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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 614 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué pasa? -No os lo vais a creer.

¡Me ha tocado la rifa del "mercao"!

-Piénsalo bien, con calma.

Y, si lo ves claro, me dices y te hago el negocio del siglo.

-Amor, perdona que María sea así de desconfiada.

Es normal, tiene miedo de perder el dinero.

Pero eso no va a pasar, ¿no? -No tiene por qué.

Aunque siempre hay un riesgo en este tipo de operaciones.

"Amore", el riesgo cero no existe.

-¿Y qué tal ha ido la charla?

-Bien, muy bien, de hecho.

-Pues se me ocurre algo:

podríamos ir los tres a celebrarlo y tomar una cerveza.

-¿Te vas ya? -Sí.

Es que hay que saber cuándo...

una sobra.

-La verdad es que parece que entre esos hay tema.

-Completamente evidente.

"Andrés, escúchame, estoy en el hotel Las Américas".

¡Joder, la ma...!

"Sí, ya te contaré.

Oye, Verónica me ha llamado para que vaya a cenar con ella,

pero no puedo".

No puedes. "No, no puedo.

Tengo que zanjar una cosa.

Así que necesito que me hagas un favor".

A partir de ahora, cuando vuelvas no me beses ni me des explicaciones.

Seguiremos manteniendo las formas,

pero cada uno va a hacer su vida.

(TOSE ASFIXIÁNDOSE)

(Golpe seco)

Ayer asaltaron un furgón blindado en el polígono.

Los ladrones se llevaron un botín de unos 200 000 euros.

Igual conocían a alguien dentro de la empresa.

Es lo que Nacha y tú debéis averiguar. Es vuestro.

¿Qué es esto?

Talleres que optaron a una contrata

para el mantenimiento de los furgones.

Fíjate en la última página.

¿Motor Soler?

El día antes del asalto,

Álvaro realizó la puesta a punto de uno de los furgones.

Tiene un ordenador conectado con el servidor de la empresa.

Un cliente me pidió hacer una puesta a punto en su casa.

¿Qué cliente? Gonzalo Tamayo, un vecino.

Nos pediste que buscásemos una conexión entre el atraco

y los Soler. La he encontrado.

El día anterior,

Motor Soler hizo una revisión a uno de los furgones.

Muchos talleres optábamos a esa contrata.

Pero de todos tú eres el único con una relación estrecha

con alguien que ha cometido delitos informáticos.

¿De quién estamos hablando?

Lo sabes: estamos hablando de Coco.

Sospechan, aunque todavía no tienen ninguna prueba.

-Es que acaba de entrar una inspectora nueva de la UIT,

Ángela Betanzos.

Unos compinches me han avisado de que es una tía superlista.

-Pero tú también lo eres.

-No, no conviene jugársela.

Si me pillan, sería fatal para todos.

-Será mejor que te vayas de Madrid antes de que aparezca la policía.

-Sí, porque vendrán.

Mi madre ya te ha dicho que no está. Se ha ido a Portugal.

-Yo a tu edad también tenía una vocación.

-¿Lo dices por cuando estudiaste Derecho?

-Me encantaba.

-Bueno, ya soy mayor y puedes hacer tu sueño realidad.

-Fue responsabilidad mía renunciar a mi vocación

para que pudieras realizar la tuya.

Pero nunca es tarde.

¿Qué quieres decir?

Que quiero algo más que jugar al tenis o aburrirme en casa.

Voy a retomar mi profesión de abogada.

(Música emocionante)

Desde que me lo comentaste no he dejado de darle vueltas.

-Tienes que escucharte a ti misma. Si tu sueño es ser abogada, lucha.

Aunque te has puesto demasiado tarde.

-Ya conoces las razones, no me sentía motivada.

Pero ahora sí.

-Y tú ya te has colegiado, ¿no?

-Sí, de hecho ejercí dos años de abogada.

Pero después lo dejé.

Antepuse la familia a mi carrera.

-¿Y tú, papá? ¿No dices nada?

-No hace falta que le preguntes. Nunca estará de acuerdo.

Pero me da igual. Yo no he dicho nada.

Y me gustaría no discutir de buena mañana.

Estoy pensando que a comisaría vienen abogados de oficio,

para personas que no tienen abogado. Podría interesarte.

¿Tu madre, abogada de oficio?

¿Qué problema habría, Mateo?

Primero, que no es tan fácil que te admitan;

hay que cumplir unos requisitos.

El hijo de uno de mis clientes lo ha intentado.

Creo que necesitas haber trabajado tres años como abogada.

Además, son casos difíciles de llevar:

agresiones sexuales, homicidios, violencia de género.

Ahí tienes razón.

Los abogados de oficio suelen defender a personas complicadas.

-Claro, y vosotros pensáis

que soy incapaz de llevar ese tipo de casos.

Sinceramente, Verónica,

no te veo defendiendo a un yonqui

que acuchilla a un chaval para conseguir la cartera

y así meterse un pico de heroína.

Como dice tu hija, para eso hay que servir.

A lo mejor os lleváis una sorpresa.

-Estoy pensando otra cosa. ¿Y si te acercas al centro cívico?

Allí hacen un trabajo interesante.

Los abogados que tienen allí llevan casos de desahucio,

de inmigración... Pauli, tú conoces a tu madre.

¿La ves defendiendo a ese tipo de gente?

No, Paula, soy una pija incapaz de sentir empatía

por gente con problemas de exclusión social.

Yo no he dicho eso.

Que seas un insensible no significa que yo lo sea.

-Bueno, voy a terminar de arreglarme.

-Estoy harta de que me menosprecies, y más, delante de nuestra hija.

No te he menospreciado,

solo digo lo que pienso.

Que esto de la abogacía es una idea absurda.

Es una ventolera pasajera. Qué patética imagen tienes de mí.

No quiero que te frustres con algo para lo que no estás preparada.

Entiendo que te aburras y quieras sentirte realizada,

pero hay otras formas de entretenerse.

¡Y dale! ¡La abogacía no es un entretenimiento!

Llámalo como quieras.

Tú preferirías que estuviera ocupada todo el día en el club de tenis.

Pues sí, creo que debes construir una red de amistades

con gente de tu nivel.

