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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 526 - ver ahora
Transcripción completa

Una señora ha venido alterada con una historia increíble.

¿Qué le pasa?

Al parecer, un policía de aquí se presentó en su casa.

Le dijo que su hijo había atropellado a dos personas

y estaba detenido.

Concha Robles se puso nerviosa y pidió al policía

que la acompañara a sacar el dinero de la fianza, 2000 euros.

Le enseñó el carné policial.

-Yo llevo la identificación aquí.

Pues solo cabe otra explicación.

Y es que Adela Peña,

cuando te chantajeó para devolvértela,

aprovechara para falsificarla.

Quería decirte que mañana sales.

-No sé qué decir, pensé que tardaba más,

pero lo has hecho todo muy rápido.

-Habrá habido intervención divina.

-Sigo siendo su padre.

-No quieren saber nada de ti, Gabriel.

-Sé que tu madre te habrá contado cosas terribles,

pero estoy muy arrepentido.

Entonces,

¿me ayudarás?

-¿Qué es esto?

-Necesita dinero hasta instalarse en Marsella.

Nos lo devolverá.

-¿Qué podemos hacer para que Ricky no se deje manipular por el viejo?

-Me duele mucho decirte

que solo quiere dinero para irse.

Nada más. -Claro.

Querer recuperar a su hijo

es imposible.

-¿Es la antigua secretaria de Fernando Quintero?

-Sí. ¿Para qué quería verme?

-Quería hacerle unas preguntas.

Si las contesta,

se ganará un buen dinero.

-Al parecer, Azcárate ha dado una rueda de prensa

y habla de usted.

Dice que tiene una cuenta en Suiza y...

-Que también he estado en clubs de alterne

y todas esas cosas. Está todo controlado.

Este artículo se lo ha puesto complicado. A ver cómo sale.

Marisa ha estado muchos años trabajando conmigo, ¿sabes?

Cuando recuperé mi empresa, fue la primera a la que llamé.

Por eso vino a verme cuando terminaste de hablar con ella.

-Y le entregaste el USB con la información falsa

sobre la cuenta de Suiza

y el cargo en la tarjeta de crédito. -Eso es.

-Quiero convertirla en estrella de musical.

¿Hay algo malo?

Yo creo que no.

Alégrate por ella.

-Quedas advertido.

-Oye, ¿no tenéis ninguna pista para encontrar al falso Toni este?

-Nada.

Cada minuto me ataco más.

Miralles me readmite para solucionarlo y no soy capaz

de dar con quien tima con mi nombre.

-Te has equivocado conmigo. -No, Sara.

Nunca me equivoco.

Estamos tú y yo solos.

Déjate llevar. -Te digo que no.

(Música dramática)

(Música animada)

(Teléfono móvil)

-Es él, ¿no?

¿Cuánto tiempo le pagarás el hotel?

-El que haga falta.

Es mi padre, no lo dejaré colgado.

-Eras pequeño cuando se fue.

No sabes lo que es vivir con él.

-Sabe que hizo cosas mal

y me confesó que se arrepiente.

-Nos hizo la vida imposible.

-Ahora él es diferente.

-Dejó a la mamá cargada de deudas

y con enemigos esperándola en la puerta.

-Todo eso ya lo sé. -Ricky.

-Pero él... -Basta.

Ese tío solo viene a por dinero.

-Se quiere largar a Marsella y necesita hacer caja.

Nada más.

-¡No me calentéis la cabeza!

Solo me ha pedido que respete a mamá y le haga caso.

¿Eh? Y ella estaba delante.

¿Os lo ha dicho?

No, ¿verdad?

Claro, solo cuenta lo que le interesa.

Que sepáis que le agradeció que nos criara bien.

Dijo que estaba orgulloso.

-Basta, Ricky, harás que me emocione.

-Vosotros solo malmetéis, pero él, en cambio,

habla con mucha admiración de vosotros.

Está orgulloso de que tengáis negocio propio.

-¡Anda, vaya!

¡Qué ilusión! ¿No, Luis?

Resulta que todo lo que tenemos es gracias a él.

-¡No! De eso es de lo que más se arrepiente,

de no estar cuando crecíamos,

de no ayudarnos con los problemas.

Él nos quiere. (LUIS RÍE)

-De verdad. -Lo que me faltaba oír.

Ricky, es incapaz de querer a nadie.

-Solo pide una oportunidad.

Una sola oportunidad.

A mí me la concedisteis cuando salí de la clínica.

A él, no. -Él no se la merece.

-Claro: yo sí, pero él, no.

¿Se puede saber por qué?

Yo también os mentí, os robé, os metí en problemas.

-No compares. -Bueno.

-Tenías una adicción

y se soluciona. Lo suyo, no.

-Él en un mentiroso patológico.

-Es vuestro padre.

Por como habláis de él, si aparece muerto en una acequia, os da igual.

-Tiene enemigos, puede pasar en cualquier momento.

-Me hacéis flipar, chavales.

(RESOPLA CON DESDÉN)

(ÁLVARO SUSPIRA)

-Esta es la tienda.

Abierto.

Cuando salgamos a comer, tenemos que darle la vuelta.

Pasa.

(Campanilla de entrada)

-Está muy bien, lo imaginaba más pequeño.

-Antes, en el banco este organizábamos "Arréglalo tú mismo",

cuando estaba Pablo.

Los vecinos venían, arreglaban sus cosas,

les decíamos cómo y simplemente les cobrábamos los materiales.

-Muy buena idea. -Ajá.

-Lo tienes bien organizado.

-Uf, normal.

Esto dejamos de hacerlo, pero ahora que estás tú, ¿quién sabe?

