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Teresa de Jesús

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Teresa de Jesús - Versión reducida - Capítulo 3º - ver ahora
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El cimiento de esta casa es la oración

y ello no consiste en pensar mucho,

sino en amar mucho.

Han de ser las monjas del Carmelo ermitañas contemplativas,

ocupadas tan sólo en cultivar, como buenas hortelanas,

el huerto del alma,

para que nuestro Rey venga a deleitarse muchas veces en él

y a holgarse entre las flores de las virtudes.

Es menester irse acostumbrando a que nada nos importe ver ni oír,

sino estar en soledad, cuidar sólo del alma,

hacer cuenta que no haya en la tierra, sino Dios y ella.

Nosotros no somos ángeles, sino hombres

y, por eso, nos es Cristo muy buen amigo,

porque le miramos como a hombre y vémosle con flaquezas y trabajos.

Y así nos es compañía.

Tratad con Dios como con padre y como con hermano

y como con señor y como con esposo;

a veces, de una manera, a veces, de otra,

que Él os enseñará lo que habéis de hacer

para contentarle.

Cuando la obediencia os trajere empleadas en cosas exteriores,

entended que, si es en cocina, entre los pucheros anda el Señor,

ayudándoos en lo interior y en lo exterior.

(LA MONJA TIENE ARCADAS)

Creedme que Marta y María han de andar juntas

en cada una de nosotras, para hospedar al Señor en el alma.

Si María se echó a contemplar a los pies del Señor,

fue porque ya había hecho el oficio de Marta lavándole los pies.

La tabla del barrer

se comience desde la madre priora para que, en todo, dé buen ejemplo.

Nunca jamás la priora, ni alguna de las hermanas,

pueda llamarse doña.

Pues si contemplar y tener oración mental y vocal

y curar enfermos, y servir en las cosas de la casa,

y trabajar, sea en lo más bajo, todo es servir al Señor,

que se aviene a estar con nosotras como huésped.

Y a comer, y a recrear.

¿Qué más se nos puede dar, estar en lo uno que en lo otro?

Obras quiere el Señor:

Que si ves a una enferma a quien puedes dar un alivio,

no se te dé nada perder la devoción

y te compadezcas de ella.

Y si tiene algún dolor, te duela a ti.

Y si fuere menester,

lo ayunes para que ella lo coma.

Las enfermas sean curadas con todo amor,

el regalo y piedad, conforme a nuestra pobreza;

y si les faltare lo que los ricos

tienen de recreación en las enfermedades,

no se desconsuelen,

que a eso han de venir determinadas.

Por eso, hermanas mías, volemos alto a pedir al Señor

que, pues en alguna manera, podemos gozar del cielo

en la tierra, que nos dé su favor y nos muestre el camino

y dé fuerzas al alma para cavar hasta hallar

ese tesoro escondido que está dentro de nosotras mismas.

Así que, hermanas,

todo lo que pudierais,

sin ofensa de Dios,

procurad ser afables

y entender de manera con todas las personas

que os trataren,

que amen vuestra conversación

y deseen vuestra manera de vivir y tratar.

Y no se atemoricen y amedrenten de la virtud;

cuanto más santas,

más conversables.

No dejéis arrinconar vuestra alma.

La vida en el nuevo convento se lleva con alegría.

La reforma que deseaba Teresa, para luchar

contra la superficialidad que afecta a muchos religiosos,

está relacionada con el cultivo de lo que ella denomina:

El huerto del alma.

Para Teresa, los actos formales de devoción

y la sugestión estética de la liturgia son importantes,

pero no tanto como lo es el diálogo interior con Dios,

práctica imprescindible para transformar el amor genérico

a Dios en una pasión absoluta.

Repique de campanas. ¿Echa algo de menos

vuestra caridad, hermana?

-¿También adivina ahora el pensamiento?

Conozco muy bien la mirada de los ángeles.

Repique de campanas.

-¿Sabe que llevamos

más de 30 años juntas?

No lo olvido, no.

-Después de tanto tiempo y tanta lucha,

empiezo a pensar si en el fondo de toda esta aventura,

no estará la vanidad.

No me he equivocado eligiéndola subpriora de esta casa.

-A veces, tengo dudas, madre,

de si lo que hacemos no es levantar ídolos

de nosotras mismas

y crearnos

una figuración de Dios

a nuestra medida.

¿Lo cree así?

-Tanto mirarnos

quizá nos aleje de los demás.

Anda el mundo tan revuelto...

Y nosotras, aquí.

No nos recogemos en nuestro castillo interior,

buscando refugio y consuelo;

si nos entregamos a la oración,

no es para gozar, sino para servir.

-A pesar de todo,

no hago nada por los demás.

Sí.

Yo también siento la necesidad de hacer algo más.

(ACENTO ITALIANO) -Ni en Italia, tenemos una reforma así;

lo que aquí han visto mis ojos sólo lo había visto,

a veces, en sueños.

