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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 643 - ver ahora
Transcripción completa

(LOURDES) ¡No me lo creo! ¡Eso es que no ha mirado bien!

¡Ha de haber algo en las fotografías que le he mandado!

-No hay nada.

-Le digo yo que Fernando Quintero

sigue metido en el tráfico de drogas.

-Este era el que parecía llevar la voz cantante.

Este tenía pinta de pringado, estaba hecho un manojo de nervios.

En fin...

¿Y por qué no nos llamaste?

Porque precisamente por la fama que tienes, y lo sabes,

se pueden levantar suspicacias.

¿Se acuerda que le dije...

que yo perdí un hijo con 21 años?

-Sí.

-Pues fue por la mierda de la droga, señora.

-Julián, ¿qué haces aquí?

Te he llamado. ¿Has escuchado mi mensaje?

No me digas que te has vuelto a pinchar.

-No, no. Yo no.

-Bueno, ¿qué?, ¿no me presentas?

-Sí, este es mi colega Rulo.

-¿Prefieres que me partan las piernas

antes que pegarle el palo a esa pija?

-Tío, no lo tengo tan claro.

-¡Te estoy diciendo que no le va a pasar na!

-¿Qué hacemos con este? -No nos sirve de "na".

-Ay que cargarse al poli.

(GRITA)

-Julián, la pistola, ¡cógela!

(Golpe seco)

-Baja el arma, no hagas tonterías. -Lo mejor es que te entregues.

Te prometo que te ayudaré a salir de esta otra vez.

-¿Sabes que va a seguir ayudando a Julián Conde?

-Sí, lo sé.

Te digo una cosa: me parece bien.

Creo que gracias a ella, saldrá del hoyo.

-Madre mía, solo te falta formar un club de fans de mi madre

y presidirlo.

-Por suerte no pasó nada. -Menos mal, tío.

Pero no entiendo qué hacías tú llevándoles las llaves

a la madre de tu novia. ¿Ahora haces recados o qué?

-Bueno, hablamos en otro momento. Me tengo que pirar.

-Vale. -Chao.

-Chao.

-Toni, si quieres podemos hablar en algún momento.

-Sí, por favor. -Sí.

-Miralles tiene que morir.

Quién lo haga y cómo es cosa tuya.

-No cuentes conmigo. -¿Por qué?

-Creo que Caimán mató a decenas de personas en África.

(GIME)

-Sigue hablando y te reviento la cabeza contra la mesa.

-La conversación de ayer nunca existió, ¿entendido?

Así que, ni se te ocurra hablarle a nadie

de la propuesta que te hice.

(VOZ DISTORSIONADA) "Te felicito por la captura de Fabio Calas.

¿Quién es? ¿Qué quiere?

"Eso no importa".

Yo sé cuál era el objetivo que tenía.

Es alguien vinculado a su comisaría.

"La inspectora jefa, Claudia Miralles".

No me voy a esconder por una llamada.

Si es cierto, significa que hay un asesino profesional buscándote.

¡Cuidado!

(Disparos)

¡Silvia!

(Música emocionante)

(Música de tensión)

Claudia, ¿cómo estás?

¿Esa sangre?

Bien... Estoy bien. esta sangre es de Silvia.

¿Seguro? Sí.

¿Y Silvia cómo está?

¿Has podido hablar con el médico?

No, está todavía en el quirófano.

La cosa no pinta bien, Emilio.

Le entrado la bala por el costado y ha perdido mucha sangre.

(GIME)

No me quiero poner en lo peor, pero...

Pero no está bien.

Bueno, no desesperes.

La ambulancia llegó muy rápido y pudieron atenderla allí mismo.

Que esté en el quirófano no tiene por qué ser malo.

Sí, no sé...

En la ambulancia oí que habían conseguido estabilizarla,

pero también oía como repetían insistentemente

que necesitaban sangre y que necesitaban sangre.

Y cuando llegamos, la metieron en el quirófano de urgencias

y todavía no sé nada. Sigue allí.

Ramos está de jefe de servicio. Voy a ver qué me cuenta.

Sí, cariño, gracias. Por favor.

(RESPIRA AGITADAMENTE)

Claudia, antes de que se me olvide.

Toma.

Gracias. ¡A buenas horas!

¿Seguro que estás bien?

¿Por qué no te hacen un chequeo? No, no hace falta.

Físicamente estoy bien,

pero estoy hecha polvo emocionalmente,

porque esto... es la primera vez que me pasa.

Silvia se debate entre la vida y la muerte

por salvarme a mí. ¡Es absurdo!

Yo...

¡Esa bala era para mí, Emilio! Esa bala era para mí.

Yo tendría que estar en ese quirófano y no ella.

Si no sobrevive, yo no sé qué va a pasar.

Escúchame, por favor: cumplió con su deber.

Nuestro trabajo consiste en salvar vidas,

y eso conlleva riesgos.

Todos los conocemos y todos los asumimos. Silvia también.

Pero no paro de darle vueltas a lo que ha pasado.

Y yo tengo responsabilidad en eso.

¿Por qué? ¿Por qué? Porque...

Para empezar, porque me dejé el puñetero móvil en el despacho

y eso nunca me pasa.

Y luego es que tendría que haberle hecho caso.

Si me insistió. Me dijo que habría peligro y le quité importancia.

Si le hubiera hecho caso,

ahora no estaríamos preocupados por si sobrevive.

No seas tan dura contigo misma.

A ver...

Eso que te reprochas nos podría haber ocurrido a todos.

El único culpable es el tipo que apretó el gatillo.

Silvia recibió un chivatazo y actuó en consecuencia.

