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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 556 - ver ahora
Transcripción completa

El papel es más basto que el de uno auténtico.

Bueno, no está mal del todo.

Lo que vais a ver son una partida de billetes falsos

que han decomisado en Distrito Chamberí.

En Jefatura nos advierten que es probable que nos lleguen

a Distrito Sur. Así que hay que estar muy atentos.

Tengo unas estrategias para colocar el dinero sin que nos rastreen.

-¿Has visto quién te lo dio? ¿Lo conocías?

-Hombre que si la conozco, Elvira Soler.

-¿Qué pasa?

Estos billetes son falsos.

Eso no puede ser.

No hay duda, tienen la misma numeración.

Se lo habrán colado en el mercado, como te acaba de decir.

Señora Soler, ahora convendría que me acompañase a comisaría.

Si alguien le ha pagado con un billete falso,

es más que una víctima, es testigo de un delito.

Y encuentro normal que la inspectora le quiera tomar declaración.

¿Y todo este dinero?

No me fastidies que estáis falsificando billetes.

-¿A qué viene tanta llamada? (ÁLVARO) -"Han detenido a mamá."

-Últimamente, estoy...

No sé, cansada.

Baja de ánimos y...

Y con muchos lapsos de memoria.

Pregúntele a su marido.

¿Entonces es posible de verdad que se despistara con esos billetes?

Desde luego, a mí en la consulta no me mintió.

-¿70 euros de billetes falsos os parece motivo para llevárosla?

Si no se apellidara Soler, no la habríais denunciado.

¿De verdad pensáis eso? Sí, pienso eso, ¿qué pasa?

-Van a liberar a mamá.

En una hora está fuera por falta de pruebas.

-Hace exactamente seis días,

la mujer a la que amaba

murió en mis brazos,

después de recibir un tiro de esos malditos mexicanos.

-No lo dudes, si me entero de algo te lo diré.

Pero...

Vete con cuidado.

Santos cumple sus objetivos sin importarle nada ni nadie.

-La policía valenciana ha detenido sus seguimientos.

-¿Como que no tienen nada contra él, joder?

¿Les parece poco la información que os ha pasado la DEA?

¿No tienen bastante? -Hacen falta pruebas.

-¿Se arreglaron tus problemas familiares?

-Sí, todo quedó en un susto. ¿Quieres una copa?

-Tengo que irme a dormir temprano.

Mañana madrugo, tengo un día muy complicado.

-Qué lástima. Que duermas solo, digo.

-¿Te llamo un día de estos y quedamos?

-Ya estás tardando.

-¿Unas flores? -Son margaritas.

Es lo que he encontrado que más se parece a ti.

Por el nombre, digo.

-Papá, ya has demostrado que eres un buen padre.

Hace tanto que no hago un plan por mí misma que no sé ni lo que es.

-Pues por eso mismo, hija, más a mi favor.

Y no cambio de opinión.

-Necesito salir y voy a hacerlo, con o sin tu permiso.

-Oye, tía, ¿quieres que me vaya?

-¿Cómo? No, no, ¿por qué?

-Porque no quiero interrumpir nada.

-No, es que no hay nada. ¿Con Ricky?

Bueno, un poco.

O sea, bastante.

(Música emocionante)

Estás muy callado, no has dicho nada en toda la mañana.

-¿Sí, en serio?

-A que adivino.

Por lo de anoche, ¿no?

Te resumo.

Salí un rato al Moonlight y me lo pasé muy bien.

Y estoy muy feliz.

-¿Y con quién fuiste?

Con Paty. Estuvimos jugando al billar.

-¿Las dos solas todo el tiempo?

-Sí, ella y yo. Entre nosotras.

-¿Y desde cuándo sabes jugar al billar?

-¿Yo? No, no. En mi vida he jugado al billar.

Pero es que...

Paty me quería enseñar.

Entonces estuve un rato aprendiendo con ella.

-Buenos días.

-Hola, tía. -¿Qué tal? ¿Qué tal, tía?

-Buenos días. Ya está aquí la profesora de billar.

-¿Cómo?

-Me estaba diciendo Marga que estuviste toda la noche

enseñándola a jugar al billar.

-Ah bueno, tampoco es que yo sea una experta. Lo básico.

-¿Todo el tiempo solas? ¿Fuisteis a otro sitio? ¿Había más gente?

-Bueno, bueno, papá, tampoco seas tan cotilla, ¿no?

-Ah, ¿que tu padre es un cotilla?

Muy bien.

O sea, que yo pregunto y entonces soy un cotilla, ¿verdad?

Pues muy bien. Pues me voy.

El cotilla se va.

Porque hoy, diga lo que diga, se va a malinterpretar.

Así que aprovecho, llevo este pedido y llevo la furgoneta al taller.

A ver si la reparan que tiene que pasar la ITV.

-Vale. -Buen día.

-Tía, lo siento. Es que está de pesado.

-Pero ¿se pone así cada vez que sales por la noche?

-No, si es que no le gusta Ricky. Entonces no le quiero contar nada.

-Amiga, a él no le tiene que gustar Ricky,

te tiene que gustar a ti.

¿No se ha dado cuenta de que eres mayor de edad?

-Es que ese no es el problema.

La cosa es...

Bueno, a ver cómo te lo cuento.

-¡Marisa!

-¿Sí?

-¿Se puede saber qué demonios pasa? No hay ni una gota de nada.

¿Con qué se supone que recibo a las visitas?

¿O si viene alguien para una reunión?

Encárgate ahora mismo de que repongan todo esto.

-En media hora tiene una reunión con Valverde.

-¡Me da exactamente igual, me importa un carajo!

¡Yo ahora mismo no puedo tener ninguna reunión!

¡Dile cualquier cosa, pero retrásalo!

Ya sé que la hemos retrasado cuatro veces,

pero ahora mismo no estoy para nada ni nadie, ¿queda claro?

-¿Cinco minutitos para un oficial de policía?

-El que faltaba. Marisa, por favor, no olvides llamar a Valverde.

Cierra la puerta cuando salgas. ¿Qué pasa ahora, Elías?

-Bueno, recordarás que los compañeros de Valencia

dejaron de buscar a Santos Mercader.

-¿Y qué ocurre? ¿Lo han encontrado ya o no?

-Bueno, lo hemos encontrado nosotros. Más o menos lo hemos localizado.

