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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 563 - ver ahora
Transcripción completa

¡Le estoy diciendo

que yo no he pedido ningún microcrédito!

Por supuesto que lo voy a comprobar. Claro que sí.

-¿Qué pasa?

-Esta mañana me ha llegado un email reclamándome 4000 euros.

-Últimamente, ese tipo está frecuentando el centro cultural

los miércoles entre las cuatro y las seis de la tarde.

¿Y cómo sabríais quién es? No tenemos descripción de Sandokán,

ni sabemos desde qué teléfono se va a conectar.

Eso no podemos saberlo, pero si yo intervengo

la red wifi del centro cultural, desde ahí puedo averiguar

si hay algún usuario intentando robar datos a otros usuarios.

-¡Quieto ahí! ¡Alto, policía!

-Yo no he hecho nada. -Quieto ahí. Contra la pared.

-Hemos detenido a Sandokán y ha cantado como un pajarito.

Lo ha confesado todo.

-No vas a tener problema en demostrar que fuiste víctima de una estafa,

y de una suplantación de identidad.

-Lo que me preocupa mucho es,

si tengo algo grave, ¿qué va a ser de mis hijos?

-¿Se han dado cuenta de tus despistes?

-Sí.

Pero he intentado disimularlo.

-Yo no soy un especialista,

tendría que determinarlo el neurólogo,

pero podríamos estar ante...

un claro caso de degeneración bascular en el cerebro.

-¿Me está hablando de... Alzheimer o algo así?

Eso no puede ser porque yo no soy tan mayor.

-Es una posibilidad.

-De verdad, siento un montón...

En la que os he metido, encima con la que tienes...

No me lo puedo creer. -No, pero...

A ver, olvídate ya de eso. ¿Has pensado en algún comprador?

Ya, mi mejor opción es un periodista.

Me ha pasado el contacto una colega hacker.

-Mira, Damián, no te preocupes. Yo me voy a mantener callado.

A cambio...

de 60 000 euros. (DAMIÁN RÍE)

-Tú estás loco.

-Tú sabes que estoy hablando muy en serio.

-¿De verdad te arriesgarías a ir a la cárcel,

con tal de arrastrarme a mí también? -Ponme a prueba.

-Perdona.

Hablabas de una ferretería, ¿no será la de Damián?

-Sí, claro, es mi padre. -¡Ah!

¿Tu nombre es? -Marga.

-¿Cómo reaccionaría si supiera que su padre

no es el hombre amable y pacífico que aparenta sino un asesino?

Puedo ser muy convincente.

No me costará mucho que me crea.

Empezaré por contarle que soy detective,

y que tú me contrataste para encontrar a esos delincuentes,

que justamente son los que la violaron.

-¡No, Dios! ¡Maica!

(Disparos)

¿Crees que Sandra tiene alguna posibilidad de librarse de todo esto?

-Al parecer, los secuestradores responden ante Mercader.

Y Mercader sabe perfectamente que tanto tú como yo

estamos buscando a esa chica.

Mientras le sea útil, supongo que la mantendrán con vida.

-¿Qué más quieres que te cuente? -¡La verdad sobre Quintero!

-Lo único que sé es que estaban muy enamorados.

Quintero nunca le habría engañado con eso,

si lo hubiese hecho, ella se habría dado cuenta.

-¿Y por qué confiaba ella tanto en su palabra?

-Sabía que lo más importante para él son sus hijos y su nieto.

(SANDRA LLORA)

-Y no le hagáis daño, al menos de momento.

Tengo planes para ella.

(Música emocionante)

Buenos días.

Pero bueno, dormilona, qué tarde te has levantado hoy.

Qué bien, hay café hecho. (ESPE ASIENTE)

¿Esta camiseta es tuya o de Paty?

Mía. Pues No te he visto nunca con ella.

Bueno, a veces me la pongo para dormir.

Pero es muy grande. ¿Qué talla es? ¿La XL?

Esto te está enorme. No tanto.

¿Y dónde te la has comprado?

Es de Álvaro. Ah, ¿es un regalo de Álvaro?

Sí.

Se la dejó y no he encontrado el momento para devolvérsela.

Perdona, no quería ser pesada. No, perdóname tú.

Es que...

Que es lo último que te queda de él, ¿no?

Por eso no se la quieres devolver.

Oye, ¿no estarás pensando en volver?

No, para nada, lo tengo claro.

Simplemente es que al ser lo último que me queda de él,

si se lo devuelvo es como decir:

"Vale, ya. Está claro, nunca más".

Bueno, pero piensa

que sufriste mucho en esa relación.

También nos quisimos mucho, Espe.

Había mucho amor,

y supongo que la camiseta me recuerda esos momentos buenos.

Que Álvaro me quiere, que yo le quiero...

Que nos queríamos, en pasado.

¿Seguro que es en pasado? Sí.

Tengo claro que lo nuestro es imposible.

Si es imposible asúmelo de una vez y no le des más vueltas.

Esto es como un yonqui que quiere dejar la droga.

¿Qué se le dice? Lo primero que se le dice

es que se aleje de los amigos con los que consumía.

Menuda comparación. ¿Qué pasa?

Un poco exagerada, pero tú ya me entiendes.

Es increíble, pero por más veces que la laves...

A veces me parece que sigue oliendo a él.

Tráela, hombre.

¿Qué vas a hacer? Pues devolvérsela.

Y más ahora, que sabes que es suya, no pararás de darme la turra.

¿Te puede dar un consejo? Sí.

Que no sea un refrán, por favor. Pero ¿cómo lo sabías?

Nada de un clavo saca otro clavo

y una mancha de mora con otra verde se quita.

No, por favor. No te iba a decir eso, lista.

Te iba a decir algo parecido, pero eso no.

Yo te agradezco los consejos.

Pero no estoy para tíos, de verdad.

Eso es porque todavía no te has encontrado

con uno que valga la pena. Ah, ¿que quedan de esos?

Pues no.

-No entiendo por qué a ese periodista

no le interesó la información del pendrive,

después de tenernos toda la noche de un lado para otro.

