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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 542 - ver ahora
Transcripción completa

-¡Es verdad, curras en una ferretería!

Cuando me lo dijeron, no me lo creía.

El Boli detrás de un mostrador.

Si no has pegado un palo al agua.

-Bueno, soy una persona nueva.

-Pero ¿qué manera de hablar es esa?

Tienes la misma cara de "desgraciao" que siempre.

-Dame el pasaporte. -¡No!

-¡Que me des el pasaporte! (PEGA A ELVIRA)

-¿Qué estás haciendo, tío?

-No me obligues a hacerlo.

(Golpe seco)

"¿Qué ha pasado?". He matado a mi padre.

Sé que mataste a tu padre por defender a tu madre. Eso lo sé.

¿Pero...? -Perdonad. Nos tenemos que ir.

No puedo olvidar que me ha estado mintiendo.

Te entiendo perfectamente.

Siento que lo hayáis dejado.

-Eres una mentirosa,

a ti te da igual que Silvia no esté en mi vida.

-No, te equivocas,

no soy ninguna mentirosa.

Pero Silvia es policía.

-Cuéntame lo que sea, sabes que no voy a juzgarte.

¿No te hace ilusión casarte?

-Sí me hace ilusión. -Pero tienes miedo.

-Siento vértigo, mamá.

-Te voy a enseñar la parte nocturna del barrio. Tiene su encanto.

-Perdona.

-Yo creo que deberíamos hablar, y preferiría que fuera en persona.

"¿Podrías quedar esta noche?".

-Casarse es dar un paso importante

y para eso uno tiene que estar seguro.

-Para no querer meterte en mi vida no te quedas corta.

-No te conozco mucho, pero me caes bien.

-Pues hazme un favor: no le cuentes a nadie lo que pasó.

-¿Cómo pueden echar a la gente a la calle?

-Porque les importa una mierda la gente como Ana.

Solo quieren dinero y más dinero

y les da igual a quién tengan que pisotear.

Pero no lo vamos a permitir.

Nos encadenaremos al portal. -¡Paty!

-¿Y qué tiene para mí?

Quiero que refuerces un operativo

de un desahucio que se ejecuta mañana.

¡Si no entiendes que es mi obligación,

no tenemos más que hablar!

-Pues no tenemos nada más que hablar.

Adiós. -Adiós.

-¿Te recojo a las 20:00? -Sí. Cuanto más tarde mejor.

Vete ya.

-Qué prisas. No tengo nada mejor que hacer que estar contigo.

Te ayudo a deshacer la maleta. -No, no te molestes.

-Si no es molestia. -¡Que no seas pesada!

-Sí, Sandra es mi hermana. ¿Quién es usted?

¿Cómo? Pero ¿está bien?

Sí, enseguida voy.

Está ingresada en el hospital.

¿Has vuelto a hacer de mula?

¡Sandra, por Dios, por eso fuiste a la cárcel en Colombia!

-Cariño, tranquilízate. -Maica, no estoy para sermones.

La gente del cártel de Jalisco en España espera el material.

-Perdona. ¿Acabas de decir que has traído esa droga

para el cártel de Jalisco?

-Sí y necesito hacer la entrega.

Me van a dar instrucciones y si no lo hago, estoy sentenciada.

Coge mi móvil y la bolsa. Llevadla adonde os digan, por favor.

-¿Qué te han dicho?

-Que si no entrego la droga nos matarán a las dos.

(Música emocionante)

Y tu café.

-¡Hola, María! -Hola, cariño.

Toma, los "tuppers" de ayer. Mil gracias.

-Qué madrugadora.

-Quería bajar temprano para dar las gracias a Paty y a Manolo.

Adiós, tengo a los niños con la vecina.

-Espera, deja que te ponga un café o algo

y unas madalenas para los críos.

-Gracias porque no tenía desayuno.

Tengo recogida toda la casa.

No sé a qué hora vendrán del juzgado para el desahucio.

-Te pongo también unos cruasanes.

-Gracias. ¿Cuánto te debo?

-Qué va, invita la casa.

-No, no, no, por favor. -¿Me vas a hacer el feo?

Espera, que te pongo un café.

-Tienes un corazón que no te cabe en el pecho.

Como ayer, que nos trajo Paty de tu parte esas albóndigas.

-¿Se las comieron a gusto? -Ya lo creo.

La gente del barrio os estáis portando tan bien...

Si no es con comida es con ánimos, que buena falta me hacen.

-Todo el mundo sabe lo mal que lo estás pasando.

-Son cosas que nunca crees que te van a pasar a ti.

Y un buen día de repente pierdes el trabajo

luego te duplican el alquiler,

y aquí donde me ves, soy yo la que va a ser desahuciada.

-¿Y qué dicen los de Servicios Sociales?

-No han podido hacer nada.

Han agotado todos los plazos,

pero no se ha podido parar el desahucio.

Así que no queda otra.

Sin trabajo, a la calle, sin un duro y con tres hijos.

-Es que no entiendo cómo pudieron vender esos pisos de VPO

a los fondos buitre. -¿Me cobras?

-¡Y encima dejar que suban el alquiler!

-El ayuntamiento dice que la ley lo permite,

y que están atados de pies y manos.

-No me hagas hablar, porque es que me enveneno.

¿Los críos cómo lo llevan?

-No entienden nada.

Me preguntan que por qué tienen que irse de casa

y a mí se me parte el alma.

-¿Quieres dejarlos un rato conmigo para no llevar tanta presión?

-Gracias, pero no.

Tengo que estar al pie del cañón ahora más que nunca.

Pero, claro, me preguntan

y no sabemos dónde ir. No sé qué decirles.

-¿Y no tienes a nadie que os acoja?

-No tengo familia.

Bueno, una hermana que vive en el extranjero.

Pero le ha faltado tiempo para decirme que en su casa

no hay sitio, por si le pedía ayuda.

-Pues vaya tela.

-Tengo miedo, María.

Por favor, qué sueño.

(PATY RESOPLA)

-Buenos días, Paty.

(PATY MUEVE COSAS RUIDOSAMENTE)

¿Estás bien?

-Pues no, no estoy bien.

Toni y yo discutimos anoche.

Aunque me imagino que lo oiríais.

(ESPE) -Sí, algo oí desde la habitación,

pero no te comas la cabeza.

Todas las parejas tienen malos momentos.

-No voy a perdonar a Toni.

