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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 573 - ver ahora
Transcripción completa

¿Alguna novedad del hijo de Elías? Le decía al inspector Font,

lo único que sé es que está en el quirófano todavía.

Yo creo que deberíamos hacernos a la idea de que puede ser el final.

¡Me calmaré cuando sepa que has cazado a ese cabrón!

-Elías... -¡Ni Elías ni nada!

¡No sé qué haces aquí dándome el coñazo!

Deberías estar en la calle intentando atrapar a ese cabrón.

¡Haga su trabajo, oficial!

-Vale.

-Van dos copias de cada una de las llaves.

Puedes hablar con Juan de los detalles del sonido,

de las luces... De todo eso.

-La verdad es que me da mucha pereza todo el tema práctico,

por eso me gusta tener un encargado con experiencia,

que se ocupe de estos temas.

No me imagino a ningún gerente mejor que tú,

y me gusta tenerte cerca, aunque solo sea para trabajar.

-¿No ves que Santos solo quiere a Luis

como cabeza de turco por si le pilla la policía?

-Además, él no se da cuenta porque está pillado del tío ese,

pero pillado pillado. -¡Sí, ya sé tu opinión!

Y la tuya también. -A los amigos hay que tener cerca,

y mucho más a los enemigos.

-No, no me suena ningún turbo. ¿Y esta moto, la has visto?

Sí, justo me trajeron una igual ayer.

Pero el chaval no se llama Turbo, se llama Iván.

Iván Moreno, ese es su nombre.

No traigo muy buenas noticias. Déjame adivinarlo. Teléfono prepago.

Lo que sí nos sirve es el número de matrícula de la moto

que está a su nombre en Tráfico.

-Ha sido culpa mía.

Porque estábamos haciendo un operativo en un parque

con un camello y lo he visto aparecer y le he llamado,

para avisarle que se fuera,

y por eso no lo ha cogido. Nada de esto hubiera ocurrido.

¿Sabes quién es el responsable? Iván Moreno alias Turbo.

Y hay un dispositivo policial enorme buscándolo, ¿de acuerdo?

Piensa que todo podría haber salido peor.

¿Peor? ¡Está en coma profundo!

-No te preocupes, haré todo lo posible por ayudarte.

A ver si lo podemos encontrar,

pero prométeme una cosa, no hagas ninguna locura.

-Tú encuentra al Turbo

y no me digas cómo debo hacer las cosas.

Álvaro Soler no es el mejor candidato

para una chica policía.

A veces dudo si él mismo estará metido en algo.

Quiero una relación con alguien que respete mi trabajo,

y que sepa darme mi tiempo y mi espacio.

Pues creo que los dos buscamos lo mismo.

-Acepto el trabajo si la oferta sigue en pie.

-Por supuesto que sigue en pie.

Pero te confieso que no me lo esperaba.

¿Decepcionado? -Para nada.

Esto merece una copa, ¿no?

-No quiero separarme de ti.

Sé que te has portado mal conmigo y con mi familia,

y que no me conviene tener una relación contigo,

pero para pensar eso tendría que utilizar solo el cerebro,

y no...

-Te gusta jugar con fuego, ¿eh? -Me gustas tú...

demasiado.

(Música emocionante)

(Puerta)

¡Qué coño haces aquí!

Te dije que nunca vinieras.

No quiero que relacionen tu venida a Madrid conmigo.

-Lo siento, pero no me queda otra salida.

Tienes que ayudarme. Me he metido en un marrón.

La policía me está buscando. -Ya lo sé.

Y también conozco el motivo, cogiste a un civil de rehén,

y le metiste un navajazo delante de la policía.

¡En qué coño estabas pensando! -Fue un acto reflejo.

Lo hice para poder huir. Estaba vendiendo tu mercancía.

De repente apareció el chaval ese y le dije que se largara, pero...

se me puso gallito.

Luego apareció la policía y... Ya sabes cómo termina la historia.

-No lo sé porque esta historia todavía no ha terminado.

La has cagado a lo grande.

¿Sabes que el chaval al que has apuñalado

es el hijo del policía que iba a detenerte?

-¿Qué dices? -Pues ya lo sabes.

Y ahora se debate entre la vida y la muerte

en una cama de hospital.

Te traje a Madrid para que vendieras mis anfetas de manera discreta,

no para que acuchillaras al hijo de un poli.

-Perdóname. Lo último que quiero es buscarte problemas con la policía.

Por eso esto aquí. -Explícate.

-Quiero largarme, desaparecer,

pero necesito dinero y documentación falsa.

-¿Y por qué debería ayudarte?

Te has metido tú solito en este lío, sal tú solito de él,

así aprenderás.

-No puedes dejarme tirado, Santos.

Llevo años trabajando para ti, sabes que soy leal.

En Valencia me han interrogado mil veces y nunca te delaté.

Jamás han encontrado una prueba de nuestros negocios.

-¿Qué insinúas?

¿Que si te pillan ahora lo largarás todo?

¿Es eso?

-Ya sabes que no. -Eso espero.

Porque no tendrías ningún lugar dónde esconderte.

Y cuando te encontrara,

te arrancaría el corazón con mis propias manos.

-Prefiero que no me pillen,

y menos si el pavo al que apuñalé termina fiambre.

Nadie me sacaría del trullo. -Es lo que te mereces.

-Entonces, ¿no me vas a ayudar?

Lo siento, no tendría que haber venido a molestarte.

-¡Espera!

Que no se diga que Santos Mercader no cuida de los suyos.

Sobre todo cuando han sido leales. Al menos de momento.

Vete al hotel Continental.

Hay una habitación reservada a nombre de Jacinto Morales.

El conserje te indicará. -Pero...

-No, no te preocupes por nada.

¡Enciérrate en esa habitación y no salgas hasta nuevo aviso!

Ya me encargaré de mandarte el pasaporte falso cuando pueda.