Está aquí en Madrid. -¿En Madrid? ¿Dónde está ese tío?

-Eh, para, fiera.

Yo te cuento todo si prometes no volver a ser un justiciero.

-Que te dejes de tonterías.

-¿Me estás escuchando? -¡Que sí te escucho, Elías!

Y no te preocupes, si trabajáis en esto, no pienso interferir.

-Estamos trabajando en esto, sí. Te dije que no bajaría la guardia.

-Y dale. Deja de echarte florecitas y dime dónde está ese tío.

-Nos ha llegado una ficha de registro de un hotel.

Ha pasado allí un par de días y ya lo ha dejado.

Pero ha comentado que se quería instalar en Madrid.

Ha preguntado por inmobiliarias y parece ser que quiere buscar

un chalé así pijo en una zona buena de aquí.

-¿Y vais a ir a por él?

-Claro, estamos haciendo todo lo posible

por encontrar a ese tipo y también a Sandra.

Ya te dije que estamos en ello, que estamos avanzando.

-Muchas gracias por venir a darme esta información.

-Vale, te seguiré manteniendo informado.

Oye, deja eso, por favor.

-Que sí, hombre, que sí, Elías. -Sé lo que te digo.

-Lo sé, tienes razón, no te preocupes.

Rubio. Sí, soy yo, Quintero.

Oye, necesito que empieces a buscar información sobre alguien

lo antes posible.

¿Tienes para apuntar?

Está bien, toma nota.

Se llama Santos Mercader, es un empresario valenciano.

Parece que ha estado un par de días alojándose en un hotel lujoso

del centro de Madrid. Y está contactando con inmobiliarias

para intentar encontrar un sitio e instalarse por aquí.

No lo sé, no tengo ni idea.

Pero seguro que será en una zona residencial cara,

así que empieza a buscar por ahí cuanto antes.

Oye...

Escúchame porque es importante. No me importa el dinero,

pero necesito esa información cuanto antes, ¿de acuerdo?

Así que ponte las pilas.

Está bien, adiós.

-Es que entiendo que te parezca raro lo que le he dicho a mi padre.

Pero para mí ayer fue una noche muy especial.

-A ver, lo pasamos guay,

pero tampoco es que fuera la noche de nuestras vidas.

-No, si no es por lo que hicimos,

sino porque...

Es que hacía mucho tiempo que no salía.

-¿Y eso? ¿Tu padre no te deja o qué?

-No, no es eso.

Es porque llevo mucho tiempo ingresada en una clínica.

-¿Y eso? ¿Estás enferma?

¿Estabas en un hospital?

-Sí.

Estaba enferma, pero no estaba en un hospital.

Estaba en un sanatorio, psiquiátrico, como quieras llamarlo.

-Joder, no tenía ni idea, tía.

-No, si...

No se lo he contado a nadie.

Pero no sé.

Necesitaba sacarlo.

-Oye, tú como quieras, o sea...

-Es que contigo tengo mucha confianza.

-Puedes contarme lo que quieras, no se lo voy a decir a nadie.

¿Qué pasa?

-Yo...

Cuando vivía con mi madre y mi padre en Salamanca,

una noche nos quedamos mi madre y yo solas, no estaba mi padre.

Y nos entraron a robar.

Tres hombres.

-No me tienes que contar nada que no quieras, ¿eh?

-Fue horrible.

Yo no... No pude pasar página. No supe cómo superarlo.

Y me ingresaron.

Y esa misma noche, mi madre murió de...

de un infarto.

No es que mi padre sea una persona autoritaria ni...

ni que quiera nada, sino que...

Tiene miedo.

-Lo entiendo perfectamente.

-Y yo también.

Pero necesitaba contártelo.

Y te agradezco mucho que me hayas escuchado.

-No me agradezcas nada, de verdad.

Me lo pasé superbién contigo ayer, además.

-Bueno...

(SUSPIRA)

Voy al baño un segundo, ¿vale?

Que no quiero que entre un cliente y me vea así.

¿Me esperas? -Claro, claro.

-Vale.

-¿Por qué vienes todas las mañanas a tomarte una torrija

en vez de ir a La Parra, que te queda más cerca?

¿Es por no encontrarte con Silvia?

-¿Tanto se me nota?

Estoy hecho una mierda, Luis, desde que lo hemos dejado.

Porque si hubiera sido por una discusión o unos cuernos,

lo entendería, pero...

Es muy difícil estar separado de la persona que todavía te quiere.

-¿Que todavía te quiere?

-Dicho por ella.

Anoche en La Parra, concretamente.

-A ver, cuéntame eso.

-Le pedí perdón por todo lo que dije cuando vinieron a registrar la casa.

Me puse muy borde.

-Te pusiste como era lógico ponerse. -No, Luis.

Ella tenía todo el derecho del mundo a registrar la casa.

Estaba haciendo su trabajo.

Silvia no tiene culpa de que a mi familia le dé

por falsificar billetes.

-Bueno, no vamos a ponernos a discutir eso ahora.

¿Qué te dijo?

-Que todavía me quiere.

Pero que no es suficiente.

-Por nosotros, ¿no? Por tu familia.

Mientras estemos en tu vida, ella no puede estar contigo.

-Pero vosotros siempre vais a ser mi familia.

Así que ojalá nunca la hubiera conocido.

-No digas eso. -Te lo digo en serio.

Prefiero no haberla conocido que...

Saber que me quiere y no poder estar con ella.

-Está cerrado.

-No, deja, es... Un amigo.

Os presento. Álvaro, mi hermano.

Santos, un amigo.

-Encantado.

-¿Qué quieres tomar?

-No sé, ¿tienes "limoncello"?

-Sí, tengo. Aunque solo me lo tomo yo de vez en cuando.

-Perfecto.

Sabía que teníamos gustos parecidos.

-Bueno, chicos, yo me voy que llego tarde al taller.

Luego hablamos.

Un placer, Santos. -Hasta la próxima.

Es guapo tu hermano.

-Sí. -Parece majete.

-Mucho.

Muy majo, pero...

Bueno, está un poco de bajón. Normalmente es más simpático.

-¿Qué le pasa? -Mal de amores.

Estaba con una chica, lo han dejado, y cada vez que la ve se pone fatal.

-El mal de amores puede ser muy doloroso.

Espero que a ti y a mí no nos pase algo parecido.

-Inspira.

Expira.

Bueno, muy bien. Ya te puedes vestir.

