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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 505 - ver ahora
Transcripción completa

López se ha instalado en Getafe. Ahí tiene la dirección

y también el nuevo teléfono móvil.

-Mis padres lo dejaron hace muchos años.

Mi padre palmó de una embolia y apenas le conocí.

Y lo único por lo que me encaja esta historia

es que sé que se llevaban mal.

-José Manuel López, no sé si te suena.

-Así por el nombre no.

-Un chaval alto, rubio, con chándal, bastante chulo.

-¿Qué ha hecho?

-El pavo este está acosando a Paty, la camarera de La Parra.

(Forcejeo)

Pablo se ha escapado del hospital.

Ha dejado inconscientes a una enfermera y a un compañero.

No hagas tonterías.

(Golpe seco)

¿Y esta sangre? No es mía, es de Pablo.

Ha muerto.

Estoy embarazada de Pablo.

No fue buena idea ir a visitarlo a la cárcel.

Le dije que interrumpiría el embarazo.

-Para mí es obvio que fue en legítima defensa,

pero es obligatorio que Régimen Disciplinario lo investigue.

Quiero que salgas indemne de esto.

-¿Qué pasa? -Que se casa mi hijo.

-Como María no vaya a la boda, se va a pillar un rebote,

que conociéndola...

-Llamaré a Isra y le pondré al día.

Tú no metas la pata con María.

-Elías no gana para disgustos. Intento alegrarlo y no hay manera.

-Al menos hoy tiene motivo de alegría.

No todos los días se casa un hijo. Te dejo aquí.

-¿Cómo dices?

-La boda de su hijo con su novio francés.

-Por favor, María, no me hagas esto.

-Y te digo otra cosa: por lo de la boda,

te vas tú solico y así no tienes que dar explicaciones. ¿Estamos?

-Esta tarde sale una furgoneta de Distrito Sur hacia Ávila.

-¿Qué lleva? -Jamones.

-Mamá, Transportes Quintero.

-Te voy a pedir un café para llevar. -Ahora mismo.

-Estabas en la Venta de las Flores, en la carretera de Ávila.

Estuvimos charlando de fútbol.

-Es verdad. Qué cabeza tengo.

-Se ha puesto nervioso.

Primero me ha dicho que no me conocía

y luego ha fingido.

-Sí que es sospechoso.

-El dueño del restaurante de la avenida.

-Sí, sigue.

-Me ha confesado que había comprado unos cuantos jamones

a alguien de confianza.

Adivine quién se los vendió al Cojo.

-Sorpréndeme. -Luis Soler.

-Esta cantidad es la suma

del coste de esos jamones más el sueldo de mi conductor

y otros 3000 euros que he añadido yo por las molestias.

Quiero todo ese dinero mañana en mi oficina y en efectivo.

¿Ha quedado claro?

-No sé si me estoy equivocando al querer interrumpir el embarazo.

No sé qué decirte.

Es algo muy personal.

(Música emocionante)

Buenos días.

-Ya sé qué vamos a hacer. -Yo también. Un café.

Vamos a darle a Quintero donde más le duele.

Mira, esta es su flota de camiones.

Cuando le quememos uno, se va a enterar de quiénes somos.

-Tómate un chute de cafeína y luego me cuentas.

-Luis, no te burles.

-Solo te digo que es mejor que te tomes un café

a ver si se te aclaran las ideas.

-¿A ti te pareció bien cómo nos trató Quintero en el pub?

-No me pareció bien,

pero eso no significa que vaya a quemarle los camiones.

-A mí me parece una idea estupenda.

-Como ocurrencia está muy bien, pero hasta ahí, ¿vale?

-Luis, ¿qué crees que va a hacer Quintero cuando no le paguemos?

Nos va a quemar el Moonlight. Por eso tenemos que atacar.

Y hacerlo antes de que se lo espere.

-Cálmate, que parece que no sabes de qué van estas movidas.

-Sé perfectamente de qué va esta movida

y te recuerdo que te dejaste las ganzúas porque ibas distraído.

Por eso tuve que entretener a Eladio y se quedó con mi cara

y estamos donde estamos. -No hacía falta recordármelo.

-Sí, para que bajases un poco los humos

y dejases de tocarme las pelotas.

-Vale. Acepto que por mi culpa estemos en esta situación.

Pero, aún así,

creo que no debemos atacar a Fernando Quintero.

Ese tío solo ha querido su dinero.

Y una pequeña compensación.

-¿Te parece poco?

-Podría haber sido peor. Podría haber ido a la policía.

-Hola. (AMBOS) -Hola.

-Luis, no podemos pagar a Quintero.

Quedaremos como corderitos que se asustan del lobo.

-Es que no es un lobo cualquiera.

Si Quintero ha llegado donde ha llegado

es porque además de ser inteligente no le teme a nada.

-Luis tiene razón.

Ha de tener mucho valor para meterse en política a su edad

y con el historial criminal que tiene.

-No me puedo creer que estéis diciendo esto.

¡Que nos ha amenazado! No podemos agachar la cabeza.

-Quintero no es un delincuente cualquiera.

-O sea, que nos vamos a achantar por una leyenda urbana.

-Es que no es una leyenda urbana,

mis contactos de Picassent me han confirmado lo que imaginaba.

-¿Y qué es lo que imaginabas?

-Que Quintero está acostumbrado a moverse entre tiburones

y nosotros somos unos pececillos para él.

-De verdad, es lo que me faltaba por oír.

-También dicen que vayamos con pies de plomo.

-Opino lo mismo.

-Así que, Ricky, vamos a pagar.

Hoy mismo me pasaré por Transportes Quintero

y solucionaré el tema.

-Te acompaño. -No, dejad que lo solucione yo.

-No, me basto y me sobro yo sola.

