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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 559 - ver ahora
Transcripción completa

Está encantada con el restaurante.

A ti también te echa mucho de menos, me ha pedido que te recuerde

que tienes pendiente hacer una visita.

-Me voy a Verona a ver a Olga. -¿En serio?

-Sí, está Julio aquí y me ha dicho que le haría mucha ilusión

que me presentase en plan sorpresa en su casa.

-Churri, qué guay, lo vais a pasar increíble.

-Llevo muchos años en esta consulta y esas lesiones son compatibles

con una paliza, ¿quién te lo ha hecho, Manuel?

-Que no, doctor. Me he caído de una escalera.

Manuel Dorado, 42 años, soltero, en paro

y sin antecedentes.

Tenemos indicios de que ha sido víctima de una paliza.

No te tengo miedo.

O me das lo que te pido o se lo cuento todo a la policía.

"Esta noche, sí, en un pub que llaman Moonlight."

Por suerte para tu familia

has comprendido que os conviene que calle lo que sé de la funeraria.

-El que iba más trajeado le ha dado un sobre al otro.

¿Cómo un sobre?

Un sobre, un sobre como el de los políticos lleno de pasta.

¿Y si le estamos dando el enfoque equivocado a esto?

¿Y si Manuel Dorado no es la víctima que hemos creído hasta ahora?

Puede que sea Pedraza nuestra víctima.

Esa familia tiene mucho poder, maneja muchos hilos.

Podemos protegerle.

Se comportaban como una auténtica organización delictiva.

Utilizaban féretros de ínfima calidad

en lugar de los que pagaron

los familiares de los fallecidos.

¡Mira! ¿En qué momento daban el cambiazo?

Justo antes de la incineración, así minimizaban los riesgos

de ser descubiertos.

Los agentes de la DEA nos dieron buena información.

-¿Qué clase de información?

-Un nombre de un pez gordo de un capo, un tal Santos Mercader.

-Me prometí que haría todo lo posible por encontrar y salvar a su hermana

y eso haré.

Quiero que me ayudes a conseguir toda la información sobre ese tío.

-¿De cuánto dinero estaríamos hablando?

-Depende de lo valiosa que sea esa información.

-Voy a llamar a la policía.

-No vas a llamar a nadie, maldita sea.

-Suéltame o te juro que... -¿Qué? ¿Me vas a matar? ¿Es eso?

Te digo una cosa,

ahora será mejor que duermas con los ojos bien abiertos

porque si no soltáis a Sandra Vallejo cuando menos te lo esperes

me voy a presentar aquí por sorpresa y te mataré con mis propias manos.

¿Te queda claro?

Santos Mercader controla el imperio del narcotráfico en el Levante.

Y lo único que pretende es llegar hasta el Atlántico

para abrirle un pasillo a sus nuevos socios mexicanos

poniendo un centro base en Madrid, ¿entiendes?

Es la mejor forma de empezar a expandirse por toda Europa.

Soy el único que puedo enfrentarme a él

y tengo que hacerlo con sus propias armas.

Si se ha instalado aquí será porque quiere rellenar

el hueco que dejó Quintero y expandirse.

También te quería contar que este tipo ha trabajado

durante tiempo en Valencia para Gabriel Campos.

-Tú a mí no me la pegas.

Así que lárgate de aquí y deja en paz a mi hijo.

-Entiendo entonces que no haremos negocios juntos.

-Con un ser miserable y despreciable como tú no, jamás.

¡Luis!

-Será mejor que me vaya.

Si estás interesado en algo de lo que he dicho ya sabes dónde encontrarme.

(Música emocionante)

-Buenos días, hijo. -Hola y adiós, me voy.

-¿Adónde vas con tanta prisa? -Al pub.

Quedé con el fontanero para revisar el baño.

Ayer se atascó y lo dejó hecho mierda.

-Ya, anda, siéntate. Espera.

Tenemos que hablar de lo de anoche. -No me apetece.

-Me da igual, pero tenemos que poner las cartas sobre la mesa.

-Mamá, déjalo.

-Luis, por lo que vi ayer está muy claro

que no me has hecho caso con lo de Santos.

-Lo único que viste ayer fue que nos dábamos un simple beso.

No tiene importancia.

-Sí, sí que la tiene porque no has cortado con él.

-No te tengo que dar ninguna explicación

sobre mi vida amorosa. -¿Vida amorosa?

Luis, no me digas que te estás enamorando de ese hombre.

-Claro que no, era una manera de hablar.

Nos acabamos de conocer, entre nosotros no hay nada serio.

-Mucho mejor, pero deberías cortar con él antes de que sea tarde.

-Ya corté con él.

Apareció en el pub simplemente y me dejé llevar.

-Pues muy mal hecho.

Porque ese hombre es un criminal y un mentiroso.

¿Acaso te dijo que trabajaba para tu padre?

-De eso hace 20 años, mamá.

Además no sabía que yo era el hijo de Gabriel Campos, fue casualidad.

-Ya, ya, ya. Igual que lo de ser narco.

¿A qué esperaba para contártelo?

-No le dije que trafico con alcohol adulterado

y tengo cien trapicheos.

-Pero si eso no tiene nada que ver, hombre.

Ese hombre es un monstruo. -Por favor, mamá, no seas exagerada.

Ese tío es un delincuente como nosotros, punto.

-No, no, no. Nosotros no traficamos con drogas.

-Tampoco él me dijo que lo hiciese. -Luis, no seas ingenuo, hombre.

-¿Crees que me voy a convertir en un narco por estar con él?

-¿Tú no te das cuenta que tarde o temprano

te acabaría arrastrando a su mundo?

No, no te das cuenta porque te tiene comido el coco.

¿Acaso te dijo que ayer estuvo aquí?

-¿Aquí? ¿Para qué?

-Supuestamente para darme el pésame por la muerte de tu padre

y para enseñarme un catálogo de máquinas recreativas.

Vamos, excusas.

-No entiendo a qué ha venido. -Yo sí, hijo.

Para meter cizaña entre tú y yo.

Y demostrar que tiene más poder sobre ti que yo.

-Tú siempre pensando mal, mamá.

-Cariño, a ese hombre no le gustas.

-¿Y por qué?

-Porque ese hombre solo se gusta a sí mismo.

Es un narcisista.

Y tú te mereces encontrar un hombre, no un encantador de serpientes.

-¿Tú qué crees que me dejaré seducir por el primero

que venga con un poco de labia? -Claro que no.

Pero deja de tomártelo todo a la defensiva.

¿No te das cuenta que consigue lo que quiere?

Que tú y yo nos enfademos.

Cariño.