Fui yo quien le dijo que estabas en el centro comercial

y le dijo que te localizara.

Y si me entero de que es un asesino a sueldo,

no pararé hasta saber quién está detrás.

Bueno...

Me tengo que ir a comisaría.

Cualquier novedad sobre Silvia, me llamas.

Sí, sí.

(Música dramática)

Pues el tratamiento ha sido todo un éxito.

Hemos detenido la alopecia completamente.

Que tengas buena tarde.

¡Eh, eh, eh! ¿Así me recibes, cerrándome la puerta en las narices?

Andrés, ¿qué haces tú aquí? ¿No volvías a la noche?

He adelantado mi vuelta.

¿Y cómo van las cosas por la clínica de Barcelona?

Olvídate de eso, ¿cómo está Verónica?

Bien. Bien, bien... Demasiado bien, diría yo.

¿Quieres decir que no está afectada por lo que pasó?

No, según ella, es un simple susto.

Ha vuelto a trabajar hoy.

No me lo puedo creer. En el centro cívico.

A uno de los ladrones lo conocía de allí. ¿Qué te parece?

¡Pues entiendo que no te gustara que trabajase allí!

He intentado que lo deje, pero ya sabes cómo es.

¿Y se llevaron algo los asaltantes?

No, los detuvieron directamente allí, en el atraco.

Afortunadamente, estaba Toni, el novio policía de Paula.

Bueno, exnovio.

Pero menos mal que estaba allí.

Solo imaginármelo, se me pone la carne de gallina.

Pero dejemos el tema. Siéntate y cuéntame.

¿Qué tal por Barcelona?

Bien. A ver...

El volumen de negocio ha bajado desde que te fuiste.

Normal: eras el cirujano estrella.

Pero el equipo suplente está dando la talla.

Creo que la clínica remontará.

Además, hasta que las cosas se estabilicen,

compensamos sus pérdidas con los beneficios de aquí.

Bien. A Verónica le encantará oír esto.

De todas maneras, estaría bien que algún día

fueras a Barcelona a operar.

La clientela VIP lo agradecería. Sí, eso hay que hacerlo.

(Llaman a la puerta)

¡Adelante!

Andrés, ¿qué tal?

-Hola, Vero. -¿Cuándo has llegado de Barcelona?

-Hace un momento.

Me enteré de lo del intento de robo. Debió de ser horrible.

¿Estás tan bien como dice Mateo?

-No sé qué te habrá contado, pero está todo superado.

Vamos, tengo que mirar hacia adelante ahora.

Todavía me queda mucho por vivir.

"No podemos hacer nada, admítelo.

Solo nos queda esperar a que nos maten.

-No.

Eh, nos queda mucho por vivir, ¿vale?

Necesito que lo digas.

-Nos queda mucho por vivir.

-Repítelo.

(SOLLOZA) -Nos queda mucho por vivir.

-Repítelo, Verónica".

¡Vero!

Vero, ¿estás bien?

Sí, perdona.

-Verónica,

puedes contar conmigo para lo que necesites.

-Gracias.

Vamos a dejar el tema desagradable y vamos a tomar un café.

Así celebramos eso de que tenemos todavía mucho que vivir.

Me parece genial. Venga, vamos.

Me cambio y voy, ¿de acuerdo?

(VERÓNICA) Vale.

-¿Y Emilio? Se ha tenido que ir a comisaría.

¿Has hablado con el doctor? Sí, me ha dejado entrar

al quirófano a ver a Silvia.

¿Todavía la están operando? Han terminado.

Ha sido una operación complicada. La herida se las traía.

¿Qué le han hecho?

Le han extraído la bala.

El problema es que el disparo ha afectado al intestino

y ha habido que suturar de forma muy delicada.

Pensaban que se les iba. Ha perdido mucha sangre.

Pero ¿sobrevivirá?

Al principio pensaban que sí,

pero ha habido complicaciones. ¿Qué complicaciones?

Ha salido del quirófano con mucha temperatura

y con el ritmo cardíaco acelerado.

Eso significa "shock" séptico e hipovolemia.

Ay, habla claro, que yo no soy médico.

"Shock" séptico es cuando hay una infección en todo el cuerpo

y baja mucho la tensión, lo que afecta a los órganos.

Una hipovolemia es pérdida de sangre y líquidos,

que hace que el corazón intente bombear más sangre,

y eleva el ritmo cardíaco.

¡Dios mío!

Tienen que hacer algo, no pueden dejarla morir.

Le han puesto suero fisiológico

y un cóctel de antibióticos para la infección.

¿Y dónde la tienen?

La tienen que meter a quirófano otra vez,

para drenar un absceso infectado.

(RESOPLA AGOBIADA) Pobre Silvia, Dios mío.

¿Al menos los antibióticos y el suero están funcionando?

Hay que esperar a ver si hacen efecto...

Un "shock" séptico tiene un 50 % de posibilidades de mortalidad.

O sea, que son las posibilidades que tiene de morir.

Es como lanzar una moneda. Si sale de cara, vive y si no...

Es joven. Tiene un sistema inmunológico muy sano.

Pues no es un pronóstico muy halagüeño, la verdad.

Ahora solo nos queda esperar

a que la moneda caiga de cara, ¿no?

(SE LAMENTA Y RESOPLA)

No te tomes el café solo. Prueba un paparajote.

-No me apetece, gracias.

-Es un dulce murciano, con hojas de limonero de mi pueblo.

Prueba uno, hombre. Si te comes uno solo,

te lo regalo. Pero verás como querrás más.

-Es que no tengo hambre. Cóbrame el café, ¿vale?

-Venga. Pero tú te lo pierdes. Están muy ricos.