-Ya le oíste: es una cuestión de ética periodística.

Por lo visto en el periódico

no están dispuestos a pagar por ninguna información.

-Después de lo que corre por ahí,

ya es mala suerte encontrarte con un periodista honrado.

¿Y ahora qué vas a hacer?

-Buscarme la vida y encontrar otro comprador, no me queda otra.

Y lo antes posible.

No me gustaría tener que usar el gas pimienta que me regalaste.

-¿Y has pensado en alguien?

-No, pero ya se me ocurrirá alguien.

Bueno, vamos a dejar de hablar de mí que ya es un tostón.

¿Qué te ha dicho el neurólogo?

-Ya te dije que no quiero hablar de ese tema.

Me están haciendo más pruebas. Ayer me hicieron una tomografía.

-Tú no te preocupes... (ALGUIEN ENTRA)

-Buenos días. -Hola, hijo.

Sí que te has levantado pronto, ¿no?

-No he podido dormir. -¿Y eso?

-Ayer estuve buscando los cuadernos de contabilidad,

y encontré esto. -¡Ah!

-¿Me lo explicas?

-Bueno, son unos ejercicios para la memoria.

Hay gente que hace sudokus o crucigramas.

Pues yo eso. -No entiendo por qué.

-Porque el doctor Torres me dijo que la memoria es como un músculo,

que a partir de cierta edad se tiene que ejercitar

para que siga funcionando con normalidad.

-Ya, y tú corriste a hacerle caso. -Es que se puso muy pesado.

La verdad, no sé por qué los hago, yo no los necesito.

-Me parecen un poco raros, mamá.

"¿Que día se celebra la navidad?

Describa a la persona que tiene frente a usted.

Termine esta frase: ¿El bolígrafo sirve para...?"

¿Pretendes que me crea

que estas preguntas se hacen a alguien que está perfectamente

para ejercitar su memoria? -Luis, me estás poniendo nerviosa

con el interrogatorio.

Además, le estamos amargando el desayuno a nuestra invitada.

-No, no, a mí no me metas que yo ya he terminado.

-Pues yo no quiero hablar más de este tema.

Se acabó.

-A ver, Elvira,

¿no crees que es un buen momento para sincerarte?

Es tu hijo mayor, merece saber la verdad.

-¿Alguien me puede explicar qué está pasando aquí?

-Venga.

Yo me voy a mi cuarto, así podéis hablar.

-Siéntate, cariño.

Estos ejercicios,

sí que me los recomendó el doctor Torres.

Y sí que sirven para la memoria.

-No me cuadra que te diagnostique una anemia,

y te dé ejercicios para la memoria. Mamá...

cuéntame la verdad.

-Es que no tengo anemia.

-¿Qué tienes?

-Pues... Eeeee...

Parece ser que...

Alzheimer.

-El Alzheimer es un enfermedad de viejos, mamá,

y tú eres muy joven.

-Ya, eso mimo le dije yo al doctor Torres.

-¿Y el doctor Torres qué sabe de esto?

Él es un médico de familia.

Esto te lo tiene que diagnosticar un neurólogo, mamá.

-Ayer por la tarde estuve en el neurólogo.

Y aunque no es seguro al cien por cien,

porque aún me tienen que hacer más pruebas,

pero parece que sí, que se trata de Alzheimer.

-De ahí venían los olvidos, ¿no? Y los despistes.

¿Por qué me lo ocultaste?

-Porque no quería preocuparte.

Y porque no quiero que me veas como una persona débil y enferma.

Quiero que me sigas viendo como siempre.

-Mamá, yo nunca te voy a ver como una persona débil, nunca.

Soy tu hijo, y voy a estar aquí pase lo que pase.

-Esto lo ves así ahora, pero...

¿y cuando ya no pueda reconocerte?

-Pues si eso pasa, que no sabemos si va a pasar,

pero si eso pasa,

seguiré pensando lo mismo.

Porque yo sí que seguiré sabiendo quién eres tú.

¿Eh?

(ELVIRA SOLLOZA)

-Vamos a ver, es que yo necesito el dinero cuanto antes.

¡Que no voy a esperar a que le concedan la hipoteca!

¿Cuánto ofrece el que lo daría al contado?

Muy bien. Dígale que si lo ingresa hoy mismo, la casa es suya.

Que sí, hombre, ya sé que estoy malvendiendo la casa.

Muy bien.

No se olvide de mandarme el justificante de la transferencia.

¿De acuerdo?

Muy bien. Adiós.

Qué desastre... -Hola.

Hola. -¿Qué quieres?

-Eh... ¿no está Marga?

Habíamos quedado para tomar un café. -Pues me alegro mucho, pero no está.

-¿Y sabe cuándo va a volver?

-¿Y tú no le puedes enviar un mensajito?

-Bueno, lo siento. No quería molestar.

Me voy.

-Espera, espera... Perdona.

Es que acabo de tener una mala noticia,

y tengo un humor de perros. Perdona, no es culpa tuya.

-No sé si le puedo echar una mano en algo.

-No. Gracias.

No te preocupes, tampoco era tan serio.

¿Y tú qué tal? -Bien. De camino al gimnasio.

Lo que pasa es que había quedado con Marga para tomarnos un café.

-Está bien eso del gimnasio, ¿no? -Sí,

le ayuda a uno a sentirse bien consigo mismo.

Hay que estar en forma. -Y uno se ve más cachitas,

y le puedes gustar un poco más a Marga.

-Yo no me he apuntado al gimnasio por...

-Que sí, hombre, no te preocupes que lo entiendo.

Ahora, te doy un consejo, a Marga lo superficial, nada.

-A lo mejor le suena un poco moñas, pero...

Es que cuando estoy con Marga,

tengo la sensación de que me puedo superar a mí mismo.

-Pues mira, un poco moñas sí que suena.

Pero me gusta.

Me gusta que lo reconozcas, que quieras superarte.

Me gusta.

Y me alegra que Marga y tú os llevéis tan bien, en serio.

-Gracias.

-Cuídala. -Por supuesto.

