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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 415 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué pasa, Paty? -Hola.

-Hoy no necesitas ayuda por lo que veo, ¿no?

-Igual cuando cierre el bar, sí.

-¡Toni! -Este es mi Toni.

-Sí, y el mío también. -Entonces, ¿qué?

-Hombre, pasamos de él, yo por lo menos.

-Sí, pasamos de él. -Me molasteis las dos y punto,

pero no hagas una bola de esto porque es una chorrada.

-Si sé que te has morreado con Paty,

no me beso contigo. -No sabía que erais amigas, tronca.

-Si no le importase lo que pensáramos,

no habría hecho el tonto en la plaza. Sabe perfectamente que la ha cagado.

-Ahora las dos saben lo que ha pasado y me han echado una gran bronca.

-Normal.

-Pasan de mí y me he puesto chulo, encima.

En realidad no me molaría perderlas, Nacha.

-Los locales están por las nubes y no vale cualquier bajo.

-Benidorm es el mejor sitio para disfrutar de la vida, Jeremías.

-Eso pienso hacer en mi taller.

-Desde que quedasteis, se ha cerrado en banda

y ya no quiere vender el taller.

-No te preocupes, sus circunstancias pueden cambiar muy rápido

y sus opiniones también.

-¿En qué estás pensando?

-Llamas a tus amigos

y, esta noche, os dais un paseo por el taller del viejo Jeremías.

-Sí, ya entiendo. -Bien.

-¿Qué quieres que hagamos?

-Unos vándalos han entrado en mi taller

y me lo han destrozado todo.

-Hemos reventado los cristales de los coches,

incluso de los clásicos.

-Bueno, ahora me toca a mí cumplir mi parte del trato.

-Te juro que, a partir de ahora, voy a ir a muerte con el pub.

No la voy a volver a cagar. -¿Para qué quiero tu tarjeta?

-Por si tienes un imprevisto con el coche o te deja tirada.

Nunca se sabe. -Claro.

¿Qué pasa? -Que a ti ese mecánico te hace tilín.

-¿A qué hora te va bien? -¿A las nueve?

-Salgo a esa hora. 21:30. ¿Conoces el bar La Parra?

-Hecho.

-Si las cosas van bien con ella, quiero conocerla.

-Mamá, resulta asfixiante el control que tienes sobre tus hijos, ¿no?

-¿A qué se dedica? -Soy inspectora de policía.

-Tenemos algo en común, ¿sabes? -¿El qué?

-Que los dos nos dedicamos a lo que nos gusta

y eso no es fácil.

-Igual por eso nos llevamos bien, nos entendemos.

-Ese Charly me tuvo retenido para obligarme a ponerle en bandeja

el negocio y por eso me puso a un grandullón,

un vigilante con una pistola. Si lo encuentras, sabrás lo que pasó.

Zeus ha confesado que eras prisionero de Charly,

lo cual inclina la balanza a tu favor.

Quintero es un narcotraficante, reformado o no, no lo sabemos,

pero también es verdad que, en alguna que otra ocasión,

ha manifestado lo que te quería.

Sé que, en esto, dice la verdad. No me creo nada que venga de él.

Además, no entiendo para qué me cuentas esto.

Porque quiero pedirte algo. ¿El qué?

Que seas su abogado. No puedes estar hablando en serio.

-Yo me tengo que ir porque no quiero molestar

y José me espera para que le prepare la cena.

No molestas, no te vayas tan rápido. Tómate algo.

No, gracias, de verdad, no. Oye, ¿y este moratón?

Si te sirve, ayer le vi teniendo

una bronca con su marido en el portal...

Bueno, más bien ella estaba aguantando el chaparrón.

"Me temo que pueda estar sufriendo malos tratos de su marido".

Estaba muy nerviosa y le he visto un moratón en la mejilla,

le he preguntado y me ha soltado una excusa que no era creíble.

Sí, creo que es la típica reacción de una mujer maltratada, sí.

(Música emocionante)

Bueno, ¿qué? ¿Qué te parece? -Está muy bien.

La habitación es enorme,

casi tan grande como mi piso de ahora

y más luminoso. A ver, ¿cuál es el truco?

¿Por qué es tan barato? -Lola y yo, que tuvimos suerte.

-Ya te digo, hay gente pagando el doble en un piso como este

en esta misma calle.

-También te digo que el piso así, al principio, no estaba, ¿eh?

-Sí, que en eso también tuvimos suerte.

Fede ha hecho unos arreglos. -Se está muy a gusto.

Vamos, lo prefiero mil veces al cuchitril donde estoy.

Es un bajo frío donde apenas entra un rayo de sol.

-Entonces, ¿eso es un sí? -Si vosotros estáis de acuerdo...

Yo, por mí, traigo las cosas cuanto antes.

-¿En serio?

-Vamos, bueno, bonito y barato, con luz, cerca del trabajo,

con compañeros... Debería estar loca para decir que no.

-Y se te ha olvidado decir que, uno de los compañeros,

cocina que te mueres. -Sí, huele que alimenta, Fede.

-Es que he cocinado un desayuno así, un poquito curioso

para sorprenderte un poco y ayudarte a decidir.

-¿En serio? -Venga, ¿empezamos? Siéntate.

-No, de verdad, yo me tengo que ir

que debo hacer una cosa urgente para Miralles.

Es lo de la vecina, ¿no? -Sí, una vecina de Miralles,

que parece que su marido la maltrata. Me lo contó la jefa anoche.

-Imagino que todavía sin denuncia.

-Sí, por eso me ha pedido que lo investigue.

-Es tu primer caso como jefa de unidad.

-Ojalá me vaya bien, ¿eh? -Seguro que sí.

-Te pongo un "tupper" y te llevas algo para el camino.

-Pero ¿tú has visto esto?

¿En qué parte del mundo hay un compañero de piso

que te hace un desayuno así y te lo pone para llevar?

¡Si es que eres un sol! Gracias, rey,

pero no, de verdad, que tengo el estómago un poco cerrado.

Chao. -Suerte.

-Tú tendrás hambre, ¿no? Me imagino.

-Había picado algo antes por si acaso,

pero, con este olorcillo, se me ha abierto el apetito.

-Te he preparado un desayuno bastante especial

que llamo "Aftermath", como el disco de Los Rolling.

Mira, vamos a ver, se compone de unos "pancakes"

con un poquito de sirope de arce, ensaladita de aguacate y tomate

y unos clásicos huevos revueltos con beicon,

todo regado con zumo de naranja natural.

Después de una noche de jarana viene bien

porque como dijiste ayer que ibas a salir, pues eso.

