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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 653 - ver ahora
Transcripción completa

Esta mañana he pedido el traslado.

¿Eso quiere decir que...?

Que necesitan una incorporación inmediata

(SUSPIRA) y que me voy contigo a León.

¿Tú estás segura de que quieres hacer esto?

Hacía mucho tiempo que no tenía nada tan claro.

¡Entonces te vas ya!

Ya sé que ha sido muy repentino, lo sé,

pero es que yo pensaba que iba a morir...

(ESPE EXCLAMA EMOCIONADA)

-Me gustaría que fueras a ver a Esperanza Beltrán.

-Nadie sabe que estamos aquí.

-Él lo va a saber.

Siempre lo sabe. Si Rojo se entera de que...

-¿Así se llama tu proxeneta?

-¡Fernando Quintero! ¿Tienes un minuto para charlar?

-Rojo, ¿verdad? Eres Rojo.

Emma te ha dado el recado y has venido.

-Fui uno de tus camellos, cuando la ruta del sur

estaba despegando y tú ya eras uno de los grandes.

-No puedo fiarme de ti. Me has traicionado.

Te vas a Moldavia.

Tu destino es la ciudad de Tiraspol.

Cada día desearás que te hubiese matado.

-Emma Cruz Lobato.

(ASIENTE)

¿A Kiev?

¿Está seguro?

Otra pregunta. ¿Sabe quién compró el billete?

-¿Por qué me cuentas esto?

-Para que veas que no me la juega nadie, y menos mis chicas.

(LOURDES) -¡Ahí tienes! Ramón Rojo es un delincuente.

-Ya cumplió su pena.

Avíseme con algo gordo.

-¿Me lo apuntas, "porfa"?

-Tranquilo, a ese te invito yo. -Muchas gracias.

-Me alegra que os volváis a llevar bien.

(ASIENTE RESERVADA)

-Paty...

Estoy enamorado de otra mujer.

-Eres pasional y eso es bueno.

-Bueno, a veces te puedes meter en algún lío.

Porque se mezcla lo que siento

con lo que tengo que hacer y me cuesta pensar con claridad.

Pero pienso mucho en ti.

-"Era la única forma de evitar que nos delatara a la policía".

Está en el maletero de un coche que he llevado a un desguace.

En unas horas estará convertido en chatarra junto con su moto.

Vuelve a tu desguace o al agujero del que salgas.

-¿Qué había en ese coche?

-¡Chávez, lárgate!

-¡Que la dejes!

-¡Alto, policía!

(CHÁVEZ) -Pero ¿esto qué es?

¡Yo no he hecho "na"!

Estaba de fiesta hasta que me habéis jodido la noche.

En el desguace no había restos de drogas, es verdad,

pero las unidades caninas han encontrado algo mucho peor.

Ha sido hallado un coche, el cual fue prensado.

Al estudiar el vehículo,

se ha hallado sangre y restos de un ser humano.

Yo no soy ningún criminal.

Mirar a otro lado también es un delito.

¿Quién le pagó por hacerlo?

Álvaro Soler.

Confirmado: el ADN coincide.

El cadáver del desguace es Paolo Montechi.

Claudia, quiero ponerle las esposas.

Quiero cerrar etapa.

¿Ves la furgoneta de reformas?

Es la policía, seguro.

-Mamá, te estás rayando.

No hay motivo para que sospechen de nosotros.

-Álvaro, por Dios, hazme caso: tienes que huir.

-¡No te pienso dejar tirada!

Mamá, nos vamos los dos.

-Llamaríamos demasiado la atención.

-¿Y si te detienen?

-Bueno, tengo lapsus de memoria, no me van a sacar ni una palabra.

(ELVIRA EXCLAMA, EMOCIONADA)

(Música emocionante)

(Música sombría)

¡Silvia!

Qué casualidad, ¿no?

Habíamos quedado en La Parra.

Ya, pero hay mucha gente.

Mejor un sitio más tranquilo, ¿no?

¿Qué te parece si vamos paseando hasta el parque del Meandro?

No te importa, ¿no? Claro.

Vamos.

-¿Lo de que te vas a vivir a León es verdad?

Claro. ¿Por qué iba a mentirte?

No sé, me parece un poco precipitado.

Me he reencontrado con mi madre después de muchos años

y no quiero alejarme de ella.

Pensé que precisamente tú lo entenderías.

¿Por qué dices eso?

Porque has sacrificado tanto por estar cerca de tu madre...

en lo personal y en lo profesional.

¿Y por qué no se queda ella contigo?

Porque no sería justo; perdería su trabajo

y yo por suerte he conseguido un traslado.

O sea, que ya está.

Es nuestra despedida.

Sí.

Para avanzar, tengo que cerrar ciertas cosas y dejarlas atrás.

Y yo soy una de esas cosas.

Lo sé, Silvia, y lo siento mucho.

Me habría gustado que las cosas entre nosotros fueran distintas.

Y a mí.