Tengo buenas y malas noticias para ti.

Las buenas son que no tienes ninguna costilla desplazada ni rota.

-Bueno, casi que me doy con un canto en los dientes.

-No, no vaya a ser que te rompas el labio por otro sitio.

Te voy a dar algo para el dolor.

-Yo no sé en qué estaría yo pensando.

Si tengo la escalera que se cae a pedazos.

La próxima vez se la pediré a un vecino.

-Pues ahora que lo dices,

las malas noticias son que no me creo eso de la escalera.

Llevo muchos años en esta consulta, esas lesiones son de una paliza.

¿Quién te ha hecho eso, Manuel?

-Que no, doctor, que me he caído de una escalera.

Estaba colgando un ventilador y como los techos son altos,

me puse de puntillas y acabé en el suelo.

Y con el ventilador encima, que se ha quedado hecho polvo.

Así que, este verano, a pasar calor, porque con el paro que cobro

no me da para comprarme otro.

-Esas heridas no te las haces ni aunque te caiga encima

un ventilador funcionando.

Tienes que denunciar a quien te hizo eso.

Si es que le conoces.

-Pero otra vez, que a mí no me ha pegado nadie.

-Pues nada, volveré a la facultad de medicina,

porque no he aprendido lo suficiente.

No me tomes el pelo.

-Doctor... Yo no le estoy faltando al respeto.

Así que haga el favor de no insistir.

-Muy bien.

Como quieras.

Aquí tienes.

Tómate esto cada ocho horas durante tres días.

Y te das de esa pomada antiséptica en las heridas.

-Muy bien, muchas gracias.

-Si ves que te encuentras peor, te vienes por la consulta.

-De acuerdo, buenos días. -Adiós, hombre.

¿Tienes un minuto?

Sí, el cumpleaños de Olga, ¿no? Sí, he estado mirando varias cosas.

Mira, a ver.

¿Qué te parece esto? ¿Qué es eso?

Hijo, ¿qué va a ser? Es un bolso. ¿Un bolso?

Sí, está hecho con materiales reciclados,

¿te gusta?

Bueno, te da igual. Ya me ocupo yo.

Me voy a trabajar.

Espere usted, señora inspectora.

¿Has visto a ese hombre que ha salido por la puerta?

Sí, pero no me he fijado, ¿qué pasa?

Bueno, yo creo que le han dado una paliza y no lo quiere denunciar.

Supongo que le están intimidando o algo así.

No sé, ¿qué te ha contado?

Me ha contado que esas heridas se las hizo

porque se ha caído de una escalera. Pero la verdad, no concuerdan.

Parecen puñetazos, patadas en varias partes del cuerpo.

Pues sin una denuncia, poco podemos hacer, pero en fin.

¿Cómo se llama?

Manuel Dorado, es de aquí del barrio, tiene buena salud, viene poco aquí.

Lo único que sé es lo que pone en la ficha y que está en el paro.

Sácame la ficha, a ver qué veo.

Es que no sé si tengo derecho, igual me meto en un lío.

Antonio, por favor.

Si sospechas que alguien ha sido víctima de una agresión,

no solo tienes derecho a comunicárselo a la policía,

tienes la obligación de comunicárselo a la policía.

Si ya lo sé, mujer. ¿Entonces?

Me encanta verte decir eso de: "Estás en la obligación de comunicárselo

a la policía". Desde luego, mira que eres bobo.

No hay manera de que te tomes nada en serio.

Dame la ficha de ese hombre.

A sus órdenes, inspectora.

Venga, dame la ficha.

Me alegra que me acompañes.

No me gusta nada beber solo.

-Ya te he dicho que me encanta el "limoncello".

¿Has encontrado el chalé que buscabas?

-Me acaban de dar las llaves.

Está para entrar a vivir. Es perfecto.

-¿Y qué tal está?

-El Águila imperial se llama la urbanización.

¿Te suena?

-Sí, es una de las mejores zonas de Madrid.

-Y muy cerca de Distrito Sur.

-Te habrá costado una pasta el alquiler, ¿no?

-Bueno, no sabría decirte si es caro o barato.

Es mucho dinero,

pero si tengo claro algo es que no se debe escatimar

en calidad de vida.

No sé si me entiendes.

-Vamos, que te gusta darte un lujo.

-Creí que a estas alturas te habrías dado cuenta.

-Algo había intuido.

-Llámalo lujo, amor propio.

Me gusta vivir decentemente,

tener un sitio agradable donde recibir visitas,

un buen comedor donde celebrar cenas

y una gran cama

donde te quedes muchas noches a dormir

y también a desayunar.

-A desayunar.

-Ya te he dicho que cuando alguien me gusta,

me lanzo de cabeza y tú me gustas,

mucho.

¿Cuándo te vienes a ver la casa?

-Cuando tú me invites.

Juan, tienes las cámaras cargadas y la barra preparada.

El repartidor va a llegar un poquito tarde.

Estate atento. -De acuerdo. Voy a prepararme.

-Vámonos ya.

-¿Ya?

-¿Para qué esperar?

Podemos pedir comida a domicilio, dormir la siesta juntos

y luego ver el atardecer.

La terraza está orientada al oeste.

Me han dicho que hay unas vistas espectaculares.

-Suena genial, la verdad, pero ahora no puedo.

Tengo que abrir y mi hermano Ricky va a llegar un poquito más tarde.

-¿Por qué no dejas al camarero que abra?

-No le voy a dejar solo aquí.

-¿Qué puede pasar?

¿Que trabaje más de la cuenta?

Luego le das una propina y punto.

-A dormir no me voy a quedar,

pero ver tu casa sí que me apetece.

-Está bien. Me conformo con lo que puedas.

-Juan, tengo que salir un par de horas.

Te quedas tú al cargo, ¿vale?

-Sin problema, jefe. -Si hay cualquier problema,

ya sabes. Me llamas al teléfono.

Vamos antes de que me arrepienta.

-¿Se puede?

-Hombre, Ricky. ¿Qué pasa, tío?

-¿Estás muy liado?

Venía a pedirte consejo.

-¿Consejo?

¿Te quieres comprar un coche o qué?

-No. En realidad es algo más personal.

-Es que hay una chica que me gusta mucho y no quería cagarla.

-No sé si le vienes a preguntar a la persona adecuada.

Mejor ven a preguntarme cuando sí quieras cagarla.