Si te lías con ese hombre va a ser un gran problema.

Y meterlo en la familia es más peligroso que tener a Silvia

revoloteando entre nosotros.

-Ya que sacas el tema te voy a decir algo.

Le hemos jodido la vida a Álvaro.

Y parece que yo soy el siguiente en la lista.

-Muy bien.

Muy bien, pues líate con él.

Líate con él, haz lo que te dé la gana.

Yo ya te he dicho todo, ¿eh?

Eso sí, cuando sus asuntos nos salpiquen a la familia

y estemos de mierda hasta el cuello no me digas que yo no te lo advertí.

-Muy bien.

Pues si me dejas ahora me voy.

Y por supuesto haré lo que me dé la gana.

-Ay, Dios.

(Móvil)

¿Coco?

Hombre, esta llamada sí que no me la esperaba.

¿Qué tal?

¡Ah! Yo muy bien, sí, sí. Pero ¿dónde estás?

¡Ah! Que estás en Madrid. ¿Y cuándo has llegado?

Claro que me encantaría verte. ¿Cómo quedamos?

(Timbre)

Hola.

-Me imaginaba que acabarías viniendo por aquí, pero no tan pronto.

Anoche en el pub no estabas tan arisco.

-Anoche aún tenía dudas sobre seguir contigo.

-¿Ya no las tienes? -No.

-¿Qué ha pasado?

-Tus mentiras me generan mucha desconfianza

y así es difícil meterse en cama con alguien.

-Yo no te he mentido, Luis.

No sabía que eras hijo de Gabriel Campos.

-No lo digo por eso, lo digo porque eres un narcotraficante.

-De verdad, Luis, creo que te haces un lío sin necesidad.

Las cosas son más sencillas que todo eso.

-¿Ah, sí? -Sí.

-Dime tú cómo son las cosas.

-Tú y yo nos gustamos, nos atraemos y lo pasamos bien juntos.

No sé a ti, pero a mí no me pasa que quiera repetir con un tío.

-A mí tampoco, pero no por eso voy a mirar hacia otro lado

y hacer como que no me entero de nada.

-Tú tampoco me has contado nada sobre ti. ¿Por qué no lo haces ahora?

¿De verdad vives con lo que sacas en ese pub de barrio?

Conmigo no cuela y más siendo hijo de quien eres.

-Vale, yo tengo mis trapicheos,

pero no son nada comparado con la mierda que tú mueves.

En mi familia nos saltamos la ley, sí.

Pero nunca, nunca, tocamos las drogas.

-Cada cual tiene sus líneas rojas.

-¿Por qué fuiste ayer a ver a mi madre?

-Tu madre, este es el problema, ¿me equivoco?

Tu madre te ha reñido porque te pilló besándote con un chico.

Nos vio morreándonos en el pub y hoy pone el grito en el cielo.

-Eso no tiene importancia, te lo repito.

¿Por qué fuiste ayer a ver a mi madre a mis espaldas?

-¿Qué pasa? ¿Qué problema hay?

Solo quería darle el pésame por la muerte de Gabriel

y enseñar mi catálogo. -Ya, seguro que solo por eso.

-Ay, Luis.

Te has pasado 20 años

en el armario por miedo a la reacción de tu familia.

Y ahora que por fin logras disfrutar de tu sexualidad libremente

dejas que tu madre te diga cómo debes vivir tu vida.

-En mi familia cuidamos los unos de los otros.

Ella solo se preocupa por mí. -No, Luis.

Solo quiere manipularte para que no escapes de su control

y sigas estando a sus pies donde llevas desde que eras un crío.

No quiere que tengas vida propia y sigues su mandato sin cuestionarlo.

-¿Cómo te atreves a hablar así de mi familia?

No tienes ni idea de cómo somos.

-Con lo que he visto tengo bastante para hacerme una idea.

Además es bastante obvio

que tienes un miedo atroz a vivir tu vida y ser feliz.

¿O me vas a negar que conmigo lo eres?

-Reconozco que me lo he pasado bien contigo estos días.

-¿Entonces cuál es el problema?

¿Qué necesitas para que estemos juntos?

¿El permiso de tu madre?

-No necesito el permiso de nadie para ser feliz.

-No lo parece.

-Ya te he dicho todo lo que te tenía que decir, me voy.

-Espera.

Cuando decidas echarle un par de huevos

y vivir tu vida sin interferencias.

Y sin acatar las órdenes de tu madre aquí me tienes.

-Pues fenomenal, reina.

Ya me quedo más tranquila sabiendo que has llegado bien.

Pues claro que me las apaño bien sin ti, Paty.

Y no me hables de trabajo que estás de vacaciones, disfrútalas.

Hazte foticos y mándamelas y dale un beso a Olga de mi parte

y para ti otro, celosa. Venga.

-¡Elvira!

Pero bueno qué bien.

Si no te conociera de toda la vida

diría que estás a punto de echar una lágrima.

-¿Qué dices? Sí, hombre. No soy tan blanda.

Voy a tomarme un café, ¿quieres uno? -Sí, un americano como tú.

-Os he oído, dos cafés. Ahora los llevo a la mesa. Hola, Elvira.

-Hola, sí. Gracias.

(SUSPIRA) Bueno, yo que te hacía por las playas del Caribe.

-Sí, estaba muy a gusto en Costa Rica,

pero soy de las que se cansa hasta de lo bueno.

Te digo la verdad, tampoco es para tanto.

No sé por qué la gente cuando viene de allí no te cuenta

la cantidad de mosquitos que hay.

No sabes lo que es eso de bichos. -¿Lo dices por tus ligues?

-Bueno, eso también, porque las caribeñas son tremendas.

Tenía además mis cositas por ahí. -¿Tus cositas?

-Una de ellas con una mujer muy importante.

Ya te contaré.

-Ay.

Qué bien que estés aquí y que hayas disfrutado de tus vacaciones.

Te lo merecías.

Gracias a ti se creyeron que Carvajal había huido a Costa Rica.

-Hombre, es que soy muy buena en lo mío.

Usé las tarjetas en restaurantes, hoteles, tiendas,

pero evitando siempre las cámaras de seguridad.

-¿Qué hiciste con el teléfono?

-Deshacerme de él en cuanto cumplió su cometido.

Era peligroso llevarlo encima

porque las primeras semanas la policía lo anduvo buscando.

-Aquí tenéis, chicas. ¿Queréis algo de comer?

-Gracias. -Gracias.

Yo no. -Yo tampoco.

-Venga.

-Menos mal que no te pillaron con él encima.

Te hubieras comido un marrón y el plan se hubiera ido al traste.

-Pero bueno ya está, no ocurrió.

