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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 95 - ver ahora
Transcripción completa

Y Julio, tu marido... -¿Cómo sabes...?

-Me lo han dicho los vecinos. ¿Ha sido él quien te ha hecho eso?

-Somos policías. -Tu mujer nos ha autorizado a entrar.

-¿Mi mujer? ¿Dónde está ella?

-Eh, tu mujer está a salvo.

A salvo de ti.

-¿Pero cómo..., cómo lo han dejado libre?

-Verás, no tenía cargos suficientes para mantenerlo en prisión,

tampoco tenía antecedentes ni ninguna denuncia previa.

Pero no te preocupes porque el juez

lo ha puesto en libertad con una orden de alejamiento.

Escucha, ¿tenemos algo nuevo de esa mujer maltratada?

Eh... -Pepi Montilla, señor comisario.

-No, nada nuevo.

-No sé quién es. ¿Me estás diciendo la verdad?

Lo más probable es que intente ir otra vez a por tu jefe.

¿Seguro que no le conoces, Jairo? No.

-Este va a ser tu primer trabajito para mí.

¿Eh?

Así que te cepillas a la rata de Quintero

-Toma.

Ya le avisé a Manolo de que no lo iba a hacer.

-Si alguien ha firmado aquí su sentencia de muerte es él.

-Tu tiempo se ha acabado, Jairo.

(GRITA)

¡Hermano, hermano!

-Si no es por vosotros no lo cuento, ¡menos mal!

A ese señor no lo conozco de nada.

¿Por qué no me dejáis irme a mi casa?

¡Se me están empezando a hinchar las pelotas!

O me dices la verdad o te reviento ahora mismo.

¡Oficial Batista!

Está bien, Jairo, puedes irte.

Borré la información del ordenador de Marcelino,

pero me quedé con una copia de los documentos.

-Ten cuidado, Sergio,

porque tanta ambición no es buena.

-Lo mejor será que te vayas bien lejos y desaparezcas un tiempo.

Las cosas por aquí ya se están complicando demasiado.

-¿De dónde has sacado esto?

-Llámalo intuición policial.

-Oye, ¿esto qué significa?

-Pues que pasó una temporadita en la cárcel por prenderle fuego

a una fábrica donde le habían despedido a la muchacha.

-¡Oye, que no me llames más!

¡No, que no me llames, que me molestas!

¡Que estoy trabajando, por favor! ¡No me llames más!

-A esta tía le falta un tornillo.

-Hemos hecho lo correcto rompiendo, ¿vale?

Ahora solo que tiene que pasar un tiempo sin vernos.

-¿Qué me estás diciendo, Max?

-Pues que quizá deberías buscarte otro gimnasio.

-Qué ciega he estado este tiempo, de verdad.

-Ciega, ¿por qué? -Por no ver lo que tenía delante.

-O sea que te vienes conmigo.

-No, pero te prometo que aquí me tendrás a tu vuelta,

esperando que me cuentes lo bien que te lo has pasado.

-Vale. Eh, un momento.

-"El otro día en el callejón te libraste por los pelos".

Pero eso no va a volver a ocurrir.

"Con el Algecireño no se juega".

Se confirma lo que sospechábamos.

El Algecireño fue quien intentó matar a Quintero.

Y se confirma que mi hermano nos ha estado mintiendo

Está en calle Cinco rosas, hotel Las Américas.

-Soy Max, voy a entrar, ¿vale?

Tapaos. Vale.

Teresa, ¿pero qué estás haciendo?

-Quieto ahí. -¿Eso es gasolina?

-Papá, ¿qué pasa? ¿A qué huele?

-Pues pasa que voy a quemar el gimnasio con nosotros dentro.

(Música emocionante)

Deja el mechero, Teresa, ¡no cometas una locura!

-¿Y por qué no iba a cometerla?

¿Acaso no piensas que soy una loca peligrosa?

-No, yo no he dicho eso.

-¿No me dejaste por eso? ¿Eh?

¿No es eso lo que pensaste cuando leíste mi expediente?

-¡Por Dios, yo no pienso eso, pienso que eres maravillosa!

-No mientas, Max, se te da fatal.

-Por favor, no miento, ¡te lo juro! -Ahora me está resultando patético.

-Escúchame, Teresa, escúchame. -¡Que no te voy a escuchar!

¡Que no quiero escucharte!

Sé que tus amigos, los polis, te fueron con el cuento

y por eso me dejaste, me humillaste, me trataste como una basura, sí.

-Que no, que no, yo te aprecio.

Hemos pasado muy buenos momentos juntos difíciles de olvidar.

-Te has aprovechado de mí como ha hecho todo el mundo.

-No, Teresa, no soy como los demás.

Dame una oportunidad, retomemos esta relación.

(PATY LLORA) -Paty, por favor, tranquilízate.

¡Tranquilízate!

-Déjala, ojalá se muera.

Ella es tan responsable como tú de esto que está pasando.

-No, ella no tiene nada que ver. -Claro que sí.

Es una mala persona, como su padre.

-Escúchame, Teresa. Deja el mechero y hablemos.

-¡Que no quiero hablar!

¿Vale? ¡Que no dices más que mentiras!

Pero, a partir de ahora, eso se acabó.

Te voy a demostrar de lo que soy capaz.

-¡Pero por favor, no nos hagas daño, por favor!

(SE BURLA) -Que no nos hagas daño, por favor.

Eres patética, niña.

-¿Pero por qué nos estás haciendo esto?

¡No te hemos hecho daño, déjanos salir!

-Seguro que sí, que ahora eres una santa, ¿verdad?

La niñita inocente.

¿A que no te sentías así cuando te dejabas fotografiar en bolas?

¿Eh?

Por favor, dile que se calle, que deje de gimotear,

¡que me está poniendo nerviosa! -Vale, vale.

-¡Que se calle! -Vale, vale.

Tranquila, Paty, Paty, cariño. -¡No!

¿Vale? Tranquilízate, Paty, por favor.

Solo podremos salir de aquí si hacemos lo que dice.

Tranquila.

Tranquila, cariño, tranquila.

Respira, respira.

Escúchame, Teresa, escúchame, ¿vale?