Últimamente se me da muy bien.

-Si lo dices por Silvia, creo que la situación

es completamente diferente.

Además, tú conseguiste tener una relación.

Yo es que siempre la cago antes de empezar.

-A ver,

alguna que otra vez te he visto ligar en el Moonlight.

Lo raro es que no te hayan partido la cara todavía.

-Gracias por los ánimos.

-Venga, va,

cuéntame qué ha pasado, anda.

-A ver, hay una chica que me gusta mucho

y quería entrarle,

pero no sabía cómo hacerlo sin parecer un chulo.

Pensé: "Le voy a hacer un regalo así en plan guay".

-¿Y quién es esa chica?

-Marga se llama.

Es la hija de Damián, el ferretero.

El caso es que le regalé el perfume este,

pero la cosa no fue como yo esperaba.

-Es que a quién se le ocurre, tío.

-Pensaba que lo estaba haciendo bien, pero ya me di cuenta de que no.

El caso es que ahora he venido para pedirte consejo,

para no cagarla más.

-No hay una norma exacta para acertar con las tías.

Se trata de acercarse poco a poco,

ser tú mismo,

tratar temas interesantes

y, sobre todo, no parecerles un pesado.

No sé, crear un contexto.

-¿Un contexto?

Ya.

Lo del contexto suena muy bien, pero no sé lo que significa.

¿No me lo puedes explicar en cristiano?

-No porque cada tía es un mundo.

Lo que a una le gusta a otra le parece de lo más hortera.

Pero un perfume, ¿en serio?

Yo qué sé. Eso es muy personal y muy arriesgado.

-Sí, me dijo que era un perfume de señora mayor.

-A saber qué le habrás regalado.

Anda, pásame la llave.

-¿Esta? -Sí.

-¿Qué perfume le voy a regalar?

El primero que cogí de los caros.

¿Cómo quieres que entienda yo de perfumes de chica?

-Pues eso. Si no entiendes de perfumes

y tampoco sabes sus gustos,

no te metas en ese jardín. -Ya.

Bueno, a ver, después de esto le regalé una maceta con flores

y conseguí que se ablandara un poco.

-Entonces no siempre la cagas, ¿no?

-Vale, no la cago siempre,

pero es que ahora quiero seguir avanzando sin cagarla.

-Lo más importante es que sabes lo que no tienes que hacer.

Se acabaron los regalitos.

Entre la maceta y el perfume por lo menos tienes tres cumpleaños.

-No te cachondees de mí,

que esta chica me gusta de verdad.

Además es que anoche pasó una cosa que no me la quito de la cabeza.

-¿Anoche?

¿Qué pasó?

-Bueno, vino con Paty,

la de La Parra,

y estuvo un rato en el Moonlight charlando.

-¿No le habrás regalado nada? -Que no.

-Lo que tienes que hacer ahora es no agobiarla.

Tú ya le has tirado la caña y has ido detrás de ella.

Espera a que sea ella la que viene detrás de ti.

-¿Crees que vino a verme a mí al Moonlight?

-Sabe que trabajas ahí, ¿no?

-Sí, se lo he dicho varias veces.

-¿Y estuvisteis hablando?

-Sí. Bueno, a ver,

cuando vino nos saludamos y la invité a tomar algo,

pero básicamente estuvo toda la noche hablando con Paty.

Hubo un momento en el que yo me acerqué

y nos pusimos a jugar al billar y tonteamos un poco.

-Ya. Seguro que la abrazaste por detrás

y le enseñaste cómo funcionaba el taco, ¿no?

Que nos conocemos.

-No digas esas cosas. Es que...

-Hola. Buenos días. -Buenas.

-Muy buenas, Damián.

-Venía a traerte una furgoneta a que le eches un vistazo.

-Sí, claro.

Quito este coche y ahora la metemos. -Vale.

-Disculpa. Estaba esperando la llamada de un proveedor.

(Móvil)

¿Qué tal?

¿Va bien por la ferretería?

-¿Por qué iba a ir mal?

-No, por nada. No sé.

Ayer Marga se pasó por el Moonlight.

-Me lo dijo.

-Vino con Paty. Lo pasaron bastante bien.

-¿En qué sentido?

-En ningún sentido.

Simplemente quiero decir que a mí me dio la impresión

de que se lo pasaban bien.

-Pues me alegro muchísimo.

-Perdone. ¿Qué me decía?

-Bueno, yo me marcho, ¿vale?

-Venga. Suerte.

-La furgoneta que quiero que pase la ITV.

Échale un vistazo para no llevarme un susto.

-Claro, sin problema.

-¿Lleva mucho tiempo? ¿La tengo que dejar aquí? ¿Me paso otro día?

-No creo. Si no tiene ningún arreglo gordo,

supongo que la podrás venir a recoger luego.

Pasa y te hago el presupuesto. -Vale.

Los hace una chica del barrio.

Pues me encantan. ¿Es material reciclado?

Sí, los hace con envases de plástico, botellas, cosas así.

O sea, que son impermeables también.

Pues sí, claro. Lo serán.

No sé. Me parecen muy prácticos para meter la "tablet",

el ordenador portátil y todo eso.

A Olga le va a encantar.

¿Te importa si le cojo uno a Aitana?

¿Qué me va a importar? Todo lo contrario.

Me hace ilusión que te gusten. Se lo he enseñado a Antonio

y con lo sensible que es para otras cosas,

no le ha hecho ni caso.

Yo qué sé.

Oye, ¿qué tal Aitana, por cierto?

Muy bien. La acaban de llamar para una sustitución

en otro centro de salud

por Fuencarral barrio.

Es una buena noticia.

Si no te importa, se lo digo a Antonio.

Le va a alegrar.

Sí, a ver si encarrila ya el tema del trabajo

porque, ahora con la separación, un poco de estabilidad

le va a venir muy bien.

Desde luego.

(Puerta)

Permiso. Vengo con Ríos.

Gracias, Merche. Adelante.

Venga, sentaos.

¿Qué tal, inspectora? ¿Cómo estamos?

Bueno, tengo un caso para vosotros dos,

pero lo más importante es que seáis extremadamente discretos.

¿Vamos a infiltrarnos?

O sea, que habrá que ir de incógnito.

¿Por qué no escuchamos?

No me puedo creer lo peliculero que eres.

De verdad te lo digo. A ver,

Manuel Dorado,

42 años,

soltero, en paro

y sin antecedentes.

