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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 94 - ver ahora
Transcripción completa

-El traslado se hará cuando lo dicte el juez, vamos.

Ese sinvergüenza, por mí, que se pudra en el calabozo.

Buenos días. Buenos días.

-Eres Pepi, ¿verdad? ¿Y Julio tu marido?

-¿Cómo lo sabes? -Me lo han dicho los vecinos.

¿Ha sido él quien te ha hecho eso?

-Vienen muchas mujeres que están en tu misma situación.

Cuando quieren reaccionar, ya es tarde.

Tú estás viviendo un infierno, ¿no?

Te podemos ayudar.

Ningún hombre debe hacerte esto.

-Somos policías. -Tu mujer nos ha autorizado a entrar.

-¿Mi mujer? ¿Dónde está? -Tu mujer está a salvo.

A salvo de ti. -No te quiero alejar de tus padres.

-Lo sé. -Yo solo quiero formar

parte de tu vida, estar cerca de ti.

Si te está chantajeando por algo,

cuéntanoslo, no te vamos a regañar, vamos a estar aquí para ayudarte.

Tú no lo entiendes. A mí Sofiya nunca me haría nada malo.

-¿Cómo puedes estar tan segura? -¡Porque es mi madre!

Si la pierdo, Antonio.

Eso no va a pasar, ya verás como esto nos une más.

Ya lo verás. Venga.

Se puso en contacto con Olga a través de su videoblog de cocina.

¿Seguro que es su madre biológica?

No tengo más datos que los que tienes.

No podéis dejar que se vea con ella a solas.

Hay que averiguar de quién se trata. Conoces muy poco a Sofiya,

confías en ella. ¿Y si te miente? -Pero, mamá,

conociéndola a ella me voy a conocer más a mí.

¿O no ves bien que quiera saber de mis orígenes y de mi madre?

-¿Por qué no la conocemos nosotros?

-Me parece muy bien. Voy a contárselo.

-No podía permitir que fuese a la policía con esa documentación.

-Lo he borrado todo. -Cometí un error

al decirle que llevaría la documentación a la policía.

-No sospeché nada de Sergio porque ya lo había visto con mi jefe.

Entonces no tendría sentido

que hubiera venido para rechazar un trabajo, ya trabajaba para él.

Si he borrado los documentos es porque me preocupo por él,

por todos. Solo mentiras. Me has decepcionado.

Tú me has decepcionado.

Por traicionarme con Rober.

-Este va a ser tu primer trabajo para mí.

Así que te cepillas

a la rata de Quintero y sales corriendo.

-Eres un buen tío. No hagas algo de lo que te arrepientas.

¿Habéis rastreado los hoteles y pensiones del barrio?

Usa documentación falsa, ha podido registrarse con otro nombre.

Y de Quintero nada, ¿no?

Niega la mayor. Y me fastidia porque es como si estuviéramos

acariciando el poder trincarle por narcotráfico.

Ya no hay marcha atrás.

-¿Todo en orden? -Pues no.

Pero la vida sigue, qué vamos a hacer.

(Música emocionante)

Si sigues durmiendo aquí, vas a terminar con la espalda rota.

Ten cuidado con eso, chaval. No es ningún juguete.

-A lo mejor es su última noche.

-A lo mejor, sí.

¿De dónde has sacado eso?

-¿No se lo imagina?

Me la ha dado Manolo.

Y una buena pasta para que le mate.

-¿Ah, sí?

¿Y qué vas a hacer?

-Toma.

Ya avisé a Manolo de que no lo haría.

-Sabía que podía confiar en ti.

Aunque si te digo la verdad,

no sé cuánto dinero te habrá ofrecido el Algecireño,

pero si yo estuviese en tu lugar,

quizá hubiese disparado.

-El dinero me lo voy a quedar igual.

Lo he hecho por mí, no quiero cargar con algo que me pese toda la vida.

-Eso es porque eres noble.

-Puede ser, pero lo que no soy es un asesino.

Menos de alguien que se ha portado como un padre.

¿Quién mata a su padre?

Yo no. Lo que sí digo es que Manolo no se quedará quieto.

-Si alguien ha firmado su sentencia de muerte,

es él.

-Tenemos que actuar rápido.

-Tranquilo, que se hará.

Se hará.

-Voy a dejar al niño en la cuna. -De acuerdo.

-Pobre niño.

¿Qué es mejor, crecer con su padre o sin él?

-Yo no dejaría que se acercara a él, pero tendrá que decidirlo un juez.

-Ya. Supongo que vosotros, la policía,

muchas veces os sentís impotentes cuando se dictan sentencias injustas.

O cuando las leyes van a la zaga de la realidad.

-Procuramos hacer nuestro trabajo bien hecho.

Siempre al lado de las víctimas.

-Admiro el trabajo que hacéis en la UFAM.

La de mujeres que se han puesto a salvo.

-Vosotros hacéis un gran trabajo.

Bueno, Pepi, nosotros nos vamos a ir para que puedas descansar.

-Sí, yo marcho enseguida, debo ayudar a una familia sin techo.

-Yo también me voy. Tienes mi teléfono para cualquier cosa.

-Muchas gracias, Eugenio. Adiós.

¿Te puedes quedar?

-Por supuesto. Hasta luego.

-¿Y si lo sueltan esta noche?

-No, no te preocupes.

Han abierto diligencias y ha pasado a disposición judicial.

¿Quieres que llame a tu madre o alguna amiga para quedarse aquí?

-No, no. Pero...

¿Te puedes quedar un poco más?

-Claro.

Imagino que tu familia piensa que eres muy valiente,

por dejar a Julio. -Os he dicho que no soy valiente.

-Escucha, ahora tienes que sacar las fuerzas de donde sea.

Para proteger a tu hijo, ¿de acuerdo?

No querrás que esté en peligro. -No.

-Tranquila, todo saldrá bien.

Esta vida es un infierno, ¿lo ves?

Tienes que salir de aquí.

Si luchas, todo irá bien.

-Pensaba que estaría toda la vida con Julio.

No sé qué le ha pasado.

-Es un maltratador y debe pagar por ello.

Te hace creer que tú eres la responsable de lo que le pasa,

pero él es el culpable de su conducta.

¿Esa sangre es tuya?

-Ay, sí, ahora la limpio. -No se trata de que la limpies,

sino de impedir que ocurra.

Hazlo por tu hijo, dale un buen futuro.

Tranquila.

-Pero ¿y si lo sueltan y me lo encuentro por la calle?