-Bueno, tampoco fue la juerga del siglo.

Me tomé algo con un amigo y ya.

-Ah, con tu amigo el mecánico de la sonrisa irresistible, ¿no?

Que vamos, debe ser, como mínimo, yo qué sé,

cantautor y diseñador de interiores. -¿De dónde te sacas tú eso?

-Hombre, como habláis de él como si fuera perfecto...

-¿Y qué te hace pensar a ti

que el hombre perfecto canta, diseña...?

-No, he dicho cantautor, así, como de "indie".

-Que sepas que te equivocas, Fede, y no por lo de cantautor ni nada,

sino porque el hombre perfecto no existe.

-Vamos a ver, yo de hombres perfectos y tal no sé,

pero de desayunos perfectos, sí y este lo es,

así que venga, dale alegría, que te vea yo comer.

(Timbre)

Buenos días, hija. ¡Chist!

¿Está dormido Leo? No, Leo, no.

Es Iker el que está dormido. ¡Caray!

¿A estas horas? ¡Qué envidia!

Ayer le costó mucho quedarse dormido.

Se levantó a leer, estuvo dando vueltas en la cama

y, al final, se ha dormido hace media hora.

¿Tiene "jet-lag"?

No sé qué es, pero desde que ha vuelto de Chechenia

le cuesta conciliar el sueño. ¿Quieres un café? Acabo de hacer.

Sí.

No sabía si ibas a venir después de lo de ayer.

¿Estás muy enfadado?

Bueno, tanto como para no ocuparme de mi nieto, pues no.

Perdona por haberte puesto en esa situación, papá.

Hija, no tienes que disculparte,

no lo hiciste con malicia.

Quintero debe pagar por lo que ha hecho.

En eso estamos de acuerdo.

Pero también creo que... ¿Qué?

Da igual, déjalo. No, hija, dilo.

Sea lo que sea, hay que hablarlo.

Que también creo que se merece una buena defensa.

En comisaría todos le tienen ganas y los jueces ni te cuento.

Sé que tienen que juzgarlo,

pero tampoco quiero que lo linchen. Comprendo.

Si te lo pedí a ti es porque eres el mejor abogado que conozco.

Y porque así estarías al tanto de cómo avanza el caso, supongo.

Al fin y al cabo, es tu padre. No, mi padre eres tú.

Alicia, no tienes por qué avergonzarte por sentir algo por él.

Te juro que no es eso, papá.

Simplemente creo que se merece un buen abogado, nada más.

A ver, hija, yo no sé qué decirte.

Fernando Quintero y yo tenemos mucho pasado, demasiado

y pensar sentarme con él otra vez, ponerme a diseñar una estrategia,

tener que escuchar toda la retahíla de barbaridades

que habrá estado haciendo estos años...

Lo sé, papá, y lo entiendo perfectamente.

No tenía que habértelo pedido. Buscaré a otra persona

o mira, igual no soy yo quien tiene que hacerlo,

igual lo mejor es que me desentienda del asunto.

Sí, yo creo que eso es lo mejor que tienes que hacer.

Me siento tremendamente culpable

por dejarlo en la estacada justo en estos momentos.

Lo van a despellejar vivo.

Ni lo van a despellejar vivo ni lo estás dejando en la estacada

y te digo que es mejor que te desentiendas de esto

porque ya tiene abogado. ¿Qué quieres decir?

Lo he consultado con la almohada y con Montse.

Voy a defender a Quintero siempre que él quiera, que esa es otra.

¿Me lo estás diciendo en serio? Sí, hija.

Lo hago porque para ti es muy importante.

Gracias, papá.

No puedo hacer milagros.

Ni el mejor abogado del mundo ni el juez más benévolo

van a evitar que Quintero pase algunos años en la cárcel.

Sé que tiene que cumplir con la justicia,

es un narcotraficante,

pero también me gustaría que, en la medida de lo posible,

intentases que...

Que no salga de la cárcel hecho un anciano a punto de morir.

Sí, algo así.

Se hará lo que se pueda, ¿eh?

¿Y ahora me llevo a Leo a la guardería o no?

Sí.

Te quiero mucho.

Entonces, ¿qué has averiguado? Varias cosas.

En primer lugar, que el marido tiene antecedentes.

¿Qué me dices? No tenía ni idea.

Ya me vale a mí también, tenía que haber empezado por ahí.

Tú qué ibas a saber. Era tu vecino, no sospechabas nada.

¿En qué consisten esos antecedentes?

A ver, José Guardado, detenido hace dos meses

por organizar un altercado en una cafetería del centro.

Simplemente, hubo daños materiales,

no hubo ninguna agresión ni nada similar.

¿Iba ebrio? Afirmativo.

Según la declaración, alguien se metió con él.

Le llamaron "vago". ¿Y se volvió loco así, sin más?

Alguien se mofó de que llevaba mucho tiempo en el paro

y se puso echo una furia.

Se ensañó con el mobiliario del bar

y tuvo que reducirlo la policía. ¿Hubo juicio?

Sí, le condenaron a pagar una multa, pero nunca la pagó.

Lo cambió por unos días de trabajos sociales.

¿Cómo consiguió cambiarlo? ¿Se declaró insolvente?

Llevaba mucho tiempo en el paro. Sí, eso lo sabía.

Además, ha sido bastante comentado entre los vecinos.

Es el típico caso de la burbuja inmobiliaria.

Le iba muy bien con el ladrillo,

tenía un cochazo, un chalet en la sierra,

en fin, muchos viajes, pero estalló la crisis

y adiós chalet, adiós coche y lo último que me he enterado

que había vendido la plaza de garaje.

Desde entonces, no ha levantado cabeza.

Ha agotado el paro y las prestaciones habidas y por haber.

Pues eso sí que no lo sabía, claro.

Eso justifica que se volviera loco cuando le llamaron "vago".

En mi opinión, encaja en el perfil del maltratador.

Vuelca sus inseguridades en el exterior

y se desahoga ejerciendo violencia, primero en público

y luego en con su mujer.

Pero eso no lo sabemos, Espe. Ya, es una hipótesis.

José siempre ha sido muy orgulloso, ha tenido una actitud muy altiva.

Te cruzabas con él y parecía que venía de la nobleza.

Siempre aparentando.

Y ahora que está arruinado, no puede aparentar, ¿no?

Y se siente humillado y se encierra en casa

para que los vecinos no vean lo mal que le va

y lo paga con su mujer, a la que tiene sometida.

Como hipótesis no está mal,

pero si no tenemos un parte de lesiones

y no tenemos una denuncia de Rita, no podemos hacer nada.

