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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 527 - ver ahora
Transcripción completa

No me lo puedo creer.

Esto es lo malo de estar casado con un policía,

que te tiene fichado.

¿Tú qué haces aquí? Si aterrizabas en una hora.

Quería darte una sorpresa.

-¿De tu doble se sabe algo?

¿Tus testigos han dado alguna descripción?

-Sí, sabemos que es un chico joven de estatura media.

Y que siempre lleva visera por si acaso

los cajeros le sacan alguna foto.

Silvia, tú colaborarás con Toni en este caso.

No quiero que haya una tercera estafa.

A ver, al grano, Álex, ¿qué pasa?

¿Estás seguro que es el Eric ese?

-Perdón, ¿eres Diego?

-Sí.

¿Tú eres Eric? Te ha mandado Álex.

-Encantado. -Encantado.

¿Qué tal? Soy Mar. Tengo la documentación.

Inspectora de policía. Quedas detenido.

Sé que tu madre te habrá contado cosas terribles de mí,

pero estoy totalmente arrepentido.

¿Entonces...?

¿Vas a ayudarme? -¿Qué es esto?

-Solo necesita dinero hasta instalarse en Marsella.

Nos lo devolverá.

-Tenemos que pensar qué podemos hacer para que Ricky

no se deje manipular.

-¿Tú estarías dispuesto a participar en mi próximo golpe?

-¿En qué estás metido?

-Necesito la pasta para ir a Marsella

y si mi familia no me la presta,

tendré que hacer lo que mejor se me da.

-¿Es algo inminente?

-Sí. Mucho dinero. En Madrid.

¿Puedo contar contigo?

-Puedes contar conmigo.

-El golpe perfecto.

-Vengo para decirte que mañana sales.

-No sé qué decir. Pensé que los trámites tardaban más,

pero has hecho todo muy rápido.

-Habrá habido algo de intervención divina.

Comisario, buenas tardes. Hola, Damián.

Este es mi nuevo empleado en la ferretería: Adrián.

Encantado. Encantado.

Es raro que tras su experiencia, contrate a un recluso.

Pues mire, a lo mejor es eso

lo que me ha empujado a hacer algo así.

No quería seguir viviendo en la desconfianza.

-Solo quiero convertirla en una estrella de musical.

¿Hay algo malo en eso?

-Quedas advertido.

-Te has equivocado conmigo. -No, Sara.

Yo nunca me equivoco.

Ahora estamos tú y yo solos.

-Déjate llevar. -¡Te he dicho que no!

-"¿No te has presentado a la prueba?

Creo que tenemos que quedar para... aclarar algunas cosas."

Tú estás en deuda conmigo.

Y ahora yo...

me lo voy a cobrar.

-¿Se puede saber qué demonios está pasando aquí?

-No, es que ha venido a comentarme una cosa, pero...

ya se iba, ¿verdad? -Sí.

(Música emocionante)

Has desayunado con ganas.

Bueno, como no pudimos cenar

porque me pediste que te pusiera los zapatos...

Ha sido una noche maravillosa.

Parecíamos dos adolescentes.

Sí, eres un exagerado.

-¿Exagerado yo?

¿Y el chupetón que tienes en el cuello?

¡No me fastidies! Se van a reír de mí en comisaría.

Mira que eres bobo. Te lo has tragado.

¿Te has olvidado de cómo soy?

Te advierto una cosa:

no me hubiera extrañado porque con tu ímpetu,

al principio me asusté y todo. ¿Por qué?

Eres un cardiópata.

Venga ya, mi corazón está perfectamente.

Para lo de anoche y para lo que haga falta.

Bueno, ¿y qué planes tienes para hoy?

Me pasaré por el centro de salud para saludar a mis compañeros

y hablar con mi sustituta para que me ponga al día.

¿Cuándo vas a empezar a pasar consulta?

Mañana mismo.

Anda, pues podías pasarte luego por comisaría

y nos tomamos un café.

No sé si voy a poder. Tengo una entrevista

con un revista para hablar del método de Salazar.

Luego tengo cita con el jefe de cardiología del hospital.

Mira qué bien, pues me parece a mí

que no te voy a ver el pelo.

No te preocupes, que no te vas a librar tan fácilmente de mí.

Ya, pero ¿cuándo vas a empezar con el hospital?

¿Tienes ya los días?

No, hay un montón de detalles todavía por concretar.

Tienen muchas ganas de empezar con el tratamiento de células madre.

Para ellos es un plus que me haya sometido a él.

Quieren que investigue y colabore con ellos.

La verdad es que me encanta verte tan motivado.

Estás haciendo una labor magnífica.

Estoy poniendo lo que sé en manos del hospital.

Con ese tratamiento se pueden salvar muchas vidas,

sobre todo para aquellos

que no han podido hacerse un trasplante de corazón.

Estoy muy orgullosa de ti.

Pero prométeme que a pesar de nuestra dedicación

por nuestros trabajos, vamos a buscar

momentos, tiempo para nosotros dos. Yo lo necesito.

Ya.

Pero yo no tanto.

Bueno. (RÍE)

¡Me lo has vuelto a hacer! Eres bobo.

Me lo pones muy fácil.

Después de lo que he pasado, ¿sabes de qué me he dado cuenta?

Que te necesito muchísimo.

Y que te quiero más que a nadie.

Y que soy muy feliz a tu lado.

Ay, cariño. Cuánto te he echado de menos.

Ay, ya se me había olvidado lo que eres. Qué bobo.

Pasa, Sara. Me gustaría hablar contigo.

-Si quiere hablarme del error que he tenido en los albaranes...

le prometo que no volverá a pasar.

No sé cómo he podido despistarme.

-Pues yo sí sé por qué te despistaste así.

Y después de lo que me contaste anoche,

creo que es lo más lógico y lo más normal del mundo, ¿no?

-No sé por qué se lo conté.

-Seguramente porque necesitabas desahogarte con alguien.

-Sí, seguramente sería por eso.

Si usted no llega a aparecer,

no sé qué hubiera hecho Carlo.

-Ya, yo si te soy sincero, desde ayer

tampoco he dejado de darle vueltas a la cabeza

y de pensar en el tema y creo que...

