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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 436 - ver ahora
Transcripción completa

Yo no estoy buscando una mujer para una sola noche.

¿Sientes lo mismo que yo?

-Somos pareja. -¿Pareja, eh?

Un revolcón de una noche y ya pareja.

-No es un revolcón de una noche.

Pablo es muy especial, es el hombre perfecto.

-Perfecto no será, la criatura es humano, ¿no?

Tendrá sus cosas. -Claro, tendrá sus manías.

-Y sus secretos. -Yo todavía no se los he encontrado.

-Siendo policías, aunque nos oculten algo,

no dura mucho tiempo.

-A nada que metas el nombre en la base de datos,

no hay quien te engañe.

¿Por qué te cambiaste el nombre? -Soy huérfano.

Y cuando tenía seis años una familia me adoptó

y me cambié los apellidos por los de mi nueva familia.

-¿Qué tal llevas el día? -No me puedo quejar.

Espera, espera, espera...

-¿Qué pasa, te da corte aquí? -No, no es eso.

-Entonces, ¿cuál es el problema?

-Sigo colado por Silvia.

-Cómo se nota que no estás acostumbrada a que pasen de ti.

-Ricky, vamos a dejarlo. Estoy harta de pararte los pies todo el rato.

-De verdad, tía, eres patética.

No sé cómo sigues arrastrándote detrás de Álvaro.

-Está muy raro, y menos trabajar ha hecho de todo.

-¿A qué te refieres?

Quiero una prueba que demuestre que estás limpio

o te echo de esta casa a patadas.

-Debes ayudarme a dar el cambiazo con los análisis.

Solo tenemos que cambiar los botes de orina.

-Está bien, voy a cubrirte, pero te digo dos cosas:

deja en paz a Sara de una vez y deja de meterte mierda.

-Mi marido me dejó hace seis meses.

Se fue a vivir con una mujer 20 años más joven que yo.

Llevábamos juntos toda la vida.

-"Quiero gritar a los cuatro vientos

que soy el hombre más feliz del mundo

porque me caso con una mujer increíblemente maravillosa".

Pues sí que está enamorado de la secretaria.

-Dime, Espe. -¿Qué tal estás?

-"Un poco mareada, pero todavía me mantengo en pie".

-¿Por qué dices eso?

-Porque estoy a punto de tomarme mi tercer vaso de whisky.

-Merche se está bebiendo el agua de los floreros,

y nos necesita. -Claro, vamos.

¿Quieres tomarte unos días libres? No, no, no.

Ya estoy mejor de ánimo, gracias a las compañeras.

Hay muy buena gente en esta comisaría.

Martínez y Molina han hecho un registro en una casa

con varias denuncias por menudeo,

pero en el registro han encontrado dos pistolas.

Dicen que las armas se las vendió un tal José Juan Muñoz.

Me suena. Sí, porque es un exconvicto

que cumplió condena, precisamente, por tráfico de armas.

Id a verlo, hablad con él y a la mínima sospecha lo traéis detenido.

Mis representados reclaman la mitad del patio trasero.

Según consta en la escritura de propiedad del inmueble

les pertenece a ellos.

Tiene un mes de plazo para que traslade sus pertenencias

y hacer la reforma que divida el patio por la mitad.

-Álvaro, tú no puedes hacer una chapuza,

tienes que hacer una obra en condiciones.

-¿Y qué quieres que haga? ¿Pido un préstamo?

-No, no, endeudarse con los bancos es lo último.

Ya te lo presto yo del fondo para emergencias.

-Se llama Celades, y más que un prestamista es un usurero.

Va al casino todos los viernes forrado de pasta,

se pega a los jugadores que se han quedado sin blanca,

que están desesperados por volver a jugar.

-Mañana es viernes.

-Sí, pero mañana va a ser un poco precipitado.

-No, no, no, necesitamos liquidez urgentemente.

-¿Por qué?

-Porque Álvaro debe hacer reformas en su taller.

-Ya tengo clara la ruta que vamos a seguir,

y por lo que he podido saber,

Celades nunca deja el dinero en el coche,

lo lleva encima en una faja.

¡Vamos!

-¡Tiene un móvil!

¡Suelta eso ahora mismo! ¡De rodillas, ya!

-Tranquilo, tranquilo... -¡El reloj!

¡Pero qué haces! ¿Te has vuelto loca?

-Y más os vale a los dos que Celades acabe con vida.

Porque si no, vais a tener un problema conmigo.

Deshaceos de esto.

Que no quede ni rastro.

¿Seréis capaces?

-Ya me ocupo yo.

(Música emocionante)

Dile a tu padre que no hable, que me vuelvo loca.

Dile que lo he entendido,

que tiene un corazón tan grande que no le cabe en el pecho,

literalmente, Ja, ja, ja, ja...

Ay...

Sí.

¿Cómo estás tú, cariño, estás bien?

Es una suerte que estés ahí.

(Puerta)

Llaman a la puerta. ¿Hablamos por la noche?

Venga. Os quiero.

"Bonjour". Pero bueno...

¿Qué haces aquí? ¿Cuándo has llegado?

Dame un abrazo primero y luego me interrogas.

Qué bien huele.

Son cruasanes comprados hace tres horas en el aeropuerto de París.

No serán los mejores, pero algo es algo.

Me has traído cruasanes, ¡se me van a caer las lágrimas!

Pero qué detalle.

Tú hazme un café y quedamos en paz. Vale.

Pues yo el café y tú los cruasanes.

Te advierto que me vienes fenomenal,

porque llevo fatal lo de desayunar sola.

Yo lo que llevo fatal es volver a mi vida de lobo estepario,

después de seis semanas de vacaciones.

No me extraña, porque tú o no te coges un día

o te coges un mes y medio seguido. Lo necesitaba, la verdad.

Ha sido una maravilla compartir todo este tiempo con Israel.

Me alegro.

¿Y Antonio qué tal?

Por el mensaje parecía que os llevasteis un buen susto.

Un susto de los gordos.

Afortunadamente se quedó en un susto

¿Y Olga?

Se ha quedado en Milán con su padre. Está todo bien.

¿Y tú en París qué? Cuéntame. Pues yo genial,

haciendo mucho turismo cultural sobre todo:

cuadros, cuadros y más cuadros.

Estuve en el Louvre, el museo de Orsay,

los impresionistas...

Vamos, que te has pegado un atracón.

