Teresa de Jesús Archivo

Teresa de Jesús

Fuera de emisión

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
3071180
Teresa de Jesús - Capítulo 6 - Visita de Descalzas - ver ahora
Transcripción completa

Campanas.

Carraspeo.

¿Qué se les ofrece? -¿Tiene mucho que hacer?

Yo nunca tengo nada que hacer.

-Es que nos gustaría... -Nos gustaría que nos hablara

de la madre Teresa de Jesús.

¿Y qué quieren que yo les diga?

-¿Es verdad que nos la van a traer a la Encarnación de priora?

Yo solo sé lo que se dice.

Que el padre provincial la ha mandado llamar

para ese cargo.

-Que la ha impuesto. Y no tiene derecho.

Aquí siempre se había elegido priora por votación.

-Hay mucho alboroto. Dicen que si viene,

es para reformarnos.

Y que si llega aquí, se acabarán las salidas,

el locutorio y las charlas en las celdas.

Y que echará a la señora seglar.

-¿Qué piensa vuestra caridad, hermana Juana?

¿Y yo por qué tengo que pensar nada?

Si la ha mandado llamar, vendrá.

Aunque es locura.

-Dicen las monjas mayores que cuando la madre Teresa

estaba aquí antes de la reforma, era su mejor amiga.

Lo era. Sí.

-¿Por qué no se fue con ella?

Cada uno nace para una cosa.

A ella le tiraban los caminos

y los riesgos.

Y las empresas grandes.

No teman,

que si vienen, como dicen,

parará poco.

-Cuéntenos cosas de ellas. -¿Es verdad que veía a Dios?

-¿Cómo era?

Ya no me acuerdo muy bien.

Bullicio. -Dejen paso libre.

Vamos, vamos. Dejen el paso libre.

Aléjense, vuestras mercedes.

Campanas. Vamos, dejen el paso libre.

-No venga a meterse donde no la llaman.

-Se lo han mandado. -Quien no tiene por qué mandar.

Márchese. -No tema, madre Teresa.

Yo no tengo por qué temer nada.

Llaman a la puerta.

-Abran la puerta al corregidor.

-¡Que nos dejen pasar! -¡Que se vaya!

Bullicio. ¡No la queremos!

-Espere un momento ahí.

¡Abran al padre provincial!

-¡Que nos dejen votar!

-Es una santa.

(GRITAN A LA VEZ) -¡No la dejéis salir!

-¡Abran! (HABLAN A LA VEZ)

-¡Déjenla salir! -No podemos con ellas.

-¡Abran!

-Es imposible. -¡Abran!

-Han echado el cerrojo.

-¡Abran la puerta!

Han armado un infierno.

-Intentémoslo por iglesia. La puerta cederá.

(HABLAN A LA VEZ)

-¡No los dejemos entrar! -¡Traidora!

Bullicio.

(HABLAN A LA VEZ)

-¡Calmaos! ¡Calmaos!

¡Silencio!

(HABLAN A LA VEZ)

(HABLAN A LA VEZ)

-¡Traidora!

¡Traidora!

-¡Fuera de aquí!

-¡Silencio! -¡Que la echen!

-Yo, padre Ángel de Salazar,

provincial de la orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo...

-¡Que se vaya!

-Por decisión del discretorio provincial

y con el refrendo y autoridad

del reverendísimo comisario apostólico,

tengo a proferir y confiar a los presentes

del oficio de priora

del convento de la Encarnación de Ávila

a la madre Teresa de Jesús.

-¡Madre de una loca!

-Donde todas las religiosas de esta casa

acatarán como tal desde este momento,

en virtud de santa obediencia.

-¡Queremos otra priora!

-Ávila, a 14 de octubre

del año del Señor de 1571.

En fin. ¿No quieren vuestras mercedes

como priora a la madre Teresa de Jesús?

¡La queremos y la amamos!