-No, por supuesto no.

Como me entere de que le haces lo más mínimo,

el más mínimo daño, por poco que sea,

ni el gimnasio, ni las pesas, ni ponerte cachas

te va a valer de nada.

No sé si estoy siendo lo suficientemente claro.

-Totalmente, totalmente.

Bueno, yo me voy a La Parra.

Si viene Marga, ¿le puede decir que estoy allí?

-Sí, sí, puedo. -¿Y lo va a hacer?

-¡Que sí, hombre que sí! (RÍEN)

-Gracias. -Adiós, chaval.

-Hasta luego. Chao.

-¡Qué jodido!

Álvaro.

¿Qué tal? ¿Tienes un momento?

Sí, claro.

¿Vienes a interrogarme o podemos tomarnos un café?

No tengo tiempo, hay mucho lío en comisaría.

Quería darte esto.

Te lo dejaste en casa. No la quiero.

Yo tampoco.

Necesitas olvidar todo lo que te recuerda a mí, ¿verdad?

No tienes suficiente con haberme dejado,

sino que tienes que olvidar cada recuerdo que tenemos juntos.

Para mí tampoco es fácil, ¿sabes? Por muy claro que lo tenga,

tener recuerdos tuyos alrededor me pone las cosas muy difíciles.

Lo entiendo. Es solo que no me lo esperaba.

Yo te aprecio, Álvaro, mucho.

Y por eso debemos dejar las cosas bien claras, cerrarlas.

Tú y yo como pareja nos hacemos daño,

en cambio, si nos esforzamos en pasar página,

quizá podemos llegar a ser amigos.

Me dijiste que todavía me quieres y que eso no es suficiente,

pero dime lo que tengo que hacer y lo haré.

¿Tú no te das cuenta de que...?

Sí, me doy cuenta de que es por mi familia, no soy tonto.

Pero me voy de casa de mi madre y me alejo de ellos.

Basta, deja el tema. Vámonos de Madrid.

Te juro que no vuelvo a tener contacto con ellos.

Yo no quiero eso, nunca te he pedido algo así.

Ya sé que no me lo has pedido nunca, pero...

Es lo que hay, sé que mi familia es el problema.

Creo que es más complicado que eso. Por favor, dime qué tengo que hacer.

Tienes que admitir que lo nuestro no funciona.

Ni funcionará nunca.

Tienes que intentar centrarte para salir de este bucle, Álvaro.

Como estoy haciendo yo.

Has conocido a otra persona, ¿no? No.

Si has conocido otra persona quiero saberlo ahora.

¿De verdad crees que corté contigo porque conocí a alguien?

¿En serio?

Creo que sabes perfectamente por qué lo dejamos.

Tenemos lealtades distintas.

Y además, te cargaste toda la confianza que teníamos.

Te la dejo.

A ver, ¿cómo de interesante es esa información?

Ya sabes que soy un buen pagador si la información lo vale.

Suena bien, pero tendrás que ser un poco más específico.

¿Y estás seguro de que esos nombres aparecen en el informe?

Me interesa, mándame toda la información por escrito.

Y cuenta con una buena recompensa.

-¿Se puede saber qué demonios estás mirando?

-Yo también te deseo buenos días, Quintero,

es un placer volver a verte.

-Pues a mí me acabas de joder la mañana.

Solo verte ya me da nauseas. -Nauseas...

-¡Antonio! Gracias. -¿No será por la resaca?

¿Cuántas copas cayeron anoche?

Deberías hacer caso a la gente que te quiere,

y apartarte de la bebida.

-¿Qué pasa, me estás espiando? -Qué palabra más fea, espiar.

No, yo solo soy un ciudadano bien informado.

-¿Y qué más te han dicho esos informadores sobre mí?

-Que llegaste a estar en lo más alto de los negocios,

pero ahora estás a punto de tocar fondo. Tu negocio se hunde.

Has hecho el ridículo en la política y por eso te refugias en la bebida.

-Vaya, pues sí que te han contado cosas.

¿No te han dicho también que me importa un carajo arruinarme?

¿Que a mí el dinero me da exactamente igual?

Porque el dinero es algo que va y viene,

y si hablamos de política,

me importa todavía menos que el dinero.

-Es una pena que no tengas un plan B.

No puedes volver al negocio de la droga,

estás demasiado vigilado.

Si pierdes la empresa lo pierdes todo.

¿Por qué no me vendes tu negocio?

Con lo que saques puedes empezar una nueva vida,

quizás lejos de Madrid,

aquí ya no tienes nada, Quintero.

-¿Vender Transportes Quintero a ti?

Antes le prendo fuego. -Es una oferta en serio.

Estoy buscando negocios para invertir.

-Lo que tu buscas es una tapadera en Madrid

para tus amiguitos del cártel de Jalisco.

-Estás obsesionado con la droga. Aquí el único narco eres tú.

Yo solo soy un honrado hombre de negocios.

-¿Sabes lo que tú eres, Santos Mercader?

Tú ya eres un hombre muerto. Tenlo en cuenta.

-¿Me estás amenazando?

Te advierto que en los calabozos de la comisaría no sirven alcohol.

-Te guste o no, voy a encontrar a Sandra Vallejo.

-Perdona, ¿de quién hablas?

-Y será mejor le digas a tus amiguitos mejicanos,

que no lo toquen ni un solo pelo.

Porque cuando la encuentre, todo lo que la hayan hecho

te lo voy a hacer a ti multiplicado por diez.

-Veo tanto dolor en esa mirada, Quintero.

Debe ser durísimo ver cómo la mujer que amas muere en tus brazos.

-Será mejor que no sigas por ahí. -Eso podría volver loco a cualquiera,

pero no justifica ni las amenazas ni los insultos.

-La chica que apareció en el río muerta,

y que le faltaba una mano,

¿fue cosa de los mejicanos o fue cosa tuya?

-Estás delirando,

se ve que la bebida te reblandece el cerebro.

-Verás, dile a tus amigos mejicanos que no les tengo miedo.

Y a ti tampoco.