Tú ríete, pero ir de la mano de un experto en arte como Israel

es un privilegio.

Pensaba que no me iba a gustar, pero me ha encantado.

¿Israel qué tal está? Genial.

Está muy recuperado.

Ya ni se acuerda del energúmeno ese que tenía por novio.

Es un buen chico, y me alegro mucho de que os llevéis tan bien.

¿Y por comisaría qué tal, alguna novedad?

¿Ya quieres hablar de trabajo? ¿Será posible?

¿No me vas a dejar disfrutar de los cruasanes?

Al menos dame unos titulares, ¿llevamos algún caso importante?

¿Déjame en paz?

¿Has ido a ver l'Orangerie?

Lo de los nenúfares. Sí, los nenúfares.

Por cierto, ¿qué tal se ha apañado Nacha sin mí?

Con el peluso ese que le habéis puesto no habrá dado pie con bola.

Fenomenal, pero eres incorregible. No me tires de la lengua.

Si quieres información te la doy, pero das tú el "briefing".

No.

Venga. "Rien, rien".

Cafecito.

Qué bien.

-¿Y tú qué haces levantado?

-No podía dormir.

Tú tampoco, ¿no?

-Yo cojo un vaso de agua y vuelvo a la cama.

-No puedo dejar de pensar en lo de anoche.

-Hace cuatro horas que nos hemos acostado,

duerme un poco más. -No puedo dormir, joder.

-Pues te tomas algo para dormir.

-Sí.

Luego.

Me voy. -¿Adónde?

-Necesito volver a donde dejamos a Celades,

necesito saber qué ha pasado con él. -¿Tú eres tonto o qué? ¿No piensas?

-¿Y si nos lo hemos cargado qué?

-Querrás decir si te lo has cargado tú.

Yo no le puse la mano encima. -Gracias por el apoyo, cabronazo.

-Si te hubieras metido en el coche cuando te lo dije...

-Si me hubiera metido en el coche ahora estaríamos detenidos.

El nota iba a llamar a la policía, había que quitarle el móvil.

-¿Y había que darle una paliza?

No bastaba con quitarle el móvil, tenías que reventarlo a golpes.

-Joder, solo le di cuatro patadas mal dadas.

-Si solo le diste cuatro patadas mal dadas, no se habrá muerto,

y por lo tanto, no tenemos motivos para volver allí.

-Necesito saber lo que ha pasado.

¿Y si está muerto?

El tío no se movía cuando nos fuimos, había bastante sangre.

-Pues...

Si está muerto, alguien lo habrá visto y habrá avisado a la policía,

y nosotros nos enteraremos por las noticias.

La persona que pase por allí será sospechosa.

-Puedo ponerme un chándal y decir que he ido por ahí a correr.

-Vamos a ver, no seas ridículo.

¿Y si te para la policía y te pide el DNI,

y ve que no vives por allí y que estás fichado?

Que no, tío, tú no vuelves por allí.

Puedes ponernos en peligro a todos.

-¿Y si la policía nos está buscando, qué?

-Ricky, escúchame.

No llevábamos nuestros móviles, teníamos la cara tapada,

y nadie nos puede relacionar con ese coche.

¿Por qué iban a buscarnos a nosotros? Piensa, Ricky.

-Necesito saber lo que ha pasado.

¿Y si llamo a los hospitales? A lo mejor está en alguno.

-¿Tú eres tonto o qué?

-Llamar con un móvil prepago. -Que no.

Lo que tenemos que hacer es mantener la calma

y seguir con nuestra vida como si nada hubiera pasado.

-¡Joder!

Como si fuera tan fácil hacer eso.

-¿Qué hacéis despiertos a estas horas?

-Un perro, que estuvo dando la chapa toda la mañana.

¿No te ha despertado? -No, no me he enterado de nada.

¿Y tú qué haces vestido? ¿Te vas?

-No, vengo.

No podía dormir y me fui a dar una vuelta.

-Ayer por la noche no os vi por el Moonlight.

-Tuvimos una cena de negocios, hablando del pub precisamente.

Igual contratamos un DJ.

-Sí, ahora que soy socio,

me gustaría renovar el ambiente del pub.

-No estaría mal, porque ayer estaba muerto.

-El que está muerto soy yo.

Me voy a la cama. -Sí, yo también me voy a dormir.

-¿Os pensáis que soy gilipollas?

¿En qué estáis metidos ahora?

-Si no quieres saber, no preguntes.

Qué alegría tenerte de vuelta, Elías.

Yo también estoy contento de volver.

-Sí, sí, menudas vacaciones, me muero de envidia.

-Dijo la nueva jefa de la UFAM.

-Las noticas vuelan, ¿no? -Sobre todo las buenas.

Enhorabuena, compañera, te lo mereces.

-Muchas gracias, Elías.

-Bueno, compañero, ya era hora. Dame un abrazo.

-Lo bueno se hace esperar. Anda, siéntate.

Id sentándoos que tenemos que empezar.

No es por nada, pero yo no recuerdo un recibimiento así

la última vez que volví de vacaciones.

Todos nos alegramos de tener a Guevara de vuelta,

y estoy segura que él se alegra mucho de estar aquí.

Yo estaba encantado en París,

sin tener que ver estos caretos de amargados que tenéis.

Ya ha vuelto el festival del humor. Vamos a trabajar.

En primer lugar quiero felicitar a Esperanza Beltrán

como responsable de la UFAM porque ha resuelto un conflicto

en un instituto que nos podría haber traído problemas.

Y eso ha demostrado la importancia de la labor de concienciación.

Esperanza, por favor.

Muchas gracias.

Básicamente estamos intensificando las charlas

en la aulas, en las bibliotecas y en los centros culturales,

porque tenemos estudios que corroboran

que esto acerca la imagen de la policía,

a los chavales.

Es importante que nos vean como un aliado y no como una amenaza

para que recurran a nosotros en casos de bullying,

violencia de género y abuso.

También estamos ampliando estas charlas

a otros ámbitos para que llegue también a la gente adulta.

Exacto, cualquier lugar de reunión vecinal

es bueno para mejorar la relación con la ciudadanía.

Gracias, Espe.

Alicia y Silvia,

prioridad absoluta localizar a José Juan Muñoz.

¿Cómo va eso?

Sí, Muñoz es un traficante de armas a pequeña escala.

