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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 642 - ver ahora
Transcripción completa

Alguien se ha dejado una cartera en el retrete de caballeros.

-¿Y has mirado a ver si tiene dentro DNI o algo?

-Qué va, no tiene ni DNI ni tarjetas de crédito,

solo dos tarjetas de publicidad y 50 euros.

-No las tengo todas conmigo.

-¿Cómo? ¿Qué más quieres que haga?

-"La gente tan honrada y tan perfecta,

me da mala espina".

-Quiero que el Moonlight sea un local

que esté limpio como una patena.

Y cuando digo "limpio",

no me refiero solo al trabajo de Lourdes.

¿Entiendes? Así que esa parte te toca a ti.

-¡No me lo puedo creer, eso es que no ha mirado bien!

¡Tiene que haber algo

en las fotografías de los documentos!

-Pues no hay nada.

-Le digo que Fernando Quintero

sigue metido en asuntos de tráfico de drogas.

-¿Qué haces por aquí?

Te he llamado. ¿Has oído mi mensaje?

No me digas que te has vuelto a pinchar.

-No. Yo no.

-Bueno, ¿qué? ¿No me vas a presentar?

-Sí, este es mi colega Rulo.

-¿Prefieres que me partan las piernas

antes que pegarle el palo a esa pija?

-No lo tengo tan claro.

-¡Te estoy diciendo que no le va a pasar "na"!

-¿Qué pasa?

-Mi madre ha olvidado sus llaves y necesita las mías.

-Si quieres, se las llevo yo.

-¡No me esperaba compañía!

-¡Policía, baja las manos!

Julián, explícale que tenéis dos opciones:

u os piráis u os entregáis.

(Golpe seco)

(SUSURRA) -¿Cuál es tu plan? -Mi plan es...

que tengo una copia de las llaves de las esposas

en el bolsillo de atrás.

Necesito que me ayudes

porque yo no soy capaz de sacarlas.

Están en el bolsillo de atrás.

-¿Qué hacemos con este?

-Este no nos sirve de "na". Hay que cargárselo.

-¡Ay!

¡Julián, coge la pistola!

(Cabezazo)

-No hagas tonterías.

-Lo mejor es que te entregues. -¡Dispara al poli!

-Te prometo que te voy a ayudar a salir de esta,

pero, por favor, baja el arma.

"Tienes que venir inmediatamente.

Ha sido horrible".

¡Mamá! Mi amor, ya estamos aquí.

Ya estamos aquí.

¿Me está pidiendo

que haga de intermediario al margen de "la famiglia"?

-Además, no tendrás que compartir la comisión.

-No cuentes conmigo. -¿Por qué?

-Dicen que Caimán ha matado a decenas de personas en África.

(GIME DE DOLOR)

-Sigue hablando y te reviento la cabeza contra la mesa.

(PAOLO) -La conversación de ayer nunca existió.

Así que, ni se te ocurra hablarle a nadie

de la propuesta que te hice.

Sabes que Paula y yo te apoyamos,

y pensamos que eres una gran abogada.

Pero creo que puedes usar tu talento en otro sitio

donde no haya gente que venga a robarte a punta de pistola.

No voy a irme. Sé lo que te puede hacer la droga.

Pero también creo que puedes salir y empezar una vida nueva.

-Hubo un momento que pensé que no salíamos.

De repente...

sacaste una fuerza para conseguir que bajara el arma

que yo no sé...

Cualquiera en tu lugar no habría dicho una palabra.

-¿Sabes? En ese salón he sentido que volvía a nacer.

También he descubierto

que el tiempo que me queda quiero vivirlo con intensidad.

(Música emocionante)

Pues claro que lo entiendo, cariño.

Y a tu padre le va a dar rabia, pero lo va a entender.

Venga...

Tú estate tranquila. Dale recuerdos a Julio de mi parte.

Sí, yo también te quiero.

Sí. Venga, hasta luego.

¿Con quién hablabas por teléfono?

Con Olga.

Vaya, llama justo cuando me voy a por la leche.

¿Cuándo viene?

Pues el caso es que no viene, no puede.

¿Y eso?

Que tiene mucho lío con el restaurante.

Vaya por Dios, hace mucho que no nos vemos.

Quería darle un abrazo polifracturante.

Es que se está tratando de hacer un hueco

y está esforzándose mucho.

Además, dice que no coincide en los horarios con Julio

y cuando tiene tiempo libre lo quiere pasar con él.

Ya. ¿Entonces cuándo viene? En cuanto pueda.

¿Y cuándo será, cuando nos jubilemos?

Mira que eres exagerado, ¿eh?

Caray...

Está claro de todas formas

que aquí o en Italia, ha volado del nido.

Ley de vida.

Pues sí, ley de vida, lo hemos hecho todos, cariño.

De todas maneras, ese trabajo es muy estresante.

¿No crees que merece unas vacaciones?

Y nosotros también, ¿no te digo?

Pero a la edad de Olga se aguanta lo que te echen.

Me había hecho a la idea, había hecho planes.

Los podemos hacer tú y yo. En eso llevas razón.

¿Qué tal si nos vamos a tomar una "pizza"?

¿Te voy a recoger a la comisaría?

No, mejor nos vemos allí directamente,

porque quiero hacer unas compras antes.

Vale.

Pues no entiendo yo tanta modernidad.

Esto es una salmuera de toda la vida.

Vamos, una salmuera.

-Hola, María.

-Hola, cuánto tiempo sin verte. Dichosos los ojos.

¿Cómo te va?

-Bueno, ahí voy.

-¿Qué te pongo? -Un café, por favor.

-¿Quieres algo de comer? -No, no tengo mucha hambre.

¿Qué tal va el negocio?

