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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 579 - ver ahora
Transcripción completa

¿A qué sanción se enfrenta?

Eso se decidirá en Régimen Disciplinario,

cuando yo acabe mi informe y lo entregue.

Voy a investigarlo a fondo, espero no descubrir más desmanes.

De todos modos, pinta muy mal.

Mientras tanto...

Tenemos que retirarlo del servicio, lo sé.

Y Miralles también está de acuerdo, ¿verdad?

Traerte detenido ayer y dejarte pasar la noche,

ha sido de las cosas más duras que he tenido que hacer en mi vida.

Esto se tiene que acabar.

Tienes razón, tengo que cortar por lo sano.

Sí, lo tienes que hacer por ti.

Lo tienes que hacer por tu hijo, por tu familia, por María.

Yo no sé cómo podré mirarles a la cara después de esto.

Pues igual que lo estás haciendo conmigo, Elías.

Te aseguro que no te van a dar la espalda.

¿Qué sanción me va a caer?

Por el momento te vas a casa hasta nueva orden.

¿Cómo a casa?

¿Qué voy a hacer en casa? Me voy a volver loco.

-Yo no estoy dispuesto a ayudarte con tu problema.

Mientras no superes tu alcoholismo, prefiero que no tengamos contacto.

Te lo digo así de claro.

-Te dije que quiero ir a Buenos Aires y empezar una nueva vida.

Y tú eres mi pasaporte para lograrlo.

La decisión es sencilla:

Me pagas y te libras de mí para siempre,

o le cuento a Marga que su querido papaíto

es el puñetero Charles Bronson.

-Yo no sé si es por el deporte o por la chica con la que sales,

pero me encanta cómo te comportas últimamente.

-Lo voy a dejar con Marga. Ya está, fin de la historia.

-Si soy lo mejor que te ha pasado en la vida,

¿por qué quieres cortar conmigo?

¿Te puede entrar en la cabeza que yo quiero estar contigo?

¿Tú me quieres?

-Desde el primer día que te vi en Distrito Sur.

-Y yo a ti también desde el primer día.

-Yo soy un policía en prácticas, Elías un policía veterano, y...

¿Y qué?

Que no quería venir a mis superiores con el cuento.

Si nos hubieras comunicado que ha vuelto a beber,

lo habríamos retirado del servicio. Eso es lo que quería evitar.

No quería que lo apartaran por mi culpa.

Habría sido muchísimo mejor para Elías. Piénsalo.

No habría agredido al detenido por traficar con marihuana,

y los cargos contra él serían menores.

Aunque reniegues de tu pasado, fuiste narco, igual que yo,

y los narcotraficantes no somos buena gente.

-No te equivoques.

Yo jamás he sido tan sádico como lo eres tú.

-¿Esta soy yo ahora, Adriana Vélez?

-Sí, te voy a registrar en esa clínica en Suiza

con ese nombre.

La falsificación del pasaporte es bastante buena,

no tendrás ningún problema en viajar, una vez te den el alta.

(Puerta)

Chist...

¿Se puede saber qué demonios haces tú aquí?

-Os he estado escuchando. -¿Escuchando qué?

-Lo suficiente para saber que le tienes ganas a ese cabrón.

Igual que yo.

He venido a proponerte que nos unamos para destruir a Santos.

(Música emocionante)

No paro de darle vueltas a la cabeza,

no entiendo cómo ha podido volver a caer en el alcoholismo,

después de lo que le costó superarlo.

No deberías enfocar el asunto de la adicción de Elías

como algo circunstancial.

¿Por qué dices eso?

A pesar de que ha mantenido a raya sus impulsos todo este tiempo,

los circuitos cerebrales que rigen su adicción al alcohol,

tienen una disfunción.

Yo pensé que eso era una etapa superada.

Una etapa puede ser, pero la batalla no.

¿Sabes por qué?

Porque la adicción al alcohol

no se puede gestionar de forma voluntaria,

sobre todo después de una recaída tras un tiempo de abstinencia.

Ahora está pasando por un efecto neurobiológico

que se llama efecto de deprivación.

Efecto de deprivación, no lo había oído en mi vida.

Eso significa que tras una larga abstinencia

puede haber un pico de adicción porque bastan unas gotas de alcohol,

para liberar una gran cantidad de endorfinas.

¿Me estás diciendo que le va a costar más esfuerzo

superarlo que antes?

Eso lo tendrá que decir el médico que lo está tratando.

Lo que está claro es que necesita de un especialista

y del apoyo de la gente que lo quiere.

Pues no sé si se va a dejar ayudar.

Tú por si acaso no hables con él

como si hubiera cometido un simple error,

la cosa es muchísimo más complicada. Y piensa que está hecho polvo.

Ya me lo imagino.

(Teléfono)

Es Elías.

Dime, Elías, ¿ha pasado algo?

Hola, Claudia. Solo quería darte los buenos días.

"Buenos días. Nos vemos luego, ¿no?".

Yo quería decirte que hoy no he bebido,

que me he mantenido sobrio.

"Esa es la mejor noticia que podías darme".

Esta reunión con la inspectora me tiene muy tenso,

hace mucho que no me piden que me ponga este uniforme.

¿Tú vas a estar? "Claro, claro, sí".

Claudia, te quería decir que ahora...

ahora te necesito más que nunca, me refiero como amiga.

"Por supuesto, no te preocupes. Yo estaré ahí".

¡Venga! "Hasta luego".

Está hecho un flan.

Por lo menos se ha mantenido sobrio.

Bueno, ¿qué te ha pasado? -Buenos días.

¿Por qué?

-No sé, me has hecho venir a abrir la tienda,

mientras estabas vagueando en la cama.

-Hoy me ha costado la misma vida levantarme, hija.

-Ya, por lo que hiciste ayer en la trastienda, ¿no?

-¿Qué quieres decir?

-Papá, no soy ciega.

Has dejado la trastienda más limpia que una patena.

¿Me estás demostrando que yo no sé limpiar?

-Ah, no, no. Hija, que me...

Me dio un pronto.

Entre a buscar unos albaranes, no los encontraba,

empecé a ordenar, me vine arriba y...

-Pero ¿cómo te vas a venir arriba limpiando?

-Hija, yo soy así,

a mí no me gusta dejar las cosas a medias.

Estuve hasta las tantas. Mira cómo estoy.

-Capto el mensaje.

Que soy muy desorganizada y no tengo la trastienda

como a ti te gustaría. -No, hija, no seas tan aprensiva.

Eso necesitaba un repaso mucho antes de que tú vinieras a la ferretería.

-Bueno, no me gusta que te quedes tan tarde por una limpieza.

Ahora estás que se te caen los ojos.

-No solo eso, es...

que tengo insomnio últimamente, duermo fatal.

