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5472006
No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 664 - ver ahora
Transcripción completa

Cada vez me cuesta más aguantar esta situación.

Claro que sí. ¿Lo dudabas?

A mí también me gustaría.

Estaba hablando con un compañero del Máster.

-¿A esas horas?

-Sí, estamos haciendo un trabajo en equipo

y este chico prefiere trabajar de noche, así que nada.

Lo llamé para que me resolviera una duda.

-No sé, me sorprendió cómo le hablabas.

Parecía que había mucha confianza.

-¿Qué te pasa? Estás rarísima.

Antes igual, en los juzgados, parece que no va contigo la cosa.

-Creo que mi madre tiene un amante.

-¿Qué?

-Si veis el más mínimo movimiento sospechoso,

si veis a alguien haciendo algo raro,

quiero que vengáis inmediatamente y me aviséis.

-A usted y a la policía también. -No, a mí, Lourdes, solo a mí.

Han concluido que él no participó en el cobro de comisiones,

pero al parecer sí estaba informado de actividades de Somontano

y no informó a sus superiores.

Pero ¿cómo iba a traicionarle? Es mi binomio.

Te he educado en todas esas cosas, pero también en la lealtad.

-Pero la lealtad no es para criminales,

porque lo que hace es darle alas.

-Qué fácil es verlo todo desde la barrera, ¿eh?

-Mateo es un tipo con muchas virtudes,

y te voy a decir una cosa.

Es un tipo muy exigente, no te creas que Mateo

se fija en cualquiera. Pero mira, en ti se ha fijado.

-¿Cómo tengo que tomarme eso? -Pues como un cumplido.

Ah, y me ha dicho que después de rodar el "spot"

nos iremos todos por ahí a celebrarlo.

Él siempre acostumbra, después de un gran evento,

a organizar una fiesta para todo el equipo.

Y seguro que encuentra un momento para hacer un aparte

y tomaros una copita los dos.

¿Tan flojo estás que eres capaz de dejar pasar a una mujer como Sara

y no hacerle caso?

¿O es que las cosas con Verónica ya se están arreglando de verdad?

No, sigue igual. Está muy rara.

Yo sé que le pasa algo, pero no suelta prenda.

No sé. Parecía que estábamos en una buena racha y...

¿Porque a ti te ha dicho algo? No, no.

Pero si quieres puedo indagar.

Aunque, bueno, ahora lo importante es concentrarse en el "spot" de mañana.

Ah, bueno, y en la fiesta de después. No, no. No creo que organice nada.

No estoy de humor. ¿Cómo que no?

Claro que hay que organizar esa fiesta, aunque solo sea por Sara.

La chica se lo merece.

La policía italiana está buscando las claves de acceso de unas cuentas

que él mismo gestionaba.

Supongo que se refieren a las cuentas de la mafia calabresa.

Exacto. Al parecer Paolo era de las pocas personas

de la 'Ndrangheta con acceso a cuentas en paraísos fiscales

donde la mafia guarda una gran cantidad de dinero.

Si dieran con esas claves, sería cuestión

en poco tiempo de desmoronar todo su sistema financiero.

Lo siento por entrar tan tarde.

Es que he olvidado aquí unas gafas de sol.

-Claro. -Ay.

-Son estas, ¿no? -Sí, gracias.

-Me extrañaba que nadie viniera a por ellas.

Son carísimas. Te has tenido que dar un buen susto.

-Sí, no por lo que cuestan, más por su valor sentimental, Paty.

Soy Gina Giordano. Soy de Verona

y fui novia de Paolo.

(Música emocionante)

¿Qué haces?

Mirarte.

Estaba pensando en la suerte que tengo de tenerte a mi lado.

Te has levantado romántico hoy.

Como me acosté.

¿Qué te parece si repetimos lo de anoche?

No, hoy tengo un día muy ajetreado.

Debo encontrar alojamiento para unos ancianos

que están en la calle.

Y tengo que evitar que echen del país

a un chico que lleva toda la vida aquí.

Eso sin contar con las lecturas del Máster.

Pobre. Yo tengo un día de lo más divertido.

¿Y eso?

El "spot" para la clínica, ¿lo olvidaste?

Es verdad, tienes el rodaje hoy.

¿Estás nervioso?

No, si sale mal se repite y punto.

Esto no es como una operación.

Visto así.

Pero a mí me pones delante de una cámara y no sé si podría.

¿Te sabes el texto ya?

Supongo que serán dos o tres líneas, así que solo tengo que sonreír

y decirlo a la cámara.

¿Vas a pasarte por el rodaje?

No, no creo. Con todo el lío que tengo.

Además, no pinto nada.

¿Cómo que no? Eres mi socia.

Vendría bien que conocieras a los de la agencia de publicidad.

¿Para qué? A estas alturas no voy a opinar del contenido del "spot".

A mí me haría ilusión que estuvieras.

Ya sabes cómo son los rodajes, se pasan el rato cambiando las luces,

mejor me quedo trabajando.

Me vendría bien un poco de apoyo moral.

Vas sobrado de eso.

Por favor.

Está bien. Intentaré pasar.

Pero no te prometo nada.

Vale, entonces prométeme

que este fin de semana lo dedicamos a nosotros.

¿A nosotros? Sí, sí.

¿Por qué no nos vamos a un hotelito los dos solos

y desconectamos el móvil? Lejos del mundo, ¿qué te parece?

Estaría bien, pero...

este fin de semana imposible.

¿Por qué? Son solo dos días.

Vendrías con las pilas muchísimo más cargadas.

Ya te he dicho que voy retrasada con las lecturas del Máster.

Si no aprovecho los fines de semana, ¿cuándo?

Sacarás matrícula de honor porque con todo lo que estudias.

Me voy a duchar.

¿Qué pasa?

No, que a lo mejor este último comentario

que te he hecho ha sonado un poco borde.

Estoy muy orgulloso de ti, mi amor.

A la ducha.

Aquí tienes, corazón.

-No te puedes hacer una idea de la cara que se le quedó a Gina

cuando le conté todo sobre Paolo, pobrecita.

-Pero ¿ella tampoco sospechaba nada?

-Qué va.

Te puedes imaginar, llevaban más de un año juntos, iban a casarse.

