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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 572 - ver ahora
Transcripción completa

Estoy muy contenta de que hayamos dejado atrás

los malos rollos.

Pero ¿qué haces?

-Ana y yo nos estamos dando un tiempo.

-¿Os habéis separado?

Pero si me dijiste que estabas fenomenal con ella.

-Pero te mentí.

-¿Cómo has conseguido esas fotos?

-Antes de llamar a Ricky, el Guille me llamó a mí

para proponerme el golpe. Al final, fui yo

el que terminó proponiéndole a él un trabajito:

que dejara grabando las cámaras de seguridad.

-¿En serio serías capaz de mandarme al trullo?

-No me pongas a prueba.

-Yo nunca te traicionaría de esta manera.

-Hemos decidido vender el "pub" a Santos Mercader.

-Pues me doy por enterado. -Podrías tener otra actitud, ¿no?

-Perdona que no me ponga sentimental, pero me puede el cabreo.

-Ese malnacido nos ha engañado, pero encontraremos la manera

de devolverle el golpe. Ya lo verás.

Santos Mercader es un tío peligroso

y si de verdad no sabéis a qué se dedica,

te recomiendo que no hagáis tratos con él.

La venta la vamos a hacer efectiva hoy.

Eres un miserable

y te estás aprovechando de nuestra situación.

-No.

Solo soy un hombre de negocios

y, dadas las circunstancias, yo creo que os conviene firmar.

Pero, vamos, si tenéis dudas,

estoy convencido de que encontraré a alguien

que sepa valorar más estas imágenes.

-Aceptamos el precio que propones.

-Mi padre no me puede pagar la universidad.

-Pero seguro que se nos ocurre algo.

-Ricky me ha propuesto algo y no sé si aceptarlo.

-¿Y qué te ha propuesto, exactamente?

-Pues le he contado que no teníamos dinero

para pagarme la universidad privada y me ha dicho que me lo prestaba.

-¿Me lo dices en serio?

-Es que vamos a vender el Moonlight

y a mí me toca una parte bastante generosa.

-En realidad, eres muy generoso por ofrecer todo ese dinero,

pero, desgraciadamente, no lo podemos aceptar.

-Ahora los verás. Son neumáticos de primera.

Sobre todo, lo notarás en el agarre. -Sí y en la factura, no te digo.

-Era lo que habíamos presupuestado. Ahora no vas a regatear.

-Tengo una reunión esta tarde con los editores en España

y luego quiero salir a correr. ¿Qué tal si comemos juntos?

-Genial. Nos llamamos luego y quedamos en algún lado, ¿no?

-¿Hace cuánto que está en Madrid?

Muy bien. Gracias por el dato.

¿Un confite?

Sí, me ha dado un soplo

que tal vez nos pueda ayudar en el caso contra Mercader.

Necesito que vayáis al parque de Barlovento

a pescar a este chaval.

Iván Moreno, alias Turbo. 28 años.

Apasionado de las motos. Se dedica a pasar pastillas

a otros camellos de rango menor.

-Muy bien, ¿y está fichado? -Todavía no.

Acaba de llegar de Valencia.

-¿Tiene algo que ver con Santos Mercader?

-Trabaja para él, aunque no pudimos demostrarlo.

-Es ese, ¿no?

-Ese es mi hijo, ¿no?

-¿Qué carajos está haciendo aquí Israel?

-¡Eh!

¿Por qué no te piras a otro lado?

-¡Quietecitos!

-Fuera. Alejaos, ¿sí? (DOLORIDO)

-¡Hijo!

No me hagas esto, por favor, hijo. Ahora no, no me hagas esto.

¡Nacha!

(Música emocionante)

(Pasos)

Elías, ¿cómo estás? ¿Cómo está Israel?

-¿Cómo quieres que lo sepa?

Llevo aquí dando vueltas toda la tarde y nadie me cuenta nada.

-¿Y las enfermeras? ¿Les has preguntado?

-He preguntado 20 veces y aquí no responde nadie.

-Cálmate. -¿Cómo me voy a calmar?

Si les pregunto y se tocan la barriga.

-Elías, por favor... -Vale, está bien. Me calmo.

Me calmo.

Como en diez minutos no me digan nada,

te juro que entro a quirófano y les saco a punta de pistola.

-Siéntate y deja de decir burradas.

Si los médicos no han salido es porque están haciendo su trabajo.

Y si las enfermeras no te dicen nada, es porque no tienen

información importante para darte.

-Pero ¿cómo pudo tardar tanto esa ambulancia?

-Tampoco tardó tanto. Fueron unos diez minutos.

-Si se estaba desangrando. Yo no sabía cómo taparle la herida.

-Elías, Israel es muy fuerte. -Israel ha perdido mucha sangre.

Deberíamos preguntar en el hospital si tienen sangre suficiente.

-No te preocupes. El equipo médico ya se ocupa de esas cosas.

-Debemos preguntar también en comisaría.

Hay muchos compañeros con sangre compatible.

-Elías.

-Perdón, perdón, ya está.

-Además, acuérdate de que, cuando la ambulancia llegó

por Israel, estaba todavía consciente.

-Le estaban reanimando en la ambulancia, por favor.

-Estaba débil porque es grave lo que le hicieron,

pero lo más importante es que estaba consciente.

Yo estoy segura de que Israel saldrá de esta.

Elías, ¿me oyes?

Va a salir de esta.

-Pero ¿por qué nadie me dice nada? ¿Qué le hacen a mi hijo, por favor?

-Elías, todo va a salir bien. Tranquilízate. ¿Y María dónde está?

-No lo sé.

-¿Cómo que no lo sabes? Le has dicho a María, ¿no?

-No, no le he dicho. ¿Qué quieres que le diga si no dicen nada?

-Pero ¿no le has dicho nada a María ni tampoco a su madre

ni al marido de Israel?

-¿Qué les voy a decir si nadie me cuenta nada?

-No les tienes que contar nada, pero tienes que informarles

de que Israel está ingresado. Deberías llamarlos ahora.

-Tú deberías estar en la calle cazando a ese cabrón

y no aquí, dándome la murga.

-Elías, ese tipo no va a ir a ninguna parte

porque toda la comisaría lo tiene identificado

y estamos todos buscándolo. -Toda la comisaría no.

Tú estás aquí dándome el coñazo.

-Porque eres importante y me necesitas.

-No. Lo que necesito saber es cómo está mi hijo.