Nadie sospecha de nosotras de la desaparición de ese tipo

y ya está.

-Pues te debo una. -Qué va.

Si he aprovechado el viaje para un montón de cosas.

Hola, Claudia. ¿Qué tal, María?

¿Qué tal, Elvira? ¿Cómo estás?

Hola, buenos días. Hola.

Hola. Soy la inspectora Claudia Miralles.

Encantada. Encantada, yo soy Coco.

Una vieja amiga de Elvira. ¿Coco? Qué nombre más curioso.

Sí, es un apodo.

-Sí, se lo pusieron por saber usar muy bien la cabeza.

Vaya, eso sí que es una suerte. ¿A qué se dedica?

Tranquila, Coco, la inspectora solo pretende recabar datos sobre ti.

Solo pretendía ser amable con su amiga.

Inspectora, por favor, si usted no da puntada sin hilo.

No hay semana que pase que no intente acusar a mi familia de algo.

Verá, señora Soler, tengo poco tiempo para tomar un café

y no lo voy a gastar discutiendo con usted, discúlpeme.

Muy bien Encantada.

-Igualmente. -Bueno, vámonos.

Aquí no es posible tener intimidad.

María.

Hasta luego.

-Hola, Marga. -Hola.

-Venía a comprar.

-Ya, es una tienda, lo normal es que compres.

-Pues...

Estaba buscando una cantimplora.

-Una cantimplora. ¿Has visto algún modelo que te haya gustado?

-La verdad es que si me puedes aconsejar tú, mejor que mejor.

-¿Para qué la vas a utilizar? -Para ir de acampada.

Me encanta coger la tienda de campaña e irme al campo

y plantarla en cualquier sitio y pasar la noche mirando estrellas.

-¿No está prohibida la acampada libre?

-Sí, pero para levantarte la tienda primero te tienen que pillar.

Y yo soy un experto escondiéndome.

-¿Vas frecuentemente? -Sí, siempre que puedo.

-¿En serio?

-Sí, ¿no has visto la pinta de escalador que tengo?

-No, la verdad es que no.

-Vale, me has pillado. No he ido de acampada en mi vida.

Yo es que soy más de ir a la playa,

pero desde que estoy en Madrid ni la he catado.

-¿Y por qué te has inventado esto de la cantimplora?

-Porque me apetecía verte,

pero tampoco quería plantarme aquí en plan pesado.

Y mira, pues.

Es patético, la verdad. -No, no es patético.

Me ha encantado.

Puedes venir a verme cuando quieras. -¿De verdad?

Tú también puedes venir al Moonlight cuando quieras.

Si quieres venir esta noche estás más que invitada.

-Es que no sé con quién ir, Paty está de vacaciones.

-Bueno, pero puedes venir sola, no hay ningún problema.

Yo te puedo preparar un cóctel sin alcohol que vas a flipar.

-Bueno, no lo sé, no creo que pueda.

-Bueno, pues muchas gracias por todo, ya me voy.

Chao. -Lo siento, chao.

-¿Este qué quería?

-Una cantimplora.

-Pues no he visto que se haya llevado ninguna cantimplora.

-No le ha gustado ningún modelo.

-Marga, ¿tú te crees que yo me he caído de un guindo?

Este ha venido a verte a ti.

-Y si es así, ¿qué pasa?

-Pasa que no estás preparada para salir con ningún chico.

Y menos si ese chico es Ricky Soler. -Ya lo decidiré yo.

-Hombre, doña María Díaz Calvo. Cuánto bueno por aquí.

-Te dejo esto por aquí, ¿vale? -Sí, sí, sí.

¿Has visto lo borde que es la inspectora Miralles?

Qué ganas tiene de tocarme las narices.

Es que no va a parar hasta que me meta entre rejas.

-Esta tía no va a poder contigo. Eres mucho más fuerte que ella.

-No te creas, es una tipa muy lista. Se las sabe todas.

Y yo ya no soy la que era.

-No digas tonterías, Elvira, por favor.

O sea,

vamos, estás en plena forma.

-Bueno, cambiemos el tema.

¿Tú qué? ¿Qué planes tienes?

-Yo me quedo por ahora por Madrid.

Unos días, los justos para decidir qué hago con mi vida.

-Ya sabes que te puedes quedar aquí, ¿no?

-Ya, pero no, en serio. Me pillo un hotel y ya.

-Pero ¿por qué pagar una pasta si te puedes quedar con nosotros?

-Que no, de verdad. Es un tostón tener invitados en casa

y yo no quiero molestar.

-Pero si tú no molestas.

Además, que...

Que me viene muy bien tener una amiga de verdad cerca.

-Pero ¿por qué me lo dices tan seria?

-Por nada, por nada.

-Tía, tú no estás bien.

Primero, cuando nos vemos, casi te echas a llorar.

Y ahora me dices que no estás tan fuerte.

Tía, ¿estás bien?

-Pues no mucho, la verdad.

Es que no sé, últimamente estoy...

Estoy muy cansada.

Baja de ánimos y con los sentimientos a flor de piel.

Y... -¿Y qué?

-Y con muchos despistes.

El otro día, por culpa de uno...

Casi tuvimos un disgusto de los gordos.

-¿Te ha visto un médico? -Sí.

Tengo que hacerme unos análisis, pero...

En el último momento no me atreví.

Y lo peor de todo es...

no poder contárselo a nadie.

-No te preocupes, corazón. Que ahora ya me tienes a mí

para lo que necesites.

-La policía en este Distrito no tiene ni idea de hacer su trabajo.

Si lo hiciera, no andarías tan alegremente por la calle.

-Según tú, ¿dónde debería de estar? ¿En la cárcel?

-Sería lo más lógico. Por eso he presentado una denuncia contra ti

por asaltarme el otro día en mi casa.

-Un licenciado en derecho debería saber que la visita

que te hice en tu casa no es motivo para meter a nadie

en la cárcel, ¿verdad?

-¿De dónde sacas que soy abogado?

-Sé muchas cosas sobre ti.

Yo también tengo mis fuentes, mis informadores.

Sé que empezaste a ganarte la vida repartiendo hostias

para un tal Gabriel Campos en Valencia.

Y también sé que esa denuncia que has puesto contra mí

en la comisaría, no es más que para intentar asustarme.

Pero te digo desde ya que no lo vas a conseguir.

-Tú estás mal de la cabeza. Hay que estar muy loco

para presentarte en mi casa y soltar esas barbaridades.

-¿Acaso dije alguna mentira?

¿No es verdad todo lo que dije? ¿No fuiste tú el que envío el mensaje

a ese mexicano que terminó matando a Maica?