Diles también que estoy muy loco,

y soy capaz de hacer cualquier cosa con tal de encontrar a Sandra.

Me da exactamente igual terminar en la cárcel o morir.

Pero te juro por Dios que cuando la encuentre,

todos los que hayan tenido que ver con ese secuestro,

lo van a pagar muy caro, incluido tú.

-Te deseo buena suerte, Quintero. Que pases un buen día.

-Yo solo te he traído problemas. -No, si no hubiera sido por ti,

esta mañana no le hubiera dicho nada a Luis.

-Y mira lo bien que ha ido. No hay nada como ir de frente.

-Es que él es mi gran apoyo. -Es un tío estupendo,

y comprensivo, y cariñoso...

Tienes un hijo que es una joya.

(Teléfono)

¡Ay!

¿Sí?

-"¿Coco? -Sí, soy yo. ¿Quién es?

-Mi nombre no importa. Te llamo porque estoy interesado

en comprar un pendrive que tienes a la venta.

-¿Quién le ha dicho que yo quiero vender un pendrive?

-¿No es cierto?

-Depende de quién esté llamando.

No estoy dispuesta a vendérselo a cualquiera.

¿Es usted periodista? ¿Para qué lo quiere?

-No, nada que ver."

Solo soy un hombre de negocios que valora mucho la información.

Y la información que contiene ese pendrive me interesa.

¿Está dispuesta a hacer negocios?

-A lo que no estoy dispuesta es a recibir amenazas.

No tengo miedo ni de los matones

ni de los anónimos que estoy recibiendo.

-"No sé de qué me habla".

Pero le aseguro que estoy dispuesto a pagar una gran cantidad de dinero

por ese pendrive.

Eso sí, antes de cualquier transacción,

me gustaría que nos viéramos las caras.

Quiero mirarle a los ojos para saber que no intenta engañarme.

-¿Y qué propone?

-Hotel Avenida, ocho de la tarde.

Pregunte por el señor Ramos. Tengo reservada una habitación.

-¿Y cómo sé que no es una trampa? (SANTOS RÍE)

-"Me temo que eso es imposible de saber,"

por eso le llaman trampa. La estaré esperando.

-¿Qué te ha dicho, quién era?

-Un tipo que quiere comprar el pendrive.

Hemos quedado en un hotel esta tarde, en el centro.

-No estarás pensando en ir. -¿Y tengo alternativa?

Necesito el dinero, y esto se está poniendo cada vez más feo.

Yo tengo que soltar el pincho este cuanto antes.

Yo me voy a arriesgar. -Pues yo voy contigo.

(Puerta)

Ahora no.

Comisario, ¿tienes un minuto?

¿No puede ser en el briefing de las 12?

Ahora estoy con lo de Santos Mercader.

Presamente. Acaba de llegar... Lo informes de Valencia, ya lo sé,

pero me estoy centrando en esto y si me das más datos, pues...

Emilio, acaba de llegar el inspector Font

de la UDYCO de Valencia,

que es precisamente el inspector que nos mandan de refuerzo

en Jefatura para el caso de Santos Mercader.

Perdona. Que pase, por supuesto. ¡Adelante, inspector!

Hola. Buen día, comisario. Buenos días, señor Font.

Gracias por recibirme. No quería interrumpir.

¿Cómo está, qué tal el viaje?

Bien, hoy en día con el AVE es un paseo.

Sea bienvenido, y espero que el trabajo en esta comisaría

lo haga usted a gusto, y por mi parte,

sepa que contará con todo mi apoyo para que sea fructífero.

Muchísimas gracias.

Yo a su disposición para lo que necesiten.

Lo que necesitamos es atrapar a Santos Mercader,

sobre todo antes de que nos llene el barrio de droga.

Creo que viene pisando fuerte. ¿Trae información relevante?

Sí, por lo que hemos podido averiguar,

Mercader ha establecido una alianza muy sólida con el cártel de Jalisco.

Van a montar un autopista de la droga

para distribuir la cocaína mejicana en toda Europa,

y la primer parada es este barrio. Vaya, hombre, pues qué honor.

¿Y qué dificultades encontró la UDYCO para no poderlo atrapar?

Bueno, Santos Mercader es un tipo listo,

conoce la legislación y los procedimientos policiales,

y se mueve siempre en el límite de lo legal.

Todo el trabajo sucio lo delega siempre en lugartenientes.

El lavado de dinero es impecable

y no tiene nada sospechoso a su nombre.

Parece que estudió bien las leyes en la facultad.

Sí, es lo habitual en cualquier narco que se precie,

también lo hacía Somoza, y en su día Quintero.

Aparte de que el tipo es muy astuto,

la UDYCO tampoco quiere detenerlo por narcotráfico a pequeña escala,

sabiendo que está en tratos con un cártel mejicano de alto nivel.

La idea es montar un operativo estratégico

con el que podamos hacer caer toda la red,

aquí y en Méjico.

Pero para un operativo de ese calibre,

yo creo que no va a ser suficiente con un inspector de refuerzo

que viene de fuera.

Además, ese tipo de operativos estratégicos

me recuerdan a otros operativos que hemos organizado

con colaboradores externos que venían por libre,

y no nos han dado muy buen resultado.

Inspectora, mis instrucciones

son amoldarme a su línea de investigación,

y tratar de aportar los conocimientos que he ido acumulando

después de un año investigando a Santos Mercader.

Pero este caso lo lleva Distrito Sur. Pues celebro oír eso, y si es así,

trabajaremos en colaboración

para atrapar a ese malnacido cuanto antes.

Muy bien. Una vez aclarado esto, dígame qué sabemos

de los movimientos de Mercader en Madrid.

Pues no mucho, la verdad.

Con las 48 horas de escuchas telefónicas

que nos autorizó el juez

detectamos que se había trasladado aquí a la capital,

y que estaba buscando un chalet que a día de hoy ya ha alquilado.

Eso, y que está interesado

en montar un negocio de cara al público en Distrito Sur.

Una tapadera, vamos.

¿Y qué tipo de negocio, sabemos?