-Para de gritar. -¡Grito lo que me sale de los huevos!

-Cálmate.

-Me calmaré cuando sepa que has cazado a ese cabrón.

-Elías... -¿Qué? Ni Elías ni nada.

No sé qué haces aquí dándome el coñazo.

Deberías estar en la calle atrapando a ese cabrón.

¿Eh? Así que haga su trabajo.

-Vale, me voy.

-¿Se puede saber qué está pasando?

¿No sabes llamar a la puerta?

Cuando me presentaste a Bremón, insinuaste que os bastabais

para detener a Mercader.

¿Y ahora ni sois capaces de pillar a uno de sus camellos?

Esto es una cagada. Cierra la puerta ahora mismo.

En primer lugar, que sea la última vez

que entras en un despacho de esta comisaría de esa manera.

Aquí se llama a las puertas y se pide permiso, ¿entendido?

Y, en segundo lugar, respeta un poquito más

el trabajo de tus compañeros que se dejan la piel.

¿O es que a ti nunca se te escapó un malo?

Lo siento, tienes razón, inspectora, estás no son formas,

pero, sinceramente, este chivatazo sobre el Turbo

es la primera información sólida que nos llega

del entorno de Mercader. Y cagarla... No ha habido ninguna cagada.

Surgió un imponderable. Se nos cruzó un civil.

¿Quién se cruzó por medio?

Un joven que estaba haciendo deporte en el parque.

Tuvo un encontronazo con el Turbo, la cosa subió de tono

y los agentes tuvieron que intervenir.

¿Subió de tono hasta dónde? El chico recibió un navajazo.

Está en el hospital en estado crítico.

Vaya, lo siento. Pero, sinceramente, no sé si justifica...

Es el hijo del oficial Guevara.

¿Cómo? El chico que recibió el navajazo

se llama Israel Guevara. Es el hijo de Elías.

Pero Elías estaba en el operativo. Imagínate la situación.

¿Qué demonios hacía su hijo allí?

Aunque no te lo creas, fue pura casualidad.

Hay muchos sitios donde ir a correr, pero le dio por hacer "running"

en Barlovento. La vida es así de caprichosa a veces.

¿Cómo está Elías?

¿Tú qué crees? Su hijo tiene un pie en la tumba.

¿Tan grave ha sido? Cuando llegó la ambulancia,

había perdido mucha sangre y hubo que hacerle

una reanimación cardiopulmonar in situ.

Llegó al hospital vivo, pero en estado crítico.

Lo único que sé es que ahora mismo está en el hospital en el quirófano.

(Puerta)

¿Se puede, Claudia? Por supuesto.

¿Qué hay, Font? Comisario.

¿Alguna novedad del hijo de Elías?

Le estaba diciendo al inspector Font.

Lo único que sé es que está en el quirófano todavía.

¿Todavía?

Y la cosa no pinta bien.

Yo creo que deberíamos hacernos a la idea de que...

puede ser el final.

Hay que agarrar al hijo de perra que le ha hecho esto.

¿Alguna novedad?

Solo sabemos que salió huyendo en su propia moto.

Es un fanático de las motos. Por eso le llaman el Turbo.

Hay que hacer una batida por los talleres del barrio,

a ver si es cliente de alguno. Preparaba una lista

para pasársela a las patrullas y que se repartan las visitas.

Estupendo. Que le den prioridad. Por supuesto.

Gracias.

Me encanta el almacén.

Sobre todo, la puerta de atrás.

-Sí, es muy práctica cuando llega el reparto.

-Hay pocos locales que comuniquen directamente

la calle con el local pasando a través del almacén

y de una manera tan discreta.

Es perfecto para mi línea de negocio.

-Bueno, pues, con esto, creo que ya lo has visto todo.

-¡Juan!

Ponme un "gin-tonic". ¿Y tú que quieres?

-Nada, Juan. Yo no quiero nada.

-¿No te vas a tomar una copa conmigo? ¿Me vas a dejar aquí bebiendo solo?

-No vine aquí para tomarme copas contigo.

He venido para enseñarte el local.

-Cuando yo cierro un trato, suelo tomarme un trago.

Es una cuestión de cortesía.

-Yo es que hoy no tengo nada que celebrar.

-Pues yo sí.

Tenía muchas ganas de hacerme con este local,

pero ahora que lo conozco en detalle, aún me gusta más.

Ha merecido la pena el esfuerzo. -¿El esfuerzo?

¿Y qué esfuerzo, Santos?

-No me puedes decir que he escatimado en medios

para cerrar el trato. -Pero si te lo hemos dejado regalado.

-Digamos que mi posición negociadora ha ido mejorando con el tiempo.

En eso es en lo que me he esforzado.

-¿Qué te parece si cambiamos de tema?

-Sí, será lo mejor

porque me parece que te lo estás tomando

por lo personal.

Esto es un negocio, Luis. Solo negocios.

Pero, bueno, mantengamos una actitud profesional.

Gracias, Juan.

-¿Qué va a pasar con Juan?

-¿Se vendría conmigo? -¿Tú qué crees?

-No tengo ni idea.

¿Qué le habéis contado sobre mí? -Nada.

Pero aunque lo hubiéramos hecho, con la que está cayendo,

¿quién se atreve a perder un empleo fijo?

-Le tenéis fijo en plantilla, ¿no? -Sí.

Y así me gustaría que siguiese.

Él es muy bueno.

Tiene mucha experiencia con el público.

Puede que este barrio no sea muy sofisticado,

pero parte del éxito del Moonlight es de él.

Sabe preparar cualquier cóctel por raro que sea.

-Eso dice mucho a su favor.

¿Es discreto?

-Mucho.

-¡Juan!

Me imagino que Luis ya te habrá contado

que yo soy el nuevo dueño del Moonlight.

-Sí, me lo ha comentado.

-Me gustaría contar con tus servicios de manera indefinida.

Manteniendo las mismas condiciones, por supuesto.

-Me parece perfecto. Gracias.

-Trato hecho.

He mantenido las mismas condiciones.

Después de todo, igual no soy tan miserable, ¿no?

-¿Quieres que te conteste a eso? -No, la verdad es que no.

Bueno, ¿qué más?

-Lo último ya.

Van dos copias de cada una de las llaves.

Puedes hablar con Juan de los detalles del sonido,

de las luces, de todo eso.

-La verdad es que me da muchísima pereza

todo este tema práctico.