-Prefiero no hablar del tema.

-Tranquila, no tengo ninguna intención

de que te pongas ahora a recordar nada.

No es tiempo para eso. Lo que sí quiero decirte es que...

Sara, tienes que denunciar a este tío.

Lo que ese cerdo te ha hecho

es un delito y no puede quedar impune.

-Prefiero olvidarlo.

-La mejor forma para olvidarlo es precisamente esa:

denunciarlo para que puedas cerrar

esa herida, para que puedas superar

toda esa rabia y ese asco que se te ha quedado dentro.

-No quiero líos, de verdad, no quiero tener que pasar

por la vergüenza de contárselo a la policía.

Además, Carlo es un productor importante

y seguro que se hace público y...

No quiero pasar por todo eso.

-No tiene por qué darte vergüenza comentárselo a la policía.

Puedes hablar con ellos con la misma naturalidad

y la misma tranquilidad con la que hablaste conmigo ayer.

-Se lo conté porque acababa de pasar

y porque necesitaba desahogarme.

De verdad, no se lo quiero contar a nadie más.

Y le pido que respete mi opinión.

-Está bien, está bien.

Yo respeto tu decisión, por supuesto, pero...

Tú sabes que no eres la única, ¿verdad?

¿Sabes que lo que ese tío te hizo

ya se lo ha hecho antes a otras y se lo seguirá haciendo

hasta que alguien le pare los pies?

-¿Cree que no lo he pensado?

-Entonces, no te lo pienses más y denúncialo.

Porque ese tipo de... de impresentables

creen que tienen poder y saben jugar muy bien

sus cartas para aprovecharse de los sueños de chicas jóvenes

prometiéndoles fama a cambio de...

A cambio de intentar abusar de ellas.

-Como me ha pasado a mí.

¿Cómo he podido ser tan tonta? -No, no.

No te voy a permitir ni a consentir

que digas eso de ti misma porque no has sido ninguna tonta.

Tú has sido una mujer muy valiente.

Ese cerdo cometió un delito

porque te engañó e intentó abusar de ti

de muy malas formas.

-Lo he pasado muy mal. -Lo sé, por eso hablo contigo.

-Pero yo solo quiero pasar página.

-¿Y qué vas a hacer?

¿Vas a dejar que se vaya de rositas, que no le pase nada?

¿Que se quede impune

después de lo que ha hecho y seguirá haciendo a otras?

-¿Por qué tengo que ser yo?

-Alguien tiene que ser la valiente que dé el primer paso. Esto es así.

-No puedo.

No puedo. De verdad, lo siento, es que...

Es superior a mí.

Y de verdad, no me enorgullece decir que no soy valiente, pero....

Es así.

-Espera, llega Álvaro. Pasa, Álvaro. Adelante.

-¿Interrumpo algo? -No, acabamos de terminar.

Una pequeña reunión de trabajo.

-Sara.

¿Estás bien?

-Sí, perfectamente.

Voy a revisar los albaranes.

-Pasa. Cierra la puerta y siéntate.

-¿Seguro que está bien? -Sí, estupendamente.

Solo que ayer cometió un error sin importancia.

Ya se lo he dicho, por unos albaranes.

No tiene importancia, pero ya sabes que Sara es muy perfeccionista.

-Ya, supongo que es normal. Nunca había hecho este trabajo.

¿Se está adaptando bien?

-Perfectamente, a pesar de no tener experiencia,

está aprendiendo muy rápido y estoy contento con su trabajo.

¿Qué te trae por aquí? Cuéntame.

-Le he traído unos presupuestos

para el cambio de neumáticos de las furgonetas.

Hay una oferta que le puede interesar.

-Muy bien. Vamos a ver

de qué se trata y de cuánto se trata.

Vamos a ver.

Enhorabuena por la detención de Eric. Un falsificador menos.

Parte de las felicitaciones son para el confite de Toni.

Álex, un antiguo colega mío de Carabanchel.

Le dijo que le haríamos un encargo.

Se fue a La Parra y ahí le detuvimos

haciéndonos pasar por pareja. Si nos ahorramos los detalles

que no tienen importancia.

Tuvimos un malentendido con la Paty.

El tema. Está en calabozos ya. ¿Habéis conseguido que declare?

Al principio no quería, aunque tenía documentos falsos.

Estaba negando la evidencia.

Sí, pero cuando encontramos el taller clandestino,

no le quedó otro remedio que confesar.

En el registro encontramos material muy sofisticado

para hacer las falsificaciones. Desde prensas

a rollos termosensibles o impresoras 3D.

Pasaportes también, DNI,

carnés de conducir y más documentos falsos.

Y 20 000 pavos en efectivo.

No me extraña que se viera forzado a declarar.

Es un artista. Las falsificaciones eran de una calidad altísima.

Nos confirmó lo que dijo en el calabozo.

Se comunicaba con sus clientes por las redes públicas

y móviles prepago.

¿Sabemos quién es el que compró tu identificación policial?

El que se hace pasar por policía en Distrito Sur.

Sí, Carlos Luengo. Está fichado por hurtos

y otras pequeñas estafas.

¿Habéis ido al domicilio?

Hemos mandado una patrulla. Estamos esperando.

Espero que lo encuentren. Si no, a ponerse la pilas.

Le quiero en el calabozo ya.

Y yo, no me hace gracia que esté pasándose por mí.

Ya lo ha hecho dos veces. No me sorprendería una tercera.

Aunque no esté en su domicilio,

pondremos los cinco sentidos en encontrarlo ya.

Venga, mantenedme informada. Ah, Toni.

Espera un momento. Quiero hablar contigo.

¿Qué pasa? ¿He hecho algo malo?

No, solo te quería felicitar por cómo te has coordinado

con Silvia en el operativo de Eric.

Muchas gracias. Ha estado guay el operativo.

Si sé lo que tengo que hacer, pero se me calienta la cabeza

y actúo sin pensar. Eso es lo que tienes que controlar.

En esta profesión, a veces te hervirá la sangre,

pero con un arma en las manos es muy peligroso.