Entiendo que estés enfadada conmigo, ¿vale?

Me he portado mal, te he hecho daño.

-Me has traicionado

y lo peor de todo es que yo creía en ti.

-Escúchame.

Conmigo puedes hacer lo que quieras, pero Paty no tiene nada que ver.

Déjala marchar, por favor.

Esto lo tenemos que solucionar entre tú y yo, ¡tú y yo!

-¡Quieta ahí, eh!

Aquí no se mueve nadie u os juro que ardemos todos ahora mismo.

¡Ni te acerques!

-¿Pero qué es lo que está pasando aquí?

-Ha echado gasolina en todo el vestuario,

¡quiere prender el gimnasio!

-Hola, soy Nacha.

¿Me dices cómo te llamas?

-No hace falta que gastes saliva conmigo, guapa.

Nadie me va a convencer de que me vuelva atrás.

-Yo no pretendo convencerte de nada, solo quiero saber qué te pasa.

-¿Por qué me lo preguntas?

-Porque está claro que estás sufriendo, ¿me equivoco?

Yo solo quiero ayudarte.

Soy una experta en tener que sufrir.

-¿Qué sabrás tú?

-Sé cómo ayudarte.

-A mí no me ha ayudado nadie nunca.

-Pues ya es hora de que eso cambie.

Habitación 220, es la que nos han dado en recepción.

Lo que hemos hablado. Patada en la puerta, voy para dentro y me cubres.

Podría estar dentro. Hay que entrar sin armar lío.

Vale. Policía, ábranos la puerta, por favor.

Y váyase de aquí corriendo, por su bien.

(Carro)

Al baño, Alicia.

Ni rastro del Algecireño. ¿Dónde se habrá metido este tío?

(RESOPLA)

¿Por qué no me cuentas qué te pasa?

Háblame de ti.

A veces sienta bien contarle a alguien cómo te sientes.

-¿Que cómo me siento?

Me siento un bicho raro.

¿Tú sabes lo que es no encajar nunca en ningún sitio?

-Lo sé perfectamente.

Pero dime, ¿por qué crees que no encajas?

-Pues no lo sé, pero siempre ha sido así, toda la vida.

Desde que era una cría.

En el colegio..., bueno, es que era un saco de huesos,

toda desgarbada. Me llamaban "bicho palo".

Era una apestada.

-Los niños a veces pueden ser muy crueles.

-Si tenían razón,

a mí tampoco me gustaba mi cuerpo.

Y encima me pusieron unas gafas horrorosas.

Era una auténtica friki.

-No te creo.

¿Te has visto lo bonita que eres?

(SE RÍE) -Gracias.

-Eres preciosa.

-Mi trabajo me ha costado.

Y mi dinero también.

Es todo falso.

Pero ni aun así.

-No te hace falta, de verdad.

¿Te has visto? Eres muy linda, en serio.

-Yo no me veo así.

-Normal.

Necesitas que haya alguien en este mundo

que reconozca todos tus esfuerzos, ¿verdad?

-La gente me sigue viendo como el bicho raro que he sido siempre.

Pero claro, tú no lo puedes entender.

-Lo entiendo

porque yo muchas veces me he sentido ese bicho raro en Colombia.

-¿Por qué?

(SUSPIRA)

-¿Sabes lo que es ser una niña lesbiana en mi país?

Si tú crees que este país es machista,

date una vuelta por el mío.

¿Sabes qué es no poder compartir con nadie

que te gusta una niña de tu clase?

¿Y tener que estar siempre reprimiendo tus sentimientos

y tus emociones

y no podérselo contar ni siquiera a nadie de tu familia?

-Ha tenido que ser duro para ti, sí.

-Lo ha sido.

Pero lo he superado y tú también puedes hacerlo.

-Yo, no. -Dime cómo te llamas.

-Teresa.

-Ven, Teresa. Dame eso.

Dámelo, tranquila.

Tranquila.

(LLORA) -¡Me quiero morir!

-Todo va a estar bien.

(LLORA) -¡Me quiero morir! -Todo va a estar bien.

Tranquila, ya está, ya pasó.

Laura, intenta geolocalizar el teléfono del Algecireño de nuevo.

Estoy en su habitación y no hay ni rastro de él.

Qué extraño, la señal de rastreo me indica

que está en el mismo lugar. "Pues algo no encaja".

Estoy en su habitación y no está.

A ver, no puedo afinar tanto la búsqueda

para decirte en qué habitación está, pero está en el hotel.

Mirad, no sé, en la cafetería o el gimnasio.

Rober está chequeando las cámaras de seguridad,

yo voy a seguir buscando. Cualquier cosa, me dices.

"Hecho". Gracias.

He registrado el hotel de arriba abajo.

Ni rastro del Algecireño.

Nos la ha jugado, pero bien.

Igual se coscó de que le estábamos rastreando el móvil.

Hay que encontrar a Jairo.

Amenazó a Quintero y a mi hermano.

No da señal.

Pues hay que encontrarle y deprisa. Vamos.

Yo voy al hospital a ver a Quintero. Dónde se habrá metido este tío.

(ACENTO RUSO) Te agradezco que me acompañaras ayer.

Me hiciste gran favor ayudándome.

-No hay de qué.

-¿Ocurre algo, Olga?

-No.

Está todo bien.

-¿Seguro?

Ya te voy conociendo un poco

y te veo muy preocupada.

Estás muy callada.

-Bueno, es que yo...

te quería hacer una pregunta, pero me da un poco de corte.

-¿Es que no confías en mí?

-Bueno, quería saber quién es mi padre.

Vale, perdón, a lo mejor no te lo tenía que haber preguntado.

-No, al contrario.

Tienes todo el derecho a preguntarme. Es normal que quieras saber de él.

¿Qué quieres que te cuente?

-Pues..., no sé, cómo era, dónde os conocisteis,

¿estabais muy enamorados?

-No fue amor de película, si es eso lo que te imaginas.

La verdad, duró muy poco nuestra relación.

-¿Y dónde lo conociste?

En Rostov. Estaba cumpliendo servicio militar en base cercana.

No era muy alto ni muy fuerte,

pero tenía los ojos más bonitos y profundos que yo había visto nunca.

