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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 673 - ver ahora
Transcripción completa

Lara me tiene loco.

Es la mujer de mi vida, la perdí una vez y no quiero que se repita.

-"Volviendo a lo nuestro, ¿cuándo arreglamos otro partido?"

-Vamos a dejar que pase un tiempo para no levantar sospechas.

Y volvemos al lío.

-Lo siento, Lara.

-Quedas detenido por pertenencia a organización criminal,

corrupción entre particulares y blanqueo de capitales.

Tienes derecho a solicitar un abogado.

-Cuéntamelo. -Estos últimos días

he estado obsesionada pensando que tu padre

me había vuelto a engañar, pero estaba equivocada.

-No tienes que montarte paranoias y tampoco tienes que liársela.

-Tienes razón.

Bueno, esto ha servido para reconciliarnos.

-Pues que para el anuncio de publicidad de la clínica

ha llamado a Sara y a mi madre le ha dado un ataque de celos.

Oye, ¿te pasa algo?

-A mí no, ¿por?

-No sé, parece que te molesta lo que te acabo de contar.

-Eres lo mejor que me ha pasado.

Solo contigo estoy bien.

¿Vero?

Hola, cariño.

¿Interrumpo algo?

Oye, ¿y a Ibáñez qué tal le va en el huerto urbano?

-Ni idea, no se ha presentado.

-Vamos a dejar lo del huerto urbano que a lo mejor no era buena idea.

¿Qué me dirías si te propusiera algo más relacionado contigo?

-¿Conmigo? -Sí.

Algo de actor. ¿No eras actor?

¿Sabes lo que he conseguido?

Un castin en una serie de televisión.

-Hola, Espe.

-Pero ¿qué haces aquí tan pronto?

No te habrás echado para atrás. -¿Atrás? No.

Si había que ir, se iba y se hacía la prueba.

-Dime que lo has bordado, por favor.

-"Veni, vidi, vici".

Antes de abrir la boca ya me habían dado el papel.

-¡Ay!

-¿Qué? ¿Cómo lo llevas?

-Uf, pues llevo una mañana superentretenida.

Aquí recogiendo la terraza, tengo una empanada en el horno...

-Interesante, pero no tanto como la propuesta que te traigo.

-Una propuesta. -Profesional.

-Ah, ¿sí? ¿Cuál?

-¿Te gustaría convertirte en modelo?

-Espera.

Que oye, que no quiero parecerte borde ni nada,

que te agradezco un montón que hayas pensado en mí.

-Paty, de verdad que eres un diamante en bruto.

-No entiendo nada. ¿Qué es lo que te he hecho?

-¿Sabe por qué entré a trabajar en el Moonlight?

-No.

-Porque quería ver de cerca

la cara del asesino de tantos jóvenes.

-¿Se puede saber a qué viene eso ahora?

-A que uno de esos jóvenes

era la persona que más quería en el mundo.

-¿Cómo? -Es un criminal, señor Quintero,

y va a pagar por ello. -Lourdes, Lourdes.

(Música emocionante)

A ver, Lourdes, te lo pido por favor.

Lo siento mucho, de verdad.

No hagas ninguna locura, no hagas nada de lo que te puedas arrepentir.

-Tiene razón.

No puedo arrepentirme de dejarle libre.

-Lourdes, baja esa pistola y escúchame, por Dios.

-No, no quiero escucharle.

Yo intenté que no pasara esto, pero no me hicieron caso.

-¿Que no te hicieron caso? ¿Quién no te hizo caso?

-Nadie.

La policía, la prensa.

-¿Qué tiene que ver toda esa gente

en lo que está pasando aquí ahora mismo?

-Yo no quería que esto acabara así, quería que se hiciera justicia,

busqué pruebas. -¿Pruebas de qué?

-Pruebas de que es usted un narcotraficante, un asesino.

-¿Por eso me estabas espiando? -Sí.

Le saqué fotos con Rojo, le grabé.

-¿Por eso fuiste también a la policía?

-Y a la prensa, pero no me hicieron caso, tiene a todo el mundo engañado.

-A ver, Lourdes, por Dios, yo no tengo engañado a nadie.

Si no has podido convencer a toda esa gente

de que soy un delincuente será porque no lo soy, ¿no te parece?

Por eso no has podido encontrar ninguna prueba

de que yo ahora mismo esté haciendo nada ilegal.

-Es usted muy listo, señor Quintero. Sabe muy bien cómo, cómo...

cómo esconder las pruebas de los demás.

-Lourdes, Lourdes, te lo pido por favor,

yo ya no tengo nada que ver con mi pasado,

yo ya no soy ningún narcotraficante.

-Usted, usted,

usted debería estar en la cárcel por lo que hizo.

-Escúchame, Lourdes,

yo ya he pagado un precio muy alto, te lo puedo asegurar.

He pagado muy caro todo lo que hice en mi pasado.

Lo único que ha ocurrido es

que no he terminado en la cárcel, pero ya está.

-Pero ¿qué mierda...? Pero ¿qué mierda de justicia tenemos

que los criminales como usted campan a su aire

mientras que las víctimas sufren, sufren sin consuelo?

-Lourdes, desde que decidí cambiar de vida

he terminado colaborando varias veces con la policía y con el CNI

para desarticular unas cuantas organizaciones

de narcotráfico internacional, gente muy poderosa y peligrosa.

Y gracias a todo eso ahora mismo toda esa gentuza está en la cárcel

y no están vendiendo su maldita mierda en las calles.

-Bueno, ¿y qué?

Unos se van, otros llegan.

-Pues sí, desgraciadamente es así, Lourdes, pero yo no tengo la culpa.

Y desde que tengo el Moonlight hago lo posible

porque no aparezca ningún camello vendiendo su porquería

y si lo hacen no es porque yo se lo permita,

sino que lo hacen sin que me dé cuenta.

-¡Que no escurras bulto, desgraciado!

-Lourdes, Lourdes, ya te he dicho,

por favor, no dejes de mirarme,

ya te he dicho que yo también he perdido gente muy querida,

he perdido a las dos mujeres que más he amado en toda mi vida.

Y también he perdido a un chico

al que quería como si fuese mi propio hijo.

-Sí. Siempre mueren otros, ¿verdad, Quintero?

Pero usted no.

Pues esta vez va a pagar por todos. -A ver, Lourdes,

Lourdes, tranquilízate.

Te lo pido por favor, tranquilízate, ¿de acuerdo?

¿Qué crees que va a pasar si terminas apretando ese gatillo?