-¿Qué ha pasado?

-¿Que qué ha pasado?

(EXHALA)

Que Miralles ha ordenado a Toni que esté en el desahucio de Ana.

Ana es una chica majísima que tiene tres niños a su cargo.

Y lo peor es que Toni ha dicho que sí,

sin rechistar ni decir nada.

¿Qué pasa, ya lo sabíais?

En comisaría no se habla de otro tema.

Es que es muy fuerte.

Es que flipo con que Toni se esté prestando a algo así.

-No tiene otra opción.

-¿Cómo que no tiene otra opción?

¡Una madre se va a quedar en la calle con tres niños!

¿Os estáis volviendo locas?

Somos conscientes de que es una situación delicada.

Sí, porque ella no tiene culpa de haberse quedado en paro

y no poder el alquiler que le han puesto.

Encima, su casa es de un fondo buitre

que compró viviendas sociales a precio de ganga.

(ESPE) -Sí, esas cosas no deberían pasar.

-Por eso mismo flipo tanto con que Toni vaya a participar.

Porque no es un tío cualquiera, ha decidido no pagar el alquiler.

No creo que esté muy tranquilo participando en el desahucio.

Al igual que no lo están Soriano, Gálvez u Ortiz,

y el resto de compañeros que irán con él.

Pero no tienen más remedio.

¿Me vas a venir con el rollo de que es vuestra obligación?

¡No os pueden obligar a hacer algo que os parece miserable!

¿Qué pasa, no tenéis sentimientos?

-Claro que tenemos sentimientos. -¿Sí?

-A todos nos duelen estas acciones. -¿De verdad me lo dices?

Porque ya he visto a la policía cargar contra gente

que intenta parar desahucios sin ningún tipo de piedad.

Solo cumplimos con nuestro deber, aunque nos pese.

¿Haciendo uso de la fuerza?

Si es necesario y siempre de forma proporcionada.

Vale, pues dime qué es de forma proporcionada y qué no.

Vamos a ver, lo único que digo

es que os podéis negar si algo os parece injusto.

-Nos podemos negar, pero las consecuencias serían graves.

-¿En serio, Espe?

¿Más grave que que una madre se quede en la calle?

-Me refiero a que un desahucio es una resolución judicial,

y los policías estamos obligados a cumplirla.

Si no lo haces,

te pueden acusar de desobediencia o desacato

y echarte del cuerpo.

Y a veces incluso encarcelarte. Eso Toni lo sabe.

Además, Toni tiene una situación muy delicada,

porque él está en prácticas.

-Qué manera de escurrir el bulto.

-No, no estamos escurriendo el bulto.

Es que los responsables son los políticos que hacen las leyes.

Nosotros solo ejecutamos las sentencias,

pero como somos la cara visible, el marrón nos lo comemos nosotros.

No, si de lo que se trata

es de pasarse la patata caliente de unos a otros.

Sí, sí: los jueces,

los políticos, los propietarios,

la policía, los bancos...

A todos se os llena la boca con el drama tan terrible

que son los desahucios.

Pero a la hora de la verdad

nadie mueve ni un dedo para pararlos.

-Nosotras no podemos cambiar las leyes.

¿Crees que no me gustaría detener a un tío que sé que es maltratador?

Pues claro que sí. Pero, sin una denuncia,

o pruebas irrefutables, no puedo hacer nada.

-Aquí lo único que está claro y que es cierto

es que una madre se va a quedar en la calle con tres niños pequeños.

Y todo porque no ha tenido suerte en la vida

y porque le han puesto un alquiler abusivo

que un fondo buitre le ha puesto a su casa.

Se me ha quitado el hambre. Me voy a trabajar.

-Ana, ahora no te puedes venir abajo.

Ni las cosas buenas ni las malas duran para siempre.

-¿Sabes lo que me da miedo?

Que me quiten también a los niños

y los lleven a un centro de menores. Y me muero.

-¿Cómo te van a quitar a los críos? Si tú eres una madre buenísima.

¿Has mirado en el ayuntamiento? ¿Seguro que no pueden hacer nada?

-Todo lo que pueden hacer es mediar y ya lo han hecho,

con el fondo de inversiones, con el juzgado...

Y no han podido hacer nada.

-¿Y dejarte una casa de manera temporal?

-En teoría sí,

pero por desgracia mi caso no es el único.

La crisis se ha cebado con muchos, las ayudas tardan en llegar...

(PATY) -Hola.

-Hola.

-¿Cómo van esos ánimos?

-Pues ahí voy, preparándome para lo peor.

Quiero agradecerte todo lo que estáis haciendo.

-Se lo diré a Manolo, pero es lo mínimo que podemos hacer

y vamos a estar ahí para apoyarte.

-No, no sé a qué hora se presentarán los del juzgado.

Pero lo tengo todo recogido por si acaso.

-Ana, no te van a echar de tu casa. No se lo vamos a poner nada fácil.

-Yo sé que haréis lo que podáis.

Pero me temo que no va a servir de nada.

Aquí los que mandan siempre son los del dinero.

En fin...

que los niños están esperando el desayuno.

Gracias, una y otra vez.

-Venga, guapa.

(GIME DE FASTIDIO)

-¡De verdad, tanta ley tanta ley!

¿Y ahora qué? ¿Ahora qué?

¿Dónde está la justicia para hacer que se cumpla la Constitución?

Todo el mundo tiene derecho a una vivienda digna.

Flipo.

(Música dramática)

(MEGAFONÍA) "Doctora Alba, acuda a cirugía".

-Cariño. Toma, mi amor. Te he traído un café bien cargadito.

-He entrado a verla a la habitación. Aún está dormida.

Creo que hemos hecho bien no dejándola sola.

Ya sabes lo que me dijeron esos mexicanos.

(SUSURRA) -Sí, pero no te preocupes.

No creo que hayan tenido tiempo de pensar

que no vais a entregar la droga.

-Sobre ese tema, Fernando,

es que no lo veo claro.

-¿Qué es lo que no ves claro?

-Lo que me dijiste de ir a la policía.

Lo mejor es entregarles la droga y ya está. Olvidarnos.

Son muy peligrosos, tú me lo dijiste.

Es mejor no cabrearles.

-Si te lo dije es porque lo he visto con mis propios ojos.

-Pues por eso.

Voy, les entrego la droga y ya está,

que se olviden de nosotras.

-¿Crees que es tan fácil? -Sí, puedo hacerlo.

