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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 417 - ver ahora
Transcripción completa

Quintero es un narcotraficante, reformado o no, no lo sabemos.

Pero es verdad que en alguna que otra ocasión

ha manifestado lo que te quería.

No me creo nada que venga de él.

Además, no entiendo para qué me cuentas todo esto.

Porque quiero pedirte algo. ¿El qué?

Que seas su abogado.

No me gustaría morirme de viejo aquí dentro.

-Entonces, déjame defenderte.

-Si de verdad quieres ayudarme, quizá hay algo que puedes hacer.

Podrías hablar con mi hija.

-Él solo quería una cosa, que te buscara y te diera un mensaje.

¿Qué mensaje? Que vayas a verlo.

Necesita que su hija lo visite.

-Yo, por lo que conozco a Alicia, es una tía muy justa y muy cabal.

-Ya, pero me está dejando de lado.

He pensado en pedir el traslado,

mientras esté con Alicia no aprenderé nada de lo que pasa fuera.

Es por Miguel Flores.

Te sientes responsable por lo que le sucedió,

y tienes miedo que a Silvia le ocurra algo parecido.

Pues sí, no quiero cargar con otra desgracia sobre mi conciencia.

Le he pedido a Miralles que te asigne otro inspector.

He oído hablar tanto de tu trabajo que pensaba que aprendería muchísimo,

pero me equivocaba.

Para mí también es una pesadilla trabajar contigo.

-No me dejaba ir al operativo, me empeñé y ya ves el resultado.

De todas formas, no me arrepiento.

Lo único que me sabe mal es que ella se siente responsable ahora.

-Desde que José se quedó en paro no hemos levantado cabeza.

No te lo imaginas, está por la casa como un león enjaulado,

y discutimos todo el tiempo por tonterías.

-Yo ayer la vi teniendo una bronca con su marido en el portal.

Más bien, ella aguantaba el chaparrón.

-Su marido debería saber que sus actos tienen consecuencias.

Si le pone la mano encima... -¡Te he dicho que fuimos los dos!

Y que no voy a denunciarlo. ¡Basta ya!

-Han encontrado el cadáver de una mujer estrangulada

en un portal en la calle de Los Olmos.

¿Cómo se llama? Rita Blanco.

-Nos acaban de confirmar que han visto a José Guardado,

el marido de Rita. ¿Donde?

Tirado en un banco en el parque Barlovento,

al parecer bastante borracho.

-Ya me ocupo yo. Andando.

¡He dicho que te levantes!

A mí no me dejas tirada en un portal, asesino.

¡Espe!

¿Qué te pasa? ¿Te has vuelto loca?

Unos vándalos han entrado en mi taller y...

me lo han destrozado todo.

-Hemos reventado los cristales de todos los coches.

Incluso de los clásicos.

-Ahora me toca a mí cumplir mi parte del trato.

-Te juro que a partir de ahora voy a ir a muerte con el pub.

No la voy a volver a cagar.

-Si lo llego a saber ayer. -Bueno, la oferta sigue en pie.

-¿Qué le has dicho? Dime la verdad.

-Yo le he dado una buena pasta por el taller,

y se ha quedado tan contento.

-La verdad es que el taller es perfecto.

-Y ahora es todo tuyo.

-Felicidades. Entonces, ¿montas tu propio taller?

-Sí, abrimos en unos días, así que

si tienes cualquier tipo de reparación...

A ti te hago precio especial. -Está bien saberlo.

-Ahora eres su jefe, cuidado cómo le entras.

-Está bien, no le tiraré los trastos a Sara,

ni beberé con el resto de clientes.

Me estudiaré toda esa mierda.

-Vengo de los billares Cartago y se confirma la coartada,

José estuvo allí de las nueve las dos de la madrugada

cuando cerró el local. ¿Hay testigos?

No, pero tengo algo mejor.

Hay una cámara de seguridad justo encima de la barra.

-Entonces, ¿quién mató a Rita?

Pues no lo sé,

pero está claro que no fue su marido.

(Música emocionante)

Estas grabaciones demuestran que el marido de Rita Blanco es inocente.

Está claro que él no la mató.

¿Se ha comprobado que las imágenes son auténticas,

que no están manipuladas y que la hora es correcta?

Por supuesto, Fede las ha analizado y son auténticas.

No me fío del dueño de los billares Cartago,

hace un tiempo lo investigamos porque en su local se trapicheaba.

Y según el informe, era íntimo amigo del sospechoso.

Lo sé, pero una cosa no tiene nada que ver con la otra.

Las grabaciones demuestran que José Guardado estuvo en el local

entre las ocho de la tarde y las dos de la madrugada.

Sí, su coartada es irrefutable.

Además hay testigos que aseguran haberle visto en la barra

hablando y bebiendo.

Además, en el calabozo, cuando se le pasaron los efectos del alcohol,

y tomó conciencia de que su mujer había sido asesinada,

tuvo un ataque de ansiedad.

No sé si fiarnos.

Puede ser teatro, al fin y al cabo la maltrataba.

Eso es un delito en sí mismo,

pero no lo hace culpable del estrangulamiento.

Pero dos horas antes de su muerte

Rita estuvo en comisaría dispuesta a denunciarlo por malos tratos.

Muy dispuesta no estaba, también te lo digo.

¿Qué insinúas? Quizá él se enteró,

reaccionó de forma violenta y terminó matándola.

Se supone que Rita murió entre las diez y las doce de la noche.

La única posibilidad es que José

contratara a alguien para matarla y luego fuera a los billares

para mantener su coartada.

¿Es eso lo que estás pensando? Sí.

En esos billares hay gente de la peor calaña,

dispuestos a hacer cualquier cosa por un puñado de euros.

Y por lo que sabemos,

José en esos ambientes se movía como pez en el agua.

Está bien. Investigaré a amigos y conocidos,

y también a su familia.

De todas maneras es extraño.

Normalmente, un maltratador no contrata a nadie

para agredir a su víctima.

Esas agresiones se suelen producir de manera impulsiva,

de una manera irracional, no con premeditación.

Ya, pero no hay que descartarlo, hay que manejar todas las hipótesis.

Incluso la sentimental.

Quizá Rita tenía un amante y él se enteró.

No lo sé. Yo no sabía mucho de su vida,

pero vivíamos en el mismo portal, me extrañaría mucho.

¿Y una venganza?

Quizá José tenía un enemigo peligroso y para hacerle daño

mató a su mujer. Eso sí sería posible.

José llevaba mucho tiempo sin trabajo

con grandes dificultades económicas,

tal vez pidió dinero prestado a quien no debía,

y no se lo pudo devolver.