Vas a terminar en la cárcel, te lo aseguro.

¿Es eso lo que quieres?

Lourdes,

dame esa pistola, dámela antes de que alguien salga herido.

(Disparo)

No me manipule, no me manipule, Quintero.

Llevo dos años planeando esto,

desde la misma noche que mi hijo murió,

así que no me manipule.

-A ver, Lourdes, escúchame.

Mírame a los ojos, te lo pido por favor.

¿De verdad crees que tu hijo se sentiría orgulloso

de ver cómo su madre está a punto de convertirse en una asesina?

Piénsalo.

(Pasos)

-¿Qué pasa aquí? -No pasa nada.

Vuelve a tu casa, por favor, luego te llamo y te cuento todo.

-Tú no te vas a ningún sitio.

-Tranquilízate, Sara, no va a pasar nada, tranquila.

-Voy a atarle, señor Quintero. -Lo que quieras.

Lourdes, haz lo que tú quieras, pero déjala, no tiene nada que ver.

¿Me lo parece a mí

o mientras comíamos tenías la cabeza en otra parte?

El tiramisú ni lo has tocado y mira que te gusta. ¿Te pasa algo?

A mí no, no, qué va.

Cariño, ¿te pasa algo?

Mateo, déjalo, no quiero marearte con mis cosas.

Tus cosas son mis cosas.

Es sobre el asunto del que hablaba con Toni

y sobre otro asunto que tengo que arreglar.

Ah.

Pero ¿tú no te cogías la tarde libre?

Sí, iba a alargar mi tarde con Verónica después de comer.

Pero tengo trabajo yo.

-Me viene genial que estés aquí.

Tengo un cliente que quiere información sobre una rinoplastia.

Le estoy atendiendo yo, pero ¿por qué no le convences tú?

No hay que perder a ningún cliente, ¿verdad?

¿Te veo luego? Sí.

Tengo que irme ya. Vale.

Vaya, vaya, vaya, sorprende veros tan compenetrados,

haciendo planes y...

-¿Tiene algo de malo que lo pasemos bien?

-No, no, pero no me gustaría verte sufrir otra vez.

(SUSPIRA) Y más ahora que tiene otro objetivo.

-¿Qué objetivo?

-Sara, la cantante.

Se ha desvivido con ella desde que tuvo la agresión.

-Andrés, basta ya, basta ya, estoy harta de que metas cizaña.

-¿Yo? ¿Cizaña? -Sí.

Siempre estás tratando de desestabilizar mi matrimonio.

-Verónica, yo solamente quiero lo mejor para ti.

-Preocúpate menos por mí y haz bien tu trabajo, que menuda racha llevas.

-Lourdes,

no sé qué te ha pasado con Fernando,

pero... -Pero nada.

-Habría que llamar a la policía.

-¿A la policía?

¿A la policía para qué? La policía no hace nada.

Yo les llamé y no me hacen caso.

¿Cómo pueden dejar que un monstruo como ese

siga suelto en la sociedad?

-Pero ¿qué te ha hecho?

-¿Qué me ha hecho?

Mató a mi hijo.

Los camellos que vendían su mierda de droga

mataron a mi hijo y a cientos de chicos como él.

Aunque yo no quiera, tengo que impartir justicia.

-¿Justicia?

¿Y qué? ¿Me vas a matar a mí también?

-¿A ti?

¿A ti por qué? No, a ti no.

Haré lo que tengo que hacer y luego me iré.

-Pero yo no voy a dejar que te vayas.

Voy a llamar a la policía. -Haz lo que tengas que hacer.

Yo también voy a hacer lo que tengo que hacer, acabaré con esto.

-Fernando, di algo.

-No sé qué más puedo decir, Sara.

Ya le he pedido perdón y le he reconocido que en mi pasado

no era una buena persona,

pero no quiere entrar en razón y la entiendo.

-¿Entender? ¿Entender? ¿Qué mierda va a entender

si no tiene entrañas, alimaña?

¿Qué haces? -Sara, Sara, ni se te ocurra.

-No hagas tonterías si no quieres problemas.

-Vale, vale. -Estate quiera, Sara,

te lo pido por favor. Lourdes, Lourdes, mírame a mí,

mírame a mí y escúchame.

La pena que sientes

no te la vas a quitar provocando otra muerte.

Yo también he perdido gente muy querida en mi vida

y también he tenido ganas de llevarme a unos cuantos por delante.

Escúchame, Lourdes,

todo ese dolor, toda esa rabia que sientes por dentro,

no te la vas a quitar apretando el gatillo de esa maldita pistola,

te lo puedo asegurar.

Ese tipo de venganza no te va a llevar a ningún sitio bueno.

Vas a terminar en la cárcel

y tú no te mereces eso, Lourdes,

porque tú eres una buena persona, ¿me oyes?

Tú eres una buena mujer,

Lourdes, tú eres incapaz de hacerle daño ni a nada ni a nadie.

Mírame, Lourdes, escúchame.

¿Crees que tu hijo si estuviese aquí contigo

se sentiría orgulloso viendo

que su madre está a punto de disparar esa pistola?

¿De verdad lo crees?

Si me matas, Lourdes,

si me matas no vas a conseguir volver a tener a tu hijo a tu lado, no.

(LLORA) -Nada me va a devolver a David.

-Desgraciadamente no, Lourdes.

Desgraciadamente tu hijo no va a volver

y yo entiendo que no puedas perdonarme.

Lo entiendo, de verdad,

pero si terminas disparando esa pistola,

si terminas cruzando al otro lado de la ley

lo que vas a conseguir es convertirte en una delincuente.

Vas a terminar en la cárcel

y te vas a arrepentir el resto de tu vida, te lo aseguro.

-David no va a volver,

ni aunque mate a cien como usted.

-Ten cuidado, Sara.

-Tranquila, ¿vale? Ya está.

Ya ha pasado todo, ¿vale?

Venga, dame la pistola.

Venga, ya está.

(SUSPIRA)

-¿Qué haces? Deja ese teléfono, te lo pido por favor.

-Hay que llamar a la policía. -No vas a hacer nada de eso.

Vas a guardar el teléfono, ve a casa,

luego te llamaré y te cuento cómo ha terminado.

No quiero mezclar a la policía

en todo este lío.

Desátame, desátame.

Lourdes solo es una mujer desesperada y rota de dolor

y yo la entiendo

y no voy a permitir que pase ni una noche en el calabozo.

-¿Entonces no te suena nada lo de profesor Trapecio?

