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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 76 - ver ahora
Transcripción completa

-Doctor, que lo mío está diagnosticado.

Que me digas de dónde has sacado el arma.

No la compré, me la dieron.

¿Quintero?

Juan, el antiguo vigilante de seguridad.

-Marcelino. Cuidado.

(Se abre puerta)

-¿Qué está pasando aquí?

-Creo que Sergio nos ha mentido a los dos.

Según me ha dicho hace un momento,

le habías enviado tú

para que rompiese lazos entre nuestras empresas.

Ya veo que no.

-Por buenas intenciones que tengas, si te mueves a mis espaldas,

eso solo me genera desconfianza.

Dios mío.

¿Es tan fácil conseguir un arsenal?

(LAURA) No, fácil, fácil no es.

Si quieres comprar algo en la "deep web",

no puedes levantar sospechas.

-Creemos que se trata de dos bandas.

Le han metido dos tiros, uno en la femoral.

Oye, Elías, ese chaval es el Cholo.

Es un colega de mi hermano.

Tu hermano tiene talento para juntarse

con lo mejorcito del barrio.

-Jairo, te tenemos que pedir un favor.

Necesitamos que hagas unas preguntas.

Será más discreto que si las hacemos nosotros.

-No he sacado una mierda, nadie me ha "hablao" en serio.

El último me ha "recomendao" que no lo mencione nunca más.

A la media hora de largarme, me ha "llegao" un mensaje.

Es una localización en un parque.

Elías, mira.

Mira, podrían ser ellos.

Quieto, fiera, deja que se acerquen.

¡Mierda, coño!

¡Policía!

(Ruido de motor)

(LAURA) He encontrado

comentarios antiguos

relacionados con el incidente de tu hermano.

-"Ese periodista no va

a volver

a tocarnos los cojones".

-Se jacta de lo que hizo.

-Yo no he "confiao" en nadie como he "confiao" en ti.

-Yo también he confiado siempre en ti.

-Pues entonces no habrá problema, ¿no?,

en que solucionemos y ajustemos las cuentas.

Ya no me conformo con que retomemos el negocio donde lo dejamos.

Ahora quiero que me des una parte

de todo lo que te has levantado durante estos años a mi costa.

Cuatro años que he estado encerrado. -Tú estás loco, Manolo, de verdad.

-Esto es lo que quiero.

-No.

¿Puedo disponer de eso mañana? (RÍE) -Imposible.

El dinero tardaría una semana como mínimo en llegar a España.

Lola, yo no te quiero meter en un lío.

Si quieres que anule la reserva en el restaurante, estás a tiempo.

No me estás metiendo en ningún lío, Emilio.

Nos estamos metiendo los dos.

-¿Qué tal la cita?

(RÍE) -Genial.

-¿Sí? -Sí.

Fue muy bonito.

-¿Pasó algo?

(RÍE) -No, para tu tranquilidad, todavía no.

Todavía no lo hemos hecho.

(RESOPLA)

(Música emocionante)

No, no, no, no te muevas.

(RESPIRA AGITADO)

Vale, no, no, ten "cuidao", "cuidao".

Rober. Ay, Alicia.

Rober. Alicia.

Rober, estás teniendo una pesadilla. Despierta.

Estás viva.

Claro que estoy viva.

Estabas teniendo una pesadilla, está todo bien.

(AGOBIADO) Ay, lo siento.

¿Qué es lo que sientes?

Me quedo a cuidarte y eres tú la que cuidas de mí.

Soy un idiota.

No digas tonterías.

Debería dejarte descansar.

Más bien al contrario.

Me gusta saber que tú también me necesitas.

Ya, pero es muy pronto, tienes que dormir.

Rober, me paso el día tendida en esta cama.

Te aseguro que lo que menos necesito es dormir.

Yo estaría como loco por salir corriendo de aquí.

Oye...

Estabas soñando con Tokarev.

¿Qué es lo que te preocupa?

De él no me preocupa nada.

Me preocupa que te pongas buena lo antes posible.

Dime la verdad.

¿Es por lo que me contaste anoche?

Sí.

Algo de eso.

Algo no, Rober, mucho.

Tendrías que haberte visto hace un momento.

Es que no puedo sacármelo de la cabeza.

Ya sé que es un delincuente, pero...

Pero está muerto por mi culpa.

¿Y qué ibas a hacer?

Si no hubieras disparado,

nos habría matado a todos los que estábamos allí.

Ya, si lo sé y...

volvería a hacerlo, pero...

Es que no sé cómo explicártelo.

No me lo puedo sacar de aquí.

Solo me imagino a Tokarev

tirado en el suelo, muerto, con un charco de sangre.

¿Sabes qué?

Que eso es lo que nos diferencia de personas como Tokarev.

Que tenemos conciencia.

Pues ojalá no la tuviéramos.

No digas eso.

Mira, estoy "descentrao".

No soy el mismo de siempre.

Hace una semana, esos chavales del parque

no se me hubieran "escapao".

Y yo hace una semana tampoco estaba aquí.

Pero tenemos que vivir la vida como nos va tocando.

Ya. Supongo que con el tiempo, se me irá pasando.

O igual necesitas ayuda.

¿Qué ayuda?

Que...

igual un psicólogo te puede echar una mano.

Yo no necesito ningún psicólogo.

¿Tú crees?

Porque a mí todo esto me suena a estrés postraumático.

Y ya sabes cómo funciona.

Los... los policías antes o después tenemos que pasar por el psicólogo.

El único estrés que tengo es...

imaginarte a ti tirada en el suelo con dos tiros.

Por lo demás, de verdad, dame tiempo.

Ya verás cómo se me pasa.

Rober...

¿No crees que le estamos dando

demasiada bola al "desgraciao" ese ya?

Si quiero que vayas al psicólogo, no es por Tokarev, sino por ti.

Bueno, pero...

Ya se me pasará, de verdad. Dame tiempo.

Mira, de momento, vamos a dejarlo.

Pero si ves que empeoras, quiero que me lo digas.

Vale, te lo diré.

Y entonces irás al psicólogo.

(RESOPLA)

Mira que eres pesadita.

Lo único que tenemos que preocuparnos ahora

es de que te pongas buena lo antes posible.

(Beso)

(PATY) Hola.

Mira, ¿te suena de algo?

-Es la pulsera que vimos en el centro comercial.

¿No? -Sí.

-¿Te la ha comprado tu madre? -¿Mi madre?

Me la he comprado yo.

-Pues te ha costado una pasta.