-Gracias, Santos. Nunca me olvidaré de esto.

-Eso espero.

Y si te vuelven a pillar, y la cagas otra vez,

espero que sepas mantener la boquita cerrada.

-Si eso pasara,

no te fallaré.

-Ya sabes que soy muy generoso con mi gente cuando cumple.

Pero si hablas...

Ten en cuenta que tengo contactos en todas las cárceles,

no durarías mucho tiempo con vida.

Y ahora lárgate.

Ten cuidado, que nadie te vea.

-Gracias.

-Perdóname, hijo...

Siento que la última vez que hablamos fuera para discutir.

Por eso tienes que despertarte, hijo,

porque tenemos que arreglar las cosas, ¿sabes?

Además, tienes que cuidar de tu hijo, ahora que vas a ser padre.

Además, vas a ser un padre estupendo. Mucho mejor...

de lo que yo he sido contigo.

No he sabido mostrarte mi cariño lo suficiente.

Por eso tienes que ser fuerte, tienes que despertarte, porque yo...

No sé qué...

-Hola, cariño.

-¿Qué haces aquí tan pronto?

-No podía pegar ojo.

Estaba muy preocupada. ¿Cómo andas?

-No sé, sigue todo igual.

Han venido hace un momento a ponerle el gotero.

-Y tú qué ojeras tienes, madre mía. ¿Has podido dormir algo?

-No podía dormir. Cada vez que cierro los ojos

veo al hijoputa ese con la navaja, y a mi hijo desangrándose.

(MARÍA SUSPIRA)

-¿Por qué no te vas a casa un rato y descansas?

Ya me quedo yo aquí.

-No, no, no.

No me puedo ir, tengo que esperar a que la doctora suba,

que me diga si pasa algo. -Pero ya me quedo yo.

¿Y Raquel?

Me dijo que iba a coger el primer vuelo que pudiera.

Debería estar ya aquí.

-Me ha llamado que se había retrasado el vuelo, pero que viene.

-Es que vamos a ser muchas personas aquí

cuidando de Isra, por no hablar de Arman.

¿Qué se sabe de él? -Estaba en Estados Unidos

buscando un billete para llegar cuanto antes.

-Pues eso, que tú deberías irte a descansar.

Darte una ducha y echarte aunque sea un par de horas.

-Tú tienes que abrir el bar. -No, el bar lo he cerrado.

No voy a abrir estando Isra así, quiero estar aquí contigo.

-Pero... -Nada, no hay peros que valgan.

Además, he puesto un cartel en la puerta,

que está cerrado por un asunto familiar.

-No sé cómo agradecerte esto.

-No me tienes que agradecer nada, Elías.

No me tienes que agradecer, porque tú eres mi pareja,

e Isra es de mi familia también.

Por la familia se hacen estas cosas y mucho más.

-Supongo que no te puedo protestar eso.

-No me puedes protestar, y si no quieres que me enfade,

te vas para casa ya.

Descansa un ratico, ¿vale? -Sí.

Me voy a echar un rato, así vuelvo más fresco.

-Claro que sí, mi amor.

¿Qué le decías a Isra?

-¿A qué te refieres?

-Cuando he entrado estabas hablando con él?

-Le estaba diciendo algo

que tendría que haberle dicho hace tiempo.

Yo no sé si se lo podré decir alguna vez.

-Claro que se lo podrás decir, hombre.

Es muy joven, tiene muchas ganas de vivir, tú confía en eso.

-Sí.

-Pero dile todo lo que te salga del corazón,

porque él te está escuchando, estoy segura.

Eso le va a dar mucha fuerza para seguir luchando, ya verás.

Vete tranquilo. -Si hay cualquier cosa, me llamas.

-Sí.

Descansa y vete tranquilo, que yo me quedo.

Israel, corazón,

venga...

que no te vamos a dejar solo.

-Me alegro de que vinieras anoche,

y te quitaras conmigo esa coraza de la que hablabas.

Sé lo difícil que puede ser pasar página en una relación.

Lo dices por una relación en concreto, ¿no?

¿Alguna ex?

Se llamaba Carla, era fiscal en Valencia.

Teníamos que vernos a menudo por cuestiones de trabajo,

y al final saltó la chispa entre nosotros.

¿Cuánto tiempo estuvisteis juntos? Unos ocho meses,

aunque en ese tiempo rompimos y volvimos varias veces.

Ya, una relación complicada, como la mía con Álvaro.

Nos atraíamos y nos gustábamos mucho, la verdad.

Pero éramos personas muy diferentes

y eso nos hacía chocar y discutir continuamente.

Sé de lo que hablas.

Después de dejarlo, uno llamaba al otro,

nos veíamos y volvíamos a liarnos.

Se acabó convirtiendo en una relación muy tóxica.

¿Y cuánto hace que lo dejasteis?

Hará medio año más o menos.

¿Definitivo? Sí, esta vez no hay vuelta atrás.

¿Y cómo conseguisteis eso?

La última vez que lo dejamos,

Carla me llamó, pero yo no cogí el teléfono.

Sabía que si lo hacía, la historia volvería a empezar.

¿Y ella qué hizo?

Captó el mensaje y no volvió a insistir.

Me costó muchísimo alejarme de ella.

Creo que fue lo mejor para los dos.

Ahora ella tiene otro novio y están viviendo juntos.

Y de verdad, les deseo toda la felicidad.

Admiro la determinación que tuviste, en serio.

Por suerte, tanto lo tuyo como lo mío ya es agua pasada, ¿verdad?

Sí.

(Teléfono)

Espera.

Es de comisaría.

Diga.

Hola, Ángela. ¿Qué pasó?

De acuerdo, voy para allá.

No, no hace falta que avises a la inspectora Orestes.

Ya la aviso yo.

¿Qué pasa?

Tenemos que ir a comisaría.

Ángela dice que tiene novedades sobre el paradero de Turbo.