Si al menos hubiera ido al médico a que le vieran esos golpes...

Sí, pero no fue.

Lo que necesitamos es que Rita le denuncia por maltrato,

en caso de que José le haya maltratado, claro.

Yo estoy convencida de que José es el maltratador,

pero veo muy difícil que ella denuncie

porque si no habló contigo, que eres su vecina

y en tu casa, que se sentía tranquila,

pues mal lo va a hacer aquí, en la comisaría

y con un policía que no conoce de nada.

Pues no sé, ¿eh?, pero a lo mejor, sí.

A lo mejor sí que denuncia,

a lo mejor, sin tener un vecino cotilla delante

o alguien que los conozca y que pueda escuchar

lo que ella tenga que decir de su marido,

a lo mejor sí que se atreve a denunciar.

Quizás podríamos hacerla venir con una excusa,

que tiene que renovar el DNI por una incidencia informática.

Lo de la incidencia informática es convincente.

Sí, como excusa está bien,

lo que pasa es que luego aquí se nos va a ver el plumero.

Se nos va a ver el plumero pronto, enseguida,

pero lo que tenemos que intentar es que se sienta a gusto

y que denuncie o si no, por lo menos,

que salga de aquí sabiendo que puede hacerlo.

Bueno, voy a llamarla cuanto antes. Toma.

¿Puedo? Claro.

Son las últimas diligencias del caso de Germán Aparicio.

He remitido los informes a la Interpol

para que investiguen en los países de origen

a los laboratorios que suministraban las pastillas.

¿Se lo has comunicado al juez? Al secretario judicial.

Me ha prometido que sería prioritario.

Bien, ya hemos movido todos los hilos que teníamos entre manos.

Ahora toca esperar, ¿no? Sí y ocuparnos de otros casos.

¿Qué tienes? ¿Qué casos tienes abiertos?

Igual te puedo ayudar.

Lo del vandalismo en el taller, la denuncia de anoche.

No, prefiero que te pongas con los archivos.

Ya, pero eso es trabajo de escritorio de pico y pala.

Me refiero a una investigación de verdad.

Silvia, el 90 % de las investigaciones de verdad

consisten en tirar de archivo

y para eso los archivos deben estar actualizados

y para eso tenemos que... Hacer el trabajo de escritorio.

Exacto. Sin el pico y pala, no hay investigaciones de verdad.

Silvia, has hecho un trabajo excelente

y quiero que siga siendo así. Hay mucha información

de lo incautado a Charly y a Quintero

y tenemos información de la comisaría de Algeciras

sobre rutas de narcotráfico, lo que nos afecta de forma directa.

Es importante y lo voy a hacer, sin duda.

¿Pero? Pero nada.

Me pongo a ello.

Alicia, todavía no confías en mi trabajo, ¿verdad?

Claro que sí,

solo te asigno el trabajo que creo más conveniente.

Ya, es que acabo de resolver un caso que daban por perdido

¿y crees que lo conveniente es que lea informes de Algeciras?

¿Cuándo vas a confiar para que lleve mi investigación?

Aquí no hay nada propio, yo no elijo mis casos.

El comisario y la inspectora jefe asignan el trabajo

y tengo orden de Miralles de organizar el trabajo

como crea más indicado. Con los debidos respetos

y sin ánimo de cuestionar tu criterio,

creo que estoy preparada para más. Y yo agradezco tu disposición,

pero quiero que termines lo que te he mandado.

¿Es una orden?

Si necesitas que use esas palabras...

No, todo bien. Gracias.

Buenas, Jeremías, ¿qué te pongo?

-Hola, María, buenos días. Café con leche.

-¿Y cómo tú por aquí, que no estás en el taller ya?

-Veo que no te has enterado. -¿De qué me tenía que enterar?

-Anoche me entraron en el taller. -¡No me digas!

¿Te han robado?

-Me han destrozado el "Studebaker", una joya, hija.

-Madre mía, cuánto lo siento.

¿Estabas ahí? ¿Se han llevado algo de valor?

-Llevarse, no se han llevado nada.

-¿Han entrado solo a destrozar? -Destrozar.

-Eso no te extrañe que fueran unos drogatas

o unos borrachos que han entrado ahí a dormir

y han acabado en pelea. -Cabe cualquier posibilidad.

A ver qué dice la policía. En fin, no lo sé.

-Hijo, lo siento mucho. Al café te invito yo.

-Muchas gracias, María, muchas gracias.

Que Dios te lo pague, hija.

-Hola, corazón, ¿qué te pongo? -Hola.

Un café solo para llevar, por favor. Hola.

-Hola, buenos días. -Vamos a ver, Jeremías.

Tendrías seguro, ¿no? Te cubrirá todo eso.

-Esa es otra, resulta que, como no hay robo,

pues no tiene nada que cubrir. Oiga, hay daños.

-Eso digo yo, que los actos vandálicos y todo eso

te los tendrá que cubrir, ¿no? -Pues nada, hija.

Ahora dicen que, si no hay robo, no hay indemnización

porque el seguro, si no se llevan algo, no lo cubre.

-Ya, pero no es solo el destrozo que te han hecho,

sino el tiempo que has invertido.

-En ese coche no sé las horas que he metido.

-Hombre, y las piezas, que supongo que no serán baratas

ni fáciles de conseguir. -Imagínatelo.

-Disculpa, ¿qué ha pasado? ¿Te han entrado a robar?

-Han entrado y lo han puesto todo patas arriba.

-Pero ¿se trata de algo grave?

-Mujer, le han destrozado un coche antiguo que reparaba,

por lo visto una joya. -¡Ah!

-Un "Studebaker". -¿Y lo has denunciado?

-Sí, pero no creo que sirva de mucho. -Ya.

Cuánto lo siento. -Ya.

-Ay, Dios, con lo que cuesta mantener un negocio

para que entren cuatro desalmados y te hagan esto.

-Y que lo digas, hija. Si lo llego a saber ayer...

-Si lo llegas a saber ayer, ¿el qué? ¿Lo de mi oferta?

Bueno, la oferta sigue en pie.

Mira, ahora tengo que irme, voy a estar en el pub de mi hijo.

Si quieres que hablemos de negocios, sabes dónde encontrarme.

Ánimo, Jeremías, ánimo.

Hasta luego, Rosa.

Claudia, ¿tienes un momento? Sí, claro. Dime.

Quería ver si podías asignar a Silvia a otro agente.

¿Y eso? ¿Qué pasa con Silvia? Nada, trabaja bien.

¿Entonces?

Creo que puede aprender más con otro inspector,

alguien más veterano.