(Música de tensión)

-¿Qué tal estás, Silvia?

Picando algo para desconectar.

Ya. Porque me imagino

que el ambiente en casa, un poco complicado, ¿no?

Bastante duro, sí.

Lo que ha tenido que vivir Espe es muy fuerte.

Espero que haya dormido bien,

porque después de haber declarado para el comisario e Ibarra

habrá tenido que revivirlo todo.

La verdad es que le costó bastante dormir.

Menos mal, está bien rodeada.

Yo intento cuidarla, pero...

No sé.

Todos estamos pendientes de ella. ¿Hay algo más que podamos hacer?

Lo mejor que podemos hacer es dejarla tranquila,

que haga su proceso.

Tiene un montón de cosas que asimilar.

Cree que no va a volver a ser la misma.

Yo he vivido situaciones muy duras y sé que lo que necesita es tiempo.

Tienes razón.

Nos encantó la cesta de fruta.

¿Tú también comiste?

Qué menos. Era un detalle. ¿Y tú qué tal estás?

(CON LA BOCA LLENA) Muy pendiente de ella,

y acabo de salir de hablar con Bremón.

¿Hay algún caso nuevo?

Anoche robaron en transformadores y puntos estratégicos

del tendido eléctrico del polígono.

Llevamos varias semanas con incidentes

en catenarias y líneas de la periferia.

¿Y crees que los casos están relacionados?

Hay que verlo. Creemos que es un nuevo grupo criminal,

una banda itinerante bien organizada.

Aquí tengo los detalles. Más vale que me ponga en marcha.

(PIROPEA) ¡Mira la niña, cómo anda!

Seguro que perreando te meneas igual de bien.

-Que me dejes en paz, tío.

-Te esperaba para echarte una mano. -Gracias, puedo sola.

-No seas borde. -Tío, ¿me quieres dejar de agobiar?

-Cuanto más chula, más ganas de... -Mira, para ya.

O paras, o me voy a comisaría.

-¿Vas a meter a la pasma en esto?

-A lo mejor así te enteras de que no quiero nada contigo.

-Eso es lo que decís todas, pero en el fondo estáis deseándolo.

-Tú eres un "flipao".

Con esa actitud, normal que todas las tías pasen de ti.

-Te equivocas, yo les doy lo que les gusta.

La que prueba, repite. -Que me dejes en paz.

-Cuanto más te enfadas, más me calientas.

¿Sabes cómo me llaman las titis? El Insaciable.

¿Te imaginas por qué? -Me das mucho asco.

¿Nos damos un revolcón esta noche? -¡Se acabó!

Te voy a denunciar ahora mismo.

-¡Venga, que me tienes loquito! ¡Eh!

¡Vas a acabar siendo mía y te voy a hacer gozar como nunca!

¡Anda!

(Música de tensión)

(Móvil)

Sí, dígame.

Sí, ha llegado el pedido.

Todo perfecto.

Justo a tiempo.

-¡Paty! ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?

-¿Está Toni? Necesito hablar con él. -Sí, acompáñame.

-Pero si está ocupado, le puedo esperar en el bar.

-No, si está aquí mismo. Toni.

-¿Tienes un momento? Me acaba de pasar algo.

-Sí, claro. Me ocupo yo.

-Pero si estás liado o lo que sea... -No. ¿Qué ha pasado?

-Quiero poner una denuncia. -Dime que no es por López.

-Me ha saltado al paso, me ha dicho cosas horribles.

Perdón, ¿eh? -Tranquilízate, siéntate.

(RESOPLA)

-Igual me estoy pasando y tampoco es para poner una denuncia.

No sé, yo qué sé.

-Si te ha acosado, estás en tu derecho de poner una denuncia.

Es la única manera de pararle los pies.

-Es que ha empezado a decirme unos piropos...

Bueno, eran burradas.

Y es que, por la manera en que lo decía,

te juro que estoy cagada de miedo.

-Tu DNI. Voy a abrir diligencias.

-Tampoco me ha agredido físicamente.

Simplemente me ha empezado a perseguir...

Bueno, me ha agarrado del brazo.

-Este tío tiene una denuncia por malos tratos.

Llueve sobre mojado.

-Este tío es lo peor, te lo juro.

-Tú tranquila, ¿vale? Vamos a ir a por él.

Necesito que me digas dónde fue.

-Ahora mismo, aquí en la plaza.

Al salir del mercado, iba cargada con el carro de la compra

y al verme ha decidido venir a ayudarme.

Pero más que ayudarme se ha puesto a perseguirme,

a decirme unas barbaridades...

Me ha dicho que le llaman el Insaciable,

que si quiero saber por qué. -Qué ganas de partirle la boca.

-Asqueroso. Luego me ha dicho que acabaríamos revolcándonos,

aunque yo no quisiera.

-Bueno, tú tranquila, porque vamos a ir a por él.

Tenemos material para meterle un puro. ¿Había testigos?

-No me he dado cuenta, creo que no.

Pero va a ser su palabra contra la mía.

-Tiene antecedentes y testigos previos, como yo.

-¿Qué estás poniendo en la denuncia?

-Acoso sexual e intimidación:

te ha perseguido y te ha agarrado con violencia.

-¿Crees que bastará para pararle los pies?

-Sí.

-¿Sabes qué me ha dicho también?

Que me estaba esperando a la puerta del súper.

-¿En serio?

Esto lo voy a añadir a la denuncia.

Escúchame: si te vuelves a cruzar con él, intenta no interactuar.

Y si te da la chapa, me llamas al momento.

-Vale. Gracias, Toni.

Sabes que eres el mejor, ¿verdad?

-Y tú eres muy valiente por poner esa denuncia.

-No.