Vale. ¿Me voy duchando yo? ¡No, yo primero!

¡Eh! ¡Yo primero!

-¿Te vas de vacaciones? -¡Ay! Qué susto me has dado, nano.

-¿Qué pasa, cabezón? ¿Te vas de vacaciones?

-No sé por qué dices eso.

-No sé, te veo mirando hoteles.

-No, no me voy de viaje.

-¿Entonces?

Es por tu chica, ¿no? ¿La vas a llevar a un hotel?

-No sé por qué dices eso. -Venga, Ricky, que no soy tonto.

-Me lo puedes contar, no pasa nada. Yo haría lo mismo.

-Pues vale, sí. Mira...

esta noche voy con Marga a un concierto,

y había pensado coger una habitación en un hotel

para irnos después a dormir.

-A dormir.

-No te cachondees que estoy hablando en serio.

-A mí me parece muy bien, así tenéis un poco de intimidad.

Supongo que ella viviendo con su padre,

y aquí con el jaleo que hay... -Precisamente por eso.

-¿Qué hotel has cogido?

-La verdad es que todavía no me he decidido.

¿Tú me podrías echar una mano. -Sí, claro. A ver, déjame.

Aquí hay algunos que están bien.

Lo más importante es que sea bonito, cómodo

y que no te saquen un ojo de la cara.

-En realidad, no te pido ayuda para escoger el hotel,

al final voy a ir al de siempre.

En realidad es que...

No sé,

me da cosa lo que pueda pensar Marga de todo esto.

-¿Ella no lo sabe?

O sea, que todo esto es cosa tuya.

No le tiene por qué parecer mal.

¿Qué pasa, que es la primera vez?

-Sí, es la primera vez de todo. La primera vez de todo todo.

-Sí que vas en serio con esta chica. -Sí.

Te he dicho muchas veces que me gusta mucho.

-Ya, pero me sorprende que todavía no os hayáis acostado.

-Bueno, alguna vez tiene que ser la primera.

Lo que pasa es que...

No lo sé, a lo mejor si le digo que he cogido un hotel,

ella me manda a paseo.

-Pues háblalo con ella y a ver qué le parece el plan.

-Si se lo cuento, ¿no se va a romper la magia?

-Qué va, la magia la pones cuando estés con ella en el hotel.

Yo que tú hablaría con ella.

Si no, ¿qué vas a hacer cuando salgas del concierto?

Le vas a decir: "Ah, por cierto,

he pillado un hotel para que estemos cómodos".

No viene a cuento.

-Ya, la verdad es que tienes razón.

Gracias por el consejo, nano.

-¿Qué consejo te ha dado Álvaro?

-¿Lo ves?

-Nada, le he preguntado para ver qué consola me compraba,

y me ha estado diciendo cuál era el mejor modelo.

-Ah, ¿y por cuál te has decidido? A ver.

-Por uno que no sale en la tablet, mamá.

¿No quieres café? Está recién hecho. -Pues sí, gracias.

¿No te quedas a tomarlo con nosotros? -Pues no. No, porque...

Es que tengo un montón de cosas que hacer.

-Bueno, dale recuerdos a Marga de mi parte.

Así que...

consolas.

¿Quién os ha dado el aviso, Ángela? Sí, está metida a fondo en el caso.

Las imágenes son de unas cámaras de tráfico

situadas en la calle donde vive Santos Mercader,

y han captado la presencia de Turbo.

¿Por qué estáis tan seguros de que es él?

Por la complexión física podría ser,

pero en esa foto lo único que veo es un motorista con casco.

La matrícula coincide con la moto que Turbo retiró de Motor Soler.

Tiene que ser él. No puede ser una casualidad

que estuviera tan cerca de la casa de Mercader.

Y ya sabes que en Valencia trabajaba para él.

Ya, pero eso nunca llegó a demostrarse.

Pero lo sé.

Y si en Valencia se andaba con tanto cuidado

para que no lo relacionasen con Mercader,

¿por qué iba a ir ahora a su casa?

Yo creo que debe sentirse acorralado por la policía.

Debió ir a ver a su jefe para pedirle protección,

o dinero para borrarse del mapa. Bueno, es posible.

¿Cuál es el siguiente paso, qué proponéis?

Para empezar, ir a casa de Mercader, e interrogarle sobre Turbo.

Yo creo que eso sería una pérdida de tiempo,

porque Mercader lo negará todo, aunque le enseñarais la foto.

Lo único que demuestra eso,

es que pasaba por la calle donde está su casa, no que entrara.

Con un poco de suerte le pondremos nervioso,

y lo llevemos a cometer algún error que podamos aprovechar.

Es más, puede que Santos decida no ayudarle, soltar lastre,

y eso nos permitiría atraparlo.

Eso está bien visto.

Tenemos que hacerlo cuanto antes, el tiempo corre en nuestra contra.

Pues venga,

id a por él, y sacadle todo lo que podáis.

¿Te importa esperarme fuera? Voy enseguida.

Claro.

¿Qué pasa, Silvia, hay algún problema?

No, solo que estoy preocupada por Elías.

¿Se sabe algo de su hijo? Lo único que sé por el momento,

es que lo está tratado la doctora Ramil.

Antonio me ha dicho que fueron compañeros de facultad,

que es muy buena y que no podría estar en mejores manos.

Aun así, sigue en coma. Elías debe estar destrozado?

Pues sí, está destrozado, lógicamente.

Y el caso es que me preocupa. Por lo poco que he hablado con él...

¿Qué pasa, Claudia?

Pues que está muy alterado

y me preocupa que pueda hacer una tontería.

Ya.

¿Crees que es mejor no contarle lo que hemos averiguado de Turbo?

Sería absurdo ocultarle cualquier cosa,

él conoce esta comisaría como la palma de su mano.

Si hay alguna novedad o puedo ayudar en algo, dímelo.

Gracias, Silvia.

