Shalom La 2

Shalom

Domingo a las 09:15 horas

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Para todos los públicos Shalom - Convertir la oración en una partitura - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Muy buenos días, "shalom".

Hoy nos enfrentamos en "Shalom" a un tema muy especial que, además,

es un desafío para cualquier persona de fe:

La oración.

Cómo lees repetidamente el mismo texto

y llegas a hacerlo tuyo;

cómo llegas a leer este texto, que puede ser rutinario,

y no dejas que sea rutina

y lo conviertes en devoción y en pasión.

Cómo consigues que ese texto te comuniqué con Dios

y, sobre todo, contigo mismo.

Es un gran desafío

para el que tenemos un gran invitado.

La tefila, que es la oración o la conversación con Dios,

lamentablemente entra dentro de todo el grupo de conversaciones

que fue caído en desuso por las personas.

No hablamos, no dialogamos,

no conversamos ni con nosotros mismos ni con el prójimo

y menos con Dios.

E incluso aquellos que todavía practican este hábito de la tefila,

el rezo, la oración en cualquier religión,

quizás no la hacen,

o nos la hacemos con el contenido ni la esencia que debería tener.

La oración, la tefila,

es único mandamiento según la tradición hebrea,

un mandamiento de los 613 mandamientos.

Y aquí se hace presente la primera pregunta:

¿cómo puede ser un mandamiento rezar?

Se supone, en principio,

que rezar es un privilegio o un derecho que uno tiene

para poder hablar con Dios si necesitas algo.

¿Por qué me tiene que ordenar Dios a mí rezarle?

Y segunda pregunta:

es que cuando uno reza, ora o pide algo a Dios

es porque le falta algo,

porque está sufriendo o porque le duele,

está enfermo o anhela algo.

Si nos detenemos a pensar,

¿quizás no es un acto de herejía?

¿Acaso nosotros estamos autorizados para venir a recordarle a Dios

lo que tiene que hacer?

"-Mira, Dios, no me siento bien, por favor cúrame.

-Ah, me olvidé".

¿Cómo que Dios se olvido?

¿Acaso Dios lo sabe todo

y no se supone que lo que nos sucede es para nuestro bien,

el hombre de fe?

Estas son preguntas que plantean los grandes teólogos y pensadores

de todos los tiempos con respecto a la oración.

Y estas preguntas las hacemos

en función de la comprensión superficial de la oración.

Por eso hay que entender bien qué es hablar con Dios.

En hebreo, el verbo de rezar se dice:

(HABLA EN HEBREO)

Es un verbo,

en su composición gramatical, es un verbo reflexivo,

que se realiza en un mismo.

Este otro verbo que no es un verbo reflexivo,

es un verbo interactivo,

actúa hacia el exterior, es juzgar.

Entonces, sería gramaticalmente autojuzgarse.

La traducción formal de lo que usualmente se usa

para la terminología de rezar en hebreo es realmente autojuzgarse,

juzgarse a uno mismo.

Entonces,

aquí se empieza un poco a aclarar el panorama de qué es la oración.

Cuando uno se pone frente a Dios y empieza a hablar con él,

entonces, en realidad...

Nosotros no tenemos que recordarle a Dios que nos duele la cabeza

ni que me siento mal, ni que necesitó plata

o un amigo o no estoy casado o tengo un problema,

no tengo que recordarle porque él lo sabe.

Y él sabe lo que es mejor para mí.

Y lo que no es mejor para mí.

Y va a procurar, porque Dios nos ama y nos quiere a todos.

Entonces como lo que tenemos que hacer es:

nos ponemos delante de Dios y le contamos lo que nos pasa,

ese contarle lo que nos pasa

nos hace a nosotros tomar conciencia de nosotros mismos,

de nuestros errores;

de que Dios nos quiere, de que nosotros dependemos de Dios.

Y todo eso hace un cambio en nuestra personalidad.

En realidad, es un acto de meditación,

es un acto de inspiración.

