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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 606 - ver ahora
Transcripción completa

Recién salida del horno. Está guapa, ¿eh?

-¡Toni!

¡Felicidades!

Me alegro un montón de que ya seas policía. Te lo has currado tanto.

-Yo quiero demostrarte que te amo.

Por favor.

Me harías el hombre más feliz del mundo.

-Dios, Toni, yo no... no sé qué decirte... no...

-Eh, "bella mia".

-¿Paolo?

Pero ¿tú qué haces aquí tan pronto?

-Bueno, sorpresa.

¿Qué tal?

-Matilde, si quiere contarnos algo, sabe que hay confianza.

-Me pegó.

Y me mandó a freírle un par de huevos.

-Mi deber es aconsejarle que denuncie a su marido.

-No, no. Es una barbaridad y ya le dije a este que ni hablar.

-Si alguna vez pierdo la paciencia con ella,

yo nunca le haría nada malo.

¿Has creído algo de lo que ha dicho? Ni una palabra.

-¿Para qué has ido a casa de Matilde? ¿Para caldear los ánimos?

-No, todo lo contrario. Quería suavizar las cosas,

calmarlas, pero, vamos, ni me han contestado al telefonillo.

-Pensabas que le había hecho algo malo a mi mujer, ¿verdad?

-Solo queríamos asegurarnos de que ambos están bien.

-Que sea la última vez que sales sin permiso.

Y ahora vamos para casa que me voy a encargar de que no salgas

en una buena temporada. Vamos.

Ah, que ahora es majo.

Como ayer te pregunté y era un tío muy serio en su trabajo.

Porque tiene cosas que no me gustan.

No sé, es muy impulsivo.

Científica me ha enviado su informe definitivo.

Al parecer Ricky no tenía intención de disparar

ni hacer daño a nadie porque...

su pistola no tenía balas.

Le aseguro que voy a llegar al fondo de este asunto.

El arma de Ricky estaba descargada.

-Nadie se ha preocupado

por saber la versión de la familia de la víctima.

Y eso no me parece nada justo.

Le aseguro que esta entrevista no le va a defraudar.

-Tu comportamiento debe ser intachable.

Ricardo Soler me apuntó al pecho y yo disparé.

No hubo tiempo para pensar.

Eso no lo decides tú.

Le aseguro que soy el primero

que quiere ver pagar a esa mujer por lo que hizo.

Pero no hay ni una prueba que la incrimine directamente.

Y yo ya no puedo hacer nada más.

-¿Y ahora qué hacemos?

-¿Quieren pruebas?

Pues van a tener pruebas.

-¿En qué estás pensando?

-Igual bastaría con hackear el ordenador de alguien

cercano a Miralles,

con algo que pudiera implicarla.

El doctor Torres.

-Esto ya suena muchísimo mejor.

(Música emocionante)

-Aquí tienes, cariño. Café doble bien cargado.

-Qué falta me hacía. Dame otro azucarillo, anda.

-¿Tú le vas a echar dos sobres de azúcar al café?

-Necesito gasolina, que la fiesta de ayer me dejó matada.

-Que me vas a contar a mí.

-Ya no están los cuerpos para esto. Para irse de fiesta hasta las tantas

un día de diario.

-No están los cuerpos, no.

Bueno, no están los nuestros.

Que hay gente que sí que tenía cuerpo de fiesta.

Paty y Toni.

-¿Qué viste?

-Mujer, pues...

Ver, ver, no vi mucho.

Pero vamos, la gente se iba yendo, se iba yendo y el Toni aquí.

Total, que me subí para mi casa y aquí los dejé solicos.

-Qué alegría me da, de verdad.

Es que esa pareja me gusta mucho.

Yo creo que lo del italiano es un capricho pasajero.

-Pues sí, una calentura.

Pero vamos, tal y como los vi anoche...

Más le vale al italiano devolver los billetes porque...

-Porque donde se ponga mi Toni que se quite el italiano.

-Pues sí, el Toni es mucho Toni.

-Qué caliente está esto. -¿Te traigo un vaso con hielo?

-No te preocupes, ahora me enchufo el extintor de la comisaría.

-Me cuentas luego, ¿eh? -Sí.

-Eh, qué contenta te veo.

-¿Tú qué tal?

-¿Qué tal tú?

-Bien. -Anoche.

Con Toni.

Tengo mucha prisa y tengo que irme. Luego me cuentas y si no pues...

-¿A esta qué le pasa?

-Yo qué sé. ¿Qué le pasa?

-María, ¿qué le has dicho?

-¿Yo? Yo qué le voy a decir, nada.

-¿Nada?

-A ver...

Le he dicho que anoche os quedasteis Toni y tú aquí solos, pero vamos,

que no sé, habrá sacado sus propias conclusiones.

-Y tú habrás sacado las tuyas también, ¿no?

-¿Los padres no sabían nada de eso?

-¿Los padres?

Las redes sociales advierten que no deben usarse hasta los 16.

Pero hoy en día,

les regalan teléfonos de última generación a los 12 y...

pasan estas cosas. -Sí, también es verdad.

Los chiquitines se abren cuentas en las redes sociales como si nada.

-Es como si le compraran una moto sin enseñarles a circular

y luego se extrañaran de que se estamparan.

Ese pobre chaval al que se lo hicieron jugando

lleva dos días en coma.

-Madre mía, de verdad. Pero...

¿A qué niñito esto le cabe en la cabeza ponerse a jugar

con un compañero hasta asfixiarlo y dejarlo inconsciente?

-Pues en la cabeza de un niño que se pasa tres horas al día

viendo gilipolleces en el teléfono,

mientras los padres están tirados en el sofá, pasando de él.

-Eso también es cierto, para colmo de males.

Oye, ¿hay detenidos?

-Todavía no puedo acusar a nadie de ser el instigador.

Estoy rastreando los hashtag pero...

Esas cosas solo se evitan si los chicos

tienen charlas en los colegios.

-Claro.

Y también si se les da alguna charla a los padres,

a ver si espabilan.

¡Hombre!

Que estabas aquí, buenos días, ¿eh? -Buenos días.

-Vaya carita traes, ¿no?

No has pegado ojo en toda la noche.

-Pues no.

No por lo que pensáis.

-No sé, hija.

Con la cara tan alegre que has traído esta mañana, canturreando,

y con todo lo que vi anoche, pues...

