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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 414 - ver ahora
Transcripción completa

Ayer llegas contenta, hoy te levantas a prepararme el desayuno,

¿qué está pasando?

Bueno, he conocido a un chico.

-Es policía, está en prácticas y acaba de entrar en la comisaría.

Estoy muy ilusionada.

-¿Qué pasa Paty? Hoy no necesitas ayuda.

-Igual cuando cierre el bar sí.

-Toni.

-Este es mi Toni. -Sí, y el mío también.

-Entonces ¿qué? -Pasamos de él.

Yo por lo menos. -Sí, sí, pasamos de él.

-Esto de vivir tú y yo solos nos sale por un pico.

-Tener la habitación de Lola vacía es un lujo que no nos podemos permitir.

¿Tú no tenías un alquiler provisional?

¿Qué te parecería ser nuestra compañera de piso?

-¿Para qué quiero tu tarjeta?

-Por si tienes algún imprevisto con el coche o te deja tirada.

Nunca se sabe. -Claro.

¿Qué pasa? -Que a ti ese mecánico te hace tilín.

-¿Tengo que esperar a que se te estropee el coche?

-No sea que cojas frío aquí esperando.

-Todos los locales que he visto están por las nubes,

y no sirve cualquiera para taller.

Los dos podríamos beneficiarnos. -Mira, Álvaro,

mi vida es el taller.

Me da energía para seguir viviendo.

-Te pierde la admiración que sientes por ese hombre.

-Basta ya. Deja en paz a Jeremías.

Al final va a tener razón Ricky y te pasas con el control de tus hijos.

-Llamas a tus amigos

y esta noche os dais un paseo por el taller del viejo Jeremías.

-¿Qué quieres que hagamos?

-Basta con que rompáis unos cristales,

algo sencillo pero contundente.

Necesito saber que puedo confiar en ti.

Quiero que seas socio del pub.

Una vez te dije que haría todo lo que estuviera en mi mano

por ponerte las esposas, y así ha sido.

Quintero está loco por tomar el control de la ruta del sur,

él me metió en este lío.

-Ese Charly me tuvo retenido

para obligarme a ponerle en bandeja el negocio.

Y por eso me puso un vigilante con una pistola.

Si lo encuentras, sabrás lo que pasó.

Zeus ha confesado que eras prisionero de Charly,

lo cual inclina la balanza a tu favor.

Quintero es un narcotraficante. Reformado o no, no lo sabemos.

Pero es verdad que en alguna que otra ocasión

ha manifestado lo que te quería.

No te sientas culpable

por tener sentimientos contradictorios hacia él.

Lo raro sería que no los tuvieras.

Este álbum me lo regaló Antonio y yo soy incapaz de abrirlo

temiendo que sean las últimas fotos de los tres juntos.

Antonio está en Milán por un tratamiento médico.

No sabes lo que daría por tenerlo en casa.

No hay día que no me acuerde de mi mujer.

Quizá me tenía que haber quedado en Salamanca.

-¿Por qué te viniste? -Mi mujer falleció.

No toques esa caja.

-Estaba buscando unos tacos de fieltro.

-Ahí no están.

¿Toso bien con Iker?

Es como si no hubiera vuelto de Chechenia.

Está rarísimo, como ido.

¿Quién es Yuri?

No has parado de gritar su nombre mientras dormías.

¡Ladrón! Que me ha robado el móvil.

Dame ese móvil.

Yo solo recuerdo el estruendo, el fuego cruzado

y vi una figura acercarse a mí y la abatí sin pensarlo.

Dios, no tenía ni 15 años.

Se llamaba Yuri,

y yo le había metido dos tiros en el pecho.

(Música emocionante)

Aquí tenéis la cuenta, chicos.

Pero ¿qué pasa?

¿Pasas de largo sin decirme nada? -Perdona, no te había visto.

-Seguro que no me habías visto, sí.

-¿No me crees? -Pues no.

-Es verdad. Voy a la ferretería a cambiar una cerradura de la taquilla.

-Pero reconoce que me has visto y te has hecho el loco.

-Curramos en frente, no tengo que saludarte cada vez que paso.

-O sea, sí que me has visto.

Pero has pasado de largo porque Olga y yo hemos descubierto tu juego.

-No hay ningún jueguecito.

¿Cómo que no? Te has liado con las dos a la vez.

-Para el carro, me he dado cuatro besos.

Yo no le doy importancia a eso.

-Porque para ti es lo más normal, ¿no?

-Sí, tronca, no estamos en la Edad Media.

Deja de darle vueltas porque no da para más.

-Encima te pones chulo. Muy bien.

Yo alucino. No entiendo cómo he pensado que podías ser buen tío.

¿Ya no lo piensas?

-No lo pienso. Me parece que eres un mentiroso y un falso.

-¿Falso? -Sí, un falso.

Y encima actúas a las espaldas. -¿A las espaldas de quién?

A ti te he conocido en el bar y a Olga en la ferretería.

No sabía que eráis amigas. Me molasteis las dos y punto.

Pero no hagas una bola de esto porque es una chorrada.

-A mí no me parece ninguna chorrada liarme con el mismo tío

que se está liando mi mejor amiga.

-Yo no sabía que eráis amigas. -Pues ya lo sabes.

Y no vamos a discutir por ningún tío.

-Yo no quiero que discutáis por ningún tío.

-Pues ya está. Que sepas que paso de ti absolutamente.

-Vale, pero te estás sobrando.

-Y tú la has cagado y lo sabes.