-Para algo estoy currando, ¿no?

Soy una mujer independiente

y me he dicho: "Eso se merece que te des un buen capricho".

Y me la he comprado.

-Pues sí. -Pues sí.

-Qué envidia te tengo.

Ojalá tuviera mi dinero para hacer lo que me diese la gana.

No siempre pidiendo a mis padres.

-No te preocupes, en cuanto te conviertas en chef,

te cerrarán la Gran Vía

para que compres lo que quieras, como las famosas.

-Ya, claro.

(ASIENTE) -Tú hazme caso. Si es que tú vales para esto.

Te digo yo que vas a llegar superlejos en la cocina.

-Díselo a mis padres.

Están ahí empeñados en que me presente

a los tres exámenes que he suspendido.

-Pero ¿no saben que lo que tú quieres es ir a la Escuela de Cocina?

Olga, quedamos en que ibas a hablar con ellos.

-Ya, si yo se lo quería decir. Te juro que quería.

El otro día estaba ahí mazo convencida,

pero mi madre llama y dice que no viene a cenar.

-Jo, qué suerte.

-Es que están en la comisaría superliados con lo del ruso este

y lo del ataque a Alicia y todo,

y no están "pa'que" les cuente yo mis rollos.

-No. -Vamos, que no se ha dado la ocasión.

-Es que no se va a dar la ocasión. Las ocasiones no se dan, se buscan

o... se provocan.

-Te estoy diciendo que no es tan fácil, ¿eh?

-Y yo te estoy diciendo que sí es tan fácil.

Si lo difícil es tener un objetivo claro en la vida.

Por eso la peña va ahí, como un pollo sin cabeza,

que no saben ni lo que quieren, ni lo que les gusta, ni "na".

Tú tienes una suerte que flipas.

Porque tú tienes superclaro que lo que quieres es cocinar.

-¿Y tu objetivo en la vida cuál es?

-Eh... conseguir al Rober.

-Tía, ¿todavía sigues con eso?

-No pienso tirar la toalla, que es lo que deberías hacer tú.

Porque el que la sigue la consigue.

-Has parecido una orientadora del colegio.

(RÍE) -Tú hazme caso a mí que yo soy muy lista.

¿Tú sabes quién es Samanta Vallejo?

-Sí, la jurado de MasterChef, ¿no? -Esa.

Pues leí que cuando era joven, se fue a Nueva York a buscarse la vida.

¿Tú sabes cómo lo hacía?

Haciendo paellas a domicilio.

Fíjate. Y mira dónde está ahora.

-Pues no tenía ni idea. -Pues mira, ya lo sabes.

A ver, que está claro que es supercomplicado todo,

porque en esta vida nadie regala nada.

Pero las cosas que merecen la pena

hay que currárselas mucho, como hago yo.

¿Qué pasa, que te ha dado un flus o algo?

-Guárdame la mochila, ahora vengo.

-Olga. -Guárdamela un momentito.

(Pasos rápidos)

-Vaya pedazo de motivadora que soy.

Podría ser...

"coach" motivacional o...

o de vida, o no sé.

(Pasos rápidos)

Espe, ¿qué haces tú aquí? ¿Te has perdido?

-Apúntame, que quiero empezar cuanto antes.

-Pero ¿no decías que esto no era para ti?

-Que eso era antes, he cambiado de opinión.

-Lo que podemos hacer es que te vengas un día a probar

y luego tú ya decides.

-Que no, que ya está decidido. Me quiero hacer socia ya.

-Pues encantadísima de tenerte por aquí si es lo que quieres.

Mira...

Relléname esta fichita con tus datos y todo eso.

Y enseguida te doy de alta. -Vale.

Ay.

-Madre mía, te vas a poner "toa" buenorra, ¿eh?

-Qué ilusión. (RÍE)

-¿Y dices que te duele el talón al pisar?

-Un poquillo cuando lo giro a la derecha, pero nada.

-¿Un poquillo o mucho?

-Que no, que no me duele mucho.

-No te hagas el valiente, que no te va a servir de nada.

-Con el hielo que me puse me lo he curado.

-Qué te vas a haber curado.

Te bajó la inflamación y te evitó un hematoma.

Hiciste muy bien. Pero no se ha curado.

-Que soy perro viejo, que no es la primera torcedura que me hago.

-No veo rotura, los ligamentos están bien.

No merece la pena ni que te haga una placa.

-Perfecto, ¡a currar! -Un momento.

Eso no significa que te vayas a correr los cien metros.

Tienes que ponerte una tobillera para sujetar la articulación.

-"Copiao", tobillera. -Un momento también.

-"Joer".

¿Qué?

-Quédate unos días en la comisaría.

No salgas a patrullar hasta la semana que viene.

-Pero ¿cómo? ¿Qué dices?

-Lo que oyes, que tengas cuidado.

¿Quieres que se haga crónica la lesión?

-No me metas en comisaría a hacer diligencias.

-¿No? ¿Prefieres estar un mes de baja por un tobillo mal curado?

-Doctor, que lo mío está diagnosticado.

-Eso. -Que los papeleos me dan asma.

(RÍE) -Bueno, entonces, si es para evitar el asma...

Haz el favor, no hagas el bruto, cuídate.

-Oye, una cosita. ¿Puedo ir al gimnasio?

Un poquito, a hacer abdominales, unas pesas.

-Me lo quieres poner difícil.

Ni se te ocurra hacer bicicleta. -Nada. Bicicleta, prohibido.

-Ni cinta. -Vale, que ya te he entendido.

Que dejo el pie tranquilo. ¿Puedo irme?

-Bueno... -Venga.

Vamos.

(SUSPIRA)

Hombre, peque. -Hola.

-Mira qué buen aspecto tiene. (RÍE)

-Te dejo con tu padre, que a mí ya me ha despachado. ¿Vale?

-Vente la semana que viene para ver ese tobillo.

-Vale, doctor. Hasta luego.

(Ruido de llaves)

-Bueno...

(Se cierra la puerta)

Por fin en casa.

No, déjame.

Déjame a mí, que no puedes hacer esfuerzos.

(Ruido ruedas rodando)

Ajá.

¿Tienes hambre? Te he preparado un tentempié.

No, no, no, papá. Gracias. Lo que quiero es que te sientes.

Mira, te voy a traer el teléfono...

para que no tengas que levantarte a contestar.

Aunque no va a ser necesario, porque ya estoy aquí para hacerlo.

Me he pedido el día libre en el bufete.