Sospechamos que ha retomado su negocio tras salir de prisión,

y que está vendiendo armas cortas a camellos y a otros delincuentes

del distrito. Vamos detrás de él para frenar la distribución

y para que nos ayude a recuperar el mayor número de armas posible.

Y ahora otro tema. Con la reincorporación de Guevara

volvemos a la antigua distribución de binomios, así que,

Nacha y Elías volvéis a patrullar juntos.

¿De acuerdo? Ponle al día sobre el caso de los allanamientos.

Sí, inspectora, eso ya está muy encarrilado.

-Una pregunta, inspectora. Entonces, ¿yo sigo en el caso?

Negativo, a partir de ahora patrullarás con Soriano.

Bien. El caso del estrangulador,

aunque no está confirmado al cien por cien,

todo indica que fue Alberto Posada.

Estranguló a una mujer hace ocho años en Guadarrama.

El juez decretó su ingreso en un centro psiquiátrico.

Lo hizo bajo los efectos de un cóctel explosivo,

mezcló alcohol y anfetaminas.

Sufrió un trastorno mental transitorio

que lo llevó a estrangular a la víctima.

No tenía motivo para cometer el homicidio.

Coque, el mendigo del barrio me contó la relación

de Posada con Loli, él era un cliente habitual.

Sabemos que se veía con ella y le pagaba por determinados servicios.

-¿Han hablado con ella?

-Le gusta estrangularla. -Pero eso era solo un juego.

-Si olvidaste haber matado a Belén Sánchez,

y no recuerdas haber hecho daño a Loli,

¿cómo puedes estar seguro de no ser el estrangulador de Rita y Carolina?

-No lo recuerdo. ¡No puedo recordarlo!

-Está bien.

-¡Comisario, rápido, por favor! En los calabozos...

De todas maneras tenemos que seguir buscando indicios

para corroborar esta teoría.

El mejor indicio es que no hay más víctimas.

Nosotros tenemos que seguir buscando pruebas.

Como digo siempre: los jueces están para juzgar

nosotros estamos para investigar.

¿De acuerdo?

Buenos días. -Hola, Damián.

-Acabo de cruzarme en la calle con tu clienta favorita.

-¿Qué? ¿Con quién? -La que tú sabes.

-Ah, ¿con Susana?

Sí, viene a recoger un encargo. -¿Un encargo?

Yo creo que viene por el encargado.

-La mujer está reformando la casa y necesita que lo ambienten.

-Ya. Oye, ¿mi chalequillo?

-Donde siempre.

-Hola, Pablo. -Hola, Susana, ¿cómo estás?

-Bueno, un poco agobiada.

Esta reforma se me está haciendo eterna y estoy de los nervios.

-Tranquila, mujer

-Hubiera sido mejor contratar una cuadrilla de obreros

antes de pintarlo yo sola.

-Pero no vas a tirar ningún tabique.

Yo creo que para decorar la casa y pintar cuatro muros,

lo puedes hacer tú y te va a salir muy bien.

-Bueno. ¿Te ha llegado la pintura malva que me recomendaste?

-Sí, la tengo apartada.

Perdona que haya tardado tanto,

pero normalmente esta pintura sale muy poco,

y la tenemos solo por encargo. -Claro.

No sé si me falta algo.

-A ver. Te llevaste cinta de pintor...

rodillos, brochas, cubeta, escurridor...

papel de lija... Yo creo que con la pintura lo tienes todo.

-Está bien.

Si sale algo mal vendré a pedirte cuentas a ti.

-¿A mí por qué?

-Por ser el culpable de lanzarme a pintar yo sola,

con tanto cartel de "Arréglalo tú mismo" y tanta recomendación

de vídeos de bricolaje por internet.

-Te va a salir genial.

Ese color que has elegido, a mí me parece que es muy original.

Si te sale algo y necesitas que te eche una mano,

tú me lo dices y veo cómo ayudarte.

-Me quedo más tranquila sabiendo que puedo contar contigo.

-Claro, mujer.

Por cierto, una recomendación.

Antes de ponerte a pintar un muro coge una esquinita

y haz unas pruebas de color. -Buena idea.

-Para saber qué cantidad de pintura necesitas, para saber las manos.

-Pues así lo haré.

-Cuando lo tengas hazle una foto y me la enseñas,

así vemos cómo ha quedado. -Claro.

Tendré que invitarte a un café por toda tu ayuda.

-Bueno, ahora mismo tengo mucho trabajo...

-No hay compromiso.

Me voy a pintar. Gracias.

-Que pintes bien. -Hasta luego.

-¿Qué les das? Las tienes a todas en el bote.

-Anda ya. -¿Anda ya?

No hay chica que no te invite a salir, a un café...

Estás hecho un Don Juan. -De Don Juan nada.

Que quede claro que yo soy hombre de una sola mujer,

y en este momento, esa mujer es Espe.

-Hombre, no te pongas así.

-No me pongo de ninguna manera, es que...

Solo quiero que quede claro.

Me voy dentro a arreglar esto.

Ya lo sabéis todos,

cualquier arma no registrada que aparezca en Distrito Sur

tiene que ser reportada de inmediato

a las inspectoras Orestes y Ocaña. ¿De acuerdo?

Si no hay ninguna pregunta, todos a trabajar.

Buen servicio y cuidado ahí fuera.

Enhorabuena.

No todos los días se ve a la inspectora jefe

felicitando a una oficial. -Ha sido un subidón, la verdad.

Me alegro mucho de tenerte de vuelta, Elías.

Vamos hablando. -Hasta luego.

-Inspectora, una cosita. Sí.

¿El cambio de binomio tiene que ser inminente?

Lo digo porque con Nacha estoy aprendiendo mucho,

y porque la investigación está a punto de caramelo.

No me molaría dejarlo a medias.

Toni, estás haciendo un magnífico trabajo

y así constará en mi informe de prácticas.

Pero si quieres seguir aprendiendo,

tienes que rotar por todos los departamentos.

Y que no te gusta dejar las cosas a medias lo sé,

porque me lo dijiste el primer día en mi despacho.

Creo que vas a aprender mucho con Soriano,

es un tipo muy curtido.

¿Esto es por mi resbalón? ¿Resbalón?

¿Quién se lo ha contado Nacha o Silvia?

Yo le juro que a mí no me vuelve a pasar eso.

Le juro por mi madre que no vuelvo a quemar un "confite",

no sé por qué fue.

