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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 447 - ver ahora
Transcripción completa

Si necesitas cualquier cosa, que sepas que tienes un amigo aquí.

Para tomarte algo, para rayarle,

para darte ánimos... Para lo que necesites.

-¿Qué, casanova?

-No digas tonterías. Hablaba con ella como una amiga, como contigo.

-A mí no me haces esas caritas.

-Podíamos decírselo a Olga.

-No le dije nada porque pensé que sería un plan de dos.

-Yo también, pero esta mañana cuando la he visto

estaba como de bajón.

Ya verás como está guapísimo y así te olvidas de tus movidas.

-Gracias. En serio. -De nada.

Como lo cuentas, parece que estabais los dos solos y fuese una cita.

Claro, una cita con su novia delante.

No sé, es lo que parece.

Parece mentira que todavía no conozcas a Elías.

Creo que lo que tienes que hacer es dar el primer paso.

-María, ¿te gusta el cine español?

-Me encanta el cine y hace un siglo que no voy.

-Podríamos ir mañana. -Claro.

-Quiero que encuentre a alguien. Se llama José Manuel López.

Tiene 28 años y es de Madrid.

-El tal López ni es electricista

ni ha montado una empresa en Salamanca.

Quiero la verdad y no le daré la dirección hasta saberla.

-Estoy dispuesto a pagarle el doble ahora en efectivo.

Pero quiero la dirección ahora.

-Me va más lo de ser mi propio jefe.

Te va apropiarte de lo ajeno

y ser un corrupto de los pies a la cabeza.

La gente así es una deshonra para el cuerpo y nos perjudica.

Habrá que tenerle vigilado.

He estado reunido con los dueños en la nave donde destilan el alcohol.

El etiquetado y botellas dan el pego.

-¿Hay un pedido mínimo de compromiso?

-El primer mes es de prueba.

Después hay un mínimo, pero asumible.

Creo que podemos comprar al por mayor

para que sea más barato y ser los distribuidores para otros pubs.

Han estrangulado a otra mujer.

Muy cerca del parque de La Dehesa.

Hasta ahora todas las pistas han sido falsas

y nos han conducido a dos hombres inocentes.

Hay que encontrar un hilo del que tirar.

Aquellas mujeres...

que reniegan de dar vida

se condenan ellas mismas a la oscuridad.

-¿Qué le pasa a Ricky? ¿Está bien? -Sí, pero debería estar de vuelta.

-Debe terminar el tratamiento y serán los médicos

quienes decidan si está desenganchado.

-Mamá tiene la culpa de todo.

-En un futuro se lo agradecerás.

-Como tú con el taller.

-¿Mandaste a Ricky para que destrozara el taller de Jeremías?

-Siempre has sabido cómo nos ganamos el dinero.

Somos una familia, te guste o no.

-No cuentes conmigo.

-Mi bolso, no está mi bolso. ¿Qué llevabas en el bolso?

Llevaba...

el arma reglamentaria.

Además de enterarse de que su arma fue disparada

y casi cuesta la vida a un hombre,

también sabe que su caso lo lleva un tal Antúnez.

Es un hueso duro de roer.

Ibarra tendrá que estar muy fuerte.

En ese caso y por su bien,

tendremos que encontrar al Ardilla y recuperar su arma.

Andrés Díaz.

Cuando maté a Yuri en Chechenia me recomendaste ir al psicólogo.

Igual te vendría bien hacer algunas sesiones.

Quizá tenga una solución que nos tranquilice.

En unos días empieza en Santander un curso de criminalística.

Me parece muy buena opción porque Alicia

siempre está deseando aprender cosas nuevas

y la criminalística sé que le interesa.

De todas las cosas que hubiera dejado atrás

si me pasa algo,

la única cosa que no estaría dispuesto a renunciar es a ti.

-Si es verdad que te importo, prefiero ir paso a paso.

Y vamos viendo si mi profesión sigue siendo un obstáculo para nosotros.

-Está bien. Si es lo que necesitas, te respeto.

-Salir con una poli le puede traer problemas.

Y sabemos que los Soler son una piña.

-Ha llegado el inspector jefe. Que pase.

No he podido entrevistarme con la inspectora Ibarra.

Voy a solicitar una suspensión cautelar

hasta dictarse la resolución de tu procedimiento.

-Eso es excesivo.

No me imaginaba que llegaría tan lejos.

Es que hay algo que no sabes de Antúnez y de mí.

Es algo que viene de lejos

(Música emocionante)

"Terror en Distrito Sur.

Alerta máxima ante la posibilidad

de que el estrangulador cometa un nuevo crimen".

Olga, ¿tú has visto el cargador de mi móvil?

Papá ha quedado en llamarme y es que no tengo batería.

¿Qué te pasa?

Estaba leyendo el artículo del estrangulador.

Venga. No sigas leyendo esa basura, por favor.

No, mamá, tampoco dicen ninguna mentira.

Ha asesinado a otra mujer.

Así que está claro que el que se suicidó no era él.

Eso es cierto.

Pero la prensa manipula las noticias de tal manera

que crea alarma social.

Además de sacar tajada, claro.

Te aseguro que no escatimamos recursos

para encontrar a ese miserable.

Hemos puesto patrullas especiales de vigilancia

y esta investigación tiene prioridad absoluta.

Seguro.

Pero ya ha matado a tres, mamá.

Le encontraremos antes de que cometa otro crimen.

Todo esto me ha hecho recordar a lo del violador de la máscara.

Ay, mi amor.

Viviste una experiencia horrible

y entiendo que estés así, que ahora se te remueva todo,

pero no puedes quedarte en el pánico, ¿vale?

Tienes que seguir intentando hacer tu vida normal.

Ya, mamá, pero tengo mucho miedo.

Yo solo puedo decirte lo que te digo siempre

cuando vuelves por la noche.

Que intentes volver por las calles más transitadas

y más iluminadas y, a ser posible, que no vuelvas sola.

Mira dónde estaba el cargador.

Ay, qué bien.

(Timbre)

¿Quién será ahora, por Dios?

Emilio, ¿qué haces aquí temprano? ¿Ha pasado algo?

Buenos días, se me ha atragantado el desayuno.

¿Cómo se puede ser tan sensacionalista?

Nada nuevo bajo el sol.

Estos tipos son capaces de escribir cualquier cosa

con tal de vender periódicos.

Y no veas la leña que nos dan. Mira, lee aquí.

"De los sospechosos ninguno resultó ser el asesino

y uno de ellos se suicidó en dependencias policiales.

