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Para todos los públicos  Teleplaneta - 09/07/2018
Transcripción completa

Ya que este programa tiene una alta carga japonesa

tenemos que comenzar en este país

hablando de las históricas inundaciones

que se han producido en el sector central del país,

donde por desgracia los datos confirman que estamos

ante uno de los peores episodios de inundaciones

en el país del sol naciente de su Historia.

La peor parte la han sufrido en zonas como Kyoto, Okayama o Gifa,

donde en algunas estaciones se han recogido más de 800 litros-m2

en apenas 24 horas, un dato totalmente extraordinario

que ha dejado crecidas de ríos

como nunca antes se había visto en muchas regiones.

En zonas montañosas además de las lluvias se han producido

decenas de deslizamientos de terreno como consecuencia

de tal cantidad de agua, lo que ha agravado la situación

y ha dejado a decenas de localidades

parcialmente sepultadas bajo el lodo.

Las autoridades aún no han dado una cifra definitiva de víctimas

porque se cuentan por decenas las personas desaparecidas

en las riadas y deslizamientos.

Esta semana Asia nos deja importantes contrastes,

y prueba de ellos es que pasamos del escenario dantesco

de las inundaciones en Japón al de la ola de calor

que se ha producido en tierras vietnamitas.

Aunque prácticamente toda la totalidad del país

está sometido a las altas temperaturas,

la región central y norte son los que se llevan la peor parte.

Como suele ser habitual en estas regiones del planeta,

hay que sumar a las ya de por sí asfixiantes condiciones,

la altísima humedad relativa, lo que eleva la sensación térmica

en algunos casos por encima de los 50ºC.

Fuertemente dependientes de la agricultura,

esta es una de las actividades que más se está resintiendo

en este episodio de calor, llegando al extremo

de que las siembras en muchas zonas se están realizando por la noche,

y a un ritmo más lento del habitual,

incluso por parte de los agricultores más veteranos,

que afirman que es la primera vez que tienen que realizar sus tareas

a la caída del Sol.

Cambiamos nuevamente de tercio para pasar otra vez a las lluvias,

que también han tenido carácter torrencial

en varias provincias chinas, metidas de lleno en la temporada húmeda.

Incluso la capital del país ha visto caer con fuerza el granizo

durante los últimos días en una sucesión de tormentas

que han ido pasando por encima de varias provincias

a medida que se desplazaban.

La agencia meteorológica china ha elevado diversas alertas

por culpa de la intensidad de las lluvias.

En muchos casos se han superado los 100 litros-m2,

lo que ha agravado la subida del nivel del agua.

Miles de hectáreas de tierras de cultivo se han echado a perder,

bien por estar aún bajo las aguas,

o bien por haber quedado cubiertas por el barro en numerosas zonas.

El barro también ha llegado a las ciudades,

donde muchos vecinos se han lanzado a las calles a intentar retirarlo

colaborando con las tareas de limpieza.

La llegada del verano a toda Europa está dejando episodios de calor

que poco a poco van copando las noticias,

pero por desgracia como siempre con el calor van llegando

los incendios forestales.

Le ha tocado el turno al Reino Unido,

en una difícil semana en la que los bomberos han luchado

contra importantes fuegos en diversos puntos.

El más preocupante de todos se sitúa en Lancashire,

donde se entra en la segunda semana de incendio y donde ya se ha pedido

al ejército que se sume a las tareas de extinción.

Este ha respondido con rapidez enviando 100 hombres

a combatir las llamas en una situación que por momentos

se ha complicado con la presencia del viento.

Hay declarada una zona de exclusión de unos 5 kilómetros

alrededor de la zona del incendio, lo que ha obligado a realizar

diversas evacuaciones y pedir a los vecinos que no regresen

a sus casas hasta que lo ordenen las autoridades

Otro país con problemas con las lluvias es Rumanía,

que últimamente tiene bastante protagonismo en nuestro programa

y que parece que con las tormentas de verano sigue inmersa

en importantes problemas.

Porque además de las lluvias caídas, la llegada de las altas temperaturas

está propiciando una aceleración del deshielo en muchas zonas de montaña

que no hacen sino añadir más caudal aún a unos ríos

que no pueden mucho más.

Las regiones de Tucea y Bacau han sido las más castigadas

por estas tormentas que han llegado a dejar unos 50 litros-m2

y que han incomunicado a diversas aldeas.

Unas 500 casas según cálculos de las autoridades han resultado anegadas,

de las cuales 15 han sido totalmente destruidas,

así como 1000 hectáreas de bosque.