(CANTA EN LATÍN)

(CANTAN EN LATÍN)

(CANTAN EN LATÍN)

-Pues desde luego la posesión no la coge.

Si se ha creído que ha ganado la batalla, va aviada.

-Basta ya, ¿no?

-Qué va a bastar. ¿Quién manda aquí?

-La madre Teresa de Jesús.

-Qué va a mandar.

Ha puesto a la Virgen de la Clemencia

en la silla prioral y con las llaves del convento

en las manos. -Algo estará urdiendo.

Siempre sale con algo así.

Tantos años sentándome aquí.

Carraspeo.

Señoras, madres

y hermanas mías.

La obediencia me ha traído a esta casa

para hacer este oficio.

Y de esto estaba yo tan descuidada,

como lejos de merecerlo.

Me ha dado mucha pena esta elección.

Así por haberme puesto en cosa que yo no sabré hacer.

Como en que a vuestras mercedes les hayan quitado

la mano que tenían para hacer sus elecciones

y les hayan dado priora contra su gusto y voluntad.

En priora tal, que arte haría

si acertase a aprender de la menor que aquí está

lo mucho bueno que tiene.

Hija soy de esta casa

y hermana de todas vuestras mercedes.

Pero la Virgen santísima,

cuya es esta religión,

será la verdadera priora que a todas nos ha de gobernar.

No cabe esperar mal priorato de la madre de Dios.

-No tengo que pensar nada.

He dicho que quiero el hábito y lo quiero inmediatamente.

Para mí el mundo ya no existe.

-Considere que puede ser veleidad.

-¿Veleidosa yo?

-Veleidad provocada por su dolor, quise decir.

No olvide las obligaciones que debe a su nacimiento.

-Basta. Las desprecio todas.

Me encerraré en el convento de Pastrana.

Y todo el orbe cristiano va a saber lo que será

la Princesa de Éboli.

Una nueva Catalina Cardona.

Vuestro hábito, padre Mariano.

Dadme ahora mismo vuestro hábito.

Cantos en latín.

-Voy a adelantarme al convento de Pastrana

para advertir a la madre priora.

(CANTAN EN LATÍN)

-Soy fray Baltasar Nieto.

Tengo que ver al momento a la madre Isabel de Santo Domingo.

-Válgame la Virgen María.

¿Y no ha habido manera de disuadirla?

-No.

-La Princesa, monja.

Demos la casa por deshecha.

-Habéis de saber que en la villa de Pastrana,

desde la hoja del árbol hasta la arena del río,

todo me pertenece.

-No lo pongo en duda.

Pero a mí la madre Teresa me dejó priora de este convento

y dentro de él conozco mi obligación.

-Yo ordeno que las dos doncellas que he traído conmigo,

tomen el hábito inmediatamente.

Y la madre Teresa no es quien para impedirlo.

-Ella no.

Pero se necesita licencia del prelado.

-¿Y qué tienen que ver los frailes en mi convento?

-En este convento, señora, como en cualquiera,

hay que acatar las reglas de la orden.

Y si queréis dar ejemplo,

es eso lo primero que debéis hacer.

-Y vos debéis saber que en este mundo

yo no me sujeté sino solo a Ruy Gómez

porque era caballero y gentilhombre

y no me sujetaré a otra persona.

-En este caso, y con todos mis respetos,

mal camino habéis elegido.

-Callad, loca insolente.

Válgame Dios. Todos son quebraderos de cabeza.

-¿Echa vuestra reverencia de menos el monasterio de la Encarnación?

¿No estaba mejor?

Eso no. Prefiero este ajetreo

de las fundaciones al bullicio de aquellas 150 monjas.

Tengo ya los huesos muy duros para gobernar

a tantas mujeres juntas.

Menos mal que les he dejado de confesor

al bendito fray Juan de la Cruz,

que tiene en todo mejor mano que yo.

-¿Y qué hacemos con lo de Pastrana?

