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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 626 - ver ahora
Transcripción completa

"La delincuencia se ha convertido en un inquilino más

para los vecinos de Distrito Sur.

El caso de las tarjetas clonadas es la gota que colma el vaso".

¿No te parece indignante? De verdad, ¿eh?

¿De verdad piensan que no hacemos nada?

Los periodistas van a hacer muchas preguntas

sobre los temas delicados de los últimos meses,

incluida la muerte de Ricardo Soler.

No te quiero exponer,

y menos cuando en Jefatura nos han dado a la persona idónea.

Por mucha transparencia que traiga ella a la comisaría,

lo único que va a hacer es informar lo que tú haces,

proteger a la gente y meter a los malos en la cárcel.

-¿Me estás pidiendo que me olvide de cómo mataron a tu hermano?

¿Que me quede tan tranquila mientras aplauden

a la asesina de tu hermano? -No.

Simplemente creo que la solución no es

estar pensando en esto 24 horas.

-Lo que te quería preguntar es si te importaría dar la charla

tú sola.

-Es por Miguel, ¿no?

Creo que, no sé,

somos adultas y podemos hablarlo.

-Me gustaría poder gestionar esto de otra manera, pero no me sale.

Sabrás, por otro lado, que mañana se reincorpora

un pilar de esta comisaría, ¿no?

Elías Guevara, es verdad.

Pues de eso quería hablar contigo porque no está tan claro

que se vaya a reincorporar mañana.

¿Qué me estás queriendo decir?

Tendrá que hacerse una revisión, unas pruebas...

En fin, ya conoces a Elías. No se lo va a tomar muy bien.

Si tu tío me pilla enrollándome contigo,

me va a caer un paquete.

Y lo último que necesito es un expediente.

Lo siento, pero es que no va a funcionar esto.

-Desde luego que no va a funcionar.

Me has decepcionado mucho.

-Tienes que tomar una decisión. ¿Quieres ir en serio

o andar hueveando?

-No sé porque por un lado me gusta, pero no es igual

que cuando empecé con Paty.

A mí lo que realmente me preocupa es que vuestra relación interfiera

en el trabajo de Toni como agente y en tu formación.

Me gustaría seguir estando contigo, si quieres.

-Pues claro que quiero.

Sí.

-Cuéntanos eso de contratar a mecánicos.

-Fíjese en esta columna de aquí.

Es el dinero que entra en el taller ahora mismo.

Y la única manera que tenemos

para justificar estas cantidades

es fingir que Álvaro tiene aquí a personal trabajando

16 horas al día, porque solo no podría facturar tanto.

-En realidad, tiene todo el sentido.

-No te pongas así, por favor.

Ya sabes que...

Sabes que siempre he cumplido con mis objetivos.

Yo no te estoy pidiendo que lo convenzas.

Yo te pido que lo llames.

Te pido que le digas que hay un socio tuyo

que quiere hacerle una oferta.

Y ya está. Luego hablo yo.

-Ya...

-Mira, no quiero ponerme borde, pero no te lo estoy pidiendo.

La decisión ya está tomada.

-Está bien. Vale.

Le llamaré y concertaré una cita, ya está.

(Música emocionante)

-¡María, va! -¿Qué?

-Que dejes de frotar eso que no va a salir más brillo.

-Ya lo sé. Si es que no sé ni dónde tengo la cabeza.

-¿Y eso por qué? ¿La vuelta de Elías?

-Estoy muy agobiada, ¿eh?

-¿Cómo es que no has ido al aeropuerto?

-Porque me ha dicho 20 veces que no fuera y yo por no discutir...

-Pues escríbele un mensaje a ver cómo va.

-100 mensajes le he escrito. No me contesta.

-Eso es porque todavía está volando, así que tranquilízate.

Que hay un montón de retrasos. -No le tenía que haber hecho caso.

Estoy por irme al aeropuerto ahora. -Mira, eso es una buena idea.

Así le das una sorpresa.

-¿Te quedas tú al cuidado de esto?

-Eso ni se pregunta, por Dios.

-Cómo te quiero, Paty.

-¿Está la jefa?

-Pero ¡bueno! ¿Qué haces tú aquí ya?

-Mira, para una vez que llega el avión a tiempo

y que no hay cola, y, mira, me ha traído uno que debía ser

el primo de Fittipaldi.

"Bonjour, ma chérie".

-¿Quién es Fittipaldi?

-Un piloto de carreras que era un figura.

Era el más rápido. Tendrías que conocerle, ¿no?

-No, yo es que en la prehistoria no estoy muy puesta.

-Deja de llamarme viejuno y dame un beso.

-Oye, ¿por qué no contestabas a mis mensajes?

-Porque lo dejé en modo avión para darte una sorpresa.

Pero lo voy a encender, no sea que me llame alguien.

-Oye, ¿qué tal por París?

-Bueno, Fontainebleau, porque yo París lo he visto

colgado de algunas fotos en mi cuarto, pero, bueno,

ha merecido la pena.

Aquí está el nuevo Guevara dispuesto a dar mucha guerra.

-El barrio te espera. Sigue igual de guerrero que siempre.

-¿Te vas a tomar unos días de descanso o...?

-En absoluto. Yo voy a comisaría a ver qué se cuece.

No sea que se hayan olvidado de mí.

-Ya te digo yo que no,

que tus compañeros te echan mucho de menos.

María, voy a aprovechar y voy al mercado

y así os ponéis al día, ¿vale?

Y saco estos churros de paso.

-Qué ganitas tenía de verte, mi amor. -Y yo, mi amor.

Por cierto, Isra me manda muchos besos para ti.

Me recogió de la clínica y me acercó al aeropuerto.

-¿Cómo están ellos?

-Pues él está muy contento de que esto haya acabado

y de que lo hayamos superado.

-Y yo también, mi vida.

-Lo sé.

-Entonces, ¿qué? Ya estás plenamente recuperado

para incorporarte a tu vida normal.

-Totalmente.

Llevo dos semanas,

bueno, preparándome para la...

la vuelta a la realidad.

-No sé, ¿quieres subirte a casa,

no sé, a dejar las maleticas o a descansar un poco?

-Bueno y luego te voy a dar un regalito que te he traído.

-Ah, ¿sí? Un regalito y todo. ¿Qué es?

-Es una tontería, pero yo creo que te va a gustar.

-Me gusta que te hayas acordado de mí.

-Tienes que atender a tus clientes. -Que sí, que sí.

-María, uno con leche y dos solos.

-Qué bien que hayas vuelto a comprar kéfir.

-Pues sí. Como te cuesta tanto desayunar bien y vi que te gustaba...

-Pues sí. Así que síguelo comprando que me encanta.

-A mí me encanta verte de tan buen humor.

Y creo que no se trata solo del kéfir.