-Toni, tenemos que atender un aviso. -¿Qué ha pasado?

-Una reyerta con un herido de arma blanca.

Luego seguís con vuestro palique.

-Yo con este no tengo nada más que hablar.

-¿Qué le pasa a Paty contigo? -Nada, está de coña.

-De coña, no te lo crees ni tú.

¿Qué pasa, habéis discutido? -Que no, que está todo bien.

¿Dónde ha sido la pelea? -En Barlovento.

-Álvaro, ¿quieres un café? Está recién hecho.

-No quiero nada.

-No tienes que contestarme así. ¿Qué te pasa?

-¿De verdad no lo sabes? -Pues no.

Todavía no soy adivina.

-¿Por qué hablaste don Jeremías para que me venda el taller?

-Ah, eso. -Sí, eso.

-¿Qué tiene de malo? -Que te pedí que no lo hicieras.

-Yo solo quería dar un empujón a tu sueño.

Por ti mismo parece que no lo consigues.

-Ya veo lo que confías en mí.

-A las pruebas me remito, hijo.

-Tampoco es que a ti te haya ido muy bien.

¿De verdad pensabas comprar a Jeremías

con una jubilación idílica en Benidorm?

-A mí me pareció una idea genial para alguien como él.

Ese hombre está más solo que la una.

Enviudó muy joven y no tiene hijos. -No tienes ni idea, mamá.

Jeremías es muy feliz con la vida que lleva.

Con su taller, con la grasa, con los motores... Con todo.

-Sí, eso lo dejó muy claro. -¿Sabes lo que me da más rabia?

Que lo hiciste a mis espaldas.

No sabes la cara de gilipollas que se me ha quedado

al decirme que habló contigo. -Yo solo quería que fueses feliz,

por eso intenté convencerlo para que te vendiera el taller.

-Yo solo quería que no se sintiera presionado.

Aprecio mucho a ese hombre.

-Ojalá él te apreciara tanto a ti.

Así comprendería que debe dejar paso a los jóvenes.

-¿Eso qué tiene que ver?

Jeremías es un hombre honesto y hay que respetar sus decisiones.

A ver cuándo tú respetas las mías,

y te das cuenta de que puedo cumplir mis objetivos por mí mismo.

-¿Qué tiene de malo querer echarte una mano?

-Lo único que has conseguido es que Jeremías no se fíe de mí.

Desde que ha quedado contigo se ha cerrado en banda.

Ya no quiere oír hablar de venderme el taller.

-No te preocupes. Las circunstancias de una persona

pueden cambiar de la noche a la mañana.

Y sus opiniones también.

-¿En qué estás pensado? -En nada.

-No quiero que vuelvas a mover ni un solo dedo por mí.

Lo único que has hecho es empeorar las cosas.

-¡Que sí, que ya me ha quedado claro!

Y te pido perdón. No tienes que repetirlo tanto.

Ahora, una cosa te voy a decir,

tienes que tomarte la vida de otra manera,

me da la sensación que trabajas demasiado

y no tienes tiempo para divertirte.

-Yo soy como soy, y no voy a cambiar porque eso me hace feliz.

-Pues si sigues así, te vas a quedar más solo que Jeremías.

(Teléfono)

-Hola, Álvaro.

-Vaya, tienes mi teléfono guardado en tu agenda.

-Por supuesto. Si necesito un mecánico ya tengo taller.

-"¿Solo sería por eso?"

Que decepción. Yo quería invitarte esta noche a tomar algo.

-"Tú no tardas en mover ficha, ¿no?"

¿A qué hora te va bien? -"¿A las nueve?"

-Salgo a esa hora. Nueve y media.

¿Conoces el bar La Parra?

-Hecho.

-Venga.

-¿Cuánto tiempo llevas ahí?

-El suficiente para ver que has quedado con una chica.

¿Quién es? -No la conoces.

-Pero tendrá un nombre. -Sí, mamá, se llama Silvia.

La conocí hace unos días en el Moonlight.

-¿A qué se dedica? -No lo sé.

Es la primera vez que quedo con ella. -Ah.

Si las cosas van bien con ella quiero conocerla.

-Resulta un poco asfixiante

el control que tienes sobre tus hijos. ¿No te parece?

-No.

Lo que sí me parece es que estás muy distante conmigo, hijo.

¿Qué ha pasado durante estos cinco años?

-Nada.

Quizá tus hijos tienen la edad suficiente para no contarte todo.

-Mira, para ser fuertes,

es necesario mantener la familia unida.

Y para eso, tenemos que tener comunicación entre todos.

¿Lo has entendido?

-Silvia, estamos deseando que vengas a ver el piso.

-¿De verdad? Si no os encaja no pasa nada, yo sigo buscando.

-Nos encaja estupendamente. Si te gusta la habitación, es tuya.

-Pues la veo. Seguro que es mejor que cualquier otra que haya visto.

-Nos llevamos muy bien los tres, tenemos muchas cosas en común.

-Yo creo que puede funcionar.

-Cuando acabemos el turno nos vamos los tres a casa

y miras a ver si te gusta. -Ostras, perdonadme.

No puedo ir esta noche. -Pero habíamos quedado para cenar.

-Ya, pero me han llamado hace un rato y he quedado.

-¿Tienes una cita? ¿Con quién?

-¿Puedes dejar un poquito los interrogatorios?

Le va a dar miedo venir a vivir con nosotros.

-Con Álvaro.

El mecánico que te arregló el coche.