La detención iba perfectamente y yo lo estaba haciendo perfecto,

pero en algún momento se me escapó el nombre del chaval.

Yo no sé si se dio cuenta la señora, pero fue una cagada tremenda.

Enorme, Enorme.

Porque usted...

Debería aprender a mantener la boca cerrada.

Pues sí, ganarías mucho.

Ya me dice mi madre: "En boca cerrada no entran moscas".

Pues vas a tener suerte, porque Soriano no para de hablar

y no vas a poder meter ni una.

Y la próxima vez que tengas un problema,

vienes a mi despacho y me lo cuentas.

Yo no soy mucho de dar broncas

intento ayudar a mis agentes a mejorar.

¿De acuerdo? Vale.

Muchas gracias, inspectora.

Hasta luego.

Elías, te presento a Silvia Orestes, la nueva inspectora.

Encantado, bienvenida. -Un placer.

Eres toda una institución. -Gracias.

-Espero podamos colaborar en alguna investigación.

-Seguro que sí. Hasta luego.

Inspectora.

-¿Qué pasa, gruñón? Estás muy solicitado.

-La verdad es que te he echado de menos, fuera de coña.

-Y yo a ti. -¿Seguro?

Me han dicho que te has apañado muy bien sin mí,

que el pimpollo está obnubilado contigo.

-Es bueno y mejorará con el tiempo. -Ha tenido una buena profesora.

Has superado a tu maestro.

-Qué va, solo he tenido un poco de suerte,

pero te juro que cada vez que un caso se me atasca

pienso qué harías tú para resolverlo.

-Vaya chorrada.

-Es verdad, aún me queda un montón que aprender de ti.

-No me digas esas cosas, que me llegan a la patata

y echo una lagrimita en público. -Déjate de tonterías.

He quedado con un "confite" ahora, ¿te vienes?

-Por supuesto. -Te espero fuera.

Bueno, estarás contento

del cariño que te han demostrado tus compañeros.

Tranquila, se les pasará pronto.

Ya, hazte el duro, pero yo sé que estás enternecido.

Si te digo la verdad, un día que hacía sol en París

estaba leyendo un libro y había quedado con mi hijo para comer,

me fijé en los barcos por el río, los tejados de París,

las cafeterías... Y dije: "¿Y si me quedo aquí?"

Y dije: "Una mierda".

A mí me encantan mis compañeros, mis "confites",

mi pincho de tortilla...

Además, tengo una amiga muy buena aquí,

que es inspectora jefe. Anda, vete "p'allá".

¿Aún estás con el móvil?

-No, no.

-¿Ha pasado algo? -¿Dónde?

-Como no dejas de mirar el móvil. -¿Y qué va a pasar?

-Yo qué sé. -Déjate de tantas preguntas

y vuelve al trabajo. -Que me olvides, tío.

-Anda ya.

-¿Qué ha pasado? -Nada, Sara que está muy pesada.

-Ricky, mantén la calma.

Te he dicho que tenemos que seguir como si nada.

-Sí, tío, pero no puedo.

Esto de no saber lo que ha pasado me está volviendo loco.

-Yo sí sé lo que ha pasado. Nada.

-¿Cómo?

-He ido a donde le dimos el palo a Celades.

No había rastro de él ni de su coche.

-¿En serio?

-La policía tampoco estaba.

Lo que sí había era un pequeño rastro de sangre.

-Eso es que no está muerto, ¿no? -Eso me imagino yo.

Supongo que se habrá recuperado, habrá cogido el coche

y se habrá largado.

-Son buenas noticias.

-Olvídate de este tema, ¿vale?

-Menudo peso me has quitado de encima, tío.

(Teléfono)

Sí.

Sí, soy yo, ¿qué pasa?

No, no, estoy yendo para allá,

lo que pasa es que he pillado un atasco que flipas.

En 20 minutos estoy allí.

Gracias. Chao.

Los análisis de sangre, tío. -¿Eran hoy?

-Sí, sí. Se me ha pasado totalmente con todo esto.

Tenemos que ir allá cagando leches. -¿Ahora?

-Sí, tío, teníamos que estar allí hace 15 minutos,

pero nos esperan.

¿No te echarás atrás ahora? -No.

No me echo atrás. -Luis...

Pero es la última vez que le miento a la mamá

por tu culpa, la última.

-Toma.

No sea que lleguemos allí y no tengas nada para mear.

¡Vamos!

-¿Lo dices en serio?

-Claro, tanto cruasán, tanta mantequilla...

Queso, embutidos ricos, normal que hayas cogido unos kilos.

-He cogido un par de kilos, pero a mí me cuesta engordar.

-Pero no te rayes que estás bien, estás en forma más o menos.

-¿Más o menos? Estoy hecho un chaval.

-¿Desde cuándo te preocupa tanto tu aspecto?

¡Ah, claro!

Es por María, ¿no? -¿Quieres bajar la voz?

-¡Pero, bueno, Elías!

¿Cuándo has vuelto? -Esta misma mañana.

He dejado la mochila en casa y he ido directo a comisaría.

-Aprovechando las vacaciones hasta el último minuto.

-Ya te digo, con lo que cuesta ganárselas...

¿Y María no está?

-No, salió al ayuntamiento a arreglar unos papeles.

-Salúdala de mi parte, por favor.

-La saludo de tu parte, no te preocupes.

¿Qué queréis? -Un café con leche, Paty.

-Yo lo mismo. -Lo de siempre, ¿no?

-¿Quieres un Kleenex para secarte las lagrimitas?

¿Tú no tenía que irte a algún lado...? ¿A la porra un poquito?

-Te has picado.

¿A quién se le ocurre ir a París, a la ciudad del amor

y dejarse el amor aquí tirado?

Está bien, perdóname. ¿Te has enfadado?

-¿Por qué me voy a enfadar? Tienes razón, pero jode.

-Ya...

Por cierto, gracias por lo del Lagartija,

me sirvió para resolver el caso.

-Qué dices, lo tenía casi terminado.

-Me faltaba el paradero de los ladrones.

Ahora ya sabemos dónde duermen y dónde guardan lo que roban.

Y eso ha sido gracias al chivatazo que nos dio el Lagartija,

o sea, gracias a ti, porque él no habla con nadie.

-Es un poco desconfiado, sí.

Pero no me voy a apuntar yo el mérito,

tú hubieras encontrado ese sitio antes o después,

yo solo te di un atajo.

