'También entre los pucheros anda el Señor' es una miniserie documental de 7 capítulos de corte histórico-gastronómico sobre las vida y obra Teresa de Cepeda y Ahumada, más conocida como Santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila. Dirigida por Belén Molinero, el documental aborda cronológicamente la vida de la religiosa, poniendo el foco en algunas de las facetas menos conocidas de su biografía, su infancia, su juventud, su lado más humano y humorístico y los lugares en los que vivió, con especial atención a la cocina de cada lugar.

La serie ha contado con el material de archivo del Fondo Documental de RTVE y de nuevas imágenes grabadas en los distintos conventos del Carmelo y las ciudades teresianas de España.

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Para todos los públicos También entre los pucheros anda El Señor - Salamanca y Alba de Tormes: Déjame dormir - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Subtitulado por TVE.

Ávila, dice la leyenda que Hércules hundió el istmo

que unía España con África y levantó sus columnas

en Gibraltar y Ávila.

Leyenda al fin.

Seguramente, nacida de la impresión de inexpugnabilidad que produce

la vista de sus murallas,

asentadas sobre las romanas primitivas,

aunque éstas que vemos, fueron construidas

en el siglo XI.

A Ávila, como a todas las villas, pueblos y ciudades de España,

las noticias llegaban en 1530, mal y tarde.

Durante estos años de la adolescencia de Teresa,

han ocurrido muchas cosas.

En 1528, el año en que murió su madre,

se produce un hecho curioso: se prohibe

la «importación» de los indios de las Indias.

El año anterior, ha nacido en Cuenca un niño que llegará a ser

Fray Luis de León y también catedrático

de la Universidad de Salamanca,

que moriría en Madrigal de las Altas Torres,

mientras preparaba una edición de las obras de Santa Teresa.

En Madrigal, nació también Isabel la Católica

y aquel Tostado, cuyo sepulcro en la catedral de Ávila

admiraba tanto la niña Teresita.

Ahora, ya una damita, acompaña a su padre y hermanos a misa

y a veces, va sola de visita,

recordando las que hacía con su madre.

Entre los grandes, se habla mucho de Erasmo de Rotterdam,

hay erasmistas y antierasmistas

Pero, ¿qué era el erasmismo?

Una doctrina que propugnaba un compromiso

entre el protestantismo y el papado.

Hacía crítica de la corrupción y liviandad del clero.

Criticaba los alardes de religiosidad,

prefiriendo una religiosidad interior,

fundada en la oración mental.

Estas ideas, habían llegado con el césar Carlos

y su corte de valones.

Gracias al emperador, el erasmismo pudo sobrevivir en 1527,

cuando Carlos I, presionado por la Inquisición,

convocó una junta de teólogos en Valladolid,

que terminó considerando que el erasmismo no era herejía.

Pero en 1536, muere Erasmo, que tuvo la valentía de decir

en una de sus obras:

«La existencia más placentera, consiste en no reflexionar nada».

Y en España, se prohíbe la difusión de sus obras.

Incluso, ha habido un Auto de Fe en Toledo

castigando a los «alumbrados», a los que algunos consideran también

alumnos de esas teorías.

Por cierto, Carlos V, ha sido coronado en Alemania

emperador por el mismísimo papa, en una fastuosa ceremonia

de la que se habla y no se acaba.

Teresa, sin duda, oye en su casa conversaciones

sobre todo esto, pero sin prestarles mucha atención,

que está su cabeza más para otras cosas.

Tiene ya 14 años, a esa edad, se casó su madre

y a los 15 fue madre.

Sigue aficionada a los libros de caballerías que lee a escondidas,

pues no son del gusto de su señor padre,

que ya anda pensando en casarla.

Las novelas de caballerías, me gustaban tanto,

que no estaba yo contenta cuando no tenía una entre las manos.

Poco a poco, empecé a tomar gusto en vestir bien, a preocuparme

del cuidado de mis manos, a usar perfumes

y a todas las vanidades que el mundo aconsejaba

a personas de mi condición.

La casa está llena con sus primos, pues ella misma,

nos habla de una prima algo mayor a cuya amistad se aficionó.

Mi padre y mi hermana, sentían mucho esta amistad,

pero no me aprovechaban sus consejos,

porque mi sagacidad para cualquier cosa mala era mucha.

Y bastaba, junto con tener criadas, que para todo mal,

hallaba en ellas buen consejo.