Y yo sin tener ni idea.

-Madre mía.

A lo mejor ahora se arrepiente de haber hurgado

en la historia de Paolo.

-¿Sí? No creo.

Creo que lo que ella necesitaba era...

era saber cómo había muerto el chico que tanto quería, ¿sabes?

-Ya, desde luego muy enamorada de él debía estar.

Porque venirse hasta aquí a ver qué había sido de su vida.

También te podía haber contactado por redes o algo.

-A ver.

Yo entiendo que Gina haya querido venir a verme.

Es un "shock" muy fuerte descubrir que la persona que quieres

no es quien tú piensas que es.

Pero creo que es necesario también pasar por ahí.

¿Sabes? Para curar las heridas y poder seguir viviendo.

-Chica, qué bien te está sentando la terapia.

Me da gusto oírte hablar del tema así con calma.

-Voy a tener que contarle a mi psicóloga la visita de Gina.

A ver, yo estoy encantada de ayudarla, pero...

-Pero ¿qué?

-Pues me vuelvo a sentir muy culpable.

Ya lo sé, no tiene ningún sentido ponerse a pensar ahora

qué hubiera pasado si hubiera hecho las cosas distintas pero es que...

no puedo evitar pensarlo. Te lo juro.

Me da tanta pena

y me parece tan romántico

que Gina haya querido venir aquí a descubrir lo de Paolo.

Me siento tan culpable por haber hecho que rompan.

-Mujer, que tú no sabías que esa chica existía.

-Ya, bueno, pero yo qué sé.

Te lo juro, no puedo evitar pensar

que si no me hubiera liado con Paolo él seguiría vivo

y seguramente estaría casado con Gina.

-Favor que le has hecho a la muchacha.

-Lo pasó tan mal.

¿Tú sabes que él ni siquiera la dejó? No, no.

Cogió el notas, se subió a un avión y se vino a Madrid

sin darle ningún tipo de explicación.

-Pues eso es de tener muy pocos escrúpulos.

Y ser muy mala persona.

Con lo buena gente que parecía.

-Juro que me parece increíble que estemos hablando de Paolo,

del tío que me hizo perder la cabeza.

-Pues, chica, asúmelo.

Era un criminal de tomo y lomo y lo demás era pura fachada.

-Ya.

A Gina le va a costar un tiempo

recuperarse de todo esto y asimilarlo, ¿eh?

-¿Y por qué no le dices tú que haga terapia?

Mira lo bien que te ha ido.

Para evitar que la chica se hunda.

-A ver, no creo que se hunda.

Tampoco es que la conozca muchísimo, pero vamos yo...

La sensación que me da es que es una tía fuerte.

-Pues mejor para ella.

Mírala, aquí la tienes.

-Buenos días.

-Pero bueno, qué madrugadora, ¿no?

-Bueno, no podía dormir.

-Normal.

-¿Quieres que te prepare algo?

-Un expreso, por favor.

-Muy bien, marchando un café italiano para nuestra Erasmus.

-Perdona que te mintiera ayer, pero sí, soy estudiante.

Bellas artes.

-Ya, mujer.

Entiendo que no son cosas para ir contándolas a todo el mundo.

-Oye, tengo que pedirte un favor.

-Claro, lo que quieras. Siéntate donde tú quieras

y ahora en cuanto tenga un rato voy, ¿vale?

-Toma, guapa, tu café.

No será como el de Italia, pero... (RÍE)

-Gracias.

-Por lo que he oído,

el Somontano este iba de mal en peor.

Parece ser que se gastaba todo el dinero en juerga,

volvía a trabajar de empalmada...

Desde su divorcio la vida le fue un desastre, vamos.

-Ya, Elías, pero es que eso no es una excusa.

Todo el mundo hemos tenido nuestras movidas

y eso no significa que nos vayamos a hacer corruptos como ha hecho ese.

-La verdad es que

con todas las tonterías que hice cuando estaba mal

nunca crucé la línea roja, no.

-De todas formas yo no entiendo cómo el padre de Toni

estuvo ahí encubriéndolo tanto tiempo.

-Bueno,

no sé, trabajaron muchos años juntos, eran amigos

y Somontano era un policía excelente.

En Distrito Cinco no se movía ni una mosca sin que él lo supiera.

-Mira, esa es otra pregunta.

¿Cuántos de la comisaría sabrían que era corrupto y se lo callaron?

Aparte de Santiago Ríos, el padre de Toni.

-Pues en su comisaría ninguno

según el informe de Régimen Disciplinario.

-El caso es que el daño ya está hecho.

Hay que ver cuánto tiempo le cuesta a sus víctimas

recuperar la confianza en la policía.

-Buenas. -Hola, Toni.

-¿Qué pasa?

¿Estabais hablando de mi padre?

-Bueno, de Somontano más bien y de la vida que llevaba.

-Merecida se tiene la sanción.

Llevo toda la vida escuchándole sus chapas sobre el deber,

y cuando tiene un compañero de mierda hasta el cuello lo encubre.

-De todos modos a mí lo de tu padre me parece un poco extraño.

Ni denunciaba ni se lleva ningún dinero.

¿No te parece que debe haber algo raro ahí?

-Pues no lo sé, Elías. Si lo hay a mí no me lo va a contar.

-¿No se lo has preguntado?

-Fue lo primero que hice porque decía que no tenía nada que ver.

-Lo sigue negando, ¿no? -Ahora no, obviamente no.

Pero dice que lo sabía, que intentó pararlo,

pero es que él no es ningún chivato.

Yo ya tengo la sensación de que no lo conozco de nada.

Pero bueno, a ver si tengo un día mejor.

-¿Sales a patrullar ahora?

-Luego, que ahora tengo que resolver una historia por ahí.

-Ánimo, chaval.

Y acuérdate que después de comer hay práctica de tiro.

-Buf. Es verdad, qué rollo.

-Pero si a ti te encantaban. Decías que te relajaban, ¿no?

(ASIENTE) -Antes, ahora se me da mejor pillar a los malos.

-Además, cuanto menos usemos las armas, mucho mejor.

-Muchas gracias, jefa.

-Aprovechad que está calmadico para hablar vosotras.