Y eso ayudaría a la imagen de la clínica aquí en Madrid.

Pero también puedes recuperar las clases de piano.

¿Mando traer el Steinway de Barcelona?

Claro, así por las noches amenizo vuestras veladas.

Lástima que no estarías casi nunca para oírme tocar.

Cuando te pones cabezota...

En fin, me voy,

que tengo un día bastante complicado por delante.

Qué suerte, yo lo tengo muy sencillo.

(Música dramática)

¡Eh, tú, inspectora!

¡Anoche organizaste una nueva cacería!

Eres insaciable en tus ansias de acabar con los Soler.

Elvira,

ese registro estaba más que justificado y Ud. lo sabe.

Sí, ahora te has sacado de la manga

que hemos robado un furgón blindado.

Como si Álvaro y yo fuésemos una banda organizada.

¿Y qué más, que hemos atracado el Banco de España?

Tenemos indicios suficientes para sospechar de los dos.

Bueno, de los dos y de su querida amiga Coco,

la experta en informática.

Ya te dije que está en Portugal.

Como si está en Honolulu. ¿Quién lo demuestra?

Pues buscadla, pero no en mi casa.

Estoy convencida de que su amiga Coco

hackeó el ordenador de la empresa de seguridad

igual que hackeó el ordenador de mi marido

para expedientarme por consumo de ansiolíticos.

No paras de inventar historias para detenerme,

pero mírame, estoy aquí.

Tal vez no por mucho tiempo. Eso te gustaría,

deshacerte de mí como hiciste con mi hijo.

Pues mi hijo no va a descansar

hasta que tú estés hundida.

¿Hasta que esté hundida?

¿Quiere decir que va a seguir buscando mi ruina?

No, lo que quiero decir

es que mataste a mi hijo y yo voy a ser muy feliz

cuando pagues por lo que has hecho.

Cumplí con mi deber, está demostrado.

No soy responsable de la muerte de su hijo.

(RÍE)

Actué con proporcionalidad.

¿Actuar con proporcionalidad es disparar contra un chico

que llevaba un arma descargada? ¿Qué eres, un monstruo?

No se lo tendré en cuenta, veo que está muy alterada.

Eso es lo que te gustaría, que yo me desquiciara,

pero eso no va a ser así.

Desde que llegué a Distrito Sur,

no has hecho más que perseguirme y matar a mi hijo.

¡Fue la oportunidad que buscabas para destrozarme!

(RESPIRA AGITADAMENTE) ¿Qué le pasa, Elvira?

Yo estaba ahí, estaba ahí...

y lo vi todo. ¡Vi como apretabas el gatillo!

¡Asesina!

¡Asesina!

¡Asesina!

No me va a quedar más remedio que detenerla.

¿Qué quieres, enviarme al calabozo? No lo vas a conseguir.

No lo conseguirás. -Señora, tranquilícese, por favor.

¿Qué está pasando? -¡No me toques! ¡No me toques!

-¿La llevo a comisaría? No, déjala.

(GIME ALTERADA)

-Está muy mal esta mujer.

Esta mujer está enferma.

En estas circunstancias no podemos detenerla.

Vamos.

(GIME NERVIOSA)

-¡Elvira!

-Una tila, por favor.

-¿Te ha pasado algo? -No... Una tila, por favor.

Estoy bien. -Ahora mismo.

-Hola, María. Un café cuando puedas, por favor.

-Menos mal que has llegado. -¿Te encuentras mal?

-No, ella. Tiene unos temblores de la muerte.

-Voy a ver.

¿No se encuentra bien? ¿Qué pasa, Elvira?

-Yo solo quiero tomarme una tila en paz, pero...

no sé si es demasiado pedir...

-Se lo pongo yo.

Déjeme, déjeme.

(JADEA)

-Soy médico. Es mi obligación atenderla.

¿Por qué no se hace un favor y me dice qué ha pasado?

(TEMBLANDO) -He tenido un encontronazo

con su mujer en la plaza.

-¿Y por eso se ha puesto a temblar?

-Sí, primero las manos...

y después todo el cuerpo.

-Le voy a tomar el pulso. ¿Me permite?

(RESIRA CON DIFICULTAD)

-Está un poco alterado.

Déjeme.

Da la impresión de que es un ataque de ansiedad.

Si se relaja, se encontrará mucho mejor.

-¿No tiene nada que ver con el alzhéimer?

-Sin hacer una exploración... ¿Por qué no se toma la tila

y hacemos unos análisis en el centro de salud?

¿Mejor?

-Sí.

-¡"Mamma mia"! ¡Qué trabajador!

-Paolo, ¿cómo estás?

-Qué alegría me he llevado cuando me has llamado. ¿La tienes?

-Acaba de llegar.

Por cierto, una verdadera maravilla.

-Cuidado, cuidado.

-Ahí.

-¡Mi obra de arte!

-Se ve que la cuidas. Está en perfecto estado.

-Cuando la compré estaba en un estado lamentable.

La encontré en un pajar, olvidada por un granjero,

le pagué un puñado de euros y mi padre la dejó como nueva.

-¿Tu padre es mecánico? -Sí.

Bueno, era, falleció.

En mi familia somos amantes de las motos antiguas

y mi pare, que tenía un taller, las restauraba.

-Ahora entiendo el cariño que tienes a las motos.

-Trátala con mucho mimo cuando le hagas la puesta a punto.

-No te preocupes,

la vas a dejar en las mejores manos.

-Fíjate bien aquí: el carburador que sea bien ajustado al clima

y a la altura de Madrid.

-Sí, el carburador es fundamental en este tipo de motos.

-Lo más preocupante son los recambios.

Son piezas auténticas sacadas de otras motos.

-Tranquilo, está todo controlado.

Sé dónde encontrarlas, tengo buenos contactos.

-Qué gusto hablar con un mecánico que ama su trabajo.

-Es vocacional.

-Pero imagino que no trabajas por amor al arte

y vas buscando la recompensa económica, ¿no?

-¿Preguntas si Motor Soler es rentable?

-Sí. Perdona si parezco indiscreto, no puedo evitarlo.

Siempre me intereso por la rentabilidad de los negocios.

-Pues... sí.

No gano mucha pasta, pero me da para vivir.