-Bueno, es que hoy he dormido muy bien.

-Eso es que estás contenta.

¿Tiene que ver con tu binomio?

-Por favor, no empieces. No quiero hablar de Toni, ¿eh?

-Por lo menos, dime si habéis aclarado las cosas.

-No me atosigues, "porfa".

-Usted perdone, pensaba que mis consejos le habían ido bien.

-Muy bueno el kéfir.

Luego nos vemos.

-Chao.

¿Ya se ha ido Paula?

La verdad es que no la entiendo.

¿Por qué?

Un día me habla de sus líos amorosos

y al día siguiente me esquiva.

¿Líos amorosos con ese tal Toni?

Sí. Parece que se ha enamorado de su compañero.

No sé si le conviene.

El otro día vino a buscarla a casa y parece simpático.

Un poco básico para mi gusto,

pero no es a mí a quien tiene que gustarme.

Ni a ti.

Y te digo otra cosa,

conoces bien a nuestra hija y sabes que si intentas alejarla

de él, mal vamos. Acuérdate de los primeros novios

cuando estudiaba la ESO.

Sí, pero era una adolescente. Ahora ya es una adulta.

No sé. No sé si está saliendo realmente con ese Toni,

pero, por sus reacciones, parece que hay algo.

Bueno, y si así fuera, no se acabaría el mundo.

Yo solo digo

que, no sé, me esperaba otro tipo de persona para ella.

No prejuzgues a ese chico.

Acuérdate que yo tampoco pasé la prueba en Pedralbes

cuando empezamos a salir tú y yo. Tuve que soportar...

a muchos de tus amigos y a muchos de tus familiares

mirándome por encima del hombro.

Y, aun así, nada nos impidió ir a por todas.

No.

Un simple estudiante de medicina de clase popular

saliendo con la heredera de una de las mejores familias

de Barcelona. ¡Qué escandalo para tu abuela!

No compares.

A ver, ¿qué es lo que no te gusta exactamente de Toni?

Pues, para empezar, que sea policía.

Eso es un doble riesgo.

Míralo por el lado bueno, la protegerá como a nadie.

Mi hermano también es policía y, peldaño a peldaño,

le ha ido muy bien.

Emilio es muy ambicioso, muy trabajador, vale mucho

y yo no sé si ese tal Toni llegará tan lejos.

¿En qué quedamos? No te gusta porque es un donnadie

o porque es policía.

Mateo, no saques las cosas de quicio.

Oye, una cosa, de esto que hablamos no le digas nada a Paula, ¿vale?

¿Que no le diga nada de qué a quién?

Me voy.

Chao.

-Isidro, solo será un momento.

Paolo tiene que proponerte un negocio.

Si no te interesa, te largas y ya está.

No tiene ningún compromiso.

Vale, perfecto.

Nos vemos a las 18:00 en el taller.

Un abrazo.

(SUSPIRA)

-¿Qué dice Isidro?

-Qué vendrá a la reunión, pero que no se fía de Paolo.

-No me extraña. -Mamá...

-¿Tengo que repetirte lo que pienso del italiano?

-No hace falta, pero le tenía que hacer este favor.

Solo le quiere proponer un negocio. No hay nada malo.

-A mí lo que no me gusta es que te meta a ti por medio.

-Si solo voy a ser intermediario.

-Y con tantos medios que tiene,

¿no sabe llegar a él de otra manera?

-Sí, pero conmigo es mucho más fácil porque le puedo allanar el terreno.

-A ver, hijo,

desde siempre, nuestra regla ha sido

no meternos en los asuntos de los demás.

-Ya lo sé, pero no va a pasar nada, te lo juro.

-Sí, sí que pasa.

Te estás convirtiendo en el chico de los recados

de los italianos.

Hazme caso, hombre.

Que aún veo venir los problemas.

Esa gente arrasa con todo.

Se les ha metido en la cabeza quedarse con el negocio de Demetrio

y no pararán hasta conseguirlo. -Mira que eres cabezona.

Que solo le quieren proponer un negocio

para blanquear el dinero de la destilería.

Es bueno para Demetrio.

-Tú y yo sabemos

que la mafia empieza quedándose un trocito del negocio

y, después, se lo quedan todo.

-Ah, entonces, también se van a quedar con el taller.

-Pues no lo sé.

Espero que no.

Espero que los Soler podamos seguir por libre.

La mafia nunca hace favores, hijo.

Y si los hace,

se los cobran con creces.

-Mamá,

fíjate en la pasta que hay en las cuentas.

-Cariño, la pasta no es lo más importante en la vida.

Hay cosas mucho más importantes:

la seguridad,

la libertad de movimientos...

Y todo eso se pierde cuando te alías con esos indeseables.

-Vale, vamos a dejar el tema.

Me voy a currar al taller.

Tómate las pastillas

y si necesitas cualquier cosa, me llamas.

-Sí.

Adiós. Que vaya bien.

-¡Elías! ¿Qué tal?

Has vuelto.

-Sí. Aquí me tienes en plena forma.

-Se te ve estupendamente, la verdad.

-Gracias. Tú tampoco estás mal.

-¿Qué tal el tratamiento?

-La verdad es que he tenido que trabajar

de lo lindo. -Me imagino.

-Esas terapias son muy duras.

Con un nivel de exigencia muy fuerte.

Aunque lo peor no fue el principio, sino de la mitad para el final.

-Ya. Cuando acabas consolidando los cambios de hábito,

de repente piensas que puedes salir y todavía no es el momento, ¿verdad?

-La verdad es que estaba deseando que acabase la terapia y...

Pero, bueno, ya me ves. Estoy fenomenal. Mejor que nunca.

-Sí. ¿Qué tal la vuelta a casa? ¿Te da un poco de vértigo?

-Pues no del que yo esperaba, la verdad.

-Las clínicas lo tienen todo muy bien pautado.

-Pues sí, son muy estrictos.

Cada hora del día nos la tenían llena con una estricta disciplina.

Nos hacían cantar, hacer puzles, colorear mandalas...

-¿De verdad?

-Yo, menos cantar, he prometido que voy a seguir

coloreando mandalas y haciendo puzles.

-Mientras que te tenga la mente en alerta.

-Bueno, a mí lo que me ayuda a tener la mente alerta es perseguir a cacos.

La verdad es que...

necesito con urgencia sentirme útil

y volver a mi vida normal.

-Por si acaso, no bajes la guardia, ¿de acuerdo?

Por lo que pueda pasar.

-¿Qué quiere decir?, ¿que vuelva a...?

-No, lo que quise decir es que, después de una rehabilitación,

tienes que volver a enfrentarte al mundo real

y estarás más vulnerable. -Para el carro, Antonio.

Sé que estoy preparado para enfrentarme al mundo real.

He pasado por esto antes y, no es que lo diga yo,

lo dicen los médicos.