Es un ambiente de vida monacal tan verdadero,

que parece copiado de la institución

de los primeros monjes.

Por más que nuestra copia sea imperfecta;

en ese libro de la institución de los primeros monjes

nos hemos inspirado, reverendo padre general Rubio.

Por eso, cuando nos acusan de novedosas,

respondo que nada menos nuevo que volver a los orígenes.

(RUBIO) Sí, pero es tan poco frecuente.

Ya podrían aprender los carmelitas del reino de Andalucía;

vengo de visitarlo y escandaliza ver cómo ha llegado

a corromperse allí la orden.

Esta es una de nuestras ermitas.

-Ma quanto è bello!

Me apena mucho, figlia mía, que su ejemplo no cunda.

¿Y no me concedería vuestra reverencia

el honor de ayudarle a aliviar esta pena?

Que también es la mía.

-¿De qué forma?

Muy fácil.

Dándome patente para fundar, en otras partes de Castilla,

más conventos como este.

-¿Sería capaz de emprender sola labor tan trabajosa?

-Vuestra reverencia no conoce a la madre Teresa de Jesús:

Su pensamiento no sosiega, ni repara en inconvenientes.

(SUSPIRA)

Lo tienen en cuenta nuestros misioneros,

cuando se embarcan camino de las Indias,

sin más equipaje que su fe;

yo, por ahora, no veo más inconveniente,

sino que nuestro padre general niegue el permiso,

que, de rodillas, le suplica su súbdita,

con la humildad de una hormiga.

-Cuente con él, figlia mía, y con mi beneplácito.

Pero permítame recordarle que Castilla es tierra de hambre

y no le será fácil recoger limosnas.

Empezaremos por Medina del Campo; allí, el comercio es muy próspero

y contamos con algunos amigos. ¿No es cierto, padre Ávila?

-Algunos hay. También un buen convento

de jesuitas, imprentas de libros y... Y ferias de ganado.

Sería muy hermoso coincidir en uno de esos días de feria:

La ciudad estará llena de gente

y no nos tirarían piedras, como aquí.

Hay que disponerlo todo muy bien;

será una fundación solemne y muy sonada, esta segunda.

-¿Aún no le he firmado las patentes y ya se ve de viaje?

Sí, padre,

al fin me veo de viaje.

"Hay que hacer siempre lo que ella quiere",

había dicho el padre de Teresa,

hablando de esta hija suya tan especial.

Ni siquiera el reverendo padre de los Carmelitas

se ha atrevido nunca a decirle: "No".

Teresa, ahora, se dirige a Medina del Campo

para fundar un nuevo convento.

Desde ese momento, los traslados de Teresa serán innumerables;

tendrá una actividad frenética, pero, al fin, con el alma en paz.

(PREOCUPADA) Algo malo pasa.

Ayúdeme a bajar.

(DETIENE AL CABALLO) -Uh.

Don Alonso Esteban, madre.

-Tenía grandes deseos de conocerla, madre Teresa;

os hemos preparado alojamiento en casa

de unas vecinas muy devotas, de Arévalo.

¿Y esa carta? -Del caballero de Medina del Campo

que nos iba a alquilar su casa para el convento.

¿"Nos la iba a alquilar"? ¿Y ya no nos la alquila?

Dígame lo que sea.

Vamos, ¿qué pasa?

-Ha surgido un inconveniente:

Viven cerca unos frailes agustinos y no les gusta

que se construya un monasterio al lado del suyo.

Pronto empieza el demonio a alborotar...

(ALEGRE) Buena señal. -¿Qué vamos a hacer?

Seguir adelante.

Gritos de ánimo de la gente.

Cencerros de los astados.

(LA GENTE GRITA)

No se pare por nada. Levántense los velos, hermanas,

para no tropezar. Y estén atentos

a los alguaciles para evitarles.

Vamos.

Griterío de la gente.

-¿Las ayudo a llevar la cesta? Sigan adelante,

no les hagan caso; con tal de que no nos cojan los toros.

Vamos, hermana María, siga, no se quede atrás.

Griterío de la gente.

Campanadas.

-Por fin, esta es la casa.

-¿Está seguro vuestra paternidad? -Sí, sí, no hay duda.

-Tengo miedo, madre.

Atienda a los bultos que lleva y déjese de miedo.

¿Ha visto a algún alguacil? -No.

Pues entonces, bien vamos; no chiste.

Llaman a la puerta.

(LLAMA A LA PUERTA) -Ave María.

(HOMBRE) Ha, ya va.

¿Quién es?

-¿El mayordomo de la señora de Fuentesol?

(HOMBRE) Servidor.

¿Qué se les ofrece?

-Traemos carta de su señora para que nos deje

la casa desembarazada.

-Ah, ya, los carmelitas.

¿Pero a estas horas y en este día?

¿Hay alguno mejor para dar posada al peregrino?

(SUSPIRA) Ay, las paredes harto caídas me parecen.