-No va a salir fácilmente.

Y no dejarán que se acerque a ti.

-Eso no lo sabes.

Tengo mucho miedo.

-¿Me quedo esta noche?

-No, si estarás deseando llegar a tu casa.

-No me espera nadie.

-¿De verdad?

Muchas gracias.

-Pues que manden al cerrajero cuanto antes.

(ASIENTE) Ahora se lo comunico.

Sí. Gracias, luego me paso por comisaría. Gracias.

¿Ya se ha dormido? -Sí, se ha quedado como un bendito.

Qué noche. En cuanto llora y tiene hambre, no para hasta que come.

-Normal, pobrecito.

-Habrás dormido fatal en el sofá. -No, no tanto.

El sofá era muy cómodo. Entre eso y el sueño que tenía,

no he escuchado al pequeño. -No tendrías que haberte quedado.

Estuve egoísta, pero es que tenía miedo.

-Para noches malas, las guardias en comisaría, créeme.

Estoy acostumbrada.

-Te estás portando tan bien.

-Es mi trabajo, lo hago con gusto.

Mi unidad es trabajar con mujeres maltratadas.

Sabemos de primera mano lo difícil y peligrosa que es vuestra situación.

Toda ayuda que podamos ofreceros es realmente poca.

-No me quiero ni imaginar las cosas que has tenido que ver. Yo no podría.

Eres muy valiente.

¿Te ha molestado algo?

-No, es solo que, bueno,

me he acordado de una situación desagradable.

Yo también sé lo que es sufrir una agresión de un hombre.

-¿Sabes qué vendría bien?

Terminarnos el café y hacernos una tostada con aceite y tomate.

¿Cómo lo ves? -Sería estupendo.

Pero espera, tengo que contarte una cosa.

-¿Qué pasa?

-Verás,

hace un rato he hablado con comisaría

y va a venir un cerrajero para cambiarte la cerradura.

-Ah, vale, bien, bien.

-Pero hay una mala noticia.

Hace un rato han puesto en libertad a Julio.

-Ay, Dios mío.

Va a venir a por mí. -Tranquila, no vamos a dejar

que te haga nada, ¿vale? Tranquila.

-Pero ¿cómo lo han dejado libre?

-Verás, no tenía cargos suficientes para mantenerlo en prisión,

tampoco tenía antecedentes ni ninguna denuncia previa,

pero lo han puesto en libertad con una orden de alejamiento.

Es algo habitual.

-¿Sabes qué hará con la orden de alejamiento?

Va a venir aquí y vendrá a por mí.

-No, Pepi, si se salta la orden de alejamiento, va a la cárcel.

Se lo han dicho, y que si entra allí, no sale hasta el juicio.

Si se le ocurriera venir, lo único que tienes que hacer

es no abrirle la puerta por nada del mundo, ¿de acuerdo?

Aunque te suplique.

Después llamas a comisaría, nos llamas a nosotras, a mí,

y nos plantamos en un momento.

Eso si viene. Pero lo más importante, Pepi, es lo que hemos hablado,

tienes que ir a declarar, ¿vale?

Tienes que contarle al juez todos los detalles. Será un juicio rápido,

cuéntale tanto los maltratos físicos como los psicológicos, todo.

Es la única manera de protegerte tú y proteger al niño.

-Dios mío, pero ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

La policía en casa, un juicio. No lo puedo entender.

-Pepi, no habéis llegado,

es él. Es él el único que os ha traído a esta situación.

Solo él es el responsable.

-Él era un buen hombre, y yo estaba muy enamorada de él.

-A veces nos enamoramos de la persona equivocada.

-¿Dónde vas?

¿Ya no saludas a los amigos, eh?

¡Eh! ¿Dónde vas? Pero vamos a ver.

¿Con quién te crees tú que estás jugando, niñato?

¿Eh?

¿Te crees que soy un gilipollas al que puedes chulear?

¿Eh? -No, nunca pensaría eso, Manolo.

-¿Ah, no?

¿Por qué no le has dado matarile a Quintero?

Está vivito y coleando. -Porque no he podido.

-¿No has podido? Me cago en la hostia.

¿No has podido o no has querido? ¿Eh?

-Quintero no se fía de nadie, tiene seguridad, no es fácil entrar,

sacar la pistola y disparar.

-Venga, hombre, ¿a quién quieres engañar?

A otro perro con ese hueso.

Ha sido porque no te ha salido de los cojones.

¿A mí me vas a engañar? Te elegí precisamente por eso.

Y porque sé que él confía en ti.

-Ahora mismo no es fácil acercarse a él.

-Bah, es igual.

Si no lo haces tú,

buscaré otra forma de hacerlo.

Qué lástima, Jairo.

-Lástima, ¿por qué?

-Era una prueba para saber si estabas dispuesto a unirte a mí.

Y demostrar que tienes lo que hay que tener para obedecerme.

Pero ahora ya lo sé.

Eres más tonto de lo que pensaba, chaval,

y has elegido el bando de los perdedores.

Y así vas a acabar.

Como un perdedor. -Solo necesito un poco más de tiempo.

Antes de que acabe el día, me he cargado a Quintero.

Te lo juro.

-Tu tiempo se ha acabado, Jairo.

Te di la posibilidad de unirte a mí o morir, y has elegido morir.

Ahora verás lo bonito que te va a quedar

la corbata colombiana.

¡Ah!

Hijo de puta.

-¡Hermano, hermano!

Si no venís, no lo cuento. ¿Estás bien?

No. ¿Qué ha pasado?

Uno quería robarme, casi me mata. ¿Quién, Jairo?

No lo he visto nunca, no es del barrio.

(Suena un móvil)

-Pero otra vez, por Dios, no me llames más.

Por favor.

Qué pesada.

-Te están llamando. ¿No lo oyes? -Sí, hija, sí lo oigo.

Lo llevo oyendo desde ayer.

-Oh, Dios. -¿Qué te parece?

Fíjate, ¿eh?

Mira.

Diez llamadas. Más de 16 mensajes.

¿Qué puedo hacer? -No sé, pon el móvil en silencio.

Mejor, apágalo. -Ya me gustaría, pero debo atender

a los clientes y a los proveedores,

y esta está colgada de la tecla de rellamada.

-Pues bloquéala, pero hazlo ya.

-Sí. ¿Y cómo se hacía?

-Trae. -Mira.

Pero, vamos a ver. ¿Qué parte de "no me llames" no entiendes?