-¿Insomnio? ¿Por qué no me lo dijiste antes?

Habrá que buscar una solución, tomarte una pastilla...

-Sí, ya he ido al centro de salud

y el doctor Torres me recetó unos somníferos,

pero no están haciendo mucho efecto. -¿Y no me lo habías contado?

Jo, papá, menuda confianza. -No te quería preocupar, hija.

Además, tú acababas de tener el disgusto con Ricky.

Dije: "¿Para qué?"

-Pues no te preocupes por mí, por favor.

Cualquier problema me lo cuentas.

Y no me ocultes cosas.

-¿Qué cosas?

-El rifirrafe que tuviste con Ricky el otro día.

-Bueno, eso es algo de lo que me arrepiento,

además me salió sin querer.

-Por favor, controla esos prontos.

No quiero que seas un perro de caza detrás de Ricky

cada vez que discuto con él.

Además, me parece una actitud..

paternalista, machista y rancia.

-Bueno.

Ya veo que Ricky y tú habéis hecho las paces otra vez.

¿Ahora quién está ocultando cositas a quién?

-Yo no te estoy ocultando nada. Ricky y yo seguimos juntos.

-Pero no me has contado por qué peleasteis.

-Fue una riña sin importancia.

Además, ha servido para sentir que nos queríamos.

-Pues me alegro mucho.

A trabajar.

-Anda, vete a tomar un café.

(MARGA RÍE)

-¿Qué, María, habéis pasado muy mala noche?

-Mala no, malísima.

Toda la noche pendiente de Elías, lo está pasando fatal.

-Claro, y es que la noche es lo peor.

-Yo nunca lo había visto tan malo, lo juro.

Ahí en la cama, pálido, sudoroso, con temblores...

-Ese es el mono y hay que pasarlo.

-Yo nunca había visto a una persona así.

Es tremendo, te destroza por dentro, sobre todo si lo quieres.

-Te entiendo, María.

Nosotros estamos acostumbrado a ver los detenidos en los calabozos.

Pero ese punto álgido del síndrome de abstinencia

que suele pasar entre 24 y 48 horas es bastante duro.

-Yo no sabía qué hacer.

No sabía qué decirle, no sabía qué darle...

Mi obsesión era que no cayera en la tentación de beber otra vez.

-Pero tú no tienes alcohol en casa, ¿no?

-En casa no, pero me daba miedo de que bajara al bar.

-Ya. ¿Y ahora cómo está?

-Hoy mejor, se ha levantado bastante más entero.

Se ha dado una ducha y se ha ido a la comisaría.

-Eso es lo mejor que puede hacer. Ya habéis pasado lo peor.

-Ojalá.

Ya daría yo lo que fuera porque hubiera sido una mala noche,

y se acabara todo. -Ay, María, ojala.

Pero todavía queda mucho trabajo por delante.

-Ya, va a hacer falta mucha fuerza de voluntad

para ayudarlo a salir de donde está. Por mí no va a quedar.

-Y por mí tampoco. Pero yo, sinceramente, pienso

que Elías debería recibir asistencia profesional.

-Yo se lo he dicho, no sé si lo hará.

En fin, si él no le pone voluntad...

estamos arreglados.

En fin.

-Buenos días, María. -Hola.

-¡Hey! -Hola.

Veo que lo de dormir poco ya es un virus.

-¿Dormir? -No has dormido nada.

¿Te has ido de farra? -¿De farra?

(TONI RÍE) Sí, ojalá.

Tuve turno de noche, el peor turno de mi vida.

-Tampoco seas tan exagerado,

que redactar denuncias y atender a los ciudadanos

no es tan complicado. -Bremón me cambió de la ODAC,

y me puso una misión maravillosa. (IRÓNICO)

-¿Qué pasa, te mandó a los calabozos? -No, frío.

Me hizo escolta, pero no de una persona normal,

me hizo escolta de una niñata pija, estúpida,

y malcriada que tuve que aguantar toda la noche.

-¿Y quién es esa niña?

-La hija de un ministro latinoamericano,

una tal Violeta García de Zúñiga...

-Ay, Toni...

No es tan difícil hacer de escolta, y menos de una niña.

-Me hubiera encantado verte a ti.

¿Sabes lo que es aguantar toda la noche las chorradas de la niñata?

Primero, que fuera al spa a pedirle cita.

Luego que le trajera el secador del pelo,

y después en plan:

"¿Puedes ir a la cocina por si tienen comida macrobiótica?"

¿Comida macrobiótica? Tú eres tonta. (NACHA RÍE)

-No sabía yo que en la Policía Nacional

teníamos que atender estos caprichos y hacer de canguro.

¿Qué edad tenía la niña esta? -18 años.

Ya no es una niña, es una mujer hecha y derecha.

-Es una malcriada y una niñata y una estúpida y una maleducada.

-Bueno, ya. Para, para.

(CON ACENTO ARGENTINO) "Pará, pará, como decís vos".

Así habla, ¿no? -Sí, así.

-Vas a hacer que me dé pena la niña esta.

-Pena te daré yo, que estuve toda la noche aguantándola.

-Olvídate, a otra cosa, mariposa. ¿Vas a volver a la ODAC o qué?

-Ojalá, porque te juro que ayer

he entendido que la ODAC no está tan mal.

-Hola.

¿Alguien quiere otro café? Aparte de mí que me hace mucha falta.

-Por favor, un cortado. Me estoy muriendo de sueño.

-Venga, yo me apunto. -Venga.

-Nacha,

cuando vayas para allá échale un ojo a tu amigo.

-Eso está hecho, María.

-¿Doble, Toni? -Por favor.

-Me apuesto lo que quieras

a que me van a aplicar un correctivo que te cagas.

Me pueden echar a la calle, Claudia. No te pongas en lo peor.

Ya has pasado por esta situación un montón de veces.

No me refiero a lo del alcohol, claro.

Me refiero a tus diferencias con Régimen Disciplinario.

No me mires así.

Hubo una época en la que parecías abonado a las sanciones.

Cuando no era por saltarte los horarios

era por levantarle la voz a un mando,

o aplicarle un correctivo a un detenido.

¿Tú qué quieres, ponerme más nervioso o qué?

Tienes toda la razón. Discúlpame. ¿Quieres un poquito de agua?

Esa época de la que hablas no tiene que ver con la de ahora.

Me había dejado mi mujer, no me hablaba con mi hijo.

Era todo una mierda. Toma, anda.

No, ahora la cosa ha cambiado mucho.

Me costó mucho estar donde estoy.

He recuperado a mi hijo, tengo una mujer maravillosa.

Y vas a ser abuelo. Sí, voy a ser abuelo.

Me juego demasiado, no quiero perderlo.

Pues escúchame.

