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Teresa de Jesús

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Teresa de Jesús - Versión reducida - Capítulo 4º - escuchar ahora
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Griterío de los vendedores.

(MUJER) ¡Hay pescado!

(MUJER) ¡Vendo flores!

(MUJER) ¡Vendo gambas! ¡Gambitas frescas!

(LOS VENDEDORES GRITAN A LA VEZ)

-¡Alfajor de Sevilla!

¿Se ha fijado, madre, cuántas mujeres por la calle?

¿Habrá fiesta?

Yo creo que aquí siempre están de fiesta.

Griterío de los vendedores.

(LOS COCHEROS ARREAN LAS MULAS)

(LOS COCHEROS) ¡Mulas!

(ARREAN LAS MULAS) ¡Mulas! ¡Vamos, mulas!

¡Mulas!

(ARREAN LAS MULAS)

(ARREAN LAS MULAS) ¡Mulas!

(ARREAN LAS MULAS) ¡Mulas!

¡Mulas!

¡Mulas!

-¡Esta es la casa!

Parad.

(DETIENEN LAS MULAS) ¡So!

-Ave María.

Madre Teresa... Ay.

Me parece bien pequeña y húmeda. ¿No ha podido hallar nada mejor?

-No ha sido posible;

encontré menos ayuda para la obra de la que esperaba.

Pero habrá conseguido, por lo menos,

licencia del arzobispo.

-Verá... ¿Cómo que "verá"?

La ha conseguido, ¿sí o no?

-Él prefiere que reparta a sus monjas

por los conventos que ya hay y los reforme.

Oh, eso sí que no; he venido aquí a fundar

por el mandato del padre Gracián

y si no se puede fundar, me marcho. -¿Qué pasa?

Que nos vamos, que no nos deja fundar

el arzobispo. -No, no, debe esperar.

-Y el padre Gracián, ¿qué dice? -Ha escrito a monseñor;

monseñor hablará con la madre Teresa...

Hace falta paciencia.

(ENFADADA) "Paciencia", "paciencia"...

He tenido ya tanta...

Pero el arzobispo no da señales de vida

y la esperanza empieza a ser agotadora.

El único alivio para Teresa es el regreso

de sus hermanos de las Indias;

Lorenzo, además, se queda en Sevilla

para estar junto a su hermana.

Y así, Teresa tiene el consuelo de poder ver a la sobrinita

que no conocía, nacida allí abajo, más allá del Atlántico.

Y lo uno y lo otro me es alivio con vuestra reverencia.

(TOCA LA CAMPANILLA)

Ya habrá sabido cómo vinieron mis hermanos

en la flota que arribó de las Indias el 12.

Lorenzo de Cepeda es el que yo quiero

y yo le digo que, aunque no fuera hermano mío,

por ser tan virtuoso y siervo de Dios,

es mucho para amar.

Su hija Teresa, habrá ocho o nueve años

y es harto bonita y hermosa... Estás muy guapa.

Él quiere estar aquí este invierno,

Llaman a la puerta. por no irse de conmigo...

(MONJA) ¿Ave María?

(TERESA) Sí, pase. Muy bien.

-Madre Teresa,

aquí vienen tres que quieren ser novicias.

Una es esa señora principal de quien nos habló

el padre Mariano, la que tiene fama de santa.

(SUSPIRA) Ay, válgame Dios.

Sevillana, señora principal y dándoselas de santa...

Bueno, vamos a ver.

(CARIÑOSA) Ay, mi monjita, mi monjita...

Oye, dime, ¿cómo te llamas?

-"Teresia". ¿Cómo?

-"Teresia". (RÍE)

(LA IMITA) "Teresia"...

Hija mía, "Teresia"... (RÍE)

-Aquí tienen a la madre Teresa de Jesús.

Vengan con Dios.

¿Vuesa merced es María del Corro?

-Así me llamo.

Y estas doncellas: Margarita Ramírez y Ana Sánchez.

¿Todas de Sevilla?

-Yo soy de Escacena... Parece esto muy chico, ¿no?

Hija mía, lo que nos han dado.