-Pero es que igual anoche te perdiste un detalle

que pasó luego. -Ah, ¿sí?

-Que entró Paolo por la puerta.

-Pero ¿ese no venía mañana o pasado?

-Pero tenía tantas ganas de verme que cambió el vuelo.

-¿Y qué hicisteis? -Pues te puedes imaginar.

Nos fuimos a mi casa.

Y pasamos una noche...

increíble.

-¿Y Toni?

(SUSPIRA) -Pues Toni...

Se quedó bastante planchado, la verdad.

Es que no sabía ni qué decirle.

-¿Y qué hizo?

-Nada.

Me dio las buenas noches y se fue a casa.

-Vaya bajonazo también para el pobre.

-Pero yo tampoco tengo la culpa, ¿no? O sea...

Quiero decir, él sabía perfectamente que esperaba a Paolo.

-Ya, si lo sabría.

Pero eso no quita que tuviera ilusiones con retomar lo vuestro.

-Ya.

Si te soy sincera, yo también he tenido dudas, ¿eh?

Pensé que...

que aquí en Madrid las cosas no serían igual con Paolo. Pero sí.

Su vuelta ha sido maravillosa.

Si parecía que estábamos en Venecia.

Solo nos faltaban las góndolas, ¿sabes?

-Ay, Toni. Pero de verdad,

¿Paty no había dicho que vendría en dos o tres días?

¿Por qué aparece de repente? -No lo sé.

Pero no se lo pregunté. Tampoco había tiempo para preguntar nada.

Apareció el pavo y yo me quedé flipando tanto

que solo se me ocurrió decir buenas noches y pirarme.

(SUSPIRA)

-Que bajón, Toni. Lo siento mucho.

-Por lo menos, en medio de este marrón no te declaraste.

-¿Quién te ha dicho que no?

Te lo dije, que me iba a arriesgar a "full".

¿Y qué pasó? Que me comí una mierda.

(SUSPIRA)

Yo ahí...

diciéndole lo que sentía como si fuera una película romántica

y de repente se abre la puerta y aparece el spaghetti.

-No me lo puedo creer.

-"Mia cara, mia cara".

Te cosía la "tua cara" a guantazos que te la dejaba hecho un "pomodoro".

Perdón, ¿eh? Lo siento.

Me voy a currar a ver si se me olvida esto un poquito.

-Ánimo. -Anímate.

-Pobre Toni, menudo papelón.

-Y nosotras haciendo bromitas, encima.

-Bueno...

(Móvil)

Mira, karma exprés.

-¿Qué pasa?

-Cleo.

Que quiere que nos veamos.

-Bueno.

Este mensaje igual es para arreglar las cosas, ¿no?

-Sí. O quiere quedar para...

seguir echándome cosas en cara.

-¿Y qué? ¿Qué le vas a decir? -Que sí, supongo.

Prefiero que lo que me tenga que decir me lo diga ahora

y no dentro de 10 años,

¿y para qué? ¿Recordarme lo mala persona que soy?

Desde luego, hoy el día no puede empeorar.

-Para ti y para Toni no.

A mí todavía me queda un "chance". Espero que no me lo contagiéis.

Venga, vamos.

-Buenos días.

-Hola, Matilde. ¿Qué tal? -Bien.

Voy camino del mercado.

-¿Qué tal Ginés?

-¿Y eso a qué viene?

-Nada, mujer, era una pregunta.

-Últimamente viene la gente a preguntarme por Ginés.

-Quizás es que últimamente a Ginés se le está viendo mucho.

Y oyendo mucho.

Porque ayer vaya pollo me montó, solo porque le pregunté.

Que le pregunté por amabilidad.

En fin, ¿qué te pongo?

-Un café solo.

-Marchando.

-Perdona. ¿Eh, María?

No quería hablarte mal, mujer.

-Ni yo meterme donde no me llaman.

-Es que llevo unos días que "venga Ginés por aquí, por allá".

Todo el mundo con el mismo tema y estoy bastante atacada.

-¿Cómo que todo el mundo? -Miguel, el del centro cívico.

Y esa policía, Espe.

-Ya...

Es que lo que yo vi de tu marido no fue ni medio normal.

-No sé lo que verías, pero yo lo veo como siempre.

Un mal día lo puede tener cualquiera.

Levantar la voz o lo que sea.

-Por supuesto que sí. -No sé lo que te diría,

pero para llamar a la policía tampoco creo que haya sido.

Pero como está la televisión

todo el día dando la lata con los mismos temas.

Al final la gente ve cosas donde no las hay.

-¿De qué temas estamos hablando exactamente?

-Toda la tontería esa de la violencia de género.

-Matilde, la violencia de género no es ninguna tontería.

Es un tema bien grave.

Pero que cada uno

sabrá lo que pasa dentro de su casa, mejor que nadie.

-Eso es lo que digo yo.

-Aunque pienso que...

yo en tu lugar escucharía lo que me dijera la oficial Beltrán.

-¿Qué me tiene que decir?

-No sé, te puede aconsejar.

-¿Aconsejar de qué?

Yo no necesito consejos de ninguna policía.

-Uy, Matilde.

Me da la impresión de que todas las mujeres

que ha ayudado Espe le han dicho lo mismo

que me estás diciendo ahora.

-Bueno...

Supongo que podría hablar con ella.

-Claro, por hablar...

-Es que yo no sé, chica. La policía...

Una puede tener una bronca en casa y no es como para que se presente

un coche patrulla.

-No, claro que no.

Pero a ver, Matilde.

Las mujeres estamos acostumbradas a echarnos todo a la espalda.

Y aguantar, aguantar, aguantar.

-Sí. Ahí te doy toda la razón.

-Y a veces aguantamos carros y carretas.

Y cosas que no hay derecho a aguantar,

te lo digo por experiencia propia.

Yo no sé cuál será tu caso, pero el mío...

Menos mal que hubo quien me abrió los ojos a tiempo.

-Yo no sabía que tú...

-Sí, hace muchos años. Vivía yo en el pueblo.

-Yo...

me alegro de que salieras de aquello.

Pero mi Ginés no es un...

-¿Un qué? -Un maltratador. No lo es.

Me ha mantenido toda mi vida y yo le debo un respeto.

No le voy a dar la espalda y mucho menos denunciarlo.

-Supongo que el respeto debe ser mutuo.

Que es lo que se prometen los novios cuando se casan.