(Campanilla)

-¿Qué pasa, papá?

-¿De dónde vienes, José Manuel?

-De comerle la oreja a una titi.

-¿A quién?

-¿A quién? A una camarera que está que cruje.

Me pone mogollón y no quiero que se me escape.

¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan serio?

-No me gusta que hablen así de las mujeres.

-¿Por qué? ¿Tú qué rollo llevas con las titis?

-Pues llevo un rollo de respeto.

De entrada, no me gusta que las llamen "titis".

(RÍE) -¡Ya! Lo que pasa es que eres chapado a la antigua.

Está bien saberlo. Supongo que no estás casado,

por todo este rollo de investigarme.

-Es algo de lo que no me gusta hablar.

-¡Vale, vale!

Pero tú te has tomado molestias en saberlo todo de mí

y yo de ti no sé nada. No sé si tienes hijos, si buscas pareja...

No sé nada, Damián.

-Bueno, todo parece ser que no lo sé sobre ti.

-¡Ah! Vale, que quieres saber un poquito más de mí.

Te voy a contar algo que seguro que no sabes.

Me van más las tías que a un niño una piruleta.

Me llaman el Insaciable.

¿A que eso no te lo había contado el detective?

-No, no me lo había contado.

¿Para qué has venido, José Manuel?

-Pues, mira...

He venido a aceptar la oferta que me hiciste.

-¡Anda! ¿Sí?

-Pero antes me gustaría...

Me gustaría saber cuánto me pagarás.

-No lo sé. Todavía no has demostrado tu valía.

Tengo que ver si eres capaz de trabajar, si lo sabes hacer.

-¡Lo que quieres es ponerme a prueba!

-Sí, efectivamente.

Si quieres puedes empezar a trabajar ahora mismo.

-¿Ahora mismo? Qué va.

Me viene fatal. Estoy con el rollo de la moto.

Por cierto, si me dieras la pasta ahora mismo,

la podría arreglar, y eso a ti te interesa.

-¿Ah, sí? ¿Y por qué?

-¿Cómo que por qué? ¡Porque quieres hacer feliz a tu hijo!

-Claro. Es verdad.

(RÍE) -Claro que sí...

Llevas razón. ¿Sabes qué pasa?

Que ahora mismo no tengo apenas dinero en la caja registradora.

-Bueno, algo habrá, ¿no? -Sí, claro. Algo hay.

Pero es dinero para dar el cambio a los clientes.

Pero podemos hacer una cosa.

Te voy a dar tu dinero, te voy a dar los 300 euros.

Pero ¿por qué no te pasas esta noche por aquí?,

que habré hecho la recaudación, tendré el dinero...

-Vale.

-Y después, si quieres, podemos ir por ahí,

a tomarnos una copa los dos juntos. ¿Qué dices?

-Es que hoy me viene fatal,

porque es que quiero quedar con la camarera.

-¿Y ella quiere quedar contigo?

-¿Que si ella quiere? Ella quiere, pero aún no lo sabe.

Se está haciendo la chula y hay que ablandarla, ¿eh?

Bueno...

Nos vemos esta noche. -Esta noche.

-Chao.

(Campanilla de la puerta)

(Música de tensión)

-Tú estate aquí tranquilica y te tomas la tila.

A ver si se te pasa el susto.

(RESOPLA) -Es que va a volver a aparecer, María.

Es que estoy segura.

-¡Que ni se le ocurra! ¡Le tiro la olla a la cabeza!

-Lo que necesito es olvidarme. Dejar de pensar por un ratito.

Necesito currar. A ver, ¿qué hago?

-Yo qué sé. Ponte a limpiar las bandejas.

Que hoy llevo un día... -¿Y eso?

¿Es por Elías? ¿Le has visto hoy?

-No, ni ganas. Otro al que le daba con la olla en la cabeza.

-¿Seguís a la gresca por lo de París?

-Tú dirás. Ayer hablamos y me lo dejó muy claro:

que no le ha contado a su hijo que tenemos una relación

por si la cosa se tuerce y el chaval se dé un disgusto.

-Qué retorcido todo. -Ya me dirás.

Me deja a la altura del betún.

Como comprenderás, no quiero verlo ni en pintura.

-¿Lo has dejado con él?

-Tanto como eso no, pero se lo expliqué.

Y, no sé, ahora me siento muy lejos de él.

-¿Y cómo se lo ha tomado? -¿Él?

Ha estado bombardeándome a mensajes desde anoche. Ni los he leído.

-Mujer, tienes que leerlos.

-Ya sé lo que me va a decir:

que lo siente, que me lo iba a decir cuando encuentre el momento...

Vamos, excusas.

-O sea, que no piensas darle ni una oportunidad.

-Como si se va a freír espárragos con todos: Raquel, Armand,

con Israel y la madre que los parió.

-¿Quieres que te prepare una tila a ti también?

-Estoy bien. Hablar contigo me relaja.

-Bueno, entonces...

hazme un poco de caso y escúchame.

-Habla con Elías. O al menos contéstale a los mensajes,

que igual es para decirte que te invita a la boda.

-¿A la boda yo? Ni muerta, vamos.

Que se vaya él, a ver si se atraganta con el champán.

-Eres muy bruta, María.

-Yo, por las buenas soy muy buena,

pero cuando me tocan el pistón...

-Pues a mí me da mucha pena. ¿Qué quieres que te diga?

Vuestra relación es preciosa,

y después de tanto tira y afloja por fin estáis juntos.

Estáis bien, estáis felices. ¿Y qué?

¿Lo vas a mandar a la mierda por una chorrada?

-¿Una chorrada? Que te pasara a ti, a ver cómo te sentaba.

Me da mucho coraje que se avergüence de mí

porque está ahí con su ex, con el dentista,

y con toda la familia de alto copete.