Pero mala regla me parece la de entrar protestando.

-Digo... Si no es protestar; es mi manera.

-Qué calina. ¿Nos podemos sentar?

-Supongo que le habrán llegado noticias de mí.

Algo he oído.

¿Conoce la regla de nuestra orden?

-¿Y eso qué es?

-Las normas por las que nos regimos las carmelitas descalzas.

Elegimos a personas de oración

y que pretendan toda perfección y menosprecio del mundo.

Tal vez, su rigor sea demasiado para las mujeres de esta tierra

y no lo puedan llevar.

-Eso habrá que probarlo.

Lo probaremos.

(ENFADADA) ¿Qué hace otra vez en la cocina?

-Un gazpacho para mí. ¿Lo quiere probar?

¿No le he dicho muchas veces que aquí no se permiten

esos lujos de la comida especial?

-Y yo le he dicho que estoy delicada.

Y con eso ya cree que tiene gula para todo:

para no barrer, para no madrugar,

para escurrir el bulto de los trabajos molestos...

Si estaba delicada, ¿por qué entró aquí? No lo entiendo.

-Yo no entiendo por qué vino a fundar a Sevilla,

si tiene tanta tirria a las andaluzas,

que no hacemos algo que le parezca bien.

No hago diferencias entre castellanas y andaluzas.

-Si se cree tan santa, no debiera faltar a la verdad.

¡Yo no me creo santa! -¡Claro que se cree!

¿Y sabe lo que dicen en Sevilla? No me interesa saberlo.

-¡Pues que no aguanta más perfección que la suya!

Y que por eso me ha tomado celos.

Jamás me han preocupado esas habladurías.

Aquí de lo que se trata es de saber si somos capaces

de guardar fidelidad al espíritu de la reforma o, de no serlo,

no hay otra alternativa.

-¡Una reforma inventada a su capricho!

Y que ya da qué hablar hasta para la Inquisición.

Mucho padre Gracián va a necesitar

para librarse de ella. Basta.

Creo que haría bien

abandonando este convento. -Lo haré,

pero se acordará de quién es María del Corro.

(LLORA)

(PREOCUPADA) ¿Qué ha ocurrido?

Por el amor de Dios, dígamelo.

(SOLLOZA)

-El padre Gracián...

¿Qué...?

¿Qué...? ¿Qué le ha pasado?

-Le han dado muerte, madre.

(LLORA) Pero...

No, no puede ser.

¿Pero quién?

-Los frailes calzados... (SOLLOZA)

En un tumulto.

(TRISTE) Oh.

(SOLLOZA)

Oh, se lo advertí.

Cuidado que se lo advertí, que tuviera cuidado.

-Tan dulce como era. (LLORA)

-Y tan fuerte.

Qué dolor, madre. (AMBAS LLORAN)

(LLORA)

(LLORA)

(SOLLOZA)

(SOLLOZA)

(SOLLOZA)

(SOLLOZA)

No le llore todavía, hija;

puede ser una falsa noticia.

Aún no sabemos quién la ha traído.

(SOLLOZA)

¿Tanto le quería? (SOLLOZA)

-Usted, reverencia, ¿no?

Vamos a rezar, hija, vamos a rezar.

(ALEGRE) -¡Madre nuestra!

¡Madre nuestra!

Madre nuestra, no era verdad, porque está ahí fuera,

en el locutorio. Hija...

(ALEGRE) -Bendito sea Dios.

Bendito sea 1000 veces.

Quédese con ella.

(TRISTE) Le dábamos por muerto.

¿Viene herido? -No, no, no ha sido nada.

Sosiéguese, madre;

en Sevilla, enseguida corren los bulos.

Se lo advertí,

que tuviera cautela, pero no me hizo caso.

-Tenemos al arzobispo de nuestra parte; no tema.

(PREOCUPADA) Ooooh.

Ya nunca podré dejar de temer:

pueden envenenarle, tenderle una celada...

Toda prudencia es poca.

Esta tierra es muy mala, muy mala;

tenemos muchos enemigos.

-Pero también el favor de Dios y una obra que llevar a cabo.