No es el pedido de un favor a un dios pagano,

es la inspiración del hombre en el dios creador del universo

que ama a la humanidad,

que no quiere nuestros honores ni nuestras alabanzas,

quiere nuestra introspección, nuestra elevación espiritual,

que salga de nosotros mismos.

(Música)

Es tan intima la conversación que mantenemos con Dios

que se dice "Bendito tú, Dios"

y no "Tu majestad" o "Usted" o "Su excelencia".

Lo pronunciamos tuteando.

Tú, vos.

E incluso también no existe el género cuando se habla con Dios.

En hebreo, existe "tú" masculino y "tú" femenino.

Se utilizan los dos.

Y todo eso es como para que uno, tanto un hombre como una mujer,

puedan inspirarse en Dios

para encontrar soluciones para sus vidas.

Dios va a hacer lo que él tiene que hacer

rezando o no rezando,

pero nosotros, si rezamos,

vamos a hacer mucho mejor lo que tenemos que hacer nosotros

para mejorar nuestra vida.

Si Dios nos quiere tanto

y él nos lo puede dar todo,

a veces no entendemos por qué Dios no nos concede

lo que uno le pide y que uno piensa que es lo mejor para uno mismo.

Hay un elemento que hay que tener en cuenta

cuando uno reza

y es no hacer depender la respuesta de nuestro pedido

a la fe que tenemos en Dios.

Se nos presentan en la vida

muchas personas que tienen necesidades,

unos rezan y otros también rezan;

unos reciben sus pedidos y otros no.

Entonces, ¿por qué uno los recibieron y otros no?

¿Y por qué uno va a creer más en Dios

y el otro no va a creer porque no recibió?

En realidad, los seres humanos,

de acuerdo a nuestra Torá y de acuerdo a la lógica

y el sentido común, somos limitados,

no podemos comprender más allá de una porción de la película

de la historia de la humanidad.

Y sí podemos sentir lo que es cómodo y lo que es incómodo,

lo que es doloroso y gratificante.

Pero el bien y el mal a nivel macro y total,

incluso sobre nosotros mismos, no lo podemos comprender.

Nosotros no sabemos qué es exactamente lo bueno para cada uno.

Por eso,

el rezo no es solamente la búsqueda de una solución

a un pedido específico,

es el fortalecimiento de la fe,

más allá del desenlace que tenga el rezo.

¿Fue concedida mi oración, no fue concedida?

No importa,

la oración tiene como objetivo fortalecer mi fe en Dios

y con el dolor o con la solución,

igual voy a fortalecer la fe en Dios.

Entonces, cuando uno se pregunta: "Bueno, yo recé, oré".

No, esto no se trata de pedir:

"Por favor, por favor, dale, Dios, dame esto".

No es eso.

Es fortalecer tu fe.

(Música)

Y, al fin y al cabo,

cuando leemos las personas de fe que nos enfrentamos a esta oración,

siempre es el mismo texto,

¿cómo consigue uno no hacerlo rutina y poner en él el corazón,

la devoción, la pasión

y hacerlo el propio diálogo?

De acuerdo a la tradición, a la ley, literalmente,

no existe un texto para hablar con Dios.

Es más,

Dios no quiere que tengamos

una especie de discurso preparado para hablar con él.

Porque el discurso,

aunque es algo correcto

porque uno elige las palabras correctas,

puede poseer el desmedro de que se torne una rutina

y no salga del corazón.

Y el resto se llama en hebreo el trabajo del corazón.

La idea es que uno hable con Dios y se movilice el corazón.

Me está escuchando el creador del universo;

si uno habla con un presidente o un rey,

¿cuánto uno se emociona?

Más allá de que si te concede o no te concede, te emocionaste,

lo saludaste, le agradeciste.

Incluso le pediste, aunque no te lo concedió.

Movilizó tu corazón.

Para ello, tienes que tener dos requisitos,

para que se movilice el corazón.

Y esto es una ley halájica en el judaísmo.

Primero:

uno, cuando reza,

tiene que tener conciencia

de que está hablando con el creador del mundo.

La concentración de que hablo con el creador,

con el rey del universo.

Y segundo: entender lo que uno saca de su boca,

entender.