-No puedes decir eso, porque Elías no se avergüenza de ti.

-Bueno, pues, si no se avergüenza,

me ha dejado claro que no confía en lo nuestro.

Y una persona que no confía en esta relación,

prefiero no seguir.

-Hola, chicas.

¿Me ponéis para llevar dos bocadillos de tortilla

y dos cafés? Un solo y uno doble bien cargadito.

-¿Para ti y para tu binomio?

-Sí, para mi binomio. Hoy le va a hacer falta,

porque ha dormido poco.

-¿Y por qué no ha venido él a buscarlo?

-Porque está con un humor de perros que no veas.

María, ¿es verdad que habéis roto?

-Nos hemos dado un tiempo. Por lo visto está muy liado

con un viaje a París, y yo no pinto nada.

-Ya. Yo no creo que vaya a hacer ese viaje.

-¿Y eso? -María, porque está destrozado.

Hace mucho tiempo que no lo veía tan mal.

Desde que sufrió tanto por el novio maltratador de Israel.

-No me cuentes cuentos, Nacha.

-No son cuentos, María, es verdad.

Está con un disgusto enorme desde vuestra discusión de ayer.

-¿Te lo ha contado? -Claro, soy su amiga.

También he visto los mensajes que te ha mandado.

-No los he leído.

-Pues deberías leerlos, por favor.

-Eso es lo que le estaba diciendo.

-Yo entiendo que puedas estar enfadada,

pero creo que deberías aflojar un poquito. ¿No, Paty?

Y es que Elías es muy buena persona.

No lo digo porque sea mi amigo, sino porque lo es.

-Las buenas personas también hacen daño.

-Pero la diferencia con los canallas

es que reflexionan y se dan cuenta de los errores.

Elías se dio cuenta de que metió la pata contigo y está tan mal

que dice que si lo dejas, se muere.

-Qué se va a morir.

-Toma, Paty, cóbrame, porfa.

-No, deja así. Un bote.

Me voy a seguir el día, a ver qué tal lo llevamos hoy.

Conduciré yo; como deje a Elías, seguro que nos pegamos una piña.

Venga, ánimo.

-Esto te lo digo por cuestiones de seguridad ciudadana.

Deberías hablar con Elías.

(MARÍA SUSPIRA)

-Qué cabezota es.

(Teléfono)

Dime, Marisa.

Sí, por supuesto. Que pase. Gracias.

¡Elvira! Pase, por favor.

-Hola.

-Buenos días. Me alegra comprobar que es usted puntual

y que cumple con su palabra.

(RÍE) -¡Fernando!

No nos andemos con formalidades. Yo creo que nos podemos tutear.

-Estupendo, como quieras.

-Tú y yo tenemos muchas cosas en común.

Somos de la misma quinta, tenemos hijos mayores,

somos personas trabajadoras, tenaces,

y luchamos a muerte por lo que es nuestro.

-Creo que es un bonito retrato de coincidencias.

-Bueno, me he informado.

Y sé que has levantado de la nada, como yo, un imperio...

criminal.

-Exactamente igual que tú, ¿no?

-No, a mí no me gusta meterme en camisas de once varas.

-¿Y a quién le gusta? -A ti.

La política es una camisa de once varas, ¿no?

(RÍE)

-Reconozco que eso ha estado muy pero que muy bien.

Aunque no creo que hayas venido solo para hablar de política.

A no ser que te quieras afiliar a nuestro partido.

-No, no. He venido a pagar.

Y a hablarte de los Soler, para que no te llames a engaños.

-Vaya, parece que esto empieza a ponerse interesante.

¿Te quieres sentar? ¿Quieres tomar algo?

-Gracias. Si tienes un vermú, te lo acepto.

-Pues vermú, precisamente, lo que es vermú,

creo que no tengo.

Pero si me permites un momento, lo arreglo enseguida.

¡Marisa! ¿Puedes decirle a Manuel que vaya al supermercado?

Que se traiga la mejor botella de vermú que tengan.

¿De acuerdo? Dile que no tarde. Gracias.

-Hola, María. ¿Puedo pasar?

-Es un bar, ¿no?

-Pero "reservado el derecho de admisión".

-¿Qué te pongo?

-La verdad es que no quería tomar nada.

Quería charlar contigo cinco minutos, si los tienes.

-Lo que tengo es mucho trabajo. -Bueno, un par de minutos.

-Bueno.

Dime lo que me tengas que decir.

-Supongo que si has leído los mensajes, sabrás...

-No los he leído. Hazme un resumen.

-Está bien, te resumo.

A ver, María, yo... Yo estoy fatal, estoy hecho polvo.

No quiero que cortes conmigo.

-A ver, Elías, yo no he "cortao".

Pero si tú eres incapaz de admitir que tenemos una relación

delante de tu familia en un día como la boda de tu hijo,

no sé adónde vamos.

-Es verdad, ha sido una cagada.

-De las gordas.

-María, tú me conoces:

yo soy un cascarrabias, un solitario,

un tipo lleno de inseguridades.

Es que tú me haces ver la vida de otra manera

y sin ti yo ahora no sabría qué hacer.

Así que por eso...

te quiero pedir de rodillas

que hagamos borrón... -¿Qué haces? Ven aquí.

Ven.

-Que hagamos borrón y cuenta nueva y te vengas conmigo a París.

Eso sí, si me sigues queriendo.

Si sigues apostando por este madurito cascarrabias.

¿Me sigues queriendo?

-Pues claro que te quiero.

-Entonces no se hable más. Espérate.

-¿Qué haces?

¿Qué haces? -¿Isra? Oye, soy tu padre.

Ya, ya, es que te tengo que hablar de una cosa urgente.

Sí que voy a la boda.

