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Para todos los públicos Shalom - Jacobo Drachman: ¿sobrevivir en el infierno? - ver ahora
Transcripción completa

Muy buenos días.

Shalom.

Uno de los desafíos de "Shalom" es mantener la memoria viva.

Mantener la memoria histórica de las víctimas del holocausto.

Las personas que fueron masacradas

simplemente porque no pertenecían a la raza aria

y porque el ejército nazi decidió que ellos no merecían existir.

Hoy tenemos la suerte y el honor

de entrevistar a una de las personas

que pudieron sobrevivir después de muchos milagros

y muchas peripecias a esta barbarie nazi.

Muy buenos días, señor Drachman, bienvenido a "Shalom".

Lo mismo digo a ustedes por invitarme.

Señor Drachman, tenemos que empezar por el principio.

¿Qué edad tenía usted cuando empieza el horror nazi?

Cuando entraron los alemanes, yo nací en Lodz en 1935.

Tengo 84 años casi.

Y los vimos entrar, yo decía a mi madre:

"Parecen los patos verdes. Levantan los pies alto".

No entendía.

Como usted dijo, me llamo Jacob.

Soy un hombre muy rico.

¿Por? Tengo esposa,

dos hijas, un hijo,

nueve nietos y seis bisnietos.

"Baruj hashem", gracias a Dios.

Esa es mi venganza contra lo que me han hecho a mí

y a mi pueblo.

No alcanza,

pero eso puedo colaborar con eso y espero que haya más nietos

y más bisnietos. Si Dios quiere.

¿Cómo empieza, cuándo les avisan,

cuándo se dan cuenta ustedes que esto va en serio

y que las dimensiones son inimaginables?

Cuando entraron los alemanes, un poco antes todavía,

yo no sabía lo que era ser judío.

Tenía tres años, eran todo judíos.

Veía a mi abuelo con barba, todos con barba.

Y hablaba solo polaco, yo no hablaba yddish.

Vivía en mi patria, 800 años.

Un día estaban peleándose unos muchachos en el patio.

Bajé.

Vivíamos en un tercer piso.

Y les dije: "No se peleen. Los conozco a todos".

Uno se dio vuelta y me largó un "judío sarnoso".

En la cara, si fuera eso, alcanzaba,

pero me dio una pateadura en el vientre que me dejó...

Un balón.

Caí al piso, me puse a llorar. Extendía la mano.

No me ayudó nadie.

Todo el mundo se reía. "Zyd, Zyd, Zyd".

"Judío". ¡Sí!

Me fui al tercer piso en cuatro y de ese día, no llore más.

Hasta el día de hoy.

Escribí un libro. Se llama "Lágrimas secas".

Lloro pero no siento. Me encantaría.

Me operaron.

Allá, en una mesa no sé dónde,

porque los judíos no podían entrar en el hospital.

Y...

Estábamos cenando mi padre, mi madre y yo.

Ya los alemanes habían entrado,

paso a un mes o dos meses.

Golpean la puerta.

"Gibt es hier Juden?" "¿Hay judíos aquí?"

Venía una familia polaca de atrás:

"Zydzi, Zydzi, Zydzi".

"De un minuto agarran todo lo que tienen encima y bajan de la casa".

Me echaran de mi propia casa, en mitad de la cena.

"O bajan por la ventana del tercer piso o a pie".

Bajamos a pie.

Ahí empezó el martirio, porque nos pusieron en fila,

venían más judíos con carritos, seguimos caminando,

andandito.

De noche. Después de la cena.

Llegamos a un...

mercado, lo que se dice, patio grande.

"Balata" le decían.

Y nos dieron un papelito. A mi padre también.

Esta es su nueva dirección. Usted va a vivir allí provisionalmente.

Fuimos. Había una cama...

Una silla.

Una mesa y era una heladera eso del frío que hacía.

No había otra cosa.

Ya estábamos en el ghetto de Lodz.

Ese era mi lugar en el ghetto.

¿Cuánto tiempo estuvieron ustedes en ese ghetto en esas condiciones?

En el ghetto hasta agosto del 44.