Tenemos indicios de que ha sido víctima de una paliza.

¿Tenemos la identidad del agresor? Es lo que quiero que averigüéis.

Entiendo que por eso no hay denuncia.

Y por eso debemos ser especialmente discretos.

Tiene sentido.

Efectivamente.

Manuel Dorado acudió esta mañana al centro de salud.

Presentaba hematomas y contusiones en espalda y rostro.

Él dice que ha sido por una caída accidental

de una escalera mientras estaba instalando

un ventilador en el techo,

pero Antonio,

que es el médico que le atendió en el centro de salud,

dice que esas contusiones y esos hematomas

obedecen lo más probable

a patadas y a puñetazos.

Si la víctima no ha denunciado, lo más probable es que tenga miedo,

miedo a que su agresor o agresores le estén vigilando.

Es posible y si hay una banda de extorsionadores en el barrio,

quiero saberlo cuanto antes.

¿Vamos a su casa a interrogarle?

Hacedlo como creáis más conveniente,

pero lo importante es que seáis discretos, ya os lo he dicho.

Quiero saber quién le ha dado la paliza a ese hombre.

OK. Chao.

-¿Qué te parecen los baños?

-El yacusi con vistas al jardín es la leche.

-Tenemos que probarlo.

-Cuando quieras.

No me digas ahora mismo que te conozco.

-Es justo lo que te iba a decir.

-Sabes que me tengo que marchar.

-Vale. Está bien.

Tu taxi está a punto de llegar,

pero vendrás a verme pronto, ¿no?

-Hombre, por supuesto.

La próxima vez que venga traeré una selección de vinos.

Me da mucha pena ver esa pedazo de bodega vacía.

-No sabes cómo te lo agradezco.

Voy por ahí diciendo que me gusta darme la gran vida

y no tengo ni idea de vinos.

¿Qué le vamos a hacer?

He sido siempre más de licores como el "limoncello".

¿De verdad que te tienes que ir ahora mismo?

-Sí y no insistas.

-¿Quieres quedarte un ratito a probar la cama?

Se me hace tan grande para mí solo.

-Si me meto en la cama contigo ahora, no me saca nadie hasta mañana

en la mañana. -No. Mañana no te iba a dejar

escapar tan fácilmente.

Te iba a preparar el desayuno.

-No me vas a convencer.

Ayer ya estuve fuera mucho rato y en Moonlight hay mucho trabajo.

-¿Tienes mucho movimiento en el bar? -No me quejo.

-Cuando hay alguien al frente con cabeza, los negocios funcionan.

(Timbre)

¿Sí?

Sale ya.

Tu taxi.

Bueno, vete pensando qué día puedes venir a verme.

Iré buscando el mejor restaurante de la zona que tenga

servicio a domicilio. ¿Te gusta la comida japonesa?

-Me encanta.

Yo me encargo del champán

y de las velas.

-Velas.

Anda, vete antes de que me arrepienta.

-La casa de mi colega era como en la zona de Lugo.

Un pueblo que estaba ahí como en las montañas.

San Martiño, no sé qué. Más perdido que Luarca...

Tranquilas fueron las prácticas, eso sí.

Pues de ese rollo.

La naturaleza... No sé.

-Buenos días.

-Buenos días.

-Coño, Manuel, ¿qué te ha pasado en la cara?

-Nunca intentes colgar un ventilador subido a una escalera vieja.

-Madre mía, pero ¿te has roto algo?

-Bueno, afortunadamente parece que estoy entero.

La cara hecha un Cristo, pero bueno, guapo nunca he sido,

así que no se pierde mucho.

-¿Te ha visto un médico o algo? -Sí, de allí vengo precisamente.

Oye, ¿me podrías poner un pincho de tortilla

y una cerveza sin alcohol?

Quiero echarle algo al buche antes de tomarme

los antiinflamatorios.

-Claro que sí, hombre. Ahora mismo.

Madre mía.

-Más suerte no podemos tener.

Vamos y hablamos con él.

¿Aquí en público?

Miralles nos ha pedido discreción.

También ha dicho que quiere saber todo cuanto antes.

Además, le vamos a dar mucha más confianza

si vamos ahora que si vamos a su casa en plan policial, ¿no?

Venga.

Buenos días. ¿Manuel Dorado?

-¿Qué pasa? ¿Qué quiere?

Verá, soy Silvia Orestes, inspectora de policía

y ese es mi compañero Antonio Ríos.

Estamos investigando un caso e igual nos podría ayudar

con cierta información. ¿Un caso?

¿Un caso de qué?

¿Le importa si nos sentamos?

Oigan, miren, no sé de qué va todo esto,

pero yo no he hecho nada malo.

-Por supuesto que no ha hecho nada malo. Lo sabemos.

Perdón si le damos otra impresión.

Sé que aquí es la víctima,

pero es que a veces las víctimas también son testigos, ¿entiende?

-Pero ¿qué víctima ni qué testigo?

¿De qué me están hablando?

Yo solo quiero desayunar tranquilamente.

Sí, desayunar y tomarse los antiinflamatorios

porque imagino que le estará doliendo bastante.

Sí, la verdad es que duele bastante. Sí.

¿Cómo se las ha hecho?

¿Esto? Bueno, pues un accidente doméstico

sin importancia,

pero ¿a qué vienen tantas preguntas?

Para. Para.

Esto es cosa del doctor Torres, como si lo estuviera viendo.

¿A que sí? ¿A que es eso?

-Si está siendo agredido, es mejor que denuncie.

-Pero que a mí no me ha agredido nadie.

Que me he caído en mi casa de la escalera.

Hagan el favor de hablar con el doctor Torres y le dicen

que se deje ya de tonterías de palizas y de no sé qué.

A mí déjenme en paz de una puñetera vez, hombre.

-Algo ya sabemos, ¿no?

Que está mintiendo

porque obviamente no estaba diciendo la verdad.

Claro que estaba mintiendo, pero ¿por qué le hemos intimidado?

Bueno, ¿y qué hubieras hecho tú?

¿Dejarle escapar así como si nada o qué?

-¿Y Manuel? ¿Qué ha pasado?

¿Se ha ido? Sí.

¿Tú le conoces de mucho?

Mujer, mucho, mucho no.

Viene por aquí de vez en cuando.

Hace tiempo ya que no venía.