Lo de que te vas a León es mentira, ¿no?

Es una trampa. Me citaste en La Parra para detenerme.

¡Eres sospechoso de la muerte de Montechi! ¿Qué esperabas?

¿Que te aplaudiera? No tengo nada que ver con eso.

Solo lo conozco de arreglarle la moto.

Hemos encontrado restos orgánicos de Montechi

en el coche que llevaste a Desguaces Chávez.

No sé de qué me hablas.

Chávez ha confesado.

Le pagaste por deshacerse del coche sin preguntar.

¡Ese me la tiene jurada! ¿Por qué?

Porque es un estafador.

Quise hacer un trato con él y me la jugó.

Por eso no me traga.

Ya no cuelan tus mentiras.

Las piezas encajan, Álvaro.

Y voy a desenmascararte antes de irme a León.

¿Cómo puedes pensar que soy capaz de algo así?

¿Por qué no hablamos en comisaría?

Si no llego a La Parra, darán la voz de alarma.

Empezarán a buscarme y...

Hay gente vigilando tu casa.

Por favor, déjame irme.

Mi madre está enferma, no la puedo dejar sola.

Sabes que no puedo hacer eso. ¿Por qué no puedes hacerlo?

¿Ni siquiera te queda un mínimo de compasión?

¿No te importa todo lo que hemos vivido juntos?

¿O era mentira cuando decías que estabas enamorada de mí?

Sabes que eso no es verdad.

Pero soy inspectora de policía, es mi obligación.

No me obligues a usarla.

(INDIGNADA) -¡Una hora en la pescadería me han tenido!

¿Qué pasa?

-Nada grave. ¿Le explicas tú? Nos sentamos cerca de la puerta.

-¿Cerca de la...? ¿Me dices qué pasa?

-Mete el "pescao", ahora te cuento.

¡Mete el "pescao", que te lo cuento ahora!

(RESPIRA DE FORMA AGITADA)

Hazlo.

Termina lo que no fuiste capaz de hacer hace una semana.

Yo no tengo nada que ver con la persona que te disparó.

Sería incapaz de hacerte daño.

Sin embargo, aquí estás,

apuntándome con un arma.

No me dejas otra opción.

(Música de tensión)

Hazlo.

¿Qué estás haciendo, Silvia?

(SOLLOZA)

Acabas de destrozarme el corazón.

No puedo, lo siento.

¿Y ahora qué?

¿Me vas a detener?

Es mi obligación.

Siempre vas a hacer lo que se espera de ti, ¿no?

Por favor, déjame marchar.

Por favor, seguro que tus compañeros no se dan cuenta, Silvia.

Quedas detenido como presunto sospechoso...

de la muerte de Paolo Montechi.

Tienes derecho a guardar silencio.

Cualquier cosa que digas podrá ser utilizada.

Tienes derecho a pedir un abogado, o se te designará uno de oficio.

"Ok", muy bien, gracias. Venga, chao.

Nos vamos. Ha acabado. -¿No vienen por aquí?

-No, no hace falta.

Compañeros,

el operativo ha sido un éxito. Vuelvan a comisaría.

-¿Eso qué quiere decir?

-Que se ha acabado todo. -Ya, pero...

-Te lo cuento en otro momento.

-Hasta luego. Gracias por la colaboración.

-A mandar.

-"A ver qué te parecen estas frases",

para una campaña contra el maltrato.

"Si lo ves, denúncialo

y no mires a otro lado".

(ASIENTE) -¿Has pensado en alguna imagen de soporte?

-No, todavía no.

-Podríamos presentar una en la que se muestre

lo que dices en la frase,

pero poner sencillamente: "No mires a otro lado".

Así obligaría a establecer una asociación

entre la imagen y la frase.

-Es buena idea, pero...

Buen trabajo, Silvia.

¿Te ha amenazado o se ha resistido?

No.

Pero llevaba esto.

Esto es el final, Álvaro.

Y no sabes cuánto lo siento.

Nunca pensé que fueras tú.

Nunca.

¡Toni!

Bájalo al calabozo. A la orden.

-Espera un momento.

Todavía no me has dicho si es verdad que vuelves a León.

Por supuesto que me voy.

Yo no soy una mentirosa.

¿No te vas a despedir de mí?

Espero no volver a verte en mi vida.

(Aplauso general)

Está bien, compañeros.

Todos estamos impresionados con el trabajo de la inspectora.

Pero la investigación no está cerrada,

así que todo el mundo a trabajar.

¿Todo en orden?

Claro.

¿Por qué?

He sabido que nunca llegasteis a La Parra.

Tus compañeros estaban preocupados

por si Álvaro te interceptaba de camino.

Sí, lo ha hecho en las inmediaciones de La Parra.

Eso es que se olió la tostada

y quería esquivarla abordándote en solitario.

Creo que ha sospechado en cuanto le he llamado.

Ya. Y, sin embargo, ha querido hablar contigo.

Mucho debía interesarle lo que tenías que contarle.