Los vecinos están alarmados y cuestionan la labor policial".

Tienes motivos para indignarte, pero hay que intentar abstraerse

del ruido mediático para poder hacer nuestro trabajo.

Pero para que no falte de nada, mira,

hablan otra vez del violador de la máscara.

Olga, no te había visto, ¿qué tal estás?

Bueno, pues ahora mismo no muy bien.

Lo siento, no tenía que haber dicho esto, de verdad.

No te preocupes, si ya había leído yo el artículo.

Venga, ya estaba así antes de que tú llegaras.

Pero he metido la pata hasta el fondo. Lo siento.

No te sientas culpable. ¿Te pongo un café?

Sí, por favor.

Por cierto, que ayer se me olvidó comentarle a Alicia

lo del curso de Santander, pero hoy sin falta lo hago, ¿eh?

Y acuérdate de vendérselo como si fuera un deber, ¿eh?

Tenemos que conseguir que vaya allí. Sí, siéntate.

Sí que te viniste arriba con la cita de esta noche, ¿no?

-Hombre, no es para menos.

Una vez que se alinean los planetas para que podamos salir.

-¿Adónde vais?

-Pues creo que al final al cine, a ver y luego lo que surja.

Que yo espero que sea bailar, me apetece bastante. Pero bueno,

con que no se chungue la noche y podamos salir, me conformo.

-Mujer, ¿por qué se va a chungar la noche?

-Anoche íbamos a salir y recibió una llamada de trabajo

y se tuvo que ir.

-Tú no te preocupes que seguro que hoy va todo genial, ya verás.

-Pues espero que sí porque ya nos toca, hija.

-Hola. -Buenas, parejita, ¿qué os pongo?

-Buenos días. -Yo un cortado, por favor.

-Yo uno solo sin azúcar, descafeinado, porfa.

-Vale.

-Descafeinado, ¿eh? ¿Qué pasa que tú también estás de los nervios

por esta noche?

-Tampoco te pases de lista. Me tomé uno en casa

y otro en comisaría de la máquina que es un asco,

no me quiero meter más veneno.

-Tampoco hace falta que te justifiques tanto, ¿eh?

María está peor que tú, se ha tomado ya dos tilas.

-¿Qué? -¿Eh?

Que le decía a Elías que te tomaste un par de tilitas

esta mañana.

-Sí. Me levanté con el cuerpo un poco cortado, no dormí bien.

-De los nervios.

-Lo gruñón que eres para unas cosas y lo blandito para otras.

-Que se ha levantado con toda la guasa,

que estoy muy tranquilo.

-¿Y qué pasa? Hoy no hay otro tema del que hablar, ¿no?

-Sí, sí, hay otro tema del que hablar,

pero es un poco más serio.

Sí que os dan caña con lo del estrangulador, ¿no?

-Algunos tipos de los medios que tienen pocos escrúpulos.

Con tal de vender periódicos o que les pongan "likes",

publican cualquier cosa.

-Bueno, dicen que estáis dando palos de ciego

y que el asesino podría volver a atacar en cualquier momento.

-No será porque no curramos sin parar para impedírselo.

Y Miralles y Bremón han dado prioridad a esta investigación.

-Como es lógico. En breves trincamos a ese tipo,

igual que trincamos al violador de la máscara hace un par de años.

-Pues ojalá que a este lo pilléis muy pronto.

-Estate tranquila, María.

Seguro que sí.

-No me quiero acordar, Elías, de aquello del violador, por Dios.

Es que fueron unos meses con una angustia, fueron terribles.

-Ya, bueno, todos nos acordamos,

pero aquel golpe tan duro nos enseñó a enfrentarnos

a este tipo de criminales hoy.

-Seguro que lo trincamos antes de que vuelva a actuar.

-Bueno, vamos a pensar en positivo.

Por lo menos ahora estamos bien rodeadas, ¿no?

Yo tengo a mi poli, a Toni, y tú, pues al tuyo, próximamente.

-Estás hoy un poco más suelta de lo normal, ¿no?

Anda, vete a freír unos pimientos.

-Ay, chica, cómo te pones por una bromita de nada, ¿eh?

-No, que lo digo literal.

Que frías unos pimientos verdes

que los pondré con la tapa de tortilla por darle originalidad.

-No se te puede decir nada, ¿no?

-Qué rico. Sí, ve y les haces un bocadillo

para llevar al cine.

Por cierto, ¿sabéis ya qué película vais a ver?

-Pues sí, es de una pareja que está ligando

y va asesinando a todos los graciosos

que les hacen chistes con el temita.

-Pagas tú, ¿no? -Venga, sí, invito yo.

-Pues eso.

-Aquí tienes los anclajes. Si alguno no va bien por lo que sea,

me lo traes, que los cambiamos sin problema.

-Muy bien. ¿Cuánto es? -Cinco eurillos.

(Timbre)

Y 15 por aquí.

-Gracias. Hasta luego. -Gracias a ti. Chao, adiós.

Ya era hora, habíamos quedado a primera hora.

-Aunque no lo crea, tengo más cosas que hacer

que estar a su disposición.

¿Qué era tan urgente?

-La dirección que me dio de López no es correcta.

-¿Cómo que no?

-Como que no es correcta, ¿por qué mintió?

-El único que mintió es usted.

Me dijo que López era electricista y le debía dinero

y nada era cierto.

-¿Está viniendo con remilgos? ¿Usted a mí?

Cuando me pidió dinero no dijo nada.

-Soy el primer interesado en decir la verdad

para cobrar la parte pendiente de pago.

La dirección que le di era la última conocida de él.

-Allí no vive nadie.

-Si quiere que le encuentre, suelta más pasta.

-¿Otra vez más pasta?

La última vez también me pidió más dinero.

-Denúnciame a la policía si quiere, yo concluyo mis servicios.

Adiós. Buenos días.

-Espere.

Le pagaré.

-Eso ya está mejor.

-¿Cuánto?

-La misma cantidad que ya llevo cobrada.

-La mitad ahora.

El resto cuando dé con el paradero de José Manuel.

-Además de pasta, quiero saber el motivo real

por el que le está buscando.

No quiero arriesgarme a perder mi licencia por su culpa.

-Es algo persona, no me gusta comentarlo con nadie,

pero quiero saber si José Manuel es hijo biológico mío.

-¿Por qué no lo dijo desde el principio?

-Es algo que no me gusta comentar con nadie.

Fue una relación esporádica con su madre, nada serio.

-¿Por qué sospecha que es su hijo?