Pero ¿por qué, papá? Si no hace falta.

Sí hace falta. Los médicos han dicho que no puedes hacer esfuerzos.

Bueno, pero tampoco soy una inválida.

Oye, ¿qué es eso?

Esta es una mesa

para que no tengas que levantarte

a ir a comer.

Y aquí, además, me sirve para poner todos los mandos...

(Ruido mandos en madera)

De la tele, del vídeo y demás.

(ASIENTE) Y además, te he comprado...

un cojín ergonómico.

Mira, pruébalo.

Mira cómo se adapta, ¿eh? Para las cervicales.

¿Tienes un poquito de hambre?

No, papá. Te acabo de decir que he desayunado en el hospital.

Sí, tienes razón.

De todas maneras, te voy a traer algo para que repongas fuerzas.

(Pasos que se alejan)

(Se abre y se cierra puerta)

(GIME)

(ANTONIO) ¿A qué viene esta visita? -Nada, no pasa nada.

Bueno, sí, pasa, pero no es nada malo.

-Ah. Y entonces, ¿qué quieres?

-Saber si mamá y tú vais a estar esta noche en casa.

-Pues sí, imagino que sí. ¿Y eso?

-No, que quería prepararos una cena. ¿Qué te parece?

-Me parece muy bien. (RÍE)

¿Y a qué viene eso?

-Pues viene a que mamá últimamente está muy liada.

Y digo, pues yo quiero tener un detalle con ellos.

Y así hablamos.

-Me parece fantástico.

¿Y cómo tenemos que ir? ¿De etiqueta o informal?

-Oye, papá, que estoy hablando en serio.

-No, yo también. Me hace muchísima ilusión

que nos hagas la cena, de verdad.

-¿Seguro que va a venir mamá? Porque ya sabes que últimamente...

-Pues yo creo que sí.

Hace un rato me ha dicho que cenábamos juntos.

-¿Seguro? Que luego la llaman y no viene.

-Seguro. Si no, ya me invento yo algo, ya verás.

Ya me la camelo yo. -Vale, gracias.

Te va a encantar lo que os voy a preparar.

-Vale.

-Adiós. -Adiós, cariño. Hasta luego.

(Se cierra puerta)

-Bueno, pues aquí tienes un zumo

que es una maravilla de zumo.

Tiene muchas vitaminas.

Gracias, papá.

Y, bueno, te he traído pues...

estos bocaditos de salmón.

Tienen muy buena pinta.

Tienen salsa de rábano.

(RÍE)

Gracias, papá, te lo agradezco mucho,

pero no hacen falta tantos cuidados.

Además, yo mañana había pensado en empezar a moverme sin esto.

¿Mañana? No, mañana es muy precipitado, hija.

Pues ya veremos.

¿No... no quieres comer?

Luego como.

Pero antes quiero que hablemos...

de un asunto importante.

¿Qué pasa? (SUSPIRA)

No tiene que ver conmigo, sino contigo.

He estado pensando en el viaje que quería hacer Montse

para ver la aurora boreal. (ASIENTE)

Sí, la verdad es que es una locura.

Pero para ella es muy importante.

Y seguro que le apetecería muchísimo contemplar ese espectáculo contigo.

Sí, pero ella ha comprendido que yo debo estar...

Con ella, papá.

Debes estar con ella.

Yo no me podría perdonar que no hicieras ese viaje por mí.

Y, además, Montse te necesita mucho más que yo en estos momentos.

Yo me las apañaré perfectamente aquí.

Puri vendrá más días de lo normal, y asunto arreglado.

Yo... no sé...

Mira, papá, con todo esto que me ha pasado...

(EMOCIONADA) he visto la muerte tan cerca que...

que me he dado cuenta de que hay que exprimir la vida.

(SUSPIRA)

Y por eso quiero que hagas ese viaje.

Porque sé que es importante para Montse y para ti.

Sí, tienes razón.

Disfruta con ella todo el tiempo que os queda.

Y además, esto parece el puente de mando de la Enterprise.

Tengo todo a mano. (RÍE)

Bueno, pues tengo que hacer una llamada urgente.

(SUSPIRA)

Montse, nada, quería hacerte una pregunta.

¿Te hace falta un compañero de viaje?

(JADEA)

-Como no bajes un poco el ritmo, te va a dar un jamacuco.

-¿Cuánto tiempo llevas ahí?

-No, la pregunta es qué haces tú en el gimnasio.

-Pues qué voy a hacer, quitándome unos kilitos que me sobran.

-Pero ¿qué dices? Estás estupenda.

-Sí, estupendísima, vamos.

La Elsa Pataky de la comisaría.

-Tú eres mucho más simpática.

-Ay, si te digo la verdad, estoy hecha una birria.

Tanto tiempo detrás de la mesa de Atención al Ciudadano,

me ha dejado anquilosada.

-Pues a eso hay que ponerle remedio,

pero poco a poco, que vas a reventar. (RÍE)

-Antes se lo tenía que haber puesto.

Cuando me detectaron vista cansada,

tenía que haberme puesto las pilas,

que eso era una señal.

Si lo hubiera hecho, Alicia no estaría en el hospital.

-Tampoco es eso, Espe.

-¿Te tengo que recordar a quién le quitó el arma Tokarev?

-Ya, bueno, pero no te mortifiques.

Nos podía haber pasado a cualquiera. -Pero me pasó a mí.

-En una cosa tienes razón.

Hay que estar en forma para ser policía.

Nunca sabes cuándo tienes que actuar.

Yo ayer persiguiendo a unos chavales me torcí un tobillo.

(RESPIRA AGITADA) -Exactamente.

Hay que estar en forma.

(JADEA)

-Pero hazlo tranquilamente, porque mañana vas a tener

unas agujetas que no te vas a poder ni mover.

-Ay, tienes razón. (RESOPLA)

Yo creo que por hoy ya me he machacado bastante.

(RESOPLA)

Muchas gracias por los consejos, compañero.

-De nada. A mandar.

-De todas formas, me tengo que ir porque en nada empieza mi turno.

Uy. (RESOPLA)

Oye, Guevara... -¿Mmm?

-Tú... este discursito no me lo habrás soltado

para que te dejara libre la máquina, ¿no?

-Pero qué desconfiada eres, Espe.

Que no puedo usarla, que tengo el tobillo mal.

-Ah, pues mira, te devuelvo los consejos.

Cuídate y hazle caso a las indicaciones del doctor.

(RÍEN)

Que... ya no tienes edad para tanta tontería.