-Solo serán cinco minutos.

-Eh...

bueno, si puedo hacer algo por ti, ya sabes que estoy encantada.

Dime. -Ahora veo lo que Paolo vio en ti.

Tienes un corazón enorme.

-No, no me digas eso, por favor,

que lo único que haces es hacerme sentir más culpable.

-Engañó a las dos.

Tú no tienes culpa de nada.

-Yo te juro que no tenía ni idea de que estaba contigo.

-Ya me lo dijiste, tranquila.

-Ya, Gina, pero es que tengo que ser sincera 100%.

Creo que aunque lo hubiera sabido

no hubiera cambiado nada.

Yo también tenía novio, ¿sabes?, y lo eché todo a perder por Paolo.

-Bueno, cuando yo descubrí que me dejó para venir a Madrid

con una española,

yo estaba furiosa

y tiré todas sus cosas a la basura.

Incluso borré las fotos y los chats. -Normal, totalmente normal.

-Ya, pero...

ahora está muerto.

Yo me arrepiento.

No tengo nada de él para tocar,

para despedirme de él.

¿Lo entiendes? (ASIENTE)

-Claro que lo entiendo.

Mi psicóloga dice que los ritos funerarios

son muy importantes para despedir a las personas.

-Ya.

-Paolo no tuvo funeral.

¿Sabes lo que hice?

Fui a un mirador al que se supone que me iba a llevar

si no hubiera...

Bueno, el caso es que fui allí yo sola y...

y le dije adiós.

Y volví a casa con una sensación

como de estar superligera, ¿sabes?

-Ya.

Yo quiero poner una vela por su alma en la iglesia de San Fermo

y traer allí sus objetos.

Esto me enseñó mi abuela, ¿sabes? -Qué bonito.

-Ya.

-Bueno y dime qué puedo hacer por ti. No me lo has dicho.

-Bueno, he pensado que quizás tú puedes

darme unos objetos de Paolo, lo que sea.

-Ya. El problema es que yo también estaba bastante enfadada

cuando él desapareció.

-¿Y lo tiraste todo?

-Bueno, todo lo que no se llevó la policía, sí.

Puedes ir a pedírselo.

No creo que haya problemas para que te lo den,

la investigación ha terminado.

-No, ni siquiera soy familia para reclamar sus cosas.

¿Estás segura que no tienes nada de él?

Que no se llevara la policía...

-No lo sé.

No lo sé, igual sí. Tengo dos cajas de la mudanza que no he abierto.

Igual con las prisas se ha colado algo, pero no tengo ni idea.

-Sí. ¿Puedes mirar en estas cajas, por favor? ¿Sabes?

Para mí es muy importante.

-Claro que sí.

No te preocupes. En cuanto termine de currar, voy a casa y lo miro.

-Gracias. -No hay de qué. Es lo mínimo.

Ay, Dios.

-¿Qué pasa?

-Ven.

(SUSPIRA)

Necesitaba tanto esto.

(SUSPIRA)

-Me has dejado preocupado con el mensaje.

¿Qué pasa?

¿Te han pillado?

-No. -¿Entonces?

(SUSPIRA) Es que me...

Es que me cuesta tanto fingir.

Me siento tan rara.

(SUSPIRA) No sé cómo soy capaz de llevar esta doble vida.

Anoche...

me acosté con Mateo.

-¿Para qué me lo cuentas?

¿Para joderme? ¿O para ponerme celoso o para qué?

-No quiero engañarte a ti también.

(SUSPIRA)

-Necesito ser completamente sincera contigo.

Es que me voy a volver loca si no.

Anoche en cada segundo que estaba con Mateo

pensaba en ti.

No podemos, no podemos.

-¿Cuándo voy a verte a solas?

-No lo sé.

Ya inventaré algo.

(Puerta)

Hola.

Perdón.

Verónica, ¿te pillo en mal momento? -No, si ya hemos acabado.

Eh... Cuando sepas

algo, ¿me dices, por favor? -Sí.

-Chao.

-Adiós.

-Hola, Andrés.

-¿A este qué bicho le ha picado?

-Ah, no, tenemos entre manos un asunto complicado

y nos toca estar en bandos opuestos. -Ah.

Espero que en otras circunstancias sea más amable.

-¿A qué has venido?

-¿Cómo que a qué he venido? A recogerte para irnos al rodaje.

-Ay, el "spot", se me había olvidado.

-¿Cómo que se te ha olvidado? ¿No has hablado con Mateo?

-Sí, esta mañana precisamente he hablado de esto con él,

pero se me ha olvidado llamarte. No voy a poder, tengo mucho trabajo.

-¿Me vas a dejar colgado?

-Lo siento. ¿Te importa?

-Yo contaba con que vinieras conmigo.

Lo divertido es ir con alguien, cotillear, comentar.

Tú no sabes lo locos que están los de publicidad.

Hay una tía de vestuario que lleva el pelo rosa y unas medias de rombos.

No te lo puedes perder. Vente aunque sea un rato.

-Venga, va. -¿Sí?

-Voy, voy. A ver si me despejo un poco la cabeza.

-Venga.

¿Nerviosa?

Pues sí. Un poco, la verdad.

Esto no será muy distinto de rodar un videoclip.

El equipo era más reducido, pero tuvimos que venir más días.

Me dijiste que tienes experiencia, ¿no?

Sí, por esto he pasado varias veces.

En Barcelona solíamos hacer una campaña anual.

¿Puedes darme algún consejo?

Intenta divertirte. ¿Tú te divertiste la primera vez?

Seguimos hablando de rodajes, ¿verdad?

(RÍE) Perdón, perdón, es que me lo has puesto a huevo.

Sí, seguimos hablando de rodajes. Bien. Pues sí, sí, me divertí.

Estaba un poco tenso al principio, pero recuerdo que vino la directora

y me dio un consejo y me calmó. Ah. Eso me interesa, ¿qué te dijo?

Me habló del efecto de la bata blanca.

Si tú eres médico y sales en pantalla

puedes vender lo que quieras que la gente se lo cree.

Lo único que tienes que hacer es sonreír mucho.

Si eso bastara para triunfar...

Estoy convencido de que vas a ser una gran estrella.