-Ya sabes tú lo que es un negocio, hijo,

que tienes que matarte para que la gente esté contenta.

-Sí, pero por lo menos eres tu propio jefe.

Estoy harto de esa cantinela. ¿No te lo dicen mucho?

-Sí, todos los días hay alguno que me lo dice.

Aquí tienes.

¿Y eso, estás mirando recetas?

-Sí, por variar un poco,

que la gente se cansa siempre de lo mismo.

-De la tortilla no.

-No, de mi tortilla no, afortunadamente.

¿Y tu madre? Hace mucho que no la veo por aquí.

-Es que no le apetece salir, prefiere quedarse en casa.

-Haciendo inversiones por internet, ¿no?

-¿Cómo? ¿Quién te ha dicho eso?

-Me suena haberlo oído por ahí.

-Pues se habrán equivocado de persona.

Toma, cóbrame.

-A ver, las redes están que arden,

la gente quiere detalles del asalto a casa de los Bremón.

Lo que tendríamos que hacer es que Toni entre

y cuente su experiencia para aclarar las dudas.

Ay, Dios... -Álvaro, corazón, tu cambio.

Hola, Lara, ¿qué tal por comisaría?

-Bien, todo bien. Un cortado con sacarina, por favor.

-¿Trabajas en comisaría?

-Sí. Sí, soy policía.

-Ah. Eres compañera de Silvia, supongo.

-Sí, me llamo Lara.

Tú debes de ser Álvaro, por lo que he oído.

-Sí, supongo que hablas oído hablar de mí.

Y me imagino que no tienes un buen concepto.

-Lo siento.

-No te preocupes, me voy acostumbrando.

-¿Ya se ha ido Álvaro? Se habrá quemado la garganta.

-Gracias.

Enhorabuena, Toni.

Tu actuación de ayer fue excelente.

¿Excelente? ¿De verdad?

Claro, si no, no te lo diría.

Dos detenidos, ninguna víctima. Bueno, exceptuando tu cabeza.

-Me he levantado con un dolor de cabeza hoy,

que parecía que tenía un resacón de los gordos.

Pero estás mejor, ¿no?

Sí, fui a urgencias y me dijeron que era solo el golpe.

Pues anímate, hombre.

Pero que no se te suba el éxito a la cabeza.

No.

Si yo cada vez más voy entendiendo cómo funciona este trabajo.

Ah, ¿sí? ¿Y cómo funciona?

Pues... como la rueda de un hámster.

¿Perdona?

Sí, que vas pillando a los malos y parece que cuando los has pillado

ya se acaba todo y de repente

aparecen otros y hay que seguir y seguir. Y eso.

Yo no lo habría expresado mejor.

En fin.

Hoy pavonéate lo que quieras delante de tus compañeros

porque te lo has ganado, pero mañana te quiero al 100%

con cualquier caso que te asigne, con cualquier caso.

Por supuesto.

Siéntate, por favor.

Dame algún detalle más de los asaltantes.

A Julián ya lo habíamos detenido por posesión de marihuana.

Y fue precisamente Verónica la que le asistió

como abogada y la que demostró que la cantidad no era suficiente

para que el juez le condenara.

¿Dices que Julián fue a asaltar la casa de la abogada

que le había librado de la cárcel?

Exacto. Joder.

Este oficio no deja de sorprenderme.

Supuestamente había dejado las drogas.

He hecho, hacía cursos de formación, de empleo,

estaba en el centro cívico asistiendo a terapia.

Pero se ve que ha recaído.

¿Crees que se le podrá aplicar algún atenuante?

Yo creo que sí, inspectora.

Creo que él no es violento en realidad.

Desde que llegó a la casa, en todo momento

estaba diciéndole al otro chaval que pararan

y que se fueran y luego cuando se le fue la olla

y cogió la pistola y Verónica le empezó a hablar,

como que lo que le estaba diciendo, le tocaba de verdad.

Y de hecho gracias a eso dejó la pistola.

Según lo cuentas, el tal Julián parece más una víctima

de las drogas que un delincuente.

Y una víctima de su colega, el Raúl este, el Rulo.

Ese es el que llevaba la voz cantante y sí que era violento.

Madre mía. Qué loco, qué loco.

Estaba ido. Hubo un momento que pensé que nos disparaba.

Tenía una cara que daba la sensación de que hubiera hecho cualquier cosa

con tal de conseguir la pasta. Julián en realidad era su pelele.

Oye y he visto aquí en el informe

que días atrás ellos mismos habían intentado pasar droga

en el Moonlight. ¿Qué sabes?

No me lo tomé en serio, como no lo consiguieron.

Pero si quiere me acerco a preguntar.

No, prefiero ir yo.

¿Por qué? ¿Sospecha que ha vuelto a las andadas?

Bueno, nunca se sabe.

Pero no está de más estar encima.

(RECUERDA) "¿Cuál es el objetivo?

-¿Aceptarías el encargo?

-No aceptaría nada. No sé quién eres, qué quieres,

no sé nada.

Me falta muchísima información. -Claro.

Es una mujer, pero cuidado porque va armada.

Es la inspectora jefe de la comisaría aquí enfrente.

Claudia Miralles, ¿la conoces?"

-Buenos días.

Uy, ¿y estás latas? ¿Me he perdido alguna fiesta?

-Una noche larga,

pero fallo mío. No tenían que estar ahí.

Las tenía que haber tirado.

Oye, ¿qué haces aquí tú?

-He venido a trabajar.

Ayer con todo el lío no me pude preparar bien

la comparecencia en el tribunal de menores.

Lo siento. -Vero.

No contaba contigo, he mandado a otra persona.

-Has hecho bien porque no sé si habría estado a la altura.

-¿No prefieres irte a casa y descansar?

