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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 667 - ver ahora
Transcripción completa

Podría decirles que he quedado con una antigua amiga de Barcelona

para que me ayude con la presentación del trabajo.

Es perfecto.

-Pues a mí no me parece tan perfecto, Vero.

-¿Por?

(SUSPIRA) -Estoy cansado ya.

Estoy cansado de este juego. Harto de inventarnos una película

cada vez que pasamos un rato juntos.

-Pensaba que nuestro amor estaba por encima de todo esto.

-Yo no lo tengo tan claro, Vero. No sé si me compensa.

-Toni.

¿En serio harás como que no me conoces?

-Has visto que pude abrir la cerradura con mi llave.

No estaba forzada.

-"Quintero narco".

-Se me está ocurriendo

un sospechoso.

Bueno, mejor dicho, una sospechosa.

-No. Si estás...

si estás queriendo hablar de Sara, pongo la mano en el fuego.

-No, no, no hablo de Sara.

Hablo de la mujer de la limpieza.

-Lo mismo fue un rival del pasado que se quería reír de usted.

-Sí, igual sí.

-Me voy a ir a limpiar al almacén. Si necesita algo me llama.

-Espera un momento, Lourdes.

Me gustaría preguntarte algo sobre lo que pasó aquí esa noche.

(Móvil)

No voy a seguir siendo un problema para ti.

Solo te pido un favor.

Quiero que tengamos una despedida en condiciones esta noche.

-¿Qué?

-He reservado la habitación de siempre para nosotros.

-¿Y Mateo?

-Está fuera de Madrid hasta mañana.

Es esta noche o nunca.

-Será mejor que te largues. -¿Y mis recursos?

¿Tampoco los necesitas?

Porque está claro que no tienes ni idea de por dónde buscar

a los que se han reído en tu cara. -A ver si te enteras,

no quise asociarme contigo en el pasado,

tampoco me voy a aliar ahora.

Lo único que quiero es que me dejes en paz

y que te largues de aquí.

-Hace 20 años no te habrían hecho esa pintada.

-Escúchame bien, Rojo, hace 20 años

alguien me llega a soltar una insolencia

como la que me acabas de soltar y le habría machacado la cabeza.

Lo sabes perfectamente,

así que será mejor que le des gracias a Dios

porque las cosas han cambiado.

-Y más que van a cambiar, amigo mío.

Estamos condenados a entendernos.

-Eres idiota, Verónica.

(SUSPIRA)

(Puerta)

¿Tú crees que estoy preparada

para despedirme de ti?

-No sé lo que quieres, Vero.

-Yo te quiero a ti.

(Música emocionante)

¿Qué hora es?

¿Qué hora es?

Las 7:00.

-¿Las 07:00? -Sí.

-Tengo que irme.

-Vero.

Vero.

¿No me dijiste que Mateo no venía a dormir a tu casa

y que podíamos quedarnos aquí hasta que quisiéramos?

-No es por Mateo, es por Paula.

Tengo que llegar a casa antes de que se levante.

-¿No puede despertarse solita?

-¿Me ayudas a buscar el móvil?

-¿Y si la llamo

y le digo algo de comisaría

para que tenga que irse corriendo?

-¿Y si tu llamada la despierta?

Madre mía, parezco una adolescente.

Es patético.

-Me parece supersexy.

Buenos días.

-Buenos días, mi amor.

Me encantaría quedarme,

pero tengo que irme. -No, Vero, Vero.

¿Y si la llamas y le cuentas cualquier cosa del centro cívico

y le dices que tuviste una urgencia por la noche

y tuviste que irte de madrugada?

-¿Y que me llevó directamente a la habitación 337 de un hotel?

-No, en serio.

"Porfa", así ella se queda más tranquila

y nosotros podemos aprovechar una horita más de hotel

y amortizarlo.

-Toni, no me hagas esto. -¡No!

¿No?

Bueno, vale, pero...

Con una condición.

-¿Cuál?

-Que me digas que esta no es la última noche que pasaremos.

-Habrá muchas más.

Me voy.

-Buenos días.

-Ey.

-¿Qué pasa? ¿No me vas a dar un abrazo?

¿Qué tal?

-Bien, ¿y tú? ¿Tus vacaciones?

-Genial.

Y agotadoras también. Pensaba hacer ahora el cambio de habitación

a la de Silvia, pero...

yo creo que necesito darme un respiro antes.

¿Puedo?

¿Sí?

Bueno, la sierra una pasada.

Nada de ruido de tráfico de coches,

ni bullicio de gente, solo el sonido de la naturaleza.

El lugar perfecto para desconectar y centrarse en lo importante.

-Tu relación con Goyo, ¿no?

-Sí, tía, la verdad es que

estoy encantada con el nuevo Goyo.

Yo no soy nada de estas cosas,

pero es como si la vida nos hubiese dado una segunda oportunidad

para rencontrarnos y ver lo realmente enamorados que estamos.

Jo, qué cursi suena.

-No, casi nada, qué va.

-No, de verdad, vivimos un momento realmente de película.

¿Sabes la foto esa que colgué de un atardecer

el segundo día?

Sí, hombre, en la cima de una montaña.

A ver, mira.

Esta.

¿No la viste?

¿Esta tampoco? -Eh...

-¿No has visto mis fotos?

-Pues no, no las he visto, no...

-¿Qué te pasa, Espe?

(SUSPIRA)

-¿Es por lo de mi excedencia?

¿Todavía sigues con eso?

-Sigo con eso porque me parece un tema muy serio.

-Ya, pero es que es mi tema, no el tuyo.

-Ya, pero...

Creo que estás tomando la decisión equivocada

y que te falta información.

-Ya y tú me la vas a dar, ¿no?

-Pues mira, esa era precisamente mi intención.

-Pero ¿esto qué es, Espe? ¿Qué has estado haciendo?

-Pues investigando.

Informándome sobre el negocio de Goyo,

sobre el negocio de tu novio, las casas de apuestas.