Azules como el mar, como los tuyos.

-¿Y por qué dices que vuestro amor no duró mucho?

-Le destinaron a Chechenia antes de que yo me enterara

de que estaba embarazada

y le escribí para contárselo, pero nunca me contestó.

-¿Se desentendió de ti?

-Eso creí yo al principio, pero...

luego me enteré de que había muerto en combate.

-Pues yo no sé por qué dices que no es un amor de película.

A mí sí que me lo parece.

-Puede ser, pero tuvo un final muy triste.

-¿Y cómo se llamaba?

-Vasili. Vasili Bulgakov.

Tenía solo 22 años.

-¿Y nunca pensaste en tener más hijos?

No he encontrado a la persona para dar ese paso o...

a lo mejor tenía miedo de perder otro hijo como te perdí a ti.

-Pues la verdad es que me hubiese gustado tener hermanos.

No sé, alguien con...

quien compartir tus cosas o tener recuerdos en común.

-No quiero verte triste. ¿Eh?

-Bueno, yo es que te tengo que pedir otra cosa.

Mis padres quieren conocerte.

-¿Cuándo?

-Les gustaría que fueses esta noche a casa.

-Eh... ¿No podríamos dejarlo para otro día?

La verdad es que no me siento preparada para verme con ellos.

-No, ¿pero por qué? Que son muy majos. Te van a gustar.

-No, si seguro que lo son,

pero no me siento cómoda de conocerles.

Son tus padres adoptivos y no sé qué van a pensar de mí.

-Sofiya, ellos no piensan nada, por eso quieren conocerte.

Les vas a gustar.

-La verdad que preferiría dejarlo para más adelante.

-Mira, esta es una manera de normalizar las cosas, ¿sabes?

Y a mí también me gustaría que los conocieses.

-Está bien.

Si es tan importante para ti, lo haré por ti.

Sí, sí, sí, entendido, entendido.

Se lo agradezco de todas formas, ¿eh?

Bueno, qué le vamos a hacer.

Muchas gracias. Buenas tardes.

La embajada española ha tramitado nuestra petición

a través del consulado de Rostov y han contestado

que todos los archivos del orfanato han ardido en un incendio.

No podemos obtener ninguna información de Sofiya

a través de esta vía.

Toda la documentación estaba en ese orfanato.

¿Y ahora qué hacemos?

(RECHISTA)

Yo no puedo investigar si es un caso personal.

Ya. No sé.

Solo se me ocurre que tenemos que mantener la calma.

Tampoco tenemos por qué sospechar de ella.

Bueno, porque tú lo digas.

Aquí hay algo que no me deja tranquila.

No te embales.

que se haya acercado a Olga fingiendo que es una fan?

¿Eh? ¿La verdad? No.

Si me hubieses dicho que sí ya no sabría qué pensar.

¿Y que se reúna con ella a espaldas de nosotros?

¿Qué?

Ay, ¿qué quieres que piense? Lo mismo que tú, la verdad.

Pero bueno, ¿qué podemos hacer?

Para eso hemos querido conocer a esta mujer,

para ver qué hay detrás.

¿Y si no quiere venir? ¿Por qué no va a querer venir?

Pues no lo sé, porque oculte algo, porque tenga miedo de nosotros o...

Oye, Olga había quedado en llamar y todavía no sabemos nada.

Mira, es ella. Pues cógeselo. Venga.

Hola. -"Hola, papá".

Que he estado hablando con Sofiya y le parece bien ir esta noche.

¿Qué os parece?

-¿Qué me va a parecer? Estupendo. Tenemos muchas ganas de conocerla.

Sí, precisamente lo estoy hablando con tu madre ahora.

"Oye, ¿qué te parece si hago algo de cenar? ¿Qué le puede gustar?".

-No, no, papá, déjate de cenas. Solo conocerse.

-Bueno, venga, pues vale, pues ya está.

¿Qué te parece después del trabajo, si le va bien?

-Vale, gracias, papá. Luego no vemos. -"Bueno".

-Pues ya está, nos vemos esta noche los cuatro.

(SUSPIRA) -Te confieso que estoy como flan de nerviosa.

-Sí, como un flan.

Pero no te preocupes, que va a ir todo genial.

-Ojalá.

Bueno, yo me tengo que ir al trabajo.

Hasta luego.

-Nos vemos esta noche. (SUSURRA) -Sí.

Olga.

Muchas gracias.

-No tienes que dármelas.

Yo solo hago lo que creo que es justo.

Pues habrá que ir pensando qué le vamos a decir.

Yo creo que nos tendría que dar toda la información

para que la podamos contrastar.

Cuidado, inspectora, que no es una detenida.

No la vayas a someter a un interrogatorio.

Perdona, Antonio, preguntar habrá que preguntar.

Ya, pero bueno, habrá que hacerlo con pies de plomo.

Piensa en Olga. Hay que hacerlo con tacto.

¿Qué? ¿Qué?

¡Desde luego!

Desde luego eres mi hombre tranquilo.

¡Anda! Que tengo mucho lío en comisaría

y no me va a dar tiempo ni a pensar. Chao.

Adiós, mujer alterada.

Ya te daré yo alteración.

(Puerta)

Tío, ¿pero dónde te habías metido?

¿Que dónde me he metido? ¿Ha pasado algo?

¿Te crees que soy tonto o qué?

¿Dónde vas? ¿Que dónde voy?

Hermano, me voy a Tarifa, a casa de unos colegas unos días.

¿Y no me dices nada?

¿Después de que me quisieras pegar en comisaría?

No me apetece contarte mis vacaciones.

Vale, ¿cómo vas allí? En bus.

Si tú me dejas pasar, claro.

Te dejaré pasar cuando me enseñes tus bolsillos.

¿Que me vas, a cachear? ¡Quítate!

¿Qué pasa, que hace falta pasaporte para ir a Tarifa, Jairo?

Claro que no hace falta pasaporte para ir a Tarifa,

pero se quieren dar un salto al Moro y allí sí que hace falta, listo.

¿No será porque te está buscando el Algecireño?

¿No te habrá amenazado de muerte? ¿Es eso?