Recuerda que eres un servidor público.

No un justiciero. Lo sé, inspectora.

Yo frené a Régimen Disciplinario para que no cursaran tu falta.

Pero no te daré una segunda oportunidad.

Ni yo se la voy a pedir. Escucha bien.

Si vuelves a hacer algo remotamente parecido a lo que hiciste,

olvídate de ser policía.

He aprendido la lección, de verdad.

Sé que no puedo actuar por mi cuenta. Tengo que actuar con mis compañeros,

haciendo caso a mis superiores y con la cabeza fría.

Espero que ese rosario de normas

te las hayas aprendido de verdad y no sean teoría

porque te voy a vigilar con lupa.

Hasta luego, inspectora.

Malentendido con la Paty.

Oficial.

¿Qué tal? Buenos días.

-¿En qué puedo ayudarle?

-Verá, llevo un rato esta mañana pensando

en ir a comisaría para comentarle un asunto,

pero tampoco sé si es muy conveniente.

Como la he encontrado por casualidad. -¿De qué quería hablar?

-Se trata de una chica joven

a la que conozco. Ha sufrido por desgracia

una agresión sexual recientemente. He intentado todo para convencerla

de que denuncie, pero no quiere.

-Por desgracia, es muy común entre las mujeres que sufren eso.

El miedo a la represalias, el estigma social, la culpabilidad.

-Ya, lo sé. Me he dado cuenta.

Te puedo asegurar de que he intentado convencerla,

pero no ha habido manera.

-Sí, en la UFAM se dan muchos casos de este tipo.

Las mujeres que han sufrido esas agresiones

vienen a contárnoslo, pero cuando les decimos que denuncien

entran en pánico y es muy difícil convencerlas.

-Ya, ya me he dado cuenta.

Insisto, te digo, lo he intentado de todas las formas posibles,

pero no ha habido manera.

-Ya. Muchas gracias por venir a contármelo.

Eso dice mucho a su favor y que le preocupa esa chica,

pero no se puede hacer nada.

-¿No se puede investigar a ese tipo?

Controlarlo, vigilarlo de alguna forma.

-Se podría investigar mediante una autorización de un juez,

pero para que la autorice, debería haber cargos y sospechas

lo suficientemente contundentes. -No sé a qué espera la justicia.

¿Que sea ya tarde y tengamos que lamentarlo?

-Sí, sé que el sistema a veces deja mucho que desear.

Yo misma en muchas ocasiones

me siento atada de pies y manos, pero es lo que hay.

-Entonces, ¿qué crees que puedo hacer?

-Pues intentar que denuncie. Es la única posibilidad.

-Lo he intentado por activa y por pasiva y no lo he conseguido.

-¿La conozco? ¿Es del barrio? -Sí, supongo que sí, pero...

Me ha hecho prometerle que no diría su nombre.

-Pero ¿puede darme algún dato más?

-Parece ser que este tipo es una especie de depredador sexual.

Alguien que usa su profesión y su posición social

para aprovecharse de las jóvenes. Lo hace con tal impunidad

que si nadie le para los pies, hará lo que le dé la gana.

-A mí me gustaría hablar con ella.

Una charla con confidencialidad. ¿Qué le parece?

-No sé si podría convencerla

porque si se enterase de que estoy aquí, se enfadaría bastante.

-Confíe en mí. Quizá al principio se enfada, pero a la larga,

sabrá que lo hace por su bien. -¿Sí? ¿Podrías convencerla?

-Estoy acostumbrada a tratar

con mujeres que sufren estas agresiones.

Sé tratarlas con el cariño y respeto que se merecen.

En la mayoría de las veces, logro ganarme su confianza.

-Está bien. Te diré de quién se trata.

Solo te pido una cosa, por favor.

Máxima discreción sobre este asunto. ¿De acuerdo?

-Tu cortado. -Gracias.

-No sé si debería de servírtelo.

Le estás cogiendo gusto a liarte con tías delante de mi cara.

-Paty, fue un operativo. -Que ya lo sé, tonto.

Y no hacéis buena pareja.

Vamos, a Silvia le pega mucho más el mecánico.

-Le pega más el mecánico, ya.

Yo gano mucho contigo. Lo dice todo el mundo.

-¿Estoy notando ironía? -No.

Mi madre también lo dice, que sí.

-¿Que sí qué? -Que eres la más guapa de la pareja.

-Pero si ella no me conoce.

-Igual le he enseñado una fotillo. -¿Cómo?

Hola. Hola.

-Hola. ¿Qué te pongo?

¿Qué pasa? Nada, no pasa nada.

Un cortado para llevar. Muy bien.

Tú y yo luego hablamos de esto.

En serio, ¿qué pasa entonces?

Hombre, Silvia, si no lo sabes tú.

Ya decía yo. Esta mañana estabas rara en el piso.

¿Es por lo del beso en el operativo de ayer?

(RÍEN)

Que no, que estamos de coña. Aunque ahora que lo dices,

te tenía que haber grabado cuando te besó.

Lo hubiera subido a todas las redes. Aquí me planta un beso sin avisar.

Que lo siento. De verdad, tranquila.

La próxima vez, si no os importa,

avisadme un poco antes. Sería un detalle.

Entonces todo bien, ¿no?

Que sí, que no te ralles.

Oye, ¿para qué te ha llamado Miralles?

¿Te has metido en otro lío? No.

Para felicitarme por el operativo y me ha dicho que siga así.

Ahora solo nos queda pillar al que se pasa por mí.

Va a ser difícil. La patrulla que ha ido al domicilio

que teníamos en la ficha, no le ha encontrado allí.

Había una familia viviendo.

¿Tú tienes algo? He mirado en su ficha

que intentó hacer unas estafas

en el hipódromo vendiendo boletos falsos.

Le he preguntado a un amigo que sabe de carreras.

¿Conoce a Carlos Luengo? Sí, bueno, no.

Me ha dado el número de uno que sí y le he llamado.

¿Y qué te cuenta? Dice que Carlos Luengo

curraba en un bar que ha cerrado hace tres meses.

Y que busca curro ahora.

Vamos a tirar de ese hilo.