Ya sabemos cómo castigan algunos prestamistas a los morosos.

Sí, no se andan con contemplaciones.

Abriremos por ahí una línea de investigación.

Porque queda descartado el robo.

Según el informe,

Rita conservaba todas sus pertenencias en el bolso.

Ya, pero el móvil que no deberíamos desechar es el sexual.

Imagínate que a Rita la atacan

para intentar aprovecharse de ella y se resiste.

El ataque se produjo en un callejón y luego la arrastraron al portal.

Es posible.

El asesino la estaba acechando para abusar de ella,

Rita se resistió y entonces la estranguló.

Y después dejó el cadáver allí,

en el cuarto de basura. Ya.

Pero ¿por qué ponerse guantes? ¿Llevaba los guantes preparados?

¿Eligió su víctima con premeditación, sabía quién iba ser?

Demasiadas preguntas sin respuestas.

Vamos a darle máxima prioridad a este caso,

para resolverlo rápidamente,

estos casos crean mucho revuelo mediático, y...

la opinión pública nos va a presionar mucho.

Sí, hay que evitar la alarma social como sea.

Voy a reforzar el operativo de investigación, ¿de acuerdo?

Así que es verdad que el marido de Rita estaba en los billares.

-Pues sí. Las imágenes no estaban manipuladas.

He tenido acceso a las propiedades de los archivos

y no hay ningún tipo de alteración.

José Guardado no mató a su mujer,

lo que confirma que su muerte no tiene que ver con malos tratos.

Deja de machacarte porque ella no denunciase a su marido.

-Yo, en el fondo, deseaba que Nacha se estuviera equivocando,

y que él no tuviera coartada. Eso me hace sentir fatal.

-¿Por qué deseabas eso? -Porque tendríamos un culpable.

Y José hubiera pagado por los malos tratos a su mujer,

aunque ella no hubiera denunciado. ¿Y ahora qué tenemos?

Ni culpable ni móvil del crimen ni nada de nada.

-Lo que tenemos es un puzle macabro,

pero nadie va a cuestionar tu trabajo en la UFAM.

-Ya, eso es un alivio,

y también me hace sentir mezquina y miserable.

¿Cómo puedo sentir alivio

porque Rita no ha muerto víctima de los malos tratos

cuando lo realmente terrible es que esté muerta?

-Porque el ser humano es así.

Da pena que un enfermo terminal se muera,

pero sientes alivio porque ha dejado de sufrir.

-No, no es comparable, Fede.

Lo mires como lo mires soy una egoísta.

¿Cómo puedo pensar más en mi trabajo y en mi reputación

que en la muerte de una mujer? -Eso es muy injusto.

Estás siendo muy injusta contigo.

Espe, yo te conozco perfectamente,

tú tienes un corazón que no te cabe en el pecho.

Nadie en esta comisaría tiene tanta capacidad

para ponerte en la piel del otro.

-Pero eso no quita que lo hiciese mal.

Si hubiese convencido a Rita para que denunciara,

la habríamos derivado a una casa de acogida,

y no habría estado dando vueltas de noche sola.

-Eso no lo sabes, no lo sabes.

-Lo tengo que admitir,

no estoy preparada para seguir al frente de la UFAM.

-Vamos a ver, tú no eres Superwoman,

no tienes que serlo.

Hay veces que las cosas no salen como queremos, aunque nos esforcemos.

No salen, ya está. -Pero somos policías,

y eso tiene sus consecuencias.

Y estamos para proteger al ciudadano.

Y yo no he sabido proteger a Rita.

-Dame la mano.

Espe, tú para mí eres un referente

personalmente y profesionalmente. Y no solo para mí,

sino para todos los compañeros de Distrito Sur.

Te lo digo yo.

-Gracias.

(Teléfono)

¿Sí?

Sí, soy yo.

¿La han llevado al hospital?

Bien, así podrán hacerle un reconocimiento completo,

mejor que en el centro de salud.

Sí.

Que no se os olvide rellenar todos los informes.

Aunque sea un fastidio para ella, es importante para el futuro.

Claro, para la denuncia y el juicio.

Vale. Cuando termine y se sienta mejor,

que venga por aquí y yo la atenderé personalmente.

Que no se os olvide hacer el parte de lesiones, es fundamental.

Bien.

Cuando venga que pregunte directamente por mí,

que yo estaré con ella en todo momento.

Lo tengo en mi mesa. Un momento.

-Hola. -¿Qué tal?

¿Estás preparada para mudarte hoy al piso?

-Sí, sí.

-Silvia, ¿te pasa algo?

Estás más callada de lo normal.

-No.

¿Tú tuviste mucho trato con Miguel Flores?

-Sí, yo le enseñé la comisaría, estuvo en mi despacho...

Este chaval estuvo en prácticas

y participó en el operativo de la detención de Sofía Collantes.

-Lo sé, le pegaron un tiro en la pierna.

-Pobre chaval.

-Hoy pasó a saludar al comisario y a Alicia,

y he tenido ocasión de conocerlo.

Es muy majo.

-¿Todo bien?

-Era del centro de salud, un caso de violencia de género.

Les estaba recordando las pautas para que informase. Luego vendrá la chica.

¿Vosotros de qué hablabais? -Estábamos hablando de Miguel Flores.

-Ah, sí, muy buen tío.

Iba camino de convertirse en un buen policía.

Ese tiro lo echó todo a perder.

Quería formar parte de los GEO, pero mira.

-Sí, fue un operativo bastante "heavy"

porque todos los hombres de Sofía Collantes,

la gente del cártel de Sinaloa, fuego cruzado...

Mogollón de policías quedaron heridos,

al menos él lo puede contar.

-¿Y no es muy raro que alguien recién llegado

todavía en prácticas participase en un operativo tan peligroso?

-No es lo habitual, pero él se empeñó,

y terminó convenciendo a Alicia.

-Porque patrullaban juntos, ¿no? -Sí, sí, sí.

Patrullaban juntos y ella solo hablaba maravillas de él.

Decía que estaban supercompenetrados.

-Eso debió afectarle mucho a Alicia.

-Le afectó mucho porque se sentía culpable

cuando le metieron el tiro en la pierna.

Hay una cosa que pasa mucho en esta comisaría,

sobre todo a las buenas policías, a los normales menos,

es un mal endémico y se machacan y se machacan

y no dejan de machacarse. ¿A que pasa de vez en cuando?

-Es normal que Alicia se sintiera tocada.

Era su mentora, y era la primera vez

que la ponían a cargo de un chaval más joven.

Lo pasó francamente mal.

-Me voy, que tengo un caso de tarjetas clonadas,

que me va a tener bastante liado todo el día.