Por eso me gusta tener un encargado con experiencia

que se ocupe de estos temas.

Juan no puede ser porque le quiero en la barra

poniendo cócteles y atendiendo a la clientela.

-Ya, entiendo.

-En ese caso,

quédatelas tú.

-¿Cómo?

-No me imagino a ningún gerente mejor que tú.

-¿Estás de broma?

-No.

-Me estás ofreciendo

un empleo en el Moonlight.

-Nadie conoce este local mejor que tú.

Y la verdad es que me gusta tenerte cerca,

aunque solo sea para trabajar.

-Santos, me has humillado quitándome un negocio

que yo levanté desde cero.

Ofrecerme aquí un empleo es un golpe muy bajo.

-¿Por qué dices que es un golpe bajo?

Te ofrecería un buen sueldo.

Di una cifra. No te cortes.

-Tengo mejores modos de ganarme la vida

que estar bajo las órdenes de un narco.

-Un narco.

¿Eso es lo que soy para ti? Un narco, ¿nada más?

Creía que éramos algo mucho más...

-Dijimos que tendríamos una actitud profesional.

-Me resulta muy difícil teniéndote tan cerca.

-Pues entonces es mejor que me vaya.

-Espera, Luis. ¡Luis!

-Ya veo por las fotos que lo vuestro es un no parar.

¿Cómo se llamaba el último pueblo?

Eso, San Gimignano. Madre mía, qué preciosidad de pueblo, nena.

Tú disfruta mucho, hija.

Disfruta que te lo mereces.

Cariño, te tengo que dejar, ¿vale?

Oye, dile a Olga que está preciosa, que se nota que les va muy bien.

Un besazo muy grande para ellos dos también.

No dejes de mandar vídeos y fotos.

Venga, cariño. Un besico. Hasta luego.

Qué morro tiene la Paty.

En Italia. Con las ganas que tengo de la Toscana.

¿Qué te pongo? -Nada, María.

Oye, ¿Elías todavía no te ha llamado?

-¿Cómo todavía? ¿Le ha pasado algo? -No, a Elías no, pero a Israel sí.

Le han herido y está grave.

-¿Qué dices? ¿Cómo que le han herido? ¿Qué le ha pasado?

-Hace unas horas hacía deporte en el parque de Barlovento

y ahí le han atacado. -Pero ¿quién le atacó? ¿Por qué?

-Un camello que nosotros estábamos vigilando

y él tuvo un encontronazo con uno de ellos y...

pues lo cogieron como rehén.

-¿Cómo rehén? ¿Lo han secuestrado? -No, María, tranquila.

Fue un visto y no visto. Los tipos nos obligaron a dejar las armas

y, en ese momento, él forcejeó un poco

y le metieron un navajazo.

-Que yo me aclare, estaba Israel en el parque,

¿y vosotros también estabais en el mismo parque vigilando?

-Sí, María. Sé que, aunque parece increíble,

fue una maldita casualidad. Nosotros estábamos vigilando

a unos tipos y uno le dijo algo a Isra,

Isra se enfrentó a uno de ellos y antes de que pudiéramos hacer nada,

ocurrió todo esto.

-Madre mía, pero ¿cómo está él? ¿Y cómo no me ha avisado Elías?

-Israel está grave, María. Ahora mismo está en el quirófano

y esperemos que todo salga bien, porque la cosa no pinta muy allá.

-Ay, por Dios, Nacha, no digas eso.

¿Elías está con él? -Sí.

-¿Y a la madre la han avisado?

-No. Si eso mismo le dije yo a Elías ahora cuando estuve en el hospital.

pero no ha avisado a ella ni a su marido.

-¿A Armand tampoco? ¿En qué piensa este hombre?

-Es que Elías se siente culpable. -Culpable, ¿por qué?

-Dice que si nosotros no hubiéramos estado allí,

todo esto no hubiera ocurrido, se hubiera quedado en nada y...

Es que los tipos esos se pusieron muy nerviosos

al notar nuestra presencia allí.

-Joder, cómo sois la policía, macho.

Siempre echándoos la culpa por todo. ¿Sirve de algo eso?

-Ya, María, pero es que Elías está bastante irascible,

preocupado, claro.

-Claro que está preocupado. Normal.

Pero su madre tendrá derecho a saber que su hijo

está en el hospital y su marido.

-Totalmente de acuerdo. Eso le dije a Elías,

pero todavía no les ha avisado. ¿Por qué no me das el número de ellos

y yo los llamo y les aviso? -No, deja.

Prefiero hablar yo con Raquel

y, luego, que ella se lo diga a Armand.

Venga, vamos. -¿Vamos, adónde?

-Pues al hospital, ¿dónde va a ser?

A ver, escuchadme, por favor. He tenido una emergencia familiar

y tengo que cerrar el bar. Así que, os pido,

que vayáis saliendo.

No os preocupéis por la consumición que estáis invitados.

Vamos, por favor.

-Oye, María, ¿y vas a cerrar el bar, así como así?

-¿Pues no lo estás viendo?

Venga, muchas gracias. -Gracias.

Vamos.

-Cada ocho horas con las comidas.

No se olvide. -Gracias.

-Cuídese. -Gracias.

-Damián Pérez.

-Buenos días. -¿Cómo estás?

-Bueno, ahí, ahí.

-¿Qué te trae por aquí?

-Pues...

Mira, la verdad es que...

A lo mejor es una tontería y te estoy haciendo perder el tiempo.

-Si uno no se encuentra bien o tiene alguna preocupación,

no es una tontería ir al médico. Cuéntame lo que te pasa

y ya decidimos después si perdemos el tiempo o no.

-Últimamente es que no duermo nada bien.

Duermo fatal, la verdad.

Yo pensaba, digo, a lo mejor es de la edad.

Tú sabes, a medida que te vas haciendo mayor,

duermes menos, pero es que no sé qué me pasa.

-Cuando dices que duermes fatal ¿a qué te refieres?

¿Qué eres incapaz de conciliar el sueño

o que te despiertas a media noche y no puedes volver a dormirte?

-Las dos cosas.

-Entiendo. -Quiero decir, me acuesto muy tarde

porque no me entra el sueño. Vamos a ver, estoy agotado,

pero no noto la necesidad de dormir. No sé si me explico.

-Perfectamente.

-Pues, total, que al final me meto en la cama a las tantas.