-¿Qué diría la gente si me viera en comisaría?

-Bueno, pero no tienen por qué verte entrar a comisaría.

Yo te puedo poner otro café, un par de cruasanes que te gustan

y te puedes encontrar con Espe aquí, por casualidad.

Y poneros a hablar sin que haya obligación de ningún tipo.

¿Eh?

Te voy a poner unos cruasanes que están muy ricos.

A ver.

Si me dejas que la llame, ¿vale?

-Mamá, me voy al taller.

-No, no. Espera, espera.

Espera...

-¿Qué pasa? -Espera.

Toma. -¿Y esto?

-Te lo he preparado hace un ratito.

-No hacía falta.

-Sí, sí que hace falta.

Lo hemos pasado muy mal, cariño. Y lo que nos queda.

Tenemos que cuidarnos.

Y yo voy a cuidar de ti.

-Yo también te voy a cuidar.

-Ya lo sé.

-Si necesitas algo me llamas y vuelvo enseguida, ¿vale?

-Vale, tranquilo.

Voy a estar aquí todo el día.

Bueno, a lo mejor salimos con Coco a comprar algo.

Vete tranquilo.

-Pero ¿por qué no le quieres decir la verdad?

-No.

Le quiero mantener al margen.

Ya tiene bastante con el taller y...

y con la venta del alcohol adulterado.

Además, ya hizo su parte.

Por Luis.

Esto es cosa mía. Ahora me toca a mí.

Bueno.

-¿Has conseguido entrar? -Sí.

Es que la gente no tiene ni idea de manejar un ordenador.

Van por la vida como si dejaran el coche con las llaves puestas.

-María, mira, cóbrame.

Tengo la compra por hacer, no puedo estar aquí...

-Espérate un momento, si va a venir enseguida.

-Es que esto no es una buena idea.

Cóbrame que me marcho.

Que llevo aquí casi media hora.

-Perdón, he venido en cuanto he podido.

-Hola, Matilde. -Hola.

-Espe.

Te he llamado porque así, hablando con Matilde,

hemos comentado cosas que quizás la podías aconsejar.

-Sí, claro. Pues... ¿Nos sentamos y me cuenta?

-Bueno.

Lo primero de todo, quiero que quede bien claro,

que mi marido es buena persona.

-Entendido.

-Toda la vida se ha portado muy bien conmigo.

Era muy romántico y atento.

-A su estilo, claro. -¿Sí?

-Me quería llevar a París.

La ilusión que me habría hecho.

"En cuanto me jubile", me decía.

Estaba guardando dinero para eso.

Pero la jubilación le cambió.

Le cambió mucho. -¿En qué sentido?

-Ginés siempre ha sido muy trabajador.

Si tenía que echar horas extras o trabajar el fin de semana,

no se quejaba.

Por eso nunca nos ha faltado de nada.

En el fondo, pienso que en casa se ahogaba.

-Ya, entiendo.

¿Y después de la jubilación?

-Todo el día mano sobre mano se aburre, se siente inútil.

Se olvidó de lo de París.

Todo le molesta. Todo le agobia.

Ha empezado a beber de más.

-Matilde.

Todo eso es comprensible.

Pero eso no le da derecho a ponerle una mano encima.

Porque eso es lo que hace, ¿verdad?

-¿Qué puedo hacer?

¿Lo denuncio?

¿Lo echo de casa? ¿Y de qué vivo?

-No le quiero decir qué tiene que hacer, usted es libre de decidir.

Pero dígame una cosa.

¿Le parece justo que su marido, su propio marido,

le dé a elegir entre recibir palos y morirse de hambre?

Cuando se casó,

¿en qué clausula ponía que tenía que recibir

palos a cambio de techo y comida?

-Ninguna, pero tampoco me ha agredido.

Usted lo hace sonar como...

como si me fuera a matar o algo así.

¿Qué matrimonio no ha tenido una discusión?

-Una cosa es discutir y otra perder el respeto.

Se puede discutir sin agresiones, amenazas y sin golpes.

Y otra cosa.

¿Quién le ha dicho que se moriría de hambre sin Ginés?

Déjeme averiguar.

Se lo ha dicho él, ¿verdad?

-Ginés ha trabajado como un burro toda su vida

para que no nos faltase nada.

-Matilde, ¿tiene usted hijos?

-Dos.

-¿Cuántas veces le ha cambiado el pañal Ginés a sus hijos?

Usted también ha trabajado como una burra.

O sino, ¿quién ha llevado la casa y a sus hijos

mientras él trabajaba?

-Yo, claro, es lo que corresponde. No lo iba a hacer todo él.

-Ya lo sé.

Pero le estoy diciendo que ambos han trabajado como burros.

Y ambos tienen derecho a disfrutar de lo que han ganado,

por eso están en régimen de gananciales.

-Yo no me quiero divorciar.

(SUSPIRA)

-Le estoy diciendo que le corresponde

la mitad de lo que ha entrado en casa.

Y que tiene derecho a vivir sin amenazas, sin insultos,

y sin que le pongan una mano encima.

-Es muy fácil de decir. -No.

Eso es la ley. Y yo estoy aquí para que se cumpla.

Usted tiene derecho a vivir sin miedo.

Tiene derecho a que la respeten.

Y tiene derecho a coger lo que le corresponde

y a irse a París si le da la gana.

-No puedo pasar la vergüenza de denunciar a mi marido.

-El único que tiene que sentir vergüenza es él.

Matilde.

¿Ha hablado con sus hijos?

-No, por Dios. No saben nada, ni quiero que lo sepan.

No quiero que mis nueras piensen que soy una histérica.

-¿Por qué no ha hablado con sus hijos?

¿Ginés no le deja?

-Llego tarde, lo siento.

Tengo que hacer la compra.

No puedo estar aquí más tiempo.

-Matilde. -Lo siento.

(SUSPIRA)

-Gracias, María.

-Entonces, ¿qué nos queda por hacer?

-Pues nada, eliminar el rastro

y estaría listo. Me da un poco de miedo

que lo asocien con nosotras y piensen que es un montaje,

pero bueno, es el único peligro.

-Bueno, es el único recurso que nos queda.

Y aunque al final descubran que ha sido un montaje,

por el camino le harán la vida imposible

y su prestigio se irá a la mierda. -Ah, no. Eso desde luego.

Bueno, pues esto ya está.

He hecho un trabajo fino filipino.

-No esperaba menos de ti.