Te quería decir que viene una invitada nueva.

¿Que quién es? Pues... es mi novia.

Es una mujer maravillosa que conociste la última vez.

Sí, la dueña de La Parra.

¡Que te acuerdas de ella y de su tortilla!

Pero ¿cómo que te lo imaginabas, chaval?

Sí, está muy feliz de venir a la boda.

Te lo cuenta ella. Espera, te la paso.

-Hola, Isra. Oye, enhorabuena, felicidades.

Sí, gracias.

Yo también estoy muy contenta de ser la...

la novia de tu padre.

Claro que sí, muchas gracias.

Encantadísima de ir a tu boda. Claro.

¿Estás nervioso?

Bueno, pues nada...

Pues ya nos vemos allí, en París.

Hale.

Venga, vale. Y enhorabuena.

Ay, que he colgado. ¿Tú te querías despedir o algo?

-Da igual. Pero si hablamos todos los días.

-Y... ¿lo que me has dicho es lo que decías en los mensajes?

-Todo eso y mucho más.

-Pues tendré que leerlos. -María,

no vuelvas a dudar de mí.

Te quiero más que a nada en el mundo.

-Y yo a ti, cascarrabias.

-Bueno, espero que te guste. No sé cómo va a estar este vermú.

-Bueno, no está mal.

Le falta el hielo y la rodajita de naranja,

pero, bien, soy de gustos sencillos.

(RÍE)

-Pues muchas gracias. Así que de Valencia, ¿no?

¿Y qué fue lo que te trajo a Madrid?

-La familia.

No soportaba estar separada de mis hijos.

Ellos tenían sus negocios aquí

y para ellos sus negocios son lo más importante, claro.

Y a mí me gusta estar cerca, para poder defenderlos.

¿Sabes? Nosotros somos una piña. -¿Ah, sí?

-Bueno, los padres somos capaces de hacer cualquier cosa

por nuestros hijos. Aunque en ese caso

he tenido algo más de suerte.

Mis hijos son más autónomos.

Hasta ahora, nunca he tenido que sacarles las castañas del fuego.

-No, yo tampoco a ellos.

Lo que pasa es que yo dirijo el negocio familiar, como viste.

-Con mano de hierro, por lo que vi.

(MODESTAMENTE) -Bueno, tú sabes

que en nuestros negocios hay que estar siempre vigilante, ¿no?

-Bueno, los que hemos sobrevivido y hemos aprendido

de la vida en la calle, digamos que estamos hechos de otra pasta.

Y si además tenemos negocios similares,

de alguna forma podemos decir que estamos hermanados.

-Bueno, similares, similares... No.

Yo tengo algo de lo que tú careces: ética.

-¿Ética?

-Hay una línea roja que no cruzaría por más que me cubrieran de oro.

-¿Y cuál es esa línea roja, si se puede saber?

-Las drogas. Cualquier tipo de drogas.

Jamás he traficado con ellas.

¿Ves?

Esto nos diferencia profundamente.

-Bueno, está claro que yo sí he traficado con drogas.

Pero digamos que forma parte de mi pasado

y solo es eso, el pasado.

(ASIENTE)

-Cada ladrillo, cada mesa y cada palé de tus naves

lo has conseguido con el sufrimiento de muchas personas

por culpa de las drogas.

Quizá tú sí que estás rehabilitado,

pero cargas a tus espaldas con muchas muertes.

-No entiendo muy bien qué quieres decir con todo esto.

-Has segado la vida de muchos jóvenes

para enriquecerte.

Igual que mi hermano, que murió por culpa de las drogas.

-Vaya, lo siento mucho. -No. Yo sí que lo siento.

Mi hermano tenía mucho talento y habría sido un gran músico

de no ser por el hijo de perra que adulteró la droga

para sacar más pasta.

Así que una madrugada

murió en el parquin de una discoteca a las afueras de Valencia.

-Ya te he dicho que siento mucho esa desgracia familiar

que tuviste con tu hermano,

pero quiero que sepas una cosa:

yo he pagado por todo eso; estoy en paz con la justicia

y no le debo nada a nadie.

-¿Qué tú has pagado?

Yo sí que he pagado por lo que hice.

¿Ves? Esta es otra diferencia entre nosotros.

Así que a partir de ahora, Fernando,

no quiero saber nada de ti.

Porque no estamos hechos de la misma pasta.

No me acompañes. Sé el camino.

-Que tengas buen día.

(Música pop suave)

Ricky, ¿te importa llevar estas birras al billar?

-¿Acabas de llegar y ya me estás dando órdenes?

-Perdona, es que...

no me apetece.

-Ya.

No te preocupes, que ya se lo llevo yo.

-Gracias.

-Tronco, ¿se puede saber qué haces aquí con esa?

-¿A ti qué te importa?

-A mí no me importa, pero hay gente a la que sí.

-Ricky, no me comas la olla.

-¡Qué chaval!

Toma, te la mereces.

Saco yo, que he ganado. ¿Dónde has aprendido a jugar así?

Crecí en un billar. ¿En serio?

¡No!

Teníamos billar en la cafetería de la uni y hacíamos torneos.

Tampoco es un torneo, no te lo tomes tan en serio.

Me tendrás que dejar algo.

Al billar se juega a muerte, sea un torneo o no.

Ya, pero es que parezco un espectador.

Pues mira esto.

(Caen varias bolas)

Vale. Me rindo, ya no juego más.

Anda, tira un poco mientras yo voy al baño.

Pero es la última. No quiero que me des otra paliza.

Sara, espera.

Lo siento, no sabía que estabas.

-Trabajo aquí. -Luis me dijo que tenías libre.

-Pero a Juan le ha surgido un imprevisto.

-Espero que lo entiendas.