-Lo importante es que, además, tienes una buena muleta

donde apoyarte, María, además del trabajo.

-Pues sí. La verdad es que María es lo mejor

que me ha pasado en la vida.

Me voy para la comisaría

a ver qué se cuece. -Mucho ánimo.

-Me alegro de verte. Chao.

-Buenos días. ¿Necesita usted algo?

-Tú eres nueva, ¿no?

-Bueno, ya lo ve. Soy agente de policía.

¿Viene a denunciar un delito o a renovarse el DNI?

-No, no me hace falta tu ayuda. Gracias.

-Oiga, yo creo que usted me debe un respeto.

-Yo creo que me deberías de tener un poco de respeto tú a mí, ¿no?

-Sí, si yo respeto a los señores mayores.

Sobre todo, si están perdidos como usted.

-Tú no sabes quién soy yo, ¿a que no?

-¡Elías, compañero! Pero qué alegría.

-¿Es usted Elías Guevara?

-El mismo que viste y calza. Qué guapo, ¿no?

-Como sigas llamándome de usted, tú y yo tendremos unas palabritas.

-No, no. Le prometo...

O sea, te prometo que no lo voy a volver a hacer.

Me voy, que tengo mucho trabajo. -No, no, espera.

Mira, Elías, te presento a Paula Bremón.

Es una de las nuevas compañeras como agente en prácticas.

-Bremón, ¿de qué me suena a mí ese apellido?

-No te hagas. Es la sobrina del comisario.

-Sí, pero es circunstancial.

Bueno, me... me voy.

-Bienvenida. -Gracias.

-¡Ey, Alonso! ¿Qué tal tu hijo?

Aquí todo el mundo pasa de mí mogollón, ¿no?

-Ah, ¿sí? ¿Y yo qué he hecho? ¿Pasar de ti?

-No, tú eres diferente.

La gente me ignora.

-Anda, no te rayes. Tú sabes que a estas horas

aquí, en la comisaría, hay mucho lío.

-Así que, nada,

la sobrina del comisario, ¿no?

-Sí, es Paula. Es muy maja y bastante bien dispuesta.

-30 años de servicio para que, luego, nadie sepa

quién eres.

-Compañero, ¿y tú qué quieres? ¿Que cuando vayan a la academia

a los agentes en prácticas le saquen una hoja con una fotito tuya

y les digan: "Vamos a estudiar la gran leyenda de Elías Guevara"?

-Desde que me he ido te has vuelto un poquito irónica, ¿no?

-Pues tú desde que has vuelto, me doy cuenta que sigues igual

de cascarrabias. -Sí y a mucha honra. ¿Qué pasa?

(RÍE) -Pues mira, yo sí que te he echado un montón de menos

para que lo sepas. Desde que no estás,

aquí nadie se queja de nada y todo es buen rollo y sonrisas.

-Oye, como sigas por ahí... me vuelvo para Francia, ¿eh?

(RÍE) -Anda, deja de ser tan gruñón.

-Oye y los delincuentes, ¿qué tal? ¿Cómo van?

-Mira, eso sí que no ha cambiado. (ASIENTE)

-Para tu información, aquí tenemos una buena lista de archivos

con unos que agreden, otros que atracan, otros que extorsionan...

-Que se preparen, que ha vuelto Elías Guevara.

-Cuánto me alegro. Porque mira, cuando les conducen a los calabozos

más de uno pide por ti. -Pues que se preparen, que vuelvo

como un toro y con la cabeza engrasada

para resolver los casos que teníais pendientes.

-Demasiado animado. -¿Cómo que demasiado?

-El problema de las adicciones a las drogas o el alcoholismo es

que son procesos muy complejos, María.

-Pero bueno, Elías ya está limpio, ¿no?

-La falta o el exceso de confianza en uno mismo puede dar al traste

con todo este trabajo tan duro que ha tenido.

He visto a muchísimas personas venirse abajo a la primera de cambio

después de salir muy animados de rehabilitación.

-Ya. Quieres decir que Elías podría volver a recaer.

-Bueno, no quisiera ponerme en esa tesitura.

Lo que quiero decir es que le falta muchísimo trabajo todavía por lidiar

y no sé si es perfectamente consciente.

Sería una pésima noticia, ¿no? Que después de tanto esfuerzo,

todo se viniera abajo.

-Pero yo... lo he visto estupendo, ¿no?

-El problema de las adicciones es que después de la rehabilitación,

sigue habiendo un problema profundo

y los adictos no pueden bajar la guardia nunca.

Especialmente en el alcoholismo, que no es una enfermedad

como las demás. Puede no verse y estar minando al paciente.

-Ya. Quieres decir que... que bueno, que Elías...

va a ser alcohólico el resto de su vida.

-Es muy bestia decirlo así, pero es verdad.

Lo importante es que cuente con el apoyo de los que le rodean.

-Hombre, si es por eso, ya sabes que por mí no va a quedar.

(SUSPIRA)

-Sí, este también estuvo de vuelta en la comisaría.

Estaba fichado por nada, lo típico, trapicheo y tal.

-Elías, pero ¿qué hace aquí el viejo zorro de Distrito Sur? (RÍE)

-Bueno, mejor déjalo solo en zorro.

¿Cómo te va? Ya eres un policía del todo, ¿no?

-Pues sí, con todas las de la ley. Mira.

-¿Sacaste buenas calificaciones? -Para enmarcarlas.

-¿Cómo te ha dado por quedarte en Distrito Sur?

-Por mí. No, mentira.

Lo eligió él porque nos quiere mucho y le gusta.

-He aprendido aquí todo lo que sé de los mejores como tú.

-Ese es mi chico. Luego te invito a lo que quieras en La Parra.

-Te tomo la palabra, ¿eh? No, en serio,

no se me ocurría mejor sitio al que ir.

-La verdad es que este barrio engancha,

cuando estás lejos se le echa de menos.

-Es verdad, cuando estaba en Colombia, lo echaba de menos.

-Bueno y ¿qué? ¿A quién te han puesto de binomio?

-A Paula Bremón la nueva agente en prácticas.

-¿Qué me dices? (ASIENTE) -Me la asignó el comisario.

-Eso es que confía mucho en ti, ¿eh? Bueno, bueno, bueno.

Mi viejo amigo Elías. Y otra con lo de viejo,

dale que te pego. (RÍE) ¿Qué tal el viaje?

Pues la verdad es que muy bien, genial.

Aquí me tienes, dispuesto para lo que sea.

Ponme de binomio a Nacha, ¿eh? (RÍE) Bueno, vamos a tomar un café

y vamos hablando, ¿no? Enseguida vuelvo

y nos ponemos al lío. Vamos.

Inspectora. -Bienvenido, Elías.