-O sea, no iba yo desencaminada cuando dije que te gustaba.

-No sé si me gusta. Solo hemos quedado para tomar una copa.

-Si habéis quedado será por algo.

-No puedes decir que no, tienes las pupilas dilatadas.

-No.

-¿Y cómo es que habéis quedado?

-Me lo he encontrado esta mañana y cuando me he querido dar cuenta,

ya le había dado mi número de teléfono.

-Sí que ha sido rápido el mecánico, a la primera de cambio, pumba.

-Tienes buen gusto, porque Álvaro es bien guapetón.

-Espe siempre valorando la belleza interior de las personas.

-¿Os parece que vaya mañana a primera hora?

Antes de venir a comisaría. -Sí, perfecto. ¿Verdad?

-En vez de una cena organizo un desayuno y santas pascuas.

-Genial, muchas gracias.

-Mucha suerte con la cita y que lo paséis bien.

Además, hacéis muy buena pareja. ¿A que sí?

-Yo no sé muy bien cuándo se sabe eso.

-Compañero, llévatelo abajo. Esta noche duermes en los calabozos.

-Yo no me quedo tranquilo con el chaval al que han pinchado.

-Mañana llama al hospital y te quedas más tranquilo,

pero en principio era una herida superficial. Se pondrá bien.

-Y no entiendo que haya sido por una mierda de bici.

-Una bici valorada en 1500 euros, no te olvides de ese detalle.

-Yo flipo con la peña.

La gente no piensa en las consecuencias de las cosas.

Igual te meten un mal golpe y te quedas en el sitio.

-Desde luego, es una estupidez.

Para empezar, hoy tenemos uno en el calabozo y otro en el hospital.

¿Qué te parece? Vamos a seguir con esto.

¿Seguro que estás mejor?

Sí, sí.

Si quieres te preparo una infusión.

Gracias, cariño, pero no me entra nada.

No me extraña que tengas pesadillas, lo que has vivido es muy duro.

Es horrible la sensación de haber matado a alguien.

Imagínate si es un chaval que no tenía ni 15 años.

Pero durante el tiroteo no tuviste tiempo de reparar en nada.

Además iban encapuchados.

En ese momento solo pensaba en salir vivo de la emboscada

y volver a casa contigo y con Leo.

Quería habértelo contado antes, pero estaba bloqueado.

Y al llegar a casa supe la noticia de que habíais detenido a Quintero.

¿Y eso qué tiene que ver?

Porque es algo que te revuelve y no quiero añadirte más preocupaciones.

Te agradezco mucho que pensaras en mí.

Pero la verdad es que...

empezaba a estar un poco perdida con tu actitud.

Lo siento. En el fondo no era consciente

de que me habías visto mal. Se te ve bastante afectado, Iker.

Creo que deberías pedir ayuda psicológica.

No lo descarto.

Quizá más adelante, ahora mismo estoy agotado emocionalmente

y necesito recuperarme.

Vale, pero no lo dejes pasar.

Yo siempre estaré apoyándote, pero...

hay veces que para gestionar ciertas cosas,

es necesaria la ayuda de un terapeuta.

Gracias por estar ahí.

¿Y dónde quieres que esté?

A ver...

También puedo estar aquí.

Me ha venido bien hablar y contártelo todo.

Me alegro, pero pareces cansado.

Sí, me tumbaré un rato antes de cenar si no te importa.

No, claro.

Así aprovecho y le pido a mi padre una cosa.

¿Ocurre algo? No, nada.

Vete a descansar.

Hola. ¿Qué deseaba?

-Venía a por un enchufe.

-Mire, tenemos empotrado, o de superficie.

-No sé cuál llevarme. Pensaba que todos eran iguales.

-No, no.

¿Para dónde lo quiere? -Para el baño.

Mi marido quiere cambiarlo porque hace un ruido raro

al conectar su máquina de afeitar.

-Si es para cambiar un enchufe de obra,

yo le recomendaría sin duda el empotrado,

porque es lo más lógico.

-¿Y si a mi marido no le parece bien?

-Viene él o usted con el ticket y yo se lo cambio.

O les devuelvo el dinero.

-Es urgente y no me gustaría equivocarme.

-Pues llévese los dos.

Tiene 15 días para devolverme el que no necesite.

-Eso me parece bien. Muchas gracias.

¿Cuánto es?

-5,90.

-En ninguna otra ferretería me han devuelto nunca el dinero,

como mucho me han dejado cambiar un producto por otro

si no me convencía.

-Es la política de devolución de cada establecimiento.

Nuestra máxima es que el cliente esté siempre satisfecho.

-Ha quedado muy bien la tienda.

-Eso es mérito de Damián, el dueño.

-Ah. ¿No eres tú?

-No.

Yo soy Pablo.

-Rita. -Encantado.

¿Le puedo hacer una pregunta? -Claro.

-¿Por qué ha venido a comprar?

-No le entiendo. Porque mi marido necesitaba un enchufe.

-No me he explicado bien.

Quería decir si alguien le ha aconsejado esta ferretería,

o lo ha visto en internet o en el supermercado.

-Unos vecinos me han dicho que han abierto una ferretería en el barrio.

La verdad es que está muy bien, da gusto comprar en esta tienda.

-Muchas gracias.

¿Sabe usted que tenemos un taller

de reparación de pequeños electrodomésticos?

-Sí, y me parece muy buena idea.

-Pues venga usted cuando quiera.

Solo tiene que decirlo y la apuntamos.

