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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 596 - ver ahora
Transcripción completa

No lo entiendo. En mi casa entran dos sueldos.

Uno es como el tuyo y no nos da para tanto.

-Tuve suerte.

Pillé un buen pellizco de una herencia

de un tío mío que se fue a trabajar a Argentina.

Y lo supe invertir.

-Quería preguntarle por un compañero que ha estado trabajando allí.

Juan Carlos Salcedo.

Me dijo que había sido investigado Salcedo

con otro grupo de médicos por un asunto de una red de fraudes.

¿Qué tipo de fraude?

Los pacientes pagaban sobresueldos a médicos

y a técnicos de compañías de seguros con tal de conseguir bajas laborales

o informes de incapacidad laboral.

-Yo no violé a Marga, Damián, te lo juro.

-¿Qué?

-Marga, no deberías estar aquí. Vete. (GIME) -No, no, no, por favor.

Haz caso a tu hija, Damián.

Tira el arma ahora mismo. Llevo toda la vida escaqueándome.

Ahora tengo que pagar por lo que he hecho.

-Basta ya de tonterías, ¿eh, Ricky?

Una cosa es que te sientas culpable, y otra

que abandones a tu familia en un momento tan delicado, hijo.

Tal y como están las cosas,

es la única fuente de ingresos que tenemos

y me da mucho miedo perderla.

-Sabes muy bien que no quiero tener nada que ver

con vuestros negocios, y no tengo ni idea.

-¿Cuánto crees que va a costar la defensa de Ricky?

Y mis cuidados el día de mañana. -Es un amigo de Ricky.

-"Acaban de verlo en las afueras del polígono,

en la fábrica abandonada. ¿Sabes dónde es?"

-Claro. Claro que lo sé. Ahí no se cuece nada bueno.

-"Dicen que estaba poniéndose con unos colgados.

-¿Cómo te crees que se siente mamá?

Le han diagnosticado una enfermedad muy grave, Ricky.

Y ha perdido a su hijo mayor, en el que se apoyaba siempre.

Te necesita más que nunca.

-Deberíamos conseguir

que vuelva a ingresar en un centro de rehabilitación.

-No pienso fallaros ni a ti ni a él.

Elijo a la familia, mamá.

¿Font?

No puede ser Font.

Font lleva años dedicando su vida a luchar contra Mercader.

Te digo que Font es el topo.

¿Sabes que precisamente hoy he recibido un soplo?

La reunión está prevista para dentro de una hora.

¿Por qué no lo has dicho antes? Te lo digo ahora.

Salgan del coche, las manos arriba. Quieto, no te muevas.

Silvia.

Tenemos el alijo.

Estamos investigando las cuentas de Font,

su tren de vida, sus gastos...

También he intervenido sus comunicaciones.

Habrá que esperar un fallo.

Estás haciendo una investigación interna en Distrito Sur.

Tus superiores tienen sospechas fundadas de que puede haber un topo

pasando información sobre el caso de Mercader a su entorno.

(LEE) Confirmado. El titular de la cuenta investigada en Suiza

es Alejandro Font. El saldo es de 1.200.000 euros.

Tienes toda la documentación por mail.

(SOLLOZA)

(Disparo)

-Confía en mí, yo te sacaré de esta.

No puedo poner un pie en la calle. Tendré que esperar aquí.

-Vamos a encontrar a Font. Por supuesto que lo encontraremos.

Y tendrá que explicarme a la cara

por qué precisamente uno de mis hombres

le ha quitado la vida a mi amiga.

(Música emocionante)

Andrea, ¿qué tal?

¿Tienes un momento? Me gustaría hablar contigo.

Sí, estoy en mi consulta. Te espero.

(Llaman a la puerta)

Adelante. -Hola, ya estoy aquí.

Tengo diez minutos hasta el próximo paciente. Dime.

-¿Sabe Salcedo que te he llamado?

-Eh... No. Es que está en una visita a domicilio. ¿Por?

-No, por nada, por nada.

Quiero saber qué tal se adapta al centro de salud y los pacientes.

-Ah. Bah, bien... Hasta ahora, todo normal.

No sé, es amable, bromea con los pacientes.

Mi tía es paciente suyo y está encantada con él.

-¿Y tú qué tal? ¿Estás contenta?

-Eh... Sí... -Le conozco desde hace mucho tiempo.

Cuando acabó el MIR, se fue a Canarias,

pero ha vuelto y sigue siendo el mismo.

Sé de qué pie cojea, puedes hablar tranquilamente.

-Bueno... Me ha entrado 40 veces,

las 40 veces le he parado los pies y...

A ver, no se lo toma a mal, pero es que es un poco cansino.

-Si te sirve de consuelo, siempre ha sido el mismo.

Yo creo que es la única manera que tiene

de relacionarse con las mujeres, decir tonterías.

Es una especie de Donjuán trasnochado.

Pero, vamos, si quieres que le dé un toque por alguna razón...

-No, no, no. No hace falta. No hace falta.

¿Era eso por lo que querías verme?

-Eh... No, no. Quería preguntarte

por un par de pacientes que se han pasado a su consulta.

Fernando Gómez Pons y Paula García Molero.

-Ajá.

¡Ah! O sea, que se trata de eso.

Un ataque de cuernos porque varios pacientes tuyos

-le han elegido médico. -No, hombre, no, qué va. No es eso.

-A ver... Me dijo Salcedo que les iba mejor su horario.

Tú tienes todas las citas de tarde cogidas.

-Mira...

Esto que te voy a enseñar es totalmente confidencial.

Lo hago porque creo que tenemos la misma visión de nuestra profesión.

Te pido discreción. -Sí, sí, por supuesto.

¿De qué se trata? -Juzga tu misma.

-Aquí aparece el nombre de Salcedo como investigado

cuando ejercía en Canarias.

-Eso es. Me lo han traído esta mañana.

Es de una fuente muy solvente.

-Aquí habla de una red de informes médicos a la carta

para conseguir bajas laborales e incapacidades.

Y el nombre de Salcedo aparece como sospechoso de mala praxis.

Pero ¿esto es verdad?

-Me gustaría pensar que no, pero es muy posible.