Y no tengo un jefe que me dé la chapa.

-Claro, estás feliz y satisfecho con lo que te da tu negocio.

Aunque no te importaría sacar más...

-¿Más? ¿En qué sentido?

-Por ejemplo, poniéndote en manos de expertos.

(Móvil)

-Disculpa.

Es importante. Tengo que contestar. -Por favor.

-Sí.

Sí, soy yo.

¿Mi madre?

¿Cómo está?

Gracias, doctor. Enseguida voy para allá.

Tengo que cerrar. Es importante. -¿Qué pasa?

-Mi madre, está en el médico.

-¡Por favor, vamos! "La mamma è la mamma".

-Para estas señoras, cuando enviudan,

hablar del maltrato de sus maridos es una liberación.

-Tiene que ser muy difícil romper el silencio.

-Por eso es importante la pedagogía en estas charlas.

Con que solo una de las asistentes dé el paso

y asuma su problema y se decida a denunciar...

me quedo contenta.

De hecho, una de las asistentes me habló de una amiga suya

que sufría maltrato y la convenció para hablar conmigo.

-¿Y va a venir?

-Es que ha venido esta mañana, ¿sabes?

Está casi convencida de denunciar a su marido.

-Ojalá así sea.

-Yo voy a ponerle empeño, porque es de juzgado de guardia.

-Seguro que lo consigues. Se te dan muy bien estas cosas.

¿Y Miguel qué tal? ¿Estaba contento con la charla?

-Sí, muy contento. -Qué bien.

Ya verás qué poco tarda en pedirte que des otra.

U otra cosa. -Lo dudo mucho.

-¿Por qué dices eso?

-¡Hombre! A ti te quería yo ver.

Ayer me dejaste tirada.

-Te dejé en buena compañía. -¿Buena compañía?

No entiendo por qué te fuiste, lo estábamos pasando bien.

-Estaba cansada. Si os lo dije.

-Ya. Pues te voy a decir una cosa,

Miguel parece tímido, pero cuando se suelta a hablar,

¡uf! Es superdivertido, además.

-¡Como tú!

-¿Por qué lo dices?

-Porque tú también pareces tímida,

pero luego cuando te sueltas, hablas.

-Sí. Supongo que en eso Miguel y yo nos parecemos.

-¡Y acabasteis muy tarde?

-Pues no. Nos dio para un par de cervezas más.

Y no sabéis en qué lío me he metido.

-¿Qué lío?

-Quiere que dé una charla en el centro cívico

sobre los peligros de la red y lo que conlleva.

-Ah... ¿Una charla?

-Sí, y solo de pensarlo, me tiembla el pulso.

-Si tú eres experta en el tema.

-Ya, pero sabéis que hablar en público no es lo mío.

No tengo la facilidad para hablar que tiene Espe.

Me pongo nerviosa solo de pensarlo.

-Anda ya. Si quieres, te ayudo.

-¿Sabes qué? Voy a ir a decirle que se olvide, no la voy a dar.

Así me quito dolores de cabeza.

Bueno, chicas, nos vemos luego. Hasta luego.

-¡Uf!

Espe, me da la sensación

de que no te ha hecho gracia la propuesta de Miguel a Ángela.

-¿A mí? No, bueno...

Yo qué sé... Cualquiera puede dar una charla.

-"Cualquiera".

-¿Qué?

-A ver, que nos conocemos y hay confianza.

Se nota a leguas que no te gusta

la confianza que se está creando entre ellos.

(SUSPIRA) -A ver....

Pues porque hay confianza te digo

que ayer me sentí como pez fuera del agua.

Y eso que me quedé muy contenta con la charla,

y luego con las cervezas y eso...

-Lo que no entiendo es cómo acabó Ángela metida en esto.

¿No habías quedado tú sola con él?

-Porque se pasó por el centro cívico

y, en cuanto llegó, Miguel solo tenía ojos para ella.

Nos fuimos a La Parra, estuvimos tomando algo...

y se notaba que entre ellos había mucha complicidad.

Estaban ahí hablando y yo estaba sujetando velas.

Y al final, me aburrí y me fui a casa.

Los dejé solos y ya está.

-Pero ¿era complicidad en plan amistad

o crees que a Miguel le mola Ángela?

-Completamente.

Cuando la ve, se le ilumina la cara.

-O serán imaginaciones tuyas.

-¡Venga ya! Pregúntale a María si quieres, que también lo notó.

Pero, vamos, que ya está.

A otra cosa, mariposa, que somos mayorcitos.

-Es verdad. Bueno, yo voy a seguir, que se me va la mañana aquí contigo.

Venga.

(Teléfono de la central)

-¡Álvaro! -¿Qué ha pasado?

(ELVIRA GIME)

Bueno, verás, yo estaba en la plaza

y me he encontrado con la inspectora Miralles.

Y me he puesto a discutir con ella.

Y enseguida me he empezado a sentir mal.

No controlaba las manos, me temblaban.

Después me he ido a La Parra y me temblaba todo el cuerpo.

-¿Y por qué te ha pasado eso? -No lo sé.

El doctor me ha hecho análisis y ha ido a buscar los resultados.

-¿Estás mejor?

-Sí, sí... Pero estoy muy preocupada.

-Tranquila. Seguro que son los nervios.

También influirá que Coco se ha ido.

Me ha mandado un mensaje y me ha dicho que todo bien.

No me ha dicho dónde está. -A mí también me ha enviado uno.

-Vale, no hablemos aquí de ella.

Vamos a ver qué nos dicen.

-Yo creo que tiene que ver con el alzhéimer,

que ha desembocado en párkinson.

-¿Lo piensas o te lo ha dicho el doctor?

-No, eso es lo que yo creo.

-No sé, no soy médico,

pero el alzhéimer y el párkinson no tienen nada que ver.

-Las enfermedades neurológicas son muy complejas, hijo.

A lo mejor unas desembocan en otras.

Esos temblores que he tenido son un síntoma de párkinson.

-No nos vamos a adelantar. A ver qué dice el doctor.

-Ya.

No paro de pensar que llegará un día en que seré dependiente.

Ese día va a llegar, Álvaro.

-Y ese día yo te voy a cuidar.