-Y ahora nos queda la parte analógica del plan

que, en el fondo, es la que más me divierte.

A ver...

-¿Vas a llamar con ese teléfono? -Sí, es de prepago.

A ver...

Bien.

(ANTÚNEZ) -"Sí, ¿dígame?"

-¿Es usted el inspector Antúnez?

-"Sí, soy yo. ¿Con quién hablo?"

-Tengo información relevante sobre un caso que investiga.

-"Pero vamos a ver, ¿usted quién es?

¿Quién le ha dado mi número?"

-Eso da igual. Usted escuche lo que tengo que decirle.

-¡Hola, guapa! -Hola, ¿qué tal?

-¿Qué te pongo?

-Una tónica. -Venga.

-¿Cómo estás?

-Bien.

-¿Me pones una tónica, por favor?

-Sí, ahora mismo. Os la llevo a la mesa.

-Gracias.

-En primer lugar, si he aceptado venir aquí es

por educación, ¿vale?

No voy a tolerar ni un reproche más

ni que me eches nada más en cara.

Yo sé que te hice mucho daño,

pero yo en esa época lo pasé fatal también.

-Tranquila, que no he venido a reprocharte nada

ni a insistir en lo que te dije ayer.

-A ver, chicas, aquí tenéis.

-Gracias.

-Gracias.

-Solo... Solo quería pedirte perdón.

Ayer fui muy injusta contigo.

Te dije que me rompiste el corazón dos veces,

como si fuera culpa tuya.

-La primera sí que fue mi culpa.

-No.

Llevabas demasiado tiempo viviendo con una identidad

que no era real

y necesitabas liberarte de ella.

Y...

Y, bueno, esta segunda

supongo que yo me lo he buscado por intentar rescatar algo

que ya no existe,

que quizás nunca existió.

-De eso nada, sí que existió.

Yo a ti te he querido muchísimo,

Cleo. Mucho.

Pero...

eso ya pasó.

-Lo sé y lo entiendo.

-Esto es una cosa de dos

y funcionara o no, no hay que buscar culpables.

-Exacto.

Y yo ayer en caliente te dije cosas muy desagradables,

pero quiero que sepas que no te guardo rencor,

todo lo contrario.

Entiendo y respeto tu decisión.

-Lo sé.

¿Te gustaría que...

fuéramos amigas?

Entenderé que no quieras, ¿eh?

Hay veces que es mejor poner algo de tierra de por medio.

-Me encantaría que fuéramos amigas.

Pero es justo lo que tú has dicho.

Yo, ahora mismo, necesito tomar distancia.

De hecho, también quería verte hoy porque mañana mismo

me voy de viaje.

-¿Mañana? -Sí.

En mi empresa me han propuesto varias veces que vaya a Alemania

a hacer un curso de especialista.

Hay una certificación que solo te dan allí y...

Y esta vez he dicho que sí.

-¿Alemania? -Múnich.

-Vaya...

Sí que has cogido distancia, sí.

Y... ¿te vas mucho tiempo?

-Seis meses.

Es un curso superintensivo. Me voy a tener que poner las pilas,

pero lo prefiero. Así no tengo tiempo para pensar.

De hecho, me voy a quitar las redes sociales y todo.

-Pues lo tienes bien claro, sí.

-Yo creo que es lo mejor.

Ahora necesito

hacer un paréntesis y recolocar las cosas,

y, para eso, lo mejor es

aislarme un tiempo.

-Te aseguro que muy poca gente te va a entender como yo.

Yo también tuve que...

alejarme de todo

y poner tierra de por medio.

Eres muy valiente.

-No...

Tú sí que has sido valiente

y fuerte.

Y te admiro por ello, que lo sepas.

Y me voy a ir porque, si no, veo que no voy a ser capaz de...

En fin, que...

-Que te cuides mucho.

-Bueno, ya nos veremos.

-Vale.

-Entiendo que lo que le estoy contando

es muy duro, pero es verdad y su madre le necesita.

-A veces es complicado aceptar este tipo de situaciones,

bien sea por miedo, bien sea por vergüenza

o porque a uno no le entra en la cabeza

cómo no ha podido darse cuenta de lo que estaba pasando

si estaba en frente de sus narices.

-Mi madre se viene conmigo.

-Pues me alegra mucho escucharte.

-Su apoyo es muy importante para su madre.

Está haciendo lo correcto.

¿Le importa esperar fuera? El compañero le dirá dónde.

-De acuerdo.

-En cuanto demos con su madre, le avisamos.

-Bien, ¿no?

Digo, no sé. Tenía la sensación de que los hijos de esa mujer

estaban como más desapegados.

-Sí. ¿Quieres un café? -Venga.

-Sí. Y eso que Ginés habrá malmetido.

Habrá evitado que hablasen con su madre.

Es una conducta típica del maltratador

aislar socialmente a la víctima.

-Tiene dos hijos. Viven en la misma ciudad que ella

¿y nadie se da cuenta de nada? Gracias.

-Yo creo que algo sí debían olerse

porque mira lo rápido que reaccionó Alberto.

-Eso es cierto. Se le veía como con culpa, ¿no?,

de no haber hecho algo antes.

-Por lo menos hemos conseguido dos cosas:

quitarle a Matilde el miedo a quedarse sola

y la vergüenza del qué dirán los hijos.

Yo creo que a partir de ahora

le va a ser muchísimo más fácil dar el paso.

-Ya, porque no podéis hacer nada si ella no denuncia.

-No. Debería haber una denuncia de un vecino,

de alguien que haya presenciado los malos tratos o...

No sé. Por ahora no existe y creo que no existirá.

-¿Tú crees que va a denunciar?

-No sabría decirte.

Cuesta mucho salir de...

del autoengaño, te lo digo por experiencia.

-Lo siento.

-¿Tú tienes hijos? -No.

Oye, deberíamos ponernos a buscar a Matilde cuanto antes, ¿no?

La voy a llamar, a ver si lo coge.

-Sí, claro.

Perdona si te ha molestado la pregunta.

-No, no me ha molestado. No pasa nada, está todo bien.

Lo tiene apagado.

-¿Crees que estará en el centro cívico?

-No, no creo. Habrían avisado si estuviera allí.

Se me ocurre que podemos ir al mercado.

-Ah, bien. -¿Sí?

-Sí, sí, vamos para allá. -¿Vamos?

-Aprieta el paso.