No he encontrado pruebas en Canarias, pero la duda sigue ahí.

-Pero... ¿Has hablado con él? -No, no, no.

-¿Por qué me cuentas esto a mí?

-Porque me temo que está haciendo lo mismo en este centro de salud.

-O sea, ¿que está firmando bajas por dinero aquí, en Distrito Sur?

-Los pacientes no se han cambiado por mejores horarios

o disponibilidad de Salcedo. Lo han hecho por las bajas.

-¿Salcedo les ha firmado bajas?

-A Fernando, por depresión y a Paula, por dolores articulares.

Una baja temporal.

-Yo sigo sin entender por qué me lo cuentas a mí.

-Te lo cuento a ti porque estoy empeñado

en descubrir de una vez por todas si Salcedo da bajas a la carta.

¿Te gustaría colaborar conmigo?

-Pues... Hombre...

No me gusta que nadie se aproveche

de la sanidad pública para hacer negocio.

Sí, claro.

-Estupendo. Verás, he estado pensando

y creo que hay algo que podemos hacer para descubrir la verdad.

-Pati, cuando puedas, un café con leche.

Oye, Pati, es que no sé si me has escuchado antes.

Cuando puedas, me pones un café con leche.

¿Estás pasando de mí o cómo va esto?

-Pues mira, sí. Sí, estoy pasando de ti.

No te voy a servir el café con leche, así que puedes irte.

¿Vale? Tengo la terraza reservada además.

-Pero bueno... ¿A qué viene esto? ¿Se puede saber qué he hecho?

-Yo flipo contigo, tío. Eres un miserable.

¿Cómo se te ocurre venir aquí a hacer como si nada

después de lo que le has hecho a Marga?

-Oye, mira, yo...

No sé qué es lo que te habrán contado, pero...

De verdad que yo no la toqué ni un pelo ni nada,

yo solo estaba ahí y te juro que no hice nada.

-¿Y qué clase de persona solo está allí,

escucha gritar a una pobre chica,

escucha lo que le están haciendo esos degenerados

y no hace nada por ayudarla y se va?

¿Qué clase de persona hace eso? -No tengo que darte explicaciones.

-Pues yo no tengo que servirte café.

¿Eh? En La Parra tenemos reservado el derecho de admisión.

Así que sí, te puedes ir largando, la verdad.

-¿Qué dices? ¿Qué derecho de admisión?

Si tú no eres la jefa.

-No soy la jefa, pero soy la encargada.

Ahora mismo, es igual.

-De verdad, no entiendo por qué haces esto.

-Yo no entiendo por qué tienes ganas

de quedarte donde no eres bien recibido.

-Esto que estás haciendo es muy injusto, Pati.

-¿Injusto?

-Mira, ¿por qué no hacemos una cosa?

-¿Por qué no vas y le preguntas a Marga por la palabra justicia?

¿Eh? Y cuando te responda, si te quedan ganas de café,

vienes y te lo pongo.

Pero hasta entonces ya te estás largando.

Ricky, que te pires de aquí.

Que tengo la mesa reservada, que te vayas.

Joder.

Lo peor ha sido cuando a Ibarra le empezó a sonar el teléfono.

Cuando he mirado, era Marcelino y se lo he tenido que coger.

Uf... Y le he tenido que decir

por teléfono que habían asesinado a su mujer.

Estará destrozado, ¿no?

Del todo, imagínatelo.

Y todavía me queda decírselo a Antonio.

¿Prefieres que le llame yo? No, no te preocupes.

Ya me ocupo. Además, se lo quiero decir personalmente.

Bueno...

Tenemos que centrarnos en el caso, que es lo importante.

Ángela ya está analizando

los teléfonos y los correos electrónicos de Ibarra.

Este correo electrónico es muy revelador.

Lo recibió en las horas previas a ser descubierta muerta.

Aquí dice que Alejandro Font

era el titular de una cuenta de más de un millón en Suiza.

Sí, señor.

Y hay un listado de hoteles en los que se alojó,

ninguno de ellos barato.

Se registraba como A. F. Montaner. Ajá. Efectivamente.

Con sus iniciales y el segundo apellido.

No se molestó mucho en proteger su rastro.

¿Crees que Ibarra recibió esta información

y que se fue a hablar con Font? No lo creo, lo sé.

Marcelino me ha dicho que quedó con ella en La Parra

y que le dejó plantado porque le había salido algo urgente.

Y además, la hora que me ha dado Marcelino

coincide con la hora

en la que recibió el correo electrónico.

La hora de las grabaciones de la cámara de seguridad

del hotel nos indica

que Montse no fue directa para allá. No.

Primero pasó por su despacho para analizar con detalle

los mails que había recibido. Y de allí, a hablar con Font.

Pero no es típico de la personalidad de Montse ser tan impulsiva.

Podría haberle llamado con cualquier pretexto

y haberle abordado aquí, en comisaría.

Ya, pero me imagino que quería acorralarlo y... Bueno.

Ponerle contra las cuerdas y que terminara confesando

que el dinero que tenía en Suiza procedía de Mercader.

Puede ser. Desde luego, la cuenta en Suiza

y los hoteles de lujo son algo sospechoso.

Pero tampoco lo vinculaba directamente con Mercader.

¿Tenemos pistas del paradero de Font?

No. En este momento, tenemos ya un operativo en marcha

y Ángela está rastreando el teléfono.

Font conoce todos nuestros métodos.

Los ha utilizado muchas veces persiguiendo a los delincuentes.

Ya, ya, ya lo sé. Con eso contamos.

Pero lo que espero es que cometa algún error.

Quiero que su foto circule por todas la estaciones y los aeropuertos.

Si va a escapar de España,

es prácticamente seguro que haya buscado un pasaporte falso

pero la cara no la puede cambiar. Sí, no te preocupes.

La fotografía ya está distribuida.

¿Hay algún movimiento bancario o retirada de efectivo en cajero?

No, por el momento, no.

Pero tampoco es de extrañar. Sabe que le miramos con lupa.

Eso solo puede significar dos cosas.

O bien que tiene dinero en efectivo y está tirando de él

o que donde está escondido no tiene que pagar nada.

He mandado a Orestes y a Nacha a presionar a Mercader a su casa.

