Serie documental de seis capítulos en la que se hará un recorrido de gran agilidad visual y precisión descriptiva a través del conjunto de tesoros arquitectónicos custodiados por Patrimonio Nacional.

El orden sucesivo de los capítulos estará argumentalmente regido por un criterio basado en la sucesión temporal monárquica y cada uno de ellos tendrá una conexión particular en su contenido individual; de esta manera, aunque sean episodios autoconclusivos, habrá un hilo conductor genérico de la serie.

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Tesoros de la Corona - El retiro soñado - ver ahora
Transcripción completa

En el Palacio de la Granja de San Ildefonso, en Segovia,

el agua parece derretir las esculturas mitológicas

de sus fuentes.

Los jardines enmarcan un edificio de estilo italiano

con fachada de piedra rosa,

granito y mármol de Carrara.

La decoración interior del palacio es de estilo barroco,

con estatuas y techos abovedados pintados con frescos alegóricos.

El lujo palaciego,

reminiscencia de la corte francesa donde se educó Felipe V,

contrasta con el bosque siempre verde

gracias al famoso pino de Valsaín.

En el Palacio de la Granja vivió Felipe V,

el mal llamado rey animoso.

La caza y los juegos alegraban al primer Borbón español

que tuvo que reinar dos veces.

El Palacio de Riofrío,

en Segovia, hermano pequeño

del de la Granja, es un edificio

de estilo italiano e interiores barrocos.

Se construyó por el pecado de vanidad de una madrastra real.

El bosque de la sierra segoviana

escondía en su interior un paraíso cinegético.

Los arroyos descienden hasta la planicie.

La riqueza en acuíferos fue el requisito imprescindible

para que las fuentes de los jardines versallescos

del palacio de Felipe V

tuvieran el suficiente abastecimiento de agua.

Hoy, los espacios palaciegos ocupan un lugar casi tan extenso

como la propia villa.

El Palacio de la Granja se alza a los pies

de la ladera norte de la sierra de Guadarrama,

en el Real Sitio de la Granja de San Ildefonso,

a menos de una hora de Madrid.

Felipe V no solo mandó edificar el palacio,

sino que además, durante su reinado,

realizó sucesivas ampliaciones

hasta que lo convirtió

en el centro de la corte, pero sus antecesores

ya habían disfrutado de este real sitio.

En el siglo XV,

reinaba en Castilla Enrique IV, hermano de Isabel la Católica.

Le gustaba acudir

al Monasterio de El Paular,

pero su lugar de caza favorito eran los pinares de Valsaín,

por lo que mandó construir una ermita y un palacio mudéjar.

Desaparecido el palacio tras un incendio,

los Reyes Católicos donaron las tierras

a los monjes Jerónimos. En el siglo XVI,

Felipe II decidió edificar un palacio nuevo

sobre las ruinas del anterior,

y mandó viajar a su arquitecto

para conocer los estilos preponderantes en Europa.

El núcleo principal del Palacio de Valsaín

tenía un patio central con dependencias adyacentes

y torreones en las esquinas.

(RELINCHAN)

Felipe II acudía con frecuencia

al Palacio flamenco de Valsaín

llamado Casa del Bosque.

En él nació su hija predilecta,

Isabel Clara Eugenia.

Años después, tras la boda por poderes

con su cuarta esposa,

pasaron la luna de miel en el Palacio de Valsaín.

Un incendio destruyó el palacio tres años antes

del reinado de Felipe V

y nunca se reconstruyó.

Aún podemos observar

las ruinas de lo que fue el lujoso Palacio de Valsaín.

Hoy, sus únicos habitantes son las aves que se refugian en él.

En el siglo XVIII,

Felipe V fue designado sucesor a la corona

y con él se instauró la dinastía de los Borbones

en España.

Felipe V decidió enviar a un emisario real

para que inspeccionara la zona

y comprara en su nombre unos terrenos.

Curiosamente, fueron los mismos que Isabel la Católica

había cedido a los monjes de la orden jerónima,

y donde estaba el palacio de su hermano, Enrique IV,

tres siglos antes.

Las tierras adquiridas, junto a otras colindantes,

tuvieron la extensión necesaria para el emplazamiento

del que en un futuro sería el Palacio de la Granja.

A Felipe V y a su esposa

les gustaban los paseos a caballo

y practicar la caza

en los montes de Valsaín.

La vida cotidiana de los monjes consistía en el autoabastecimiento.

Para ello, solían contar con una extensión suficiente

de tierras de cultivo y cría de animales

para surtir de alimentos básicos

a la comunidad religiosa,

que habitualmente se encontraba alejada de poblaciones cercanas.

La casa conventual contaba con una granja,

una hospedería y una ermita dedicada al arzobispo San Ildefonso,

y de ahí viene el nombre que llevaría

el Palacio de la Granja de San Ildefonso.

La corona pagó a los monjes una renta anual de 1000 ducados

y 100 fanegas de sal.

Actualmente, la ermita reconstruida

permanece en los jardines palaciegos.

Cuando comenzaron las obras,

el asentamiento de los numerosos artesanos

desplazados desde otros lugares

dio origen a una villa que creció alrededor del palacio.