A lo mejor vuelve a ser como antes.

Bueno, de momento ve...

Ve probándote esto a ver qué tal.

Lo cuelgo aquí.

¿Qué tal?

-Me queda como un guante.

Ahora que parezco un empleado, solo me tienes que enseñar a serlo.

-Bueno, no te preocupes, que es muy sencillo:

con los módulos que hiciste en la cárcel, aprendes rápido.

Lo principal es aprender a ordenar el material.

¿De acuerdo?

-Cuando quieras me pongo.

-Muy bien.

-No sé copiar llaves. -¿Qué?

-Yo no sé copiar llaves.

-No, no te preocupes, me encargo yo de momento.

Si no salen bien, no las quieren.

(Música de misterio)

-El Señor tiene que estar contento

de verme rodeado de herramientas.

Su hijo trabajaba con su padre en el taller

y le llamaban el hijo del carpintero.

Él estará contento de que aprenda un oficio sencillo,

al igual que su hijo.

(DAMIÁN CHISTA)

-Seguro que está contento

y seguro que era un trabajo sencillo, pero muy útil.

Ahí está la trastienda.

Ahí guardamos el material voluminoso y que necesitamos ir reponiendo.

-¿Recuerdas lo que hablamos?

Si podía rezar el Ángelus a las 12:00 dentro.

Tardaría cinco minutos. -Ningún problema.

(Campanilla)

-Hola. -Hola.

-Buenas, Damián, y hola.

-Adrián, mi nuevo ayudante.

-Ah, encantada, Adrián.

-María es la dueña del bar La Parra.

Te llevaré a que pruebes su pincho de tortilla,

conocidísimo en Madrid.

-Adrián y Damián, mira, rima.

-A mí me puedes llamar Boli.

Todos me llaman así. -Pues nada, Boli,

encantada. -¿Qué querías?

-Un filtro para la campana, que toca cambiarlo.

Te traigo el modelo.

-El de siempre, ¿no? -Sí.

-Vale.

Los filtros los tenemos en aquel estante.

El de María es un modelo industrial.

De esos vendo muy pocos, solo tendré dos o tres.

No quiero que se agoten.

-¿Te voy pagando? -Sí.

-Anda, justito. -Sí.

-Es el último. ¿Pedimos otro?

-No. Lo que hacemos es ir a la trastienda,

comprobamos si hay y lo reponemos.

Cuando no haya, lo apuntamos y lo pedimos.

-Hoy si quieres lo puedo apuntar.

Quiero decir, así me acuerdo del modelo

y, cuando venga, no tiene que recordarlo.

-Pues estupendo, así da gusto.

Os lo dejo aquí.

-Muy bien. -Gracias.

-¿Quieres bolsa? -No, con esto me sobra.

Hasta luego, gracias. -Adiós.

(Campanilla)

Los compañeros de noche lo buscaron, sin éxito.

Alucino con la historia, un doble de Toni.

Pues sí. Agente Ríos, cuéntanos.

Sí, bueno,

a ver,

él usa una falsificación del identificativo policial

y va de uniforme.

El "modus operandi" ha sido muy similar:

son gente mayor con hijos adultos. Se presenta en sus casas

y dice que han detenido a sus hijos y que tienen que pagar una fianza.

-Qué horror. Habrá que estar atentos

por si vemos algún compañero que no nos suene.

Sí, ya hemos avisado a otras comisarías,

pero estad con los ojos bien abiertos. Continúa.

Hemos deducido que esto tiene que ver con Adela Peña,

la que me drogó y me robó el identificativo.

He ido a la cárcel, me he entrevistado con ella

y fotocopió mi identificativo para vendérselo al falsificador.

¿Te ha dado más datos sobre él?

Sabemos que es precavido, que maneja mucha pasta

y se llama Eric.

Según ella, no se reunieron.

Las transacciones fueron por Internet

y de teléfonos prepago.

-Supongo que no habrá dejado

rastro de esas transacciones.

No tenemos ningún dato del falsificador.

¿De tu doble se sabe algo?

¿Los testigos han dado descripción?

-Sabemos que es un chico joven de estatura media

y que siempre lleva visera, por si acaso

los cajeros le sacan una foto o así.

Si supiéramos salgo más sobre Eric, podríamos ir a por él

y averiguar a quién se la vendió.

Yo he contactado con mis confites, por si tienen alguna información.

Silvia, colaborarás con Toni en este caso.

Es prioritario, ¿vale?

No quiero una tercera estafa.

Siguiente asunto.

Es una agresión callejera sin denuncia.

Un ciudadano encontró anoche a una joven

tirada en la calle con signos de haber sufrido

una agresión violenta. Espe, quiero que le eches un vistazo.

Dice que ella declaró que había sido un robo.

Sí, pero cuando leas la denuncia, verás

que incurre en contradicciones.

Por ejemplo, no echó de menos nada en el bolso.

Y, cuando el agresor fue a por ella,

ella se defendió y salió huyendo.

Al poco, el novio fue a buscarla.

Le he investigado y no me gusta nada.

Tiene denuncias previas por maltrato con otras parejas,

puede que sufriera una agresión y tenga miedo de decirlo.

Pues eso me encaja bastante más.

Dice que la joven está haciendo una FP

en un centro en el que di charlas, hablaré con la orientadora.

Me parece buena idea.

Ahora, Nacha y Elías, contadme, ¿sabemos algo

de la familia denunciada? La que vive cerca de los bomberos.

La denuncia está justificada. Ayer nos pasamos por allí.

Tenían el rellano lleno de basura y muebles viejos.

-Viven en un tercero y la música se oía hasta la calle.