Es posible que le haya escondido allí.

Al fin y al cabo, le ha cubierto en muchos operativos.

Lo dudo mucho.

No creo que consiguiéramos una orden de registro de su casa.

No tenemos ninguna prueba de esa vinculación

entre Font y Mercader. Bueno, pero tenemos que intentarlo.

O al menos, conseguir que se ponga nervioso.

De acuerdo. Todo el que no se quede aquí

a la calle a buscar a ese tipejo. Por supuesto.

Luego te cuento, ¿vale?

¿Ricky? ¿Eres tú, tronco?

La leche. La de tiempo que no te veía.

¿Cómo te va la vida, tío? Ya veo que bien.

Estás en forma, ¿eh?

-Sí, Cote, ya sé que estoy en forma. Ahora, si me permites, tengo prisa.

-Eh... Si se nota que no vas a ningún lado.

Estabas sentado ahí como un tontainas.

-Bueno, mira, ese es mi problema, ¿entiendes?

Déjame en paz.

Oye... Si quieres entonarte un poco, tengo un cristal que flipas.

-¿Qué voy a querer entonarme? Entónate tú. Yo paso de eso ya.

-¿Sí? Me han contado que esta mañana ibas mendigando por una raya.

-He pasado una mala noche.

-Ten cuidado, a ver si esta noche te va a pasar lo mismo.

Anda... Va, llévatelo.

No compres porquerías a esos "colgaos" del polígono.

-¿Qué estás haciendo? Te he dicho que te estés quieto.

-Que soy yo. ¿Qué pasa?

Que nos conocemos de hace un montón, tío. Que te he dejado "fiao".

Más que cliente, eres amigo. -No soy tu amigo.

-Anda, venga, no te hagas de rogar. Estás deseando meterte un poquito.

Por la pasta no te preocupes, tío. Te hago precio.

-Te he dicho que me dejes en paz. -¿Qué pasa?

¿Ahora vas de digno o qué?

Ya me suplicarás que te pase algo, payaso.

-Cuando te tenga que suplicar, te pego un toque. ¿Estamos?

Ahora me voy, que tengo prisa.

-¿Prisa para qué?

¿Para comprar mierda otra vez al polígono?

-¿Todo bien por aquí? -Hombre...

-¿Qué pasa, Cote? Cuánto tiempo, tío.

Te pilla un poquito lejos de Carabanchel esto.

-En metro son pocas paradas. -Ya.

-¿Y qué haces aquí? -Pues nada.

Visitando a los colegas, ¿verdad, Ricky?

-Conocido.

-¿Y se puede saber por qué discutíais?

-¿Por qué va a ser? Por el fútbol.

Este "pringao" es de Valencia y yo no los puedo ni ver.

(RÍE) -¿Tú te crees que soy tonto o qué?

Nos conocemos ya.

Solo te voy a decir una cosa. No te quiero ver trapicheando aquí.

¿Estamos? -Chis. Tranquilito, ¿eh?

¿Qué te piensas, que eres el sheriff y esto el oeste?

(RÍE) No seas tan "flipao", anda.

Anda, aquí os quedáis.

-¿De qué le conoces a este?

-¿De qué va a ser? De la noche.

-Ya, ya. Ya suponía que del fútbol no era.

Mira, Ricky, estás en libertad bajo fianza.

No te recomiendo juntarte con peña así.

(Timbre)

-Vaya... Hacía mucho tiempo que no venía a visitarme la policía.

Pasen, por favor, están en su casa.

-Gracias.

-¿No les acompaña el inspector Font? Eso sí que es una novedad.

(Cierra la puerta)

Alejandro Font ha desaparecido y estamos buscándole.

Me gustaría preguntarle si le ha visto las últimas horas.

Ni las últimas horas ni los últimos días.

Si la memoria no me falla,

la última vez que le vi fue en La Parra.

Pero no hablamos ni nada.

Se limitó a asesinarme con la mirada.

¿Están buscando a su compañero?

Disculpen que me ría.

Tiene su gracia que vengan a buscarlo precisamente aquí.

-Font es sospechoso de homicidio. No es ninguna broma.

Y ahora mismo tiene orden de búsqueda y captura.

-¿Alejandro Font ha matado a una persona?

-¿A quién?

Esa información es confidencial y no le incumbe.

En ese caso, les deseo buena suerte con la investigación.

Ya les he contado todo lo que sabía acerca del inspector.

-Todavía no hemos terminado. Nos gustaría registrar su casa.

-¿Para buscar qué?

(RÍE) - ¿A Font? ¿Aquí? -Exactamente.

-Usted no sabe la relación que tengo con el inspector.

Alejandro Font lleva haciéndome la vida imposible muchos años.

Pregúntele a su compañera.

El último sitio en que se escondería es la casa de su enemigo.

Entonces no le importará que echemos un vistazo, ¿eh?

Verá, es que sí que tenemos motivos para creer que le ha dado cobijo.

¿Yo? Sí.

Lo mejor para salir de cualquier sospecha

es que nos deje actuar.

Si estamos teniendo esta conversación,

es porque supongo que no tienen una orden de registro.

-¿Nos va a dejar registrar su casa, sí o no?

-Pueden registrar cuanto quieran.

Les pediré que tengan en cuenta que estoy colaborando.

Por lo demás, tómense el tiempo que quieran.

Les advierto que no van a encontrar nada.

Si no les importa, voy a continuar con mi lectura.

-Disfrute. -Gracias.

-Ahí tienes todo.

-Está todo bien.

Tu hermano Ricky, ¿qué? ¿De vacaciones?

-Más o menos.

A partir de ahora me voy a encargar yo del negocio familiar, ¿vale?

Sobre todo de los pagos y los pedidos.

No te preocupes. Tu porcentaje nunca faltará.

-Vale. Adiós.

(Teléfono)

-¿Sí? -¿Por qué has tardado tanto en coger?

-Disculpa, mamá. No estoy acostumbrado a tener dos teléfonos.

-Pues tienes que acostumbrarte.

Es muy importante que todo lo relacionado con el alcohol

lo gestiones por aquí. ¿Cómo ha ido con Demetrio?

-Bien, todo muy bien.

-¿Ves como no era tan complicado?

