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Para todos los públicos tres14 - ¿Quién soy?
Transcripción completa

SUBTITULADO POR Teletexto-iRTVE.

Nuestros rasgos físicos nos diferencian de los demás,

pero la identidad la conforma también el cerebro,

la conciencia que tenemos de nosotros mismos.

La genética determina nuestro yo, pero, ¿es lo único?

¿Qué peso tiene la infancia en nuestra identidad como adultos?

¿Cómo influye el entorno social en el yo?

¿Qué es lo que nos hace únicos?

"Nadie puede ser esclavo de su identidad:

cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar".

Palabras del actor estadounidense Elliot Gould.

¿Quién eres tú? La pregunta no es nueva.

La identidad es un enigma en el centro de nuestra existencia,

un cubo de Rubik, en apariencia imposible de resolver,

dentro de nuestro cerebro.

¿Qué influye o determina nuestro sentido de quienes somos?

Lo que hace a una persona distinta de otra.

Las formas en que se construye nuestra identidad son complejas

e incluyen factores como nuestra edad, sexo, apariencia, lenguaje,

clase, etnia, fe e incluso nuestro trabajo.

La ciencia siempre ha sentido fascinación por la identidad.

A principio del siglo XIX el anatomista alemán Fran Yosef

creía que las cualidades morales, psicológicas e intelectuales

de una persona

las controlaban ciertos órganos en el cerebro

que se correlacionaban con el tamaño y la forma del cráneo.

Obsesionado con la idea,

se dedicó a medir las masas del cráneo de varias personas

para tratar de definir distintos tipos de carácter.

Hoy, en pleno siglo XXI, sumergidos en la era de la genómica,

los avatares electrónicos, la neurociencia,

las bases de datos informáticas, los trasplantes de cara

y las cirugías de cambio de sexo,

¿qué puede aportar la ciencia sobre la identidad?

Lo hablamos con Jesús Puyol y Guilla Fidel

que nos explican cómo nuestro cerebro fabrica nuestra identidad

y qué ocurre cuando este falla.

Manel Esteller, Francesc Calafell y Lourdes Fañanas

nos desvelaran el papel que desempeñan nuestros genes

en la construcción del yo.

A todos ellos les preguntamos:

-En el cerebro, sin duda.

Surge de la interacción de la parte emotiva y cognitiva.

-Se aloja en el cuerpo y en el ambiente.

-Se aloja en una mezcla de nuestras células, ADN, proteínas

y también en el Medio Ambiente que modula la actividad de sus elementos.

-Se aloja en el cerebro.

-En el cerebro de uno y en la mirada de los otros.

La identidad del primer europeo es un misterio.

En 2007 en Atapuerca, un equipo de paleontólogos

halló el resto humano más antiguo de Europa,

una mandíbula de hace más de un millón de años.

La atribuyeron al Homo antecessor,

la especie característica del yacimiento burgalés.

Tras un análisis genético en profundidad,

los científicos reconocieron que la mandíbula

no basta para saber si su dueño fue un antecesor o especie nueva

que de confirmarse sería el nuevo primer europeo.

De momento, el dueño de la mandíbula, ha quedado como Homo SP,

es decir, un humano indefinido.

Desde un punto de vista evolutivo

estamos diseñados para ser individuos con identidad,

identidad y mente de alguna manera nos definen como especie.

Nuestro ADN juega un papel crucial en quiénes somos,

pero genéticamente hablando los seres humanos somos parecidos.

El 99,9% de nuestros genes son idénticos,

sólo un 0,1% es distinto.

Ese 0,1% contribuye a generar nuestra individualidad genética

en aspectos como el color de la piel, la altura, el color de ojos...

Identificar genes asociados a rasgos concretos

ha sido uno de los primeros pasos de la ciencia

para estudiar qué nos hace ser seres individuales.

El antropólogo británico Sir Francis Galton

analizaba fotografías de personas para estudiar sus diferencias

y extraer arquetipos.