No voy a dejar que te falte nada.

-¿Sabes...?

Me siento...

...débil.

Y eso me da mucho miedo.

-Eh...

(LA BESA)

Vamos a luchar juntos.

-No, cariño, no.

Esta lucha está perdida.

Al final va a ganar el alzhéimer.

-¿Qué tal va el aterrizaje por la comisaría de D. S.?

-Muy bien. Aunque no quiero lanzar campanas al vuelo.

-¿Y cómo llevas el ser la sobrina del comisario?

-Estoy intentando que la gente no piense que soy la Protegida.

(RÍE)

-¡Paula! -Hola, mamá, ¿qué haces aquí?

-No he venido a vigilarte. Vengo a hablarte de lo mío.

He ido al colegio de abogados. -¿Ah, sí?

-Sí. Quiero iniciar los trámites para ponerme a trabajar pronto.

-Pues mira qué bien.

-Perdón. ¿Qué le pongo? -Un roibos.

-Pues roibos ahora mismo no me queda.

-Hum, ¿poleo?

-¿Sabes qué me han dicho en el colegio de abogados?

-Perdona, mamá, un momento.

Hola, Miguel. -Hola, Paula, ¿cómo estás?

-Bien. ¿Tú qué tal? -Todo bien.

María, cuando puedas, ¿me pones un bocadillo de tortilla?

-Sí. ¿Tú qué quieres?

-Es para él, para Kumala. Yo no voy a tomar nada.

De hecho, ponme también un zumo. -Muy bien.

Ahora mismo.

Aquí tiene su infusión.

-Gracias.

-Y el zumo.

-Gracias.

-Oye, Miguel...

¿Lo de Genaro cómo va? ¿Ya tiene lugar dónde dormir?

-Sí, en el albergue había camas y se ha quedado ahí.

¿Habéis encontrado a los tipos que le dieron la paliza?

-Pues no, pero estamos trabajando en ello.

-Ojalá tengáis suerte. Me gustaría verlos pronto ante un juez.

-Aquí tienes el bocadillo.

¡Kumala! Si quieres más, me lo dices.

-Paula, ¿no me presentas?

-Ay, sí, perdona. Miguel, te presento a mi madre, Verónica.

-Claro. Mucho gusto. -Encantada.

-Miguel es trabajador social en el centro cívico.

-Sí, y hace una gran labor. Puedo dar fe.

-Bueno, menos de lo que quisiéramos.

Al final, siempre estamos faltos de recursos y, en cambio,

tenemos muchas historias como las de Kumala.

-¿De dónde es?

-Kumala es somalí.

Salió de su país con su mujer y su hija

hasta llegar a Marruecos. Allí intentó cruzar en una patera,

naufragaron, su mujer y su hija murieron

y es un milagro que esté aquí.

-Madre mía, pobre criatura. Anda, que vaya historia.

-Sí. Ahora estamos intentando conseguirle los papeles.

Pero es difícil.

Nos está costando, aunque estamos colaborando con un abogado.

-Ah, oye, pues mira...

mi madre es abogada; a lo mejor, os puede echar una mano.

-Vamos a ver, nosotros siempre, ¡siempre! necesitamos abogados

en el centro cívico.

-No me lo digas dos veces. -Te lo digo dos veces. ¡Siempre!

-Bueno, pues, en cuanto pueda, me escapo y me cuentas qué hacéis.

-¡Perfecto!

-¿Nos cobras?

-Sí. ¿Su café y el poleo?

-No, todo, lo de Kumala también. -No, por favor.

-Insisto, claro que sí. -No hace falta.

-Que sí.

-Gracias.

-No hay de qué.

-Toma. -No, está bien así.

(VERÓNICA) -Bueno.

-Pues nada, hasta luego. -Hasta luego.

-Hasta luego, bonitas. (VERÓNICA) -Chao.

-Qué majas son, ¿no? -Sí, mucho, la verdad.

Siéntate si quieres. Te pongo un café.

-Americano.

-Hombre, Álvaro. Qué bien que hayas venido.

-Hola, doctor.

¿Qué tal los análisis?

-Bueno, la analítica

está indicando que hay unos niveles bajos de electrolitos,

sobre todo, de sodio y potasio.

Y un porcentaje de glóbulos rojos bastante alto.

-¿Y eso qué significa?

-Eso significa

que, con un nivel de tensión arterial bajo

y una frecuencia cardiaca mayor de lo normal,

estamos ante un cuadro de deshidratación.

-¿Deshidratación?

-Sí. Por eso ha tenido esos temblores, Elvira.

-¡Ah! Qué raro, ¿no?

-Bueno, aunque lo parezca, no lo es.

Si hay una baja ingesta de líquidos

y alimentación deficiente, unida al estrés,

suelen ocurrir estos temblores.

-¿No tiene que ver con el alzhéimer?

-No, qué va.

-Mi madre piensa que puede ser un principio de párkinson.

-Los síntomas son diferentes.

-Bueno, nos quedamos mucho más tranquilos. ¿Verdad?

-¿Eh? Sí, sí.

Pero no acabo de entenderlo.

-Pueden mirar en internet. Se llaman temblores ortostáticos.

Puede padecerlos cualquiera,

aunque no tenga una enfermedad neurológica.

-Pues me quita un peso de encima.

-Bueno, voy

a recetarle algo para que se encuentre mejor.

Pero, sobre todo, beba líquido, bebidas isotónicas.

-Vale. Iremos a comprarlas.

-Hay algo que no venden en las farmacias:

mucha tranquilidad.

-¿Tranquilidad?

-Mamá, ya has escuchado al doctor.

-Sí. Sí, cariño. Vámonos. Gracias, doctor.

-Si se encuentra peor, esta noche estoy de guardia.

-Muchas gracias.

-El bocadillo, no te lo olvides.

Que vaya bien.

-Verónica. Al final has venido.

-Hola, Miguel. Sí, aquí me tienes.

Bueno... Es aquí.

Me gustaría que me enseñaras el centro cívico.

Madre mía... La historia de Kumala me ha removido.

-Tenemos muchas historias como la de Kumala.

-Ya me imagino. Por eso me admira tanto

la labor que hacéis aquí, ayudando a los más desfavorecidos.