Por mucho que cambien las circunstancias,

no te puedes olvidar nunca de que eres alcohólico.

Está bien: Me llamo Elías Guevara, soy alcohólico,

y lo seré siempre.

Y aunque lleve dentro ese demonio...

Si no me expedientan puedo ser el Elías Guevara sobrio y responsable

de todos estos años. Pero no me vale como excusa.

Si te imponen una sanción, tendrás que acatarla.

Y tendrás que esforzarte y luchar para volver a ser

el Elías sobrio y responsable de estos años.

Si me echan de la policía me muero.

-Buenos días.

¿Qué tal, Montse? Adelante.

Buenos días, inspectora.

-¿Qué os parece si nos sentamos y vamos al grano?

-Sí.

Sí, por favor.

Cuanto antes empecemos antes acabamos. Venga.

Yo, lo primero que quería decirle

es que asumo totalmente la gravedad de los hechos.

Me porté de manera lamentable...

e indigna para un agente de la ley.

Le he pedido perdón a las víctimas, también a los compañeros afectados,

y le pido perdón al cuerpo, inspectora.

-Aprecio tu voluntad, Guevara.

Pero entenderás que una disculpa no puede enmendar lo que has hecho.

Has agredido a dos personas: a Raúl Zambrano,

detenido al que golpeaste durante el transcurso

de un interrogatorio en dependencias policiales,

y a Ricardo Soler,

a quien pegaste un puñetazo en el pub Moonlight.

En ambos casos había testigos.

-Pero Soler no ha denunciado.

-Aun así, Régimen Disciplinario debe promover de oficio

que tus infracciones sean investigadas y sancionadas.

Sobre todo porque estabas borracho.

La Ley Orgánica 4/2010 de Régimen Disciplinario,

en su artículo 7L es muy clara al tipificar

como falta muy grave embriagarse,

tomar drogas tóxicas, estupefacientes,

o sustancias psicotrópicas durante el servicio.

-No volverá a pasar. -Pero ha pasado, Elías.

Montse, escucha.

¿No se podría tener en cuenta que...?

Se te hizo el test de alcoholemia antes de pasar a los calabozos,

y ya conocéis el resultado.

La Dirección General de Policía tiene un reglamento muy férreo

ante las infracciones,

que van desde la separación total del servicio

hasta un traslado forzoso.

Pero creo que deberíais tener en cuenta la hoja de servicios

del oficial Guevara, o el historial de casos resueltos,

y las medallas concedidas al mérito policial.

Y lo hemos hecho, por supuesto.

Pero esa moneda tiene una cruz: la reincidencia.

Contemplada en el artículo 12D.

-Está bien, y...

¿qué sanción me va a caer?

-Seis meses de suspensión de empleo y sueldo.

-Medio año. ¿Está hablando en broma?

-Con efecto inmediato.

-Pero ¿qué voy a hacer?

¿Cómo voy a vivir, Claudia? Elías...

No te puedes imaginar.

Ojalá pudiera irme unos días, pero están carísimos los vuelos.

Sí. ¡Toni!

Comisario, ¿qué tal? Muy bien.

Me han dicho que estabas por aquí. Sí, sí.

Estaba ordenando unas pruebas. Dígame.

No me has dicho nada de tu trabajo anoche

como escolta de la hija del ministro.

Ah... Bien.

Bien, la chavala muy simpática.

Hice lo que usted me mandó, fui formal, correcto...

Y muy bien. Pues ella no piensa lo mismo.

¿Cómo que no piensa lo mismo?

¿Se ha quejado de mí? No, todo lo contrario.

No entiendo. Dice que eres un gran policía,

que has aprendido muy bien tu oficio...

Te ha puesto por las nubes.

¿En serio? En serio.

Y me has quitado un peso de encima,

porque me habían advertido de su historial complicado

con todos sus escoltas.

Al parecer, ninguno estaba a la altura de sus exigencias.

La chavala exigencias tiene unas cuantas.

La valoración que ha hecho sobre ti nos da mucho prestigio,

a ojos del ministro y nos va a dar muchos puntos.

Que sepas que eres un orgullo para esta comisaría.

Joder, comisario, muchas gracias. Me hace mucha ilusión.

Y además de darle puntos a la comisaría,

supongo que dará puntos a mi historial.

Por supuesto, claro que sí. Pues qué bien, todos contentos.

Me voy a la ODAC que he dejado el puesto solo.

Hasta luego. Toni, espera.

Me parece que no me has entendido.

Esa chica ha valorado mucho tu trabajo,

pero su padre todavía no ha terminado su viaje por España.

Ya. ¿Y qué me quiere decir con esto?

Que todavía te quedan dos días al lado de Violeta García de Zúñiga.

No nos defraudes. No, no, no.

Lo siento mucho, pero no va a poder ser.

Me temo que sí, porque el padre ha pedido

que el agente Ríos

se siga encargando de la seguridad de su única hija.

Y yo, sintiéndolo mucho, le voy a decir

que no cuente conmigo. Lo siento.

Perdona, ¿qué quieres decir? Usted me dijo que era solo un día,

y ahora me pide otro día.

Hasta donde yo sabía, esto era una sustitución.

¿Dónde está el agente que lo iba a hacer?

¿No acabas de decir que es una chica muy simpática?

Le dije lo que le dije en un momento dado.

Sinceramente, fue por cumplir. ¿Quiere que le diga la verdad?

Ha sido un tormento de noche, y es una niñata pija e insoportable.

Y no me extraña que los escoltas no la soporten,

es inaguantable. Pero ¿cómo va a ser un tormento

una chica de 18 años educada y de buena familia?

Escucha, Toni.

¿Te ha hecho algo en concreto o es cuestión de química?

Ni química ni químico,

que esa pedorra me ha estado vacilando toda la noche,

pidiendo cosas, riéndose en mi cara. Es insufrible, de verdad.

Pues lo siento mucho, Toni.

Nadie ha dicho que el trabajo de escolta

sea un camino de rosas.

Lo importante es que seas profesional.

Discúlpeme, pero he sido bastante profesional.

Y no entiendo cómo estando en prácticas

me ponen semejantes responsabilidades.

Por muy desagradable que sea la cosa,

aprenderás una de las cualidades más importantes de un policía:

la paciencia.

Con una noche con esta chavala, tengo un máster en paciencia.

Pues eso que aprendes.

De verdad, comisario, por favor...

Pídame lo que quiera, le ordeno el archivo si quiere,

y no me gusta el papeleo, pero esto no.

Ya, pero como no mandas tú, sino yo,

y los de arriba me han dicho que sigas cuidando de esa chica,

no hay más que hablar.

Y ahora te vas al hotel porque te está esperando.

¿Ahora? Pero ¿no era de noche la escolta?