-Es que me suena como algo que veían nuestros padres, ¿puede ser?

¿No era un dragón? No, un dragón no, ¿un canguro verde?

(RÍE) -¿No?

-Sí, un canguro. -Vale.

¿Y por qué ha ido al centro?

-Puf, tiene una historia complicada.

Es alcohólico. -Ah.

-Y ha venido al centro a través de Espe buscando una rehabilitación.

Espe ha conseguido que le den una nueva oportunidad como actor,

así que está feliz. -¿En serio? Qué guay.

-Está en un momento maravilloso.

Además va a empezar una nueva terapia para ver si se rehabilita,

así que muy bien, muy bien.

-Sois maravillosos, ¿eh? Tanto tú como Espe

como todos los que trabajáis allí.

No os imagináis lo bien que hacéis al barrio.

-Bueno, tú también lo harás

cuando trabajes en el teléfono de ayuda.

¿Cómo te va?

-La verdad es que lo tengo ya bastante controlado.

Creo que dentro de poco me voy a hacer cargo de una de esas líneas.

Es que me ayuda un montón.

De verdad, pero ya a nivel personal, Miguel.

Es que veo los problemas que tiene la gente cada día

y de repente los míos pues se hacen más pequeños.

-Ya.

Al final, Paty, la cosa va de intentar mejorar un poco

la vida de las personas que tienes alrededor.

-Totalmente.

Aunque también pienso que la vida es demasiado corta

y que muchas veces es necesario meterse en el barro,

llegar hasta donde no llegan otros.

-No te sigo, ¿a qué te refieres?

(RÍE) -Nada.

-Nada que no te lo quiero contar o nada que... (RÍE)

-No, pues...

Mira, solamente te puedo contar

que voy a hacer algo que va a ayudar a muchas personas.

Voy a meterme en el barro.

Y te dejo que hay un cliente que me está haciendo gestitos.

Perdona. -Ya era hora.

-Perdona, ¿qué te pongo? -Un café.

-Muy bien. -Espera, ¿el café cómo es?

-Pues como quieras.

Solo, con leche, americano, descafeinado,

leche de soja, leche de avena, ¿qué quieres?

-Solo. -Vale.

-No vayas a traerme esa mierda de mezcla torrefacta

que servís en este país.

-Tendrá que ser mierda torrefacta porque no tenemos nada más,

pero no te preocupes porque aquí a dos calles

tienes una cafetería gurmé que te sirven el café que tú quieras.

Igual te cobran cinco pavos, pero bueno.

-¿Conoces la presidencia?

El país quiero decir.

¿Brasil, Etiopía, Colombia...?

-¿A ti de qué país te gusta el café? -De mi tierra, Brasil.

Allí todo tiene más sabor: la comida, la bebida, las mujeres.

-Pues... Jo, has tenido muchísima suerte

porque el café que tenemos es de Brasil.

-Oh, OK.

(Móvil)

¿Algo de comer?

¿Algo de comer?

-No.

Pero me gustaría que me dijeras dónde hay una ferretería,

necesito comprar unas cosas.

-Pues aquí cerca tienes dos,

una que está en la calle Molino y otra en la calle Arce.

¿Sabes? (ASIENTE)

-Ya puedes traerme el café.

-De nada, ¿eh? Joder.

-Toma, anda, bebe un poco de agua, te sentará bien.

-Nadie tiene derecho a quitarle la vida a otra persona,

ni siquiera por venganza.

-A ver, Lourdes, no te martirices ahora.

Solo estabas desesperada.

Eres una madre rota de dolor por la muerte de su hijo

y sé cómo te sientes, créeme.

Yo también he perdido a gente muy querida para mí,

también he sentido esas ganas

de encontrar al responsable para que pague por lo que hizo.

-Es que... (SUSPIRA)

Es que sin mi David la vida se me fue al garete, yo...

Me sentía fuerte gracias al odio que sentía por usted,

me hacía sentir de pie, y ahora...

Ahora ni siquiera tengo el odio.

-Lo siento mucho, Lourdes, siento mucho con toda mi alma

todo el daño que te haya podido causar en la vida.

Lo siento.

-Si no hubiera sido usted, hubiera sido cualquier otro.

La droga es tan mala. -Sí que lo es, sí.

La maldita droga es algo que...

que pudre a todo el que la toca.

Al que consume y al que la vende o al que trafica con ella.

Y aunque quieras dejarla siempre va a aparecer otro que ocupe tu lugar,

porque esa mierda mueve mucho dinero, Lourdes, muchísimo dinero.

Siempre hay gente sin escrúpulos,

a los que les da igual todo

y van acabando con la vida de otras personas

aunque sean seres muy queridos para ti o de tu propia familia.

-No hay nada peor que perder a un hijo, se lo aseguro.

-Lo sé

y te puedo asegurar, Lourdes,

que jamás voy a olvidar la muerte de Jairo

y jamás en la vida me voy a perdonar por lo que pasó.

-¿Es por él por quien dejó la droga? -No, no.

Fue por amor.

Por amor a mis hijos y a mi nieto, ¿sabes?

Quiero que mi nieto crezca

pensando que la vida es un sitio bonito

donde poder crecer y donde poder alcanzar sus sueños.

Quiero que mis hijos tengan a un padre a su lado

y se den cuenta que yo ya no soy el de antes, que he cambiado.

Más que nada porque es curioso, ¿no? Mi hija es inspectora de policía.

-Ah, no lo sabía. -Pues sí, sí, sí. Así es.

¿Sabes, Lourdes?

Si yo hubiese muerto hace muchos años es probable que el mundo

fuese un lugar mejor en el que vivir ahora mismo,

pero también creo que me merezco disfrutar de mis hijos

y vivir a su lado demostrándoles

que yo he cambiado, que soy otra persona.

-Yo daría mi vida

por que ninguna otra madre sufriera lo que yo he tenido que sufrir,

por que toda esa mierda de la droga desapareciera.

-Lo sé. Lo sé, Lourdes.

Yo sé que tú eres una buena mujer.

Sé que eres una buena persona y por eso...

por eso, no lo sé, me gustaría poder compensarte de alguna forma.

-¿Compensarme? Pero si he intentado matarle.

-¿Y qué? Insisto, eres una buena persona.

Lo único que me gustaría ahora mismo es

poder ayudarte en cualquier cosa que necesites.

No puedo darte dinero porque estoy sin un céntimo, ya lo sabes,

pero si te puedo ayudar en algo...

-No.

Que no quiera matarle no quiere decir que le haya perdonado.