-Ya. No creo que pueda porque no tengo mucho tiempo.

-Pues en otro momento.

-Ojalá pudiera venir.

Gracias. -Que tenga usted buen día.

-¿Qué tal, cómo va eso? -Pues bien.

-Parece que se ha ido contenta. -Sí.

Venía a por un enchufe y se ha llevado dos.

El otro lo va a traer de vuelta, pero ¿sabes qué?

Me ha dicho que los vecinos están muy contentos con la ferretería.

-Y seguro que también lo están contigo.

En serio, eres un buen fichaje.

Tienes un don para tratar con la gente.

-¿Usted cree?

Yo lo paso bien, estoy a gusto trabajando cara al público.

-Quiero que sepas que yo también estoy muy contento contigo.

Y no merecías que te tratase como lo he hecho esta mañana.

He dormido mal y eso me hace perder los nervios.

-No pasa nada. Es agua pasada.

-Atiende tú a la señora. -Claro.

Hola, buenas. Esto entonces, ¿no?

Vale.

-Hola, hija. Hola, papá.

Pareces cansada.

No he dormido bien. Últimamente Iker tiene muchas pesadillas.

¿Y eso?

De puro cansancio. Necesita unos días para recuperarse de la misión.

Pero está bien, ¿no? Sí, sí, sí.

Ahora mismo está descansando y yo estoy feliz de tenerlo de vuelta.

Pues perdona que insista, pero...

además de cansada te veo preocupada.

Es por otro motivo, y por eso quería verte.

¿De qué se trata?

Quintero.

¿Qué pasa con él?

Supongo que sigue en prisión. Sí, claro.

Espero que le caiga la máxima pena posible.

Que pase el resto de su vida en la cárcel.

Tampoco hace falta...

ensañarse con él, ¿no?

Vaya.

Parece que te apiadas de él.

No, solo que cuando tengo la sensación de que un delincuente

parece que va camino de rehabilitarse,

no puedo evitar sentir

cierta compasión.

No es el caso de Fernando Quintero creo yo.

Según tú volvió para reorganizar la ruta del narcotráfico del sur.

Sí, pero supimos que un hombre lo estaba presionando

para que le diera sus contactos.

Quintero no quería volver a delinquir,

y resultó que es hombre lo tenía secuestrado.

¿Y tú te lo crees?

Alicia, por favor.

Este hombre siempre ha sido un mentiroso y un manipulador.

Toda su vida no ha hecho más que mentir y engañar.

Quintero quería reunirse con Julio en Miami.

Al principio no le creí,

pero encontramos pruebas que respaldan su versión.

¿Qué pruebas?

El billete a Miami y su pasaporte.

No tenía intención de quedarse en España.

Ahora va a resultar que es un corderito

y te vas a creer a pies juntillas todo lo que te diga.

Todo no, pero sé que en este aspecto dice la verdad.

Perdona que te diga, pero no me creo nada que venga de él.

Además, no entiendo para qué me cuentas todo esto.

Porque quiero pedirte algo.

¿El qué?

Que seas su abogado.

No puedes estar hablando en serio.

Sé que te pilla por sorpresa, pero...

Pero ¿qué, Alicia?

Aunque haya dicho por una sola vez la verdad,

no cambia eso su pasado.

Fernando Quintero es un criminal,

y dudo mucho que se arrepienta de nada.

Ya te he dicho que quiere dejar atrás esa vida.

No te entiendo, Alicia.

Rober y su hermano Jairo murieron por su culpa,

¿es que ya no te acuerdas de eso? Por supuesto que me acuerdo, papá,

y es algo que me acompañará toda la vida.

Pero no es justo responsabilizar

de forma directa a Quintero de sus muertes.

¿Me quieres decir a qué viene tanta misericordia por este hombre?

Yo misma le puse las esposas,

pero eso no quita para que vea que ha cambiado.

Cuando huyó del CNI podría haberse ido a un país

sin acuerdo de extradición, pero no lo hizo.

Porque quería venir a hurtadillas para reorganizar la ruta de la droga.

No, papá,

porque quería conocer a Leo y asegurarse de que estamos bien.

Ah...

Vaya.

Ya veo que vuestra relación va viento en popa.

Y que tenéis grandes conversaciones.

Sé que Quintero nos ha mentido, pero ahora está diciendo la verdad.

Y está arrepentido de todo lo que ha hecho.

Qué lástima.

Ya podría haberlo hecho antes de causar tanto daño,

y no ahora, cuando está en el calabozo y con la soga al cuello.

Lo siento, no debí pedírtelo.

Ha sido un error por mi parte. Desde luego.

No defenderé al hombre que se metió en mi matrimonio,

y que causó la muerte de tu madre en un accidente

¡que nunca tuvo que ocurrir!

¿Qué vas a decir?

Que también pagó el rescate de tu secuestro.

Pero sé eso no quita el daño que te ha hecho.

Por supuesto que no.

-Necesitaría cambiar esta cerradura.

-No sé si tengo una igual. A ver.

Si no la tengo, la pido y la tienes mañana a primera hora.

-Me quedo más tranquilo si la dejo cambiada.

-No creo yo que tus compañeros de trabajo...

Tendría gracia que hubiera ladrones dentro de la comisaría.

-Ladrones no, pero cotillas hay alguno.

-A ver.

Esto no sé yo...

Busco en la trastienda mejor. -Vale.

-Olga.

¿Vienes a arreglar algo?

-Venía a por unas bombillas. -Atiendo a Toni y ya estoy contigo.