Los arquitectos reales, Carlier y Ardemans,

trabajaron sin descanso

y la obra se terminó en tres años.

Felipe V recordaba con nostalgia su Palacio de Marly, en Francia,

de ahí su semejanza con el palacio que se edificó en la Granja,

aunque siempre se le compare con Versalles.

El edificio original era de planta cuadrada,

con cuatro torres en las esquinas,

y en la fachada noreste estaba adosada la colegiata.

El patio de la fuente es el eje central del palacio

y está situado en el mismo lugar

en donde se hallaba la antigua casa de los monjes.

Con este palacio comenzó la gran empresa arquitectónica

de los Borbones,

que continuaría con otra obra de especial envergadura,

el Palacio Real de Madrid.

En el patio de la fuente,

las galerías facilitan el acceso a las ampliaciones

que realizó Felipe V en la Granja.

Como es lógico,

Teodoro Ardemans, el arquitecto de Felipe V,

trazó los planos del Palacio de la Granja

en imitación del de Versalles, lugar donde había nacido

y se había criado Felipe V.

Pero la traza definitiva del palacio

se debe a Carlos III.

Cuando se añadieron la capilla real,

se añadieron

la Casa de las Damas,

que actualmente es la sede del museo de tapices,

y también la Gran Casa de Oficios

que completa el conjunto arquitectónico

del Palacio de la Granja.

La fachada sudeste del Palacio de la Granja,

abierta a los jardines,

se enriquece con medias columnas

y pilastras de capiteles compuestos.

El contraste de la piedra rosa de Sepúlveda,

el granito de las canteras de la sierra de Guadarrama

y el mármol italiano de Carrara,

rematan el efecto óptico.

El frontal superior del ático está sostenido

por esculturas de las cuatro estaciones.

Entre estas estatuas hay dos medallones

tallados en altorrelieve con alegorías mitológicas

que representan a Felipe V como Marte,

el dios de la guerra,

y a su esposa, Isabel de Farnesio, como Minerva,

la diosa de la sabiduría.

Sucesivos arquitectos

llevaron a cabo la realización de esta fachada,

que aun siendo de traza italiana,

no deja de tener ciertos aires de estilo inglés y francés.

Debajo de los balcones principales

se observan mascarones tallados de gran tamaño.

Los cronistas de la época, como Luis de Salazar y Castro,

decían de Felipe V

que era un gran entusiasta de la caza,

y que su segunda esposa, Isabel de Farnesio,

era una experta en el manejo de las armas.

El Palacio de la Granja,

como otros que hay en la sierra madrileña

y en otras sierras, pero particularmente en la madrileña,

nace también como... centro de caza, de recreo,

para la casa, para la casa...

Para la Casa del Rey.

Se llama la Granja porque originalmente

era un terreno cedido

a una comunidad monástica para que tuviera una granja.

La granja y la ermita se convierten

en lo que termina convirtiéndose,

en un palacio,

en un palacio de recreo.

Y es en el siglo XVIII, particularmente con Felipe V,

cuando empieza a convertirse ya

en sede de verano de la corte

durante mucho tiempo. Hubo una época

en la que la política se hacía en la Granja,

que, por otra parte, es maravilloso. Claro, es que...

En el verano castellano, en la Granja se está fenomenal,

y solo a 25 kilómetros,

estás ya en la estepa ardiendo, ¿no?

La Granja es un paraíso.

Así se va convirtiendo, durante una buena época, en el XVIII,

en el centro de la política española.

Dicen que Felipe V no se llevaba bien con el agua

por su deficiente higiene,

pero anécdotas aparte,

sí quería que los jardines del palacio

tuvieran fuentes con juegos de agua.

Los arroyos que entre la vegetación descienden de la sierra

fueron reconducidos

y se modificaron sus cauces,

uniéndolos con la intención de acercar el agua al palacio.

A un kilómetro, se construyó un embalse

con forma irregular, que por su gran tamaño

se conocería como el Mar.

En la orilla está la Casa de la Góndola,

donde pernoctaban las aves acuáticas

y se guardaba la góndola

que Felipe V utilizaba para pescar.

El Puente de los Suspiros, conocido como el Tranvía,

es una reconstrucción del original

realizada a mediados del siglo pasado.

El arquitecto francés Carlier

planificó una gran obra de ingeniería hidráulica.

Aprovechó la pendiente desde el embalse el Mar

hasta el palacio

para realizar las acequias o canalizaciones abiertas.

Las bifurcaciones establecían un circuito del agua

y el caudal se controlaba

con partidores de piedra y compuertas metálicas.

Estas canalizaciones hoy siguen abasteciendo

los jardines y las fuentes del Palacio de la Granja.

Como dijo en el siglo XVIII

el gran teórico francés de la jardinería,

Antoine Dezallier:

"Si uno se va a vivir al campo,

es para poder tener un jardín magnífico".

Felipe V siguió este principio,

y en la Granja los jardines son más importantes

que el palacio.

Los jardines de la Granja tienen un diseño geométrico

con varios ejes en forma de cuadrícula.

Hay un complicado laberinto realizado con arbustos

al más puro estilo versallesco,

y necesitaremos más de hora y media para recorrerlo.

