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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 431 - ver ahora
Transcripción completa

¿Cenarías conmigo? Yo pongo la casa y las velas.

-¿Cuándo? -Esta noche.

La vida es breve.

-Nos hemos precipitado quedando esta noche.

-Lo del beso en la mejilla me descolocó un poco

y después no he parado de hacerme las típicas preguntas.

-¿Qué preguntas?

-Si te gusto, qué va a pasar...

-Claro que me gustas, Espe.

-¿En serio?

Creo que esta relación va a ser diferente a todas.

Como que lo tengo muy claro.

-Tampoco te tienes que ilusionar tanto.

Os acabáis de conocer. Igual te precipitas.

-Hay algo de Álvaro que debes saber. La chica con la que sale.

Es inspectora de policía.

-Tú no nos dejarás con el culo al aire igual que el viejo.

-Claro que no. ¿Eres tonto? -Pues ya sabes lo que has de hacer.

-No siento nada por ti. Esto es un error.

-Tienes vía libre con Álvaro.

-De verdad, me sabe mal. -No, no.

De eso nada, aprovecha tu oportunidad.

-Para olvidar, no hace falta que te machaques cargando cajas

ni currando a tope en el taller.

Hay maneras mucho mejores.

-¿Ricardo Campos Soler? -¿Lo conoces?

-Sí, es uno de los socios del Moonlight.

-¿No sabes que tuve movida con él? -No.

-No quieres tenerme cerca porque tu madre acaba de salir de prisión.

Y tu hermano tiene antecedentes, el último un delito de lesiones.

-Yo no te tengo que pedir perdón por lo que haya hecho mi familia.

-¿Qué tal? -No me puedo quejar.

¡Espera, espera!

-¿Qué pasa? ¿Te da corte o qué?

-No, no es eso. -¿Y cuál es el problema?

-Sigo colado por Silvia.

(MAICA GRITA)

-¡Púdrete en el infierno!

-"Izbushka, izbushka", Alicia.

(Derriban la puerta)

(Confusión, disparos)

Konchalovsky ha huido. Ampliad el perímetro de búsqueda.

¿Cómo sabes que no volverá a por mí o a por ti?

La casa está rodeada de agentes del CNI.

No tienes que preocuparte de nada.

Perdóname. ¿Por qué?

Por no creerte cuando

dijiste que, tras escaparte, lo que más te importaba

era estar con tu familia.

Me tengo que ir. Mi hermana me espera.

-Supongo que lo nuestro, entonces,

será en otro momento.

-Lo nuestro es un motivo para volver en breve a España.

Nadie sabe nada de tu secuestro.

Hemos dicho que tu hijo estaba enfermo

y que estabas cuidándolo.

¿Hay algo más?

Verás, yo ahora mismo me voy para Milán.

Y me gustaría que cuando estés bien para incorporarte

ocupes mi puesto como la otra vez.

Pero ¿Antonio está bien?

Han suspendido el tratamiento, ha sufrido un paro cardíaco.

No pueden hacer eso.

Tienen que saber identificar el problema,

por qué le ha sucedido esto.

-¿Nada nuevo sobre el caso de Rita? La coartada del marido es sólida

y hemos descartado los móviles económico y sexual.

Hemos encontrado un cadáver.

De momento, solo te puedo adelantar que ha sido estrangulada.

¿Igual que Rita Blanco?

Tenemos un asesino en serie en Distrito Sur.

No quiero exagerar,

pero con el violador de la máscara empezamos así.

-Alberto Posada, estranguló a una mujer hace 8 años.

El juez decretó su ingreso en un psiquiátrico.

¿Cuánto hace que salió? Dos meses.

Desde entonces vive en Distrito Sur.

(Música emocionante)

¡Adelante!

Alicia, qué sorpresa. No te esperaba.

Quería hablar un momento con usted.

Pasa y siéntate.

¿Ha ocurrido algo? Ayer decías estar perfectamente.

¡Sí! Sí, estoy perfectamente.

Impactada por los detalles que voy sabiendo de mi rescate.

Me refiero a la participación de Fernando Quintero.

Ya.

Supongo que usted estaba al tanto de todo.

Pues la verdad es que sí. Miralles y yo lo sabíamos.

Ayer no quisimos hablarlo porque acababas de llegar a casa.

Para mí era importante conocer cómo pasó todo.

Imagino.

Iker me contó una versión edulcorada:

que la participación de Quintero había sido clave en mi liberación.

Y por la noche, Quintero vino a verme

y me contó el resto.

Entonces sabrás que, sin él,

tal vez habrías muerto asesinada en ese zulo.

Me sorprende que se jugara la vida así.

En cualquier caso, no vengo a hablar de esto.

Quería que me pusiera al día para poder aterrizar cuanto antes.

Alicia, ya hablamos de esto ayer

y me parecía precipitado.

Seguramente te sientas eufórica porque acabas de llegar a casa

y sientas que estás físicamente fuerte,

pero, en serio,

nadie se recupera en 24 horas de algo así.

Comisario, estoy bien.

No sabemos cuándo volverá Miralles y conmigo de baja

mis compañeros estarán desbordados.

Me siento mejor ayudando que en casa sin hacer nada.

Reconozco que estamos sobrepasados por el trabajo,

y por eso quiero que te reincorpores al cien por cien.

¿Eh? Tómate al menos un par de días.

Disfruta de Leo y de Iker, haced algo divertido con el niño.

Desconecta de esto, te lo mereces.

(Llaman a la puerta)

¡Comisario! Perdone.

No, pasa, pasa.

Alicia, ¿qué tal estás? ¿Te incorporas?

No, todavía no.

¿Sigue enfermo Leo?

Está mejor, pero aún no puede ir a la guardería.

Espero que se recupere pronto.

¿Tienes algo para mí? Sí, disculpe.