Primero vamos a dejarle que se instale.

Ahora nuestra prioridad, aparte del seguimiento de Mercader,

es saber qué vínculo tiene con la muerte de Maica Vallejo,

y sobre todo, si su hermana Sandra sigue viva.

De ese punto en concreto, sabe usted más que yo.

Si me puede pasar el dosier. Sí, por supuesto,

vamos a mi despacho y se lo enseño. Perfecto.

Muchas gracias, comisario. Bienvenido.

Venga, vamos.

Por ahí.

Adelante.

Espero que no... que no te haya sentado mal

lo que te he dicho en el despacho de Bremón.

Si es así, discúlpame. Para nada. No tengo la piel tan fina.

Bueno.

La verdad es que hemos tenido un par de experiencias negativas

con los refuerzos que han mandado a veces de Jefatura.

Osorio. No, Osorio no, por Dios.

Osorio demostró ser un magnífico inspector y un estupendo compañero.

Espero estar a la altura. ¿Sabe qué?

En Valencia se habla mucho de Distrito Sur,

sobre todo desde que destinaron allí a Alicia Ocaña.

¿La conoces, has trabajado con ella? De vista.

No hemos coincidido en ningún operativo.

Lo que sí conozco es la fama que tiene.

Es de lo mejorcito que ha pasado por aquí.

Pero volviendo a Osorio,

lo que pasó con él fue una auténtica tragedia,

y yo no quiero que se repita.

Prefiero ser dura al principio y detener a Mercader sin problemas,

que simpática y que salgas de esta comisaría

envuelto en una bandera.

No estoy aquí para hacer amigos sino para detener a un criminal.

No necesito que me digan las cosas en verso, al contrario,

golpear la mesa alguna vez le viene bien a todo el mundo.

Me alegro de que lo entiendas, y por favor, tutéame.

Hecho. (MIRALLES ASIENTE)

(Puerta)

¿Querías verme? Sí, sí, pasa.

Silvia, te presento al inspector Alejandro Font.

La inspectora Silvia Orestes. Encantada.

¿Qué tal, cómo estás?

El inspector Alejandro Font viene de la UDYCO de Valencia,

Le ha hecho un seguimiento intensivo a Mercader

durante aproximadamente un año,

y por eso de Jefatura nos lo han enviado,

para que coordine todo el operativo.

Y yo quiero que tú seas el enlace con él en la comisaría.

Perfecto.

Entonces, se confirma. Parece ser que ese narco

quiere instalar su chiringuito en Madrid.

Desgraciadamente, no tenemos muchas pruebas contra él,

y por eso está en la calle con imagen de empresario modélico.

Como tantos otros narcos.

Tiene un historial impecable,

así que necesitaré ayuda para montar el caso.

Cuenta con ello.

Alejandro te pondrá al día, pero ya te adelanto que Mercader

ya se ha instalado en Madrid, ha alquilado un chalé de lujo

y está buscando negocios legales para invertir.

Me imagino que todo ello financiado por el cártel de Jalisco.

No tenemos todos los detalles de su alianza con el cártel,

pero lo que sí es seguro es que Mercader

va a ser el hombre importante de los mejicanos en España.

¿Y hasta qué punto podremos implicarle

en la muerte de Maica Vallejo, y en el secuestro de su hermana?

Te veo bien informada.

Me gusta saber en qué andan mis compañeros.

A Maica Vallejo la mató el cártel de Jalisco, está claro,

y hay evidencias de los contactos de Mercader con el cártel.

El resto está por demostrar. ¿Y tú qué piensas?

Creo que Mercader no está implicado en la muerte de Maica,

y creo que Sandra está viva, y él sabe dónde está.

Si estuviese muerta ya habría aparecido el cadáver,

el cártel usa sus muertos como demostración de fuerza.

Como hizo con el cadáver de la chica que apareció en el Manzanares.

Sí, estoy informado, y por eso creo que está viva.

Y más pronto que tarde la usarán como moneda de cambio,

lo que no sé es a cambio de qué.

Lo que está claro es que este caso es prioritario,

hazle un tour rapidito por comisaría,

y que se instale en la antigua mesa de Alicia.

Entendido.

Y hacéis una puesta en común con Elías.

¿Listo? Deseando empezar.

Venga, prioridad absoluta.

Ay, perdona por el retraso, nano.

-¿Ha pasado algo? -No, no.

Había quedado con Marga antes de ir al gimnasio,

estaba hablando con ella y me he entretenido.

No sé qué me pasa con esta chica que se me va el santo al cielo.

Estoy pensando entrarle,

pero me da mucha cosa cagarla, la verdad.

¿Qué te pasa, que no dices nada?

-Sí que digo.

-Sí que dices, pero no escuchas. ¿Qué te pasa?

-Estoy pensando en mis cosas.

-Estás pensado en tus cosas, otro como la mamá.

-¿Que pasó con la mamá? -No sé, tío.

Parece que está empanada, ida. No sé qué le pasa.

-Eso es por la anemia. -¿Por la anemia?

Ya, y lo tuyo también es por la anemia, ¿no?

Vale, no me lo digas,

esto tiene que ver con el Santos este.

¿Lo has dejado con él? -No. No preguntes, de verdad.

No tiene importancia.

-OK.

Solo te voy a decir que los hermanos están para apoyarse

y contarse las cosas.

A mí me gusta poder contarte cuando me pasa algo.

¡Venga, nano, cuéntamelo!

Se te nota a la legua que estás deseando soltarlo.

¿Qué pasa, tío?

-¿Soltar el qué? -¡Ay, mamá! Joder, qué susto.

-¿Que pasa, estabais discutiendo?

-No.

Luis no se termina de decidir a contarme una cosa.

-Ah, hijo, ya lo sé.

Es que esta mañana hemos discutido él y yo.

Cuéntaselo. -Venga, cuéntamelo.

-Cuéntaselo.

Bueno, pues ya se lo cuento yo.

Hemos discutido porque no quiere subir el precio del alcohol.

-¿El de aquí o el adulterado? -El del adulterado.