-No sé a qué esperan para darme noticias del hospital.

-Bueno, pero tienes que ser más optimista.

Verás como sale de esta.

¿Nos pones dos cafés para llevar, por favor?

-Sí. Oye, me han dicho que han cerrado el "parking"

del centro comercial por un escape de gas, ¿no?

-No ha habido ningún escape de gas, María.

-¿Qué ha "pasao"? (EN VOZ BAJA) -Un tiroteo.

-¿Y ha habido víctimas?

-Sí, una. Ahora mismo se debate entre la vida y la muerte.

-¿Alguien conocido?

-Silvia.

-¡Silvia!

-¡Perdona!

¿Qué acabas de decir?

¿Le han pegado un tiro a Silvia?

-Lo siento, Álvaro, pero es confidencial.

No te puedo dar información.

-Nacha, no me vengas con esas.

¿En qué hospital está?

-En el hospital Sur.

-Pero no sabemos cómo está ni tenemos noticias.

-Voy a verla ahora mismo.

-Te aviso de que es posible que no te dejen verla,

para que te vayas haciendo a la idea.

-Eso es cosa mía.

-¿Sabéis algo de cómo está?

-No sabe a gloria, pero es lo que hay.

Gracias, cariño.

Esta espera es horrible, ¿eh?

¿Podríamos entrar a verla? No, no, no.

Los horarios son muy estrictos...

y las visitas muy restringidas.

Y, a propósito de horarios, ¿tú no tenías...

guardia hoy en el centro de salud?

Sí, pero voy a llamar para que me sustituyan.

Que no, Antonio, que no hace falta.

Que yo no te dejo sola aquí. De ninguna manera, hombre.

Mira, Espe.

-Hola. -Hola, Espe.

(ANTONIO) Bueno....

Ya no estoy sola, te puedes ir, cariño.

Si pasa algo, me avisas.

Sí. Pero seguro que te enteras antes tú por el Dr. Ramos

que yo, porque aquí no dicen nada.

Hay que esperar a que los antibióticos hagan efecto.

Te dejo en buenas manos. Chao, Espe.

La gabardina, no te la dejes. Hasta luego.

(ESPE SUSPIRA)

Entonces...

¿no hay novedades?

¿solo lo que has mandado al mensaje, que está en la UCI?

Sí, pero el panorama...

no es muy halagüeño.

Silvia ha perdido mucha sangre y tiene una infección generalizada.

Ha tenido un "shock" séptico.

Por eso... le están aplicando...

antibióticos para poder combatirla.

¿Y se la puede ver? No.

(SUSPIRA) ¡Bueno...! Va a salir de esta, ya verás.

Sí.

Me alegro mucho de que estés aquí.

Antes me he hecho la fuerte con Antonio.

Le he dicho que no se quedara,

pero la verdad es que...

estoy hecha polvo.

En comisaría están todos destrozados.

Si pudieran, se presentarían aquí...

para saber qué pasa.

Ya me lo imagino.

Esperemos que dentro de poco tengamos novedades.

Buenas novedades.

Yo me quedaré un rato, pero no mucho, porque...

tengo que visitar a una mujer que vino a pedir información

a la UFAM.

Y creo que ella misma encierra una historia de maltrato.

Entonces vete ya, ¿no?

No, no. Sin saber qué pasa, no podría.

Es que... Bueno...

sabes que Silvia no es solo...

una compañera de piso

o de trabajo para mí.

Que es...

es como una hermana.

Hemos compartido tantas cosas que...

Estuvo ahí a mi lado cuando...

me hundí con lo de Fede.

Esperemos que tenga más suerte que él y sobreviva.

(SOLLOZA)

Pues sí...

Sí, porque, si no...

yo ya no lo soportaría.

(CLAUDIA SOLLOZA)

(Ambulancia lejana)

¿Lourdes se ha ido ya?

¿Querías que te planchara la camisa

a cinco minutos de salir a cenar?

Sí, es que no me acordaba, tengo mucho lío.

Pero me gustaría ponérmela en la cena con Sagasta.

Tienes dos opciones: te la planchas tú o te buscas otra camisa.

Ya...

No te veo muy animada.

Oye,

¿quieres que me quede contigo y así te animo un poco?

Puedo anular la cena, y decir que vaya Andrés.

No. Sagasta es uno de los principales proveedores

y siente devoción por ti,

no por el seriote de Andrés.

Pero no quiero dejarte así.

Yo lo que necesito es volver a la normalidad.

Además, si te quedas, no me ayudas. Tengo mucho trabajo.

¿Con qué estás?

Estoy revisando una ley de extranjería

para ayudar a una chica nigeriana.

Su familia quiere casarla a la fuerza.

Ya...

O sea, que estás decidida a seguir en el centro cívico.

Sí.

Antes de irme quiero confesarte algo.

Dijimos que no habría secretos entre nosotros.

Te escucho.

Esta mañana he ido al centro cívico para hablar con Miguel.

Le he pedido que te convenciera para que lo dejes.

(SUSPIRA) ¿Por qué lo has hecho?

Vero, lo del robo no ha sido ninguna tontería.

Tengo miedo de que te pase algo si seguimos tentando a la suerte.

¡Es increíble! ¿Así es como valoras lo que hago?

Yo lo valoro mucho,

estoy orgulloso de ti y de tu trabajo,

pero tengo miedo a perderte.

Allí hay gente muy peligrosa. No todo el mundo,

pero la hay.

¿Y cómo ha reaccionado Miguel?

Me ha dicho que no te convencería

para hacer algo que no quieres hacer.

Menos mal.