¿Sabes a lo que te vas a dedicar los próximos años?

¿Sabes a qué se debe el "boom" de las casas de apuestas?

A que explotan los instintos más bajos de personas vulnerables.

-Creo que esa generalización es bastante injusta.

-No, injusta es la manera que tienen de forrarse.

¿Sabes que el mercado de las apuestas ha crecido exponencialmente

en los últimos años? ¿Y sabes dónde ha crecido?

En los barrios más empobrecidos y con altos niveles de paro.

-Los clientes son adultos, saben lo que hacen.

Deciden por sí mismos.

-Son personas desesperadas y se aprovechan de eso,

y les enganchan, les explotan y los dejan secos.

¿De verdad te quieres dedicar a eso? -De verdad que estás exagerando.

Goyo me ha dicho que vigilan los casos más conflictivos

y que se esfuerzan por localizar y "banear"

las cuentas de adictos y trastornados.

-Ellos crean a los adictos y a los trastornados.

¿Sabes dónde se abren las casas de apuestas?

Cerca de colegios e institutos.

¿Sabes para qué? Para captar a los más jóvenes.

¿Crees que ellos son inmunes a las campañas de captación?

-¿Te crees que voy a pasar de proteger a los ciudadanos

a aprovecharme de ellos?

¿Crees que no he hablado de esto con él?

-A mí no me lo has contado. -Porque no me lo has preguntado.

Te has limitado a tirarme una carpeta,

a juzgarme, a echarme la bronca sin dejarme hablar.

Para tu información Goyo quiere proveer un servicio

de apuestas ético para promover el consumo responsable

entre sus clientes.

-Ya, o eso te ha dicho él.

-Mira, es que esto no va de casas de apuestas.

Va de que no apoyas mi relación ni mis decisiones.

Ni el cambio de rumbo que quiero dar.

¿Sabes una cosa? Yo confío en Goyo.

Una carpetita llena de noticias pretenciosas

no me va a hacer cambiar de opinión.

-Pues muy bien.

Luego no digas que no te avisé.

-Mamá.

-Paula.

-Eh... ¿Qué haces? ¿Acabas de entrar?

-Sí, he ido a comprar unos bollos, pero estaba cerrado.

-No me mientas, mamá.

-¿Cómo?

-Pues, hombre, vas vestida igual que ayer,

te tiembla la ceja como si estuvieras nerviosa,

no sé, ¿dónde has pasado la noche?

-Está bien, he pasado la noche fuera de casa.

He estado en el centro con Miguel trabajando.

-Ah, y por eso no has dicho nada para que papá no se preocupase.

-Claro.

Esto de tener una hija policía es un sin vivir.

Voy a darme una ducha rápida. -Espera, espera, mamá.

¿No me vas a contar el caso que te ha llevado toda la noche?

-Sí, ha sido por una chica inmigrante.

Solo se fiaba si le atendía una mujer.

Era para cursar una petición de asilo.

-Ya, pero eso no te lleva toda la noche.

-En este caso sí. -¿Por qué?

-Hemos tardado más de tres horas en encontrar un traductor.

Es una chica africana y no habla español.

-¿No has dormido nada?

-No, he estado despierta hasta ahora.

-¿Y por qué no me has contestado a los mensajes?

-Ni siquiera he mirado el móvil con todo este jaleo.

-A mí me sale que los has leído. ¿Me los dejas ver?

-Hija, quiero pegarme una ducha.

-Te lo digo en serio. Me ha pasado lo mismo con Toni.

No sé si es cosa de mi móvil,

del chat o qué. Lo miro un momento.

-Creo que me he quedado sin batería.

-A ver.

-Hola.

-Lourdes. -Perdona que llegue antes,

Quintero me ha cambiado el horario.

Le he mandado un mensaje. ¿No los ha leído?

-Ahora se lo contaba a ella, me he quedado sin batería.

¿No tenías un vestido que querías que te planchara?

-Sí, pero... -Pues que te lo planche.

-Claro, dámelo.

-Voy a darme una ducha rápida.

-Pero clínicas Di Matteo

ha tenido ingresos estables durante los últimos 15 trimestres.

-Claro, pero hemos aumentado la cartera de clientes en un 20%.

Sí, sí.

Pero esos gastos extra a los que te refieres

se refieren a una situación puntual.

Si te lees el Memorándum económico

con calma seguro que reconsideras nuestra petición.

Sí. A tu disposición para enviarte todo el material que necesites.

Muy bien.

Un abrazo. Hasta luego.

¿Y qué? ¿Cuál es el pronóstico?

Esto está hecho, cuestión de días. No es más que un baile protocolario.

No es por llevarte la contraria,

pero la música entre ese empleado de banco y tú

sonaba un poquito desafinada.

(RÍE) No.

Las clínicas Di Mateo están en expansión.

El asunto de las prótesis paquistanís está más que amortizado.

Hemos hecho una campaña publicitaria de primer nivel.

Está claro que necesitamos una línea de crédito.

Pero ellos también necesitan llevarse bien con nosotros.

¿Y si no?

Nos buscaremos otra pareja de baile porque novios no nos falta.

Hasta entonces contamos con el dinero de nuestra querida condesa

y sus amigas millonarias que nos va a venir de maravilla.

Vale.

Pero no podemos dejar que esa mujer

sea una de nuestras principales fuentes de ingresos.

Una sesión más con ella y me pido la baja por depresión.

¿Algún problema en la operación?

Sí, mayormente toda la parte en la que estuvo consciente.

Cómo habla esa mujer, qué cotorra.

Me alegra que te haga gracia.

Ayer le hice el mismo chiste a Verónica y como si nada.

¿Problemas en casa?

Pensaba que estabas siendo el marido del año.

Ah, sí. Estamos...

Yo creo que estamos bien.

¿Qué pasa?

No que, eso sí que ha sonado desafinado.

¿Te dijo algo por marcharte a Barcelona?