Mira que me canso de repetirle,

que cuando ya estamos instalados, controlamos el mercado,

ofrecemos un producto competitivo, es el momento de subir precios.

-Eso mismo pienso yo. -Pues él que no y que no.

Le he dicho que suba un 5%, pues no hay manera.

-Es lo que hay.

-Es lo que hay.

¿Sabes qué pasa? Que de esto se encarga él,

yo no voy a decir nada. Me voy para adentro.

-No habrás hablado de lo que no hay que hablar, ¿no?

-No le he dicho nada. -Mejor.

No es el momento de decírselo.

¿Tú has visto cómo está con esa chica?

-¿Y eso qué tiene que ver?

-Pues que si yo le digo que tengo Alzheimer,

se va a quedar en casa cuidándome.

-¿Y a Álvaro? A Álvaro se lo podemos decir.

-No, tampoco, cariño.

Después de lo de vuestro padre no levanta cabeza,

y encima le deja Silvia.

Además,

no hay que adelantar acontecimientos.

Faltan los resultados del neurólogo.

-Uno porque está triste y el otro porque está contento.

Esto no tiene sentido, mamá.

Somos una familia,

y tenemos que gestionar esto todos juntos, por favor.

Por favor.

-Yo sé que para ti es muy difícil,

pero tenemos que esperar.

Te prometo que cuando sea el momento adecuado se lo diremos.

Gracias por ser tan comprensivo, cariño mío.

-¿Quieres tomar algo? -No, no.

Solo he entrado a saludaros.

He quedado con Coco.

¡Venga!

-Os dejo la cuenta. ¿Qué tal la tortilla?

-Buenísima, no me extraña que tenga tanta fama.

-Pues ya verás, si la pruebas mañana por la mañana,

recién sacada, calentita...

-No hace falta que pagues tú. Es tu primer día, invita la casa.

Venga.

-Muchas gracias.

Oye, te quiero confesar una cosa.

Venía preocupado a Distrito Sur, ¿sabes?

Cambiar de equipo es siempre como empezar de cero.

Además, Mercader nos lleva demasiada ventaja.

Pero ahora mismo, estoy convencido

de que vamos a atrapar a Santos Mercader

más pronto que tarde. ¿Y eso por qué?

Por ti, porque funcionamos bien como equipo.

Todavía no hemos hecho nada. Bueno,

llevamos hablando del caso todo el día,

y solo con eso, ya sé que estoy ante una inspectora de primera.

Además tienes un expediente impecable.

No es para tanto. Y sabes sonreír.

Pensaba que sonreír no formaba parte de tus muchas cualidades.

Es verdad que con el trabajo me pongo un poco seria.

Pero es solo por el trabajo. A ver,

una cosa es tomarse el trabajo en serio,

y otra no sonreír ni una sola vez en todo el día.

Pillada.

He tenido un día de mierda.

Nada, temas personales.

De acuerdo, no sonrías si no quieres,

pero que sepas que te sienta muy bien esa sonrisa.

-Hola, María, ¿me puedes poner un bocata

de algo rico para llevar?

No tengo ganas de cocinar esta noche. Yo tampoco.

¡Eh, hola!

Mira, qué buena idea, de tortilla. ¿Puede ser de tortilla, María?

-De tortilla no puede ser porque tus compañeros

han terminado los dos últimos pinchos.

Culpable. Os presento.

Esperanza Beltrán, a cargo de la UFAM,

aparte de amiga y compañera de piso,

y él es el inspector Font, de la UDYCO de Valencia.

Alejandro.

-Encantada. -Igualmente.

Disculpa por la tortilla, Mañana invito yo a una "picaeta"

y así la pruebo calentita recién hecha.

Voy un momento al baño.

-Entonces, ¿de qué te pongo el bocata, Espe?

-¿Te lo han puesto de compañero? Sí, lo manda Jefatura de Valencia.

Llevamos el caso de Santos Mercader. Qué oportuno, ¿no?

Es normal, él llevaba tiempo en Valencia, detrás de Mercader.

Que no te estoy hablando de trabajo.

No te entiendo.

¡Espe!

¿De qué te pongo el bocata?

-¿De queso puede ser? -Venga.

-Bueno, yo creo que me voy a ir para el hotel.

Yo me voy con Espe para casa.

No hace falta, acompáñalo al hotel si quieres.

Ya estás ubicado, ¿no?

¿Necesitas que te acompañe? No hace falta. No me pierdo.

Pues te veo mañana. Hasta mañana.

-Hasta mañana, chao. -Chao.

-¿Qué? Tú eso de la mora, y el clavo, no te queda claro.

¿Te quieres callar? No se puede ser más sosa, de verdad.

Ay... María, ¿el bocata qué? -Ya está.

(Puerta)

-Buenas tardes, me alegro de que hayas venido.

Pasa, por favor.

-¿Estás solo? -Sí, claro.

¿No quieres cerrar la puerta? -¿Para qué?

-Bueno, el intercambio que vamos a realizar

es de carácter privado.

Pero entiendo que no te fíes de mí.

-¿Tienes el dinero? -Claro.

¿Tienes tú el pendrive? -Tengo una copia, sí.

-Me imagino que la otra la tienes guardada en lugar seguro.

-Imaginas bien. -¿Quieres tomar algo?

-No, quiero acabar con esto cuanto antes y marcharme a mi casa.

-Está muy bien. Hablemos de dinero.

-Son cien mil euros, ni un céntimo menos.

-Es una oferta razonable.

Aunque creo que has pasado por alto un factor que yo tengo muy en cuenta:

la oportunidad.

Me he enterado que necesitas deshacerte de ese pendrive hoy mismo.

-Si vas a empezar a regatear, esta reunión va a durar muy poco.

-No, yo no regateo,

te voy a hacer una contraoferta, y tú la tomas o la dejas.

25 000.

-¿En serio crees que voy a aceptar la cuarta parte de lo que pido?

-¿Adónde vas?

¿A reunirte con los dos matones que te asaltaron en el bar?