¡Ay, me meo! Pues tengo muchas ganas

de ir al concierto de Ángeles Malditos contigo.

-Es que me parece increíble que te guste el rap.

¿Cómo conociste tú a este grupo? -Vi una demo en redes sociales,

y me encantó su "beatbox". (RICKY RÍE)

-Pues ya verás cuando los veas bailar.

El Caser hace una piruetas que se te va la olla.

-¿Tú ya has ido a un concierto de ellos?

-Sí.

Pero yendo contigo, seguro que lo paso mucho mejor.

(MARGA RÍE)

-A mí también me hace ilusión ir contigo.

Tú lo haces todo más fácil.

-Y...

Marga, me gustaría comentarte una cosa.

¿Te parece si nos sentamos un momento?

-Sí, claro.

-Verás... Es que había pensado que...

Después del concierto a lo mejor...

a lo mejor podíamos hacer algo más.

-Sí, sí, no nos vamos a ir corriendo a casa.

Podemos ir a tomar algo.

-Sí. Bueno, eso también.

-¿Habías pensado en otra cosa?

-Eeee... Verás.

Tú y yo ya llevamos viéndonos unos días, y...

Lo que había pensado es que...

Marga, perdóname, es que no...

No sé cómo decirlo porque no quiero que te rayes.

-Es que me estoy rayando de tanta vuelta que le estás dando. Dilo ya.

-Había pensado, que si te apetece,

después del concierto podíamos ir a un hotel a pasar la noche juntos.

¿No vas a decir nada?

-Es que me ha pillado por sorpresa.

Perdona. -Perdóname tú a mí.

No quiero forzar la situación

ni quiero obligarte a hacer nada que no quieras hacer.

Lo siento, esto ha sido una mala idea.

Veo que estás callada y no... -Que no, no es culpa tuya.

-No tenía que haber dicho nada. -No, de verdad.

Simplemente que... que me ha pillado...

desprevenida, que no me lo esperaba.

Pero sí.

Vamos, me hace ilusión ir contigo. -¿De verdad?

¿Lo estás diciendo de verdad? Joder, qué maravilla, tía.

Es que tenía mucho miedo, porque pensaba que al decírtelo

a lo mejor te dabas la vuelta y te ibas corriendo.

-Pues ya has visto que no. (RÍEN)

-Es que como tú vives con tu padre

y yo vivo con mis hermanos y con mi madre,

he pensado que así tendríamos un poco de intimidad.

-Sí, me apetece mucho lo del hotel.

Solo que no puedo estar hasta muy tarde,

ya sabes que tengo que volver pronto a casa,

que si no mi padre... -Vaya.

Yo que pensaba que íbamos a ver amanecer abrazaditos.

(RÍEN)

-Pero oye,

¿y si pasamos del concierto? -¿Lo dices en serio?

-Sí, así aprovechamos más el tiempo.

Vamos a cenar y después directamente al hotel.

-¿No tenían tantas ganas de ver a los Ángeles Malditos?

-Pero tengo más ganas de estar contigo.

Pero si no quieres perder las entradas, lo entiendo.

-No, no, a las entradas que le den,

ya se las encasquetaré a algún colega.

Lo primero es lo primero. (MARGA RÍE)

-¡Anda, vamos!

(RÍEN)

(Puerta)

-Sí, adelante.

-Elías, qué sorpresa.

-¿Estás ocupado?

-Para ti de ninguna manera.

Siento muchísimo lo de tu hijo.

-Gracias. La verdad es que está siendo un infierno.

-Siéntate.

¿Qué tal, cómo lo llevas? -Bueno, intento mantenerme entero.

-En estos momentos es importante el apoyo de tu entorno,

me refiero a los compañeros de trabajo y a María sobre todo.

-Se están portando muy bien. María hoy ha cerrado el bar

para quedarse con Isra y que yo pueda descansar un poco.

No sé qué haría sin ella, la verdad.

-Tienes toda la razón con lo que dices,

María es una grandísima mujer,

siempre dispuesta a ayudar a los demás, a echar una mano.

-Es una suerte tenerla a mi lado, sí.

-¿En qué te puedo ayudar, algún tranquilizante quieres,

algo para la ansiedad?

-Quería saber tu opinión sobre la doctora Ramil,

es la que está llevando el caso de Isra,

y me ha dicho Claudia que la conoces.

-Sí, fue una compañera de facultad, sí. Buena amiga.

-¿Y como doctora qué tal es? -Excelente.

Excelente, está en muy buenas manos.

-Me alegro. Puede que ayude a Isra a salir de este coma.

-Estará haciendo todo lo que está en su mano.

-No te veo muy convencido, Antonio.

-Te voy a ser sincero.

Cuando supe que era ella la encargada del caso de tu hijo,

la llamé para conocer su situación.

-¿Qué te dijo?

A mí no hace más que decirme que no sabe si podrá salir del coma.

-Me vino a decir lo mismo que a ti, pero con palabras más complicadas,

esas que nos gustan a los médicos.

-Siempre que le pregunto no...

no me concreta nada, y sospecho que lo hace

para no alarmarme más.

-Supongo que estará a la expectativa,

viendo la evolución día a día de tu hijo.

Y no se atreverá a dar un pronóstico.

-Antonio, tú y yo somos amigos, confío en tu sinceridad,

y en tu criterio.

¿Tú qué opinas?

No crees que Isra pueda salir del coma, ¿no?

-No puedo decirte nada

que no te haya dicho ya la doctora Ramil.

Es imposible saber si tu hijo va a salir del coma.

Ha tenido un shock hemorrágico

y su cerebro se ha quedado sin oxígeno

durante un tiempo importante.

Desconocemos las consecuencias de esto.

El cerebro es muy sensible a la falta de oxígeno.

Israel es joven, eso juega a su favor,

pero si las consecuencias han sido graves,

es posible que no salga del coma.

O incluso...

-Que muera.

-No te puedo dar esperanzas que es a lo que has venido.