No hay más remedio que lo que le he dicho.

Sacar a las monjas de allí y traerlas a Segovia.

-No es tan fácil. Se opondrá la Princesa.

No tiene por qué enterarse.

Se hará de noche y con el mayor sigilo.

-Sí, sigilo. Sigilo.

Tenga en cuenta que son 14.

Es un encargo muy duro, madre Teresa.

No puedo encargárselo a nadie más

que a quien es capaz de llevarlo a buen término.

-Hay que contar con cinco carromatos.

Los buscaremos.

-Pero no es posible.

Mandé al corregidor que pusiera guardas para evitarlo.

-Ha sido esta noche, señora.

Julián de Ávila, enviado por la madre Teresa,

ha sacado a las monjas con el mayor silencio.

-Esa zorra visionaria me las pagará.

-Mirad, vuestra alteza señora, que el Rey os obligó

a abandonar el convento y os prohibió dar

nuevos escándalos. -Mirad vos, más os vale,

que la Princesa de Éboli no tiene miedo ni el mismo rey.

(TOCA LA CAMPANA)

-Huyendo como ratas.

Que no sé ni cómo no nos sintió.

Y con el miedo a que amaneciera.

Y luego, corriendo hacia los carros

que estaban en las afueras

para no llamar la atención de la villa.

Y qué sobresalto de viaje.

Nos parecía que nos seguían. Como si fuéramos ladronas.

¿Ladronas? ¿Pues se llevaron algo?

-Ni un alfiler que ella nos hubiera dado.

Pues que se quede allí,

castellana absoluta, en su abrigo de piedra.

Que la casa de Dios se le escapó a otro lado.

-No se acalore, madre, que le sube la fiebre.

En fin. Mis hijas.

Ya están aquí.

Llanto.

(LLORA)

-Madre Teresa. (LLORA)

-¿Qué hace levantada?

No se debe abusar así del cuerpo.

Vamos. Ayúdeme a acostarla.

Si no es nada.

-Teresa madre.

No sea testaruda.

(LLORA)

-Y en estas condiciones, quiere ir a fundar a Vega.

-No hay quien se lo quite de la cabeza.

-Pues habrá que quitárselo.

Es un disparate.

-No son las cosas materiales lo que me preocupan,

sino cómo acertar con las hermanas.

-Nuestra regla es muy clara.

-Las personas no caben en la regla.

Y en el mismo camino,

cada una ha de buscar su sendero.

-Pero nuestra madre insiste en que todas seamos iguales.

-Y también en que cada una sea como es.

-¿Es que por eso hemos de perdonarlo todo?

-No. Pero tampoco inquirirlo todo.

Mira cómo disputan las letradillas.

Para gobernar almas hay que ser

un tiempo indulgente y serena.

Liberal y tasada. Paciente e impaciente.

Simple y astuta.

-¿Tantos extremos?

Sí, hija. Sí.

Cuando faltaran unos, todo se convertiría en desorden.

Claro. Todo se hace fácil.

-Me preocupa la madre Teresa. No le remite la calentura.

-¿Cuántas jornadas quedan de camino?

-Por lo menos, dos.

-Dios nos tenga de su mano por estas tierras.

-No hay mejor viático que el vino de Valdepeñas, ¿eh?

-Sí que es bueno. Ofrécelo a sus reverencias.

-Déjales, que están con sus cónclaves.

Campanilla. -Padre capellán.

Es hora de oración. ¿Avisamos a la madre Teresa?

-Mejor que descanse.

(REZA EL PADRE NUESTRO EN LATÍN)

Ay, Señor.

¿Cómo tengo yo que poder sufrir tantos males juntos?

Cuidadlo vos, Dios mío.

Porque yo de nada soy capaz.

Ay, Señor.

(HABLAN TODOS A LA VEZ)

Gritos y voces.