Me consta que Orestes está aprendiendo contigo.

Sí, puede ser,

pero ahora no me veo capacitada para instruir a nadie.

Bastante tengo con ocuparme de lo que hay en casa.

¿Sigues preocupada por Iker? Sí.

Ha vuelto muy tocado de su última misión.

Sí, ya me contaste ayer.

Bueno, y luego está lo de Quintero, que te ha dejado tocada a ti.

Sí, para qué nos vamos a engañar.

Además cuidar un bebé y etcétera, etcétera.

Lo que me resulta curioso es que nunca me has pedido

que te descargara de trabajo, al contrario,

eres más de echártelo a la espalda, así que creo

que el problema no es el trabajo, sino en la propia Silvia.

No, las cosas entre nosotras están bien.

¿Seguro? A ver, es un poco contestona

y, a veces, tiene un punto de prepotente, pero eso me gusta.

Tú eras así. Exacto.

De verdad, no tiene que ver con ella,

pero no me veo capaz. Siéntate, por favor.

Siéntate y cuéntame qué pasa.

Pero cuéntamelo todo, ¿eh?

Yo le puedo asignar otro inspector a Silvia,

pero para ayudarte necesito saber qué ocurre.

No me lo quieres decir. Bueno, pues tendré que decírtelo yo.

Es por Miguel Flores,

te sientes responsable por lo que le sucedió

y tienes miedo que a Silvia le ocurra algo parecido.

Pues sí, no quiero cargar

con otra desgracia sobre mi conciencia.

La solución no es cambiar de compañera,

la solución es descargar a tu conciencia

de esa responsabilidad que no es tuya.

Yo era su superior, Claudia, tenía que cuidar de él.

Él tenía que seguir tus órdenes, ponerse a cubierto

y no correr riesgos innecesarios.

Con su buena intención, no lo dudo, no actuó de la mejor manera.

Eso es cierto. Aquí no somos héroes,

aquí seguimos un procedimiento, cumplimos órdenes

y el que no sepa cumplir órdenes, por muy héroe que sea,

se pone en peligro y a los demás. Sé que Miguel se arriesgó demasiado,

pero el problema fue que no supe verlo a tiempo.

El riesgo forma parte de nuestro trabajo,

va en el sueldo.

¿O te has olvidado de que te pegó un tiro

Tokarev en medio de la comisaría? No me voy a poder olvidar nunca.

Mira, Alicia, Miguel, Silvia y todos los agentes de policía

asumen ese riesgo cuando forman parte del cuerpo.

¿Has hablado hace poco con Miguel Flores?

Me ha dicho que su recuperación será más lenta de lo que pensaba,

puede que le quede una cojera permanente.

Ya.

Pues yo también he hablado con él ¿y sabes lo que me ha dicho?

Que fuiste una mentora excelente, que aprendió mucho de ti

y que si tuviera que volver al operativo

no se lo pensaría si fuera contigo.

¿Todavía quieres que le cambie de inspector a Silvia?

¿Podrías?

Sí, claro. No me costaría ningún trabajo,

solo unos días para cambiar los turnos y ya está.

Te lo agradezco.

Bueno, te dejo que tengo que salir.

(Móvil)

Dime.

Eh, sí, lo tengo sobre mi mesa, pero aún no lo he leído.

No, es que lo redactaron ayer Nacha y Toni

y no me ha dado tiempo, ¿por?

Bueno, una reyerta como tantas otras.

Todo se saldó con un herido en el hospital

y uno de los agresores en calabozos.

Vale, sí, claro, lo leo enseguida, hombre.

Pero ¿a qué viene tanto interés?

¡Acabáramos!

Un sobrinito del comisario de Distrito Cinco,

ya me extrañaba a mí.

Vale, que sí, que me lo leo ahora mismo.

Venga. No, me estoy tomando un té, voy al despacho ahora.

Venga, hasta luego. ¡Qué señor!

Lo de "Arréglalo tú mismo" es una idea buenísima.

No sé cómo no se le ha ocurrido a nadie antes.

¿Quién se va a dejar el dinero en un servicio técnico

por una reparación de 20 minutos? -Ya.

-A ver, si la puedes hacer tú y con un poco de ayuda.

-Claro, y más hoy en día.

Cualquier cosa que quieras arreglar, te metes en internet

y hay 20 chiquillos explicándote cómo hacerlo.

-Pero no es lo mismo que veas un vídeo

a tener a alguien a tu lado que te está ayudando

y asesorando... A ver. -Por supuesto. Y luego las piezas.

Me pongo a arreglar algo y necesito tornillos,

que si un destornillador que no tengo,

unas piezas que no sé cómo se llaman y no lo arreglo.

-Menos mal que funcionó lo de arréglalo tú mismo

porque yo, tal y como comenzó, me veía en la cola del paro.

-¿No pintaba bien el negocio o qué?

-Bueno, entre tú y yo, a ver... Pero bueno, me tengo que ir.

¿Qué te debo?

-Eh, oye, una cosa, ¿tienes mucha prisa?

-¿Por?

-Porque tengo ahí dentro una cámara que no me funciona

y me da cosa, pero... Por si le podías echar un vistazo,

como eres tan manitas y eso... -Sí, claro, mujer. Dime dónde está.

-La llevaría yo, pero eso pesa un quintal.

-¿Cómo vas a llevar una cámara frigorífica

a la ferretería? Venga, dime dónde está.

-Ahí dentro, la que hay justo debajo de la ventana.

-Buenos días. -Hala, que me entra gente.

Ahí. Esa. -Vale.

-Pero Rita, corazón, ¡cuánto tiempo! ¿Cómo estás?

-Muy bien.

-Qué alegría verte. ¿Qué te pongo? -Un poleo menta.

Vengo a hacer unos trámites a la comisaría.

-¿Alguna denuncia? ¿Te ha pasado algo?

-No, qué va.

Que me han llamado para no sé qué incidencia con mi DNI.

No sé, la verdad es que no me he enterado bien.

-Oye, ¿y ese golpe?

-Nada. una caída tonta en casa, nada.

-Vaya un moratón te ha dejado.

-Muy escandaloso, pero ya ni me duele.

-Bueno, pues me alegro.

Oye, ¿y qué tal va todo? Hace mucho que no hablamos.

-María, no te quiero engañar,

la verdad es que estamos pasándolo muy mal, estamos muy apurados.

Desde que José se quedó en paro, no hemos levantado cabeza.

-Vaya, mujer, cómo lo siento.

-Oye, yo, si te enteras de algo, estoy buscando de lo que sea.