-Sea como sea, me alegro que estés de vuelta,

mi Pitufo Gruñón. -¿Seguro?

¿No prefieres seguir patrullando con el bollicao ese?

-No, mi binomio eres tú.

Tony es guay, pero estoy cansada de hacer de veterana.

-Dímelo a mí.

La de chavales que he tenido que enderezar

que vienen de la academia con la cabeza llena de películas,

tirando de pistola... Unos pesados.

-Un poquito como yo al principio, ¿no?

Ahora me doy cuenta de la paciencia que has tenido conmigo.

-A ver, esto por aquí...

y esto por aquí.

¿Os apetece comer algo?

Elías, he traído unos churros que sé que te encantan.

-Es que me he puesto de cruasanes hoy en el aeropuerto...

-Vale, vale.

-Has estado a punto, pero te has resistido.

-¿Estoy mejor? -Claro, estás estupendo,

estás que lo rompes.

-Si el sacrificio para estar mejor es hartarse de cruasanes,

benditos sean.

-Salud por tu regreso.

"À votre santé".

-Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?

-Buenos días. Venía a denunciar un robo.

-Muy bien.

¿Qué le han robado? -30 000 euros en efectivo.

-Entiendo. ¿Tenía esa cantidad en casa?

-No ha sido en casa.

Me atracaron en la calle. Tampoco era en la calle, era un camino.

-Perdone, no sé si le estoy entendiendo bien.

¿Iba usted por la calle con 30 000 euros en efectivo?

-Así es.

Disculpe, caballero, soy la inspectora jefe Miralles,

¿puedo ayudarle en algo?

Sí, quería denunciar que ayer por la tarde

aparecieron dos encapuchados, me robaron todo lo que tenía

y me dieron una paliza.

Aquí traigo un parte de lesiones.

Bien.

Enseguida le tomamos declaración para cursar la denuncia.

Pero antes me gustaría hacerle una pregunta.

Qué hacía con 30 000 euros en efectivo.

Es una cantidad inusual.

Soy prestamista.

¿Prestamista? Sí, sí, prestamista. Todo legal.

Si llevo tanta cantidad encima

es porque presto a la gente que sale del casino

y necesita dinero rápido para volver a apostar.

Piense lo que quiera, pero no es ningún delito.

El delito lo cometieron esos dos. Tengo derecho a que se investigue.

Por supuesto, nosotros investigamos todos los delitos

sin discriminar a nadie.

Pero tengo la obligación de preguntar

por las circunstancias de lo que ocurrió.

Las circunstancias son que he pasado la noche en el hospital,

y que me dieron un golpe en la cabeza que me dejó inconsciente.

Y no me quedé tetrapléjico por un milímetro, dicho por el médico.

Vamos a ir ordenando lo que sucedió y yo me aclaro.

A usted le exigieron el dinero, usted se resistió...

Yo no me resistí. No se resistió.

Yo el dinero lo suelo llevar escondido en una faja,

debajo del cinturón.

Tenía el coche aparcado y volvía de ver a mi madre

en una residencia en la sierra. El coche lo tenía en un camino,

al ir buscarlo dos tipos se me echaron encima

y yo intenté darles largas haciéndome el sueco,

pero ellos tenían clarísimo a lo que venían.

¿Dice que ellos sabían que usted llevaba ese dinero en efectivo

y dónde lo llevaba? Sí, sí, sí.

De hecho, me robaron la faja.

Y también un reloj suizo muy bueno de plata que yo tenía.

¿Le robaron su reloj de gran valor? De gran valor, sí.

Bien, pero si ya le habían sustraído el dinero

y usted no se resistió, ¿por qué le pegaron?

Eso tendría que preguntarles a ellos.

Bien, no se preocupe.

Mi compañera le tomará declaración inmediatamente,

y por favor, dele todos los detalles que recuerde

sobre los agresores, si vio algo que le llamara la atención,

si vio algún vehículo por la zona, etcétera.

Todo lo que recuerde. Sí, detalles recuerdo muchísimos,

y el vehículo lo vi clarísimo, un deportivo azul biplaza.

Muy bien.

En cuanto tengas la declaración me la llevas, por favor.

Y no se preocupe que vamos a hacer todo lo posible por encontrarlos.

A ver si es verdad. Y siéntese, por favor.

¿Me permite su DNI por favor?

-Tu café.

-Gracias, Paty. -De nada.

-Hola.

Perdona que te moleste. -Hola, Susana, no te había visto.

-¿Me puedo sentar un momento? -Sí, claro.

-No quiero entretenerte mucho,

solo quería pedirte perdón por lo de antes.

-¿Perdón, por qué?

-Bueno, yo no voy por ahí invitando a todo el mundo,

igual te has sentido incómodo. -Ah, no te preocupes.

Es que tengo novia y esas cosas, ya sabes.

Estaría mal. -Lo entiendo perfectamente.

Y me alegro por ti.

-De hecho, mira...

Hola.

Susana, una clienta de la ferretería, Espe, mi novia.

-Hola.

(AMBAS) Encantada.

-Tu novio es un cielo,

me ha dado muy buenos consejos para pintar mi casa.

Si no es por él hubiera sido un desastre.

Bueno, ya me iba.

Que vaya bien. Adiós, chicos. -Hasta luego.

-Que lo pintes bien. -Gracias.

-¿Qué tal, Espe? ¿Qué quieres tomar?

-Pues... Mira, un café como el de Pablo.

-Vale.

-¿Todas las clientas de la ferretería

piensan que eres un cielo?

-No lo sé, pero lo que sé es que quiero ser un cielo para ti.

-Me ha hecho mucha ilusión que me presentes como tu novia.

-Eso es lo que somos, ¿no? -Sí, pero me gusta oírtelo decir.

-Ah, ¿sí?

Mi novia.

Mi novia.

-¿Qué hacemos esta noche?

-¿Dormir y callar? ¿O lo que diga mi novia?

-Chao.

¿Qué pasa? Hasta ahora.

-Te estaba buscando. ¿Has estado en casa de Muñoz?

Sí, acabo de volver.

Se fue de allí hace dos años y los vecinos apenas lo recuerdan.

¿Qué tal con tu "confite"?

Me ha dicho que Muñoz tiene un zulo a las afueras,

allí guarda las armas desde que las recibe hasta que las vende.

El "confite" va a llamarlo y le va a pedir una pistola.