(SUSPIRA)

Por cierto, me dijo Celia que íbamos cortos de prótesis mamarias

y de bótox. He hecho el pedido,

pero tengo que enseñarle a que lo haga ella.

Me dejas tranquilo. Pensé que teníamos problemas de "cash flow".

Mateo, de los dineros ya me encargo yo.

Eso desde luego. De los dineros te encargas tú.

Por cierto, la primera semana ha ido muy bien. Entre el ingreso que hizo

la constructora por la indemnización y los clientes, vamos muy por encima

de lo previsto. Genial, hay que seguir esa línea.

Por cierto, mira esto. ¿Qué es? Ah, ¿el resumen

de la prensa de la inauguración? Sí. Lo ha enviado la agencia hoy.

Tuvimos un gran impacto en medios y no solo en prensa especializada.

Entonces, ¿seguimos con la agencia? Sí, contrataré un "forfait"

para que nos representen. Creo que nos saldrá rentable.

Oye, qué guapo estoy aquí con Gala Suárez, ¿no?

(RÍE) Bueno, fuiste la estrella de la presentación.

Bien, bien. Nombran a Verónica. Bien,

para mí era importante que reconozcan su papel.

Ah, pero salís por todas partes, ¿eh? Ya.

Siento mucho que no te nombren. ¿Cómo que no?

Aquí, mira, al final de la columna. Andrés Coll, anestesista.

Ya, pero deberían nombrarte mucho más.

Estoy acostumbrado a estar en segundo plano.

Espero que no te hirieran el orgullo.

No puede estar herido porque prácticamente ya no me queda.

Además, tengo muy asumido

que quien lleva clientes y fama a la clínica son tus obras de arte.

Pero no te quites mérito, porque si tú no llevaras las cuentas

y no fueras el mejor anestesista posible,

nada de lo que tenemos estaría ahí. Del anestesista no nos acordamos

hasta que vienen mal dadas.

Y mira que la especialidad de anestesista es

una de las más complejas en medicina.

¿Te acuerdas de lo que decía Farres en la universidad?

El anestesista es como el defensa de un equipo de fútbol,

su posición es fundamental, pero solo nos acordamos de él

cuando la caga. (RÍE) Y la estrella siempre tiene

que estar en el frente, metiendo goles. (RÍE)

Y está claro que la estrella eres tú.

Yo me conformo con ser un buen defensa.

Pero yo no sería ni la mitad de goleador si no fuera por ti.

Has estado siempre ahí, a las duras, a las maduras,

por eso te aprecio tanto como compañero y amigo.

(RÍE) Vamos a dejar de darnos jabón, que tenemos pendiente

la operación del señor García. ¿A qué hora era?

Pues yo tengo la pre dentro de media hora.

¿Media hora? (ASIENTE)

Tío, te lías a hablar... ¿Quién? ¿Yo? Pero si eres un loro.

-Pues me gustaría contarte mil aventuras, pero la verdad es

que la vida en la clínica es un muermo.

El momento más excitante era la comida

y nada que ver con los pinchos de María.

Y ¿hacías terapia todos los días? Terapias, en plural.

Solo, en compañía, deporte... Mira, pintar mandalas era una terapia.

Ah, ¿sí, mandalas? Sí, dedicábamos casi una hora

a pintar mandalas. Al final, le he cogido afición.

Hoy, viniendo en el avión me he hecho uno porque tenía así ansiedad

de venir, llegar y veros a todos. O sea, que ¿te relaja?

Sí. Bueno, luego están los puzles, que son una pasada. (RÍE)

Pero ¿como terapia también? Sí. Venga y ahora,

cuéntame tú, que estoy ávido de noticias del exterior.

¿Tan aislado te han tenido? Bueno, en las últimas semanas

me han dejado ir tomando contacto con la realidad progresivamente.

Eso sí, bajo estricta vigilancia.

Entonces, te habrás enterado del cambio climático, ¿no?

Sí y de algunos sucesos que han ocurrido en Distrito Sur.

Si quieres no hablamos de ello.

Han sido unas semanas horribles.

Todo lo que te diga es poco.

Yo creo que en todos los años de mi carrera,

nunca lo he pasado tan mal

y tú sabes perfectamente que yo he tenido momentos tremendos.

Bueno, hemos estado en muchas batallas, compañera.

Ya,

pero ver morir a ese chaval en brazos de su madre...

Elvira Soler.

Le va a costar perdonártelo. No, no me va a perdonar.

Ha jurado vengarse y te prometo que lo ha intentado.

¿Cómo?

Pues... hackearon el ordenador de Antonio en el centro de salud

para intentar demostrar que mi actuación había sido

bajo los efectos de los ansiolíticos.

¿Qué me estás contando? ¿Lo ha hecho ella?

Tengo fundadas sospechas.

Verás, en esa época, en su casa vivía una amiga suya,

una mujer que conoció en la cárcel de Picasent,

una fiera con los ordenadores.

Y precisamente por eso, no lo puedo demostrar, porque no dejó rastro.

Ya supongo que lo habrás pasado fatal, ¿no?

Pues sí y para rematar la faena,

los de Régimen Disciplinario mandaron a Antúnez.

Así que, imagínate.

Y...

luego está lo de Ibarra.

Siento... Siento mucho no haber estado a tu lado, Claudia.

(SUSPIRA) Bueno.

Oye, tengo que... Tengo que decirte algo importante.

Oye, ya te adelanto que yo lo que quiero es calle, ¿eh? (RÍE)

Claudia... Pero mira quién tenemos aquí.

Al oficial más madurito y gruñón de comisaría. Buenos días, comisario.

Dame un abrazo, hombre.

(SUSPIRA) ¿Cuándo has vuelto, Elías?

Pues hace un par de horas. Y ¿ya estás aquí?

Bueno, es que no podía esperar a ver cuándo me incorporaba

al servicio activo. (RÍE)

La verdad, he echado mucho de menos el ritmo de comisaría.

Hoy cuando he visto a Toni con su placa, he tenido

un pellizquito de envidia.

Ya veo, Claudia, que todavía no le has contado nada, ¿verdad?

Bueno, estaba a punto de hacerlo.

Contarme ¿qué? Me estáis preocupando.

A ver, ya sabes que gracias al informe que presentaste

de tu clínica en Francia, bueno, pues...

hemos conseguido recurrir la sanción que pesaba sobre ti.

Sí, lo sé y os agradezco mucho vuestra ayuda. Gracias a ella,

puedo reincorporarme al servicio activo.

Pero verás, hay un último escollo.

Tu reincorporación definitiva debe esperar a que un terapeuta

del cuerpo dé su visto bueno.

Pero...

¿A santo de qué? Si están los informes de los médicos

de la clínica Francesa. Ya sabes que hay que seguir

un protocolo, Elías. Bastante que hemos conseguido adelantar

tu reincorporación. Bueno, eso es verdad.