Algunas de sus investigaciones desataron la polémica,

pero al mismo tiempo fue el precursor de las huellas dactilares

como prueba de identidad.

Hay casos en los que el impacto de la genética sobre nuestro yo

es demoledor.

Por culpa de los genes es posible nacer hombre y parecer mujer,

o nacer sin huellas dactilares o sufrir una enfermedad mental.

Lourdes Fañanas estudia los factores de riesgo

que pueden conducir a trastornos como la esquizofrenia.

Establecer un punto de arranque biológico a la pérdida de identidad

es difícil.

Se han involucrado directa o indirectamente

más de 300 genes distintos,

con roles muy diferentes sobre la función cerebral

pero sabemos que el ambiente entendido en su sentido más amplio

puede jugar un papel fundamental para poner a prueba

esos circuitos que genéticamente no son lo perfecto que deberían ser.

Que la identidad no está supeditada sólo a nuestra secuencia genética

es algo que también sospechó hace unos años Manel Esteller.

Cómo averiguar hasta qué punto nuestras circunstancias sociales

modelan nuestra personalidad.

Ángel y Giovani, Gema y Maica son gemelos idénticos,

comparten el cien por cien de sus genes.

Pero se ven a sí mismos como seres individuales

con su propio aspecto y personalidad.

-Yo nunca me enfado con él, es él.

-Maica es más organizada que yo.

Yo soy desordenada y desorganizada y ella es el polo opuesto.

Los gemelos idénticos son un recurso único para estudiar por separado

las influencias genéticas y ambientales que nos dan forma.

En nuestro estudio de gemelos reclutamos 50 parejas de gemelos

que tenían el mismo ADN

y miramos si tenían señales químicas que los diferenciaban,

que hacían a uno u otro más diferente y con comportamientos distintos.

Hubo dos resultados principales en estudio de los gemelos;

uno es que los gemelos tenían estilos de vida distintos,

unas marcas químicas en su genoma distintas,

y el segundo es que cuanto más viejos eran estos gemelos

más diferentes eran.

Llegando incluso a parecerse a la población general.

Las diferencias en la apariencia y el comportamiento de los gemelos

se deben a cambios en la activación de genes

en lugar de a los propios genes.

Se llaman cambios epigenéticos porque alteran el funcionamiento del genoma

sin modificar su secuencia real.

Cogimos ADN de células de la sangre en ese análisis

y estudiar como en una huella dactilar el ADN de los gemelos.

Si en un gemelo había 1.000 bandas y en el otro también,

estudiar cuáles eran diferentes.

Vimos que había 998 iguales pero dos distintas

y esas distintas eran las importantes para diferenciar a los gemelos.

Ahora tenemos una tecnología nueva

y podemos hacer una huella dactilar más precisa.

Pasar de tener rayos X de la radiografía a una tomografía.

Hoy podemos mirar cerca de medio millón de sitios del ADN.

Eso nos permite ver al detalle diferencias íntimas en los gemelos.

Un genoma puede sufrir un cambio epigenético

mucho más rápido de lo que puede cambiar la secuencia del ADN.

Mediante este mecanismo,

desde el instante de nuestra concepción y hasta la muerte,

nuestro estilo de vida y nuestras elecciones

van modelando nuestra identidad.

Estamos pensado hacer el proyecto al revés.

Todos tenemos ahí fuera una persona que decimos que es nuestro doble,

ese doble puede estar genéticamente ligado a nosotros o no.

Quizás genéticamente es distinto

pero sus marcas químicas y mi genética sean las mismas

y por eso tiene ese aspecto que nos recuerda a nosotros.

Los seres humanos

estamos genéticamente diseñados para tener identidad.

Hay familias que su identidad viene muy determinada genéticamente,

pero eso quizás sólo sea un 10%.

Hay familias que tienen un comportamiento más violento que otras

porque han heredado genes alterados con esa mutación.

Otros aspectos de nuestra identidad no tienen ninguna base genética,

qué lengua hablamos, a qué clase social pertenecemos...