Entre los 70 000 árboles,

hay dos secuoyas gigantes llamadas el Rey y la Reina,

de casi 45 metros de altura

y 19 metros de perímetro. Los estanques y depósitos

que reciben el agua de las canalizaciones

están situados a distintas cotas de altitud

para conseguir con precisión reglada

el abastecimiento de las 21 fuentes de los jardines.

Es sorprendente que en el siglo XVIII,

la habilidad de Carlier

hiciera posible una conjunción tan perfecta

entre la ingeniería y el arte escultórico.

Todo ello en un escenario en plena naturaleza,

que siguiendo las instrucciones de Felipe V,

debía integrar el conjunto palaciego en el entorno.

Las esculturas de las fuentes, construidas con plomo

para prevenir la corrosión,

están pintadas en color bronce

y representan escenas de la mitología clásica.

Entre estas fuentes del Palacio de la Granja,

Carlos III pensaba incluir la famosa fuente de La Cibeles,

pero la remodelación del Paseo del Prado

determinó a última hora

un cambio de emplazamiento de la diosa al centro de Madrid.

En un estanque rectangular, la fuente de Neptuno

tiene tres grupos escultóricos. Neptuno cabalga

sobre un carro de conchas marinas

tirado por caballos, tridente en mano.

La fuente de la Fama tiene un surtidor

que alcanza los 47 metros.

Cuando se activan los gigantescos chorros de agua,

cautivan a los sorprendidos espectadores.

Las diferentes alturas de los surtidores

hace necesario que la presión del agua

sea independiente en cada una de las fuentes.

La fuente de los Baños de Diana es la última construida

y la única que tiene un carácter arquitectónico.

A los pies de la diosa cazadora Diana

está Acteón convertido en perro,

como castigo por haberla visto desnuda

mientras se bañaba.

Cuando Felipe V asistió

a la inauguración dijo:

"Tres minutos me has divertido

y tres millones de reales me has costado".

Las fuentes necesitan

unos 9000 metros cúbicos de agua por hora,

la misma cantidad que se consume en la ciudad de Segovia.

Felipe V heredó el trono

porque el rey español Carlos II, el Hechizado,

murió sin descendencia.

Francia apoyó a Felipe, nieto del rey Sol francés,

pero Austria era partidaria del archiduque Carlos de Augsburgo.

En España, esta división entre partidarios de Borbones y Austrias

desencadenó la guerra de Sucesión.

Por la escalera principal del Palacio de la Granja,

exponente del barroco español,

se accede a la sala de alabarderos.

La guardia personal de protección del rey

data del siglo XVI.

Fue creada por Fernando el Católico

y sus sucesores fueron reorganizándola,

pero en 1707, Felipe V reunió varias compañías

y creo la guardia de los alabarderos.

La sala está decorada con cuadros de batallas de héroes

que concuerdan con la valiente participación de Felipe V

en las guerras que libró,

en contradicción con su carácter depresivo.

Una de las salas más conocidas del Palacio de la Granja

es la galería de retratos.

Está decorada con cuadros de Felipe V,

Isabel de Farnesio y de los infantes.

El afamado pintor francés Van Loo, miembro fundador

de la Academia de Bellas Artes de San Fernando,

pintó a la realeza española y francesa

entre finales del Barroco y principios del Neoclásico.

Bartolomeo Rusca realizó un fresco en la bóveda

de una escena mitológica,

con una representación alegórica

de la transformación de Calisto en Osa Mayor.

88 años de historia nos contemplan desde esta reproducción

del cuadro de la familia real pintado por Van Loo.

Felipe V, su esposa,

Isabel de Farnesio,

su hijo Luis...

Toda una dinastía que gobernaría de forma directa

o por matrimonio media Europa.

El futuro rey de España, Carlos III,

y debajo de la corona real,

las infantillas, nietas de Felipe V.

El original de este cuadro se encuentra

en el Museo del Prado.

Pero ¿cómo era la auténtica personalidad del rey

que mandó construir este palacio?

Felipe V es un rey

sobre el que caben demasiados juicios contrapuestos,

porque además él mismo era una persona en sí contrapuesta.

Además, tenía una enfermedad mental que le acompañó siempre.

De hecho, abdicó.

Su reinado, que es largo, está partido en dos porque abdicó,

estaba mal de los nervios.

Lo que pasa es que su hijo y heredero estaba peor

y se murió muy joven.

Tuvo que recuperar la corona.

Fueron 45 años de reinado.

Ha sido el más largo de la historia de España.

Y tuvo que hacer algo

realmente complicadísimo,

que era convertir lo que había estado a punto de ser

una potencia en decadencia, España,

pero que seguía siendo una gran potencia,

por eso se partieron la cara por quedarse con nuestra corona

durante la guerra de Secesión franceses e ingleses,

convertirla en algo que volviera a pintar

en el escenario europeo

sin, por otra parte, perder de vista

que a partir de este momento,

ya estábamos vinculados a Francia por pactos de sangre

con los Borbones de allá y los Borbones de aquí.

Bueno,

la verdad es que después de casi medio siglo de reinado,

el balance objetivo creo que es muy positivo

por lo siguiente,

porque era un monarca profesional,

es decir, era alguien que sabía

que su verdadero mérito

iba a estar en saber elegir a quién tenía que hacer la política.