-Mañana veremos lo que se puede hacer;

ahora, tendrán que dormir.

¿Dormir? ¿Qué dice?

Antes de que llegue el alba, debe estar esto en condiciones.

-¿Cree que podremos poner el altar aquí?

Su tarea llevará, pero si no hay otro sitio...

-Dentro hay una cama de damasco azul y varios tapices;

si pueden servirle de algo...

Alabado sea Dios, ¿cómo no ha de servirme?

Todo sirve. Ande, eche una mano: Traiga escobas.

Y así, al alba, las campanas ya llaman a los fieles

y el padre Julián puede decir la primera misa.

Campanadas. -¿Qué me dice ahora?

¿No oye la campana? -Sí, sí.

Campanadas.

(PREOCUPADA) Ay, creí que no llegaban.

-Dispénseme un momento.

-¿Han puesto una iglesia aquí? -¿No ha oído la campana?

Un año después, en el mismo convento de Medina,

se producirá el encuentro entre Teresa

y el que después será San Juan de la Cruz,

su amigo del alma y su consejero.

¿Fray Juan de San Matías?

¿Te he asustado?

¿Por qué me iba a asustar?

Me pareció.

¿Es cierto que ha estudiado en la Universidad de Salamanca

y que ahora quiere irse a cartujo?

Sí, ¿qué hay de malo en ello?

De malo, nada, hombre; no seas suspicaz.

Sólo que yo le he llamado

para proponerle algo mucho más importante.

¿Mejor que retirarme en soledad

sin que nadie me tenga que mirar como a un bicho raro?

¿Quién le mira como a un bicho raro?

Mis compañeros, porque no me pliego a las libertades que se toman:

si discuto con ellos sobre cómo mejorar la orden,

que quiero darles lección;

si me recojo en mi celda, que soy orgulloso...

Está visto que no he nacido para tratar con nadie.

Pues conmigo va a tener que tratar:

De bicho raro a bicho raro, padre mío.

-Madre... Madre, se han...

Se han hundido dos peldaños de la escalera,

¿quiere venir a verlo? No, quiero que lo arreglen.

Les dije que no subieran por ahí.

Arriba hay unos tablones y clavos; póngase con ello.

Tal vez, no lo sepan hacer.

Pues que aprendan.

Poner un peldaño no es fácil.

Ni difícil; yo lo hago y soy vieja.

No le veo arrestos de vieja.

¿Y qué peldaño me va a mandar poner a mí?

El mismo que quiere poner, pero sin salirse de la orden,

sino sirviendo al Señor dentro de ella;

que huir es de cobardes.

¿O es que sólo le importa su propia salvación?

No, ni tampoco me considero un cobarde; sólo incapaz.

Hum, no se dé por vencido tan pronto,

que le queda brega para rato.

Y más ahora, que se ha topado conmigo.

Supongo que ha oído hablar de la reforma que tengo emprendida.

Oh, ¿y quién no?

Pues estando en Ávila,

traté con el padre Rubio, general de la orden

y acabé convenciéndole de que el permiso

para fundar conventos de Carmelitas Reformadas

no debía limitarse sólo a las monjas,

sino también a los frailes.

Le prometí que esperaría hasta encontrar

a la persona adecuada,

el bicho raro, ¿entiende?

Pero harán falta más dispuestos a lo mismo.

Eh... De momento, fray Antonio de Heredia;

es con quien primero he tratado y quien me ha dado su nombre.

Para empezar, basta.

Oh, cuánto corre. Y el convento, ¿dónde está?

¡Ay, hijo, no me queme la sangre! ¡¿Sabía yo dónde estaba este?!

¿Ni que iba a terminar haciendo de albañil?

Yo sólo le pido que no se vaya a cartujo.

El convento... Ya veremos, Dios dirá.

Quiero decir que si tardaremos mucho en encontrarlo.

¡Ay, yo qué sé! No se ponga así.

¡Pues dígame de una vez si acepta o no!

Preferiría que lo adivinara.

(HOMBRE) ¿Cuántos conventos tiene fundados, madre Teresa?

De monjas, cuatro; en Medina,

en Valladolid, en Malagón y en Ávila.

Con el de Toledo, cinco, si Dios quiere.

Y dos de frailes, que son

los que más me importan ahora, por la novedad.

No ha transcurrido mucho tiempo y Teresa está nuevamente de viaje.

Esta vez, se dirige a Toledo.

Sin embargo, de camino, quiere visitar

el pequeño convento que dos de sus frailes

han fundado en Duruelo;

son los dos primeros carmelitas descalzos.

En el agotador viaje,

la acompañan algunos comerciantes de Toledo.

(SUSPIRA)

Creí que no llegábamos, mi padre.

Cuántas vueltas; esto está en el fin del mundo.

(RÍE) -¿No era esa la intención? ¿Apartarse del mundo?

Veo que lo dice contento.