La sentencia y la evaluación psiquiátrica de Alberto Posada.

Luego lo leo con detenimiento.

¿Algo importante que resaltar?

Que el homicidio que cometió hace ocho años

fue bajo los efectos de la droga:

mezcló alcohol y anfetaminas.

Sufrió un trastorno mental que lo llevó a estrangular a la víctima.

Ni siquiera tenía motivos para cometer el homicidio.

¿Ya lo tienes en la sala de interrogatorios?

No hasta que usted se lea la sentencia.

Pero Nacha y Toni lo vigilan. Cuando quiera, lo traemos.

¿Dónde está?

Hace un rato que salió de casa. Lo están siguiendo.

Dame un par de minutos.

¿Estáis buscando a Posada en las grabaciones de seguridad?

Estamos en ello.

Si necesitas ayuda, se la pides a los compañeros.

¡Hecho!

Alicia, el deber me llama.

¿Hablaban del estrangulamiento de Carolina Fuentes?

¿Tiene algo que ver con el de Rita? ¡Alicia...!

¡Desconecta! ¿Recuerdas que lo hemos hablado?

Qué remedio. Usted manda, comisario.

(Televisión en italiano)

(Se abre una puerta)

¡Hola! ¡Hola!

(SORPRENDIDO) Hola.

¿Qué hacéis aquí tan pronto?

¿Por qué no llevas a tu madre

a esa "pasticceria" que tanto te gusta?

Cariño, ya habrá tiempo de pasteles.

¡Y hemos venido a estar contigo, no de turismo!

-Mira que os dije que no vinierais, pero nada, ni caso.

Primero viene una y luego la otra.

Antonio, has tenido un infarto, que no ha sido un catarro.

¿Cómo no íbamos a venir?

Además, estoy contenta de que estemos juntos,

aunque haya sido por esto.

¡El equipo Torres-Miralles es un equipo que se apoya siempre!

Claro, tu familia te quiere y por eso hemos venido.

Vamos a dejarlo aquí, venga.

No tendré razón, sois dos contra uno.

¡Ahora resulta que venir a verte es un complot entre las dos!

No vas muy desencaminada, no.

-¡Ay, papá, de verdad!

¿Te estás oyendo? Pareces un cascarrabias.

Mira, si quieres hacernos creer que te molesta que vengamos,

haz lo que quieras, pero no cuela.

Di lo que quieras, pero ¿cómo vas a estar mejor tú solo

a 1600 kilómetros de casa?

No me puedo ni imaginar lo asustado que te sentiste

al despertarte solo del infarto.

-Tienes razón, pasé mucho miedo.

Menos mal que soy médico

y ya tuve un infarto y detecté las señales.

Sabía que algo iba mal.

-¿Por qué no nos avisaste antes?

-¿Y qué iba a deciros? ¿Que había dormido mal

y que me costaba respirar?

Me levanté mareado, con náuseas,

conté mis sospechas a las enfermeras y me monitorizaron.

En cuanto empezó a dolerme el pecho y la espalda,

se confirmaron mis sospechas.

(INAUDIBLE)

No pasa nada, en seguida me reanimaron.

Pensé que...

no os iba a ver más.

Me alegra mucho que hayáis venido y que estéis a mi lado.

¡Pero no quería que me vierais otra vez postrado en la cama!

No te preocupes, yo creo que será por poco tiempo.

He quedado con el doctor Salazar a lo largo de la mañana

y seguro que me dirá los resultados de las pruebas que te hicieron.

Y ojalá diga que puedes reanudar el tratamiento.

¿Hay algo que no nos has dicho?

No confiaría mucho en los resultados.

¿Por qué dices eso?

Igual la terapia está siendo muy invasiva

para un corazón tan débil como el mío.

¡No creo!

El doctor te hizo un montón de test antes de iniciar el tratamiento.

Era condición imprescindible para entrar en el programa.

No creo que se arriesgue a que falle el programa por eso.

Hablas como uno de nosotros. (SE QUEJA)

Me he dado cuenta de que estoy cansado de tantas pruebas,

esperas, efectos secundarios...

No quisiera reanudar el tratamiento.

¿De qué estás hablando?

Que esto no está siendo fácil para mí.

Estoy lejos de casa, no hay avances...

No sé de dónde sacaré fuerzas.

-¿Y qué estás diciendo? ¿Que te vas a rendir?

-Quiero volver a casa.

Y que la enfermedad siga su curso.

¡Sabes que eso significa dejarte morir!

No vamos a hablar más del tema hasta que venga Salazar

y nos dé los resultados y su opinión como cardiólogo.

-Tiene razón.

¿Has visto lo que ha madurado nuestra hija?

-Mira, dan mejor resultado las plásticas,

pero a mí me gustan más estas,

porque tienen aquí una película de goma.

Esto evita que rayen el suelo.

-El caso es que son demasiado altas.

¿No las tenéis regulables?

-No, he mirado y solo son las de mueble de cocina.

-No me valen.

-Se me ocurre que las cortes a medida.

-Lo estaba pensando.

-¿Tienes sierra o las cortamos aquí? -No, tengo.

Me gustan las chapuzas y tengo de todo en casa.

Ponme cuatro pares de patas metálicas.

-¿Algo más?

-Sí, me vas a dar también un bombín de grafito

para una cerradura. Y me haces una factura.

-Cuando dices "chapuzas"

quieres decir que te dedicas a esto, ¿no?

-No, ni mucho menos.

-Pues lo parece.

-Es porque hice un taller ocupacional de bricolaje

y me enseñaron un poco.

Entre eso y que hay afición...

-O sea, se estropea una bombilla en el bloque y tú la arreglas.

-Soy el manitas oficial de la comunidad.

Por eso desde que abristeis vengo tanto.

De hecho, el bombín es para la cerradura de mi vecina.