¡Qué muerte ni qué muerte, tío! Era un borracho que me quería robar.

Mira, Jairo, no soy tonto, ¿vale? Os hemos oído.

¿Nos has oído de qué?

Lo que oyes, que te teníamos el teléfono pinchado.

Hostia.

Estoy bien, maldita sea. Estoy mejor que nunca.

(SE QUEJA) -Pues mejor para usted.

Pero de aquí no sale hasta que no le den el alta.

-Esto es peor que la cárcel.

Si me lo permite, me gustaría hablar con el señor Quintero.

Vaya, qué sorpresa.

No esperaba que vinieses a visitarme.

Te aseguro que no estoy aquí por gusto.

He venido a protegerte.

(SE RÍE)

¿A protegerme de qué?

¿De las enfermeras?

(SE BURLA)

De Manolo, el Algecireño.

Sabemos que quiere matarte,

aunque supongo que eso no es ninguna sorpresa.

¿De dónde sacas que quiere matarme?

De él mismo.

Hemos oído una llamada de teléfono

que le ha hecho a Jairo amenazándole con mataros a los dos.

(SE QUEJA)

¿Cómo está Jairo? ¿Está bien?

Está perfectamente. Su hermano está con él.

De todas formas, si tanto te preocupa su salud,

¿por qué no me cuentas la verdad?

Sabemos que tienes algo con él y algo muy peligroso.

(SUSPIRA)

Pues verás, ahora que lo dices...

Creo que sí, que estoy empezando a recordar quién es ese tío.

¿Ah, sí? Sí.

Cuando vinisteis el otro día y me enseñasteis unas fotos,

estaba todavía un poco aturdido y confundido con tanto calmante,

pero he estado intentando hacer memoria y...

sí, creo que sé quién es.

Pues desembucha.

(SE RÍE)

Fue hace un tiempo, se presentó en mi oficina, en mi despacho.

Quería contratar unos transportes

para traer pescado de la lonja de Algeciras a MercaMadrid.

Estuvimos intentando llegar a un acuerdo,

pero, al final, no se cerró ningún negocio.

¿Y qué pasó?

¿Que se pudrió el pescado?

(SE RÍE)

Y por eso decidió matarte.

Yo qué sé, qué quieres que yo le haga.

hay mucha gente desquiciada por el mundo, ¿verdad?

Además sois vosotros los que decís que ese tipo es un narcotraficante.

Esa gente no suele aceptar un no por respuesta.

Pues yo tengo otra teoría. ¿Ah, sí?

Sí, creo que el Algecireño traía droga del norte de África

y necesitaba a alguien que la llevara por Europa.

Y qué mejor que un empresario transportista

como Quintero para hacerlo.

Yo no cerré ningún negocio con ese tipo.

Pues yo creo que sí,

que cerraste bastantes y ganasteis mucha pasta

y tú tuviste el ojo de desviar el dinero a paraísos fiscales.

Pero las cosas se torcieron para tu socio

cuando lo encarcelaron. ¿Voy bien?

Yo creo que solo estás especulando.

(SE RÍE) Y algo tuvo que pasar entre vosotros

para que se rompiera vuestra tierna amistad.

Probablemente, que tú se la jugaste mientras él estaba en la cárcel

queriendo quedarte con todo el pastel.

Y claro, cuando él salió tenía un buen motivo para matarte:

recuperar todo lo que era suyo.

Me parece a mí que has visto demasiadas películas, Alicia.

Soy más de series.

¿Y sabes qué, Quintero?

Que las de narcotraficantes son mis favoritas.

Sí, me han dicho que últimamente se han puesto muy de moda, ¿verdad?

(Móvil)

¿Sí? "¿Qué tal va todo por ahí?".

Bien, todo en calma, ni rastro del Algecireño.

Aquí le tengo, conmigo, aunque por poco se me escapa.

Le he pillado con la maleta hecha.

Me voy a tener que quedar con él. Bueno, no te preocupes.

Por aquí está todo controlado.

Ante cualquier cosa que necesite, pediré refuerzos.

Vale. Ándate con ojo con las visitas de nuestro amigo.

Descuida. Un beso.

Confirmado. Jairo está perfectamente.

Me alegra mucho, le tengo mucho aprecio a ese chico.

Es un buen tipo.

Sí, la verdad es que sí.

Pero, desde luego, no gracias a ti.

Voy a estar en la puerta vigilando,

así que, si te decides a contarme la verdad

sobre tu relación con el Algecireño, no tienes más que llamarme.

¿La verdad? ¿Qué verdad, Alicia?

¿La película que me acabas de contar?

Tú sabrás.

Pero de lo que cuentes depende tu vida.

Alicia está vigilando la habitación de Quintero.

¿Y cómo está mi jefe? De momento, bien.

No me mires así, hermano, que no hay para tanto.

¿Que no hay para tanto? ¿En qué mundo vives, tío?

¿Te pregunto si conoces al Algecireño y me mientes?

¿Qué querías que hiciera si estaba amenazado?

Pues habérmelo dicho. Ahora le tendríamos detenido.

Vale, pues lo siento.

Lo siento, todo lo arreglas con eso.

Lo que más me revienta es que hayas dejado

que Alicia se coma el marrón. No te equivoques.

Que Alicia estuviera detenida me hizo querer confesar.

Me presenté en comisaría y, cuando iba a hacerlo,

comunican que Quintero se ha despertado. No hacía falta.

No sirve de nada que te dé explicaciones.

Me piro de aquí. No te vas a ninguna parte.

Te quedas para que te proteja. ¿Me vas a acompañar al baño?

Lo que haga falta hasta que aparezca el Algecireño.

Pues siento decirte esto, pero no puedes obligarme a quedarme,

a no ser que nos matemos y que me ganes

o que me detengas por algo. ¿Debería hacerlo?

Venga, hazlo.

Mira, Jairo, déjalo, no puedo.

Pues me voy.

Jairo, eres mi hermano pequeño

y te voy a defender siempre, por mucho que te moleste.

Si te quedas, no te va a pasar nada,

pero como te vayas, te olvidas de mí.

Jairo, tío, eres mi hermano. Solucionemos esto juntos.