Pero esa chica quiere que le dediques todo el tiempo,

y los españoles somos muy serviciales, ¿verdad?

Pues vete para allá.

(ENFADADO) ¡Dios, chaval!

(Puerta)

-¡Qué sorpresa! Otra vez mi poli favorito.

-¿Sorpresa?

Porque tu papá no tuvo nada que ver...

-Pasa. -No, estoy bien aquí, gracias.

-Agente Ríos, es una orden. Pasa adentro.

Deberías estar agradecido

de que te salvé de otro aburrido día en comisaría.

-Mira...

Lo primero, no tengo que darte las gracias de nada.

Y el trabajo en comisaría no es aburrido.

-Bueno, me sirve con que me dediques una sonrisa.

No entiendo cómo te resulta tan sacrificado trabajar para mí.

Lo que te pedí fueron cosillas. (LA IMITA) -¿Cosillas?

No creo que sea sacrificado,

es una chorrada que podría hacer un niño de seis años.

-Por eso te quiero a vos.

Sos el mejor guardaespaldas que he tenido nunca.

-Violeta, te lo voy a explicar, porque me parece que no te...

Y yo no soy guardaespaldas,

soy un policía en funciones de escolta, no es lo mismo.

-Eso es lo que me encanta de vos.

-¿El qué?

-Que resoples y entornes los ojos como acabas de hacer.

(TONI SUSPIRA)

Sos relindo, nada que ver con los orcos

que he tenido que trabajar durante tantos viajes.

No tenían esas capacidades excepcionales que tenés vos.

-Capacidades excepcionales, ¿es que te pida cita en el spa?

¿O que te traiga el secador de pelo?

Supongo que lo de que te parezco relindo

no se lo has dicho a tu padre.

-No, claro que no.

-A él solo le dije que sos megaprofesional.

Así conseguí que te trajese otra vez para que me cuides.

-Para que te cuide. Es que...

Entre esos cuidados que tú dices, no puedes pedirme nada

que se exceda de mis tareas de vigilancia.

¿Vale?

-Sos muy bobo.

-Violeta, ¿qué buscas, tía?

¿Qué buscas? -Nada, disfrutar de tu compañía.

Y que vos disfrutes de la mía. -Creo que te estás equivocando.

Ni soy tu colega, ni soy tu asistente personal,

ni tu peluche... -¿Mi peluche?

Eso me encantaría.

-Soy un policía, que está en funciones de vigilancia.

No te voy a vigilar a menos que tengas que salir del hotel.

-Me parece perfecto. Ya podemos irnos.

-¿Adónde? -Ya improvisaremos.

-Que no podemos improvisar.

Si tienes que ir a algún lado tienes que decir adónde,

para que haga una ruta segura.

Y si quedas con alguien, darme su identificación.

Hay un protocolo. -OK.

He quedado con Antonio Ríos. -No me vaciles, no me vaciles...

-No te vacilo.

Solo quiero que te animes un poco y dejes de ser tan estirado.

-¿Estirado yo? ¿Tú me vas a llamar estirado?

¿Estás de coña?

-Saca esa furia española que llevas dentro.

-Bueno...

Vamos a tranquilizarnos un poco... -Nos vamos y así te animas.

¿A dónde querés ir? -Que no quiero ir a ningún lado.

Que no quiero ir a ningún lado. -Bueno,

¿entonces yo estoy al mando? -Estás al mando.

-Muy bien.

Quiero que me lleves a donde trabajas.

-¿Para? -Porque el otro día

me hablaste rebién del Comando Sur.

-Es Distrito Sur, no Comando Sur.

Y este barrio no es un sitio "supercool"

para sacar fotos y mandar a tus amigas. Es un barrio normal.

-Eso es justo lo que quiero.

Yo no quiero ir al típico barrio turístico.

Mi papá es ministro de turismo,

ya conozco los sitios más impresionantes del mundo.

Ahora quiero conocer un barrio auténtico de Madrid.

-¿Y no prefieres ir de compras? -Las compras por la tarde.

Ahora quiero que el poli más lindo de Madrid

me enseñe su territorio. ¿Vale?

(HABLA EN FRANCÉS)

-Hola, Fernando. -¿Llevas mucho tiempo ahí?

-Lo suficiente para enterarme de que hablas francés.

-"Un petit peu, seulement", como dirían los franceses.

Durante años tuve que estar subiendo a Marsella

por asuntos de negocios, ya sabes. y siempre se pega algo.

¿Qué te trae a ti por aquí?

-Es sobre Sandra Vallejo.

Te he fallado, amigo.

-Sandra...

¿Qué pasa con Sandra, la habéis encontrado,

hay algún problema? -No te voy a poder dar información,

ni sobre Jalisco, ni sobre Santos Mercader,

ni nada.

-¿Y eso por qué?

-Ha ocurrido algo que lo cambia todo.

Cuelgo los guantes una temporadita.

Me han caído seis meses de suspensión.

-¿Seis meses de suspensión? Pero ¿cómo ha sido eso?

Para que te pongan una suspensión, habrás hecho algo muy gordo.

-Bueno, anteanoche,

en el Moonlight le arreé un puñetazo a Ricky,

había testigos y... -Pero ¿cómo hiciste eso, joder?

¿Qué pasa, te provocó ese tío? -Más o menos, sí.

-¿Cómo que más o menos, Elías?

Me he pasado la vida provocándote y nunca has entrado al trapo,

¿qué ha pasado ahora? -No tenía la cabeza en mi sitio.

Mi hijo estaba en el hospital en coma.

-Sé que tu hijo no está pasando una situación fácil, Elías,

pero tú eres un gran policía,

no puedes caer en una trampa de, de, de...

de primaria. -Don Fernando.

El inspector de trabajo está en el muelle.

-Bajo ahora mismo. Gracias, Marisa.

-Yo me largo. -¡No, no, no!

Te lo pido por favor, quédate. Yo solo estaré fuera 15 minutos.

Vuelvo enseguida, que quiero seguir hablando contigo.

-No tengo nada mejor que hacer. -Espérame, ¿vale?

-Debemos estar muy vigilantes de los movimientos en el Moonlight.

¿Crees que se atreverá a pasar la mercancía en el pub?

No creo. A los clientes del pub

los mantendrá al margen de sus negocios clandestinos.

Pero debe tener montado un pequeño escuadrón

de "dealers" como Turbo,

y habrá organizado turnos de recogida de la mercancía.

Oye,

¿tú qué papel crees que está jugando en todo esto Luis Soler?

¿Crees que está involucrado? Claro.

¿Por qué si no lo Soler le iban a vender la niña de sus ojos?

A mí me huele que se trata de un chantaje o una extorsión.

Los Soler nunca se meterían en negocios con el narcotráfico.