(SUSPIRA)

Hijo mío.

Tal vez no debiera decirlo, pero además de comisario

de la Inquisición, soy amigo vuestro.

Y como tal, me veo en la obligación de reprenderos gravemente.

¿No fue vuestra paternidad quien trajo aquí

a la madre Teresa de Jesús?

-Por mi mandato vino, sí. ¿Qué hay de malo en ello?

-Pesan, sobre ella y las descalzas de su convento,

acusaciones de vida depravada

y de llevar a cabo prácticas de alumbrados.

-Eso es falso,

la madre Teresa es una santa.

-Muchas mujeres con reputación de tales han sido sacadas

al cadalso por la Inquisición,

porque no eran sino lobos vestidos con piel de cordero.

-¿Pero quién ha podido levantar tales infundios?

-No son infundios, sino informes de alguien que estuvo

en el convento y que lo sabe bien.

No debió nunca traer aquí a una mujer como esa,

que está siendo el escándalo de toda la ciudad.

Y vuestra paternidad mismo debiera guardarse

de tratos con ella, pues salpica su reputación.

Se me da igual que si no lo oyera;

no halle miedo a que en cosa de fe falte ninguna de nosotras.

-Se ve bien que no conoce los rigores de este tribunal;

si no, no pondría esa cara de pascuas.

Imíteme, mi padre, en vez de poner

de duelo la suya, que no hay lugar. -Sí lo hay,

y yo tengo la culpa, por haberlas traído aquí.

En ese caso, habría que echar la culpa a Dios, nuestro Señor,

que me mando obedecerle siempre, hasta la muerte.

-¿No lo lamenta?

¿Cómo puede pensar eso, hijo mío?

Como consultores del Santo Oficio de la Inquisición,

venimos a tomarle declaraciones sobre los cargos

que obran en contra suya.

-Unos se refieren a su vida privada;

otros, a su manera de interpretar la religión.

¿Está dispuesta a contestar?

Sí, léalos.

-Se la acusa de vida depravada y de haber tenido trato

con diferentes varones.

¿Qué dice a ello?

Hum...

¿Qué hubiera sido de mí, una pobre mujer sin fuerzas,

si no hubiera conocido a fray Pedro de Alcántara,

que Dios tenga en su gloria?

Al padre Francisco de Borja,

al padre Domingo Báñez y a tantos otros,

que me dieron sabio consejo y me alentaron.

La mayoría, jesuitas, como vuestras paternidades.

-No hablamos ahora de magisterio y de doctrina,

que eso vendrá más tarde;

aquí se refiere a trato carnal.

Lo había entendido.

-¿Y qué responde?

Hay cosas a las que no respondo. -Que conste así.

Se le acusa de haber tenido hijos en secreto

y de haberlos mandado a las Indias.

Nunca me hubiera separado de un hijo mío,

si lo hubiera tenido. Que conste así.

Y también que Teresita Cepeda, aunque se me parece,

es hija de mi hermano.

Porque supongo que de ahí viene la calumnia.

-En cuanto a la religión, se la acusa de llevar a cabo

extrañas ceremonias que son propias de alumbrados.

Como atar a las monjas de pies y manos y azotarlas...

(CONMOCIONADA) Oh, Jesús bendito.

-Tomar unas los velos de las otras

y volverse, de dos en dos, de cara a la pared,

para tener mayor apartamiento e intimidad,

como pudo ver una testigo.

Digan a esa testigo que lo de los azotes

no pudo verlo y, aunque lo otro sí,

lo vio con mala fe.

-Le ruego que vaya más despacio y se explique más claro.

Pues es sencillo:

Como somos pobres y no tenemos tantos velos,

a veces, los tomamos unas de otras para ir a comulgar

con el rostro cubierto.

Como también hizo esa testigo, María del Corro.

-¿Quiere que conste el nombre? Sí.

"Que las ollas, cuanto más se tapan, más hierven".

Y en cuanto al otro cargo,

como tenemos el comulgatorio en el patio, a pleno sol,

en verano, por librarnos de él y estar más recogidas,

cada cual se arrincona donde puede acabando la comunión

y volvemos el rostro a la pared para huir del resplandor.