-Yo también me voy. Chao.

-Joder...

-Ya verá cómo con estas llaves fijas y estas llaves "Allen"

no hay tornillo que se le resista.

Y cuando quiera se puede apuntar al taller "Arréglalo tú mismo".

Hasta luego. Buen día.

Hola, Olga. ¿Cómo está la chef más bonita y simpática del barrio?

-No muy bien, la verdad. -¿Y eso?

-Ayer mataron a mi vecina Rita. -¿Qué dices?

-¿Estás bien, necesitas algo? -Esto lo tengo que superar yo sola.

Si es que puedo.

Fui la última persona que habló con ella antes de que la mataran.

-¿Qué pasó?

-La encontraron en un cuarto de basuras,

en un portal de la calle Olmos. -Qué barbaridad.

-Tan simpática que era, siempre saludaba.

-¿Rita? ¿Has dicho Rita?

-Rita Blanco, la conocíais seguro.

-El otro día vino una mujer que se llama Rita.

Vino buscando un enchufe y acabó llevándose dos modelos.

-Y tú le dijiste que devolviera el que no usaba.

-Esa.

Hizo algo muy raro porque ella quería acertar con el enchufe,

pero decía algo del marido... -Entonces era Rita.

Le tenía muchísimo miedo a su marido.

Lo han detenido, es el principal sospechoso.

-Desgraciado.

Si ha sido él, que se pudra en la cárcel.

Lo siento mucho, se ve que le tenías mucho cariño.

-Sí, me siento un poco responsable. -¿Por?

-Porque estuvo en casa anoche, buscando a mi madre,

y me dijo que discutió con su marido y le tiró un plato a la cabeza.

Creo que le quería denunciar. -Pero le denunció, ¿no?

-No, yo no logré localizar a mi madre,

y por más que insistí ella no me dejó acompañarla a casa ni a la comisaría.

-Tú por eso no te sientas culpable. -No.

-Me dijo que su marido no estaba en casa,

pero podía volver en cualquier momento.

Al rato, ese monstruo la mató. -No le des más vueltas,

aquí el único culpable que hay ese ese monstruo.

-No te sientas responsable. Además, ya lo ha cogido la policía.

Sonríe. ¿Qué querías?

-Venía a por un exprime-ajos. -Venga, un exprime-ajos.

Y alegra esa cara.

-¿Cuánto es? -12,50.

-El mejor exprime-ajos para la mejor clienta y la más guapa.

-Gracias. -¿Quieres bolsita?

-No. -Anímate.

-Hola. -Hola.

-¿Terminaste de tomar declaración a la mujer del mercado?

-¿A la que arrancaron la cadenita? -Sí.

-¿Acaso hay más denuncias del mercado?

-Han venido más mujeres por lo mismo. Hola, chicos.

(AMBOS) ¡Hola!

-¿Dónde dejaste las denuncias? -En tu mesa.

-Vamos a revisarlas. -Chao.

Chao.

Alicia.

Silvia, ¿qué pasa?

Te estaba buscando, quería hablar contigo.

Si es para volver a pedirme salir a patrullar juntas,

estás perdiendo el tiempo.

Frena, no es nada de eso.

Es que últimamente solo hablas de eso y ya no sé cómo decírtelo.

No he venido a presionarte ni a echarte nada en cara.

Todo lo contrario, venía a disculparme.

A disculparte ¿por qué? Porque he sido muy impulsiva.

Demasiado.

No he hecho más que pedir y pedir.

Y entiendo que estés harta de mí.

Pues, aunque no lo creas, no estoy harta de ti.

Yo creía que tenías algo en mi contra,

y no he parado de reprocharte tu falta de apoyo.

¿Adónde quieres ir a parar?

He sido egoísta,

solo he mirado por mí y pensando en mi interés,

y no veía más allá, no veía a mi compañera.

Y no entendía que quizá tenías tus razones

para tomar decisiones aunque yo no las entendiese.

Creo que no te sigo. ¿De qué razones hablas?

De las que tengas para que yo no patrulle contigo.

Ya te dije que no era nada personal,

de hecho, creo que vas a ser una gran inspectora de policía

y lo has demostrado con el suicidio de Germán Aparicio.

Gracias.

Es muy importante para mí tu opinión. Pues no debería serlo tanto.

Ahora mismo no soy la mejor compañera

para instruirte y ayudarte a sacar todo tu potencial.

Lo siento.

Yo también lo siento.

Porque eres una gran inspectora y he aprendido mucho,

y podría seguir aprendiendo más.

Cuando lleves un tiempo trabajando te darás cuenta de que...

todo lo que ocurre a tu alrededor influye en tu labor como policía.

A veces puedes ponerte una coraza y consigues que todo eso no te afecte.

Pero otras es imposible. Porque somos humanos, es normal.

Una cree que es fuerte

y que se puede enfrentar a todo lo que tenga delante.

Pero un día te das cuenta de que no eres tan dura como creías.

Y pasa algo que...

saca a flote todos tus miedos y tus inseguridades, y...

eso te hace mella. Y eso te está pasando a ti.

Gracias por ser tan sincera,

no tenías por qué darme explicaciones.

Te lo debía.

Lo cual confirma que eres una gran inspectora y mejor compañera.

La mejor que podía tener.

Al final echaré de menos no trabajar juntas.

En Distrito Sur hay muy buenos inspectores,

mejores que yo, aprenderás mucho con ellos.

Igualmente te tendré por aquí cerca, así que...

si no te importa te haré alguna pregunta o te pediré consejo.

Por supuesto, puedes contar conmigo para todo lo que necesites.

Gracias.

Silvia,

¿qué es lo que ha cambiado?

¿A qué te refieres?

Hasta hace nada te subías por las paredes conmigo,

y ahora has querido tener esta conversación.

¿Qué ha pasado?

He recapacitado.

Eso es todo.

Me ha sentado bien hablar contigo.

A mí también.

Chao.

Hola, Álvaro, qué alegría. Hace día que no vienes por aquí.

-He estado liado, me faltan horas. ¿Tú cómo vas?

-Vamos tirando, como siempre. ¿Qué te pongo?

-Una cerveza.

-Iba a preguntarte por tu nueva vida de empresario,

pero ya me has contestado.

-No me llames empresario que me asusta.

Todavía me viene grande.

Prefiero estar debajo de un coche arreglando la transmisión,

que todo el papeleo que se me viene encima.

-Si quieres puedo echarte una mano antes de entrar en el pub,

no me importaría.

-No te preocupes, tendré que acostumbrarme.

Te lo agradezco, pero tendré que hacerlo yo solo.