No, de hecho me animó.

Me dijo que incluso me quedara allí a dormir.

Y esta mañana has ido a verla, ¿no?

La he llamado cuando he llegado a la estación, pero no tenía tiempo.

Últimamente solo tiene tiempo para los estudios,

para el centro cívico, para todo menos para mí.

Mateo, ahora ya sabes lo que toca, ¿verdad?

El que la sigue la consigue.

¿Esa es tu estrategia con el banco? Esa es mi estrategia de vida.

(Puerta)

Hola, chicos.

Sara, ¿qué tal?

Hola, Sara.

-Venía porque no me ha llegado todavía el contrato

de cesión de imagen y me ha parecido raro.

¿Andrés? Lo miro.

Cuando aparezca, si quieres te lo acercamos al Moonlight,

así no tienes que volver.

De momento te quiero enseñar unos diseños de la publicidad.

¿Quieres verlos? Claro.

Que se te va a poner cara de teléfono,

se te van a alargar los pulgares.

(ASIENTE)

-Ya va una.

La verdad, el cafetito es para estar a gustito,

decir chascarrillo, meterse con los jefes de comisaría.

Seguro que nos llega algún marrón en seguida.

(ASIENTE)

-Venga, van dos.

¿Qué estás mirando?

¿Estás ligando con alguien o estás mirando alguna oferta...?

-Qué pesadito, Elías, de verdad.

Estoy mirando ideas para vuestro regalo de bodas

porque quiero haceros un regalo especial, algo bonito.

-¿Sabes cuál es el mejor regalo que nos puedes hacer?

-Sí, ya sé.

Que esté presente el día de vuestra boda

que es un día muy importante.

-Estar presente aquí,

tomando este cafelito contigo con lo pesada que eres.

-Ay. De verdad, que luego se me echa el tiempo encima

y de verdad que quiero elegir algo especial.

Por cierto, ¿cuándo será la boda?

-Todavía no tenemos fecha de boda

porque estamos tan pendientes de lo de Paty que no se ha hablado.

-¿Se ha cogido la baja otra vez? -No.

Le damos la mañana libre porque se ha metido en un curso

en el centro y para que estuviera tranquila.

-¿Un curso de qué?

-Gestión de situaciones de crisis, imagínate, eso es una locura.

-Pues qué valiente es Paty, es admirable.

-Sí, muy valiente.

A mí me hubiera gustado que eligiera otro voluntariado, algo más "light".

-En la situación que está, le viene muy bien estar ayudando a gente.

-Sí, pero están en situación de crisis.

Todo lo que tengan que contar esas personas

es muy duro de oír.

Y ahora que está de bajón. Si la vierais sirviendo mesas,

se os cae el alma a los pies. Ella que siempre ha sido la alegría.

-Ya le volverá esa alegría.

Necesita un tiempo de duelo

y estar ayudando a gente le ayudará seguro.

-Sí, ¿y quién le ayuda a ella?

-Bueno, pues vosotros.

La ayudáis y apoyáis un montón.

Paty tiene mucha suerte de teneros a vosotros.

(Móvil)

A ver qué es ahora.

-Ahora, listillo,

es un mensaje que no dice que tenemos dos mendigos

dándose guantazos. Un poquito de curro.

-Ha sido el alcohólico de los vídeos del supermercado.

Le ha dado por beber por las mañanas y se le va de las manos.

Vámonos antes de que la líe.

-Venga, adiós. Gracias, María.

-Lourdes, ¿quieres un café? -No, muchas gracias.

-¿Por qué no descansas un rato?

-Si descanso pierdo el hilo.

-Entre el Moonlight y mi casa

no tienes tiempo para ti. -Ni falta que me hace.

-Necesitamos tiempo libre aunque sea para perderlo:

para ir al cine, al parque, dar una vuelta.

Hacer nuevas actividades.

-Ya sé lo que me vas a decir. Ayer hablé con Miguel.

-¿Y qué le dijiste?

-Lo mismo que a ti.

Yo no necesito esas cosas Ni terapia

ni reuniones ni amigas ni nada de eso.

-No te lo decimos porque lo necesites sino porque a lo mejor

te vendría bien escuchar a esas mujeres,

oír sus historias. -A ver, Paula.

Te lo voy a decir para que te quede bien claro.

Todos, tarde o temprano, tenemos una desgracia

en nuestra vida.

Todos. Y lo único que quieres

es que los demás respeten

tu manera de llevarlo. ¿Entiendes?

Anda, tráeme tu vestido.

-Lo siento.

-Vamos, que ya has hecho muchos méritos

para echarte la siesta. Agente, a calabozos.

-Siento mucho lo ocurrido, de verdad.

-Ya, ya.

-¿Qué, Ovidio? ¿Otra vez aquí?

A ver, ¿qué ha sido esta vez?

Alteración del orden público y delito de lesiones.

-Podemos sumarle también atentado contra la autoridad,

porque me ha dado dos galletas.

Ha empezado a manotear y...

Ha sido sin querer, pero me he llevado dos galletas.

-De verdad, este Ovidio cada día peor.

-Bueno, esta vez no ha sido culpa suya.

¿Verdad, Ibáñez? -No, ha sido culpa mía.

Me dejé llevar por un mal pronto, lo siento.

-Es que Ovidio empezó a jugar con una manguera

como si fuera una espada láser, y empezó a amenazar a todo el mundo

y él creyó que le iba a empapar y se lio a galletas con él, ¿verdad?

Tuvimos que cortar la avenida. -Me asusté.

Pensé que quería prenderme fuego.

-Un momento, pero yo a usted le conozco.

-Lo dudo, señorita,

yo acabo de cambiarme al barrio y no la he visto a usted en mi vida.

-Me ha dicho que se llama Jaime Ibáñez.

-¿Jaime Ibáñez? Pues claro que lo conozco.

El profesor Trapecio.

-¿Trapecio? -Sí, hombre, que sí.