Empiezo a dar vueltas... Al final te quedas dormido,

pero a las 3:00 o 4:00 como tarde,

los ojos como platos. Ya no puedo dormir más.

Estoy todo el día hecho polvo. -Normal.

-Pensaba que...

si me pudieras recetar algo...

-Dime, ¿qué tal comes? ¿Variado, sano?

-No lo sé, pero como siempre.

De la comida no puede ser porque estoy comiendo

igual que siempre. -¿Cuántos cafés te tomas al día?

-Pues uno para desayunar,

otro después de comer y se acabó.

A partir de las 17:00 no tomo más café

y tampoco soy de té.

-¿Alguna medicación?

¿Drogas? -No, hombre, no. Nunca.

-Ya. ¿Haces ejercicio?

-Tampoco he sido yo nunca mucho de hacer ejercicio, la verdad.

Me gusta caminar y tengo la típica aplicación del móvil,

esta que te cuenta los pasos, y todos los días 10.000 pasos

rigurosamente.

-Parece que esto no tiene nada que ver con malos hábitos.

Aunque ahora que dices lo del móvil...

-No, no, ya sé por dónde vas. Lo de la luz azul...

Yo entro en casa,

tal como entro, me quito el móvil,

lo dejo en el recibidor y no lo toco más.

Tampoco soy de ver series por la noche, ni películas.

Yo cojo mi librito, mi infusión y a la cama.

-Entonces, Damián, ¿qué ha cambiado?

¿Algo te tiene nervioso?

-Hombre, cambiar.

Mi hija ahora vive conmigo, antes no.

Pero eso más que ponerme nervioso,

me alivia, porque yo lo estaba deseando.

-No deja de ser un cambio, ¿no? En la rutina.

Necesita un periodo de adaptación.

A ver, ¿algún otro síntoma?

¿Te falta la respiración? ¿Mareos?

Que llores sin motivo.

-Bueno, tengo pesadillas.

Últimamente tengo pesadillas

y lo sé porque cuando me despierto, me noto agitado.

Hola, Álvaro.

Hola.

¿Tienes un momento? Necesito hablar contigo.

¿No se supone que ya no tenemos de qué hablar?

Cierto,

pero es un asunto policial.

¿Ya empezamos, Silvia?

No me digas que vienes a malmeter contra mi familia.

Mira, no seas injusto conmigo, ¿vale?

Sabes que nunca he hecho eso.

Tengo a la policía aquí un día sí y otro también.

Y cuando no estáis aquí, estáis en mi casa.

Como comprenderás estoy un poco harto.

Qué suerte, porque vengo a preguntarte algo

que no tiene que ver ni contigo ni con tu familia.

La hacemos por todos los talleres.

Ah, ¿sí? Pues qué raro que vengas tú sola a este.

¿Por qué? Hay muchos talleres, nos los hemos repartido.

No sé. Últimamente no te separas del guapito de tu compañero.

Ni que estuvierais liados.

Te he dicho que son muchos talleres.

Ya sé que son muchos talleres, no hace falta que me lo digas.

Hay mucha competencia, de hecho,

hablar contigo me está haciendo perder dinero.

Pues vamos directamente a la cuestión.

Así te dejo en paz.

¿Estáis liados?

¿Qué dices?

¿En serio te vas a poner en plan niñato?

O sea, que sí.

Me lo imaginaba.

Mira, Álvaro, lo que yo haga,

o con quien me lie o no ya no es asunto tuyo.

Me parece muy feo

que me hagas esas insinuaciones.

Vale. Dime qué quieres.

Quiero saber si ha venido un tal Turbo por el taller.

Le encantan las motos

y probablemente haya estado tuneando la suya recientemente.

¿Turbo? No me suena ningún Turbo.

¿Y esta moto? ¿La has visto?

Sí, justo me trajeron una igual ayer.

Pero el chaval se llama Iván, no Turbo.

Iván Moreno, ese es su nombre.

¿La tienes aquí?

No, se la ha llevado esta mañana.

¿Sus datos? ¿Te ha dejado una ficha de cliente?

Tampoco.

Me extrañó que no quisiera dejarme ningún dato,

pero tampoco le di ninguna importancia.

Lo que sí dejó fue su número de teléfono

para que le avisara cuando estuviera lista.

¿Podrías buscármelo, por favor?

Claro.

Ahí lo tienes.

No tengo nada más.

Doy por hecho que no pagó con tarjeta.

No, pagó en efectivo.

Gracias, es posible que con estos datos detengamos

a un delincuente peligroso.

Pues mira qué bien.

Con lo que me gusta a mí colaborar con la policía.

¿Algo más o puedo seguir con lo mío?

Tranquilo, que no voy a pisar este taller

si no es por algo estrictamente policial.

Para que no pierdas tu precioso tiempo.

Me parece perfecto.

Porque así tampoco pierdes el tuyo.

(RESOPLA)

-Dices que tienes pesadillas.

¿Algún sueño recurrente?

-Bueno, normalmente tiene que ver con mi hija.

Sí, que le pasa algo, que desaparece, no sé dónde está.

El otro día soñaba que la llevaba en coche,

yo iba conduciendo y luego que no sabía conducir.

Cosas así.

-Ya, bueno, has vivido últimamente situaciones extremas, Damián.

Te han intentado atracar en la ferretería,

has tenido un dependiente criminal. Estas cosas pasan factura.

(RECUERDA) -"No sabía que tu mujer había muerto.

Cuando llegamos allí estaba inconsciente.

Nosotros no lo sabíamos. No lo sabíamos, de verdad.

-Cállate, cállate.

-Tú eres buena persona, de verdad.

Existen unas leyes.

Tú no puedes hacer esto.

(Disparo)

Aquella noche, en Salamanca, estabais tú, José Manuel

y otra persona. ¿Era Rafa?

-Eres el padre de esa chica. -Boli, contéstame, ¿era Rafa?

-Lo siento mucho, Damián. -Boli, no quiero tus disculpas,

quiero la respuesta. ¿Era Rafa o no era Rafa?

-No te lo voy a decir.

Porque la venganza no es el camino.

Tú eres un buen hombre. -No.

Yo ya no soy un buen hombre. Vosotros me convertisteis en esto.

-Lo siento.

Lo siento."

-Sí, bueno, la verdad es que, últimamente, he pasado

por cosas, diríamos...

difíciles. Pero tengo que salir adelante.

El día a día sigue adelante y si estoy hecho polvo, no puedo.