Tendrá que ir a por ella y, zas, lo cazamos.

Deberíamos ponernos a vigilar el zulo ya.

Tengo el sitio localizado. Vamos.

-Venga, vamos a comer algo que tengo hambre.

-No, tenemos que ir al pub. -Sí, hombre,

aquí hacen un pincho de tortilla estupendo, así lo celebramos.

-Yo no tengo nada que celebrar.

-A veces pienso que alguna gente ha venido al mundo

para ser timada por otro más listo.

Ha salido estupendo. Venga, siéntate.

Y pensarán que tienen unas medidas de seguridad que te cagas.

Ya ves tú, porque te acompañan al baño.

Qué pringados.

¿Has visto cómo se ha quedado mirando el móvil?

-Obviamente no lo he visto porque estaba escondido en el baño.

-Se ha quedado mirando el teléfono tan tranquilo,

como si lo tuviera todo controlado. Para que digas que no pienso.

Mira si pienso.

Ni rastro de cocaína.

La mamá va a flipar cuando lo vea.

Venga, tío, no pongas esa cara. Te debo una y bien gorda.

-¿Sabes cuál sería una buena manera de celebrar esto?

Que dejases de meterte farlopa.

-Te digo que no me estoy metiendo nada.

-No digo que te estés metiendo,

digo que no te vuelvas a meter nunca más.

-Vale. No te pongas en plan curita que no te pega.

-Me has dicho antes que me debías una,

pues eso es lo único que te pido.

Y no me pongo en plan curita, que yo no soy ningún moralista.

Solo te digo que ya has tendido problemas serios con la coca.

-Vale, tienes razón.

Tienes razón y yo te la doy.

Estate tranquilo, ¿vale?

No me estoy metiendo y no pienso meterme más.

-Vale.

-No te digo que si estoy un fin de semana de fiesta

no vaya a caer una puntita.

Pero entre semana, se acabó.

Venga, no pongas esa cara, coño. -No mires ahora.

Acaba de salir de comisaría. -¿Qué dices?

-¿Qué tal?

¿Qué te ha pasado?

-Pues mira, ayer cuando venía de ver a mi madre

dos cabrones me atacaron y me quitaron todo lo que tenía,

y me dieron una paliza que casi me matan.

-¿Vienes de denunciarlos? -Sí.

-Siéntate y te tomas algo. -No, no, no.

Estuve toda la noche en el hospital y vengo de la comisaría

que me han estado una hora preguntando.

A ver si sacan algo en claro, aunque no sé yo.

-¿No tienes ni idea de quién ha sido?

-Si lo supiese, ahora mismo me los cargaba.

¿Me quitaron el reloj? -¿Qué dices?

¿El peluco suizo que me enseñaste?

Eso tiene que valer una pasta. -Pues adiós para siempre.

Y dinero, mucho dinero.

-Llevabas mucho encima. -30 000.

-Menudo roto te han hecho.

-Ya ves, uno no puede ir tranquilo ni por la sierra.

-¿Tú cómo sabes que fue en la sierra?

-Has dicho que venías de ver a tu madre, ¿no?

Ayer me dijiste que vive en El Escorial.

-Hablo tanto que al final no me acuerdo de lo que digo.

A ver si aprendo,

porque los cabrones estos sabían que llevaba el dinero encima.

-La cosa está fatal, no puedes ir tranquilo por ningún lado.

-Yo por Madrid voy con mil ojos,

pero por la sierra me relajo, y mira lo que me ha pasado.

-Eso pudo haberle pasado a cualquiera.

-Me ha pasado a mí. Me cago en "to".

Me voy para casa. -Pues cuídate.

Lo siento mucho. -Gracias.

-Pásate luego por el pub y te invitamos a una

para pasar el mal trago. -Luego me paso.

Hasta luego. -Hasta luego.

-La madre que te parió, Ricky, ¿cómo se te ocurre?

"Ni por la sierra se puede andar tranquilo".

¿Tú estás tonto o qué? -Tío, estaba nervioso, ¿vale?

-Nervioso estoy yo, casi me da un infarto.

-Tranquilízate porque lo he arreglado, ¿vale?

Estate tranquilo, Luis, todo está bien.

Los análisis bien, Celades bien...

Sonríe un poco, coño.

¡Qué pasa que aquí no atiende nadie o qué!

¿Seguro que es ahí, debajo de esos árboles?

El "confite" me dijo que era allí.

Había pasos y las ramas estaban raras, Alicia.

Llevamos al menos una hora.

Igual piensas que no ha sido buena idea.

Si pillamos a un traficante de armas a primera de cambio

seguro que habrá sido una idea genial.

Miralles va a flipar. ¿Tú crees?

Llevas muy poco tiempo aquí, y ya te has adaptado a todo esto.

He tenido una buena maestra.

Bueno, yo te he tenido mucho tiempo pegada a la mesa.

Supongo que también habrás aprendido de otros compañeros.

¿Y qué tal Leo? Bien, estamos muy bien.

Qué suerte tener al lado un tío como Iker.

Yo para eso no tengo suerte.

¿Por qué dices eso?

Pensé que al venir a Madrid, gente nueva...

Qué va, un desastre. Ya te contaré.

No te rayes por eso, Silvia.

El amor aparece cuando menos te lo esperas.

(Ruido de motor)

El amor y lo que no es el amor.

Mira.

La moto coincide con la descripción, ¿no?

Es él. ¿Vamos? Tenemos que pillarlo con las armas.

Ahora sí, vamos.

¡Alto, policía!

¡Alto!

Si te estás quieto te dolerá menos.

¿Lo tenemos? Sí.

Está detenido por tenencia ilícita de armas.

Tiene derecho a guardar silencio

Estas en forma.

Tiene derecho a no contestar a ninguna de nuestras preguntas.

Tiene derecho a un abogado, si no se le asignará uno de oficio.

(EL DETENIDO SE QUEJA)

-¿Y coincidisteis con él a la entrada de comisaría?

-Justo salía de denunciar.

-Vaya coincidencia, ¿no?

¿Y de dónde veníais vosotros?

-Nada. Acabábamos de encontrarnos con un proveedor.

-Este, que está empeñado en que conozca a todos en persona

para hacerme con el negocio. -Bueno.

¿Y Celades qué dijo?

-Poca cosa. Lo que sí se dio cuenta es de que los que le robaron

sabían a lo que iban.