-No, no. Prefiero venir aquí.

En casa no dejo de darle vueltas.

-Ya. Cuando uno ha vivido una situación traumática como tú,

quedarte en el sitio,

la cabeza no deja de dar vueltas

con la sensación continua de que se puede repetir.

-Pues sí. Lo has descrito muy bien.

¿Te ha pasado algo parecido? -Sí.

En África.

Y no se lo desearía a nadie.

-Estoy pensando en cambiar la cerradura e instalar

una alarma conectada a la policía.

A ver si eso me tranquiliza.

-Seguro que sí.

-Oye, ¿a ti te pasa algo?

-Me siento culpable.

Por ti, por Julián también.

Quizá no he estado lo suficientemente atento.

Bueno, yo también me siento un poco así con él.

No deja de ser uno de nuestros chavales en el centro

y todo esto

deja una sensación de fracaso grande.

-No seas tan duro contigo. Hicimos lo que hemos podido.

Y él no deja de ser una víctima de la droga.

-Yo incluso diría una víctima de sí mismo.

A las víctimas hay que protegerlas

Y más cuando sabes que están en peligro.

-No vamos a abandonarle ahora que ha recaído.

Estás hablando de Julián, ¿no?

-Claro, de Julián.

-Lo importante es hacer

lo que uno considera que es correcto.

Buenas tardes.

Claudia, ¿cómo estás? Qué sorpresa.

Te estaba esperando desde el día de la inauguración.

Lo cierto es que tenía intención de venir,

pero a última hora se nos complicaron las cosas

con un caso urgente. Sí, ya sé que en esa comisaría

andáis siempre con bastante lío, no te preocupes.

Por cierto, aprovecho. Lourdes, ¿puedes acercarte un momento?

Te presento a Lourdes, ella es nuestra encargada

de la limpieza. Ella es Claudia Miralles,

la inspectora jefa de la comisaría que tenemos aquí.

Encantada, Lourdes. Igualmente, señora.

-Gracias, Lourdes.

Bien, tú dirás. ¿Qué puedo hacer por ti?

Pues venía a preguntar si conoces a estos dos tipos.

Sí, estuvieron aquí hace un par de noches.

Terminé echándolos del local.

¿Y eso por qué? ¿Qué pasó?

Digamos que estaban haciendo un poco el tonto por aquí.

Andaban molestando a un cliente que estaba ahí sentado.

Parece que estaban intentando ofrecerle algo de droga, ya sabes.

El cliente se estaba poniendo más nervioso,

me di cuenta y les invité a que salieran.

¿Y opusieron resistencia? No, afortunadamente no.

Les amenacé diciéndoles que si no se iban del local,

os terminaría llamando a vosotros

y poniéndoles una denuncia por intentar vender drogas.

Por cierto, también le he dicho a Eladio

que a partir de ahora si los ve por aquí, os llame inmediatamente.

Por eso no tienes que preocuparte. Esta misma mañana

los hemos detenido por robo con violencia en un piso del centro.

Vaya, pues sí que eran dos buenos piezas.

Uno de ellos ha declarado

que habían intentado pasar droga

en este local y yo quería saber

si había sido solo una vez o había habido más.

No, bueno, no lo sé. Que yo sepa,

solo esa vez. Tampoco ha dado tiempo a más.

Llevamos solo unos días abiertos, así que...

Por cierto, el más chungo era este.

Parecía que llevaba la voz cantante.

Este tenía pinta de ser un pringado.

Estaba hecho un manojo de nervios, así que... en fin.

¿Y por qué no nos llamaste?

¿Para qué? ¿Hubiese servido de algo?

Por la pinta que tenían, no llevarían mucho material encima.

Solo lo justo y necesario para consumo propio

si alguno de vosotros le hubiese dado el alto,

o lo hubiese detenido. Creo que hubiese sido una pérdida de tiempo.

Yo creo que no porque es bueno

que la policía esté al tanto de lo que se cuece,

sobre todo tratándose de trapicheo de drogas.

¿Me estás echando algún tipo de bronca, Claudia?

No, te estoy diciendo que si vuelve a suceder algo parecido,

que nos llames enseguida.

Porque precisamente por la fama que tú tienes, y lo sabes,

se pueden levantar suspicacias.

Ya estamos con lo mismo. ¿Vamos a empezar de nuevo?

No sigáis jodiéndome más en comisaría.

Sabéis de sobra que no quiero seguir teniendo

nada que ver con asuntos de drogas ni trapicheos sucios.

Ya no tengo nada que ver con eso.

Me queda claro.

Si quieres que se disipen las sospechas,

haz lo que te digo. Nos avisas.

Está bien, está bien.

De todas formas tú sabes

que no se le puede poner vallas al campo.

Esto es un local nocturno y en la noche suelen aparecer

todo tipo de impresentables. Haré lo que pueda.

A no ser que quieras que ponga a Eladio

en la puerta para que registre a todo Dios.

No saques las cosas de quicio.

Sabes perfectamente a lo que me refiero.

Los camellos terminan sabiendo en qué locales pueden pasar droga

y en qué locales no.

¿De acuerdo? Así que eso suele ser responsabilidad de los locales.

Tampoco saquéis vosotros las cosas de quicio.

No sé cuántas veces más os lo tengo que decir.

No voy a permitir ningún tipo de negocio

ni sucio, ni turbio, ni de drogas ni de nada en este local.

Así que espero que te quedes tranquila.

Si me quedo tranquila, te lo diré con el tiempo. Hasta luego.

Toni. -Ey.

-¿Estás bien? Me he enterado de que ayer estuviste

en un asalto o no sé qué. -Sí.

En casa de la hermana del comisario.

Estaban dos yonquis. Estaba yo con Verónica.