-Como quieras. Siento que estés tan agobiado.

-No lo estoy tanto,

además, sarna con gusto no pica, o eso dicen.

Voy a tener mi propio taller

y podré hacer lo que me gusta, que es ser mecánico.

-¿Estás ilusionado a pesar de todo? -Mucho.

Voy a cumplir mi sueño. ¿Qué más puedo pedir?

-A mí se me ocurren muchas cosas.

-¿Cuáles?

-Te lo cuento en otro momento, ahora estamos hablando de ti.

Me alegro de que estás cumpliendo tu sueño, no todos pueden decirlo.

-¿Qué pasa, hermanito?

¿Ya le estás dando la turra a Sara con lo del taller?

Últimamente no habla de otra cosa. -No sé, me hace ilusión.

Además, a ti tampoco te importa, ¿no?

-Qué va, yo encantada, las alegrías hay que compartirlas.

Además, aquí la gente viene a contarnos sus penas,

o a tirarme los trastos, que no sé qué es peor.

-A los Soler no hay quien nos pare.

Alvarito tiene su propio taller y yo ahora soy socio del pub.

-Eso es verdad,

hemos pasado de ser empleados a ser jefes.

-Pero lo mío viste más que lo tuyo.

Yo me paso el día rodeado de clientes exclusivos

y camareras guapas, ¿y tú qué?

Debajo de un coche manchándote de grasa.

-Y a mucha honra. -Di que sí, Álvaro.

Tu hermano tiene un trabajo que le hace feliz,

si al terminar la jornada está sucio, se pega una ducha

y se queda más limpio que otros que visten traje.

-¿Qué?

-Has tenido suerte. Al final el viejo Jeremías te vende el taller.

Y parecía imposible. -La verdad es que sí,

pero me da pena que se haya ido tan rápido.

Me hubiera gustado despedirme de él, lo aprecio mucho.

Me extraña que mamá le haya hecho cambiar de opinión.

-La mamá cuando quiere utiliza argumentos de peso.

¿Eh?

-Supongo.

No sé.

Me piro que voy con unos colegas al salón del automóvil,

a ver qué novedades hay, ¿vale?

Luego te veo.

Sara, gracias por la cerveza. Me alegro de verte.

Me mola mucho hablar contigo. -Y a mí.

-Hasta luego, cabezón.

-¿Puedes dejar de mirarlo así? -¿Qué dices? Le miro normal.

-Por favor, si te lo comes con los ojos.

Te advierto una cosa, con él no tienes ninguna posibilidad.

-No sé de dónde sacas que quiero algo con él,

solo soy amable, ya está.

-Oye, yo solo te estoy advirtiendo.

Alvarito es un picaflor, ha tenido todas las que ha querido y más.

Y luego, si te he visto no me acuerdo.

Pero tú sabrás dónde te metes.

-Gracias por venir, Alicia. No pensé que lo fueses a hacer.

Esa amiga tuya, Maica, cumplió muy bien con su encargo.

No sé cómo lo hizo, pero me convenció para que viniera.

Cuando quiere puede llegar a ser muy persuasiva.

¿De qué la conoces?

La conocí hace un año más o menos,

y llego a ser alguien...

muy especial en mi vida hasta que descubrí que me traicionaba

y todo se acabó.

Sinceramente, no pensé que cumpliría su palabra y que hablaría contigo.

No todo el mundo tiene que ser como tú.

Tampoco termino en confiar mucho en ella.

Aunque parece que está dispuesta

a enmendar los errores que cometió conmigo en el pasado.

¿Para qué querías verme? Tengo curiosidad.

Curiosidad. Qué bien, vamos progresando.

Prefiero que sientas curiosidad por mí antes que odio.

Ve al grano, por favor.

Sí, sí, está bien, iré al grano.

Quiero que sepas que eres la única persona en la que confío ahora mismo.

¿Yo?

Si te tendí una trampa para detenerte.

Sí, yo tampoco lo entiendo muy bien, pero...

Así son las cosas. Supongo que será porque soy tu padre,

y porque me has oído decir muchas veces

eso de que la sangre siempre tira, ¿no?

¿Me vas a decir de una vez para qué querías verme?

Quiero darte las gracias por pedirle a Marcelino que asuma mi defensa.

Dáselas a él, fue quien aceptó el caso.

Tampoco te quites mérito.

Fuiste tú quien se lo pidió. Y él aceptó.

Te aseguro que fue muy complicado, le has hecho mucho daño.

Lo sé, lo sé.

A diferencia de ti, él es un buen hombre.

No tengo más remedio que reconocer

que Carmen y Marcelino hicieron de ti una grandísima mujer,

y sinceramente, me alegro mucho.

Todavía no sé por qué te estoy ayudando.

También quería hablarte de eso, Alicia.

Quiero darte las gracias por creerme, y por no dejarme tirado.

Ya te dije que Zeus, el matón de Charly,

confesó que eras su prisionero.

Pero eso solo confirma que no estabas asociado con él,

no te exime de tus muchos otros delitos.

También podías haberte quedado callada

y dejar que me pudriese en la cárcel, pero no lo has hecho.

No te hagas ilusiones. Vamos, Alicia, no disimules.

Hija,

quiero que sepas que...

que prefiero estar aquí encerrado los años que haga falta con tal...

de saber que me quieres aunque solo sea un poquito.

A estar libre por el mundo pensando que me estás odiando.

Es lo que merecerías por todo lo que has hecho.

Tú, mi nieto y tu hermano Julio

sois lo único que me importa en la vida,

lo único que quiero de verdad.

Lo demás me da igual, puedo vivir sin ello.

-Entiendo que lo de Rita te haya dejado tocada.

Pero, tía, intenta pensar en algo bueno.

Lo de tu padre por ejemplo, eso son noticias increíbles.

-Sí, eso es verdad.

Hace unos días él estaba muy desanimado

y mi madre y yo nos quedamos hechas polvo.

Pero él está bien y nos ha hecho recuperar la esperanza.

-Hola, chicas.

-¿Qué quieres? -Nada, tengo un poco de prisa,

me está esperando Nacha y siempre que vengo aquí me la lía.

-Por mí puedes irte cuando quieras.

-Calma, que vengo de buenas.

Me gustaría hablar con vosotras para aclarar lo que pasó.

-Yo creo que está todo bastante claro, ¿verdad?

-Verdad.

-Yo entiendo que estéis mosqueadas.

Si en algún momento os sentisteis ofendidas, lo siento, de verdad.

Me equivoqué, cometí el error de besaros a las dos,

que no me parece que sea para tanto, pero siento haberos hecho daño.