Cojo lo que salga, te lo juro.

José es más mirado, ya sabes cómo son los hombres.

-Porque él se dedicaba a cosas de inmobiliaria y eso, ¿no?

-Sí, eso es.

-Bueno, mujer, ahora dicen que el sector se va levantando.

-El sector no sé, pero nosotros no vemos la luz al final del túnel.

-Bueno, mujer, yo si me entero de algo, te llamo.

-Y yo te lo agradezco de verdad

porque estamos ya con el agua al cuello

y José... María, no te lo imaginas.

Está por la casa como un león enjaulado

y discutimos todo el tiempo por tonterías

y es culpa mía.

-Culpa tuya, ¿por qué? -Por no querer tener niños.

Me arrepiento mucho de haber tomado esa decisión.

Dicen que los niños unen mucho a las parejas

y, por culpa de mi decisión, todo se ha ido al traste.

-Bueno, Rita, los niños unen o separan, depende.

No me gusta que hables así,

no tienes culpa de que tu marido esté en el paro.

Son cosas que pasan. Ya verás como, al final, veis la luz.

-Ojalá tengas razón. En fin, cóbrame esto, por favor.

-No, te invito.

-No, de ninguna manera. Yo te pago esto como me llamo Rita.

-Y yo me llamo María y te digo que te invito.

Es la invitación de una amiga, no me la rechaces.

-Gracias. Me voy a comisaría.

-Cuídate mucho, corazón. -Adiós.

Oye, Pablo, si eso está muy complicado, déjalo, no te líes.

-No, esto ya está. Era un cable que se había soltado,

pero vamos, que te lo he apañado

y ya se oye el motor de refrigeración.

Mañana vengo con el soldador y te lo dejo como nuevo.

-De verdad, hijo, qué cabeza y qué manos tienes.

Qué gusto tenerte en el barrio.

-Eso se lo dirás a todos. -Oye, ¿qué te debo?

-Gracias. Chao. -Venga.

-Gracias. -Tome asiento, por favor.

La inspectora jefe Miralles le atenderá en un momento.

-¿Y sabe, exactamente, para qué quería verme?

-La inspectora se lo explicará personalmente.

-No entiendo muy bien lo del DNI.

No me toca renovarlo hasta dentro de dos años.

(Puerta)

Buenos días, Rita. Hola, Claudia.

Gracias por venir. ¿Qué tal?

Bien. Veo que ya has conocido a nuestra responsable de la UFAM,

Esperanza Beltrán. Responsable, ¿de qué?

-De la Unidad de Familia y Atención a la Mujer.

-A ver, Claudia, no lo entiendo, ¿qué pasa aquí?

Me han llamado por mi DNI, ¿y ahora?

Es normal que no lo entiendas, yo te lo explico.

Queríamos hablar contigo

y esta ha sido la manera más fácil que hemos encontrado.

No te preocupes, no tiene que ver ni con el DNI

ni con ninguna incidencia informática ni nada similar.

Bueno, pues entonces, ¿qué hago aquí?

-Eh, ¿puedo, inspectora? Por supuesto.

Rita, usted no tiene ninguna obligación de estar aquí,

de hecho, puede irse cuando quiera, no hay problema.

Si la hemos hecho venir es porque creemos

que tenemos información que podría ser de su interés.

-Ya. Información, ¿sobre qué?

-Sobre la ayuda que podemos prestarle si considera que la necesita.

-Ayuda, ayuda, ¿para qué? Claudia, no entiendo.

Mira, Rita, ya te he dicho que queríamos hablar contigo

y esta ha sido la manera que nos ha parecido más discreta

para poder hacerlo sin que hubiera vecinos

que supieran por qué habías venido.

A ver, ¿qué tienen que ver los vecinos?

Me estáis liando. Voy a ser franca.

Rita, tú y yo nos conocemos hace mucho tiempo

y lo único que queremos es ayudarte

en la situación por la que estás pasando.

¿Tú sabes cuántas veces hemos visto

hematomas como ese en rostros de mujeres?

Es normal que no quieras que lo sepa nadie,

pero mi trabajo consiste en ver las cosas

y es evidente que José... No, José no tiene nada que ver.

Es que me lo dicen y no me lo creo.

¿Me has hecho venir engañada para malmeter contra mi marido?

-Nosotras no queremos malmeter, solo queremos que sepas

que si estás sufriendo maltrato, no estás sola.

-¿Qué maltrato ni qué nada? Esto es indignante.

Me parece muy mal por tu parte, Claudia.

Tranquilízate, por favor.

Me he extralimitado, tal vez y te pido disculpas por ello,

pero mírame a los ojos

y dime que ese hematoma no te lo ha hecho José.

Si no ha sido él, me olvido del asunto

y le pido disculpas a él, si fuera necesario,

pero, por favor, dime la verdad.

Vamos a ver, es verdad que mi marido y yo

estamos pasando un mal momento y que discutimos mucho,

los dos, no solo él

y en la última discusión

se nos fue la mano, insisto, a los dos,

pero José no quería hacerme daño.

-Rita, que su marido la golpee no solo es intolerable,

sino que, además... -Pero ¿tú qué sabes?

Claudia, que José está muy arrepentido,

que me pidió perdón de rodillas.

No sabéis lo que es ser hombre, tener 55 años

y que nadie te dé trabajo.

Nosotros no queremos ningún mal para José,

pero nuestra prioridad es asegurarnos

de que eso no va a volver a suceder,

que no te volverá a poner la mano encima.

No va a volver a pasar, Claudia, de verdad.

Pero, por favor, no quiero que esto salga de aquí, ¿entendido?

Bien, y no voy a denunciarle si es eso lo que me estáis diciendo.

-Su marido debería saber que sus actos tienen consecuencias.

Si le pone la mano encima...

-¡Te he dicho que fuimos los dos y que no voy a denunciarle, basta ya!

Mira, lo mejor será que me vaya. Rita...

No, Claudia.

¿Quieres ayudarme? Pues déjame vivir mi vida.

Yo la única ayuda que necesito es que le den un trabajo a José

y que entre algo de dinero en casa y ya verías como, así,

se acababan las discusiones entre nosotros.

Por favor. Tú no estás casada, ¿verdad?

-No. -Yo que tú me cuidaba mucho

de dar lecciones sobre cómo llevar un matrimonio.

-Tengo entendido que no has designado un abogado.

-¿Y? -Alguien tendrá que defenderte.

Te enfrentas a acusaciones muy graves.

-¿Qué quieres, Marcelino? ¿A qué has venido?

Supongo que, ahora mismo,

estarás disfrutando viéndome en esta situación, ¿no?