Quedo con ellos, les entrego su cocaína

y cada uno por su lado. -Sí, ya sé que puedes hacerlo.

Pero no se olvidarán de tu hermana tan fácilmente.

Ella ya está muy implicada.

Le han puesto una prueba y ha hecho bien su trabajo.

Pueden ganar un dineral con cada viaje que haga,

porque una buena mula no se encuentra fácilmente.

-¿Buena mula?

¡Está en el hospital y aún no les ha entregado la droga!

-Sí, pero está viva,

y la droga está a salvo.

Además, ha pasado todos los controles

sin levantar sospechas ni en aduanas ni en ningún sitio.

Cariño, esa gente se puede olvidar de ti,

pero te aseguro que no se olvidarán de tu hermana.

(SUSURRA) -Ir a la policía es jugar con fuego, Fernando.

¿Eh?

Sería como firmar su sentencia de muerte.

-Más o menos ya la ha firmado. Ha sellado ese pacto con ellos.

Por eso la seguirán obligando a hacer lo que les dé la gana,

y tú deberías saberlo.

Algo similar sucedió con Somoza. -No, eso era distinto.

Tiene que haber otra opción que no sea ir a la policía.

Tú has tenido una organización, algo se te ocurrirá.

-Tú misma lo has dicho, mi vida:

"tuve" mi propia organización. Ahora no tengo nada.

Necesitaría tiempo y dinero para volver a ponerla en marcha.

Y esa gente nos lleva la delantera.

Ahora mismo habrá un par de personas en la puerta del hospital

vigilando nuestros pasos o dando vueltas por aquí.

-Si doy un solo paso en falso, nos matan a las dos.

-Por eso te estoy diciendo que lo mejor que podemos hacer

es acudir a la policía. Créeme.

Amor, confía en mí.

No voy a permitir que os pase nada malo,

ni a tu hermana ni a ti.

Pero eres tú quien tiene que decidir si cojo el teléfono y...

llamo a Elías para comentárselo todo.

(MAICA RESOPLA AGOBIADA)

-Déjame que lo hable con ella.

Esto le afecta también.

-Sí, creo que es lo mejor.

-¿Te pongo algo más, Boli? -No, muchas gracias.

-Te veo muy "concentrao".

-Mira, te voy a leer una cosa:

"El que come de todo no debe menospreciar

al que no come ciertas cosas.

Y el que no come de todo, no debe condenar al que lo hace,

pues Dios lo acepta".

-Parece para que los vegetarianos no se peleen con los demás.

(RÍEN)

-Sí, en la Biblia hay mucha sabiduría.

A mí me ayudó mucho a cambiar de vida.

Aunque ahora tengo que cambiar de trabajo.

-¿Qué dices?

-Sí, tengo que dejar la ferretería.

-¿Has tenido algún problema con Damián? Estaba contentísimo.

-No, no. Y yo creo que lo sigue estando.

Y le voy a estar eternamente agradecido,

porque fue la primera persona que me dio una oportunidad,

aparte del capellán de la cárcel.

-Entonces, ¿qué ha pasado, Boli?

-Su hija viene de Guadalajara y va a trabajar en la ferretería.

A ver, Damián no tiene para tres sueldos.

-Ya...

-Pues, hijo, cuánto lo siento. ¿Cuándo te tienes que ir?

-En cuatro días.

Pero me lo va a recompensar, porque me ha avisado con poco tiempo.

Pero yo no quiero que me recompense, porque estoy muy agradecido.

-Eso dice mucho de ti, Boli.

-Si Dios ha querido que deje la ferretería,

será por algo. Supongo que me espera algo mejor.

-Claro, hombre. Esa es la actitud que hay que tener en la vida.

-De todas maneras, si te enteras de algún trabajo por el barrio...

Yo trabajo de cualquier cosa, soy muy trabajador.

Y Damián me ha dicho que me dará buenas referencias.

-Claro que sí. Si me entero de cualquier cosa, te aviso.

Además, mira, lo voy a decir por el "mercao".

Por allí se pasan muchos transportistas,

y a los que me traen el género también se lo puedo comentar.

No te preocupes, que con lo que sea yo te aviso.

-Muy bien, pues muchas gracias.

Me voy, que Damián tiene que ir a ver a su hija a Guadalajara

y no quiero hacerle perder tiempo.

¡Chist, déjalo! Hoy estás "invitao".

-Gracias. Adiós.

-Adiós, cariño.

(SECA) -Los pinchos.

-Chica, qué humor. Ni que te hubieran mordido los pinchos.

-El desahucio de Ana es a las 12:00.

(SUSPIRA) -Vaya tela.

¿Qué va a hacer esa mujer con las criaturas en la calle?

Qué duro que te echen de tu casa.

-Sí, es duro e injusto.

Porque esa casa era una vivienda de alquiler social.

Pero está visto que aquí solo ganan los especuladores.

-Tenemos que ir a ayudarla a sacar todas las cosas del piso.

Ella sola no va a poder, con los críos y "to".

-Lo que hay que hacer es impedir ese desahucio.

Es en lo que estamos en la asociación de vecinos.

-A ver, mujer, no es por "na",

pero si el ayuntamiento no ha podido pararlo,

¿qué vais a hacer vosotros?

-No lo sé,

pero haremos lo que haga falta para que no se queden en la calle.

¿Te importa si salgo un poco antes de las 12:00

para reunirme con el resto de vecinos?

-No. Ya te dije ayer que no me importaba.

Pero ¿eres consciente de que te encontrarás con Toni

y de que te apartará de allí?

-Pues tendrá que cumplir con su obligación,

igual que yo voy a cumplir con la mía.

-¡Buenos días, santurrón!

Ya veo que te alegras de volver a verme.

-¿Qué quieres, Rafa?

-Charlar un poquito, coño,

que ayer entró la poli esa y nos cortó el rollo.

-Tengo mucho trabajo y no estoy para charlas.

-Pues te guste o no, vamos a hablar.

¿Tu jefe dónde está?

-En Guadalajara, ha ido a ver a su hija.

Pero en cualquier momento puede entrar un cliente,

así que dime lo que sea y lárgate.

-El que tiene que decir eres tú.

¿Dónde está lo que sacamos de la joyería?

-¿Has venido para eso?

-No, no. No he venido para eso, hombre.

He venido para rezar un rosario contigo, ¿no te jode?