-Porque todo coincide: la edad, el momento que estuve con su madre,

fue una relación extramatrimonial.

-Entiendo, entiendo, un clásico lío de faldas.

-Lo que quiero es simplemente encontrarlo.

Proponerle unas pruebas de paternidad y se acabó.

-¿Por qué no pregunta a su madre? -¿Cómo?

-Seguro que ella se lo puede aclarar sin necesidad de ninguna prueba.

Todo sería más sencillo. -Es imposible. Ella falleció.

-Está bien. Me parece un motivo creíble.

No entiendo por qué no confió en mí desde el principio.

-¿Me va a venir con sermones?

¿Lo va a encontrar o no lo va a encontrar?

-Por supuesto, cuente con ello.

Me encargaré de dar con el paradero de su presunto hijo.

(Timbre)

Por fin he arreglado la persiana de doña Pilar que...

¿Interrumpo?

-No, no es nada. Yo ya me daba por atendido.

Volverá a tener noticias mías.

-¿Qué quería este hombre?

Vino el otro día también, ¿no?

-Sí, es un pesado que está empeñado en comprarme la casa de Salamanca.

-¿Y por qué no se la vendes?

¿No dijiste que la tenías cerrada y que no ibas a volver más?

-Me da un poco de pereza, al fin y al cabo, es mi casa.

¿Quién te dice que no me voy a vivir allí cuando me jubile?

¿Qué tal con Pilar y la persiana?

-Bien, bien, me ha costado, ¿eh?

Porque a ver, estaba toda oxidada y he tenido que desarmarla,

pero quedó contenta ella. -Muy bien. Pon eso en su sitio.

Veo que le has cogido el gusto a pasear por el barrio.

¿Qué pasa? ¿Me estás siguiendo? No.

Simplemente te he visto salir de una tienda.

No puedes impedir que me mueva por este barrio

por donde me dé la gana. ¿Sabes lo que pasa?

Cuando te veo me acuerdo de todo lo que hiciste

y me entra un repelús.

Ya sabes que aquí no eres bienvenido.

Me importa un pimiento lo que digas. Tú ya no eres mi superior.

¿Qué hacías en la ferretería?

No me digas que encontraste tu verdadera vocación

y cambias de oficio.

Está claro que me sigues viendo como un peligro público.

Pues sí, mira. Eso es lo que mejor te define.

Robos, sobornos, chantajes... Lo tienes todo.

No cogí nada que no mereciera, solo pequeñas recompensas

por el gran trabajo que hacía, pero claro, tú viste peligrar

tu silla y moviste hilos para que me expulsaran del cuerpo.

Es increíble cómo manipulas los hechos para justificar

tus prácticas corruptas.

A ti tampoco te falta imaginación para tergiversar las cosas.

¿Por qué no reconoces que tenías montada una inquisición

en Distrito Dos?

Porque no es cierto.

Teníamos pruebas evidentes sobre todas tus fechorías.

Además, ¿de qué te quejas?

Estabas encantado de ser tu propio jefe,

trabajando de detective privado, ¿no?

No me toques las narices y deja de meterte en mi vida.

Yo que tú estaría más preocupado en seducir a jovencitas

que molestar a honrados ciudadanos. ¿De qué estás hablando?

Todos saben que enchufaste a una oficial porque te la tirabas.

Cállate. Las verdades duelen, ¿eh?

Sí.

Por eso no te gusta oír que eres una escoria

y que fuiste la deshonra para el cuerpo de policía, ¿verdad?

Si sigues por ahí

nos acabaremos viendo en los tribunales.

Que te pongas a la defensiva me confirma

que algo te traes entre manos.

Mientras estés por Distrito Sur, tendré un radar puesto sobre ti

para que no hagas de las tuyas.

Si no me dejas en paz, te denunciaré.

-¿Quién es, comisario?

Un impresentable.

Un periodista de los que escriben sobre el estrangulador.

No, ya te hablé de él. Tuve un encontronazo,

trabajaba conmigo en Distrito Dos.

Ah, sí, lo recuerdo.

Por suerte, al final conseguimos echarle del cuerpo.

¿Y qué hizo?

De todo. Hurtos, chantajes y sobornos a proxenetas.

Lo tiene todo.

La manzana podrida del cesto.

Sí. Me preocupa que esté por el barrio. Algo se trae.

Bueno, pero ya sabe que está usted pendiente de él.

Si no es un imbécil, se andará con cuidado.

Eso espero.

Leíste ya las noticias que vienen

sobre nosotros en los periódicos, ¿no?

Me van a la yugular.

Supongo que le hicieron la llamada de advertencia desde Jefatura.

Sí, pero la verdad es lo que menos me importa.

Lo preocupante es que está creando mucha alarma social.

Tenemos que coger a ese criminal.

Ojalá, la verdad es que el asunto se está poniendo cada vez más feo.

-Aquí tienes, Marcelino.

Tu cafetico con leche y un toquecico de canela.

-Qué gusto da que te atienda una persona con tanta vitalidad.

-¿Qué quieres, hijo? La vida me sonríe.

Hoy estoy contenta.

-Me alegro. Que te dure mucho tiempo.

-Ojalá que sí. Hola, Montse, preciosa, ¿qué te pongo?

-Un té, por favor. -Ahora mismo.

-¿Qué tal, cariño?

¿Alguna novedad?

-Ninguna,

pero teniendo en cuenta mi conversación con Antúnez de ayer,

me espero lo peor.

Acabará crucificándome.

-Igual no es para tanto. Espera a ver qué pasa.

-Conozco a Alfonso y no parará hasta que no me ponga la puntilla.

-¿Y qué es lo peor que puede pasar?

-Que me suspendan tres meses.

De hecho, ya estoy cautelarmente suspendida.

-Pues me parece una barbaridad por un simple despiste.

-Ni en mi peor pesadilla me imaginaba que iba a tener que pasar por esto.

-Bueno, tranquila, Montse.

Igual este hombre recapacita

y no te sanciona con tanta severidad.

Al fin y al cabo, el arma ya ha sido recuperada.

-Después de provocar de manera directa o indirecta

un herido, el encargado de la gasolinera y un muerto.

-Ya, es horrible,

pero el único culpable de todo eso es el delincuente que te la robó.

-A ver, Montse, aquí tienes, reina.

Tu infusión

y unas pasticas que te he traído para endulzar el día.

-Gracias.

-A ver, amor, vamos a ver.

Entiendo que tu cabeza va a 1000 por hora,

pero tienes que tranquilizarte.

-Es que no va a parar hasta que me impongan la sanción máxima.