¿Y qué ha sido de la honra?

-Oh, maldigo el tiempo que la tuve.

Ay.

Estos son mercaderes de Medina...

Gracias. -Ah, muy bien.

(SUSPIRA) Que...

Que nos hacen la merced de acompañarnos a Toledo,

porque vamos con intención de fundar allí.

-Ah. Pero pase vuestra reverencia, no se quede ahí.

Ay, un poco de agua

ya me bebería yo. -Sí.

Canto de gallo.

(FRAY ANTONIO) Vamos a predicar a muchos lugares comarcanos,

sin ninguna doctrina. También ofrecemos confesión.

(MERCADER) ¿A pie van? ¿Así, descalzos?

-Sí. -¿Y no pasan frío?

-Lo que hace. Cuando frío, frío; cuando calor, calor.

La nieve acaba por hacerse amiga.

-En verdad conmueve el alma ver tantas cruces

y tantas calaveras. -¿Y qué comen vuesas mercedes?

-En los lugares adonde vamos,

nos proveen más de lo que hemos menester.

Para mí, de sobra;

y ya no hablo de mi compañero.

Por cierto... (RESPIRA HONDO)

¿Dónde está? -Arriba, orando,

que se le van las horas muertas en ello.

Ni les habrá oído.

Voy a subir a verle.

-Tenga cuidado, que hay que entrar agachándose.

¿No echa de menos

la Universidad de Salamanca?

No echo de menos nada;

ya he encontrado la vida

que quiero llevar siempre. Hum...

Desconfíe de la palabra "siempre", fray Juan,

que es traicionera.

(IRÓNICO) Gentiles ánimos me viene a dar.

Porque conozco el paño;

cuando somos jóvenes, creemos que nunca se acabarán

las reservas del cuerpo

y las gastamos sin moderación.

¿Moderación viene a pedirme ahora?

¿No me pedía arrojo?

La verdad es que...

A veces, dudo

si no habremos ido demasiado lejos.

15 días después de haber creado una fundación en Toledo,

Teresa es invitada o, mejor dicho, es convocada

ante la princesa de Éboli,

perteneciente a la alta nobleza y amiga del rey Felipe II.

El motivo: La princesa ha reconstruido un convento

en su feudo, en Pastrana, y quiere entregárselo a Teresa.

(LOS NIÑOS GRITAN ALEGRES)

(EL COCHERO SILBA PARA DETENER LOS CABALLOS)

Griterío de la gente.

Al fin, madre Teresa.

Buenos días, señora.

-Muy cara se ha vendido.

No me vendo, señora princesa;

es el único lujo de los pobres.

-Sean bienvenidas.

Sean vuestras excelencias bien halladas, señor.

Más allá de este recibimiento ceremonioso,

las relaciones entre Teresa y la princesa de Éboli

no serán otra cosa que tormentosos desencuentros

entre dos personalidades fuertes.

Teresa no se prestará a los caprichos

de la ambiciosa aristócrata, más atenta al prestigio terrenal

que, en aquella época, consistía en donar conventos,

que a una sincera devoción.

Teresa se da cuenta de ello y se siente desilusionada;

no le gusta la nobleza y hacía ya tiempo había dicho:

"Una de las hipocresías más grandes del mundo

es llamar 'señor' a ciertas personas

que no son otra cosa que esclavos de 1000 tonterías".

(ENFADADA) Es muy estrecho esto;

no nos vamos a poder mover.

-He sido yo quien lo ha dispuesto todo, recuérdelo.

Pues no lo ha dispuesto bien.

No hay sitio suficiente para la capilla;

habrá que volverlo a hacer de nuevo.

-La vida que tienen que llevar aquí ha de ser de mucho rigor

y no cuadra con esas exigencias.

Cada forma de vida, señora,

por muy pobre que sea, tiene unas exigencias

que escapan al juicio de los que no la abrazan;

yo nunca me atrevería a decorar la cámara de la señora princesa.

-Porque no la ha pagado.

No, porque no sabría hacer la mía.

Carraspeo de hombre.

-Ah, príncipe.

A la madre Teresa no le gusta el convento;

nos ha resultado descontentadiza.

-Te advertí que debías esperar

a que llegaran para disponerlo todo de acuerdo con ellas.

-Nadie me ha hecho esperar tanto.

-Mi esposa tiene un genio algo impaciente;

arreglaremos lo que no esté bien.

Muchas gracias, señor.

¿Y qué hay de la renta?

-¿Qué renta?

Este convento se fundará sin renta;

se sustentará de las limosnas que yo recoja para él

y así moverá a más devoción a las gentes de mi señorío.

Quiero un convento como el que fundó mi tía,

doña Luisa de la Cerda, en Malagón.

Como es norma en los lugares pequeños,

ese convento se fundó con renta,

para asegurar la independencia de las monjas

y facilitar que puedan dedicarse libremente a Dios.

-Pues no eran esas mis noticias.