¡Habla!

-Ya lo tienes que saber por tu amigo el Rambo.

Me mandaste a la cárcel para que hablara.

-Pues ahora me lo cuentas a mí:

¿dónde están las joyas y el dinero?

-Ya sabes que el botín se lo llevaron.

Que, cuando llegó la policía,

tú te fuiste corriendo y yo me quedé con el marrón.

-Por eso te lo estoy preguntando, santurrón,

el Rafita quiere saber si le mientes o no.

-Ya lo sabes: llegó la policía, sonaron las sirenas,

tú cogiste la moto, te fuiste y me dejaste allí tirado...

No te imaginas lo que te he odiado.

-Enhorabuena, campeón.

Saliste corriendo, ¿qué más?

-Nada, llegó la policía.

Yo... salí corriendo,

cogí el botín y lo eché en un contenedor.

Luego me camuflé entre la gente.

Pero es una etapa que ya he cerrado.

-Pues la vuelves a abrir.

¿Volviste a por la mochila?

-Sí, pero ya no estaba.

-Qué casualidad, ¿eh, Boli?

¿Y quién se lo llevaría?

-Pues no lo sé quién se la llevaría.

A lo mejor me vieron meterla en el contenedor, ¿no?

-Yo creo que se la llevó alguien que cree que yo me chupo el dedo.

-¿Realmente crees que yo he cogido ese dinero?

-Era un botín muy jugoso y había mucha pasta en juego.

Y tú, que no eras el santurrón que eres ahora,

a lo mejor cogiste la mochila y la metiste en otro sitio.

Porque la pasma te cogió horas más tarde.

-¿Qué películas me estás contando? ¡Te he dicho lo que sé!

¿Qué quieres?

-Quiero mi dinero, Boli.

¿No te han dicho lo que les pasa a los ladrones?

Se les corta la mano.

-¡Buenos días!

(Campanilla de la puerta)

-Buenos días, Elías. ¿Qué tal por comisaría?

-Allí vamos. -¿Qué necesitas?

-No tengo prisa. Acaba de atender a tu cliente.

(RAFA) -Yo ya me iba.

(Campanilla de la puerta)

-¿Ha pasado algo? Parece que estabais discutiendo.

-¡Nada! Que...

Ha venido a preguntar por una taladradora.

Y cuando le he dicho el precio, ha dicho que somos...

unos ladrones.

Pero dime, ¿qué quieres?

-Mira, necesitaba unas pilas como esta.

-Vamos.

-¿Tú qué?

Pensaba que te ilusionaría saber que te echo de menos en la UIT,

pero ya veo que no.

-Ojalá siguiera en la UIT. Así no tendría este marrón.

-¿Qué marrón?

-Miralles me ha metido en el operativo de un desahucio.

Tengo que echar de su casa a una mujer y a sus tres hijos.

-A ver, si aceptas un consejo,

te diría que trataras de que fuera lo menos dramático posible.

-¿Y cómo se hace eso?

Porque lo que van a hacer es una injusticia.

Estoy pensando en decir que estoy malo y me voy a mi casa.

-Te puedes meter en un buen lío, ¿eh?

-Ya estoy en el lío.

Mi piba se quiere meter en medio del desahucio.

-Mucho cuidado con lo que haces porque todavía estás en prácticas.

A la mínima sanción, te deniegan el ingreso en el cuerpo.

-¡Pero es que es una detrás de otra!

Primero lo de mi colega Tacho y ahora esto.

-Son situaciones que van a poner a prueba tu vocación,

pero debes saber sobreponerte.

-Pero es que con Tacho, aunque me dolió, lo vi claro,

era un delito. Pero es que aquí no me entra en la cabeza.

-Te entiendo, pero es una prueba por la que debes pasar.

Y de esas que ponen a prueba tu vocación.

Y creo que Miralles te ha puesto ahí precisamente por eso.

-Perdona, pero me parece fácil decirlo desde tu posición,

porque en la UIT no se ve a nadie.

Perdóname.

-Deja que te diga que yo estuve en un desahucio en Barcelona

y lo que ocurrió no se me va a olvidar nunca.

-¿Y qué pasó, si se puede saber?

-Cuando llegó la comitiva judicial

con la correspondiente orden de desahucio,

nos abrió la puerta una señora...

La verdad es que estaba fatal.

Cuando nos dieron la orden de materializar el desalojo,

en un descuido, abrió la ventana y se tiró de un décimo piso.

-¡Joder!

-Te puedes imaginar. Estuve muchas noches sin dormir.

Este trabajo tiene esas cosas,

y tienes que saber sobreponerte.

Y estoy segura de que tú podrás, porque eres un buen policía.

No lo olvides, ¿vale?

(ELÍAS) -De verdad, que me dio mala espina el tío ese de la tienda.

-Hola.

-Boli decía que era un cliente y no me lo trago.

-Que el Boli cumpla condena no significa

que esté metido en cosas turbias. Tiene concedido el tercer grado

y eso no se lo dan a cualquiera.

-Yo no digo que el Boli sea mal tipo, pero el otro sí.

Fue entrar en la tienda y escurrir el bulto.

-Pues investiga si está fichado. Así te sacas esa espinita.

-Pues, mira, es lo que vamos a hacer.

-A ver, ahí está. ¡Toni!

Compi, ya nos hemos enterado de que participas en el desahucio.

Será un mal trago, pero son órdenes.

-Bueno, siempre puedo decir que no por objeción de conciencia,

decir que va en contra de la dignidad y de mis principios.

-De tus principios y de los de muchos compañeros.

Pero no te queda otra, chaval.

-En esta profesión no hay objeción de conciencia.

Eso en otros trabajos, pero en la policía no.

-Un policía, cuando se pone el uniforme,

tiene que aparcar su ideología y cumplir las órdenes.

Y es lo que vas a hacer.

-Ya, pero yo me metí en esto para proteger a los indefensos.

Y ya me diréis vosotros, si alguno lo sabe,

a quién estoy protegiendo con esto.

(Sirenas lejanas)

-¿Cómo te encuentras?

-Mejor. ¿He dormido mucho?

-Bastante.

Los sedantes que te dieron eran muy fuertes,

pero mejor, así has podido descansar.

-¿Has ido al hotel?

-Sí, Fernando me acompañó.

-¿Y encontrasteis...?

-¿La droga? Sí.

Estaba bajo la cama, en la mochila.