-Vamos a hacer una cosa.

Voy a darte una medicación para que puedas dormir un buen rato,

pero te tengo que recomendar que vayas al psicólogo.

-¿Al psicólogo? -Sí, para quedarnos tranquilos.

A veces, no estamos preparados para resolver emocionalmente

una situación y lo dejamos todo en manos del subconsciente.

-Ya...

De ahí las pesadillas, ¿no?

-De ahí las pesadillas, exacto, sí.

Y, a veces, el subconsciente es incapaz de resolver el problema.

Se hace una bola. Se enquista.

Esto de no dormir no es más que un síntoma.

Podemos paliar los síntomas con esto,

pero hay que ir a la raíz del problema.

-Entiendo.

-Te voy a dar un volante para el especialista.

Ya me cuentas otro día cómo te va con la medicación.

Vuelves por la consulta. -Muy bien.

Pues muchas gracias. -Cuídate.

-Gracias.

-Antonio Jesús Lozano.

Este siempre se apunta y no aparece por aquí.

-¿Cómo que no puede decir nada?

Que lleva mi hijo cuatro horas ahí y nadie me dice nada.

-Entiendo cómo se siente, señor Guevara.

-Ni señor Guevara ni nada. Baja al quirófano

y me dices cómo va la cosa o te llevo detenido.

-Elías, por favor. Perdónele que está muy afectado.

No le puedes decir esas cosas a la gente.

-¿Y tú qué haces aquí?

Te lo ha dicho Nacha, ¿no?

-Estás temblando, Elías.

-Sí, es que estoy muy nervioso. -Anda, ven, siéntate.

Mírame a la cara.

Prométeme que no vas a tratar así ni a un médico más ni a un enfermero.

-Llevo aquí cuatro horas y nadie me cuenta nada.

-Bueno, vale, lo que tú quieras,

pero cuando se despierte tu hijo, querrás estar a su lado.

¿Quieres que te echen del hospital? -No, no.

No quiero que me echen. Ya... Ya me calmo.

Es que estaba muy grave, María. -Lo sé, cariño.

Lo sé.

Pero bueno, tenemos que tener confianza, ¿vale?

-¿Tú no tendrías que estar en el bar? ¿Qué haces aquí?

-No te preocupes tú ahora por el bar. Ahora tengo que estar aquí contigo.

¿Cómo no me has avisado? -¿Cómo te voy a avisar?

¿Para contarte qué? Si no me cuentan nada.

Tampoco he avisado a su madre.

-Por Raquel no te preocupes que ya está avisada.

Ya he hablado con ella y me ha dicho que va a coger el primer vuelo

que pueda de París, ¿vale? Mañana por la mañana estará aquí.

Lo más difícil va a ser lo de Armand porque está en un congreso en EE.UU.

y lo hemos estado llamando, pero no lo coge.

No sabemos ni qué hora es allí.

Bueno, Raquel le ha escrito un "email". A ver si lo lee pronto.

-No sé ni cómo mirarles a los ojos, María.

-¿Por qué? -Porque todo esto ha sido culpa mía.

-Culpa tuya ¿de qué? -Hombre.

-¿Porque estabas dirigiendo un operativo y la cosa se torció?

Eso es una desgracia que le pasa a cualquiera.

-No. Ha sido cuando hemos discutido en el bar.

Luego le he levantado la voz y se ha ido de mala manera.

-¿Eso qué tendrá que ver con lo que ha pasado?

-Estábamos haciendo un operativo en un parque con un camello

y le he visto aparecer y le he llamado

para avisarle de que se fuera y... -A ver.

Elías, ahora tenemos que pensar en positivo, ¿vale?

Pensar que Israel va a estar bien.

-Ha perdido mucha sangre, María. Lleva cuatro horas en el quirófano.

-Pero está vivo, ¿vale? Y es muy joven.

Tiene muchas ganas de salir adelante.

Tenemos que ser positivos. Tenemos que pensar que sí,

que va a salir de esta, que va a estar bien.

Venga, Elías. Fuerza.

-¿Son los familiares de Israel Guevara?

-Sí.

-Soy su padre yo.

-Tenemos que hablar.

-No traigo muy buenas noticias, Silvia.

Déjame adivinarlo: teléfono de prepago.

La tarjeta SIM está a nombre de un anciano de Almendralejo.

Que, evidentemente, no tiene nada que ver con Turbo.

No. A ese pobre señor le han robado los datos a base de "phishing".

Así han conseguido la tarjeta.

Alucino. Se supone que para comprar una tarjeta SIM,

hay que enseñar tu DNI. Bueno, se supone.

Hoy en día las compañías telefónicas ya no te piden el DNI en físico.

Con que presentes un número válido, es suficiente.

¿Has contactado con la compañía para que te den el registro BTS?

Sí, pero...

¿Hace falta una orden judicial o algo?

No es eso realmente. Tengo un amigo que me consigue

mucha información de la compañía telefónica,

pero es que no hay nada.

Ya, el tipo no utiliza un "smartphone".

Es que es muy inteligente. Lo que esperaba: tarjetas prepago,

teléfonos sin GPS... Y estoy convencida

de que cambia cada dos por tres de número de teléfono.

Tienes razón. Nos lo confirmaron los compañeros de Valencia.

Llevan mucho tiempo detrás de él y aún no consiguieron nada.

Lo que sí nos sirve es el número de matrícula de la moto

que está a su nombre en tráfico.

¿Seguro? Sí.

Ya se ha emitido una orden de busca y captura

y, por el momento, no te puedo decir más.

Vale. Muchas gracias, Ángela. Ánimo.

-Hola, Silvia.

Vaya día.

¿Alguna novedad sobre Turbo?

Justo te iba a preguntar lo mismo.

El teléfono es un callejón sin salida.

Número prepago y terminal sin GPS, ¿verdad?

Te lo sabes bien de Valencia, ¿eh?

Le pinchamos el teléfono un par de veces

y nunca conseguimos nada.

Apuesto a que el móvil que haya usado ya está en un vertedero.

La buena noticia es que la moto sí está a su nombre.

Ya han comunicado la matrícula.

Bien, entonces no tardaremos en pillarle.

Con un homicidio en grado de tentativa

y policías de testigos, es cuestión de tiempo que caiga.

A ver. No puede esconderse toda la vida.

Sí, bueno, supongo que sí.