Los expertos siguen mirando con preocupación al deshielo

de la zona montañosa, que aún tiene capacidad de hacer subir

el nivel de las aguas un poco más,

lo que ampliaría de forma significativa los daños causados.

También el verano está dejando muchos problemas

con los incendios forestales en Escandinavia.

Ya hace unas semanas que comentamos las dificultades

que se estaban viviendo en Suecia con el fuego,

y estas dificultades continúan por la presencia

de numerosos incendios a lo largo y ancho del país.

Al menos en 14 puntos diferentes de la geografía sueca

las llamas se extienden sin que en muchos de ellos parezca

que hay una extinción cercana.

De momento de todos ellos sólo hay uno que amenaza a zonas pobladas

y ya 35 hogares han tenido que ser evacuados ante el hecho

de que las llamas tomaban la dirección de esas casas,

en un movimiento que busca evitar urgencias.

En otros casos lo que se ha pedido a la gente es permanecer

en el interior de las casas por la presencia de humo en los exteriores.

Cientos de bomberos luchan contra esta ola de incendios

en pleno verano, y con muchas partes del país en peligro extremo

por la ausencia de lluvias.

Para finalizar la primera parte del programa nos vamos hasta Albania.

Allí la tierra ha temblado esta última semana en un terremoto

que ha alcanzado la magnitud 5,1 y que se ha localizado

a unos 20 kilómetros de profundidad bajo la zona adriática del país.

Los que sintieron el temblor asegura que se prolongó

por espacio de 10 segundos,

en una región muy frecuentada por turistas durante esta época del año.

Tras el seísmo se produjeron las habituales réplicas,

la mayor de todas ellas alcanzando la magnitud 4,3

aunque poco a poco fueron haciéndose cada vez menores.

Afortunadamente no hay que lamentar daños personales

más allá de los sustos habituales que se producen

cuando la tierra tiembla bajo nuestros pies.

En un mundo con un mayor número de habitantes cada día,

las necesidades de suelo, alimento, cobijo o vías de comunicación

tienen un peso cada vez mayor en nuestro entorno natural,

generando la pérdida de millones de hectáreas cada año,

en un proceso que cada vez parece má y más irreversible.

Son muchas las causas que pueden incidir en la pérdida de suelo,

pero más allá de las que pueden tene un origen natural,

lo cierto es que el ser humano está provocando

dramáticos cambios en el entorno.

Uno de los miles de ejemplos que podemos poner

lo vemos en la ciudad de Tokyo.

La capital de Japón ocupa una extensión superior

a la mitad de comunidades autónomas de nuestro país si tenemos en cuenta

las poblaciones periféricas que ya se han integrado en su estructura.

Pero no es el único ejemplo, ya que en nuestro planeta

al menos 35 ciudades alcanzan el estatus de mega ciudad,

un eufemismo para definir a aquellas que tienen

más de 10 millones de habitantes.

Hoy entre un 75% y un 85% de la población del planeta

vive en zonas urbanas, y muchas zonas rurales

se han perdido o en el caso contrario,

se explotan hasta agotar los recursos.

El día internacional por la conservación del suelo aboga

por poner voz a un problema que acucia incluso

a las mayores y más protegidas reservas del mundo,

como el Amazonas, con talas indiscriminadas

para la búsqueda de recursos naturales,

o algunos bosques de Asia,

arrasados para cultivar el aceite de palma.

En otros casos la excesiva mecanización de los usos agrícolas

dan resultados dramáticos, que incluso afectan

al propio balance natural de un planeta que sufre.

Un dato demoledor, el 70% de las aves que quedan en el planeta

son aves de corral.

De forma casi invisible, y totalmente silenciosa,

la pérdida de suelo no cesa en el día a día.

Cada minuto decenas de hectáreas de suelo se echan a perder

o son alteradas de forma que queden gravemente dañadas.

Es el momento de tomar medidas, y resaltar celebraciones

como la del Día internacional de la conservación del suelo.

Japón es uno de esos países donde la Naturaleza se empeña en demostrar

que su dinamismo es imparable y que en muchas ocasiones,

la geología es una ciencia viva que queda patente

sobre todo en su impresionante actividad sísmica,

con un catálogo de terremotos difícilmente igualable

en nuestro planeta.

Desde tiempos inmemoriales, los registros hablan

de intensos terremotos que causaban daños extensos

y enormes cantidades de víctimas,

tendencia que se ha mantenido a lo largo de la Historia

dejando algunos eventos para el recuerdo.

Quizás el primero y más mediático de todos fue el gran terremoto

de la Bahía de Kanto, que golpeó la ciudad de Tokyo en el año 1923,

causando más de 120.000 muertos

y que provocó cientos de incendios por toda la ciudad.