Tengo a Alicia vigilando a Quintero en su habitación

y un par de agentes patrullando en el perímetro exterior.

No habéis encontrado nada en el hotel.

Nada, el Algecireño es perro viejo y se las sabe todas.

Vamos a poner unas tronchas de todas maneras en el hotel

por si le da por volver. Vale, ahora mando un K.

Esta vez no se nos puede escapar.

No te preocupes, más tarde o más temprano le pillaremos.

En algún momento el bicho tendrá que asomar el hocico de la madriguera.

Esperemos que sea antes

de que atente contra la vida de alguien más.

Adelante.

Perdona, Miralles, solo quería entregarte

las diligencias del gimnasio. Espera. Pasa.

Estamos al tanto de todo, Nacha, y tu intervención ha sido crucial.

Enhorabuena, de verdad. Gracias.

Has hecho un gran trabajo, Nacha, estamos muy orgullosos de ti.

Cuenta con una mención en mi informe de esta semana.

Al fin y al cabo, esa mujer solo necesitaba a alguien

que se tomara el tiempo de escucharla.

Espero reciba el tratamiento adecuado y pueda curarse.

No te quites mérito, Nacha.

Has solucionado una situación muy peligrosa

con mucha mano izquierda y psicología.

Tú siempre has sido alguien de acción directa, pero

sin dejar de serlo, has adquirido otros recursos

que son muy importantes para un policía.

Muchas gracias. Agradezco las palabras de los dos.

Puedes retirarte. Permiso.

-Oye, me acabo de enterar de lo del gimnasio.

¿Qué tal estás? -Bien, no ha sido para tanto.

-¿En serio? Pero si toda la comisaría habla

de cómo has salvado el gimnasio de arder en llamas.

-Ni caso, ya sabes que les gusta exagerar.

-Bueno, no es lo que dicen Max y Paty.

-Pobres. asaron un mal rato, ¿eh?

¿Qué le dijiste a la mujer para que se tranquilizara?

-Me puse a hablarle de mi vida, ¡yo qué sé!

Cosas de mi adolescencia, traté de empatizar con ella,

que se diera cuenta de que no es la única

que alguna vez se ha sentido rechazada.

Al fin y al cabo, esa mujer lo único que necesitaba

era un poco de cariño. Como todo el mundo, supongo, ¿no?

Bueno, ¿qué? ¿Cenamos o qué?

Yo no tengo hambre, Rober.

Tengo ganas de irme a dormir.

Vale, pues antes de que te vayas, quiero preguntarte algo.

A ver.

Me gustaría saber el motivo de todas tus mentiras.

Si es porque le tienes miedo al Algecireño

o porque si hablabas podías delatar a Quintero.

Qué más da el motivo.

A mí no me da igual.

Si es porque tienes miedo, lo entiendo.

Lo que no sé es por qué defiendes tanto a Quintero.

¿Por qué no lo voy a defender, si se porta bien conmigo?

¿Es porque te ha dado trabajo?

No solo por eso, por más cosas.

Ya, pero es que no entiendo el motivo de que seas tan leal.

¿Por dinero?

No, Rober, no es por dinero.

Lo único que me importa no es el dinero.

¿Y entonces?

Entonces, me protege, entonces, se porta bien conmigo.

Es como un padre.

Ya, pero no es tu padre, Jairo, no le debes nada.

Ya sé que no es mi padre.

Mi padre era un desgraciado que maltrataba a mi madre

y que está en la cárcel.

Quintero es mejor persona de lo que nunca fue mi padre.

Pero no quiere decir que sea buena persona.

(RESOPLA) ¿Y qué más da?

A veces pienso que es la única persona que se preocupa por mí.

Hermano, yo también confío en ti.

Eso es mentira, Rober, tú no confías en mí.

Tú me quieres, pero si confiases en mí

no me tratarías como me tratas.

Ya.

Mira, a mí no me gusta mentirte, pero a veces no me queda otra.

Quiero que sepas una cosa.

Interrogándome todo el tiempo lo que consigues al final

es que acabe metido en la misma mierda de la que me quieres librar.

Pues lo siento mucho porque no era mi intención.

(Puerta)

Hola.

No, solo que ya no esperábamos a nadie.

Lo siento, es que venía a ver a Jairo.

Claro. Pasa.

-Hombre, Paty, qué sorpresa.

¿Ha pasado algo?

-No. -Siéntate.

-Quería saber si..., si seguías enfadado conmigo

por no haberme ido de viaje.

-No, hombre, no.

Pues claro que no estoy enfadado, no te agobies.

-Es que te noté triste.

-Que no, de verdad, no te preocupes. Mira, te digo una cosa.

Me he dado cuenta de que era una propuesta estúpida.

-No digas eso, no.

Yo te agradezco un motón que me hayas invitado.

-¿Ah, sí? -Sí.

Y, si hubiera sido en otras circunstancias,

seguramente hasta me habría ido contigo.

(SE RÍE) -¡Paty!

Eso no sé yo si creérmelo, ¿eh?

Si lo dices con esa cara, así, de pena,

me suena a excusa para darme ánimos.

-Que no, que te lo digo muy en serio.

Nada, lo que pasa es que hoy me ha pasado una movida en el gimnasio

de película. -¿Qué te ha pasado?

-Pues que a una exnovia de mi padre se le ha ido la olla

y ha intentado quemar el gimnasio con nosotros dentro.

Te lo juro. -¿En serio?

-Sí. -Joder.

Qué bestia.

Bueno, estáis todos bien, ¿no? -Sí, sí, bueno, ahora sí, claro.

-Pues yo he tenido que suspender mi viaje.

-¿Y eso?

(SUSPIRA)

-Motivos familiares, pero mejor no hablemos de eso.

-Pues mira, yo me alegro de que lo hayas suspendido.

Bueno, mejor, mejor me voy.

Que... bueno, que ya nos veremos por ahí.

Solamente quería decirte eso, ya está.

-Vale.

-Hasta luego.

-¿Pero tengo cara de estar vacilándote?

Estuvimos a punto de terminar a lo bonzo

y salir en todos los telediarios.

-Me pillo una tarde libre y se monta la marimorena en el barrio.