-¿Qué tal, bien? -Bien. ¿Y tú?

-Claro, como a ti todo te parece bien.

Como enrollarte con Paty y conmigo a la vez.

-Eso no fue así. Primero me di un beso con una,

y luego me di un beso con otra. -Míralo que gracioso.

-Pero, Olga, que no estamos en la Edad Media.

No voy a firmar un contrato de exclusividad por darme un beso.

-Es que si yo sé que te has morreado con Paty no me beso contigo.

-No me morreé con Paty, me di un beso, el morreo fue contigo.

Y la que quiso quedar fuiste tú y también quien tomo la iniciativa.

Yo no sabía que Paty y tú erais amigas.

-Yo flipo.

De mí te olvidas de por vida.

-¡Oye!

¿Tú no querías unas bombillas?

-Sí, pero no me corre prisa. Ya vendré otro día.

-He puesto la trastienda patas arriba, pero la he encontrado.

Chaval ¿estás bien? -Sí.

Tengo prisa. ¿Me puedes cobrar? -Sí, hombre.

12,50.

-Ya verás, cuando mi hermano Luis me ponga al frente de esto,

van a cambiar mucho las cosas por aquí.

-Qué raro, ¿tú no tenías otros planes de negocio?

¿Una tienda online? -Eso ya ha quedado atrás.

-Y has decidido volver al redil del negocio familiar.

-¿Te parece mal?

-Ni bien ni mal. Si Luis quiere hacerte socio es cosa suya.

-Voy a convertir este garito en el mejor de todo el barrio.

De toda la ciudad. Va a venir gente de todas partes.

-No sé yo.

-Oye, que yo en las redes me muevo muy bien.

Me encargaré de que todo el mundo se entere

de los eventos que organizamos.

-Hola. -Hola, Elvira.

¿Quieres tomar algo? -No, gracias.

Si tienes que hacer algo en el almacén

aprovecha que estamos Ricky y yo para cubrirte.

-Vale, pues...

voy a por unas botellas. -Muy bien.

-Has sido muy descarada quitándote a Sara de en medio.

-No, de ninguna manera.

Es una chica muy lista, sabe perfectamente

en qué tipo de conversaciones familiares no puede estar.

-¿Y de qué quieres hablar?

-De lo de esta noche, de qué va a ser.

-Lo tengo controlado, ya he hablado con el Lucho y el Bala.

-¿Seguro que lo tienes todo controlado?

-No es tan difícil, hacerle un buen destrozo y no robar nada.

-Ni un clavo.

Ata en corto a tus amigos y que no cojan nada.

Es importante dejar claro que no han entrado ladrones en el taller.

-Sí.

Jeremías se va a llevar un buen susto

cuando vea que lo hemos puesto todo patas arriba.

-¿A qué hora habéis quedado? -En diez minutos.

Tenemos que pasar por casa del Bala a coger unos bates de béisbol.

-Muy bien. Pues vete ya.

Y deja ya las cervecitas,

que el alcohol no es buen compañero de viaje

cuando se tiene que trabajar.

Anda, pasa, que me tienes...

Sara,

¿qué tal te llevas con Ricky?

-Bien. -¿Sí?

-A veces es un poco fantasma, pero es buen tío.

-Veo que lo empiezas a conocer bien.

Bueno, sí, necesita demostrar todo lo que vale.

Yo creo que tiene buenas ideas.

Necesita impresionarnos a todos.

Creo que es la influencia de ser el hermano pequeño.

-No te preocupes, yo me entiendo bien con él.

-Luis tiene razón,

además de ser una gran profesional detrás de la barra,

eres una persona que sabe calar a los demás.

Y que tiene empatía.

Creo que nos vamos a llevar bien tú y yo.

-Me alegro. Yo haré todo lo posible porque sea así.

-Muy bien.

Venga, te dejo.

Hasta luego. -Adiós, Elvira.

-¿Qué te pasa? ¿Por qué vienes con esa cara?

-Porque acabo de hablar con Toni.

-Ah, que has hablado con Toni. -Sí.

Ya sé que quedamos en pasar de él,

pero lo he visto en la ferretería y le he dicho cuatro verdades.

-¿Qué ha pasado?

-Le he cantado las cuarenta por estar liado con las dos a la vez.

-¿Y qué te ha dicho él?

-Que no estamos en la Edad Media

y que no va a firmar un contrato para liarse con una tía.

-Básicamente lo que me ha dicho a mí.

-Ah, que tú también has hablado con él.

-Sí, me lo he encontrado en la plaza, y se estaba haciendo el tonto,

pero he ido a por él de cabeza.

Me ha dicho que no tenía ningún compromiso con nosotras dos.

Tiene razón, no tiene ningún tipo de compromiso,

pero me parece feísimo lo que ha hecho.

-Claro que está feo, y si piensa que va a estar a dos bandas con nosotras,

lo tiene clarísimo.

Yo le he dicho que no quiero absolutamente nada con él.

-Ni yo tampoco.

Aunque tenga ese aspecto de chulito,

sabe perfectamente que ha metido la pata con las dos.

-Yo lo he visto muy subidito. -Pero eso es una pose.

Si no le importara lo que pensamos,

no se habría hecho el tonto en la plaza.

Que no, sabe perfectamente que la ha cagado.

-A lo mejor tienes razón.

Lo mismo pasa otra cosa.

-¿El qué?

-Que le gustamos las dos y no se decide.

-A mí me da igual, yo paso de darle bola.