Demetrio se fía de ti porque sabe que eres un Soler

y siempre hemos cumplido.

-Te dejo, que acaba de entrar Ricky.

-No le digas nada, ¿eh? Ya hablaré con él yo por la noche.

-Vale. Un beso.

-Eh. ¿Qué pasa, cómo estás?

-Bien, todo bien. ¿Qué pasa? ¿Vienes a echarme una mano?

(RESOPLA) -Lo único que sé de coches es hacer puentes.

-Te puedo enseñar algo.

Me viene bien que alguien me eche un cable.

Siempre y cuando te apetezca, claro. -No es por falta de ganas.

No quiero que te tengas que ocupar de mí todo el rato.

Bastante hiciste en la fábrica.

-Solo te di el lugar que te mereces y te llevé a casa.

-De no ser por ti, seguiría allí tirado.

-Anda... No digas tonterías, cabezón.

¿Cómo estás?

-Mejor. -¿Se te ha pasado ya?

-En un rato empezará a venirme el nervio y la ansiedad por el mono.

-Vale, pues no te preocupes. Aquí puedes estar cuanto quieras.

-Gracias.

Si en realidad el problema es salir a la calle,

estar por ahí rondando.

-¿Por qué dices eso?

No te habrá vuelto a molestar el yonqui ese.

-Qué va... Ese no sale del polígono.

El problema es...

Bueno, en la plaza me he encontrado con un viejo conocido.

A ver, un viejo conocido, no. Un camello.

Cote se llama.

Aún no le he pillado nada, ¿eh? No se me ha ocurrido pillar.

No sé cómo se ha enterado del numerito de la fábrica

y está empeñado en venderme cristal, que dice que está de moda.

-Deberías estar orgulloso de haberle dicho que no.

(SUSPIRA) -Pues me ha dado un bajón que flipas.

Me ha venido a la cabeza la época en la que estaba puesto de cocaína.

Cote me pasó mucha droga entonces. Me controlaba como quería.

-No... No, Ricky.

Te controlaba la adicción que tenías.

Lo más importante es que no vuelvas a caer en esa mierda.

Pero tú decides tu futuro.

Aunque a mí lo que más me preocupa es lo del Cote ese.

No me mola una mierda que te ronde.

-Bueno, es que es un tío que cuando cree que hay negocio,

insiste hasta que lo consigue.

-Ya. Ese pavo no es del barrio, no.

-Es de Carabanchel.

Pero mira, ahora le ha dado por ampliar el negocio.

-Ya. Siéntate, quiero que me cuentes un poco más de ese pavo.

(Llaman a la puerta)

Emilio, tengo noticias.

Mercader ha autorizado el registro de su casa.

¿Sin orden? Por las buenas.

Déjame adivinar.

Orestes y Aguirre no han encontrado absolutamente nada.

Han registrado la casa palmo a palmo

y efectivamente, no han encontrado nada.

¿Y la actitud de Mercader? En principio, colaboradora.

Se ha extrañado de que Font no hubiera ido a presionarle.

Seguro que era un teatro que tenía muy bien ensayado.

Pues si lo era, le ha funcionado.

Porque no había ni rastro de Font.

Bien, no hay que desanimarse.

Tenemos que centrarnos en vigilar agencias de alquiler de coches,

estaciones y aeropuertos.

Los compañeros de la UDYCO de Valencia ya están trabajando

alrededor de posibles amigos y familiares.

Sea como sea, tenemos que atrapar a Font.

Por supuesto.

Bueno, pues ya te he pasado el teléfono del Cote.

-Perfecto.

¿Seguro que no debo saber más sobre el Cote ese?

-Hombre, yo creo que ya te lo he contado todo.

-Está bien. -(SUSPIRA)

-¿Me vas a contar qué piensas hacer? -Es mejor que no lo sepas.

Lo único que te digo

es que no quiero que cometas los errores del pasado.

-Ya lo sé, hermano.

Yo tampoco, pero...

A veces es muy difícil. -Bueno.

No te preocupes porque yo voy a estar aquí.

Y te voy a ayudar.

Y ahora, lárgate, que tengo mucho curro.

-Anda...

Venga, coño. -Por la sombra.

-No me puedo creer que estés aquí.

-Hijo...

mío.

-Hemos tardado porque no he querido correr por los radares.

-Me moría de ganas de veros.

¿No me vas a decir nada?

(SOLLOZA) -Mi Ricky...

Cómo te he echado de menos.

Hey. Silvia.

¿Se sabe algo de Ricky? ¿Ha aparecido?

Sí, ya lo hemos encontrado.

Como me imaginaba, estaba avergonzado

porque nos hemos enterado de lo de Salamanca.

Y quería estar solo.

Como te has ido esta mañana tan rápido,

quería saber qué había pasado. No te preocupes.

Era una tontería.

Le entró un bajón en un garito junto a los billares.

Y ya sabes que por ahí no hay nada bueno.

Así que fui a buscarlo, pero ya está. Asunto zanjado.

Menos mal. Me alegro.

Yo también te traigo buenas noticias.

Es sobre la mochila que te metieron aquí con droga en el taller.

¿Ya se sabe quién contrató al tío que la colocó?

Tenía entendido que no cantó cuando lo detuvisteis.

No, y no dijo ni una sola palabra.

Pero tenemos más detalles sobre el caso de Mercader.

Hay que confirmar las sospechas, pero todo apunta a una persona.

Ya. Y me imagino que no me vas a decir quién es, ¿no?

El inspector Font.

¿Ese es el móvil que tiene 5G?

-Me lo han traído de China.

-Aquí todavía ni se vende en tiendas. -Jo, cómo mola, ¿no?

-Para mí es una herramienta de trabajo.

Le he instalado aplicaciones para profesionales sanitarios

que tienen realidad aumentada.

-¿En serio? Con eso ya no te va a hacer falta

el aparatito ese para escuchar el corazón ni "na".

-El fonendo. Se llama fonendo. -Eso.

-Y sí. Lo seguiremos utilizando.

Pero la verdad es que esto es de mucha ayuda. Mira.

Aquí tengo el vademécum, que es como si fuese

la carta de las medicinas. -Ajá.