-Trae, dame. -No, no tengo por qué esconderme.

-Ni se te ocurra cogerlo. ¡No lo hagas, pa...!

-Teresa. Sí, soy yo.

Oye, que no me llames más.

No, que no me llames, que me molestas.

Estoy trabajando, por favor. No me llames más.

-A esta le falta un tornillo.

-Uno, dos o tres, está totalmente obsesionada.

-Pero es que no te puedes ni hacer a la idea.

Me trató como si fuera cualquiera. -¿Qué?

-Tenía en su móvil

una foto que subió Damián a Internet.

-Pero ¿aún están esas fotos en Internet?

-De Internet no se borra nada, no sé cuántas veces decírtelo.

-Bueno, ¿y qué te dijo? -¿Que qué me dijo?

Que era la culpable de dejarlo, que soy una mala influencia para ti,

ah, y que por nosotros le ha salido mal una entrevista de trabajo.

-¿Por nosotros? -Intenté razonar con ella,

pero fue imposible. -Está peor de lo que pensaba.

-Y también me dijo que a Tere no la humilla nadie.

-¿Por qué no me lo dijiste ayer en casa?

-No te quería preocupar.

-Maldita la hora en que conocí a esta mujer.

-Era cuestión de probabilidad.

-¿Qué quieres decir?

-Te has liado con tantas tías a lo largo de tu vida,

que es normal que alguna tuviera una tara.

Cuestión de probabilidades. -No soy ningún casanova.

-Un poquito.

¿Seguro que no conoces a quien te atacó?

No. Sería un borracho, un yonqui.

Su cara no me suena. Del barrio no era.

¿Seguro que te quería robar?

¿Que si estoy seguro?

No sé, si quisiera sacar pasta, no elegiría a un tío con esta pinta.

¿Me estás llamando pringado? Digo que no nos cuadra nada.

Pues debo ser muy tonto,

además de tener mala suerte, porque siempre pensé

que sacar una navaja y pedir lo que lleve se llama atraco.

¿Estás seguro que fue exactamente así?

A nosotros nos parece que tiene más que ver con Quintero.

¿Ah, sí? ¿Con Quintero? ¿Para qué querría que me ataquen?

Dejadlo tranquilo, que está en el hospital.

Me he explicado mal.

Estoy diciendo que si intentaron matar a Quintero,

quizá lo intenten contigo.

¿Matarme a mí?

¿Quién?

¿Un asesino que quiere acabar con todos los empleados?

Ya está bien.

Entérate, si estás vivo, es por nosotros.

Llegamos a tiempo, si no, estarías desangrándote ahí.

Piénsalo bien, no te merece la pena dejarte matar por un mierda como él.

Por mucho que digas que confía en ti,

más confío yo, tu hermano.

Te estoy dando a elegir. O él, o yo.

No tengo muy claro de qué lado estás.

Creemos que quien lo intentó matar fue Manuel Sotillo, el Algecireño.

Que lo intentó hacer por trapicheos en sus negocios.

No sé, igual te viste envuelto en esta guerra sin quererlo.

No tengo ni idea de lo que habláis.

No he visto nada ilegal en mi empresa.

En el callejón, ese chorizo me pidió dinero, dije que no,

se puso nervioso y casi me clava la navaja.

-Chicos, tengo imágenes.

Son de las cámaras de seguridad cerca de donde fue el ataque.

No hay duda, te atacó el tal Algecireño.

Gracias, Laura.

Vamos a ver, Jairo. ¿Qué opinas de esto?

Yo a ese señor no le conozco.

¿Por qué insistes en mentirnos y en proteger a Quintero?

Corres peligro, si no cuentas la verdad, no podremos protegerte.

No tengo nada que contar porque no sé nada.

¿Por qué no me dejáis irme ya

y vosotros vais a pillar ladrones? Que solo sabéis hacer preguntas.

¿Y si ese tío se ha equivocado de persona? ¿Eh?

Se me están hinchando las pelotas. Rober, para.

Mira, tío, o me dices la verdad o te reviento ahora mismo.

Oficial Batista.

Estas no son formas. Alicia, es mi hermano, ¿vale?

Y eres policía.

Está bien, puedes irte.

Se queda aquí, que nos ha mentido.

Para eso tendrás que detenerlo.

¿Es lo que quieres?

No.

No sé por qué le dejas irse.

Porque tiene derecho a ello y no nos iba a decir nada.

Así tenemos más posibilidades de que nos lleve al Algecireño.

Yo me encargo de pedirle la orden al juez. Voy a ello.

(Suena un móvil)

Ahí está otra vez.

Será posible. Ya verás.

-¿Qué vas a hacer? -Estallarlo,

así dejará de sonar para siempre.

-Esa no es la solución.

Tienes que ir a comisaría.

La tía esta puede ir a más.

-No quiero molestar a la policía por esto.

-¿Por qué, te da vergüenza?

¿Te sientes herido en tu orgullo? -No es eso, ya lo sabes.

Me parece una exageración.

-Tú fuiste el que me animaste con lo de Damián a ir a comisaría.

-No es lo mismo, ¿no te parece?

-Si así no llama tu atención, puede hacer cualquier otra locura.

-Bueno, mira, a ver si nos tranquilizamos, ¿vale?

Vamos a respirar, no saquemos las cosas de quicio.

Solo fue un rollo de fin de semana.

-Ella se lo ha tomado bastante más en serio.

La veo capaz de hacer cualquier cosa, papá,

yo creo que tienes que ir a hablar con Espe y Elías.

-No, no quiero molestar ni a Espe ni a Elías por esto.

-Igual si la policía habla con ella nos deja tranquilos.

-Mira, ha dejado de sonar.

-Ya. -Lo mismo se ha cansado.

-Ojalá fuera tan fácil.

-Como dices que está obsesiva, lo mismo se obsesiona por otro.

-No creo que tengamos esa suerte.

-Estarás contenta, ¿no?

Valerte de tu condición de policía en beneficio propio.

-¿De qué estás hablando?

-No disimules y déjate de tanto formalismo conmigo,

que no me vas a engañar. Ya me la colaste bien el otro día.

-Perdone, pero no le entiendo.

-¿Que no me entiendes? ¿Por qué no dijiste que eras policía?

Para sonsacarme, ¿verdad?

Habéis hurgado en mi pasado y habéis ido con el cuento a Max.

Desde el primer día solo querías que rompiéramos. Pues nada,

enhorabuena, guapa. Ya tienes vía libre, sí.