Y los mexicanos llamaron a tu móvil, como dijiste.

Toma.

-¿Les has entregado la cocaína?

-Llamaron cuando estábamos en el hotel,

y, al ver que no era tu voz, me preguntaron por ti.

Les conté que tuviste un accidente y estabas en el hospital.

-¿Y qué te dijeron?

-Es mejor que lo sepa.

-Cuéntame de una vez qué está pasando.

(DUDA)

-Dijeron que, si no les entregaba la droga,

nos matarían a las dos.

Y aún no la he entregado.

-¿Por qué?

-Quería esperar a que despertaras y hablarlo contigo.

-No hay nada que hablar, Maica. Te pedí que entregaras la mercancía.

¿No ves que nos han amenazado de muerte?

-Sandra, Sandra, por favor, no te enfades con tu hermana.

Ella quería entregar la droga. Yo le he pedido que no lo haga.

-No entiendo.

-Fernando cree que es lo mejor para ti.

-¿Lo mejor es que me maten?

-Sé que estás corriendo un serio peligro,

pero, de verdad, si entregas esa droga,

estoy seguro de que te perderemos para siempre.

(SUSPIRA) -Maica, por favor.

-Sandra, escúchale.

-Escuchadme vosotros, porque no habéis entendido una mierda.

Si les doy lo que me piden, no me matarán.

-Pero te convertirás en su esclava. Has firmado una especie de pacto.

No te van a dejar ir tan fácilmente.

-Dijeron que solo sería esta vez. -Mienten. Volverán a por ti.

Porque saben cuál es tu debilidad,

saben que pueden volver a engancharte a las drogas

cuando les dé la gana.

Y te seguirán utilizando como mula

porque van a ganar mucho dinero contigo.

Hasta que dejes de serles útil y se deshagan de ti,

o hasta que la policía te detenga en un aeropuerto

o se te reviente una bolsa de cocaína dentro del estómago.

Escúchame bien, Sandra.

¿Qué quieres hacer?

¿Vas a dejar que esta gente te destroce la vida?

(Móvil)

-Número oculto.

¿Diga?

Sí, soy yo.

Solo ha sido un contratiempo. Os prometo que os la entregaré.

De acuerdo.

-¿Qué te han dicho?

-Quieren la droga hoy. Si no, tú y yo estamos muertas.

Volverán a llamar para decir el lugar de la entrega.

-Sinceramente, Sandra, si entregas esa droga,

será muy difícil salir de ahí.

-Por favor, deja de atosigarla. Yo pienso como ella,

lo mejor es entregar la droga y punto.

Y que se olviden de nosotros. Tú puedes ayudarnos.

Sabes cómo manejarles. -No, no puedes pedirme eso.

Yo les juré a mis hijos que no haría nada al margen de la ley

y no puedo romper esa palabra. Sabes que no puedo.

Lo mejor que podemos hacer es ir a la policía.

-¿Qué? Estás de broma.

Si se enteran de que he hecho de mula, voy directa al trullo

y un día aparezco asesinada por los mexicanos.

-No tiene por qué. La policía podrá protegerte;

es más, pueden escribir un informe favorable.

Los jueces son benevolentes cuando la gente decide colaborar

porque se arrepienten, etc.

No tendrás ni que pisar la cárcel, te lo digo por experiencia.

¿Qué me decís?

Solo tengo que coger el teléfono y hacer esa llamada.

(RESPIRA RUIDOSAMENTE)

(VECINOS) -¡No al desahucio! ¡No al desahucio!

¡No al desahucio!

-¡Vamos, chicos!

(TODOS) ¡No al desahucio! ¡No al desahucio!

¡No al desahucio! ¡No al desahucio!

¡No al desahucio! ¡No al desahucio!

-Mira, por ahí viene toda la caballería.

Ese es el representante de los fondos buitre,

la letrada, y ese un cerrajero.

Chicos, recordad, ni un paso atrás.

¡No permitiremos que echéis a Ana y a sus hijos de su casa!

¡No nos moverán!

¡No al desahucio! ¡No estáis solos! ¡No al desahucio!

(TODOS) ¡No al desahucio! ¡No al desahucio!

¡No al desahucio! ¡No al desahucio!

(VECINOS) ¡No al desahucio! ¡No al desahucio!

-A ver, por favor, dejadme pasar.

¡No nos lo pongáis más difícil! Diles que se aparten.

-No se van a apartar.

Si nos queréis detener, ya podéis empezar. Aunque, ¿sabes?

Encadenarnos sabemos solitos.

-Estamos a tiempo de dejaros ir sin detención.

-Esta gente está aquí de forma cívica,

respetuosa, responsable, y ejerciendo su derecho a la protesta.

Y, de verdad, no entiendo

cómo eres capaz de formar parte de esto.

¡Chicos, no van a pasar! ¡Nos sentamos!

¡No nos moverán! ¡No al desahucio!

(COREAN) ¡No al desahucio! ¡No al desahucio!

-Procedan para despejar la barrera y entrar al portal.

(VECINOS) ¡No al desahucio! ¡No al desahucio!

(PATY) Eh, ¿qué estáis haciendo?

¡No les dejéis! ¡No les dejéis!

¡Suéltale! ¿Qué haces?

¡Suéltale!

(TODOS) ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!

(Gritos y ajetreo)

(Gritos ininteligibles)

(PATY) ¡Eh, eh, eh!

-¡Te vas a hacer daño! -¡Hijo de puta!

(Codazo)

-¡Perdón! Mira, te lo mereces.

¡Te lo has buscado! ¡Basta!

Buenos días. ¿El letrado de la administración de justicia?

Soy yo.

El responsable del operativo me ha avisado

de que hay dificultades para ejecutar el desahucio.

Visto lo visto, no podemos actuar con paciencia

ni garantizar la operación.

Así que, en estas circunstancias,

lo mejor sería paralizarlo. De acuerdo.

Avisaré al equipo.

(Gritos y abucheos)

¡Fuera! -¡Fuera! ¡Fuera, hombre!

(PATY) ¡Basta ya!

Abortamos el operativo. Cesamos la intervención.

¡Atención todos: abortamos el operativo!

Cesamos la intervención.

(GRITAN CELEBRANDO)

(VECINOS) ¡No al desahucio! ¡No al desahucio!

-¡Vecinos, que lo hemos conseguido! (VARIOS) -¡Sí!

(CELEBRAN)

-Inspectora, ¿puedo hablar con usted?