-¿Se puede saber por qué te tiene tanta inquina ese inspector jefe?

-Es una historia que viene de lejos, pero prefiero no hablar de ello.

-Si no quieres contármelo es porque es algo grave.

-Más que grave, es delicado.

Antúnez y yo tuvimos una relación hace mucho tiempo.

-Nunca me has contado nada. -Porque para mí no fue importante.

Fue una relación de unos pocos meses.

-Y ¿cuánto hace de aquello?

-Mil años.

Ocurrió poco después de que yo rompiera mi relación con Antonio.

Yo estaba fatal y me lie con Antúnez para buscar consuelo.

-Pero...

¿Y qué más pasó para que te la tenga jurada?

-No se tomó muy bien cuando yo rompí la relación.

Él estaba pillado por mí desde que éramos compañeros en la academia.

Y, bueno, cuando se vio saliendo conmigo,

poco menos pensó que nos íbamos a casar.

-Ya...

Entiendo que la decepción al dejarlo tuvo que ser enorme.

-No sabes cómo se puso.

Me dijo que le había humillado,

que le había hecho creer que era el hombre de mi vida

y eso no es verdad. Yo nunca le oculté que pasaba una mala racha.

-Sí, es que algunos tienen muy mal perder.

Y no se puede mezclar un asunto personal

con uno profesional.

No me parece nada serio. -Ni a mí.

Pero sé que Antúnez es capaz de hacerlo para vengarse.

Él es orgulloso y es rencoroso

y me va a hacer todo el daño que pueda.

-Bueno, pues si es así, tú sabes que podemos recurrir la sanción

e ir a juicio.

Yo podría ser tu abogado.

Y estoy seguro de que podemos hacer que se revise el caso.

-El sindicato me asigna un abogado y creo que va a ser lo mejor

porque ellos están acostumbrados a ese tipo de litigios.

-Ya. Sí, tienes razón. Bueno, yo estoy aquí para lo que necesites.

Te voy a apoyar hasta el final. -Gracias, cariño.

-¡Álvaro!

-Perdona, no te había escuchado entrar.

-¿Cómo estás?

-Bien.

-Me alegro.

Vengo por curro.

Vengo a comprobar los daños que constan en las diligencias

del tiroteo entre Andrés Díaz y Ocaña.

-No te llevará mucho tiempo.

Es eso que está ahí.

-Pues haré fotos y tomaré nota de...

de los impactos de bala.

Para la reparación de la pared.

-No hay mucho que reparar, pero gracias.

¿Cómo está tu compañera? ¿Está mejor?

-Alicia es fuerte.

Pero aunque fuese en legítima defensa,

matar a un hombre siempre es un trago duro.

-Supongo.

Silvia, no he dejado de pensar en ti desde la otra noche.

-Yo también le he dado vueltas.

-Sé que me pides que vayamos con calma y te respeto.

Pero creo que merecemos otra oportunidad.

-Sabes lo que opino y no creo que sea tan fácil.

-¿Por qué no?

Lo que importa son nuestros sentimientos y están claros.

Tanto los tuyos como los míos, ¿no? -No es suficiente.

Tu familia nunca me aceptará.

Tú formas una piña con tu madre y con tus hermanos.

-Las cosas no son así. Ya...

Ya no nos llevamos tan bien.

-Seguirán entrometiéndose.

No nos van a dejar en paz. -Me da igual.

No seguiré permitiendo que opinen sobre mi relación.

-El cabreo que tienes ahora con ellos desaparecerá

y, entonces, su opinión volverá a importarte.

Un día me reconociste que me dejaste por ellos.

-Porque me agobié.

Me comieron la cabeza y no supe reaccionar.

Lo siento.

Te juro que no va a volver a pasar.

No voy a volver a permitir que se entrometan en mi vida.

-Créeme que me gustaría que existiera esa posibilidad, pero...

Yo tengo que ser realista.

Tu familia nunca va a dejar que salgas con una policía.

No van a parar de darte la lata. -Pues pasaré de ellos.

Silvia yo solo tengo claro que quiero estar contigo.

-Ya te conozco un poco, Álvaro.

Y sé que lo pasarías muy mal.

Y yo sufriré si tú lo pasas mal.

Y yo no quiero eso. -¡Por favor!

Déjame demostrarte lo que siento por ti.

(Pasos)

Perdón.

Será mejor que me vaya, no quiero molestar.

-Tranquila.

Yo me voy.

-Si quieres, lo dejamos para otro día.

-No. Ya lo retrasamos un día y necesitas clases de conducir.

-No, si yo encantada. Lo digo porque...

te veo un poco serio.

-Estoy bien, ¿vale?

Voy a avisar a Tomás para decirle que ahora vuelvo.

-Te aseguro que con ese yeso no se te cae ni un azulejo más.

-Pues a ver si es verdad, tronco, porque mi madre me tiene harto.

-9,50.

(Timbre)

-Hola. -Hola, Olga. ¿Qué tal?

-Bien. Venía a por un enchufe. Esta mañana he dado un tirón

al cable del ordenador y se me ha roto.

-Bueno, ya estaría roto, supongo. -Puede ser.

-A ver.

Aquí solo tengo este. Voy adentro a buscarte más modelos, ¿vale?

-Vale.

-Oye, ¿qué te pasa? ¿No me vas a saludar o qué?

-Sí, sí, claro.

-Oye, ¿qué tal anoche? Me dijo Paty que no te apetecía salir de casa.

-Ah, no, bueno. Tenía clases atrasadas

y tenía que estudiar.

-¿Seguro que te quedaste solo por eso?

-Sí, claro.

¿Vosotros qué tal? ¿Qué tal la peli?

-Me la había recomendado un colega,

pero fue una chusta...

Al acabar estábamos reventados y fuimos a casa. Una noche sin más.

-Vaya.

-Pero la noche anterior la pasamos qué flipas los tres juntos.

-El concierto estuvo muy bien. Estabas sembrado,

me hiciste reír mucho. -Si quieres me pongo a decirte

gilipolleces a ver si te alegro esta carita que traes.

¿Te pasa algo?

-No, bueno, que estoy con la noticia esta del estrangulador del barrio.

La verdad, estoy un poco asustada. No me trae buenos recuerdos.

-A ver, mira.

Tengo este.

Este.

-No, el que más me gusta es este, ¿eh?

-Bueno. -Me lo llevo. ¿Cuánto es?

-3,50. ¿Quieres bolsa? -No, déjalo.

Ah, mira.

-Si tienes algún problema me lo traes y te lo cambio, ¿vale?