Ya le he dicho que paso absolutamente de él.

-Yo también paso, está claro.

(Teléfono)

-¿No será Toni?

-Es mi madre.

Dice que si ceno en casa con ella.

-Dile que sí.

Con lo mal que lo está pasando con tu padre...

Está guay que paséis tiempo juntas.

-Sí, además, después de lo de Toni,

no me apetece hacer más planes.

Me voy. -Hasta luego, cariño.

-Adiós.

-¿Estabais hablando de Toni?

-Sí, hemos dicho las dos que no queremos nada con él.

-Hija, me alegro de que lo tengáis tan claro.

No como yo.

-¿A qué viene eso?

-Yo qué sé, Paty, que...

ya ha llegado la hora de darme una alegría y de tirarme a la piscina.

-¿Con alguien en concreto o...?

-Claro que con alguien en concreto, ¿quién te has creído que soy?

Alguien con nombre y con apellidos.

-Con el pelo canoso, que trabaja en una comisaría aquí cerca...

-Que está de vacaciones en Francia.

-Lo tuyo con Elías es muy fuerte, María.

-Y un poco de mala suerte tengo, porque cuando me decido

se ha pedido vacaciones.

Vacaciones, no se las ha pedido en la vida.

-El hombre tendrá derecho a vacaciones, digo yo.

-Yo no digo que no tenga derecho.

Pero que venga prontico.

-Muy bien, segundo A.

Perfecto. Por aquí la esperamos.

Gracias a usted.

¿Ves? Ha vuelto a llamar.

-¿Del hospital? ¿Le ha pasado algo al chaval que han pinchado?

-No, eso está todo bien. Es la mujer de esta mañana.

-¿De la calle Valencia?

-Te dije que esto nos llevaría por el camino de la amargura.

-¿Para qué ha llamado? -Ha llamado la otra,

la del tercero B, a la que denunciaron esta mañana.

Y esa quería denunciar a la del segundo A.

-¿Por qué?

-Dice que le roban el correo,

y lleva dos meses que no paga la luz porque le roban la correspondencia.

-Pues que lo domicilie. Es que la peña a veces...

-No está obligada, pero se lo dices tú cuando venga.

-Muy bien.

Me alegro mucho, cariño.

Pues claro que me he dado cuenta.

Anda que no se te nota cuando estás más animado.

Sí.

Antonio, no tienes que disculparte por nada, ¿me oyes?

No.

Eduardo ya nos avisó que podía pasar algo así.

Sí.

Olga está bien. Con muchas ganas de verte.

Y muchas ganas de hablar contigo.

Pero cuéntame tú.

¿Un amigo nuevo en la planta?

Muy bien. Os lleváis bien.

¿Por qué no nos cuentas luego?

Hacemos una videollamada cuando llegue Olga.

Eso es. Venga, cariño, un besito. Hasta luego.

Eso es.

(Puerta)

¡Rita! Perdona que te moleste,

pero se me ha caído un calcetín y se ha quedado en tu tendedero.

Ahora mismo te lo doy. Pasa, por favor.

Podía haber esperado a mañana,

pero esos calcetines se los quiere poner mañana José.

No te preocupes, no es tarde. Tengo que esperar a Olga para cenar.

Ahora mismo te lo doy. Gracias.

Aquí lo tienes, sano y salvo. Muchas gracias.

José tiene razón.

A veces soy un poco torpe y se me ha escurrido de las manos.

Si supieras la cantidad de calcetines que se me han caído a mí

en el tendedero de Conchi...

Podría poner una mercería. Qué exagerada.

Yo me tengo que ir,

José me está esperando para que le prepare la cena.

No te vayas tan rápido, tómate algo.

No, gracias. Oye...

¿Y esté moratón?

Nada, una caída sin importancia.

No solo soy torpe con las manos, también con los pies.

¿Qué te ha pasado? Nada...

Hace un par de días yendo al mercado

me tropecé con unas losetas de una obra

y me fui al suelo. ¿Te ha visto un médico?

No es nada, mujer.

Me dolió un rato y luego se me pasó. Estoy bien.

-Hola, Rita. -Hola y adiós, yo me iba.

-¿Qué hacía Rita en casa?

Se le ha caído un calcetín a nuestro tendedero

y ha venido a recuperarlo.

¿Y tú por qué estás mosca?

Porque no la he visto bien.

Tenía unas ojeras hasta los pies y...

y cuando le he preguntado por un moratón que tenía en la mejilla,

me ha contestado algo que me ha parecido una excusa.

Tengo la sensación de que no me decía la verdad.

Si te sirve, yo la vi ayer

teniendo una bronca con su marido en el portal.

Bueno, ella estaba aguantando el chaparrón.

Cuéntame exactamente qué es lo que viste.

¿Cómo estás? -Muy bien.

¿Y tú? -Genial.

Me sorprende que hayas quedado aquí.

-Es que me pilla cerca del curro. -Ah, ¿sí?

¿Dónde curras? Creo que no te lo he preguntado todavía.

-¿Es muy importante para ti saberlo?

-No necesariamente, pero si no me lo dices juegas con ventaja.

Sabes que soy mecánico y el taller conde curro.

-No te escondo nada, pero es que...

que...

Hay mucha gente que se sorprende cuando les digo que...

soy inspectora de policía.

-¿Perdón?

-Ves, te has quedado todo "flasheado".

Me acaban de destinar a la comisaría de la plaza.

-Vaya...

Entonces Espe también es policía.