Las posibilidades de que salga del coma

son muy remotas.

Siento mucho ser tan directo.

-No lo sientas, agradezco tu sinceridad, amigo.

-Vale.

(Teléfono)

Un mensaje. -¿Qué?

-Te ha saltado un mensaje en el móvil.

-Es María. La madre de Isra ha llegado ya al hospital.

Me tengo que ir, Antonio.

Muchas gracias. -De nada.

Mal asunto que Santos Mercader no estuviese en su casa.

En estos momentos puede estar ayudando a huir a Turbo.

No creo que se arriesgue tanto por un simple camello.

Sabe que está en nuestro punto de mira.

¿Dónde crees que pueda encontrarse?

Seguramente atendiendo alguno de sus negocios legales.

Necesita mantenerlos activos

para cuidar su imagen de empresario modélico.

Puede que tengas razón. Míralo.

No, no es ninguna broma.

Te repito que yo soy el nuevo dueño del Moonlight,

no los hermanos Soler.

Y si quiere seguir siendo mi proveedor,

le sugiero que se reúna conmigo para acordar nuevas condiciones.

Sí, mañana me va bien. ¿A eso de las cuatro?

Allí nos veremos.

No saben cuánto los he echado de menos

desde la última vez que nos vimos.

Esta visto que ustedes no pueden vivir sin mí.

Sobre todo usted, inspector, Font.

-Lo siento, pero esta vez

no conseguirá sacarme de mis casillas.

Señor Mercader, me gustaría preguntarle si conoce...

a este hombre.

Iván Moreno, también conocido como Turbo.

Lo buscamos por agresión con arma blanca

y por tráfico de drogas. Podemos ahorrarnos las explicaciones.

Él sabe perfectamente de quién estamos hablando.

-La verdad es que no. ¿Debería?

Entonces, ¿no lo conoce ni ha hablado últimamente con él?

¿De dónde sacan que yo tengo

algún tipo de relación con ese hombre?

De una cámaras de tráfico

que sitúan a Turbo circulando por su misma calle.

¿Y solo con eso ya piensan que nos conocemos?

Entonces, debería conocer al repartidor del butano,

al conductor del autobús... -Basta de jueguecitos.

Sabemos que Turbo ha ido a pedirle ayuda.

-Me preocupa su salud mental. De verdad, debería mirárselo.

Tenga cuidado, creo que tiene un brote de esquizofrenia paranoide.

-Yo sé que en el fondo usted está nervioso.

-Ah, ¿sí? ¿Y por qué debería estarlo? -Porque sabe que Turbo la ha cagado,

y que no pararemos hasta dar con él. Y que cuando lo hagamos,

cantará como un canario. Su amiguito fue muy hábil

despistando a la policía en Valencia.

Pero aquí en Madrid ha perdido facultades.

Créame, ha metido mucho la pata apuñalando a ese chaval.

No es tan infalible como usted cree, señor Mercader.

-Lo dicho, tienen demasiada imaginación.

Si me disculpan,

tengo asuntos importantes que atender.

Creo que hemos conseguido ponerlo nervioso.

Ahora solo queda encontrar a Turbo y hacer realidad nuestra amenaza.

(RAQUEL SOLLOZA)

-Hola, Raquel.

-¿Por qué ha tenido que pasar esto, Elías, por qué a él?

-No lo sé, ojalá tuviera una respuesta.

(RAQUEL SUSPIRA)

¿Y María?

-Le he dicho que no hacía falta ahora que estoy aquí.

Creo que ha ido a abrir el bar. Se la ve muy afectada con todo esto.

-Sí, le tiene mucho cariño. Se llevaban...

Se llevan muy bien.

-Es fácil llevarse bien con Isra.

Todo esto es tan injusto.

-¿Qué tal el viaje? -Horrible.

No he podido evitar ponerme en lo peor.

Solo quería llegar a tiempo por si se...

Por si se... -¡Ay, Raquel!

Isra es muy fuerte, está luchando para salir adelante, no...

-¿Dónde está la doctora que lo lleva? Quiero hablar con ella.

-Es la doctora Ramil.

Una enfermera me ha dicho que tenía una urgencia en quirófano

y que subiría en cuanto pudiese. -¿Y a ti qué te han dicho?

¿Cuál es el pronóstico? ¿Cómo va a salir del coma?

-Todavía no lo saben. -Pero algún pronóstico habrá.

Elías, por favor, no me mientas, soy su madre.

Tengo derecho a saberlo.

-Los médicos no saben si Isra saldrá del coma.

-¿Cómo que no? Ha sido un apuñalamiento,

no un traumatismo craneal ni nada parecido.

-Es que tuvo una crisis hemorrágica,

y perdió mucha sangre.

No se sabe los efectos...

que puede tener tanta falta de oxígeno.

-Todavía no me has contado qué paso, quiero saberlo.

-Estábamos en un parque con un operativo

para detener a un camello que estaba actuando en la calle,

y de repente apareció Isra haciendo footing,

y se enzarzaron en una pelea, y...

Él hizo un mal gesto y le metieron un navajazo. Yo actué mal.

-¿Qué quieres decir con eso? ¿Que pudiste evitarlo?

-No, yo me acerqué y me identifiqué como policía,

pero eso les puso nerviosos y...

No sé, quizá si no hubiera actuado nada de esto hubiera ocurrido.

-¿Dejaste que lo apuñaran delante de tus narices?

-Fue todo muy rápido.

Se pusieron nerviosos, amenazaron a Israel

para que dejáramos las armas.

Él hizo un mal gesto y le dieron un navajazo.

Fue muy rápido, yo no sé...

-Tenías que haberlo visto venir, Elías.

¿Para eso te ha servido toda una vida de adicción al trabajo,

anteponiendo tu oficio a la familia siempre?

-Oye, Raquel,

tú sabes que yo daría mi vida por él, ¿no?