Escribía Fray Luis de León, muchos años después,

que los familiares de Teresa, le habían asegurado

que de joven, era tan guapa que hacía perderla cabeza.

Y así debía ser, porque le rondaban mucho sus primos

y uno de ellos,

le hace especialmente «tilín» a Teresita.

En 1531, Teresa tiene ya 16 años, llega a Ávila la emperatriz Isabel

con el principito Felipe, que sólo contaba con 4 años.

Pues pronto habrían de celebrarse en la «Villa de los Leales»

las ceremonias en las que el niño-príncipe

recibiría el traje de gentilhombre.

Hubo fiestas en la ciudad, se engalanaron los balcones,

especialmente los del palacio Velada, donde se alojaron

los reales huéspedes y la nobleza.

Entre ellos, se encontraba un elegante gentilhombre,

caballerizo de la reina,

el duque de Gandía, Francisco de Borja,

que será un día San Francisco de Borja.

En ese ambiente de fiesta, la relación de Teresa

con su primo, va a mayores y el padre, don Alonso,

no está dispuesto a permitirlo.

Puesta la ocasión, estaba a la mano el peligro.

Diríase que cuidaba a Dios contra mi voluntad

para que no me perdiese del todo, aunque no pudo ser tan secreto

que no saliera mi honra mal parada

y que mi padre no sospechase.

No llegó a ver Teresa la ceremonia en la que el príncipe

recibiría su traje de gentilhombre.

El día 13 de julio, su padre la encerraba

en el convento de Agustinas de Nuestra Señora de Gracia.

Los primeros días estuve preocupada.

Pero pronto se me pasó.

Las monjas estaban contentas conmigo, porque el Señor

siempre me dio gracia de caer bien

donde quiera que estuviese.

Pero yo, no quería de ninguna manera ser monja.

Así que, no dejaba el demonio de tentarme

y buscaba ponerme en contacto con «los de fuera».

Teresa era una mujer preparada para ser una gran señora,

era inteligente e ingeniosa, buena amazona, gran bailarina,

excelente cocinera.

El matrimonio era su destino.

En aquella época, el convento de Agustinas

era más una escuela para muchachas nobles y ricas

que un convento.

Ahí aprendían el breve equipaje necesario para su vida futura,

leer, escribir, el catecismo, música, bordado

y conocer las labores necesarias para llevar una casa.

Otras conocían ahí su vocación religiosa

y profesaban en algún convento.

Una de las monjas, Doña María Briceño,

llamó la atención de Teresa.

Dormía una monja con las que éramos seglares

y parece que por medio suyo, quiso el Señor darme alguna luz.

Me contó cómo había venido a ser monja,

sólo por leer lo que dice el Evangelio.

Y esta buena compañía fue haciéndome perder las costumbres

que habían hecho la mala.

Viene a despedirse su hermano mayor, que se va al Perú

con Francisco Pizarro.

¡Qué envidia!

Seguro que a Teresa le hubiera gustado ser hombre

para correr aventuras, conocer nuevas tierras,

convertir indios a la única y verdadera religión.

Pero, de momento, su destino era seguir en ese colegio-convento

un tiempo todavía.

Pero, viajemos de nuevo en el tiempo

y pongámonos en el año 1569.

Felipe II, ha otorgado poderes absolutos a la Inquisición.

Teresa ha fundado el convento de Toledo.

Por imposición de la princesa de Éboli, otro en Pastrana.

Se publica en Amberes la primera edición de la Biblia

en castellano.

Este hecho es importante, pues ya podrán leerla gentes

que ignoren el latín.

En 1570, Felipe II, que cuenta entonces con 43 años,

se casa por poderes con su sobrina

Ana de Austria Habsburgo, de 21 años.

Se establece la Inquisición en México y Perú.

Y la madre Teresa de Jesús funda el convento de Salamanca.

El rector de la Compañía de Jesús de Salamanca,

le propone fundar en su ciudad.

Teresa duda, por ser tan pobre el lugar,

considerando que lo es tanto Ávila,

«y nunca le falta», se decide.

No hablo de las dificultades

de los caminos, con frío, sol, nieve; perdernos las noches y los días,

buscar de nuevo la ruta y el tener yo poca salud,

pero el Señor daba fuerzas y con ellas,

parece que me olvidaba de mí.

Llegamos víspera de todos los santos.

Viendo la ciudad, ya le pareció a Teresa menos pobre.