Perdón, ¿me he explicado demasiado deprisa?

Explosión de cohete.

Las acusaciones son cantadas a los cuatro vientos,

pero la buena fe, la fuerza moral e incluso la ironía de la acusada

han persuadido a los jueces para que manden de nuevo

a Teresa al convento, pues no ha lugar proceder.

Desde este momento, la Inquisición no la molestará más.

Unos pocos días después, el arzobispo

hace un gesto clamoroso:

Se pronuncia a favor de Teresa.

Explosión de cohete.

(TOCAN MÚSICA PROCESIONAL)

Música procesional.

Explosión de cohete.

Música procesional.

Explosión de cohete.

Música procesional.

Explosión de cohete.

(TOCAN MÚSICA PROCESIONAL)

Explosión de cohete.

Explosión de cohete.

Música procesional.

(LA MÚSICA CESA)

Pido, humildemente a Su Ilustrísima,

señor Arzobispo...

(RESPIRA HONDO) Que bendiga a estas pobres descalzas

y les perdone sus muchas faltas,

por el amor a Jesucristo.

-Nos,

Cristóbal de Rojas,

por la gracia de Dios y de la Santa Sede apostólica,

arzobispo de Sevilla,

para mayor gloria del Señor, honra de su Santa Madre

y provecho de las almas,

bendecimos este Convento de San José, de Sevilla,

y a quienes en él vais a morar.

In nomine Patris,

et Filii,

et Spiritus Sancti,

amén.

Alzaos, madre Teresa.

Concedednos la gracia de vuestra bendición.

En el nombre del Padre,

del Hijo

y del Espíritu Santo.

-Amén.

La Inquisición la ha absuelto,

el arzobispo de Sevilla la ha exaltado,

pero los carmelitas calzados no desisten

y persiguen, aun más furiosamente que al principio,

a los carmelitas descalzos.

"No sólo no nos aman, sino que nos odian",

le escribe el padre Gracián a Teresa.

Y he aquí los efectos de este odio:

El padre Gracián es encarcelado y Teresa se ve obligada

a abandonar Sevilla y a recluirse en uno de sus conventos.

Teresa escoge el primero,

aquel de San José, en Ávila.

(PIENSA) "Como si tuvieran miedo de esta pobre mujer,

me mandan recluirme en uno de los conventos.

He escogido mi San José, de Ávila,

pero me detendré algún tiempo en Toledo,

por estar más cerca de todo."

(HOMBRE) Hay luz dentro; están ahí. -Rodead la casa, que no escapen.

Pasos acercándose. -¿No oye?

Golpe.

Golpes en la puerta. (HOMBRE) ¡Abran la puerta!

Gritos de hombres. -¿Qué hace?

(HOMBRE) ¡Echad la puerta abajo! Si nos prenden, quemaré las cartas

que hablan sobre la reforma y nos comprometerían.

(HOMBRE) ¡Abran la puerta! -¡Abran a la autoridad!

-Vienen a por nosotros; echarán la puerta abajo.

Golpes en la puerta.

Levántate del suelo.

(HOMBRE) ¡Vamos, que ya cede!

-¡Cogedles! -¡Ahí están!

¿Qué se les ofrece?

¿Puedo saber por mandamiento de quién nos prenden?

-Secretario general padre Tostado. (IRÓNICO) Oh, enhorabuena.

Enhorabuena. -¡Venga!

-Vamos. -¡Sacadles de aquí!

¡Venga!

(SOLLOZA)

Hermana María de San Jerónimo, ¿por qué la vida es tan triste?

¿Qué habrá sido de aquel santico de fray Juan?

(SOLLOZA) -Tantos días y sin saberse nada...

Espantada estoy de este encantamiento.

(SOLLOZA) -¿Adónde le llevarían?

No sé... No sé cómo Dios sufre cosa semejante...

(LLORA)

Ni por qué trata tan mal a sus amigos...

-Madre, no llore, que me va a hacer llorar a mí.