Cuando trajo el coche al taller me dijo que sois compañeras de curro,

pero no me dijo a qué os dedicáis. -No lo vamos anunciando por ahí.

Parece que te he descolocado un poquito.

-No me lo esperaba. Nunca...

he salido con una poli. -Ah, que estamos saliendo.

-Me refiero a quedar. -Ya, claro.

Para todo hay una primera vez.

Mientras no seas un narco o utilices el taller como tapadera ilegal,

nada que temer.

-Buenas, chicos. ¿Qué os pongo?

-Una copa de vino blanco.

-Para mí una cerveza. -¿Y algo de comer?

-Sí. -¿Nos traes la carta?

-Aquí la tenéis. Ya no me queda pulpo.

-Vale.

-Yo quería comentarte una cosa sobre Silvia.

-¿Qué pasa con ella? -¿Y si no encaja?

¿Y si nos hemos precipitado ofreciéndole venir a vivir?

-Yo la veo una tía muy normal, muy sensata, buena gente.

-Ya, pero apenas la conocemos, llegó hace nada a la comisaría.

-Pensé que estábamos de acuerdo. No sé a qué vienen esas dudas.

-Ay, yo qué sé...

¿Y si luego la relación se tuerce y...?

Si no llevamos mal la tendremos que ver todos los días en comisaría.

-Ya, pero yo también era un recién llegado

y no ha salido tan mal la cosa.

-Por eso, que no quiero volver a equivocarme.

Que es broma.

-Yo también os agradezco mucho

a Lola y a ti que me dejarais quedarme después de hacer trampas.

-Yo encantada de caer en tus trampas.

-Zalamera. (RÍEN)

-Olvídalo, a lo mejor son paranoias mías.

-Claro que sí, no pasa nada.

-¿Sabes qué creo que me pasa?

No sé...

que me cuesta creer que la habitación de Lola

va a ser ocupada por otra persona.

-Yo también la echo de menos.

A veces me imagino que va a aparecer por la puerta.

(Teléfono)

-Sí, dime, Miralles.

Si estás cenando te llamo más tarde.

No, no he empezado todavía. Dime.

Estoy un poco mosca con una vecina mía.

Me temo que pueda estar sufriendo malos tratos por parte de su marido.

"¿Y por qué lo has pensado?"

Porque ha estado aquí hace un rato y...

Estaba muy nerviosa y le he visto un moratón en la mejilla,

le he preguntado y me ha dado una excusa nada creíble.

"Me ha dado la sensación de que estaba asustada

y tenía el miedo en el cuerpo".

Creo que es la típica reacción de una mujer maltratada.

Eso mismo he pensado yo.

Además, lo he comentado con Olga y me ha contado que la ha visto

"en una discusión muy fuerte en el portal con su marido".

Que parecía una bronca y el marido estaba agresivo.

Puede ser deformación profesional, pero me gustaría

"que lo investigaras mañana si puedes".

Mañana me pongo con ello a primera hora.

"¿Cómo se llama? Rita.

Rita Blanco, pero yo ahora te pongo un correo

con todos los datos de ella

y con el nombre y apellidos de su marido.

Se llama José Guardado.

"¿Hijos?" No, no tienen.

Bien, te mantendré informada de mis pesquisas.

Gracias.

Ojalá que sea una falsa alarma. Ojalá, pero...

en estos casos mejor hacer de más que de menos.

Sí, desde luego.

Y tú prepárate.

Que hoy vamos a tener una videollamada.

¿Cómo una videollamada?

Tu padre ha llamado y dice que está muchísimo más animado.

Escucha,

esto de papá va a ser largo, y no deberíamos dramatizar tanto.

Yo creo que nos hemos preocupado de más, ¿no te parece?

Un poquito.

-Desde que era un niño me molaba

desmontar todo tipo de motores y ver cómo funcionaban.

-¿Y no te has planteado montar tu propio taller?

-Ese sería el sueño de mi vida.

Llevo ahorrando un tiempo para que eso pase.

-Espe me dijo que eres un apasionado de tu trabajo.

Le llamó mucho la atención cuando te llevó el coche.

-No hay nada más gratificante que dedicarte a lo que te gusta.

Eso sí, si la pasta que ganas es para ti.

-Lo lograrás. Aunque hoy en día no es fácil ahorrar.

-Vivo con mi madre y mis hermanos, no es difícil.

-Me dijiste que eras de Valencia, ¿no?

-Sí, llevamos menos de dos años aquí.

-¿Y tú? Porque de ti no dices nada.

Y se nota que eres poli porque no paras de preguntar.

-Vale. Yo soy de León.

Hice las prácticas... Bueno, primero la academia en Ávila,

y las prácticas en Asturias.

-¿Y te gusta el cambio?

-Creo que me estoy adaptando muy bien a Madrid.

Falta que me dejen salir a patrullar y todo perfecto.

-Seguro que llega pronto. -Eso espero.

El trabajo de oficina está bien, pero...

tengo una ganas de patrullar...

-¿Y lo de poli?

Supongo que es algo vocacional, que tienes superclaro, ¿no?

-Yo estudiaba empresariales. -¿En serio?

-No me llenaba nada.

Un día vi algo en la calle y...

me decidí. -Algo tipo, ¿qué?

¿Una especie de revelación?

-Más o menos.

No querrás saberlo todo en la primera cita, ¿no?

-No, claro que no.

Sobre todo si eso significa que te voy a volver a ver.

Tenemos algo en común, ¿sabes? -¿El qué?