-El problema será que no sabré ponerlo

porque estas cosas las hace mi padre. Yo no tengo ni idea.

-Pues no te preocupes. Yo me paso y te lo instalo.

-Ah, qué guay. ¿Puedes venirte ahora?

-A ver, ahora...

No, tengo la tarde muy ocupada. Lo siento.

-Este enchufe lo uso un montón. Conecto el ordenador, el móvil, todo.

-Yo lo siento mucho,

pero ¿mañana a las 17:00 te parece bien?

-Si quieres me paso ahora que acabo de acabar el turno.

-No, hombre. Es tu tarde libre. La querrás aprovechar, ¿no?

-¿Qué dices? Si a mí me flipan estas chapuzas.

Además, esto son cinco minutos de reloj.

-Bueno, sí. A mí me haces un favor, la verdad.

-¿Sí? Vale, pues vamos. -Sí, vamos.

-Gracias. -Hasta luego, Pablo. Gracias.

-Hasta lueguito.

-Gracias, compi.

¿A qué has venido?

¿A regodearte de lo mal que estoy?

-Ay, hijo. No me hables así.

¿Cómo estás?

-Pues mal. ¿Cómo voy a estar si esto es una mierda?

-Bueno, muy mierda no será con lo que cuesta.

-Lo digo yo que para eso soy el que está aquí encerrado.

Y todavía no sé ni por qué estoy aquí.

-Claro que lo sabes, hijo. Perfectamente.

Para desintoxicarte del veneno que te has estado metiendo

durante mucho tiempo. -Ya estoy limpio, mamá.

Si saliera ahora mismo no volvería a meterme nada.

He aprendido la lección, si es eso lo que querías.

-Por desgracia, en este tema no puedo creerte.

Me has mentido tantas veces.

Incluso llegaste a dar el cambiazo a los análisis.

-¿Cuánto tengo que estar aquí encerrado para que me creas?

-Los médicos decidirán cuándo estás desenganchado

y no corres peligro en recaer.

Aquí hay un gran equipo de especialistas,

pero tú tienes que poner de tu parte.

Cuando estés curado, volverás a casa.

Te esperamos con los brazos abiertos.

-No puedo más, mamá. Te lo digo de verdad, no puedo más.

Te juro que no voy a volver a drogarme.

Tienes que creerme. -Necesitas más tiempo, hijo.

Además, cada vez me das menos motivos para que confíe en ti.

-¿Qué dices? ¿A qué viene eso?

-Te fuiste de la lengua con Álvaro.

Le contaste que yo te había ordenado que destrozases los cristales

del taller de Jeremías. Y te había dicho

que bajo ningún concepto debía saberlo.

-A eso has venido, ¿no?

A echarme en cara que le contara a Álvaro lo de Jeremías.

A ti te importa una mierda cómo esté yo.

Solo quieres meterme caña. Si no, no estás a gusto.

-No, hijo, no. Te equivocas. Tenía muchas ganas de verte,

pero no podía dejar pasar esta metedura de pata.

-No, ni esta ni ninguna otra.

Porque no me pasas nunca ni media, mamá. Ni media.

Estoy encerrado, en la miseria, y en vez de darme cariño

vienes a echarme la bronca.

-No te hagas la víctima que no es para tanto.

Mi manera de demostrarte cariño es preocupándome por ti.

¿Sabes lo que costó conseguir plaza en esta clínica?

-No vayas por ahí. Estás colgándote medallitas

porque te gusta ir de buena madre, pero, desde luego, no lo eres.

-Oye, yo no te consiento que me hables así, ¿eh?

-Eres incapaz de sentir cariño, ni por tus hijos ni por nadie.

-No digas chorradas. Yo os quiero mucho a los tres,

pero a veces me tengo que poner dura para meteros en vereda.

-Solo te preocupas de ti misma. El negocio, el dinero.

Eres insoportable. Ojalá no fueras mi madre. No te aguanto.

-Mira.

No entiendo que me hables así. Bueno, sí, porque estarás nervioso,

pero te estás pasando de la raya.

-Eres una amargada.

Ahora entiendo por qué papá se largó y no quiso volver a verte nunca.

¿Sabes qué? Que yo haría lo mismo.

Eres insoportable.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Hola, Claudia. ¿Qué tal, Alfonso?

Bien. Te estaba esperando.

Siéntate, por favor. Gracias.

¡Ay!

Me ha sorprendido mucho tu llamada. ¿Qué es eso tan importante?

Bueno, es sobre Montse.

Mucho estabas tardando en intentar presionarme.

No te llamaba para eso. Ah, ¿no? ¿Entonces?

Antes de nada, quiero decirte que Montse no me ha pedido que te llame.

Por supuesto, no sabe que lo he hecho.

Muy bien. ¿Podemos ir al grano, por favor?

Bien. Ha llegado a mis oídos que vas a solicitar

para ella la sanción máxima. ¿Eso es cierto?

Estás pensando en hueso, Claudia.

No acepto presiones de ningún tipo ni de nadie.

No te estoy presionando. Ah, ¿no?

No. Solo quiero que me confirmes si esa información es cierta.

Vamos a ver.

La inspectora Ibarra cometió una falta grave

al dejarse sustraer su arma reglamentaria.

Con el agravante de que lo ha hecho mientras estaba bebiendo

y de juerga con su marido. Por Dios, Alfonso.

Según lo dices, parece que ella estaba deseando que se la robaran

y sabes bien que no fue así.

No entiendo por qué intentas minimizar este asunto.

El Ardilla disparó al encargado de una gasolinera

con el arma de Montse. La misma con la que inició un tiroteo

por el cual hoy está muerto.

No le quito importancia. Es evidente que necesita una sanción,

pero, también es cierto, que hemos recuperado el arma

y que no hay por qué ensañarse.

Eso crees que hago, ensañarme.

Bueno, en casos similares, nunca se ha aplicado la máxima sanción.

Claro, pero da la casualidad de que Montse pertenece

al Régimen disciplinario. Pero...

se rige por el mismo reglamento que el resto de los agentes.

Pero tendrá que dar ejemplo ¿no?

Si no, ¿con qué autoridad moral haremos que el resto cumpla

las normas cuando nosotros no las cumplimos?

O sea, Montse tiene que dar ejemplo y tú vas a aplicar

una sanción ejemplificadora.

Absolutamente, sí.

Bueno, pues espero que actúes igual cuando algún otro compañero

de Régimen disciplinario se vea en una situación parecida.

No vayas por ahí, Claudia.