El canguro que se metía en el saquito los problemas sin resolver.

Me acuerdo de la canción y todo todavía.

Si te sientes solo o estás inseguro,

si sientes nostalgia o menosprecio,

súbete al saquito del canguro

de viaje con profesor Trapecio.

Profesor Trapecio, profesor Trapecio,

la vacuna contra un mundo necio.

Un amigo que no tiene precio.

De verdad, es que no puedo explicarme

cómo se acuerdan ustedes de esas cosas.

-Pero, hombre, si eso era un clásico.

Ya no se hacen programas como ese, qué pena.

-Oye, perdonad, ¿de qué va todo esto?

¿Por qué es tan conocido?

-Pues porque el profesor Trapecio enseñaba a afrontar

los problemas de la vida. Era: siempre con ingenio...

-Mucho amor... -Y el carácter recio...

-Por favor, vale ya. -Yo creo que debería encerrar

a los tres en el calabozo, pero la ley me obliga

a encerrar solo al señor Ibáñez, al señor Trapecio.

-Vale, no te preocupes, Elías, ya me encargo yo.

Venga por aquí.

-Vaya, así que este señor era un conocido de la tele.

-Sí, a mí me gustaba mucho.

-El pobre Trapecio debe tener la mochila ahora

llena de problemas. Espero que el juez

sea benevolente con él.

Qué lástima, ¿no? Qué decadencia de artista.

-Pues sí.

-¡Vero!

-Llevo diez minutos esperando aquí de los nervios.

¿No se te ha ocurrido otro sitio para quedar?

¿Tenía que ser aquí? ¿En plena calle?

-Hombre, es menos sospechoso que el hotel, ¿no?

-Y un poquito menos discreto.

Para sitio público ya tenemos La Parra.

-Ya, La Parra está guay, ¿eh?

¿Sabes lo que pasa con La Parra?

Que no puedo hacer esto.

-¿Qué haces? -¿Qué pasa?

Te estoy dando un beso para demostrarte que no pasa nada.

Que nadie nos conoce aquí.

-Vale. -¿Ves como no pasa nada?

-No lo sabemos. O sea, un mal encuentro, una coincidencia,

y vamos, se nos complica la vida.

Si quieres discreción, habitación 337,

en la calle hay que disimular. -Como me pones

cuando estás así en plan mandona.

Bueno, pues usted dirá cómo tenemos que actuar.

-Como dos conocidos que se acaban de encontrar

y comparten un rato del camino juntos

hasta llegar a sus destinos. Con naturalidad.

-¿Y le puedo mirar así de reojo un poquito?

Con naturalidad, digo.

-Qué idiota eres.

-¿En serio vamos a tener que estar en este plan?

Al final vamos a necesitar un manual de instrucciones

para saber cómo comportarnos en esta relación.

-Para ti es muy fácil. Yo esta mañana

he tenido que aguantar el interrogatorio de mi hija,

y darle largas a mi marido,

para no mentirle directamente en la cara.

-¿Y cómo ha ido lo de tu hija?

-Bien, le he explicado una historia bastante sólida,

excepto por un detalle. Que todo era mentira.

Como le dé por comprobarla, me muero.

Llevo toda la mañana hecha un flan. -Pues...

Pues ¿sabes que a mí el flan me flipa?

¿Qué? Estoy en mi papel de policía amable y simpático.

Y usted es una mujer preciosa que me tiene loco.

¿A ver, un segundo? Que tienes ahí como un...

-Aquí. -¿Qué?

-Está como muy desnudo esto.

Vente por aquí a ver si podemos arreglarlo.

-¿El qué? -Vente.

-¿Qué haces? -Va, ven.

-¿Aquí? -Confía en mí. Crucemos el puente.

-Pero, por favor. -Que no muerde el agua,

nos vamos a bañar. Nos tiramos, ¡ay!

-Pero ¿dónde me estás llevando? -Ven, hazme caso.

-¿Qué haces?

-Aguanta esto, por favor.

-Qué bonita es. ¿A ver? Tres, tres, siete.

-Por si un día te pierdes en el hotel,

puedes llegar hasta la habitación.

Ahora sí me puedes besar, ¿o qué?

-Sí.

-Ey, comisario.

Que no. (RÍE)

-Vamos a un sitio más tranquilo. -Vale.

-¿Qué? ¿Se ha quedado dormido? -Sí, nada más comer.

Qué lástima, ¿verdad?

Qué cambiado está.

Le falta energía, un poco de color.

-No sé, yo lo veo igual.

Si te lo imaginas con el traje de canguro,

es como si volvieras a tu infancia.

-Bueno, te dejo con él.

-Señor Ibáñez.

Profesor Trapecio.

Profesor Trapecio.

-¿Qué pasa?

¿Tengo que ir ante el juez?

-No, yo solo quería saber cómo estaba.

-Pues no estoy en mi mejor momento, señorita.

-Le quería decir que yo soy

muy admiradora de su trabajo.

-De mí no. Eres admiradora del profesor Trapecio.

La verdad es que no sé ni cómo me has podido reconocer.

-Pero si está usted igual.

Usted siempre será el profesor Trapecio.

-Pues mira para lo que me ha servido.

-Bueno, sí le ha servido. Míreme,

yo soy una de esas niñas.

Durante un tiempo, fue mi gran amigo.

Por eso, si necesita hablar con alguien,

aquí estoy.

-Solo fue un programa fantasioso, estúpido y bastante ñoño.

-No, no fue estúpido.

A mí me encantaba.

Era muy alegre, divertido, didáctico.

Mira, cuando yo era niña,

pasé varias semanas enferma

en casa, con mononucleosis.

Estuve días y días sin poder ver a mis amigos,

sin salir a la calle,

me pasaba las horas allí sola, aburrida.

Me levantaba por las mañanas y no tenía a nadie con quien hablar,

y encerrada entre cuatro paredes.

Fue, la primera vez que yo recuerdo

que me sentí realmente triste.