-¿Quién es Verónica?

-Es la madre de Paula. -Ah.

¿Qué hacías tú con ella?

-Pues porque había perdido las llaves,

Paula no podía llevárselas y se las llevé yo,

que nos dimos cuenta de que se las robaron en el centro cívico.

-Bueno, que iban armados. -Sí.

Pero al final conseguimos distraerles y quitarles el arma y detenerlos,

así que por suerte no pasó nada.

-Menos mal, tío.

Lo que no termino de entender es qué hacías tú llevando las llaves

a la madre de tu novia. ¿Ahora le haces recados o qué?

-No es mi novia. -Lo que sea, os dais besitos por ahí.

-Ya no nos damos besitos.

Eh... ¿Nos vemos en otro momento, que me tengo que pirar?

-Vale. -Chao.

-Chao.

-Vale.

OK. -Hola, Verónica.

-Ay, Toni.

Toni, qué bien verte sin estar amenazada de muerte.

-¿Qué tal? ¿Cómo te encuentras?

-Mejor que ayer.

-¿Y qué haces aquí?

-He venido a trabajar.

-¿Has venido a trabajar?

¿No te vas a coger ni un día libre?

-Por lo que veo tú tampoco.

¿Qué tal el día?

-Bien.

-¿Y esto?

-Mejor.

Un poco raro todo, pero bien.

Me han felicitado los jefes, los compañeros.

-Te lo mereces.

-Bueno, pues si yo me lo merezco, anda que tú.

Si no fuera por ti, ahora en vez de estar recibiendo felicitaciones,

me estarían haciendo un funeral con honores.

Qué fuerte, ¿eh?

-Calla, no quiero ni pensarlo.

-¿Tú qué tal has dormido?

-Pues bueno, no muy bien, la verdad, y eso que estaba agotada.

En cuanto cerraba los ojos veía la cara de Julián con la pistola,

pero esta vez disparaba.

-No sé cómo tuviste el valor de venir a hablar con él.

-Tú habrías hecho lo mismo.

Le he encontrado un buen abogado.

Un penalista que llevará todo el proceso.

-Ha estado por la mañana.

Cuando se han llevado a Julián, ha dicho algo

de una promesa.

-Sí, es un pacto que tenemos entre él y yo.

Un pacto que tiene que ver con que deje las drogas definitivamente.

A ver si lo consigue. -Ojalá.

Como lo metan en la cárcel, lo tendrá chungo.

-Ya, de hecho estamos esperando a que el juez

dictamine si tiene que ir a prisión provisional.

(Alarma)

Perdona, pero tengo que irme a una reunión.

-Claro.

-Toni, si quieres podemos hablar en algún momento.

-Sí, por favor. -¿Sí?

-Te dejo mi número, te lo apunto. -Pues toma.

¿Quieres apuntarlo por aquí? -Sí.

¿Aquí mismo? -Aquí mismo.

-Pues nada, te lo dejo.

Si en algún momento te sientes rara y te apetece hablar

de lo que pasó con alguien que le haya pasado...

me llamas, ¿vale? -Vale.

-Lo mismo digo. Si después de las felicitaciones te viene

el bajón, pues me llamas y hablamos.

Te hago una perdida y nos tenemos fichados.

¿Vale?

Hasta luego. -Chao.

-Lourdes, ¿cómo vas? ¿Te queda mucho?

-No, recojo esto y me voy.

-Muy bien, pues yo por aquí

ya he terminado y lo he dejado todo listo para esta noche.

Te espero y lo dejo todo cerrado.

-Señor Quintero. -Sí.

-No es por ser indiscreta, pero...

Esa inspectora de policía,

¿ha pasado algo? -No, no, no.

No ha pasado nada, solo se ha presentado por aquí

para hacer unas preguntas rutinarias

de un caso que está investigando, pero nada de lo que preocuparse.

-Comprenda que impresiona un poco ver aquí a la policía.

-Ya, bueno. Te voy a contar para que no le des vueltas a la cabeza.

Me ha comentado que al parecer un par de tipos

han cometido un robo en el centro

y estuvieron aquí precisamente hace un par de noches, pero vamos,

les invité amablemente a que se fueran y no aparecerán.

-Ah. -Mira, para que te quedes tranquila.

En este tipo de locales, o por lo menos aquí,

viene gente normal y corriente. Gente como tú y como yo.

Gente que lo que quiere es descansar, relajarse un rato

después de un día de trabajo.

Se puede colar algún impresentable o indeseable,

sí, pero como en cualquier otro negocio

que trabaje por la noche, así que no te preocupes.

A esas horas tú estás muy tranquila en tu casa

viendo la tele. -Eso es verdad.

Pero... solo por saber, esos impresentables que dice,

¿qué buscaban aquí? -Nada y si buscaban no encontrarán

nada porque para eso estamos Felipe, Eladio y yo

para impedirle la entrada a ese tipo de gente, así que...

quédate tranquila, que no va a pasar nada.

-Comprenda que es que... criminales, policías...

todos esto a mí... es como si fuera una película.

-Te estoy notando un poco nerviosa desde que ha entrado la inspectora.

¿Ocurre algo? ¿Hay algo que no me hayas contado?

¿Has tenido algún problema con la policía

en el pasado o lo tienes ahora?

-¿Yo? Vamos, Dios me libre.

En mi vida me he metido en ningún lío.

Solo era curiosidad.

-Si era curiosidad, espero que esa curiosidad

ya haya quedado bastante satisfecha

porque me estás acribillando a preguntas

que parece un interrogatorio.

-Perdón. -Voy a por la chaqueta y salimos.

Miguel.

Hola, ¿te acuerdas de mí? Sí.

Mateo, ¿verdad? El marido de Verónica.