Métetelo en la cabeza:

voy a seguir en el centro cívico, hagas lo que hagas.

Pues nada, tendré que acostumbrarme a sufrir

cuando salgas cada mañana.

Sé que lo haces porque te preocupas por mí,

pero en el centro cívico no hay gente peligrosa.

¿Le dirías a alguien que no trabajara en un banco

para que no lo atracaran? Vale, vale.

Hola.

Hola. Hija, qué cara. ¿Ha pasado algo?

-Le han disparado a una compañera

y no sabemos si sobrevivirá.

Miralles se ha quedado en el hospital

y estoy pendiente del móvil por si hay novedades.

-Qué horror.

¿Podemos hacer algo por ti?

No.

Yo me tengo que ir. Voy a buscar otra camisa.

Vete, anda, me quedo con ella.

Cariño... Anda, ven, quítate la chaqueta.

(CLAUDIA GIME PREOCUPADA)

Gracias por salvarme la vida.

Gracias por salvarme la vida sin pensar en la tuya.

Esto tendría que haber sucedido al revés.

Esa bala era para mí.

Y te la llevaste tú.

(SOLLOZA)

Tienes que vivir, Silvia, porque, si no, yo no sé...

Yo no sé qué voy a hacer.

¡Álvaro!

¿Cómo está?

Seminconsciente.

Antes ha abierto los ojos y los ha vuelto a cerrar.

Pero supongo que es normal

porque está atiborrada a calmantes y antibióticos.

¿Qué dicen los médicos? ¿Se pondrá bien?

Aún es pronto para saberlo.

La buena noticia es que está viva,

porque...

pensaban que igual se quedaba en la mesa del quirófano,

debido a la gran pérdida de sangre y a la infección.

¿Qué ha pasado, Miralles? ¿Quién ha disparado?

Iban a por mí.

Ella se ha interpuesto.

Ha querido impedirlo. Se ha...

Se ha abierto un tiroteo y ha recibido un disparo.

Me gustaría hablar con ella a solas.

¡Miralles, por favor!

Aunque no se lo crea, Silvia me importa,

y mucho.

Y creo que le puede ayudar y a mí también.

(Música dramática)

(Música pop de fondo)

-Felipe, ocúpate de los clientes del reservado.

Ya me ocupo yo de la señorita.

-Si te piden algo que no sepas preparar, me avisas.

-Hola.

¿Hay algún problema con el camarero? -Qué va.

Pero a las clientas VIP me gusta atenderlas personalmente.

Para algo soy el que corta el bacalao aquí.

No se merecen menos.

-¿Entonces es usted Fernando Quintero, el dueño?

-No, no. Yo soy Eladio, su mano derecha.

Pero no me trates de usted,

que me haces sentir viejo y no lo soy.

-No, no lo es. Encantada. Yo soy Emma.

-Mucho gusto. ¿Qué vas a tomar?

-Un vinito blanco, que no soy yo de cócteles y combinados.

-Ya tenemos algo en común.

Yo tampoco soy mucho de cócteles.

Por el trabajo, ¿sabes? Necesito tener la cabeza despejada.

-Claro. Qué responsable.

-No lo sabes tú bien, guapa.

Estar al frente de este negocio requiere una gran concentración.

-Pero al frente del negocio está Fernando Quintero.

-Sí, bueno, pero yo soy el que está al pie del cañón.

Y no es moco de pavo, ¿eh? -¡No!

(RÍE)

(RÍE) ¿El vinito?

-Perdón.

¡Ay!

Toma.

Es el mejor que tenemos.

-Qué bien.

-¿Y tus amigas qué van a tomar?

-"Gin-tonic" y "Bloody Mary". Ellas sí son de combinados.

-Felipe, ¿les sirves a las chicas un "gin-tonic" y un "Bloody Mary"?

No les cobres, están invitadas. Igual que la señorita.

-Muchas gracias. ¿Trabajas hasta muy tarde?

-Sí...

Hasta que cerremos tengo que estar aquí dando el callo.

Porque, claro, esto sin mí se viene abajo.

-Claro. Qué pena, porque hoy me tengo que ir pronto.

Mis amigas se tienen que ir pronto.

-¿Y te tienes que ir con ellas? -Sí, sí. Se podrían molestar.

Pero otro día podemos seguir charlando.

-Claro que sí.

No encontrarás un sitio mejor que este para hacerlo.

Y, cada vez que vengas, me encargaré de que tengas ganas de volver.

-Qué bien. Eres muy majo, Eladio.

Un placer.

-Igualmente.

-Silvia...

Silvia, soy Álvaro.

¿Puedes oírme?

¿Eh?

(SOLLOZA)

¡Lo siento!

¡Siento muchísimo por lo que estás pasando!

Sé que...

que nuestra relación no es lo que esperábamos,

y que ahora estamos más lejos que nunca,

pero tienes que ser fuerte, por favor.

Aguanta.

Siempre has sido muy valiente.

Te juro que...

me encantaría sacarte de esta situación, pero no puedo.

Y me encantaría poderme cambiar por ti.

Lo mejor que puedo hacer es quedarme aquí contigo,

y recordarte lo fuerte que eres.

(GIME)

¿Qué pasa?

¿Quieres decir algo?

Avisa a mi madre.

¿Quieres que avise a tu madre?

¡Silvia! ¡Silvia, despierta!

¡Ayuda, ayuda!

¡Una enfermera, por favor!

Ha perdido el conocimiento.

-Avisaré al doctor.

-Miralles...

Creo que tenemos que dejarla descansar.

(ÁLVARO SOLLOZA)

(Ladridos lejanos)

-¿Te apetece cenar algo, Espe?