-Y lo que hiciste con el toldo, alucinante. Que te lo cuente.

-Tampoco es para tanto.

-¿Qué hiciste? Ve a por el grafito.

-El caso es que se me rompió la lona del toldo.

Y, por no estar remendando todo el rato,

compré silicona acética y lo mezclé con aguarrás.

-Yo me encargo.

Buenos días.

Inspectora Silvia Orestes, comisaría de Distrito Sur.

¿Es usted Alberto Posada?

-Sí, ¿por qué?

-Acompáñenos a comisaría. Serán solo unas preguntas.

-Pero...

-Acompáñenos, por favor.

-¿Te importa guardarme esto? Luego me paso y te pago.

-No te preocupes.

-Toma, Marisa, lleva esto a Contabilidad. Gracias.

¿Sí?

¡Iker!

Qué sorpresa, no esperaba tu visita.

¿Vienes a verme a título personal o profesional?

Más bien lo segundo.

Siéntate.

Supongo que te enviará Fidalgo con algún mensaje para mí.

Ya sabes que él se deja ver poco.

Sí.

Estaba tomando algo, ¿quieres un café?

Anoche no era el mejor momento para comentarte nada,

por eso he preferido pasarme.

(Cafetera)

Te lo agradezco.

Creo que has hecho un buen trabajo.

Y hasta que entres en prisión,

podrás seguir dirigiendo Transportes Quintero.

Me sorprende mucho.

Y te agradezco que pueda seguir siendo propietario

de Transportes Quintero.

Tengo que pensar urgentemente

en alguien que pueda dirigir esto mientras yo esté... fuera.

Y ahora que hablamos de trabajo, quiero preguntarte algo.

¿Qué pasa con los escoltas que tengo en la puerta

mal disfrazados de vigilantes de seguridad?

¿Van a seguir ahí hasta el día del juicio o hasta cuándo?

Eso no depende de mí.

¿Por qué? ¿Te molesta?

No... Todo lo contrario.

Sobre todo ahora que Konchalovsky estará muy cabreado

y me habrá convertido en su principal objetivo.

Por eso puedes estar tranquilo. ¿Tranquilo?

Konchalovsky sabe que yo hacía negocios con Oleg,

así que ya seré su principal sospechoso.

Ese tío no va a parar hasta saber por qué murió su mano derecha.

Oficialmente, Oleg no está muerto.

¿Cómo? Sí...

Simplemente, ha desaparecido.

Si Konchalovsky lo investiga,

descubrirá que el CNI capturó a Oleg y el cantó la Traviata

diciéndonos dónde tenían a Alicia.

No sé.

No sé si Konchalovsky se va a tragar todo eso.

Los rusos tienen un código de honor y jamás se traicionan entre ellos.

Lo hará si sigue las pistas que hemos dejado.

Aparentemente, hemos puesto fuera de circulación a Oleg.

Está en un refugio fuera de Europa

custodiado por agentes del CNI.

¿Te suena de algo esta historia?

Sí que me suena, sí.

Solo espero que funcione. Y lo hará.

No hemos dejado nada al azar.

Un agente ha cruzado la frontera de Mauritania

con el pasaporte de Oleg y su móvil.

Supongo que habréis hecho uno de esos montajes vuestros,

trucando fotos, como hicisteis con mi muerte.

Ver para creer.

Vaya.

Es impresionante.

Estoy realmente impresionado.

La mejor forma de conseguir información es contarle a alguien

la verdad que quiere creer.

Esa es una muy buena frase, sí, señor.

Te dejo seguir trabajando. Espera un momento.

Dices que lo más probable es que Konchalovsky no venga a por mí.

Y no lo hará.

¿Y qué pasa contigo?

Ese tío querrá seguir vengando la muerte de su hijo.

Es un riesgo con el que debo convivir.

No es el primer criminal que me la tiene jurada.

¡Iker!

Ten cuidado.

(Teléfonos sonando)

¿Van a decirme de una vez qué estoy haciendo aquí?

-¿Dónde estuvo la noche del 24 de noviembre?

-Todavía no me ha dicho por qué quiere saberlo.

-Primero dígame dónde estaba la noche del 24 de noviembre.

-Estaba en casa.

A la mañana siguiente tenía que hacerme una analítica,

y no quería acostarme muy tarde.

-¿Análisis de qué?

¿Rastreo de sustancias?

Tengo entendido que tiene prohibido su consumo.

-¿Por eso estoy aquí? No he tomado nada.

Puede pedir mi historial médico.

Era un análisis rutinario.

A veces sufro de anemia.

-Afirma que la noche del 24 de noviembre estaba en casa.

¿Había alguien con usted?

-No. Ya le he dicho que quería acostarme pronto.

Vivo solo.

-Ahora necesito que me diga

dónde estaba la noche del 30 de noviembre.

-No lo sé. Es que así, en frío...

-Esta fecha.

-Esa noche...

Déjeme pensar.

Esa noche me quedé en casa viendo la tele.

-¿Solo? -Sí, ya le he dicho que vivo solo.

Aunque eso imagino que ya lo debe saber.

Lo tendrá ahí en esos papeles.

-Sí, en eso tiene razón. Aquí está todo.

-¿Por qué me saca estas fotos?

-¿Reconoce a alguna de estas dos mujeres?

-Sí, a ella. Es Carolina, la de la panadería.

-Carolina Fuentes y Rita Blanco.

-Solo conozco a Carolina.

-¿Seguro que no le suena la cara de Rita Blanco?

-Le juro que no la había visto en mi vida.

-"OK", centrémonos en Carolina. ¿Qué puede contarme de ella?

-Pues sé que ha muerto asesinada.

Todo el mundo en el barrio lo sabe.

-Me interesa su relación con ella.

-Pues iba a comprar todos los días el pan.

Nada más. -¿Nada más?

-Un momento...