-Mientras aporreábamos la puerta, vino una vecina

y nos dijo que habían venido los bomberos

porque les cortaron el gas y hacen charcas

en el salón para hacer la comida.

-Sí, pero los bomberos los tienen al lado y vinieron rápidamente,

porque con toda la basura acumulada, podría haber acabado en desgracia.

¿Hablasteis con ellos?

Sí, nos dicen que lo sienten mucho, nos prometen que no lo harán más,

pero la cosa sigue igual.

-Nada, los vecinos están hartos

y ellos creen que se les puede ir de las manos.

Hasta que no llegue a manos del juez, nada.

Así que todos a trabajar.

Buen servicio.

(ELÍAS TOSE)

¿Y esa sonrillisa? Antonio me ha enviado un mensaje

antes de subir al avión.

¿Llega ya? Creía que era la semana que viene.

Y yo, pero lo ha adelantado. Iré a buscarlo a mediodía.

Me alegro, ya está bien de estar tanto sola.

Mira, el lobo solitario de Distrito Sur.

Eso era antes. Ahora es comandante.

(Teléfono fijo)

Sí, dime, Sara.

-"Está aquí Bremón".

-Gracias, que pase.

Adelante. Muchas gracias.

¡Comisario! ¿Qué hay?

¡Cuánto tiempo! ¿Cómo está?

Bien, bien. Tranquilo, que es una visita informal.

No pasa nada.

¿Puedo ofrecerle algo? No sé,

¿un café? Gracias, ya he desayunado.

Bien, pues entonces usted dirá.

He seguido con mucho interés la jugada de Azcárate.

Y reconozco que me sorprende mucho

cómo se han desarrollado las circunstancias.

En ningún momento lo creí, dudé siempre

de la veracidad desde que la vi publicada,

pero jamás pensé que acabaría dimitiendo.

Creo que no le quedaba otra salida

después de demostrar que todas aquellas acusaciones

contra mí eran falsas, ¿no?

Sí, le quedaba alguna salida,

pero eligió la más honrosa.

Pero hay algo que me extraña.

¿Por qué no lo desmintió desde un principio?

¿Quiere sentarse, mejor, comisario?

Y hablamos así

más tranquilamente.

¿Esto es una pregunta trampa?

¿No estará usted insinuando que yo he podido fabricar

esas pruebas falsas exculpatorias?

No.

Insinúo que dejó que toda esa bomba informativa

alcanzara una mayor onda expansiva

para conseguir un mayor efecto al contraataque.

Bueno, digamos que Azcárate se lanzó contra mí

con toda su artillería.

Solo quería destrozarme

y no tuve más remedio que actuar proporcionalmente.

Mi único interés, lo único que pretendía, era demostrar

que hay políticos sin escrúpulos que juegan muy sucio

con tal de mantenerse aferrados al cargo.

Ha aprendido muy rápido el negocio de la política.

No me queda otra, ¿verdad?

Aunque ya sabe que yo sigo siendo un hombre de principios,

siempre lo he sido, con una forma de actuar y de pensar claras,

ya sea en el mundo de los negocios, la política o la vida misma.

Verá, cuando desapareció después de lo de Cabo Verde,

me ofrecieron un puesto tentador

en la órbita del ministro del Interior.

Lo pensé, pero me di cuenta de que mi lugar estaba aquí,

en Distrito Sur y en la comisaría, donde iba a ser feliz,

así es que lo rechacé.

Vaya, no tenía ni idea.

¿Por qué me lo cuenta?

Es importante saber cuál es nuestro lugar en el mundo.

¿Sabe, comisario? Siempre supe que usted

era un comisario por vocación

y no con otras aspiraciones.

Por supuesto que sí. Supongo que igual que usted político.

Es curioso, ¿verdad?

Aunque sí, está claro que los dos tenemos

un firme compromiso de vocación,

servicio a la ciudadanía.

Espero que, si gana,

siga manteniendo ese espíritu de servicio público.

No tenga la más mínima duda.

Sepa que las puertas de mi oficina siempre estarán abiertas

para hablar de los problemas de Distrito Sur.

Pues muchas gracias y mucha suerte en el final de la campaña.

Gracias, de verdad, comisario.

-Ya ha llegado el correo.

-¿Se puede saber qué haces tú aquí todavía?

¿No tendrías que estar preparándote

para hacer la prueba de esa película?

-Sí, pero lo he pensado mejor y no me voy a presentar.

-¿Y eso por qué?

Hasta hace un momento estabas muy ilusionada.

-Ya, pero me precipité... No estoy preparada.

-Sara, creo que lo que te está pasando

es que te están entrando nervios porque se acerca la hora,

pero no deberías dejar pasar esta oportunidad.

-No, de verdad, ya he tomado la decisión.

-A ver, Sara,

¿ha pasado algo que no sepa y por eso has cambiado de opinión?

-No, simplemente... Bueno, que es demasiada presión,

y yo aquí estoy muy a gusto.

-Bueno, como quieras...

(Música de intriga)

-Estuvo aquí haciéndole la pelota a Quintero,

y mira lo que ha tardado en meterle el puñal por la espalda.

¡Políticos!

A mí desde el primer momento no me dio buena impresión.

Pero ya cuando vi que ni cataba la tortilla, le hice la cruz.

¡Pues eso sí que es mala señal, no me extraña!

Bueno, cóbrame, María,

que voy al aeropuerto a recoger a Antonio.

Ah, muy bien.

¿Y estás segura de que llega al aeropuerto ahora?

Sí, sí, ¿por qué?

(RÍE) ¡Ay!

¿Antonio?

¡Cariño!

(ALEGRÁNDOSE) ¡Ay!

No me lo puedo creer.