Claro, dime.

Nada, que gracias por paralizar el desahucio.

No saques conclusiones precipitadas.

No se daban las condiciones para realizar el desalojo

y, a riesgo de altercado, he inhibido la acción.

Pero para mí es un alivio.

Porque lo que se iba a hacer es una injusticia.

Y me alegro mucho de no ser cómplice de algo así.

Por el momento. ¿Cómo?

¿Va a montar otro operativo para la comitiva judicial?

¿Y voy a estar en él?

Si nada lo impide, el juez dictará otra orden

y yo diseñaré otro operativo para cumplir la resolución.

¿Cuándo?

Probablemente, mañana.

Así que tendrás que cumplir esas órdenes aunque no te gusten.

¿Por qué me hace esto?

Yo no te hago absolutamente nada. No lo tomes como algo personal.

Cuanto antes te acostumbres a estas situaciones, mejor.

Es que este tipo de situaciones son un marrón.

Nosotros no hacemos las leyes y no podemos cambiarlas.

Pues me va a costar cumplir según qué tipo de órdenes.

¿Crees que a mí no?

Me alegra saber que a usted también le cuesta.

¿Acaso lo dudabas?

Solo espero que me siga costando hacer algo así.

Porque el día que me alegre de hacer un desahucio me preocuparé.

Me habré convertido en un monstruo.

Pues yo espero que ese día no llegue nunca.

Pero procura cumplir lo que se te ordena.

Claudia, ¿puedo hablar contigo?

-Sí. Yo ya he dicho lo que tenía que decir

y he escuchado todo lo que tenía que escuchar.

Con permiso.

-Ha sido un poco duro mandar al chaval al desahucio.

Antes del operativo estaba que le iba a dar un jamacuco.

Sí, me recuerda a alguien que también va de policía duro.

¿Sí? Sí, y no sabes lo que me alegro.

¿Qué me traes?

Esta mañana en la ferretería un tipo me ha dado mala espina.

Estaba hablando con el Boli.

Me he quedado pensando... ¡y bingo!

¿Y qué has averiguado?

Es un delincuente habitual. Se llama Rafael Maringo.

Hace cuatro años que salió de la cárcel

y anda por el barrio. No me hace gracia.

A mí tampoco. Tenle en el punto de mira.

Y si hay novedades, me informas.

Perfecto, lo haré.

Vaya marrón tienes ahora, ¿no? Desde luego.

Tendrás que hablar con el juez,

a ver cuándo se procederá al nuevo desahucio.

Pues lo siento. Gracias.

(Música dramática)

-Me habéis salvado la vida. Gracias por venir a estas horas.

-Tranquilo.

-Vi que el baño se estaba inundando, y casi me da algo.

-Te has dado cuenta a tiempo,

porque eso lo dejas y se convierte en un problemón.

-Sales en barco, te lo digo.

-Voy a por el dinero.

¿Os tomáis algo? Invita la casa.

-Pues yo una cervecita me tomaba.

-¿Tú quieres algo?

-No, tengo que ir a coger el bus. Pero gracias igualmente.

-Pues me la tomo yo solo.

-Bueno, te dejo todo esto por aquí.

¡Hasta luego! -Boli, Boli.

¿Qué?

-Considéralo una gratificación.

-¿Qué? Pero si yo estoy trabajando. -¡Boli!

Hemos terminado fuera del horario laboral.

Como si fuera una hora extra.

Además, has visto eso empantanado y te has metido sin más.

Mira tus zapatillas. Te compras unas nuevas, acéptalo.

-Está bien, gracias. -Hasta mañana.

-Oye, me tomo una contigo. -Te lo agradezco.

-Oye, Boli parece un buen tipo.

-Pues sí. Laboralmente no tengo ninguna queja.

-¿"Laboralmente"?

-Eso he dicho.

-No, es que parece que sí que tuvieras quejas

en otros aspectos.

-Pues no sé por qué dices eso.

-Oye, una pregunta.

Dicen por ahí que Boli es un preso

y que le diste trabajo para conseguirle el tercer grado.

¿Es verdad? -Sí.

-Pues es un gesto que te honra, tío.

No hay mucha gente dispuesta a hacer eso.

Por desgracia, la gente cree que un preso lo sigue siendo,

aunque haya cumplido su condena.

-Es normal que la gente tenga sus reparos.

Por mucho que hayan pagado su deuda,

siguen siendo delincuentes, y muchos de ellos reinciden.

La cabra tira al monte.

Pero también creo que la cárcel puede cambiar a las personas.

-¿Y crees que es el caso de Boli?

-Pues al principio tenía mis dudas.

Pero ahora creo que sí.

-¿Y cómo reaccionan tus clientes cuando se enteran?

Si no es mucho preguntar.

-Pues tú qué crees, ¿hombre? Hay de todo.

Hay algunos que instintivamente agarran la cartera y no la sueltan.

Afortunadamente, son los menos.

-Se nota que crees en la reinserción y no en la venganza.

-¡Uf! Pues no sé...

Yo diría que en este caso concreto sí que creo.

-Pues eso te hace buena gente.

-¿Tú crees?

(PENSATIVO) Ay...

¡Adelante!

Esta señora quiere hablar contigo. Supongo que sabes quién es.

Por supuesto, Ana Gómez. Pase, por favor. Dígame.

¿En qué puedo ayudarla?

Quería agradecerle que haya parado el desahucio.

No se lo tome como un favor. En realidad,

no se reunían las condiciones necesarias para el desalojo,

y se podían producir altercados. Quería evitarlo.

Aun así, se lo agradezco.

Sé que tarde o temprano tendré que salir de mi casa.

Los Servicios Sociales consiguieron suspender el proceso

durante el tiempo reglamentario.

Pero cuando se alza la suspensión,

antes o después el juez vuelve a emitir otra orden

y nosotros debemos apoyarlo para que se ejecute.

No, si ya sabía yo que al final la policía

acabaría echándome de mi casa.

Ana, nosotros no somos responsables.

Para mis agentes, un desahucio es muy mal trago.

Una pesadilla es lo que es. Nosotros no podemos hacer nada.

Estamos atados de pies y manos.

Hay una orden judicial y nosotros solo podemos acatarla.

Tengo tres hijos y no tengo adónde ir.

Siéntese, por favor.

Verá, créame que la entiendo perfectamente.