(ALEGRE) Luego nos vemos.

(CON SORNA) -Hasta luego, compañera.

Jo.

¡Ey!

-¡Elías! Oye, quería hablar contigo sobre Nacha.

-¿Qué le pasa a mi excompañera de patrulla?

-¿Tú sabes por qué ha cambiado tanto de parecer con respecto al boxeo?

-No sé de qué me estás hablando.

-De repente me ha dicho que quiere que la entrene para competir.

-Pues no... no tengo ni idea.

-¿Te acuerdas de que yo le decía que boxease

y ella me decía que no, erre que erre?

Y, de repente, llega aquí un día y dice que quiere competir.

¿Tú te lo explicas? -Pues no, la verdad es que no.

Y es que no sé por qué lo ha hecho.

Ya te digo que no me ha comentado nada.

-Me contó un rollo, que...

que necesitaba buscar objetivos en la vida,

que estaba preparada y que...

y que la entrenase cuanto antes, pero...

-Bueno, no sé.

Hace días que no la veo, porque estoy patrullando con Rober.

Pero, vamos, indagaré. -Si te soy sincero, me da igual.

La verdad es que estoy encantado de entrenarla.

Será una gran campeona.

(ESFUERZO)

Cuidado con ese peso, te vas a hacer daño en la espalda. Toma.

-Gracias. ¿Ahí?

-Ahí justo. -Okey.

-Hasta luego. -Ay.

Joder.

Así es más "jodío".

(Pasos)

(Llaman a la puerta)

Adelante.

¿Se puede?

Sí, sí, pasa, Montse, pasa.

(Se cierra puerta)

Te confieso que me ha sorprendido cuando me has llamado.

Pensé que lo del asunto de Tokarev estaba liquidado.

Y lo está.

El agente Batista está libre de toda sospecha

y la falta leve de Espe no va a ser revisada.

Ya sabes que tengo mis más y mis menos

con Régimen Disciplinario, pero creo que, en este caso,

tu actuación ha sido impecable.

Te agradezco el cumplido. No es un cumplido.

Es la verdad.

Claudia, no es un asunto oficial lo que me trae hoy por aquí.

He venido por esto.

(SUSPIRA)

(RÍE)

Es el único recuerdo que tengo de las dos juntas como policías y...

me gustaría que la tuvieras tú.

(Pasos)

-Hola, Laura.

-Hola.

-¿Alguna novedad del Oso?

-En cuanto la haya, lo sabrás.

Bueno, tú y todos los compañeros.

-Tampoco hace falta que te lo tomes así, ¿eh?

-No me lo tomo de ninguna manera.

Pero es un agobio que todo el mundo me pregunte por el maldito Oso.

-Nosotros tampoco estamos de brazos cruzados.

Si te sirve de algo, llevo toda la mañana

preguntando a los vecinos donde apareció el cadáver del chaval.

(SUSPIRA)

-Perdóname. No debía hablarte así.

-No, si no pasa nada, tranquila.

Últimamente estamos todos un poco nerviosos.

Entre lo de Tokarev, el traficante de armas...

parece que estamos en Colombia.

-Debiste pasarlo mal de pequeña, ¿no?

-Sí, pero no tomaba conciencia de ello.

Es lo bueno de ser niños, son puros y...

Todavía no han descubierto lo dura y triste que puede ser la vida.

-¿A qué se dedicaban tus padres?

-Mi padre... -Perdona.

Hola, Martín.

Me pillas bien, sí, no, no pasa nada.

¿Vernos? Ah...

Bueno, si dices que solo será un momento...

¿Dónde estás?

Ah, vale, guay. Sí, sí, estoy aquí al lado.

Chao.

-Chao.

-Sí, ahora voy.

Me acuerdo perfectamente de esta foto.

Julio de 1979.

Nos la hicieron después de tirar las gorras en el día de la jura.

Nos queríamos comer el mundo.

Por poco el mundo se nos come a nosotras.

No nos lo han puesto nada fácil.

(SUSPIRA)

Las primeras 42 mujeres policías que se licenciaron.

Han pasado...

Muchos.

Muchos años. (RÍE)

No hace falta ni decirlo.

(SUSPIRA)

Nosotras abrimos un camino

y estoy muy orgullosa de haberlo abierto.

(RÍE) ¿Te acuerdas de la cantidad de marrones

que nos tuvimos que comer?

(RÍE) Y las noches que hicimos juntas...

Cantidad, ¿eh?

Te tengo que confesar que si no hubiera sido por ti,

yo no lo hubiera conseguido.

No hubiera soportado tanta presión.

No digas tonterías. ¿Cómo no lo vas a conseguir?

Lo hubieras conseguido igualmente. Eres una mujer muy fuerte.

Nunca he sido tan valiente como tú.

No te quites mérito ahora, anda.

No lo hago.

Llevo muchos años huyendo de la verdad porque me daba miedo.

Pero ahora se me agota el tiempo, y ha dejado de asustarme.

Eres una gran policía,

no temes la calle

y sabes tratar a las personas y por eso te ganas su respeto.

A mí la gente nunca se me ha dado bien.

Por eso cuando te conocí, me caíste tan bien.

Tú eras lo que yo no podía ser.

(AZORADA) Y dices que no eres valiente.

Pues hace falta coraje para venir a decirme todo esto.

Y hay otra cosa que debo hacer.

Pedirte perdón.

Bah.

Siento mucho lo que pasó entre nosotras.

Pero debes saber que Antonio nunca dejó de quererte.

(SUSPIRA)

Te lo agradezco.

¿Quieres quedarte con la foto?

Por supuesto.

(RÍE)

Bueno...

Ahora debo marcharme.

Espera.

Yo también tengo que darte algo.

(SUSPIRA)

Gracias.

Gracias.

-¿Cómo? ¿Que Jairo se ha quedado en paro?

Pero ¿qué ha pasado?

-Ni idea. Lo único que sé es lo que te he contado.

-Si estaba supercontento en el curro.

¿No te ha contado nada más? -Que no, ya te lo he dicho.

No suelta ni prenda.

El pobre tiene un bajonazo que "pa'qué".

-Mmm, pobrecito.

Mmm. -Eh, Paty, ¿qué tal?

-¿Qué pasa?

-Salima, ponme una cañita, "porfa". (ASIENTE)

-Oye, que... ya me he "enterao" de que te has "quedao parao".

(TOSE) -"Parao" no, no me he "quedao parao".

Me he quedado en paro, no es lo mismo.