Es posible.

Es posible.

Verás...

no me creo que Álvaro no te amenazara con el arma

para poder huir.

(RÍE)

Fue así, ¿no?

Dime la verdad.

Sí, me ha apuntado con el arma.

Claudia, yo sabía que él no me iba a disparar.

No debí dejarte ir a detenerlo.

Escucha:

sabías que era la manera de evitar un derramamiento de sangre.

Las dos hemos cumplido con nuestro deber.

En lo que respecta a ti, no tengo ninguna duda.

Pero ya sabes lo que le he dicho a tus compañeros:

la investigación no está cerrada, hay que continuar.

(Móvil)

Disculpa.

Dime.

Sí, por supuesto. Sí, sí. "Ok", voy para allá.

¡Voy, voy!

(Timbre)

¡Álvaro! ¿Eres tú?

"No. Soy Claudia Miralles. Tengo noticias de su hijo".

Traemos una orden de registro.

¿Otra vez me vais a poner la casa patas arriba?

¿Es que no os cansáis de hacerme la vida imposible?

Nacha, empecemos por aquí.

¿Y Elías?

Está esperando que llegue la secretaria judicial.

Muy bien.

Esto es el colmo.

¿No recordáis que estoy enferma?

Señora Soler, hoy no podrá escudarse en el alzhéimer

para tomarme el pelo, como el otro día,

cuando le pregunté por su relación con Paolo Montechi.

¿Qué ibas a decirme de mi hijo?

Está en comisaría.

Le hemos detenido. ¿Por qué?

¿No se lo imagina?

¿No?

Verá, Álvaro es sospechoso del asesinato del Sr. Montechi,

que fue quien contrató al sicario para matarme.

Pero ese encargo lo habían hecho ustedes.

Obviamente, les salió mal

y, finalmente, decidieron borrar

todas las pruebas y todas las pistas.

Tienes mucha imaginación.

Mi hijo no es un asesino, tú sí.

No. Lo que tengo son pruebas.

No contaban ustedes con que Chávez

confesaría que Álvaro le había dado

una sustanciosa cantidad de dinero

para que eliminase el vehículo.

Y tampoco contaban con que los perros,

nuestros perros, encontrarían el cadáver

en el coche prensado.

¿No dice nada?

¡Estese quieta! ¡Pero dejadme en paz de una vez!

(NACHA) -Suelte.

Nacha,

vigílala, por favor.

Vamos a ver qué tenemos aquí.

Vaya, vaya, vaya...

¿Y todo este dinero?

Lo tengo por si surge un imprevisto.

(RÍE) Vamos, señora Soler,

no me haga reír, no me cuente cuentos.

Aquí hay dinero más que de sobra

para iniciar una nueva vida en cualquier parte.

Y además, en una bolsa de viaje. ¿Dónde pensaba ir?

¿A las Caimán? ¿A las Seychelles?

¿No me lo dice? Pues se lo voy a decir yo.

Este viaje se ha terminado antes de empezar.

La vamos a tener vigilada 24 horas.

Y, si su hijo Álvaro confiesa,

usted irá derechita a la cárcel.

El detenido solo quiere hablar con usted a solas.

Gracias, Merinero.

Vete a por un café, lo noche va a ser larga.

Gracias.

-No ha tardado mucho en venir a verme.

Pensé que estaría frotándose las manos por mi detención.

De ser así, no tendría que extrañarte demasiado.

No todos los días se coge a un asesino en este barrio.

Me imagino que tendrá a sus hombres desempolvando casos sin resolver,

a ver cuál de ellos me puede encasquetar.

Me conformo que resolver el asesinato de Montechi.

Aunque algo me dice que se va a producir el efecto dominó.

Le veo muy seguro de sí mismo.

De lo que estoy seguro es de que solo por ese asesinato

te van a caer lo menos 15 años.

¿Es usted juez y ya ha dictado sentencia o qué?

Me limito a constatar los hechos.

Para empezar, el asesinato de Montechi

fue claramente premeditado.

Era un estorbo para los Soler,

queríais evitar que la policía se os echara encima

después de tanto intento fallido por liquidar a Miralles.

Es usted muy bueno imaginando historias.

Debería ser novelista.

No, únicamente estoy reconstruyendo los hechos.

Después de asesinar a Montechi,

te esforzaste mucho en hacer desaparecer el cadáver.

Y nos intentaste hacer creer

que el italiano se había dado a la fuga.

Vaya,

entonces me he metido en un buen lío, ¿no, comisario?

Pues sí.

Además, tu relación con Montechi

demuestra tu vinculación con la mafia calabresa.

No he pedido hablar con usted

para que me pase por la cara mis posibles delitos.

¿Y para qué querías verme?

Quiero ofrecerle un pacto.

Cuéntame en qué consiste exactamente ese pacto.

Mi madre está enferma y necesita muchos cuidados.

No quiero que la molesten.

Está bien, lo consideraré.