Eso para ellos es una línea roja, y me consta.

Los conoces muy bien, ¿no?

-Disculpe.

¿Es usted el inspector Alejandro Font de la UDYCO?

-Sí, ¿nos conocemos?

-Soy Montse Ibarra, inspectora de Régimen Disciplinario.

-Confío en que no venga a por mí. -No creo que tenga motivos.

Por lo que yo sé, no tiene ni una sola mancha

en su expediente. -No, no la tengo.

Pero le confieso que también he cosechado algunas frustraciones.

En especial, no haber sido capaz de atrapar

al importante narcotraficante valenciano

que me ha traído hasta aquí.

-Con los narcos es solo una cuestión de tiempo,

y perseverancia.

Perseverancia no le falta al inspector Font, Montse.

No se rinda, verá que al final su investigación tendrá sus frutos,

sobre todo si tiene al lado a una inspectora como Orestes.

-Pues sí.

-Yo os dejo, que me esperan en Jefatura

para una reunión. Hasta luego. -Adiós.

¿Así que es cierto?

No has cometido una sola infracción en toda tu carrera.

Afirmativo.

Pero no significa que los de Régimen Disciplinario

no me infundan respeto.

Sí, Montse tiene una imagen de tipa dura,

pero me cae bien, y por lo que sé, es una luchadora,

aparte de una superviviente del estrangulador.

No sé si sabes los detalles. Salió en prensa.

Sí, algo leí.

El estrangulador la atacó y ella supo resistirse.

Acabó clavándole un punzón de jardinería que acababa de comprar

y pudo huir. Es una mujer dura, me gusta.

A estas alturas no te sorprenderá que me pongan las mujeres duras.

Ya, todas.

Está bien, lo confieso.

Ponerme solo me pones tú.

¿Y dónde ha quedado eso de la distancia profesional?

¿Se puede saber qué demonios estás haciendo, Elías?

Suelta eso ahora mismo.

-Tranquilo, que ya no me van a sancionar

por beber en horas de servicio.

-Ni en horas de servicio ni fuera de servicio,

tú no puedes beber ni una copa y punto.

¿Qué pasa?

¿Ese es el verdadero motivo

por el que te han puesto esa sanción de seis meses?

-Sí.

He vuelto al alcohol, sí.

Pero no me vengas a dar una ayudita de amiguete.

Si quieres te recuerdo las veces que me has restregado

alcoholes de marca por la cara

sin tener en cuenta la humillación y el dolor que sentía.

Mira, Elías, a estas alturas no te voy a pedir disculpas,

creo que ya lo he hecho cientos de veces.

Pero tú sabes que yo no soy la misma persona,

ni te veo a ti de la misma forma.

-Me sigues mirando con los mismos ojos de lástima.

-Pero ¿qué tonterías estás diciendo?

Sabes que yo te sigo teniendo mucho respeto.

-¿Respeto a mí?

¿Tú me has visto?

He fracasado en todo,

como hombre...

como padre... -¡No, no, no, no!

-Como policía. -No, no, no. ¡Escúchame bien!

Elías, no voy a permitir que caigas en el discurso victimista

en el que cae toda la gente que tiene problemas con el alcohol.

Tú has demostrado toda la vida ser un tío muy fuerte

que te has mantenido muy lejos del alcohol.

Lo único que tienes que hacer es volver a encontrar esa fuerza.

Punto. -¿Fuerza?

No me quedan. -A ver, Elías, amigo.

Hace unas semanas estábamos sentados tú y yo

hablando de este mismo tema,

pero con las posiciones cambiadas, ¿te acuerdas?

Eras tú quién me hablaba de Alcohólicos Anónimos,

aquella frase que se me quedó grabada a fuego en la cabeza:

"Una copa nunca es un premio, ni el remedio,

más bien es todo lo contrario, parte del problema".

-A mí Alcohólicos Anónimos ahora me queda muy lejos.

-Ah, ¿sí? ¿Te queda muy lejos Alcohólicos Anónimos?

Muy bien. Estupendo.

Pues entonces...

aquí tienes, te la sirvo yo mismo. Bebe.

¡Eh, eh, eh!

¿Dónde vas tan deprisa?

Quieres esta copa, ¿verdad? ¿La quieres, Elías?

Si quieres beber, arrodíllate en el suelo,

ponte a cuatro patas y ladra para mí.

-¿Qué? -¡Lo que estás oyendo!

¡Y no me hace ninguna gracia decirte eso!

Si quieres beber, arrodíllate y ladra para mí.

¿Te acuerdas de lo que pasó aquella maldita noche

en aquel tugurio de mierda,

cuando eras capaz de matar por un solo trago?

-¡Cómo te atreves!

Después de lo que me humillaste. -Sí, yo sé que te humillé, amigo.

Y no me siento orgulloso de haber hecho aquello,

pero no voy a consentir que mi amigo Elías Guevara

destroce su vida, que vuelva a caer en la misma mierda

en la que cayó entonces.

-No sabes lo que te odio. -Lo sé.

-No. -Sé que me odias, ¿y sabes qué?

¡Que me importa un carajo si me odias!

Porque ya te lo he dicho,

no voy a permitir que destroces tu vida.

Ni tú, ni tu hijo, ni María, ni tu futuro nieto,

se merecen que hagas esto.

Ahora si quieres beber, bebe.

Ahí te dejo el vaso

y te dejo también la botella. Porque si la vas a liar,

líala a lo grande, pero yo no quiero verlo.

Elías, vas a salir de esta, amigo, déjame ayudarte.

-Ya me contarás cómo,

si no me dejan ser ninguno de los dos Guevara,

ni el policía, ni...

el alcohólico. -Tú no eres ningún alcohólico,

¡tú no eres ningún borracho!

Eres un buen padre, eres una bellísima persona,

y el mejor hombre que María podría haber encontrado

para pasar el resto de su vida contigo.

Pero por encima de todas esas cosas,

mírame, Elías, mírame,

por encima de todo eso eres mi amigo,

y no te voy a dejar caer.

-Lo he llamado más de mil veces, y no coge el teléfono.

Estoy frita por saber

lo que le ha dicho la inspectora Ibarra.

-No te puedo ayudar, María,

yo no lo he visto en toda la mañana, ¿verdad?

-Pues nada.

-La Parra, no te lo puedo creer.

Normal que dijeras que es tu bar favorito.

¡Tapas! ¿Puedes sacar una foto por favor?

Dale.

Que se vean bien.

Dale.

Gracias.

-Y aparte de fotos, ¿vais a tomar algo más?

-No sé. -Pues decídete pronto,

porque desde que no está Paty me faltan manos.

-Violeta, ¿quieres algo o no?

-No, es que estoy con la dieta del pomelo.

-Si estás con la dieta del pomelo, no tomes nada.

-¿Nos vamos ya? -No, no, para.

Me tomo un pincho de tortilla. ¿Sí?

Perdone. ¿Me podría poner un pincho de tortilla, por favor?

-Claro, cómo no. -Gracias.

-Aquí tienes, hermosa. -Gracias.

-Tú no eres de por aquí, ¿verdad? -No, no, no.

-¿Eres amiga de Toni? -Eso espero.

-¿Qué, la hija del ministro, no? -La hija del ministro.

Salvadme, por favor, qué pesadilla.

-Pues yo creo que le gustas. -No digas chorradas, Espe.

Esta lo único que quiere es vacilarme,

buscarme las cosquillas. -Ya.

Será una forma de mantener el tonteo.

-¿También es mantener el tonteo que quiera entrar en comisaría

y hacerse fotos con los detenidos?

-¿Ha entrado? -Todavía no.

Estoy pensando en dejarla ahí

para que vea Bremón el marrón en el que me ha metido.

-¿Y por qué no le haces una foto con Merinero y con el abanico?

(RÍEN)

-Estaría guapo.

-Yo le recomiendo la ensalada de quinoa con berros y caviar.

A su clientela le va a encantar.

-No sé yo si mi clientela va a ser muy de caviar y de berros.

-Hale, se acabó el recreo. ¿Nos vamos?

-Me quedaría hablando todo el día,

pero me tiene que llevar a Serrano a comprar.

-Ah, pues si os vais a Serrano...

¿Y quién me paga la consumición? -Perdóname, yo. Qué apuro.

Toma.

-Deja, apúntamelo a mí, María, y guarda el billete.

-¿Me estás invitando? -Sí, te estoy invitando.

Venga.

-Oye, Toni, que ha llamado tu novia.

Está intentando localizarte

y no ha dado contigo en toda la mañana.

Que tenía que contarte no sé qué de Verona.

-Pues luego la llamo yo. Gracias. -¿Tienes novia?

-Eeeee...

Si no te importa, yo...

Lo que es la vida personal

prefiero mantenerla al margen del trabajo.

¿Nos vamos?

-¡Chao!

-El taxi que nos llevará al aeropuerto

estará en la puerta del hotel dentro de 15 minutos.

-Solo me falta cerrar la maleta. ¿Me ayudas?

-Sí, no te preocupes. Déjame.

(Teléfono)

-Espera un momento. Disculpa.

Dime, Marisa, ¿qué ocurre?

No, mujer. Te pedí por favor

que te ocuparas tú de todos esos asuntos.

Ya sabes que estaré fuera unos días, y no quiero que me pases llamadas.

Te volveré a llamar cuando ya esté en Ginebra, ¿vale?

Adiós. Chao.

-Espero que tus negocios no se resientan por mí.

-Lo que tienes que hacer es centrarte en tu desintoxicación

y en tu rehabilitación.

Cuando te deje en esa clínica

y compruebe que estás fuera de peligro,

entonces me ocuparé de mis asuntos.

-¿Te fías de los mejicanos?

-Santos Mercader creo que cumplirá su palabra,

pero esos mejicanos son mucho más impredecibles.

He visto esto aquí cuando he dejado la tarjeta.

Este colgante era de tu hermana, te lo dejabas.

-No lo quiero.

-¿Por qué? -Me trae recuerdos muy dolorosos.

-Pero si era de tu hermana, lo mejor será que lo tengas tú.

¿Qué clase de recuerdos te trae?

-No me hagas contarlo, Fernando.

-Sandra, por favor, siéntate conmigo.

Siéntate, todavía tenemos algo de tiempo.

Si este colgante tiene algo que ver con tu hermana,

de verdad, me gustaría saberlo.

Por favor.

(SANDRA SUSPIRA)

-Pues...

Este colgante estaba en una joyería

por la que pasaba cuando yo vivía en Colombia.

Me detenía y me quedaba embobada mirando el colgante,

sabiendo que nunca podría ser mío.

-Dicen que soñar es gratis.

-Sí.

Pero cuando no está al alcance de tu mano es mejor olvidarlo.

Hice fotos al colgante y se las mandé a Maica.

Ella que era tan realista, me dijo que tenía que aprender primero

a ganarme la vida para llenar la nevera,

y cuando estuviese situada, podría pensar en darme caprichos.

Era tan sensata... -Sí que lo era, sí.

-Lo que para ella era fácil, para mí no lo era.

Éramos muy distintas.

Ella podía darse los caprichos que quisiera

porque había conseguido una posición social.

-A base de mucho esfuerzo y de mucho trabajo.

-Ya.

Y yo la odiaba un poco por eso.

-¿Me estás diciendo

que si te metiste en todo esto de traficar con drogas

fue en parte por conseguir ese colgante

y porque le tenías una especie de envidia a tu hermana?

-La paradoja es que...

me metieron en la cárcel porque cuando empecé a ganar dinero,

no me lo gastaba en colgantes como este, sino en vicios.

Luego en el infierno de la cárcel, ¿sabes con qué soñaba?

-Con ese colgante.

-Exacto.

Qué absurdo, ¿no?

(QUINTERO SUSPIRA)

Cuando Maica se enteró de que me habían condenado,

dejó todo para irse a Colombia a verme.

Me prometió que si me portaba bien y si trabajaba por reformarme,

me ayudaría a salir del mundo de las drogas.

-Ella siempre creyó en ti.

-Un día apareció en la cárcel con el colgante.

Me dijo que sería mi meta si me rehabilitaba.

-Y fue así como lo conseguiste, ¿verdad?

-Sí.

La primera vez que me lo puse, fue para ir a cenar juntas.

-¿Y cómo fue que el colgante volvió a sus manos otra vez?

-Cuando vine a Madrid haciendo de mula para el cártel de Jalisco.

Me reprochó que no hubiese cambiado.

Me dijo que estaba muy decepcionada,

que tenía que tirar el colgante porque no me lo merecía.

Tenía razón.

Soy lo peor.

Todo lo que he hecho ha sido llevarla a la muerte.

No quiero el colgante, Fernando,

representa demasiadas cosas para mí:

mi egoísmo y mis fracasos.

Su muerte.

Quédatelo.

Te recordará a ella.

-¿Sabes qué?

Yo no me puedo quedar este colgante,

este colgante te lo tienes que quedar tú,

porque siempre te va a recordar a tu hermana.

Y te va ayudar a seguir el camino

para ser cada día una mejor persona.

-Solo te pido una cosa a cambio.

-Dime.

-Cuando lleguemos a Suiza y me dejes en la clínica,

quiero que pases página de una vez.

Ahora tienes que rehacer tu vida, Fernando,

es lo que Maica querría para ti.

-Lo intentaré.

Te prometo que lo intentaré.

-Si le pido a mi padre media hora, sí que nos da tiempo, ¿no?

-Es que no hay sesión a las 20.30 de "Los zombis voladores". Mira.

-¿Y si vamos a la del psicópata de múltiples personalidades?

-¿No prefieres que vayamos a la comedia romántica?

-Prefiero zombis o psicópatas.

-Al final voy a ser yo el único con un corazoncito.

(RÍEN)

-¿De qué os reís tanto, pareja?

-Nada, que Ricky es muy romántico, más que yo.

-Ella prefiere los muertos vivientes. -Pero solo en las pelis.

En la vida real prefiero los corazoncitos.

Papá, ¿me dejas salir media hora antes?

-Sí, hija, vete ya si quieres. Esto sí que está muerto.

Y la trastienda está más que ordenada.

-Ayer se pasó toda la noche limpiando la trastienda.

-Así soy yo, maniático de la limpieza.

Idos ya y os da tiempo de tomaros un refresco.

-Pues sí. Venga, invito yo.

Hasta luego. -Hasta luego.

-Chao. -No os sentéis en la última fila.

-Qué feliz se ve a tu hija. -¡Hombre, Antonio! Pues sí,

está saliendo con ese chico. Dime, qué necesitabas.

-Dame unos cuelgafáciles,

se me ha caído un cuadro en el pasillo de mi casa.

Que sean resistentes.

¿Qué tal, Damián, sigues con problemas de insomnio?

-Pues sí.

-¿No te sirvió la medicación que te receté?

-Sí, la tomo y me quedo dormido enseguida,

pero a las tres de la mañana me vuelvo a despertar,

los ojos como platos... No descanso nada.

-Te di un volante para un especialista.

-Ya, y lo miré, pero la tienda está hasta arriba de gente,

el especialista me coge lejos...

-¿Por qué no viniste a contármelo en la consulta?

-Sí, además me dijiste que a lo mejor había otra alternativa.

Tú no podrás recetarme algo más fuerte.

-No es el momento ni el lugar tampoco, no.

Además, los hipnóticos son peligrosos,

abusar de ellos puede producir trastornos secundarios.

-Ya.

-¿Por qué no intentas ir a la raíz del asunto?

Averiguar qué te pasa, por lo cual tienes insomnio.

Una preocupación, por ejemplo. -A estas alturas,

todos estamos llenos de preocupaciones.

-Pues yo duermo bien por las noches.

-Voy a intentar tomarme la vida con más filosofía.

-Sí.

La teoría es fácil, pero la práctica no lo es tanto.

-Los cuelgafáciles, ¿los quieres? -Insisto,

vete a la raíz del asunto.

El insomnio no es sino el síntoma de algo más grave.

-De acuerdo. Prometo que iré al especialista.

-Hazme el favor, trátalo.

La cosa puede derivar en algo peor a largo plazo.

-Que sí, hombre, voy a ir y te voy a mantener informado.

-¿Cuánto es? -Seis euros.

-Seis euros.

Toma, anda.

-Como esos. -Justo.

Bueno, mantenme informado. -Seguro.

-¿Seguro? -Seguro.

¡Adiós! -Hasta luego.

-Estoy muerta.

¿Vos?

-No.

Yo no me canso,

llevo toda la tarde cargando bolsas de tienda en tienda,

pero no me canso.

-Comprar agota muchísimo.

-¿Cómo eres tan consumista, tía? -¿Consumista yo?

(TONI ASIENTE)

Si llevo meses sin comprar nada.

De hecho...

A excepción de unos shorts y una remera.

Y una campera de un outlet de Ámsterdam.

-¿Y para qué necesitas tanta ropa? -Para renovar el fondo de armario.

-¿Para renovar el fondo de armario? (ASIENTE)

Muchas veces cuando hablas no te entiendo nada.

Igual que no entiendo que te compres mazo de ropa si probarte.

-No me gusta probarme en los probadores públicos.

Hay veces que las tiendas ponen cámaras ocultas,

y luego suben fotos a la red.

-Ya. Bueno, lo que tú digas.

-No seas tan arisco y ayúdame a decidir qué me quedo.

-Yo me tengo que ir, se acabó mi turno.

-No puedes dejarme sola. Me lo pruebo rapidito.

-¿Probártelo?

-Que hay intimidad, no hay problema.

Vos solo tenéis que decirme qué te gusta.

-Es que yo de moda no tengo ni idea.

Te voy a asesorar bastante mal.

-Pero sabrás decir cuando una chica está linda o no.

Genial. Voy al baño rápido y me lo pruebo.

-No, no, me tengo que ir. -No, para.

Toma.

-¿Qué? -Un premio.

Por aguantarme todo el día. La agarré cuando no estabas mirando.

Creo que es de tu talla. -Ya.

Muchas gracias, pero yo no puedo aceptar regalos.

-No seas tonto, pruébatela y déjame ver cómo te queda.

(TONI SUSPIRA)

-Mmmmmm... Vale. -Bien.

Mejor así.

Sin arruguitas. -Está chula, sí.

-¿Tu novia no te compra ropa?

-Mi novia es como yo, que la compra por internet.

-Qué lástima.

Yo creo que en una relación es mejor ser distintos,

así te puede sorprender con cosas que no te esperas.

-Me tengo que ir, en serio.

Gracias.

Chao. -Chao.

-Perdón, me he dejado la mía.

Vale. Pues ya está. Gracias. -Claro.

Chao.

(Timbre)

-¿Puedo?

Claro.

Perdóname, después de lo de Ibarra pegué la espantada.

Ya lo creo.

Te he estado llamando.

Lo siento.

Necesitaba digerir todo esto con un buen copazo.

¿Has estado bebiendo? No, tranquila.

Un amigo me contuvo.

¿Qué amigo?

Uno que sabe lo que es tocar fondo,

Fernando Quintero. ¿Has estado con Fernando Quintero?

Aquel que me humillaba me ha echado un cable. Curioso, ¿no?

No creas que me sorprende tanto, en el fondo os parecéis.

¿Qué dices? Somos la noche y el día. No.

Los dos sois muy cabezotas,

los dos perdisteis vuestra familia por la mala cabeza que tenéis.

Y los dos la habéis recuperado gracias al amor de la familia.

Visto así, somos almas gemelas, sí. Yo diría complementarias.

Eh.

¿Has cenado algo? He picado algo por ahí.

Todavía no has ido a ver a María, ¿no?

Es que...

no sé cómo enfrentarme a ella.

Pues de frente, Elías.

También te digo una cosa,

se va a enfadar como yo.

¿Por qué? Eso digo yo.

¿Por qué has tenido que acudir a Quintero?

¿No se supone que soy yo tu mejor amiga?

¿No soy yo la que te ha aguantado todas tus neuras y tus naufragios

durante décadas? ¿Por tienes que ir a ver a Quintero?

No me lo tengas en cuenta.

Sentía mucha vergüenza con vosotros.

Y se me cayó el mundo encima cuando recibí la sanción

de Régimen Disciplinario.

Reconozco que es una sanción dura.

Seis meses, Claudia.

¿Tú crees que...

ya no merezco llevar esta placa?

Mira la fecha de esta placa.

Hace muchos años que conoces el reglamento interno de la policía.

Si yo no soy policía, yo no soy nada.

¿Cómo me voy a mirar ahora al espejo? Te vas a mirar al espejo,

y vas a ver un hombre

capaz de luchar contra sus demonios y vencerlos.

A mí me gustaría ver a ese Elías Guevara

buen madero, con sus buenos confites y resolviendo casos, y no...

esta piltrafa en la que me he convertido.

Ahora lo que tienes que hacer

es ver solo a un hombre que tiene un problema grave,

un problema de adicción.

Si siguieras trabajando,

lo único que estaríamos haciendo es ocultar el problema.

Yo creía que ese problema lo tenía controlado, y...

me lo tengo que currar mucho, se me va a hacer larguísimo.

¿Sabes?

Esta mañana Antonio y yo hemos estado hablando de ti

y del problema.

¿Y qué?

Doy pena, ¿no? No, hombre, no digas tonterías.

Lo que me decía Antonio es que...

es muy difícil asumir y enfrentarse cuando hay una adicción tan grave.

Sobre todo, después de un período tan largo de abstinencia.

Qué me vas a contar.

Por eso me alegro de lo que te ha dicho Ibarra hoy.

¿Te alegra de que me haya suspendido seis meses de empleo y sueldo?

Lo que quiero decir,

es que ese tiempo te va a venir muy bien para curarte.

Elías, necesitas ese tiempo y necesitas buscar ayuda.

Elías, piénsalo bien.

Si Régimen Disciplinario hace la vista gorda

y te dejaran seguir trabajando,

¿tú crees que estarías en condiciones

de reincorporarte al servicio?

No sería muy prudente.

Pero seis meses sin hacer nada va a ser un desierto,

va a ser un camino directo a la recaída.

¿Por qué, me lo quieres explicar?

Hoy has conseguido vencer la tentación

junto a tu amigo Fernando Quintero.

Ha sido por él, no por mí. No.

Si lo has hecho una vez lo puedes hacer más veces,

lo vas a conseguir.

Te tienes que recuperar, pero tienes que pedir ayuda.

La necesitas, también la necesitaste la otra vez,

¿no te acuerdas?

Qué desastre, Claudia, con lo bien que estaba.

¡Eh, eh, eh...!

No te dejes llevar por la autocompasión,

no te lo voy a permitir. ¡Seis meses pasan volando!

Y cuando vuelvas,

esta te estará esperando porque te la voy a guardar yo.

¿Me oyes?

¿Eh? Gracias.

Reconcíliate con Elías Guevara, recupéralo.

Cuando vuelvas,

yo te voy a recibir con los brazos abiertos,

exactamente igual que tus compañeros.

¿Sabes?

Es una suerte tenerte como amiga.

Pero te vas a ver a Fernando Quintero, ¿eh?

¡Amigo!

Yo no creo que puedas hacerlo tú solo, Elías.

La otra vez fue con Alcohólicos Anónimos,

ellos te ayudaron a salir. -Lo sé, lo reconozco,

estoy muy agradecido, pero es que no...

No me veo volviendo allí otra vez.

-A ver, ¿qué hay de malo en pedir ayuda?

-Nada, pero quiero enfrentarme a esto solo.

-No seas cabezón.

Tú solo podrías retrasar el proceso eternamente.

Tanto Isra como yo lo pensamos,

he estado hablando con él hace un momento.

-¿Lo has llamado tú o te ha llamado él?

-¿Y eso qué tendrá que ver?

Hemos estado hablando y estamos de acuerdo.

-Lo has llamado tú.

¿Qué tal, Elvira, todo bien?

Eeeee...

¿Sabe cómo se llama esta plaza?

-Su madre ha tenido una pérdida temporal de memoria,

estaba desorientada, no sabía volver a casa

y la he acompañado.

(SUSPIRA CANSADA)

Ha sido una sensación horrible, Álvaro.

La inspectora Miralles se ha dado cuenta

de que pasaba algo raro y vino a preguntarme qué me pasaba.

-Lamentablemente, estas situaciones son normales en el Alzheimer.

Felizmente ha sido un episodio leve.

-No es ningún consuelo, pero le agradezco los ánimos.

Seguro que tendrá que volver a la consulta, doctor.

-Sí, pero antes quiero comentarle algo a su hijo.

-Seguro que no es urgente. -Sí.

(Teléfono)

Voy a cogerlo.

Dime, amor, estoy currando.

Sí, en lo que te conté ayer del escolta.

(VIOLETA) -¡Toni! -¿Qué pasa?

-Un tipo me agarró el colgante y se lo ha llevado.

-¿Estás bien? -Sí, sí.

-¡Joder, no tenía que haberte dejado sola!

Comisario, Toni no tiene la culpa, le pedí que fuese por mis anteojos.

Toni conoce el protocolo y no tenía que haberte dejado sola.

Le juro que no tengo ni una sola queja de él.

Me ha protegido muy bien todos estos días.

Eso lo tendría que evaluar yo, que soy su superior.

Sí, pero yo tengo que darle mi versión.

Tengo escoltas desde pequeña y Toni es el número uno.

El fallo de seguridad que ha cometido es imperdonable.

El fallo es mío, y por eso no le voy a decir nada a mi papá.

-Acá y vuelta. -Vuelta.

-Ahí y para atrás... (RÍEN)

¡Dios, qué puto desastre!

Ay...

Me ha llamado la Guardia Civil

para decirme que han encontrado muerto a Iriarte

en el pantano de Valmayor. ¡No fastidies!

Había sido compañero tuyo, ¿no? Sí.

El que se metió después a detective privado.

Al parecer lo mataron y luego lo tiraron al pantano.

¿Y tienes alguna hipótesis? De momento no.

Últimamente se dejaba caer mucho por el barrio,

en concreto por la ferretería de Damián.

Me gustaría saber qué tipo de amistad tenía con Iriarte,

si entablaron una buena amistad. Amistad yo no diría.

Yo contraté sus servicios en un momento dado

y se convirtió en cliente de la ferretería, nada más.

Siempre me resultó extraño

que viniera del otro lado de la ciudad

para comprarle a usted tornillos.

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  • Capítulo 579

Servir y proteger - Capítulo 579

22 ago 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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