Todavía no estaba construida la plaza mayor, en su lugar,

había un gran descampado que llamaban la plaza de San Martín.

Se la tenía por «la plaza más grande de la cristiandad».

La actual plaza,

tiene una superficie de unos 64.000 metros cuadrados,

sin contar los soportales.

Y tiene 88 arcos de medio punto.

Fue construida entre los años 1726 y 1759.

Es hoy el centro de la vida social de la ciudad universitaria.

Teníamos encomendado a un buen hombre,

de allí, que tuviese la casa desembarazada de unos estudiantes

que en ella vivían.

La casa era muy grande y desvencijada.

Temía mi compañera que alguno de los estudiantes

se hubiera escondido ahí y pasó miedo.

Yo la tranquilicé, pero ella me dijo:

«Madre, estoy pensando, si ahora me muriese yo aquí,

¿qué haríais vos sola?».

Sonaban las campanas de la noche de las Ánimas

y algo de temor sentí yo también,

pero le dije: «Hermana, cuando eso ocurra,

pensaré lo que he de hacer, ahora déjeme dormir».

Y el sueño quitó los miedos.

Estuvo el monasterio en esta casa, tres años.

Y en ella, empezó Teresa de Jesús a escribir

El libro de las Fundaciones

Y se dice que ahí también escribió

uno de sus más conocidos poemas, cuya primera estrofa conocen

cientos de miles de personas en el mundo.

Vivo sin vivir en mí Y tan alta vida espero,

que muero porque no muero.

Seguro que Teresa se interesó por la famosa Universidad,

la más antigua de España.

Creada en el S. XI, ostentó el título de Universidad

por real cédula de Alfonso X el Sabio,

con fecha de 9 de noviembre de 1.252.

Y con su proverbial sentido del humor,

seguro que buscó «la rana» de la Universidad.

Probablemente en su origen simbolizaba la lujuria

y era un recuerdo a los estudiantes,

varones todos en aquellos tiempos, deque debían centrar sus esfuerzos

en estudiar y no en entregarse al juego de los sentidos.

Todavía hoy, según la tradición, el estudiante

que no logra encontrar la rana, suspenderá el curso.

Aquí dio clase fray Luis de León entre los años 1560 y 1.570.

Fue profesor de un fraile de poca estatura, Juan de san Matías,

que luego sería conocido por fray Juan de la Cruz.

En marzo de 1572, la Inquisición lo encarcela en Valladolid.

Durante cinco años, fray Luis permanece aislado

en una celda de la Inquisición,

sin saber quién le acusa ni de qué se le acusa.

Los cargos fueron haber realizado una traducción

del Cantar de los Cantares,

uno de los libros de la Biblia.

Tras salir de la cárcel, regresó a dictar su cátedra.

Y retomó sus lecciones

con la frase "Dicebamus hesterna die", “Decíamos ayer”,

como si sus 5 años de prisión, no hubieran trascurrido.

Murió en Madrigal de las Altas Torres a los 63 años, en 1.591,

cuando preparaba una edición de la obra de su admirada

Santa Teresa de Jesús.

Sus restos, fueron llevados a Salamanca,

en cuya universidad descansan.

Cuatro meses después, a los 49 años, moriría en Jaén,

su mejor alumno, San Juan de la Cruz.

Sin duda, Teresa iría a menudo al convento de dominicos

de San Esteban, el de «nunca acabar»,

porque había sido comenzado en 1524 y no se terminaría hasta 1.610.

Cada escalón de esta escalera, podría contar mucho de la historia

y de la ciencia de este país.

Desde luego que Teresa de Ahumada los pisó todos y cada uno de ellos

y no una, sino muchas veces.

En cambio, Teresa no llegó a ver el Pórtico que se construyó en 1.590.

Apenas unos meses después de tomar posesión

de la casa de Salamanca, se empeñara el comendador del duque

de Alba y su esposa Doña Tereresa de Layz

en fundar otra en Alba de Tormes.

A esta señora, la habían casado moza,

pero no pudo tener hijos.

Era su obsesión y un día, tuvo una visión

en la que vio un pozo y oyó una voz que le decía:

«Otros hijos son estos que los que tú quieres».

Por entonces, envió el duque al marido

mirar sus propiedades en Alba.

Y a vivir ahí fue el matrimonio.

Nada más llegar, Doña Teresa vio un pozo igual que el de su visión.