No, no lo considerará.

Lo hará.

O, si no, no voy a colaborar.

¿Quién...?

¿Quién dice que yo sabía que había un cadáver

en el maletero de un coche?

Igual alguien quiere que parezca culpable.

O, a lo mejor, esos mafiosos de los que usted habla

querían vengarse de mí por no colaborar.

No intentes jugar conmigo.

Por mucho que te esfuerces, descubriremos toda la verdad.

Pero necesita pruebas.

Necesita huellas,

trazas de ADN...

que demuestren mi vinculación con esas cosas de las que me acusa.

¿Cuánto tiempo puede ser eso?

¿Semanas?

¿Meses?

Deje en paz a mi madre,

y le aseguro que le ahorraré todo ese trabajo.

¿Qué me tienes que ofrecer entonces?

Mi confesión.

Te he traído un café.

Gracias, pero no sé si me entra nada en el cuerpo.

Deberías irte a casa. Esto es difícil para ti.

Ya. Cuéntame primero cómo ha ido

el registro en casa de los Soler.

Pues como era de esperar.

Elvira no soltó prenda,

ni cuando le dije que Álvaro estaba detenido.

¡Qué mujer! Me sorprende que tenga un corazón tan duro.

Pues la cosa no acaba ahí.

Encontramos en el registro una bolsa de deporte

con medicamentos, ropa,

y un buen montón de dinero.

Pero buen montón, casi 90 000 euros.

¿Crees que preparaban una huida?

Estoy segura; inminente, además.

Sospecharon cuando les llamé por teléfono.

Álvaro sabía que lo de La Parra era una trampa.

No sé por qué se arriesgó a interceptarme, en vez de huir.

Además, en solitario.

Tal vez porque todavía le importas

y quería cerciorarse de que te vas a León.

Si le importo o no, eso ya da igual.

Lo que es sospechoso es que tuviesen esa cantidad de dinero.

Que yo recuerde, malvendieron el Moonlight

y el taller de Álvaro no da beneficios.

Sí, eso es verdad.

El origen de ese dinero quizás nos ayude

con Montechi o con la mafia.

Pienso igual que tú.

Le he pedido a Ángela que haga un rastreo del registro económico

de los discos duros de los ordenadores.

¿Y ha encontrado algo? ¡Pues sí!

Me ha dado un informe

que es bastante interesante:

un análisis de contabilidad

de las ganancias de Motor Soler.

Ahí se ve claramente que las últimas semanas aumentó

de manera considerable los ingresos,

coincidiendo con la llegada de Montechi a Distrito Sur.

Esto huele a blanqueo de dinero de la mafia.

Los Soler pudieron entrar en ese negocio

de la mano de Montechi,

que era el cerebro económico de la organización.

Tiene sentido. Montechi sería el intermediario

entre la mafia y los negocios para blanquear dinero.

¿Por qué me miras así?

Porque te voy a echar mucho de menos cuando te vayas.

No será tanto.

Pues sí. Te lo digo completamente en serio.

Has hecho mucho más en este caso de lo que se te pedía.

Y eso que has estado postrada en una cama de hospital.

Así que le diré a Toni que te acompañe a casa,

te pongas como te pongas. No hace falta, Claudia.

Sí hace falta.

Ahora nos toca a Bremón y a mí coger el testigo.

Vale.

Aunque igual os lleva tiempo interrogar a Álvaro.

No creo que colabore.

Además, negarlo todo y mentir es su especialidad.

Así que suerte.

Traigo novedades. Orestes, no te vayas.

Esto te afecta también. ¿Qué ocurre?

Acabo de hablar con Álvaro Soler. Quiere confesarlo todo.

Oye, Vero, ¿te queda mucho o qué?

-Sí, todavía tengo cosas. El caso de Yalima.

Quiero redactar una petición para evitar su repatriación.

-Yo me iba ya, la verdad.

-¿Tan tarde es?

Pues sí, la verdad.

¡Qué rabia, con lo que me estaba cundiendo!

-Si quieres te dejo mis llaves.

¿Cierras tú? -Ah, vale, perfecto.

-Me las das mañana. -Gracias.

-Descansa. -Gracias.

Paula, no podremos ir juntas a casa, ve tú.

Es que todavía tengo trabajo.

No soy una pringada, es que necesito un poco más de tiempo.

No, no me esperéis para cenar. Ya picaré algo. Hasta ahora.

(Llaman a la puerta)

Miguel, ¿eres tú?

-Hola.

¿Puedo pasar?

-Sí. ¿Qué haces aquí a estas horas?

-Es que estaba con las diligencias del caso Yalima

y me ha surgido una duda.

Sobre la ley de extranjería, un artículo...

¿Lo puedo buscar? -Sí, claro.

Gracias.

Siéntate, por favor. Ahí.

¿Estás listo para el interrogatorio?

¿Cuándo y cómo conociste a Paolo Montechi?

Él acababa de llegar a Distrito Sur.