Así que di lo que tengas que decir y déjame en paz.

-Verás, no te voy a negar que estoy disfrutando,

pero he venido a ofrecerte mis servicios.

-¿Qué?

Esta sí que es buena. -Necesitas un abogado

y mi bufete puede encargarse.

-No te preocupes, hombre, ya me asignarán uno de oficio.

-El gran Fernando Quintero recurriendo a un abogado de oficio.

Y yo que creía que lo había visto todo en esta vida.

-Mira, Marcelino, no puedo pagarme un abogado.

Ser un prófugo de la justicia no es nada barato

y lo poco que me quedaba tuve que dárselo a ese malnacido,

a ese Charly para que me ayudase a ocultarme en Madrid.

-Como comprenderás, no te ofrezco mi ayuda por dinero.

-Entonces, ¿por qué?

-¿En serio no sabes por qué estoy aquí?

-¿Te lo ha pedido Alicia?

¿Alicia te ha pedido que asumas mi defensa?

-No quiere que te pudras en la cárcel.

-No lo entiendo, la verdad. Si estoy aquí dentro encerrado

fue, precisamente, porque ella me traicionó.

-¡No digas estupideces! ¿Quién te crees que eres?

Tarde o temprano te habrían encontrado.

-Eso nunca lo sabremos, lo que sí sé es que Alicia, mi hija,

me tendió una trampa, por eso no lo entiendo,

no entiendo lo que pretende ahora mismo...

Un momento.

A no ser que lo que está intentando es

que me caiga la mayor condena posible, ¿es eso?

-Pobre Alicia,

qué equivocada está, ella aún piensa que mereces otra oportunidad,

pero bueno, yo ya he cumplido intentándolo.

-Espera, espera un momento, Marcelino, espera.

¿Por qué crees que ella quiere darme otra oportunidad?

-Cree que Charly te obligó

a que retomaras el contacto con los distribuidores

que no eras tú quien estaba reorganizando

la ruta de la droga. -Así fue, eso pasó. Es la verdad.

-Al parecer, mi hija te ha creído.

-No sé, la última vez que vino a verme al calabozo me dijo

que quería creerme, pero jamás pensé que llegaría a esto.

-Teniendo en cuenta tu pasado, es muy difícil que alguien te crea,

pero los datos hablan por sí mismos

y Alicia, por encima de todo, quiere que se haga justicia.

-¿Qué quieres decir?

¿Crees que, en fin, crees que tengo alguna posibilidad de salir de aquí?

-No, quedar libre es imposible, tienes demasiadas causas abiertas.

Tú mismo confesaste que eras un narcotraficante.

-Sí, pero también he colaborado con la policía y con el CNI, ¿no?

-Porque te convenía, no te ofreciste libremente a ello.

Somoza te iba a matar.

-Aun así, ayudé a desmantelar su organización.

Se supone que eso un juez tendrá que tenerlo en cuenta.

-Y lo tendrá, pero no habla muy bien a tu favor

que te escapases en Cabo Verde.

Fernando, yo no quiero que te hagas ilusiones.

Vas a ir a prisión, eso es inevitable.

-Lo sé,

eso solo que no me gustaría morirme de viejo aquí dentro.

-Entonces, déjame defenderte.

Le he prometido a Alicia que haría todo lo posible

por sacarte de aquí antes de que seas un anciano.

-Está bien, estoy en tus manos. No puedo hacer milagros,

pero si querías vivir como un hombre libre,

deberías haber hecho las cosas de forma muy distinta.

-Haz lo que puedas, Marcelino, me conformo con eso.

¿Qué tal, Silvia, cómo lo llevas?

Bien, revisando diligencias para Alicia.

Ya me ha dicho que te ha tocado trabajo de oficina.

Me imagino que no te gustará estar pegada a la mesa,

¿me equivoco? Bueno, no todo va a ser patrullar,

tener al orden los expedientes es fundamental...

Ya veo que no quieres hablar mal de Alicia en mi presencia,

pero si piensas que te está dejando al margen, te equivocas,

no es el caso. Le agradezco que me lo diga

porque a veces sí que tengo esa impresión.

Yo creo que he demostrado que puedo llevar una investigación.

Sí, por supuesto, pero hay algo que todavía no has demostrado

y creo que también estás capacitada para ello

y es confiar en tus superiores.

Estoy haciendo todo lo que me piden y lo hago lo mejor que puedo.

Tal vez no me he expresado bien, no me refiero a cumplir órdenes,

por supuesto que lo haces, solo faltaría, eres policía.

No, me refiero a que tengas fe en tu mentora

y pensar que si ella te dice que hagas algo,

hacerlo y no discutirlo. De acuerdo.

Más que nada porque, ahí fuera, algún día te puede costar la vida.

Tomarte un segundo en cuestionar la orden de un superior es todo

lo que necesitas para recibir un disparo.

Lo entiendo. Gracias por decírmelo.

Inspectora. ¿Sí?

¿Alicia se ha quejado?

No, en absoluto, ella habla muy bien de ti.

Es que si ella piensa que esto no funciona, no quiero...

Si estás intentando decirme que te asigne a otro inspector,

olvídate. Tengo mucha práctica uniendo binomios.

Sé que ahora no sois amigas, tampoco lo pretendo,

pero también estoy segura de que, en el futuro,

el trabajo que estáis haciendo será muy beneficioso para las dos.

Sí, inspectora.

Y si necesitas ayuda con eso, no tienes más que pedirla,

aquí somos todos compañeros.

Pasa, por favor. Siéntate.

¿Quieres tomar algo? -No he venido aquí a beber.

-Ah, muy bien, al grano. Pues venga, hablemos de negocios.

-He venido aquí a decirte que con lo que hiciste ayer

no vas a conseguir nada de mí.

-¿Lo que hice ayer? No entiendo. -El destrozo de mi taller.

-Ay, Jeremías, lamento mucho lo que te ha ocurrido, de verdad,

y entiendo que estés alterado, pero estas acusaciones, no.

-No te hagas la tonta, por favor.

-Háblame con respeto.

-Con quien voy a hablar ahora mismo es con la policía.

-No creo que te convenga,

no vaya a ser que, mientras estés en comisaría,

alguien entre en tu casa

y le prenda fuego a esa preciosa moto que tienes guardada en el parking.

Es una Zündapp, una KS 600. -¿Y cómo sabes tú eso?

-Bueno, eso da igual.

Lo que sería una pena es que corriese la misma suerte

que el "Studebaker".

Hay tanto indeseable por este barrio, Jeremías.