Es lo malo de estar casado con una policía:

te tiene fichado hasta con los ojos cerrados.

Pero si tú aterrizabas en una hora. Quería darte una sorpresa.

Ya me la diste adelantando tu vuelta una semana.

Pero te he evitado ir al aeropuerto, con la rabia que te da la M-40.

¡Me encanta si es para buscarte a ti! ¡Mi amor!

Qué alegría verte recuperado, qué bien te sienta Milán.

-Sí, muchas gracias.

El estudio con el doctor Salazar ha sido interesante,

pero añoraba tus pinchos de tortilla.

De hecho, lo voy a incorporar al estudio,

como complemento al tratamiento de las dolencias coronarias.

-Pues son ingredientes de primera calidad

y el mejor aceite de oliva de "toa" España.

Te voy a poner un pincho, sentaos.

No me puedo creer que estés aquí.

Te he echado tantísimo de menos...

Ahora ya podré dormir por las noches.

Gracias por insinuar que soy un soporífero.

Mira que eres tonto. (RÍE)

Para mí también ha sido duro estar fuera tanto tiempo.

Todos los días me preguntaba qué hago a 1600 km de casa.

Luego pensaba en los enfermos que se beneficiarían del tratamiento

y me convencía de que la causa merecía la pena.

Claro que sí, tenías que hacerlo.

Lo sé, pero ya estoy aquí.

Ahora quien no está es Olga. Bueno, hasta que vuelva.

Vamos a aprovechar para estar solos, que llevamos mucho separados.

Claro que sí.

Tortolitos, el pincho.

Bueno...

Esto ha "mejorao" muchísimo.

-Pues hay gente que no lo sabe apreciar.

-A esos hay que meterlos en comisaría detenidos.

Sí, sí.

¡Buenísima!

Come despacio, Antonio.

Es que en Milán de esto no tienen ni idea.

La tortilla de patatas es un arte. Pues sí.

(GIME HACIENDO CARANTOÑAS)

¡Qué "gulazas" eras!

¡Venga, pasa, que no hay nadie!

-Ricky, no sé si esto es buena idea. Deberíamos ir a otro sitio.

Si aparecen tus hermanos o tu madre no les gustará verme aquí.

-De verdad, no va a venir ninguno.

Nadie tiene por qué saber que has venido.

Voy a sacar algo de picar. Tú como en tu casa.

-Ya, pero si es que...

te dije que estuviéramos dos días sin vernos,

para que te lo pensaras.

Y no quiero que tu madre me pille en ningún renuncio.

-Pero ¿qué renuncio?

Me dijiste que me lo pensara, lo he pensado y sé lo que quiero:

estar contigo. Ya hemos perdido bastante tiempo.

Lo que tenemos que hacer es aprovechar el que nos queda.

-No te molestes, es que no quiero que tengas problemas por mi culpa.

-Yo solo quiero que estés bien, recibirte bien.

¡Va, siéntate!

Ya sé que te han tratado fatal, te han querido echar

y no quiero que te quedes con ese recuerdo.

-Ya....

Por lo que veo, las cosas siguen igual con tu madre y tu hermano.

¿Pudiste hablar con ellos?

-Pues lo he intentado.

Pero ellos están cerrados en banda.

No se quieren creer que hayas cambiado.

Mira que te juro que lo he intentado, ¿eh?

-No es culpa tuya. Toda la culpa es mía.

Ojalá pudiera volver años atrás

y comportarme como la persona que soy ahora.

Si yo, en el fondo,

lo que quiero es ganarme su perdón, nada más.

-Tranquilo, papá, que yo lo voy a seguir intentando...

Y tiempo al tiempo.

"Tan" buenas, ¿eh?

-Eso es por lo de ayer.

A partes iguales, ¿eh?

-¡Ahí va mi vieja! ¿Tanta pasta por un anillo?

-Un anillo, un reloj, una cartera... La tarde no se me dio mal,

encima, el perista estaba generoso.

-Pero, papá, yo solo participé en lo del anillo.

Me estás dando dinero de más.

-Así está bien, Ricky.

Si no nos hubiéramos cruzado con la jefa,

me habrías acompañado, ¿sí o no?

-Bueno...

Pues esto solo se puede acompañar con un plato de jamón del bueno.

-Cómo me gusta verte sonreír.

-Pues que sepas que es gracias a ti.

-Mira...

Yo, recomendarte, te recomiendo el pisto.

Y de segundo, sanjacobo.

-Pues yo lo mismo que tú.

-Se te ha olvidado quitarte el chalequillo.

-No, es aposta. Que todo el mundo vea que tengo trabajo.

(RÍE) -Bueno, sí que te lo estás tomando en serio.

-Es la primera vez que tengo un trabajo honrado.

-¿Ya sabéis lo que vas a tomar?

-Sí, van a ser dos de lo mismo:

pisto y sanjacobo de segundo. -Muy bien.

-Es la primera vez que viene

y le he dicho que aquí se come divinamente.

-Hombre se come divinamente, pero es que el pisto

es apuesta segura.

¿Eres el nuevo empleado de la ferretería?

-Sí, perdona: él es Adrián.

-Puedes llamarme Boli. Me llaman así.

-Encantada, yo soy Paty.

-El bar está muy bien, parece como de toda la vida.

-Es que es un bar de toda la vida. Lleva un montón de años.

Creo que todo el mundo ha probado la tortilla.

¡Hombre, comisario! ¿Viene a comer? ¿Quiere un menú?

No, he venido a por un bocadillo de jamón.

Enseguida se lo preparo.

-Comisario, buenas tardes. Hola, Damián.

Este es mi nuevo empleado en la ferretería, Adrián.