-Tampoco me sorprende.

Sabía que ibas a ir corriendo detrás de ella.

Me dijiste que Sara no curraba hoy.

Ha debido de entrar y no la vimos.

Bueno, pues aprovecho y me voy. No te vayas.

No tiene por qué comerse este marrón.

Así le hago la cena a Espe. Quiero estar pendiente.

Si es por eso, te lo compro.

Hablamos.

(PATY) Dicen que no, pero actúan como dos adolescentes.

(NACHA) -Menos mal que se han reconciliado.

-Chicas, necesito vuestro consejo, ¿vale?

Tengo estos dos vestidos.

Este no me gusta, directamente. Está muy pasado.

Y este me parece muy bonico, pero también un poco anticuado.

-Lo podemos modernizar.

Llamo a mi amiga Tere y te lo va a dejar superbonito.

-Qué amiga Tere, si nos vamos en dos días.

Decidme, ¿cuál? ¿Este?

-Yo te aconsejo que te compres uno nuevo.

La ocasión lo amerita, y los franceses son muy chic.

-Los franceses no sé, la exmujer de Elías, sí.

-Tampoco es "pa" tanto. Y tú eres mucho más guapa,

más inteligente, más fresca, más natural, más todo.

-¿Fresca y natural? ¿Cómo una lechuga?

-Que te rasques el bolsillo y te compres uno nuevo.

Y, de paso, vas a la pelu.

-Me lo pensaba lavar y dejármelo suelto.

Fresca y natural.

-El pelo así te va a quedar bien, pero, volviendo al vestido,

yo me llevaría ese y me compraría otro.

Así te pones uno para la ceremonia y otro para el banquete.

-Sí, 18.000 vestidos. No, uno solo. Si no quedo chic, quedo choc.

-¡Ay, María! Un buen vestido es una inversión.

Nunca sabes cuándo lo vas a necesitar.

-Claro.

-Además, te pongas lo que te pongas vas a ser la más guapa de la fiesta.

-Compañero, ¿de dónde sales?

¿Acabaste el turno y te fuiste de extranjis?

-Es que iban a cerrar la agencia de viajes

y se estaban acabando los billetes.

Y yo es que con internet me hago mucho lío

y... ¡tachán!

¡Dos billetes de ida y vuelta para París!

Además, he encontrado un hotelito muy coqueto

en aquella zona que te dije, cuando visité la isla.

En la rue de l'Université.

-Donde estaba la confitería con su rayico de sol...

-Exacto. Ahí nos vamos a instalar. -Qué ilusión.

-Y nos vamos a dar paseítos por esas calles tan monas.

(NACHA Y PATY CARRASPEAN) -¿Los vestidos qué?

-Me compro uno nuevo. Paso de pasar a la posteridad hecha un adefesio.

-Pero si tú eres una mujer bandera.

-¿Lo ves, María? Ahora te relajas, te tranquilizas...

Que cómo eres. Antes no querías saber nada del mundo y ahora...

-Tengo un pronto muy rápido, pero también se me pasa rápido.

-Sobre todo cuando alguien te pide perdón de rodillas.

-Eh, Elías, que ha sido muy bonito, no te dé corte.

-Ay, espera.

(Móvil)

-Tú hijo. -Es Isra, que está más pesado.

¡Hijo, cuéntame! ¿Qué?

¿Que yo...? No, no me hagas esto...

(APURADO) De verdad que... Que yo no sé...

Bueno, venga. ¿Estás seguro?

Tú verás.

¿Qué pasa? ¿No contaban con mi cubierto

o tu exmujer no quiere que vaya?

-Que lo han dejado, que se cancela la boda.

-Ay, Elías, suéltalo ya.

-Que quiere que dé un discursito en la ceremonia.

(RÍE) -Pues claro, normal. Eres el padre de uno de los novios.

-Lo vas a hacer superbién.

-¿Un discursito? Si yo no...

Lo damos juntos.

-Ay, Dios, qué estrés.

(RÍEN)

(LLAMA A LA PUERTA)

(Campanilla)

-¡Damián!

(Música inquietante)

¿Damián?

¿Hola?

¿Estás aquí?

¡Damián!

(Melodía de caja de música)

(EXCLAMA) ¡Qué susto, Damián!

No te había visto.

-¿Te has asustado? ¿Te ha dado miedo?

Lo que te ha asustado ha sido escuchar esa musiquita, ¿eh?

-¡No, no! ¡Para nada! -¿Seguro?

Abre la caja y escucha la melodía, verás cómo te recuerda cosas.

Ábrela, ábrela. -¿De qué va esto? ¿Es un juego?

-Te estoy diciendo que la abras. Te estoy diciendo que la abras.

(Melodía de la caja)

¿No la recuerdas?

-Mira, Damián, no sé de qué va esto. Lo mejor es que me vaya.

-Cállate. ¿Sabes una cosa?

La memoria es muy mala compañera de viaje, ¿sabes?

Sobre todo cuando los recuerdos se clavan como puñales.

-¿De qué estás hablando?

Damián, yo me largo.

-No...

Tú no vas a ir a ningún sitio.

La noche va a ser larga. (ASUSTADO) -¡Damián!

Pero ¿esto de qué va?

-Esto es un ferretero

intentando evitar que un ladrón robe su caja registradora.

De eso va.

-Me estoy empezando a rayar.

-No te rayes, hombre,

que te lo voy a explicar con pelos y señales, tranquilo.

Te voy a contar una historia.

Esta historia que te voy a contar no es un cuento de hadas.

Es una historia de terror.

Tiene dos protagonistas, son dos mujeres.

Son una madre y una hija,

Ana y Marga.

Ana es mi mujer y Marga es mi hija.

-Yo no sé de qué me estás hablando. -Cállate.