¿Vale?

-¿Y a qué viene este cambio tan repentino?

Porque el otro día estabas bastante borde y muy subidito.

-Sí, a mí me dijiste que no estábamos en la Edad Media,

y que no ibas a firmar un contrato de exclusividad.

Te faltó llamarme estrecha al enfadarme por besarte con Paty.

-Y a mí me dijiste que fueron solo unos besos,

y que no había que darle importancia,

y también me soltaste el rollo de la Edad Media.

-Es que sacasteis las cosas un poquito de quicio.

Pero hablando se entiende la gente.

Y no me apetece tener mal rollo.

Os pido perdón. Dadme otra oportunidad, por favor.

-Cómo que otra oportunidad. -Como amigos digo.

Me caéis muy bien y me molaría que fuéramos colegas los tres.

Sois dos tías muy guais y muy inteligentes,

y muy auténticas. -Bueno, vale ya.

Deja de hacernos la pelota porque no vas a conseguir nada.

-Pero ¿podemos ser amigo o no?

Si algo he aprendido de mis colegas de toda la vida

es que la gente guay no hay que perderla.

Pensároslo, por favor.

Me tengo que pirar porque Nacha está esperándome,

pero decidme que sí, por favor.

-Yo podría haberme quedado a vivir en Cabo Verde sin problemas,

y lo sabes.

Te juro que estoy dispuesto a hacer lo que sea

con tal de que podamos reconciliarnos el día de mañana.

Y si eso fuera posible, ¿qué tienes pensado hacer?

No lo sé, la verdad.

Si te soy sincero no tengo ni idea de cómo lo voy a hacer,

pero ahora mismo sí necesito que hagas algo por mí.

Necesito que llames a Julio y le cuentes lo que está ocurriendo.

Prefiero que se entere por ti antes de que lo haga por otra persona.

Con su enfermedad podría ser muy perjudicial para él.

Julio necesita ayuda,

y tú eres la única que se la puede dar.

Lo llamaré.

Gracias.

¿Eres...

consciente de que

aunque el juicio salga bien te vas a pasar una larga temporada

en la cárcel? Sí, lo sé.

Lo sé, cariño, ya...

Perdona.

Ya me dijo Marcelino que podía pasar nueve o diez años... No lo sé.

Pero también confío en que es un gran abogado

y pueda conseguir una buena reducción de la condena.

Yo también espero que te impongan la mínima posible.

Verás, vamos a verlo por el lado bueno.

Si me paso ocho o nueve años aquí, cuando salga,

mi nieto ya tendrá nueve o diez años,

y podré ir a recogerlo al colegio

o llevarlo alguna vez a ver un partido del Atlético de Madrid.

Siempre que a ti te parezca bien, claro.

Bueno, si tú...

estás dispuesto, yo no tengo inconveniente.

Al fin y al cabo, eres su abuelo.

Hija, solo quiero que sepas una cosa más.

Yo siempre he estado solo en la vida, nunca he tenido a nadie,

Desde que supe que eras mi hija,

entendí lo que de verdad he querido, lo que he deseado toda mi vida:

tener una familia.

Y tú ahora me estás dando la oportunidad de tenerla.

No la voy a desaprovechar.

-Paty, pásame el cuchillo para cortar la tortilla.

Paty, que te estoy hablando. -Ay, perdona.

Es que antes ha venido Matías el de la droguería,

y me han dicho que han soltado a José, el marido de Rita.

-Pero ¿qué dices? Si todo el mundo está convencido de que la mató él.

-Parece ser que no ha sido él.

Pobrecita. ¿Quién es capaz de hacer algo así?

-No lo sé, Paty.

Parece que aún la estoy viendo en frente de mí,

con esa carilla triste, diciéndome

que su marido y ella no levantan cabeza, que él no tiene trabajo...

-Y ahora...

-Hay que ver lo injusta que es la vida, se ceba con los más débiles.

Y el marido se va a ir de rositas.

-Hola, chicas, ¿qué tal?

¿Me ponéis una tónica? Necesito un respiro antes de ir a casa,

que he tenido un día agotador.

-Oye, Nacha,

¿es cierto que habéis soltado al marido de Rita Blanco?

-Sí, hemos comprobado que no estaba en el lugar de los hechos.

-Entonces, ¿quién ha sido?

-Pues en ello estamos.

Todavía no sabemos, solo os puedo decir que daremos con él.

-Pues no te veo muy convencida. A mí me da miedo pensar

que por el barrio anda suelto un asesino de mujeres.

-¿Tenemos de qué preocuparnos?

-Solo os voy a decir una cosa,

si vais a salir por la noche, id por la calles que estén concurridas

y que estén bien iluminadas, y a ser posible no vayáis solas.

-Me estás poniendo de los nervios.

Si pretendes tranquilizarnos, esa no es la manera.

-Manda narices que las mujeres tenemos que tener cuidado

por dónde vamos, a qué horas, si vamos solas...

-Te digo una cosa, nosotras no volvemos a cerrar solas el bar.

Cerramos juntas, esta noche y todas las que hagan falta,

hasta que pillen al criminal ese. -A ver, a ver,

tranquilas, que no cunda el pánico,

esto lo estoy diciendo por pura precaución,

no se tiene que repetir una tragedia de estas cada día.

Para vuestra tranquilidad os informo

que hemos acentuado la vigilancia en el barrio.

-Ya. -Oye, Nacha,

¿es verdad que la encontraron estrangulada en un portal?

-Sí, es cierto, pero no os puedo dar más detalles.

-No des más detalles, no quiero tener más pesadillas.

-María, ¿tú conocías bien a Rita?

-Bastante.

Antes de la crisis su marido y ella venían mucho por aquí.

Luego empezó a venir ella sola, muy de cuando en cuando.

Ayer mismo estuvo aquí.

-¿Y ayer alcanzaste a hablar con ella?

-Sí.

Vino a la comisaría por el carnet de identidad.

Le vi un golpe muy feo en la cara y me dijo que...

que se lo hizo de una caída muy tonta.

-Seguro que fue el desgraciado de su marido.

-¿Recuerdas si aparte de hablar contigo

habló con alguien más en el bar?

-No, creo que no.

Estuvo hablando conmigo, contándome que...

que las cosas entre su marido y ella no estaban bien,

que no hacían más que pelearse,

que él no tenía trabajo, y buscaba trabajo de lo que fuera.

Y que se arrepentía mucho de no haber querido tener hijos.

-¿Eso es todo? ¿Solo habló de su marido?

¿No te habló de alguien a quien quizá ella tuviera miedo?

¿O de algo que vieras que estaba asustada,

algo que te llamara la atención? -No.