Oye,

¿te apetece salir a cenar esta noche?

La verdad es que hoy no tengo cuerpo para salir a cenar.

¿Estás bien? Te veo un poco rara.

Bueno, estoy cansada.

Mucho curro con este caso, nada más. Ya,

cansada.

Sí, ¿qué pasa?

He leído el expediente.

El número de teléfono te lo dio tu exnovio.

¿Y?

Mira,

no quiero meterme donde no me llaman.

Solo es que, a ver, es normal que te afecte verte con él.

Lo vuestro está muy reciente todavía.

Mira, no creo que sea ni el lugar ni el momento.

Mejor dejamos el tema, ¿vale? Vale, solo quería decir

que si quieres que nos tomemos las cosas con más calma,

que lo entiendo.

Salir de una relación lleva su tiempo

e igual hemos metido la directa demasiado pronto tú y yo.

Bueno, eso, que si quieres que pulsemos el botón

de "pause" un tiempecito,

que lo entiendo.

OK.

Me voy a unos billares a ver si veo un confite

que me pasó un compañero de Distrito Dos.

Igual sabe algo de la moto.

"Au".

Suerte.

(ALTAVOZ) Doctor Aranda, acuda a cirugía.

-¿Le habéis encontrado?

¿A quién? ¿A Turbo?

Elías, eso es lo último en lo que deberías estar pensando.

Tienes que pensar en tu hijo. Por mi hijo ya no puedo hacer nada.

Y lo que podía haber hecho, lo he hecho mal.

Yo lo que quiero es cazar ahora a ese hijo de la gran puta.

Dime qué tenemos.

A ver,

hemos hecho una batida por los talleres del barrio

a ver si alguien había visto la moto y, al parecer,

ha sido cliente de Álvaro Soler y nos ha dado su teléfono.

Y es un teléfono de prepago y sin GPS, ¿a que sí?

¿Quién te lo ha contado? No hace falta que me lo cuente nadie.

Cualquier camello que se precie hace eso.

Si Santos Mercader se lo trajo de Valencia, por algo será.

Bueno, pero la moto sí está a su nombre.

¿Sí?

A lo mejor podemos encontrarlo.

Eso espero, a menos que se haya ido de España.

Cosa que tampoco me extrañaría. Pero, bueno, venga,

cuéntame tú.

¿Qué quieres que te cuente? Ya te lo conté por teléfono.

Por teléfono me has dicho que estaba en coma,

pero no me has dado detalles.

Pero ¿qué detalles? ¿Qué quieres que te diga?

Sufrió un shock hemorrágico. Perdió mucha sangre.

No saben cómo afectará la falta de oxígeno al cerebro.

Está en coma. Punto.

¿Y qué dicen los médicos?

¿Calculan más o menos, como, no sé, cuándo podría... reaccionar?

Los médicos no saben nada. Se cubren. Me dicen...

De hecho, me dicen que no saben si despertará o no,

si saldrá del coma o no. Ni cómo.

Hasta que no se despierte, no pueden evaluarlo.

Igual se queda hecho un vegetal toda su vida.

Pero ¿cómo no pude verlo? ¿Cómo fui tan gilipollas?

Elías,

has hecho lo que tenías que hacer.

Nacha me ha contado cómo sucedió todo.

No, no he hecho lo que tenía que hacer.

Sabes perfectamente que, en estas ocasiones,

hay que estarse quietecito. No hay que intervenir.

Ahora ya no sabemos lo que hubiera pasado, Elías.

Además, Nacha me ha dicho que Israel hizo

un movimiento extraño.

Solo quería apartarlo de esa movida, pero lo hice mal y fallé.

Elías, ahora hay que pensar en el presente, ¿vale?

Tener esperanza. Pensar que Isra se va a recuperar.

¿Esperanza?

No tienen esperanza los médicos, ¿cómo la tengo yo?

Porque la necesitas, ¿me oyes?

Porque pensar en lo peor no te ayuda.

Israel necesita que estés ahí con él

dándole toda tu energía positiva. Y, además, dentro de nada,

va a aparecer por aquí su madre y su marido.

No me lo recuerdes. No sé ni qué decirles.

No sé qué les dirás, pero no que tú tienes la culpa.

Alguien les tiene que decir el responsable.

¿Sabes quién es el responsable? Iván Moreno, alias Turbo.

Y hay un dispositivo policial enorme buscándolo, ¿de acuerdo?

Además, piensa que todo podría haber salido peor.

¿Peor? Que está en coma profundo, Claudia.

Elías, va a salir de esto,

¿vale? Va a salir del coma, ¿me oyes?

¿Y si no sale?

¿Y si lo pierdo para toda la vida? Me pego un tiro.

Elías, ni se te ocurra decir eso. No te quiero volver a oír decir eso.

Elías,

no te puedes venir abajo ahora.

Tienes que seguir luchando por tu hijo.

Tienes que seguir luchando por Israel, ¿vale?

Venga.

Venga.

-¡Ah! -Cuando llegue tu hermano.

-Mamá, que me muero de hambre.

-Ricky, ¿por qué no te vas a jugar a la consola

y dejas el ruidito?

-¿Por qué no te vas tú por ahí y me dejas vivir tranquilo?

-¿Podéis dejar de discutir?

-Buenas noches. -El que faltaba para el duro.

¿Podemos empezar ya? -¿Por qué has tardado tanto?

-¿Qué pasa? ¿Me estabais esperando para cenar?

-Por una vez que no os quedáis hasta las tantas en el "pub",

cenamos juntos, ¿no? -También es verdad.

Oye, qué buena pinta tiene esto.

-Te hemos mandado algún que otro mensaje

y te hemos llamado. -Necesitaba pensar.

Me he ido a dar un paseo y he desconectado el móvil.

-¿Pensar en qué?

-Pues pensar en lo que voy a hacer con mi vida a partir de hoy.

-Podrías buscarte un trabajo legal y decente.

No sé, para variar un poco, ¿no?

Tampoco está de más dedicarse a algo digno.

-Hoy me han hecho una propuesta de empleo

muy bien pagada. -¿En serio?

-Pero la he rechazado.

-¿Cómo de bien pagada?

-Digamos que ha dicho: "Pon tú la cifra".

-¿Y por qué la has rechazado?

-Porque la oferta viene de Santos Mercader.

-¿Qué?

-Quiere que sea el encargado del "pub".