¿No sabes dónde tiene secuestrada a Sandra Vallejo? Dime, ¿dónde está?

-Pierdes el tiempo conmigo, Quintero.

Deberías invertirlo mejor en intentar salvar tu negocio.

Por lo que he oído, tienes unas pérdidas terribles.

-Mi negocio.

Yo creo que es al contrario. Tú tienes que tener mucho cuidado

con tu empresa, porque estás a punto de perderla, te lo aseguro.

-Las máquinas recreativas van viento en popa.

Estamos en proceso de expansión. -No te hablo de la tapadera,

te hablo de la otra empresa, la que te permite tener

esos trajes, esas camisas caras y vivir en esos casoplones

de nuevo rico.

-No sé de qué me hablas. Yo soy un honrado empresario

al que le va muy bien. -Un honrado empresario.

A otro perro con ese hueso.

Porque cuando tú vas, yo ya he ido y he vuelto dos veces.

Estoy harto de decir eso mismo que tú dices.

Y desde que eras un mocoso que repartía hostias por Valencia,

yo ya controlaba la red de distribución de droga

más grande de toda Europa. ¿Te enteras?

-Es una lástima, Quintero, porque cuando te he visto,

me he dicho: "Igual si me pide disculpas, retiro la denuncia".

-¿Y tú esperas que yo me crea eso?

-Entiendo que estés pasando un mal trago.

Debe ser muy duro ver cómo la mujer a la que amas muere en tus brazos

sin que puedas hacer nada para evitarlo.

-Será mejor que no sigas por ahí, te lo advierto.

-Yo también me sentiría un mierda y un inútil.

Seguro que tienes pesadillas con ella todas las noches. Y con su hermana.

Pobre chica... -¡Lo reconoces entonces!

¡Me lo estás reconociendo!

¡Reconoces que enviaste ese mensaje porque mataron a Maica Vallejo!

¡Y sabes...! -¿Qué coño está pasando aquí?

-¿Lo ve, agente? Fernando Quintero me está agrediendo sin motivo.

-Mentira, es falso. Me está provocando, se está riendo

en mi cara de la muerte de Maica. -¿De quién?

Solo te he dicho que si me pides disculpas, retiro la denuncia.

Pero viendo tu reacción, me dan ganas de ponerte otra.

-Está usted en todo su derecho, caballero.

-Hoy no, pero si hay una tercera agresión, lo haré.

Le pediré al juez que presente medidas cautelares

contra este impresentable.

-¡Maldita seas...! -Eh.

Puede irse. Irse.

Oye.

Pero ¿tú te has dado cuenta de dónde estás?

Tienes que tranquilizarte, macho.

Solo te tiras piedras contra tu propio tejado.

-Lo sé, maldita sea, Elías. Tienes razón, no sé cómo he podido

perder la cabeza. Pero ¿qué quieres que haga?

Me estaba provocando y se reía en mi cara de la muerte de Maica.

-Que yo te creo, joder. Pero es tu palabra contra la suya.

No tenemos nada con qué demostrarlo.

-¡Ya lo sé! Pero es que... no he podido hacer otra cosa.

¿Quieres que me quede de brazos cruzados?

-Fernando, de verdad, te prometo que encontraremos a Sandra.

Pero es que solo pones obstáculos a la investigación.

Además, estamos todos muy preocupados contigo.

Tu hijo también. -¿Qué tiene que ver Julio aquí?

-Vino a comisaría a hablar con Miralles y conmigo,

está muy preocupado con la empresa, con tu estado

y con tu problema con el alcohol.

-¿A eso os dedicáis en la comisaría?

¿A perder el tiempo hablando a mis espaldas?

-No, vengo a decírtelo a la cara, porque nos preocupamos por ti.

-Pues no os preocupéis tanto por mí y preocupaos más

por encontrar a Sandra. Porque te digo una cosa, Elías,

si no metéis en la cárcel a ese tío y solucionáis esto,

te juro por Dios que lo haré yo y lo haré a mi manera.

-Anda, tira.

-Lo primero que tienes que hacer es hacerte unos análisis.

Que a lo mejor tienes un poco de anemia o estás un poco depre.

¿Has pensado en ir al psicólogo? -No.

No me gustan.

¿No te acuerdas que en Picassent tampoco quería verles?

-Yo es que soy adicta. Me gusta un buen estriptis emocional.

-Bueno, tú siempre has sido más de desnudarte.

-Veo que no has perdido tu sentido de la ironía.

-Lo que me preocupa mucho es...

Si tengo algo grave, ¿qué va a ser de mis hijos?

-¿Se han dado cuenta de tus despistes?

-Sí.

Pero he intentado disimularlo.

-¿Por qué no te abres a ellos y les cuentas la verdad?

No pasa nada por tener miedo.

-No quiero preocuparles.

Además...

Últimamente hemos vivido situaciones muy difíciles.

-Ya, pero también es difícil tener esa preocupación

y no poder compartirla con ellos.

-Lo he pensado muy bien y...

Es lo mejor.

-Como veas.

Por lo menos me alegro que me lo hayas contado a mí.

-Pues claro, mujer.

Eres mi mejor amiga, ¿cómo no te lo voy a contar?

Qué bien que estés aquí.

-Yo también estoy supercontenta de estar.

-Oye, yo...

Yo prefiero que estés aquí, pero...

si quieres irte a un hotel para tener intimidad, lo entiendo.

-Pero serás boba.

Ahora soy yo la que no se mueve de aquí.

-Entonces, ¿te quedas con nosotros? -Claro.

Pero con una condición.

Que te hagas un chequeo lo antes posible.

-Lo prometo.

-Así nos quedamos más tranquilas.

-Voy a prepararte la habitación. -Te ayudo.

En Jefatura están muy preocupados.

Temen que Santos Mercader se haya instalado definitivamente

en Distrito Sur para llevar su cuartel general

de tráfico de drogas.

Hay que pararle los pies cuanto antes.

Y voy a tirar de todos los efectivos para este asunto.

A eso iba. Me han asegurado que nos van a traer refuerzos

para ver si pillamos a Mercader y su banda con las manos en la masa.

¿Refuerzos? ¿Qué refuerzos? ¿A quién nos van a mandar?

Al inspector Alejandro Font, trabaja en la UDYCO de Valencia.

A ver si nos ayuda a detener a Mercader

antes de que la cosa llegue a más.

¿Tienes idea de su trayectoria? ¿Qué sabemos de él?

Mira, échale un vistazo a su expediente.

Es muy joven, pero tiene muchos éxitos en su carrera ya.

Pues sí, eso parece.

Font ha contribuido decisivamente a desarticular bandas de narcos

que actuaban en la zona de Levante.

