia de la conferencia episcopal española

ha dado a conocer los datos recogidos sobre la actividad

en el ámbito educativo de la Iglesia católica en España

para la elaboración de su memoria anual.

Al mismo tiempo presentó el estudio de impacto socioeconómico

que esta actividad educativa tiene en la sociedad.

En España existen

más de 2500 centros de educación no universitaria

en los que estudian casi un millón y medio de alumnos,

lo que supone que más del 18 % de la educación en nivel no universitario

está atendida por instituciones vinculadas a la iglesia católica.

En el ámbito universitario

hay 15 universidades vinculadas con la iglesia católica,

además de un ateneo.

Para medir el impacto socioeconómico

de la actividad educativa de la Iglesia,

la consultora PwC ha realizado un estudio que calcula el retorno

a la sociedad de la inversión que se realiza.

Las actividades educativas en las que tiene presencia la Iglesia,

en forma, como digo, de estos centros de orientación católica,

generan un beneficio para la sociedad que puede ser cuantificado

que este retorno a la sociedad es muy positivo,

de ahí que hayamos querido plantear este estudio

y, en concreto, en 2016 el beneficio para la sociedad

que se ha generado en España a través de estas actividades educativas

de orientación católica asciende a 19 700 millones de euros,

o lo que es igual, de cada euro de inversión

en centros de inspiración católica se ha generado...

cada euro, genera 4,1 E de beneficio para la sociedad.

-¿De dónde salen esos 19 000 millones?

Pues repito un poco la metodología.

Una persona que empezara a los seis años y acabara los 22,

con todos los ciclos formativo, va a tener un salario bruto

que le va a permitir dinamizar la economía.

Son trabajos que aportan valor a la sociedad.

Eso serían 15 900 millones de poder adquisitivo.

Y luego ya vemos ahí

que hay 2500 millones y 1200 que serían impuestos.

Impuestos que, por el hecho de recibir salarios,

repercuten directamente a las arcas públicas.

Con lo cual este es el concepto...

Nosotros somos capaces de invertir en colegios de educación católica

casi en 5000 millones y la sociedad obtiene un retorno

de más de 19 000 billones, calculado de esta forma.

Una metodología contrastada, internacional y, con lo cual...

Claro, la sociedad obtiene muchísimo más retorno medido en valor económico

por estos recursos que se obtienen y que se incorporan en la educación.

Bien, pues así nos despedimos.

Será, si Dios quiere, hasta la próxima semana.

Estaremos encantados de que ustedes nos acompañen

aquí, en "Últimas preguntas",

ha sido un gusto compartir este tiempo aquí, en Televisión Española,

en el Canal Internacional, en La 2

y, por supuesto, a través de la redes sociales.

Hasta el próximo domingo.

(Música créditos)

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Últimas preguntas - Qué dice el Papa a las mujeres

10 jun 2018

Esta semana hablamos con María Teresa Compte, experta en Doctrina Social de la Iglesia y autora del libro !10 cosas que el papa Francisco propone a las mujeres". También conoceremos el impacto socioeconómico que la educación católica tiene en la sociedad.

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