-Ya ves, casi no lo contamos. -¿Cómo estás?

-Bien. Bueno...

La verdad es que me ha hecho pensar. Yo qué sé, estoy de bajón.

-Ya, bueno, pero ha acabado todo bien.

-Para una mujer que se enamora de mí, mira cómo termina.

No, Elías, mi tiempo ha pasado.

-Venga, Max, no te pongas en plan víctima.

Si llevas años llevándote de calle a las mujeres.

Ojalá tuviera yo el arte que tienes tú para ligar.

-Una cosa es ligar y otra que se enamore una mujer de ti.

-Es mucho mejor lo primero. -No, de eso nada.

Sabes que en el pasado ligaba a montones.

Pero ahora veo la vida de otra manera.

No sé, las relaciones pasajeras no me gustan, no me van.

-Venga, Max, que seguro que aparece una mujer capaz de aguantarte.

-Ojalá.

-Hombre, mira, la heroína del día.

-Qué exagerado.

¿Qué tal estás, más tranquilo? -Bueno, mejor.

Aunque el olor a gasolina va a tardar en irse del vestuario.

-Mujeres.

-¿Qué será de Tere?

-Estará bien. Lo más probable es

que el juez dictamine su ingreso en un centro de salud mental.

-Bueno, es el mejor sitio donde puede estar esa mujer, ¿no?

-Sí, supongo que sí.

Aunque me da pena que todo haya terminado así.

-Por ella. -Y por mí.

Por mí también.

Gracias por salvar mi vida y la de mi hija.

-No es nada.

De verdad que me siento contenta de que todo haya podido salir bien.

-Bueno, no tardéis mucho, ¿vale?

Voy a hacer unas cosillas. Me quiero ir a descansar.

-Perfecto. -(ASIENTE)

Oye, ¿tú no deberías también ir a descansar un poco?

-Creo que me va a venir mejor darle puñetazos al saco.

-Venga. -¡Eh!

Hoy has hecho un buen trabajo.

-¿Quieres decir que no ha ido mal para ser una tía?

-No, quiero decir que eres una gran policía

y que me siento muy orgulloso de que seas mi compañera.

-Venga, ¿me cambio y le damos al saco?

-Por favor, lo necesito. -Vamos.

Te puedes ir a cenar, ya me quedo yo.

¿Qué haces de pie? ¿No tendrías que estar en la cama?

No te vayas a poner ahora también como la bruja de la enfermera.

Necesitaba esturar las piernas.

Estoy harto de tanta cama.

Si quieres, te acompaño a dar un paseo por el corredor.

No, no hace falta que me saques a andar por el pasillo

como si yo fuese un viejete. Tranquila.

¿Qué querías?

He venido a darte otra oportunidad para que colabores.

(SE RÍE)

(SUSPIRA)

¿Alguna otra cosa?

Si colaboras y nos ayudas a meter a tu amigo en la cárcel,

podríamos conseguirte una reducción en la condena.

Además, estoy segura de que no solo nos puedes entregar al Algecireño.

¿Adónde quieres llegar?

A que sé que conoces a otros traficantes

y el Algecireño no es el más importante.

Sabemos que tienes información de otros

que también traen droga del Estrecho.

Si nos ayudas, podríamos conseguirte un buen trato con la justicia.

Hablamos de peces gordos. Verás, Alicia.

Yo ya te lo he dicho varias veces, pero te lo repito.

No tengo nada que ver con asuntos de drogas.

Mis camiones solo llevan mercancía legal

y ya pudisteis comprobarlo

cuando vinisteis a registrar mi empresa de arriba abajo.

¿Cierto?

No.

Claro que no es cierto.

Verás, eh...

Me han disparado.

Estoy convaleciente.

No creo que sea un buen momento

para soportar la presión de un interrogatorio.

No es bueno para mi salud.

(ASIENTE)

Muy bien.

Allá tú si quieres pudrirte en la cárcel con tu amigo.

Pero luego no digas que no te he ofrecido una salida.

Desde luego, tu madre tenía razón

cuando decía que a testaruda no había quien te ganara.

Estoy harta

de escucharte hablar de mi madre.

Harta de que me digas lo mucho que os conocíais

y de la confianza que os teníais.

Yo solo digo la verdad, Alicia.

Tu madre y yo nos queríamos.

Y las personas que se quieren se lo cuentan todo.

Mírame.

¿Quieres hacerme alguna otra pregunta?

¿De verdad mi madre sabía qué tipo de hombre eras?

Sí, sí que lo sabía, sí.

Tu madre me conocía mejor que nadie

y sabía cuáles eran mis defectos.

Todo el mundo los tiene, ¿no?

Pero, a pesar de eso, me quería

más que a nada.

Y tú lo sabes.

¿Verdad, Alicia?

Sabes que tu madre estaba verdaderamente enamorada de mí.

No sé cómo pudo estar con alguien como tú.

Verás, yo entiendo que todo esto te duela.

Escucharlo y, sobre todo, aceptarlo, pero así es.

Tu madre y yo éramos tal para cual.

Y entre nosotros nunca hubo secretos.

Y por eso la mataste.

Porque sabía demasiadas cosas sobre ti.

Yo no tuve nada que ver con ese accidente, Alicia.

Te lo he dicho mil veces.

no tuve nada que ver con ese desgraciado accidente.

Mientes, como me has mentido siempre y como mientes en todo.

Quietos los dos.

Y tú más vale que no muevas un dedo, Fernando.

(Puerta)

¿Quieres dejar las cosas donde están?

Que no voy a encontrar nada cuando lo necesite.

No seas exagerado, si está todo igual.

Lo que quiero es que esté perfecto, ya está.

Está todo perfecto, deja las cosas en su sitio.

No voy a reconocer dónde vivo.

Anda que... De verdad.

Y entonces, ¿qué hago?

Tengo una angustia, Antonio.

Relájate un poquito, respira despacito

y ya está, exhala despacito.

¡Deja las cosas! Que va a ir todo bien.

¿Cómo lo haces? Dime cómo lo haces para estar tan tranquilo.

¿Quieres que te lo diga? Sí, por favor.

Estando tan nervioso como tú, pero llevando la profesión por dentro.