Y él siempre supo elegir bien a sus colaboradores.

En fin, realmente eligió siempre a muy buena gente.

Y es verdad que, llegado mediados del siglo XVIII,

España era realmente una gran potencia otra vez.

El fresco de Apolo dando muerte a la serpiente Pitón,

de Bartolomeo Rusca,

cubre la bóveda de la pieza de comer.

Los cuadros alegóricos representan los cinco sentidos:

el oído, el tacto, el gusto, el olfato

y la vista.

El oratorio de la que se conocía como pieza donde se dice la misa

es portátil.

El mobiliario es de estilo Luis XIV,

llamado así en honor al abuelo de Felipe V.

El dormitorio de sus majestades es la pieza central

del Palacio de la Granja.

La cama tiene colgaduras de Damasco italiano

ricamente bordadas.

Felipe V, llamado el rey loco,

sufría un grave trastorno mental,

y el material anecdótico de su locura es inagotable.

Obsesionado por la idea

de morir en pecado mortal, decidió que su confesor

debía estar en su alcoba para poder confesarse

en cualquier momento.

Temía ser envenenado con las camisas,

por lo que usaba las de su esposa, Isabel de Farnesio.

Había que cambiar las cerraduras de las habitaciones

para evitar que el rey se escapara de palacio.

Felipe V dormía de día

y recibía a los ministros y embajadores de madrugada,

en sesiones que duraban varias horas.

El gabinete de la reina

evoca la fuerte personalidad de Isabel.

La princesa de los Ursinos,

enviada por el abuelo de Felipe V desde Francia,

tenía un lugar preponderante en la corte española.

Una anécdota cuenta que,

tras la muerte de María Luisa de Saboya,

primera esposa de Felipe V,

la nueva reina, Isabel de Farnesio,

dispuesta a romper la influencia de la princesa de los Ursinos,

decidió enviarla al destierro, sola, en mitad de la noche,

y portando como único equipaje

la ropa que llevaba puesta.

Esta sala era el tocador de la reina.

La lámpara fue realizada en la Real Fábrica de Cristales

de la Granja.

Isabel de Farnesio procuró que su inquieto marido

tuviera siempre la diversión asegurada.

Felipe V utilizó el Palacio de la Granja

para evadirse de los graves problemas mentales

que le aquejaron en la segunda parte de su vida.

Probablemente, Felipe V tuvo un trastorno bipolar

que hacía,

que le llevaba de momentos de enorme actividad

a momentos de apatía terrible.

Las dos actividades

más lúdicas que desarrolló Felipe V en la Granja fueron,

por un lado, en el interior, la relojería.

Era un experto artesano...

en la reparación de relojes,

y a ello dedicaba bastante tiempo.

La segunda actividad lúdica fundamental que hacía

era el paseo por los jardines,

por esos jardines que le recordaban

a los de Versalles,

donde había nacido y había transcurrido su infancia.

Felipe V introdujo el juego del mallo,

que era muy popular en Francia, en España.

Y a él dedicó gran parte de su actividad.

Esta era la actividad preferida

de Felipe V. Y,...

de hecho, no solo en la Granja,

sino también en el Buen Retiro de Madrid

transcurría horas jugando

a este juego

que, a partir de entonces, fue popular en España.

En la actualidad, después de numerosas reformas,

se ha conseguido que muchas de las salas

exhiban la decoración original.

En la sala de las conchas está la fuente de Galatea,

que representa a la diosa griega Anfítrite,

esposa del dios del mar, Poseidón.

Una de las esculturas originales y más valiosas

es "La fe velada", del escultor italiano Corradini,

regalo del cardenal Acquaviva

a Isabel de Farnesio.

Las salas de la planta baja albergan la colección de esculturas

de la reina Cristina Suecia, adquirida por Felipe V y su esposa.

La mayor parte de las esculturas originales

están en el Museo del Prado, y las otras

son vaciados de yeso, como esta figura de Clitia.

A los cuatro continentes hasta entonces conocidos

se dedican dos salas. Hay dos mujeres semidesnudas

en la bóveda alegórica de África y América.

En la sala contigua,

las protagonistas son otras dos mujeres, ya vestidas,

que representancon corona de oro a Europa,

y con corona de flores, a Asia.

Felipe V e Isabel de Farnesio

eran grandes aficionados a coleccionar obras de arte,

y es curioso que cada uno marcara cada pieza

con su propio sello.

El rey, con el Aspa de Borgoña,

y la reina, con la flor de lis.

El artista italiano Subissati

decoró las paredes de la sala de mármoles

con una original mezcla de bronces, espejos

y mármoles.

El estuco dorado sobre fondo blanco

cubre la bóveda que representa el rapto de Europa

por el dios romano Júpiter, padre de dioses y hombres.

La sala de la fuente conserva el original

de la figura de Apolo de 1680,

rodeado por las ocho musas realizadas en yeso

y situadas encima de las peanas originales.

En el salón de lacas,

las paredes están tratadas con las ancestrales técnicas chinas

de aplicación de resinas,

pintadas en tonos vivos y pulidas hasta conseguir un brillo

prácticamente imperecedero.