-Está muy equivocada.

Además, que a mí Max no me interesa lo más mínimo.

-Y voy yo y me lo creo.

Te he visto cómo lo miras y cómo le ríes todas las gracias,

que pareces tonta. -Señora, un respeto,

habla con un agente del orden.

-Tonta y envidiosa.

Pero te calé desde el primer día.

No soportabas que estuviera con él.

-Mejor dejamos la conversación y cada una por su camino.

-No cantes victoria, lista,

Max no se fijaría en una tiparraca estúpida y ordinaria como tú.

-O se calla ahora mismo y se larga,

o la llevo detenida por desacato a la autoridad.

-Eso es lo que te gustaría a ti, detenerme.

Para alejarme todavía más de él, ¿verdad que sí?

Pero te vas a llevar una sorpresita.

La función no ha terminado todavía.

-¿Te encuentras bien?

-Bueno, un poco descolocada,

pero sí, estoy bien.

-¿Esa no era la que estaba saliendo con Max?

-Sí, parece que se ha quedado un poco enganchada de él,

porque no veas los celos que tiene. -¿Y qué tiene que ver contigo?

-Me responsabiliza de su ruptura con Max.

-¿Por qué? -Le avisamos de un episodio anterior.

Fue a la cárcel por provocar un incendio donde la despidieron.

-Menos mal que ha roto con ella, podría haberse metido en un lío.

Oye, yo te estaba buscando para preguntarte por Pepi.

-Bien. Lola ha dormido en su casa y han cambiado la cerradura.

Ya solo queda que declare en el juicio.

-¿Y el marido? -Tiene una orden de alejamiento.

-Bueno, esperemos que todo esto acabe bien.

Hasta luego. -Hasta luego.

-¿Sabe lo que dicen de que antes de morir, se ve toda la vida?

-Sí, lo sé. -¿Y no es mentira?

A mí no me ha dado tiempo. -Yo tampoco vi nada

cuando estaba en el suelo desangrándome, ¿qué te voy a decir?

-Yo solo pensaba en meterle una patada en los huevos

al Algecireño, menos mal que se la di.

-Hiciste bien, chaval. Tuviste un buen par de huevos.

Hay dos cosas que son imprescindibles

para sobrevivir en medio de toda esta jungla:

tener valor y tener cabeza,

y tú has tenido las dos cosas. Bien hecho.

-El Algecireño tiene palabra. Me juró que me mataría si no lo mataba.

Y lo iba a cumplir. No se me va de la cabeza cómo me miraba.

-Ese tío está loco, no te preocupes. -No era la mirada de un loco,

era de un asesino, alguien que sabe lo que iba a hacer sin importarle.

-Hay gente a la que no le importa la vida de los demás.

-Lo sé, supongo que para él será como abrirse otra cerveza.

-Jairo, acércate.

Ya te dije que tuvieses mucho cuidado con Manolo,

y te lo sigo diciendo, no es de los que dejan las cosas a medias.

-Sé que lo volverá a intentar. -No lo dudes, y sobre todo tú,

ahora que te has convertido en un asunto personal para él.

Como lo soy yo.

-También lo volverá a intentar con usted.

-Sí, sí, sí.

Puede aparecer en cualquier momento, pero me va a pillar preparado.

Esta vez le estaré esperando.

Lo que me preocupa eres tú.

Quiero que te andes con cuidado. No soportaría que te pasase algo.

-Verá, hay otro problema, además de Manolo.

-¿Cuál? -Bueno, está relacionado con Manolo.

La policía, empezando por mi hermano, sabe que me atacó en el callejón.

-Mierda. -Me han interrogado toda la mañana

mi hermanito y Alicia Ocaña. Les he dicho que era un atracador,

pero había unas cámaras no sé dónde, han visto unas imágenes

y que era Manolo.

No han tenido que comerse la cabeza para ver que es quien le quiso matar.

-Cuando quieren, saben hacer bien su trabajo.

-Me han hecho 3.500 preguntas sobre su relación con Manolo,

sobre negocios turbios. -Aquí también me han preguntado.

-¿Hace falta decir que no dije nada? -Tranquilo, hombre.

Sé que puedo confiar en ti, no es eso lo que me preocupa.

-Había pensado algo, pero no sé si es buena idea.

-A ver, dime. -Pues irme.

Pirarme por un tiempo.

Tengo la pasta que me dio Manolo, puedo irme hasta que esto se calme.

-Por la pasta no te preocupes, si necesitas algo, pídemelo.

-Se agradece,

y que sepa que no me hace gracia, pero no veo otra salida.

Así mato dos pájaros de un tiro. Me alejo de Manolo,

y me alejo de mi hermano. Don Fernando,

a mi hermano no lo había visto tan cabreado.

Sé que no parará hasta que le diga algo.

-Está bien, Jairo. Está bien, es muy buena idea.

Lo mejor será que te vayas lejos y desaparezcas. Cuanto antes, mejor.

Las cosas por aquí se están complicando demasiado.

-Me preocupa su seguridad. Le puede pasar algo.

-No te preocupes por mí, estaré bien.

-No piense que me voy como un cobarde.

-Nadie va a pensar eso, Jairo.

Ya me has demostrado que tienes coraje, valor, eres fiel, leal,

que puedo confiar en ti. No te preocupes.

Yo estaré bien. Lo que me preocupa es tu bienestar,

que seas tú quien esté bien. Ten mucho cuidado a partir de ahora.

-Usted está muy localizable, en cualquier momento entrará

Manolo o cualquiera de sus hombres. -Lo sé.

Puede aparecer en cualquier momento y estaré esperando.

Pero tengo quien me protege

y una pistola.

Se llevará una sorpresa.

Lo mejor será ahora que te cuides.

Y que te vayas bien lejos. Tómatelo como unas buenas vacaciones.

-Muchas gracias.

-Jairo, solo una última cosa.

En la vida de alguien, la familia es muy importante,

pero hay gente que te encuentras y que forma parte de tu familia.

Quiero que sepas que tú ya formas parte de la mía.

-Es un honor muy grande.

-Cuídate mucho, hijo.

-No era necesario que te quedaras en casa de Pepi.

-Lo sé, pero tenía tanto miedo que fui incapaz de dejarla ahí sola

con el bebé, muerta de pánico. -¿Puedo decirte algo en confianza?

-Con confianza o sin ella, eres incapaz de morderte la lengua.

-Me da miedo que te impliques más de la cuenta.