-Ya, es que creemos que le pueden haber dado una paliza.

-¿Qué me dices? Si me ha dicho que se ha caído en su casa.

Lo mismo nos ha dicho a nosotros.

Simplemente estamos asegurándonos de que no sea nada más.

Ya.

Mujer, yo mucho, mucho no sé de él.

Que se quedó en el paro hace no mucho.

-¿Y tú sabes si le da a la bebida?

-Qué va. Por lo menos aquí no.

Es un hombre de café solo

y, mira, cerveza sin alcohol.

¿Dónde trabajaba?

En la funeraria de aquí de Distrito Sur.

Sé que estuvo bastantes años, pero la verdad es que no sé

cuándo le han despedido ni nada.

Disculpadme, pero tengo más mesas que atender.

Sí, claro.

¿Qué? Vamos a la funeraria, ¿no?

Bueno, a ver, un momento.

Vamos primero a acabarnos el café y a pensar cuál es

el siguiente paso.

Ya has visto que esto de improvisar

no siempre funciona.

(Puerta)

Adelante.

¿Se puede? Sí. Pasad.

Traemos noticias sobre Manuel Dorado.

Muy bien. ¿Qué sabemos?

Por parte de la víctima poco

porque insiste que de víctima no tiene nada,

que fue un accidente doméstico.

Lo que le contó al doctor Torres es lo mismo que le contó

a María en La Parra. Llegamos a La Parra

y nos lo encontramos allí de casualidad.

Pensé: "Es mejor abordarlo aquí y ganarnos su confianza

que no ir a su casa de improviso en plan policía a interrogarlo".

No funcionó. No.

No, es más, se cerró en banda.

De hecho se quejó de que el doctor Torres informase

a la policía y juró que nadie le había agredido

ni dado una paliza.

Os había dicho que fuerais discretos.

En fin, ¿qué más?

A ver, mucha pinta de estar diciendo la verdad no tenía sinceramente.

María opina que no cree que tenga problemas con el alcohol.

Hemos tanteado otros locales de la zona y tampoco.

Y perfil de ludópata tampoco tiene.

No creo que la paliza tenga que ver con deudas.

Tampoco lo descartes tan pronto porque si está en paro

y no llega a fin de mes, quizá le ha pedido dinero prestado

a quien no debe. Es posible.

Lo que sí nos han contado es que de vez en cuando iba

a un local de alterne. ¿A cuál?

Pepper... Sí. Peppermint 2000.

Bueno, no es un local de alterne.

Es un local de estriptis.

Parece que es el único vicio que tiene Dorado.

Yo, si quieres, me puedo pasar por allí a preguntar.

Ríos, si quieres ir a un club de alterne, puedes ir,

pero no estando de servicio.

Pero sí que tendréis que ir a ese club a investigar

en horas de servicio, por supuesto,

y yo creo que mejor a media mañana.

Claro.

Mañana tenemos previsto ir a la funeraria

donde trabajaba Dorado.

Según María, estuvo allí muchos años

hasta que le despidieron y ese despido puede ser una pista.

Bien, pero olvídate de orden judicial.

Por ahora, tendremos que tirar del hilo de lo que tenemos.

Entendido.

Pues esto es todo. Gracias, inspectora.

Venga. Gracias.

Hasta mañana. A descansar. Buenas noches.

-Buenas noches.

Buenas noches, Antonio. ¿Alguna novedad sobre Manuel?

No, déjales, que ya te lo cuento yo.

No les entretengas.

Hasta luego.

Pues no suelta prenda.

Tampoco le queremos presionar.

Mañana iremos a un par de sitios a ver.

No se hable más. Vámonos al cine.

Me cambio rápido y estoy lista.

¿Tienes las entradas? En el móvil.

Muy bien. ¿Y eso?

Que al final le compré el bolso a Olga.

¿Lo podrás mandar tú mañana?

Sí. Yo me encargo, sí.

¿Cómo es al natural?

Lo había envuelto porque pensé que te daba igual.

Vale. Confío en tu criterio.

O sea, que te da igual.

Vaya, hombre.

Si te pido abrirlo, malo.

Si no te lo pido, peor. No te pongas así.

No te pongas así, de verdad.

Venga, que tengo un día malo. Vale.

-¿Qué haces?

-Nada. Aquí terminando de cuadrar unas cuentas.

-¿Sigues enfadado?

-Hija, yo no estoy enfadado.

Es que no me gusta que salgas por las noches.

Supongo que me tendré que acostumbrar a los cambios.

Por otra parte, esa Paty pues... -¿Qué?

-Si tienes que salir por la noche, prefiero que vayas con ella,

que para su edad parece muy formal.

-Lo es.

Había pensado una cosita.

¿Te apetece que esta noche salgamos tú y yo al teatro?

-¿Tú y yo? ¿No has quedado con Paty?

-No, para nada.

-Pensaba que ahora quedabas

siempre con Paty. -Sí.

Una cosa es, papá,

que quiera salir de vez en cuando, divertirme y, no sé,

hasta enamorarme,

y otra cosa es que vaya a salir todas las noches y entre semana.

-¿Has dicho enamorarte?

-Es un decir.

-No, un decir no.

Esas cosas no se dicen por decir.

¿De quién estás enamorada?

-Si lo sé, no digo nada.

No estoy enamorada.

Es, no sé,

una suposición.

Me gustaría, como todo el mundo, enamorarme en algún momento.

-Ya. Bueno, sí, hombre.

Perdona, pensaba... -Ya sé lo que pensabas

y la verdad es que la próxima vez que pienses que estoy enamorada,

me gustaría que reaccionaras de otra manera.

-Bueno, perdona.

Ya sabes que quiero lo mejor para ti.

Ven con cuidado.

-Mira, papá,

¿sabes lo que yo quiero?

-No, ¿el qué?

-Que te esfuerces por superarlo.

(SUSPIRA) -Vale ya, por favor.

Vamos a cambiar de tema.

-No. Es que siempre es lo mismo.

Siempre que saco este tema, te pones fatal

y creo que es necesario que hablemos de esto sin tensión.

Yo lo estoy haciendo y me está funcionando.

-¿Que te está funcionando exactamente el qué?

-Pues eso,

el hablar lo que sucedió esa noche, lo que pasó después,

mi enfermedad, el sanatorio, todo.

-¿Con quién has hablado, Marga?

-Con Paty.