No sabes lo que daría por hacerlo como tú.

¿Ah, sí? ¿Cuándo? Todos los días.

Pregunta a cualquier policía de Distrito Sur.

Todos te dirán la sangre fría que tiene su jefa,

incluso en las peores circunstancias. ¿Sí? ¿Dicen eso?

No te hagas la tonta, que lo sabes perfectamente.

Es posible que en la comisaría sepa mantener la calma,

pero aquí no puedo, es que no puedo.

Mira, mejor, no quiero una "Superwoman" en casa.

No lo soy, muy a mi pesar. ¿Por qué dices eso?

Tengo un miedo atroz a perder a Olga.

No, eso no va a pasar.

Antonio, es su madre.

Yo ya sé que la hemos cuidado desde pequeña,

¿pero la sangre? ¿Qué sangre ni qué sangre?

¡No!

Vamos a tranquilizarnos, ¿vale? Ya, si lo que pasa es

que tengo un montón de sentimientos contradictorios.

Por un lado, yo quiero lo mejor para Olga.

Y es posible que eso sea conocer a su madre

y saber de dónde viene, pero...,

pero me da un miedo horrible

que esa mujer sea estupenda y que la quiera y...,

y cuando pienso eso es que me siento tan ruin que...

¡Tú no eres ruin!

(Puerta)

-Ya está aquí.

Pasa, pasa.

Encantada. Yo soy Claudia, él es Antonio, mi marido.

Ya nos conocemos. Encantado.

Sofía, ¿verdad? ¿Se dice así? No sé.

Bueno, más o menos. Sofiya.

Sofiya. Pues...

pasa, pasa, no nos vamos a quedar aquí todo el día.

Siéntate, por favor. Gracias.

-¿Cómo has entrado aquí? -Soy un tío escurridizo.

Me he colado como una anguila entre los maderos.

Además, se me da muy bien hacer de médico.

¿Quieres que te lo demuestre

y te extirpo aquí mismo el hígado?

-¿Qué vas a hacer con ella?

-De momento no la voy a matar.

Prefiero interrogarla, a ver qué sabe la Policía de mí.

-Déjala en paz, ella no tiene que ver con lo nuestro.

-Mucho interés tienes en la chica, socio.

¿Qué pasa, ahora te gustan jóvenes?

No me digas que te pone. -¡No digas tonterías!

-Reconozco que tiene su cosita, la muchacha.

Pero no es mi tipo.

A mí me gustan las mujeres de verdad, con curvas.

¿Tú has visto las gachís que pintaba Romero de Torres?

Sí, eso sí que eran reales hembras.

-No dejas de sorprenderme, Manolo.

Ahora va a resultar que eres crítico de arte, ¿no?

-Reconozco que los tienes bien puestos.

De risas cuando sabes que vas a morir.

Ole tú.

¿Qué estás haciendo, Fernando?

¿Qué tienes, un arma en el colchón?

Parece que sí, y de las gordas.

(SE RÍE)

-No deberías haberte arriesgado tanto.

Podrías haber enviado a cualquiera de tus sicarios

"Si quieres hacer algo bien, hazlo tú mismo".

-No quería que te libraras, como las otras tres veces.

-¿Tres veces? ¿De qué estás hablando?

-Ya intenté matarte antes de que te dispararan en tu despacho.

¿No lo sabías?

-¿Cuándo?

-Aún estaba en la cárcel. Di la orden desde la celda,

con la pena que fue tu acompañante quien la espichó y no tú.

Creo que se llamaba Carmen, ¿no?

quien dio la orden para que nos sacaran de la carretera?

-El todoterreno tenía que sacarlo de la carretera

para que os estamparais.

Pero tú tuviste suerte y te libraste.

Tenía que preparar mi salida de la cárcel

y necesitaba el campo libre para retomar mis negocios, Fernando.

Tú siempre fuiste un estorbo.

-Ella murió por tu culpa.

-Fue un daño colateral.

-Te juro que te voy a matar, Manolo, por todo lo que has hecho.

-Pues yo no soy peor que tú.

Realmente, tú provocaste su muerte.

-Será mejor que acabes con lo que has venido a hacer

porque si no me matas tú, te mataré yo.

-¿Ah, sí?

¿Y cómo, Fernando? ¿Me lo quieres contar?

Se acabó la conversación.

Hasta nunca, Fernando.

¡Quieto!

No me va mal de limpiadora.

Lo que no llevo tan bien es tener que compartir piso.

Ya, claro.

La verdad es que, en España,

el tema del alquiler está difícil, están muy caros.

Sí, yo no podría alquilar piso sola.

Pero bueno, no me puedo quejar de cómo van las cosas.

Me alegro.

No debe ser fácil empezar desde cero, ¿no?

Y puedo..., ¿podemos hacerle una pregunta?

Claro.

¿Cómo...,

cómo supo, cómo intuyó que Olga era su hija? ¿Cómo...?

Me lo dijeron en el orfanato.

Pero nos hemos enterado de que allí ya no queda ningún documento.

El jardinero del orfanato me dijo

que la hija mía había sido adoptada por un matrimonio español.

Torres Miralles.

Ah.

-¿Tiene algún documento que acredite que Olga es su hija?

-Tengo el parte de nacimiento del hospital

en el que di a Olga.

-Sí, hemos visto esos papeles,

pero lo único que acreditan es que usted tuvo una hija,

pero no que esa hija fuera Olga. -Ya.

Pero la tuvo el mismo día que nací yo.

Claro, cariño, pero...

ese día, seguramente, nacieron muchas niñas

y a algunas de ellas, probablemente, las llevaron al mismo orfanato.

Además, no podemos acceder a los datos del orfanato

porque un incendio arrasó con todos los archivos.

-Yo no necesito ningún archivo para saber que Olga es mi hija.

Lo siento cuando la miro.

Me reconozco en ella.

-Ya, pero...

tendrá usted que entender que para nosotros no es suficiente.

Lo sentimos, pero usted comprenderá que,

en una situación así,

necesitamos pruebas.

Y solo podríamos tener la certeza de que usted es su madre

si accediera a hacerse unas pruebas de ADN.

-¿Perdón?