-Vente y te enseño las oficinas, algún aula...

-Sí.

-Tienes razón.

Creo que organizaciones sociales como esta

son las que más se comprometen

con las personas que realmente tienen problemas.

-Igual os iría bien contar con una abogada en paro.

Sin mucha experiencia,

pero con unas ganas enormes de colaborar.

-Ya te lo dije, Verónica.

Los abogados son más que bienvenidos aquí.

Pero nosotros no manejamos presupuesto.

Quiero decir, no estarías en nómina.

-Pero sí sé que tenéis abogados.

-Sí, trabajan de nosotros de forma voluntaria,

cuando pueden, en sus ratos libres.

No sé si esa era tu idea.

-Lo que quiero es colaborar de forma altruista.

-"Ok".

-Mira, Miguel, para mí el dinero no es un problema.

Yo lo que quiero es ayudar a los demás

y sentirme realizada como abogada.

Ya sé que piensas que la diversión me va a durar dos días,

que es el capricho de una mujer con mucho tiempo libre...

Pero me gustaría demostraros

que no es ningún capricho.

¿Qué me dices?

-Te digo, Verónica, que tengas en cuenta...

que este trabajo no es especialmente agradable.

Estamos un poco, y perdona la expresión, en la mierda.

Estamos rodeados de historias complicadas,

de personas que realmente lo pasan mal:

familias desestructuradas, gente en exclusión social.

Y a veces a uno le dan ganas de irse a llorar a la esquina.

Pero no nos lo permitimos.

-Bueno, me imagino que esto va a ser muy duro al principio.

Pero quiero intentarlo.

-A veces verás que no puedes ayudar a esa persona

y al día siguiente te vendrá un caso igual o peor,

y vas a tener que pasar página.

-Mira, esta mañana mi marido ha intentado quitarme de la cabeza

la idea de ayudar a los que no son de mi clase social,

porque dice que un rico no es verdaderamente empático.

-¿Eso te ha dicho? -Sí. Bueno, a su manera.

Pero, como ves, no me ha convencido.

Yo lo que te juro, es que a pesar de la imagen de pija

que tienes de mí... -Yo no he dicho eso.

-No te preocupes, me suele pasar.

Quiero que sepas que estoy dispuesta a implicarme al máximo.

Por muy duro que sea.

-Me convence.

Bienvenida.

Ahora, te vamos a explotar.

Vas a tener una carga de trabajo grande.

(SUSPIRA) -Bueno. Cada vez me convences más.

-También te seré sincero:

no estamos llorando por las esquinas todo el tiempo.

Hay momentos muy especiales, muy bonitos,

de sentirte muy bien contigo mismo

cuando ayudas a alguien que lo necesita...

La mirada de ese alguien... no tiene precio.

-Ya me lo imaginaba.

Entonces ¿cuándo quieres que empiece?

-Déjame mirar por dónde puedes empezar y te digo.

-Perfecto. Oye, yo mañana estoy disponible.

-Venga, mañana. (ILUSIONADA) -¿Mañana?

-Mañana. -Venga, nos vemos.

-Elías piensa igual que yo, que no lo debería haber hecho.

-¿Cuándo has hablado con Elías? -Hablamos todas las noches

cuando cierro aquí, que él ya ha cenado.

Bueno, ha cenado hace horas, con el horario parisino.

-¿Y qué te ha dicho exactamente? -Pues me ha dicho eso,

que el dinero no se puede invertir así a lo loco,

que hay mucho timador suelto.

-A ver, estamos hablando de Paolo, no de un timador.

-Mujer, que no digo que tu novio me vaya a engañar... Pero...

-Pero ¿qué? Vamos a ver, María,

Paolo es un "broker". Su trabajo es invertir en bolsa.

Además, no te ha recomendado nada de alto riesgo.

-Ya. Pero hablando con Elías me recordó lo de Gregorio...

-¿Quién es Gregorio?

-El amigo de tu padre. Un zapatero del barrio.

El director de su banco le recomendó invertir sus ahorros

en la bolsa, que iba a ganar seguro. Y acabó arruinado.

-¡Ay! A ver si me voy a tener que arrepentir

de haberte insistido para que inviertas.

Como pierdas, madre mía la matraca que me vas a dar.

-¿Cómo? ¿No decías que no podía perder, que era tan seguro?

-A ver, seguro no hay nada. Siempre hay un mínimo riesgo...

Como todo... -¡Adiós a los arreglos de mi casa,

adiós al viaje, adiós a todo! ¡Ya está!

-Hola. -¡Paolo, menos mal!

-¿Qué tal?

María está histérica con lo de la bolsa.

-A ti te quería yo ver. -Y yo a ti.

De hecho, tengo noticias frescas.

-¡Me lo imaginaba! Si yo tenía un pálpito...

¡Pues nada, igual que vino se fue! ¡Pues ya está!

-Lo siento mucho. -¿Lo siento?

Y tú no te rías.

¿Me metes en esto, lo pierdo todo y encima te ríes?

-Es que... el valor de tus acciones

se ha duplicado.

Y ahora tienes el doble.

-¿Cómo que se ha duplicado? -El doble. Dos veces.

-¡Que has duplicado el precio!

-¿6000 euros, así sin hacer nada?

-Bueno, perdona la modestia, es que lo he hecho yo por ti.

Invertí en la empresa de baterías eléctricas...

-¡Que te como esa cara que tienes!

(LE BESA) ¡Que te como la cara! ¡Pero qué alegría!

¡Madre mía, Paty! ¡Elías no se lo va a creer!

-Vas a hacerte una reforma de lujo. Y te sobra para irte de viaje.

-Sí, sí. ¿El dinero lo puedo tener cuando quiera?

-Claro. O puedes esperar que siga subiendo.

-No, déjate. Déjate, que ya he padecido bastante.

-Vamos a dejarlo, que ha sufrido mucho estos días.

-Vale, si es lo que quieres. -Sí, recupera esas acciones

y ya está. He jugado, he ganado, pues me planto.

-"Ragazze", finiquitamos las acciones y no se hable más.

-¡Qué maravilla, Paty! Te voy a hacer un regalo.

Nos vamos de compras. Te compro lo que te dé la gana.

Y a ti... -¿Qué?