-¿El flipado ese qué se ha pensado? ¿Que puede hacer y deshacer

según le vaya viniendo? -Ricky, deja hablar a tu hermano.

-¿No ha dicho que lo ha rechazado?

-Luis, no estarás pensando trabajar para ese tío, ¿no?

Es un narco.

-Eras tú

el que me acaba de decir que me busque un empleo, ¿no?

-Sí, pero un empleo legal.

No que seas el friegaplatos de un tío que va a utilizar

el Moonlight como tapadera. -¿Puedo hablar?

He estado analizando bien los pros y los contras.

-¿Qué pros? Si ese tío lo único que quiere

es tenerte en la mano para que seas su esclavo,

como si fueras una marioneta. ¿Qué pros?

-Ricky.

-Sé que Santos quiere utilizar el Moonlight como tapadera,

pero también sé que es un trabajo bien pagado

y el dinero nunca viene mal. -Vale, ¿puedo hablar?

-¿Tú no decías que nunca te meterías en un negocio de drogas

ni por todo el oro del mundo? -Solo sería el encargado de un bar.

-De un bar donde se pasan drogas, mamá.

¿No te das cuenta de que quiere a Luis como cabeza de turco

por si le pilla la policía?

-Además, él no se da cuenta de nada porque está pillado del tío ese.

-¿Cuántas veces te tiene que decir mamá que te calles la boca?

O te lo digo yo de otra manera. -¿Me vas a pegar?

-¡Sí! -¡Basta ya los dos!

-¿No te das cuenta de que no nos hace falta el dinero?

Ese solo quiere tenerte de esclavo para él.

-Que sí. Ya me sé tu opinión. La tuya también.

Ahora, ¿me podéis dejar escuchar la de mamá?

-A ver, hijo, yo no te voy a decir lo que tienes o no tienes que hacer.

Y aparte del dinero, a los amigos hay que tenlos cerca

y, mucho más, a los enemigos.

Bueno, ¿y si dejamos de hablar de los negocios

y continuamos cenando?

-Pues, de momento, no hay nada nuevo.

Hemos revisado los registros de hoteles y apartamentos y nada.

Y la moto, de momento, tampoco ha aparecido.

"Entendido. En fin,

ojalá mañana tengamos mejores noticias."

Seguro, comisario.

"Buenas noches." "Bona nit".

(Puerta)

Ah, hola. ¿Puedo pasar?

Sí, claro.

¿Quieres tomar algo? No, no he venido a tomar nada.

Necesitaba hablar contigo.

Pero ¿ha aparecido el Turbo?

Ya. Yo acabo de hablar con Bremón y él tampoco sabe nada.

Verás, quería darte las gracias.

Sí, por...

lo que me has dicho esta tarde.

Lo de que las cosas pues...

pues necesitan su tiempo.

Ah, eso.

Nada.

¿Seguro que no quieres tomar algo?

Venga, vale.

¿Tienes algo fuerte?

¿Fuerte como güisqui? Perfecto.

Hielo no tengo. Da igual.

Tenías razón.

Es fundamental tomarse el tiempo para las cosas importantes.

Sí.

Y soy consciente de que yo a veces me pongo una coraza.

No sé, quería contarte

que no es porque sí, ¿sabes?

Te escucho.

Mi madre siempre ha tenido relaciones así.

Con un montón de tíos, relaciones que vienen y van,

tíos problemáticos, relaciones tóxicas...

Y supongo que yo me he ido al otro extremo.

Que no me fío.

Normal.

No quieres que te pase lo mismo que a ella.

No, pero, al final, me pasa parecido.

Supongo que en eso consiste madurar, ¿no?

En poco a poco ir más allá de las taras que te han dejado

tus padres como herencia.

¿Por qué dices que te ha pasado algo parecido?

Bueno, Álvaro Soler

no es el mejor candidato para una chica policía.

Hijo y hermano de delincuentes.

Además, a veces dudo de si él mismo estará metido en algo.

Pero tú has sabido acabar con esa relación.

Tarde y mal.

Y eso es lo que me da miedo,

que se parece mucho a lo que hacía mi madre.

Veía a alguien complicado y se enganchaba.

¿Sabes? Yo no quiero eso.

Quiero una relación con alguien que respete mi trabajo

y que sepa darme mi tiempo y mi espacio.

Pues entonces creo que los dos buscamos lo mismo.

¡Guau!

(Timbre)

-Qué agradable sorpresa. -He venido a hablar de trabajo.

-Estas no son horas de hablar de trabajo.

Son horas de relajarse, ¿quieres tomarte una copa?

-No, gracias. -Pues nada, hombre. Pasa.

¿No quieres al menos sentarte?

A ver, ¿qué es tan urgente que no puede esperar hasta mañana?

-Primero, disculparme por la manera en que me he ido hoy del "pub".

He sido poco profesional.

Una oferta de trabajo o se acepta o se niega,

pero no se va uno de los sitios así.

-Disculpas aceptadas.

-Y también quería decirte que

acepto el trabajo si la oferta sigue en pie.

-Por supuesto que sigue en pie,

pero te confieso que no me lo esperaba.

-¿Decepcionado? -Para nada.

Esto merece una copa, ¿no? -No, gracias.

-Pues yo voy a ponérmela.

Oye, Luis,

¿qué te ha hecho cambiar de opinión exactamente?

-He tenido tiempo para pensar.

He dado un largo paseo y he valorado los pros y los contras.

-Lo habrás consultado con tu familia, ¿no?

-Por supuesto.

-Me sorprende que lo hayan aceptado.

-No lo han hecho, están todos en mi contra.

-Que me cuentes esto y aceptes mi oferta, me desconcierta.

Pensaba que los Soler erais una piña y tomabais las decisiones juntos.

-Estamos muy unidos y me interesa mucho su opinión,

pero, en este caso, tengo mi propio criterio.

-¿Y cuál es ese criterio?

Porque esta mañana pensabas lo contrario.

¿Qué es lo que te ha hecho cambiar tanto?

-No quiero separarme de ti.

Sé que te has portado mal conmigo y con mi familia

y que no me conviene tener una relación contigo, pero...

Para pensar eso tendría que utilizar solo el cerebro y no...

-Te gusta jugar con fuego, ¿eh? -Me gustas tú.

Demasiado.

-Sígueme.

-Elías, qué sorpresa. ¿Qué haces por aquí a estas horas?

-¿Tienes un momento?