(SOLLOZA) Ande,

ande, suba adelante,

que esto está muy oscuro y yo ya...

Ya tengo las piernas flojas.

(ANGUSTIADA) Ay, Señor.

Ay.

Ay.

Ah...

Ay, hermana María,

que se me desatina la cabeza.

(ASUSTADA) -¿Madre?

¡Madre!

¿Qué ha sido?

¿Qué ha sido? (DOLORIDA) Ay... ¡Ay!

No, no... No... ¡No!

Ay. Mi brazo... Mi brazo...

Me he roto un brazo.

Ay, no puedo levantarme.

Vaya a avisar...

Avise a la hermana Ana de San Bartolomé... (TOSE)

(DOLORIDA) Ay.

Ay, Dios mío,

que yo me quede manca,

pero que no torturen a fray Juan de la Cruz,

que me permitan volver a verle.

(SOLLOZA)

(SOLLOZA)

(DOLORIDA) Ay.

Ay, mi brazo.

(LLORA) -Madre,

¿qué ha pasado?

(LLORA) Este brazo...

Me lo he roto. ¡Ay!

Ay. -Dios mío.

Ahora, hija, no va a ser sólo mi enfermera;

tendrá que ser también mi secretaria.

-Jesús.

Madre, si no sé escribir. Ay.

Ladridos lejanos.

Pasos acercándose.

Pasos alejándose.

Ladridos lejanos.

Ladridos lejanos.

Apertura de puerta.

Pasos alejándose.

Ladridos lejanos.

Ladridos lejanos.

(JADEA)

Virgen santísima, valedme.

Ladridos cercanos.

Ladridos cercanos.

Ladridos cercanos.

(TOCA LA CAMPANILLA)

-No se le conoce; parece la imagen de la muerte.

Y pide asilo, ¿qué vamos a hacer?

-Dárselo, lo que hubiera hecho la madre Teresa.

-Pero le estarán buscando;

pueden venir a registrar el convento.

Si vienen, no se atreverán a violar la clausura.

Pero ni los azotes ni el poder mudarme de ropa,

ni la comida que me tiraban al suelo,

ni el balde sin vaciar,

ni los vómitos,

eran tan duros de soportar como el tormento de las noticias...

Me decían que a la madre Teresa y al padre Gracián

les habían encarcelado por ser más herejes que Lutero

y que a mí me iban a arrojar a un pozo

para que nadie volviera a saber nada de mí.

-Jesús mío,

¿cómo habrá resistido sin morirse?

Durante aquellos duros días de encarcelamiento,

San Juan de la Cruz escribe sus mejores poesías;

Teresa, mientras tanto, después de muchos años,

se marcha a casa de doña Guiomar de Ulloa,

su buena y generosa amiga de un tiempo,

ahora enferma y arruinada.

(RECUERDA CANTOS EN LATÍN)

(JADEA)

(JADEA)

(RESPIRA HONDO)

(RESPIRA HONDO)

(RESPIRA HONDO)

Cuántos recuerdos

me trae esta casa, hija mía.

-Es por aquí.

Lo sé muy bien.

(SUSPIRA)

(RECUERDA) Hoy he dormido muy bien.

-Mire qué hierbas tan ricas;

tanto como le gustan a vuestra merced.

Y además, le traigo una buena noticia:

Ya tiene un confesor.

¿Quién es?

Por Dios, Guiomar.

Soy Teresa de Jesús.

(EMOCIONADA) -Teresa...

Teresa... -No se mueva, no;

tiene que estar quieta.

-Qué alegría verla, madre Teresa. (SUSPIRA)

He sido ingrata, Guiomar...

(RESPIRA HONDO) Ingrata...

Y sobre todo, cobarde.

Pero sabía que nada como los muros de esta casa,

tan querida para mí,

podía traer a mi alma, con más vivo dolor,

la imagen de mi derrota.

Tenía miedo de volver. -He estado tan enferma...

La esperaba,

siempre la esperaba;

su valor me daba ánimo.

(TRISTE) Ya no lo tengo.

-No hable así, la conozco bien;

volverá a sacar valor.