¡No sé! ¡Que vas a comer gratis en mi bar toda tu vida!

(GRITA CONTENTA)

¡Qué maravilla!

¡Ay, Paty! ¡Paty, Paty!

(RÍE)

-Te entiendo. La situación de Kumala es insostenible.

No puede seguir trabajando sin tener los papeles.

Bueno, hagamos eso. Estamos en contacto.

Venga, chao.

¡Ángela! ¿Qué tal?

-Bien. Te he estado llamando,

pero no sé, tienes el móvil apagado...

-No lo tengo apagado.

Estaba con un montón de llamadas sobre un asunto.

-Tranquilo, no te voy a entretener.

-Pues tu dirás. ¿Es por la charla?

-Sí, no... Lo he estado pensando

y no la voy a dar. Lo siento.

-"Ok".

¿Por?

-Pues porque me agobia mucho.

No estoy acostumbrada a hablar en público.

-Sé lo que me vas a decir,

que con mis conocimientos podría ayudar a mucha gente, pero...

Solo de pensarlo, me pongo mala.

-No sé, Ángela, supongo que son los miedos.

Pero miedos tenemos todos.

Miedos que nos bloquean, que no nos dejan

superar nuestros límites, trascenderlos.

Sí que te puedo decir que una de las mejores sensaciones

es ver que alguien es capaz de hacer aquello que le bloqueaba;

superarlo.

-¿Estás tratando de convencerme? -Sí.

Pero respeto tu decisión.

-Pero aun así quieres que luche contra mis miedos.

-Bueno, es que creo que eres una persona muy especial.

Y me gustaría ayudarte.

(Teléfono)

-¿Te parezco especial?

-Me pareces una mujer muy valiente.

Muy muy valiente,

y decidida. Y creo que esto es poca cosa para ti.

Creo que deberías planteártelo como un reto, y ya.

-Poder de convicción sí que tienes. Daré esa charla.

Pero no me responsabilizo del resultado...

Y si hago el ridículo, no te enfades.

-No me voy a enfadar, cien por cien seguro.

Eso te lo digo ya.

Además, creo que lo harás muy bien.

-Bueno, no cantes victoria todavía.

-Estaba pensando que igual te puedo echar una mano.

Darte consejos sobre cómo enfocar la charla,

o cómo hablarle al público.

-Una sesión de "coaching" no me vendría mal.

-Pues vamos. -¿Cómo, ahora? ¿Aquí?

-Sí, ahora y aquí. Hay un montón de aulas libres.

¿Vamos?

-Vale.

(Sirena)

(Llaman a la puerta)

¿Sí?

-¿Puedo pasar? -Hola, Elvira. ¿Se encuentra mal?

-No.

He venido para decirle que me encuentro mucho mejor.

-Bueno. No han vuelto los temblores, ¿no?

-No. Han desaparecido por completo.

-Ya le dije que un poco de reposo la ayudaría.

Mucha tranquilidad y mañana estará en forma.

-Bueno, yo venía a darle las gracias

por lo bien que me ha tratado, primero en el bar y después aquí.

-No tiene por qué darlas. -Sí.

Porque yo me he comportado mal,

y usted se ha preocupado por mí.

(EXCLAMA) ¡Demasiada paciencia ha tenido conmigo!

-Siéntese.

-No sé si lo sabe, los médicos tenemos un código deontológico.

Nos obliga a asistir a los enfermos, profesional

y moralmente.

Aunque sean nuestros peores enemigos.

-He oído hablar de ese código, sí.

-Así entenderá por qué hice lo que hice, a pesar de todo.

-Lo entiendo.

Lo dice por su esposa.

-Cuando ataca a mi esposa, me ataca a mí.

Eso me hace sentirme muy mal.

-Pero tiene que entender que si yo he perdido a Ricky...

-No vaya por ahí, simplemente le digo

que esta situación me produce unos sentimientos

que tengo que alejar de mis obligaciones como médico.

Nada más.

-Yo no podría. Si alguien le hiciera daño a mis hijos,

yo sería incapaz de ayudarle y de cuidarle...

Al contrario, haría lo posible por que se sintiera mal.

-Por eso soy médico y Ud. no.

-¿Y si yo matara o hiriera a su mujer?

-No hagamos suposiciones; hablemos de los hechos.

Ha dicho cosas horribles sobre mi mujer,

sin embargo, yo la voy a atender siempre que me necesite.

Como siempre.

-¿Sabe, doctor? Le admiro.

Y eso no lo siento por muchas personas. Por casi nadie.

Pero hoy me ha demostrado que es una gran persona.

-Me alegra que piense así. -He cambiado de opinión.

No quiero ir con la doctora Merino,

quiero seguir con usted, si le parece bien.

-¿Aunque yo sea el esposo de la inspectora Miralles?

-Hoy me ha demostrado que es el mejor médico que puedo tener.

Siempre me ha tratado muy bien,

y conoce mi historial. Así que no puedo dejarle escapar.

-Rectificar es de sabios. Está bien.

-Voy a vivir momentos muy duros con esta enfermedad,

y quiero tenerle cerca.

-Voy a ser muy pesado con la medicación y el tratamiento.

-Y yo soy una mujer directa.

Y me gusta la gente directa.

Con esto quiero decirle

que no voy a cambiar de opinión sobre su mujer.

-Podría readmitirla, pero con una condición.

Que no hable mal ni se meta con mi mujer delante de mí.

¿De acuerdo?

-De acuerdo.

-Le prometo que en esta consulta solo habrá una paciente y un médico.

-Adiós.

(SUSPIRA)

-Miguel me ha recibido muy bien.

Aunque no se ha andado por las ramas,

me ha advertido que trabajar con necesitados va a ser duro.

-Eso ya te lo imaginabas.

-Sí, pero ha llegado el momento de dar un cambio a mi vida.

Y esta es una oportunidad de oro.

-Me siento muy orgullosa de ti.

Trabajar en el centro cívico te va a venir muy bien.

-¿Y tú qué tal en la comisaría?

-Bien.

-¿Y con tu... binomio? Binomio.

-Toni. No hace falta que preguntes todos los días por él.

-Por preguntar... Como pasas tantas horas con él...