-Tiene modelos interactivos de anatomía,

aparato digestivo, sistema nervioso, sistema linfático...

-O sea, que con esto ya no va a hacer falta

ni ir al médico prácticamente.

O sea, te abres una aplicación y ya estaría.

-No, no, no...

El personal sanitario siempre será necesario.

-Hola. -Hola.

-Me pones un zumo y un pincho de tortilla.

-¿Qué? ¿Preparándote para la guardia?

-Bueno, hay que cuidarse. -Y bien que te luce.

Eres la enfermera más en forma de todo el centro de salud.

-Doctor Salcedo, que ya hemos hablado usted y yo de ese tema.

Compañeros de trabajo y nada más.

-Lo siento, pero no lo puedo evitar. Soy un romántico empedernido.

Si tú supieras la de relaciones que han surgido

entre las paredes de hospitales y consultas...

-No insista. -Está bien, si no hay más remedio...

Pero por lo menos no me hables de usted.

Y disculpa si te he ofendido. -No, hombre.

Tranquilo, no te preocupes.

Por cierto, quería hablarte de un tema.

-Claro, tú dirás.

-Es acerca de mi tía, Lucía Carrasco. Es paciente tuya.

-Me suena el nombre. ¿Ha pasado ya por consulta?

-Sí. A por unos analgésicos por un dolor en el brazo.

-Ah, ya me acuerdo.

Trabaja en una zapatería. Lleva un año con fuertes dolores.

-Sí. -No me has dicho que era tu tía.

-No me gusta condicionar a nadie.

Respeto mucho el trabajo de mis compañeros.

Pero es que estoy preocupada. -Normal.

Ese tipo de dolores si no desaparece, suele ir a más.

-Hum. Ella dice que ya se le pasará.

Pero en realidad no hay día que no le duela.

El trabajo solo lo aguanta a base de antiinflamatorios.

-No se estará automedicando... Eso no puede ser.

-Eso mismo le he dicho yo.

Por eso la he citado para mañana a ver si tú das con la solución.

Hasta ahora ningún médico le ha sabido decir

si es un dolor muscular, nervioso o qué es.

-Habrá días en que no pueda ni sostener un par de zapatos.

-Pues así lleva más de un año. El dolor va y viene

y ella piensa que, mira,

pues que ya no sirve de nada que la vean más médicos.

Yo la he convencido para que venga a verte,

a ver si tú das con el diagnóstico.

He visto que estudias con profundidad los casos de tus pacientes.

Y sabiendo que es tu tía, con mayor razón.

Es horrible vivir con un dolor crónico.

-Sí.

-Yo no sé de dónde saca las fuerzas para ir cada día al trabajo.

-Te garantizo que voy a hacer todo lo que esté en mi mano

para localizar el origen de ese dolor

y buscar un tratamiento para eliminarlo.

-Ojalá. Es que la veo incluso un poco deprimida.

Yo creo que ha perdido toda esperanza de cura.

-No, no. Eso sí que no.

Como se dice, la esperanza es lo último que se pierde.

-Eso.

-Está claro que lo suyo conmigo era algo personal,

pero llegar hasta ese punto.

¿Lo vais a detener?

Hay una orden de búsqueda y captura contra él.

¿Solo por lo de la mochila?

Ese es el menor de sus delitos, créeme.

¿Qué más ha hecho?

No puedo darte detalles, es una investigación en curso.

Pero que sepas que en comisaría, atraparle es la prioridad máxima.

(SUSPIRA) Aunque parece que se lo ha tragado la tierra.

Vale, no me cuentes nada si no puedes,

pero, volviendo a lo personal,

¿tú crees que lo hizo porque pensaba

que yo colaboraba con Mercader o porque era un celoso?

Creo que es más complicado que todo eso.

Pero sí que tú y yo estuviéramos juntos en un pasado

creo que te puso en el punto de mira.

Le molestaba mucho que yo te defendiese.

Ah, ¿sí? ¿Me defendías?

¿Te extraña?

No soportaba que te acusase y te juzgase sin ningún motivo.

Bueno, nos costó varias discusiones.

Vaya con el inspector antidroga.

Menuda forma tan cutre de quitarme de en medio.

No sabes hasta dónde es capaz de llegar.

Menos mal que estabas tú para pararle los pies.

Bueno, al final se hubiese sabido la verdad.

Porque eres un tío honrado y no escondes nada en el taller.

¿Dormimos juntos esta noche?

Esta noche no puedo.

Con todo lo de Ricky, no he currado una mierda.

Y tengo algunos pedidos pendientes.

La verdad es que con todo lo que ha pasado estos días,

casi no nos hemos visto. Ya.

No, si lo siento mucho.

Tienes que entenderlo.

Tengo que apoyar a mi hermano pequeño.

Tengo que hacerle ver que todo va a salir bien

y que estoy ahí para todo lo que necesite.

Además, habíamos quedado para cenar y no puedo plantarle.

Lo entiendo.

¿Por qué no hacemos una cosa?

Tú te vas a cenar con él y luego...

Luego vente a dormir a casa.

No puedo hacer eso, Silvia. Tengo que dormir en mi casa.

Por la noche es cuando más solo se siente

y cuando se le viene todo a la cabeza.

Claro.

Hablamos. Vale.

(Teléfono)

¿Sí? -¿Marcos?

-¿Quién es? -Soy Cote.

-Me han pasado tu contacto.

Me han dicho que quieres hacer un pedido guapo.

-Sí, pero tengo bastante prisa.

-Pues estas cosas mejor las hablamos en persona.

-Perfecto. Dime lugar y hora.

-¿Otra vez por aquí? Vacíate la bolsa.

-¿Estás de coña?

-¿Me ves cara de coña? ¡Que vacíes la bolsa!

(RESOPLA)

Vaya tela... Vaya tela.

¿Contento? Debería darte vergüenza.

En cuanto os dan la placa, os creéis los amos de la calle.

-No me trates de tonto, ya te lo he dicho.

Sé lo que hacías en Carabanchel

y hasta donde sé, no has cambiado de curro.

-¿Eres el controlador de fronteras del barrio?

-Y tú sigues siendo el graciosillo.