-Ya lo intento, pero voy muy cargada.

-Yo también voy muy cargado, me cago en la mar salada.

Mira la hora que es y ella lenta, lenta, lenta...

-Me estoy haciendo polvo las manos.

-A ti lo que te pasa es que cada día estás más vieja

y más inútil.

Tendría que meterte en una residencia.

-A lo mejor me trataban con más respeto.

-¡Pues a la residencia! A que te pongan un pañal

y te aparquen en un rincón viendo la tele pasando las horas.

Pero ¿quieres ir un poco más rápido?

-¿Se puede saber a qué viene tanta prisa?

¿Qué tienes que hacer tú en casa?

-Lo que tenga que hacer a ti no te importa.

-Pues, hala, déjame a mí a mi ritmo, ¿eh?

-Pues no porque somos una familia y tenemos que ir juntos.

Así que camina de una puñetera vez. -Menuda familia somos.

Hace dos meses que no hablo con mis hijos.

-La culpa la tienen tus nueras, que te odian.

-Tira.

Me cambias su número en la agenda del móvil

para que dé error cuando llamo. -Pero ¿qué dices, loca?

Venga, las escaleras. Baja. -Ya voy. Que no soy una mula.

-Pero ¿no puedes ir un poco más deprisa?

¡Recoge eso! -Pero si lo has tirado tú, bestia.

-Recoge eso. -¡Bestia!

-¡Recoge eso o te mato! -¡Quieto!

-Ni te acerques, Ginés. -Pero ¿qué dices, niñato?

-Déjame a mí. Ginés, dese la vuelta.

-¿Qué dices? -Vamos, dese la vuelta.

-¿Por qué? -¡Vamos!

-¿Está bien, Matilde? -Sí.

-¿Le ha hecho daño? -No.

-Queda detenido por agresión, amenazas y violencia de género.

-Yo no he agredido a nadie. -Eso se lo explica a un juez.

Le diré lo que he visto y tengo testigos.

-Matilde, haz algo, di algo que me llevan.

-¿Se lo van a llevar detenido? -Sí.

No se preocupe por eso, Matilde. Hemos hablado con su hijo Alberto.

Las cosas van a cambiar mucho para usted, se lo prometo.

-¿Qué ha dicho mi hijo? -Que está deseando verla.

Venga, que la acompaño.

-Nena, los cafés.

-¿Eh?

-Taza, cafetera, le das a la palanca tres veces.

Que te han pedido tres cafés.

-Perdona, María, me he quedado un poco colgada.

-Sí, pues resetea que tenemos que sacar trabajo para adelante.

-Tranquila que voy.

-Ya, ¿estás otra vez con el Paolo?

Le tendría que llamar Apolo, ¿no?

Parece que ha bajado el Dios a verte y te ha hechizado.

-Eres un poquito exagerada me parece, ¿no?

-Exagerada no, cariño, que estás para allá.

-Que no.

-Hola.

(HABLA EN ITALIANO) -Hola.

-Hola. -Hola.

-Muy bien, ¿y tú?

Mira, ella es mi jefa, María. -María.

Encantado de conocerte. Por fin nos conocemos.

¿Qué tal? ¿Bien? -Muy bien, encantada yo también.

-María, perdón que interrumpa.

Pero no podía pasar un segundo más sin ver a Paty.

-Pero si habíamos quedado para cenar.

-Sí, lo sé, ya me marcho.

No quiero molestar. -No, no, tranquilo.

-Pero, Paty, no me habías dicho que tu jefa era tan joven y bella.

-Anda ya, si tengo edad de ser su madre.

-¿Qué dice, señora? Parece su hermana.

-Bueno, pues háblame de tú, no dices que soy tan joven.

-Oye, ¿qué tal la entrevista?

-Muy bien, la verdad que muy bien.

Ya me han confirmado que estaré aquí por lo menos seis meses

y nada, tendré que buscarme un piso.

-No entiendo para qué vas a buscar un piso.

Ni tampoco entiendo por qué estás en ese hotel.

-¿Qué le pasa al hotel? -Nada, si es de lujo.

¿Qué vas a estar seis meses en un hotel?

No, hombre, no.

Lo normal es que te vengas conmigo en mi piso.

-Primero, no quiero que te sientas obligada a nada.

-¿Qué dices de obligada? No. Además, te estoy invitando yo.

No te preocupes, que si me canso te echo a patadas así de rápido.

-Bueno, de todo esto hablamos en la cena.

Ya está todo organizado, ya tengo restaurante

y me han dicho que es muy romántico y que tiene dos estrellas.

-Tú entre restaurantes caros

y hoteles de lujo te vas a dejar el sueldo.

(HABLA EN ITALIANO)

-¿Para qué está el dinero si no es para disfrutarlo con quien amas?

Además, tenemos que celebrar un montón de cosas.

-¿Sí? -Sí.

Que estoy aquí.

Que estamos juntos.

Que tengo buen trabajo también.

Que... que "niente".

(HABLA EN ITALIANO)

Bueno, ya me marcho.

María, encantado de conocerte. -Igualmente.

(HABLA EN ITALIANO)

Y nada, que tengáis un buen día. -Igualmente, rey.

-Chao. -Chao.

-Chao.

-Chao, "bello", chao.

Ay, María.

Dime que no estoy soñando, por favor.

-Estás soñando.

-¡Ay! -Despierta, estás en un bar, cafés.

-Sí, sí, sí.

Dos, no, tres. Voy.

-Madre mía, lo que nos queda por pasar.

-Ya está, listo. -¿Sí? ¿Qué ha visto?

-Nada importante, una faringitis normal y corriente.

Me has dicho que temperatura no tenías, ¿no?

-Yo diría que no, no sé, no me puse el termómetro esta noche.

Quizás tuve unas décimas, no estoy segura.

-Tú temperatura es normal y los pulmones están limpios

que es lo más importante, pero te voy a recetar algo.

Por prevenir. -Vale, muy bien.

-Hay que procurar que esa faringitis no vaya a más.

Ten cuidado, llévate un pañuelo, un fular en el bolso.

¿Te parece bien? -Sí, lo haré.

-Muy bien. Vale.

Y cuidado con la temperatura, sabes que a medio día hace calor,

pero a primera hora, luego el aire acondicionado.

Nos metemos en sitios con el aire y baja 15 grados la temperatura.

Eso el cuerpo no lo tolera. -Vale.