Porque si no entiende, el corazón no se moviliza.

Por eso es verdad,

los sabios establecieron un texto para los rezos

porque la gente no sabía rezar, se perdió un poco el protocolo.

Y cierto protocolo hay que mantener porque si no,

a uno no le hace efecto.

Es como una guía,

los textos que establecieron los sabios para el rezo principal,

que se hace todos los días tres veces por día es como una guía.

Pero podemos caer el riesgo de caer en la rutina, la monotonía,

en la falta de entusiasmo.

Por ello, se recomienda,

primero que uno rece en el idioma que entiende,

porque si va a rezar en un idioma que no entiende,

¿cómo se va a emocionar?

Y también se recomienda, incluso es muy interesante,

la melodía y el canto,

porque, a veces, cuando no podemos entender las palabras,

la música toca las vibras más profundas del alma.

E incluso con esos dos elementos también se puede incorporar

en el medio de los rezos.

Se llama así porque se hace de pie,

se recita de pie.

Hay que agregar algo de tu corazón que no está en el texto

y eso te va a servir para redoblar la emoción

para que haya una calidez en el corazón

y una comunión con Dios.

Y eso ayuda.

Usted trabaja muchísimo con gente joven.

La gente joven está acostumbrada a manejar muchos idiomas

y habla con jóvenes de otros países

y casi buscamos la conversación con otra galaxia.

No siempre la gente joven busca hablar con Dios.

¿Cómo podemos conseguir que sea un desafío para el joven de hoy?

Los jóvenes están llenos de un entusiasmo,

una fuerza y un poder increíbles.

Y hoy más,

porque hoy los jóvenes están estimulados

por un montón de elementos que los rodean en la sociedad de hoy

y que los hacen estar siempre alerta, activos.

Pero, por otro lado,

están tan ocupados atendiendo todos esos estímulos,

que tienen poco tiempo para la introspección.

Y es muy útil, más para un joven que para un anciano,

el hablar con Dios.

Porque hablar con Dios es un poco descubrirse a uno mismo.

Los jóvenes tienen que ser guiados por alguien

que les pueda hablar en el idioma de ellos

y explicarles la importancia que tiene el rezar,

el rezarle a Dios.

Por eso,

lo primero que hay que fortalecer antes de rezar a alguien

es fortalecerle la fe en ese alguien que, en este caso, es Dios.

Entonces,

los jóvenes deben aprender a vivir acompañados de Dios,

incluso con toda esta modernidad y este avance tecnológico,

que no está mal, está bueno,

pero hay que tener a Dios siempre acompañado al lado.

Esta es una pregunta un poco personal.

Todos tenemos una figura de inspiración,

alguien al que hemos decir tefilá,

decir una oración sintiendo que habla con Dios.

¿Cuál sería en su caso este personaje que le ha inspirado?

Yo tuve muchos maestros, me inspiré en muchas personas:

rabinos, sabios...

Pero la que más me inspiró para rezar fue mi abuela.

Mi abuela nació en Alepo, Siria,

y solamente hablaba árabe y francés.

Y no sabía leer en hebreo, tampoco sabía rezar .

Pero cuando yo iba a dormir a casa de mi abuela,

todas las mañanas se levantaba y ponía la mano en la Mezuzá

y rezaba en árabe al Dios de Israel, no importa, el Dios de Israel,

a Alá, a Dios...

Rezaba, pedía por sus hijos, pedía por ella,

pedía por los nietos y yo me estremecía de emoción

cuando veía a mi abuela.

La mujer que mejor reza, entre paréntesis lo digo,

porque aprendemos nosotros todos los rezos de...

La mujer tiene una sensibilidad especial,

una espiritualidad especial.

Y mi abuela me lo trasmitió tan bien

que todavía estoy tratando de llegar a su nivel.

(Música)

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Shalom - Convertir la oración en una partitura

24 mar 2019

Uno de los desafíos a los que se enfrenta el hombre de fe es ¿cómo conseguir conectar con la oración si los textos de la oración son textos fijos? ¿cómo conseguir emocionarse cada vez que uno los recita?

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