Estará buscando trabajo en negocios similares.

Puede que le hayan visto o que le conozcan.

Nos toca recorrernos todos los garitos, ¿no?

¿Tienes una idea mejor o...? No.

-Tu café. Gracias.

Ay.

¿Qué pasa?

Me ha hecho un corazón con la espuma.

Anda, vamos.

Pues ahora nos vemos.

-Juan, tronco, espabila.

A ver si pones un poco más de gracia sirviendo cervezas.

Vas a espantar a la clientela.

-Si yo... -Pero si yo... ¿Qué?

Encima no me repliques.

Ya han venido varios clientes quejándose de tu poca gracia.

-Me pongo una peluca y hago de Sara.

-No te pases de listo que te pongo de patitas en la calle.

A ver si te crees que por llevar una peluca

vas a tener la mitad de gracia que ella. Canta en...

Luego hablamos.

Hombre.

¿A qué han venido mis clientes favoritos?

Por la hora feliz, ¿no?

Nos perdemos la "happy hour". Estamos de servicio.

Es una lástima. Tenemos 2x1 en consumiciones,

aunque sea sin alcohol. -Mira qué bien.

No, Ricky, venimos a buscar información sobre una persona.

Buscamos a un tipo que ha currado en hostelería. A ver si te suena.

-No sé si os puedo ayudar porque últimamente tengo mucho trabajo

y no me entero de la misa la media. -Carlos Luengo se llama.

¿Te suena? -Ah, este tío.

-¿Es a este al que buscáis?

Sí, ¿a quién creías que buscábamos si no?

A nadie, yo no...

¿Entonces qué? ¿Le conoces?

Sí, vino hace unos meses pidiendo trabajo

cuando cerraron el bar donde él trabajaba.

-Qué buena memoria tienes cuando quieres.

-¿Para qué le buscáis?

No te puedo contar, es un asunto policial.

-Imagino que no le buscáis para cambiar cromos, ya.

¿Sabes dónde podemos localizarle?

Déjame pensar...

Ah, mira, sí.

Si miráis en la guía telefónica, encontráis algo.

-No te pases, chaval. -Yo no soy ningún chivato.

La policía no ha hecho nada por mí y no sé por qué tengo que ayudarla.

Tampoco tienes que ponerte chulo.

En serio, ¿sabes dónde podemos localizarle?

En serio, yo no soy un chivato.

Así que, lo siento mucho, pero...

Ay.

Mira, os voy a ayudar, ¿vale?

Solo porque si no me tendréis toda la tarde dando la chapa

y no podré atender.

Le podéis encontrar en Billares Cartago.

Esto debería ser suficiente.

-Muchas gracias. ¿Ves qué bien?

Cada día más simpático. Sí.

Hasta luego. -Hasta luego, pareja.

¿Tú qué haces aquí?

-Hola. Si viene a ver a Quintero, ahora mismo no está.

-No, de hecho quería verte a ti. Soy Esperanza Beltrán.

-¿A mí?

-Sí, tranquila. Solo quería charlar un rato contigo.

No sé si sabes que soy la responsable de la UFAM en comisaría.

La unidad de familia y atención a la mujer.

-Ya. ¿Y qué tiene que ver eso conmigo?

-Nos encargamos de todos los casos de violencia de género.

Atendemos y asesoramos a mujeres que sufren ese tipo de violencia

y sabemos que no es fácil hablar de ello.

Enfrentarse al tema.

-¿Por qué me cuentas todo esto?

-Sara, si has sido víctima de una agresión sexual,

me gustaría ayudarte.

-No sé de dónde has sacado eso.

-Hay una persona muy preocupada por ti

que me ha dicho que tienes miedo y es normal.

No te tienes que sentir mal.

-¿Quién? El señor Quintero, ¿no?

-Dudaba si contármelo o no

porque pensaba que se estaba metiendo donde no le llamaban.

-Pues pensaba bien. -Yo... no opino lo mismo.

No serías la primera que necesita un empujón para decidir si actuar

ni serás la última.

-Me dijo que no se lo contaría a nadie.

-Si te sirve... no quería decirme tu nombre, yo...

Le insistí. Él también quería que actuáramos contra tu agresor

sin una denuncia de por medio, pero eso no es posible.

-¿Cómo he podido ser tan idiota de confiar en él?

-No digas eso. Él solo quiere ayudarte, igual que yo.

-Ya, pero yo no necesito ayuda.

-Solo quiero olvidarme, pero si me lo recordáis

es imposible.

Se lo conté porque necesitaba desahogarme porque lo pasé mal.

Pero ya está. Me arrepiento de habérselo contado.

Ahora lo sabrá un montón de gente. -No, solo Quintero y yo.

Y yo no haré nada que tú no quieras que haga.

-Lo que quiero es que te olvides del tema porque es mi vida.

-Escúchame... -Es que no quiero escucharte.

De verdad, no me presiones.

-A muchas mujeres les pasa lo mismo.

De primeras, no se atreven a denunciar.

-¿Y para qué voy a denunciar?

¿Para que digan que fui yo la que le provoqué?

¿Que no opuse demasiada resistencia? Que eso luego se queda archivado.

Y todo el mundo te señala. -No seas escéptica.

La ley te ampara. -Sí, te ampara y luego no hace nada.

¿Crees que no leo los periódicos?

-Mira, si no haces nada, ese hombre se sentirá impune.

Y cada vez se sentirá con más fuerza.

Eso hacen muchos agresores.

Cuentan con que las víctimas no denuncian.

Y siguen acosando. ¿Te ha amenazado para que no hables?

Lo que ha hecho ese hombre no puede quedar impune.

-Ese hombre tiene mucho poder

y podría hundirme.

-Si no haces nada, ese hombre se sentirá intocable y hará lo mismo.

Pensará que sus actos no tienen consecuencias, pero si denuncias,

no solo te ayudarás a ti, sino también a futuras víctimas.

-Ya he tomado una decisión y no voy a cambiar de opinión.

Te pido que te vayas porque no quiero seguir hablando.

-Vale, está bien.

Pero... solo...

déjame contarte una cosa, por favor.

Mira.