Si pudiéramos ayudarla, ya lo habríamos hecho.

De verdad, no lo dude.

Le juro que yo no soy ninguna delincuente.

Nunca he tenido problemas con la justicia ni con la policía.

Cuando tenía trabajo, pagaba religiosamente mi alquiler.

¡Me gusta trabajar, era muy buena en mi trabajo!

-Ana, tranquila, sabemos que se quedó en paro.

Y que los nuevos dueños del edificio subieron escandalosamente

los precios del alquiler a todos los inquilinos.

Sí, hay muchas personas honradas

que están sufriendo por la misma situación.

Eso no evitará que me echen.

No sé si le servirá de consuelo,

pero quiero que sepa que todos entendemos su desesperación

y nos gustaría que se pudiera solucionar...

de la mejor manera para usted y para sus hijos.

Gracias.

Eso me hace sentir un poco más acompañada.

En una situación así, llegas a verte como un despojo humano.

Muchos me considerarán una fracasada,

o una aprovechada que quiere chupar del bote. Pero no es así.

Claro que no.

Usted es una luchadora. Hoy lo ha demostrado.

Usted ha luchado hoy por sus hijos,

y ellos se lo agradecerán en el futuro.

Eso es lo que me ayuda a no darme aún por vencida.

En fin, no quiero molestarlas más.

Buenas noches.

Buenas noches.

¡Qué impotencia!

¿No se puede hacer nada para solucionar esto?

¡No se puede hacer nada!

Los bancos y los ayuntamientos están vendiendo viviendas

a los fondos buitre, y claro,

en cuanto hay un impago pueden exigir un desahucio.

No les importa la situación personal de sus inquilinos.

Pues no. Las víctimas son las personas más vulnerables.

Mira, me voy.

Ya no puedo hacer nada ni tengo ganas.

Esto de Ana me ha dejado hecha polvo.

Además, hace rato que debería estar en mi casa.

Te acompaño.

Dan ganas de yo qué sé.

¡Fernando! -¡Elías! ¿Cómo estás, amigo?

-Me tienes un poco intrigado con tu llamada.

¿Por qué me citas aquí? -Porque no me puedo mover de aquí.

Quería comentarte un asunto y no quería hacerlo por teléfono.

-No te habrás metido en algún lío.

-No, no... O sí, no lo sé.

Siéntate, así hablamos más tranquilos.

No tiene mucho que ver conmigo, se trata más bien de Maica.

Es mi pareja y no quiero que le pase nada malo.

-¿Por qué tendría que pasarle algo malo?

-Porque, tanto ella como su hermana pequeña, Sandra,

digamos que están en peligro

por un asunto de drogas.

-No me fastidies. No habrás vuelto a las andadas.

-Que no, hombre, que no he vuelto a las andadas.

Más bien me he encontrado con este pastel.

¿Crees que si lo hubiese hecho,

te habría llamado para hablarlo contigo tranquilamente?

-No tiene mucho sentido.

Cuéntame de qué va todo esto.

-Verás,

Sandra llegó ayer en un vuelo directo desde México.

Y vino a Madrid

haciendo de mula para el cártel de Jalisco.

-¿En serio? ¿Los que se han escindido de Sinaloa?

-Sí, afortunadamente, ha ido todo bien.

No ha levantado sospechas y ha pasado todos los controles.

Por eso estamos aquí.

-Entonces ¿qué hace aquí?

¿Se le ha reventado una bola de cocaína en el estómago?

-No, menos mal.

Si no, no estaríamos aquí; estaríamos lamentando algo peor.

-Entonces ¿qué hace aquí ingresada?

-Te cuento. Cuando llegó al hotel

y consiguió sacarse de dentro todo lo que llevaba ahí metido,

que era una barbaridad, Elías,

no sé qué se le pasó por la cabeza, se vino arriba

y no le dio por otra cosa nada más que por ponerse

un par de rayas de una cocaína de gran pureza.

-¿Sobredosis?

-La camarera la encontró en el pasillo con convulsiones

llamó a urgencias y la trajeron aquí.

Nos llamaron y vinimos corriendo.

Cuando por fin se ha despertado,

nos ha contado todo y nos ha dicho

que tenemos que entregar esa droga a los mexicanos.

-¿Habéis hecho esa entrega? -No.

He podido convencerlas para no hacerlo

y que recurramos a vosotros para que resolváis todo esto.

-La verdad es que... Has hecho muy bien.

Esa chica es una descerebrada,

en otras circunstancias, tendría que detenerla.

Pero ahora lo que interesa es encontrar a ese cártel.

¿Se han puesto en contacto con ella? -Sí, un par de veces.

La primera lo cogió Maica, Sandra estaba indispuesta.

Y la segunda, contestó ella.

-¿Y? -A las dos les han dicho lo mismo.

O entregan esa droga o las matarán.

La próxima llamada será para decirnos

hora y lugar para hacer la entrega.

-Bien. Voy a solicitar que monten un operativo

para ver si interceptamos la entrega.

-Escúchame, Elías.

Te pido máxima discreción con este asunto.

Esa gente del cártel de Jalisco tiene ojos y oídos en todas partes.

Y yo estoy poniendo en tus manos lo que más quiero en la vida.

No quiero que les pase nada ni a Maica ni a su hermana.

-Lo sé, Fernando. Lo llevaré con máxima discreción.

-Gracias.

-La segunda vez que nos pones a un narco en bandeja.

Quién lo iba a decir:

tú y yo haciendo equipo en la lucha contra la droga.

-Bueno, bueno. Esperemos que todo salga bien,

porque, si algo sale mal, lo lamentaré el resto de mi vida.

-Ana, tú tranquila.

Si el juez ordena el desahucio, nosotros iremos otra vez a pararlo.

-No tengo palabras para agradecer lo que estáis haciendo.

Aunque al final tenga que irme de mi casa,

nunca olvidaré vuestro apoyo.

-Te he puesto ensalada, hamburguesas y fruta para la cena.

-Es demasiado. No puedo aceptarlo.

-Hombre que si lo vas a aceptar, o no sales por esa puerta.

(ROMPE A LLORAR) -Mujer, no llores.

¡Ana!

(SOLLOZA CON FUERZA)

¡Es que me da mucha vergüenza pasar por esto!

-¿Por qué? Vergüenza les tendría que dar a ellos,

de haberte doblado el alquiler sin tener en cuenta tu situación.

-También me siento culpable...