Me juego una mano.

No te juegues tanto que necesitas las dos para trabajar.

Sería una gran pérdida para la cirugía plástica, pero mira

el meñique no lo suelo usar mucho así que me juego un dedo meñique.

Vale, me parece bien, pero solo si es de la mano izquierda.

(RÍE) Espera, no eres zurdo, ¿no?

No, no. (RÍE)

-Mira la parejita.

Qué relajados están.

-Mejor, ¿no?

¿Te acuerdas de esa modelo pelirroja que se puso nerviosa

y no había manera de que soltara su frase?

-Sí, eso fue el primer "spot" que hicimos.

Tuvieron que cortarle la frase y sustituirla por una voz en "off".

-Sí. (RÍE)

Pobrecita. Espero que a esta no le pase lo mismo.

-No, no creo. La pelirroja se puso nerviosa al verte allí.

-¿A mí por qué? Si era el último mono en el "set".

-Supongo que no esperaba encontrarse con la mujer de Mateo.

-Vamos a dejar el tema.

-No pretendía... -Sí, sí que pretendías.

Te ruego que lo dejes.

Te has pasado años cubriendo a Mateo para que se acostara con otras.

-Tampoco exageres. Solo fue un par de veces.

-Basta. No quiero saber cuántas fueron.

Ahora te pones a señalar a cualquiera que habla con Mateo.

¿Quieres recuperar el tiempo perdido?

Perdona, ¿dónde podemos colocarnos para no molestar?

-Eh, mira, venid conmigo.

-Hola, María. -Hola, Santiago. ¿Qué te pongo?

-Ponme un pincho de tortilla como siempre.

-¿Qué quieres para beber? -Una sin.

¿Sabes si ha venido Toni esta mañana? Es que necesito hablar con él.

-Pues no, todavía no lo he visto por aquí. Y a saber.

No sé, ¿por qué no lo llamas no vaya a ser que te pegue el plantón?

-No tengo nada mejor que hacer. ¿Tienes el periódico ahí?

-Sí.

Aquí tienes. -Gracias.

-Hola, María.

-Hola, Toni. ¿Te pongo lo de siempre? -Sí, "porfa".

¿Qué haces aquí, papá? -Esperarte.

¿Nos sentamos?

En algún momento tendremos que hacer las paces.

No vamos a pasar de morros tres meses viviendo bajo el mismo techo.

-No lo sé, dímelo tú. ¿Vas a aceptar que has sido un hipócrita?

-¿Qué entiendes por hacer las paces? -Mira, papá,

si pretendes que me parezca bien

que encubrieras a un corrupto porque era tu colega,

lo siento, pero no puedo.

¿Sabes por qué? Porque me has enseñado así.

Cuando decías que tu curro era como el de un superhéroe.

-No me vengas ahora con "Spider-Man".

-"Un gran poder conlleva una gran responsabilidad", me decías

cuando te pedía ver la placa, ¿y ahora qué?

Te lavaste las manos mientras tu compañero abusaba de su poder.

No te reconozco, papá.

-Toni, la vida no es como los cómics, ¿eh?

No todo es blanco o negro.

Es complicado. -Explícamelo para que lo entienda.

Sin mentiras. -Yo nunca te he mentido.

-¿No? ¿Y cuando te pregunté por qué te estaban investigando?

Me decías que no tenías nada que ver.

-No soy un corrupto, a eso me refería.

-Eres un encubridor y yo necesito saber por qué, papá.

¿Quieres que hagamos las paces? Cuéntamelo.

-Perdona, Toni. Que no está Paty y llevo una mañana más liada.

-No te preocupes. Gracias.

-No puedo contarte nada que nos podrían oír.

-¿En casa entonces? -No, no.

-Pero ¿qué pasa, papá? ¿Qué pasa?

¿En qué estás metido? En algo gordo. -Pues claro que no.

Podrías confiar un poco más en mí. -Lo estoy intentando,

pero no me lo estás poniendo fácil.

-Cuando acabes tu turno, nos vemos en otro sitio y te lo cuento.

-Eso espero.

Hasta luego, María, gracias. -Adiós.

-¿Ya no saludas?

-¿Qué quieres?

-No sé. Un poco de amabilidad.

¿O seguirás tratándome como un perro solo porque haya estado en el talego?

-No te estoy tratando como ningún perro.

Y me contaron muchas más cosas aparte de esa.

-Y yo que pensaba que eras buenas gente.

-Yo sí que soy buena persona, no como tú,

así que no te atrevas a cuestionarme.

-He cometido muchos errores en la vida. ¿Tú no?

Pero todos esos errores son cosa del pasado.

Bastante esfuerzo me cuesta salir adelante,

a pesar de los prejuicios. -Que sí, tío, que lo que tú digas.

A ver, ¿qué haces?

-Estoy intentando hablar contigo como las personas.

-Intenta hablar con alguien que quiera hablar contigo y déjame.

-Te estás pasando tres pueblos.

Pero bueno.

Tú misma.

-Gina, pero ¿qué haces aquí?

-¿Te estaba molestando ese tío?

-No. No te preocupes. No tiene importancia.

-Yo estaba de tiendas, haciendo tiempo.

Oye, ¿has podido encontrar lo que te pedí?

-Pues la verdad es que todavía no he llegado a casa.

Pero no te preocupes que, nada más llegar, abriré esas cajas.

-Gracias.

¿Vas por el barrio? ¿Te acompaño? -Sí, claro. Vamos para allá.

Durante años, hemos ayudado a cumplir los sueños

de muchos de nuestros clientes.

Grandes historias que han pasado por nuestras manos.

Porque tu felicidad es lo primero.

-Corten. Lo tenemos.

Fin de jornada. Gracias a todos.

Bueno. Bueno, pues ya está.

Oye, has estado fantástica, ¿eh?

No exageres. Te lo digo de verdad,

he trabajado con profesionales y no tienes nada que envidiar.

La verdad es que se me ha pasado volando.

No he podido ni ponerme nerviosa.

Creo que este será el mejor anuncio que hemos hecho nunca

en Clínicas Di Matteo.

¿Eres siempre tan optimista? Oh, mira quién fue a hablar.