-Paso las horas que tengo que pasar porque es mi trabajo.

-Lo único que quiero saber es si está pendiente de ti.

(REPRIME LA RISA)

-¿Seguro que no te gusta?

-¡Bueno, vale ya! -¡Soy tu madre!

¿No podemos compartir esas cosas? -No, nada de eso.

Y ni se te ocurra hablar de Toni delante del tío Emilio.

Ahora voy a dormir, que estoy muy cansada.

Deja, cariño, lo recojo yo.

-¿Y papá no viene a cenar?

-Hay pastel de pescado en la nevera. -Si quieres, le llamo.

-No, vete a dormir.

-Pues buenas noches. -Un beso, cariño. Descansa.

-Igualmente.

(SILBA)

Eh, Toni, ¿qué tal? -Bien. ¿Estás cerrando ya?

-Sí, pero te preparo lo que quieras. -Vale, guay...

Un bocata de tortilla, porfa. Que estoy de guardia.

-Siéntate si quieres. -No, deja.

-¿Tú qué? ¿Qué tal con la nueva chica de prácticas?

-¿Paula? -Sí.

-Bien, bueno, de niñera un poco.

Pero no la tengo todo el rato. Hoy descanso.

-Lo dices como si fuera un castigo.

-Es una responsabilidad.

-Ya, porque es la sobrina del jefe, ¿no?

-Y como está de prácticas no podemos hacer operativos,

estoy todo el día encerrado.

-Bueno, pero eso no es su culpa. -Ni la mía. Es un marrón.

Todo porque la niña está muy verde.

-¡Mírale!

Que cuando estabas en prácticas, le dabas mil vueltas, ¿no?

-Perdona, cuando estaba en prácticas estuve verde dos días,

porque luego estaba en los operativos más tochos.

-Sí, eso es verdad, me acuerdo yo.

Bueno, y que sepas que no me ha parecido tan pija.

Teniendo los padres que tiene...

-¿Ah, que has conocido a los padres? -Sí, se pasaron por el bar.

-Están montados en el dólar.

El padre va a montar una clínica estética que flipas

y la madre no trabaja, ¿sabes?

Igualito que mi madre, deslomándose desde que sale el sol.

-¡Oye, no te lo he contado! María ha "pillao" un pellizco...

-¿Sí? ¿En plan?

-3000 pavos. Bueno, no: 6000.

-¡Qué va! ¿Y eso?

-Porque mi chico... Paolo le echó una mano

y le ayudó a duplicar los 3000 euros

que le tocaron en la tómbola.

-Ya.

-¿Qué pasa? (TONI RÍE)

-Que no me acostumbro a escucharte decir "mi chico".

Pero bueno. -Lo siento mucho. No quería...

-Que no, no te rayes. Bueno, me alegro por María.

Al final va a ser verdad que el chaval ese es un chollo.

(ASIENTE)

(EXHALA CON FUERZA)

Lo siento, Verónica.

He hecho lo posible por venir a cenar, pero no he podido.

¿Ya habéis acabado?

¿A ti qué te parece?

¿Y Paula? Durmiendo.

¿Vas a cenar o has picado algo?

No, no. Traigo un hambre de campeonato.

He tenido una bronca con el jefe de obra.

Es un incompetente.

No sé qué hacéis con él.

Bueno, hoy ha sido su último día.

He exigido al constructor que lo cambie por otro

a ver si el nuevo vale más y acabamos las obras,

porque me voy a volver loco.

No me des explicaciones de por qué llegas tarde.

Después de tantas mentiras tampoco voy a creerte.

Debería interesarte lo que pasa con la clínica.

Para algo eres socia de la empresa.

Nuestra empresa me interesa mucho.

Pero no creo que hayas llegado tarde por nuestra empresa,

sino por tus amantes. ¿Otra vez con eso?

Sí. Otra vez con eso.

Pero tenlo claro, me da igual lo que hagas con tu vida.

Tú y yo estamos casados,

y tenemos que llevar un mínimo de convivencia.

No lo creo.

Ahora cada uno puede hacer lo que le dé la gana

sin dar explicaciones.

Si seguimos bajo el mismo techo es por la empresa y por Paula.

Cómo te gusta llevar las cosas a un extremo absurdo.

Absurda fui yo, teniendo que aguantar tus mentiras

y humillaciones durante años. Pero se acabó.

Para esto te podrías haber quedado en Barcelona.

Pues igual necesitaba salir de mi zona de confort

para poder ser yo verdaderamente.

¿Tú, verdaderamente?

Supongo que esto tiene que ver con el tema de ser abogada.

Sí.

Vale. Quiero hablar contigo sobre ello.

En primer lugar, quiero pedirte disculpas.

Esta mañana he sido un borde. No debí burlarme

de tu idea de ejercer de abogada.

¿Mateo Bremón rectificando?

Sí, creo que tienes razón. Trabajar de abogada

es muy buena idea. Y más ahora que Paula es mayor.

Gracias por tu autorización.

No es mi autorización, pero quiero ayudarte.

Y quiero darte ideas para impulsar tu carrera.

¿Cuáles?

He pensado que mañana voy a llamar a Oleguer,

y le diré que ahora tú llevarás los asuntos legales de la clínica.

Ni se te ocurra. ¿Le llamarás tú?

No. No quiero trabajar en la clínica.

Lo he decidido: voy a trabajar como abogada

en el centro cívico de Distrito Sur.

¿Estás segura?

Completamente. Pero ¿qué vas a hacer allí?

Ayudar a gente con riesgo de exclusión social:

indigentes, inmigrantes, gente necesitada...

Lo siento, pero no te imagino defendiendo a esa gente.

No sabía que te interesaba la justicia social.

Qué poco me conoces, Mateo.

Si te hubieras interesado más por mí que por tus amantes,

seguro que me conocerías mejor.

Pero ya es demasiado tarde para ti.

¿Adónde vas? ¡Estamos hablando!

Me voy a dormir. Tienes pastel de pescado en la nevera.

-Estoy convencida de que te caerá bien al final.

A ver si es verdad.

Pues sí. Mira, ahí le tienes. (PAOLO) -Hola.

-¡Hola! -¡Toni! ¿Qué tal?

-¿Qué pasa?