-¿Ah, no? -No, porque me estoy moviendo mucho.

No soy ningún "tirao".

-Yo no he dicho eso en ningún momento, Jairo.

(CARRASPEA)

-Es cuestión de tiempo que me salga algo mucho mejor.

-Eso está clarísimo.

De verdad. Pero pensaba que estabas contento en Transportes Quintero.

¿No te habían ascendido hace poco?

(TOSE)

¿Por qué no me lo contaste el otro día?

-Yo no voy contando mi vida a la gente.

-No sé, si necesitas ayuda,

puedo preguntar en el gimnasio si quieres.

-No, no, déjalo, no importa.

Estoy apuntado a un portal de búsqueda de empleo.

Me vienen muchas ofertas al móvil. -Mmm.

-De hecho, mira, me están viniendo muchas ahora mismo.

Aquí hay mucho ruido. Me voy fuera a mirarlo más tranquilamente.

(Pasos)

-Pero ¿y a este qué le pasa?

He estado bastante amable, ¿no? -Dale tiempo.

Para él ha sido un palo perder el curro.

Se le veía muy ilusionado en Transportes Quintero.

-Lo entiendo, pero yo qué sé.

Ha estado un poquito borde conmigo, ¿no?

-Que no, no tendrá ganas de hablar.

-No sé, será por eso. Yo qué sé.

(Pasos rápidos)

-¡Salima! ¡Salima!

¡Que nos ha tocado! ¡La rifa, el primer premio!

¡Que nos vamos de crucero!

-¿Estás seguro?

-Segurísimo. Más de mil números, y sale el mío.

¡Increíble! -Sí que es increíble.

Señal de que se acabó nuestra mala suerte.

-Qué guay, os vais de crucero. Qué envidia me dais, ¿eh?

-Muchas gracias, Paty. Es que todavía no me lo creo.

Dame el boleto que voy cuanto antes a la ONG

a reclamar el premio.

Venga. (RESPIRA AGITADO)

-Eh...

No lo tengo.

(RÍE)

-Venga, Salima, déjate de bromas y dame el...

Dame el boleto.

-A ver...

Ay, igual... ¿lo dejé en un cajón de la cocina?

-Cajón de la cocina... ¿Cómo que igual?

¿No sabes dónde lo has puesto?

-Cariño, no te pongas nervioso, ¿eh?

(RESPIRA AGITADO)

-Es... es la primera vez en mi vida que me toca algo, te lo juro.

-Ya ves, a mí nunca me ha tocado nada.

También es verdad que porque no juego.

(RESPIRA AGITADO)

(IMPACIENTE) -¿Lo has encontrado?

-Aquí tampoco está.

-Bueno, tranquilidad, que seguro que aparece, ¿eh?

(RÍE) -Eso espero.

Caray, cariño, no... no era tan difícil guardarlo, ¿no?

(AGITADO) Para una vez que me toca, desaparece.

Dime que no lo has perdido, por favor.

-Bueno, chicos, yo me tengo que ir a currar.

Pero tranquilos.

No desesperéis, que fijo que aparece en el momento menos "pensao".

Suerte.

-Ay.

(RESPIRA AGITADO)

¿En la basura?

¿En serio estás buscando en la basura?

-Igual al barrer, lo recogí y lo tiré sin querer.

(RESPIRA AGITADO)

-Así que como por arte de magia, ¿has cambiado de opinión?

-Ha sido Max el que te ha ido con el cuento, ¿verdad?

Es imposible dar un paso en esta comisaría

sin que todo el mundo se entere de todo.

-Si no lo sabe nadie. Solo lo sé yo.

-Ay, es igual. Tarde o temprano acabarías sabiéndolo.

-Ya. Pero es que no lo entiendo. ¿Por qué has decidido combatir ahora?

-Es personal.

Y te agradecería que no te metieras en mi vida.

-Pero te podré dar mi opinión, ¿no?

Y decirte que no estoy de acuerdo.

Somos compañeros y creo que también amigos, Nacha.

-Pues si de verdad eres tan amigo mío,

te pediría que no me tocaras este tema, en serio.

-Es por Laura, ¿no?

-Mira, tengo mucho trabajo... -Oye.

Es por ella, ¿no?

¿Vas a dejar que te machaquen en un ring por un mal de amores?

-No sé de qué me hablas.

-Yo creo que lo sabes perfectamente.

Venga, que a mí no me la das. Que soy perro viejo.

(SUSPIRA) -Es mi vida, ¿vale?

Y además, Laura es una compañera como cualquier otra

en esta comisaría. -Mmm.

-Punto. Entre ella y yo, no hay nada. ¿Te ha quedado claro?

-No.

-Pues piensa lo que te dé la gana.

(SUSPIRA) -Bueno, ven, está bien.

Haz lo que quieras.

Pero el boxeo es muy serio.

Y te van a poner la cara como un cromo.

Si quieres boxear, hazlo porque te apetece

y no por despecho.

¿Está claro?

-Clarísimo. -Muy bien.

Pues piénsatelo bien antes de que te partan la cara, guapa.

-Ay. -Ay.

(RESOPLA)

-Nada. Pero ¿qué coño pasa?

¿Tengo que tener tres carreras para llevar una carretilla, o qué?

(SUSPIRA)

-Fernando Quintero.

-Hombre, Manolo. ¿Qué tal?

Precisamente ahora pensaba en ti.

-Qué casualidad.

Yo, en cambio, llevo pensando en ti todo el día.

Ahora mismo estoy disfrutando de las vistas de tu barrio.

Estoy sentado aquí en una mesa, en un bar que no se está nada mal.

A pesar de que la dueña tiene muy mala uva.

Menos mal que ahora no está.

-Bueno, ¿y dónde estás? Porque igual lo conozco.

-"Bar La Parra, se llama".

-Claro que lo conozco, hombre.

Ahí tienes a María y a Salima, dos mujeres estupendas.

"Diles que vas de mi parte".

-Lo serán, lo serán.

Pero no vamos a perder el tiempo hablando de ellas, ¿no?

Mira, Fernando, estoy harto de este barrio,

de este paisaje, de esta ciudad.

Quiero largarme al sur ya.

-Sí, ya veo que te tira la tierra.

-"Claro, por eso quiero irme".

Pero antes, necesito llevarme una respuesta a lo que hablamos.

Y esa respuesta la necesito ya.

"Hoy".

-Eh, tranquilo, hombre, que la vas a tener.

Yo ya he tomado una decisión.

-¿Y bien?