-Pero él mismo dijo que es un bocazas

y que lo va contando a todo el mundo.

No tiene ni idea de quién le robó. La policía no sabe nada de nada.

-Yo no estaría tan segura de eso.

Pero seguro que no se esfuerzan demasiado en esto.

-¿Y por qué?

-Porque los prestamistas tienen muchos enemigos,

y la policía no se pringa en eso.

-Aun así, yo no me quedo tranquilo.

-Sí, hombre, ahora toca volver a la normalidad

hasta que las cosas se calmen.

-Eso es más fácil decirlo que hacerlo.

-Pues no queda otra, tema zanjado.

-Bueno, ¿y el dinero cuándo lo repartes?

-Hola. ¿Qué hacéis aquí, no curráis hoy?

-Hemos venido a cenar. -Yo tengo la noche libre.

Me voy a la cama.

Hasta mañana. -Pues yo me voy al pub.

Hay mucha gente y tengo allí a Sara sola.

¿Te vienes a tomar algo después?

-No, me voy a la cama que estoy roto.

¿Qué hay de cenar? -Ahora te pongo la cena, hijo.

Hasta luego.

Pero...

primero el aperitivo.

Lo que te prometí.

¿No piensas cogerlo?

Es lo que necesitas para la reforma del patio interior del taller.

-¿Has ido con toda esta pasta en efectivo por la calle?

-¿Por qué no me has hecho una transferencia?

-Seguro que hay que pagar alguna tasa y las comisiones del banco.

Yo no quiero que esos ladrones se queden con mi dinero

solo por poner un sello. El dinero contante y sonante.

-Te devolveré hasta el último euro, lo prometo.

-Me conformo con que me des las gracias.

-Gracias, mamá.

-Venga, come.

Recuerda que soy tu madre, no una vulgar prestamista.

Ayudarte para mí es un placer y una obligación.

-Paty, cariño, cuando quieras vete para casa.

-Todavía queda un montón por recoger.

-¿Qué dices? Cuatro cosas, y clientes casi no quedan ya.

Vete que estarás reventada.

-La verdad, en cuanto llegue a casa me voy a acostar, sin cenar ni nada.

-Vete para casa, pero no te metas en la cama sin comer nada.

-¿Estás segura? A ti no te veo buena cara.

-Estoy bien. Un poco tristona si acaso.

-¿Tristona por qué?

-Porque contaba con ver a Elías.

Que se hubiera pasado a verme. -Ha venido esta mañana.

Te lo he dicho antes, pero tú estabas en el ayuntamiento.

-Ya, pues podía haber vuelto esta tarde.

-No habrá tenido tiempo, yo qué sé.

-Para mandar un mensaje para decir:

"He vuelto de París, luego nos vemos".

-Ya.

-Vete ya para casa, anda.

-Vale.

Estás segura, ¿no? -Que sí.

Y descansa.

-Buenas noches. -Hasta mañana.

-¿Para qué quiere vernos Miralles? No tengo ni idea.

Ya tendrá las diligencias, ¿no? Sí.

¿Entonces?

No lo sé. A ver.

¡Adelante!

Bueno, enhorabuena.

No sé si decir que ha sido un operativo impecable

o un operativo espectacular.

Todo el mérito de la detención ha sido de Silvia.

No habríamos dado tan rápido con Muñoz si no es por su cómplice.

Buen trabajo, Orestes. Sentaos, por favor.

He visto en las diligencias que el detenido se resistió

y que hubo que reducirlo por la fuerza.

Sí, inspectora. Y no sabes cómo.

¿Estás bien o tiene que verte un médico?

No, no, yo estoy bien. Gracias.

Veo que pidió que lo viera un forense,

aunque no tiene ni un solo rasguño.

Es que no sabes qué llave le hizo, de campeonato.

Por cierto, ¿qué era eso?

Antes de entrar en la academia había hecho algo de artes marciales.

Nada.

Eso está muy bien. Cuando hay implicadas armas ilegales

siempre suele ser peligroso, así que mejor estar preparados.

En serio, ha sido trabajo de equipo. Que ya lo sé, pero déjate querer.

A Ocaña ya la hemos felicitado muchas veces.

Haz caso a Miralles, y aunque cueste, déjate querer.

Ahora quiero que os concentréis en las armas ya vendidas.

Si Muñoz colabora, bien, y si no,

mañana pedimos la orden al juez para intervenir sus comunicaciones.

De todas formas iremos analizando todo lo que tengamos.

Perfecto.

¿Qué os parece si ahora nos vamos todos a casa?

Creo que ha sido un buen día. Solo una cosa más.

Ya que está Silvia delante, aprovecho para darte las gracias

por insistir en ponernos como compañeras.

Al principio tenía mis reticencias, pero una vez más tenías razón.

Pues me alegro. Es cierto que hacéis muy buen equipo,

y puestos a ponerse medallas, me pongo yo la mía.

Es que soy muy buena haciendo binomios, tú lo sabes bien.

Pero ya sabéis que los binomios deben ser mixtos.

Podéis seguir trabajando juntas en trabajos de investigación,

pero cuando salís a la calle lo haréis con otro compañero.

¿De acuerdo? Y ahora las dos a casa,

hay que descansar. Habéis hecho muy buen trabajo.

Gracias, inspectora. A las dos.

-Hola.

-Buenas.

¿Qué, no piensas entrar?

-¿Puedo?

-Hombre, después de dos meses fuera no te voy a dejar en la puerta.

-Has sido solo seis semanas. -"Solo" dice.

Cierra, sí, no sea que entre alguien.

-¿Cómo estás?

-No sé, ¿tú cómo me ves?

-Yo te veo estupenda.

Te he echado mucho de menos.

-Y yo a ti también y ya pensaba que no venías a verme.

-Si he llegado esta mañana,

es lo primero que he hecho en cuanto he tenido un ratillo.

Pero venía muy apurado del aeropuerto a comisaría

y he pasado a ver a Claudia que tiene encima lo de Antonio.

-No tienes que darme explicaciones, si quieres vienes y si no, nada.

-No, al contrario, me gusta hacerlo.

Me alegro mucho de verte.

Estás más guapa que nunca.

Te he traído un regalito.

-¿A mí? -Bueno, estoy chapado a la antigua,

no voy a venir de París

sin un regalo para la chica más guapa del barrio.

-Por Dios, Elías, es precioso.