Me trajo al taller una moto clásica,

"una Custom de los 70.

Quería que la adaptara al clima seco de Madrid".

¿En qué momento tuviste constancia de que Montechi

se dedicaba a actividades ilegales?

(MONTECHI) "Llevo días observándote y lo sé todo.

Asaltaste un furgón blindado,

y de ahí sale toda esta pasta.

¿Tengo que seguir con los detalles o ya me crees?

-¿Cómo sabes todo eso?

-Desde hace un tiempo, tenemos orejas y ojos en Distrito Sur.

Y, así como la policía tiene sus confidentes,

la mafia siempre tiene aliados allí donde va.

-¿Cómo que la mafia?

¿Me estás vacilando? -No, no.

Nunca me atrevería a jugar con eso".

-No sabría qué contestarle.

¿Esta es la confesión que pensabas hacer?

¿Me estás tomando el pelo? Le dije que iba a confesar,

todo.

Pero quiero hacerlo delante de Silvia.

Sé que está detrás de ese espejo, ¿verdad?

Silvia,

quiero decirte la verdad a la cara.

Continúa, por favor. (FIRME) No.

Solo voy a hablar delante de Silvia.

-Vale, está aquí.

-¿No podías venir mañana?

-Sí. Bueno, no.

-¿En qué quedamos? Porque me pillas aquí de milagro.

-Vine porque sé que muchas noches te quedas a trabajar.

Por si acaso...

-Vale.

-¿Por qué te quedas siempre tarde?

-Me gusta la tranquilidad.

Durante el día siempre me interrumpen.

-Ah, vale, acabo de pillar la indirecta.

-No, no me refería a ti.

Dime, ¿qué consulta querías hacerme?

-Es el artículo 61,

que habla de medidas cautelares.

Una de las medidas es la reclusión en un centro de internamiento.

¿Crees que el juez podría dictaminar eso?

-No sé, tendría que estudiarlo.

-A ver.

(ASIENTE)

Pues creo que no.

Para ello tendría que haber cometido una infracción, y no es así.

-No, ¿verdad? Me estaba rayando yo.

Digo: "A ver si la van a internar".

Como te he dicho, una cosa es lo que manda la placa

y otra cosa es lo que siento.

-¿Alguna cosa más?

-Sí.

Me molaría saber más de las medidas legales

que se pueden tomar con este tipo de casos.

Lo que pasa es que la terminología me lía un poco.

¿Tú no tendrás un diccionario de terminología que pueda usar?

-Bueno, pues aquí la verdad es que no.

Pero me tienes a mí. Pregunta, soy toda tuya.

Quiero decir... -Te he entendido.

Me he traído una lista.

Mierda, me la he dejado en la comisaría.

-No me lo puedo creer. ¿Dónde tienes la cabeza?

-Pues... es que, en realidad, venía a verte a ti.

No lo puedo evitar.

¿Te molesta?

-No. Porque me pasa lo mismo que a ti.

(Música romántica)

(Móvil)

Uy, es Mateo.

Mateo, dime. "Hola, cariño".

Paula me ha dicho que te has quedado

en el centro cívico. ¿Es cierto?

Sí, quería tener un informe preparado para mañana.

"He llamado al restaurante coreano que tanto te gusta

para encargar la cena.

He pedido bibimbap. Sé que te chifla".

Qué detalle. Pues cojo un taxi y voy para allá, ¿vale?

Chao.

¿Toni?

(RESOPLA)

Espero que no sea uno de tus numeritos.

Eso se acabó.

Si alguien merece saber en qué hombre me he convertido

esa eres tú.

Está bien.

Procedamos.

¿Qué relación tenías con Paolo Montechi?

Se puso en contacto conmigo

para lavar el dinero negro de la mafia en mi taller.

"Yo pasaba por un momento muy complicado".

En poco tiempo habían asesinado a mis dos hermanos.

Y eso fue un palo muy gordo.

(SOLLOZA) Sobre todo, para mi madre.

Estaba muy débil emocionalmente por culpa del alzhéimer.

Y aceptaste.

Sí.

Por más que me deslomaba en el taller, no tenía beneficios.

No me veía capaz de cuidar de mi madre

y era la única familia que me quedaba.

Estaba desesperado.

Y me sentía muy solo.

Necesitaba dinero,

así que la oferta de Paolo llegó en buen momento.

Y está claro que funcionó.

Porque la facturación en las siguientes semanas

subió de forma inexplicable.

¿Qué papel jugó tu madre en el lavado de dinero?

Ninguno.

Lo has dicho sin dudar.

Porque es la verdad.

Para mi madre, Paolo era un cliente más.

No sé si creérmelo.

Tu madre reconocería a un criminal con los ojos cerrados.

La conoces perfectamente, Silvia.

Sabes que no se fía de terceras personas.

Nunca...

hubiera permitido que nadie

metiera las narices en los asuntos de los Soler.

Tú y yo lo sabemos por experiencia.