Esta mañana le he contado todo.

-¿Le he contado todo?

¿Todo?

-A ver, tampoco he entrado en detalles.

Le he dicho que...

Que entraron tres hombres en nuestra casa de Salamanca

y que nos atacaron.

-No me parece bien que le cuentes a una extraña

las intimidades de la familia.

-Querrás decir mis intimidades.

-Quiero decir lo que quiero decir porque nos afecta a todos.

-A mamá no le puede molestar y tú no estuviste allí.

Así que no es una cosa tuya.

Es una cosa mía

y yo necesito pasar página.

Necesito mirarme al espejo y decir: "Sí,

me violaron

y después tuve una depresión,

pero lo he superado".

Además,

que Paty es de confianza. No va a decir nada.

-Pues eso espero.

De cualquier forma, antes de contar nada,

me lo tendrías que haber consultado. -Vamos a ver,

soy mayor de edad.

No te tengo que consultar con quién quiero hablar

o si quiero salir una noche.

-Muy bien.

-Papá,

perdona. No te quería hablar así.

-No te preocupes.

Tienes todo el derecho del mundo a odiarme.

Tenía que haber estado allí...

-Papá, por favor. -Por favor, no.

Si hubiese estado allí, tu madre seguiría viva y seríamos felices.

-Pero vamos a volver a ser felices.

Ya lo verás.

Solo tenemos que aprender a vivir con ese recuerdo.

Mira, yo se lo estoy contando a Paty justo por eso,

para quitármelo de la cabeza.

Es que callándonos y no hablando de este tema

no vamos a superarlo.

¿Qué?

¿Vamos al teatro?

-Vamos donde tú quieras.

Voy. Voy.

-Mamá,

perdón.

No quería deciros todo lo que os dije,

pero es que a veces me pones en una posición.

-Te entiendo perfectamente, hijo.

-Te juro que intento no juzgaros, pero es que no puede ser.

Cometéis demasiados riesgos.

-Y te ponemos en peligro a ti.

Soy yo la que te pide perdón, cariño.

-No digas tonterías.

Ni siquiera querías entrar en lo de los billetes falsos.

-No, pero entré

y la lie por ese despiste.

-Bueno, tranquila.

Lo importante es que no ha pasado nada de momento.

-Esperemos que no vuelva a pasar.

-Intentaré hablarte mejor, ¿vale?

¿Por qué no nos vamos a la cama que es muy tarde?

-No, voy a esperar a tus hermanos.

-Vale.

Me voy a dormir que mañana madrugo.

-Anda, dame un abrazo.

-Te quiero mucho. Lo sabes, ¿no?

-Ay, mi niño.

-Buenas noches. -Y yo a ti.

Buenas noches.

-Sí.

Sí, claro que lo siente.

Diciéndome que lo siente, no se arregla mi cena.

Hace más de una hora y media que he hecho el pedido.

Ya.

Les llamé porque me dijeron que era el mejor restaurante japonés

de la ciudad, ¿y no saben encontrar una dirección?

Por lo que cobran por el sushi ya podrían poner GPS

a los repartidores.

(Timbre)

Mire, ha tenido suerte.

Llaman a la puerta. Igual es el pedido.

Sí, pero como se vuelva a producir una situación como esta,

les planto una reclamación a consumo.

Buenas noches.

Ya era hora. -Santos Mercader, ¿verdad?

Soy Fernando Quintero y tú y yo tenemos que hablar.

-No tengo nada que hablar contigo

y menos a estas horas.

Lárgate de aquí y no vuelvas a presentarte en mi casa

de esta forma.

-Ni se te ocurra cerrarme la puerta.

-¿Se puede saber qué haces?

-Te acabo de decir que tú y yo tenemos una conversación pendiente

y vamos a hablar por las buenas o por las malas.

Tú decides.

-Te estás jugando la vida. -Ya sé que me estoy jugando la vida.

Me importa una mierda. Me da igual morir,

pero el único que no sabe que se está jugando la vida eres tú.

Dime de una maldita vez dónde está Sandra Vallejo.

Sal de mi casa o llamo a la policía.

-¿Sí? ¡Llámala! ¡Llama a la policía!

Estoy deseando.

Yo de ti primero llamaría a una ambulancia

porque la vas a necesitar si no me dices de una maldita vez

dónde está Sandra Vallejo.

-No tengo ni puñetera idea de quién es esa Sandra Vallejo.

-¿No tienes ni idea? Vaya, hombre.

A ver si voy a ser el que se ha equivocado

y tú no eres Santos Mercader.

¿O no eres el Santos Mercader que estoy buscando?

Uno que trafica con drogas y que se ha asociado

con unos mexicanos del cártel de Jalisco.

-Me parece que te equivocas de parte a parte.

Me dedico a instalar máquinas recreativas.

-¡Escúchame bien, imbécil!

Maica Vallejo está muerta

y sé que sabes dónde tienen secuestrada a su hermana Sandra.

No me pienso mover de aquí hasta que me lo digas.

Así que tú sabrás.

-Vale. OK.

OK. Soy un traficante de drogas que te cagas

y me dedico a organizar secuestros y tal.

Entonces dime dónde está la media docena de guardaespaldas

que deberían cuidarme. -¡Ni lo sé ni me importa!

Lo único que sé es que te crees que eres un tipo muy listo

y vas tan sobrado de ti mismo que piensas que eres intocable,

pero no sabías que te podías encontrar conmigo.

-Basta. Voy a llamar a la policía.

-¡No vas a llamar a nadie! ¡Maldita sea!

-Suéltame.

¡Suéltame o te juro que...!

-¿Qué? ¿Me juras por Dios? ¿Qué me vas a jurar tú? ¿Eh?

¿Qué me vas a jurar, que me vas a matar?

¿Es eso?

Pero te digo una cosa,

a partir de ahora será mejor que duermas

con los ojos bien abiertos. Si no soltáis a Sandra Vallejo,

cuando menos te lo esperes me voy a presentar aquí

por sorpresa y te voy a matar con mis propias manos.

¿Te queda claro?

No olvides lo que te acabo de decir.

-Ay, pero ¿qué está pasando?

¿Cómo iba esto?

(Puerta)

-Buenas noches. -Hola, hijo.

Qué pronto llegas, ¿no?

-Relativamente.

-¿Y Ricky?

-Se ha quedado para cerrar el pub.

Todavía quedaban clientes. -Ah.