-Ya.

Ahora entiendo por qué no me llamaste tú

para contármelo todo, tuvo que hacerlo María.

No querías hablar conmigo,

porque sabes que Isra está así por tu culpa.

-En eso tienes razón.

-Elías...

-¿Qué pasa, hermano?

No sabes el día que he tenido hoy en el taller.

Estoy reventado. ¿Qué hay de cenar? -Espaguetis a la carbonara.

La mamá ha ido a por el parmesano, que no había.

-¡Hombre! Aceitunas.

-Qué guapo. ¿Vas a misa?

-Pues no, listo. Voy a un restaurante superguay.

Voy con Marga. -¿Solo a cenar?

-Con suerte vamos a terminar en el hotel.

-En un hotel. Vaya nivel, ¿no? -Oye, no vaciles, eh.

-O sea que le pareció bien la idea. -Ah, ¿que tú la sabías?

-Oye, con la mamá ni una palabra de esto, ¿eh?

-Bueno...

Menos mal que la tienda de abajo estaba abierta, que...

Oh, ¿dónde vas?

¿A misa?

-¿Ya estamos? Pues no, me voy a cenar con Marga

a un restaurante muy caro.

Hemos tenido que hacer reserva y todo.

-Ah. ¿Vas a venir muy tarde?

Me gustaría que me ayudes con las cuentas antes de acostarme.

-La verdad es que un poco tarde sí que voy a llegar, sí.

-¿Y eso? -¿Eh?

-Pero si las cocinas de los restaurantes

cierran como muy tarde a las doce. -Ya, pero el suyo cierra más tarde.

Hacen un menú degustación de seis platos o así.

Es que le ayudé a cogerlo. -¡Ah!

Vale, ya.

Vale, pues pasadlo bien, y mañana me ayudas.

-Espera, no te vayas.

Ahora que estamos todos, quería comentaros algo.

He aceptado el trabajo de Santos.

Voy a ser el encargado del Moonlight.

¿Qué pasa, mamá? Tú misma has dicho que hay que tener cerca a los amigos,

pero mucho más cerca a los enemigos. -Luis, no me hace ninguna gracia

que trabajes para un narcotraficante,

que utiliza el Moonlight como tapadera.

-No voy a entrar en el negocio de la droga.

Y el sueldo nos vendrá bien a todos.

-Es que tienes un morro, macho,

tu solo quieres tirarte al tío este cuando te dé la gana.

Te tiene sorbido el seso. -¡Ricky!

-¡No, mamá! Es que va a trabajar

para el tío que nos ha quitado el negocio.

-¿Me dejas que me explique? ¿Puedo?

Quiero estar cerca de él para vigilar sus pasos de cerca.

Quiero encontrar pruebas para que lo enchironen

y desaparezca de Distrito Sur.

-¿Y serás capaz de hacerlo? -Por supuesto que seré capaz.

-Lo digo porque estás pillado por él.

-Ese tipo me hizo mucho daño, nos hizo mucho daño a todos.

Y si tengo que elegir entre él y mi familia,

está claro que os elijo a vosotros.

-Sabía que no nos fallarías, hijo.

Creo que le debes una disculpa a tu hermano.

-Está bien. Reconozco que a veces puedo tener la boca muy grande.

-¿Estáis locos o qué?

¿Le vais a felicitar por meterse en la boca del lobo?

Santos es muy peligroso,

y deberíais animarle a separarse de él.

-Ya es demasiado tarde, hijo.

Santos quiere hacerse con Distrito Sur,

y para eso nos quiere echar del barrio.

Hemos perdido esta batalla, pero la guerra no ha terminado.

La vamos a ganar.

-Guerras, batallas...

Alucino con vosotros. ¿Es que no aprendéis o qué?

-Claro, Álvaro, es mucho más sencillo mantenerse al margen, ¿verdad?

-Me voy a la cama. Se me ha quitado el hambre.

Haced lo que os dé la gana.

(ELVIRA SUSPIRA)

-Bueno, disfrutad mucho de la cena. -Pasadlo bien.

-Y dale saludos al cura

(RÍEN)

-Ay...

Tranquilo, cariño, ya sabes cómo es Álvaro.

Pero en una cosa sí que tiene razón,

Santos es muy peligroso,

así que ándate con ojo.

-No te vayas, hijo.

Yo no sabría cómo vivir sin ti.

Por favor, lucha. Yo sé que puedes hacerlo,

tú eres muy fuerte, me lo has demostrado muchas veces.

Como cuando le contaste a papá lo de tu homosexualidad,

aun sabiendo que se enfadaría.

Fuiste muy valiente. ¿Y sabes una cosa?

Yo creo que tu padre es mejor persona desde entonces.

Hiciste muy bien obligándole a que te aceptara tal como eres.

Te necesitamos, Isra:

tu marido, tu padre, yo... Tu futuro hijo.

No puedes dejarnos así.

-Hola.

-Hola.

-¿Cómo está?

¿Alguna novedad?

-La doctora Ramil ha pasado finalmente,

pero no ha dicho nada,

prefiere esperar a ver cómo evoluciona.

-Pero eso no es un mal pronóstico,

eso quiere decir que están esperando que evolucione y que se recupere.

-Sí, eso es a lo que me agarro.

-Te he traído unas cosas del bar, ¿vale?

Unas botellas de agua y un par de bocadillos

por si no has cenado y no querías bajar a la cafetería.

-Gracias, María.

-Si quieres irte para despejarte un rato, yo me quedo.

¿Por qué me miras así?

-Me estaba acordando de cuando vine a Madrid

por el local de Valdemorillo, ¿te acuerdas?

-Sí. -Elías estaba coladito por ti,

pero no se atrevía a decírtelo.

Le dije que no te dejara escapar, y me alegro de que hizo caso.

-¿En serio? -Sí.

-Madre mía, de lo que se entera una, porque si es por Elías...