-Ya lo tienes en tu tarjeta sanitaria.

-Ah, pues muchas gracias.

Oiga una cosa, ¿cómo se encuentra Claudia?

¿Qué tal lleva lo de las vacaciones forzosas?

-Te puedes imaginar, como un león enjaulado.

No para de dar vueltas, todo el rato sin parar de moverse.

No quiero pensar el día que le habrán la jaula.

Pobres delincuentes, se los come vivos.

-Estoy de acuerdo.

-¿Antonio Torres? -Doctor Torres.

Y haga el favor de llamar cuando entre a esta consulta

porque estoy con una paciente.

-Tendrá que atenderla en otro sitio.

Vamos a registrar este despacho. -¿Qué?

-Inspector Antúnez de la Policía Nacional,

así que, tengo una orden judicial,

háganse a un lado, no interfieran en la labor policial

y, por favor, no toquen nada.

Todo lo que hay en el despacho es parte de mi investigación.

Empezando por el ordenador. -¿Qué dice?

Aquí hay información confidencial. No tiene derecho, haga el favor.

-Según la orden, sí.

-Inspector Antúnez, ¿no? -Sí.

-¿Me permite su orden, por favor? -¿Tú quién eres?

-Ángela Betanzos.

Inspectora responsable de la UIT en la comisaría de Distrito Sur.

-Es verdad, te recuerdo de la rueda de prensa.

Por favor.

Y, por favor, dígale al doctor que no moleste,

la obstrucción a la justicia es algo serio.

-También el abuso de autoridad.

Haga el favor de bajar el tonito que no estoy obstruyendo nada.

Estoy preocupado por la protección de datos de mis pacientes.

-No le preocupan sus pacientes, le preocupa su mujer

y lo que encontremos de ella en el ordenador.

-¿Qué ha dicho? -Antonio, no vale la pena.

Hazme caso que no vale la pena. -Guarde las distancias, doctor.

No sea que me lo tenga que llevar. -Me voy a quejar a sus superiores.

No tolero que se insulte a mi mujer delante de nadie.

-Antonio, vamos a dejar a estas personas hacer su trabajo.

Acompáñame, por favor. -Hágale caso a su paciente

y de paso recétese algo para los nervios que le hace falta.

Por favor, encárgate de ese cajón de ahí.

-Perdone que tarde tanto, pero...

-Tómese todo el tiempo el tiempo que necesite.

-Es que me cuesta dar el paso.

-Léalo bien y si algo no está correcto en la denuncia me lo dice

y lo cambiamos las veces que haga falta.

-Está todo correcto, pero menudo trago.

-Es que es difícil dar el paso. Usted lo ha dicho.

Es el inicio de una nueva vida.

-Leído todo junto negro sobre blanco, madre mía.

No parece que esté hablando de mi vida.

-Pero es su vida y solo usted decide sobre ella.

-Todo lo que pone aquí es cierto.

La verdad es que tenía que haberlo hecho antes.

Aquí tiene esto. Gracias.

¿Ginés qué tal está?

Pues bien, de momento tranquilo en calabozos.

Ya ha comido y en breves lo llevarán a juzgados.

¿Lo van a meter en la cárcel?

Bueno, por los delitos que se le imputan

no creo que la pena sea superior a dos años.

Por lo que le quedarán antecedentes,

pero no creo que llegue a pisar cárcel.

Le impondrán medidas cautelares, una orden de alejamiento.

Si la cumple quedará libre, pero en el momento que la infrinja,

tendremos que detenerle y sí podría ir a la cárcel.

-Gracias, oficial Beltrán.

-Espe, Matilde, llámeme Espe.

-No tengo ni idea de lo que voy a hacer a partir de hoy.

¿Qué le parece empezar por hablar con su hijo?

Voy a por Alberto.

¿Quiere que le dé un consejo?

Yo iniciaría los trámites de divorcio porque como ha dicho

toda su vida ha girado en torno a Ginés.

Cuanto más se lo piense

más probabilidades hay de que se arrepienta.

-No, no me voy a arrepentir.

Y no me voy a ir a vivir con mi hijo.

Yo tengo una casa, la he montado yo, la he arreglado yo

y la he llevado toda la vida yo.

Yo sola.

No tengo por qué irme.

-Totalmente de acuerdo, Matilde.

-Mamá.

-¡Ay! Gracias por venir, hijo.

-Vámonos a mi casa. -No.

No quiero ir a tu casa, Alberto. A donde quiero ir es a París.

No te asustes que no digo de irme ahora,

pero sé que en algún momento haré ese viaje a París.

Me lo he ganado.

Y me he ganado el derecho a vivir en mi casa.

Mi casa.

Sin que me insulten, me amenacen ni me pongan la mano encima.

Gracias, Espe.

-Muchas gracias a usted, Matilde. Mucho ánimo.

-Vamos.

(Puerta)

(HABLA EN ITALIANO)

-Estás increíble. -Gracias.

-Deslumbrante, ¿cómo se dice? -Zalamero, se dice zalamero.

-Bueno, no sé lo que significa, pero estás guapísima. En serio.

-Gracias.

-¿Lista para ir a cenar? -Sí.

-Porque me hace tanta ilusión llevarte a este sitio.

-¿Sí? -Sí.

-Pues vamos.

Ahora, te digo una cosa,

no hace falta que gastes tanta pasta en sitios caros de cenar,

en hoteles de lujo, ¿sabes? -"Amore",

es un día especial, eso justifica el restaurante caro.

Y el hotel lo paga la empresa y ya está.

Además, el bufé de desayuno es una cosa increíble.

-¿Sí? -Sí.

¿Te apetece probarlo mañana? -Claro.

¿Ya estás pensando en el desayuno cuando no hemos cenado?

(HABLA EN ITALIANO)

-Pero...

antes de irnos quería preguntarte una cosa y espero que no te moleste.

-Ay, dime.

-Anoche cuando llegué al bar había un chico contigo.

-Toni.

-¿El mismo Toni con el que salías cuando lo de Venecia?

-El mismo.

-No quiero parecer celoso ni nada de eso,

pero me dio la sensación de que interrumpí algo.

-No, amor, no, no. -¿No?

-No interrumpías nada.

Toni y yo somos muy buenos amigos.

Y nos tenemos mucho cariño y ayer era un día muy especial para él.

Porque acaba de terminar las prácticas de policía

y ha jurado el cargo. -¿Jurado el cargo?