¿30 de noviembre?

¿Esa es la noche en que mataron a Carolina?

¿Me está preguntando si yo la maté?

-Hay coincidencias en la manera en la que murieron estas dos mujeres

y el asesinato que usted cometió hace ocho años.

Mismo "modus operandi",

y no tiene coartada para esas dos noches.

-¿Está usted insinuando...?

Es una acusación muy grave. -Estos delitos también.

-Pero está basando sus acusaciones en una casualidad.

-¿Es casualidad que estrangulase a una mujer hace 8 años?

-¡Entonces yo no era consciente de lo que hacía!

Tuve un brote psicótico, no me acuerdo.

Mezclé anfetaminas con alcohol... Me dijeron...

¡Algo explotó en mi cabeza! Yo no...

-Yo creo que este tiene el tamaño ideal.

-¿No crees que es un poco corto?

Te lo digo porque, si viene muy justo,

tendrás que hacer malabarismos para cerrar la taquilla.

-Sí, tienes razón. ¿Este mejor?

-Ese tiene mucho más tu estilo.

-Sí, es bonito. Pero el cierre de combinación no me convence.

Yo soy más de llave, más tradicional.

-¿Seguro que habláis de candados?

-No necesito ningún candado.

Las taquillas van con cerradura.

-¿De verdad, Espe?

-Es que he visto que hay un ciclo de cine de los noventa

en los cines Verne,

y esta noche proyectan "Nueve Meses".

No sé si la habrás visto. -No, no la he visto.

-Es muy chula.

Es una comedia romántica de Hugh Grant,

que él es un psicólogo de éxito,

con la típica vida de amor y lujo y todo eso...

Hasta que su chica le dice que está embarazada

y ya se lía una...

Ah, y luego hay un ginecólogo por ahí que es muy cachondo.

Pero mejor no te la cuento y la ves, ¿no?

-Es que me tengo que quedar con Damián a hacer el inventario.

Pero podemos ir mañana, ¿no? -Ah, ¿mañana?

-Como es un ciclo, cada día proyectan una.

No sé cuál será mañana.

-Anda, Pablo, no dejes así a la chica. Vete al cine con ella.

-¿Te paso a buscar cuando cierres?

-¿Me dejas pasar por casa a cambiarme?

-Claro. ¿Quedamos a las 21:00 en la puerta del cine?

-A las 21:00 en la puerta.

-¡Bien, chao!

-Chao, Espe.

-Candados, ¿no?

Candados. Anda, que como no andes más espabilado...

-Gracias por echarme un cable.

-Gracias no. Ve haciendo el inventario.

-¡Esto es increíble!

-Por favor, cálmese y vuelva a sentarse.

Se trata tan solo de unas preguntas.

-Mire, inspectora:

le juro que no tengo nada que ver con estas dos muertes.

Respecto a lo de hace ocho años,

el juez reconoció que era enajenación transitoria.

-Por eso ingresó en un módulo psiquiátrico.

-Claro. Yo ni siquiera me acuerdo.

Pero sé que el brote psicótico fue provocado

por un cóctel de drogas y alcohol.

No he probado una gota desde que salí.

Estoy curado.

Esa etapa de mi vida ya pasó.

Lo que hice marcó mi vida para siempre.

¿Cómo se sentiría si le dicen

que ayer mientras dormía le quitó la vida a un inocente?

-Me cuesta imaginarme en esa situación.

-Pues yo se lo diré.

No hay un día que no maldiga lo que hice.

Mientras estuve internado fue fácil,

los tranquilizantes hacían su papel.

Y las terapias me ayudaban a salir adelante. Pero aquí fuera,

¡aquí fuera es distinto!

Me enfrento a mis demonios cada día.

Intento mantenerme ocupado la mayor parte del tiempo.

Por eso me paso el día haciendo arreglos.

Pregunte en la ferretería. Voy mucho por allí.

Soy inofensivo, nunca le haría daño a nadie.

Y menos a alguien como Carolina.

-¿Por qué?

-Porque la conocía.

Era muy maja conmigo en la panadería.

¡Por favor, tiene que creerme!

-"Estoy deseando creerle.

Pero necesito que me dé más datos de las noches del 24

y el 30 de noviembre".

¿Alguien le vio? ¿Una llamada de teléfono?

¿Algún vecino que le viese sacó la basura?

Cualquier detalle puede ser útil.

-Ya le he dicho que el 24 estuve cenando en casa

porque tenía que madrugar para hacerme la analítica.

Y el 30 estuve viendo la tele.

-¿Qué vio? ¿Un programa? ¿Un partido?

-¡Yo qué sé!

Por favor, ya le he dicho todo lo que quería saber.

-Una última pregunta. Dice que va mucho a la ferretería.

Rita Blanco también solía ir, así que vuelva a mirar la foto

y dígame: ¿no la reconoce?

-No, no me suena.

-Aunque no suelo mirar a la gente por la calle.

Desde que salí del centro me he vuelto tímido.

A veces me cuesta mirar a la gente a los ojos.

-"Puede que esto le refresque la memoria".

(Música tensa)

Orestes, por favor, ¿puedes salir un momento?

Ahora vuelvo.

-¡Eh! ¿Qué pasa, Damián? -En, ¿qué tal?

-Bien. ¿Te importa que me siente? -No, siéntate.

-Me iba a pasar a preguntarte una duda, pero te pregunto ya.

Mi madre tiene la costumbre en el bar

de colgar las fotos de los clientes en la pared.

Y el otro día apareció el Pitingo. -¿Pitingo?

-Sí, estaba tocando en Carabanchel. Mi madre es fan loca...

¡Se puso... ! Les hice una foto y me molaba colgársela en la pared.

Y no sé qué brocas usar.

-Con una de 4 mm vas que te matas. -Sí, ¿no?