Encantado.

No me suena su cara. ¿Es de Distrito Sur?

No, es mi primera vez en el barrio.

Pero veo que hay muy buena gente.

-Se nota que es nuevo, ¿eh?, todo le parece bueno.

Lo importante es que la ilusión dure.

Sí, porque la ferretería necesita un impulso.

Aprovecha. Tienes un buen jefe. Muchas gracias.

-Comisario, su bocadillo.

Gracias. ¿Me lo apuntas? Claro.

Hasta luego. Hasta luego.

Ya te has enterado, Emilio es el comisario de la comisaría.

Entendería que no quieras tener tratos con él.

Lo digo porque también es cliente de la ferretería.

-Pero ¿por qué?

-No sé, como es policía y eso...

-Yo voy a atender a todos los policías

y a todos los comisarios que pasen por tu ferretería.

-Muy bien.

(RÍE) -Te ha gustado, ¿eh? Recién "robao".

¿Quieres que te ponga un poquito más?

-Sabes hacer que alguien se sienta como en casa.

(RICKY) -Pensaba que tenías reunión con el del banco.

(ELVIRA RESOPLA)

-¿Qué hace él aquí?

-Lo he invitado yo.

-Sabes que no eres bien recibido en esta casa.

Si tuvieras un mínimo de decencia no habrías aceptado su invitación.

Y en cuanto a ti... -Elvira, no la tomes con el chico.

Tienes razón, no debí haber aceptado la invitación.

-En cuanto a ti, sabes que no quiero que le veas.

Pero, ya que te empeñas, no lo hagas en mi casa.

-Elvira, espera.

Si alguien se tiene que ir, seré yo.

Ya he causado demasiados problemas.

Gracias por todo.

Gracias.

-¡Tú!

-Creo que me voy a llevar los dos, Damián.

Así no tengo que volver luego.

-La que no te sirva, me la traes y te devuelvo el dinero.

-Qué va, si al final algún uso le encuentro.

Yo soy un manitas. ¿Cuánto es?

-Damián, si se lo quieres ofrecer, tenemos un modelo antipalanca.

-¿Antipalanca? -Sí.

-Toni es policía y lo quiere para su casa. Dudo que le haga falta.

-Es de acero inoxidable, a lo mejor le dura más.

-Ah, pues igual me interesa.

-Es nuevo, no conoce la clientela.

-Qué bien, parece majete el chaval.

-Sí.

(Móvil)

Perdón, ¿eh?

¿Sí?

Al grano, Álex, ¿qué pasa?

¿Estás seguro que es el Eric este?

(SIN HABLAR)

-Chist, chist.

(SUSURRA) -Gracias, chao.

(Campanilla de la puerta)

-¿Lo vuelvo a guardar?

-No, déjala fuera, que seguro que vuelve.

-¡Sara!

¡Espera!

-Hola.

-¿Qué tal estás?

-Bien.

(Móvil)

-No sé qué habrás decidido sobre Carlo d'Agostino,

pero lo que Luis y yo te hemos dicho es con la mejor intención.

-Álvaro, déjalo, no quiero hablar del tema.

-No, no quiero dejarlo.

Quizá piensas que Luis y yo no queremos que triunfes

y no se trata de eso.

Carlo es un productor importante y te puede abrir muchas puertas,

pero tiene una cara oculta y tienes que estar prevenida.

-Bueno, ya lo estoy. ¿Algo más?

-Sí...

Luis y yo queremos que seas muy feliz.

(Móvil)

Y que te vaya muy bien en la música, tienes talento.

-Bueno, ya está bien, vamos a dejar el temita.

-¿Por qué te pones así?

-No hace falta que sientas lástima por mí.

-¿Lástima? Creo que me estoy perdiendo.

-Pues sí, lástima. Pobrecita Sara, ¿no?,

rompe con su chico, se queda sin curro...

-No, déjalo, ¿vale?

No tienes un buen día y no es un buen momento para hablar.

-No. Eso es lo que quiero, que me dejéis en paz.

(Móvil)

Dime, Carlo.

(SECO) -"¿Cómo que 'dime'? Dime tú.

No te has presentado a la prueba.

Creo que debemos quedar para aclarar algunas cosas".

-No tengo nada que aclarar.

Después de lo que pasó ayer, quiero que te olvides de mí.

(EXHALA CON FUERZA)

-Damián, me voy, no quiero llegar tarde.

Mañana a primera hora como un clavo. -Muy bien.

-¡Oye!

¿Cómo te has visto en tu primer día de trabajo?

-Como un niño con zapatos nuevos.

Es una oportunidad que no voy a desaprovechar.

Pero ¿cómo me has visto tú? -Bien, bien.

En pocos días te haces el amo del chiringuito.

-Muy bien. Adiós.

(Campanilla de la puerta)

Buenos días. Hombre, comisario,

hoy lo veo dos veces el mismo día.

Pero no ha sido algo casual.

Cuando nos hemos visto en La Parra, me he quedado pensando

que me sonaba la cara de su nuevo empleado.

¿Sí? Pues no sé, tendrá una cara muy común.

Puede ser. ¿Qué tal con él?

Sí, de momento, bien.

Supongo que después del fiasco con Baeza, andará con mil ojos.

Ya sería tener mucha mala suerte.

Sí, además, tiene pinta de ser buena gente.

Aunque nunca se sabe.

¿Qué quiere decirme, comisario?

Simplemente, quiero que esté seguro de la gente que mete en su casa.

Ya. Y seguro del pasado delictivo que puedan tener.

Sí, el pasado delictivo y el presente como recluso.

Los conozco. Conozco su pasado y su presente.