Con más de 25 terremotos de magnitud 8 o superior,

la vigilancia se antoja fundamental, sobre todo tras el recuerdo

de los terremotos de Kobe en la década de los 90,

o del terrorífico tsunami de Tohoku tras uno de los mayores seísmos

registrados por el hombre.

Aquí juega un papel fundamental la Universidad de Tokyo,

donde se aloja uno de los centros má prestigiosos del mundo,

el Instituto de Investigación de Terremotos,

que sigue intentando desentrañar los misterios

de los movimientos sísmicos.

"Tenemos muchos terremotos en Japón, y estos de cuando en cuando

generan grandes daños e incluso much gente muere en ellos

en ocasiones, por lo que debemos comprender cómo tienen lugar,

y dónde tienen lugar, con lo que tenemos que observarlos

para estimar la probabilidad de ocurrencia,

dependiendo de la localización y el tiempo".

Pero la gran pregunta surge cuando una ciudad como Tokyo,

con más de 40 millones de habitantes ya en su zona metropolitana,

se sitúa en una zona tan activa generando un ruido de fondo

que puede interferir en ese proceso de localización y escucha.

"La verdad que ese dato es importante

y es muy difícil de solucionar,

así que a través de otras instituiones utilizamos sondeos

y pozos para instalar las estaciones sísmicas.

Estas suelen ubicarse a unos cien metros de profundidad,

pero hay casos en los que los hemos llegado

a colocar a más de 1000 metros de profundidad,

con lo que así podemos impedir la interferencia de ese ruido".

La proliferación de los medios de comunicación permitió al mundo

comprobar de primera mano como el terremoto de Kobe causaba

una enorme destrucción que hizo conjurarse a autoridades

y científicos que algo así no podría volver a repetirse.

No tardarían muchos años en comprobar lo acertado

de dicho compromiso, cuando el 11 de marzo de 2011

el mundo asistía atónito a un seísmo sin precedentes.

El terremoto de Tohoku, sigue dejando una profunda cicatriz

ya no sólo en la población de gran parte del noreste japonés,

sino también en una comunidad científica

que intenta por todos los medios valerse de la tecnología

para poder comprender mejor qué sucede bajo nuestros pies.

"A día de hoy seguimos sabiendo muy poco de la física de los terremotos,

aunque ya tenemos unos conceptos más o menos buenos de la fricción

y la fracturación de las rocas.

Intentamos simular los terremotos

a través de la modelización computacional,

y lo hacemos con estimaciones sobre terremotos reales,

y cada vez vamos conociendo un poquito más cómo se comportan

las rocas en esos precisos términos de fracturación y fricción.

A medida que obtenemos esos datos los vamos comparando para saber

si estamos o no en el camino correcto,

y así poder contribuir a mejorar la ciencia que estudia los terremotos

y saber cómo o cuándo van a tener lugar, aunque para ser honestos,

estamos muy, muy lejos de ese propósito".

Las imágenes imborrables de aquel terremoto

siguen generando decenas de sensaciones,

y eso es algo que la sociedad y las autoridades japonesas

no están dispuestas a olvidar.

En Tokyo, el departamento de bomberos de la ciudad

se esmera por educar en la prevención,

y un simulador de terremotos permite rememorar los angustiosos segundos

de uno de los peores terremotos jamá vivido por el hombre.

Hablar con los expertos japoneses permite descubrir una disciplina

y una constancia única,

y descubrir cómo con las décadas de estudio acumuladas sabían

que algo podía pasar en la zona del epicentro de aquel mega terremoto.

"Nosotros sabíamos y esperábamos en algún momento un terremoto

de magnitud 8 o mayor en el área de Tohoku.

La historia nos hablaba de un gran terremoto

que también había generado un gran tsunami hace unos mil años,

lo que pasa es que son datos muy limitados,

apenas teníamos nada y los modelos que podíamos hacer eran muy básicos.

Aún así el potencial de esa zona para generar terremotos se pudo

estimar en una magnitud cercana al 8,8, o eso era lo que se pensaba.

Antes de ocurrir el terremoto de Tohoku

era imposible de determinar este extremo".

Los científicos siguen investigando de forma incansable,

tanto como la tierra se empeña en seguir temblando en Japón.

El terremoto de Kumamoto en 2016, el de Osaka hace unas semanas,

o los cientos de seísmos captados por miles de cámaras cada mes

en territorio nipón son una buena muestra de por qué no se debe bajar

la guardia en el país del Sol naciente.

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