-A ver, Manolo, como comprenderás,

no nos vamos a poner a hablar por teléfono sobre todo este asunto.

"¿No te parece?". -¿Cuándo nos vemos?

-Pues mira, ¿te parece bien

dentro de una hora y media, por ejemplo?

"Vente para mi empresa,

que ya se habrán ido todos los empleados.

Así podemos hablar tranquilamente. Y te pongo un güisquicito".

-Muy bien. Pues en un rato voy para allá.

Oye, chaval,

acércate un momento, haz el favor.

-¿Qué pasa?

-Ven, ven, acércate.

Quiero hablar contigo.

Tú me habías dicho que trabajabas en Transportes Quintero, ¿no?

-Alguna vez me han "llamao" "p'algún" refuerzo,

descargar algún camión, alguna cosita así.

-Ya. ¿Y a qué hora termina de trabajar la gente allí?

-El personal de 21:30 estarán ya chapando.

-Bien, bien.

Leí en la prensa que a uno de los vigilantes

lo trincaron por asesinato.

-Sí.

Y se lo cargó la poli.

-Tela, tela.

¿Y lo llegaste a conocer?

-Un poco.

-Y al vigilante nuevo de ahora, ¿lo conoces?

-Al nuevo y al otro.

-O sea, que hay más de un vigilante.

-Hay dos. Se alternan.

Siempre hace la ronda uno

y cuando se va el jefe, cierra.

-Ya.

Una última cosita.

¿Sabes por aquí dónde hay una licorería?

-Sí.

Licorería tienes una en la Cuesta de Toneleros.

Es la segunda, saliendo de la plaza, a la izquierda.

-Muy bien. Gracias, chaval. Toma.

Que te lo has "ganao". -De nada, hombre.

-Ay, hasta luego.

-Hasta luego.

(Golpe de vaso en la mesa)

(Llama a la puerta)

-Me pidió que no viniera por aquí,

pero tengo algo urgente que puede ser útil.

-Pasa, pasa, Sergio.

(Se cierra la puerta)

-Creo que tengo la solución al problema del que me habló ayer.

Llevo todo el día dándole vueltas al tema.

Y al final creo que he encontrado un método rápido y seguro

para recuperar una cantidad de dinero tan grande como la que me pidió.

Y sin levantar sospechas, mire.

-No hace falta que me enseñes nada, Sergio.

-Si no me ha dejado explicarle...

Le garantizo que en una semana...

-No podía esperar una semana, ya te lo dije.

Necesitaba el dinero para hoy.

-Para hoy era imposible.

-Lo sé, lo sé, y por eso he cambiado de opinión.

Así que no te preocupes, que no es necesario que hagas nada.

-¿No quiere que le explique mi idea?

A lo mejor ese contratiempo vuelve a molestarle.

-Ese contratiempo no me va a volver a molestar.

Tranquilo.

-Está bien.

Usted manda.

-Verás, yo te agradezco mucho todo el esfuerzo que te has tomado.

Solo quería... tantear el terreno, ver qué posibilidades tenía.

-No se preocupe. En cualquier caso, ya sabe que la posibilidad

de traer dinero con urgencia existe.

-Lo sé, lo sé, lo sé. Y te lo agradezco mucho.

Ayer, la verdad es que no sé qué me ocurrió.

Creo que me olvidé de uno de mis principios.

-Siento curiosidad por saber cuál es ese principio.

-¿Ah, sí? -Sí.

-¿Quieres que te lo diga? -Por favor.

(RÍE) -Yo creo que la dignidad de un hombre

se mide por su valor.

Si el enemigo huele el miedo antes de la batalla, estás perdido.

No lo olvides nunca. -No lo voy a olvidar.

En el fondo, pienso como usted. -También lo sé.

También lo sé.

Porque tú y yo nos parecemos, ¿sabes?

Yo no huelo tu miedo, pero sí huelo tu ambición.

Y cambiemos de tema, que nos estamos poniendo espesos.

¿Has visto a Alicia estos días?

-Está en casa. Le han dado el alta esta mañana.

Tiene que andar con muletas, pero será cosa de días

que se reincorpore al trabajo.

-Bien, bien, bien, bien. Es una chica fuerte.

¿Y su padre? -Con ella.

Se ha tomado unos días libres en el bufete para cuidarla.

La verdad es que el bufete anda manga por hombro cuando no está él.

-Y cuando no estás tú.

-Aún no soy tan imprescindible.

Pero todo se andará.

-Lo sé.

-Si no me necesita para nada más...

-Pues no. No te necesito, Sergio.

Sí quiero, por favor, agradecerte todo lo que has hecho.

Buen trabajo. -Muchas gracias.

Cuídate.

(Se cierra la puerta)

(Ruido de apertura y de cierre)

(Ruidos metálicos)

(Ruido de cierre del cajón)

(Repiqueteo de dedos sobre la mesa

-No puede ser que no aparezca. Tiene que estar en alguna parte.

-Pues claro que tiene que estar.

Pero ya no sé dónde más mirar. He barrido dos veces.

He mirado en los cajones, en la estantería.

Hasta he limpiado la nevera, vete tú a saber, si estaba allí.

-Los delantales.

¿Has mirado en los delantales?

-Es lo primero que hice, y en toda mi ropa.

-Lo mismo lo has lavado sin darte cuenta, cariño.

-¡Que no! Que siempre reviso todos los bolsillos

antes de meter nada a la lavadora.

-No me lo puedo creer.

Te dije que era importante. ¿Te lo dije o no?

-Que sí, que me lo dijiste.

-Entonces, ¿cómo no puedes saber dónde lo has puesto?

-¿Qué más quieres que te diga, Eugenio?

Habíamos abierto el bar y teníamos mucho jaleo.

Además, si tan importante es el boleto,

¿por qué no lo guardaste tú?

-Pues porque yo pensaba que tú no eras tan despistada como yo.

Pero me equivoqué.

No me extraña que te acojone

que María te dé más responsabilidades.

-¿Perdona?

Que me imponga no quiere decir que me acojone.

-Pues no lo parece. -¿Tú qué quieres decir?

¿Que no me ves capaz de llevar La Parra?

(RÍE) -No, no, yo no he dicho eso, ¿eh?

-No, lo has insinuado, que es peor.

Pues tenlo claro, yo mi trabajo me lo tomo muy en serio.

Y por eso, no recuerdo dónde metí el maldito boleto.

-¡Ajá! Porque no le diste importancia.

-Pues sí, es cierto. Pero ¿tú qué te crees?