Pero sí. Me gusta ver el lado bueno de las cosas.

Creo que por eso me va bien así.

O porque veo el lado bueno de las cosas y soy optimista.

(RÍEN)

Bueno, buen trabajo, pareja. ¿Sí?

Muy bien.

¿Lo tienes todo? Sí. Me ha quedado muy bien.

-¿Te puedo comentar una cosita? Gracias, Lars.

Al final lo ha hecho muy bien esta chica.

-Pues la verdad es que sí.

Cariño, qué bien que hayas podido venir.

Me ha hecho mucha ilusión verte por aquí.

Bueno, ¿qué os ha parecido? Aburrido.

Pero el "spot" quedará muy bien.

-Yo creo que has tenido mucho ojo escogiendo a Sara.

Lo ha hecho verdaderamente bien. Sí. Tuvimos suerte en encontrarla

ahora porque en meses no podremos pagarle el caché.

Creo que tiene los días contados como camarera.

Hola. Sara, mira. Te quiero presentar.

Ella es Verónica, mi mujer y copropietaria de la clínica.

Lo has hecho fenomenal. -Muchas gracias.

¿Venís luego a la fiesta de fin de rodaje?

-Yo no. No tengo el cuerpo para fiestas. Mañana trabajo.

Bueno, demasiado has hecho viniendo. ¿Cómo has venido? ¿Te llevo?

Ah, no. He venido con Andrés. -No te preocupes. La acerco a casa.

Quedaos a tomar algo como marca la tradición.

¿No te importa? No. Te lo has ganado.

-Venga, pasadlo bien. Vale.

Hasta luego. Luego nos vemos, chao.

Oye, ¿te parece si, mientras recogen, me paso por el "pub",

para comentar una cosa a mi jefe? Claro, pero ¿vienes luego?

Hombre, claro. Hay que celebrar el éxito del anuncio.

No me faltes, cuento contigo. Tranquilo.

Bueno, pues muchas gracias por acompañarme.

Ha sido un día muy largo.

-Todavía estás enfadada por lo que te he dicho antes, ¿no?

-Ni me acordaba, no.

-Es que no has dicho ni pío en todo el trayecto...

-Bueno, es que estoy pensando en mis cosas.

-Mira.

Esto es lo que yo temía cuando pretendía que fuéramos

más que amigos.

-¿Qué? -Que perdiéramos nuestra amistad

y dejaras de confiar en mí.

-No pienses en eso, yo te veo igual que antes.

-Ya, pero antes me lo contabas todo y ahora...

¿o me vas a negar que estás preocupada?

-Tengo muchas cargas, Andrés. El centro cívico, el Máster.

-No me digas la verdad si no quieres, pero, por favor,

no me mientas. Somos amigos desde hace mucho tiempo.

Sea lo que sea. Sabes que puedes contar conmigo.

-Es complicado, Andrés.

-Ya sé que Mateo no te ha hecho ni caso durante todo el rodaje.

Pero está trabajando, compréndelo. Y Sara es una niña muy mona,

pero dudo que vuelva a las andadas.

-No estoy así por Sara.

Además, no creo que esté interesado en ella.

Y si lo está, pues mira.

-¿Qué has querido decir? ¿Que te da igual?

Eso es nuevo.

¿Qué te está pasando, Verónica?

-No estamos atravesando nuestro mejor momento.

¿Vale?

-Yo solo quiero lo mejor para ti.

-Entonces, por favor, no insistas en el tema una y otra vez.

El día que decida divorciarme serás la primera persona

en enterarte. Si es que llega el día.

Pero, por favor, no me atosigues.

-Vale, vale, de acuerdo. No quería agobiarte. Lo siento.

-Andrés.

Por favor, intentemos hacer como los amigos que hablan

de cosas corrientes, ¿de acuerdo?

¿Qué tal, Ángela?

Hola, me imagino que viene por el tema del italiano, ¿no?

Estaba a punto de llamarle

para ponerle al día. ¿Has conseguido alguna pista?

Tengo malas noticias. Me he estado coordinando

con la Europol, y además he estado revisando

los discos duros de Paolo,

y no he encontrado ni rastro de ningún archivo encriptado.

¿Nada de nada? ¿Ni un solo hilo del que tirar?

Pues no. No he encontrado ni rastro de una cuenta bancaria,

ni de ninguna contraseña oculta.

Pues es extraño, porque los "carabinieri"

están convencidos de que existen.

De hecho, tienen conversaciones grabadas

de miembros de la 'Ndrangheta refiriéndose a ellas.

No, si la pasta

tiene que estar en algún sitio, solo hay que averiguar dónde.

Seguro que Paolo conocía las claves, él se encargaba de blanquear

todo el dinero.

Tiene que estar en algún sitio.

Ya. Bueno, quizás lo tenía todo en la memoria,

porque el teléfono está destruido, ¿no?

Sí. Álvaro Soler lo destruyó y luego se deshizo de él

en un contenedor. No hemos encontrado ni rastro.

Y es una lástima porque seguro que allí guardaba

toda la información. Ya.

¿Han revisado otra vez sus pertenencias personales?

No sé, libros de cuentas, agendas...

No hemos encontrado nada sospechoso entre sus pertenencias.

Vale. Lo digo porque hace tiempo ayudé a desarticular un clan familiar

y hacían apuntar a uno de los hijos de la banda

todas las operaciones en cuadernos matemáticos,

los del cole, como si fueran deberes.

Qué ingenioso. En vez de calcular peras y manzanas,

calculaba kilos de hachís, y entradas y salidas de dinero.

No sé, podría ser algo así, pero entre las cosas de Paolo

no había nada en papel. Es un chico joven,

debe de hacerlo todo a través de pantallas.

Ya, pero yo ya le adelanto que ninguna de las contraseñas

que busca la Europol están en material informático.

Las guardaría en una tarjeta SD y esté destruida con el teléfono.

Entiendo. Bueno, llamaré a nuestro contacto en Bruselas,

quizá lo que están buscando no esté aquí, en Distrito Sur.

Gracias, Ángela.

De nada, comisario.

-Pues muchas gracias por aceptar su defensa, Vizcaíno,

estando tú al frente me quedo mucho más tranquilo.