¿Fuiste quien hizo el encargo a Paolo Montechi

de matar a la inspectora jefe de Distrito Sur?

Así es.

Sabía que Paolo tenía los contactos suficientes

como para llevar a cabo mi venganza.

Pero cuando salió mal por segunda vez quise parar.

Tenía que eliminar las pistas, y eso incluía a Paolo.

La policía estrechaba el cerco y tenía que tomar una decisión.

Y le mataste.

Le pegué un tiro en la cabeza en mi taller.

Luego me deshice del cuerpo haciendo ver que había huido.

No sé si tragármelo.

No creo que seas capaz por ti mismo de hacer eso,

ni de ordenar la muerte de Miralles.

¡Claro que sí!

Miralles mató a sangre fría a mi hermano Ricky,

y yo tenía que vengarme.

¡Hablas por boca de tu madre!

¡Ha sido ella! ¿La estás encubriendo?

¿Te están inculpando de sus crímenes?

Por esa familia has dejado todo lo bueno que...

¡No tienes ni idea de quién soy, Silvia!

Dime la verdad.

Tú no eres un asesino.

¿Quieres saber la verdad?

La verdad...

es que desde que te conocí

quise ser la persona más honrada del mundo

dentro de una familia que estaba de mierda hasta el cuello.

Pero...

poco a poco la naturaleza que hay en mí se fue apoderando

hasta convertirme en el peor de todos.

Eso es lo que quieres creer.

No, eres tú la que no quiere ver la verdad, Silvia.

Primero,

le metí una paliza a un hombre que era un maltratador,

que había hecho que la vida de su hijo fuera un infierno.

Después...

participé en el atraco al cajero con Gabriel Campos

y fui cómplice de su muerte y de la de Carvajal.

Te lo estás inventando. ¡No, esa es la verdad!

En estos meses,

me deshice de Cote,

de Mercader,

y de sus dos secuaces.

Les puse una bomba que fabriqué con mis propias manos

y les hice volar por los aires.

Después le metí un tiro en la cabeza a Mercader.

Y otro a Paolo Montechi.

Tú misma lo dijiste, Silvia,

elegí a mi familia.

Y ahora me he convertido en un asesino.

Ya está bien por ahora.

Luego continuaremos para conocer los detalles.

¡Agente Ramos, por favor!

Siéntate, por favor.

(Música dramática)

-Pero, Eladio, ¿qué estás haciendo?

-Aquí, limpiando copas y vasos.

-Deja eso. Ya se encargará de hacerlo Felipe.

Así se entretiene hasta que llega gente.

Además lo hace bien, no se le echa el vaho a las copas.

-Es que, si no....

Así me entretengo. Si no, me como el coco

con lo que la haya podido pasar a Emma.

-Pues deja de preocuparte por esa mujer.

Te digo yo que sabe cuidarse muy bien sola.

-Ya, ya. Pero ¿y si se ha ido al extranjero

o un cliente le ha hecho algo?

O a lo mejor ha sido el Rojo ese,

que, además de chulearla, le tiene un miedo atroz.

-Ojo, que yo a mis chicas las trato como a princesas.

-¡Me vas a decir tú...!

-¡Eladio! ¡Eladio!

Eladio, por favor, no vayas a montar ningún espectáculo.

Te lo pido por Dios.

Vete al almacén y mira lo que tenemos

para hacer el pedido de la semana que viene.

Te lo pido por favor.

(Música tensa)

-Vodka, si no recuerdo mal.

-Va a resultar que tienes buena memoria.

¿Qué? ¿Le has dado una vuelta a la del negocio?

-Sí, le he dado alguna que otra vuelta.

-Pues suéltalo, que mis chicas quieren volver al Moonlight.

¿Qué porcentaje quieres?

-Ninguno. No voy a hacer negocios contigo.

-No me toques los huevos. Piensa que mi negocio te daría pasta

y traería gente nueva.

-No me interesa ese tipo de clientela.

-A ver,

¿qué te parece un 20 %? No puedo ser más generoso.

-El dinero no es lo importante para mí.

-¿Cuál es el problema?

Si ya te dije que mis chicas no harían nada ilegal.

-Bueno, yo creo que la prostitución y todo lo que conlleva

tampoco es que sea algo muy legal.

-Tú vuelves a traficar con droga y no quieres que me entere.

-No digas tonterías y baja la voz.

-Tranquilo, podrás mover tu droga con mis chicas y sus clientes.

Vamos a ver si te queda claro:

yo no estoy traficando con drogas.

Y no voy a hacer negocios contigo

porque la gente como tú no me gusta.

-Cuidado, Quintero.

-Cuidado con qué, ¿contigo?

Lárgate de aquí. No quiero verte nunca más.

-Hasta pronto.

(Música de suspense)

(Televisión de fondo)

-Bueno, ya era hora, ¿no?

¿Todavía estás despierta? Hija, ¿qué esperabas?

Te llamo y no lo coges; tardas en llegar a casa...