(RESOPLA)

-Hasta que no sepa que Silvia está bien...

creo que no podré probar bocado.

-A mí me pasa lo mismo.

Solo de pensar que está en ese hospital,

se me cierra el estómago.

-Y nosotras sin poder hacer nada, ¡es que me siento impotente!

(Timbre)

-Ya voy yo.

-Álvaro, ¿qué haces aquí?

-Tengo que hablar contigo.

-Perdona, ella es Lara, compañera de la comisaría.

Él es Álvaro. -Álvaro Soler. Ya nos conocemos.

-Coincidimos el otro día en La Parra.

Me he enterado de lo de Silvia y he ido a verla.

-¿Y cómo está?

He tenido que venir antes de que saliera de la UCI.

¿Le han hecho efecto los antibióticos?

-Miralles dice que es pronto para sacar algo en claro.

-Ah...

-Pero ¿tú cómo la has visto?

-Mal.

Débil y pálida. Casi no podía abrir los ojos.

-¿No ha podido decirte nada? ¿La has oído hablar...?

-Con esfuerzo, ha susurrado algo que me dejó sorprendido.

Me ha dicho que quiere ver a su madre.

-¿A su madre?

Pero tenían muy mala relación. Llevaban sin verse muchos años.

-Me he quedado igual de sorprendido.

-Entonces habrá que hacerlo, ¡digo yo!

-Por eso quería hablar contigo, porque no sé dónde localizarla.

-Pues buscaré en su habitación

a ver si tiene libreta de direcciones

o algo así. Y, si no, pues ya la encontraremos.

Para algo somos policías.

-Vale, perfecto. Me voy, que es tarde.

-¿No quieres cenar algo?

-No te preocupes, muchas gracias.

Tengo que ir a casa para solucionar un tema con mi madre.

-Adiós. -Hasta luego.

-¿Estás... pensando lo mismo que yo?

¿En la razón por la que...

Silvia quiere ver a su madre?

-No lo sé, Espe.

La gente al borde de la muerte cambia su perspectiva.

-Al borde de la muerte, no. ¡Silvia no se va a morir!

-A ver, que esté al borde de la muerte

no significa que se vaya a morir.

Pero, por desgracia, es una posibilidad.

Por eso tenemos que respetar su deseo,

porque igual es su última voluntad.

-¡No, no, no! No digas eso, por favor.

No puede ser su última voluntad.

Es que... Conozco a Silvia

y sé que va a salir de esta.

Ella va a luchar.

-Claro. Ojalá sea como tú dices, Espe.

-Bueno...

Pues anda, vamos a su habitación,

a ver si encontramos algo para localizar a su madre.

Claudia, ¿qué haces aquí?

¿No te ibas a quedar en el hospital a ver cómo evoluciona Silvia?

El médico me ha mandado a casa a descansar.

Pero es inútil.

Sé que no habría podido dormir

sin saber lo que nos contaba este tipejo.

Se llama Carlos Puerto. Su apodo es Carlitos.

Le han tratado en el hospital por la herida de bala.

Era superficial.

Era boxeador y se dedicaba a las peleas clandestinas.

¿Le habéis sacado esa información?

No, la hemos encontrado en nuestra base de datos.

Acaba de salir del penal de Alhaurín de la Torre.

Apenas lleva dos semanas fuera.

Qué pronto vuelve a las andadas.

¿Tiene prisa por volver a Alhaurín?

No debe de tener muchas luces. Todo lo resuelve con violencia.

No debe de conocer otra cosa.

Tiene un historial de problemas dentro y fuera de la cárcel.

¿Y tú crees que este tipo

trabaja para la mafia calabresa, como Fabio Calas?

Bueno, no es un asesino tan sofisticado como Calas.

Más bien tira a matón de barrio,

con ínfulas.

Pues ha dejado a Silvia postrada en una habitación de hospital

y va a pagar por lo que ha hecho.

Estás seria. ¿Todo bien?

-Bueno, tengo mis razones.

A una amiga le han pegado un tiro. Está en el hospital.

-¿Es grave?

-Pues sí.

No saben si sobrevivirá. Por eso estoy tan pendiente.

-Si quieres lo dejamos para otro día.

-No, no. Total, no puedo hacer nada por ella.

Y si voy a casa, lo que voy a conseguir es rayarme

y estar sola. Así que no.

-Esta compañera...

¿la conozco yo?

-Es la inspectora Silvia Orestes. ¿Te suena?

-Sí, sí, la conozco.

¿Sabéis quién ha sido?

-Bueno, hemos detenido al tío que disparó.

Pero no ha declarado todavía.

Estamos todos pendientes de Silvia.

-Claro.

-¿Estás bien? -Sí, sí.

Un poco impresionado por lo que me has contado.

Pero bien.

Oye, si quieres, lo dejamos para otro día.

Igual no es el momento.

-Pues yo pienso que todo lo contrario.

Estas cosas te enseñan que la vida va y viene

y que no sabes cuándo puede terminar.

-Cierto.

-¿Nos tomamos esas cervezas?

-Venga. -¿Sí?

Muy listo no es.

En el "parking" se fue de frente contra dos policías armadas.

Tenía posibilidades de haber muerto.

No creo que la mafia calabresa confíe en un tipo así.

Ya, pero algún nexo de unión tiene que haber.

¿Sabéis por qué me quería matar?

Sí. No está relacionado con ningún caso

que hayas investigado, ni directa ni indirectamente.

Vino a Madrid desde Málaga y nunca había estado aquí.

Bueno, al menos, no nos consta.

Entonces lo habrán contratado para matarme.

¿Y ha estado mucho rato así, en plan retador?