Sí, sí, por mí no hay problema, puedes decirle que vas de mi parte.

Lo que sí te voy a pedir es una cosa, si te pregunta Eladio

por tu minuta o tus honorarios, por favor, no le digas nada.

No le digas ninguna cantidad, ¿de acuerdo?

Envíame cuando tú puedas en un mensaje el teléfono

de tu secretaria, y la llamaré para acordar los términos

de los ingresos que os tenga que ir haciendo y todo eso.

Estupendo. Oye, una última cosa, por favor.

Avísame cuando salga la fecha definitiva del juicio.

Querría hablar contigo para saber cómo vas a argumentar su defensa.

Está bien.

Bien, bien. Gracias, adiós, Vizcaíno. Chao.

Sara. -Hola, Fernando.

Perdona, no he podido evitar escucharte.

¿De qué juicio hablabas?

-Del juicio de Eladio.

Afortunadamente, yo ya no tengo juicios pendientes.

-Ah, que vas a pagarle tú el abogado.

-Sí, sí, Sara, se lo voy a pagar. Creo que es lo menos

que puedo hacer por él. -¿Después de lo que te ha hecho?

Que te podía haber metido en un buen lío

metiendo a sus camellos aquí. -Sara.

Eladio y yo llevamos muchos años juntos

y hemos pasado por muchas cosas. Me ha fallado, sí,

pero tiene buen corazón, sigo confiando en él.

Ha sido ese tal Rojo el que lo ha engañado,

lo ha embaucado para meterlo en este lío.

Si yo lo hubiese apoyado en su momento,

y le hubiese dado el dinero, no se habría metido en esto.

-Fernando, no te sientas culpable, ¿eh?

Quien se ha metido en la boca del lobo ha sido él.

-Lo sé.

Pero ya te digo que hemos pasado muchas cosas juntos y se lo debo.

No voy a dejarlo solo ahora, no lo voy a dejar tirado.

Y oye, por cierto, ¿qué haces tú aquí?

¿Tú no me habías pedido a mí el día libre

porque tenías que grabar el anuncio o el "spot" ese de la clínica esta?

-Sí, vengo de allí. Acabamos de terminar

y el equipo se ha ido a tomar algo.

-Vaya, y ¿qué tal ha ido? -Pues muy bien.

La verdad es que se me ha pasado volando.

-Bueno, eso quiere decir que te has divertido al menos.

-Sí. El doctor Bremón es muy simpático.

-Vaya, qué bien que sea tan simpático.

A ver si se le pega algo a su hermano, el comisario Bremón,

que es un poquito más antipático.

Oye, ¿si has venido es porque necesitas algo?

¿O qué?

-Venía para comentarte una cosa del concierto de mañana.

He estado pensando, a ver qué te parece.

-Tú dirás.

-Mira, he pensado que podemos grabar un par de temas

y luego subirlo a redes. Así de esa manera

me puedo promocionar, pero también puedo promocionar el "pub".

-Pues no sé, me parece estupendo.

Pero bueno, eso ya es una cosa que más o menos estabas haciendo

cuando dabas aquellos conciertos aquí con los Soler, ¿no?

A no ser que quieras hacer algo más exclusivo

o no sé si piensas traerte a alguien del equipo del anuncio este

que has estado rodando o algo. -No, eso sería echarle

demasiado morro. No, había pensado grabarlo

con un móvil con buena calidad

y que se viera bien el Moonlight, para poder promocionarlo.

-Pues no sé, por mí estupendo. Si tú crees que ese tipo de cosas

pueden funcionar, adelante. No tengo ningún problema.

-Que sí, Fernando, ya verás. Hay que ser optimistas.

Mira, precisamente de eso estaba hablando hoy con Mateo.

Que depende de las expectativas que pongamos en las cosas,

influye mucho en el resultado. -Al final

me va a caer bien el tal Mateo este.

-Me voy, que me están esperando.

-Sara, ten mucho cuidado con la fiesta. No bebas mucho.

Acuérdate de esto. Las resacas de los 20 años

se pagan a los 30. Las de los 30, al día siguiente

y la de los 40, con pensar en ello

me paso antes por la farmacia.

-Descuida, que lo haré. -Venga.

-¿Qué, Ángela, cómo lo llevas? ¿Preparada?

-Sí, ¿me das un segundo?

¿Qué pasa, Espe?

-Nada, nada.

-Que nos conocemos. ¿Me lo vas a contar o qué?

-A ver, es que no quiero que te mosquees.

Pensaba que me ibas a poner una excusa

para no venir conmigo al centro cívico a dar la charla.

-A ver, ¿lo dices por Miguel?

A ver, que él y yo no hayamos acabado bien,

no significa que yo vaya a dejar de ayudar a la gente con mis charlas.

-Pues me alegro de que te lo tomes así.

Es que el otro día os vi un poco tensos.

-Ya. Bueno, si algo me ha enseñado Miguel

es que el trabajo nunca te falla.

Y los tíos sí.

Así que bueno, a seguir currando.

-Venga, que vendrán días mejores. -¿Me acompañas un segundo

al vestuario que coja mis cosas?

-Siento el retraso, me he perdido en el metro.

-No te preocupes que a mí no me espera nadie en casa.

-¿Has podido encontrar algo?

-Sí, he encontrado algunas cosas que yo creo que te van a servir

para llevarlas a la parroquia.

He encontrado esto y algunas más, mira.

Estas se libraron de la quema pues de milagro.

-"Che bello". Cuesta pensar que está muerto,

con esta cara de buen chico.

-Ya. Tenía una mirada tan limpia,

Es que parece mentira, de verdad, que se pudiese dedicar a la mafia.

Mira que intento recordar cosas que debieron hacerme sospechar.

-¿Él te habló alguna vez de sus negocios?

¿De sus socios? -¿De la mafia? Nunca.

Pero sí que es verdad que hubo un día que vino un italiano así

supertrajeado a casa.

En ese momento debí sospechar,

pero es que quién iba a imaginar que ese tío eran, pues eso,

asuntos de "la famiglia". -Ya.

Que no todos los italianos somos mafiosos.

-Claro que no.