-Lo sé, lo sé.

-Si aceptara su ayuda

aliviaría su conciencia y no quiero eso.

Me voy.

-Lourdes,

espera un momento, por favor, ¿qué vas a hacer a partir de ahora?

-Me vuelvo a Asturias, voy a por el billete.

-¿Por qué no te lo piensas un poco mejor?

Por mí no habría problema, si quieres trabajar aquí puedes hacerlo.

No sé, no es mucho lo que te puedo ofrecer,

pero podrás seguir manteniéndote y tirando hacia adelante.

-No tengo nada que pensar.

Me voy. -Lourdes,

¿de verdad estás dispuesta a volver a empezar de cero otra vez?

-No, no, ahí se equivoca.

En Asturias tengo una vida y mucha gente que me quiere.

No sé si usted puede decir eso.

-Lourdes.

Yo...

solo quiero desearte que tengas

toda la suerte del mundo en tu vida a partir de ahora.

-Yo lo único que quiero es no ver su cara nunca más,

ni siquiera en mis pesadillas.

(SUSPIRA)

-Patrón.

-¿Qué haces aquí?

-Venir a saludarte, Ramón.

-No eres bienvenido. (RESOPLA) -No seas antipático.

¿Así tratas a un colega?

-Déjate de chorradas, ¿sí?

-Y yo que creía que me ibas a recibir con los brazos abiertos.

-Vete a la mierda.

Cada vez que me acerco a ti acabo metido en líos.

-Te falla la memoria, "brother". -No.

La tengo muy fresca. Siempre has sido un grano en el culo.

-En Zaragoza sí que vivimos buenos tiempos, ¿o no?

(RÍE) -Tan buenos como que acabé en la cárcel.

-Oh, yo no tuve nada que ver con eso.

-Me da igual, Joao.

Eres un imán para los problemas. -Ah, puede,

pero a mí nunca me han atrapado en España.

-Eso sí que es un misterio. (RÍE)

No entiendo cómo no estás en el trullo.

-Ah.

Es que soy como Houdini. ¿Sabes quién es Houdini?

Bueno,

parece que... ¡guau!

Tú tampoco estás nada mal aquí, ¿eh?

Lo tienes todo muy bien montado.

-Sí.

Porque he conseguido alejarme de ti todo lo que pude.

Haz el favor de coger la puerta y pirarte.

-Y yo que te traía un caramelito. (RÍE)

-¿Un caramelito envenenado?

-Esta vez el palo va a ser sencillísimo.

Desplumar a una pareja de ancianitos

que odian los bancos y tienen toda su fortuna en casa:

joyas, dinero en metálico...

Vamos, es como si estuvieran pidiendo a gritos que los atracaran.

La información que tengo es muy valiosa

y todo, todo,

va a salir a pedir de boca, Ramón.

-Vale.

Pues hazlo tú solo. Tú mismo te bastas y te sobras.

-Necesito que seamos tres.

Y apoyo logístico.

A uno ya lo tengo. (RÍE)

-¿Quién es el pobre desgraciado?

Cualquier chaval que no conozca tu reputación.

-Échame un cable, "brother".

-No.

-Está bien.

Me apañaré yo solo con mi colega.

Me voy.

(Móvil)

Hola, Paty, qué sorpresa.

-¿Qué querías? -Pues hablar

de lo que me propusiste.

Lo de las fotos para el catálogo este.

-¿Al final te has decidido?

-Bueno, primero quiero hablar contigo.

-Vale.

Me paso luego por La Parra, ¿te parece?

-Me va perfecto.

Hasta luego.

-Oye, ¿has sabido algo de...

del hombre este, Ibáñez?

-Sí, sí. Hizo un castin

y le dieron un papel.

Un papel que le iba como anillo al dedo

en una serie de época.

De hecho, mañana le hacen la prueba de vestuario.

-Pronto volveremos a ver al profesor Trapecio en la tele.

-Bueno, al profesor Trapecio, no.

Al gran actor Jaime Ibáñez.

Hay que pasar página, Elías.

-En eso tienes razón, pobre hombre.

Bueno, espero que el trabajo le devuelva su autoestima.

Bueno, ¿tú cómo lo llevas, compañera?

-¿Cómo llevo el qué?

-Bueno, pues lo de... lo de Goyo, ¿no?

Están las redes y los medios que echan humo con su historia.

Y como tú formas parte de su historia, pues...

-Sí, bueno, hay que saber manejarlo, Elías.

-Bueno, no... No veo que te afecte mucho, ¿no?

-Lo que me afecta es que la persona a la que amaba me haya engañado.

Por lo demás estoy acostumbrada al ruido mediático y sé manejarlo.

-Ya, bueno, disculpa si te he molestado.

Yo es verdad que a veces soy un poquito bruto.

-No, no lo has sido, Elías.

Has mostrado interés por mí y te lo agradezco.

-Muchas gracias, compañera. Bueno, yo...

me vuelvo ya al tajo, ¿vale?

Venga.

-No le hagas ni caso.

-¿Que no? Pero si ya lo veo venir, Espe.

Voy a ser el hazmerreír de la comisaría entera.

Qué hablo de comisaría.

De la ciudad o del país, yo qué sé.

-¿No decías que sabías manejarlo?

-En las redes sí,

pero me preocupa mi entorno más cercano.

-¿Los compañeros?

Anda ya.

No les hagas ni caso. Además, esto va a pasar prontísimo.

-A ver, si me colocan la etiqueta de la policía tonta,

a la que su novio le engañó y encima se burló de ella,

me va a ser muy difícil sacármela.

-Que no, que no. Te aseguro que no.

Yo he oído y he leído cantidad de comentarios positivos

sobre el hecho de que cumpliste con tu deber.

Todos dicen que eres una gran policía.

-Eso lo dices por animarme.

-Que no es verdad.

Que no. Además, la nota de prensa está funcionando de maravilla.

-Muchas gracias.

Yo lo único que quiero es que llegue la noche,

meterme en la cama

y despertarme tres meses más tarde

para que todo esto haya pasado ya.

-Ay.

Ven aquí.

Venga. Vamos.

-¿Qué?

¿Hablamos?

-Tengo cinco minutos, dime.

-Lo resolvemos en tres. ¿Aceptas o no mi propuesta?

-Con condiciones.

-¿Qué condiciones?

Vas a cambiar de vida, hacerte modelo y ganar mucha pasta.

-Mira, no hace falta que me vendas la moto.