¿De dónde, amiga mía?

Cuando los pozos se secan,

es inútil seguir echando el cubo para que suba agua.

(SUSPIRA) Los calzados nos persiguen sin tregua;

fray Juan anda por ahí, huido y medio muerto;

a la priora de Sevilla la han destituido

y obligado, bajo pena de excomunión a entregar mis cartas...

(RESPIRA HONDO)

Gracián, encarcelado en Alcalá de Henares...

(SUSPIRA)

La orden se me escapa de las manos;

nunca debí dejarla en manos de hombres.

Sólo soy una pobre vieja,

de la que no se escuchan ya ni los consejos.

-¿Y el rey?

¿No estaba a favor de los descalzos?

¿No puede hacer algo?

(SUSPIRA)

Debe sufrir presiones también él; yo...

Yo le he vuelto a escribir que no nos abandone.

-¿Ve cómo no pierde su tesón?

Pero si ya no sé ni lo que digo en las cartas;

me bailan las letras.

Y este brazo...

Ni para vestirme sola me valgo.

(RESPIRA HONDO)

-Madre,

estoy perdiendo la memoria;

a cada paso, confundo personas y sucesos...

A veces, no sé ni dónde estoy ni quién soy...

Por si la pierdo del todo y por si no la vuelvo a ver,

déjeme que le diga que lo más importante de mi vida

ha sido su amistad.

(SOLLOZA)

Hemos examinado atentamente el dictamen

que vuestras reverencias han elaborado

sobre el pleito que tanto tiempo ya divide

a los frailes carmelitas calzados

y a los descalzos de la madre Teresa.

En consecuencia,

decidimos solicitar de nuestro Santísimo Padre el Papa

que ratifique la creación de una provincia eclesiástica

de descalzos, con gobierno independiente

de la de los frailes calzados,

para que termine de una vez por todas

la injusta persecución de un grupo de hombres y mujeres

que, desde sus 22 conventos,

edifican al pueblo con la austeridad de su vida.

Y así estamos dispuestos a defender la descalsez

fundada por la madre Teresa,

como una de las más preciadas joyas de nuestra corona.

Ahora que el enfermizo conflicto entre calzados y descalzos

se ha terminado, Teresa vuelve, a pesar de su mala salud,

indómita, a viajar de nuevo.

Ha visitado ya sus conventos de Toledo, Malagón,

Valladolid y, ahora, se dirige de vuelta a Ávila...

Pero no llegará.

Nunca más podrá ver su ciudad natal otra vez.

Entre las muchas dificultades del viaje,

se encuentra con que ha habido inundaciones

en el convento de Burgos

y Teresa y su séquito se ven obligados

a refugiarse en una casa de campo.

(TODAS) Libera nos, Domine.

(UNA MONJA ORA EN LATÍN) (TODAS) Libera nos, Domine.

(UNA MONJA ORA EN LATÍN) (TODAS) Libera nos, Domine.

(UNA MONJA ORA EN LATÍN) (TODAS) Libera nos, Domine.

(UNA MONJA ORA EN LATÍN) -¡Madre! ¡Madre nuestra!

Chis.

Chis, chis. -Abajo hay vecinos

que dicen que nos sacan con barcas, que la casa no resistirá,

porque todas se hunden y los molinos también,

que el Arlanzón va muy bravo.

-Creo que debíamos irnos, madre nuestra.

Hagan lo que quieran;

yo no me muevo de aquí.

Truenos.

No podemos llevarnos nuestras reliquias;

alguien se tendrá que quedar para defenderlas.

Sobre todo, el lignum crucis.

Truenos.

-Lo que sea de una, que sea de todas.

¿Encontró algo de pan?

-De debajo del agua he tenido que sacarlo.

Bueno es; bendito sea Dios,

que me encuentro muy flaca.

Truenos.

(ORA EN LATÍN)

(TODAS) Libera nos, Domine.

(ORA EN LATÍN) (TODAS) Libera nos, Domine.

Truenos. (ORA EN LATÍN)

(TODAS) Libera nos, Domine.