Actualmente estaban centrados en atrapar a Mercader y su banda,

pero desgraciadamente en esto no ha tenido tanto éxito.

Si no ha conseguido desarticular la organización en su terreno,

no sé si nos va a ser muy útil aquí.

¿Qué pasa, Claudia?

¿Temes que traer a gente de fuera pueda ser un agravio comparativo

para nuestros agentes? Especialmente para la inspectora Orestes.

Desde que se fue Alicia, se ha convertido en tu ojo derecho.

Hablas de ella como si le tuviera aprecio por una cuestión personal.

Y no, para nada.

Desde que está aquí, ha hecho méritos suficientes

para reconocer su trabajo.

Por supuesto que sí, nadie lo niega, pero una cosa no quita la otra.

Todo lo que sea aunar fuerzas y tener más personal

para atrapar a este sinvergüenza, mejor.

No, si seguro que tienes razón. Además...

Alejandro Font tiene un buen expediente

y un historial intachable y conoce de primera mano

la organización criminal a la que nos enfrentamos.

Me alegra que pienses igual que yo. Muy bien.

Otra cosa, cuando sepas cuándo se incorpora Alejandro Font

me lo avisas, ¿vale? Escucha.

¿Tenemos algo más que relacione a Mercader y la familia Soler?

No, nada más que lo que te conté. Que hace 20 años trabajó

para Gabriel Campos como gorila.

Y eso fue antes de que abandonara ese mundo

y se dedicara a estudiar en la universidad

y convertirse en empresario modélico.

Venga.

Uf. Vaya día, ¿eh?

Estoy cansadísimo. Estoy deseando llegar a casa y descansar, ¿tú no?

Estaba pensado que podríamos pedir unas pizzas

y seguimos viendo la serie de médicos que empezamos a ver el otro día.

-Ya lo veremos.

-¿Ya lo veremos? No lo dices muy convencida.

¿Te pasa algo? -Sí, papá, me pasa algo.

Estoy harta de que me digas qué puedo hacer con mi vida

y si estoy lista para salir con un chico.

No sé si lo sabes, pero no estamos en la Edad Media.

-Oye, no te pongas así. Solo me preocupo por tu bien.

-Y sé que te preocupas por mí, pero soy una mujer libre

y puedo decidir lo que me conviene.

-Pero entiende que vivo con el miedo en el cuerpo de por vida.

Y soy tu padre. Te puedo decir lo que pienso.

-Es que no solo haces eso.

-A mí me parece que estamos sacando un poco las cosas de quicio.

Es cierto, esta mañana no me he expresado bien

y he sido muy tajante. No te digo que no salgas con ningún chico,

pero a su debido tiempo, cuando estés preparada.

-Ese es el problema, papá.

Tú no tienes que decidir cuándo estoy preparada.

-¿Ves cómo me hablas?

Lo que pasa está clarísimo, te gusta Ricky.

-¿Y qué? ¿Tampoco puedo decidir quién me gusta?

-Marga, vamos a dejarlo estar, estamos cansados, vamos a casa.

-Yo estoy muy bien.

De hecho, voy a salir a dar una vuelta.

-¿Con quién? Porque Paty está de vacaciones que yo sepa.

-He quedado con Ricky en pasarme por el pub.

No es para fastidiarte.

Solo quiero hacer mi propia vida.

(Puerta)

¿Se puede saber qué haces?

-Nada, necesitaba relajarme un poco, ya está.

-Ponerte hasta arriba de alcohol no es lo mejor para relajarte.

-Julio, no empieces, te lo pido por favor.

Estoy teniendo un día de mierda y estoy calentito,

así que no me toques las narices.

-A ver, ¿qué ha pasado? -Nada, no ha pasado nada.

He tenido un pequeño encontronazo con Santos Mercader

en la plaza de La Parra.

-¿No habrás intentado pegarle otra vez?

-No, aunque no ha sido por falta de ganas, créeme.

Tuvo suerte porque apareció Elías de repente.

-Papá, ¿qué buscas? ¿Que te ponga otra denuncia?

-¡Que me la ponga!

¡Me da exactamente igual! ¡Que haga lo que le salga de las narices!

Porque yo no he ido a buscarlo a él.

Él me ha buscado a mí o nos hemos encontrado

por una puñetera casualidad, no lo sé.

Hemos coincidido allí y le ha faltado poco

para provocarme con la muerte de Maica.

Casi ha estado a punto de soltar un chiste el muy hijo de...

Si no llega a aparecer Elías, te juro que...

Por eso necesito calmarme un poco.

Si lo entiendes, bien, y si no, es tu problema.

-Sí, lo entiendo, pero no bebas más. -Déjame, déjame en paz.

-Papá, eso solo te va a hundir más.

Y además...

Ahora tienes otras cosas de las que ocuparte.

-¿De qué estás hablando? ¿Qué ha pasado?

-A ver, como te dije,

preparo un plan de rescate que salve la empresa.

-¿Qué? -Sí, pero no hay buenas noticias.

Hoy he ido al banco a pedir un préstamo y...

No me lo han concedido.

-¿Quién demonios eres tú para ir al banco y hablar en mi nombre?

¿Quién te ha dado permiso para hacer eso?

-¡Tenía que hacerlo!

No queda otra opción con la situación económica

de la empresa. Necesitamos una inyección de capital ya.

-Inyección de capital. Vete al carajo.

¿Qué piensas que la empresa se hunde? ¡Pues que se hunda! ¡Me da igual!

¡Ya la sacaré a flote! -¡No puedes tirar la toalla, papá!

Aunque la situación sea difícil, todavía tenemos una solución.

Necesitamos dinero y recuperar a clientes,

pero para eso, papá, necesito que recuperes el control

y tomes las riendas.

-Tomas las riendas. ¡No empieces también a decirme

lo que tengo o no tengo que hacer!

¿Te enteras? ¡Porque ya estoy hasta las narices!

¡A ver si te entra en la cabeza!

¡A partir de ahora, haré lo que me salga de los huevos!

-Yo solo... -¡Ya no trabajas aquí!

¡No tenías derecho de ir al banco a hablar en mi nombre sin mi permiso!

-Solo quiero que cuando despiertes de esta pesadilla algún día,

veas que no estás arruinado. -Si me tengo que arruinar,

me arruinaré. Me da exactamente igual.

Ahora mismo tengo cosas más importantes que hacer.

Así que déjame en paz.

-Dame eso. -Dame esa botella, Julio,

te lo pido por favor. -No te la doy.

-¿Esto es lo que quieres? -¡Sí!

¡Seguir bebiendo hasta caerte rendido al suelo?