Casi cuatro años y medio.

Señor Drachman no toda la familia sale del ghetto,

ni siquiera a los campos de concentración.

Su abuelo... Perece en el ghetto.

El único que llegó a Crveni krst es mi abuelo.

Ahora, después de lo que le hicieron,

lo mataron.

Nos parábamos en filas, en cola para cuando repartían pan.

¿Qué hizo mi madre?

Se sacó... La estrella.

La Estrella.

Se paró en la cola, conmigo en brazos, a las 2:00 de la mañana.

Y venía un camión.

Si veían a un judío, nos sacaban a los golpes.

Eran tan...

Buenísimos, que nos afeitaban.

Me afeitaban la mitad de la barba con la piel.

Y tiraban al piso.

Mi madre me decía: "Reíte".

Todo el mundo se reía.

Los que estaban en la cola. Me reí.

Mamá dijo: "Reíte". Me reí.

Para hacer pasar como si no fueran judíos.

Mi madre se rió, pero yo vi la mueca de mi madre.

No, no, no.

A mi abuelo le hicieron lo mismo.

Le cortaron la barba, llegó a casa

y lloraba.

Agarró una toalla, se tapó la cara así con la toalla,

lloró dos semanas.

Quedó así.

Hasta que una vez dijeron

a las dos o tres de la mañana:

"Mendel, tu padre está mal, ven a verlo".

Nos fuimos a ver. Parecía un esqueleto el hombre.

En la cama, lleno de gente.

lleno.

Y me acuerdo que mi abuelo se miraba las manos.

"Falta poco pero no puedo llegar". "Falta poco".

"¿A donde queréis?" A mi abuelo... Yo no sé.

De repente dijo: "Que venga Yankele".

Yo vine, lo que te conté antes, me puso la mano acá,

y apenas pude sentir lo que decía.

No... Le vi mover los labios.

Bajó la mano, se dio vuelta a la pared y se murió.

Le dio su bendición antes de irse de este mundo.

Sí, sí.

Señor Drachman, generalmente tenemos entendido

que a los jovencitos, niños y niñas,

hasta los 13 años, los mataban directamente.

Claro.

¿Cómo Yankele subsiste?

Yo, cuando tenía nueve años,

desembarqué en Birkenau.

(Música)

Cuando cerraron el ghetto de Lodz me llevaron a Birkenau.

Yo estaba en el último vagón.

30 vagones, bajé del lado izquierdo de los rieles.

Donde esta la casilla esa, el puente, pasamos por ahí,

fuimos a la izquierda.

De este lado venían pasando transportes y no volvían.

Nosotros parados, no sabían lo que hacer con nosotros,

porque salimos de una fábrica, eran todos trabajadores.

Y así estamos parados.

Nos sacaron la ropa, las valijas, lo que teníamos.

Me acuerdo que mi mamá dice "dame a Yankele, me lo llevo".

Me agarré de la mano de mi padre y digo: "No voy contigo".

Me quedo con papá.

Y dijo dejala, dejala, dejala.

Salió de este lado, había una barra acá, bien arreglada.

Salió un señor vestido con chaqueta negra, elegante.

Y se puso a contar

Drachma, número tanto, Friedel, número tanto.

Gimovich... Nombres que yo recuerdo.

Mi papá tenía número bajo, yo tenía número alto.

Y, ¿qué dijo?

"¿Was macht der kleiner Schwein hier?"

"¿El chancho chiquito qué hace aquí?"

Dice: "Sí, es que es el hijo de un maestro que trabaja.

"No, raus! Sheisse!

"Basura".

Me mandó a otra fila.

Yo miré la fila había guijos, gente con lentes,

pelirrojos...

Odiaban a los pelirrojos ¿por qué eso?

Yo le llegaba hasta acá.

Yo estoy en la fila y... Yo me tengo que ir de acá.

¿Con nueve años?

¿Con nueve años usted...?

Usted ya controla cuál es el peligro.

Ya pasé el ghetto.

En el ghetto yo no conté nada del ghetto.

Cuento cosas del ghetto y...