¿Mucho movimiento?

-No me puedo quejar, no.

¿Echamos una partida?

-No. No me apetece.

No sé qué le pasa a esta baraja. Le faltan cartas.

-Qué raro.

-Ya.

¿Y esa sonrisa?

-¿Qué sonrisa?

Estoy como siempre.

-Tú has conocido a alguien.

-Flipo.

¿Eres bruja o qué?

-Bueno, para el caso como si lo fuera.

A ver, cuéntame.

¿Quién es ese hombre?

-Pues un chico que se pasó por el pub.

Es proveedor. Se llama Santos.

-¿Santos?

-Y es valenciano.

Estuvimos hablando un rato y saltó la chispa.

Al cabo de un momento ya no estábamos hablando de trabajo

ni de máquinas tragaperras.

Estábamos hablando de nuestra vida, de nuestros gustos

y el resto de detalles no te los cuento porque son

un poco para mayores de edad.

-¿Santos Mercader?

-Sí. ¿Qué pasa? ¿Le conoces?

-Sí.

Claro que le conozco.

-¿Por qué pones esa cara?

¿De qué le conoces?

-Ese hombre trabajó para tu padre.

-¿Qué dices?

-Hace mucho tiempo.

La verdad es que era un chaval

cuando hizo de matón para tu padre.

Cuando alguien no pagaba o se hacía el listillo,

Santos Mercader iba a darle una paliza.

-No. No me cuadra nada...

-No te hagas ilusiones con ese hombre.

Es mala gente.

Aléjate de él.

-A ver, vamos por partes.

Cuéntame todo lo que sepas de él.

Porque haya trabajado hace 20 años con mi padre no le convierte...

-Es un narcotraficante, Luis.

-Venga ya.

-¿No me crees?

Bien. Pregunta por ahí.

Pregúntale a la gente que nos compra el alcohol en Valencia.

Es un narco y de los gordos.

Probablemente uno de los más importantes

del Levante.

-¿Y qué hace aquí en Madrid vendiendo máquinas tragaperras?

Lo mires por donde lo mires no cuadra.

-No cuadra si no quieres verlo.

Las máquinas tragaperras son la tapadera

donde blanquea el dinero de la droga.

-¿Estás segura de eso?

-Por desgracia sí.

Estoy segura que se ha acercado a ti porque sabe que eres

el hijo de Gabriel.

No sé qué andará buscando,

pero no es nada bueno.

No, es una investigación sobre gente en Distrito Sur.

Vale. Adiós.

¿Con quién hablabas?

Con el exjefe de uno al que le han pegado, pero no lo reconoce.

Miralles nos pidió investigarlo a Toni y a mí.

¿No tienes nada donde agarrarte? Nada.

Sus exjefes sabrán muy bien de él.

Esta tarde voy a ver a uno de ellos a la funeraria de aquí.

¿Eras o no eras un sicario a órdenes de mi padre

con fama de tener bastante sueltos los puños?

-Esa pregunta te la tumbarían por capciosa ante cualquier tribunal.

Te lo digo yo que soy abogado.

-Reconoce que eres un narcotraficante.

-¿En qué quedamos, vulgar matón o narcotraficante?

Dígame, ¿cuándo entró Fernando Quintero en su casa?

Llamó a mi puerta, le abrí,

se abalanzó sobre mí insultándome, llamándome traficante de drogas,

secuestrador. ¿Secuestrador?

Al parecer estaba buscando a una chica, una tal Sandra Vallejo

creo que dijo.

Insinuó que la tenía escondida en mi casa.

¿Se lo cree? Que tenía secuestrada a una chica.

¿Y si nos hubiéramos equivocado?

¿En qué sentido?

Los compañeros de Valencia no encontraban nada contra él

en el seguimiento que le hicieron.

Pero lleva mucho en el punto de mira.

Y tenemos el soplo de la DEA.

Mi olfato no se equivoca con un narco, comisario.

Ya, pero como siempre, necesitamos algo más que tu olfato

y ni los compañeros de Valencia ni nosotros hemos encontrado

ningún delito contra él.

¿Yo me voy a ir? No, hija. Yo me quedo.

Voy a aprovechar el tirón que está teniendo ahora el bar.

-¿Por qué no te turnas con Paty?

-Porque Paty necesita unas vacaciones con urgencia.

-¿Cómo lo sabes?

-Yo qué sé. Porque lo sé.

Porque veo que aquí en el bar se tira horas y horas.

Se las merece.

-Claro que no me he quejado porque eres mi jefa.

-Ahora soy tu jefa. No somos compañeras. No hay confianza.

-Claro que hay confianza.

Lo único que pasa es que no quiero fastidiarte.

-Me mosquea más que vayas por ahí chismorreando

de que necesitas unas vacaciones y no vengas a decírmelo.

(JULIO) -"¿Cómo estás?"

Bien. "Me alegro.

Ahora te paso a Olga."

No, espera. No he llamado para a hablar con Olga.

Quería hablar contigo.

Es que... Bueno, como quedé en informarte,

me gustaría comentarte una cosa sobre tu padre.

No le he dicho a ese tío nada que él ya no sepa.

Ese tío es muy listo.

Cualquier narco que se precie sabe cuando la bofia le está investigando.

No te reconozco, Fernando.

¿Se puede saber qué ha pasado contigo?

Me pasa que la habéis cagado.

Me pasa que por vuestra culpa Maica está muerta

y Sandra está secuestrada.

Eso es lo que me pasa.

-Es un tío normal.

Ni es un tío raro,

ni la ha liado nunca.

¿Y la línea de investigación de los prestamistas?

Me han dicho todos que no le han pasado dinero nunca.

En teoría no tiene ninguna deuda. Eso parece.

Estamos en un callejón sin salida.

-¿Qué vas a hacer?

¿Me vas a mandar a tus matones para que me mates?

No te tengo miedo.

O me das lo que te pido o se lo cuento todo a la policía.

Quiero ese dinero ya.

Esta noche.

Sí, en un pub que llaman Moonlight.

-Un poco...

Manuel.

¿Me estás siguiendo?

No, los policías también tenemos vida personal.

Lo que se me ha hecho raro es verte de copas con tu exjefe.

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  • Capítulo 556

Servir y proteger - Capítulo 556

18 jul 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. Manuel Rodriguez

    No se por que no dejan mirar los programas location

    18 jul 2019