-¿Y siempre vino al bar sola o alguna vez lo hizo acompañada?

-Siempre sola.

Ella no tenía a nadie aparte de su marido.

-Vamos a hacer una cosa, si te acuerdas de algo,

u oís hablar de Rita, por favor,

mantenedme informada, ¿vale?

Cualquier información, aunque parezca insignificante,

es trascendental y fundamental en esta investigación, OK?

-Tranquila, lo tendremos en cuenta.

-Gracias, chicas.

Ánimo, María.

-Bienvenida a tu nueva casa. -Gracias.

-Espero que tardes mucho en marcharte de este piso,

y que este sea el comienzo de una estupenda convivencia.

¿A que sí, Espe? -Sí, claro.

-Pues yo espero que no os arrepintáis de escogerme de compañera,

y de llevarme con vosotros la mitad de lo bien que os lleváis.

-También te diré que nosotros tenemos nuestras cositas,

y nuestras manías. Por ejemplo Espe

que dejemos la luz encendida no lo lleva muy bien.

Es capaz de detenerte por contaminación lumínica.

-Él también tiene sus manías o malas costumbres.

-Me imagino que tú también tendrás tus cositas.

-Que yo sepa no.

Aunque imagino que irán saliendo, así que...

Cualquier cosa que os moleste me decís, ¿vale?

-Tú no te preocupes.

Yo voy a ir preparando tu cena de bienvenida.

A ver si podemos celebrarla de una vez.

-Pues a mí me vais a tener que perdonar,

no quiero ser aguafiestas, pero no tengo hambre.

Mejor me voy a la cama.

-Voy a preparar un cebiche que está de chuparse los dedos.

-Ya, no lo dudo. Fede cocina de diez, pero...

No estoy de humor.

No quiero generar mal rollo.

-A ver si va a pensar que somos unos aburridos.

-No hace falta, si necesitas irte a la cama, vete.

-¿De verdad no te importa?

-Qué va, lo que importa es que estés bien.

Además, vamos a vivir juntos y nos hartaremos de cenar.

-Gracias. Y perdonadme.

-Sigue fastidiada por el caso de Rita Blanco.

Piensa que pudo hacer algo más para que no la asesinaran.

Eso le está reconcomiendo.

-Sí, os voy conociendo poco a poco, y...

es una tía sensible, la verdad. -Sí lo es.

Voy a preparar la cenita, y tú tranquila.

-No hace falta, yo con un poco de fruta me apaño.

-No, yo voy a preparar tu cena de bienvenida,

me apetece mucho hacerlo.

-Como quieras. ¿Te ayudo en algo? -No, no, no.

Lleva tus cosas a tu habitación y ponte cómoda que yo me encargo.

(Teléfono)

Sí, dime.

-"Hola, ¿te llamo en mal momento?" -No, qué va.

-Quería decirte que el taller no va a estar para cuando yo pensaba.

todavía lo tengo hecho un desastre, y como me dijiste que te pasarías...

-Gracias por avisar.

Qué pena, ¿no?

-"Te puedo asegurar que no tanta como a mí, tenía muchas ganas de verte".

Tendré que ponerme las pilas para tenerlo cuanto antes.

-"¿Y cuándo va a ser eso?" -Yo creo que en un par de días.

¿Te veré por allí?

La inauguración no sería lo mismo sin ti.

-Claro, allí estaré.

Así que solo llamabas para avisarme, ¿no?

-"No, la verdad es que no".

Lo del taller es una excusa, me estaba acordando de ti

y no me he resistido a marcar tu número.

-Me alegro que no hayas podido resistirte.

No hace falta que te inventes ninguna excusa para llamarme.

-Yo también te echo mucho de menos.

Te prometo que dentro de poco nos vamos a ver, ya verás.

¿Te has cortado el pelo?

Seguro que estás guapísima.

Venga, a dormir. Mañana hablamos.

Un beso. Te quiero.

-Perdona, no sabía que estabas hablando por teléfono.

-No te preocupes, ya había terminado.

-Me han traído una freidora que está en garantía,

y la he dejado donde las devoluciones.

Te he cortado el rollo, ¿verdad?

Estabas tan acaramelado hablando. -¿Acaramelado?

¿Piensas que tengo una novia o algo así?

-Sí.

-No, hombre. Yo quería demasiado a mi mujer,

cuando falleció para mí se acabó el amor.

Estaba hablando con mi hija.

-¿Tienes una hija? -Sí.

Margarita, Marga.

Es arquitecta, está trabajando en un complejo urbanístico en Guadalajara.

-¿Y tienes más hijos? -No, solo tengo esa.

La veo muy poco, desgraciadamente, ella es muy...

muy responsable con su trabajo, le gusta estar a pie de obra.

-Ya.

Debes muy triste no ver a tus hijos cuando tú quieres.

-No te imaginas lo que la echo de menos.

-Sí, yo no soy padre, pero quiero serlo.

Estoy deseando encontrar a la mujer adecuada

para pedirle matrimonio y tener una familia numerosa.

-Ah, ¿sí?

Me sorprende que tengas las ideas tan claras.

-¿Por qué?

-No es normal que la gente de tu edad piense en tener hijos

y familia numerosa ni te digo.

-Quizá yo no soy normal, pero para mí es...

Lo más importante es el vínculo que se construye

entre un padre y su hijo.

-Llevas mucha razón.

-Es un cariño especial, un cariño distinto que...

Se deben mezclar un montón de cosas,

entre que es tu hijo y lo quieres cuidar y educarlo...

-El día que me pusieron por primera vez a mi hija Marga en los brazos,

en ese instante,

supe que de por vida iba a ser lo más importante.

Siempre lo más importante.

Tenías que vernos a Ana y a mí mirándola.

Se nos caía la baba.

Y la sonrisa.

No hay nada más maravilloso que la sonrisa de un niño.

Si vieras a Marga de pequeña,

cómo era de feliz riéndose, no paraba de jugar.

Nuestro osito de peluche le decíamos nosotros, qué dos tontos.

-Tú tienes que ser un gran padre.

-Bueno... -No entiendo porque hay hombre que...

que abandonan a sus hijos o les pegan.

-El género humano.

La gente es así, hay gente buena,

y hay gente que lleva la maldad dentro,

capaz de hacer las peores atrocidades.

Mira a esta pobre mujer lo que le han hecho, Rita.

-Bueno, ya se ha hecho tarde,

podíamos seguir tomando una caña, ¿no?

-No, yo me quedo por aquí. Vete tú.

-¿De verdad? -Sí, yo tengo cosas que hacer.