Es que verás, tengo la sensación de que en este asunto te mueve

algo más que la necesidad de que se cumplan las reglas.

Parece que hubiera algún problema entre Montse y tú. Algo personal.

Y cualquiera podría pensar que lo que te mueve, en realidad,

es un afán de venganza.

Me estás insultando en mis propias narices.

Yo soy un profesional y jamás haría algo así.

No tengo por qué aguantar estas estúpidas insinuaciones. Adiós.

-La verdad es que me ha encantado esa zona del barrio,

así con casitas bajas. Parecía como un pueblecito.

-¿A que está "to' guapa"?

Yo la conocí un día patrullando. ¿Qué habíamos ido a hacer allí?

¡Ah! Un pavo que le había mordido un perro.

O sea, un pavo... no un pavo real, un señor, ¿sabes?

-Pues, la verdad, me ha gustado mucho la zona.

Y el paseo me ha despejado.

-Lo que pasa que se ha hecho de noche. Que igual es un poco tarde

para ponernos con lo del enchufe. -Bueno, sí.

Supongo que habrás quedado con Paty. -No, no lo decía por eso.

-¿Entonces?

-Hombre, pues porque igual viene tu madre ahora, ¿no?

Sería un poco raro encontrarme a mi jefa

aquí haciéndole ñapas en el salón.

-Ya, no pasa nada, pero si a ti te incomoda,

pues puedes venir otro día. O déjalo, ya vendrá Pablo.

-Qué chorradas. Si aparece por la puerta,

le decimos lo que estamos haciendo y ya está.

-Pues también es verdad.

-Bueno, ¿y cuál es el enchufe? -Aquel de allí.

-¿El de la esquina? -Voy por la caja de herramientas.

-OK.

A ver.

No. A ver.

¿No tienes fotos tuyas de enana?

-Sí, pero están todas bajo llave en mi habitación.

-Anda, qué pena. Seguro que eras lindísima.

-¿Quieres tomar algo? -No.

Lo que sí, te voy a pedir que me apagues la luz.

-Vale. -Para no darme un calambrazo.

-Ya está. -¿Linterna tienes?

-Pues tiene que haber una en la caja de herramientas.

-Ah, vale.

Pues alúmbrame. -Sí.

-A ver.

-¿O sea, además de poli y camarero también sabes de electricidad?

-En mi casa y en el bar, alguien tiene que hacer las chapuzas

y al final me toca a mí.

En comisaría, los de mantenimiento siempre tienen la excusa.

Siempre están ocupados y tardan una hora en venir,

¿y al final a quién le acaba tocando? Al menda.

-Pues a mí los temas de cables y electricidad me dan muy mal rollo.

Una vez intenté cambiar una bombilla y me pegó un chispazo.

-A mí me ha pasado alguna vez. Un latigazo de esos flipas.

A ver, yo creo que...

Ya está esto.

¿Le puedes dar a la luz a ver si va? -Sí.

-Ya. -¿Ya?

Pues "voilà", ya está.

-Gracias, es que eres un sol.

-Si tampoco ha sido para tanto.

-Hombre que no. Además de arreglar el enchufe,

me has descubierto una parte del barrio que mola un montón.

Ha sido el único momento en que me he olvidado

que hay un asesino en el barrio.

-Tú tienes que estar tranquila.

Tu madre está currando en el caso y lo vamos a pillar fijo.

¿Y por qué has dicho antes eso de que

te trae malos recuerdos este tema?

-No sé si quiero hablar de eso, Toni.

-Perdón. No tienes que contarme nada.

-Bueno, si cualquier día te enteras...

Me libré por poco de ser una víctima del violador de la máscara.

-Qué va. ¿En serio?

-Sí, me atacó en un callejón con una navaja.

Y esto del estrangulador me está trayendo recuerdos.

-Joder, lo siento. ¿Y qué pasó después?

-Todavía no sé cómo logré quitarle la navaja y se la clavé en la mano.

-Eh, eh.

Tranquila, ya pasó, ¿vale?

Ya pasó.

No va a volver a pasarte nada así.

¿Confías en mí?

Eh... Creo que me voy a pirar ya. ¿Vale?

Chao.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Siento venir tan tarde, Claudia.

No te preocupes. De todas maneras, iba a buscarte.

Quería hablar contigo antes de irme.

¿Tan grave es lo que me vas a contar?

No, no te preocupes.

Es que Bremón me ha estado hablando de un curso muy interesante

de Criminalística en Santander. Y te lo quería decir.

Sí, algo he oído.

Bueno, pues hemos decidido...

que vayas a hacerlo.

Empieza mañana.

Pero es un poco precipitado, ¿no?

No creo que me dé tiempo a organizar la logística con Leo.

Pero si Iker está hecho un padrazo y a los abuelos

les encanta quedarse con Leo en cualquier momento.

A ver... Y además solo son dos días. Esto es.

Bueno, la verdad es que me apetece hacer ese curso

y así podría ver a mi prima Nerea.

Pues mira, razón de más para que vayas.

Ahí tienes toda la información.

Entiendo que todo esto tiene algo que ver con...

la muerte de Andrés Díaz. Afirmativo.

Creemos que te va a venir bien

estar alejada de comisaría durante unos días.

Ya lo hablamos ayer.

Esto no se puede cerrar en falso.

Cuando le quitamos la vida a alguien lo pasamos muy mal.

Es un trago muy duro.

Y también hay que poner mucho empeño en recuperarse.

Tienes razón.

Pues voy a tramitar la solicitud.

Gracias por cuidarme tanto.

¿Sabías que ese malnacido había matado a Susana?

-Qué va. Si yo me enteré contigo.

Que nos lo contó Rafa el del quiosco.

Yo no me hago a la idea. -Ya van tres en el barrio, ¿eh?

Para mí hay algo claro, es de aquí. -¿Tú crees?

Sería un poquito sospechoso. -O no.

Es el típico vecino que te saluda todos los días

con la sonrisa, o el que ayuda a las viejecitas

a subir las bolsas cuando van cargadas.

Es lo que se dice siempre de los psicópatas.

-Me está dando un mal rollo.

Yo quiero pensar que este no es de este barrio,

pero ha decidido venir aquí por alguna razón

para matar a la gente.

-A ver si le pillan pronto y le encierran.

-Ojalá.

Oye, ¿y la prensa dice algo? ¿La policía tiene alguna pista?

-Qué va a saber. Ahí están dando palos de ciego.

Normal que esté medio barrio en pánico.

Te confieso una cosa, ¿eh?