La decoración oriental estaba muy de moda en Francia

en el siglo XVIII,

y Felipe V nunca olvidó su ascendencia francesa,

incluso en las relaciones internacionales.

A mí se me ocurriría decir aquí

que no nos ha ido bien con Francia

a lo largo de nuestra historia, ¿no?

Y que si antes había los pactos de familia

porque estaban los Borbones

y pactaron esas alianzas,

ahora, y estamos en 1796,

España establece una alianza con el directorio,

establece ya con las fuerzas napoleónicas,

para parar a Inglaterra.

A España le interesa parar a Inglaterra

para proteger el gran comercio

y nuestra gran heredad,

que es América. Pero, tristemente,

al cabo de unos años,

veríamos que esto no va a servir para nada,

puesto que los españoles

nos vamos a ver enfrentados en ese Trafalgar,

que es tremendo para nosotros, muy mal planteado por los franceses,

pero que se lleva parte

de nuestra gran Armada

y una buena porción

de nuestros grandes marinos.

Y ahí empieza ya nuestro adiós a América,

con Trafalgar.

(Disparos)

En unos terrenos cercanos al Palacio de la Granja,

se construyó un edificio

que luego ampliaría en el siglo XIX Juan de Villanueva,

arquitecto del Museo del Prado.

La Real Fábrica de Cristales de la Granja

fue uno de los grandes logros de Felipe V,

que no solo tenía momentos oscuros.

En sus periodos de lucidez,

era un monarca brillante.

La Fábrica de Cristales de la Granja

nació para proporcionar espejos

y vidrios para las ventanas del palacio

que se estaba construyendo,

pero 40 años después,

empezó la fabricación de cristal tallado

y de vidrio fino,

y se convirtió en una más

de las fábricas reales que los Borbones

hicieron en España para mejorar la artesanía española.

A la muerte de Fernando VII, cesó la producción de vidrios,

y a partir de 1982,

se ha constituido en el edificio,

magnífico, por cierto,

de la Fábrica de Cristales de la Granja,

el museo del vidrio

y una escuela de vidrios artísticos.

La técnica del soplado del vidrio se remonta al siglo II a. C.

En la Real Fábrica de Cristales de la Granja

se siguen utilizando los mismos métodos artesanales

desde su fundación en el siglo XVIII.

El maestro vidriero

modelará cuidadosamente con sus manos la masa candente

que contiene una burbuja de aire en su interior.

La pieza se introduce en el molde con la caña hueca.

Soplando a través de ella, y aplicando más calor,

el cristal se dilatará adquiriendo la forma del recipiente.

Para terminar el proceso, la pieza se introduce en el horno

llamado arca de recocido,

y luego, se enfriará lentamente.

Las arañas de la Real Fábrica de Cristales

no solo cuelgan de las salas del Palacio de la Granja,

se fabricaron para enriquecer parte del patrimonio nacional,

y se siguen realizando para palacios, iglesias, teatros

y clientes particulares.

Las cristalerías

están talladas y pintadas a mano sobre distintos colores de vidrio.

En el desarrollo histórico de la Real Fábrica,

hubo dos grandes avances.

Con Carlos III se logró el vidrio plano

y la posibilidad de crear lunas de espejos

de casi siete metros cuadrados.

Y con Carlos IV y Fernando VII,

se inició la fabricación de recipientes de botica,

utensilios ópticos, objetos de mesa, adorno

y cristalerías.

Una de las actividades que más calmaba el ánimo de Felipe V

en sus estados críticos de locura eran las actuaciones

del famoso cantante de ópera Farinelli,

que tenían lugar en este gabinete llamado de los espejos.

La esposa del rey, Isabel de Farnesio,

que controlaba discretamente

el Gobierno del Estado

en los periodos demenciales de su marido,

se encargaba de propiciar estos entretenimientos.

En un pabellón anexo al Palacio de la Granja

está la Casa de las Flores.

Hoy en día, varias veces al año, la música que deleitaba a Felipe V

inunda está estancia.

Y los espectadores pueden revivir

durante estos conciertos el ambiente palaciego dieciochesco.

La Ley Sálica, instituida por Felipe V,

prohibía reinar a las mujeres.

En 1789,

Carlos IV redactó una pragmática

para abolir esta ley de tradición francesa,

pero nunca la publicó. En 1830,

Fernando VII, en este palacio, garantizó con su firma

el reinado de las mujeres.

Restituida la antigua tradición castellana

por la que las primogénitas reales podían reinar en España,

heredaría el trono Isabel II.

Fernando VII,

con su decisión, no solo dejó fuera de la corona

a su hermano Carlos María Isidro,

sino que provocó una guerra civil.

Al morir Fernando VII,

Isabel II reinó bajo la regencia de su madre,

María Cristina.

El hermano del rey se coronó en el exilio

como Carlos V con el apoyo de parte del Ejército.

Este fue el inicio de las guerras carlitas,

pero el Abrazo de Vergara supuso una tregua.

La Real Colegiata de la Santísima Trinidad

en la Granja de San Ildefonso era, en un principio,

la capilla de la antigua residencia de los monjes.