-Tú la primera. -Yo solo soy una empresaria

que te ofrece un precio justo por esa mierda de taller que tienes,

mucho más de lo que te pagaría el seguro, si te paga algo.

Mira, Jeremías, con lo que yo te ofrezco,

puedes reparar ese precioso coche y largarte a recorrer mundo.

Pero ¿qué necesidad tienes de mantener un negocio

que te quita el sueño?

Siempre pensando que te lo pueden destrozar

o peor aún, que pueden entrar en tu casa

y te pueden atacar.

Hay mucha gente sin escrúpulos por el mundo, créeme.

Piénsatelo, Jeremías, piénsatelo.

-No tengo nada que pensar. -¿Entonces?

-Acepto vender mi taller. -Sabia decisión.

-Y yo que quería empezar con buen pie en la UFAM.

-Lo tenías muy difícil. Si la víctima no quiere denunciar...

-Esa mujer está deseando denunciar, pero no se atreve

porque yo no le doy confianza y es lo que tiene que hacer

una responsable de la UFAM, dar confianza, ¿no?

-A ver, Espe, tú das confianza. -No, Lola daba confianza, yo, no.

Si ella hubiera estado en mi lugar,

seguro que ese bestia, ahora mismo, estaría detenido.

-Tampoco lo sabemos.

Tú has ayudado a muchas mujeres en la UFAM.

Hay veces que se gana y hay veces que no y ya está.

Hola. Fede, ¿te importa dejarnos un momentín?

Sí, cómo no. Gracias.

Y ánimo.

¿Cómo estás? Tanto pelear por dirigir la unidad

y ahora no soy capaz de hacerle ver a las víctimas

que pueden confiar en mí. No digas a las víctimas, Espe.

Rita es una víctima y tú has ayudado a muchas mujeres

con muy buen resultado. No he sabido manejar la situación.

Tenía que haber ido de frente.

Escucha. Rita es muy cabezota, lo ha sido toda la vida, ¿eh?

Así que no te fíes de este arranque de orgullo

que ha tenido. Puede que ahora esté en su casa

meditando sobre lo que le hemos contado

y mañana venga dispuesta a denunciar a su marido.

Pero podría estar el hospital tras recibir una paliza.

¡No nos pongamos en lo peor!

Hemos sembrado la semilla, hay que esperar a que germine.

Ya, sí, es cierto, sí.

Y no te vengas abajo, ¿eh? Te necesito fuerte al pie del cañón.

No, vamos, eso tienes que tenerlo clarísimo.

Yo, contenta o triste, me voy a dejar la piel

por cumplir mi labor en la UFAM.

Así me gusta, esa es Esperanza Beltrán y no otra.

Mamá, te estaba buscando, ¿qué pasa? -Siéntate.

-¿Estás bien? El mensaje ponía que era urgente.

-Perfectamente. Toma.

-¿Qué es esto?

-Las escrituras de propiedad de tu nuevo taller.

-¡No!

-Jeremías ha cambiado de opinión, ha decidido vender.

-¿Cómo lo ha conseguido? Mamá, ¿qué le has dicho?

-Puedo ser muy convincente cuando quiero.

-Te dije que quería encargarme yo de esto.

Podía haber encontrado otro local. -O podías no haberlo encontrado

y haberte podrido en esa mierda de trabajo que tienes ahora,

pero no lo quería, hijo.

-Ya. ¿Qué le has dicho? Dime la verdad.

-Nada. El hombre estaba ya muy cansado.

Parece ser que quería mantener el taller

para reparar ese "Studebaker".

Yo le he dado una buena pasta por el taller

y para que repare ese coche y se ha quedado tan contento.

-La verdad es que el taller es perfecto.

-Y ahora es todo tuyo.

-¡Guau! Juro que te devolveré hasta el último euro

por partes porque todavía no tengo la pasta

para dártelo todo completo. -Bien.

De momento, me conformo con que me des un abrazo.

¡Ay, cariño! -Muchas gracias.

-Te quiero pedir un favor, hijo. -Claro, dime.

-Me gustaría que lo llamaras Talleres Soler.

-Motor Soler, ya lo tengo pensado desde hace un tiempo.

Me llena de orgullo ponerle el apellido de mi madre.

-El único apellido de la familia. -Tienes toda la razón.

¡Mi propio taller, eh! ¡Es que no me lo puedo creer!

Voy a llamar al imbécil de Ramón y le diré que me largo.

Mañana empezaré con la reforma del local.

-Bueno, calma, calma.

Le he dado un par de días a Jeremías para que recoja sus cosas

y se lleve lo que quiera. Tiene que reparar unos cristales

que se le rompieron con la tormenta de anoche,

pero tranquilo, que en un par de días,

Motor Soler es una realidad.

(GRITAN)

-Mamá, eres la mejor, te lo juro. -Zalamero. Bájame, anda.

(Canción pop)

(Timbre)

-Buenas tardes, ¿está tu madre? -Hola, Rita, pasa. ¿Estás bien?

-Tengo que hablar con tu madre, ¿está o no?

-No, sigue trabajando, pero, si quieres, la llamo.

-Sí, llámala.

-Oye, ¿estás bien? Te noto un poco nerviosa.

¿Quieres que te haga una tila? -No, mejor no, ¿eh?

No la llames, déjalo, ¿vale?

-¿Por qué no te sientas y me cuentas qué te pasa?

-Es José, este hombre...

Un día le va a dar un ataque al corazón

con los disgustos que se lleva por tonterías.

-Pero ¿qué pasa? ¿Habéis discutido?

-Sí, ¿no has oído los gritos? -No.

Es que tenía la música puesta.

-Hemos tenido una discusión muy fuerte

y todo porque le han dicho

que me han visto entrar en la comisaría esta mañana.

Había ido a hablar con tu madre. -¿Y por eso se ha enfadado?

-Y ha cogido un plato y me lo ha tirado a la cabeza.

-¿Qué? Pero ¿estás bien? -Sí, si no me ha dado.

Total, que se ha ido dando un portazo

y no me ha dicho ni adónde iba ni cuándo iba a volver ni nada.

-Pero esto tienes que denunciarlo, Rita.

-Sí. Bueno, no lo sé. -¿Cómo que no lo sabes?

-Mira, es que por eso quería hablar con tu madre,

pero es que no quiero molestarla.

-No, tú no molestas, tranquila. Yo la llamo.

-No, mira, prefiero marcharme, déjalo, ¿vale?

-Pero ¿adónde te vas a ir? -A que me dé el aire.

Siento haberte asustado, corazón, ¿vale?

-No, espera, si quieres te puedo acompañar a comisaría.