Sí, solo abre la boca para exigir sus derechos

y para pedir un abogado. Se conoce la rutina.

Sabe bien lo que hace.

Sabe que no puede cantar, porque se le acaba el negocio

cuando salga de la cárcel.

O igual se lo cargan, porque no se andan con chiquitas.

El tiempo que pase en la cárcel va a depender...

de si finalmente Silvia sobrevive o no.

Es la cruda realidad.

De eso y de su abogado.

¿Es el mismo que vino por Fabio Calas?

Qué va, parecen de distintos planetas.

El de Calas pertenece a un bufete prestigioso

experto en temas de la mafia,

y este es un abogado de oficio, con buena voluntad,

pero sin experiencia ninguna.

Entonces no queda más remedio que recopilar pruebas

para poner contra las ruedas a Carlitos y que tenga que hablar.

¿Cómo sigue Silvia?

Mal.

Ha tenido una crisis y los médicos le han inducido el coma

para poder ahorrar el máximo de energía y de oxígeno.

Están haciendo todo lo posible por salvarla.

Ahora mismo está...

está con respiración asistida, pero no sé yo.

No hay que perder la esperanza. Ya lo sé.

Porque soy policía. Si no,

ahora mismo entraba y le estampaba contra la pared

para que nos contara lo que sabe.

Si te sirve de consuelo,

yo también me tengo que contener.

Y la verdad, me cuesta bastante.

Hay que averiguar cuanto antes

quién y por qué le contrató para ese trabajo.

No te preocupes, lo averiguaremos.

Cueste lo que cueste.

(LAS TRES) ¡Salud!

-Entonces, ¿qué? Lo estáis pasando bien, ¿eh?

-¡Madre mía!

Lo estamos pasando muy bien, Eladio.

-Pues cuando necesitéis cualquier cosa, estáis invitadas.

-Ya está, que tampoco queremos salir de aquí borrachas.

-¡Oh, no, por Dios!

(RÍEN)

-Eladio.

-¿Es tu jefe, Eladio? -Sí. Don Fernando Quintero.

Ahora voy.

Es que...

-Disculpad.

Eladio, ¿puedes venir? Me gustaría hablar contigo a solas.

-Me debe de necesitar para algo urgente.

-Vale, tranquilo.

-¿Se puede saber qué demonios haces?

-Entreteniendo a la clientela, fidelizando.

-¿Fidelizando?

-Claro. Es una regla básica de la hostelería.

Esas chicas de ahí es la primera vez que vienen

y quiero que estén a gusto para que vuelvan.

-No, si a gusto ya se ve que están.

Y a ti también se te ve a gusto con ellas.

-No todo va a ser estar dando palique

a borrachos y a tíos feos.

¿Usted me entiende? -Cómo no te voy a entender.

Un tío feo, comparado con esas chicas...

¿No te has dado cuentas de que si a esas chicas

les pagas algo de dinero,

puedes hacer con ellas lo que te dé la gana?

-¿Por qué tendría que pagarlas? ¿Por hablar con ellas?

Vamos, en todo caso tendrían que pagarme ellas

por las consumiciones... -¿Qué? ¿Cómo?

Espera, espera.

¿Me estás diciendo que todo lo que están bebiendo esas mujeres

va por cuenta de la casa? ¿Vamos, que lo estoy pagando yo?

-Intento decirle que he estado fidelizando a la clientela.

-Ya, fidelizando a la clientela.

Vamos, que tú te crees que esas chicas

lo que hacen es ligar contigo. ¿Es eso?

¿No te das cuenta de que esas tres son unas profesionales, hombre?

-Pero... ¿habla en serio?

-¡Claro que hablo en serio, Eladio!

¡Claro!

Fíjate un poco.

¿No ves cómo miran a todos los hombres del local?

Están viendo este mercado para ver si pueden hacer clientela nueva.

-Don Fernando, acaba de entrar. ¿Cómo se ha dado cuenta de eso

así tan rápido?

-Cuando tú vas, yo ya he ido y he vuelto veinte veces.

-Don Fernando, igual usted se está confundiendo.

A lo mejor su problema es que ve gente mala en todas partes.

Yo veo a unas chicas que quieren divertirse.

-Sí, claro, divertirse, contigo.

En vez de divertirse con un chico de su edad, alto, guapo,

de estos que salen en la revistas,

te prefieren a ti porque les ponen mucho más los maduritos.

Escúchame, quiero a esas tres mujeres

fuera de mi local. ¿Entendido?

Ya les estás diciendo que se larguen.

-No es justo, no han molestado a ningún cliente.

¿Por qué tengo que echarlas?

-Porque te lo digo yo, que para eso soy tu jefe.

-Pues si lo tiene tan claro, hágalo usted.

-¿Qué? La madre que te...

Está bien, lo haré yo.

Hola. ¿Cómo estáis?

Sintiéndolo mucho, vamos a cerrar.

Así que, si no os importa, puedo traeros vasos de plástico

para vuestras bebidas.

-Perdona. Es un poco pronto para cerrar.

-Sí, sí...

Es cierto, es pronto, pero llevamos una semana con mucho trabajo

y estamos deseando llegar a casa. Así que, si no os importa...

Hay otros muchos locales abiertos ahora mismo.

-¡Pues ya está!

Si hay muchos otros locales abiertos en el barrio,

pues ya está, ¿no? -Sí, ya está.

-Tampoco queremos dejar en mal lugar a Eladio.

Nos ha tratado estupendamente. Vámonos, chicas.

Gracias. -No hay de qué.

-Siento que os tengáis que ir. -No te preocupes.

Nos encanta el sitio y tú, así que volveremos seguro.