¿No ves que solo quiero ayudarte? -¿No ves que yo no necesito tu ayuda?

¡Lo único que necesito es que te quites del medio!

¡Que desaparezcas de mi vista! ¡Que no digas qué tengo que hacer!

¡Dame esa botella!

-A ver, a ver...

Vamos a intentar calmarnos, ¿eh?

Según tú, ¿qué tendría que hacer?

¿Quedarme de brazos cruzados mientras mi padre

tira su vida a la mierda?

-No sé qué tienes que hacer, Julio, me da igual.

Solo quiero que me dejes en paz, quítate de mi vista

desaparece, dame esa maldita... -¡No pienso dártela, papá!

Soy tu hijo.

No pienso quedarme de brazos cruzados mientras te ahogas.

-Que te vayas al carajo ahora mismo y me dejes en paz es lo que te digo.

Te vas a quitar de mi vista y dame esa botella.

Que me la des.

-¿Es lo que quieres? -Sí.

-¿Que me vaya? -Eso es lo que quiero.

Que desaparezcas de mi vista y que no te metas en mi vida.

¡Así que dame esa maldita botella!

Quiero que estés lo más lejos que puedas de mí ahora mismo

y que no te vuelvas a meter en mi vida.

Y si quieres saber algo de mí, llama a tu querida suegra

que te lo contará todo. Dame.

-Ahí tienes.

-Lo siento, hijo.

Lo siento mucho.

(Móvil)

-Esta es la playa del Naranjo, está superescondida

y tiene una arena blanca que te mueres.

-Parece que estos meses has vivido en el paraíso.

-Sí, esta es la zona que más me gustó.

Aquí no dejan construir hoteles, si quieres hacer noche,

tiene que ser en acampada y punto.

-Joer, me dan ganas de coger la tienda de campaña e irme allí.

-¿A ti? ¿Desde cuándo te gusta hacer acampadas?

Si odias la naturaleza. -A ver, eso era antes.

He aprendido que da igual ir a un hotel de cinco estrellas

o acampar bajo las estrellas.

Lo importante es quién te acompaña.

(Notificación de móvil)

Ricky, sí que te has vuelto romántico.

¿Con quién quieres ir de acampada?

-Bueno, me encanta la conversación, pero me tengo que marchar.

-¿Adónde vas? -Al pub, que llego tarde.

-Sí que tienes prisa.

-Le he dicho a Luis que le echaría una mano en el cierre.

-¿Hoy?

Pero si hoy es un día de diario, no tendrá mucho trabajo.

-Pues sí que lo tiene y me estoy sintiendo un poco mal

estando aquí dándole al palique mientras él está picando piedra.

-Te acompaño, os echo un cable y así terminamos antes.

-Estupendo, así me llevas en moto.

-Venga, dale.

Hasta luego. Venga.

-Pasadlo bien y no curréis mucho.

-Hasta luego, hijos.

-Oye, qué buenos niños.

Da gusto ver lo bien que se llevan entre ellos.

-Sí.

La verdad es que veces tienen sus más y sus menos,

pero siempre acaban apoyándose.

Es lo que les inculqué desde que eran pequeños.

-Pues se les ha quedado.

Que no es poco.

-Me preocupa el futuro de mi familia.

¿Qué será de ellos cuando no pueda estar encima?

-A ver, Elvira, me has contado que el Moonlight

y el negocio del alcohol van fenomenal.

Y Álvaro es un buen mecánico, tiene su taller.

-Sí, sí, los negocios van bien, pero...

No sé, las cosas pueden cambiar de un día para otro

y dar un giro inesperado.

-Hija, ya son mayorcitos y están bien encarrilados.

-Es que no es la estabilidad económica

la que me preocupa.

Son otras cosas.

-¿Por ejemplo?

-Pues...

La inspectora Miralles, que les tiene enfilados

y después está el narco del que te he hablado,

que quiere formar parte de mi familia.

-Luis no es idiota y seguro que se aleja de Santos.

-No lo tengo tan claro.

Le gusta y de verdad.

Y cuando los sentimientos están de por medio...

¿Te pongo algo más?

-No, gracias. Me la termino y me voy a casa.

-Como quieras. Pero que sepas que Ricky está al caer.

-Me has hecho venir con la lengua fuera.

-Es que debes ser el único mecánico de España que se queda sin gasolina.

-¿Y este?

-Hola.

Perdona, que es que no sabía si ibas a venir y por eso me he entretenido

con mi madre y una amiga de la familia.

-No, si ya me iba. -¿Ahora?

Acabo de llegar.

-Ya, pero se me ha hecho tarde y mañana madrugo.

-Bueno, pero si se te pegan las sábanas cinco minutos

tampoco pasará nada, ¿no? Al final tu jefe es tu padre.

-Pero tiene unos horarios y tengo que cumplirlos.

-Vale, pues ¿puedes esperar cinco minutos?

Es lo que tardo en prepararte el cóctel. Ya verás,

lo pruebas y te vas.

-Lo pruebo y me voy. -Vas a flipar.

A ver, toma, recoge esto y dejadme hueco que tengo que currar.

-No sé por qué le llamas currar si lo que estás haciendo es ligar.

Y, Ricky, te voy a decir una cosa,

háblanos así y te pego un capón que te clavo en el suelo.

(CHISTA) -Déjale, que está enamorado.

-Eh, ¿me podéis dejar vivir tranquilo? Gracias.

Y os voy a decir una cosa,

dejad que me concentre que me tiene que salir estupendo, ¿vale?

-No sabes el subidón que tenía Olga

con eso de que Paty ha ido a pasar sus vacaciones con ella a Verona.

¿Qué hacían cuando las has llamado? Se preparaban para salir a cenar.

Va a estrenar el bolso que le regalamos.

¡Ay, qué bien! Bueno, me las imagino felices las dos por Verona.

(Timbre)

¿Quién será a estas horas? Pues no lo sé. Yo no espero a nadie.

-Hombre, Julio. -Hola.

¿Qué tal?

Bien, bien. Oye, perdonad que venga a estas horas sin avisar, ¿eh?

Uy, no te andes con formalismos.

Ya sabes que aquí eres siempre bien recibido. ¿Has cenado?

No. O sea, sí, sí, he picado algo. Gracias.

No tienes buena cara. ¿Qué ha pasado?

He discutido con mi padre.

Venga, siéntate y nos lo cuentas con calma, venga.

¿Qué?

A ver, fui al hotel para verle y le vi bebiendo otra vez.

Al parecer, había tenido un altercado en la calle con Santos Mercader

y le había puesto muy nervioso. Sí, me lo contó Elías.