¿Qué tal? Si vienes buscándola,

ha salido al centro de menores.

Sí, lo sé, acabo de hablar con ella

y precisamente por eso estoy aquí.

Quería hablar contigo a solas.

Tú dirás.

Supongo que estás al tanto de lo que pasó ayer en mi casa.

Sí, sí.

Lo cierto es que sí y lo siento mucho.

No puedo imaginar lo difícil que será esa situación para vosotros.

La verdad, me siento culpable porque Julián

es un chaval que está vinculado con nosotros

y suele colaborar y estar por aquí.

Todo esto nos ha pillado a contramano.

Ya. Sé que no tenéis la culpa, sé que hacéis una gran labor

aquí con gente que lo está pasando mal,

pero también sé que dos de esos drogadictos

que vienen por aquí, ayer estuvieron a punto

de matar a mi mujer. Toda la razón.

Solo por puntualizar,

Julián sí que está vinculado con nosotros, pero el otro chaval

no tiene nada que ver con nosotros.

Para el caso es lo mismo. Mira, Miguel,

sé que Verónica a mí no me hará caso, pero creo que

tú sí puedes convencerla de que este sitio es

un lugar que no es seguro para ella.

A ella le encanta trabajar aquí.

Y te recuerdo que esto es un voluntariado,

ella no está en nómina como tú.

Puede hacer esa labor en otro sitio

donde haya otro tipo de gente necesitada.

¿Vas a hablar con ella?

Bueno, no...

no contestes ahora si no quieres. Piénsalo.

No sé qué tengo que pensar porque la verdad

no creo que pueda hacer lo que me pides.

¿Por qué no eres honesto? No es que no puedas, es que no quieres.

Te viene muy bien tener a una abogada como ella aquí.

Eh...

Tú eres su marido, así que la conocerás muy bien.

¿Hubieras venido hoy a trabajar, ella ha venido,

si te hubiera pasado lo que a ella ayer?

¿Y eso qué tiene que ver? Mucho que ver.

Habla de la implicación que tiene Verónica

con ayudar a los demás, la convicción que tiene.

No creo que podamos convencerla tú y yo de nada.

Solo te pido que lo intentes.

Pero no quiero intentar convencer a alguien

de algo que no quiere ser convencido.

Solo conseguiría enfadarla y que venga a trabajar con más ganas.

¿Sabes? A mí todo esto me suena a excusas

que te pones para no mover un dedo.

¿No te parecería raro que fuera yo precisamente

el que fuera a hablar con ella para convencerla de algo así?

¿Qué pasa si ata cabos

y de pronto se entera que has venido aquí, a espaldas de ella,

a plantearme eso? Eso me suena a amenaza.

No, para nada, ninguna amenaza.

No sería yo quien fuera a decírselo voluntariamente.

Tu mujer es muy inteligente. No hago nada malo.

Solo me preocupo por ella.

Aquí viene mucha gente que no es de fiar.

Y ayer me quedó clarísimo.

Gente que no hay de fiar hay en todos los lugares.

La única diferencia es que donde tú ves solo un problema,

ella ve una oportunidad para ayudar a los demás

para ayudarles a cambiar su vida.

No hace falta que me digas cómo es ella.

Perfecto. Pues como conoces mucho mejor a tu mujer

que yo sabrás que no se le puede convencer de nada.

Lo que yo veo en ella es una persona con una convicción enorme

por ayudar a los demás.

Para eso hay que ser muy valiente porque a veces es difícil.

No todos podemos decir lo mismo.

Entonces no tenemos nada más que hablar.

Siento haber perdido mi tiempo

y el tuyo de paso.

Hola. -Hola.

¿Qué estás buscando?

-Un expediente de uno de los que entró ayer a tu casa, Raúl.

-De eso quería hablar contigo, de lo que pasó ayer.

Me tienes un poco desconcertada.

-¿Por?

-No me has contado nada.

Ni cómo estás, ni cómo te sentiste ni nada.

Dentro de lo que cabe, bien.

Lo tienes todo en el informe si quieres leerlo.

-Pero no me refiero a eso.

Pensaba que teníamos confianza, somos compañeros.

¿O qué pasa, que como ya no estamos juntos,

ya no podemos contarnos cómo nos sentimos?

-No, es que he estado liadísimo entre...

tomarles declaración a esos dos energúmenos,

hacer las diligencias.

Al final no me tomé ni un café.

-Al menos dime cómo estás.

-Bien.

Bien.

Me ha felicitado Miralles, los compañeros también.

-Qué respuesta más seca.

-No sé qué quieres que te cuente, Paula.

¿Tu madre qué tal está?

-No sé, hoy ha ido a trabajar como si no pasara nada.

-Es muy valiente tu madre, no sé si lo sabes.

-Me preocupa un poco que quiera seguir trabajando en el centro cívico

rodeada de esa gente.

-¿Por?

-Mi padre y yo pensamos que le iría bien

que hiciera otro trabajo, relacionado con el derecho,

pero que no sea tan peligroso.

-Pues ánimo convenciéndola.

Parece ser la típica persona que sabe lo que quiere en la vida

y que no parará hasta conseguirlo.

-Ya. ¿Sabes que seguirá ayudando a Julián Conde a pesar de todo?

-Sí, lo sé. Te diré una cosa, a mí me parece bien.

Gracias a ella, ese chaval saldrá del hoyo.

-Solo te falta formar un club de fanes de mi madre,

siendo tú el presidente.

(SUSPIRA) -No sé, Paula, he vivido una situación tan extrema

con ella. Que casi nos matan a los dos.

Y yo creo que cuando vives algo así,

él ser humano saca partes que de normal no saca.

-Ya. Vamos, que ahora me vas a decir que conoces a mi madre mejor que yo.