Es del museo de Orsay o algo así.

Bueno, ya sabes que yo de francés ni papa.

-¿Has estado de museos? -Sí, me ha llevado mi hijo.

Me ha dado un master acelerado en bellas artes.

Yo pensaba que no, pero al final le he cogido el gustillo.

-¿Te lo has pasado bien en París? -Mucho, sí.

He descansado, he desconectado, he visto cosas muy bonitas.

Pero también he echado muchas cosas de menos.

-Ah, ¿sí? ¿Como por ejemplo?

-Como por ejemplo estar en La Parra, y con la dueña de La Parra.

Te he echado mucho de menos, de verdad.

No sabes la de veces que he pensado en ti paseando por París.

-Venga, ¿qué te pongo?

-Un mosto por ejemplo.

Pero igual es un poco tarde y te tienes que ir.

-Quiero que me cuentes todo lo que has visto en París.

Qué envidia, qué vacaciones en un sitio tan bonito.

-La verdad es que te iba a encantar.

Y no hablo solo de los grandes museos y monumentos,

sino de esas pequeñas callecitas, esos rinconcitos,

esas pequeñas tiendas...

-¿Sí?

¿Tiendas de qué por ejemplo?

-Me acuerdo de una que se llama la rue de l'Université.

Es una calle llena de pequeñas galerías de arte.

Mira que yo soy cazurro, pero me habría dejado el sueldo de un mes.

Al final de la calle llegas a un chaflán

donde hay una terracita que te dan unos dulces,

que si cae un rayito de sol...

La próxima vez, no sé...

¿Tienes noticias de Álvaro? -¿Yo?

No. Y con tanto trabajo no me da para pensar mucho en él.

Así que mejor.

-Igual, de repente os volvéis a encontrar

y vuelve a surgir el chispazo. -Lo dudo.

-¿Por qué lo tienes tan claro?

-Me da que está liado con la camarera del Moonlight.

El otro día cuando fuimos al Moonlight

me dio la impresión de que estaban tonteando.

-Pues yo no me di cuenta de nada. -Tú porque estabas intentando

que Merche no se cayera de la cogorza que llevaba.

-A ti te quería ver yo. Vaya.

Se acerca una tormenta, ¿qué te pasa?

Estoy que no doy crédito.

Fernando Quintero. ¡Ah!

Ya sabía que reaccionarías así cuando te enteraras.

La ristra de delitos que llevamos al juez

serviría para meter a Quintero en la cárcel

sin derecho a una condicional. ¿Qué está pasando aquí?

Me gustaría saber a quién has untado para que te dejen en libertad.

-Deberías relajarte y disfrutar un poco, que la vida son dos días.

-Y uno en prisión tres.

Aplícate el cuento, porque por muchos abogados que tengas,

vas a pasar una buena temporada entre rejas,

como que me llamo Elías Guevara.

-Últimamente me va todo bien: el curro, el amor...

Y sobre todo, que tengo unos compañeros estupendos.

-Que no te falta de nada.

-No es por ser agorero, pero a mí lo de Pablo no me cuadra.

-¿Y qué es lo que no te cuadra?

-Acabáis de empezar a salir y ya se ha rajado de venir a dormir contigo.

Yo quiero saber si tú estás tan enamorado de ella

como ella lo está de ti. -Pues claro.

No sé a qué viene este interrogatorio.

-Pues yo te lo explico ahora mismo.

Espe es muy amiga mía, y no me gustaría ni verla triste

ni ver que sufre una decepción, ¿me sigues?

-No sé si es que yo soy muy suspicaz,

pero creo que tu amigo Fede no ve con buenos ojos

que tú y yo estemos juntos.

-A ver, es que Fede y yo...

-Esperanza, dime lo que me tengas que decir.

-Sé como hacerme con el control de la droga

dentro de la cárcel.

-¿Y cómo pretendes hacerlo?

-Te aseguro que sé cómo introducir pequeños alijos.

Solo tienes que proporcionarme el material.

-Vengo en otro momento, que se me hace tarde.

-Claro, cuando tú quieras. -Hasta luego.

-Di lo que quieras, pero esa chica está colada por ti.

-Pues lo lleva claro, porque sabe que tengo novia.

Ayer le presenté a Espe.

-No creo que eso haya cambiado sus sentimientos hacia ti.

Te estaba comiendo con la mirada.

-Me tengo que ir. Quieren verme en comisaría.

-¿Ya han cogido a los cabrones que te robaron?

-No me han querido decir nada. -Alguna novedad tendrán,

si no, ¿por qué te llaman? -No lo sé.

No querían decirme nada por teléfono.

-Intente hacer memoria. En los días previos al atraco,

¿recuerda usted haber comentado con alguien

que iba a la sierra o que iba a llevar esa cantidad de dinero?

-Yo, por mi trabajo, paso mucho tiempo alternando en los bares.

-¿Qué bares suele frecuentar últimamente?

-Café Ruso,

los bares del Paseo Melodía...

Últimamente también voy mucho al Moonlight.

Lo que me ha quedado grabado

es el momento en el que ese tío me quitó el reloj.

-Lo hemos leído, somos conscientes. Era un reloj muy caro, ¿no?

-Hola, hermanito.

-¿De dónde vienes? Estamos hasta arriba de trabajo.

-Tranquilo.

Vengo de recoger un regalito que me he hecho.

-Quítatelo ahora mismo.

Si alguien lo ve nos podemos meter en un lío.

-Anda, no seas exagerado.

¿Quién se va a fijar en un simple peluco? Pesado.

-La información que ha sacado Fede de los móviles de Muñoz

es muy completa.

Tenemos todo un listado de contactos

con teléfonos y correos electrónicos.

Pásale el listado de los sospechosos a Ochoa y a Salgado,

¿vale?

¿Qué hacemos con el resto?

El resto de gente que tuvo contacto con Muñoz,

pero que no tenemos pruebas fehacientes

de que hayan comprado ningún arma. Espera. Tony, por favor.

Silvia te va a pasar un listado de personas

que han estado en contacto telefónico con Muñoz.

¿Muñoz el traficante de armas? Efectivamente.

Quiero que hables con todos y averigües si alguno de ellos

le compró un arma.

Hay que localizar todas las armas que haya por el barrio.

Ahora mismo me pongo con eso. Muy bien.

Joder...

Ferretería Damián.

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Servir y proteger - Capítulo 436

28 ene 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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