Eso es importante, ¿no? -Es muy importante.

Es el día en el que oficialmente eres policía de verdad.

Toni hizo una fiesta en el bar con sus compañeros de curro y eso.

-¿Trabaja en la comisaría de delante del bar?

-Sí, justo.

Estaba muy emocionado y yo muy orgullosa de él.

Pero ya está.

-Perdona que haya preguntado. -No, no, has hecho bien en preguntar.

Así las cosas están claras.

-Si tú me dices que no tengo por qué preocuparme.

-No tienes por qué preocuparte.

Cuando volví de Italia hablé con Toni

y le dije que me había enamorado de ti.

Y lo dejamos.

Lo que pasa es que bueno,

tengo que verlo todos los días porque trabaja en frente.

-¿Seguís siendo amigos? -Sí, sí, sí.

Y quiero seguir siendo su amiga porque para mí es muy especial.

-Lo entiendo perfectamente, es lo normal, ¿no?

-Eres un amor, ¿lo sabes?

Venga, vamos. -Vale, vamos.

Te voy a llevar a un sitio de copas después que vas a flipar.

Espero que te apetezca bailar.

-Amor, si es contigo bailamos todo lo que quieras,

la salsa, la bachata, la tarantela.

-¿Tango? -Tango.

-Aquí tienes, ni gotica de cerdo. -Gracias, ¿100% seguro?

-Pollo, 100% seguro.

-Perdona que sea insistente, pero para él es importante.

Dame un segundo, ahora vengo.

Me dice An que te diga de su parte muchas gracias.

-Dile que de nada. ¿Quién es? ¿Qué le pasa?

-Si te digo la verdad, no lo sé bien.

Lo hemos encontrado dando vueltas al polígono buscando dónde dormir.

Le hemos dicho que no era buena idea y lo convencimos para ir al centro

a darse una ducha, coger algo de ropa y de paso cenar.

-¿De dónde es?

-Parece que Siria.

Dice que ha perdido a sus padres hace tiempo, está solo.

Por cierto, ¿cuánto te debo, María? -Nada, invita la casa.

-No, por favor, no hace falta. -No, que tengo el gusto de invitarlo.

-Muchas gracias. -Hombre, qué menos.

Vosotros estáis ahí partiéndoos la espalda

ayudando a la gente que lo necesita,

pues yo por lo menos lo invito a cenar.

-Es un detalle muy bonito de tu parte.

-Además, te debo una disculpa. -¿A mí? ¿Por?

-Porque el otro día llamando a la policía te metí en un lío.

-¡Ah! Te refieres a lo de la plaza con Ginés.

No, de verdad, no pasa nada. Bien está lo que bien acaba.

-Acabó bien, pero menudo trago.

-Bueno, no fue para tanto.

Y sirvió para que la policía se pusiera en serio con el tema.

Ginés está en los calabozos pasando la noche

y su mujer empezando una nueva vida.

-¿Han detenido a Ginés? -¿No lo sabías? ¿No te dijeron nada?

Esta mañana lo pillamos a punto de agredir a su mujer.

-Por Dios, ¿le hizo daño? -No, llegamos a tiempo.

Digo llegamos, pero en realidad la que llegó fue Espe.

Fue la que hizo todo, le puso las esposas

y convenció a Matilde para que lo denunciara.

Parece que se va a divorciar.

-Madre mía. Cómo cambia la cosa de un día para otro.

-Te dejo que lo tengo abandonado.

-Venga. -Gracias.

-¡Ey! ¿Qué tal? -Bien, bien, ¿tú?

-Yo bien.

Nada, he terminado el turno y digo voy a tomarme una cervecita.

Que ha sido un día bastante intenso.

¿Quieres tomarte una conmigo por lo bien que ha salido el caso?

-Bueno, en realidad no he hecho nada, lo has hecho tú.

-¿Qué dices, hombre?

Para empezar, ponernos sobre la pista de un caso de violencia de género

y para seguir, ayudar a que la víctima

tome conciencia de su situación.

Tu ayuda ha sido totalmente determinante.

-Gracias, solo hacía mi trabajo.

-Pues lo hacías muy bien.

Así que nada, venga, te invito a una caña.

-No, es que no puedo.

El chaval que está ahí es un refugiado sirio.

Y está solo.

Cuando acabe de cenar, lo voy a llevar al albergue.

-Vale, vale.

Pues nada, si quieres coge mi número de teléfono

y si salís pronto del albergue y te apetece,

me das un toque y nos tomamos hoy. -No, es que no puedo hoy.

Al salir me voy al polideportivo.

-Ah.

A entrenar. -No, a entrenar no.

No, tenemos un plan de prevención contra el alcoholismo

y otras adicciones para jóvenes.

Y hemos convencido al concejal de Distrito

para dejar abiertas las instalaciones por la noche.

Armamos partidos, liguillas, clases de artes marciales,

todo lo que se nos ocurre. Y siempre hace falta gente.

Porque no hay dinero para pagar un turno de personal extra.

-Claro, no hay dinero.

Pues me parece fenomenal. No dejas de sorprenderme.

Estás ahí bastante comprometido con el barrio.

-Me voy que lo tengo abandonado.

Chao.

-Guapísima, ¿qué te pongo?

-¿A ti te parece medio normal que...

que le digo si quiere mi teléfono y como el que oye llover?

¿Te ha respondido a ti? A mí tampoco.

Vamos, creo que me voy a mi casa.

-No, mujer, anímate, tómate algo.

-No, tranquila, estoy bien.

Nada que no se solucione con una conversación

con una buena amiga y con algo así, no sé qué me apetece.

-Te apetece un heladito de turrón, que te voy a poner yo.

-Como me conoces, María.

-Me voy a poner otro que estoy a dos velas.

Oye, ¿qué sabes de Lola?

-Qué linda.

Esto no tiene sentido.

Nos tendrían que decir algo en breve.

Define en breve porque llevamos tres cuartos de hora esperando.

Y mira la hora que es.

No me puedo ir a la cama sin saber qué busca Antúnez

en el ordenador de mi marido.

No he recibido ningún mensaje ni ninguna llamada.

Y es completamente normal

porque en Jefatura no debe haber nadie desde hace dos horas.

¿En el juzgado no sabrán algo?

Puedo levantar de la cama al juez de instrucción si quieres.