-No.

He flipado con lo valiente que es.

Mantuvo la sangre fría en todo momento.

Tenías que ver la inteligencia con la que actuaba todo el rato.

Nos estaban apuntando con una pistola.

Yo estoy vivo gracias a ella.

Los dos estamos vivos.

-Bueno, eso es lo importante, que los dos estáis bien.

-Pues sí.

-Si quieres esta noche vamos a tomar algo y te despejas.

-Pues es que tengo que acabar lo del expediente y unas cosas más.

-Yo estoy acabando con esto. Si quieres te ayudo.

-Es que en cuanto acabe esto me iré directo a la cama.

Si no te importa lo dejamos para otro día.

-Como quieras.

-Chao.

-Llevas mucho rato aquí. ¿Has terminado de trabajar?

-No, la verdad es que estoy esperando la llamada de un cliente

para contarle sobre su cartera de inversiones,

saber qué decisiones tomar al respecto.

Solo que se está haciendo rogar.

-Siempre dices que en la bolsa lo más importante es decidir rápido.

Que si tardas un poco más...

puedes perder un montón de pasta.

-Bueno, es su dinero, él sabrá qué hacer con él.

-Esto de jugar en bolsa es casi como ir al casino, ¿no?

Solo que en vez de invertir en la ruleta,

inviertes en acciones o algo así.

Y los que están forrados les da un poco igual

ganas o perder con tal de pasárselo bien.

-Bueno, que les de igual

perder dinero, eso no lo veo tan claro.

-Si no saben ni dónde gastarse el dinero de lo ricos que son.

Piensa en los que pagaron al chef de Darío Santana este.

Todos forrados y lo primero que hacen, ¿qué es?

Comerse animales en peligro de extinción.

A esa gente habría que quitarles todo su dinero.

Quitárselo todo y dárselo a gente que lo necesite.

Porque para gastárselo en eso.

Carmen.

Toma.

-Siempre habrá gente con ganas de...

probar esa clase de experiencias.

Y lo peor, oye,

pues que sean mis clientes y yo no lo sepa.

-Ya. Pues mira, si quieren probar experiencias fuertes de verdad,

que prueben a quedarse sin pasta a final de mes.

Eso sí que va a ser divertido.

Seguro que les cambia la mentalidad y una buena cura de humildad

nunca está de más.

-Hola. -Hola. ¿Vas a comer?

-Sí, por favor. ¿Me pasas una carta?

-Claro.

Aquí tienes.

-Gracias.

-Voy a salir a la terraza a atender.

Venga.

-Pensaba que iba a esperar en casa noticias.

-En realidad he venido expresamente para que me vean.

Si la policía se piensa que tengo algo que ver con lo de Miralles,

esta es mi coartada.

Además, voy a tomar un buen vino

para celebrarlo.

-Lo tiene todo pensado. Increíble.

-Es una buena guinda para acabar el día perfecto.

¿Qué sabes del sicario?

-Ha estado estudiando los movimientos de Miralles

y ha confirmado que lo hará hoy.

En una hora esta mujer estará muerta.

-Perfecto.

(RECUERDA) -"Estaba leyendo lo del sicario italiano

que habéis capturado.

-Sí, ya te digo.

Por lo menos lo hemos detenido antes de que cometa un asesinato.

El caso lo llevaba mi compañera Silvia.

-Ya".

-Siento que no hayas pegado ojo por mi culpa.

-Las paredes son de papel y quedarte hasta las 03:00

hablando con tu colega de Los Ángeles.

-¿Tan tarde estuve hablando? -Me enteré de todo.

De lo que le montó el tal Mike, de las distancias

que son muy largas, de los cástines.

-La pobre tiene muy mala suerte.

Se fue hace tres años allí a buscarse la vida como actriz

y solo le ha salido un anuncio

y no se le ve nada porque está envuelta en celofán.

-¿En serio? Pobrecita mía.

Me da pena, pero no me tengo que enterar.

-Si tienes razón. ¿Sabes lo que pasa? Que suelo dormir

con tapones para los oídos y antifaz

y me aíslo y no toda la gente tiene por qué hacer lo mismo.

Pero lo siento, no va a volver a pasar.

-Mi fase REM te lo agradecerá. -Ya, venga.

(Teléfono)

Comisaría, ¿en qué le podemos ayudar?

(VOZ DISTORSIONADA) -"Necesito hablar con Orestes."

-¿Con quién hablo?

-"Eso no le importa. Páseme con la inspectora."

-Ya, pero ¿por qué quiere hablar con ella?

-"Es un caso de vida o muerte.

Páseme con la inspectora Orestes."

-Está bien. Le paso.

(Teléfono)

Dime, Lara.

Alguien quiere hablar contigo y parece muy urgente.

Y tiene la voz distorsionada.

Pásamelo.

Silvia Orestes, dígame.

"Te felicito por la captura de Fabio Callas."

¿Quién es? ¿Qué quiere?

"Yo sé cuál era el objetivo que tenía."

Es alguien vinculado con la comisaría.

"La inspectora jefa Claudia Miralles."

¿De dónde consigue esa información?

"Lo van a volver a intentar

de forma inminente. Están avisados.

Muévanse."

-¿Sabemos quién es y qué quiere?

Necesito hablar con Miralles. ¿Sabes dónde está?

Ha salido. ¡Cógelo, cógelo!

Espe, ¿sabes dónde puedo encontrar a Claudia?

No sé, ¿no está en su despacho?

Voy a hablar con Bremón.

¿Vengo en mal momento? -No, no.

¿Cómo estás? -Bien, bien.

-¿Terminaste el turno?

-No, solo he venido a ver cómo estabas. Ayer...

me quedé algo preocupada.

-Ya pasó todo. No te preocupes.