Y es que, encima, ahora, claro, ahora entiendo perfectamente

por qué me estaba mintiendo todo el rato sobre la procedencia

de todo el dinero que tenía en casa. -¿Qué te dijo?

-Pues nada, que eran propinas. Bonus que le daban los clientes.

-Ya, bueno. ¿Has podido encontrar algo más?

-Sí, pero no creo que te sirva de mucho.

Mira.

-A ver. Mira, esto eran dos entradas

de un concierto al que fuimos en Verona.

Una tarjeta de un restaurante de Venecia,

entradas de un museo en Florencia.

Ópera.

Ah, bueno, y el cuadernillo este de sudokus,

que siempre estaba ahí en el baño con él.

-Conmigo también lo hacía.

¿Puedo quedármelo esto? -Sí, por favor.

-Voy a guardar las fotos. -Quédatelo todo.

-No, esto no. Solo me recuerda que me traicionó contigo.

-Gina, yo siento muchísimo todo esto, de verdad.

Sé que has tenido que sufrir un montón.

-Las dos sufrimos un montón.

-¿Sabes? Tenía esta cara de buen chico.

-Bueno, la verdad es que yo tampoco quiero recordar nada de esto.

Voy a tirarlo.

-Siento haberte hecho abrir estas cajas.

Te ha revuelto por dentro, ¿no? -Bueno,

en algún momento tenía que hacerlo.

-Ya, pero ¿sabes? Para mí era importante.

Con lo que me has explicado, y con esto que acabas de darme,

siento que mi viaje a Madrid ha valido la pena.

Gracias. Ha sido una suerte conocerte.

-¿Entonces esto es una despedida? -Sí.

Vuelvo a mi país, ya no tengo más nada que hacer aquí.

-Oye, ¿y qué te parece si para rematar tu viaje

nos vamos a cenar a un sitio guay? Tú y yo.

-No, ya te molesté bastante. -No, no es una molestia, de verdad.

Es más, me apetece hacer algo juntas.

¿Sabes? Podría ser como nuestro ritual de despedida.

Además, a ti nadie te espera en el hotel tampoco, ¿no?

-"Va bene". Pero no tengo hambre.

Vamos a brindar por Paolo, que ha hecho sufrir a las dos.

-¿Qué? ¿Le pongo otra?

-No, gracias.

-Perfecto.

-Hola.

-¿Quieres tomarte algo? -No.

Quiero que me cuentes a qué viene tanto misterio.

-Venga, vamos a sentarnos ahí en una mesita.

Vaya por delante que todo esto que te voy a contar

no se lo he contado nunca a nadie.

Así que espero que guardes el secreto, ¿estamos?

-No, no estamos. No te voy a prometer eso.

Primero cuéntame qué hay, y luego veré.

Si me dices que has cometido un delito, te tengo que denunciar.

Que para eso soy policía. Si no, me hubiera hecho cura.

-Estás empezando a tocar lo que no suena,

con esa actitud. ¿De verdad crees

que he cometido un crimen? -No lo sé, papá.

Si me lo cuentas, a lo mejor...

-No tienes ni idea, de lo que me cuesta decirte esto.

Así que, te pido que no me interrumpas.

-Eso sí que te lo puedo prometer. -Vale.

No denuncié a Somontano porque, en parte,

yo tengo la culpa de que esté así. -A ver, ¿cómo que tú tienes la...?

Perdón.

-No sé si llegaste a darte cuenta,

pero tu madre y yo pasamos una crisis muy gorda

hace cuatro años. ¿Lo sabías?

-No, no lo sabía. -Bueno.

Pues... estuvimos hablando incluso de divorcio

y yo, pues, bueno, me busqué la vida.

Con otra mujer. -¿Que tuviste una aventura?

-Con la esposa de Somontano.

-¿Qué me estás diciendo? ¿Te tiraste a la mujer de tu binomio?

-Sí. Fue doblemente infiel. A tu madre y a mi compañero.

No estoy nada orgulloso de aquello.

-Pero, a ver, ¿cómo fue la cosa?

O sea, ¿por qué precisamente ella? ¿Qué tenía de especial?

-Especial... Bueno, tenía su morbo, claro.

-Papá, no me interesa. -No, a ver.

Nos llevábamos muy bien. Nos conocíamos de antes,

habíamos coincidido algunas veces, nos caíamos bien,

y estábamos hasta el gorro de nuestros matrimonios.

Nada más.

-¿Y cuánto duró eso?

-Nada, muy poco, unas cuantas semanas.

Yo enseguida me di cuenta de que quería a tu madre.

Y de que las cosas fuera de casa no iban a ser mejor que con ella,

así que decidí luchar por salvar lo nuestro.

-Ah, eso fue cuando hicisteis el viaje a Menorca, ¿no?

-Sí. Y no creas que no nos dimos cuenta

de que estuviste llevando al piso a tu amiguita de aquella época.

Pero no nos importó, estábamos muy felices

por darnos una nueva oportunidad.

-Ya, pero la mujer de Somontano sí que quería divorciarse, ¿no?

-Sí. Yo intenté evitar que lo hiciera,

pero ella fue muy clara, no lo hacía por mí.

Simplemente no quería seguir casada con él.

-Y él se lo tomó fatal.

-Al principio no. Alardeaba por ahí

de que se había quitado un peso de encima, ¿sabes?

Pero bueno, fue horrible oírle despotricar de su mujer

y sin poder llevarle la contraria. Yo estaba acojonado

porque descubriera que había sido su amante

y no dije ni media palabra para defenderla.

-O sea, que fue un divorcio chungo.

-Ni te imaginas.

Somontano lo perdió todo: la casa, la custodia de los hijos,

los ahorros. Ya no volvió a ser el mismo.

Empezó a salir de juerga, para disfrutar de su libertad, decía,

pero por dentro estaba sufriendo pero como un perro.

Y cada vez estaba más amargado y ya no le importaba nada.

Ni el trabajo, ni nada que no fuera salir y evadirse.

-Y ahí fue cuando empezó con las mordidas.

-Sí. Supongo que necesitaba dinero para llevar ese tren de vida

y el sueldo no le daba para tanto.

Y además, bueno, pasarle la pensión a sus hijos.

-Ah, ¿le estás justificando? -No, hombre, no.