-No, no hace falta, de verdad, ¿vale?

-Mira, Rita, mi madre no me coge el teléfono,

pero cojo mis cosas y voy contigo. -Que no,

lo que me faltaba era que me viera entrar de nuevo.

Adiós, Olga, y no te preocupes, de verdad.

-¿Antecedentes por agresión? No tenía ni idea.

No, pero ayer solo quería asustarle y llevarse la bici.

No sé, si me lo preguntas a mí, creo que tiene la mano muy larga,

pero nada más.

No, ese informe no lo redacté yo, el vocabulario me delata.

Lo escribió mi nuevo compañero

que está en prácticas. Toni, se llama.

¿Sí? Ah, has oído hablar de él. Sí, eso es muy bueno.

Claro que sí, yo también he tenido un gran maestro.

No te preocupes, yo me encargo de mandarle a los juzgados

y de hablar con Miralles, ¿vale? Muchas gracias.

¡Miralles! Sí, dime.

(Móvil)

Espera, perdón, un momento. ¿Sí, dígame? Ahora te digo.

-Muchas gracias por lo de antes. ¿Y qué es lo de antes?

Por venir y animarme. ¡Anda, mujer!

Se nos ha hecho tarde, ¿no? Sí, además yo tengo fiesta.

¿Que tienes fiesta? ¿Y qué se celebra?

Que tenemos nueva compañera de piso, Silvia se viene con nosotros.

Eso sí que es una buena noticia. Ven y te tomas una. Díselo a Olga.

No, lo pasaréis mejor si no van los mandos.

Hola, mamá. ¿Qué haces aquí, hija?

Estoy preocupada por la vecina. ¿Qué vecina?

Rita, que ha venido antes a casa y le tenía mucho miedo a su marido.

Me ha dicho que le ha tirado un plato, aunque no le ha dado.

¿Cómo no me llamas?

Te llamé siete veces, pero me salta el buzón.

¡Otra vez sin batería!

Mira que le he insistido en venir a comisaría,

pero no ha querido que le acompañase. -Muy bien. ¿Cómo dices?

Espera un momento, que tomo nota.

-¿Qué hacemos? ¿Vamos a verla o localizamos al marido?

No le podemos detener. Si no tenemos testigos

y ella no quiere denunciar, no hacemos nada.

Vete a tu fiesta y yo iré a su casa antes de ir a la mía.

No, quiero ir. Es mi primer caso al frente de la UFAM.

-Gracias.

Miralles, han encontrado el cadáver de una mujer estrangulada

en un portal en la calle de los Olmos

y parece indicar que es vecina tuya por el DNI.

¿Cómo se llama? Rita Blanco.

-¿Lo has pensado bien, mamá? -Sí, claro.

-Creo que sería mejor que fuese relaciones públicas

o algo así. Le gusta hacerse notar. -Luis, quiero que sea socio.

Que se entre de cómo van las cuentas, las licencias, los empleados...

Tu hermano necesita tener responsabilidades.

-Ricky, te voy a decir dos cosas. La primera,

deja de comportarte como un baboso delante de Sara.

-¿Cuándo he sido baboso con ella? -Y segundo,

ahora eres su jefe, cuidado con cómo le entras,

no vaya a ser que tengamos una demanda por acoso sexual.

-Una demanda, ¿estamos locos? No he hecho nada.

-No, pero la desnudas con la mirada. -Ojalá tuviera ese superpoder.

-Mi primer caso como máxima responsable de la UFAM

y he fallado. -Vamos a ver, tú no has fallado.

Tú has hecho lo que has podido por ella y ya está.

-Pues mira cómo ha acabado.

No sirve de nada sentirse culpable, por experiencia.

En un crimen, el único culpable es el criminal el único.

Ya lo sé,

pero no puedo evitar sentirme culpable.

-Vais a pensar que estoy tonto,

pero no puedo evitar que me dé pena Jeremías.

Toda la vida dedicada a los coches y ahora allí, solo,

mano sobre mano, sin nada que hacer.

-Es lo que, comúnmente, se llama jubilación.

-Pensaba que, a estas horas, estarías en el taller.

-Debía estar trabajando, pero acabo de dejarlo.

-¡Felicidades! Entonces, ¿montas tu taller?

-Sí, abrimos en unos días, así que, no sé,

si tienes cualquier tipo de reparación,

a ti te hago precio especial.

-Mira, por lo que conozco a Alicia, es una tipa muy justa

y muy cabal. -Ya, pero me está dejando de lado.

He pensado hasta pedir el traslado

porque mientras esté con Alicia, no aprenderé nada de ahí fuera.

Investigo y ella estuvo patrullando desde el primer día.

¿Queda café? Acabo de empezar como inspectora,

es mi primer destino tras las prácticas.

-Genial, enhorabuena. Yo soy... -Miguel Flores.

He leído el informe de la detención de Sofía Collantes.

Mira, quería preguntarte.

Cuando llegaste aquí, te asignaron a Alicia Ocaña.

Le he pedido a Miralles que te asigne a otro inspector.

Tengo cosas que hacer como para discutir lo mismo cada día.

¿Por qué eres tan borde? He oído hablar tanto de tu trabajo

y pensaba que iba a aprender mucho, pero me equivocaba.

Para mí también es una pesadilla trabajar contigo.

-Hola, Fernando, ¿cómo estás?

-Mira, Maica, di lo que tengas que decir y déjame en paz.

-"¿Inspectora Alicia Ocaña?". Sí, soy yo. ¿Quién es?

Soy Maica Vallejo, no nos conocemos,

pero tengo que pedirte un favor para un amigo que tenemos en común.

¿Conoces el bar La Parra? Está frente a comisaría.

"Sí, lo conozco". ¿Podrías estar allí en media hora?

Inspectora, nos han confirmado que han visto a José Guardado.

¿Dónde?

Tirado en un banco en el parque Barlovento.

Está borracho. -Ya me ocupo yo. Andando.

¡Que he dicho que te levantes!

-Espe, por favor. -Conmigo no te atreves.

¡A mí no me dejas tirada en un portal, asesino!

Creo que voy a renunciar. ¿Qué?

No puedo seguir al frente de la UFAM tras lo que ha pasado. No sirvo.

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  • Capítulo 415

Servir y proteger - Capítulo 415

26 dic 2018

Silvia visita el piso de Espe y Fede y decide trasladarse a vivir con ellos. Marcelino acepta llevar la defensa de Quintero y le visita en la cárcel para comunicárselo. Miralles y Espe citan a Rita en comisaría para intentar convencerla de que denuncie a su marido.

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