Nuestra conducta, los hábitos a los que nos sometemos,

pueden modificar nuestras enfermedades, aspecto e identidad.

Los genes que heredamos conforman nuestro yo mucho antes

de que seamos conscientes de que estamos vivos.

Pero nuestra identidad genética

tiene un grado de fluidez que se mantiene en nuestra vida

y sin la cuál no podríamos sobrevivir.

Los bebés de apenas un día de vida pueden reconocer la voz de la madre.

No es algo nuevo, la mayoría de mamás lo han experimentado.

Pero a los científicos les ha costado algo más demostrarlo definitivamente.

Un grupo de investigadores canadienses

usaron electrodos para explorar el cerebro de 16 bebés recién nacidos

y vieron que desde muy temprano respondemos a la voz materna.

Los bebés reaccionaban a la voz de otras mujeres

pero con la de la madre se activaban áreas del cerebro únicas y especiales

Nos cuesta distinguir personas de otras razas.

Por ejemplo, a simple vista todos los asiáticos nos resultan parecidos

y lo mismo piensan ellos de los europeos.

Un grupo de científicos norteamericanos

ha investigado cómo nuestro cerebro identifica las caras que vemos.

Los resultados han mostrado al mirar a personas de otras etnias

percibimos menos detalles

y nos da la sensación de que tienen muchos rasgos en común.

Por suerte, es un fallo de nuestro cerebro que podemos corregir.

Con el tiempo y la costumbre podemos diferenciar todo tipo de personas.

Nos gusta pensar que tenemos una personalidad definida.

Somos valientes o cobardes, compasivos o insensibles.

Pero en realidad no somos personajes de una película.

Nuestro carácter es más cambiante de lo que pensamos

y siempre depende del entorno en el que estamos.

Eso han visto los psicólogos tras años de estudiar la personalidad.

Por eso los test de personalidad como el de Myers-Briggs

están cada vez más desacreditados.

Aunque a todos nos guste hacerlos y pensemos que aciertan.

Internet nos permite jugar con nuestra identidad.

En la red podemos ser diferentes

y experimentar con una gran diversidad de identidades.

Al menos, esa fue una de las promesas de las red

cuando surgió la posibilidad de tener identidades múltiples.

Hoy, nuestra identidad online no es tan diferente de la del día a día.

Algunas redes sociales como Facebook premian las identidades reales.

Los amigos en la red suelen ser conocidos de verdad

y nuestra reputación en Internet afecta cada vez más a nuestra vida.

La identidad es un derecho.

Puede sonar evidente

pero hasta 1989 no se incluyó en los Derechos del niño.

Desde entonces, todo niño tiene derecho a un nombre y nacionalidad.

Puede conocer su origen, saber quiénes fueron sus padres

y su lugar de nacimiento.

Ser uno mismo y no otro está protegido jurídicamente

y es un derecho inquebrantable incluso en situaciones de guerra.

El primer cambio de sexo.

A principios del siglo XX,

los Wegener formaban uno de los matrimonios de artistas

más famosos de Dinamarca.

Einar destacaba por sus pinturas y de paisajes

y ella, Gerda, por sus libros ilustrados y sus libros de moda.

Un día, Gerda pidió al marido que se vistiese con medias y zapatos.

Quería que sustituyera las piernas de una modelo.

Einar se sintió tan cómodo que pensó que había llegado el momento

de descubrir su verdadero yo, Lili Elbe.

Se convirtió en la primera persona reconocida

que se sometió a un cambio de sexo.

Entre 1929 y 1931,

viajó a Alemania para someterse a varias operaciones,

algunas de ellas muy experimentales.

El rey de Dinamarca invalidó el matrimonio de Lili y Gerda.

Pero a Einar se le reconoció legalmente su cambio de sexo

y recibió un pasaporte con el nombre de Lili Elbe.

No pudo disfrutar mucho tiempo de su nueva identidad.