Que después de los proveedores, abrir el bar,

los desayunos, ¿me iba a dar cuenta de dónde pongo un boleto?

-¡Pues deberías!

Porque, al menos para mí, era importante.

-Y dale con que era importante. Para mí también.

-¿Y por qué no sabes dónde lo has puesto?

-¡Que no lo he perdido! No sé dónde está, que no es lo mismo.

-Pero, bueno, bueno.

¿Queréis bajar el tono de voz? Que se os oye desde arriba.

¿Y por qué no estás en la terraza?

-Es por el boleto. Y por este, que está insoportable.

-Hombre, no, a ver, es que perder un boleto así,

pues tiene que escamar un poco.

Que un viajazo como el que es...

Perdón. Me callo.

Que voy a la cocina, voy a preparar las cenas.

(Pasos)

Oye...

¿No será esto lo que estáis buscando?

-El boleto.

¡Nuestro boleto!

-¿Ves?

Pero... si yo había mirado en tu delantal.

-Pero habrías mirado en el de esta mañana.

Este no, porque me lo subí a lavar. Pero se ha "bajao" tal cual.

-Ay, pero el boleto está intacto.

-Porque ha "bajao" tal cual. No lo he "lavao".

Pero por un pico así no está en la lavadora.

Qué cabeza, Dios mío. De verdad.

-Que nos vamos de crucero.

-Y tú pensando que yo era una despistada.

-Un segundo.

¿Y qué hacía el boleto en el delantal de María?

No me lo digas. No quiero saberlo.

Lo importante ¡es que nos vamos a Cuba!

Mmm.

(Besos)

-Salima, por Dios, salte "pa'la" terraza, hazme el favor.

(Besos)

Madre mía, qué cruz tengo con vosotros, de verdad.

(SUSPIRA)

(Se abre el cajón)

(Ruido metálico)

(Se cierra el cajón)

(Se abre la puerta)

-¿Qué pasa? No me estarías esperando, ¿no?

-Pasa, Manolo, pasa. Siéntate.

-Me ha abierto el segurata.

Buen tipo.

Menudos gorilas que tienes, macho.

Estarás tranquilo con la seguridad, ¿no?

-Sí que lo estoy, sí.

Todos son gente de confianza.

-No lo dudo.

Bueno, ¿qué? ¿Dónde está?

¿Dónde la tienes?

-¿Dónde está, dónde tengo el qué?

(RÍE) -La pasta.

Mi dinero, Fernando, no te hagas el tonto, que nos conocemos.

(RÍE) -No vayas tan deprisa y siéntate, hombre.

Vamos a hablar con calma.

(SUSPIRA) -No me hagas perder el tiempo, ¿eh?

Me debes mucho. Y yo te introduje en este negocio.

-Lo sé, lo sé, nadie dice lo contrario.

Pero también es cierto que...

te has pasado cuatro años encerrado en el talego, ¿no?

Y mientras, yo me he tenido que hacer cargo de todo el negocio.

Distribuidores, proveedores, tu gente...

He multiplicado los beneficios mucho.

Y la ruta del sur ahora vale muchísimo más dinero que en tu época.

-No te interesa iniciar una guerra conmigo.

-Nadie quiere tener ninguna guerra contigo, amigo.

Yo soy pacifista. (RÍE)

Tú quieres que yo te dé

una importante comisión por todos estos años, ¿no?

Y la vas a tener.

Yo soy un hombre de palabra.

Ya lo sabes.

Pero no te voy a dar nada.

Te lo vas a tener que ganar tú.

-No lo entiendo.

-Es fácil.

¿Recuerdas el trato al que llegamos cuando te encerraron en el talego?

¿Eh? ¿Sí?

Yo me hacía cargo de todo el negocio

y, a cambio, todos los meses te ingresaba una importante comisión.

¿Correcto?

-Sé perfectamente lo que acordamos.

-Bueno, entonces también sabrás que yo todos los meses

he cumplido con mi palabra

y he ingresado puntualmente ese dinero.

Bueno, se lo he dado a tu familia, que era mejor.

Así que por ese lado, yo no te debo nada, amigo.

Estamos en paz.

-Déjate de mierdas, Fernando.

Sabes mejor que yo que esas rutas

valen ahora cinco veces más que entonces.

-Tú lo has dicho.

Valen cinco veces más.

Y esa va a ser tu compensación por todos estos años.

¿Qué te parece?

-Pues no lo pillo. ¿Me lo explicas?

-Es bien sencillo.

Vamos a volver donde lo dejamos.

Yo me voy a centrar únicamente en el transporte, la distribución.

Y tú te encargarás de todo lo demás,

de dirigir el cotarro.

Tu gente, los proveedores, los contactos.

En fin, dirigir el negocio. Es eso lo que quieres, ¿no?

Yo no meteré mis narices en tus asuntos,

y tú no las meterás en los míos.

Fácil.

-¿Y mi dinero?

-En la ruta del sur.

Ahí tienes tu dinero.

(RÍE) Tú mismo lo dices, ¿no?

Vale cinco veces más ahora que antes.

Y todo gracias a mi trabajo.

Te vas a forrar, amigo.

Pero en el futuro.

¿Qué te parece?

Seremos socios, no competidores.

(Nudillos en la mesa)

Te doy mi palabra.

-Qué zorro eres.

Me gusta.

(RÍE) Me gusta el trato.

-No entiendo a esta niña.

Viene a la consulta, dice que no podemos faltar y no aparece.

Se habrá entretenido con algo.

Y tanto que se habrá entretenido.

Que tengo que hacer la comida.

O sea que fíjate.

¿No nos estará ocultando nada? Pues no creo.

Está mucho más responsable desde hace un tiempo.

Bueno, desde que pasó lo que pasó.

(Ruido de cubiertos)

Ya veo, ya.

Que todo tiene una explicación.

Ya verás, igual nos está haciendo algún postre en La Parra.

Le doy diez minutos. Si no, le llamo por el móvil.

(SUSPIRA)

(Ruido de llaves)

Mira.

Hola, perdón por el retraso.

-Bueno.

¿Y el postre?

(Ruido de llaves)

-¿Qué postre?

-¿Cómo que qué postre? ¿No ves que no la entiendo?

¿No habías quedado tú en hacer la cena?

-A ver, es que yo os quería decir una cosa.

Que no me voy a presentar a los exámenes de recuperación

de las tres que tengo pendientes.

¿Perdona?

¿Perdona?