-Que no, que soy plenamente consciente de lo que hago.

-Ya, pero es poco profesional. Te impide pensar con claridad

y puedes cometer errores.

-Sí, pero es tan injusto que intento distanciarme y no puedo.

Debo verlo desde fuera, pero se me parte el corazón

cada vez que veo a mujeres sufriendo así.

Buenos días. Lola, ¿tenemos algo nuevo de la mujer maltratada?

Pepi Montilla, señor comisario. -No, nada nuevo.

-Bueno, la situación era muy crítica, pero conseguimos progresos.

Ella ha denunciado a su marido y el juicio rápido será en unos días.

Buen trabajo.

El mérito es de Lola, sabe tratar a este tipo de mujeres asustadas.

Cómo ganarse su confianza y convencerlas para que denuncien.

Lo sé, no se me pasa por alto el buen trabajo que hace la UFAM.

Solo hago mi trabajo.

Manténganme informado.

Pero ¿de qué vas?

Tu superior te ha pedido que le informes

de un caso. ¿Y si yo no estuviera aquí?

-No podía ni mirarlo.

-Por eso te lo digo. No puedes seguir así.

Compórtate como una profesional, no seas cría.

-Espe, lo sé,

pero es que no puedo.

Es verlo

y el corazón me da un vuelto, tiemblo.

-Pues vete a terapia, o al gimnasio, o hínchate de dulces.

Pero supéralo.

-No sé si voy a ser capaz, Espe.

Por eso no dejo de darle vueltas al traslado.

-Pues harás muy mal.

Estás llevando UFAM de maravilla.

Das muy buenos resultados, das buena imagen a la comisaría.

Los de arriba se acabarán fijando en ti.

-No lo hago por eso. -No voy a permitir que te vayas,

no quiero perder una amiga como tú. Y más por un blando como Bremón.

-Un blando. -Si es que es verdad,

le estoy cogiendo una manía.

Sobre todo cuando pone la cara de no haber roto un plato en su vida.

(Suena un móvil)

Es Pepi.

Pepi, ¿estás bien?

"No estará contigo."

-No, pero tengo que hablar contigo.

-Vale, vamos a hacer una cosa, ¿vale?

Si está contigo di: "Solo quería comprobar que era tu móvil".

"¿De acuerdo? Y me cuelgas."

-De verdad que no está aquí.

-Vale, entonces voy para allá.

Venga, hasta ahora.

Vamos para allá. -Venga, vamos.

-Eh, ¿qué tal, cómo vas? -Ahí vamos, tirando.

-Todavía te sigue preocupando ese asunto que no me queráis contar.

-No, qué va, eso todo bien, todo arreglado. Paty,

he venido a despedirme.

-¿Por qué, adónde te vas? -Pues me voy a ir

unos días de vacaciones, lejos.

Todavía no sé muy bien adónde, quizá Tailandia, un país del Caribe,

o Australia. No lo sé, pero lejos.

-Joder, cómo te lo montas. Qué bien, ojalá yo también me pudiera ir.

-Escucha,

vente conmigo. -Sí, a Tailandia, ahora mismo me voy.

-O Australia si lo prefieres. -Tú estás loco, de verdad.

-Que no, te lo digo totalmente en serio. Una quincena, 20 días.

¿No sería la bomba? -Sí, sería la bomba,

si tuviera tiempo y dinero. Sobre todo dinero.

-No te preocupes, yo te invito.

-¿Que tú me invitas? -Yo corro con los gastos.

-¿De dónde sacarás la pasta para invitarme?

-Me he llevado una paga extra por ser el ángel guardián de mi jefe.

Digámoslo así. -¿Cómo que el ángel guardián?

-Don Fernando me aprecia y me ha dado unas vacaciones donde yo quiera.

Pagadas, y si quiero, acompañado.

-Vaya suerte de jefe tienes, ¿no?

-Y tú qué suerte tienes, que te invito para que vengas.

¿No sería la caña?

-Sí.

Pero no puedo aceptarlo, Jairo.

-¿Qué no puedes aceptarlo? ¿Por qué?

-Pues porque no me estás invitando al cine o al teatro,

es mucha pasta.

-Te digo que no te preocupes por la pasta.

-Ya, pero que no es buena idea.

Y no puedo dejar a mi padre colgado así.

-¿A tu padre?

¿No puedes convencer a tu padre para pirarte al Caribe

o a Tailandia?

Venga. Con lo que te mereces unas vacaciones, tú.

Imagínatelo por un momento, imagínatelo. La playa,

el agua cristalina, la arena blanca, las palmeras, el calorcito,

los dos ahí tirados, venga caipiriña, venga mojito.

-Que sí, que mola mucho el plan,

pero no puedo, Jairo, me sentiría como si me estuviera aprovechando.

No quiero, no. Además, si fuéramos novios, todavía.

pero... -Escucha tú la tontería,

pues nos hacemos novios. Si tú me dices que sí, somos novios,

somos novios, y cuando volvamos del viaje deshacemos los novios.

Chao, "pescao". Ya ves tú el problema, solucionado.

¿Qué? -Qué ciega he estado este tiempo.

-Ciega, ¿por qué?

-Por no ver lo que tenía delante. -O sea que te vienes.

-No, pero te prometo que me tendrás a la vuelta para que me lo cuentes.

Un momento.

"¿Qué quieres?"

-Sabes por qué te llamo, ¿verdad?

El otro día en el callejón te libraste por los pelos.

"Pero no va a volver a ocurrir.

No voy a volver a fallar."

Voy a acabar contigo y con Quintero.

Juro por la virgen del Rosario

"que te voy a rebanar el pescuezo."

Con el Algecireño no se juega.

Que Dios os coja confesados.

-¿Pasa algo, todo bien? -Sí, me voy a hacer la maleta.

-Hasta luego.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

-Agradezco que me deje pasar.

¿Cómo se encuentra?

-Aquí estamos. Saldré de esta.

Ya ves que no es nada fácil acabar conmigo.

Por cierto, Sergio, te quiero agradecer

que aparecieses de repente para ayudarme cuando me desangraba.

Ya me dijo Jairo que llegaste justo después de él,

pero te fuiste antes de que entrase la policía.

-La verdad es que nos pegamos un buen susto, pero se quedó en eso.

-Afortunadamente, sí.

Anoche recibí una visita sorpresa.

Estuvo aquí tu amigo,

Marcelino.

-¿Una visita de cortesía? Muy agradable, imagino.