Triste de verdad.

Pero entonces encendía la tele

y ahí estaba usted.

Muchas gracias.

Gracias por hacerme olvidar

que estaba sola,

que estaba a cuarenta grados de fiebre,

que no podía hablar con nadie, y me aburría.

Me acuerdo que durante esas semanas,

usted fue para mí un amigo.

Mi único amigo.

¿Sabe la cantidad de niños

que se han sentido felices,

ilusionados, gracias a ese programa?

¿Sabe a cuántas personas, a cuántas vidas

ha tocado con su personaje?

-Mira, señorita.

Voy a decirte algo

que puede dolerte,

y es que el profesor Trapecio no era tu amigo.

Ni siquiera te conocía.

Tanto el programa como el personaje eran...

productos de márquetin. Estaban...

pensados para...

para embaucaros. Los dueños de la cadena

imaginaron un personaje entrañable, tierno, que os embaucara.

¿Para qué? Pues para que comprarais carpetas con la cara del canguro,

o el disco en Navidad con las canciones del programa

o sobres de cromos para rellenar álbumes

con cada una de las historietas.

Y siento decirte que tú

solo eres una de aquellas pequeñas

que picaron el anzuelo.

-Bien. Puede ser que el programa fuese simplemente un producto,

pero la pasión que usted transmitía con su personaje,

traspasaba la pantalla. Eso no se puede fabricar.

-Ahí te voy a dar la razón, sí.

Ese maldito personaje

me vampirizó.

Me arrancó de cuajo

todo lo bueno que yo tenía

y el éxito del profesor Trapecio

fue directamente proporcional

a mi fracaso como persona.

Hola. Mateo.

¿Qué? ¿Ha aparecido por fin? Sí, se había traspapelado.

Cosas de Andrés. En fin, por las molestias

te lo he traído personalmente.

Aquí tienes tu contrato de cesión de imagen.

Firmo aquí, ¿no? Sí, ahí y en la otra copia.

¿Has visto que forma más elaborada de pedir un autógrafo

a una estrella de la música? Anda ya,

si tú eres más famoso que yo.

Que por cierto, podrías aprovechar y contarme algo de la fama.

Nada bueno. Tampoco estará tan mal.

La fama te da muchas cosas, pero pocas de ellas son verdad.

Aduladores de pacotilla, halagos que suelen esconder algo

y una cierta sensación de persona importante,

que suele ser engañosa.

El éxito te da una idea deformada de ti mismo,

y si no tienes los pies en el suelo te puede deformar por completo.

¿Y crees que a ti te ha afectado de alguna manera?

No, no es que me afectara. Es que me transformó

en un completo imbécil.

Y la gente más cercana a mí fue la que lo pagó.

Pero eso a ti no te va a pasar, porque tú eres una chica lista,

currante, con los pies en el suelo.

El equipo que grabó con nosotros el anuncio,

habla maravillas de ti. Ah, ¿sí?

Pues qué bien.

Tengo muchas ganas de ver cómo funciona la campaña.

Bueno, en un par de días la lanzamos.

Yo estoy convencido de que va a ser un exitazo.

Bueno, yo prefiero no hacerme demasiadas ilusiones.

¿Lo ves? Pies en el suelo. En fin, esta para ti.

Eso es todo.

Sara, como siempre, un placer. Igualmente, Mateo.

-Ya he acabado ahí, pero si quieres le doy un repaso

al almacén, porque está... -No te enredes, Lourdes.

Da por terminada tu jornada y vete a descansar.

-¿Sabes qué me pasa? Cada vez que paso por aquí

por la barra, se me pone un mal cuerpo...

Porque me acuerdo de lo de narco, que estaba pintado,

y uf, porque dicen en el barrio

que eso es verdad, que el señor Quintero fue un...

fue un narco muy importante, muy peligroso.

-Hazme caso, Lourdes,

el Quintero de antes con el de ahora,

no tienen nada que ver. Son dos personas

completamente diferentes.

Te lo digo por experiencia, que yo trabajé con él.

-Sí, en Transportes Quintero, ¿no?

Que dice todo el mundo que eso era su tapadera.

-Yo jamás vi nada. -¿No?

¿Segura? ¿Nunca viste una llamada o alguien raro?

-Que no, Lourdes, que no. Que lo único que vi

fue un hombre honesto y responsable

luchando por redimirse de su pasado.

-Dicen en el barrio

que ha engañado a todo el mundo, a los clientes,

a otros empresarios... Dicen que incluso a la policía.

No sé, lo mismo también te engañó a ti.

-Lourdes, si tienes un problema con él,

yo te aconsejo que lo hables con Fernando directamente.

-No, no tengo ningún problema con él

y te agradecería que no le dijeras nada

porque yo necesito el trabajo, Sara.

Perdona, tengo un día un poco...

un poco raro. Perdona.

-Claro.

-Pero ¿cómo voy a...

a competir yo con un canguro que

todo lo sabe y a todo el mundo ayuda?

¿Sabes...

la cantidad de personas que he podido defraudar

en todos estos años?

Innumerables.

Y no puedes hacer nada.

Eso no es lo peor.

Al fin y al cabo la frustración

tiene un límite, pero la crueldad es infinita.

De vez en cuando, te reconocen por la calle.

Hay personas que sacan el móvil y te piden que

hagas alguna monería del personaje o digas algunas de las frases tontas

para burlarse de ti. Para echarse unas risas a tu costa.

Esa humillación, esas burlas...

duelen más que los golpes.

-¿Los golpes? ¿Es que ha sufrido agresiones?

-Muchas. La gente...

te ve convertido en un mendigo

y te pierde el respeto y se creen con derecho a todo,

a zarandearte, a escupirte, a echarte por encima

todo tipo de basuras.

En una ocasión hasta prenderme fuego intentaron.

-Vaya. Por eso se enfadó tanto cuando Ovidio

intentó rociarle con gasolina.