Me he preocupado. ¿Ha pasado algo?

¡Uy, uy, uy! No te veo buena cara.

Prefiero no hablar.

Anda, ven aquí y siéntate conmigo.

Venga, mantita para dos.

Las chicas han hecho cena. ¿Quieres que la caliente?

He estado recogiendo algunas cositas de tu cuarto

para ayudarte, pero no me atrevo a meterle mano al armario.

Ni te preocupes.

A ver, Silvia...

¿Sabes lo que vamos a hacer mañana?

Vamos a llamar a la comisaría de León y vamos decirles

que retrasas el viaje. No.

A ver, a ver.

¿Estás segura

de que quieres dejar atrás todo esto?

Créeme.

Bueno...

¿Me dejes que te eche una mano con la maleta?

Claro.

(Móvil)

¿Comisario?

"Silvia, perdona que te llame a estas horas".

Diga, ¿qué ocurre?

"Es Álvaro Soler. Mañana pasará a disposición judicial

e insiste en verte ahora.

Me han dicho que solo quiere despedirse".

No me lo puedo creer.

"No estás obligada a hacerlo".

Vale. Gracias, comisario. No sé bien qué voy a hacer.

Buenas noches.

¿Qué pasa?

Mañana Álvaro va a pasar a disposición judicial,

y ha pedido por favor que quiere verme.

¿Y qué piensas hacer?

-Pues no ir, ¿verdad?

Bastante mal lo has pasado ya por su culpa.

-Pienso lo mismo, no es buena idea.

Y más desde que sabes que no es quien creías que era.

Tienes que mirar para adelante,

pensar en el futuro, en lo que viene ahora.

-Acuérdate de lo que me acabas de decir,

que quieres dejarlo todo atrás, ¡todo!

(Música melancólica)

¡Hola, María! Hola, Claudia. ¿Qué quieres tomar?

(DUDA)

No, no me pongas nada. Me voy enseguida.

Vale. Gracias.

(Barullo de clientela)

Elvira.

(ELVIRA SE ACLARA LA VOZ)

Di lo que tengas que decirme y vete, por favor.

No tengo ninguna obligación profesional

de informarle sobre la evolución del proceso de su hijo.

Pero la he visto y he decidido hacerlo.

Mi hijo es inocente, y tú lo sabes.

Y es muy injusto que siga detenido.

Su hijo ha confesado sus crímenes,

...todos.

Mira, si este es uno de tus jueguecitos,

estoy cansada para aguantar tonterías.

Álvaro ha confesado haber matado a Paolo Montechi,

y haber sido él

quien insistió por dos veces

en que contratara a un sicario para matarme.

Eso no es posible.

También ha confesado que se quiso deshacer del cadáver

en el desguace para eliminar pistas.

¡Te lo estás inventando!

Mi hijo no ha podido decir eso.

Él es incapaz de matar a nadie.

Es el responsable de la muerte de Santos Mercader,

de sus dos guardaespaldas

y del camello que trabajaba para él.

Y ha confesado que además participó en el asesinato de Carvajal.

¡Eso es mentira!

¡No! ¡Eso es mentira!

No, no... Mi hijo se ha vuelto loco.

¿Dónde está? Quiero verle.

En estos momentos todavía está en el calabozo.

Hasta mañana por la mañana no podrá usted verlo.

Después pasará a disposición judicial.

¡Necesito verle!

Eso es imposible.

¿Quiere que busque alguien para acompañarla a casa?

(AIRADA) ¿A quién?

Por tu culpa me he quedado sin nadie.

A Luis lo mató Mercader porque no lo detuviste,

después mataste a sangre fría a Ricky,

y ahora vas a meter en la cárcel al único hijo que me queda.

Te has llevado a mi familia por delante. ¡Eres cruel!

No, Elvira.

Yo solo estoy del lado de la ley.

Si sus hijos han terminado así no es por mí.

Y creo que en algún momento debería usted reflexionar

sobre la parte de responsabilidad que tiene en ello.

Lo siento.

Buenas noches.

(Música dramática)

Gracias por venir.

Había tirado la toalla.

Solo he venido a despedirme.

Para siempre.

Ahora que ya sabes que soy un monstruo.

Solo quiero que te olvides de mí.

Eso espero, créeme.

Antes de que lo hagas,

quiero que sepas que he sido el tío más feliz del mundo.

Que has despertado cosas en mí

que no sabía ni que existían.

¿Tienes la cara de decirme eso, después de haberme mentido tanto?,

¿después de haberte convertido en un asesino?

Te juro que...

siento todas y cada una de las mentiras que te dije.

Pero eres policía,

no me quedaba otra opción.

Quería alejarte de mí.

Pero ahora te digo la verdad.

¿La verdad?

No sé si sabes qué es eso.

(SOLLOZA) He sufrido tanto...

que deseé que ojalá no te hubieras cruzado en mi vida.

Pues yo no me arrepiento.

He querido borrarte de mi vida muchas veces,

y no he podido.