Al año de someterse a un trasplante de ovarios, murió.

En el siglo XVII, el filósofo Descartes

pronunció la célebre frase: "pienso, luego existo".

En los últimos 20 años

la neurociencia nos está aportando datos de lo que eso significa

en términos de actividad neuronal.

Técnicas como la resonancia magnética funcional

permiten a neurocientíficos ver qué ocurre en nuestro cerebro

mientras realizamos una tarea concreta.

Estos datos han convertido el debate metafísico sobre la identidad

en una realidad material.

En una persona sana existen tres sistemas básicamente

para construir la identidad:

el cerebro tiene una representación del cuerpo en todo momento

pero esto queda a un nivel subconsciente.

Los dos sistemas que conscientemente sirven para la autopercepción

es lo que tiene referencia con la percepción de uno

respecto a espacio y respecto al tiempo

y un segundo sistema muy importante que nos da el yo interior,

de qué pasa en nuestras vísceras, en cómo son nuestras emociones...

El ser humano lo que más teme al margen de la muerte

es la pérdida del control de su identidad.

Ciertas infecciones, algunos elementos químicos,

la exposición accidental a algunos fármacos,

el contacto con una amplia gama de drogas,

son factores de riesgo que pueden conducir a una enfermedad mental

y hacernos perder el control sobre lo qué somos y cómo nos ven los demás

La enfermedad mental cuando afecta a una persona

destruye su capacidad de relación con los demás seres humanos.

Y en ese sentido pierde su esencia.

En las esquizofrenias hay una incapacidad

de poner en relación el mundo interno con el mundo externo,

de codificar los mensajes

que constantemente nos emite nuestra realidad

y que nosotros mismos emitimos,

en estas personas los circuitos neurobiológicos

que han estado diseñados por la evolución

para conducir esta forma de relacionarnos con la realidad

están alterados.

Hay dos tipos de esquizofrénicos de que tienen síntomas activos

con alucinaciones o agitación que podían tener un aumento

de la actividad de los sistemas de autopercepción.

Tienen enfatizada la percepción de sí mismos.

También hay otros esquizofrénicos que el problema es a la baja

que tienen una deficiencia en la activación de estos sistemas.

Cambios en el funcionamiento del cerebro o en su estructura

pueden provocar la pérdida de identidad.

Personas con trastornos de la personalidad psicopática

que se manifiesta sobre todo con la tendencia a cometer actos criminales.

Pensamos que existen las dos versiones de alteración,

la anatómica puede ser precoz

y que tenga que ver con el desarrollo del cerebro

y una funcional que es actual cómo funciona el cerebro.

Nuestro entorno social es un elemento clave para nuestra identidad.

Las personas que nos rodean son espejos en los que nos miramos

para reconstruir la representación del mundo.

Si este entorno falla en la infancia,

la época en la que el cerebro se está formando y es más vulnerable,

queda marcado y puede tener secuelas en la vida adulta.

La identidad necesita un cerebro sano y armonizado.

Por eso con la edad, conforme este envejece,

nuestra identidad también se desvanece.

En pacientes con Alzhéimer,

los sistemas del cerebro que construyen nuestra percepción

se alteran mucho antes incluso de que aparezcan los primeros síntomas.

La identidad de una persona es un aspecto muy complejo

pero justamente la presencia física y específicamente la cara

es el centro de mayor atención y mayor reflejo de identidad.

De los cinco sentidos que tenemos, cuatro se alojan en la cara.

Desde la importancia que tiene la relación con el ambiente

y cómo fuente de identificación.

La cara es el epicentro de la persona desde el inicio de la vida.

La sonrisa, la mirada, la expresividad

es necesaria para desarrollar un sentido del yo integrado.

Esto implica una compleja interacción entre la piel,

los músculos faciales, el cerebro y las emociones.

Hace dos años,

Guilla formó parte de los médicos que atendió a Oscar,

el joven que se sometió al primer transplante total de cara del mundo.