Yo jamás me voy a burlar de usted.

De hecho, he venido a darle buenas noticias.

Ovidio no ha interpuesto ninguna denuncia contra usted.

Así que en un par de horas, cuando terminemos el papeleo,

podrá irse a la calle.

-Vale, pues cuando tenga que salir, me avisáis.

-Antes, cuando le canté la canción,

usted, no sé, parecía, o a mí me pareció...

emocionado, como que sus ojos brillaban.

-Estaba borracho.

Y que me has pillado con la guardia baja.

-Está bien.

Ya no le molesto más.

Entonces, Lara, te lo has pensado bien, ¿no?

Sigues queriendo pedir la excedencia.

Sí, sigo igual de convencida que antes.

Es solo que he esperado a la vuelta de vacaciones

para empezar a gestionarlo todo.

Ya sabes que lo siento mucho.

Sigo pensando que eres de las mejores responsables

de la ODAC que han pasado por Distrito Sur.

Muchas gracias, comisario. La verdad es que,

aunque llevo poco tiempo aquí, sé que siempre guardaré

muy buen recuerdo de Distrito Sur.

He aprendido muchísimo de este equipo.

Aquí también hemos aprendido de ti.

Siempre recordaremos cómo defendiste a Miralles

en aquella rueda de prensa.

Fue algo ejemplar. Bueno, escuchándole hablar

parecería que se estuviera despidiendo

de mí, y no se olvide que aún sigo en el servicio.

Nunca se sabe cuándo nuestros caminos pueden volver a cruzarse.

Pues espero que sea muy pronto, por el bien del cuerpo.

Muchas gracias, comisario.

Buenos días. Adiós.

Pasa, Espe.

Cuéntame, ¿qué te ocurre con Muñoz?

¿A mí? Nada, nada. Ya.

¿Tiene que ver con la excedencia que ha pedido?

Bueno, un poco sí.

Si te sirve de consuelo te diré que yo también siento mucho

que se vaya, pero bueno, todos somos dueños

de tomar nuestros rumbos, ¿no?

¿Incluso si ese rumbo contradice sus principios?

¿Es así como lo ves? Sí, lo veo igual que usted.

A usted también le ofrecieron hace unos años

un puesto enmoquetado en Jefatura y estuvo a punto de cogerlo

y renunció a él por su vocación policial, ¿no?

¿Recuerda? Cómo me voy a olvidar.

Lo recuerdo muy bien

y si te digo la verdad, me alegro de haberme quedado

aquí en Distrito Sur.

Aunque nunca sabré qué habría pasado si hubiera escogido el otro puesto.

Solo podemos comprometernos con las decisiones que tomamos.

Sí. Aun así hay que pensar las cosas antes de actuar.

Por eso estoy aquí, quería comentarle un caso.

Bien, adelante.

¿Sabe la pelea que han tenido esta mañana dos mendigos?

Elías me ha contado algo, sí.

Pues no sé si le suena el nombre de uno de ellos,

Jaime Ibáñez.

¿Jaime Ibáñez? No. Sí, bueno, a lo mejor

lo conoce más por el personaje, profesor Trapecio.

¿Me tendría que sonar?

Fue un cangurito así verde que metía en el saco

los problemas sin resolver.

Profesor Trapecio, profesor Trapecio,

la vacuna contra un mundo necio.

¿No?

Profesor Trapecio, profesor Trapecio.

Que sí.

El amigo que no tiene precio.

Lo siento, Espe, pero no lo recuerdo.

¿Cuál es la consulta?

Bien, pues el profesor Trapecio,

bueno, quiero decir, Jaime Ibáñez,

ahora mismo está en calabozos, pero me ha contado

que lleva muchos años viviendo en la indigencia

sufriendo todo tipo de vejaciones en la calle,

cayendo cada vez más en el alcoholismo,

así que me gustaría pedir una colaboración

con el centro cívico para ayudarle.

Pues bien, me parece lo correcto derivarles al centro cívico

para que allí les presten ayuda. Ahora, implicarte policialmente

no creo que entre dentro de tus funciones

en esta comisaría.

Bueno, nuestra obligación es ayudar a los ciudadanos.

Sí, por supuesto que nuestra obligación

es ayudar a los ciudadanos, pero en otro eslabón

de la cadena.

En la situación en la que se encuentra él ahora,

quien tiene que ayudarle es el centro cívico

o los albergues sociales. Sí, comisario, pero ese hombre...

A ver, Espe,

en los calabozos tenemos a dos mendigos.

¿Por qué ayudar a uno y al otro no?

Ya, tiene razón.

Pues supongo que

ese hombre puede hacer un bien muy grande a la sociedad

como hizo en el pasado.

O sea, que como uno es famoso se merece que le ayudemos más.

Esos dos hombres o cualquier persona en su situación

merecen tener la misma ayuda exactamente, ¿verdad?

Completamente de acuerdo, comisario.

Si te parece, vamos a derivar a los dos mendigos

al centro cívico y si luego tú, a nivel personal, quieres ayudarle,

siempre que sea fuera de horas del trabajo, no hay problema.

Muy bien, le prometo que no gastaré ni un minuto de mi tiempo

dedicado a la OFAM, aunque tenga que echar horas extras.

Venga, gracias, Espe. Gracias.

Una cosa, ¿cómo era la canción?

¿Vas a decirme de una vez qué hacemos aquí?

-Ya te he dicho, que te quiero presentar

a un buen amigo. María, hola.

-Hola, ¿qué os pongo?

-Igual una cervecita, ¿no? -Sin alcohol.

-Bueno, si no hay más remedio.

-Y yo pues otra cervecita sin alcohol.

-Sentaos si queréis, ahora os la llevo.

-Pasa por aquí, ven.

Espera, espera.

-Hola, María. -Hola, Miguel.

-Mira, aquí lo tienes.

-Bueno, Espe, el mismísimo profesor Trapecio

en persona, muchísimo gusto.