Con lo tímido que es él para estas cosas...

¿Dónde está? No lo he visto en toda la tarde.

Pensaba que estaría aquí.

-Se fue hace un par de horas por mi culpa.

-¿Y eso, qué ha pasado?

-Que le he dicho cosas muy fuertes y se ha ido hecho polvo.

-¿Habéis discutido? -Algo así.

Qué va, María, he sido muy dura con él,

echándole la culpa de lo que le ha pasado a Isra.

Luego me he arrepentido, pero...

Es que me siento tan frustrada y tan impotente...

que lo he descargado con él. Lo siento.

-Mujer, es normal en tu situación,

estás atacada, es muy humano.

-Le iba a llamar, pero conociéndole, no cogerá el teléfono.

-Voy a llamarlo yo, ¿vale?

-"Este es el contestador de Elías Guevara".

-Salta el buzón.

-"Deja un mensaje después de la señal. Gracias".

-Elías,

oye, que estoy aquí, en el hospital, con Raquel.

¿Tú dónde andas? Que no sabemos nada de ti.

Estamos un poco preocupadas.

A ver si oyes el mensaje y me llamas en cuanto puedas, ¿vale?

Venga. Un besico.

Ya verás cómo llama enseguida. -Gracias, María.

-Si necesitas algo. ¿Quieres que me quede un ratito?

-No, qué va.

-En cuanto sepa algo de Elías te lo digo, ¿vale?

-Marcha y descansa, anda.

-Si necesitas cualquier cosita, aunque sea a media noche,

a la hora que sea, me llamas, ¿vale? -Descuida. Claro.

-Venga, guapa.

Mucho ánimo.

Voy a darle un besico a Isra, ¿vale? -Sí.

-Corazón.

Venga, sé fuerte.

Y tú come algo.

-¿Qué tal? -Ya era hora, ¿no?

-Discúlpame, no he podido venir antes,

he estado todo el día arriba y abajo preguntando por lo tuyo.

¿Cómo está tu hijo?

-Los médicos no me dan muchas esperanzas.

¿Has averiguado algo del Turbo?

-Poco, la verdad, más bien nada.

He ido comentando todo lo que me dijiste:

que acaba de llegar a Madrid, que viene de Valencia,

y que está trapicheando a las órdenes de Santos Mercader,

pero nadie sabe nada o no me han querido decir nada.

-No entiendo cómo ha podido desaparecer

de todos los bajos fondos del barrio.

-No sé, a mí también me resulta bastante extraño,

he llegado a pensar que la gente tenga algo de miedo.

-No me fastidies, Fernando.

Un tipo como tú, que ha sido el puto amo del barrio

¿no va a encontrar un mindundi como ese?

-¿Qué quieres que le haga, Elías? Ya no tengo lo contactos de antes.

-No me dices la verdad, o no quieres o no puedes ayudarme.

-¡Quieres dejar de decir tonterías!

Acabo de decirte que llevo todo el día

arriba y abajo por el barrio preguntando por lo tuyo.

-Encontrar al Turbo nos puede llevar a Mercader,

y Mercader nos puede llevar a Sandra.

¿Tampoco eso te importa, no te interesa?

-Yo entiendo que tú estás bastante jodido ahora mismo

con la situación de tu hijo,

pero te pido por favor que no la pagues conmigo, ¿vale?

-Sí. Perdóname, que no sé lo que digo.

-Tranquilo, no pasa nada, no pasa nada.

¿No tenéis otra forma de dar con este tío?

-He removido Roma con Santiago con mis confites,

y nadie sabe nada, no hay nada.

En comisaría también trabajamos con muchos efectivos,

y no ha habido suerte, no hay nada.

-No sé.

No sé, Elías.

Quizá, lo mejor que puedes hacer ahora mismo,

es tratar de relajarte un poco.

Deberías ir al hospital, estar un poco con tu hijo,

allí es donde tienes la verdadera batalla ahora mismo.

-No, Fernando, no puedo ir al hospital.

Cada vez que veo a mi hijo tumbado,

me acuerdo que no puedo hacer nada por él,

que le fallé, que fui un puto mierda. -¡Que no, hombre!

Tú no puedes culpabilizarte de nada. Tú y yo somos ese tipo de hombres

que queremos proteger a nuestra familia,

pero no siempre podemos llegar a todo.

¿Quieres que me quede un rato contigo charlando?

-No, prefiero estar solo. -¿Seguro?

-Seguro.

-Como quieras. Si me necesitas ya sabes dónde estoy, ¿vale?

Dejaré el teléfono con sonido.

-¿Quiere tomar algo más?

-Sí.

Ponme un whisky solo.

Vale.

Otro.

Ua...

(Teléfono)

¡Eh! ¡Eh! Peláez.

Oye,

espero que tengas algo para mí.

¿De verdad? ¿El Continental?

¡Venga!

Gracias, amigo, te debo una.

Venga, hasta ahora.

Cobra, chaval.

-¿Qué? ¿Qué le parece a la señorita sus aposentos?

-Pues están bastante bien,

pero me esperaba un champán francés,

o una cesta de frutas exóticas. -Pues es verdad que no hay.

Vaya fallo. Voy a ver si se puede arreglar.

Mira, hemos tenido suerte.

El mango es una fruta exótica, ¿no? (RÍEN)

-Es que estás en todo.

-Yo con tal de verte sonreír, lo que sea.

Por nosotros, por que esta noche sea inolvidable.

No sé si te he dicho ya que estás guapísima.

-Unas cien veces.

-No sabes las ganas que tenía de que pasara esto.

-Yo también.

-¿Estás bien?

-Sí.

No, no... No puedo, no puedo.

-Perdóname si he hecho algo que te haya molestado.

-Lo siento, es que no puedo hacerlo. Perdona.

-Marga...

-No me toques.

-Pensaba que tú también querías venir aquí, no...

-No ha sido una buena idea, creo que no estoy preparada.

-¿A qué te refieres?

-Que no puedo superarlo.

-Si necesitas hablar de algo, o si te puedo ayudar...

-Prefiero irme a casa.

-Por supuesto.

-Siento haberte arruinado la noche. -Tranquila, no...

No has arruinado nada.

-Venga, Elías, cógelo, por Dios.

-"Este es el contestador de Elías Guevara,

deja un mensaje después de la señal. Gracias".

-Elías, por Dios, ¿dónde estás?

Raquel y yo estamos muy preocupadas, no sabemos dónde te has metido.

Haz el favor de llamarme, por favor.

-Joder, Santos, ¿a qué esperas?

(Puerta)

Coño. ¡Ya era hora!

Pensaba que...

-¡Ya te tengo, cabrón! ¡Levanta las manos!

¡Eh!

-¡Ya no vas a volver a clavarle esto a nadie más!

-Perdona, tronco, no sabía que era tu hijo, ¿vale?

-¿Cómo te has enterado? ¿Quién te lo ha dicho?

¡Eh! -No sé, lo he oído, lo he oído.

No me mates, por favor. ¡Ya te he dicho que lo siento!

-¡Te hicimos caso, dejamos las armas!

¡Por qué apuñalaste a mi hijo! -¡Lo hice sin pensar!

¡Estaba acojonado, quería irme! -Dime una cosa, ¿tú madre te quiere?

-¿A qué coño viene eso? -Dime, ¿te quiere?

¡Te quiere! -¡Claro que me quiere, joder!

-Pues a ver cómo se siente cuando entre en el depósito,

y ve a su hijo con un tiro en la cabeza.

-¡No me mates, no me mates!

¡No puedes hacerlo! -¿Y por qué no?

-Porque eres policía. Te van a crujir si me disparas.

-Pues mira...

Te voy a hacer caso, tienes razón.

-Venga, úsala conmigo.

Venga, valiente, úsala conmigo.

¿Se te ha olvidado cómo usarla? ¿Eh?

-No lo hagas.

-Es lo que te mereces.

-Ya, pero mi madre no.

Ella se moriría de pena.

Siempre hizo lo posible para que no me metiese en líos.

Pero no le hice caso.

No lo hagas por mí, hazlo por ella.

-No lo voy a hacer por ella, ni por ti,

lo voy a hacer por mí, porque sigo siendo un buen policía.

¡Date la vuelta!

Iván Moreno,

quedas detenido por resistencia a la autoridad,

intento de homicidio.

Puedes llamar a un abogado...

y todo lo que digas podría ser utilizado en tu contra.

¡Cabrón, ven aquí!

¡Tira para aquí! ¡Tira, que te mato!

Solamente he venido a Madrid a pasar unos días,

quería cambiar de aires, nada más.

Tuve la mala suerte de armar bronca con ese chaval.

¿Una bronca?

Apuñalaste a ese chaval como si fueras un sádico.

¡Vale, sí, se me fue la olla!

Pero no sé nada de drogas, y menos de ese Mercader.

Son imágenes de tu moto captadas por una cámara de tráfico

en la calle donde vive Santos Mercader.

No te molestes en negar que es tuya, hemos comprobado la matrícula.

Igual es algo psicológico. -Debe ser, no lo sé.

Como si le diera un ataque de...

de angustia. No sé. -¿Y no te dio ninguna explicación?

-Solo me dijo que hay una cosa que no era capaz de superar.

-Nunca voy a tener una relación normal,

ni hacer las cosas que hacen las parejas normales.

Es que nunca voy a poder, papá.

-Marga, escúchame... -¡Es que los odio!

-Quiero devolverle el golpe, y recuperar lo que es nuestro.

-Sí, claro.

Y cuando te enrolles con él, ¿cómo piensas disimular?

-Eso es cosa mía, ya sabré yo cómo hago.

-Quiero volver a patrullar, hacer un poco de calle.

Aunque sea unos días. Me siento oxidada en la mesa.

Mercedes, ¿la persona que acaba de salir es tu ex?

Sí, le han robado el coche esta mañana, ha venido a denunciarlo.

Por suerte, una gran policía le ayudará a encontrar su coche.

¿Qué? En Jefatura nos han dicho

que demos prioridad al robo de coches

y a la reventa de piezas de segunda mano.

Tú mandas. ¿Qué ocurre?

¿Ha pasado algo con Carlos?

Deja de darme consejos,

ni que fueras el único que conoce el dolor.

-¿Se puede saber qué te pasa conmigo?

-Tengo mejores cosas que hacer que perder aquí el tiempo.

-Fernando, no se lo tomes en cuenta, está muy afectado con lo de su hijo.

-¿Seguro que es solo por lo de su hijo?

-Tenemos a uno de tus camellos en comisaría a punto de cantar,

así que te quedan cuatro días

para mantener esa cara de listo que tienes.

-¿Camellos? ¿De qué hablas?

-Te estoy hablando de un tal Turbo,

un delincuente que hace un par de días apuñaló a mi hijo.

-Cálmate un poco y tómate algo, anda. Invita la casa.

-Si supieras tanto como dices de los Soler,

sabrías que nosotros no trapicheamos con drogas.

-Pronto vais a cambiar de opinión, incluido tú.

-Silvia, alucino. En serio, ¿este es el rollo ahora?

¿Venir como si fuerais matones?

-Deja en paz a Silvia, estoy hablando yo.

He venido a aconsejarte que colabores

y dejes de ser cómplice de tu familia.

Si no quieres colaborar, tendrás que venir a comisaría.

-¿Me estas deteniendo? ¡Basta!

Te estás pasando y Álvaro no ha hecho nada.

Siéntate.

Me gustaría contarte por qué ocurrió lo de anoche.

-Marga, por mí no hace falta. -No, no, es que...

Quiero contártelo, necesito que sepas por qué.

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Servir y proteger - Capítulo 573

13 ago 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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