Gracias a la intervención,

pudo reiniciar una vida que durante años había transcurrido sin rostro.

Cuando es una situación tan extrema

la persona puede pensar de una forma fantaseada

de que es el otro el que viene a mi.

Que yo incorporare aspectos que son externos a mi

a mi propia identidad.

Lo único que marca la estructura facial es la ósea.

Todo lo que podemos incorporar, se adaptará.

En ese nueva cara habrá una síntesis entre las características del donante

y las del receptor.

El transplante de cara es uno de los máximos logros de la medicina.

El trabajo no es sólo quirúrgico, la persona tras el transplante

debe reconstruirse psicológica e intelectualmente.

El paciente no puede solo con ello.

No es un riñón, no es un corazón,

se trata de algo que la va a limitar durante los primeros meses

en la vida de interacción con los demás.

Y necesita el soporte de la familia, de la red social de amigos,

algo que nos implique a decirnos que él no está solo.

Tenemos una biología muy semejante

pero el vivir en contextos y tiempos diferentes

y condiciones diferentes

pues marcan mucho las diferencias de identidad.

El peso de lo que somos recae en el cerebro y el cerebro somos nosotros.

Lo que elegimos está profundamente relacionado con lo que somos

y en ese sentido lo que somos es lo que percibimos.

Y es lo que percibimos lo que en cierta forma nos hace diferentes.

La identidad es consustancial al ser humano.

Al igual que con los genes,

nuestro cerebro nos da ciertas predisposiciones

y la neurociencia ha comenzado a mostrarnos sus raíces.

Pero la cosmética, la cirugía y nuestras elecciones

también pueden modificar quiénes somos, cómo nos vemos

y cómo nos ven los demás.

-Podemos elegir algún matiz de nuestra identidad.

-Podemos elegir aspectos de nuestra identidad.

-Yo quiero pensar que sí.

La pérdida de identidad por enfermedad mental

es algo muy difícil de sobrellevar.

En esta web unos documentales de animación

muestran los distintos trastornos que pueden alterar nuestro yo.

"La identidad" es ya una novela clásica.

La compenetración extrema lleva a una pareja

hasta el punto de confundirse el uno con el otro.

Una reflexión sobre el complejo puzzle de las relaciones.

El documental inglés "Ex memoria" habla de la relación entre la memoria

la demencia y la perdida de identidad.

Una visión personal sobre la dificultad

para mantener la propia identidad cuando falla la memoria.

"Identidad" es un ensayo sobre la evolución del concepto identidad.

Su autor cree que ahora es más ambiguo

y que sólo se usa en el contexto de un conflicto.

Queriendo unir, la identidad divide y queriendo dividir, excluye.

SUBTITULACIÓN REALIZADA POR: LORENA TORRES SÁNCHEZ.

tres14 - ¿Quién soy?

08 abr 2012

Esta semana tres14 se centra en la identidad, un enigma en el centro de nuestra existencia. Un cubo de Rubik, en apariencia imposible de resolver, dentro de nuestro cerebro.

Nuestro ADN juega un papel crucial en quiénes somos. Pero, genéticamente hablando, los seres humanos somos extraordinariamente parecidos. El 99,9% de nuestros genes son idénticos. Sólo un 0,1% es distinto. En el reportaje del programa veremos cómo identificar genes asociados a rasgos concretos ha sido uno de los primeros pasos de la Ciencia para estudiar qué nos hace ser seres individuales. Son los científicos Jesús Pujol Guila Fidel, quienes explican, en el programa, cómo el cerebro humano construye la identidad de las personas y qué es lo que ocurre cuando falla; mientras que Manel Esteller, Francesc Calafell Lourdes Fañanás, desvelan cuál es el papel de los genes en la construcción del yo.

 

El Descubrimiento viaja a la Dinamarca de principios del siglo pasado, para desvelar quien fue Lili Elbe, la primera persona que reconoció públicamente haberse sometido a una operación de cambio de sexo."

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