Cuando era pequeña, mi casa estaba en frente de un edificio de oficinas

con los cristales tintados. Por el día no se veía nada,

pero por la noche sí.

Los directivos parece que no eran muy conscientes porque por la noche

tenían unas fiestas y liaban unas con sus secretarias

que madre mía, hasta que los vecinos se quejaron.

¿Sabes qué hizo la empresa?

Despidió a todas sus secretarias.

Y a los directivos solo les amonestó.

-Ya ves, así es el mundo de cruel y de machista.

-No.

Porque esa historia pertenece al pasado.

Las cosas están cambiando.

Y aunque todavía quede mucho camino por recorrer,

nosotras tenemos el poder de luchar

y de luchar por conseguir un mundo más digno para las mujeres.

Y en esa lucha, hacen falta gestos valientes.

Toma, si cambias de opinión, este es mi número personal.

Me puedes llamar a cualquier hora cuando lo necesites.

Yo estaré ahí para escucharte.

-Has actuado con inteligencia con esos policías.

Lo mejor es tenerlo contentos.

-Solo lo he hecho para que se fueran y no te pudieran reconocer.

Pensaba que te venían buscando. -Pues ya ves que no.

Bueno, vamos a centrarnos en lo nuestro.

Mira, he cambiado algún detalle del plan.

Tenemos que estudiarlo bien porque quiero que todo funcione.

-Luis y yo llevamos dando palos toda la vida y nunca nos han pillado.

Ojalá hubieras estado ahí. -Eso es parte del pasado.

Ahora vamos a centrarnos en el presente para disfrutarlo.

Lo primero que de...

-¿Tú qué haces aquí?

Te dije que no quería volver a verte.

¿Este plano qué es?

-Ya me marcho.

-No, tú no te vas a ningún lado.

Que te quede claro, este bar es tan tuyo como mío.

Si me da la gana tomarme algo con mi padre, me lo tomo.

¿Te enteras? -Ya.

No creo que os estuvieseis tomando algo simplemente.

¿Qué hacíais mirando ese plano? -¿A ti qué te importa?

Me contaba lo que pensaba hacer cuando se instale en Marsella.

Listo.

-¿Y por eso me lo has sacado de la mano?

¿Crees que soy imbécil? -Ya está bien de mentiras, Ricky.

Luis tiene derecho a saber la verdad.

-Muy bien. El papá ha pensado en un palo de los gordos

con el que podríamos ganar mucho dinero.

-En asaltar el cajero automático.

Me gustaría que te unieras a nosotros.

Y el plan es muy sencillo. -Cállate.

Cállate la boca. Cállate y pírate. Tú y ese plano.

No me vas a comer la olla como a este.

Vivíamos muy bien sin ti. No te necesitamos.

-Luis, a mí nadie me ha comido la olla. ¿Te enteras?

Estoy con él porque me da la gana.

Así que más te vale no hablarle así cuando estés delante de mí.

-Ya está bien, Ricky. No quiero que discutas por mi culpa.

Me marcho. -Vete.

Vete de aquí y no vuelvas más.

-¿Hay algún recado para mí?

-Acaba de irse esa policía: Esperanza Beltrán.

Pensé que esto era una cosa entre nosotros.

Confié en usted y me ha traicionado.

-Lo siento mucho. Después de lo que me contaste,

yo, de verdad, no podía quedarme de brazos cruzados.

-Tendría que habérmelo consultado. -Pero si estabas cerrada en banda.

No querías hablar del tema. Pensé que lo mejor era

hablar con una profesional que supiese cómo actuar

ante una situación como esta.

-No sabe lo mal que lo he tenido que pasar por su culpa.

-Mira, Sara, yo lo siento mucho.

Solo le conté lo que tú me dijiste.

No le dije tu nombre en ningún momento.

Esa mujer me convenció al final para decírtelo

porque me dijo que podría ayudarte y que podría convencerte a ti

para que denunciases.

-No lo ha conseguido. ¿Y sabe lo que ha conseguido?

Que me lleve una tremenda decepción con usted.

-Lo siento mucho, de verdad, mi única intención

era ayudarte de corazón.

-No quiero que todo esto salga a la luz.

Carlo D'Agostino es muy poderoso y podría arruinarme la vida.

-Me produce mucha pena y mucha tristeza

porque va a quedar completamente impune

y seguirá haciendo lo que le dé la gana. Deberías denunciar.

-Me pondré a hacer las facturas para el IVA trimestral

y cuando las tenga, se las llevo.

-Está bien. Como quieras.

-¿Por qué no le has dejado hablar?

Podríamos ganas mucha pasta. -No todo en la vida es dinero.

-Ah, ¿no?

Es lo único que hacemos: robar dinero.

Sisar dinero, chorar dinero.

-Es lo único que nos ha enseñado la mamá.

-No compares a mamá con el miserable este.

-Luis, eres un chico listo. ¿Por qué no te centras en lo práctico?

Es un plan brillante. -Es un plan brillante

hecho por un monstruo. No nos traerá nada bueno.

-Por lo pronto, nos trae un plan perfecto.

¿Por qué no dejas de juzgarlo?

-Mira, para, basta. No quiero saber nada más del tema. Él es lo peor.

-Vale, puede ser lo peor, pero es tu padre.

Sangre de tu sangre.

-La única sangre que me recuerda es la que me quitó con las palizas.

-Él lo único que quiere es resarcirse.

-Ricky.

Te está comiendo la olla.

Te estás creyendo todo su paripé.

Solo necesita alguien de confianza para dar ese golpe.

-Déjame en paz -Te está utilizando.

Cuanto antes abras los ojos, mucho mejor.

-No, si no le enseña la acreditación de la compañía,

no le abra la puerta. Podría ser una estafa.

De nada, buenas noches.

Toma, que no te has levantado en todo el día de la silla.

Descansa un poco. Muchas gracias, qué detalle.

Entre las denuncias y las consultas telefónicas,

no he podido ir a por un café.

Y tú llevas todo el día con una sonrisa en la cara.

¿Es por la vuelta de Antonio? Sí, le echaba mucho de menos.