Felipe V quiso realzar su importancia

convirtiéndola en una pequeña catedral adosada

a la parte central del palacio, La decoración interior

se realizó en tiempos de Carlos III.

De los frescos de las bóvedas,

debido a dos incendios en el siglo XX,

solo subsisten en las pechinas

las imágenes de los cuatro evangelistas de Bayeu,

pintor de la corte de Carlos III.

La sillería de nogal del coro es de estilo rococó.

Luisa Carlota, tía de la futura Isabel II,

llegó al Palacio de la Granja cuando Fernando VII

iba a nombrar sucesor a su hermano Carlos.

Considerando responsable al ministro Calomarde,

Luisa Carlota le dio una bofetada.

Él, viéndose descubierto,

respondió con la famosa frase: "Manos blancas no ofenden".

Y dicen que ella respondió: "Pero hacen daño".

Calomarde y sus partidarios huyeron con Carlos a Portugal.

La tribuna real está situada encima del coro.

El retablo del altar mayor

representa a los santos patronos de la familia real.

La capilla de las reliquias alberga el cenotafio fúnebre

con los emblemas reales y dos medallones de Felipe V

e Isabel de Farnesio,

pero sus cuerpos están en un nicho del muro

al que se accede por el crucero de la colegiata.

Los restos mortales de la infanta Isabel,

la Chata,

se trasladaron desde París para enterrarlos en 1991

en esta capilla.

Cuando había pasado casi un siglo de la muerte de Felipe V,

y solo siete años desde la abolición de la Ley Sálica,

en este palacio tuvo lugar el Pronunciamiento de la Granja.

La rebelión de los sargentos de la Granja,

nos situamos en agosto

de 1836,

supone un gran cambio en la política española,

puesto que estos sargentos

se hacen fuertes.

Aprovechando que los oficiales están en la ópera, dicen:

"Esta es la nuestra. Vamos a tratar

de imponer la Constitución de 1812,

que es la gran Constitución liberal,

y vamos a evitar que los conservadores,

los moderados,

estén en el poder".

Y más o menos le imponen a la reina,

después a través de una serie de levantamientos

que se producen en España,

le imponen la nueva Constitución

y ese giro

a favor de los progresistas.

La historiografía piensa que la reina, a partir de entonces,

fue muy poco amiga de los progresistas,

puesto que los relacionaba con este tipo de heroicidades

como las que habían hecho los sargentos

y soldados de la Granja.

Tras el reinado de Amadeo I y la I República,

se restauró la monarquía con el hijo de Isabel II,

Alfonso XII.

Su hermana, Isabel de Borbón, conocida como la Chata,

asistía todos los años a la Misa de la Pera,

en la que ella

regalaba a los asistentes

una fruta de los jardines del palacio.

Fue nombrada alcaldesa honorífica por su vinculación con la Granja,

y ese día, la Chata lució bastón de mando y montera.

La Chata es, probablemente,

la única persona de la realeza española

que ha gozado de una simpatía popular general,

es decir, de unos y de otros.

Hablamos de un personaje

de finales del XIX y principios del XX,

lo mismo de derecha que de izquierdas,

socialistas que conservadores, monárquicos que republicanos.

La Chata era Madrid.

La carroza, los toros y la buena vida.

De hecho, hay una anécdota graciosa,

y es que cuando se proclama la II República,

no la obligan a marcharse porque caía tan bien a todos,

que le permiten quedarse en Madrid.

Ella se exilia con la familia y muere, por cierto,

en el exilio.

La Chata está muy vinculada al Palacio de la Granja

porque en una de las innumerables cosas que hacía,

organizaba tertulias de mujeres de la nobleza allí,

en el Palacio de la Granja, que es un sitio fantástico.

En verano, ella siempre lo había asimilado a sus vacaciones.

Todos tenemos recuerdos de infancia de felices vacaciones,

también los de sangre azul.

Y allí organizaba aquellas tertulias.

Es un personaje muy simpático de la historia de España.

Probablemente, por intrascendente.

Es decir, nada de lo que hizo pasó en realidad a la historia,

pero tampoco hizo nada malo a nadie.

Los jardines reales fueron durante mucho tiempo

una joya privada,

pero hoy, los juegos de agua que tanto divertían a Felipe V

están al alcance

de los fascinados visitantes del palacio.

El Palacio de la Granja de San Ildefonso,

uno de los tesoros

más singulares de la corona, fue construido

para la diversión de un monarca. Era el centro

de la corte de Felipe V

y se convirtió en el retiro soñado de un rey melancólico.

En el bosque de Riofrío,

la reina Isabel de Farnesio soñó con un palacio rosa

con ciervos y gamos en libertad.

El Palacio de Riofrío se hizo realidad en Segovia,

en el Real Sitio de San Ildefonso,

y a solo cinco minutos del Palacio de la Granja.

Este edificio de estilo italiano

diseñado por Rabaglio es de planta cuadrada,

con tres alturas,

y tiene un patio central.

Al morir Felipe V, su esposa,

Isabel de Farnesio, no se llevaba bien con su hijastro,

el rey Fernando VI.

Tenaz, orgullosa y rica, Isabel quiso crear

una pequeña ciudad corte en un coto real.

Isabel de Farnesio tiene una personalidad mucho más rica

y más poderosa que la de Fernando VI.