Elías, no han pasado ni tres meses de todo esto.

Pues no entiendo por qué me tienen que hacer otro examen, otro informe.

Si quieren un informe que lean

el de los terapeutas de Fontainebleau.

Elías, los servicios médicos de Jefatura es lo que han pedido.

Un terapeuta del cuerpo debe validar tu rehabilitación.

Es la única manera para que te puedas reincorporar.

A ver, yo sé que esto es muy duro, pero no te pongas tenso.

Esas entrevistas son puro trámite.

Son pura burocracia y son una mierda. Y si no lo supero, ¿qué?

¿Qué me pasará?

¿Qué? ¿Qué son esas miradas?

Si no superas las pruebas, Elías,

tendrás que jubilarte.

(SUSPIRA)

-A ver.

Esto... un poquito... de hielo estaría mucho mejor.

Ahí está.

Toma.

Otro más.

Ahora.

Bueno, ahora esto.

Aquí lo echamos todo

y luego ponemos...

Y ahora viene le toque Eladio.

-¿Se puede saber qué demonios estás haciendo, Eladio?

-No puede ser que un camarero del "Monli" no sepa hacer cócteles.

Estoy ayudándome con "La biblia del barman".

-¿"La biblia del barman"? ¿Esto es "La biblia del barman"?

-Sí. -Vaya, qué sorpresa, ¿no?

-Y más que le voy a sorprender cuando lo pruebe.

-Pero esto está... Esto está un poquito manoseado.

¿Dónde lo has encontrado? ¿En una tienda de segunda mano?

-Sí, lo compré por cuatro duros, pero es muy bueno, ¿eh?

Ahí viene todo. Ahí viene todo, mire.

Los utensilios, los... los ingredientes,

el tipo de cócteles... Mire, ahí viene el Bloody Mary,

el Francisco, el mojito, el... el gin-tonic de toda la vida,

la margarita... Y estoy aprendiendo todas las recetas.

-Ya, ya, ya. Ya te veo que tienes aquí liado...

Y ¿qué se supone que estás preparando ahora?

-La bebida de Bond, del James Bond. ¿Sabe quién es?

-Sí, hombre, claro que sé quién es. Solía beber "dry Martini",

pero ¿por qué le has puesto hielo?

-Es que eso no lo pone en el libro. Eso es el toque Eladio

para que esté más fresquito. -Ya. Ya, ya, ya, ya.

El toque Eladio, dices. -Sí.

-Y ¿no te parece que le falta algo? -Eh... Ah, sí.

¿Ve? Una peladura de limón.

Ya está. -Se llama "twix", Eladio.

Se llama "twix" el limón. -Es usted un entendido, ¿eh?

-Bueno, digamos que me he visto unas cuantas veces las películas

del agente 007, o sea que...

-Pues nada. Está perfecto. Pruébelo, pruébelo.

Dese el gustazo, jefe. (RÍE) -¿Que lo tengo que probar yo?

-Claro. -Sí, claro.

(SUSPIRA) -Vamos allá.

-Eh... ¿Qué pasa? ¿No me ha salido bien? ¿No está bueno?

-Tranquilo, Eladio, tranquilo.

En fin, es el... ¿Se puede saber qué demonios le has echado a esto?

-Pues ginebra, Martini y un poco de zumo de limón.

-Zumo de... limón. Verás, Eladio, por favor, deja de ponerte creativo.

Esto de los cócteles no es lo tuyo, no inventes más.

No improvises más, que no hace falta.

-Don Fernando, acabo de empezar. Con un poco de práctica, iré

mejorando, claro. -No, no, no, Eladio.

De verdad, creo que esto es algo que no se va a mejorar con práctica.

Cuando algo no es lo tuyo, no es lo tuyo. No pasa nada.

Tranquilízate. -Y ¿quién va a servir?

Usted no puede estar al pie del cañón siempre.

-No te preocupes, María anoche me dio varios teléfonos

de unos camareros profesionales y me voy a poner a llamarlos

a ver si solucionamos el asunto. -¿Cuándo va a entrevistarlos?

-Esta noche. Si puedo, esta misma noche.

-Alguno habrá que sepa hacer cócteles

sin necesidad de la jodida biblia esa.

-A ver, no te habrás molestado por lo que te he dicho, ¿verdad?

-No, no. Si usted está en su perfecto derecho.

El "Monlig" es su negocio y yo solo intentaba echarle una mano,

pero ya veo que es imposible. Vamos, ni cuando intenté conseguir

el dinero que necesitaba para abrir el local ni haciendo de camarero.

Menudo inútil que soy. -Que no, hombre, que no.

El único inútil he sido yo que me he precipitado demasiado

queriendo abrir cuanto antes. Debí haber esperado lo suficiente

para tener el equipo formado, contratados a los camareros

y después haber abierto, pero... -Ya, pero yo me quedo en la calle.

-¿Cómo te vas a quedar en la calle? Aquí hay mucho trabajo que hacer.

Alguien tendrá que encargarse de la seguridad, ¿no?

Mira, de los albaranes, por ejemplo, de controlarlos cuando nos lleguen

los envíos, de hablar con los proveedores,

hay mucho trabajo por hacer. -Ah, ¿sí?

-Claro que sí, Eladio. Mi mano derecha no tiene que estar

sirviendo copas aquí, detrás de la barra.

Tú tienes que hacer otra cosa que tenga más caché, ¿entiendes?

-Entonces, lo que usted me mande será estupendo.

-Eso es, eso es, pero de los cócteles mejor te vas olvidando, ¿vale?

-Pues le pongo un poco de agua. -Sí, ponme un poco de agua con limón.

-¿Con hielo? -Mejor el agua sola,

no le pongas nada. Déjalo.

-Esto está atascado, ¿eh?

(SUSPIRA) -Se está retrasando y no me gusta.

-Paciencia. Isidro es un tío serio. Si dijo que vendría, no fallará.

-Espero que tenga una buena excusa, porque no me gusta hacer negocios

con gente informal, yo solo me relaciono con quien me inspira

confianza. -Te he dicho que es de fiar,

pero también te digo

que no te aseguro que quiera entrar en el negocio.

-Cuando se lo explicaré dirá que sí. -Yo no lo tengo tan claro.

Isidro y su padre son gente muy sencilla.

Llevan muchos años dedicándose a la destilería

de forma muy artesanal y a lo mejor, una red de blanqueo de capitales

les viene muy grande. -Claro, porque todavía hay gente

que no se da cuenta de que el dinero es poder, el dinero es libertad.

¿Quién dice que no a eso? Sería de imbéciles

renunciar a sacar tajada por no hacer nada.

Tú sí que lo entendiste. -Vaya,

te tenía como un tío mucho más romántico

y menos materialista.