Empiezo a tener miedo. A partir de ahora

tenemos que tener cuidado con la gente que entre,

sobre todo por la noche.

-A ver, Damián, que a nosotros no nos va a hacer nada.

Por ahora, las víctimas son todas mujeres.

-Por ahora como tú dices. ¿Y si empieza a matar hombres?

-Al final lo vas a conseguir. Me estás acojonando.

-Déjalo ya que ya es tarde. Vete a casa.

¿Habías quedado con Espe para ir al cine?

-Ay, sí. Oye, por favor, no toques esto

porque creo que ya lo tengo. Mañana lo termino.

(Timbre)

Hola, buenas noches. Soy Emilio Bremón,

el comisario de Distrito sur. Quería hablar con el dueño.

Pues soy yo. Dígame qué desea.

-Damián, me voy. Ya terminas tú y cierras.

-Sí, no te preocupes. Hasta mañana.

¿En qué puedo ayudarle?

-Pero, bueno, María estás guapísima.

-¿Sí? Yo me veo muy arreglada. Si Elías y yo solo vamos al cine.

-Pero tú querías salir a bailar después.

Yo creo que vas genial.

-Ya, pero me veo muy puesta.

Igual me tenía que haber puesto vaqueros y una camisa.

-¿Adónde vas?

-A cambiarme. -¿Qué dices? Si vas espectacular.

-¿Sí? -Sí.

-¿Tú crees? -Hombre.

-Oye, que Paty tiene razón. María, estás guapísima.

Qué elegante te queda ese colgante. ¿Quién te lo ha regalado?

-Tú también estás muy guapo.

-Se hace lo que se puede dentro de las limitaciones.

-¿Nos tomamos algo? ¿Qué te pongo?

-¿No vamos al cine?

-Sí, pero falta una hora para que empiece la película.

Podemos picar algo aquí.

-La Parra ya la tenéis muy vista.

Si os vais a tomar algo, que sea lejos de aquí.

-La verdad es que tienes razón.

¿Nos tomamos algo cerca del cine?

-Todo lo que me propongas, me parece perfecto.

-Hasta mañana, Paty. -Hala, pasadlo bien.

-Mi relación con el señor Iriarte es estrictamente profesional.

Antes de contratar sus servicios no le conocía.

Yo solo he venido para advertirle.

Ese hombre, créame, no es de fiar.

Es un detective profesional con probada experiencia, ¿no?

Sí, sí, es detective, pero ya le repito que

no es trigo limpio. Y tengo motivos para decirle esto.

¿Y cuáles son? Si se puede saber.

No me gusta hablar mal de nadie, pero...

ese hombre era policía y fue expulsado del cuerpo por corrupto.

No suena muy bien, ¿verdad?

La verdad es que no y lo que me temo es que

con el tiempo no ha cambiado demasiado.

Sigue siendo un estafador y un liante.

Y no me gustaría nada que usted fuera una de sus víctimas.

Se lo agradezco mucho la información y lo voy a tener en cuenta.

En Madrid hay muchos detectives honrados.

Le puedo dar algún nombre.

No son amigos míos, ni nada por el estilo,

pero sí me consta que son buenos profesionales.

No se preocupe, si lo que tenía con él

no era nada importante. De verdad. Gracias.

¿Y se lo ha resuelto?

Él es más de poner la mano, pero por lo que dicen,

cuando tiene que cumplir, no siempre lo hace.

Sí, en este caso sí.

Me ha dado la información que necesitaba.

No tendré que verlo más.

Me alegro. Cuanto menos se junte con él, mucho mejor.

Gracias por la información.

Buenas noches. Buenas noches.

-Se ha puesto hecho una furia. No sabes la que ha montado.

-Pero ¿qué ha hecho?

-Me ha insultado, me ha dicho de todo.

Que soy una amargada, una mala madre

y que entiende que vuestro padre huyera.

-Igual no ha sido buena idea ir a visitarle.

-No, ya sé que era muy pronto.

Tenía que cantarle las 40 después de lo que le dijo a Álvaro.

-¿Qué le dijo?

-Que yo le obligué a destrozar el taller de Jeremías.

Le dije que no lo hiciera.

-No fue buena idea ir a verle.

Hablar las cosas en caliente sale mal.

-¿Qué querías que hiciera? -Solo has empeorado las cosas más.

-Sabes lo que pienso. Los problemas hay que cortarlos de raíz.

Ya verás como no se va de la lengua. -No lo tengo tan claro.

Ricky aún se ha quedado más rebotado.

-¿Qué pasa? ¿Tú también vas a criticarme?

Lo último que me faltaba. -No te pongas así.

-Me pongo como me da la gana. ¿También crees que soy mala madre?

-Claro que no.

Reconoce que a veces eres un poco estricta.

Y a nosotros nos cuenta cumplir tus expectativas.

-Ya.

-¿Álvaro qué? ¿Sigue enfadado contigo?

-Sí, eso parece.

-Los problemas empiezan a acumularse.

-¿De qué hablas ahora?

-El negocio del alcohol. Se nos ha ido al garete.

-¿Y eso por qué?

-Los de la destilería clandestina han encontrado a otros

que les distribuyen el material.

Podemos comprarle lo que queramos, pero solo para abastecernos.

-Unos listillos se nos han adelantado.

-Eso parece. Debí asegurarme antes de imaginar el negocio.

Ha sido fallo mío.

-No lo des todo por perdido.

¿Cuántas veces te he de decir que las cosas se luchan

hasta el final? -Aquí no podemos hacer nada más.

Nos han comido el terreno.

-¿Qué más sabes de esos tipos? ¿Quiénes son?

-Los hermanos Morales. No sé de dónde han salido.

-¿Les funciona el negocio? -Se están forrando.

-No veo por qué quedarnos con los brazos cruzados.

-¿Qué quieres hacer?

Ellos han sido más listos.

Solo nos queda comprar las botellas para el bar,

pero no podemos rascar más.

-Si ese negocio puede dar beneficios,

no tenemos por qué renunciar a él.

-¿En qué estás pensando?

-En hablar con los hermanos Morales y convencerles

por las buenas de que cierren su chiringuito.

-No creo que quieran renunciar.

-Entonces lo haremos por las malas.

(Suena un móvil)

(Suena un móvil)

¿Sí?

Sí, soy yo.

¿Tan grave es la cosa?

Sí, sí. Gracias por llamar.

-¿Qué ha pasado? -(SUSPIRA)

Tu hermano Ricky la ha montado buena.

Se ha pegado con un celador y ha destrozado el mobiliario.

-Ay.