-¿Tú enviaste a los matones? -No, yo no me junto con esa escoria.

Pero sé dónde encontrarlos,

y sé cómo convencerlos para que te dejen tranquila.

Mira, Coco,

el contenido de ese pendrive te viene grande,

esto es una liga de mayores.

Te recomiendo que te deshagas de la información,

y que abandones el país.

-50 000 euros. -Ya te he dicho que yo no regateo.

Además, ¿para qué quieres 50 000 euros estando muerta?

-¿Me estás amenazando? -Yo solo te estoy diciendo

que esta es tu última oportunidad de sacar algo de ese pendrive.

Algo que no sea acabar flotando en un río.

(Puerta)

Te dije que vinieses sola.

¿Qué pasa? Tu amiguita Elvira no sabe estarse quieta, ¿verdad?

-¿Tú cómo sabes...? -"¡Coco, abre!"

¿Tú qué haces aquí? -Ya ves,

ahí donde hay negocio, tarde o temprano

termino apareciendo yo. -¿Os conocéis?

-Es Santos Mercader, trabajó de matón para mi ex.

-¿El narco? (ELVIRA ASIENTE)

-Hazme el favor de convencer a tu amiga

de que coja los 25 000 antes de que mi oferta se evapore.

-Vámonos de aquí.

-Si salís por esa puerta, retiro mi oferta.

Y me reservo el derecho de hablar con esos dos matones.

-¿Tienes el dinero en efectivo? -Por supuesto.

-¿No te fíes de él?

-No tienes otro sitio donde ir.

En realidad, no sé por qué te ofrezco tantísimo dinero.

Debería ofrecerte 10 000. No, mejor 5000.

Mira, mejor nada.

Mejor me quedo sentado como un buitre,

esperando ver quién te despedaza primero.

-Enséñame el dinero.

-Pincha el pendrive ahí. -No lo hagas, Coco.

-¡Te quieres callar de una vez, Elvira!

Si no tienes talento para los negocios,

mejor no interfieras en los de los demás.

Pincha el pendrive ahí.

-¿Y qué piensas hacer

con la información que hay ahí dentro?

¿La vas a publicar?

-Lo dicho, no tienes talento para los negocios.

Ese pendrive va directo a mi caja fuerte.

-¿Has pagado 25 000 euros para no hacer nada?

-Bueno, según yo lo veo,

se pueden hacer dos cosas con un arma:

puedes liarte a tiros y agotar el cargador,

o puedes usarlo como medida disuasoria.

Es decir, como un seguro de vida.

Y todos sabemos

que lo mejor que te puede ocurrir con un seguro de vida,

es no tener que utilizarlo.

Ha sido un placer hacer negocios con vosotras.

-Buenas noches.

-Aquí está todo, cuéntalo.

-No hace falta, me fío de ti.

Además, ya sabes la que te espera si en esta bolsa

hay un euro menos de 60 000. -Muy bien.

Y ahora vete y desaparece de mi vida. -No te pongas así, hombre.

No me guardes rencor.

Si he recurrido a ti es porque estoy en las últimas.

-No.

Si has recurrido a mí es porque conoces mi punto débil,

y porque prefieres extorsionar a una persona decente,

antes que trabajar horadamente.

-Entiendo que en este momento me odies.

Pero me da pena que no tengas empatía por alguien que está desesperado.

-Ya, y yo tengo que pagar tus errores, ¿no?

-Viendo lo poco que has tardado en juntar los 60 000 euros,

tampoco te habré hecho tanta avería.

Seguro que tienes un montón guardado detrás de un ladrillo flojo.

-Te equivocas, no tengo nada, nada.

Y eso lo he conseguido malvendiendo la casa de Salamanca.

-Bueno, la tenías ahí muerta de risa.

-Eran los únicos ahorros que iba a heredar mi hija.

-Haberlo pensado antes de ponerte a matar gente.

-No quiero escucharte más, cállate. Vete.

-Me llamas a mí irresponsable.

Yo al menos no contrato detectives para que encuentren gente

a la que quiero matar.

-¿Sabes lo único que me consuela de todo esto?

Que no podrás sacarme ni un euro más, porque no lo tengo.

Y porque más pronto que tarde,

te vas a gastar esos 60 000 euros porque eres un descerebrado.

-No quiero entrar en provocaciones, mejor me voy.

-Tú no te vas, te echo yo. ¡Fuera, vete!

Igual que te echaron de la policía.

-Yo al menos no tengo las manos manchadas de sangre.

-Lo que yo hice se llama hacer justicia.

-La justicia es otra cosa. Lo que tú hiciste se llama asesinato,

y te puede costar un montón de años en la cárcel.

Cuídate, anda.

Buenas noches, Marga.

Que lo paséis bien. -Gracias. Buenas noches.

¿Qué hacía aquí tan tarde?

No me digas, se le había olvidado algo para la obra de su casa.

-Justo. Si es que estos aficionados...

-Vamos.

-Pues ese dinero te va a durar bien poco.

-Por lo menos me da para quitarme de en medio y hacer planes.

Hola. -Ya era hora. ¿Dónde estabais?

¿Tú por qué no coges el teléfono? Te he hecho un montón de llamadas.

-Por favor, qué mono tu hijo, cómo se preocupa por ti.

-¿Estáis bien? -¿Por qué no íbamos a estarlo?

Hemos estado por ahí dando una vuelta, tomando algo,

y hablando de nuestras cosas. -Pues yo estaba preocupado.

-No sé para qué quieres el móvil si no atiendes las llamadas.

-Luis, yo no he recibido ninguna llamada.

Ay, sí. Es que estaba en silencio.

¡Vaya! Pero si tengo un montón de llamadas perdidas.

-Mamá, ¿qué te cuesta mandar un mensaje

si sabes que vas a llegar tarde? Al menos sé que no te ha pasado nada.

-Pero ¿qué me va a pasar?

-Mamá,

he estado leyendo en internet sobre el Alzheimer.

-Mira que lo sabía.

¿Por qué te metes en internet a mirar cosas?