Así que estaba al tanto.

Acaba de ir a dormir a la cárcel. Tiene permiso de tercer grado.

El hecho de trabajar aquí ha ayudado a que se lo concedieran.

¿Es familiar suyo o algo así? No, para nada.

Disculpe, pero se me hace extraño

que después de su experiencia contrate a un recluso.

Pues, mire, a lo mejor es eso

lo que me ha empujado a hacer algo así.

Pablo Baeza hizo mucho daño a mis espaldas

y a mí me afectó bastante.

No quería seguir viviendo en la desconfianza.

Y por eso le contrató a él.

No a él específicamente, a alguien en sus circunstancias.

Hablé con una ONG, les conté que quería contratar a alguien

y me recomendaron a Boli.

Es una decisión valiente, pero también arriesgada.

Yo al principio también dudé, la verdad,

pero me dijeron que Boli había encontrado al Señor.

Aun así, hay que creer mucho en la reinserción.

Mire, los hechos son que este chico está totalmente rehabilitado:

limpio de todo tipo de drogas, es abstemio,

y lo más importante: entiende de electricidad y fontanería.

Me quito el sombrero: no abundan ejemplos como el suyo.

Tampoco tiene tanto mérito,

porque con Pablo Baeza ya ve:

creía conocerlo y resultó ser un maníaco perturbado.

En cambio, con Boli, ya sabemos quién es.

Por la razón que sea, le ha dado una segunda oportunidad.

Ojalá hubiera más gente como usted.

Muchas gracias. Muchas gracias a usted.

(Campanilla de la puerta)

Siempre tiene que estar controlándolo todo.

Estábamos pasándolo estupendamente hasta que vino ella a estropearlo.

Además, lo peor es cómo te trataba a ti.

-Lo importante es que me hiciste sentir como en casa.

Me quedo con eso y con todo lo que estás haciendo por mí:

venir a verme, llevarme a casa, quedar conmigo...

Demuestra que eres un hombre valiente

y que estás dispuesto a arriesgarte por mí.

-Eso no significa nada.

-Sí, sí que significa.

Pero lo que más valoro

es tu fuerza de voluntad para dejar las drogas.

Sé que estuviste en una clínica de desintoxicación.

Tuvo que ser muy duro para ti.

-¿Cómo te has enterado?

-Ya te dije que investigué sobre vosotros.

Y cuando me enteré de que te había pasado algo así

quería saber cómo estabas.

-La verdad es que fue muy duro.

-Lo imagino. Tú solo allí encerrado, sufriendo...

Ojalá hubiera estado para ayudarte, pero me enteré tarde.

(RICKY SOLLOZA)

Hijo, te voy a hablar claro.

Cuando ayer dijiste que estabas de subidón

después de robar el anillo,

me quedé preocupado.

-De verdad que no, solo es una manera de hablar.

Con lo que me costó salir de esa mierda, no quiero volver.

-Bien.

Así se habla.

-Oye, ¿tú alguna vez...

lo has probado?

(RÍE) -¿Yo?

Hombre, pues, con la vida que he tenido,

por delante de mí ha circulado de todo.

Y sí, alguna vez me he drogado.

Pero sé lo que hacen las drogas a las personas,

es algo que te pudre el cerebro.

Se te mete aquí dentro y te hace pensar cosas raras.

Por eso, un buen día decidí no drogarme más.

Hay que tener la mente despejada para trabajar. ¿Entiendes?

-Sí. -Bien.

-Bueno, cuéntame algo de tus viajes.

Yo casi no he salido de España.

Pero tú sí.

Y bueno, ¿cómo hacías?

¿Dabas un golpe en cada puerto que atracaba el barco?

-Bueno, eso depende.

Había que tener tiempo para planificar algo también.

-Venga, anda, cuéntame.

-Pues, mira, recuerdo una vez en Nueva York,

que el barco estuvo parado una semana

porque tenían que hacerle el mantenimiento, y esa semana

me forré jugando a las cartas.

-Pero ¿alguna cosa sobre algún golpe grande?

-Alguno hubo, sí.

Pero, mira, todo eso son historias pasadas.

Contigo solo quiero hablar del futuro.

(RICKY RÍE SORPRENDIDO)

Escucha, ¿tú estarías dispuesto

a participar en mi próximo golpe?

-¿Lo dices en serio? ¿En qué estás metido?

-Necesito la pasta para ir a Marsella,

y, si mi familia no me la presta, haré lo que mejor se me da.

-¿Es algo inminente?

-Sí, mucho dinero, en Madrid.

¿Puedo contar contigo? -Puedes contar conmigo.

-El golpe perfecto.

(RICKY GIME ADMIRADO)

(Música melancólica)

-Sara, deja lo que estés haciendo y vete a casa a descansar, mujer.

-No me queda nada para exportar la base de datos de los clientes.

-Lo puedes dejar para mañana perfectamente. No corre prisa.

Además, no hace falta que hagas tantos méritos,

estoy contento contigo.

-No lo hago por eso.

Me gusta terminar las cosas que empiezo.

Pero se agradecen los ánimos.

-Tampoco es que yo esté intentando darte palabras de ánimo.

En realidad, ya te darás cuenta de que soy un jefe exigente.

Pero no tengo ninguna queja contigo.

-Me consuela pensar que alguien me valora por lo que sé hacer.

-¿Por qué dices eso?

A ver, Sara, ¿ha ocurrido algo?

¿Tienes algún problema?

¿Está relacionado con que no te hayas presentado

a las pruebas para esa película musical?

-No, lo decía por mis anteriores experiencias laborales.