No sé...

Algo tengo que haber hecho mal para verme así... No sé.

-Oye, no, ¡no!

No te comas la cabeza.

Sabemos que has hecho lo que has podido para pararlo.

-Una vecina ha llegado a decirme que lo que me está pasando

es porque no sé cuidar de mis hijos.

Y no es la única que lo piensa.

-Pues tú a esa gente ni caso.

Son gente vacía.

¿Tú sabes lo que decía mi abuela?

Que cuanto más vacía va una carreta, más ruido hace.

-Pero de tanto oír ciertas cosas, al final

terminas creyéndotelas. -Oye, no. No escuches a los demás.

Escucha a María, a la gente que estuvo en tu portal.

A los demás ni caso.

-Eres un sol. -No.

-Y tú también, María.

(SOLLOZA MÁS TRANQUILA)

Gracias. -Venga, guapa, mucho ánimo.

-Descansa. -Que paséis buena noche.

-Y tú también.

(PATY RESOPLA)

-Madre mía, nena, qué injusta que es la vida a veces.

-Es que no me acabo de creer que haya gente

que se regodee en las desgracias de otros.

-Porque hay mucha gente mala en el mundo.

Anda, que menudo día.

-Ya te digo.

Súbete a casa y descansa. Cierro yo el bar.

-Sí, hombre, como que tú no estarás "reventá". Venga.

-María, súbete.

Yo es que aunque me meta en la cama, no me voy a dormir.

-Si aquí no queda casi nada.

Recoge prontico y cierra y vete "pa" tu casa.

-Vale.

(SUSPIRA) -Hasta mañana.

-Hasta mañana.

(GOLPEA)

-Me has dado un codazo que casi me revientas la cara.

-Te pedí perdón. Pero te ha pasado por haberte metido.

-¿Me has pedido perdón? ¿Cuándo?

-Estarías muy ocupado intentando quitarme las cadenas.

-¡Ya está, ya está!

(RESOPLA CON RABIA)

-Quería decir que estoy contento de que hayan parado el desahucio.

Y que a pesar de todo estoy orgulloso de ti.

(PERPLEJA) -¿Ah, sí?

Pues no entiendo por qué me dices eso,

porque en vez de quedarte en segundo plano has ido a por mí.

-¿Quieres discutir por lo mismo?

Lo he pasado fatal por estar ahí. ¿Quieres que deje el cuerpo?

¿O que me echen por desobedecer? -Pero ¿qué dices?

¿Cómo me voy a quedar tranquila así? ¿De verdad piensas eso de mí?

(RESOPLA)

Mira, yo siento haber sido tan dura contigo.

Pero es que este tema me cabrea muchísimo.

Y esto no ha acabado aquí. Mañana tendremos que volver.

-¿Y si te digo que igual mañana no hay desahucio?

-Pensaría que me estás contando un cuento precioso;

irreal, pero precioso.

-Pues igual el cuento precioso es verdad.

He hablado con un colega que tiene un amigo experto en desahucios.

Y dice que igual hay una posibilidad de que se pare.

-¿Qué posibilidad?

-No lo sé, porque tiene que estudiar el caso,

pero mañana me va a decir algo.

-¿Eso significa que estamos en el mismo bando?

-Claro.

Como policía no puedo hacer nada, pero como persona sí.

(Música emotiva)

Pero si mañana no conseguimos esto, tendré que estar ahí.

(SUSPIRA)

Maica fue la que colaboró

con el CNI en el asunto de los rusos.

Efectivamente.

Y resulta que tiene una hermana, que se llama Sandra.

Estuvo detenida en Colombia por tráfico de cocaína.

Al salir de la cárcel, Maica fue con ella

para apoyarla con la rehabilitación.

¿Y? Pues que Sandra no estaba limpia.

Acaba de hacer de mula para el cártel de Jalisco.

-El oficial Guevara está esperando para hablar contigo.

Cuéntaselo todo, desde el principio.

Ayudarle a él es ayudarte a ti.

(Golpean la puerta)

Perdón. Espere, le ayudo.

-Pobre Toni, qué papelón.

-¡Bueno!

Me ha dicho que igual es posible parar el desahucio.

¿En serio?

Ha hablado con un amigo que es abogado

y se puede. Igual sí. No sé.

-No tengo el dinero.

-Mira, payaso, quiero mi dinero. Me da igual si lo robas,

si lo sacas de tu sueldo o si pasas el cepillo de la iglesia.

(Campanilla)

Vuelvo mañana y me dices si tienes lo que te he pedido.

-¿Qué es eso de parar el desahucio?

-Eso, lo vamos a parar. ¿Has informado a Miralles?

Todavía no.

A ver si te vas a ganar una suspensión.

¿Y los de la asociación te han dado alguna alternativa?

-Hay viviendas de emergencia social,

pero no está claro si podré optar a una.

Dime, Ángela.

Ahora mismo voy para allá.

Elías vio ayer aquí a este hombre. ¿Es correcto?

Se llama Rafael Martín.

-Sí, ha estado un par de días. ¿Por qué?

-Mi compañero miró en la base de datos

y está fichado por atracos, agresiones, incluso con arma blanca,

y su historial es similar al tuyo.

¿Son imágenes de Tráfico? (ÁNGELA) Sí, de Madrid.

¿Te suena la matrícula? Me suena el modelo.

Es como el todoterreno que usaron para arrancar el cajero.

Tan idéntico que es el mismo.

La matrícula coincide con el todoterreno

que apareció carbonizado.

En un semáforo de Distrito 6, con buena luz y el coche parado,

mira qué foto he sacado. ¿Te suena?

Buenos días, Gabriel Campos.

Este es el todoterreno que se utilizó

para arrancar el cajero automático. ¿Sabe de qué robo le hablo?

Mírela bien. Es posible que reconozca

al conductor del vehículo.

Puede que le resulte familiar.

Tiene un cierto parecido a Gabriel.

¿Un cierto parecido, señora Soler?

¿Te acuerdas del caso del cajero arrancado?

Hemos captado a un sospechoso y le tengo en plano.

Tendrías que ver la foto. Parece una foto de carné.

¿Sabéis quién es? ¿Está fichado?

Cuando le enseñé la foto a Miralles,

me dijo: "Buenos días, Gabriel Campos".

No he tenido ni que enseñarle el informe.

(Música emocionante)

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Servir y proteger - Capítulo 542

27 jun 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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