-Se nota. Tienes mejor cara.

-Sí. Eh...

Te pido perdón

por haberte pedido así que te fueras y demás.

-No te preocupes. Todos tenemos días malos a veces.

-Así es.

¿Tú conoces la historia de Sísifo?

-No.

-Es mitología griega.

Los dioses castigan a Sísifo

teniendo que empujar una piedra enorme por una ladera

de la base hasta la cima.

Y cuando llega a la cima,

la piedra vuelve a caer rodando.

Y la tiene que volver a subir una vez y otra vez y otra vez.

-Supongo que tú te sientes como Sísifo.

-Un poco sí.

Tengo la sensación de haber hecho un gran esfuerzo,

y haber estado empujando esa piedra enorme

y por fin haber llegado a la cima y de pronto tener

la posibilidad de hacer algo diferente,

de cambiar las cosas, de ayudar.

Y justo en ese momento, la vida

me da un golpe y me vuelve a poner en la casilla de salida.

-Te entiendo.

A los policías nos pasa algo parecido.

Cuando trabajamos tan duro para desarticular redes criminales

y al poco tiempo vuelve a aparecer otra red y otra red,

a veces es bastante frustrante.

-Imagino que uno al final se pregunta para qué vale esto.

-Bueno, imagínate si no existiera la policía

o gente como tú en el mundo. Si está tal y como está,

si tú y yo no estuviéramos pues... sería...

-Un caos.

-Es lo que intento pensar yo.

-Oye, ¿me dejas que...

que repare lo de anoche?

-¿Eso qué significa? -Significa que

si me dejas que te invite a cenar

a un peruano que... bueno,

me han dicho que está muy bien.

-Pues cómo negarme, ¿no?

Acepto encantada.

-Perfecto. Te espero aquí. Cuando termines te vienes.

-Sí.

(Móvil)

Un segundo.

Betanzos, dígame.

No, no estoy con Claudia ni en la comisaría.

No, no la he visto. ¿Por qué?

En dos minutos estoy allí. Ahora os ayudo a localizarla.

Chao.

Me tengo que marchar. Te veo luego. -Claro.

(Puerta)

¿Sí?

Hola, Antonio. Hombre, Bremón.

¿A qué se debe la visita? Cuéntame.

Es un asunto oficial.

¿Pasa algo con Claudia?

No, no. Es solo que se ha dejado el móvil en la comisaría

y necesitamos contactar con ella.

¿Tú sabes dónde está?

¿Qué ocurre?

Nada en particular.

A ver,

nos han pedido unas diligencias los juzgados y ella se encargaba.

Si fuera eso me hubieras llamado por teléfono. ¿Qué está pasando?

(SUSPIRA) Primero, por favor, dime si sabes dónde podemos localizarla.

Hemos quedado a tomar una pizza en el centro comercial

y ella me ha dicho que va a ir antes para hacer unas compras.

Orestes, soy Bremón. Escucha, estoy con Antonio.

Puede que la inspectora jefe

esté comprando en el centro comercial.

De acuerdo.

Allí nos vemos.

¿Me vas a decir ahora lo que pasa?

Nada en particular. Puede ser una falsa alarma.

Tengo derecho a saber

lo que está pasando

si Claudia está en peligro.

Antonio, hemos recibido una llamada anónima

diciéndonos que es posible que Claudia

esté siendo seguida por alguien.

¿Seguida? ¿Cómo es eso de seguida por alguien?

Por un asesino a sueldo.

Pero ¿qué me estás contando? Antonio,

puede ser un error o incluso una broma pesada.

Tú piensas que no es eso porque no estarías aquí.

Es solo precaución, de verdad.

Como se dejó el móvil, no hay manera de localizarla.

Queréis comprobar si está bien.

Sí, y corroborar que la amenaza es falsa

porque, de lo contrario, se le asignará una escolta.

Te voy a acompañar al centro comercial.

Escucha, Antonio, es mejor que te quedes aquí.

En cuanto haya una novedad, vas a ser el primero en saberlo.

Si, como tú dices, fuera una broma,

mi presencia allí no va a molestar, ¿no?

Por ahora no nos lo hemos tomado en serio. Es solo precaución.

Hazme caso. Es lo mejor.

Me voy solo, ¿vale?

Gracias.

¿Cuándo te lo mando?

Vale, dame diez minutos y te lo mando a este correo electrónico.

Sí.

Vale, OK. Hasta ahora. Chao.

-Señora.

-¿Sí? -Disculpe si soy indiscreta, pero...

He visto una mancha de sangre en el suelo y dos en un cojín.

¿Ha pasado algo?

-Sí, entraron unos ladrones a robar.

-¿Aquí? ¿En casa?

-Sí. Y lo peor es que estaba con un amigo cuando...

cuando llegué todavía estaban aquí. -¡Ah!

Madre mía. ¿Y qué pasó?

-Nos retuvieron con una pistola.

Creían que había una caja fuerte

y querían que les dijera dónde estaba.

Y a mi amigo que es policía pues...

lo golpearon en la cabeza. Pero bueno,

al final todo terminó bien.

-Bueno, pues espero que les cojan y que les metan en la cárcel

porque no hay derecho a que les hagan esto a nadie.

-Bueno, no sé si la cárcel es la mejor solución.

Al menos para uno de ellos.

-¿Por qué dice usted eso?

-Conozco a uno de los ladrones.

Es solo un chaval.

Un drogadicto con el mono que necesitaba dinero para droga.

Es un chico que está intentando rehabilitarse y salir del agujero.

Le dije que...

que si bajaba el arma,

que le ayudaría.

Y, bueno, eso he hecho.

He llamado a un buen abogado amigo mío

y ahora estamos esperando si lo mandan a prisión o no.