-Oye, el próximo día que hables con tu hija

salúdala de mi parte, aunque no la conozca.

-Le diré que existes.

-Hasta mañana. -Adiós.

Hola. Hola.

Siento venir tan tarde, pero había lío en comisaría.

¿Y Leo? Durmiendo.

¿Se ha tomado todo el biberón? Sí.

Pero le ha costado, le están saliendo los dientes,

y andaba un poco molesto.

Al final se ha dormido de puro agotamiento.

Cuéntame, ¿tú qué tal?

Fui a visitar a Quintero en la cárcel.

Ah, ¿sí?

Todavía no sé por qué lo he hecho.

Una amiga suya, Maica Vallejo, me convenció para que fuera.

¿Y de qué habéis hablado?

Quería darme las gracias por creer su versión de los hechos.

Y por convencer a mi padre para que fuera su abogado.

Muy bien.

Iker,

sigues afectado por lo que pasó en Chechenia, ¿verdad?

Intento hacer otras cosas para distraerme.

Leer, ver la tele, jugar con Leo, pero...

es imposible.

La imagen de ese crío

muerto en mis brazos

me viene a la cabeza todo el tiempo.

Cariño, tienes que dejar de torturarte con eso.

¿Y qué hago, Alicia?

No consigo sacarlo de mi cabeza, se está convirtiendo en una obsesión.

Ese crío no tenía ni 15 años, toda una vida por delante, y yo...

Escúchame.

Iban encapuchados,

tú no sabías a quién estabas disparando,

lo único que hacías era defender tu vida.

Lo sé, y no dejo de repetírmelo para salir de este infierno.

Pero todos esos razonamientos no me valen de nada.

Mírame.

Sé que para ti es complicado,

pero necesitas pedir ayuda psicológica, Iker.

Yo siempre voy a estar apoyándote, pero...

no creo que puedas superar esto tú solo.

Alicia, esto lo tengo que hacer yo solo.

En el CNI me entrenaron para esto,

y no es la primera vez que paso por algo parecido.

Y siempre conseguí salir adelante, con mayor o menos esfuerzo.

Pero esto es distinto.

Es la primera vez que te ocurre con un...

Con un crío, sí, dilo.

Si no haces algo esto te va a machacar toda la vida.

Y estoy convencida de que en el ejército

hay muy buenos psicólogos especializados

en casos de estrés postraumático.

Por favor, ponte en manos de uno de ellos.

Puede que tengas razón.

Me lo pensaré.

(Teléfono)

Es Fidalgo.

Sí, mi general.

¿Con qué motivo?

Sí, sin problema.

Allí estaré.

¿Qué quería?

Quiere que nos veamos mañana.

Quiere hablar de algo importante, pero no me ha dicho de qué.

Hola.

-Vaya horas, Nano.

Cómo se nota que ahora eres el jefe y no tienes que madrugar para trabajar.

-Mira quién habla, el que trabaja de sol a sol.

-Oye, yo solo digo que antes a estas horas llevabas un buen rato acostado.

-He ido con unos colegas a tomar unas cervezas,

y a comentar lo que vimos en el salón del automóvil.

Presentaron cosas alucinantes, tío.

Hasta coches con tecnología inteligente.

-Si es tecnología inteligente no será para ti.

-Muy gracioso.

Ya todos los motores son híbridos,

funcionan con todo tipo de propulsión, incluido hidrógeno.

Presentaron dos prototipos que no necesitan conductor.

Dentro de poco no nos pondremos al volante.

-Ya, por eso estás buscando nuevas maneras de distraerte, ¿no?

-¿A qué te refieres?

-He visto cómo miras a Sara en el bar.

Se nota de lejos que te mola,

y que en cuanto puedas te vas a distraer con ella.

-¿Qué dices? A mí Sara me cae bien, nada más.

Es guapa, simpática, inteligente...

-"Guapa, simpática, inteligente", corta el rollo.

Siempre que una chica te parece guapa, simpática, inteligente,

te la terminas ligando. -Pues esta vez no, te equivocas.

Yo no quiero nada con Sara, solo que seamos amigos.

-Más te vale, porque si no, íbamos a tener un problema gordo.

-¿Me estás amenazando o qué?

Relájate, ya lo he pillado.

Te gusta Sara. Es eso, ¿no? -Sí, me gusta y mucho.

Y no voy a permitir que la toque nadie.

-¿Te estás oyendo? ¿En qué siglo piensas que vives?

¿Piensas que es de tu propiedad?

¿Has hablado con Sara de esto? -No, todavía no.

-Menos mal, estoy seguro que no querrá oír esas tonterías

que estás largando por la boca. -¡Mira!

Te pongas como te pongas Sara y yo vamos a terminar juntos,

y no permitiré que haya moscones dando vueltas

porque le reviento la cabeza.

-Ricky, eres un gilipollas. -No, el gilipollas eres tú,

y avisado estás.

-¿Se puede saber a qué vienen estos gritos?

Por una vez que concilio el sueño,

me tenéis que despertar. Es que...

-Lo siento, mamá.

Tu hijo pequeño, que es un descerebrado,

y piensa que estamos en la época de los esclavos.

-Anda... -Me voy a dormir,

no quiero aguantar más tonterías.

-¿Se puede saber por qué ha sido esta vez?

-¿Por qué no preguntas quién ha empezado en vez de echarme la culpa?

-Porque conociéndote, no me hace falta.

A ver, ¿por qué ha sido esta vez?

-La culpa es de Alvarito, que intenta levantarme la novia.

-¿Por una chica? ¿Vosotros sois tontos o qué?

Vamos, con la de chicas que hay afuera.

A montones. -Pues eso se lo dices a él,

que intenta levantarme la que me gusta.

-Para eso no hacía falta que le gritaras. Madura, Ricky.

Madura, no hagas que me arrepienta de haber convencido a Luis

de que te haga socio del pub. -No me hables así, que yo cumplo.

Mira Jeremías que rápido cogió tu dinero para venderle el taller.

-No vaya a ser que te oiga tu hermano.

-Que me oiga. Tú me pediste una cosa y yo cumplo.

Pero el único que sale beneficiado es Álvaro,

¿y encima tengo que aguantar que me levante la novia?

-Ni se te ocurra irte de la lengua con lo de Jeremías,

o te arrepentirás.

¡Y basta ya con la bebida!

Que andas todo el puñetero día con las cervezas.

¡Venga, a la cama!

(Puerta)

-¿Sí? "¿Se puede?"

-Sí, pasa.

-¿Podemos hablar un momento? -Claro, siéntate.

Antes me has dejado preocupada.

¿Qué tal el ánimo?