-Vino con la misma cara de enfurruñado de siempre.

Fíjate que creo que hace años que no le veo reírse.

-Es verdad. Siempre está con esa cara de amargado.

-Vino a decirme que estaba muy furioso conmigo,

pero sobre todo, que con quien más estaba furioso era contigo.

-Sí. Tan furioso que me ha despedido.

-Lo sé.

Lo sé, ya me lo dijo.

Aunque creo que con toda la razón, yo habría hecho exactamente lo mismo,

ya era mucho tiempo traicionándole, era lógico que se diera cuenta.

Pero también tengo que agradecerte una cosa. Hiciste bien,

fue una muy buena jugada que borrases todos los documentos y archivos

que nos comprometían de su ordenador.

-También me podían comprometer a mí.

No podía permitir que los tuviera. Eran una bomba de relojería.

-Sí. -Iba a ir al juzgado con ellos.

-Ya, ya, ya lo sé.

Por eso te lo tengo que agradecer, me has salvado el cuello.

-Por otro lado, también intenté borrar los archivos

del disco duro de su ordenador, pero me ha sido imposible.

Hice todo lo que se me ocurrió... -Ya, ya, ya lo sé.

Tampoco era necesario.

Los documentos más comprometidos que yo tengo en mi ordenador

sobre los desvíos de fondos y transacciones a paraísos fiscales

los guardo en un "pen drive" a buen recaudo en mi casa.

El disco duro del ordenador que tiene la policía no contiene

ningún documento sospechoso ni nada de eso.

-Menos mal, todavía estaba angustiado.

-Nada, no te preocupes, me gusta que hayas tenido...

¿cómo se diría? Iniciativa, ¿no?

Está claro que estás aprendiendo rápido y bien.

-He tenido dos muy buenos maestros.

En un lado Marcelino y en otro usted. -¿Ah, sí?

¿Y se puede saber qué cosas son las que te he estado enseñando?

-A pedir lo que es mío.

A hacerme valer y reclamar cada bocado de lo que me he ganado.

Y sobre todo a golpear primero.

Todo esto me va a venir de perlas para la nueva etapa ante mí.

Estoy seguro que voy a tener muy buenas oportunidades.

-No tengo ninguna duda.

-Ah, se me olvidaba, un pequeño detalle.

Borré todo del ordenador de Marcelino,

pero me quedé con una copia de los documentos.

-Ya.

Supongo que para tenernos bien controlados a Marcelino y a mí,

¿verdad? -Hay que ser previsor en esta vida.

Eso lo aprendí de usted.

-Ten cuidado, Sergio,

porque tanta ambición no es buena.

-Tendré cuidado, te lo aseguro.

Bueno, mejor será que me vaya y le deje descansar.

Descansar y pensar.

-¿Pensar?

¿En qué tengo que pensar?

-En cómo va a ser nuestra relación laboral ahora.

Por mi parte, espero que amistosa.

Buenas tardes.

-¿Australia, en serio? -O Tailandia, no lo ha decidido,

pero lo tiene todo pagado, ¿eh?

Hotel, billetes, de todo.

-Como en los premios de la tele.

-¿Te imaginas? Una semana tumbada en una hamaca, meciéndome al sol.

Comiendo langosta todos los días.

Y con Jairo.

-No es tan mal chico. Por lo que veo, sigue coladito por ti, ¿no?

-(ASIENTE) Estaba a punto de decirle que me iba con él.

Lo que pasa es que no quería ser una aprovechada.

-¿Por qué?

-Si fuéramos novios sería un planazo y un detallazo, pero no lo somos.

Encima, si sé que le gusto.

-Pero un poquito sí te gusta, ¿no?

Una semana en el Caribe es perfecto para despejar dudas.

-Calla, que le he dicho que no.

Aunque, la verdad, el viaje es un chollazo.

Podría conocer un poco más a Jairo.

Pero, no sé, había algo raro.

Esta mañana ha venido con prisa y directamente a despedirse,

y de repente, zas, se le ha ocurrido en ese momento que me fuera con él.

-¿Se iba él solo al Caribe? -¿A que es mazo de raro?

Encima con esa prisa, no entiendo.

-Hola, chicas. -Hola.

-Qué alegría traes.

-Adivina quién va a venir a probar tus tapas.

-¿Gastromán? -El mismo.

-¿Gastromán? -Es un crítico de Internet,

un influ... -"Influencer".

-Un "influencer" gastronómico.

-Sí. Está en el top ten del país.

Un simple comentario en su blog puede llevar tu bar al estrellato.

También te puede hundir en la miseria.

-¿Cuándo viene? -Cuándo viene no lo sé,

pero está al caer, estate preparada.

Cuando he hablado con él, os he puesto por las nubes.

Vamos, le he dicho que esto es como el Zalacaín de la tapa.

El Diverso del pincho, el Bulli de las banderillas.

Creo que vendrá en el aperitivo.

-Le voy a preparar a Gastromán unos platos que se chupará los dedos.

-Sobre todo no te olvides del salmorejo, el salmorejo.

-Va a ser un éxito.

(Llaman a la puerta)

Hola, Pepi, ¿todo bien? -Sí, pasad.

Perdonad, que no tengo ni un refresco para ofreceros,

aún no me he atrevido a bajar a la calle.

-No tienes que ofrecernos nada.

-¿Por qué querías verme?

-No puedo hacerlo. -¿El qué?

-Mira, Lola, he estado pensando

y voy a retirar la denuncia, no iré a juicio.

-Ha estado aquí Julio, ¿no?

-No, si ni siquiera me ha llamado por teléfono.

Esto es cosa mía.

-¿Por qué quieres retirar la denuncia?

-Porque conozco a Julio y sé cómo va a reaccionar,

se va a volver medio loco y yo no puedo.

-Escucha, Pepi, siéntate, siéntate.

Entendemos que tengas un miedo atroz,

pero ahora no te puedes echar atrás, tienes que ir hasta el final.

Si sigues viviendo con él, vivirás un infierno continuo.

Lo peor es que el niño también.

-Vosotras no lo entendéis porque no lo conocéis como yo,

a Julio lo que le pasa es que está pasando un mal momento.

Porque no encuentra trabajo, se siente un inútil,

y bebe más de la cuenta, se pone agresivo, pero es un buen hombre.

De verdad, es un buen hombre. Con que tuviera trabajo ya estaría.

-Pepi, Julio no cambiará aunque tenga trabajo,

y lo sabes.