-Verás, si me cuentas lo que pasa y te puedo ayudar, estupendo,

pero, si no, después del día que llevo,

no tengo la cabeza para acertijos.

Me voy a casa.

¿Quieres que te acerque a algún sitio, o a tu casa?

-No me voy a ir hasta que termine con esto.

-Vale. Solo te pido una cosa: no te quedes hasta muy tarde.

Y, cuando te vayas, apaga luces, pon la alarma...

En fin, lo de siempre. -Claro.

(SUSPIRA CON PESAR)

Llevamos aquí un rato y el tal Eric no aparece.

¿Seguro que tu confite es de fiar? Sí, es de fiar.

Si ha dicho que va a venir es que va a venir.

Igual se ha rajado.

Porque quedar delante de una comisaría

echa para atrás a cualquiera.

Con la pasta que se juega, no creo.

No todos los días pillan documentación a una pareja.

¿Y en qué brillante momento se te ha ocurrido que somos pareja?

Álex dice que finjamos ser pareja para que no sospeche.

Tú eres Mar y yo Diego.

¿Qué haces, "flipao"? Que está ahí.

¿Qué haces?

Es el proveedor, le está firmando un alabarán a Paty.

¿Qué carita ha puesto? Pero ¿no la has "avisao"?

¿Cómo? Estamos en medio del operativo.

Ya.

Hola, amor. El sábado vamos a comer a casa de tu madre.

El de gris, detrás de ti.

Perdón, ¿eres Diego?

-Sí.

Eres Eric, ¿no? Te ha mandado Álex.

-Encantado. ¿Qué tal? Soy Mar.

Tengo la documentación.

Inspectora de policía, quedas detenido.

Tienes derecho a guardar silencio, a no declarar,

a no confesarte culpable

y tienes derecho a contar con la presencia de un abogado.

Documentación falsa. Mira, tu especialidad.

¡Vamos!

Luego me paso y te cuento.

-Tranquilo, aquí te espero.

-Sí, a descansar hasta que me reincorpore. Te lo prometo.

¡No te preocupes, yo le vigilo! La inspectora jefe,

que me va a tener a raya para que descanse.

Muy bien. Venga, adiós.

¡No cuelgues, no cuelgues! ¡Espera, espera!

¿Oye, cariño? Que te quiero. Cuídate, mi vida.

Sí. Dale recuerdos a Julio, ¿eh?

Un besito. Chao.

Me ha puesto los dientes largos con el menú que estaban preparando.

Si tienes hambre, preparamos algo. Hay de todo en la nevera.

Sí, no me mires así, he hecho la compra.

Tenía tantas ganas de dejar de cenar sola

que me he venido arriba.

(SUSPIRA) Se me ha hecho la casa enorme sin ti.

Ya me tienes aquí llenando mi hueco.

Bueno, no me refería solo al espacio.

Me refería a las rutinas... Bueno, "rutinas" suena feo,

a los rituales;

cosas a las que no das importancia y luego echas de menos.

¿Cómo por ejemplo?

Por ejemplo, preparar una cafetera para los dos,

irnos juntos al trabajo,

contarnos qué tal nos ha ido el día...

O tomarnos el aperitivo juntitos.

Bendita rutina.

Investigar es muy motivador,

pero tenía ganas de volver a casa y a la consulta.

Echaba de menos a mis pacientes.

Pues tu sustituta lo está haciendo la mar de bien.

Ya me ha dicho Chelo que están muy contentos.

Porque no saben que has vuelto. Ahora querrán volver contigo.

Eso espero. Por si acaso, les he traído un regalo,

sobre todo...

Sobre todo a los antiguos. Son como de la familia.

Qué pelota eres. ¿Y a Chelo le has traído algo?

Sí, pero el regalo más especial te lo he traído a ti.

Bueno, ya empezaba a inquietarme.

A ver qué te parece.

Por la funda, has tirado la casa por la ventana.

Vengo de la cuna del diseño,

no te iba a traer una baratija.

¡Ay, qué preciosos!

Te has gastado un dineral, Antonio.

Eso da igual. ¿Te gustan o no? Claro que me gustan.

Habrá que buscar ocasión para ponérselos.

¿Por qué no ahora?

¿Me los pongo y nos vamos a tomar algo?

Había comprado una lubina, pero bueno...

(Móvil)

Es de comisaría.

Vuelta a la rutina.

¿Sí?

Ah, dime, Toni.

Vaya, enhorabuena.

Muy bien. Pues lo bajáis a calabozos. Sí.

Ah, perfecto, sí, sí.

Disculpa, tenía que cogerlo.

Hemos detenido a un falsificador que nos daba muchos problemas.

Anda, vete a comisaría, me hago cargo.

Ya celebraremos mi vuelta mañana.

¿Quién te ha dicho que me voy a comisaría? No, no, no.

Yo quiero estrenar mis zapatos.

(FLIRTEA) Y si quieres, tú me ayudas a ponérmelos.

(Música de suspense)

¿Qué haces aquí? ¿Quién te ha dejado entrar?

-Le he dicho al vigilante que habíamos quedado.

Necesito hablar contigo.

-Ya te dije que no quería verte.

Así que vete, si no quieres que avise a Seguridad.

-He venido a que me digas por qué no te has presentado a la prueba.

Me has hecho quedar muy mal.

-¿En serio no te lo imaginas?

Debes de estar muy acostumbrado a salirte con la tuya.

-Solo sé que he tenido que dar muchas explicaciones por tu culpa.

He tenido que decir que tenías faringitis

y que no podías cantar.

-Mejor eso que contar lo que pasó en el hotel, ¿no?

-Hasta donde yo sé,

ayer estuvimos viendo el "book" con tus fotos,

y hablando de la prueba a la que deberías haber asistido.