-¿Cómo quieres que me lo tome? Me ha echado el alto el madero

al que le drogó una pava y le estafó 3.000 pavos.

Te salió caro el ligue, ¿eh? Seguro que ni te la tiraste.

Hace falta ser "pringao".

-Repíteme eso. -¿Qué? "Pringao".

-Como vuelvas a decirme eso... ¡Repítemelo!

¿Qué está pasando aquí?

Nada, comisario. Es un conocido de Carabanchel.

Se dedicaba a pasar droga en mi instituto.

-Pero ¿qué dices? De eso hace un montón.

-Ahora se ha venido a vender mierda a Distrito Sur.

-¡Este tío delira!

Lleva dándome la misma cantinela toda la mañana.

Me ha obligado a vaciar los bolsillos.

Y no tenía nada.

¿Es eso cierto, Ríos? Aquí no tiene nada, no.

Puedes marcharte.

Suerte que no voy a denunciarte, "pringao".

Piérdete, anda.

Comisario, me estaba provocando, ¿sabe?

No sé por qué, todo el mundo sabe lo de la chavala de la burundanga.

Ya, y tú has entrado al trapo.

Este tipo sabe mucho.

Lo único que estaba haciendo era provocarte

para ponerte una denuncia.

Lo que faltaba encima.

Esto lo sabe muy poca gente,

pero a mí me pasó algo muy parecido antes de jurar el cargo.

¿Que casi le enchufa un sospechoso?

Bueno, faltó poco, pero no era un sospechoso.

Era un compañero. Bueno...

Un compañero por llamarle de alguna manera.

El tipo se estaba siempre metiendo conmigo.

Gastando bromitas, llamándome novato...

De verdad, me sacaba de mis casillas.

¿Y qué hizo?

Me relajaba y no entraba en sus provocaciones.

Y él, la verdad, se lo tomaba fatal

y terminó dándose cuenta de que era mejor no meterse conmigo.

Claro, claro... Porque no conseguía su objetivo, ¿no?

Exacto.

Pues qué buena solución. Intentaré ponerla en práctica.

Anda, vamos para comisaría.

¿Estás? Sí.

Nada, recojo esto, me cambio y nos vamos.

Por lo que veo, no has hecho la compra.

Perdona, se me ha olvidado.

Bah, no pasa nada.

Ahora de camino a casa pasamos por un súper

y compramos algo para cenar. Mañana la hago, ¿vale?

Aunque no creo que hoy tenga cuerpo para cenar.

¿Cómo estás?

Mal.

Ha sido un día de mierda.

Puede que uno de los peores en toda mi carrera como policía.

(Teléfono)

Dime.

No, no, no te preocupes. Gracias por avisarme.

Hasta mañana.

No hay señales de Font.

No me lo puedo creer todavía.

¿Cómo pude estar trabajando con ese farsante y no darme cuenta?

Font sabía lo que hacía.

Llevaba años haciéndolo en Valencia.

Y matar a Ibarra...

Cuando pienso en él, se me revuelve el estómago.

No paro de imaginarme qué le voy a decir

cuando lo tenga cara a cara en el calabozo.

(SUSPIRA) Lo único que me viene es asco.

Entiendo perfectamente lo que sientes.

No puedo dejar de ver el cuerpo de Ibarra

atravesado por esos dos disparos.

Antes de ir a visitar a Font al hotel,

Montse me reveló que estaba investigándole.

Y fue un shock.

No me lo podía creer, pero empezaron a encajar las piezas.

Y desde entonces te aseguro que me siento imbécil

por no haberme dado cuenta. No sigas por ahí.

No vas a conseguir arreglar nada.

(Música de fondo)

-¿Marcos?

-Sí, soy yo.

Debes de ser Cote, ¿no?

-Pon otra aquí.

¿Y si vamos a un sitio más tranquilo?

-Veo que conoces bien el local.

-Sí, no está mal.

Y el camarero no se cosca o mira para otro lado.

No será la primera vez que vienes. -No. He venido muchas veces.

Pero me gustaba más antes.

Me han dicho que quieres montar una buena.

¿Tienes la pasta? -La tengo.

-Pues trato hecho.

-¿Y qué? ¿Cómo va el negocio?

-Pues a veces bien, a veces mal...

-Supongo que dejas el material a buen precio para que se enganchen.

-Eh. No serás poli... -No.

Soy el hermano de Ricky Soler. -¡Ah! Entonces todo queda en familia.

-Nada de eso.

No vas a hacer negocios con ningún Soler.

-Espera, espera, espera...

¿Ricky no tenía dos hermanos, Luis y Álvaro?

¿Tú no has dicho que te llamabas Marcos?

-Sorpresa.

-¿A qué viene esto? ¿Para qué me llamas?

-Para que dejes en paz a mi hermano Ricky.

-Tío... A tu hermano ya le ha picado el gusanillo.

Hoy iba por el polígono con sus amigos los yonquis.

-Sé lo que hace mi hermano, no hace falta que me lo digas.

Te lo repito. No te acerques a él.

-Esta sí que es buena. Un Soler dándome catequesis.

¿Qué vais ahora, de monjitas?

Si todo el mundo sabe cómo os ganáis el pan.

-Claro. Pero nunca traficamos con drogas.

Eso lo dejamos para mierdas como tú.

No quiero enterarme de que le ofreces nada a mi hermano.

-A ver si te enteras, payaso. Tu hermano es un yonqui.

Y cuando le entre el mono, me suplicará lo que sea.

¿Te enteras? -Sí.

Y tú le vas a decir que no.

Aléjate de mi hermano.

¿Te queda claro?

No te oigo. -Que sí, joder.

Creo que me utilizó desde el principio.

Y yo, como una tonta, caí.

A veces, los sentimientos

nos juegan malas pasadas.

Mírame a mí.

Me enamoré de un psicópata y no vi las señales

por mucho que Fede quiso mostrármelas.

¿Sabes?

A veces, todavía pienso que seguiría vivo

si le hubiera hecho caso.

Creo que ahora te entiendo mejor.

Y eso que yo no estuve saliendo con él

ni mucho menos enamorada. Lo tuyo es horrible.

(SUSPIRA) Pero lo estás. Y mucho.

De Álvaro.