Le contó todo a su marido y ambos pensaron que,

puesto que no podían tener hijos, el Señor les estaba ordenando

fundar un monasterio.

Dejaron su propia casa para dárnosla y ellos se fueron a otra más pobre.

Se puso el santísimo sacramento y se hizo la fundación

el día de la conversión de San Pablo, año de 1.571.

Dice la tradición que el mismo San Juan de la Cruz,

trabajó con sus manos en la construcción de este convento.

En cualquier caso, raro debió parecerle a Teresa

el fundar con comodidad y sin dificultades.

Quizás, que nunca se sabe, ya estuviera destinado el monasterio

para ser el lugar donde ella, en el momento del tránsito supremo,

pronunciaría estas últimas palabras:

«Tiempo es ya de que nos veamos, amado y Señor mío,

vamos en muy buena hora, cúmplase vuestra voluntad».

El destino es caprichoso y la que sería Santa Teresa

y el duque de Alba, general temido por su crueldad,

durmieron muy cerca el uno del otro el sueño eterno,

hasta que cada uno cogió su camino.

Quién sabe si en el otro mundo, también llevaron caminos diferentes.

Hoy, nuestro profesor de cocina Sergio Fernández,

ha decidido bajar al ruedo para hacernos un escabeche

de los de toda la vida.

Sumergir un pescado o una carne en un medio ácido,

nos garantiza que ese producto dure mucho más tiempo,

que coja sabor y aroma.

Esa es la finalidad del escabeche.

Escabeche que se ha utilizado a lo largo de los siglos

y que nosotros hoy,

elaboraremos unas truchas en escabeche.

Los ingredientes, muy conocidos y populares.

Nos ceñiremos a esas técnicas utilizadas hace unos cuantos siglos.

Emplearemos: truchas, cebollas, zanahorias,

algo de romero, laurel, pimienta y ajo

para dar sabor.

Se puede emplear también algún cítrico

y potenciar más el aroma, vinagre, vino, aceite

y un toque de sal.

De nuevo la huerta, nos ayuda a conseguir sabor.

En este caso, en el escabeche, por un lado, aceite de oliva.

Vamos a sofreír los ajos en láminas,

la apreciada pimienta, tan costosa.

Un toquecito de laurel y una ramita de romero.

Dejaremos que se vaya dorando para que deposite

el máximo sabor.

Cuando empiece a dorar,

incorporaremos el resto de ingredientes,

cuyos protagonistas son la cebolla y la zanahoria.

Cebolla que podemos cortar en tiras muy finas.

La cebolla también la vamos a incorporar

y el resto de ingredientes.

Importante, antes de añadir los vinos, vinagres de demás,

dejar que todos los ingredientes se pochen, mermen,

es decir, se hagan por completo y en ese momento, añadiremos

el resto de los líquidos, esos ácidos que van a ayudar

a que los productos conserven durante más tiempo.

Una vez que la hortalizas ya están tiernas, han pochado,

momento de añadir el vinagre y el vino blanco.

Continuamos con la cocción, tiene que reducir, evaporar

y perder ese sabor tan bravo.

Unos 15 minutos de cocción a fuego medio.

Por otro lado, toca freír las truchas,

previamente enharinadas, porque eso garantizaría

que no se rompiesen demasiado y que pudieran luego

estar en el escabeche sin problema.

Las vamos a ir friendo.

En algunos recetarios muy antiguos, veremos frituras elaboradas,

no con aceite de oliva, sino con manteca de cerdo.

Después de la matanza, había excedente de grasa

y se freían pescados y carnes en la manteca de cerdo.

El escabeche, ya ha cocido un buen rato,

ha cambiado de color, está cargado de sabor

y para ir rematando el plato, sólo nos falta

introducir en dicho escabeche las truchas,

que ya están bien doraditas.

Las vamos a meter con cuidado, que queden sumergidas.

daremos de nuevo un hervor de 10 minutos aproximadamente

para que cojan bien el sabor del escabeche.

Luego, las podremos degustar en frío o en caliente.

Una vez que hayan hervido, ya podrán conservarse

largo tiempo sin problema.

2.015, cinco siglos hace ya desde que vivió

la que dijo: También entre los pucheros,anda el Señor.

¿Cómo no iba a andar?, se decía ella.

Si con los pucheros, se hace el yantar de cada día.

Hoy, los pucheros y los fuegos, han cambiado,

pero la cocina evoluciona,

pero los productos son casi los mismos

y ojalá nos duren.