-Bueno, el ánimo más o menos igual.

Quería disculparme por el plantón de la cena.

-No hay nada que disculpar, entiendo perfectamente tu situación.

-Yo quería decirte que normalmente no soy así.

Soy un poco más alegre.

-Eso ya lo vi el otro día en el Moonlight tomando copas.

Es un bache.

-Sí.

Me has pillado en un mal momento.

-¿Tan tocada te ha dejado lo de Rita Blanco?

Yo pensaba que después de tantos años en el cuerpo,

uno bregaba mejor con estas situaciones.

-Pues ya ves que no.

Es que es...

No paro de darle vueltas a la cabeza.

Si hubiese sido más persuasiva

y la hubiese convencido para denunciar,

la hubiese podido retener en comisaría un poco más,

y luego, quizá,

hubiésemos podido derivarla a una casa de acogida.

-A todos nos gustaría ser siempre infalibles,

no lo somos.

Y es ridículo culparse por ello.

Pero existen métodos para tratar a estas personas,

y yo no he sabido ponerlos en práctica.

Soy una mala profesional.

-El trabajo que hacéis en la UFAM es muy difícil y duro.

Acuden toda clase de mujeres, y cada una tiene su personalidad.

No puedes pretender acertar a la primera.

-Eso es lo que me dice todo el mundo para que no me sienta culpable,

pero a mí no me tranquiliza.

Qué vergüenza, de verdad.

Y pensar que le eché en cara a Almazán

que no estaba preparado para dirigir la UFAM, pero yo, ¿sabes? Yo.

¿Quién soy yo para decirle...? -Eres una muy buena policía.

-No, no lo soy.

Porque la policía está para proteger a los más débiles,

y yo no he sabido hacerlo.

¿Sabes lo que creo?

Creo que después de hablar conmigo, Rita se fue más angustiada a su casa.

-Fue ella quien decidió no firmar la denuncia.

Seguro que intentaste convencerla de todas las maneras posibles.

-Pero si estaba deseando denunciar, se le veía en la cara.

Pero no se atrevió porque yo no le ofrecí confianza.

No supe hacerlo.

¿Y sabes lo peor?

Que no puedo volver a intentarlo nunca.

-Entiendo.

Sé lo que es estar en la posición del débil,

y sentir que la persona que te tiene que proteger no lo hace.

Así que te aseguro que ese no es tu caso.

Somos policías para defender a las víctimas.

Así que basta.

Lo que sí podemos hacer por Rita Blanco es esforzarnos al máximo,

y detener a su asesino.

¿Lo entiendes?

-Tenemos que atraparlo.

Se lo debemos.

No sigas así, por favor, Paty.

-¿Así cómo? -Así de seria y de enfadada.

Me equivoqué, lo he reconocido, ¿qué tengo que hacer

para enterrar el hacha de guerra, me pongo de rodillas?

-Pensaba que Olga y tú habíais quedado en pasar de ese chaval.

-Pero ayer vino a disculparse con nosotras y... No sé,

parecía sincero y decidí darle otra oportunidad.

-A Interior le preocupa mucho

la presencia de la mafia rusa en España,

especialmente en la Costa del Sol.

Ayer se produjo un nuevo tiroteo en Marbella,

y los rusos están involucrados.

Urge intervenir.

Iker, acabas de volver de una misión de alto riesgo,

no pueden enviarte tan pronto a otra.

Alicia, es mi trabajo. Tienes que decir a Fidalgo

que no estás bien, no cometas una irresponsabilidad.

Vengo a ofrecerle que colabore con nosotros.

(QUINTERO RÍE)

-¿Me está tomando el pelo, general?

-Por más que se esfuerce su abogado,

le van a caer como mínimo ocho años de condena.

Le interesa escuchar lo que voy a proponerle.

No sabes el pánico que sentí al verte allí tirado.

No podría soportar que volviera a ocurrir lo mismo,

no puedo volver a fallar en algo tan importante.

Y lo harás si no le enseñas el oficio como hiciste conmigo.

No sé si estoy preparada.

Creo realmente que vas a ser una gran inspectora,

y también creo que el trabajo de oficina es muy importante

en la labor policial, pero lo admito,

solo es una excusa para no tener que exponerte ahí fuera.

Sí, dígame.

Sí, soy yo, ¿quién es usted?

¿Cómo sabe dónde me alojo?

-Soy el general Fidalgo, del CNI.

-Pase, por favor. -Gracias.

-Me he quedado muy intrigada con su llamada.

-¿Ha seguido mis instrucciones?

Nadie debe saber que esta conversación ha existido.

-¿Y qué tal con él? -Bien, sin problemas.

Ricky se desvive por agradar y al final se pasa de fantasma.

Pero no le tengo en cuenta sus salidas de tono.

-¿Así que tuvo una salida de tono?

-Es una manera de hablar, no fue grave.

-No le quites importancia,

anoche Ricky y Álvaro discutieron por este tema.

-¿Álvaro discutió con Ricky por mí?

-Lo estoy redecorando y está quedando que flipas.

-Estoy deseando verlo. ¿Cuándo abres?

-Pasado mañana si todo va bien.

¿Vendrás? -Claro.

-Déjame invitarte a una copa esta noche y verás cómo me relajo un poco.

-¿Te doy la mano y coges todo el brazo?

-Mi hermano mayor es el dueño del negocio.

El local es alquilado y mi hermano pequeño es el socio.

-¿Tú sabes que yo conozco a tus hermanos?

-¿A Luis y a Ricky?

¿De qué?

-El otro día les hice unas preguntas siguiendo una investigación.

-Ya.

-Todo circunstancial, nada que ver.

-Pensaba que te tenían recluida en comisaría.

-Necesitamos unir nuestro apellido

a un negocio mucho más blanco que un bar de copas.

Utilizaremos las cuentas del taller para blanquear los otros negocios.

Y no me refiero a los palos que dabas tú con Ricky.

-¿Qué tienes en mente?

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  • Capítulo 417

Servir y proteger - Capítulo 417

28 dic 2018

La coartada de José es muy sólida. La policía sospecha que el asesino de Rita anda suelto. Iker sigue muy afectado por haber matado al joven Yuri, y Alicia le recomienda que se ponga en manos de un psicólogo. Toni se disculpa con Olga y Paty por haber coqueteado con las dos al mismo tiempo.

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  1. Txirripistin

    por favooooorrrr!! como se puede ser Alicia tan aburrida!! cada vez que sale ella paso a la siguiente escena. Es la unica forma de que la serie siga siendo interesante. Estaría genial que se fuera de la serie. Sería un buen cambio para la serie :-)

    04 ene 2019