¿Por qué tanta desconfianza? No, cariño, no es desconfianza.

Esto es, esto es algo muy importante

y tenemos que estar seguros.

Claro, porque puede ser una estafadora, ¿no?

No, Olga, no, yo...

No pongas en nuestra boca algo que tu padre y yo no hemos dicho.

Solo queremos estar seguros, Olga, y si Sofiya también quiere eso,

la única manera es acceder a esas pruebas.

-No tengo ningún inconveniente en hacerme pruebas.

Así demostraré que Olga es mi hija.

(SUSPIRA)

¿No podríamos llegar a un arreglo, guapa?

El único arreglo posible es que te lleve detenido a comisaría.

Dime lo que quieres a cambio de dejarme marchar.

Puedo darte un buen pellizco.

Lo único que quiero es que pagues por todo lo que has hecho,

empezando por la muerte de mi madre.

Sí, has escuchado bien.

Esa mujer de la que hablabas era mi madre.

Yo no sabía...

¿Y qué más te da, verdad?

Es muy duro perder a una madre.

Por eso estoy dispuesto a ser extremadamente generoso contigo.

Piénsalo.

Después de todo, tu madre ya está muerta.

En eso no podemos hacer nada.

Sin embargo, ¿por qué no sacar provecho de todo esto?

No me vas a comprar ni por todo el oro del mundo.

Te vas a pudrir en la cárcel durante mucho tiempo.

Tu madre

se merecía lo que le pasó.

Si no se hubiera liado con Fernando,

ahora todavía estaría viva.

Ella se buscó lo que le pasó. ¡Cállate!

¿A quién quieres engañar?

Eres incapaz de matar a una mosca.

-Vamos, dispárale, Alicia. No te lo pienses más.

Estás deseando acabar con él

porque la rabia forma parte de la condición humana.

Cállate, Quintero.

Venga, dispara.

Este cerdo merece morir.

Él es el culpable de la muerte de tu madre,

él la mató.

¡Véngate y acaba con esta pesadilla! ¡Mándalo al infierno!

¡He dicho que te calles!

¿Por qué no?

Alicia, si lo estás deseando.

Vamos, acaba con él.

Estoy oliendo tu sed de venganza.

No te engañes a ti misma, pequeña.

Estás deseando matarlo, ¿verdad?

Hazlo.

(SUSURRA) Sí.

Me encantaría matarte.

No puedes dispararme.

Eso sería un asesinato a sangre fría.

Entonces serías tú la que se pudriría en la cárcel.

-No, si yo digo que fue en defensa propia.

Podemos hacerlo, Alicia.

Podemos preparar la escena todavía, antes de que lleguen tus compañeros.

Dispara.

-No lo oigas, está loco.

-¡Dispara, Alicia!

Acaba con esta pesadilla que tienes y venga la muerte de tu madre.

Él fue el que la mató.

Mírame. Si no eres capaz de hacerlo,

dame la pistola, que lo haga yo.

Vamos.

Lleváoslo.

(Puerta)

Tú no querías que le matara para que me vengara de él,

querías que lo matara para que no declarara en tu contra

y para que no contara todo lo que sabe sobre ti.

Pero yo no quiero venganza.

Quiero justicia.

El siguiente serás tú.

¿Pusiste tu vida en peligro para salvar a ese indeseable?

Papá, es mi deber.

Además, quiero verlo entre rejas, no bajo tierra.

¿Se sabe quién intentó matarle?

Este hombre es el responsable de la muerte de mamá.

Nosotros solo queremos saber si esa mujer es tu madre

y ya está. ¿Es tan raro?

A ti te encantaría que no fuese mi madre, ¿verdad?

Eso ha sido muy injusto, Olga.

Tu abuelo siempre me apoyó para que viniera a España a buscarte

y ahora él me necesita.

Pero escúchame bien.

Yo te prometo

que voy a volver a España a estar contigo.

-Yo me voy contigo.

-¿Y tus padres?

-Bueno, ellos van a tener que entenderlo.

-Nunca debí hacer tratos con él.

Pero ahora va a responder por sus delitos.

No tengo ninguna prueba contra él.

Pero el Algecireño sí, papá. Y odia a Quintero.

Mira, tenemos que trabajar juntos

y debemos ser capaces de hacerlo sin esta tensión,

dejando a un lado temas personales, ¿vale?

Precisamente son temas profesionales los que me tienen así de tensa.

-Dice que está muy arrepentido,

que soy la mujer de su vida, que me quiere con locura

y que no lo va a volver a hacer. -Pepi, eso lo dicen todos.

Claro que lo va a volver a hacer. -Es mi marido.

Voy a quitar la denuncia.

-El crítico gastronómico viene hoy.

-¿Hoy? ¿Pero cómo me lo sueltas así, de sopetón?

-Oye, encima de que te aviso, no te quejes.

-Si al menos supiera quién es, podría centrarme en él.

Me podrías dar una pista.

La muerte de mi madre fue un error.

Tendrías que haber muerto tú en su lugar.

No me hubiese importado nada en absoluto.

Yo habría dado mi vida por ella.

Si tu madre vino a verme aquella noche no fue un error,

fue porque me amaba.

Quizá amaba a la persona que creía que eras.

Mi madre jamás se habría enamorado de un narcotraficante.

-Debería ir buscando a una sustituta.

¿De qué estás hablando, Lola?

No quiero continuar en la UFAM ni en esta comisaría.

Voy a pedir el traslado.

-Ha fallado cada vez que ha intentado quitarme del mapa,

pero no va a desaprovechar la oportunidad de verme entre rejas.

-Fernando, ¿qué hacemos?

-Hay que impedir a toda costa que el Algecireño hable.

he encontrado un vuelo barato a Rostov y aún quedan plazas".

¿Que estás preparando un viaje con Sofiya a Rusia?

¿No pensabas consultarnos?

Le ofrecimos asistencia psicológica y jurídica en la ONG

de cara al juicio y ella aceptó, pero ni ha venido ni da señales.

-No contesta.

-¿Y si el marido se ha saltado la orden de alejamiento?

  • Capítulo 95

Servir y proteger - Capítulo 95

08 sep 2017

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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