Ha habido un momento en que estaba celosa de su médico

y eso que hacían una labor juntos estupenda,

pero pensaba que me lo robaba.

Qué bonito, Claudia.

Que le esperes con esa ilusión después de tanto tiempo.

Sí, pero Antonio me lo pone muy fácil.

Es un hombre atento, cariñoso, amable.

Y siempre que le necesito está ahí.

He tenido mucha suerte.

Ojalá yo hubiera tenido esa suerte con mi ex.

Ahora la tienes con Emilio.

Es un buen hombre. Lo sé.

Ahora la de la sonrisa tontorrona eres tú.

Es que estoy muy ilusionada.

Y quiero que las cosas funcionen bien con Emilio.

Y van a funcionar, ya lo verás.

A ver, que solo lo he hecho un par de veces.

Sí, con esta identificación y porque te hemos pillado.

Robándome la identificación y haciéndote pasar por policía.

¿No te han dicho que con eso no se juega?

-Ahí no he estado fino.

No lo estuviste y te pasarás una temporada a la sombra

por estafa y usurpación de identidad de un cargo público.

Es quien me imagino, ¿no? Sí, Carlos Luengo.

El estafador que se pasaba por mí.

Buen trabajo. Silvia, bájalo a los calabozos.

Le tomaremos declaración más tarde. Vamos.

¿Dónde habéis dado con él?

En su ficha ponía que había intentado

varias estafas en el hipódromo,

así que he tirado de un contacto en el mundillo.

Tienes una red de contactos admirable.

Ser de Carabanchel tiene ventajas. Ya veo, ya.

Uno me ha dicho que trabajaba en el bar ese que cerró.

A Silvia se le ocurrió que quizá buscaba curro por el bar.

¿Tenía razón? Sí, estuvimos preguntando

y pidió trabajo en el Moonlight.

Ricky se acordaba de él

y dijo que igual estaba en Billares Cartago.

¿Le habéis detenido allí? No estaba.

El dueño no quería hablar,

pero le apretamos las tuercas y nos dijo dónde podía estar.

En una casa de apuestas. Efectivamente, ahí estaba.

Jugándose las estafas. ¿La identificación?

La tengo aquí. Vale.

Me voy a ir a redactar el informe. No.

Eso en otro momento. Vete a casa, te lo has ganado.

No ha acabado mi turno. Ya, pero has resuelto el caso

has recuperado esa identificación y estoy de buen humor.

Ve a disfrutar de la vida que me costa

que esto te ha quitado el sueño.

No le voy a decir que no.

No vaya a ser que me lleven a régimen por desobediente.

Tira que te empuro. Anda.

Hasta luego.

-¿En serio?

Qué guay, tía, cómo me alegro de que te vaya tan bien.

Yo con Espe y Silvia superbién.

Pensé que al principio me costaría adaptarme, pero qué va.

Me lo han puesto tan fácil.

Ya, claro que quiero ir a verte a Verona.

Pero entre el trabajo, los estudios y tal,

va a ser complicado el asunto.

-¿Es Olga? -Sí.

-¡Olga, cariño, que te echamos mucho de menos! ¡Cuídate mucho!

No me pongo que estoy trasteando en la cocina.

¡Guapa!

-La Mari, que no va a cambiar nunca.

Oye, ¿y Julio qué tal?

¿En serio? Qué guay.

Me alegro un montón.

No te preocupes, luego hablamos.

Vale, dale un beso de mi parte.

Chao.

-¿Qué tal está?

-Superbién. Está feliz. Dice que aprende un montón en el restaurante

y que le han dejado meter un plato suyo en la carta.

-Esa cría es un portento.

Oye, ¿y con Julio qué tal?

-Superbién también.

Él sigue trabando en la empresa de "community manager"

y parece ser que le van a ascender y todo.

Y cada día más enamorados.

-Qué bien. A ver si a ti y a Toni os pasa lo mismo.

-No empecemos a mezclar películas

que yo no estoy ni con Toni. No somos ni novios.

-Ah, ¿no? ¿No sois novios?

¿Y qué sois?

-Pues somos... amigos...

especiales.

-Yo es que estas modernidades no las entiendo mucho.

Estáis juntos, ¿no?

Entráis, salís, os lo pasáis bien. Os enrolláis.

Pero ¿no sois novios?

¿Sois una pareja abierta de estas?

¿Os podéis enrollar con otros o qué?

-Pues sí. En teoría sí. No tenemos por qué darnos explicaciones

al otro de lo que hacemos o no.

-Ya. Y así, si en teoría, no sé,

un día sale Toni de noche

y se enrolla con otra, ¿a ti no te molesta?

-No sé, tampoco me he puesto a pensarlo tantísimo.

-Pues deberías.

Deberías pensarlo. ¿Estas cosas las has hablado con él

así tan claramente?

-No, así tan claro pues no.

-A lo mejor deberías hablarlas.

En estas relaciones donde se da todo por asumido

quizá no está todo tan asumido.

-Es que yo prefiero que todo se vaya viendo sobre la marcha. Ya está.

-Ya, pero yo diría que a ti este chico te gusta y bastante.

-Pues claro que me gusta, pero yo lo único que sé es que ahora mismo

no quiero agobiarme. Es que yo estoy bien.

Y con Toni estoy ahora mismo muy bien.

Salimos, nos lo pasamos bien y ya está.

No quiero compromisos ni complicaciones.

Además, que ya lo intentamos una vez y te recuerdo cómo acabó.

No quiero que se repita la misma historia otra vez.

-Hola, guapetona. -Buenas.

-Hola. -¿Me pones un botellín?

-Sí. ¿No estás de servicio?

-Debería, pero me ha dejado salir antes la jefa.

-¿Y eso? -Porque hemos pillado al pavo

que se hacía pasar por mí.

Y me ha felicitado Miralles. -Pues nada, enhorabuena.

Me voy para adentro.

-Hasta ahora, María. -Hasta ahora.

-Se me había ocurrido un plan para hacer luego así

un plan especial tú y yo.

-Ah, ¿sí? Sí.

-¿En qué has pensado?

-Había pensado en ir a un baño árabe de estos.