Bueno, usted no me conoce, pero yo era muy fan de su programa

de niño y enviaba cartas y todo.

Y bueno, supongo que no le llegarían

o que no se acordará, pero mi nombre era Miguel Herrera.

-No.

Yo no recibía correo. La productora no me lo entregaba.

Probablemente tu carta acabó donde acabaron los deseos

de todo mi público. En la basura.

-Ya. Bueno.

Bueno, es así.

Pero le debo decir que yo dirijo un centro cívico

y ahí aplicamos mucha de la filosofía que usted transmitía en su programa.

Y cuando tenemos un problema, lo afrontamos con ingenio,

mucho amor y el carácter recio de un trapecio.

-Espe, si vuelvo a escuchar eso hoy otra vez, me tiro por la ventana.

-Lo siento. Lo siento, perdón.

Soy... un fan nostálgico. Perdón.

La verdad es que estamos aquí porque queremos ayudarle.

-Aquí tenéis, chicos. Miguel, ¿tú vas a querer algo?

-No, gracias.

-Gracias, María.

-Vosotros...

no sabéis ni cómo vivo.

-Te queremos ayudar de la misma manera que ayudamos

a Ovidio. -A mí me importa un pito

que ayudéis a otro mendigo. Yo no necesito ayuda.

Solo necesito que me dejéis en paz.

-Bueno, vamos a tranquilizarnos.

¿Qué le parece, Jaime, si le cuento

que hemos pedido plaza en un albergue y que después de la cerveza

podemos irnos allí y tiene una cama para poder descansar?

-Yo no os he pedido nada, Miguel.

Sé bien cómo funcionan en esos albergues.

Nadie regala nada sin poner condiciones y a mí...

las condiciones como que...

-¿Por qué no le das una oportunidad? Solo quiere ayudarte.

-Yo no necesito ayuda.

A mí no quiere ayudarme. No me importan vuestros problemas,

yo no me meto en vuestra vida. Dejad de tratarme

como si fuera vuestro héroe porque yo no soy Trapecio.

Solo me disfrazaban de él. -Jaime, usted se ha partido el alma

por transmitir un optimismo a toda una generación.

Una generación de la que somos parte Espe y yo.

Y que hemos crecido queriendo ser mejores personas.

-Aquí tienes a dos de tus fanes. Una se ha convertido en poli

y el otro en cooperante.

-Realmente solo queremos devolverle una pequeña parte

de todo lo que nos dio. Nada más.

¿Le parece bien?

-Una persona que ha llegado a tantos sitios

y ha tocado el corazón de tanta gente

nunca puede estar solo.

No lo vamos a permitir.

-No lo entendéis.

Cuando acabó aquel programa de televisión

y, por última vez, me pude quitar aquel ridículo disfraz de canguro,

descubrí algo que...

que aún no he podido superar, y es que dentro de aquel traje

no había nadie.

-¿Cómo que no? Un actor. Un actor reconocido.

-No.

Nadie me recuerda por mi nombre.

Desde que me convertí en Trapecio, Jaime Ibáñez desapareció.

Eso es así.

La gente se olvidó

de mis trabajos en el cine, de mi "Hamlet" en el Teatro español.

El teléfono dejó de sonar, ni agentes ni productores ni directores.

Nadie, ni siquiera los compañeros de profesión, tan solidarios ellos.

De vez en cuando,

algún bolo infantil

o te llamaban para hacer una voz tonta en la radio.

De la noche a la mañana me convertí en un fracasado.

-¿Y ahí fue donde empezó a beber?

-Qué remedio me quedaba.

Necesitaba beber para encontrarme conmigo mismo.

Ese soy yo,

un borracho.

Un perdedor, Jaime Ibáñez.

-Encantada de conocerte, Jaime.

Yo soy Espe Beltrán.

-Vamos.

-Me toca, ¿no? -No te toca, se acabó, cariño.

Te digo una cosa. Es frustrante ganar

cuando a tu rival se la sopla la partida.

-Perdona, es que tengo la cabeza en otro lado.

-Ya. ¿Qué pasa, que echas de menos la sierra?

No pasa nada, que volveremos. Aunque te digo una cosa,

he pensado en otro sitio para nuestra próxima escapada.

Creta. Un sitio precioso, unas playas que flipas.

Se come superbién. Y encima tiene unos rinconcitos

así por la ladera de la isla...

-No, si estoy convencida,

pero mi cabeza ahora está en Distrito Sur.

Voy a echar mucho de menos a mis compañeros.

Más de lo que pensaba.

En muy poco tiempo me he dado cuenta

de que son un gran equipo.

-Entiendo. Y ¿sabes qué? -¿Qué?

-Que te tengo que enseñar algo.

-¿Ese quién es? -J.C. El tío de los números.

Es un cacho de pan. Y mira, ella es Luna.

Administrativa. Es una profesional como la copa de un pino.

-Cariño.

Que todo esto está muy bien, pero ¿por qué me lo enseñas?

-Pues porque pronto ellos serán tu equipo.

Tus compañeros de trabajo. Son superbuenas personas.

Llenos de talento y supercreativos.

Y a nada que les des una oportunidad, podrán ser tus amigos.

-¿Todo eso te han dado visitando microcervecerías?

Sí que te ha rendido, ¿no?

-Ponlo ahí abajo y ahora las voy poniendo yo.

Ya las iré colocando, ¿vale?

Si vieses el mimo y el cuidado con el que hacen

esas cervezas artesanales empezarías a pensar

lo mismo que estoy pensando yo.

Solo quiero tener ese tipo de cervezas aquí en el Moonlight.

-Pues a mí me parece bien.

Mira, sería una manera de apoyar la producción local

frente a las multinacionales y además,

nos daría un toque de distinción.

-Yo no podría haberlo dicho mejor.

¿Qué tal todo por aquí? ¿Ha habido alguna incidencia?

¿Algún contratiempo?

-No, nada. Solo...