(ORA EN LATÍN) (TODAS) Libera nos, Domine.

(ORA EN LATÍN)

(TODAS) Te rogamus,

audi nos.

Alleluia.

Alleluia.

Truenos.

(HOMBRE) Traemos a la madre Teresa de Jesús.

(MONJA) ¿Cómo es posible? Alabado sea Dios, qué alegría.

La madre aquí y viene sin avisar.

Campanadas.

(VOZ BAJA) -Viene muy enferma;

desde Burgos que no para de vomitar,

así que hemos pensado descansar aquí, en Medina,

antes de seguir camino a Ávila.

-¿Quiere acostarse? (RESPIRA CON DIFICULTAD) No, no.

No hay prisa.

Antes, quisiera que la madre

Alberta Bautista

me diera alguna cuenta sobre su priorato.

(JADEA) Porque tengo entendido que no van muy bien

las cosas por aquí.

-¿Qué va mal por aquí? Vamos a ver.

¿Hasta cuándo va a seguir siendo el ojo que todo lo ve?

Poco tiempo me queda ya de serlo, hija.

Dígame, por caridad, dónde está mi celda,

si es que merezco tenerla.

Traigo una orden para vuestra reverencia.

(PREOCUPADA) Huy, no me asuste;

creí que había venido por el gusto de verme.

Medicinas necesito ya...

Y consuelo,

más que órdenes.

-Lo siento,

pero doña María Enríquez, la duquesa de Alba,

la llama a Alba de Tormes,

para que ayude, espiritualmente, a su nuera,

que va a dar a luz.

Ha enviado una carroza.

(LAMENTÁNDOSE) No puedo.

Tengo que dar el hábito a mi sobrina;

el padre Gracián

me ha mandado ir a Ávila.

-Él ahora está en Andalucía, ¿no?

Pues que mande allí.

(SERIA) No se meta con el padre Gracián.

(LLORA) Ay, Señor,

si no puedo ni con mis huesos.

Ay... Y el padre Graciano sin mandar una carta en tanto tiempo.

Ni un consuelo.

Ni nada.

El padre Graciano... no siempre la ha tratado bien.

Sí.

Voy viendo que le gusta más sentirse alabado que combatido.

En Andalucía destaca más que aquí, porque todos le adulan.

-¿Pero qué le duele?

Todo, hija.

Ya ni sé lo que me duele.

Y esta debilidad...

-Tiene el pulso muy flojo.

(DÉBIL) En algún camino nos tenemos que quedar.

Hija mía, si puede procurarse algo, lo que sea,

prepáremelo, porque...

Porque ya no puedo más.

-He dado cuatro reales para que trajeran dos huevos,

pero no se han podido airear. (LLORA)

No llore, hija... (LLORA)

Dios lo habrá dispuesto así.

¿No quedaban unos higos? (LLORA)

(ARREAN LOS CABALLOS)

-Madre, ya ha nacido con toda felicidad

el nieto de la duquesa de Alba. Alabado sea Dios,

ya no será menester la santa.

La existencia de la madre Teresa está a punto de llegar a su fin:

Esta viajera infatigable no volverá a andar nunca más.

(RESPIRA HONDO) Qué bien huelen estas sábanas.

Hace más de 20 años que no me acostaba tan temprano.

Ay, qué mal huelen, hija, estos aceites de botica.

Echa perfume de espliego,

que va a venir la duquesa.

-¿Puede entrar la duquesa de Alba?

Ay, alabado sea Dios.

Cubra, cubra, hija,

para que no huela mal.

(CARIÑOSA) -Madre Teresa...

(SUSPIRA) Yo bien quisiera tenerla en mi palacio.

No, no, no haga eso, vuestra excelencia,

que... Que huelo muy mal

con unos remedios que aquí me han hecho.

-Siempre está preocupada por el olor.

-¿Y dice que es malo?

Más bien parece como si hubieran rociado

la celda con agua de ángeles. ¿No aspira la fragancia?

¿Sigue bien el niño?

-Muy bien.

Pronto estará buena

y podrá, vuestra reverencia, verle. (DÉBIL) Oh...