-Chao.

-Eladio.

Ya está bien, ¿no?

(Música pop)

(FURIOSA) ¿Que el sicario se ha equivocado?

-Ha alcanzado el objetivo, pero no era el nuestro.

-¿Y a quién ha disparado? -A la inspectora Silvia Orestes,

que estaba con ella en ese momento.

Y ahora la inspectora está en el hospital

casi en el otro barrio.

-¡Ay, Dios!

Me prometiste la cabeza de Miralles y no lo has cumplido.

¿De dónde sacaste a ese aficionado?

-Tenía buenas referencias de él.

-Pues ya ves lo que ha pasado.

Eres un incompetente

que no sabe encontrar a un buen profesional.

-Claro. Porque usted se cree que es fácil, ¿no?,

encontrar a alguien que se cargue a una inspectora de policía.

No olvide que ese hombre fue el único que aceptó el encargo.

-Pues no me vendas la moto de que fue por sus referencias.

Además, el muy inútil se ha dejado atrapar.

¿Crees que va a hablar?

-No, eso quería explicarle. Lleva años en el oficio

y sabe perfectamente que abrir la boca

traerá malas consecuencias,

dentro y fuera de...

-Paolo.

¿Qué haces aquí?

-Estaba tratando con tu madre

mis dudas sobre el funcionamiento de la destilería.

-Es que después de la paliza que le dieron a Isidro,

no tiene demasiada empatía con él.

-Sé perfectamente por qué Paolo está aquí.

No soy imbécil.

-¿Qué dices? No te sigo.

-Ni falta que hace, porque no quiero hablar contigo.

Así que lárgate y déjame a solas con mi madre.

-Ay...

"Bene".

Veo que tienes el día cruzado, no se te puede decir nada.

Adiós, Elvira. -Adiós.

¿A qué ha venido ese numerito? -Lo sabes perfectamente.

Sé lo que le ha pasado a Silvia. Vengo de verla,

y puede que le queden horas de vida.

-Lo siento mucho.

Pero...

¿Eso qué tiene que ver conmigo? -Mamá, deja de fingir.

Sé que el objetivo del disparo no era Silvia,

sino Miralles; me lo ha dicho ella.

-¿Y tú por qué crees a esa mujer? -Has sido tú, ¿no?

Tú contrataste al sicario a través de Paolo,

por eso estaba aquí,

para decirte que se han equivocado de objetivo.

¡Di la verdad por una vez en tu vida!

-¡Sí, he sido yo!

-Muy bien.

Eso es todo lo que puedo esperar de ti, ¿no?,

que sigas actuando a mis espaldas,

que mientas al único hijo que te queda.

¿Cuándo pensabas contármelo? ¿En el juicio? ¿En la cárcel?

-No, cariño.

Te he mantenido al margen

porque, si las cosas iban mal, quería ser la única culpable.

-Te pedí que no lo hicieras, que se te iría de las manos,

y ahora vamos a acabar los tres en la cárcel.

Pero eso no es lo peor.

Silvia no tenía nada que ver en esto.

Y ahora se puede morir, por tu culpa.

-¡Yo no quería que nada de esto pasara!

-Pues ahora mira dónde está,

tirada en una cama, debatiéndose entre la vida y la muerte.

-Lo he hecho por Ricky, hijo.

Esa mujer debe pagar con su vida por haberle matado.

¿No te das cuenta? ¡Nos ha destrozado la vida!

-No, mamá.

Te juro que te miro y no te reconozco.

No sé en lo que te has convertido.

Al principio solo querías mantener los negocios de papá

para sacar a tus hijos adelante. Pero ¿ahora?

Solo te dejas llevar por la rabia,

el rencor, el dinero y la venganza.

Eso...

ha hundido a esta familia, no Miralles.

-No me vuelvas a hablar así nunca más.

Y lo que haga con Miralles a partir de ahora...

es cosa mía.

(Música amenazante)

-Espera.

Deja que vea cómo está Silvia.

-Lo que le ha pasado a Silvia es una muestra más

de lo jodida que es la vida.

Nunca sabes lo que te va a venir.

-Tienes razón.

Vamos a pasarlo bien. ¿Por dónde íbamos?

-Perdona.

-¿Qué te pasa?

(MIGUEL DUDA)

Nada, nada. Estoy bien.

¿A ti qué te pasa?

-No lo sé, dímelo tú.

-Disculpa.

-No, no me pidas perdón, pero...

cuéntamelo.

-He tenido un mal día. Es eso.

(CON SARCASMO) -Ya.

Yo también he tenido un mal día, mi compañera está en el hospital.

-Lo sé.

Tienes toda la razón.

Pero aunque no lo creas yo también tengo problemas.

Muchos.

-Vale.

A ver...

¿Me lo puedes contar? Porque es evidente que te pasa algo.

-No sé si estoy para esto, Ángela.

-¿Para qué, exactamente?

-Para ti, para mí.

-Ya. Pues es muy sencillo:

o quieres o no quieres estar conmigo.

-Para mí no es sencillo. De hecho, es muy complicado.

-Mira, no me marees más.

Otra vez no, ¿vale?

Está claro que...

es un error.

-¿Te vas?

-¿Tú qué crees?

-No sé.

¿Y si nos damos algo de tiempo?

-¿Y para qué?,

¿para que sigas alargándome la agonía?

Es evidente que tú no estás para tener una relación.

-Quiero que sepas que lo he intentado.

-Mira...

Cállate, porque, si no, vas a quedar peor todavía.

-Tienes razón.

-¿Sabes qué?

Que hasta aquí.

Se acabó.