-Bueno, si amar el dinero significa ser románico,

yo soy muy románico, ¿eh? -Ya,

pero pensaba que todo esto lo hacías para devolver tu deuda a la mafia.

Y según lo que dices, no tengo la sensación de que tu objetivo

de vida sea cogerte una moto e irte con tu novia a recorrer el mundo.

-Ah, bueno,

"Bimbo", te voy a explicar una cosa, ¿vale?

"Capo".

Hasta que consiga salir de la rueda de la hámster y hacer realidad

mis sueños, yo pertenezco a una organización

que lleva reglas y yo tengo que respetar estas reglas.

Y además, tengo que pensar como ellos piensan, ¿vale?

-¿A qué te refieres con la rueda del hámster?

(RÍE) -Es el estilo de vida en el que estamos atrapados todos

que quemamos nuestros días corriendo dentro de una rueda

que genera dinero poco a poco para gastarlo poco a poco.

Y llega un momento en que perdemos la noción de vivir

para seguir corriendo dentro de una rueda.

Es una locura, sin algún destino.

Yo sigo metido en una rueda, pero tengo un destino

y estoy reuniendo bastante dinero para dar el salto del acróbata,

que me va a impulsar fuera de la rueda. ¿"Capisci quando parlo"?

-Isidro, pasa. Mira, este es Paolo, el tío del que te hablé.

-Isidro, encantado de conocerte. -Hola.

-Mira, acompáñame, por favor, porque quiero explicarte

los pormenores de la operación.

Aquí he hecho como una comparación entre lo que ganas tú con tu trabajo

y lo que podrías llegar a ganar trabajando con nosotros.

(SUSPIRA) -Madre mía, he metido la pata hasta el fondo.

Había un señor en la puerta con cara de despistado

y le he preguntado qué quería.

-Y ¿cuál es el problema? -Pues que el señor mayor era

Elías Guevara. -No. (RÍE)

Vale, bueno, no creo que se haya rayado. Es majo.

-Me han dicho que es un ogro. ¿Cómo se lleva con mi tío?

-Eh... Bien, no sé. Con respeto, como todos.

A tu tío no hay quien le tosa. -No sabes qué cara

cuando ha sabido que era su sobrina. -¿En serio?

Bueno, deja de rayarte por todo.

Es buena gente, de verdad.

No le vuelvas a tratar como si fuera un señor mayor

y ya está. -Bueno, vale. Te haré caso.

-Paula, por favor, que puede entrar cualquiera.

-¿Y qué? Estamos juntos, ¿no?

-Sí, estamos juntos, pero me gustaría llevarlo

con discreción.

-Madre mía, tú sí que te rayas. -No me rayo. Es solo que...

no me gustaría estar en boca de todos y esta comisaría es muy pequeña.

-Lo importante es que el comisario no lo ve mal.

Lo que piensen los demás da igual.

-¿Cómo que no lo ve mal? ¿Se lo has contado a tu tío?

-Bueno, a ver...

-Buenas, pareja.

Seguid a lo vuestro como si yo no estuviera.

-Estamos hablando de la vuelta de Elías.

-Ah, yo pensaba que estabais pelando la pava.

-Eh... ¿Qué dices, Espe?

-¿Qué pasa? Pero ¿dónde te piensas que estamos?

Estamos en una comisaría. Aquí somos especialistas

en resolver misterios, en hacer interrogatorios

a ver cuando alguien miente, cuando no...

Me voy a tomarme el café a mi mesa. Vosotros a lo vuestro, pareja.

Chao.

-Chao.

-Lo sabe Espe. La hemos liado ya.

-Tampoco es tan grave, ¿no? -Sí es grave.

Si lo sabe Espe, lo sabe todo el mundo.

Espe es la radio de la comisaría.

¿Me puedes explicar qué es eso de que se lo contaste a tu tío?

-Que tampoco ve inconveniente en que tú y yo en la comisaría...

-Hombre, los tortolitos. ¿Qué tal?

-¿Qué dices de tortolitos, Nacha?

-¿Qué pasa? ¿Me he pasado o qué?

-Madre mía...

-Bueno, a ver, que tampoco tiene nada malo que estemos juntos, ¿no?

-O sea, que sí que es verdad. Se confirma que estáis juntos.

-Ya hablaremos tú y yo, Nacha, después. Ya hablaremos.

-Pues nada.

-No me vuelvas a llamar para algo así, Álvaro.

-Tranqui, tío, y perdona.

-¿De qué hablabais?

-Me ha dado las gracias, pero no quiere saber nada.

-¿Qué?

Perdona, es la primera vez que me pasa

porque otra gente a la que le he hecho la presentación

ha alucinado con lo que iba a ganar.

¿Y ahora qué pasa?

-Te he dicho que Isidro es como su padre.

No lo ha visto claro y no se quiere meter.

Ha estado bastante incómodo.

(HABLA EN ITALIANO)

-Hay que ser imbécil porque hasta un niño de pecho

comprendería que se trata de ganar dinero fácil y rápido.

Alguien te llama a tu puerta,

te ofrece dinero

¿y tú le dices que no?

-Paolo, nadie regala dinero a cambio de nada.

Y esta gente prefiere vivir tranquila y ahorrarse problemas.

-¿Eso te lo ha dicho él? -Nos lo ha dicho a los dos.

No se quieren arriesgar y terminar en la cárcel

si les pillan.

-Si les pillan.

¿Y no saben

que quienes pasan menos tiempo en la cárcel

son los que pueden pagarse buenos abogados?

¿Cuántos banqueros hay en la cárcel?

-No lo sé, pero algunos hay. -Muy pocos.

Muy pocos comparado al número de desgraciados

que pringan por delitos de poca monta.

Si se delinque, acuérdate, hay que delinquir a lo grande.

-Yo pienso igual que tú,

pero no toda la gente es así.

Hay gente a la que le da mal rollo este tipo de chanchullos.

-O sea,

¿me estás diciendo

que tengo que decir a mis jefes

que se olviden de la destilería?

-No sé. No tengo ni idea, tío.

Pero hay un montón de negocios en Madrid

que te podrían valer de lavandería.

Hay un montón de gente que aceptaría este trato.

-Es que no es fácil acertar el tiro,

¿vale?

Yo no puedo arriesgarme a proponérselo

a gente limpia que luego se va con el cuento a la policía.

Yo necesito gente como Isidro y su padre,

que ya están metidos en los negocios turbios

y estoy seguro de que no se chivarán.

-No, por eso no te preocupes. Son de fiar.

Pero si te han dicho que no, creo que no van a cambiar de opinión.

-Vale.

Vale.

Pero a "i capi"

no les gusta recibir la negativa.

Chao.

-He encontrado un paquetico ahí arriba.

Lo he dejado en la mesa del salón.

-Es tu regalo.

-Ah, pues luego, cuando suba, lo veo.

Que no me tenías que haber traído nada.

¿Y esto qué? ¿Esto también es para mí?

-Esto... Esto es mío.

Es que me han pedido que siga haciendo puzles

todos los días.

-¿A modo de medicación?

-Sí, bueno. Yo me he comprometido a hacerlo.

Aunque yo creo que estoy bien. Estoy ya curado.

-Pero si te han dicho que lo hagas, tampoco te vendrá mal hacerlo.

-No me des la murga. Déjalo ya, venga.

-No me gusta ni chispica verte así, ¿eh, Elías?

-¿Cómo quieres que esté después del jarro de agua fría

que me han echado Miralles y Bremón?

-Tampoco ha sido para tanto. Ese examen lo pasas tú en un pispás.

-Yo no me fío nada de esos psicólogos burócratas.

Para ganarse el sueldo son capaces de encontrarte cualquier bobada.

-Elías, de verdad, no me gusta que hayas vuelto de París para estar así.

-¿Así cómo? He venido feliz. He venido pletórico.

Tranquilo, con ganas de volver al tajo.

-Y vas a volver. Si va a ser cuestión de días.

-Da la impresión de que, no sé...

de que me quieren prejubilar y me quieren arrinconar

como a un mueble. -Que no. ¿Cómo va a ser eso?

Eso sería si todavía no estuvieras curado.

Si aún estuvieras... No sé...

-¿Cómo, a ver? Termina la frase.

¿Si aún fuese alcohólico?

-No, no iba a decir eso.

Sabes perfectamente que yo confío plenamente en ti.

Además, si te han dejado salir de la clínica es porque estás curado.

-Yo sé que tú te fías de mí, de verdad,

pero es que lo importante no es lo que pienses tú.

-Ya...

Ponte tú también en el papel de tu jefe

y de los altos cargos.

Tendrán que asegurarse de que todo va bien.

Ellos no van a trapichear con las pruebas. Son profesionales.

-A esos test psicológicos los carga el diablo.

-Mira, Elías, tú estás de los nervios,

pero es que me estás poniendo de los nervios a mí también.

Así que me voy a ir a barrer.

-Si te apetece, después vamos para allá.

-Hola, María. ¿Ya cierras o nos da tiempo

a tomarnos una cervecita? -Os da tiempo

y, además, os invito si lográis animarme al lechuzo aquel.

-Hecho.

¿Qué tal compañero? ¿Qué estás haciendo?

-Matando el rato.

-Anda, ¿ahora te ha dado por hacer puzles?

-Ya ves.

-Oye, te acuerdas de Rocío, ¿verdad?

-Sí. Tú le tenías cierta afición a las carteras, ¿no?

-Sí, le tenía. Ya se me ha pasado.

Ahora estoy limpiando oficinas. Bueno, y con un poquito de suerte,

igual soy programadora informática.

-Felicidades. ¿Qué pasa? ¿Ahora sois amigas o qué?

-Un poquito más que amigas. Bueno, estamos juntas.

-Ah, pues... felicidades de nuevo.

-Como nos sigas felicitando con ese tono,

lo que va a pasar es que nos vamos a deprimir, ¿verdad?

-Deja ya la barrila esa de llamarme sieso.

Si estoy serio es porque tengo mis razones.

-Ah, ¿sí?

A ver, ¿cuáles son las razones? Que yo no me he enterado.

Cuando te vi en la comisaría, estabas que te salías.

-Eso fue antes de pasar por el despacho de Miralles.

-¿Y qué te ha dicho Miralles?

¿Que no te puedes reincorporar todavía?

-No, que...

los loqueros del cuerpo me quieren hacer otro examen

a ver si me falta algún tornillo.

-Esos exámenes son pura formalidad.

No te preocupes que seguro que sacas nota de sobra.

-Esos procedimientos, a veces, valen para refrescar

y oxigenar el cuerpo y meter gente más joven, Nacha.

-Que no. ¿Por qué eres tan negativo?

Ya verás como en unos días ya estás conmigo en las calles.

-En tres días me veo en la calle, pero jubilado.

Eso para mí es como enterrarme en vida.

-Ya, lo sé.

Pero no te pongas en lo peor, amigo, que eso no va a pasar.

-Bueno, con la edad, he aprendido que mejor ser pesimista

que iluso. Te llevas menos chascos.

-Chicas,

aquí tenéis vuestras cervezas.

¿Y tú qué quieres, Elías?

-Yo tirarme por un barranco, pero...

Lo mejor será que te ayude y así cerramos cuanto antes.

-¿Tú lo has visto cómo está?

-Es que no hay manera.

-¡Toma!

Tercera partida ganada y ya no hay revancha posible,

pero, si quieres, seguimos.

-¿Estás haciendo trampas o soy muy malo?

-Creo que es que yo soy muy buena.

-Está bien saberlo por si apuesto dinero contigo.

-A mí no me gusta apostar dinero. Yo prefiero apostar besos y abrazos.

-Te recuerdo que el que perdí fui yo.

-Ya, pero yo tengo derecho a reclamar lo que he ganado.

Toni, ¿qué pasa? -¿Qué?

-¿Aquí también tienes que estar vigilando?

-Que no.

-Ah, ¿no? Pues a ver si te relajas,

porque estás más tenso que la cuerda de un arco.

-Bueno, vale, sí, lo admito.

Tengo todo el rato la sensación de que nos va a pillar tu tío.

-Pero si mi tío es guay.

-¿Tu tío es guay?

Tu tío es muchas cosas, pero guay...

-Lo que quiero decir es que mi tío es más abierto

que mis padres. -Joder.

-Vaya, pues parece que tienes un currículo impresionante,

sí, señor.

Por lo que dice aquí, has trabajado en las mejores coctelerías

de todo Madrid.

Ah, y también me comentó María

que te fuiste a Cuba para aprender a preparar

el daiquiri este que solía tomar Hemingway.

-Sí, sí. Allí conocí a un camarero del Floridita.

-Ah, del Floridita. Vaya, qué bien.

Y, en fin, ¿podrías prepararme ahora uno de esos daiquiris, por ejemplo,

para probarlo? -¿Solo de prueba?

-Bueno, más que como prueba, yo diría que incluso

como parte de tu trabajo,

porque si aceptas el puesto, es tuyo.

Mañana mismo te presento el contrato. -Perfecto.

-Vale, pues prepárame ese daiquiri porque estoy deseando probarlo,

Felipe. -Marchando.

-Gracias.

Pareja, ¿qué tal? Disculpad la molestia, ¿eh?

¿Os apetecería tomar un cóctel invitación de la casa?

-Venga, claro.

-Quiero presentaros a Felipe, nuestro nuevo barman a partir de hoy.

Estará aquí siempre a vuestra entera disposición.

-Hola, Felipe.

-Toni, es una recomendación de María

de La Parra. -Ah, sí, ¿eh?

Pues yo te voy a pedir una cerveza más que un cóctel.

-Toni, por favor, ¿te vas a pedir una cerveza

teniendo la oportunidad de probar uno de sus cócteles exóticos?

-Es que lo exótico no me va mucho.

Pero venga, te voy a pedir un gin-tonic.

-Ya veo que tiras la casa por la ventana.

-¿Y a ti qué te apetece tomar?

-Pues yo... Yo quiero un Tom Collins.

-Mira, Tom Collins. Muy buena elección.

Deberías aprender de ella. ¿Oído, Felipe?

-Oído. -Venga, gracias.

Recuérdale a Celia que no vuelva a programar

tres rinoplastias seguidas en un mismo día

que acabo hasta las narices.

Las has hecho porque has querido.

Ya, pero si yo no me controlo, que alguien me frene.

Y, si no es Celia, por favor, hazlo tú.

Me voy a casa que creo que hoy me he ganado el suelo ya.

Espera, que tenemos que hablar de algo urgente.

¿No puede esperar hasta mañana? Estoy agotado.

No, porque, además de urgente, es grave.

Bueno, espero que lo sea.

Este mes

has hecho muchos gastos con tu tarjeta de empresa.

Con mi tarjeta de empresa... No, creo que no.

Pues yo tengo aquí unos extractos

que son una barbaridad.

Pues no lo sé. A lo mejor, alguna comida o así,

pero nada importante.

Club Burbuja, 2467 euros.

Club Edén, 1605 euros. Limusinas Delicias 980 euros.

¿Y tú esta mañana quejándote con los gastos de la empresa

y te estás fundiendo el "cash flow"? No, déjame ver.

Esto no puede ser. Yo no he hecho estos gastos.

Tiene que ser un error del banco.

Mañana llamaré. ¿Me puedes jurar que no estás detrás de esto?

Claro, te lo juro. ¿Qué te crees? Yo no creo nada, Mateo,

pero nos conocemos. ¿En serio?

Uno, dos, tres, cuatro, cinco prostíbulos distintos.

¿Quién te crees que soy yo?

No sé lo que haces o dejas de hacer en tu tiempo libre.

¿Insinúas que soy un adicto al sexo o algo?

No insinúo nada, pero sé qué hiciste los últimos 20 años.

Te juro que estos gastos no son míos.

Mira, mejor vamos a dejar el tema.

Bueno, la otra opción es que te la hayan robado.

No.

Aquí está y no recuerdo la última vez que la usé.

Mateo, yo sé que intentas recuperar a Verónica

y que no vas a decir nada que pudiera comprometerte,

pero yo soy el administrador de esta empresa

y tu amigo y tengo que saber la verdad.

Y si te tengo que cubrir otra vez, sabes que lo haré.

Que yo no he hecho esos gastos.

Puede que, en alguna ocasión, haya mentido

y me haya ido a dar unas conferencias con unas amigas,

pero no me he gastado ese dineral en ese tipo de cosas.

Pues habrá que llegar al final de este asunto.

Tienes que ir a comisaría, poner una denuncia

y anular tus tarjetas.

Sí, mañana por la mañana voy a hablar con mi hermano

pero, de momento, que esto quede entre tú y yo.

Tranquilo, que no le diré nada a Celia.

No estoy hablando de Celia, sino de Verónica.

Me voy a cambiar.

Sí, vete a cenar,

marido ejemplar.

-Toni es muy majo y me trata muy bien.

Así que tranquila.

-Al principio, todos los novios son encantadores,

pero, al final, descubres que son unos farsantes

y unos egoístas.

Prefiero encargarme personalmente a mi manera.

Pues tú quédate en la clínica. Sobre todo, sé discreto.

A ver si conseguimos que no se entere nadie.

Venga, luego te cuento.

¿Algún problema?

No, nada grave. Era Andrés.

Que han adelantado la hora de una liposucción.

Así que me tengo que ir corriendo para la clínica.

Elías y yo anoche no estábamos para fiestas ninguno de los dos.

-Pero ¿qué ha pasado?

-Que venía tan contento pensando que se iba a incorporar ya

a la comisaría y las cosas no han salido

como él pensaba.

-¿No le dejan volver? -Así como así, no.

-A ver, ¿qué pasa, hombre? Que te noto preocupado.

-Pues que yo venía con la intención de reincorporarme a comisaría

inmediatamente y resulta que en Jefatura quieren

que me someta a más pruebas psicológicas.

Y, bueno, en esas andamos.

-Tampoco pasa nada, ¿no?

Supongo que serán unas pruebas rutinarias

de estas de protocolo y lo único que tendrás que hacer

será esperar a que te den las pruebas porque todo va a estar bien seguro.

Es solo tener un poco de paciencia.

-Tú sabes que un alcohólico...

es un adicto para toda la vida.

Y yo qué sé, si volvió a recaer después de años sin beber,

ahora que está pasando todo esto y lleva solo meses...

Casas de mujeres de compañía,

hoteles de lujo,

champán francés...

Estás dudando de mí.

Que yo no he hecho esos gastos.

Emilio, me duele que no confíes en mí.

¿Qué haces aquí, papá?

Hola, Paula.

He venido a hablar con tu tío.

No hace falta que disimules, sé a lo que viniste.

-Demetrio, tranquilízate porque no entiendo nada

de lo que dices.

¿Qué ha pasado exactamente?

No, te juro que no sé nada.

Pero ¿está bien?

Vale. ¿En qué hospital estáis?

-Estoy hecha un lío.

-A ver, Ángela,

que no puedes cerrarte a sentir algo así

porque luego te vas a quedar con las ganas

y te vas a quedar comiéndote la cabeza pensando

qué hubiera pasado si hubieras estado con esa persona

y te hubieras dado la oportunidad.

-El problema es que...

cuando me enamoro, pues...

me vuelvo vulnerable

y tengo mucho miedo a que me rechacen, Nacha.

-Mira que Paolo me lo advirtió,

que a sus jefes no les iba a gustar un no por respuesta,

pero no pensé que llegaran tan lejos. -¿Y qué te esperabas?

Si arrasan con todo.

Esto, a la larga, nos va a traer problemas.

-Yo te aprecio mucho, amiga, y no quiero verte sufrir.

Al fin y al cabo,

Mateo te quiere.

-Pero ¡yo no quiero que me quieran así!

Así que, por favor, si eres mi amigo y me aprecias,

cuéntame lo que está pasando.

-Soy tu amigo y te aprecio. Y lo sabes.

-Pues entonces demuéstramelo.

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Servir y proteger - Capítulo 626

28 oct 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. anonimo

    hay problemas para ver el capitulo capitulo-626

    28 oct 2019