Tengo muy claro lo que siento por él.

Pero te confieso

que me da la impresión de que llegamos tarde.

¿Tarde por qué?

Como si no fuese el momento.

Porque él está hundido con la muerte de su hermano Luis

y apenas nos vemos.

Es normal que ahora él necesite apoyarse en su familia.

Pero me manda mensajes contradictorios.

¿Qué mensajes?

Por la mañana me dice que su único consuelo

es imaginarse lejos de aquí conmigo.

Y luego le digo de quedar y me dice que no

porque ha quedado con su hermano Ricky.

Por lo que tengo entendido, Ricky y Luis estaban muy unidos.

El pequeño de la familia debe de estar fatal.

Y eso lo entiendo.

Pero, por ejemplo, le dejo las llaves de casa

para que cuando deje a Ricky en la suya se venga a dormir.

Y tiene muy claro que no vendrá.

Álvaro es el mayor.

Se siente responsable de su familia. Y tú lo tienes que entender.

Yo lo veo normal.

Ya.

Lo que me da miedo es que me aparte de su lado.

Cuando las cosas van mal, él me aparta.

Y entonces empieza a aparecer ese muro que...

Que no es nuevo, Esme.

Bueno, venga.

Acompáñame a cambiarme y nos vamos a casa.

Ya está bien por hoy.

¿Entonces no hay más grabaciones que las que tenemos?

Ya.

No, no, no. Bueno, no os preocupéis.

Id a descansar, que os lo habéis ganado.

Vale.

(SUSPIRA)

Hola, cariño.

Antonio.

Habías quedado en ir a buscarme a la consulta.

¿Se te ha olvidado o qué? (RÍE) Pues... no me he acordado.

Ni te preocupes, he aprovechado el tiempo.

Creo que ya sé cómo desenmascarar a Salcedo.

Hay una enfermera, Andrea, que tiene una tía que es paciente suya.

Es una mujer muy competente. Gran defensora de la sanidad pública.

¿Me estás escuchando?

Qué pasa? ¿Te pasa algo?

Es Montse.

¿Qué ha pasado, cáncer otra vez?

No ha dicho nada.

Ha muerto, la han asesinado.

No, eso tiene que ser un error.

Ha estado esta mañana con Marcelino.

Yo he reconocido el cadáver.

Me he ido tan rápido de tu consulta por eso.

No te lo he querido decir por teléfono.

¿Cómo ha sido? En acto de servicio.

En acto de servicio, ¿un tiroteo? ¿Le dispararon...?

No.

Algo parecido.

Pero no te puedo dar más detalles, lo siento.

Ahora que le iba tan bien...

¿Por qué ella, por Dios? ¿Por qué?

Yo he tenido parte de culpa.

¿Estabas en el operativo?

Pero la insté a que consiguiera pruebas contundentes

para poder detener a un investigado.

Venga, hombre, no te puedes culpar por algo que no dependía de ti.

Estaba haciendo su trabajo.

Todos sabemos cómo es esta profesión de policía.

(SOLLOZA) Siempre ha estado ahí.

Éramos compañeras desde la academia.

La vamos a recordar con mucho cariño, ¿vale?

Anda... Vámonos. No, no, no.

No me puedo ir. Tengo mucho que hacer. Lo siento.

Mira cómo estás, hombre.

No puedes ponerte a trabajar. Vamos a descansar.

Vámonos.

(LLORA)

Joder, macho...

(MASCULLA)

Mira... Estupendo.

-¿Qué te pasa? -Tengo una ansiedad que flipas.

-¿Por el mono? -Bueno, estoy muy nervioso.

La verdad es que comer me calma.

-Ricky... Tienes que ser fuerte.

-Sí, sí. Si hago todos los ejercicios de relajación

que me enseñaron en la clínica, pero... Bua.

-¿Por qué no te apoyas en nosotros? Porque estamos para eso.

-Si aguantar dentro de casa es muy fácil.

El problema es fuera.

Y más si conoces el camino que lleva al vicio.

O si el vicio conoce el camino para llegar hasta ti.

-¿Qué lo dices, por Cote?

No te tienes que preocupar más por ese chaval.

-¿Qué has hecho? -Nada.

Solo he tenido una conversación con él.

Digamos que le he convencido para que no se te acerque nunca más.

Y menos a ofrecerte mierdas.

-Me parece un poco raro que haya aceptado por las buenas.

-Le he bajado los humos rápidamente.

-¿Seguro que solo ha sido una conversación?

-¿Qué pasa?

Cuando quiero, puedo ser muy convincente.

-Ay... Ya estáis aquí.

Voy a ponerme con la cena, que Luis estará a punto de llegar.

-Mamá...

-Luis ya no está.

Tranquila, tranquila.

-(RESOPLA) Joder...

Sentía que se me acababa el aire.

-Tampoco has estado tanto rato.

-Pues he perdido la noción del tiempo. ¿Qué hora es?

Las doce y media ya, joder. -¿Qué más da?

L importante es que no te han encontrado, Alejandro.

-¿Y cómo demonios se te ocurrió hacer ese ataúd?

-A mí, no. A los mexicanos.

Los construyen para evitar registros policiales

o para esconderse cuando viene de visita una banda rival.

-Pues podrías haberlo encargado más grande.

Pensé que me asfixiaba.

-Si lo haces más grande, es evidente que hay

un habitáculo oculto y ya no sirve de nada.

-¿Por qué has tardado en sacarme?

Ha pasado mucho rato desde que se fueron Silvia y Nacha.

Me estaba quedando sin oxígeno. -Porque está todo calculado.

La jaula tiene capacidad para 1.000 litros.

Cuando entra una persona, el volumen se reduce

a algo más de 900 litros, de los cuales un quinto es oxígeno.

Si haces bien las cuentas, tienes oxígeno como para seis horas.

Para cuentas estoy yo.

Ah... Estoy medio mareado. (SUSPIRA)

¿Eso es lo que creo que es? -Ajá.

Y has salido muy guapo en la fotografía, Alejandro.

-Iván Arroyo García.

(RÍE) Me gusta.

Da el pego. Es un buen trabajo.

-He hecho unas cuantas llamadas, pero ha merecido la pena.