Los estuvo separando y me dijo que tu padre estaba desquiciado.

Yo no lo he visto así de mal en mi vida.

Es que le da igual todo.

Los clientes que pierde, las cuentas de la empresa...

Es como si le fallaran las fuerzas y fuera incapaz de reaccionar.

La verdad es que la situación es preocupante, por eso

llamé a Alicia y te llamé a ti.

Quiero pensar que Fernando resurgirá de sus cenizas como ha hecho siempre.

-Yo no lo tengo tan claro.

He ido a pedir un préstamo para la empresa

y me lo han denegado.

-Los bancos te dan un paraguas cuando escampa,

pero cuando estamos en plena tempestad no nos dan nada.

-Es que yo ya no sé qué más hacer.

No sabéis la bronca que me ha echado por hacer esa gestión.

Dice que me vaya y le deje en paz. Y ¿tú qué le has dicho?

Yo... me he ido antes de que la discusión fuera a más porque...

¿Por qué, Julio?

No he podido evitar alterarme y...

he empezado a notar los síntomas otra vez.

-¿Estamos hablando de un ataque de bipolaridad?

-Sí.

Antes de venir aquí he estado dando tumbos por la calle, muy...

muy angustiado, muy nervioso, era como...

como si me faltara el aire.

-¿Sigues tomando tu medicación? -Sí, sí, sí, claro.

Olga nos dijo que estás llevando una vida muy sana,

que haces deporte y no bebes alcohol ni nada.

Sí, pero ver a mi padre así y discutir me afecta mucho.

Claro, hombre, es normal.

Por eso lo he pasado tan mal pensado que me daba otra crisis.

-Lo mejor será que vuelvas a Verona con Olga para retomar tus rutinas.

Lo digo como médico. -No quiero dejar a mi padre tirado.

Todavía tengo un par de días de margen para volver al trabajo.

Yo no creo que deberías correr ese riesgo.

Tú has hecho todo lo que has podido por tu padre. No puedes hacer más.

Ahora te tienes que cuidar tú también.

De todas formas, es imposible

querer dar ayuda a alguien que no quiere recibirla.

-Yo creo que mi padre...

quiere que me aleje de él porque tiene miedo

de que esta situación me afecte y me provoque una crisis.

Pero es que ese tío, Santos Mercader, es muy peligroso

y no me quedo tranquilo si me voy. Vamos a hacer una cosa,

tú te vas a Verona tranquilo, ¿vale?

Y nosotros nos ocupamos de tu padre en comisaría.

Ya has visto que Elías ha impedido que se pelearan.

Ya, Claudia, pero no podéis estar encima de él las 24 horas del día.

Pues lo haremos, ya nos apañaremos como sea. Nos preocuparemos de él.

¿No habría que llamar a Alicia?

-Sí, sí, si hablo con ella todos los días.

Cuando llegue al hotel, la llamaré

y le contaré lo de mi padre y mis planes.

Bueno, vamos a hacer una cosa.

Tú te vas a ir ahora al hotel a descansar,

¿eh? Y si acaso, sacas el billete para irte a Verona.

Y yo me ocupo de hablar con Alicia, ¿eh?

Porque seguro que eso te va a alterar.

Es la mejor manera de evitar una nueva crisis.

-Sí, tal vez tengáis razón.

Lo mejor es que me vuelva mañana mismo a Italia.

En fin, que no quiero molestaros más. Gracias por escucharme.

Uy, no nos des las gracias por eso. Venga.

Venga, mucho ánimo, ¿eh? Nos llamas cuando llegues a Verona.

¿Alicia? Sí, soy yo.

Eh, no, no, no. Mira, te llamo porque acaba de irse de casa

tu hermano Julio. Sí.

Está muy preocupado.

Al final, parece que Ricky es el primero de la familia

que va a tener una relación sana. -Pues si es así, me alegro por él.

-¿Qué te pasa?

(SUSURRA) -Nada. -No. ¿Cómo que nada? Venga, Luis.

Suéltalo ya. -No, de verdad. No quiero hablarlo.

Estoy un poco de bajón. (RESOPLA) -Pues estamos buenos.

-La verdad, ha merecido la pena esperar para probar el cóctel.

Me ha gustado mucho.

¿Cómo se te ocurrió mezclar estos ingredientes?

-Pues ha sido todo ensayo y error.

Hasta que he llegado a esto he hecho unos cócteles realmente asquerosos.

Que no se te ocurra nunca mezclar granadina con vainilla.

(RÍE) -No, la verdad que no se me va a ocurrir esa mezcla. Vamos, ni esta.

(RÍEN)

-Oye, no tiene nombre, ¿no?

Habrá que bautizarlo. -Pues es verdad.

Eh... Oye, ¿qué te parece entonces si le llamamos margarita?

Por ejemplo.

-Ya hay un cóctel que se llama margarita.

-Ay, pues es verdad.

-Ya sé, como no tiene alcohol, lo podemos llamar Marga a secas.

(RÍE) -Vale, guay.

-Hola. -Hola.

-Hola.

-Le he preparado a Marga un cóctel sin alcohol. Está muy bueno,

¿lo quiere probar? -No. No, no, muchas gracias.

No quiero molestaros. Os dejo aquí a vosotros tranquilos. Voy a...

-¿Qué tal? Ponme... ponme un tercio. -Venga. Y te invito a un licor café.

-¿Es de Orense?

-Hombre, por supuesto, recién traído. -Dale.

-Oye, ¿tú sabías que tu padre se iba a presentar por aquí?

-No. No tenía ni idea. Pero bueno, vamos a olvidarnos de él.

¿Por dónde íbamos?

-Pues estábamos diciendo que lo podíamos llamar Marga a secas.

-Es verdad.

-A lo mejor, resulta que soy un buen inventor de cócteles.

O de nombres para los cócteles. -¿Me esperas un segundo?

Ahora vuelvo. -Sí. Claro, sin problema.

-Papá, ¿a qué has venido?

-Pues a tomarme un tercio y un licorcito café.

-Sí. Eso no te lo crees ni tú. Has venido a espiarme.

¿No puedes alegrarte de que esté en la calle y hablando con gente?

-Hija, si yo me alegro. De verdad. Y de que hayas superado tus miedos.

Yo no soy capaz, qué quieres que te diga.

-Ya. -Oye, que yo lo he intentado, ¿eh?

He ido a casa, he hecho la cena, me he puesto a ver una peli,

pero empiezan a venirme imágenes a la cabeza, me entra ansiedad

y yo creía que me moría. -¿Ansiedad?

¿Por qué? ¿Porque esté con Ricky? ¿Qué piensas que me va a pasar?