Que yo ya vengo de vuelta de muchas tonterías

y sé perfectamente que las cosas no son gratis.

-Paty, como yo te lo planteo muy caro no te va a salir.

-Igualmente, tengo mis condiciones.

-Dispara.

-La primera es que no quiero competir contra nadie.

Si hacemos el catálogo, que las fotos sean las definitivas.

Nada de pruebas.

-¿Qué más?

-La segunda es que quiero cobrar por adelantado.

-Vas sobrada tú, colega.

-No, es lo que hay.

-Vale.

Yo también soy un echado para adelante,

pero para exigir hay que valer.

-Bueno, según tú, valgo, ¿no?

Tú lo dijiste, que era un diamante en bruto, ¿no?

Si de verdad lo piensas, demuéstralo.

-Haremos las fotos esta noche.

-Si tienes el dinero, sí.

Mira, yo no estoy para perder el tiempo, ¿vale?

Y no soy tonta.

-Demasiado espabilada es lo que eres.

-Me vuelvo al curro.

-Paty.

Va a ser un poco complicado conseguir la pasta para esta noche.

-¿Quién ha dicho que tenga que ser esta noche?

Cuando tengas el dinero, me avisas y lo hacemos.

Que te quede claro que no voy a trabajar gratis

para lanzar tu agencia.

-Puedo pagarte 1000 pavos.

(RÍE)

-¿En serio?

Mira, he mirado las tarifas y por ser amigo te voy a cobrar 2000.

-Te estás viniendo arriba. Vas a perder tu oportunidad.

-¿Qué oportunidad? ¿La oportunidad de que me times?

-Qué pesadilla. Que nadie te va a timar.

-Pues entonces quiero los 2000 por adelantado

y luego ya vendrán las fotos.

-1500 y cerramos el trato ya.

Pero ahora soy yo el que tiene condiciones.

Una: haremos las fotos esta noche.

-¿Y la segunda?

-No me pongas problemas con las fotos.

Si vas a cobrar, posas como yo te diga.

Vale.

Te mandaré un mensaje con la dirección y el lugar.

-¿Y el dinero?

-Te lo daré cuando vengas

¿o crees que voy con esa pasta encima?

-¿Quería vernos, inspectora?

Sí, sentaos, por favor.

Tengo que asignaros un servicio de escolta.

De escolta... pero ¿de escolta de quién?

¿De otra hija de un ministro? No.

Es este caso se trata de un político local,

más concretamente, de un concejal del Ayuntamiento.

Debéis hacerle el seguimiento durante su horario laboral.

No es escolta 24 horas.

No, lo que nos han pedido es protección

durante sus apariciones públicas

previniendo riesgos de agresión.

Pero, inspectora, yo nunca he hecho trabajo de escolta.

No sé si estoy preparada.

No te preocupes, estás en prácticas.

Algún día te tenía que tocar. Además, lo harás con un maestro.

No hace mucho tiempo,

Toni se tuvo que enfrentar a una misión así

y la bordó.

Así que si sigues sus directrices,

podrás cumplir muy bien con tu deber.

Cuidado, soy consciente

de que habéis tenido vuestros tiras y aflojas,

pero eso forma parte del pasado.

Porque está todo solucionado, ¿no?

Y estoy convencida de que sois un gran binomio

que va a llevar muy bien a cabo esta misión.

¿Nos puede decir ya de quién se trata?

Eso debería ser lo menos importante, ¿no?

Sí, pero... como está con tanto misterio...

Ya, pero es que no hay misterio.

Lo único que trato

es de enseñarle a Paula su primera lección en este asunto.

Verás,

en la escolta,

no importa ni la edad, ni la raza, ni la ideología, ni la condición,

ni si hay antecedentes policiales o las condiciones

y circunstancias personales que hayan llevado a esa persona

a necesitar protección. Para nosotros,

todos los ciudadanos son absolutamente iguales.

Por supuesto, pero...

Pero...

os voy a decir a quién debéis proteger.

Se trata de Jesús Olaizola, concejal de Urbanismo.

¿Olaizola? (ASIENTE)

¿Le conoces?

-Bueno, por lo que sé,

es bastante bocazas y prepotente, ¿no? Por lo que he oído.

Igual necesita escolta por eso precisamente.

Hay que dejar claro que no es una persona fácil.

Debido a su carácter y a su actitud,

se ha granjeado muchas enemistades.

Pero ¿por qué le odia tanto la gente?

Bueno, aparte de que tiene un talante agresivo,

como concejal

de Urbanismo

ha apoyado un proyecto en la ciudad

bastante desproporcionado y poco sostenible.

A lo mejor los que le tienen manía llevan razón.

A lo mejor, pero eso no nos debe importar a nosotros.

Lo que sí tenéis que saber es que ha tenido algunas amenazas

y ha sufrido algunos escraches.

Esperemos que sigan siendo civilizados,

como hasta ahora, ¿vale?

OK, ¿y hasta cuándo va a durar esta misión?

No hay previsión de término.

Pero sí os adelanto que probablemente baje la tensión

cuando se apruebe en el Ayuntamiento el proyecto que apoya Olaizola.

Los ciudadanos se fastidiarán.

-Bueno, pues Paula y yo intentaremos cumplir la misión

con el mayor rigor posible, ¿verdad? (ASIENTE)

-¿Vamos a ir de uniforme o de paisano?

De paisano.

Se os asignarán unos equipos de comunicación

y un K para que podáis hacer el seguimiento día a día

y ya he hablado con el equipo de Olaizola

para que contacten con vosotros,

os den su agenda y podáis coordinar las jornadas.

Pues perfecto. Muy bien.

Pues si no tenéis más preguntas, por mí, es todo.

Gracias.

-Hola, doctor. -Hola.

Si buscas un médico de urgencia, en el mostrador te ayudan.

-No, venía a despedirme de usted.

-A despedirte, ¿por qué?

-Porque mañana mismo me voy. Me vuelvo a Asturias.

-Pero si tenías aquí un par de trabajos, ¿no?

-Ya, pero los he dejado.

He llamado al hotel rural donde trabajaba

y aún hay hueco para mí.

-Pensaba que te habías asentado bien en Distrito Sur.

-A eso venía.

Esa es la verdad, pero no sé.

Está muy cambiado. No es lo que yo conocía.

-El barrio ha progresado mucho. -Sí.

Pero los recuerdos son los recuerdos.

Yo me he quitado una gran espina que tenía, así que...

Bueno, ahora puedo

seguir para adelante y me vuelvo a Asturias.

-Agradezco que hayas venido a despedirte.