¿Quieres que le llame? No creo que te sirva de mucho.

¿Qué estará buscando en el ordenador de mi marido? Es una locura.

Es de locos. Lo más seguro es que vaya de farol

y que no tenga nada. Anda, venga, vámonos a casa.

Si es un farol, me voy a encargar personalmente de que se arrepienta.

Encárgate, pero, por favor, hazlo mañana.

Quiero llegar por una vez a casa y dar las buenas noches a los niños.

(Puerta)

Imaginaba que todavía iba a quedar gente por aquí.

Antúnez, ¿no te da vergüenza?

¿No te da vergüenza acosar al marido de una compañera?

Acosando, qué palabra más fea, Miralles.

No te lo voy a tener en cuenta, bastante tienes ya.

Antúnez, al grano, ¿qué tienes?

Que conste que no tendría por qué decir nada, podría esperar a mañana

desde Jefatura lo notificaran.

Que no se diga que los de Régimen Disciplinario

somos malos. ¡Suéltalo ya! Suéltalo ya.

Te veo alterada, Miralles.

Teniendo en cuenta que llevas tres semanas

medicándote con benzodiacepina pensaba que estabas relajada.

Benzodiacepina, ¿qué dices?

Según el ordenador del doctor Torres, la inspectora Claudia Miralles

se está medicando con un ansiolítico entre cuyas contraindicaciones

está el manejar vehículos, maquinaria pesada

y lo que más nos interesa, el uso de armas.

Dame ese informe.

Lo siento, pero este informe se va derechito al juzgado.

Claudia, escucha, ¿estás tomando algo?

¿Qué voy a estar tomando? No estoy tomando nada.

Lo más que yo he tomado es una tila.

El que toma algo es este tío, toma alucinógenos.

Le sugiero que hable con su inspectora.

No tengo por qué aguantar esta falta de respeto.

Yo hago mi trabajo.

Lo que haces es tocarnos las narices por no decir otra cosa.

Y ahora, si no tienes nada más que decirnos,

puedes largarte por donde has venido.

Sí, será mejor.

Le aconsejo que busque un sustituto para la inspectora Miralles.

Hacer uso de armas bajo los efectos de ciertos medicamentos

es una falta muy grave.

Sobre todo después de ver cómo afecta el medicamento

a su capacidad de decisión con resultados fatales.

¡Es mentira, no estoy tomando nada!

El ordenador de tu marido dice lo contrario.

Mataste a Ricardo Soler bajo los efectos de los psicotrópicos.

Y vas a pagar por ello.

No voy a permitir que una grave negligencia

manche el buen nombre de la policía. Buenas noches.

-¿Tú crees que le va a gustar el indie británico?

-Sí o no, no lo sé,

pero me han dado unas invitaciones mi colega del Redstar.

Si quieres te las dejo y vas como quien no quiere la cosa.

-Me suena, está por el barrio. -Sí.

Es que como tengo dos, ¿sabes?

Estaba pensando en pasarme por si te apetecía.

No, no entiendo la jugada de Antúnez.

No sé por qué se supone que tiene un informe

en el que dice que estoy siendo medicada con ansiolíticos.

Pero no me ha enseñado ese informe.

¿Qué informe ni qué informe? Si no te he recetado nada.

No tiene sentido que se lo invente.

¿Cómo va a soltar esa bomba delante de Bremón y quedarse tan pancho?

Lo que no entiendo es cómo el periodista tuvo acceso

a este informe de Asuntos internos. -Tendrá sus fuentes, ¿no?

Anda, siéntate a desayunar.

-Mamá,

no tendrás nada que ver en todo esto, ¿verdad?

"No has leído la prensa todavía, ¿verdad?"

No, ¿por?

"Échale un vistazo a la portada de 'El Barrio' y luego hablamos."

¿Qué dice?

(SUSPIRA)

Estaba drogada la policía que mató a Ricardo Soler.

¿Cómo se atreven?

-Miralles está obsesionada por tener buena imagen en el barrio

y entre los vecinos.

El artículo que ha salido hoy es una puñalada para ella.

-Pero falsificar las recetas es algo muy peligroso.

-Tenemos que hacer algo.

Tenemos que inventar algo

para que sus compañeros duden de ella.

-La filtración deberían investigarla, pero de ahí a que sean calumnias.

-Espe, vamos a ver,

¿cómo iba a currar Miralles drogada y nadie darse cuenta?

Que no, no hay quien se lo crea.

¿Por qué estás enfadada? No lo estoy.

Menos mal. Solo voy a hacerte una pregunta.

¿No has pensado que a mí me gustaría pasar todo el día en el trabajo

y no tener que estar pendiente de la casa?

En realidad no ocurre nada y eso es lo peor.

Siento que se me cae la casa encima.

Y después pienso: "Verónica eres imbécil, tienes una niña estupenda,

un montón de dinero, tiempo libre".

Solo me falla una cosa.

Déjame adivinar.

Esa cosa que te falla se apellida como yo, ¿verdad?

Pensaba que ibais a estar tranquilos

sabiendo que iba a trabajar con el tío Emilio, pero ni por esas.

No confiáis en mí, no soy una niña. -Cariño, vale ya.

Llevamos meses sin vernos y nos montas este numerito.

-Espe, creo que voy a hablar con ella.

No sé, evitar el problema tampoco arregla nada.

Dime. -¿Dime? No, dime tú.

Que llevo esperando una respuesta unos días

y es como si no pasara nada. No me mires así.

¿No te acuerdas de lo que pasó en la fiesta?

Emilio, ¿cómo te digo que no tomo medicación?

Y por supuesto no tomaba medicación cuando disparé a Ricky.

Vamos a ver, en el hipotético caso

de que tuviera que tomar esa medicación no vendría a trabajar

y en el hipotético caso

de que se me ocurriera venir a trabajar bajo los efectos,

mi marido me lo impediría aunque fuera encerrándome en casa.

¡Asesino! -Será mejor que se vaya, caballero.

-Tengo derecho a estar aquí. -Que se vaya.

-¡Que no me da la gana! -Usted lo ha querido.

De cara a la pared. -Le voy a denunciar a sus superiores.

¿Qué está pasando? ¡Eh! Tú no te metas.

-Le he dicho al doctor que se vaya y no ha obedecido.

Ya, ¿lo va a detener por eso? ¿En serio, Antúnez?

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Servir y proteger - Capítulo 606

30 sep 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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