Pero está aterrado porque...

no sabe qué se puede encontrar.

-Imagino.

-Si al final lo condenan, voy a ayudarlo a salir de la droga

porque ese es su problema.

Y me da una pena porque este chico

tiene buen fondo.

¿Lourdes, qué te pasa?

-¡Ay, perdone!

Perdone, señora, perdone.

-Perdona, no debí contártelo. ¿Te ha afectado mucho?

-¿Se acuerda que le dije

que yo había perdido un hijo con 21 años?

-Sí.

(LLORA) -Pues fue por la mierda de la droga, señora.

Yo intenté sacarle, se lo juro.

Hice todo lo que pude.

Pero cuando intentaba salir,

esos carroñeros asquerosos iban a por él otra vez.

Era un buen chico.

Como ese del que usted me habla.

Ojalá hubiera encontrado a alguien como usted.

-Lo siento mucho. -Prométame una cosa.

Prométame que va a ayudar a ese chico.

Porque...

seguro que en algún sitio

hay una madre sufriendo mucho.

-Te lo prometo que lo voy a hacer. -Perdóneme, señora.

Disculpe. Perdone.

¡Claudia!

Qué susto me has dado. ¿Qué haces aquí?

¿Estás bien?

Sí, claro, ¿por qué?

No me digas más.

Me he dejado el teléfono,

ha pasado algo grave y me estáis buscando.

Estamos en comisaría movilizados buscándote.

Dime qué es lo que ha pasado.

Recibimos una llamada informando de que el objetivo de Callas,

el sicario de la mafia... Ajá.

Eres tú.

¿Y habéis identificado a la persona que ha llamado?

No, era un varón con un distorsionador para la voz.

No ha dado su nombre.

Esto es absurdo. ¿Qué puede tener la mafia contra mí?

No lo sé, pero no se andaba con bromas.

Verás, en la prensa han salido las iniciales F.C.,

pero ha nombrado claramente a Fabio Callas.

Pero Callas está detenido, está ahora en Italia.

Si no os ha dicho nada más en la llamada es absurdo

que nos alarmemos y que pongamos en jaque...

toda la comisaría.

Sí que ha dicho algo más.

Afirma que lo van a intentar de forma inminente.

¿Me estás diciendo que van a mandar a otro matón

para pegarme un tiro?

No lo sé, pero preferiría que fueses a un lugar seguro.

Y así lo averiguamos.

Yo creo que tenemos que asegurarnos de esa información.

No me voy a esconder por una llamada.

Si se confirma, quiere decir que hay un asesino buscándote que...

¡Cuidado!

(Disparos)

¡Levanta las manos!

Y no se te ocurra moverte.

No te muevas.

Silvia, lo tengo.

¿Silvia?

No te muevas, ¿eh? No te muevas.

¿Silvia?

¡Silvia!

Claudia, ¿cómo estás?

¿Esa sangre?

Bien. Estoy bien.

Es... la sangre es de Silvia.

¿Seguro? Sí.

¿Qué ha pasado?

-Un tiroteo.

-¿Y ha habido víctimas?

-Pues sí, una.

-¿Alguien conocido?

-Silvia.

-¿Silvia? -Perdona,

¿qué acabas de decir?

Esa bala era para mí, Emilio. Esa bala era para mí.

Escúchame, por favor,

cumplió con su deber.

Nuestro trabajo consiste en salvar vidas

y eso conlleva riesgos.

Todos los conocemos y todos los asumimos.

Silvia también.

¿Cómo está Verónica? Bien, bien, bien.

Incluso demasiado bien diría yo.

¿No está muy afectada por lo que pasó en casa?

No, no. Según ella es un simple susto.

Ha vuelto a trabajar hoy.

No me lo puedo creer. Sí, en el centro cívico.

A uno de los ladrones lo conocía de allí.

¿Qué te parece?

Esta mañana fui al centro cívico

para hablar con Miguel.

Le pedí que te convenciera para dejar ese lugar.

(SUSPIRA) ¿Por qué lo has hecho?

Lo del robo no ha sido una tontería.

Tengo miedo de que te pase algo si seguimos tentando a la suerte.

Es increíble.

¿Así valoras lo que hago?

-¿No te estás dando cuenta

que esas tres son unas profesionales, hombre?

-¿Habla en serio? -Claro que hablo en serio, Eladio.

Claro que hablo en serio. Solo tienes que fijarte un poco.

¿No ves cómo están mirando a todos los hombres?

Están viendo cómo está este mercado para ver si hacen clientela nueva.

-¿Sabéis quién ha sido?

-Bueno, le hemos... le hemos detenido al tío que disparó, pero no...

no ha declarado todavía.

Estoy hecha polvo.

En comisaría están todos destrozados.

Si pudieran...

se presentarían aquí para...

para saber qué pasa.

Ya me lo imagino.

¿Qué haces aquí?

-Estaba tratando con tu madre

dudas sobre el funcionamiento de la destilería.

-Bueno, claro, es que después de la paliza que le dieron a Isidro,

no tiene demasiada empatía con él.

-Dejad de decir tonterías porque sé por qué Paolo está aquí.

No soy imbécil.

-Hola.

¿Esperanza Beltrán?

-Sí, soy yo.

-¿Qué tal? Soy Berta, la madre de Silvia.

Porque soy policía si no,

ahora entraba y le estampaba contra la pared

para que nos contara lo que sabe.

Si te sirve de consuelo,

yo también me tengo que contener.

Y la verdad es que me cuesta.

Hay que averiguar cuanto antes

quién y por qué le contrataron para hacer ese trabajo.

No te preocupes.

Lo averiguaremos

cueste lo que cueste.

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Servir y proteger - Capítulo 642

20 nov 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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