-Es que usted es una gran persona.

Y le aprecio mucho, la verdad.

-Es mutuo. Siempre he pensado que eres una gran mujer.

-Bueno,

no se crea, que tengo mis cosas.

-Nadie es perfecto.

-Deme dos besos que le dejo que tiene mucho que hacer.

-Un par de besos y espero que seas muy feliz en Asturias.

-Y yo espero que algún día

si van a Asturias, vengan al hotel rural.

-Eso ni lo dudes, allí estaremos.

-Hasta luego. -Adiós.

-Oye, ya me han contado la historia esta del actor.

-Ah, el profesor Trapecio.

-Sí.

Joe, es increíble, ¿eh?

Me alegro un montón de que todo haya salido bien, ¿eh?

-Yo también me alegro mucho por él.

A ver si ahora aprovecha la oportunidad de volver a empezar.

-Pues sí.

Oye, ¿necesitas algo más? ¿Me puedo ir ya a casa?

-No, cariño. Ya estás tardando. Si llevas todo el día aquí, corre.

-Pues muchas gracias, jefa. Descansa.

-Que descanses tú también, cariño.

-Hola, María. ¿Cierras ya?

Es que... tenemos que hablar una cosa.

-¿Qué ha pasado?

-Pues mira que...

Me han llamado del restaurante este que tenemos para la boda.

-¿Ya no lo podemos celebrar allí?

Que estabas empeñado en ese por ser el sitio ideal.

-Pero ya no hay que esperar seis meses.

Ha habido una cancelación y nos ofrecen un hueco.

-¿Una cancelación?

Pero ¿de cuánto tiempo? Al menos dos meses necesitamos,

porque tengo el vestido por hacer,

hay que avisar a todos los invitados, vamos, el cáterin, todo.

-Tampoco es pasado mañana. Son 15 días que tenemos.

-¿15 días? Tú estás loco, ¿no?

-Bueno, es eso o esperarnos los seis meses que hay que esperar.

-A ver, Elías, no sé.

-Será cuestión de organizarse, ¿no?

-¿Cuestión de organizarse?

Tú lo ves todo muy fácil.

¿Te crees que con tu trabajo y el mío tenemos tiempo

de organizar una boda en 15 días?

-A ver, tampoco son las bodas de Fígaro, hija.

-Si no es que sean las bodas de Fígaro.

Una boda, por sencilla que sea, tendrás que tener tiempo

para avisar a los invitados ¿o le dices a tu hijo:

"En 15 días te vas de boda"?

-De Isra y mis invitados ya me ocupo yo, ¿qué más?

-¿Cómo que qué más, Elías? Pues todo.

Todo, si es que está todo por hacer.

Que no quiero que sea un churro.

-Ni yo.

-Ni quiero llegar agotada tampoco.

Ya sin ganas de disfrutar nada.

Para disfrutarla tendremos que habernos organizado

un poquito con tiempo.

-Yo me ocupo de todo, de verdad.

De las flores, del viaje, de...

del cáterin... Ya me ocupo yo. -Claro.

Y tú sabes mejor que yo el tiempo

que se tarda en organizar un buen cáterin.

¿O te vas a ocupar de las flores?

Que no distingues un lirio de una margarita.

-Bueno, pues te ocupas tú de las flores,

de buscar tranquilamente tu traje,

del cáterin no te tienes que ocupar

porque hay ofertas del restaurante.

-Sí, si el restaurante puede dar todas las ofertas que quiera,

pero las decisiones las tenemos que tomar tú y yo.

Y eso partiendo de que estemos de acuerdo en todo

y que no discutamos.

-Y lo estaremos, pero si tú y yo somos uña y carne.

Venga. Va, di que sí.

-Pues nada, pues sí.

¿Nos casamos en 15 días?

Ahora, que sepas que a mí me parece una locura.

No sé si me voy a arrepentir. -No.

No. No te arrepentirás.

Ya lo verás. Además, ¿no hablamos de que queríamos aventura?

¿Qué mayor aventura que casarnos en 15 días?

-Madre mía, de verdad.

Como estás tú de la cabeza y...

Pues nada, venga.

-Vamos a hacer la lista de invitados. A ver si nos sale a la primera.

-Siéntate.

-Venga.

De París, ¿quién?

-A ver. -Isra.

-Isra, mi consuegra.

-Isra y su marido, tu consuegra.

-Su marido. -Consuegro.

-Sí.

(Puerta)

Adelante.

Hola, Lara.

Siéntate, por favor.

Verás,

voy a ser muy sincero contigo.

Sabes que valoro mucho tu trabajo,

eres una excelente "community manager"

y desde que has llegado a Distrito Sur hemos mejorado mucho

a nivel de imagen.

¿Pero? No.

No, no hay ningún pero.

Es solo que últimamente lo has pasado muy mal

con todo lo que ha pasado con tu ex

y has tenido que sufrir mucha presión.

Y, Lara, no me gustaría nada que te rompieras.

No, no me voy a romper, comisario.

No. Además, esto no lo estoy llevando yo sola.

Los compañeros de oficina de prensa están supervisándolo todo.

Me alegro. Solo espero

que todo esto termine rápido y que no te pase factura.

No, no lo hará.

Ya verá que no. Se lo prometo, soy fuerte.

Solo hay que tener paciencia y esperar a que dentro de unos días

Goyo García sea historia.

Estupendo.

Bueno, me imagino que...

que no me habrá llamado solo para eso, ¿no?

Pues no, la verdad es que no.

Mi excedencia.

Pues sí. Bueno, mejor dicho tu no excedencia.

He llamado a personal para preguntar

y me han dicho que la has paralizado.

Sí, antes de que se hiciera efectiva.

¿Eso quiere decir que vas a continuar en Distrito Sur?

Sí. Y espero que por mucho tiempo.

Pues me alegra mucho que continúes con nosotros, ya lo sabes.

Comisario, eh...

Quiero decirle que siento mucho todo esto.

Cuando pienso que casi dejo de ser policía

por dedicarme al negocio de las apuestas deportivas,

es que siento vergüenza de mí misma.

A ver, no te castigues.

Aquí solamente hay un culpable.

Y sabes cómo se llama.

Goyo García.

Bueno, algo bueno he sacado de todo esto.

Reafirmarme en mi vocación de servicio.

Eso te honra.

Eres un ejemplo para tus compañeros.

Y que sepas que nos han llamado de Jefatura para felicitarnos

por la pronta desarticulación

de la red de amaños

de partidos de fútbol.