Deinde, ego te absolvo a peccatis tuis.

In nomine Patris, et Filii,

et Spiritus Sancti.

Amén.

(RESPIRA HONDO)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

-Madre,

si nuestro Señor

fuera servido de hacer de vuestra reverencia

no otra cosa que llevarla así... (RESPIRA CON DIFICULTAD)

(MUY DÉBIL) ¿Y cuánto se tarda?

-Digo... Si eso ocurriera,

¿qué quiere que hagamos?

¿Quiere irse a Ávila o...?

¿O es su voluntad de quedarse aquí?

Jesús,

deje eso, padre mío...

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

Y aquí,

¿no me darán...? (RESPIRA CON DIFICULTAD)

¿Un poco de tierra?

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

-Se está dejando morir;

ni siquiera habla de Ávila.

Ya le da igual quedarse aquí.

Parece que fue ayer,

cuando una noche en que yo me encontraba

toda descoyuntada, me dijo:

"Hija, véngase a mi celda,

aunque el presente esté enferma".

Ella me enseñó la libertad de no estar asida a nada.

Pero cómo la necesito ahora.

No sé qué podré hacer ya cuando me falte;

han sido cinco años

viendo cómo todo lo que tocaba era vida.

Y ahora, parece que todo se muera con ella.

-Mire, hermana,

aquel almendro,

¿no estaba seco?

Y estamos en octubre.

Corpus Domini nostri Jesu Christi,

custodiat animan tuam in vitam aeternam.

Amén.

(SE QUEJA CON SUAVIDAD)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

Ah...

(LLORA)

Amado mío

y Señor mío,

ya es tiempo de caminar;

vamos muy de enhorabuena.

Cúmplase tu voluntad.

(JADEA)

(JADEA)

Hijas mías

y señoras mías,

Llantos de las monjas. por amor de Dios, les pido

tengan gran cuenta de la guarda de la regla

y las constituciones.

Que si las guardan con la puntualidad que deben,

no será menester otro milagro para canonizarlas.

Ni miren el ejemplo

que esta mala monja

les dio y ha dado.

Y perdónenme.

-¿Qué quiere, madre?

(RESPIRA AGITADA)

-¿Quiere que la levante?

(RESPIRA AGITADA)

(RESPIRA ALIVIADA)

(MUY DÉBIL) Hija soy de la Iglesia

y en ella muero...

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

Al fin, hija de la Iglesia.

(LLORA)

(UNA MONJA, LLORANDO) Miserere,

mei Deus,

Llantos de las monjas. secundum magnam,

misericordiam tuam.

Así termina, en la noche del 4 de octubre de 1582,

la existencia terrenal de la madre Teresa de Jesús.

(TODAS) Misericordiam tuam.

Et secundum multitudinem miserationum tuarum,

dele iniquitatem meam.

Amplius lava me ab iniquitatem meam:

Et peccatum meum contra me est semper.

Oración en latín de las monjas.

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Teresa de Jesús - Versión reducida - Capítulo 4º

19 abr 2019

Serie de carácter biográfico-religioso que, con gran rigor histórico, sigue la vida de Teresa de Jesús. Descendiente de judeo conversos y monja carmelita emprendió en pleno corazón de Castilla, un movimiento en pro de la liberación del espíritu, dejando en sus escritos uno de los testimonios más apasionantes de aquel tiempo, en que, entre enormes tensiones, se estaban sentando las bases de la modernidad europea. La serie comienza retomando la vida de Teresa a los 23 años, esbozando el marco familiar y social en que se desenvuelve. A lo largo de estos capítulos se sigue la aventura de aquella mujer que se mezcla con el pueblo y frecuenta la nobleza y que, en medio de la más desbordante actividad experimenta las más sublimes vivencias místicas. La que había sido procesada por la inquisición termina por ser la primera doctora de la Iglesia. Ambientada en el siglo XVI, ha sido rodada en escenarios naturales y decorados en ciudades españolas de Castilla, Andalucía y Extremadura.

Histórico de emisiones:
07/04/2012
23/03/2016

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