¿No ves que solo emparanoia? -Me gusta estar bien informado.

-A ver...

¿Y qué has leído?

-No podemos hacer como si no pasara nada.

Coco, díselo tú, a ver si lo entiende.

-Elvira, yo entiendo que te parezca una exageración,

pero es normal que tu hijo se preocupe por ti.

-A ver, Luis...

Tú no puedes evitar que entre y salga, estoy enferma,

pero puedo hacer mi vida.

-Nadie ha dicho que no.

Solo te pido que estés localizable,

y que si vas a llegar tarde me mandes un mensaje.

Así sabré que no te ha pasado nada. -Pero ¿qué me va a pasar?

-Que te pierdas y que no sepas volver a casa.

-No me mires así, mamá.

Tenemos que estar preparados para algo así.

-Mira, cariño, yo entiendo que tú te preocupes,

pero el Alzheimer es una enfermedad progresiva,

que avanza muy poco a poco, y yo afortunadamente,

estoy en la primera fase de la enfermedad.

Además, el neurólogo, me tiene que seguir haciendo pruebas.

Y aún no tengo el diagnóstico definitivo.

-Lo único que está claro es que es una enfermedad muy difícil,

y todos tenéis que hacer un esfuerzo por entenderos y apoyaros.

-Yo lo único que quiero que sepas, es que siempre, siempre,

voy a estar aquí para cuidarte.

-Ya lo sé, cariño. -Y mis hermanos también.

Tienes tres hijos que te adoran, mamá.

Y nunca te va a faltar de nada.

Y yo no hablaré con ellos hasta que tú decidas.

Pero recuerda lo que te ha dicho Coco,

somos una familia, y tenemos que apoyarnos

en los momentos más difíciles.

-Está bien, dame tiempo.

Lo haré.

Venga, nosotras vamos a cenar.

-Vale. Yo me voy al pub, que tengo que cerrar.

-Gracias por la cena. -Disfrutadla.

-Aaaaaay...

Gracias, cariño.

¿Quieres una cerveza? Tenemos de las artesanas.

-Sí.

-¿Y ahora qué vas a hacer?

-Bueno...

Salir de Madrid y buscar algún sitio bonito que sea baratito.

-Pues he oído que se vive muy bien y por muy poco

en Vietnam y en Tailandia.

-Me hace ilusión Nueva York, pero...

-Allí 25 000 euros no te durarían nada.

-12 500, Elvira.

La mitad es para ti.

-¿Qué estás diciendo?

-Después del susto que te has llevado por mi culpa,

que os han puesto la casa patas arriba,

que ha puesto a la familia en vilo... Es lo mínimo que puedo hacer.

-Ese dinero tú lo necesitas para empezar una nueva vida.

Yo tengo esta casa,

tengo dos negocios, y a mí no me hace falta.

No insistas porque no lo voy a coger.

-Joder, Elvira, eres lo máximo.

Vengo aquí, me cuidas, te la lío...

No quieres coger ni un duro. Es que...

Gracias.

-¡Venga!

¡Madre mía, Marga!

No sabes la ilusión que me hace saltar,

y siendo contigo ni te cuento. (MARGA RÍE)

Además está aquí al lado. En coche nada.

-Buenos días. -Hola.

-¿Qué celebramos?

-Marga y yo vamos a saltar en paracaídas.

-El neurólogo.

Que ya están los resultados definitivos de las pruebas.

-Venga, no te pongas triste.

Seguro que va a ser mejor de lo que te esperas.

-Oye, ¿y sabes si está casado, tiene hijos...?

-Si crees que Silvia nos va a poner al día

sobre la vida personal del inspector Font, vas lista.

Para saciar vuestra voracidad informativa,

no voy a someter a un tercer grado Alejandro.

Alejandro, ¿eh? Ya no es el inspector Font.

-¿Reservado? Para nada.

Es más, no tengo ningún problema en hablarte de mí.

Pregúntame lo que quieras.

Mira, Santos Mercader vivía en Valencia hasta hace poco.

Yo le sigo la pista desde hace un tiempo,

conozco todos sus movimientos.

Soy el inspector que más sabe sobre ese criminal.

-Pues no le ha servido de mucho hasta ahora,

porque ese tipo sigue campando a sus anchas por aquí.

Ahora mismo, no sabemos si es el propio Santos Mercader

el que esté más contento de que sea el señor Font

quien ahora esté a cargo de la investigación.

Por lo visto una chica, Raquel,

que es hija de Pacheco, trabaja en Jefatura,

se llevó un mal trago en el parque de Barlovento el otro día.

¿Qué ha pasado, la han atracado? Qué va.

Le salió al paso un exhibicionista.

No habéis dado con el sospechoso aquel, ¿verdad?

-No, toda la tarde currando para nada.

-La verdad es que deberíais cogerlo, antes de que la cosa llegue a más.

-Normalmente, esos tipos no buscan forzar un encuentro sexual.

-Ah, ¿no? -No.

Obtienen placer mostrando sus genitales,

pero lo más normal es que después salgan corriendo.

-Madre mía, cómo están las cabezas. ¿Qué tendrán ahí?

-Hola.

Oye, Luis, ¿has pagado al de la cerveza?

-Sí, ya está todo solucionado.

-¿Y tú qué haces aquí? -Buenas tardes, Elvira.

-Oye, Luis, ¿has pagado al de la cerveza?

Yo siempre he sido una mujer muy independiente y muy fuerte.

Y tengo miedo a perder mi autonomía.

-Lo siento.

Pero tiene que pensar que puede volver a suceder.

Está muy bien que se lo haya contado a su hijo, Luis,

pero sus otros hijos tienen...

que saber también que tiene usted Alzheimer.

-Hoy en el pub he visto a tu madre muy despistada, ¿le ocurre algo.

-No, no le pasa nada.

-Te ha hecho la misma pregunta varias veces.

-Dos veces.

-Pero le acababas de contestar.

-Bueno, ya sabes cómo son las madres,

solo escuchan lo que quieren escuchar.

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Servir y proteger - Capítulo 563

30 jul 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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