(Música dramática)

(Timbre)

(Timbre sonando con insistencia)

(ESPE) ¡Ya, ya va!

¡Ya!

(A LARA) Son las tres de la mañana, tía.

-Igual vienen a decirnos algo de Silvia.

(MUJER) -Hola...

¿Esperanza Beltrán?

-Sí, soy yo.

-¿Qué tal? Soy Berta, la madre de Silvia.

¿Puedo pasar?

-Claro, es que no la esperábamos hasta mañana.

-Es que, después de hablar contigo,

no me podía quedar de brazos cruzados en León,

así que he metido cuatro cosas en la maleta

y me he venido del tirón en coche.

He pasado por el hospital, pero ya no admitían visitas.

-No se preocupe. Bueno, yo soy Lara.

Soy compañera de Espe y Silvia, y también trabajo con ellas.

-Encantada.

-¿Quiere sentarse? ¿Le puedo ofrecer algo?

-Un vasito de agua me vendría muy bien.

Y tuteadme, que tampoco soy tan mayor.

Además, si sois amigas de mi hija, más razón.

-No te preocupes por lo del hospital,

que mañana a primera hora vamos y nos presentamos allí.

-Yo la primera, y no me echarán ni con agua caliente.

Aunque...

me han dicho que...

que le han inducido un coma.

-Sí, en su estado, han pensado que era lo mejor.

-Pobrecita mía,

la verdad.

Gracias.

Tenía unas ganas de hablar con ella...

Ha pasado tanto tiempo...

Supongo que os habrá contado que llevamos años sin hablarnos.

-Sí.

-Es que en el pasado hemos tenido diferencias.

Mejor dicho,

yo no he estado a la altura de lo que necesitaba de mí.

Y, de verdad, que he intentado llamarla un montón de veces,

pero, no sé,

no me atrevía.

-No tienes que darnos explicaciones.

-Muchas gracias por llamarme.

-De verdad. Sé que habéis sido vosotras,

que esto no ha salido de Silvia.

Además, me habéis dicho que no puede hablar.

-Pues en realidad fue ella quien pidió que te llamáramos.

Fue lo último que dijo antes...

...de perder la conciencia.

-¡Guau!

Esto no me lo esperaba.

-¿Por qué? Eres su madre.

-Deberías ir a descansar,

así mañana estás fresca para ir al hospital.

-Sí. Si quieres, te puedes quedar en la cama de Silvia.

-Sois muy amables.

-Te puedes quedar el tiempo que sea necesario.

-Pues os lo agradezco mucho,

porque no tengo ánimo para salir a buscar un hotel.

-Tú siéntete en tu casa. -Qué buena gente sois,

se nota que Silvia sabe elegir bien a sus amigas.

Mi niña bonita.

Te juro por mi vida

que, esta vez,

no te voy a dejar marchar. ¡Te lo juro!

(Música melodramática)

-Don Fernando pensó que erais prostitutas.

-¿Qué? -Prostitutas de lujo, claro.

-Pero ¿el tío este...?

Pues me va a oír.

Hoy voy al Moonlight y le canto las cuarenta.

-Déjame hablar con don Fernando.

Estoy seguro de que le haré ver que todo esto es una gran confusión.

-¿Vale? -¿Harías eso por mí?

-Es lo mínimo. Vosotras merecéis una disculpa.

-Eres un encanto, Eladio.

Nos vemos esta tarde.

¿Sigue en el calabozo? Hoy es el segundo "round"

y te aseguro que haré todo lo posible

para sonsacarle quién le contrató.

¡Han disparado a una inspectora de policía!

¿Crees que sus compañeros se conformarán

con detener al que disparó el gatillo?

Van a querer saber más.

Y esa mierda de sicario puede cantar en cualquier momento.

-Es verdad que he tardado mucho tiempo en venir,

pero ahora sé...

ahora sé todo lo que te hice sufrir.

¡Por favor, perdóname!

-Ha sido un detalle que se haya disculpado.

-Ya te dije que eso estaba hecho.

-¿Y dónde está ahora?

-Don Fernando tenía una cena en el círculo de empresarios

y no vendrá en toda la noche.

-No hablamos, solo me dio la pasta.

Claro. Y eso fue suficiente.

En estos momentos, el tal Carlitos te puede estar delatando.

-Fue un intercambio rápido en el parque de Barlovento.

No sabe nada de mí y tampoco de tu madre.

-Como le pase algo a mi madre,

voy a ir a por ti.

Hombre blanco, 25 años, alto y atlético,

con barba, encapuchado y con marcado acento italiano.

Volvemos a la hipótesis de la mafia.

Me sorprende que la 'Ndrangheta

contrate a un tipejo como Carlitos.

Quizá, no sé, se trate de alguien muy cercano

o alguien que tenga miedo a fallar, o a ser identificado.

Alguien de un entorno cercano,

con antecedentes delictivos,

con un odio hacia mí justificado,

con medios y sangre fría suficientes

como para contratar un sicario...

Pues sí, pienso en alguien en concreto.

¿Sabemos algo de quién disparó?

-Esa información es confidencial, lo sabes.

-Está siendo muy duro, Espe.

Es injusto y muy frustrante lo que ha pasado.

Y saber que el responsable lo va a pagar

haría que me quedara más tranquilo.

-Ha llegado el responsable de identificación facial.

Muy bien. Yo misma lo acompañaré al calabozo.

Yo nunca iré a la cárcel.

-¿Te quieres dejar de hacer el machito?

Estás igual de cagado que yo.

-Cuéntame el plan, ¿hum?

Porque, si estás aquí, tienes un plan.

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Servir y proteger - Capítulo 643

21 nov 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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