Por cierto, he conseguido que te la repitan pasado mañana.

-No me voy a presentar, así que a ver qué excusa te inventas.

-Pero tú... ¿quién te has creído que eres?

Yo te estoy ofreciendo en una bandeja

la única oportunidad de triunfar que vas a tener en tu vida.

Y tú te permites el lujo de rechazarla.

-No pienso pagar tu peaje. -¿De qué hablas?

-No te hagas el tonto. Ya sabes lo que pretendías

con el champán y el masaje relajante.

(RÍE)

-Sara, Sara, Sara...

Lo que más me gusta de ti es tu inocencia.

Al principio pensé que era una forma de hacerte de rogar,

pero ahora veo que es verdadera.

(EN ITALIANO) Y eso me excita aún más.

-Carlo, por favor, vete. -Pero ahora no puedo.

Solo puedo pensar en una cosa.

-¡Basta, Carlo!

-Te aviso:

si salgo de esa puerta descontento,

te juro que no volverás a actuar en tu vida.

-Pues asumiré las consecuencias. -No, Sara, no,

esto no funciona así.

Tú puedes ser camarera, secretaria o friegaplatos,

a mí me da igual.

Pero yo he invertido una pasta en tus clases,

en tus fotos y en todo lo demás.

Tú estás en deuda conmigo.

Y ahora yo me lo voy a cobrar.

-¿Se puede saber qué está pasando aquí?

-No, es que ha venido a comentarme una cosa,

pero ya se iba, ¿verdad? -Sí...

Se me ha hecho tarde.

Buenas noches.

(SARA COGE AIRE)

-He venido porque a mitad de camino

me he dado cuenta de que me había dejado el móvil.

(CARRASPEA)

Verás, Sara, no soy quién para meterme en tus asuntos,

pero no sé muy bien qué estaba pasando aquí.

Si es un rollito... -No.

-...no me hace gracia que venga a la empresa.

Entonces ¿quién es este tío?

-Es Carlo d'Agostino. -¿Quién?

-El productor de la película.

-¿El productor de la película?

¿Y qué quería presentándose aquí?

Es lo que me estoy imaginando, ¿verdad?

¿Te está acosando? ¿Ha intentado abusar de ti? ¿Es eso?

¿Es por eso por lo que no te has presentado a la prueba?

(SARA SOLLOZA NERVIOSA)

Ven aquí, ven. Tranquila, tranquila.

-No sois novios. ¿Qué sois?

-Somos... amigos.

-¿Sois una pareja abierta?

-En teoría sí. No tenemos por qué dar explicaciones al otro.

-Y así, si en teoría,

un día sale Toni y se enrolla con otra,

¿a ti no te molesta?

-¿Vas a dejar que se vaya de rositas y no le pase nada,

que se quede impune después de lo que ha hecho

y de lo que seguirá haciendo? -¿Por qué tengo que ser yo?

-¡Alguien tiene que ser la valiente que dé el primer paso!

¡Esto es así!

Las falsificaciones eran de una calidad altísima.

Y confirmó lo que nos dijo de la peña del calabozo.

Se comunicaba con sus clientes a través de redes públicas

y móviles de prepago.

¿Y sabéis quién es el que compró tu identificación policial,

y se hace pasar por policía en Distrito Sur?

Sí, Carlos Luengo.

Llevo un rato pensando en pasarme por la comisaría,

para comentarle un asunto. Pero no sé si es muy conveniente,

porque ha sido casualidad. -¿De qué quería hablarme?

Sara, si has sido víctima de una agresión sexual,

me gustaría ayudarte.

Un cortado para llevar.

Tú y yo vamos a hablar de esto.

En serio, ¿qué pasa?

Silvia, si no lo sabes tú...

Ya decía yo... Esta mañana estabas rara...

¿Es por el beso en el operativo de ayer?

Vamos a centrarnos en el presente para disfrutar.

Lo primero que...

-¿Tú qué haces aquí? Te dije que no quería volver a verte.

¿Este plano qué es?

-Qué bonito, Claudia,

que tengas esa ilusión después de tanto tiempo.

Sí, es que Antonio me lo pone muy fácil.

Ojalá hubiera tenido esa suerte con mi ex.

Ahora la tienes con Emilio. Es un buen hombre.

Carlos Luengo curraba en un bar que cerró: el Supersónico.

Está buscando curro ahora.

Vamos a tirar de ese hilo.

Probablemente busque trabajo en algo similar,

así que puede que lo hayan visto.

O sea, nos toca recorrer todos los garitos de Distrito Sur.

¿Te suena?

-¡Ah, este tío! ¿Es a este al que buscáis?

Sí. ¿A quién creías que buscábamos?

A nadie, yo no...

Entonces, ¿qué? ¿Le conoces?

Yo os quiero, Luis, te lo juro.

He tardado en reconocerlo, pero es la verdad.

-Tú no quieres a nadie, te quieres a ti mismo.

Y eres incapaz de meterte en la piel de tu mujer o de tus hijos.

-Si me dieras la oportunidad de explicarte...

-Te lo digo por última vez: deja en paz a Ricky.

Con el tema del cajero puede acabar en la cárcel.

-Me acorralaste contra la pared, me insultaste y me manoseaste.

Eso es algo más que hacer pasar un mal rato. ¿Sabes lo que es?

Agresión sexual.

Y, si no hubiera llegado Quintero, habrías sido capaz de violarme.

-Estás sacando las cosas de quicio

y haciendo unas acusaciones muy graves.

-Le pongo nombre a lo que pasó. -Cuidado, Sara.

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Servir y proteger - Capítulo 526

05 jun 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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