Así que puedes sentirte orgullosa con tu trabajo, ¿de acuerdo?

Ojalá pudiera sentirme ahora así,

pero todo lo que ha pasado me ha dejado un vacío muy grande.

No sé, siento que le he fallado a mucha gente.

Eh.

Venga, no. No tienes que...

que machacarte. Tienes que darte un poco de tiempo

y no forzar la máquina.

Te quiero en plena forma, ¿eh?

Muchas gracias, comisario.

Y ahora, si no tienes nada urgente que hacer,

me gustaría que te fueras a casa.

Tienes cara de cansada.

Sí, sí lo estoy, la verdad.

Pues ya sabes lo que toca. A desconectar.

Pues así lo haré. Muchas gracias.

Hasta mañana, entonces. Hasta mañana.

Venga, dale caña, que no tenemos toda la noche.

(Puerta)

¿Cómo lo llevas?

Dios.

Estás espectacular.

-¿De verdad es necesario que lleve esta ropa?

-¿Qué problema hay? Estás preciosa.

-Ya, bueno, pero...

No sé, un pijama para promocionar una tienda de ropa

no sé si es tu mejor idea.

-Un pijama es ropa, ¿no?

¿Quieres tomar algo para relajarte? -No.

No, gracias. Lo único que me relaja es saber que vamos a terminar pronto.

-En eso estamos de acuerdo. El fotógrafo cobra por horas.

-Hablando de cobrar, eh...

¿Tienes mi dinero? -Sí.

Pero solo te lo daré si estás segura de hacerlo.

-¿De verdad piensas que me voy a echar atrás ahora?

Estoy segura.

-Aquí está. Ya te lo daré luego.

-No, luego no.

Ahora.

(RESOPLA) Vale, ¿pues qué... qué tengo que hacer?

-Siéntate en la cama.

-¿En la cama? (ASIENTE)

-Deja que el fotógrafo te guíe.

Seamos profesionales ahora que ya has cobrado.

-Vale...

-Tal cual, ¿no? -Hacia mí.

Ahora túmbate otra vez hacia mí un poquito.

Y te quitas la blusa.

-¿Me qui...?

-Estoy. (ASIENTE)

Sonríeme, por favor.

-Oye, Felipe, muchas gracias por doblar turno hoy, ¿vale?

-Tranqui que por mí no hay problema. -Lo sé, amigo.

¿Qué hace aquí Sara?

Sara.

Pero ¿tú no tendrías que estar en casa descansando, mujer?

Que estás de baja.

-Necesitaba saber cómo había acabado todo con Lourdes.

-En fin, ya te conté por teléfono. No hay ninguna novedad.

No te preocupes tanto por ella. Estará bien.

-Me preocupas tú.

¿Cómo estás?

No me digas que todo esto no te ha afectado.

-Pues claro que me ha afectado, ¿cómo no me va a afectar?

Estoy...

completamente removido por dentro, no te voy a mentir.

-Gracias, Pipo. Cuando me pases las fotos te haré el ingreso.

-De acuerdo.

-Madre mía, nunca pensé que vestirme con mi ropa me iba a gustar tanto.

-Con el pijama estabas espectacular.

-No hace falta que me hagas la pelota.

Lo único que me interesa es que me sigan saliendo trabajos.

-Ya has visto que es fácil ganar un fajo de billetes haciendo poco.

-Bueno, a ver, poco tampoco, ¿eh?

Que me he pasado aquí dos horas posando en bolas, ¿sabes?

-Mujer, en bolas no te has puesto.

-Para mí era como si lo estuviera.

-Tienes un cuerpo espectacular.

¿Por qué privar al resto de los mortales de contemplarlo?

-¿Cuándo podremos tener listas las fotos?

-En unos días.

-Vale, y...

No sé, ¿qué más trabajos tengo que hacer?

Lo digo por ir organizándome con tiempo y eso.

-Tranquila, no quieras comerte el mundo en dos mordiscos.

-Hombre, es que ahora que me has demostrado

que en dos horas posando saco lo mismo

que en un mes currando en el bar, pues...

Me interesa un poquito tu agencia de representación.

-Me alegro.

Pero vayamos paso a paso.

Seguro que tras la primera sesión te sale más trabajos.

-Ah, y... ¿Y qué tipo de trabajos?

-No sé, Paty. De modelo, ya se verá.

-¿Solo de modelo?

-Me dijiste que de azafata, bailarina y camarera no te interesaba.

-No, no me interesa, pero no sé.

¿No mueves otras cosas?

(RÍEN)

-Paty, te estás embalando.

Dejemos enfriar esta primera sesión y ya hablaremos, ¿vale?

-Tienes razón.

Pues voy a coger un taxi que no quiero ir

con todo este dinero por el metro.

-Deja, te acerco yo.

-No hace falta.

Que de verdad, que me pilla de camino.

-¿Seguro? (ASIENTE)

Venga, vale.

-Madre mía.

Es que me parece increíble que dejara Asturias para venir aquí

a Distrito Sur, buscarte,

conocerte

e intentar matarte, es que...

Hay que estar muy mal de la cabeza.

-Bueno, yo más bien creo que Lourdes es...

es una mujer que está desesperada y rota de dolor.

Yo no creo que sea ninguna loca ni ninguna asesina tampoco.

Simplemente, no sé,

perdió un hijo con 21 años.

Eso es lo peor que le puede pasar a cualquier persona en esta vida.

-Eres demasiado comprensivo.

-Debo serlo, ¿no?

De alguna forma me siento culpable o responsable del infierno

que esa mujer vive desde que perdió a su hijo.

-Nada justifica que intentara matarte.

Además, sigo pensando que deberías haber avisado a la policía.

-A la policía ¿para qué?

¿Qué quieres que les cuente a la policía?

¿Que una mujer desesperada y rota de dolor,

una madre que ha perdido a su hijo por culpa de la maldita droga,

por cierto, una droga que distribuía yo

cuando era narcotraficante,

ha querido tomarse la justicia por su mano

y me ha encañonado con una pistola?

Cuando yo mismo

habría hecho algo exactamente igual o muchísimo peor.

-Si yo no digo que su dolor no esté justificado, pero...

Es que es injusto que te culpe a ti.

Y que intentara matarte.

-No.

Es incapaz de matar a una mosca, lo único que ha hecho ha sido ponerme

frente a un espejo

y demostrarme que...

ese mal bicho que fui en su día todavía puede seguir estando ahí.

-Ese mal bicho murió.

-No estaría yo tan seguro.