Esta historia tiene otros protagonistas: tres chavales.

Querían pasárselo bien. Hay que pasárselo bien.

¿A que sí? Sobre todo hay que pasárselo bien, ¿a que sí?

¿Y cuál es la mejor manera para pasárselo bien?

Con una titi, como tú dices.

-Damián...

-Una titi para los tres, ¿verdad?

Esto ocurrió en Salamanca.

¿Te suena? A que sí, a que te suena.

(GRITA) ¡A que te suena! ¿Te suena?

Así que buscaron una casa a las afueras

y se acercaron y tuvieron la suerte de que...

(LLORA) ...de que el padre no estaba.

Porque estaba fuera de trabajo.

Entonces esos tres veinteañeros que lo estaban pasando bien

encontraron el camino abierto, ¿a que sí?

-Escúchame, por favor. Yo no soy ninguno de esos jóvenes.

Yo no he estado en Salamanca en mi vida. Te lo puedo jurar.

-Estuviste allí la noche del 12 de junio de 2017.

-Junio de 2017, eso es verano, ¿no?

Y yo en verano, Damián, me voy a Marruecos,

siempre, a buscar proveedores.

Porque necesito contactos y...

Mira, te enseño fotos. -Saca la mano.

-Que tengo fotos. -Saca la mano de ahí.

Conozco esas fotos. En una llevas un turbante azul,

en otra estás a camello, en otra en una tetería, ¿a que sí?

En una tetería, ¿a que sí?

Esas fotos las hiciste tres meses antes de la fatídica noche.

Esa noche en que tú...

violaste a mi hija.

Esa noche sonaba la musiquita que estaba sonando antes.

¿Y sabes qué pasa?

(Melodía de caja de música)

Que mi hija Marga no tiene vida.

Y que cada vez que escucha esa música

se le vienen a la cabeza todos esos recuerdos.

Esos recuerdos en que su madre

no pudo soportar ver cómo tres animales

se turnaban para violar a su hija y se le paró el corazón.

Esa noche que sonaba esa música, yo llegué a mi casa

y me encontré a mi mujer muerta.

Y ahora, hoy,

esta noche, aquí y ahora,

tú vas a hacer que suene otra vez esa música.

-Por favor. -Dale cuerda a la caja.

-Por favor. -¡Que le des cuerda a la caja!

-¿Te pongo un vermú?

-Sí, por favor.

¿Sabes que Quintero me ofreció un vermú cuando fui a verle?

-¿En serio?

Seguro que te lo metiste en el bolsillo.

-Le dije lo que pensaba de él.

Él se quedó sin palabras y yo me quedé muy a gusto.

-No parece fácil de amedrantar. ¿Qué le dijiste?

-Pues le hablé con el corazón.

Le dije que representaba todo lo que más detesto,

un narcotraficante que ha triunfado con el sufrimiento de mucha gente.

-¿Qué te contestó?

-Su silencio fue muy claro.

No te creas, quiso meternos en el mismo saco,

pero yo le dejé claro cuál es la línea roja de los Soler.

No somos unos angelitos, pero tenemos nuestra ética.

-Me hubiera gustado ver su cara.

-Creo que quedó algo tocado. De cualquier forma,

le pagué y le dije que mejor que nuestros caminos no se crucen más.

-Sí, eso es mejor para todos.

Oye, mamá, siento la pifia con lo de los jamones.

-Cariño, eso está olvidado.

Además, yo debería haber calado a Quintero antes de dar el golpe.

-¡Hola!

Mira, llegáis a punto.

Vamos a cenar.

-Yo he picado algo por ahí. Me voy a dormir.

-No, tú no te vas a ningún lado hasta que no hablemos.

Mamá...

-¿Qué ha pasado? -No ha pasado nada.

-O se lo cuentas tú o se lo cuento yo.

-Silvia y yo estamos juntos.

(RICKY) -¿Es para contarlo o no?

-Antes de que metas las narices, quiero que sepas

que estoy muy feliz y voy a luchar por ella.

-Cariño, yo siempre he querido vuestra felicidad.

La de todos.

Y creo que os he demostrado que sé sacrificarme por vosotros.

-Lo sabemos, mamá.

Por ti también, Álvaro.

Maté a una persona para salvarte.

-No se me olvida, tranquila.

-Lo único que te pido es que tengas los pies en el suelo.

La policía cree que Carvajal huyó a Costa Rica.

Si ese muerto apareciera, nos causaría muchos problemas.

-No creo que eso pase.

-Teniendo a la policía tan cerca, nunca se sabe.

No olvides todo lo que nos estamos jugando.

Anda, verte a dormir, cariño.

-Buenas noches.

-Buenas noches.

-Bueno, ¿y vosotros qué preferís?

¿Canelones o pinchos?

-Pues yo quiero de los dos.

(Melodía de la caja de música)

(DAMIÁN) -Al final fue culpa mía.

Todo esto que está pasando, lo que pasó...

yo creo que fue culpa mía.

Yo tendría que haber estado allí esa noche.

Dos días antes, Ana había estado con fiebre,

y cuando me fui tenía unas décimas, pero quería quedarme.

Pero me dijo: "No pasa nada, cariño. Vete".

Qué tontería.

-Suéltame, por favor.

-Si yo hubiera estado allí, esto no habría pasado, ¿a que no?

Esa noche, después de cenar la llamé por teléfono.

Cuando estoy fuera, me gusta llamarla y escuchar su voz.

Estábamos organizando un viaje a Viena los dos.

Bueno, los tres, con la chica.

Estaba superemocionada Marga.

Pero no estuve allí.

Y como no estuve lo voy a recordar toda mi vida.

¿Lo sabíais? ¿Teníais la casa vigilada y sabíais que yo no estaba?