(HABLAN TODOS A LA VEZ)

-¡Viva la madre Teresa de Jesús!

-¡Viva...!

(HABLAN TODOS A LA VEZ)

Gritos y voces.

Gritos y voces.

(HABLAN TODOS A LA VEZ)

Oh, deleite mío,

Señor de todo lo criado,

¿hasta cuándo he de estar

para ver vuestra presencia?

Oh, vida larga,

vida penosa,

qué sola soledad,

qué sin remedio.

¿Hasta cuándo, Señor?

¿Hasta cuándo?

Llagáis

y no ponéis la medicina,

herís

y no se ve la llaga,

matáis dejando con más vida.

Ay, qué cansada estoy, Dios mío.

Puerta.

-Madre nuestra.

Diga, hija.

-¿Se encuentra mal?

Ah, sí, sí...

Un poco...

Es el calor.

Alárgueme, por caridad, aquella botija.

-Tal vez no tenga ganas de hablar ahora con nadie.

Muchas no...

Ay, qué sé yo...

-Ha venido el visitador los Descalzos de Andalucía.

¿Cómo? ¿El padre Gracián?

-Sí, ¿le conoce?

No, no, solo por carta,

¿pero está aquí? ¿En Beas? ¿Lo habéis visto?

-Sí, la espera en el locutorio.

Hija, ¿y cómo no me lo ha dicho antes?

-Todo llega en este mundo.

Al fin conozco a la madre Teresa de Jesús,

es exactamente igual a como me lo figuraba.

Ah... Yo, en cambio,

qué caprichosas son las imaginaciones,

por el tono de sus cartas y la responsabilidad de su cargo,

no sé, no... no creía que me iba a encontrar

con un hombre tan joven.

-No soy tan joven,

tengo 28 años.

Ah... 28 años...

(SUSPIRA)

Hasta que tenga los 60 que cumplo yo hoy...

-Ah, de haberlo sabido le habría traído

un hornazo de regalo.

Nunca en mi vida he tenido mejor regalo de cumpleaños.

Tenemos que hablar de tantas cosas...

-De muchas, sí, pero hay tiempo,

pienso estar por aquí unos 20 días

y le dedicaré todos mis ratos libres.

¿No me hará daño, hijo mío?

Piense que soy como...

como un enfermo que lleva mucho tiempo sin comer

y el solo olor de los manjares le marea.

Son tantos los negocios que me abruman

y es tan triste no tener a nadie

a quien poder abrir el corazón.

-Ha hecho demasiadas cosas sola.

Sí...

Las he hecho mal,

las he dejado a medias

por si soberbia de quererlo hacer todo.

Una pobre mujer flaca

y sin consejo.

Ah...

¿Pero a quién acudir?

Por eso, cuando empecé a recibir sus cartas

supe que alguien con decisión, estudios y relaciones en la corte

mostraba ese entusiasmo por la reforma

y me iba a echar una mano.

Fue...

Oh, fue como tomar un respiro,

no me lo podía creer

y, hasta ahora que le estoy viendo,

pienso que estoy soñando.

Ah... o que sigo sola.

-Pues no,

creí que era más fuerte.

Fue como un relámpago cuando estaba comiendo,

ya otras veces se me había aparecido Nuestro Señor Jesucristo,

pero nunca como ayer.

-¿Y en qué notó la diferencia?

En que no venía solo,

sino con vuestra paternidad.

-¿Conmigo?

Sí,

lo vi tan perfectamente como lo estoy viendo ahora,

colocado a la derecha de Nuestro Señor

y él en medio de los dos.

Me quedé muy suspensa sin entender

qué podía significar aquello,

pero enseguida tuve la respuesta

porque Su Divina Majestad

tomó una mano de cada uno y las juntó.

"A este quiero que tomes

en mi lugar para toda la vida", me dijo,

"que ambos habéis de conformaros en todo

porque conviene que así sea".