-Pero, Ana, no discutas;

ella estará mejor informada que tú.

-A mí me hace ilusión que sea con limosnas.

Con permiso.

(ENFADADA) -No está dispuesta a dar gusto en nada.

¿Sabes que se niega a dejarme leer el libro de su vida?

Es un libro que escribí por mandato de mis confesores.

Y no tiene interés más que para las monjas.

Si es que tiene alguno.

-Con todo, tanto mi esposa como yo nos consideraríamos muy honrados

si nos dejara leerlo.

Hemos oído hablar mucho de él; no nos niegue ese favor.

(TOSE)

Me cuesta mucho, pero si me prometen

que nadie más lo ha de ver.

(LEE) "Estando en esto, veo sobre mi cabeza

una paloma bien diferente de las de acá,

porque no tenía estas plumas." (RÍEN)

Pero, esperen, que ha visto de todo;

demonios, también. (RÍEN)

(LEE) "Llegando una vez a comulgar,

vi dos demonios con los ojos del alma,

más claro que con los del cuerpo,

con muy abominable figura." (RÍEN)

"Paréceme que los cuernos rodeaban la garganta..."

(RÍEN) "Del pobre sacerdote."

(AMBAS RÍEN)

-Siga, siga, que parece un cuento de aparecidos.

Dejan de reír.

Disculpen que interrumpa su diversión.

-Pero quédese.

Verá, es que ellas lo pidieron;

son de mucha confianza y yo...

No sé de qué me está hablando.

-Mejor así.

En cuanto se ausente vuestra reverencia,

la princesa se empeñará en ser priora

y será muy difícil disponer las cosas del nuevo convento

y ordenar la vida, según nuestro estilo.

Claro que podrá, hija, claro que podrá.

"Dios elige a los débiles para confundir a los poderosos".

Acuérdese del rey David

y no lo digo para que vaya a arreglar los asuntos a pedradas.

-Pero, madre nuestra,

si no la ha respetado, ¿qué cree que hará conmigo?

(RESPIRA HONDO) Ya ve, hija, que yo aquí sobro y debo irme.

Le prometo que no la dejaré de mano

y, si es preciso, pronto volveré por vuestra caridad.

Quede con Dios.

Y que Él la guarde.

Teresa ha dejado en Pastrana a 14 monjas

y a la priora Isabel de Santo Domingo.

Pero este convento no prosperará y, años más tarde,

Teresa deberá utilizar toda su astucia

para poder sacar, en la oscuridad de la noche

en absoluto secreto, a aquellas 14 monjas,

incapaces de resistir bajo los caprichos de la princesa.

(SUSPIRA) Qué hermoso día.

-Parece que va muy alegre.

Sí, hija, pocas veces he dejado un lugar con menos sentimiento,

el Señor me perdone.

Campanadas.

Carraspeo de una monja.

¿Qué se les ofrece?

-¿Tiene mucho que hacer?

(TOSE)

Yo nunca tengo nada que hacer.

-Es que nos gustaría... -Nos gustaría que nos hablara

de la madre Teresa de Jesús.

¿Y qué quieren que yo les diga?

-¿Es verdad que nos la van a traer a Encarnación de priora?

(RESPIRA HONDO) Yo sólo sé lo que se dice:

Que el padre provincial la ha mandado llamar

para ese cargo.

-Que la ha impuesto y no tiene derecho.

Aquí siempre se había elegido priora por votación.

-Hay mucho alboroto; dicen que, si viene,

es para reformarnos y que, si llega aquí,

se acabarán las salidas, el locutorio

y las charlas en las celdas.

Y que echará a las señoras seglares.

-¿Qué piensa vuestra caridad, hermana Juana?

¿Y yo por qué tengo que pensar nada?

Si la han mandado llamar, vendrá.

Aunque es locura.

-Dicen las monjas mayores que cuando la madre Teresa

estaba aquí, antes de la reforma, era su mejor amiga.

Lo era, sí.

-¿Por qué no se fue con ella?

Cada uno nace para una cosa;

a ella le tiraban los caminos

y los riesgos

y las empresas grandes.

No teman,

que si viene, como dicen,

parará poco.

-Cuéntenos cosas de ella.

-¿Es verdad que veía a Dios? -¿Cómo era?

Ya no me acuerdo muy bien.

(FRAILE) Dejen paso libre.

Vamos, vamos, dejen el paso libre.

Griterío de enfado de las monjas. Aléjense vuestras mercedes.

Vamos, dejen el paso libre.

(HOMBRE) Váyase por ahí, a trotar el mundo

y no venga a meterse donde no la llaman.

-Se lo han mandado. -Quien no tiene por qué mandar.

-No tema, madre Teresa.

Yo no tengo por qué temer nada.

Griterío de enfado de las monjas.

-¡Abran la puerta al regidor!

(MONJAS) ¡No la queremos! ¡Que se vaya!

-Espere un momento.

Griterío de enfado de las monjas.