No lo niegues.

Estuviste allí, ¿a que sí?

Mi hija era casi una niña la noche que estuvisteis allí

y la violasteis una y otra vez.

¡Casi una niña!

Os turnasteis uno tras otro hasta que llegó la luz del día.

Y mi mujer, pobrecita, no pudo aguantarlo

y se le paró el corazón. Mi mujer perdió la vida.

Pero es que mi hija...

Mi hija no quiere vivir.

Ha desconectado del mundo.

Y si yo me levanto cada mañana

es porque voy a luchar cada segundo de mi vida

para que ella recupere la suya. Para eso y para vengarme.

-¿Qué quieres de mí?

-Quiero los nombres de tus compinches.

-Que yo no estuve allí.

¡Que yo no estuve allí!

Yo no estuve... -Estuviste allí y lo sé.

Lo sé.

El detective me ha dado todas las pruebas.

Pero no sabe con quién estuviste y eso es lo que necesito.

Los nombres.

-Te lo diré, pero, por favor, ¿luego me dejarás libre?

-¿Crees que estás en condiciones de negociar?

-Mira, de los tres que fuimos a Salamanca,

yo solo conocía a uno, el Boli. Es de Vallecas.

-¿Boli? ¿Así se llamaba? ¿Cuál es su nombre de verdad?

-Solo sé que lo llaman al Boli. -No estás colaborando.

¿Cómo se llama el otro? -Te juro que no lo conocía.

Era amigo del Boli. Lo trajo él.

-No vas a cambiar nunca.

No vas a cambiar nunca.

En grupo o en solitario, no vas a cambiar.

Te he visto actuar. ¿Crees que no te he visto?

He visto cómo acosabas a Paty, la camarera.

Y te he escuchado decir:

"Esa titi, quiera o no quiera, va a ser mía".

-Es una forma de hablar. -Una forma de hablar que te retrata.

Porque a ti lo que te gusta, depredador de mierda,

es hacer daño, es violar.

Hasta hoy.

(ASUSTADO) -¡Espera, espera!

Damián, por favor, vamos a la policía.

-¿A la policía, para qué?

No, tú vas a pagar. Pero vas a pagar de verdad.

-¡Yo no quería! ¡Fueron ellos!

¡Fueron ellos! ¡Yo no quería, de verdad!

-Mientes. Sé que fuiste el cabecilla.

-¡Que no, que no, que no! ¡Damián, que no!

Esto no es lo correcto, ¿vale?

Vamos a la policía, me entregas y que lo juzguen ellos.

De verdad, Damián, yo no sabía que tu mujer había muerto.

Cuando nos fuimos, estaba inconsciente.

No lo sabíamos, de verdad.

-Cállate, cállate.

Cállate.

-Por favor, Damián, por favor...

Damián, tú eres una buena persona.

Por favor, mírate, joder.

¡Mírate!

¿Me vas a matar? ¿En serio?

Tú eres buena persona, de verdad.

Existen unas leyes.

No puedes hacer esto.

(Caja de música)

(TRANQUILO) -¿Sabes una cosa?

Cuando las leyes acaban, empieza la venganza.

(Disparo y casquillo cayendo)

(Melodía triste de la caja)

-Tengo que tomar una decisión y prefiero no ver gente.

A veces pienso que lo mejor sería pasar página

y olvidarme de esta tragedia. Y para eso...

la interrupción del embarazo es la opción más adecuada.

Otras veces creo que debería seguir. Estoy hecha un lío.

Decidas lo que decidas, yo te apoyo.

¿Qué le pasa a Elías?

Sabes que su hijo se casa, ¿no?

Sí, se va mañana.

Está de los nervios porque tiene que dar un discurso

y todos son ricachones franceses.

Ayer se levantaron 600 kilos de cobre.

En las empresas afectadas están muy preocupados.

Los daños son importantes.

¿Y dónde guardan la mercancía?

O se lo funden rápido o se lo llevan para China.

Debe de ser chungo camuflar esa mercancía.

Son profesionales y usan vehículos grandes. Estamos en ello.

Se nota que no eres ni tú.

-Parece Bremón.

-Tú jamás le dirías algo así a Israel.

Lo que debes hacer es hablarle desde la naturalidad, la frescura.

-Oye, ¿José Manuel López ha vuelto a dar señales de vida?

(AGOBIADA) -No, no ha dado señales.

Pero temo que aparezca en cualquier momento.

-En cuanto asome, le echo el lazo.

(NACHA) -Esto es en la tienda.

No, a mí no.

Espérate.

Este es José Manuel López. ¿Quién?

Un pavo que busco por acoso sexual.

-No ha venido.

-¿Te dejó un número de teléfono?

-No.

-Es raro, ¿no? -¿Por qué?

-¿Se ofrece a trabajar y no te deja ningún teléfono?

(Música de intriga)

¿Qué dice tu confite?

Que a un colega suyo lo tantearon para conseguir locales

para guardar no sabe qué material. Y que se lo llevan a China.

Un local en la calle de los Cerezos.

El colega había encontrado un taller mecánico

para dar cobertura al material.

¿Un taller mecánico en la calle de los Cerezos?

-Me parece alucinante que estés sospechando de mí.

Creí que estábamos en otro punto. ¡Eh, eh! ¡Chist!

Le sentó un poco mal lo de Silvia, aunque disimulara,

pero algo se le ocurrirá para que Álvaro vuelva el redil.

-No sé yo. Es al que más consentido tiene.

(BRUSCO) -¿Celebrando que habéis dado un gran golpe?

-¿De qué hablas?

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Servir y proteger - Capítulo 505

07 may 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. María

    Así nos va que no distinguimos piropos de burradas.

    10 may 2019