Fernando VI fue un hombre débil,

pero su reinado no fue malo,

puesto que alejó a España

de las guerras.

Es un hombre que trataba de evitar a toda costa las guerras.

Y hay que recordar también

su amor por Bárbara de Braganza,

pero fue un matrimonio... Entre ellos se quisieron mucho,

pero bastante singular, bastante retraídos,

y no es ese poderío y esa firmeza

que exhibe Isabel de Farnesio,

de la cual yo estoy enamorado.

Incluso físicamente era bastante guapa,

a pesar de que tenía unas viruelas de niña

que con el tiempo lo superó,

y probablemente, con los pintores reales.

Ella cuidó mucho.

Meléndez es su gran pintor,

el tío del que luego fuera gran bodegonista.

Hizo retratos estupendos de Isabel de Farnesio,

que cuidaba todos estos detalles,

de tal forma, y esto conviene que lo sepamos,

que probablemente la corte

de...,

de ese momento de España,...

estamos en 1750,

estamos en mitad del siglo XVIII,

es la corte quizás más prestigiosa

y más admirada de Europa.

Por todos estos datos que he aportado.

La música, los conciertos,

los museos,

los cuadros, los pintores de un lado para otro,

el interés por las humanidades...

Es, en buena medida, una gran corte y muy admirada por los europeos.

El patio central, labrado en granito,

está recorrido en todo su perímetro por un pórtico

y tiene cuatro pequeños patios en las esquinas.

La fuente de inspiración la encontramos

en el Palacio Madama de Turín,

y en el Palacio Real de Madrid.

Isabel de Farnesio quería compartir el Palacio de Riofrío con su hijo,

el infante Luis Antonio,

al que se le reservaba el ala oriental de la planta noble.

El resto del edificio

eran las estancias de la reina.

La escalera principal es de tipo imperial,

realizada en piedra caliza,

y está estructurada según el orden corintio,

con dos ramales enfrentados en torno al zaguán.

Las balaustradas tienen grupos escultóricos alegóricos

de angelotes y querubines llamados putti,

que representan alegorías de la caza, la pesca,

las artes y las ciencias.

En este comedor de gala, Isabel de Farnesio

nunca tuvo invitados a cenar

porque no vivió jamás

en el Palacio de Riofrío.

A Felipe V le sucede su hijo Fernando VI,

que muere sin descendencia,

provocando un cambio en la línea sucesoria.

Isabel ya no tenía necesidad de vivir

en otro palacio.

Su hijo, Carlos III,

ya era rey de España.

La personalidad de Isabel de Farnesio

es una personalidad muy fuerte.

Tiene un gran carácter,

yo adelantaría que un buen carácter,

frente a esa imagen de marimandona

que tienen muchos españoles.

Y además,

obedece un poco a lo que ella quiso hacer y quiso ser.

Como sabemos,

Alberoni es el que la elige, el cardenal Alberoni,

y da unas pautas que, en buena medida,

a los españoles les desorientan.

Es de Parma

y piensa que es suave como la mantequilla,

la llamaban la Parmesana...

Inmediatamente, ella exhibe su carácter,

su decisión.

Por otro lado, es una mujer enormemente culta.

Ha tenido una formación exquisita en su corte de Parma

en humanidades.

Hablaba bien cuatro o cinco idiomas,

muy aficionada a las artes,

muy aficionada a la música, trae a Farinelli a España,

y yo creo que es

una de las mejores reinas que ha tenido España.

Hemos ponderado a Isabel de Farnesio

en su formación humanista,

en su gusto por las artes,

en su situación,

en su personalidad como coleccionista.

Ella y su marido tenían una colección de 1200 cuadros

y notabilísimas esculturas que hoy podemos contemplar.

Pero también, por lo que se refiere a su actuación política,

es de primerísima magnitud.

Más allá de tratar de colocar a sus siete hijos

en distintos estados soberanos de Europa,

y lo consiguió en buena medida,

pero en España hizo que su marido, en buena medida,

se encargara más de las tareas de gobierno

que lo que había ocurrido antes.

Esa depresión que tanto le agobiaba

y que le retiraba del trato con los cortesanos

y con todo el mundo...

Ella le saca adelante de muchas de estas crisis.

Ella manda mucho,

y a mí no me duelen prendas decir que manda bien.

Pertenece también a una tradición admirable,

que son los Farnesio, los Farnese en Italia,

que además están en la historia de la gran cultura

y de las grandes bellas artes.

Esta sala de servicio al comedor ha sido remodelada.

Se ha reparado el montaplatos original,

que con un sistema de poleas

subía las viandas semipreparadas de las cocinas

para que fueran servidas en el comedor de gala.

También facilitaba la retirada de la vajilla

después de los banquetes.

El carácter de Isabel de Farnesio

traspasaba fronteras.

El rey Federico II de Prusia dijo de ella:

"Tiene la soberbia de un espartano, la tozudez de un inglés,

la sutileza italiana y la vivacidad francesa".

"Nada la sorprendía,

nada podía detenerla".

El Palacio de Riofrío tiene una historia interesante

porque este lo construye Isabel de Farnesio...

mientras...

espera a que su hijo herede el trono.