Mira, no te puedes seguir engañando.

No te hagas falsas esperanzas, no va a cambiar, va a ir a peor.

¿Cuántas veces después de agredirte ha vuelto,

te ha pedido disculpas y ha dicho que no volvería a pasar?

-Muchas.

-¿Y ha vuelto a ocurrir?

Seguro que recuerdas la primera vez que te puso la mano encima.

-Como si fuese ahora.

Un día que me compré un vestido verde con flores ajustado.

Me encantaba ese vestido.

-¿Qué pasó?

-Me vine a casa deprisa para ponérmelo.

Estaba guapísima y muy nerviosa,

estaba esperando que llegara para sorprenderle.

Cuando llegó y me vio con el vestido

se puso hecho una furia. Me dijo que era una zorra,

que me había gastado el dinero,

y se me ocurrió contestarle y me pegó una bofetada.

-Qué animal.

-Eso solo fue la primera vez, luego vinieron

los menosprecios, los insultos. Pensaba que cuando naciera el niño,

todo iba a volver a su lugar e íbamos a ser felices,

pero todo fue a peor.

Volvieron los insultos y las palizas a la mínima.

-Después de todo eso, ¿crees que Julio va a cambiar?

-No, pero es que no puedo, estoy muerta de miedo.

-No, Pepi, eres una valiente.

Ninguna mujer se atreve a lo que has hecho, denunciar.

Lo más difícil está hecho.

Tienes que ir hasta el final, ahora nos tienes a nosotras.

Tienes al abogado, tienes al fiscal, tienes al juez.

Es ahora o nunca. Tienes que ir hasta el final por ti y por tu hijo.

-Ya lo sé, pero es que no puedo.

-Pepi,

por ahora Julio solo te ha pegado a ti,

pero puede empezar con el niño.

-No, él está loco por su hijo. -¿No estaba loco por ti también?

Lo estamos viendo todos los días.

Tu marido es un cobarde.

Un cobarde violento que se ensaña contra ti porque puede hacerlo.

Los que son como él, cuando se sienten acorralados

arremeten con lo que sea, niños incluidos.

Sabes de lo que hablo, ¿no?

-Mira, Pepi, los niños aprenden todo lo que ven.

Acabamos de llevar ahora un caso de un chaval de 17 años

que es machista y controlador con su novia.

¿Sabes por qué lo ve normal?

Porque él ha crecido viendo a su padre pegar a su madre.

No quieres eso para tu hijo, ¿no?

No quieres ese futuro para él.

-No quiero eso para mi niño.

-¿Entonces?

-Entonces continuamos con la denuncia y con el juicio, ¿no?

-Tere, Tere.

Teresa, espera, por favor. -¿Qué quieres?

-Después de lo que ha pasado, pensé que no nos volveríamos a ver.

-Tengo que seguir haciendo mi vida, aunque sea un suplicio.

No es fácil asumir que no quieres verme más,

pero yo he hecho todo lo posible por arreglar nuestra relación

y a la vista está que no estás por la labor, ¿no?

-Vamos a ver, creo que hemos hecho lo correcto rompiendo.

Ahora solo que tiene que pasar un tiempo sin vernos.

-¿Qué me estás diciendo?

-Que quizá deberías buscarte otro gimnasio.

-¿Primero me dejas tirada y ahora quieres echarme del gimnasio?

-No, no estoy diciendo eso. -Sí que has dicho eso.

-Sí lo he dicho, vale. -Pues no me pienso ir.

Pienso venir las veces que quiera, para eso he pagado.

-Si es por la cuota, te la devuelvo.

También lo que pagaste de matrícula. -¿Crees que soy una pordiosera?

Me sobra el dinero, me sale por las orejas.

-Teresa. -Este tipo es un estafador.

-Teresa, por favor. -He pagado mis cuotas

y ahora no me quiere dejar entrar.

-Tranquilas, esto es solamente un malentendido.

-Malentendido, un cuerno.

Este tío es un sinvergüenza que se aprovecha de las personas.

-A ver, chicas, me conocéis, soy Max, soy buena gente.

Esto es solo un problema personal. -Yo me lo pensaría mucho

antes de renovar la próxima cuota. -Teresa, ¡para ya!

-Pararé cuando quiera.

¿Me vas a dejar pasar?

-Sí.

Sí.

Pero con tranquilidad.

Seamos personas sensatas.

-Eso es, tranquilidad

y sensatez.

Hola, Laura, ¿querías vernos? Sí.

El pinchazo al móvil de Jairo ha resultado.

Ha recibido la llamada que esperábamos.

Esto quizá puede ser un poco desagradable para ti.

Dale, Laura.

-"¿Qué quieres?" -"Sabes por qué te llamo, ¿verdad?

El otro día en el callejón te libraste por los pelos.

Pero no va a volver a ocurrir.

No voy a volver a fallar.

Voy a acabar contigo y con Quintero.

Juro por la virgen del Rosario

que te voy a rebanar el pescuezo.

Con el Algecireño no se juega.

Que Dios os coja confesados."

-No han vuelto a contactar, ni mensajes, ni llamadas.

Se confirma lo que sospechábamos. Él intentó matar a Quintero.

Se confirma también que mi hermano nos ha estado mintiendo.

Jairo está en un lío.

Eso me importa tres narices.

Que le den, te juro que no pienso mover un dedo por él.

Rober, seguro que hay una explicación.

Quizá ha estado coaccionado.

Lo importante ahora es cazar al Algecireño.

¿Tienes su número de teléfono? Sí.

¿Sabes dónde está ahora mismo?

Si el móvil tiene GPS, la ubicación será bastante exacta.

A ver. Mira, bingo, sí que tiene GPS.

Está en calle Cinco Rosas, hotel Las Américas.

Gracias, vamos a por él.

Hola, chicas. Soy Max, voy a entrar, ¿vale?

Tapaos. Vale.

Teresa, ¿qué estás haciendo? -Quieto ahí.

-¿Eso es gasolina? -(ASIENTE)

Como te acerques, le prendo fuego. -Vale,

tranquila, me quedo quieto.

-Eso es, ahí, quitecito.

Donde puedas escucharme, porque ahora me vas a oír, ¿no?

-Teresa, ahora y siempre, hemos estado hablando.

-No, hace un minuto me estabas echando.

Me decías que no querías que volviera a pisar el gimnasio.

Pero, tranquilo, que después de que arda,

no va a haber mucho gimnasio que pisar.