-¡Nada! Seguro que no te pasa nada, pero...

me vienen imágenes y pensar que pase algo y no esté contigo...

-Bueno, y ¿por qué no me has enviado un mensaje?

-Es que lo he hecho. Como no me contestas, me pongo peor.

-Perdona, no... no lo había visto. -Que no pasa nada.

Si yo ya viendo que tú estás bien, ya me quedo tranquilo. De verdad.

No pasa nada. -No, da igual.

Que yo ya me iba. ¿Me esperas y nos vamos juntos?

-Bueno, si te empeñas.

-¿Todo bien con tu padre?

-Me voy, ¿vale? Es que se me ha hecho tarde y vuelvo con él.

Hablamos otro día.

-Eh.

A veces las cosas no salen como uno quiere,

pero no por ello hay que tirar la toalla.

Lo tuyo con esa tía pinta bien.

Así que dale duro, colega.

(RÍE) -Es más tonto...

-Quintero debería relajarse un poco. Mercader sabe cómo provocar.

-Yo también habría saltado si el asesino de mi novia

encima se ríe en toda mi cara.

-Sí, tú y cualquiera, yo también. Pero es que ese Santos es un cínico.

Va de bueno, pero tiene una mala sangre.

-Hay que encontrar pruebas que lo impliquen en el asesinato

y resolver el secuestro de Sandra.

-Va a estar complicado, porque tiene un expediente impecable.

No tiene ni multas de tráfico. -Ese es un listo.

-Bueno, he oído que va a venir un inspector de Valencia

para echarnos una mano con esto.

-Ya veremos. -Que sí, cualquier ayuda es buena.

Ojalá nos ayude a atraparlo.

-Oye, mira, yo me voy a ir yendo, ¿vale?

Que María va a cerrar antes, a ver si nos vamos a cenar un poquito.

-Venga, disfruta, adiós.

Hasta mañana, Merche. -Chicos, un momento.

-¿Qué pasa? -Acaba de entrar un aviso.

Han encontrado el cadáver de una mujer de unos 30 años

en el río Manzanares, a la altura del Pardo.

-¿La han identificado? -Pues no.

El cadáver está muy deteriorado. Llevaba varios días en el río.

Pero los datos pueden encajar con los de Sandra Vallejo.

-¿Tenemos algo más?

-El cadáver ha aparecido sin la mano derecha

y podrían habérsela amputado antes de tirarla al río.

-¿Estás segura de que se trata de la mano derecha?

-Eso es lo que pone en el aviso. ¿Por qué te extraña?

-Amputar la mano derecha es la firma del castigo del cártel de Jalisco

cuando ejecuta a sus víctimas.

-Pues más razón para pensar que se trata de Sandra.

-Sí, así es. Creo que deberíamos acercarnos a la comisaría

de Fuencarral, el Pardo, hablar con los compañeros a ver qué tienen.

-Elías. ¿Qué? Que no llegamos al restaurante.

-Eh... ¿Te importa, Nacha, esperarme un momentito fuera? Por favor.

-Hola, María. -Hola.

-¿Qué? No me digas más.

Por tu cara veo que no nos vamos, te quedas trabajando.

¿Qué pasa? ¿Ha entrado algo gordo?

-Han encontrado el cadáver de una mujer en el Manzanares y...

creemos que puede ser Sandra,

la hermana de Maica.

-¡Damián!

¿Podemos hablar? -Tengo un poco de prisa, ¿eh?

-¿No tiene ni un minuto para hablar de su hija?

¿De verdad no pasó nada? Si metí la pata con Marga o con usted,

de verdad que no era mi intención. -No, si tus intenciones están claras.

-Me da miedo dejarte solo. -No te preocupes, de verdad.

Estaré bien.

Sé que no te lo he puesto nada fácil estos días que has estado aquí.

Por eso lo mejor que puedes hacer es volverte a Italia. De verdad.

-Yo era un broncas.

Estaba rodeado de muy mala gente y siempre me metía en peleas...

-Y ¿por qué me cuentas esto?

-Para que entiendas a tu padre, las cosas que te dice y...

Yo era una persona que tenía muchos vicios.

-¿Qué vicios?

-La... la cocaína.

-Me viene bien haberla encontrado.

Así le pregunto por los análisis, ¿qué tal?

-Eh... Es que no me los pude hacer.

-Me dijo que ya se los había hecho. -Ya, ya, sí, pero no me dio tiempo.

No se preocupe, pronto los haré y vendré a su consulta.

-Muy bien.

-Vamos a ver, pero ¿usted a mí no me escucha? Le estoy diciendo

que yo no he pedido ningún microcrédito.

Si es que yo ni conozco esa empresa. ¡No sabía ni que existía!

Hombre, por supuesto que lo voy a comprobar. Claro que sí.

Ya tendrá noticias mías, ya.

-¿Qué pasa? (SUSPIRA)

-Que tengo mucho disgusto. Esta mañana me ha llegado un email

reclamándome 4000 euros.

-Seguramente habrán suplantado tu identidad.

-Ya, Elías, pero ¿cómo? ¿Cómo?

-María, ¿no habrás perdido por ahí tu DNI?

-No, lo he buscado. Lo tengo en la cartera.

-Puede que te lo hayan robado online.

-¿Sí?

¿Cómo? Pero ¿había alguien dentro?

Vale. Vale, vale, vale.

Vamos ahora para ahí. La policía. -¿Qué ha pasado?

-Nos han entrado en casa. Tendrá que acompañarme a comisaría.

¿Perdona?

Lo siento, cumplo órdenes de la inspectora jefe.

El allanamiento se ha producido en circunstancias sospechosas

y Miralles opina que su declaración puede ser importante.

Y quiere tomarla sin contaminación.

Ah, claro, claro, el protocolo Soler.

Sí. Siempre somos sospechosos, aun cuando somos las víctimas.

¿Sería posible que ustedes

tuvieran en su casa material sensible?

De manera consciente o inconsciente.

Pero es por su bien,

para evitar que se repita esto o algo peor.

¿Peor? Claro.

Si era tan importante para ellos y no lo han encontrado,

es probable que vuelvan a buscarlo.

O que vayan a por uno de ustedes.

Traigo noticias.

-¿Qué pasa? ¿Habéis encontrado a Sandra?

-No lo sé. Ha aparecido el cadáver de una mujer en el Manzanares.

-Pero ¿es ella o no es ella?

Necesitamos que te tomes tu tiempo. Míralas con mucha atención.

Pero necesitamos el mayor nivel de certeza posible.

Está bien, no te preocupes. No es la prime...

¡Dios!

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Servir y proteger - Capítulo 559

24 jul 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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