Lo que digo es que yo fui quien se acostó con su mujer.

No podía denunciarle, fui yo el que le empujó a ese pozo.

-Pero ¿no se iba a divorciar de todas formas?

-Bueno, o no, Toni. O no.

Eso no lo sabremos ya nunca.

El caso es que yo caí en la tentación.

Era mi compañero y no me importó.

Y aquello fue el principio de su final,

y me siento responsable, Toni.

Por eso siempre pido traslados temporales,

porque no soporto verle así.

¿Me entiendes ahora?

-No sé. Supongo. -Así que cuando me acusas

de cometer un delito por encubrirlo,

lo siento, pero es que me da igual.

Me da igual. Para mí, el delito lo cometí

hace cuatro años. Cuando me acosté con una mujer casada

que además era la esposa de mi compañero.

Ya sé que eres muy joven y que estas cosas

ni se te pasan por la cabeza, pero si te puedo dar algún consejo

todavía, no te entrometas nunca en un matrimonio, Toni.

Romper una familia es una carga muy pesada.

-No tenías que haberte molestado tanto, Paty.

Bueno, ahora estoy cansada, quiero dormir.

Mañana tengo que viajar.

-Claro. Bueno, pues te dejo descansar.

Jo.

Tenemos que ser fuertes, ¿vale?

-Ya. Claro que sí.

-Quiero que sepas que me ha ayudado un montón

hablar contigo esta noche. De verdad, saber que las dos

hemos pasado por lo mismo, que bueno, que al final

no era tan difícil que Paolo nos engañara.

-Encontraremos a alguien mejor que Paolo. Verás.

-Eso espero.

Bueno.

No sé si te apetecerá, pero a mí me encantaría

seguir en contacto contigo.

Y no sé, pues si tenemos una recaída, un bajón, poder hablar sobre el tema,

o que me cuentes qué tal te sientes después de haberle puesto las velas

a Paolo. No sé, lo que te apetezca.

-Qué buena idea.

-¿Sí? -Sí.

-Pues si quieres, dame tu móvil y te doy un toque.

-No, espera.

Mira. Aquí tienes. Llámame y escríbeme cuando quieras.

-Perfecto. -Vale.

-Jo, pues muchas gracias. Y ha sido un placer conocerte.

-Gracias, cuídate, ¿eh? Ay.

-Y tú también. -Sí.

-Para lo que necesites, ya sabes. -Ya, ya.

-Bueno, buen viaje. Chao. -Chao.

(SUSPIRA)

Mira, yo he acabado agotado por todo lo del "spot" publicitario

y tú llevas agotada mucho tiempo.

Estoy muy cansada, sí.

Nos lo merecemos.

Una escapada lejos de todo y de todos.

¿Lo hacemos?

En los brazos de esa mujer me di cuenta

de lo enamorado que estaba de mamá.

Las infidelidades a veces sirven para eso,

para apreciar más lo que tienes.

Y eso fue Petra.

De alguna manera me ayudó a superar el bache con mamá.

Eres muy joven para pensar en estas cosas.

-Ya hemos hablado suficiente del tema.

-Solo te pido una cosa.

No le cuentes esto a mamá.

-Un día tuvimos una avería y...

y nos quedamos tirados en un pueblo de cuatro casas.

Fue un fin de semana fantástico

porque nos sentimos completamente libres.

-¿Y qué tiene que ver conmigo eso?

-Mateo me ha propuesto volver a ese pueblo.

Y solo podía imaginarme disfrutando de ese sitio contigo.

-Estoy harto de tener que inventarnos algo

cada vez que queremos pasar un rato juntos.

-No sé si sabes, pero aquí la que arriesga más soy yo.

¿Crees que le he cogido gusto a mentir a mi hija y a mi marido?

Tú no pierdes tanto con todo esto.

No me hables de jueguecitos.

-¿Sabes lo que arriesgo yo? Mi dignidad.

Mentimos a todo el mundo: a tu marido,

a tu hija que es mi compañera, a mi jefe,

y no sé si tienes tan claro para qué.

-Creía que nuestro amor estaba por encima de todo esto.

-No lo tengo tan claro, no sé si me compensa.

-¿Se puede saber qué demonios es esto?

Malditos hijos de...

-Señor Quintero, perdone que llegue tarde... ¡Ah!

Pero ¿qué ha pasado aquí?

-Habrán sido unos gamberros. -No, no.

Esto no ha sido cosa de unos simples gamberros.

He podido abrir la cerradura con mi propia llave.

No estaba forzada.

-"Quintero narco". ¿Qué hacemos ahora?

¿Llamamos a la policía? -No, no vamos a avisarla.

-¿Por qué no?

-Seguramente eso es lo que quiere el que haya hecho esto.

Que se nos llene el local de policía y estén por aquí

investigando cada dos por tres.

-¿Y qué tiene de malo eso?

-Por mi pasado tengo muchos enemigos.

Cualquiera de ellos ha podido ser.

Habrá alguien que esté deseando hundirme a mí o a este local.

Europol ha enviado un aviso a todas las comisarías

de Madrid porque han detectado la presencia

de un miembro de la mafia calabresa en la capital.

Han mandado a alguien para sustituir

a Paolo y seguir afianzándose

aquí en Distrito Sur, ¿no? O puede que esa persona

haya venido para limpiar los trapos sucios que dejó él.

¿Y quién es? ¿De quién se trata? Echa un vistazo.

Para conocerle tan bien,

no viste venir que te la iba a jugar con Rojo.

-También tiene su explicación.

Eladio está pasando un mal momento a nivel económico.

Es lógico que se enfadara conmigo y esté bastante cabreado.

Le pedí que viniese para hablar con él.

-¿Aquí? -Sí, sí. Aquí.

Ahí viene.

Pasa, Eladio, pasa.

-¿No se habrá ganado algún enemigo en estos últimos días?

-No lo sé, por eso quería hablar contigo.

Consultártelo y saber tu opinión.

Tú mejor que nadie sabes quién me rodea ahora.

-A lo mejor la clave está ahí.

En la gente que tiene acceso al local.

En la gente que le rodea.

-¿Qué estás queriendo decir?

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Servir y proteger - Capítulo 664

23 dic 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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