Y no va a ser así.

Entonces, se manda hacer un palacio fuera, lejos, ¿verdad?,

mientras la cosa llega. Finalmente, la cosa llega,

pero Isabel no llega a vivir allí.

Así que el Palacio de Riofrío queda prácticamente desierto

durante mucho tiempo.

De hecho, cuando ves la planta, no está acabado,

le falta un trozo.

Es muy bonito.

Es del estilo del XVIII y más italiano que francés.

Y como tantos otros,

se va a convertir al final en refugio de caza.

Y, bueno,

los refugios de caza de nuestros reyes

no son una pequeña cabañita en el fondo del bosque,

sino que son maravillosos palacios alrededor de Madrid,

incluido el de Riofrío, que tiene una historia interesante.

Para limpiar las arañas

de las lámparas,

se empieza por una

y están día tras día limpiando,

y cuando llegan a la última, hay que volver a la primera.

De tal forma,

que siempre están limpiando las arañas del Palacio de Riofrío.

Hubo que esperar a 1843 para que otra Isabel,

esta vez no como consorte,

sino como reina proclamada con solo 13 años,

guiara los destinos de España.

Isabel II no visitó con frecuencia el Palacio de Riofrío,

fue su esposo, Francisco de Asís de Borbón,

quien decidió amueblar

y habilitar las estancias

para pasar aquí largas temporadas de caza.

El hijo de Isabel II, Alfonso XII,

contrajo matrimonio en 1878

con su prima María de las Mercedes. El recorrido hasta el palacio real

se hizo en una carroza de caballos

y la multitud los aclamaba, pero la felicidad duró poco.

Mientras las salvas de los cañones anunciaban su 18 cumpleaños,

la reina María de las Mercedes

recibía la extrema unción.

Abatido sobre la cama francesa

con dosel carmesí de este dormitorio real,

Alfonso XII se encerró para llorar la muerte de su esposa

como hombre y no como rey.

El monarca viudo

sufrió el duelo en el Palacio de Riofrío.

Cuentan que Alfonso y su prima, María de las Mercedes,

se conocieron en Francia durante unas Navidades

y se hicieron novios en secreto.

Años después, mientras paseaban por París,

María de las Mercedes

vio en el escaparate de una joyería una pulsera.

Alfonso preguntó el precio,

y al ver que no llevaba dinero suficiente,

le dijo a su novia:

"Cuando sea rey te la compraré".

Aunque no se sabe si llegó a hacerlo.

Un año después de la muerte de María de las Mercedes,

para garantizar la sucesión al trono,

Alfonso XII volvió a contraer matrimonio

con María Cristina de Augsburgo,

conocida popularmente como doña Virtudes.

Con ella tuvo dos hijas y un hijo póstumo,

el futuro Alfonso XIII,

pero nunca olvidó el gran amor de su vida.

En esta cámara oficial del Palacio de Riofrío,

Alfonso XII planificaba cómo terminar

con la tercera guerra carlista

que asolaba España desde 1872.

Cuatro años más tarde,

el rey volvía victorioso del frente y era aclamado en Madrid.

La primera guerra carlista se había iniciado

cuando su madre, Isabel II, era aún una niña.

Esta sala, llamada de los 150 cuadros,

representa la vida de Cristo,

y era el dormitorio del padre de Alfonso XII.

Francisco de Asís, consorte de Isabel II,

pasaba largas temporadas en el Palacio de Riofrío cazando.

El oratorio, que estaba oculto, ha sido restaurado

reponiendo todas las piezas que lo adornaban originariamente.

El museo de caza se instaló

en la planta principal del palacio en la década de los 60.

Esta sala de dioramas tiene toda la fauna

que se podía cazar en la sierra de Guadarrama.

La actual, en peligro de extinción,

y la ya extinguida.

Los animales están disecados,

lo que causa un impacto controvertido

en el visitante del siglo XXI

al ver águilas,

lobos, osos pardos...

Los bosques de este palacio han sido coto privado de caza.

Primero de hidalgos y nobles segovianos,

y después, de reyes y reinas,

hasta mediados del siglo XX.

Si Felipe V

no hubiera heredado la corona española,

ni el Palacio de la Granja ni el de Riofrío

hubieran existido.

Se dice que cuando Felipe V tuvo que partir de Francia

para tomar posesión del trono español,

su abuelo, Luis XIV, le dijo:

"Pórtate bien en España, que es tu primer deber ahora,

pero recuerda que naciste

en Francia".

La riqueza cinegética de la zona

determinó el emplazamiento del palacio.

El recinto está totalmente cercado

por una alta valla de piedra,

donde multitud de ciervos y gamos corren en libertad

por el bosque de encinas, fresnos y robles

que circunda el palacio rosa

de la reina Isabel de Farnesio.

(Disparo)

Tesoros de la Corona - El retiro soñado

49:47 22 jul 2018

En el sexto capítulo, visitaremos la gran empresa arquitectónica de los Borbones que edificó Felipe V, el PALACIO REAL DE LA GRANJA DE SAN ILDEFONSO. Y el último monumento de Patrimonio Nacional será "el capricho de una Reina", situado también en Segovia: el PALACIO REAL DE RIOFRÍO.

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