-¿Puedo? -Por favor.

Este whisky me lo descubrieron los de Jalisco.

Es un elixir de dioses.

Cada botella cuesta una fortuna.

Pero una vez que pruebas lo bueno, ya es difícil de olvidar.

-De categoría.

-Buen, ¿y qué piensas hacer? ¿Dónde vas?

-Lo primero, recuperar mi dinero en Suiza.

Y después, retirarme a las Islas Cook.

¿Sabes en dónde están?

-Prefiero no saber adónde vas. -Pacífico Sur. Un paraíso.

Pero para salir de España necesitaré dinero en efectivo.

No puedo usar mis tarjetas de crédito ni sacar dinero del banco.

-Esta todo previsto.

-Estás en todo.

Me quedaría a tomar otro, pero se me echa el tiempo encima.

Ha sido un placer hacer negocios contigo.

Espero no verte nunca más.

-¿Te ocurre algo?

-No.

¿Qué le has echado al whisky?

-Chico listo. Te has dado cuenta enseguida.

Es un veneno muy potente.

Esto que estás sintiendo ahora es parálisis.

Primero se te paralizan los miembros. Luego, el corazón.

Vas a sufrir una parada cardiaca. Y luego morirás.

-Pero ¿por qué...?

-No me gusta dejar cabos sueltos.

La policía no va a parar hasta encontrarte.

Y como comprenderás, no puedo permitirme el lujo

de que sigan relacionándome contigo.

-Podíamos haberlo resuelto, joder.

-No me hagas reír, Alejandro.

Te has cargado a una inspectora de policía.

No van a parar hasta encontrarte.

Y no puedo arriesgarme a que lo largues todo.

-No te hubiera delatado, Santos.

No puedo fiarme de un policía que vende a los suyos por dinero.

Bien visto, esto es lo mejor que te podía haber ocurrido.

Piénsalo.

Y todo este tinglado además me ha servido

para tener una excusa para deshacerme de ti.

-Eres...

Te pillarán. -No, porque soy un profesional.

Tengo un par de bidones de ácido en el garaje esperando.

Cuando acabe, le diré a uno de mis hombres que suba los bidones

y en cuestión de horas, no quedará nada de ti.

Qué bajo has caído, Alejandro... Arrastrándote como un gusano.

Ya está, ya está. Deja que suceda.

Ya está.

Ya está.

(SUSPIRA)

Marcelo. Sí, aquí ya hemos terminado.

Súbete los bidones cuando quieras.

Por ti, querido amigo.

Buen viaje.

-Lárgate de aquí o te juro que llamo a la policía.

-Me has tocado las pelotas.

Ya no me conformo con que dejes en paz a tu gente.

-¿Qué quieres decir?

-Ahora te exijo a ti y a tu familia que abandonéis Madrid.

Y lo antes posible.

-Pues, verás, esta mañana a primera hora

mi tía ha ido a su consulta.

Y le ha hablado sobre el problema de movilidad de su mano izquierda.

-Y le ha dado la baja. -En un primer momento, no, claro.

Cuando le ha dicho que su dolencia le afectaba a su trabajo,

entonces ha sacado el tema.

No entiendo nada. Pues es muy fácil de entender.

Ha llegado el momento de decidir entre la policía y mi familia.

Y lo tengo muy claro. A ver...

Están siendo días muy duros. Igual deberías tranquilizarte.

Está claro, tú y yo estamos en bandos distintos.

Cada minuto que pasa me siento más culpable, Antonio.

Tenía que haberle hecho caso

cuando me habló de sus sospechas sobre Font.

(Teléfono)

Dime.

¿Un cadáver? ¿Dónde?

No me lo puedo creer. -¿Qué pasa?

-La policía ha encontrado el cadáver de Carvajal.

-No sería mala idea que nos largáramos de aquí.

-Espero que no lo estés diciendo en serio.

No pienso caer en sus amenazas.

-Él no sería el único motivo por el que nos marchásemos.

Ahora me acuerdo, sí.

La denuncia por su desaparición la puso su sobrino.

Exacto. Y pensamos que era voluntaria

porque había impulsado las timbas ilegales.

Sí. Efectivamente.

Y para variar, también investigamos a los Soler por este asunto.

Sí. En ese momento nos dijeron

que les había pedido dinero,

pero no se lo dieron porque no se fiaban.

Necesito algo, lo que sea.

-¿Has pedido permiso a tu hermano? Porque luego me echa la bronca.

-Ahórrate las chapitas y dame lo que tengas, anda.

-Tranquilito, ¿eh? No te pases. -Dame dos, anda.

-Hey, hola, ¿dónde estabas? No te he visto en toda la mañana.

-He estado todo el día en Carabanchel preguntando sobre un investigado.

¿Quién?

Cote, un chaval que era el camello de mi instituto.

-¿Y qué te han contado en Carabanchel?

-Que está montando su negocio aquí aliándose con un pez gordo.

El narco para el que trabaja podría ser Santos Mercader.

Venga, tío, que me dejes en paz. ¿Vale? Que yo no trafico.

NO tienes derecho a acosarme por muy madero que seas.

-¿Pasa algo, Cote?

-Estoy hablando con un viejo colega mío de Carabanchel, ¿eh?

-Qué tiempos aquellos, ¿verdad, Cote?

-¿Del hospital?

(SOLLOZA) No...

Pe... Sí, sí, pero ¿está bien?

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Servir y proteger - Capítulo 596

16 sep 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. Alberto

    La serie es entretenida, pero hay actores q trabajan muy mal, como orestes, Álvaro, Antonio regular, el comisario regular, Alicia no me gustaba trabajando al igual q iker tampoco, sin embargo son del diez mamen camacho, marta Calvó, el hijo de viñuela tb lo hace muy bien, Luis tb, Luisa Martín es tb muy buena, jairo era tb muy bueno, Fernando quintero es tb muy bueno, Montse mal, Maria muy bien, Paty es muy buena, Edurne muy buena.

    17 sep 2019
  2. Alberto

    Bien

    17 sep 2019
  3. Karina

    El personaje de Patty es muy inestable, inmaduro, antipático. Pueden hacerla viajar de nuevo.. ¿¿

    17 sep 2019