-Pues luego me paso a por brocas, alcayatas y tacos.

-Cuando quieras. Eh, una cosa.

Esta mañana ha estado en la ferretería

la inspectora... ¿Silvia?

-¿Silvia Orestes? -Eso.

Ha venido preguntando por un hombre, por Alberto.

-Sí, estoy al tanto.

-Y se lo ha llevado para hacerle unas preguntas...

Este hombre había hecho unas compras y me ha dicho que luego las recogía.

Y no sé si va a volver. -En cuanto acabe, irá a por ellas.

-Si lo han detenido, no vuelve.

-Hasta donde yo sé, le están haciendo unas preguntas.

-No será por lo del estrangulador.

-No, ¿por qué dices eso?

-Un hombre ha entrado diciendo que han detenido a un sospechoso.

Mucha casualidad, ¿no?

Aparte, un periódico digital ha publicado las iniciales A.P.

Coincide: Alberto Posada.

-¿Cómo que un periódico digital?

-Sí. Era esto, espérate.

(Música inquietante)

(Portazo)

-Yo no creo que le haya presionado demasiado.

Creo que es culpable y quiero hacerle confesar.

Enseñarle las fotos de las víctimas es contraproducente,

se ha bloqueado. No es ningún ángel,

mató a una mujer con sus propias manos.

Cuando cometió ese homicidio

estaba en un momento de enajenación. No recordaba nada.

Fue un brote psicótico por mezclar pastillas y alcohol.

Anfetaminas, no eran vitaminas precisamente.

En cualquier caso, estuvo ocho años en un psiquiátrico.

Sí, pero ahora está fuera y eso es lo que importa.

Estoy convencida de que miente.

Tiene conducta nerviosa, pestañea y no mantiene la mirada.

Vale. Puede que sus respuestas no sean convincentes,

pero, si estás tan convencida, demuéstralo con pruebas.

¿Buscar su confesión no le parece suficiente?

Si lo presionas,

confesará hasta la muerte de la madre de Bambi.

Necesitamos estar completamente seguros,

porque, si al final no es él,

el verdadero estrangulador puede estar buscando otra víctima.

¡Está bien!

(Llaman a la puerta)

-Permiso, comisario.

Seguimos revisando las cámaras de la panadería de Carolina

y hemos identificado a Alberto Posada.

-No es ninguna novedad.

Ha confirmado que era cliente habitual,

y no es de extrañar que salga en las grabaciones.

-Lo sé, pero también tuvo una discusión con Carolina.

No hay sonido, pero las imágenes son muy elocuentes.

-Eso no lo ha mencionado en el interrogatorio.

De hecho, ha dicho que Carolina era muy simpática con él.

-Por la bronca que se aprecia en las imágenes, no diría lo mismo.

Carolina estaba bastante cabreada.

Lo primero que quiero es ver esas imágenes

y yo valoraré si son concluyentes de cara al juez.

Envíamelas cuanto antes y continuad con el visionado.

Con suerte, ha sido captado en más lugares.

Muy bien.

(Puerta cerrándose)

(Sirenas de ambulancia)

(OLGA BESA A ANTONIO)

Bueno, ya estamos aquí.

¿Qué tal con el doctor Salazar?

Bien, luego vendrá él mismo a explicártelo.

¿Tan malos son los resultados? ¡No!

Nos ha confirmado, para empezar,

que el tratamiento no tiene que ver con el infarto. Fue otra cosa.

Vamos, que no hay avances,

que estoy igual o peor que cuando empecé.

El problema es que tu corazón no está bombeando

con la suficiente fuerza, porque está débil.

Ya decía yo que esto era una pérdida de tiempo.

-No digas eso. Dice que hay una alternativa.

Consiste en implantarte un dispositivo

que haría las veces de corazón artificial.

Así tu corazón no sufriría por tanto esfuerzo.

Nos ha enseñado unas muestras que tenía en su despacho

y es un dispositivo que se llevaría en una mochila o algo así.

-Sé muy bien de qué dispositivo habláis, un VAD,

un dispositivo, de asistencia cardíaca.

Si os lo han explicado bien,

sabréis que eso implica una operación.

-¡Sí! ¡Y después de la operación no tienes pulso!

¡Imagínate la de bromas que puedes hacer!

(GIME REPROCHANDO)

Yo lo decía por animarte.

Como eres tan bromista, por ver el lado positivo.

Lo positivo es que no tendrían que implantar

un corazón artificial como tal,

porque esa operación sí sería más complicada.

Sí: tendrían que extraerte tu corazón,

e implantar el dispositivo, como un trasplante normal.

-Dejad de tratarme como a un tonto, que sé de qué estamos hablando.

Entonces ¿por qué te empeñas en afrontarlo con negatividad?

El doctor Salazar lo que dice es que implantar ese dispositivo

le daría tiempo a tu corazón a recobrar la fuerza, ¿vale?

Y poder reanudar el tratamiento cuanto antes.

Claudia, todo esto yo ya lo sabía.

Esta mañana estuve reunido con Salazar

y me comunicó el diagnóstico.

Pero, bueno, ¿y por qué no nos has dicho nada?

Él ha actuado como si no lo supieras.

Porque quería que os lo explicaran desde cero.

Si os lo contaba yo, pensaríais que exageraba para irme a casa.

-Por eso decías que no querías continuar el tratamiento, ¿no?

Antonio, piénsatelo bien, te lo ruego.

Ya está todo pensado.

Salazar está esperando que le diga mi decisión.

(GRITA) -¿No ves que sin ese dispositivo

antes o después te dará otro infarto?

-Quiero volver a casa.

Quiero estar con mi gente, con mi vida, el tiempo que me quede.

No quiero seguir siendo un conejillo de indias.

Además, esa operación tiene sus riesgos.

Soy el enfermo y tengo derecho

a decidir cómo pasar el tiempo que me quede.