-De verdad,

olvídate ya de todo eso.

Es pasado, no le des más vueltas.

-Sí, sí, a lo mejor tengo que olvidarme de todo

pero ahora mismo...

estoy como roto por dentro, no lo sé.

-Bueno, pero mira,

has tenido suerte de que todo ha salido bien

y que además has conseguido que Lourdes cambiara de opinión.

-Bueno, tampoco ha sido tan difícil.

Ya te he dicho que esa mujer es incapaz de apretar un gatillo.

Pero bueno, sí,

afortunadamente todo ha salido bien

porque si no Lourdes hubiese terminado en una cárcel

y eso para ella sí que hubiese sido una verdadera tragedia.

-Eres mejor persona de lo que piensas, Fernando.

-Yo no diría lo mismo, Sara.

Puedo presumir de ser muchas cosas,

pero desde luego no de ser una buena persona.

-Te lo digo de verdad. Yo no sé cómo fuiste en otra vida,

solo sé que eres una persona solidaria,

comprensiva,

generosa...

Viéndote hay que creer en la reinserción.

-No lo sé, no lo sé.

Ya sabes que llevo bastante tiempo intentando ser

una persona honrada, honesta,

(SUSPIRA) pero...

el pasado sigue ahí.

Y el mal bicho que tengo dentro,

sigue dentro de mí.

Si alguien me ataca o ataca

a alguien de mi familia o a alguien a quien quiera,

te aseguro que puede llegar a salir lo peor que llevo dentro.

-Y, sin embargo,

a Lourdes la has perdonado. -Bueno,

no me quedaba otra.

Pero es ella la que no me ha perdonado

ni me perdonará jamás en la vida.

Y en el fondo ¿sabes qué?

Que la entiendo.

-Bueno, yo creo que tienes que pasar página.

-Sí, quizá tenga que pasar página,

pero hoy no.

Hoy todavía es pronto. Hoy es momento de...

de pensar sobre quién fui,

lo que soy,

y lo que puedo llegar a ser, así que...

Bueno, en fin, tampoco quiero comerte la cabeza

con mis dramas y mis tonterías.

-Pero ¿qué dices?

De verdad,

quiero agradecerte que te hayas mostrado tal como eres.

Con todas tus flaquezas. -Bueno,

ya sabes que no soy una persona precisamente fácil,

soy bastante complicado.

Me cuesta abrir mi corazón y sincerarme con alguien, pero...

contigo es fácil, Sara.

Porque a ti te siento como una verdadera amiga.

-Sabes que puedes contar conmigo

para todo lo que necesites.

-Lo sé. Lo sé, amiga, lo sé.

Pero lo que yo necesito que hagas ahora

es que te vayas a casa a descansar,

estás de baja todavía por ese golpe, así que...

Necesito que vengas aquí mañana con fuerzas

para que sigamos sacando adelante el Moonlight.

-Vale.

Pero recuerda todo lo que te he dicho.

Yo creo en ti, Fernando.

-No lo olvidaré, muchas gracias.

-Hasta mañana. -Hasta mañana.

-¿Y qué? ¿Tenéis un turno muy liado o qué?

-Lo normal de siempre, ¿verdad?

-Más tranquilito que en otros sitios, la verdad.

-Aquí también bastante bien.

No ha habido esta mañana ningún prepotente ni ningún cabezón

rondando por aquí.

-Estoy muy estresado.

Qué mala hora, de verdad.

-¿Ya te arrepientes? Pero si aún no te has casado.

-Esta gente ladra mucho en redes, pero luego, cara a cara,

no muerden. Por experiencia,

le diré que las amenazas no hay que tomárselas nunca a la ligera.

Una amenaza siempre es una amenaza.

Estos muertos de hambre no tienen pelotas.

-Lo que no veo normal es que digas esto, y yo no lo defiendo,

pero fue elegido democráticamente y es de una institución.

-Que sí, que ya lo sé.

Si lo único que digo es que me parece normal

que los vecinos protesten y le planten cara.

-Que te quede claro que nos han encargado protegerle.

-Y lo voy a hacer.

Pero me fastidia tener que escoltarle.

-¿A qué has venido?

Ya te he dicho que no me interesaban tus historias.

-Ya. Y lo pillé a la primera.

-¿Qué quieres?

-Ya que no me has dado a nadie para dar el palo a los abuelos,

he decidido tirar para adelante a pelo

solo con mi socio.

Eso sí, bien planeado.

De eso es de lo que quería hablar.

El agente Ríos ya tiene experiencia

en escoltar a personalidades,

su último servicio fue a la hija de un dignatario extranjero.

¿Y usted? ¿Había escoltado a alguien con anterioridad?

-No. -Me lo suponía.

Demasiado joven.

¿Qué? Recién salida de la academia, ¿no?

-Baja los humos, Quintero,

que el orgullo no da de comer.

-Sí, sí, es posible. El orgullo no da de comer,

pero al menos a mí me permite decirte

que no eres más que un trepa sin escrúpulos

y que me das bastante asco.

-Pasara lo que le pasara a su hija,

ahora ya está aquí a salvo con usted, ¿no?

-¿Usted sabe lo de mi Eva?

En realidad, esto no es para mí, es para mi hija.

-Lo ideal sería que ella asistiera a las reuniones.

Así las chicas le explican lo que están haciendo,

cómo trabajan...

-Me va a costar convencerla.

-Ah, no tiene por qué explicar su caso si no quiere.

Simplemente con asistir.

-No se trata de eso,

es que ella no quiere salir de casa.

-Viendo el sufrimiento de esa madre,

no he podido evitar pensar

qué haría yo si a Paula le ocurriera algo así.

Por eso

había pensado en pedirte si en la clínica

le podrían hacer algún tipo de descuento o no sé.

¿Quieres probar que eres capaz de desarrollar cualquier trabajo

que se te asigne en comisaría?

Lo siento, pero con esto no puedo.

Lo haré constar en tu hoja de servicios.

Disculpe, con todo respeto, pero en favor de mi compañera

quiero decir que Olaizola es especialmente faltón con ella.

¿Faltón en qué sentido?

Me veo rara, pero yo no entiendo de esto,

así que sí, supongo que... Supongo que están bien.

-No hay nada que entender, son unas fotos geniales.

Tienes madera para esto.

-¿Como para ganarme la vida con ello?

-Por supuesto.

¿Qué?

¿Quedamos una noche para cenar y hablamos de negocios?

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Servir y proteger - Capítulo 673

08 ene 2020

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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