-Pero ¿ya estáis de vuelta?

-Sí, se me ha roto un tacón y casi me mato.

-¿No habéis ido al cine?

-Sí, pero al salir he metido el tacón en la alcantarilla

y no he besado el suelo porque Dios me ha cogido.

-Una lástima porque nos lo estábamos pasando genial.

-La verdad que sí.

-Súbete, te cambias de zapatos y volvéis a salir.

Todavía queda mucha noche.

-No sé yo. Con la tontería, me he torcido un poco el tobillo.

Igual se nos ha hecho un poco tarde ya.

-Si quieres lo dejamos para otro día.

-Si no salís, igual me da tiempo a cenar con mi madre.

-Sí, claro, vete. Ya cierro yo. No te preocupes.

-Vale. -Venga, tira.

-Ay. Jo. Pues...

Siento que no haya sido una gran noche.

-No ha sido muy larga, pero nos lo hemos pasado genial.

-La verdad es que yo sí. He estado muy a gustito.

-Y yo. -Me voy, María.

-Venga, Paty. Cierra con llave, por favor.

Que con el criminal suelto me da no sé qué.

-Tú ya estás protegida por el agente de la ley.

-Hasta mañana, Paty.

-No sé, igual...

Igual me debería ir para casa. Entre unas cosas y otras

se te ha hecho un poco tarde. -Sí, bueno.

La noche es joven dicen, ¿no? -Sí, joven y revoltosa.

-Pues... Igual va siendo hora de que nos metamos en la cama.

(TITUBEA) A dormir quiero decir.

-Sí, me parece una gran idea que nos vayamos a la cama.

A dormir, claro.

Pero ¿tú tienes sueño ahora? ¿Te quieres ir a dormir?

Yo...

me quiero ir a dormir.

Contigo.

(SILENCIA)

-Permíteme. -No, no.

No tentemos a la suerte, no tenemos a la suerte.

Ay.

¿Cómo está Nerea?

Muy bien. Encantada con que vaya a verla.

Está noche cenamos juntas.

Eso es lo que necesitas: salir, desconectar y pasarlo bien.

Está claro que mis superiores me mandan por lo que pasó.

Miralles y Bremón saben lo duro que es abatir a un hombre.

Aunque sea en acto de servicio, es un palo.

Oye, ¿tú has tenido algo que ver con todo esto?

Oye, oye.

Déjame, que tengo que abrir en diez minutos.

-Me conformaré con compartir un café contigo en la barra.

-Café hoy nos va a hacer falta, porque dormir, hemos dormido poco.

-No te creas. Yo me he levantado como nuevo.

Estoy como una rosa. -Ah, ¿sí?

¿No has echado de menos dormir en tu camita

tú solito? -Todo lo contrario.

-Creo que podría acostumbrarme muy rápido a dormir a tu lado.

-¿Pasaste la noche con María?

Cuánto me alegro. Ya era hora.

-Gracias. -No me las des. Me alegro por mí,

porque así no tendré que soportar a mi compañero gruñón

echando pestes todo el día.

-Aprovecha para meterte conmigo todo lo que quieras.

¿Sabes por qué? No voy a dejar que nadie me estropee el día.

-El médico me pide que vaya a hablar con él. Yo no sé qué más decirle.

-No creo que sea una buena idea después de lo que pasó ayer.

Echarle la bronca no solucionará nada

y darle un bofetón aún menos.

Está todo muy reciente para ir a verlo hoy.

-No, yo le he dado mi palabra al médico

y quiero que vea que ponemos de nuestra parte

para que cumplan con la suya.

-¿Por qué no me dejas ir en tu lugar?

He tenido broncas con Ricky, pero ahora estamos bien.

Deja que lo intente.

-No sabes lo que es estar encerrado.

Tienes que convencer a mamá para que me saque.

No volveré a tratarla así de mal nunca.

-Escúchame. A mamá el cabreo por lo de ayer

se le pasará tarde o temprano.

Pero la preocupación que tiene, eso no se le sacará

de encima hasta verte recuperado y te rehabilites

y vuelvas a ser tú mismo.

-¿No ves que si sigo encerrado me volveré loco?

Me tienen enfilado. Me van a partir la cara de verdad.

Me tienes que ayudar a salir de aquí.

-Ricky.

Tú y yo vamos a hacer un trato.

-La culpa es mía por ponerme en esta situación.

-Espero que asumas la sanción con la misma deportividad.

-¿Has decidido cuál va a ser?

-Tengo una ligera idea.

Tendrás que esperar a que te lo comuniquen.

-¿Cuándo va a ser eso?

-Muy pronto.

-Hola, cariño. Pensaba que me esperabas en La Parra.

-Sí, vámonos. Aquí ya he terminado.

-¿No nos vas a presentar?

¿Cómo estás, Montse?

¿Sabes algo de mi sanción?

He hablado con Clemente, el de Jefatura.

Tengo confianza con él. Me lo ha contado extraoficialmente.

¿Y bien?

-Hemos quedado en que se pasará hoy a última hora

de la noche por mi oficina. No he podido retrasarlo más.

No te preocupes. Tendrás el alijo para entonces.

Va de camino a Transportes Quintero. ¿Vendrá bien camuflado?

Por supuesto.

Solo espero que esa mercancía sea de primera calidad

porque ese ruso no para de decirme que su jefe

es muy exigente.

Si queremos atrapar de verdad a Konchalovsky

no podemos cagarla en esto.

Lo sé y por eso hemos preparado una remesa

para que se la regales.

Era uno de mis confites

el que me contó que Quintero vuelve a las andadas.

-¿Qué te ha soplado?

-Al parecer llega un cargamento misterioso

a Transportes Quintero.

-¿Un misterioso qué?

-En principio son zapatos, pero Quintero ha dado

instrucciones muy precisas que coinciden mucho

con sus antiguos negocios.

-¿Qué hay en esa caja? -Zapatos.

Lo que hay en esa caja son zapatos.

-¿Puedo verlos? -Si tuvieseis una orden judicial

ya me la habríais enseñado. Si no os importa,

tengo muchas cosas que hacer. No me hagáis perder el tiempo.

-Teniendo en cuenta sus antecedentes y las sospechas fundadas que tenemos

de que vuelve a traficar con drogas, estoy segurísima

de que ningún juez nos pondrá pega por andar detrás suya.

-Venga, con tu permiso. -Elías, Elías, Elías.

Quieto ahí.

-¿Qué pasa?

¿Me vas a pegar o qué?

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Servir y proteger - Capítulo 447

12 feb 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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