¿No ves que si no te presentas no tienes el título de bachillerato?

-Ya, pero tengo que preparar las pruebas de acceso

a la Escuela de Alta Cocina, que son en dos meses.

Y tengo que preparar una entrevista y una prueba técnica,

que consiste en preparar un plato delante de un jurado.

Y tengo que centrarme en esto porque es mi futuro.

Ni muchísimo menos.

Tú nos habías prometido que ibas a estudiar

a cambio de que te dejáramos practicar en La Parra.

Ya, pero si estudio, no voy a tener tiempo de prepararme.

Y si suspendo el examen de acceso,

tendré que esperar un año hasta entrar en la escuela.

Pues si hay que esperar, se espera.

El bachillerato es prioritario.

No sé por qué debo estudiar algo que no me va a servir de nada.

Yo lo que quiero es cocinar. Pues me parece muy bien.

Pero necesitas el bachillerato, Olga.

Métetelo en la cabeza. Sin estudios no vas a ningún sitio.

Eso es lo que tú te crees.

Me puedo ganar muy bien la vida cocinando.

Bueno... Nadie te dice que no cocines.

Sino que acabes tus estudios.

¿Y qué pasa con lo que prometes? (SUSPIRA)

Si no cumples lo que dices, nos has camelado para ganar tiempo.

No, no, yo me pensaba sacar mis exámenes en junio.

Pero con lo que ha pasado, no he podido concentrarme.

No, perdona, no te confundas. Sí que te has concentrado.

Pero en otra cosa, en tus recetas y en La Parra.

Y no es lo que habíamos hablado.

No hay peor excusa que el autoengaño.

Me has defraudado, Olga.

No es eso lo que esperaba yo de ti.

Si no eres capaz de asumir tus promesas,

pues habrá que aceptarlo.

Y por la cena, no te preocupes. Se me ha quitado el apetito.

Mira, para que lo sepas.

(SUSPIRA)

Os había preparado la cena, pero en La Parra.

Porque tengo más fuegos y es más rápido.

Y no os había preparado postre

por si estabais hartos de todos los de estos días.

(EMOCIONADA) Y tú también me has defraudado a mí, mamá.

(Pasos que se alejan)

(Se cierra la puerta)

-Pues esto habrá que celebrarlo. Con un brindis, ¿no?

-¿Prefieres whisky o brandy?

-Ah, déjate de chuminadas.

Vamos a brindar con Palo Cortado de Jerez, ¿eh?

Yo invito.

-Pues toma.

Llena ahí.

-Muy bien.

No hay nada como el Palo Cortado.

¿Eh? -Por ti, amigo.

Y por la ruta del sur.

(SUSPIRA)

-No hay nada como el Palo Cortado.

Está rico, ¿verdad?

(DESPACIO) -Sí, no... no está mal.

Algo fuerte, pero...

Tú...

¿por qué no has bebido?

-Porque soy el que sigue mandando aquí, Fernando.

Y esta noche te va a quedar muy claro.

-¿De qué estás hablando?

-De que poco a poco se te va...

a ir nublando la vista.

(Cristal contra la mesa)

-Me estoy mareando.

-Qué pena, Fernando.

Eso te pasa por creerte más listo que yo.

(Se cierra la puerta)

Te calé "na'más" que oírte por teléfono.

No tenías "pensao de" darme un duro.

Y a mí, no me chulea nadie.

-¿Qué había dentro de esa petaca?

(RÍE) -Bromuro de rocuronio.

El nombrecito se las trae, ¿eh?

Es una anestesia que te va a bloquear los músculos.

No te preocupes, no es doloroso.

Te vas a echar una siestecita.

(RÍE)

No te puedes imaginar la de cosas que se aprenden

en cuatro años en el trullo.

Ahora "na'más" que hay ingenieros, informáticos, químicos...

Gente muy útil. (RÍE)

El segurata también le ha "dao" un trago al Palo "Cortao".

A ver si tienes más ojo cogiendo a los de Seguridad,

porque te rodeas de cada imbécil...

(RÍE)

¿Sigue durmiendo?

Se ha ido sin desayunar.

Jo, después de una discusión, siempre hace lo mismo.

Es normal que esté enfadada.

¿Cómo que es normal?

Los que deberíamos estar enfadados somos nosotros.

No me cabe en la cabeza por qué no termina el bachillerato.

Te lo ha explicado.

Por las pruebas de acceso a la Escuela de Cocina.

-Olga, a mí me lo puedes contar.

Te vendrá bien desahogarte un poco.

-Creo que mis padres no me entienden.

Más bien dicho, mi madre.

Estoy teniendo unos sueños muy chungos.

Se merecía salir de la comisaría con los pies por delante.

Y tú eres policía. Y un policía duro, ¿o no?

Lo que se merecía es pudrirse en la cárcel,

como cualquier criminal.

Si hubiera tenido tiempo de precisar el tiro,

solo le habría herido, pero fue todo tan rápido...

¿Tú crees que Olga tiene... vale para la cocina?

Si la criatura ni respira cuando está cocinando.

¿De verdad? No me digas una mentira piadosa porque sea mi hija.

¿Cómo te voy a mentir en eso? Te lo digo de verdad.

-¿Y mi pulsera?

-¿Qué pulsera, hija?

-La que me compré hace poco, la negra y plata.

-No sé, la habrás perdido. Ya te comprarás otra.

-No la he perdido. A mí me la han tenido que robar.

Cien por cien. Me voy a comisaría a denunciar. Toma.

Estoy harta.

-Mis confites no sueltan prenda.

El Oso parece que se las sabe todas.

Sí, en este tema vamos a depender completamente

de lo que encuentre Laura en la "deep web".

Te traigo buenas noticias.

-Menos mal, porque llevo un día que tela.

Encima de que me roban la pulsera voy y discuto con Rober.

-Anda, toma, cabecita loca.

-Mi pulsera, pero...

Y yo pensando que me la habían robado.

Si hasta he ido a comisaría a denunciar.

-Pues ahora tienes que quitar la denuncia.

Di que se la encontraron y te la han devuelto.

-Si te apetece, podríamos ir a cenar esta noche

para que desconectes un poco.

  • Capítulo 76

Servir y proteger - Capítulo 76

11 ago 2017

Alicia recibe el alta y regresa a casa bajo los cuidados de su padre. Olga comunica a sus padres que quiere dejar el Bachillerato para ingresar en una Escuela de Cocina. Quintero se niega a entregar a Manolo el dinero que le reclama y éste intenta matarle.

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