Y empezaron a marchar.

70 personas acá, a la derecha, de a dos, y de este lado de a cinco.

Marchen, marchen, llegamos a un puentecito,

al otro lado decía que había "der Himmelstrasse",

el camino al cielo.

Ya... Eso no me gustó.

Era alto...

Dos metros de altura, con perros,

me arrimé y cuando el alemán me pasó,

me tiré para la otra fila.

Y estos fueron para allá. Derecho al crematorio número cinco.

Gente que yo conocía, tratábamos juntos.

Y a mí me metieron en la sauna.

Me bañaron, me cortaron el pelo...

Y entramos, de Birkenau, en Zigeuner Lager,

eso es el campo de los gitanos.

Yo no veía gitanos pero... Se quedó con ese nombre.

Yo entre a Auschwitz de contrabando.

¿Usted recuerda el día de la liberación de los campos?

¿Cómo lo vivió?

¿Qué edad tenía y dónde estaba?

Yo estaba en Theresienstadt.

Fuimos la marcha de la muerte hasta Theresienstadt.

Una ciudad preciosa, con alemanes buenos,

nos dieron de comer.

Era una muestra para el mundo.

Y... Mi madre estaba en otro lado. Yo la fui a visitar.

Fui a buscar a mi madre y vi que entró

un soldado distinto con una moto.

Y empezó a manejar.

Y el arma que tenía era un arma así,

con una cosa redonda.

¿Qué sé lo que es?

Y los alemanes se suben arriba de los camiones,

dejaban a las mujeres y se iban.

Se sacaban los uniformes

y de repente había una bandera blanca arriba.

Volvía donde estaba mi papá.

Mi papá se había agarrado tifus de tanto comer.

Me dijo: "Yankele, ¿qué vistes?"

Todo el mundo sabía que yo había salido.

"Vi un tipo raro," le digo. Y una bandera blanca. Rompieron.

Y salieron todos para afuera. Estaba en cuarentena. Había tifus.

Salimos, nos juntamos con mi papá. Con mi mamá.

Dormimos en el piso.

Nos abrazamos.

Sí, después de tanto tiempo...

Mamá me decía: "Qué chiquito que sos".

¿Cómo se retoma la vida cuando uno ha pasado por el infierno?

Tuve un buen filtro.

La República oriental de Uruguay.

El mejor asado... ¿Cómo llega usted a Uruguay?

Nosotros nos embarcamos para Israel.

Desde Landsberg.

Llegamos a Génova.

Y yo le dije: "Yo me vuelvo a París".

Volvimos a París.

Estuvimos un año en París.

Hablaba francés, a esas alturas con 11 o 12 años.

Señor Drachman, nosotros le bendecimos,

apoyamos la bendición de su abuelo.

En la cariño con el que usted nos recibe

y ha compartido con nosotros vivencias muy personales.

Cierto.

Tiene usted la firme promesa nuestra,

del equipo y de todos los amigos

del programa "Shalom" de mantener vivo este recuerdo.

¿Quién fue que me dijo "porque naciste judío"?

No, no. Solo porque nací. Yo no sabía lo que era ser judío.

Solo por nacer me han hecho eso,

esa era mi vida y yo no tenía otra cosa,

pasé el bombardeo de Dresden.

Pasé muchas cosas. Que no suceda nunca más. Nunca más.

Pero...

Estoy en duda. No solamente con los judíos.

"De Jacobo Drachman nos admira la alegría,

las ganas de vivir,

la sonrisa valiente del hombre que no se asusta de nada.

Pero disfruta de todo.

Jacobo Drachman,

uno de los pocos que sobrevivieron

y que se atrevieron a seguir viviendo,

a formar una familia.

Sea este nuestro testimonio homenaje

a todos aquellos que fueron cruelmente silenciados".

(Música)

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Shalom - Jacobo Drachman: ¿sobrevivir en el infierno?

05 may 2019

Nosotros hoy en Shalom les tenemos un testimonio especial contado en primera persona, la tragedia de uno de los pocos que sobrevivieron a ese horror: Jacobo Drachman .

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