Bueno, es una tontería.

Creo que deberías hablar con Lourdes.

-¿Con Lourdes? ¿Por qué, qué le ha pasado?

-No, nada, no es nada grave.

Es... Bueno, entre la detención de Eladio, los camellos,

los destrozos en el local, pues está un poquito agitada.

-Agitada, ¿qué quieres decir con agitada?

-¿Por qué no hablas tú mismo con ella? Así lo evalúas.

-Sí, hablaré mañana con ella, no te preocupes,

pero me vendrá bien tener algo de información

para ver cómo le entro o qué le digo.

¿Qué ha pasado?

-Pues a ver, ha estado haciendo preguntas

sobre nuestra relación laboral en el pasado.

-Quería saber cosas sobre Transporte Quintero, ¿es eso?

-Sí y bueno...

Ya sabes, lo de la pintada.

-Ya. Supongo que sigue pensando que su jefe es un narco.

-A ver, Fernando, ella es una buena mujer

y es normal que le entren esas inquietudes.

De verdad, cuando hables con ella sé comprensivo, ¿vale?

-Lo seré. Sabes que soy la persona más comprensiva del mundo,

así que no te preocupes, sé cómo hablar este tipo de cosas.

Y gracias por habérmelo comentado.

Ahora vengo a poner las cervezas. Voy a dejar esto.

Y no paraba de hablar, no paraba de hablar.

Que si la había traicionado trasladándome a Madrid,

que si la había dejado con médicos infracapacitados

al frente de sus inquietudes estéticas.

Es que tiene una voz tan irritante la condesa.

¿Y cómo hiciste para aguantar el chaparrón?

Pues me inventé una técnica en la que me imagino

un taxímetro encima de la cabeza de ese tipo de gente

y entonces veo cómo van pasando los números.

¿En serio?

¿Y qué quieres? Pues me quedo allí

asintiendo con la cabeza hasta que la anestesia obra su milagro.

¿Ya te vas a dormir?

Tengo sueño, pero cuenta que te escucho.

Hombre, pero es que...

te he echado mucho de menos en Barcelona,

yo allí solito en ese hotel.

Anda ya, si me dijiste que estabas viendo la tele.

Sí, hasta que hablé contigo por teléfono, entonces la apagué

y me quedé allí,

mirando el techo, recordando.

¿Qué recordabas?

Pues no sé por qué me vino a la cabeza,

¿te acuerdas aquel viaje a Abu Dabi

que estábamos en aquella azotea y mirábamos las estrellas tú y yo?

De eso hace mucho tiempo.

Parecía que las estrellas se nos fueran a caer encima.

Sí.

¿Y esta? Es nueva, ¿no?

A ver que tampoco es tan fea, es un poco jipi para tu estilo.

¿De dónde la has sacado?

Es un regalo.

¿De quién?

De una mujer del centro cívico.

Parecía un detalle muy bonito.

Ya.

Bueno, esa mujer no está aquí, así que vamos a quitártela.

Llévame de viaje.

Lejos de aquí.

-¿Adónde quieres que te lleve?

-Donde seamos libres.

A nuestra habitación.

¿A nuestra habitación?

¿Quieres decir a la azotea de Abu Dabi?

Sí.

-Esa es mi opinión. A mí no me gustan las casas de apuestas, punto.

Pero ¿qué voy a hacer? No importa.

-¿Qué es lo que no te gusta de mi negocio?

¿Qué tal, Miguel? ¿Qué haces aquí?

La verdad he venido a hablar con Espe.

Estoy preocupado con Jaime Ibáñez.

-Hola, quisiera hablar con el dueño del "pub".

-Sí, claro.

Soy yo, soy Fernando Quintero. ¿Tú eres?

-Encantado. Soy Morientes.

Llevo una empresa de seguridad. -¿Seguridad? Vaya.

-Mis chicos y yo nos encargamos de que todo esté bien

dentro de los "pubs" y discotecas.

-Y supongo que también controláis el acceso de la gente al local, ¿no?

-Exacto.

-Y también supongo que habrás venido a ofrecerme tus servicios. ¿Es eso?

-Supones bien.

-Que pases un buen día.

-Hola. -Hola y adiós.

-¿Ahora aparte de no hablar conmigo tampoco puedes ni verme?

-Es lo que tiene ser libre, ¿no?

Puedo decidir con quién quiero hablar.

-Ya, pero con otros sí que quieres hablar.

-¿Me has estado espiando?

-La próxima vez que se acerque a ti, me llamas a mí.

Me cruzo en un momento a La Parra.

-¿Para detenerle?

-No, te dije que no tenemos pruebas suficientes,

pero bueno, si me ve a lo mejor te deja un poco en paz, ¿no?

-Estaba pensando justo lo contrario.

-¿Lo contrario? ¿Cómo lo contrario? ¿Qué es lo contrario?

-Que te aproveches del interés que tiene en mí.

-Mira, ha surgido un problema con la asesoría, algo urgente,

que tengo que resolver, así que voy a salir

para ver si aclaro todo esto, estaré fuera un par de horas.

¿Estás buscando algo, Lourdes?

Porque si es así, quizá yo pueda ayudarte.

Cariño, ya estoy en casa.

He traído la comida del japo.

¿Verónica?

Vero, ¿dónde andas?

"En el centro cívico

preparando la asistencia para un detenido."

Tengo que dejarte. Tengo trabajo.

Habíamos quedado para comer.

-Bueno, si necesitas irte yo lo entiendo.

-No quiero irme.

-A ver si encontramos el término medio

para poder llegar a los "milenial" mayores de edad,

pero sin pillarnos los dedos.

-Sí, claro.

(Móvil)

Contesta si quieres, no me importa. -No.

Quiero cenar tranquilo contigo.

Oye. -¿Qué?

-¿Estás 100% segura de que quieres dejar la policía?

-¿Por qué me preguntas eso ahora?

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Servir y proteger - Capítulo 667

27 dic 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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