¡Abran al padre provincial!

(MONJA) ¡No abriremos a nadie hasta que nos dejen votar!

-Eso no está bien.

(LAS MONJAS GRITAN)

¡Déjenme salir! ¡Vamos!

Santo padre, santo padre, déjeme salir.

-Déjenla salir; podemos con ellas.

Griterío de enfado de las monjas. ¡Abran!

-Es imposible. -¡Abran!

-Jamás quitarán el cerrojo.

Teresa...

¿Te hemos alarmado, niña?

-Intentémoslo por la iglesia.

La puerta del coro a lo mejor cederá.

(LAS MONJAS GRITAN)

-Echarán la puerta del coro abajo. -¡No les dejemos entrar!

(MONJAS) ¡Fuera! ¡Traidora!

(LAS MONJAS GRITAN A LA VEZ)

Griterío de enfado de las monjas.

(LAS MONJAS GRITAN ENFADADAS)

(REVERENDO) ¡Calmaos! ¡Calmaos!

(LAS MONJAS GRITAN ENFADADAS)

(REVERENDO) ¡Cállense!

(MONJA) ¡Traidora!

¡Traidora!

-¡Fuera de aquí!

(REVERENDO) ¡Silencio!

-¡Que la echen!

(REVERENDO) Yo, el padre Ángel de Salazar,

provincial de la Orden de Nuestra Señora

del Monte Carmelo...

-¡Fuera! ¡Que se vaya!

-Por mi misión de ministerio provincial...

-¡Que la echen! -Me remito a mi autoridad

de reverendísimo comisario apostólico...

(LAS MONJAS GRITAN CON FUERZA)

(REVERENDO) Tengo a bien conceder en el presente

el oficio de priora en el Convento de la Encarnación

de Ávila, a la madre Teresa de Jesús.

-¡Fuera! -¡Ella nos abandonó!

-Que todas las religiosas de esta casa acatarán como tal,

desde este momento,

¡en cruz de santa obediencia!

-¡Tenemos otra priora!

-Firmado en Ávila, el 12 de octubre

en el año del Señor de 1561.

En fin, ¿no la quieren vuestras mercedes como priora?

(MONJAS) ¡Fuera! ¡Fuera!

(REVERENDO) ¡Teresa de Jesús!

¡Sí la queremos!

¡Y la amamos!

(SOR JUANA, EN LATÍN)

Griterío de enfado de las monjas.

(SOR JUANA, EN LATÍN)

Griterío de enfado de las monjas.

(ALGUNAS MONJAS, EN LATÍN)

(TODAS, EN LATÍN)

(TODAS LAS MONJAS, EN LATÍN)

(TODAS LAS MONJAS, EN LATÍN)

(CARRASPEA)

Señoras,

madres

y hermanas mías.

La obediencia me ha traído a esta casa,

para hacer este oficio,

y de esto estaba yo tan descuidada,

como lejos de merecerlo.

Me ha dado mucha pena esta elección,

así por haberme puesto en cosa que yo no sabré hacer,

como en que a vuestras mercedes les hayan quitado

la mano que tenían para hacer sus elecciones

y les hayan dado priora contra su gusto y voluntad.

Y priora tal que harto haría si aceptase aprender

de la menor que aquí está

lo mucho bueno que tiene.

Hija soy de esta casa y hermana

de todas vuestras mercedes,

pero la Virgen santísima,

cuya es esta religión,

será la verdadera priora que a todas nos ha de gobernar.

No cabe esperar mal priorato de la Madre de Dios.

Pero tres años después, Teresa está nuevamente

en los caminos de España;

ha vuelto a ser presa de la fiebre de fundar

y, por ello, ha renunciado al priorato.

Ahora, se dirige a Segovia,

a uno de sus ya numerosos conventos de descalzas.

Julián de Ávila ha conseguido sacar a las 14 monjas del dominio

de la princesa de Éboli en Pastrana

y llevarlas hasta Segovia.

La princesa ha jurado que Teresa pagará caro este enfrentamiento,

pero Teresa tiene otras cosas en las que pensar

ahora que tiene de nuevo a sus monjas consigo.

Tiene proyectado fundar otro convento en Beas de Segura;

asustada en un principio por la lejanía,

se ha dejado convencer por el empeño y la devoción

de dos señores nobles dispuestos a donar el convento

y a mantenerlo.

Con ella están Julián de Ávila y Antonio Gaitán,

a los que se ha unido Gregorio Martínez,

quien la conoció en Medina del Campo

y ha decidido seguirla.

La comunidad se compone de nueve monjas,

algunas de ellas novicias, llenas de fervor;

sin embargo, Teresa, una vez más, no goza de buena salud:

le vuelven las fiebres, las convulsiones...

El duro viaje está poniendo sus fuerzas fuertemente a prueba.

-Me preocupa la madre Teresa; no le remite la calentura.

-¿Cuántas jornadas quedan de camino?