Estás aquí.

Te quiero.

Y te voy a querer para siempre.

Aunque sé que eso ya no importa.

Tienes razón,

eso ya no importa.

Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Y es en lo que voy a pensar, porque no sé lo que me espera.

¿Cómo has acabado detrás de unos barrotes?

Tenías una oportunidad para hacer otra cosa de tu vida...

y me tenías a mí para ayudarte a conseguirlo.

Lo sé.

Y debes de odiarme por no aprovechar la oportunidad.

No te odio.

Me da una lástima infinita.

Porque sé quién eres.

No habrías tomado esas decisiones si no te hubieran apretado tanto.

Eso no es verdad,

yo soy el único responsable de lo que hice.

Sí que es verdad.

Todavía veo a ese chico que me regaló un ambientador

cuando fui a su taller.

(SOLLOZA)

Ese chico bueno,

trabajador.

Ese chico que, por malinterpretar la lealtad a la familia,

ha destrozado su vida.

¿Qué pasaría si...

ese chico que todavía vive en mí

te pidiera un abrazo?

Porque es lo único que necesita para no morir del todo.

¿Qué le dirías?

(SOLLOZA SILENCIOSAMENTE)

(EXHALA CON FUERZA)

Tienes que prometerme que me vas a olvidar, para siempre.

Tienes que seguir adelante,

y para eso me tienes que dejar atrás.

Tengo que irme.

Haces bien.

Adiós, Álvaro.

(Música melancólica calmada)

Me hace mucha ilusión que vengas conmigo.

Y te doy las gracias,

gracias por dar a tu madre otra oportunidad.

Verás, Espe, eres una persona muy importante para mí.

Nunca había tenido una amiga como tú,

ni una mejor compañera.

Te voy a echar mucho de menos.

¡Ven aquí!

Tal día como hoy, hace mucho tiempo,

la chica más guapa de la facultad de Derecho

accedió a ser novia.

Oh, es precioso.

Como su dueña.

Aquí está lo acordado.

-¿En metálico?

-No tengo "feeling" con los bancos.

¿Es un problema que pague al contado?

Está claro que ese tío es un proxeneta:

la manera en la que habla sobre sus chicas,

su actitud, y que tenga ese dinero en "cash".

Pero ¿crees que un chulo se gasta tanto dinero en sus chicas?

No seas ingenuo: encontrará la forma de recuperarlo.

No me puedo creer lo de Álvaro Soler.

¿Y Paty? Vaya impresión se va a llevar cuando sepa

que Paolo se ha muerto y que Álvaro...

(RESOPLA) ¡Le va a dar un síncope!

-¿Una camiseta de gondolero? Exacto.

Verónica es la leche.

¿Te lo ha enviado Verónica?

Sí, es el aniversario del día en que me declaré.

Bueno, me voy.

-¡Verónica!

-Tengo prisa. Voy a una reunión.

-Espera. ¿Quedamos luego cuando vuelvas?

-¿Quedar?

Creo que te estás equivocando.

-Hombre, tendremos que hablar de lo que pasó ayer.

Estoy enamorado de otra persona.

No lo estaba buscando,

fue algo que surgió currando...

y ahora estoy loco por ella.

-A ver, currando. O sea, que la conozco.

¿Quién es?

Cuando entré en La Parra, estaba ahí sentada

y me acerqué a hablar con ella.

Fue un encuentro muy desagradable.

Espero que cuando venga hoy esté tranquila.

No has parado hasta detener a Álvaro.

Eso no es verdad. Es lo último que me hubiese gustado hacer.

Yo creo que te has aprovechado de que mi hijo te quería

para tenderle una trampa y cazarle.

Le has destrozado la vida.

¿Que yo qué?

La única que ha destrozado la vida de sus hijos eres tú, Elvira.

Se acabó, mamá.

Y no sigas, porque no quiero que te salpique.

-Pero ¿por qué estás haciendo todo esto?

-He confesado porque necesito quitarme este peso de encima.

Quiero descansar por una vez.

Álvaro es el responsable de todos los asesinatos,

lo está confesando.

Es lo que quiere que creamos.

Sabe que estamos aquí y no quiere inculpar a Elvira.

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Servir y proteger - Capítulo 653

05 dic 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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Añadir comentario ↓

  1. María

    Ya no recuerdo ¿qué pasó con el poli valenciano corrupto que tuvo un rollo con Silvia? ¿se escapó o qué?

    10 dic 2019
  2. ¿Lirio¿. Elizabeth Hentschel

    Es realmente triste el derrotero que tomó la relación de Silvia y Álvaro.¡con lo que se quieren! Pero todo acto acarrea consecuencias. Lo verdaderamente exasperante es que Elvira siga librándose de la justicia, siendo ella la culpable realmente. (Eso sí, he de reconocer que es una gran actriz: la villana perfecta).

    07 dic 2019
  3. Alejandro

    Baloncesto practicabas

    05 dic 2019