-¿Por qué me estás haciendo esto? -¿Yo?

Tú me has obligado a hacerlo.

¿No te das cuenta que tienes la culpa de todo, Max?

¿Por qué has sido tan duro?

¿Por qué no has tenido un poco de piedad?

-Escucha, siento de verdad si te he ofendido, de verdad,

pero lo podemos hablar.

-Ya lo he intentado una y mil veces

y no me cogías el teléfono. Cuando me lo has cogido,

ha sido para mandarme a paseo. -Tienes que entenderme,

estaba trabajando, pero ahora puedo hablar.

-¡Que no te acerques!

Ahora soy yo la que no quiere hablar contigo.

No me fío de ti, eres como los demás, un desagradecido.

-Por Dios, con buena voluntad todo se puede arreglar.

-Demasiado tarde.

Te has encargado de echarlo todo a perder.

Yo me había entregado a ti, ¿sabes?

Te abrí mi corazón buscando que me quisieras.

Quería demostrarte que yo,

que puedo ser una buena persona, que se puede confiar en mí.

Pero me has tratado como si fuera basura.

Y sí, reconozco que en el pasado he hecho cosas

de las que no me siento orgullosa.

Viví momentos difíciles, ¿sabes?

-Tranquila, Teresa, tranquila.

Sé que debías haberme dicho que fuiste a la cárcel.

-¿Para qué? ¿Para que me rechazaras, como estás haciendo ahora?

-No, es que la base de una relación es la confianza.

-El amor es lo importante.

El amor verdadero.

Yo había encontrado la luz en tu amor.

Sentía que me podía regenerar gracias a ti.

Pero me has devuelto a la oscuridad.

Eres el culpable de todo y vas a pagar las consecuencias.

Espero que esto no se borre de tu conciencia.

-Teresa, para. -Papá, ¿qué pasa? ¿A qué huele?

-Pasa que voy a quemar el gimnasio con nosotros dentro.

Tú también tienes parte de culpa.

Solo has intentado que tu padre me deje. Ahora vas a apechugar.

-Espera.

Te pedimos perdón si te hicimos daño en el pasado.

Perdónanos, ¿verdad, Paty? -Sí. No te queríamos hacer daño.

Lo siento, de verdad. Perdónanos.

-Ahora no os hagáis los buenecitos.

Que me habéis despreciado como todos.

-Estás en lo mejor de la vida. Eres una mujer elegante, bella, guapa.

-¿De verdad? -Sí, volverás a enamorarte.

-Y si soy ese chollo, ¿por qué me has dejado?

-Pues porque soy un imbécil, Teresa, soy un infantil.

Un inmaduro. En cuanto veo un atisbo de responsabilidad, huyo.

Por favor, el problema no está en ti, está en mí.

Créeme. Hemos pasado buenos momentos juntos. Simplemente...

yo no te merezco.

-¿Ves? Eso es lo que más me gustaba de ti.

Me hacía sentir tan especial. -Porque eres especial.

-Ya nunca me podré enamorar.

-No. Seguro que volverás a encontrar el amor.

-El último amor que me quedaba te lo llevaste tú.

Y ahora vas a pagar por ello.

Al baño, Alicia.

¿Qué te han dicho? La embajada española ha tramitado

nuestra petición.

Han contestado que los archivos ardieron en un incendio.

-Mis padres quieren conocerte. -¿Cuándo?

-Esta noche en casa.

-¿No podríamos dejarlo para otro día?

-Si son muy majos, te van a gustar. -No, si seguro que lo son,

pero no me siento cómoda de conocerles.

-Les vas a gustar. -Tampoco tenemos por qué sospechar.

Porque tú lo digas. A mí hay algo que me no me deja tranquila.

¿Ves normal que se acercase a Olga fingiendo que es una fan?

¿La verdad? No. Y que se reúna con ella

a espaldas de nosotros. Pienso lo mismo que tú.

Laura, intenta geolocalicar el teléfono del Algecireño.

Estoy en su habitación y no hay ni rastro.

La señal de rastreo me indica que está en el mismo lugar.

¿Hace falta pasaporte para ir a Tarifa?

¿No será porque te busca el Algecireño?

¿Te ha amenazado de muerte? Pero ¿qué muerte?

Era un borracho que me quería robar.

No soy tonto. Os hemos oído.

¿De qué? Te teníamos el teléfono pinchado.

Si colaboras y nos ayudas a meter a tu amigo en la cárcel

te reduciríamos la condena.

Y seguro que no solo nos puedes entregar al Algecireño.

¿Adónde quieres llegar?

Sé que conoces a otros traficantes y él no es el más importante.

Eres mi hermano pequeño y te voy a defender aunque te moleste.

Si te quedas no te pasará nada, pero si te vas, olvídate de mí.

¿Tiene documentos que acrediten que es su hija?

-Tengo parte de nacimiento de hospital que di a Olga.

-Sí, hemos visto esos papeles, pero solo acredita

que tuvo una hija, pero no que fuera ella.

-Yo no necesito ningún archivo para saber que es mi hija,

lo siento cuando la miro.

-Entenderá que para nosotros no es suficiente.

-Aquí no se mueve nadie u os juro que ardemos todos.

¡Ni te acerques!

-Pero ¿qué pasa aquí?

-Echó gasolina en el vestuario. Quiere prender el gimnasio.

-Hola, soy Nacha. -No hace falta que gastes saliva.

Nadie me convencerá de que recule.

-Yo no pretendo convencerte de nada.

Solo quiero saber qué te pasa.

¿Mi madre sabía qué tipo de hombre eras?

Sí, sí que lo sabía, pero a pesar de eso me quería.

Y tú lo sabes. Sabes que estaba verdaderamente enamorada de mí.

-Quietos los dos.

Más vale que no muevas un pelo.

  • Capítulo 94

Servir y proteger - Capítulo 94

07 sep 2017

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. Moni. Ferraro Carrillo

    Buenos días gente !!! Soy seguidora de series de rtve, las que miro en mi tableta. En estos momentos estoy siguiendo "Servir y proteger" . Desde hace 4 o 5 días no he podido verlas y en el día de hoy que si pude verla, se presenta que llega sin sonido. Ya he verificado que no se trata de mi dispositivo. Probé con capítulos que ya he visto y pasa lo mismo,o tienen sonido. Se podrá solucionar??? Me haría mucha alegría. La miro desde Rosario, Argentina . Muchas gracias. Moni Ferraro Carrillo.

    12 sep 2017