Y tengo claro que no será entre estas cuatro paredes.

-Esa operación te está dando una oportunidad,

¡y lo que haces es hablar como si ya estuvieses muerto!

(Portazo)

Por eso no querías que viniéramos,

para que no nos enterásemos de que te vas a dejar morir.

Por eso, ¿no?

(La puerta se cierra)

En cuanto averigüe lo ocurrido, tomaré las medidas pertinentes.

Gracias. (LLAMA A LA PUERTA)

Adelante.

Con permiso, comisario.

No traigo buenas noticias.

No dejan de entrar llamadas pidiéndome la confirmación

de la detención del estrangulador. Sí, sí...

Un diario digital ha publicado que tenemos un sospechoso.

Jefatura me lo acaba de reprochar.

Han publicado las iniciales de Posada,

diciendo que es vecino de Distrito Sur.

Ya. El periodista que haya recibido el soplo,

no ha tenido más que investigar un poco su pasado

y habrá descubierto que Posada

fue condenado hace 8 años por estrangular a una mujer.

Habrá fabricado la noticia desde allí.

Y ¿cómo quiere que procedamos?

Silvia dice que se cuidó de dar datos cuando fue a por Posada.

Pero en la ferretería, además del dueño, había un cliente.

A lo mejor por ahí... Puede haber sido cualquiera.

Con la comunicación digital es difícil guardar un secreto.

Por lo menos no han publicado nada de la condena de Posada.

Se lo reservarán para alargar la noticia.

¿Y qué quiere que hagamos?

Decir que no tenemos a ningún sospechoso

y que estamos trabajando muy en serio en este caso.

Y, bueno, luego, si no aguantamos un par de días con esto,

haré una rueda de prensa, si continúan los rumores.

¿Cuál es la situación real de Posada, comisario?

Digamos que no tenemos pruebas para tenerle detenido

pero él tampoco tiene coartada para las noches de los homicidios.

Entonces, su situación...

Es muy delicada.

"Chist... Venga, mi amor, a dormir".

(Timbre de la puerta)

(CON ACENTO FRANCÉS) Srta. Alicia Ocaña, traigo su pedido.

¿Qué haces tan cargado? Te recuerdo que aquí vivimos tres personas

y una se alimenta a base de papillas.

Por cierto, creo que he conseguido dormirlo.

Me mandaste a comprar la cena, pero no me dijiste qué querías,

así que te he traído comida japonesa o mexicana,

para beber vino o cerveza y, de postre,

helado o helado; eso lo tenía claro.

¿Te has vuelto loco? Va a sobrar mucha comida.

Lo guardamos para mañana, así no tenemos que cocinar.

Bueno, ¿qué eliges? ¿Japo o mexicano?

Creo que le vamos a dar al picante.

¡Hale!

Tiene muy buena pinta.

Bueno, ¿qué tal la tarde?

Pues tranquila: cuando Leo se despertó de la siesta,

fuimos a dar un paseo por el parque y después hemos jugado.

Me alegra que hayas decidido tomarte un par de días libres.

Aunque lo hayas hecho por sugerencia del comisario

cuando yo ya te lo dije.

Me lo ha ordenado, es mi jefe. Ya veo que no pinto mucho.

Venga, sabes que eso no es cierto.

¿Y qué tal tu día? ¿Algo que puedas contarme?

Fui a ver a Quintero

para informarle de cómo queda todo tras la muerte de Oleg.

Y...

¿le has dicho que tendrá que ingresar en prisión?

(ASIENTE)

Sé que es lo que debe ser,

pero no es la misma persona que cuando cometió esos delitos.

Yo también pienso igual.

Después del desembarco de Somoza Quintero cambió.

Es plenamente consciente de todo lo que ha hecho

y creo que está realmente arrepentido.

Tiene asumido que pasará unos años en la cárcel,

pero le preocupa más

la posible venganza de Konchalovsky.

¿Le vais a mantener la vigilancia? De momento sí.

Pero, cuando venía, mis compañeros que están asentados en el este

me dijeron que Konchalovsky ha vuelto a Rusia.

¿Eso qué quiere decir? Es pronto para saberlo,

pero es posible que se haya tragado la traición de Oleg

y haya desaparecido, al quedar su red comprometida en España.

No creo que se haya olvidado de la muerte de su hijo.

Está lleno de ira, yo misma fui testigo de ello.

Pero no podemos tener miedo. No debemos hacerlo.

Además, hemos demostrado que somos más fuertes que él.

¿Por qué eres siempre tan convincente?

Porque me entrenan para ello.

(RÍEN Y SE BESAN)

¡Bobo!

Ah, gracias.

(RÍE)

(Sirenas lejanas)

¿Damián? -Sí, soy yo.

-Me han dicho que te dé esto.

(Sirena lejana)

-He terminado el conteo del material de fontanería.

¿Y esta caja?

Pensaba que ya habían traído todos los pedidos que esperábamos.

-Sí. Esta la he pedido por internet. Es personal, es para casa.

¿Y esa americana? No la traías puesta.

-La he cogido cuando he ido a comer a casa.

-Ah, claro. ¿Y la etiqueta?

-¡Ah!

La he comprado en la tienda de al lado de la óptica.

¿Qué te parece?

-Que debe importarte mucho la cita para preocuparte tanto.

-Es que después de lo mal que me lo monté la última vez,

quiero que esta cita salga muy bien,

porque quiero que Espe sepa que voy en serio.

-Podrías haberte ahorrado el dinero.

Con el tonteo de esta mañana ha quedado claro que estás pillado.

-Damián, me sabe mal dejarte aquí con el inventario a medias...

-No te preocupes. Prácticamente ya está hecho.

Ven aquí que te quite la etiqueta. Parece que estés en el escaparate.

¡Fuera! Toma, anda.