-Por lo menos, dos.

-Dios nos tenga de su mano por estas tierras.

-No hay mejor viático

que el vino de Valdepeñas, ¿eh? (RÍE)

-A fe que es bueno; ofrécelo a sus reverencias.

-Déjales, que están con sus cónclaves.

(TOCA LA CAMPANILLA) -Padre capellán,

es la hora de oración, ¿avisamos a la madre Teresa?

-Mejor que descanse. (TOCA LA CAMPANILLA)

(EL REVERENDO REZA EN LATÍN)

(SUSPIRA) Ay, Señor,

cómo tengo yo de poder sufrir tantos males juntos.

Miradlo vos,

Dios mío,

porque yo ya nada soy capaz de mirar.

(RESPIRA HONDO)

(SUSPIRA) Ay, Señor.

Ay, Señor.

Griterío de alegría de la gente. -¡Bienvenida!

-¡Viva la madre Teresa!

(GENTE) ¡Viva! ¡Viva!

(HOMBRE) ¡Viva!

(LA GENTE GRITA ALEGRE)

-¡Viva la madre Teresa!

-¡Viva la madre Teresa de Jesús! (HOMBRES) ¡Viva!

(GRITAN ALEGRES) ¡Viva! ¡Viva!

(HOMBRE) ¡Viva la madre Teresa!

(GENTE) ¡Viva! ¡Viva!

(HOMBRE) ¡Viva la madre Teresa de Jesús!

Griterío de alegría de la gente.

(HOMBRE) ¡Viva la madre Teresa!

¡Viva la madre Teresa!

Griterío de alegría de la gente.

(LA GENTE GRITA ALEGRE)

(MUJERES) ¡Viva la madre Teresa!

-¡Viva la madre Teresa!

Oh, deleite mío,

Señor de todo lo que yace,

¿hasta cuándo he de esperar

para ver vuestra presencia?

Oh, vida al alba,

vida penosa.

Qué sola soledad,

qué sin remedio.

¿Hasta cuándo, señor?

¿Hasta cuándo?

Llamáis

y no ponéis la medicina;

herís

y no se ve la llaga;

matáis, dejando con más vida.

(RESPIRA HONDO) Qué cansada estoy, Dios mío.

Llaman a la puerta. -¿Madre nuestra?

Madre nuestra.

Diga, hija.

-¿Se encuentra mal?

Sí, sí.

Un poco.

Es el calor.

Alárgueme, por caridad, aquella botija.

-Tal vez, no tenga ganas de hablar ahora con alguien.

Muchas, no.

(SUSPIRA) Qué sé yo...

-Ha venido el visitador de los descalzos de Andalucía.

(SORPRENDIDA) ¿Cómo? ¿El padre Gracián?

-Sí, ¿le conoce?

No, no, sólo por carta.

¿Pero está aquí, en Beas? ¿Le habéis visto?

-Sí, la espera en el locutorio.

(EMOCIONADA) Hija, ¿y cómo no me lo ha dicho antes?

Todo llega en este mundo:

Al fin conozco a la madre Teresa de Jesús.

Es exactamente igual a cómo me la figuraba.

(SUSPIRA)

Yo, en cambio...

Qué caprichosas son las imaginaciones.

Por el tono de sus cartas y la responsabilidad de su cargo,

no sé... No creía que me iba a encontrar

con un hombre tan joven.

-No soy tan joven;

tengo 28 años.

"28 años"...

(RESPIRA HONDO) Hasta que tenga los 60 que cumplo yo hoy...

(RÍE) -De haberlo sabido, le habría traído

un hornazo de regalo.

Nunca en mi vida he tenido mejor regalo de cumpleaños.

Tenemos que hablar de tantas cosas...

-De muchas, pero hay tiempo;

pienso estar por aquí unos 20 días

y le dedicaré todos mis ratos libres.

¿No me hará daño, hijo mío?

Piense que soy como...

Como un enfermo que lleva mucho tiempo sin comer

y el solo olor de los manjares, le marea.

Son tantos los negocios que me abruman...

Y es tan triste no tener a nadie a quien poder abrir el corazón.

-Ha hecho demasiadas cosas sola.

Sí.

Y las he hecho mal;

las he dejado a medias,

por mi soberbia de querer hacer todo.

Una pobre mujer, flaca

y sin consejo.

(SUSPIRA)

¿Pero a quién acudir?

(SUSPIRA) Por eso, cuando empecé a recibir sus cartas

y supe que alguien, con decisión,

estudioso

y relaciones en la corte,

mostraba ese entusiasmo por la reforma

y me iba a echar una mano...

Fue...

Oh, fue como tomar un respiro.

No me lo podía creer.

(SOLLOZA)

Y hasta ahora, que le estoy viendo,

pienso que estoy soñando...

(SOLLOZA)

Y sigo sola.

-Pues no.

Creí que era más fuerte.

(SUSPIRA) Ay, qué extraña veleta es el corazón humano.