Hamal. ¿Cómo se llaman?

-Hamán. -Hamán.

A relajarnos y luego podemos ir a cenar o algo.

-¿En serio, un hamán?

-¿No te gustan los hamanes? -Sí, me encantan.

-¿Entonces? -No me esperaba este plan.

-Bueno. -Pero vamos al hamán, sí.

-Vale.

-¿Y después de eso y de la cena?

-Pues después cada mochuelo a su olivo.

-Qué rollo de final, ¿no?

-¿Y qué propones? -Pues no lo sé.

Cualquier cosa, pero juntos, ¿no?

-Vale.

-Vale.

-Tienen que ser oscuros. Me da igual el color,

pero no traigas dos monos amarillos.

Sí, azul marino, negros. Como los de mantenimiento.

Y dos gorras. Dos gorras, sí.

(Llaman a la puerta)

Oye, tengo que colgar. Cuando lo tengas me avisas.

¿Sí? -Soy Luis.

-Eres la última persona que esperaba ver aquí.

Adelante.

¿Quieres una copa?

-No, no vengo de visita.

-¿Y a qué has venido?

-Voy a ir al grano.

Deja en paz a Ricky.

Deja de meterle pájaros en la cabeza con tus mentiras.

-Ricky ya sabe cuidarse solo.

-Ricky es muy joven todavía.

Y va a sufrir cuando se dé cuenta de la clase de persona eres.

-Yo no he engañado a nadie.

Y menos a él que es el único que me ha mostrado cariño y respeto.

No como Álvaro y tú. -No te quejes

Estás recogiendo lo que has sembrado.

-Yo os quiero, Luis.

Te lo juro, he tardado en reconocerlo, pero es la verdad.

-No me vas a engañar como a Ricky.

Tú no quieres a nadie. Solo te quieres a ti mismo.

Eres incapaz de meterte en la piel de nadie.

Ni en la de tu mujer ni tus hijos.

-Si me dieras la oportunidad de explicar...

-Cállate. Te lo digo por última vez. Deja en paz a Ricky.

Con lo del cajero puede acabar en la cárcel.

-No pensé que me odiaras tanto.

-¿No pensabas que te odiase tanto?

¿Ya no te acuerdas de los gritos, de las paliza, de los golpes,

de los cigarrillos apagados en la espalda?

-Pues claro que me acuerdo y cada vez que pienso en eso

se me parte el alma.

Pero te juro que me arrepiento de todo aquello.

-¿Arrepentirte tú? Quieres volver a dejarnos en la miseria.

No sé cómo lo piensas hacer, pero has venido para eso.

Y hacerte el bueno

no te va a servir de nada. No me vas a engañar.

-Toma, cariño, tu poleo.

-Gracias.

-¿Qué te pasa que te veo tristona?

-Cosas del trabajo. Nada importante.

-¿Qué tal lo de la película musical? ¿Sigue en pie?

-Pues no, María, era un engaño.

Y no me apetece hablar mucho del tema.

-Mujer, lo siento.

Pero tú arriba ese ánimo.

Eres muy joven y te van a salir más oportunidades en esta vida.

-Si tú lo dices. -Claro que sí.

-Gracias de todas formas.

-Buenas noches, Sara.

-¿Qué haces aquí? -Tranquilízate.

Solo quiero que charlemos.

Siéntate, por favor.

Como no había nadie en tu oficina, pensé que estabas aquí.

Y ha habido suerte.

-No tengo nada que hablar contigo.

Después de lo de ayer, ya me ha quedado claro.

Solo quiero que me dejes en paz.

-A ver, me sorprende que una chica tan moderna como tú

se escandalice ¿por qué? Dos besos rápidos.

-¿Cómo puedes ser tan cínico?

Te dije que pararas y tú seguiste.

-¿De verdad puedes decir que no te me insinuaste?

-Pues claro que no.

-Pues entonces, lo siento.

Te malinterpreté.

No era mi intención hacerte pasar un mal rato.

-Me acorralaste contra la pared, me insultaste

y me manoseaste. Eso es algo más que hacer pasar un mal rato.

¿Sabes lo que es? Agresión sexual.

Y gracias a que llegó Quintero, si no habrías sido capaz de violarme.

-Estás sacando las cosas de quicio

y haciendo unas acusaciones graves. -Solo pongo nombre a lo que pasó.

-Cuidado, Sara.

Mejor no vayas contando por ahí esas cosas

porque podrías acabar muy perjudicada.

-¿Me estás amenazando?

-Solo te estoy avisando.

Nadie te va a creer. Sería tu palabra contra la mía.

Y todo el mundo se acabaría enterando

de lo calienta braguetas que eres.

-¿Cómo te atreves? -A ver, Sara.

Yo soy un productor de cine reputado.

Un empresario que da trabajo a mucha gente.

¿Y tú? Eres una camarera de antros nocturnos

capaz de todo con tal de saltar a la fama.

Eso es lo que la gente verá

si cometes el error de contar lo que pasó.

-Lo único que te importaba era acostarte conmigo.

El resto te daba igual.

-Y pensarán que querías ser cantante y actriz

y que te arrimaste a mí

para intentar ser famosa al precio que fuera.

-Veo que lo tienes todo muy bien pensado.

¿Sueles escoger a tus víctimas así de mi perfil?

Tan confiadas como yo. -Piensa bien en lo que te digo.

Si hablas, nadie te va a creer.

Y yo me encargaré personalmente de destrozarte la vida.

No vas a trabajar ni en estos garitos de mierda.

-No te tengo miedo.

Y no pienso esconderme ni de ti ni de nadie.

-A ver, Sara.

Te seré sincero. Tú tienes calidades

para llegar lejos como cantante y como actriz.

Muchas. Eres muy guapa

y además fotogénica.

Pero no eres muy lista.

Porque si lo fueras,

habrías sido más agradecida conmigo.

Podrías haber llegado a lo más alto, ser una estrella de verdad.

Como lo será Julia Olivier,

la actriz que al final interpretará tu papel.

-No me lo digas. Ella sí que ha sabido ser lista

y agradecida como tú esperabas, ¿verdad?