-¿Has terminado? -Sí.

No, deja esa caja aquí.

-La voy a meter dentro. (BRUSCO) -Sí,

pero tengo que revisar si ha llegado correctamente.

-Vale.

(Música inquietante)

Bueno, pues me voy. -Muy bien. Toma.

Llévale esto.

-¿Esto? -Sí.

¿Para qué?

-Es una romántica, ella lo va a entender.

-Pero si ya me ha dicho que no utilizan candado.

-¿No sabes que los puentes están llenos de candados de estos?

-Sí, bueno... Pero igual es un poco pronto.

Yo lo tengo muy claro, pero igual ella se agobia.

-Llévaselo, hazme caso.

-Gracias, Damián.

(Música inquietante)

(Campanilla de la puerta)

(Música de tensión)

-¿Cómo va la noche, Merinero?

-De momento tranquila.

-Aprovecha para tomar un café. Voy a hablar con Posada.

-Muy bien.

(Música inquietante)

-¡Inspectora!

Quiero ver a un abogado.

-Y yo quiero que vea unas imágenes.

¿Nos ha ocultado información?

Hay pruebas de que tuvo un enfrentamiento serio

con una de las víctimas. -¿Yo, un enfrentamiento?

Le juro que no me acordaba de esto. Yo no he ocultado nada.

-Le falla mucho la memoria. No recordaba esto,

no recuerda qué vio en la tele la noche del asesinato de Rita...

Igual que cuando estranguló a Belén Sánchez.

-Ya le dije que fue accidental.

Yo no me acordaba, fue un brote psicótico.

Así lo diagnosticaron. Por eso me recluyeron.

-Ya me lo ha contado. No volveré a recordarle

que estranguló a una mujer hace 8 años.

Prefiero que hablemos de Carolina.

-Yo no le hice nada.

-Pues en esas imágenes parece que no se llevaban muy bien.

-Lo único que demuestran es que discutí con ella.

-¿Cuál fue el motivo?

-Me dio mal las vueltas y, cuando se las reclamé,

pensó que le quería timar y se puso a la defensiva.

-¿Quiere que me crea eso?

-Es lo que pasó.

Le di un billete de 20 y ella me dio las vueltas de 10.

Yo se lo reclamé,

estaba convencido de que tenía razón.

Entonces nos enzarzamos en una discusión.

-¿Y cómo acabó todo eso?

-Me dijo que cuando hiciera caja a final del día

comprobaría si le sobraban diez euros.

Y así fue, me los devolvió al día siguiente.

-Al día siguiente. ¿Está seguro?

(MUSITA) -Sí.

-Al día siguiente no pasó por ahí.

No vuelva a mentirme.

Hemos repasado todas las horas de grabación.

-Yo pasé por delante de la panadería camino del mercado.

Carolina me vio, salió de la tienda

y me llamó para decirme que tenía razón.

Me devolvió los diez euros.

Y allí no había cámaras. (RÍE) -Qué casualidad.

-¿Por qué no me cree?

-Me extraña mucho que omitiera este incidente

si resulta que recuerda tantos detalles.

-¿Qué tengo que hacer para que me crea?

-Contarme toda la verdad.

-Estoy cansado y necesito mi medicación.

-Voy a su casa y se la traigo. -¡No!

¡Lo que quiero es salir de aquí!

¡Hable con mi psiquiatra!

Tengo que tomar mi medicación. ¡Soy inocente, no hice nada!

(SILVIA) -Piénseselo.

Tiene tiempo antes de pasar a disposición judicial.

No creo que el juez tenga tanta paciencia.

-¡Soy inocente, sáqueme de aquí!

¿Qué significa esto, Orestes?

Sabes que no puedes ir con esto ante el juez.

Lo sé. No tienes pruebas suficientes,

no hay testigos, ¡escúchame!

La discusión de la panadería no aguanta el caso.

Deme tiempo, comisario.

Sé que Alberto Posada es culpable.

Su psiquiatra dice que se medica para evitar episodios disociativos.

¿Y sabemos si toma la medicación todos los días?

No. Pero su psiquiatra me ha contado cómo vive su enfermedad.

No cree que tenga disociaciones, cree que tiene lagunas,

que no recuerda algunas cosas.

Y eso demuestra que no es muy constante con su medicación.

¿Qué pretendes presionándole así?

Si le hago creer que puede volver a ser recluido,

quizá se derrumbe y acabe contándonos toda la verdad.

No me gusta nada,

pero es lo único que tenemos.

Adelante.

¿Seguro que no se enfadarán tus compañeros de piso?

(ESPE RÍE)

-Sí, segurísima. Además, para tu tranquilidad,

no hay nadie, porque estaba la llave echada.

(Sirenas lejanas)

Pues, ¿qué? ¿Quieres otra copa de vino?

-Pero solo si bebes conmigo.

Y no abras una botella por mí.

-No, si hay una abierta de anoche.

Además, yo también voy a beber. ¿Qué te crees?

Toma.

(ESPE SUSPIRA)

(PABLO SE RELAME)

-Qué rico.

-¿Sí? ¿Te gusta? (ASIENTE)

Parece que hoy sí que estoy acertando en todo.

¿No lo estarás diciendo

para quedar bien conmigo? -No, para nada.

¿Te estoy dando esa sensación?

-¡No! No, no.

Es que cuando me has dicho que te ha gustado la película

no parecías muy convencido.

-Te juro que me ha parecido superdivertida.

-Es que mi Hugh es mucho Hugh.

-A ver, mira: yo con las aficiones soy siempre muy sincero.

Porque, no sé, imagínate...

que a ti te gusta, yo qué sé, correr maratones

y yo, por agradarte, te digo que a mí también.

-¡No te preocupes que no me ha dado nunca por ahí!

(RÍE)

¿Qué pasa?

-Nada.