Pues aquí, intentando entender

cómo es que María ha ganado tanta pasta.

-Bueno, esa es la magia de la bolsa.

De un día para otro se ha duplicado lo que había invertido.

(RÍE) -¿Así, sin más?

-Bueno, no sin más. No es fácil.

Hay que saber invertir.

Ser "broker" es un trabajo como otro.

Hay quien tiene talento y quien menos.

-Y tú eres de los que tiene talento.

-Más o menos.

-Si tienes algo ahorrado, yo se lo daría para que lo invierta.

-Yo estaría encantado. -Sí, lo que me faltaba.

Tengo la cuenta más pelada que una rata, como para jugar.

-Porque te lo fundes todo.

Deberías pensar en el futuro.

-Porque me gusta vivir el presente.

Lo que me apetece es vivir la vida.

¿Me lo apuntas hasta que llegue fin de mes?

Por favor. -Claro que sí.

-Me ha dicho Paty que te encanta la comida italiana.

-Sí, sí.

Lo que pasa es que hay pocos italianos de fiar.

Digo, restaurantes que tengan pasta fresca,

que sean italianos...

-Pues si María me deja su cocina,

una noche os preparo... yo qué sé,

"tortellini in brodo".

-¡Sí, eso te sale buenísimo!

-Propónselo a María.

-Mañana. Hoy celebra su premio con sus amigas.

-Y tú no faltes, que es una cena para los amigos.

(DISTANTE) -Claro. Si me avisáis con tiempo yo voy.

Me voy a ir.

Vale. (AMBOS) -Chao.

(SUSURRA) "Tortellini".

(PATY RÍE)

-Me encanta cómo suena eso de una cena para los amigos.

-Y tú me vas a ayudar. -Pues claro que te voy a ayudar.

-Oye, no te comenté de la moto. Acaba de llegar a Madrid.

La he dejado en Motor Soler para hacerle una puesta a punto,

pero, como pronto la tendré lista podremos dar vueltas por ahí.

-¡Pues me apetece un montón!

Me encantaban los viajes que hacíamos por Verona.

-Piénsatelo bien,

piensa itinerarios alrededor de Madrid...

¿Vale? -Vale.

-¿Te falta mucho para cerrar?

-No. Apago las luces y estoy. -Vale.

-Espero.

(Móvil)

¿Sí?

Claro que sé por qué he venido aquí.

Sí, no hace falta...

Bueno, eso me va a llevar tiempo, ¿vale?

Necesito más tiempo.

Vale. De acuerdo.

"Buona sera, buona sera".

-Estoy. -Vamos.

-Se me han ocurrido unas rutas por la sierra de Madrid

que vas a flipar.

-Perfecto. -Adelante.

-Gracias.

La verdad es que nunca me ha fallado y confío en él.

Mientras yo sea capaz de cumplir lo pactado,

seguro que no volvemos a tener problemas.

-¿Crees que serás capaz de no hablarle de Miralles?

-Necesita descargar su rabia contra alguien

y tú eres el blanco perfecto.

Solo te pido que no te pongas a tiro.

Lo intentaré.

Pero esa mujer no es de las que se quedan de brazos cruzados

lamentándose de su destino.

Hay un montón de pasta escondida en el taller.

-Y no sabes qué hacer con ella. -No tengo ni idea.

Hay que sacarla cuanto antes.

La policía ha registrado la casa

y en cualquier momento registrarán el taller.

-Sí. No nos la podemos jugar.

-Mi padre me ha dicho una cosa, que supongo que me estaba vacilando,

pero quería confirmarla antes de ir a comisaría.

No es ninguna chorrada. No te estaba vacilando.

No. No me lo creo.

Espero que trabajar con tu hijo no sea un problema.

No, al contrario. Me hace mucha ilusión.

Quiero ver qué clase de policía es Toni.

-Me comportaré de forma profesional. ¿Seguro?

¡Sí! Lo que pasa es que chocamos mucho,

porque es que es una persona que siempre ha de tener la razón.

Digas lo que digas, siempre te lleva la contraria.

Pues como tú. ¿Yo de qué?

-No sabes lo mal que lo pasé.

Pensando: "No será el cuento de la lechera y me quedo sin na"?.

(RÍE) -Pero ¿cómo te dio por ahí, mujer?

-Fue por el novio de... ¡Ah, esa es otra!

¡Paty se ha echado un novio!

En fin, él trabaja en cosas de bancos y entiende mucho

y además tiene una labia que me convenció.

-¿Crees que le interesará invertir en una empresa ruinosa?

Mis socios me han abandonado definitivamente.

Se lavan las manos,

no quieren saber nada de la empresa.

El 95 % de los clientes ha contratado

los servicios de otras empresas de transportes del sector

para llevar sus mercancías.

Y los bancos...

El banco ya no se fía de mí.

-¿Qué estás haciendo?

¡Suelta ese dinero ahora mismo! ¡Tienes tres segundos!

Tres,

dos...

-Si hubiera querido llevármelo, lo habría hecho.

-Entonces ¿qué mierda quieres?

-¿Te enseña muchas cosas mi hijo aquí en el bar?

-Estamos en la hora de descanso, oficial Ríos.

-Yo me voy al baño un momento.

-¿Qué haces aquí?

Venir a ver dónde trabajas. ¿Te parece mal?

No, pero podrías haber avisado.

Miguel, te presento a mi marido, Mateo.

Tú eres el jefe de todo esto.

Bueno, no lo diría así, pero sí, soy el que lo gestiona.

(GRITA) ¡Eh, eh, eh! -¡Chicos!

-¡Eh, ya está! ¡Ya está! He dicho que ya está.

-Deja que cometa sus propios errores.

Si mete la pata, rectificará.

Y tal vez decida trabajar en un bufete de abogados.

Si quieres reconocimiento, te buscas trabajo en un bufete.

No te gusta el de Oleguer, vale. ¿Te das cuenta de que hace años

que no tomo una decisión y no dejas de cuestionarla?

Has decidido también romper nuestro matrimonio.

¡Ni se te ocurra culparme de eso!

-Vale ya.

-Paula.

¿Cuánto llevabas ahí? Lo he oído todo.

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Servir y proteger - Capítulo 614

10 oct 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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