Es duro avanzar;

me canso,

ya me gustaría obedecer.

(RÍE) -No me diga eso la madre capitana,

porque no lo creo.

¿De verdad me ve como una capitana?

-Sí lo es y le gusta serlo;

ahora mismo, se lo noto en la cara.

Porque reflejo la energía que recibo.

He hecho voto de obedecerle en todo;

póngame a prueba desde hoy.

-Yo lo recibo

y así lo haré.

Desde este momento en adelante, las relaciones

entre el padre Gracián y Teresa son de una crueldad absoluta.

Las mortificaciones y las humillaciones

pondrán duramente a prueba la obediencia de Teresa;

ella las acepta todas como si proviniesen del mismo Dios

y las transforma en alegría y entusiasmo.

Tengo que darle una buena noticia. -Ajá.

Podríamos organizar el viaje para ir juntos.

Voy a fundar en Madrid.

-¿Cómo es eso?

¿Y Sevilla?

¿No recuerda que estuvimos hablando de los peligros

que podían derivarse de esa fundación,

tal y como están las cosas?

¿Y que vuestra paternidad me aconsejó

que lo consultara con Dios, nuestro Señor?

Pues Él, anoche,

me hizo ver la grave inconveniencia de esa fundación

y me puesto ante los ojos la idea de Madrid.

¿No le parece bien?

-Me parece que esa idea no se la ha puesto Dios;

la tenía ya puesta vuestra reverencia hace tiempo,

entre ceja y ceja.

Diga la verdad.

Sí,

reconozco que ya es uno de los pocos lugares

donde la idea de fundar me resucita mi antiguo entusiasmo.

¿Y qué hay de malo en ello,

si es Dios? -Siempre conviene desconfiar

de esas voces de Dios,

cuando coinciden, tan sospechosamente,

con nuestros deseos.

Vamos a ver, sea sincera,

¿qué tiene contra Sevilla?

Ni a los descalzos nos quieren bien en Andalucía,

ni está claro lo del permiso.

-Diga mejor que le asusta luchar con los inconvenientes.

¿Por qué quiere que se lo diga si ya lo sabe?

-Y diga también que ha perdido la fe en mí

y que se ha cansado de obedecerme.

Oh, no,

eso, nunca;

yo nunca me cansaré de obedecer a mi padre Gracián,

porque es como si me lo mandara Dios.

-Pues yo, madre Teresa,

le mando fundar en Sevilla.

¿La bota está llena? -No, la llenamos al salir.

No, que la llenen; el viaje es largo

y no sabemos lo que puede pasar. -Bien, madre Teresa.

Hermanas, ayuden a subir

los bultos. -Sí.

Bien al fondo, ¿eh?

Bien al fondo, para que no molesten durante el viaje.

¿Aquí van las patentes, padre?

-Van las patentes, el recado de escribir,

el libro de cuentas... Sí, bien.

En mi carro. -Mejor con vuestra reverencia.

-Nunca olvidaré sus consejos, padre Gracián;

le echaremos en falta allí, en Sevilla.

-Y yo, hermana,

pero iré pronto a verlas.

-Dios lo haga.

(HOMBRE) ¿La madre Teresa de Jesús?

Le traigo un mensaje del convento de Valladolid.

(LEE) La princesa de Éboli ha denunciado el libro de su vida

a la Inquisición.

-¿Ocurre algo malo?

Me escriben las monjas de Valladolid:

La Inquisición está buscando el libro de mi vida

y del que, al parecer, corren copias manuscritas.

-No puede ser. -Qué desastre.

¿Por qué?

Dios le ha oído:

¿No le pedía que probara como en los mejores tiempos

a su sierva Teresa de Jesús?

-¿Y qué vamos a hacer?

Nada.

Que me busquen en Sevilla.

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Teresa de Jesús - Versión reducida - Capítulo 3º

19 abr 2019

Serie de carácter biográfico-religioso que, con gran rigor histórico, sigue la vida de Teresa de Jesús. Descendiente de judeo conversos y monja carmelita emprendió en pleno corazón de Castilla, un movimiento en pro de la liberación del espíritu, dejando en sus escritos uno de los testimonios más apasionantes de aquel tiempo, en que, entre enormes tensiones, se estaban sentando las bases de la modernidad europea. La serie comienza retomando la vida de Teresa a los 23 años, esbozando el marco familiar y social en que se desenvuelve. A lo largo de estos capítulos se sigue la aventura de aquella mujer que se mezcla con el pueblo y frecuenta la nobleza y que, en medio de la más desbordante actividad experimenta las más sublimes vivencias místicas. La que había sido procesada por la inquisición termina por ser la primera doctora de la Iglesia. Ambientada en el siglo XVI, ha sido rodada en escenarios naturales y decorados en ciudades españolas de Castilla, Andalucía y Extremadura.

Histórico de emisiones:
07/04/2012
22/03/2016

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