-Pues es una pena

porque yo te prefería a ti.

En todos los sentidos.

Tienes una boca que me vuelve loco.

Pero en fin.

Es una lástima para ambos.

Adiós, Sara.

-¿Te estaba molestando?

-Sí, María. Es un... desgraciado.

Me ha hecho mucho daño y no puedo permitir que se lo haga a más chicas.

Por muy caro que me cueste.

Hola, Espe, soy... soy Sara.

Me gustaría verte.

-Luis, te juro que he cambiado.

La vida me ha dado muchos palos desde que me marché de casa.

Lo único que pido es una oportunidad, una sola.

-Sí que has cambiado. Ahora mientes mucho mejor.

¿Qué haces? -Te pido, te pido perdón

de corazón. Ya sé que me porté como un animal,

pero pensé que haciendo eso,

te convertirías en un tipo duro.

pero me equivoqué. -Suéltame.

No me toques. Suéltame.

-Vale.

Mira, yo me arrepiento de haberte maltratado.

En aquella época era un salvaje

con unas ideas equivocadas.

Pero no vayas a pensar que sigo creyendo en esas barbaridades.

-Ser homosexual no es ninguna barbaridad.

-Y lo sé y no sabes lo orgulloso que me siento

de que te comportes tal y como eres.

Es más, si estuvieses con alguien me gustaría conocerlo.

-Ojalá fuese verdad.

No sabes lo que me gustaría tener un padre a quien querer.

Pero te conozco.

Te conozco muy bien y sé que es mentira.

-Tú dime qué es lo que tengo que hacer y lo haré.

-No puedes hacer nada.

Para mí estás muerto y enterrado.

-Sí, hay una parte de mí que ha muerto, la parte mala.

No la has enterrado tú, la he enterrado yo

porque lo único que quiero es ganarme vuestro cariño

y vuestro perdón.

¿Por qué no nos damos un abrazo y acabamos de una vez por todas

con todo este rencor?

¿Eh?

-Lo siento.

No puedo.

No voy a perdonarte, papá.

No voy a perdonarte nunca.

-Gracias. -Toma, bebe.

Te va a sentar bien.

Pues está claro que se trata de una agresión sexual.

Y con abuso de poder, además.

Así que tienes que denunciar, Sara.

-Ya, pero no creo que sirva para nada.

-¿Por qué no va a servir?

-Carlo aparte de amenazarme con arruinarme la vida,

me dijo que era su palabra contra la mía

y que todo el mundo iba a pensar que quería aprovecharme de él.

-Bueno, pero eso le dirá a todas las víctimas

para engañarlas y disuadirlas.

Te prometo que si sigues adelante con esto,

tu denuncia no caerá en saco roto.

-Eso es lo que quiero pensar.

Y de verdad que ya lo tengo decidido.

Antes me has dicho que el mundo se cambia mediante gestos.

Este es el mío.

Voy a denunciar a ese miserable.

-Y yo me alegro muchísimo.

¿Mañana?

-Mañana a primera hora estoy en la comisaría.

-Y yo te daré todo mi apoyo.

-Gracias, Espe. Gracias por todo.

-Ven aquí. Ven aquí.

Ya está.

Ya verás.

-Para, para.

-¿Qué te pasa? -No me quiero rayar.

-Y yo tampoco. ¿Y?

-¿Como que y...? ¿Qué significa eso?

¿Que esto no te importa, que no te importo?

Me estoy rayando, da igual. -Ey, ey, Paty.

A mí tú no me das igual.

-Crees que el viejo te lo ha contado todo.

Es capaz de dejarnos con el culo al aire.

¿Por qué hay tantos que se lo quieren cargar?

-Podrías dejar lo personal

a un lado y tomarte esto como lo que es:

un negocio. Piensa que nos podemos levantar mucha pasta.

-¿De qué habláis?

-De nada.

-De mucha pasta, ¿no?

-No sé cómo reaccionará Carlo cuando se entere de que

lo he denunciado. -Si se pone en contacto contigo

o se acerca a ti, llámame. Sea a la hora que sea.

-Qué sorpresa, no esperaba verte por aquí.

-No te hagas ilusiones.

No me apetecía nada venir.

-¿Y qué haces en mi habitación?

-Para defender a mis hijos

iría a tu habitación o al mismísimo infierno.

Que te quede claro. -No tienes que defenderlos de mí.

Ey.

Acabo de cruzarme con Sara, la excamarera del Moonlight.

¿A qué ha venido a comisaría? Ven, acompáñame.

Va a ser un caso bastante sonado. Se lo iba a contar a Merche.

-He recaído alguna vez. No es fácil dejar las costumbres.

Luego conocí al padre Máximo y me enseñó el camino del perdón.

-¿También has perdonado a las personas

que te metieron en el mal camino?

-Ni ganas.

-Quizá alguno de ellos se ha reinsertado.

¿Sigues en contacto? ¿Te acuerdas de sus nombres?

-Hay que tener poca vergüenza

para vivir de gorra a costa de un hijo que abandonaste.

-Uno no sabe cómo reaccionará

hasta que está entre la espada y la pared.

-Yo nunca dejaría tirado a un hijo.

No te olvides de quien dio todo por nosotros.

Que parece mentira.

-Los hechos por los que se le acusa son los siguientes:

citó a una chica en la habitación de su hotel

y le ofreció sexo a cambio de su progreso profesional.

-Eso es mentira.

-Lleva así todo el rato. Me han dicho de todo.

Que si soy una calienta braguetas,

una mentirosa, una trepa.

Como si yo ganara algo.

-Estoy solo, Elvira.

Y desesperado, pero si hay algo que sé hacer en esta vida

es robar. -Eso te lo reconozco.

-¿Por qué no le das esta oportunidad a los chicos?

Pueden aprender algo. Se van a sacar una pasta.

Es un trabajo rápido y fácil.

El riesgo es mínimo.

-¿Se lo ha tragado?

-Claro que sí. No seas agonías.

-Qué raro venir a jugar al billar con lo poco que te gusta.

¿No será para hacer una de tus averiguaciones?

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Servir y proteger - Capítulo 527

06 jun 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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