Vamos a comenzar a preparar el primer escabeche,

lleva zanahoria, cebolla, pimienta, laurel,

vino blanco, vinagre y un poquito de aceite.

Una cebolla cortada a juliana, la zanahoria de la misma manera.

Pasaremos a pocharla con aceite de oliva.

Una vez que tenemos la cebolla y la zanahoria,

la pimienta y el laurel, vamos a echar sal

para que vaya adornando, perdiendo ese agua.

Una vez que se estén pochando, esperamos a que esté tierna

y añadiremos el vinagre y el vino blanco.

Vamos a dejar hervir 5 minutos hasta que esté todo tierno.

Seguidamente, marcaremos el escabeche de cebolla roja,

que lleva: vinagre, vino tinto y jugo de remolacha

para darle color.

Como tercer escabeche, tendríamos el escabeche de cítricos,

que lleva: aceite, juliana de lima, juliana de naranja,

una ramita de romero, azúcar y zumos de naranja.

El primer escabeche, ya lo tenemos hirviendo

y en 10 minutos, ya lo tendríamos.

Sería del hervor al plato de la trucha,

limpia de espinas y con un poquito de sal.

Como tenemos ya el escabeche de cebolla roja

y el de cítricos en marcha, vamos a echarle azúcar

para matar esa acidez.

Esta receta, habría que dejarla `para tomar al día siguiente,

24 horas de reposo para que la trucha coja todos sus aromas.

Vamos con el escabeche de remolacha, cogemos otro chino

y reservando la cebolla para la hora de emplatar,

colamos el jugo.

Tenemos aquí el solidificante y con la ayuda de la batidora,

le vamos a dar cuerpo.

Se puede apreciar como una textura líquida,

hemos pasado a una consistencia de gel.

Procederemos a colar el cítrico, colamos el jugo.

La parte de la peladura, ya no nos va a valer.

Le hemos sacado todo su jugo y su color.

Dejaremos que cueza un poquitín, porque con el agua que utilizamos

para montar esta gelatina, necesitamos que tenga calor.

Ya está prácticamente espeso, ha pasado

de tener esa consistencia líquida a tener una consistencia untuosa,

de gel, que en cuanto pierda ese calor,

vamos a poder cortar.

Una vez que tenemos todos nuestros ingredientes,

vamos a pasar a emplatar.

Encima del disco de cítricos, vamos a poner una zanahoria,

luego pondremos la trucha con el escabeche de cebolla roja.

Vamos a poner unos puntos por el plato,

incorporaremos un color verde muy llamativo

de una verdurita de temporada, que son unas habitas tiernas.

A continuación, pondríamos el escabeche tradicional

que hemos desgrasado y enfriado un poco.

Lo hemos emulsionado dándole aire.

Terminaremos decorando el plato con cebollino fresco,

una flor de romero, que tenemos la suerte

de tener el romero en flor en toda la zona de Salamanca.

Este es nuestro plato.

La monja andariega, la llamaron despreciativamente.

Y sí, andariega resultó.

Fundó 17 conventos de las Carmelitas Descalzas.

Ávila, Medina del Campo, Malagón, Valladolid,

Toledo, Pastrana, Salamanca, Alba de Tormes,

Segovia, Beas de Segura, Sevilla, Caravaca de la Cruz,

Villanueva de la Jara, Palencia, Soria, Granada y Burgos.

También entre los pucheros anda El Señor - Salamanca y Alba de Tormes: Déjame dormir

26:41 14 oct 2017

En el capítulo 3 de esta serie documental se habla de la adolescencia de la Santa y de su estancia en un internado de señoritas. También, con un salto en el tiempo, se avanza hasta 1569 para asistir a la fundación de los conventos de Salamanca y Alba de Tormes. En la sección gastronómica, las truchas serán el plato principal del menú.

Histórico de emisiones:
31/10/2015

En el capítulo 3 de esta serie documental se habla de la adolescencia de la Santa y de su estancia en un internado de señoritas. También, con un salto en el tiempo, se avanza hasta 1569 para asistir a la fundación de los conventos de Salamanca y Alba de Tormes. En la sección gastronómica, las truchas serán el plato principal del menú.

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31/10/2015

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    27:59 04 nov 2017 Relato de la vida de SANTA TERESA que cuenta en paralelo cómo se cocinaba en los conventos de la época y cómo han llegado esos platos hasta hoy Histórico de emisiones: 28/11/2015

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