No pude dudar que era cosa de Dios,

aunque en el momento que le conocí

supe que era él quien me lo había enviado.

¿Qué pensáis?

No dudaréis de mi visión, ¿verdad?

-No, no, no es eso.

¿Entonces?

Por caridad, dígame algo.

-Madre Teresa,

siempre hemos de estar en guardia contra las amistades particulares

que pueden debilitarnos el camino de la perfección del alma,

por muy puras que sean.

Mire, padre,

por muy perfecta que sea un alma,

necesita tener alguna vez un desahogadero,

conque déjeme tener a mí este que tanto bien me hace

y que está bendecido por la mano de Dios.

Siempre me lo dice fray Juan de la Cruz,

que quien mucho abarca poco aprieta.

A veces me siento como una madre desnaturalizada

que ha tenido muchos hijos

y los ha ido dejando tirados por ahí apenas paridos.

-Ah, ayer me decía lo contrario,

que todas las prioras de los conventos reformados

las tiene en su corazón y se duele de sus males.

Sí,

de lejos.

No doy abasto a escribirles cartas,

eh, pero llego a pensar que lo hago por rutina,

¿cómo son realmente sus males?

Las cartas se me antojan algo tan frío,

necesita uno ver el rostro de aquel con quien se habla,

me piden consejo y... y se lo doy como a tientas,

no estoy presente allí si tienen calentura

o hambre o goteras.

A la mayoría de las novicias no las conozco,

ni puedo saber si se llevan mal o bien unas con otras.

-¿Nunca ha parado mucho en el mismo convento?

Sí, en el primero,

en San José de Ávila,

allí pude hacer una labor más continuada

y aquellas monjas fueron de verdad mis hijas.

Ya se me confunde los rostros de las demás

y me clava el abandono en que las he ido dejando

solas con tanto problema.

-Ah, confíe en ellas,

seguro que todas habrán heredado su fortaleza

y, a poco que la hayan tratado y escuchado, la sabrán imitar.

Piense en la priora de aquí,

¿puede darse algo mejor?

¿María de San José?

¿Cómo lo sabe?

-Basta con verla,

tiene una serenidad y una dulzura,

una discreción... Y la vida por delante, ¿no es así?

-También será eso.

Sí, claro,

probablemente me necesitan menos de lo que yo creo.

-Ahora lo dice con pena.

Ah, pudiera ser...

Ay...

(SUSPIRA) Qué extraña veleta es el corazón humano,

es duro mandar,

me canso,

ya me gustaría obedecer. -Ah...

No me diga eso la madre capitana

porque no lo creo.

¿De verdad me ve como una capitana?

-Sí, lo es y le gusta serlo,

ahora mismo se lo noto en la cara.

Porque reflejo la energía que recibo,

he hecho voto de obedecerle en todo,

póngame a prueba desde hoy.

-Yo lo recibo

y así lo haré.

(HABLA EN LATÍN)

Amén.

Tengo que darle una buena noticia,

podríamos organizar el viaje para ir juntos,

voy a fundar en Madrid.

-¿Cómo es eso? ¿Y Sevilla?

¿No recuerda que estuvimos hablando de los peligros

que podían derivarse de esa fundación

tal y como están las cosas y que vuestra paternidad

me aconsejó que lo consultara con Dios Nuestro Señor?

Pues Él anoche me hizo ver

la grave inconveniencia de esa fundación

y me ha puesto ante los ojos la idea de Madrid,

¿no le parece bien?

-Me parece que esa idea no se la ha puesto Dios,

la tenía ya puesta a reverencia hace tiempo

entre ceja y ceja,

diga la verdad.

Ah, sí... Reconozco que ya es uno de los pocos lugares

donde la idea de fundar me resucita mi antiguo entusiasmo,

¿y qué hay de malo en ello

si es Dios? -Siempre conviene desconfiar

de esas voces de Dios

cuando coinciden tan sospechosamente

con nuestros deseos.