A ver, Espe,

yo estoy muy a gusto contigo.

-Y yo.

-Y... y, bueno, antes de que vayamos a más,

creo que debemos hablar algo.

-Claro, dime.

(DUDA)

-A ver, me gustas mucho, Espe, mucho.

Y...

-Y tú a mí.

-A ver, ¿cómo te puedo decir esto

sin que...? Mira, así, a lo bruto.

Yo no estoy buscando a una mujer para una sola noche.

Yo quiero saber

si tú sientes lo mismo que yo

y si... No sé, si...

si estás buscando algo serio.

(SUSURRA) -Ven.

Esta es mi respuesta.

¿Te parece suficiente?

(ESPE RÍE)

¡Qué...! ¿Qué es eso ahora?

-No sé, una cosa que me ha dado Damián.

A ver, me ha dicho...

que si quería ir en serio contigo...

que te diera esto,

que tú sabrías lo que es.

-Ay, qué bonito.

-¿Te gusta de verdad?

-Me encanta.

Ven.

(Música melancólica)

(SUSPIRA)

Ya imaginaba que no estarías dormido.

No logro quedarme dormido, no.

(SUSPIRA)

Verás...

hemos estado hablando Olga y yo y hemos pensado

que tienes todo el derecho del mundo

a no querer seguir con el tratamiento.

Así que, si eso es lo que verdaderamente quieres,

pediremos el alta voluntaria y nos vamos a Madrid,

cuando tú puedas, claro.

¿De verdad? Claro que de verdad.

Lo que espero es que hayas valorado que tu corazón igual no resiste

tanto traslado, el avión y todo eso.

Sería una pena que tus planes de despedirte del barrio y de todos

se frustraran porque al final

terminarás muriendo en el cielo en mitad de la nada.

Comprendo que estés enfadada, pero no hace falta tanta crudeza.

Si te parece que hablo con crudeza, lo siento.

Pero, vamos, si tú quieres renunciar,

yo de acuerdo.

Pero no me pidas...

No me pidas que lo acepte de buen grado.

Y mucho menos a Olga.

¿Dónde está?

Se ha ido a ver si le da un poco el aire,

porque no puede parar de llorar.

No entiende por qué renuncias.

Con esos reproches me haces quedar como un egoísta

y es posible que lo sea...

pero he tomado esta decisión

porque quiero pasar mi tiempo con vosotras

y en casa.

Ya.

Verás, Antonio,

si tú luchas, nosotras te apoyamos.

Porque es la mejor manera de levantarnos por la mañana

y saber que merece la pena, que tenemos esperanza.

Pero si das la batalla por perdida, ¿qué nos pides?

Que nos resignemos y que esperemos al final,

eso es lo que nos pides.

Yo no quiero eso.

Solo quiero que todo vuelva a ser como antes.

Y yo. Qué más quisiera yo que poder cambiar las cosas.

Pero lo más parecido a lo que teníamos antes

es continuar con el tratamiento.

Antonio,

Olga y yo te queremos de vuelta, te necesitamos.

Pero no solo como un enfermo, te queremos como padre

como el marido que eres.

¿Lo entiendes?

Puede que tengas razón.

No puedo dejar tirada a mi familia.

¿Eso qué significa?

Voy a seguir luchando.

Por vosotras, por nosotros.

¡Cariño!

(SOLLOZA)

Buen día.

-Somos pareja. -Pareja, ¿eh?

¡Así, un revolcón de una noche y, hala, pareja!

-No es un revolcón de una noche. -¿Por qué no?

-Pablo es muy especial.

-Quiero que eches un vistazo a esta foto.

Creemos que pueden ser el tipo de guantes

que usaron para estrangular a Rita y Carolina.

¿Los vendéis aquí?

-Sí, pero no sé a quién los hemos vendido.

-Yo sí.

Si no me falla la memoria, se llevó hace unas semanas

unos guantes como estos.

Te he traído esto. No sé si te vale.

Le vendimos un paquete de guantes que lleva tres pares.

-No me lo puedo creer. ¡La fecha de la compra!

Justo el día antes de la primera víctima.

-Como te dije, he hecho borrón y cuenta nueva.

Y reconozco que te veo transformado.

-Tú también estás cambiando. Y sé por qué.

-¿Por qué?

-Por Alicia.

Está consiguiendo que seamos mejores personas.

-Ella también ha cambiado sus sentimientos por ti.

-¿Te ha dicho eso?

-Sabes lo orgullosa que es, pero yo se lo noto.

Sabe que te debe la vida.

Me asusta cómo pueda influir su presencia sobre mi familia

y sobre mí.

Lo único que puede pasar es que bajo tu influencia

se convierta en mejor persona.

La Europol le ha dicho a Fidalgo que el ruso se ha convertido

en objetivo prioritario.

Me preocupa que estés contándome tantos detalles de este asunto.

Ahora que Oleg ha desaparecido,

Konchalovsky necesitará nuevos socios en España.

Y tú podrías ser un buen candidato.

Necesitamos que te pongas en contacto con Konchalovsky.

¡Loli! Hacía mucho que no te veía.

-Hola, Espe. -Hola.

-¿De qué la conoces?

-Detuvimos a su chulo. ¿Ha vuelto a ponerle la mano encima?

-No. El detenido sospechoso de ser el estrangulador

era cliente suyo.

Hacían un simulacro de estrangulamiento.

Ella accedía porque pagaba bien y era educado.

La noche que mataron a Carolina Ud. estaba en un "parking" cercano,

muy cercano al lugar donde mataron a Carolina.

-No lo recuerdo.

-Hemos hablado con Loli.

Sabemos que le pagaba por determinados servicios.

-¿Han hablado con ella?

(PARA SÍ) -Archivo de proveedores...

(Música inquietante)

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Servir y proteger - Capítulo 431

21 ene 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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