-Sí, claro. ¿Vienes a comentarme algo sobre Sandra?

-No vengo a comentarte nada, vengo a hacerte algunas preguntas.

-¿Preguntas a mí? Bueno, está bien.

Dispara. ¿Quieres tomar algo? ¿Un poco de agua? ¿Un café?

-No, no, no quiero nada, gracias.

-Si no te importa, yo sí me voy a tomar algo.

Tú dirás.

-Estoy buscando

a un camello que igual te suena de algo.

Se llama Iván Moreno, alias el Turbo.

-Alias el Turbo.

Pues por ese apodo no me suena, la verdad.

-¿Seguro que no te suena?

Es un tipo muy conocido en Valencia que se ha movido a Madrid.

-Si lleva poco tiempo en Madrid, es lógico que no lo conozca.

-¿No se te ocurre a alguien que pueda conocerlo?

-Pues no sé, siendo de Valencia,

lo más normal sería que preguntases a los Soler o a Santos Mercader.

-Lo de Mercader ya lo sé, necesito algo nuevo. Algo más.

-Ya.

Elías, ¿me estás diciendo que tú necesitas algo nuevo?

¿Que tú necesitas algo más?

¿Y yo qué demonios se supone que necesito?

Porque llevo muchos días sin tener noticias de Sandra o el secuestro.

Os pasáis el día en la comisaría sin dar un palo al agua

¿y ahora te presentas aquí con exigencias?

-Esto se ha convertido en algo tan personal como lo de Sandra.

-¿Algo personal?

-Está bien, está bien.

¿Qué demonios te ha hecho ese tío?

-Le pegó una puñalada a mi hijo. -¿Qué?

Pero ¿cómo que le ha pegado...? ¿Cuándo...?

Sobre todo, ¿cómo está Israel?

-Está en coma, pero los médicos no saben si va a salir y si sale...

No saben si se quedará vegetal.

-Joder, no sabes cuánto lo siento, amigo, no sé qué decir.

-¿Entiendes que quiera encontrarlo? -Sí, claro que lo entiendo.

Haré todo lo posible por ayudarte, a ver si lo podemos encontrar.

Pero prométeme una cosa, no hagas ninguna locura.

-Tú encuentra al Turbo y no me digas cómo tengo que hacer las cosas.

-A ver, Elías, por favor, escúchame.

Tú hijo está pasando por una situación muy difícil.

Dios no lo quiera, pero es probable que te necesite el resto de su vida.

Ese maldito camello ya te ha jodido bastante la vida,

no permitas que te arruine el poco de carrera que te queda.

-Sigue suelto en la calle, no puedo mirarme al espejo.

-Lo sé, Elías, por eso te voy a ayudar, no te preocupes.

¿Vale? Pero haz caso de lo que te he dicho, ¿sí?

-Tú eres padre, Quintero.

Cuento contigo, ¿vale?

-No te preocupes, te voy a ayudar en todo lo que pueda.

¿Seguro que estás bien?

¿Quieres que coja el coche y te acerque a tu casa?

-Buenas noches.

-Tallo. No me conoces, te llamo de parte del Chopo.

Me dijo que podía preguntarte por alguien

y me conseguirías información.

-Cogiste a un civil de rehén y le metiste un navajazo

delante de la policía, ¿en qué coño piensas?

-Fue un acto reflejo. Lo hice para huir.

Estaba vendiendo tu mercancía.

-¿Sabes que el chaval que apuñalaste es el hijo del policía

que iba a detenerte? -¿Qué dices?

-Se debate entre la vida y la muerte en el hospital.

-Siento que la última vez que hablamos fuera para discutir.

Y por eso tienes que despertarte, hijo, porque...

Tenemos que arreglar las cosas.

-Vete al Hotel Continental,

hay una habitación reservada a nombre de Jacinto Morales.

El conserje te indicará. -Pero...

-No te preocupes por nada.

Enciérrate en esa habitación y no salgas hasta nuevo aviso.

¿Qué pasa?

Tenemos que ir a comisaría. Ángela tiene noticias del paradero de Turbo.

-Esta noche voy con Marga a un concierto

y había pensado en coger una habitación de hotel

para irnos después a dormir.

-A dormir.

-No te cachondees, te hablo en serio.

-No sé cómo decirlo, no quiero que te rayes.

-Al final me rayo de tantas vueltas que le das, dilo ya.

-Había pensado que, si te apetece,

después del concierto podemos ir a un hotel a pasar la noche juntos.

-Quería saber tu opinión sobre la doctora Ramir.

Está llevando el caso de Isra y me ha dicho Claudia que la conoces.

-Sí, fue una compañera de facultad.

Te seré sincero, cuando me enteré que ella llevaba el caso de tu hijo,

la llamé para conocer su situación.

-¿Qué te dijo?

-No puedo darte esperanzas que es a lo que has venido.

¿Quién os ha dado el aviso? ¿Ángela? Sí, está metida a fondo en el caso.

Las imágenes son de unas cámaras de tráfico en la calle

donde vive Santos Mercader y han captado la presencia de Turbo.

Señor Mercader, me gustaría preguntarle si conoce

a este hombre.

Iván Moreno, también le conocen como Turbo.

Le buscamos por agresión con arma blanca y tráfico de drogas.

¿De dónde sacan que tenga alguna relación con ese hombre?

De unas imágenes de unas cámaras que sitúan a Turbo

circulando por su misma calle.

Creo que hemos conseguido ponerle nervioso.

Solo nos queda encontrar a Turbo y hacer realidad la amenaza.

-He aceptado el trabajo de Santos.

Voy a ser el encargado del Moonlight.

Quiero estar cerca de él para vigilar sus pasos, encontrar pruebas

para que lo enchironen y desaparezca de Distrito Sur.

-Dejaste que lo apuñalaran delante de tus narices.

-Fue todo muy rápido.

Se pusieron nerviosos, amenazaron a Israel

y para que dejáramos las armas.

Él hizo un mal gesto y le dieron un navajazo.

Fue muy rápido, no sé. -Tenías que haberlo visto venir.

¿Para eso te sirve toda una vida de adicción al trabajo?

¿Anteponiendo tu oficio a la familia siempre?

-Ponme un güisqui solo.

Otro.

-Venga, Elías. Cógelo, por Dios.

-"Este es el contestador de Elías Guevara.

Deja un mensaje después de la señal, gracias."

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Servir y proteger - Capítulo 572

12 ago 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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