Vamos a ver, sea sincera,

¿qué tiene contra Sevilla?

Ni a los Descalzos nos quieren bien en Andalucía

y está claro lo del permiso.

-Diga mejor que le asusta luchar con los inconvenientes.

¿Por qué quiere que se lo diga si ya lo sabe?

-Y diga también que ha perdido la fe en mí

y que se ha cansado de obedecerme.

No,

eso nunca, yo nunca me cansaré de obedecer a mi padre Gracián

porque es como si me lo mandara Dios.

-Pues yo, madre Teresa, le mando fundar en Sevilla.

Ah, madre...

Eh, quería decirle,

¿no le parece que María de San José

sería una buena priora en Sevilla?

¿No habíamos decidido enviarla de priora a Caravaca?

-Nos hace falta en Sevilla.

¿Renunciaría a Caravaca donde ha de estar bien aposentada

y en buena casa para arriesgarse con nosotras

a la fundación de Sevilla?

-¿En cualquiera de los dos conventos

he de ser priora?

Entonces prefiero estar donde no lo sea.

Hija mía, seréis priora porque si no hay tordos

se han de comer mirlos.

-Entonces escojo Sevilla.

Pues ella lo escoge, tome lo que venga.

¿La bota está llena? -La llenaremos al salir.

Que la llenen, el viaje es muy largo y

no sabemos qué puede pasar. -Bien, madre.

Hermana, ayúdeme a subir los bultos.

Bien al fondo, ¿eh?

Bien al fondo para que no moleste durante el viaje.

¿Aquí van las patentes, padre?

-Van las patentes, el recado de escribir,

el libro de cuentas... Sí, bien, en mi carro.

-Mejor con vuestra reverencia.

-Nunca olvidaré sus consejos, padre Gracián,

le echaremos en falta allí en Sevilla.

-Y yo, hermana, pero iré pronto a verlas.

-Dios lo haga.

-¿La madre Teresa de Jesús?

Le traigo un mensaje del convento de Valladolid.

(LEE) "La princesa de Éboli

ha denunciado el libro de su vida a la Inquisición".

-¿Ocurre algo malo?

Me escriben las monjas de Valladolid,

la Inquisición está buscando el libro de mi vida que,

al parecer, corren copias manuscritas.

-No puede ser. -Qué desastre.

Ah... ¿Por qué?

Dios le ha oído,

¿no le pedía que probara como en los mejores tiempos

a su sierva Teresa de Jesús?

-¿Qué vamos a hacer?

Nada,

que me busquen en Sevilla.

Tormenta.

Tormenta.

Tormenta

Tormenta.

-Madre, se han podrido los alimentos con el calor.

El padre Ávila dice que habrá que seguir camino,

por su encontramos algo en algún pueblo.

Se está tan bien aquí.

-Pero no hay río cerca.

¿Ya no hay agua?

No.

-¿Qué dice? ¿No nos vamos?

-No parece que tenga muchas ganas de moverse.

¿Ha visto, padre,

qué hermosura de mañana?

Qué envidia me dan los pájaros,

Dios está en ellos

y en las flores

y en los árboles...

Ah, no sienten el cuerpo como nosotros.

-Madre Teresa,

tenemos varias jornadas de camino.

Qué bien huele el tomillo.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 6 - Visita de Descalzas

Teresa de Jesús - Capítulo 6 - Visita de Descalzas

31 mar 2015

Teresa es impuesta como priora de la Encarnación. Parte a Beas del Segura para fundar. Allí recibirá la visita del carmelita humanista, Jerónimo Gracián.

Histórico de emisiones:

26/03/2013

 

ver más sobre "Teresa de Jesús - Capítulo 6 - Visita de Descalzas" ver menos sobre "Teresa de Jesús - Capítulo 6 - Visita de Descalzas"

Los últimos 12 programas de Teresa de Jesús

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios