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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 615 - ver ahora
Transcripción completa

A partir de ahora, cuando llegues a casa,

no me beses ni me des explicaciones.

Seguiremos manteniendo nuestro matrimonio, las formas,

pero cada uno va a hacer su vida.

Tu madre, abogada de oficio. ¿Qué problema habría, Mateo?

Primero, que no es tan fácil que te admitan.

Hay que cumplir una serie de requisitos.

Estoy pensando en otra cosa, acércate al centro cívico.

Los abogados que tienen allí llevan casos de desahucios,

de inmigración, de...

Pauli, tú conoces a tu madre.

¿La ves defendiendo a ese tipo de gente?

Yo lo que quiero es colaborar de forma altruista.

Mira, Miguel, para mí el dinero no es un problema.

Yo lo que quiero es ayudar a los demás

y sentirme realizada como abogada.

Pero ¿qué se supone que vas a hacer allí?

Ayudar a gente con riesgo de exclusión social.

Lo siento, Vero, pero no te imagino defendiendo a esa gente.

Y no sabía que te interesaba tanto la justicia social.

Si te hubieras interesado más por mí que por tus amantes,

seguro que me conocerías mejor.

Pero lástima, ya es demasiado tarde para ti.

-¿Qué pasa? -No os lo vais a creer.

-¿Qué? -Me ha tocado la rifa del mercado.

-Piénsatelo bien, con calma.

Y si lo ves claro, me dices y te hago el negocio del siglo.

-María, que has duplicado el premio.

-¿El doble? ¿6000 euros? ¿Así, sin hacer nada?

-Bueno, perdón por la modestia. Sin hacer nada...

Es que lo he hecho yo por ti.

Yo no soy responsable de la muerte de su hijo.

No.

Actué con proporcionalidad.

Desde que llegué a Distrito Sur,

no has hecho otra cosa que perseguirme y matar a mi hijo.

Fue la oportunidad que buscabas para destrozarme.

¡Asesina! Si persiste en esta actitud,

no me va a quedar otro remedio que detenerla, Elvira.

(TARTAMUDEA) He tenido un encontronazo

con su mujer en la plaza.

-Le voy a tomar el pulso. ¿Me permite?

-Voy a vivir momentos muy duros con esta enfermedad.

Y quiero tenerle cerca.

-Podría readmitirla, pero con una condición:

que no hable mal

ni se meta con mi mujer delante de mí.

-Vaya...

-Sí, es que hay que saber...

cuando...

una sobra.

-La verdad es que entre esos dos parece que hay tema, ¿no?

-Completamente evidente.

Ayer me sentí como un pez fuera del agua.

Y eso que me quedé muy contenta con la charla

y luego con las cervezas y eso.

-Pero ¿había complicidad en plan amistad

o tú crees que a Miguel le mola Ángela?

-Completamente.

Pero vamos, es que cuando la ve, se le ilumina la cara.

-¿Te parezco especial?

-Me pareces una mujer muy valiente.

Muy muy valiente.

-Poder de convicción sí que tienes.

Daré esa charla, pero te digo una cosa,

no me responsabilizo del resultado y, si hago el ridículo,

no te enfades, ¿vale?

-Claro que sé por qué he venido aquí.

Sí. No hace fal...

Bueno, eso me va a llevar tiempo.

Vale. Necesito más tiempo.

(Música emocionante)

Bueno, es que tampoco era justo que Elvira cambiara de médico, ¿no?

Estaba en juego algo más que mi orgullo profesional.

Elvira no necesita más cambios en su vida.

Cualquier pequeñez puede hacer que aumente su confusión.

Vino a pedirme disculpas y no me pude negar.

Tampoco necesitas justificarte conmigo.

Yo sé que eres un profesional como la copa de un pino.

Y lo demostraste sobradamente cuando le atendiste

de sus temblores ayer. O sea que no,

yo creo que ella misma se ha dado cuenta

que eres el mejor médico que puede tener.

No sé si soy el mejor médico, pero, desde luego, soy

el que la ha tratado desde un principio.

Por eso tengo que pedirte que, por favor, no se den

situaciones como la de ayer.

Oye, ¿no estarás queriendo decir

que para mí son agradables esas situaciones con Elvira?

No te pongas a la defensiva. No, hombre.

Solo estoy pidiéndote que no te enfrentes a ella.

Nada más. Ha perdido a dos hijos. Su enfermedad avanza y lo sabe.

Avanza, pero no lo suficiente como para no saber lo que hace.

Porque Elvira es completamente responsable

de sus actos, ¿o no?

De momento, sí.

Entonces no intentes que me dé pena

porque te recuerdo que esa mujer

quiso que me echaran del cuerpo fabricando pruebas falsas.

Necesita descargar su rabia contra alguien

y tú eres el blanco perfecto.

Solo te pido que, por favor, no te pongas a tiro.

Lo intentaré.

Pero también te digo

que esa mujer no es de las que se quedan

con los brazos cruzados lamentándose de su destino, ¿eh?

(Timbre)

Hola, jefa.

¿Qué pasa, Antonio? -Hola, Toni.

-¿Puedo pasar? Sí, claro, pasa.

¿Ha ocurrido algo? No.

Nada, que...

Si igual es una chorrada.

A lo mejor estoy haciendo el ridículo aquí,

pero... Pero ¿qué pasa?

Me padre me dijo una cosa esta mañana

que supongo me estaba vacilando, pero quería confirmarlo

antes de ir a comisaría.

No es ninguna chorrada y tu padre, yo creo,

que no te estaba vacilando.

¿No?

No, no me lo creo.

A ver, que no se acaba el mundo. Yo pensé que estabas al tanto.

No, es que no me lo puedo creer.

Pues créetelo porque no pasa nada.

Tu padre se incorpora hoy a comisaría de Distrito Sur.

No, no, no... Inspectora, por favor, lo que me faltaba ya.

Oficial Santiago Ríos.

Bienvenido a Distrito Sur.

Muchas gracias. Es un honor ponerme a sus órdenes, comisario.

Estaba deseando conocer al padre de Toni.

Lo mismo digo.

Toni le tiene mucho respeto.

Más le vale.

Siéntate, por favor. Gracias.

Tampoco es que yo necesite que venga mi hijo a contarme

sus logros. Los conozco perfectamente.

Recuerdo bien cuando este distrito era conocido

como Kabul.

Por eso estoy tan contento de que vengan policías

con tu experiencia.

Estamos últimamente un poco escasos de veteranos.

La veteranía es un grado, sí.

Las he visto de todos los colores en 30 años que llevo de servicio.

Por eso, por más que los pipiolos como mi hijo vengan pisando fuerte,

les va a llevar años tener una red de confites como la mía.

Ya lo creo.

Y, sobre todo, viendo la cantidad de destinos

en los que has estado.

Debes conocer medio Madrid.

No me gusta apalancarme.

Cuando patrullas siempre por las mismas calles,

acabas por no ver lo que tienes delante.

Cuando sale una comisión de servicio como esta, la cojo.

Es una buena filosofía de trabajo.

Ser policía es mucho más que un trabajo.

Es una forma de vida.

Es lo que he intentado inculcarle a Toni.

Otra cosa es lo que le haya entrado en la mollera.

Espero que trabajar con tu hijo no sea un problema para ti.

No, no, al contrario, comisario, me hace mucha ilusión.

Quiero comprobar qué clase de policía es mi Toni.

¿Y el cómo se lo ha tomado?

A guasa.

Se lo he dicho esta mañana y ha pensado que estaba de broma.

Pero va a estar encantado de tener a su viejo cerca.

Ya lo verá.

Seguro que todavía tiene muchas cosas que aprender de ti.

Lo dicho.

Bienvenido. Muchas gracias.

-Oye, pues el doctor no se equivocó con el diagnóstico.

Los temblores han desaparecido por completo.

-Te dije que no te pusieras en lo peor.

-Ya, cariño, pero después de lo que he vivido

últimamente, solo me faltaba haber tenido esa enfermedad,

el... el...

-Parkinson. -Eso.

-Olvídate de esa palabra porque no la vas a necesitar.

Eso sí,

acuérdate de lo que dijo el doctor, te tienes que hidratar bien.

¿Por qué no te quedas hoy en casa?

Tienes que descansar. Ayer fue un día muy duro.

-Sí, sí que lo fue.

Suerte que el doctor supo enseguida qué me pasaba.

-Eso es porque conoce bien tu historial.

-Ya.

Me precipité cambiándome a la doctora Merino.

Si ni siquiera sabe quién soy.

Suerte que el doctor ha aceptado volver a ser mi médico.

-Yo creo que hiciste bien.

-La verdad es que nunca me ha fallado

y yo confío en él.

Mientras yo sea capaz de cumplir lo pactado,

seguro que no volvemos a tener problemas.

-¿Crees que vas a ser capaz

de no hablarle de Miralles cuando lo vayas a ver?

-Bueno,

por la cuenta que me trae, no le quiero volver a perder.

-Me parece bien.

Un problema menos.

Ahora tenemos que hablar de lo otro.

Hay un montón de pasta escondida en el taller.

-Ya.

Y no sabes qué hacer con ella, ¿no?

-No tengo ni idea, mamá.

Pero hay que sacarla de ahí cuanto antes.

La policía ya registró la casa y, en cualquier momento,

pueden conseguir una orden para registrar el taller.

-Sí, no nos la podemos jugar, ¿eh?

-He pensado en llevarlo a Valencia,

donde el tío Gerardo.

-¿La caseta de la Albufera?

Pero si seguramente ya la habrá vendido.

Además, que yo hace muchos años que no hablo con él.

-Yo sigo en contacto con él y sé que todavía la tiene.

Es que es perfecta. Tiene una trampilla

que da a un sótano que es casi indetectable.

-Espera un momento.

¿Que tú sigues en contacto con el tío Gerardo?

¿Y sabe algo de tu padre?

-Pero si a él también le robó.

Te puedo asegurar que el tío Gerardo está de nuestra parte.

Además, cuando estuviste en Picasent,

Luis utilizaba ese sótano

para guardar algo de material de los robos

y algo de pasta.

No te lo quisimos contar para no preocuparte.

-Ya.

Entonces, ¿tú crees que es de fiar?

-Si somos generosos con él, supongo que sí.

-¿Supones?

-No se me ocurre otra alternativa, mamá.

¿Y a ti?

Voy a llamarle, ¿vale?

Quintero. Comisario.

Cuánto tiempo sin verte. Qué sorpresa.

No sabía que habías vuelto.

Pues sí. Como el que dice, estoy recién aterrizado.

¿Y has venido para quedarte? Claro.

Tendré que seguir al frente de mi empresa, ¿no?

Había leído en la prensa que Transportes Quintero

estaba pasando por problemas económicos.

Disculpa que te haga este comentario.

Tranquilo, no pasa nada. Ya me gustaría decir

que esos periodistas mienten con tal de hundirme,

pero, desgraciadamente, todo lo que dicen es cierto.

Por más que uno quiera,

es imposible manejar una empresa en la distancia

y yo creo que he pasado demasiado tiempo fuera.

Lo siento.

¿Puedo preguntar qué ha pasado? ¿Por qué los problemas?

Digamos que he tenido que resolver unos asuntos personales

que no vienen ahora mismo al caso.

Entiendo. Bueno,

espero que esos asuntos se hayan solucionado.

Sí, sí, aparentemente sí y espero que siga todo bien.

Por eso ahora estoy aquí para ponerme al frente de mi empresa

y resolver todos los problemas que tengo allí.

Me alegro, de verdad.

El barrio necesita que se construyan puestos de trabajo,

no que se destruyan. Sí, sí, sí.

En eso estamos. Se hará lo que se pueda.

Por cierto, comisario, en el tiempo en el que he estado...

fuera en el extranjero,

he estado leyendo la prensa española

y siguiendo los medios de comunicación,

en fin, todo lo que ha salido y se ha publicado

sobre Santos Mercader,

pero ni he leído ni he escuchado en ningún sitio

quién lo mato.

Es un tema espinoso.

Si has leído todos los detalles que se han publicado en prensa

sobre el atentado, sabrás que le amputaron una mano.

Y todos sabemos que esa es la firma del cártel de Jalisco.

Los narcos son escurridizos.

Llevan una semana ya fuera de nuestros radares.

Ya. Da la sensación de que lo da todo por perdido,

que asumen ya que no los van a atrapar.

Se hará lo que se pueda.

Ya.

Bienvenido a Distrito Sur, Quintero. Gracias, comisario.

-Hombre, pero si tenemos de vuelta al vecino más ilustre

de Distrito Sur.

Espero que vengas con hambre porque tengo una tortilla

recién hecha que dice "comedme" o una tapita de ensaladilla también.

-¿Qué tal un poco de cada?

Porque no sabes lo que eché de menos tapear en La Parra

mientras he estado en... Fuera, en Suiza.

-¿Has estado en Suiza? Tiene que ser precioso aquello.

-Sí, sí que lo es. Mucho verde por allí.

Mucho blanco en las montañas,

pero en cuanto pasas más tiempo de la cuenta,

ya te aburres. Por cierto, ¿cómo está Elías?

-Bien. Afortunadamente, no ha tenido ninguna recaída.

Hasta el gorro también de los franceses.

-Ya verás tú que, en cuanto vuelva, viene hablando francés

y cantando la Marsellesa.

-Es que no entiendo por qué no pregunta mi opinión

antes de venir a cubrir una baja.

Mucho me temo que se lo tendrás que preguntar a él.

Ahora, me preocupa esto. A ver si vamos a tener problemas.

Que no. Yo me comportaré de forma profesional con él.

¿Seguro? Sí.

Lo que pasa es que chocamos mucho porque es una persona

que siempre tiene que tener la razón.

Le digas lo que le digas, él siempre te lleva la contraria.

Pues como tú. ¿Yo de qué?

Sí, igual es eso, que nos parecemos demasiado.

Pues vas a tener que acostumbrarte a tenerlo aquí, ¿eh?

Hay que mentalizarme, pero bien.

-¡Hijo!

-¿Puedes llamarme Toni aquí como todo el mundo, por favor?

Bueno, inspectora Miralles, el oficial Santiago Ríos.

-Su padre.

Encantada, Ríos.

Esperábamos tu incorporación. Un placer, inspectora.

Sigo tu trayectoria desde hace años. Ah, ¿sí? No me digas.

Sí, ya lo creo.

Desde la operación Luna llena ni más ni menos.

¡Madre mía! Pero si de eso hace más de 20 años.

Sí, bueno, pero ese operativo marcó un antes y un después

en los procedimientos policiales. Fue un hito.

-¿Qué es eso de la operación Luna llena?

-¿Qué pasa que no os enseñan nada en la academia?

-Pues fue un mítico operativo que descabezó

una de las mafias más importantes de trata de personas.

Había muchos peces gordos que estaban interesados

en mirar hacia otro lado.

Pero aquí tu jefa hizo caer hasta al apuntador.

Veo que lo tuyo es claramente vocacional.

Totalmente y aunque no es el caso de Toni,

he intentado transmitirle un poquito de mi amor por el oficio.

Te aseguro que Toni tiene madera de buen policía.

Ya lo sabía yo. Lo que pasa es que es un cabezota

y le costó aceptar que lo llevaba en la sangre,

pero el día de la jura de bandera, no había un padre más orgulloso.

Os vais a llevar bien. Lo intuyo. Seguro. Por supuesto.

¿Qué pasa, Toni? Parece que no te alegres.

-Bueno, igual estoy sorprendido todavía.

Como no me dijiste que venías a cubrir la baja.

-No sabía si me la iban a conceder.

No quería que te hicieras ilusiones, hijo.

-¿Puedes dejar de llamarme hijo ya, por favor?

-¿Es usted el padre de Toni? Qué casualidad.

-Papá, ella es Paula, una de nuestras agentes en prácticas.

-Aquí en comisaría no me llames papá.

Aquí soy el oficia Ríos o Santiago, si lo prefieres.

-Bueno, encantada.

Toni está siendo mi instructor, ¿sabe?

-Bueno, algo podrá enseñarte.

Ya tendrás tiempo de ir con los veteranos

cuando a la inspectora le parezca bien.

Oye, por cierto, tutéame.

A mí me gusta hacer sentir cómodos a los novatos.

-No te estás dando cuenta que aquí el nuevo eres tú, ¿no?

¿Eso son los testimonios de la agresión al mendigo de ayer?

Sí, algunos. Aún nos queda por hacer algunas transcripciones.

Pues ya estáis tardando.

Es que Genaro es un señor muy conocido en el barrio,

entonces hemos preguntado a 15 personas o así,

pero, vamos, ahora nos ponemos a ello.

A mediodía yo creo que tiene ya el informe en su mesa.

Me parece bien. Así me gusta.

Te veo luego, hijo.

Le va a costar un poco acostumbrarse a que estés aquí.

Yo, en cambio, me siento como en casa.

Me alegro.

Ven conmigo. Te presento al resto del equipo. ¿Te parece?

Ese es el resumen de lo que ha pasado en el barrio

mientras que tú no estabas.

-Parece que habéis ido de una desgracia en otra.

Supongo que en todo este tiempo que he estado fuera

algo bueno habrá pasado también.

-Bueno, me ha pasado a mí. -¿Qué?

-Me tocó la rifa del mercado.

-No me lo puedo creer. ¿Sí? ¿En serio?

Aunque tampoco sé por qué me extraña tanto.

Con todas las compras que haces allí en el mercado

para tener provisiones en el bar,

lo más normal es que tuvieses todas las papeletas.

Oye, y si no es mucha indiscreción, ¿cuánto te ha tocado?

-3000 euros. -¡Vaya! Está muy bien, ¿no?

-Pues sí. Y a los dos días, los doblé invirtiendo en bolsa.

-¿Cómo que invirtiendo en bolsa?

Cuéntame eso. ¿Qué has hecho?

-Cállate, que una y no más. No sabes lo mal que lo pasé.

Me comía la cabeza pensando que era el cuento de la lechera

y me quedaría sin nada.

No sé. No sirvo yo para esas cosas.

-Pero ¿cómo te dio por ahí, mujer?

-Fue por el novio de la Pat... Ah, bueno, esa es otra.

Paty se ha echado un novio. Se lo ha traído de Italia.

Un chaval que se ha venido con ella aquí a Madrid.

Lo vas a reconocer enseguida.

Uno que lleva a mi camarera pegada al lomo todo el día, pues ese.

En fin, que el chaval trabaja en cosas de bancos y todo eso

y entiende mucho. Y, además, tiene una labia...

Y me convenció.

Al final, me dejé ir y mira, 6000 euricos.

-Mira, no está nada mal.

Voy a tener que hablar yo también con el chico ese.

¿Tú crees que le interesará invertir en una empresa ruinosa, por ejemplo?

-Pregúntale. Igual el hombre te puede dar alguna idea.

-Le preguntaré, sí. -Hola, Claudia.

¿Qué te pongo? Pues...

un poleo para llevar, por favor.

¿Qué tal, Fernando?

Mucho tiempo, ¿eh?

Pues sí que ha pasado tiempo, Claudia.

Ya sabes que he estado una temporada...

en el extranjero.

Pero, bueno, ya... Ya estoy aquí de vuelta.

Me hubiese gustado mucho haber tenido ocasión

de acercarme a Verona para ver a los chicos,

pero ha sido totalmente imposible.

Te adelanto que están de maravilla. Yo también les debo una visita.

Se les echa mucho de menos en casa.

Sí, sí. Estar en casa es...

algo que se echa siempre mucho de menos.

Gracias, María. Toma, toma.

Por lo menos, hablo mucho con ellos por teléfono.

Esa suerte tienes porque a mí mi hijo Julio

no me llama ni por equivocación.

No te creas, ¿eh? Que a mí no me llama Olga.

Si no es porque la llamo yo, en fin...

Creo que es buena señal que ellos no llamen.

Sí, sin duda.

¿Y tú cómo estás?

Porque he oído que...

la empresa no va muy bien, ¿no?

Has oído bien. Ahora mismo tengo...

bastantes problemas encima, pero, bueno...

Precisamente, estoy aquí esperando a alguien.

A ver si encontramos alguna solución.

Así que... ya veremos, pero...

¿Tú qué tal, Claudia?

Porque, por lo que he oído,

tú tampoco es que hayas pasado una muy buena racha últimamente.

Pues mira, si ya te lo han contado, mejor no hablamos de ello.

Además, tengo un poquito de prisa, pero...

queda una conversación pendiente.

Claudia,

me alegro mucho de verte.

Yo también.

¿Hola?

¿Está cerrado?

-¡Voy!

Perdona, estaba atendiendo una llamada

y no quería interrupciones.

-¿Una llamada?

Qué raro.

Te he llamado al móvil cuando vi la puerta cerrada

y no daba ocupado.

-Estaba hablando desde el fijo.

Un pedido de una empresa importante.

-Fijo.

Bueno, me alegro de que sea solo eso.

¿Qué tal tu mamá?

Ayer, cuando tuviste que salir corriendo por esa llamada,

me parecía una urgencia.

-Está bien, no te preocupes.

Al final, todo se quedó en un susto. Gracias.

-Pues podemos acabar la conversación que dejamos a medias.

-Claro.

Me dijiste que puedo ganar mucha pasta

si me pongo en manos de expertos, ¿no?

-Exactamente.

-¿Y quiénes son esos expertos si se puede saber?

-Bueno, son...

(Móvil)

(HABLA EN ITALIANO)

Tienes que contratar una telefonista, tío.

-Perdona, es una llamada importante. Tengo que atenderla.

-Aquí te espero.

-Ahora vengo.

¿Sí?

Te llamé hace un momento y no me has cogido el teléfono.

Dame un momento.

-Fernando.

Qué alegría poder verle al fin.

-¡Eladio! ¿Qué tal estás, querido amigo?

-Muy bien. Ahora mismo estoy aquí muy bien.

-¿Qué te pongo, Eladio? -Una tónica, por favor, María.

-Fernando,

a mí me da mucha pena lo que está pasando con la empresa.

El muelle casi vacío...

El ambiente caldeado, porque, claro, los compañeros llevan ya

dos nóminas sin cobrar. -Ya, lo sé, Eladio.

Estaba intentando conseguir o negociar una línea póliza

de esas de crédito con el banco

allí donde estaba, en el extranjero, pero ha sido imposible

porque mi banco no tiene sucursales allí

y desde otro banco tampoco he podido hacer nada.

Así que lo siento mucho. -Desde que Muñoz dio la espantada,

hemos ido acarreando problemas uno tras otro.

-Pero Martínez sigue allí, ¿no?

Martínez también sabe cómo funciona la empresa

perfectamente. Supongo que se habrá puesto al frente.

¿O no?

¿Qué ha pasado, Eladio?

-Se largó la semana pasada.

No le dije nada

porque, total, al final, usted iba a volver enseguida

y yo prefiero contarle las cosas en persona.

Es que yo prefiero ir de frente.

No como esa rata de Muñoz y Martínez.

Lo siento mucho, don Fernando. -Tranquilo, Eladio,

que tú no tienes la culpa de nada.

Tú, por lo menos, sigues aquí a mi lado

al pie del cañón conmigo.

En fin, primero se fue Muñoz, luego fue Marisa, ahora Martínez...

A ver...

Bueno, no te preocupes que ya estoy yo aquí

para ponerme al frente de todo, ¿vale?

-Perfecto. Estupendo.

-¿Qué estás haciendo?

Suelta ese dinero ahora mismo. Tienes tres segundos.

Tres,

dos...

(HABLA EN ITALIANO)

-Primera cosa, no te confundas conmigo.

No soy un ladrón cualquiera.

Si hubiera querido llevármelo, ya lo habría hecho, ¿no?

-Entonces, ¿qué mierda quieres?

-Bueno, te lo explicaré, pero baja eso.

Mira, yo no voy armado. -Ese no es mi problema, Paolo.

Ya me lo puedes empezar a explicar porque se me agota la paciencia.

Si no querías robarme, ¿por qué abriste el maletero?

-Es que llevo días observándote, tío,

y lo sé todo.

Asaltaste un furgón blindado

y de ahí sale toda esta pasta.

Te ayudó la amiga de tu madre,

Gisela Rodríguez, alias Coco.

Y ¿qué más?

¿Tengo que seguir con los detalles o ya me crees?

-¿Cómo sabes todo eso?

-Desde hace un tiempo, tenemos orejas y ojos en el Distrito Sur

y así como la policía tiene sus confidentes,

la mafia siempre tiene aliados allá donde va.

-Espera, ¿cómo que la mafia?

¿Me estás vacilando? -No. No.

Nunca me atrevería a jugar con eso.

-Entonces, que curras en un banco es una tapadera.

-No. No, no. Soy asesor financiero.

Pero bueno, mis jefes del banco no saben que tengo otros jefes.

¿Cómo te lo explico?

Me debo a la familia. Has visto películas, ¿sí?

Más o menos funciona así. -Y ¿Paty?

-Paty... bellísima.

Y la verdad es que me dio la excusa perfecta.

-Ya y ¿qué se supone que tengo que ver yo en toda esta movida?

¿La moto clásica era mentira también?

-No. No, no. Soy un apasionado de motos,

pero habría podido llevarla a otro taller, ¿no?

Lo que ha pasado es que el nombre de los Soler apareció

en cuanto empecé a averiguar quién manejaba aquí los negocios.

-Y es cuando empezaste a seguirme. -Yo no, nuestra gente sí.

Por eso, te teníamos más que fichado cuando asaltaste el furgón.

Por cierto, brillante.

-Lo siento, pero todo esto que me cuentas no... no me cuadra.

-Lo sé. Puede parecer todo muy sorprendente,

pero tú solo tienes que saber una cosa.

Nuestra familia tiene muchos miembros

y tú podrías ser uno de los nuestros. Les he hablado de ti a mis jefes,

me han pedido que te felicite por el robo del furgón.

¿Ya sabes qué vas a hacer con todo este dinero?

-No, pero de momento, no voy a dejar que se lo lleve un desconocido.

-Yo no soy un desconocido, Álvaro.

Tú y yo vamos a formar parte de la misma familia

y eso, para nosotros, es lo primero.

"La famiglia prima di tutto". Siempre.

Y ya me avisarás cuando tengas lista mi moto.

Cuídala bien, que esta también es de la familia.

-A mí me ha parecido muy majo tu padre.

-Sí, majísimo. Hala, ya se ha hecho colega de Miralles.

Llevo año y pico aquí y el pavo en cinco minutos ya tuteándola.

-Pues, hombre, normal. Él es un veterano.

-No, ya. Le ha faltado tiempo para restregármelo delante de ti.

-"Algo podrás enseñarle".

Es que es un sobrado, tío. (RÍE)

-No te rías, no me hace gracia. -Pues a mí sí.

Al menos, ya no soy la única con familia en la comisaría.

-No me compares, por favor. O sea, el comisario es una persona normal,

no te deja en evidencia delante de todos.

-Bueno, el otro día quiso ayudarme con la corrección

del atestado de Samu Flores delante de todos y ya lo que me faltaba.

-¡Oh, madre mía! Te quiso ayudar.

O sea, yo te hablo de que mi padre no para de avergonzarme.

-Bueno, no te agobies que no vas a tener que encontrártelo mucho.

-Ojalá se vaya a patrullar con lo que le gusta, a la calle.

-Mira, si te sirve de consuelo,

mi madre va a trabajar en el centro cívico,

así que también me la encontraré todo el rato.

-¿Tu madre? Pero tu madre... ¿no era ama de casa?

-No, mi madre estudió derecho.

-¿Abogada? (ASIENTE)

-Estuvo trabajando unos años, pero se quedó embarazada de mí.

Así que, lo dejó todo por cuidarme. Ojalá no lo hubiera hecho.

-Bueno, no te quejes. Mi madre tiene un bar en Carabanchel y se ha pasado

toda la vida currando. Ojalá hubiera estado más en casa.

-No sabría yo qué decirte.

Cuando tienes toda la atención puesta en ti,

puede resultar asfixiante.

Yo creo que por eso,

a mi madre le cuesta aceptar que quiera ser policía y...

quiera hacer mi vida. Pero bueno, mira, yo me alegro

de que encontrara trabajo, aunque sea en el centro cívico.

-Y ¿qué va a hacer aquí?

-Pues se ha ofrecido voluntaria para ayudar en temas legales

con inmigrantes, refugiados... Para echar una mano en lo que sea.

-Va a tener curro, ¿eh? Porque hay mucha gente que viene

a pedir ayuda. -¿Qué? ¿Te enseña muchas cosas

mi hijo aquí, en el bar? -Estamos en la hora de descanso

si no le importa, oficial Ríos. (RÍE)

-Eh... Yo me voy al baño un momento.

-Papá, de verdad, eh... ¿Vas a estar siempre así?

¿Avergonzándome? -No te lo tomes todo tan a pecho.

Yo he quedado mal por tu culpa y no te lo echo en cara.

-¿Sí? ¿Has quedado mal por mi culpa? ¿De qué? ¿Qué he hecho?

-¿Cómo no me habías dicho que Guevara había recaído en el alcohol?

-Eh... Porque es mi compañero y no tengo por qué ir por ahí

aireando las cosas de los demás, ¿vale?

-Bien hecho, hijo. Bien hecho.

El compañerismo es la base de nuestro trabajo,

pero ojo, que a partir de ahora, además de tu viejo, soy tu compañero.

-Ya lo sé, ya me ha quedado claro.

Papá, papá. -¿Qué?

-María es la novia de Elías, ¿vale?

Así que, cuidado con lo que dices, que te conozco.

(SUSURRA) -Gracias por el dato.

-Qué maravilla lo que estás haciendo con los papeles.

Para mí, todo este tema de... documentos y demás es muy complicado.

-En realidad es bastante sencillo.

Incluso yo he podido hacerlo sin consultar los apuntes...

-Bueno, no te quites mérito, abogada. -Me gusta cómo suena eso.

(CARRASPEA) Hola. Hola, Mateo. ¿Qué haces aquí?

Eh... Bueno, venir a ver dónde trabajas. ¿Te parece mal?

No, claro que no, pero podías haber avisado.

Eh... Miguel, te presento a mi marido, Mateo.

Eh... ¿Tú eres el jefe de todo esto? Bueno, no lo diría así,

pero sí, soy el que lo gestiona. Pero un trabajador social, nada más.

Pero tú sí estás en nómina.

Cariño, no me mires así, solo es curiosidad.

No sé cómo funciona un sitio lleno de... de voluntarios.

Ya te lo explico en casa.

-Verónica de hecho está haciendo una labor muy... importante

para nosotros. Está ayudando con el caso de un inmigrante

con una historia personal muy complicada, muy difícil

y lo que está haciendo es prácticamente un milagro.

Impresionante. No exageres, Miguel.

-No estoy exagerando, es la verdad. Sabes que si la deportan ahora,

perdón. ¡Eh, eh, eh! -¡Chicos, chicos!

-¡Eh! Ya está, ya está. He dicho que ya está.

Los dos quietos, Isma, ya. Ya.

Ya.

Los dos al aula. Voy a hablar con los dos.

No quiero un ruido ahí dentro, ¿eh? Ni una mala palabra, ¿me oís?

Quietos ahí los dos.

Perdón, lo siento.

¿Esto siempre es así? No, por supuesto que no.

Son dos buenos chicos, están en un programa de reinserción y...

están haciendo grandes avances, pero a veces pues pasan estas cosas,

se les va un poco la cabeza. Ya veo, ya.

Voy a hablar con ellos, a ver qué ha pasado, ¿sí?

Un placer, nos vemos.

Te veo ahora. -Claro.

¿No pensarás de verdad trabajar aquí?

Está claro que este sitio es bastante peligroso.

¿Qué dices? Pero si ha sido una pelea de chavales.

Y ¿si uno saca una navaja?

O un día, ¿a uno se le cruza el cable y te agrede?

Aquí no puedes trabajar. Está claro que te has equivocado de sitio.

Llevas cinco minutos, ¿y ya pretendes saber cómo funciona esto?

Ya has oído a Miguel, no es lo habitual.

(RÍE) Y ¿qué va a decir él?

Si admite que es peligroso, se queda sin una abogada licenciada

en una de las mejores universidades. Le sale gratis.

Desde luego, yo tampoco diría nada para no espantarte.

¿Qué es lo que te molesta tanto, Mateo? ¿Que trabaje de voluntaria?

Mira, por suerte, nos lo podemos permitir

y aquí mi ayuda es útil.

Pero si la cosa es que tu ayuda sea útil en un sitio donde te paguen.

Por ejemplo, con Oleguer.

He estado hablando con él. Espera, ¿has hablado con Oleguer

a mis espaldas? A ver, ha sido un simple tanteo,

pero dice que les encantaría acogerte en el bufete.

Podrías empezar llevando todos los asuntos de la clínica

y luego, ¿quién sabe?

Llámale, ¿eh? Y valora las condiciones por lo menos.

Yo ya tengo un trabajo y me estás interrumpiendo.

-Por una vez, coincido con mi hijo, el mejor pincho de Madrid.

Sí, señora. Tan auténtico como el bar,

por no hablar de la dueña. -Bueno

y ¿tú eres siempre así de zalamero? -Bueno, solo el primer día

para romper el hielo.

-Bueno, por ser el primer día y romper el hielo, estás invitado.

-Muchas gracias, María. Y da recuerdos a Elías,

me muero de ganas de trabajar con él. -Se los daré de tu parte.

-Hasta luego, compañeros.

(RÍE)

-Menudo morro tiene tu padre. -No lo sabes tú bien.

Yo no sé cómo lo hace, que va de campechano por la vida,

le acaba haciendo la envolvente a todos y se los mete en el bolsillo.

Me acuerdo una vez... (RÍE)

Se acabó haciendo íntimo amigo del padre del abusón de mi clase,

peña chunguísima, el hijo y el padre, los dos.

Pues se hizo amiguísimo de él. Al día siguiente vino el otro

nuevo a clase. Dejó de vacilar a todo el mundo,

se hizo amigo de toda la clase.

Pero claro, tuve que invitarlo a todos mis cumpleaños.

(RÍEN)

-No sé si es cosa mía, pero... yo creo que en el fondo le admiras.

-Pues sí, supongo que sí, un poco sí. Si no, no me hubiera hecho poli.

-Bueno, al menos tu madre no será tan pesada como la mía.

Seguro que está acostumbrada. -No, no te creas, ¿eh?

Al final, las madres son madres.

Siempre se preocupan más de la cuenta.

Pero bueno, también es verdad

que siempre están ahí cuando se las necesita.

-Sí, es verdad.

No sé, igual... me he pasado un poco metiéndoles caña a mis padres.

Quizás podría proponerles un plan familiar este fin de semana.

-Hombre, estaría bien, sí. -¿Tienes alguna idea?

-¿Que si tengo ideas? Madre mía. ¿Qué plan te apetece, a ver?

-Pues no sé, algo así... tranquilo.

-¿Tranquilo? (ASIENTE) (RÍE)

Ey.

Y ¿el coche? He aparcado ahí, donde he podido.

Hay un accidente a la entrada y no he podido meterlo.

¿Por qué me has citado aquí? No lo sé, no lo he pensado bien.

Pensé que sería más rápido si venías a buscarme.

¿A buscarte? Pero ¿qué sitio es este? Aquí es donde trabaja Verónica.

¿Qué te parece? Ah.

Se ha presentado voluntaria. Trabaja por amor al arte.

Bueno, ella se lo puede permitir.

Para alimentar el sistema capitalista ya estamos tú y yo.

Muy gracioso, pero acabo de presenciar una pelea

entre dos chavales. No sé si es el sitio más adecuado para Vero.

(SUSURRA) Baja la voz. Es que me hierve la sangre.

No sé qué busca en este sitio. Mira, le he contado que Oleguer

estaría dispuesto a hacer un hueco en el bufete,

pero ni me ha escuchado. Pero...

hacerle un hueco, ¿se lo has dicho así?

No, no se lo he dicho con esas palabras.

He dicho que les encantaría tenerla o algo así,

pero le ha dado igual.

Vamos a ver, creo que no te das cuenta

de que Verónica es una mujer inteligente

y que tratándola como a una niña, no vas a conseguir nada.

Se está comportando como tal. ¿Tú ves ese sitio? Es un capricho.

Ahora, espero que la broma no le salga cara.

Si tú quieres que Verónica te escuche,

tienes que cambiar de actitud, porque lo que no puedes pretender

es decirle a una mujer que haga lo que tú quieres que haga

y que te obedezca como si fuera un corderito.

De esa forma, vas a conseguir todo lo contrario.

Es que veo tan claramente que se equivoca,

que no me puedo quedar callado. Pues deberías.

Cuanto más la presiones, más se va a aferrar a ese trabajo

aunque se dé cuenta de que no es lo suyo.

Y ¿qué hago? ¿Me quedo de brazos cruzados?

Deja que cometa sus propios errores.

Si mete la pata, rectificará y tal vez entonces, decida...

trabajar en un bufete de abogados.

Aunque dudo que vaya a escoger el que se encarga

de nuestras cosas. -Papá. Hola, Andrés.

-Hola, Paula. Pauli, qué coincidencia.

Pero bueno, ¿eres policía o camarera?

Bueno, quería tener un detalle con mis compañeros,

el café de la sala de descanso es lo peor.

Y ¿vosotros qué hacéis aquí?

Bueno, he venido a conocer el lugar donde trabaja tu madre.

Ah, muy bien y ¿qué te ha parecido?

Pues... me ha sorprendido. Es un sitio donde trabaja

todo tipo de gente. Pero que si tu madre está a gusto,

yo no tengo nada que decir. Sí, también estoy deseando

que encuentre su sitio. -Debemos irnos, nos están esperando.

Sí, sí. Te veo en casa, ¿vale? Vale.

Oye, papá, ¿qué te parece si hacemos algo este finde los tres juntos?

¿Mamá, tú y yo? (ASIENTE)

Toni me ha dado una idea muy buena, un minicrucero por el Tajo

con visita guiada por Aranjuez. ¿Qué te parece?

Pues me parece una idea genial. A ver qué dice tu madre.

Bueno, seguro que le parece bien y si no, no te preocupes,

que me encargo de convencerla. Vale.

Hasta luego. -Adiós, Paula.

(Puerta)

Va.

Eladio, ¿qué tal? Pasa.

Antes que nada, gracias por venir a estas horas.

-He salido pitando para acá nada más leer su mensaje.

Parecía urgente. ¿Ha pasado algo?

Eh... No, no. Todavía no ha pasado nada, pero...

bueno, está a punto de pasar y antes de que ocurra cualquier cosa,

creo que debes ser el primero en saber cómo está la situación

por todo lo que has hecho por mí y por la empresa

mientas he estado fuera. (ASIENTE)

-Estupendo,

-¿Quieres tomarte algo? No sé, un café, agua...

-No, no. -Siéntate y hablamos tranquilamente.

-Gracias.

(SUSPIRA) -Suéltelo ya, don Fernando.

¿Tan mal está la cosa? -Eladio, la cosa está...

mucho peor de lo que te puedas imaginar.

A ver por dónde empiezo. Verás, eh...

Mis socios ya me han abandonado definitivamente,

se lavan las manos, no quieren saber nada de la empresa.

El 95% de los clientes ya ha contratado los servicios

de otras empresas de transportes, del sector, para llevar su mercancía

y los bancos... (RÍE) El banco ya no se fía de mí.

-Pero la directora de la sucursal decía que era cuestión de hablarlo

en persona. -Y ¿qué vamos a hablar?

Si los números hablan por sí solos. En cuanto ha mirado las cuentas,

le ha faltado poco para echarme de allí.

-Pero serán ratas.

Cuando pasemos este bache, a ver si cambias de banco.

-No, Eladio, esto no es ningún bache,

esto es el final. Estoy intentando decírtelo.

Sabía que la situación de la empresa era una situación crítica,

pero no imaginaba que tanto. No tengo más remedio que asumir

que estoy... que estoy en la ruina, estoy en la bancarrota.

-Bueno,

y ¿cuál es el plan B? -No hay plan B.

Eladio, esa es la cuestión, es lo que estoy intentando decirte.

No voy a tener más remedio que cerrar la empresa y cuanto antes lo haga,

mejor para todos. -Pero no me creo que tire la toalla,

usted es un hombre luchador. Seguro que puede... encontrar

un nuevo socio, gente que confíe en usted.

Si yo tuviera dinero... Vamos, invertiría en usted sin pensarlo.

-Lo sé, lo sé, amigo. Lo sé.

Me estás demostrando que estás... a mi lado,

con lealtad y al pie del cañón hasta el final,

no como el resto de tus compañeros.

Se han tenido que ir a trabajar a otras empresas para asegurarse

poder cobrar la nómina del mes que viene.

Cuando menos... Cosa que entiendo también, ¿eh? Tú lo sabes.

-Solo se ha retrasado un poco, hombre.

-No me he retrasado. Es que no puedo pagar los dos últimos meses

y el mes siguiente tampoco lo puedo pagar.

Por eso, querido amigo, te he buscado otro trabajo.

-¿Cómo? ¿Cómo?

¿Cómo otro trabajo? No... -Tranquilo, tranquilo.

No se trata de nada raro, solo tienes que seguir haciendo lo mismo.

Creo que es conducir un camión frigorífico

para una empresa de logística de estas, haciendo un reparto

por la zona de Madrid, no tiene más.

Les he hablado de ti, tienes que hacer la entrevista.

Les he dicho que eres el mejor trabajador en la empresa.

O sea, si quieres, el puesto es tuyo.

-No debía haber hecho eso, don Fernando.

-Es lo menos que puedo hacer por ti después de todo lo que tú has hecho.

Así que, mira, te tenía aquí la tarjeta preparada.

Tienes que llamar aquí, se llama José Antonio.

-Siento mucho que se haya tomado esa molestia para nada,

pero... pero no pienso hacer esa entrevista.

-¿Cómo? ¿Cómo que no vas a hacer esa entrevista de trabajo?

Hombre, no me vas a hacer quedar mal ahora también con esta gente.

-Prefiero que quede mal a dejarle solo.

Yo me quedo con usted hasta el final y si se hunde el barco,

pues nos hundimos los dos. -Pero no sé, Eladio.

Tienes una familia que mantener, ¿qué va a decir tu mujer?

-Pues si seguimos siendo una familia, es gracias a usted, don Fernando.

-No digas tonterías, hombre. -No, no. Hablo muy en serio

y mi mujer piensa lo mismito que yo.

Si no es por usted, aún... estaría bebiendo

y seguramente me habría matado al volante.

-Vamos, vamos, hombre. Yo lo único que hice fue bajarte

de la cabina del camión, pero del alcohol saliste tú solito.

-No, no, patrón. Usted me dio una segunda oportunidad.

Otros en su lugar, me habrían despedido. Así, sin más,

pero usted... usted me dio tajo ahí, en el muelle.

-Más que tajo, yo lo que te di fue un buen castigo, porque te recuerdo

que a ti nunca te ha gustado andar cargando y descargando camiones.

-Y tanto, pero...

pero usted, al confiar en mí, hizo que...

que yo me creyera que podía dejar la bebida

y lo conseguí, lo logré.

Por eso, se lo agradezco tanto, de verdad y mi familia también.

Así que, no se preocupe por ellos.

-No sé qué decir. Eladio, de verdad, me estás demostrando que eres

un verdadero amigo. No sé, estoy sin palabras.

-Y tanto, don Fernando, porque...

escúcheme.

Para mí, usted es mucho más que un jefe, ¿entiende?

Y cuando yo toqué fondo,

usted confió en mí. Así que, ya va siendo hora

de que le devuelva el favor.

Estoy completamente seguro de que va a salir de esta.

Me lo dice el alma, de verdad, don Fernando.

-Gracias, Eladio. Ven aquí, anda. Dame un abrazo.

-107.

Ya está. ¿Cómo lo he hecho?

-Casi perfecto. Mira, aquí te falta el 55.

Y aquí el 99, ¿vale?

Aquí has puesto tres seguidos. O sea, que te sobrarían 104.

(BUFA) -Deprimente. -Mamá, no te metas caña.

Los errores son casi al final, seguro que es por el cansancio.

-Ya. Gracias por animarme, pero ya viste lo que pasó con Coco.

-Olvídate ya del tema de Coco. Está bien en Francia, ya está.

-Pero la puse en peligro.

¿Cómo pude olvidarme de decirle que la policía iba a por ella?

¿Si la hubieran pillado por mi culpa?

-Pero no pasó.

¿Por qué no te vas a la cama? Es muy tarde, necesitas descansar.

-¿Qué pasa? ¿Tienes prisa por que me vaya a la cama?

-¿Yo? No, ¿por qué dices eso?

-Tú estás preocupado.

¿Tienes problemas con el tío Gerardo?

-No, qué va. Está de acuerdo con la pasta que le ofrecí

y no ha hecho preguntas, como esperábamos.

-Ah, ya sé lo que te pasa.

No sabes cuándo llevar el dinero a Valencia

y no quieres dejarme a mí en Madrid.

Pues ¿por qué no hacemos una cosa? Vamos el domingo.

Así no tienes que cerrar el taller.

-Vale, el domingo sería perfecto.

No quiero cerrar entre semana para que la policía no sospeche.

-Estoy muy orgullosa de ti. Lo sabes, ¿no, cariño?

Vengaste la muerte de Luis y...

llevas los negocios de la familia sin titubear.

Pero no quiero que te olvides de quién eres.

-Y ¿quién se supone que soy, mamá?

-Un ser...

maravilloso,

entrañable y dulce.

Y apasionado por su trabajo.

-Me sigue gustando mucho mi curro.

De hecho, acaba de llegar una moto de los años 70,

una joya italiana.

Necesito las piezas originales y las estoy buscando por Internet.

-Bien.

Bueno, te voy a hacer caso y me voy a la cama.

Buenas noches, cariño.

-Buenas noches, mamá.

Paolo, soy yo.

¿Puedes venir a mi casa en 20 minutos?

Sí, te mando la ubicación.

Ah, vale. Es verdad, que ya sabes dónde vivo.

Te espero aquí.

-Por fin, ya pensaba que no darías la cara.

Hola, vaya recibimiento.

¿Qué esperabas? ¿Cava para agradecerte el numerito

que has montado en mi trabajo? ¿Que yo he montado un numerito?

Eso los chavales que se han peleado.

Delante de Miguel me he mordido la lengua, pero me vas a oír.

¿Quién te crees para llamar a Oleguer a mis espaldas cuando te pedí

expresamente que no lo hicieras? Tienes razón, la he cagado,

pero solo quería que tuvieras la opción para poder valorarla.

Tú sabrás. No, no. Pretendías hacer tu voluntad

sin tener en cuenta mi opinión como siempre.

Tú tampoco tuviste en cuenta la mía cuando decidiste

trabajar en ese antro. ¿No ves que es un capricho pasajero?

Vamos, lo que me faltaba por oír, un capricho pasajero.

Entérate, haré con mi vida y mi dinero lo que me dé la gana

y me importa muy poco tu opinión. Pues debería, que yo sepa

seguimos casados. Nuestro matrimonio está roto.

Sí, ya me lo restriegas cada vez que puedes.

¿Qué echas de menos? ¿La mujer florero que era?

¿Qué dices? Nunca te he tratado así.

¡Hace años que no me tienes en cuenta!

Y no tienes en cuenta que tengo talento y ambiciones.

Me siento una inútil aquí, encerrada en una jaula de oro.

¿Y quién decidió quedarse en casa? Yo no te he encerrado,

si acaso tú sola te has aislado.

Bien que te ha ido tenerme en casa sin reconocimiento social

mientras tú disfrutabas de tu trabajo, de tu prestigio

y de todo lo demás.

Si tienes un problema de reconocimiento,

busca trabajo en un bufete. ¿No te gusta el de Oleguer?

¿Te das cuenta de que hace años

que no tomo una decisión? Y la primera que tomo

no dejas de cuestionarla.

La primera no, decidiste que nuestro matrimonio está roto.

¡Ni se te ocurra culparme de eso!

-Bueno, vale ya.

-Paula...

¿Cuánto tiempo llevabas ahí? Lo he escuchado todo.

Así os tratáis cuando no estoy yo delante, ¿no?

No, no, no, Paula, no.

No... esto ha sido una discusión puntual.

Es... por el tema del centro cívico,

yo no acabo de verlo... Déjalo, Mateo.

Paula, tu padre y yo no estamos bien.

Siento que te enteres de esta manera, pero...

pero es así.

-Alucino.

Y lo de comprar esta casa,

las ganas que teníais de vivir los tres juntos.

Si vosotros estáis fatal.

No...

Tu madre y yo vamos a arreglarnos.

Esto no tiene nada que ver contigo.

-Ah, ¿no? ¿No tiene nada que ver conmigo?

Mira, vivo en una mentira, así que sí,

yo creo que sí tiene que ver conmigo.

¿Cuánto tiempo pensabais seguir en esta farsa?

Vaya...

Veo que no pensabais contármelo nunca.

Sois unos cobardes.

-Siéntate y cuéntamelo todo desde el principio.

-Bueno,

todo empezó con mi padre,

el mecánico.

Él tenía problemas con el juego

y con el alcohol

y contrajo deudas.

Bueno,

muchas deudas.

-¿Con la mafia? -No.

Pero igualmente era gente peligrosa.

La mafia,

bueno, la mafia le salvó.

Pagaron sus deudas por él.

-¿Por qué?

-Le tenían cariño.

Era el mecánico de confianza de la familia.

Y la familia

nunca deja tirados a los suyos.

De todas formas, el daño estaba hecho.

Y él murió de cirrosis cuando yo era adolescente.

Ellos se hicieron cargo de pagar mis estudios universitarios

y los másteres que vinieron después.

Yo, a cambio, les presto mi talento como economista.

A fin de cuentas se lo debo a ellos.

-Entiendo.

¿Y qué tengo que ver yo en todo eso?

-Mis jefes

están buscando socios españoles

para lavar el dinero de sus actividades.

Y Motor Soler

cumple todos los requisitos que buscamos.

Es el negocio perfecto para crear

una infraestructura estable de blanqueo.

-Espera un segundo.

¿Quieres que yo me asocie con la mafia?

-Saldrás ganando.

Créeme.

Y yo puedo hacerte una demostración para que veas cómo trabajamos.

-¿Qué tipo de demostración?

-Hay casi...

200 000 euros de dinero robado en tu taller.

Hay un problema.

No debe resultar fácil encontrar un lugar

donde guardarlo y menos blanquearlo.

-¿Tú podrías hacerlo?

-Para mí es calderilla.

Puedo lavar ese dinero de forma rápida

y totalmente segura.

Es a lo que me dedico.

Si quedas satisfecho,

mis jefes

te pedirán que pongas tu negocio

al servicio de los ingresos de la mafia.

-¿Y qué ganaría yo con todo eso?

-Un generoso porcentaje.

La mafia trata muy bien a los suyos.

-Tengo que pensármelo. -Claro.

Pero mañana quiero tu respuesta.

-El envío de Santander se ha caído.

-¿Qué? -El conductor no se ha presentado.

Que le han hecho una oferta de la competencia.

Incorporación inmediata.

Y el listillo ha dicho que sí. -¿Se ha ido así sin más?

-He llamado al cliente, pues para disculparme.

Pero es que es un envío en frío

y han dicho que...

o llega esta misma noche

o... vamos,

que nos retiran el pedido.

-Supongo que en el fondo de mi corazón pensaba

que la cosa aún tenía arreglo.

-¿Lo estás diciendo en serio?

-Mira, tu padre...

se ha ido distanciando de mí,

pero yo tampoco me lo he currado como debería.

-¿No querrás decir con eso que...?

¿Papá tiene una amante?

¿Tienes un minuto para unas preguntas?

Para vosotras, siempre. Decidme.

Verás, hemos tenido cuatro denuncias en dos días

por robo de carteras. Sí.

Aquí a un montón de clientes también le han levantado la cartera

y parece ser un ladrón de guante blanco,

no un atracador cualquiera.

-Sí, no... Desde luego son carteristas profesionales.

Rocío, ¿qué tal? ¿Qué haces por aquí?

-Nada, estoy yendo a unos cursos en el centro cívico.

-Ah, mira qué bien. Oye, Silvia, ven.

Te presento a mi compañera. Silvia, Rocío.

¿Qué tal? Encantada.

¿Sigues viviendo con tus padres o qué?

-Qué va, me acabo de pillar una habitación por aquí.

-Huiste como una rata, Quintero.

Esperaste a que pasara la tormenta

y ahora que Mercader está muerto vuelves como si no pasara nada.

-Mira, Álvaro,

sabes perfectamente que lamento mucho

la muerte de tu hermano,

pero yo no tengo culpa de lo que pasó.

Cuéntame, ¿qué te ocurre?

Te has peleado con tus padres, ¿no?

No, más bien la cosa es entre ellos.

No me gustó ni lo que se dijeron, ni cómo se lo dijeron.

Es como si se odiaran de hace tiempo.

-¿Qué pasa? Era una broma.

-Pues guárdate tus bromas para el bar.

Paula lo está pasando mal, intentaba animarla.

-No tenía ni idea. Como no me cuentas nada.

-Es que no tengo nada que contarte.

Métetelo en la cabeza. No tengo nada que contarte.

Es mi vida. Es mi comisaría.

¿Quién te ha mandado a meterte en mis cosas y a vigilarme?

-¿Vigilarte? ¿De qué hablas? -A vigilarme.

Que has venido a Distrito Sur a vigilarme.

Todavía estás a tiempo de ganarte el respeto de tu mujer y de tu hija.

¿Sí? ¿Cómo?

Volviendo a casa para estar con ellas.

A las duras y a las maduras. Día a día.

Con humildad, con constancia y sobre todo

con sinceridad.

¿Por qué tanto interés en este taller?

-Tiene el tamaño adecuado.

Una facturación variable.

Almacena vehículos diferentes.

Todo esto

se va a convertir en una de nuestras lavadoras de dinero.

-Ahora tienes que explicarme cómo vais a conseguir

que este taller sea tan rentable que no resulte sospechoso.

Estoy preocupado por lo de anoche.

¿Preocupado por mí o preocupado por ti?

¿Qué te preocupa exactamente?

Supongo que lo que quieres saber es hasta dónde llegué a escuchar

para saber cuánto he descubierto sobre ti.

-¿Tenemos un trato?

-Tengo que consultarlo con mi madre.

Yo estoy convencido, pero no voy a tomar una decisión sin ella.

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Servir y proteger - Capítulo 615

11 oct 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. ISABEL

    Digo yo que se podrían tomar de verdad el café, que se ve que las tazas están vacías, por favor, un poco más de realismo. Gracias que han metido lo de la mafia, porque estaba la cosa un poco floja y ya me estaba preocupando. Y gracias también que ha vuelto Fernando Quintero.

    15 oct 2019
  2. María

    Jaja y ahora la mafia. ¡Esto sí que es imaginación!

    15 oct 2019