-Que los dos nos dedicamos a lo que nos gusta,

y eso no es fácil.

-Igual por eso nos entendemos.

-Perdonad, ¿os puedo retirar los platos?

(AMBOS) Sí, claro.

-Voy a cerrar la cocina. Si queréis algo más es el momento de pedirlo.

-Yo estoy bien. -La cuenta, María.

-Muy bien. -Gracias.

-Se ha pasado volando. -Sí, me ha pasado lo mismo.

Supongo que es porque estamos a gusto.

-Estamos a gusto,

pero yo mañana tengo que madrugar.

No voy a trasnochar.

-Déjalo, déjame que te invite yo.

-Nada de eso, pagamos a medias y fin del tema.

-Por favor...

-¿Quieres que te detenga por intentar sobornar a una inspectora de policía?

Así ahorras para tu taller.

-Vale, me queda claro.

-Hola.

-¿Luis y Álvaro?

-Estoy sola. ¿Cómo ha ido? -Bien, como esperábamos.

-Bien.

¿Os habéis asegurado que no os viera nadie?

-Sí, hemos evitado las cámaras de seguridad

y todo el rato hemos llevado el pasamontañas y los guantes.

-Hemos reventado los cristales de todos los coches.

Incluso de los clásicos.

Alguno ha quedado para el desguace.

-Te dije que no hacía falta que os pasaseis.

-Una vez empezado el trabajo no queríamos dejarlo a medias.

-No habéis robado nada, ¿no? -Mamá, deberías confiar en mí.

-Ahora me toca a mí cumplir mi parte del trato.

-No sé tú, pero yo estoy que me caigo.

-Yo estoy bien.

No quiero café, gracias.

-Tómatelo, es tu primera guardia y lo vas a necesitar.

-No te preocupes, estoy acostumbrado a trasnochar.

-Sí, por ahí de fiesta, pero esto es diferente.

Hazme caso, si no te entrarán ganas de tomarte el café en la madrugada

cuando no es buena idea meter cafeína al cuerpo.

-¿Por?

-Porque te espabilará.

Habremos acabado el turno y será la hora de ir a dormir.

-Vale.

-Hoy no hay mucho jaleo.

Suele ser más difícil aguantar la guardia así.

-Hoy está tranquilo. ¿Está así siempre de noche?

-No, qué va.

Los fines de semana la gente bebe, se droga y suele haber altercados.

Para no necesitar cafeína, tú estás un poquito plof.

¿Me vas a contar qué te pasa?

-Me he metido en un lío de pelotas,

y no sé cómo arreglarlo sin hacer más daño del que he hecho.

-¿Qué tal si aprovechamos que no hay jaleo y me cuentas?

-El otro día conocí una chavala en la ferretería,

volví a coincidir con ella y decidimos quedar.

Muy guay, todo buen rollo.

Y acabamos medio...

enrollándonos un poco.

-Qué chévere, yo no veo cuál es el problema.

-Justo antes me había besado con otra chica.

-Ay, claro.

Y esa chica es Paty, ¿no?

-¿Cómo lo sabes? ¿Te lo ha dicho ella?

-No, pero tú y yo estamos un montón de horas juntos.

No hay que ser muy listos para darse cuenta de lo que os traéis.

Lo que sí me gustaría saber es quién es la otra chica.

-Es una chavala que me encontré en la ferretería, no la conoces.

La movida es que las dos saben lo que ha pasado

y me han echado un broncazo del 15.

-Normal, les habrá cortado el rollo

al enterarse de que estás con las dos a la vez, eso a nadie le gusta.

-Me han dicho que pasan de mí, y yo me he puesto chulito.

En realidad no me molaría perderlas.

-¿Y qué piensas hacer ahora?

No vas a seguir el juego con las dos, ¿no?

Te lo digo como amiga, Toni, eso no.

Y tampoco creo que ellas quieran. -Ni de coña.

Me han mandado a la mierda las dos y no quieren saber más de mí.

-Pues no sé.

Jeremías, ¿qué haces por aquí a estas horas?

-Vengo porque voy a poner una denuncia.

Unos vándalos han entrado en mi taller y...

me lo han destrozado todo.

-Tranquilo, Jeremías. Siéntate.

Toni, tómale la declaración, por favor.

-¿Yo? -Sí.

Tienes que irte soltando. Yo estaré a tu lado.

-Hola, Jeremías.

-Hola, hermano.

-Hola, cariño. ¿Cómo ha ido el pub?

-Muy bien. Estoy reventado, me voy a la cama directo.

-¿No cenas nada? -He picado algo por ahí.

-Espera un momento, que quiero comentarte algo.

-¿Qué pasa?

-Ya que estás tan cansado voy al grano.

A partir de mañana quiero que Ricky sea tu socio en el pub.

-¿Y eso no tengo que decidirlo yo? -Quizá sí,

pero como no das el paso, yo tomo la iniciativa.

Hay que darle una oportunidad a tu hermano.

-Yo no estoy tan seguro. A Ricky le da igual cómo vaya el Moonlight.

-Eso no es verdad.

-Hace días echabas pestes del local. Decías que no tenía futuro,

y que para ganar pasta hay que montar un negocio online.

Y te digo otra cosa, el otro día cuando me falló un camarero,

te pedí ayuda y pasaste de mí. -Bueno. Venga, Luis,

olvídate de ese tema, no fue para tanto.

Además Ricky puede aportar algo más al pub que estar detrás de la barra.

Se maneja bien en internet, puede hacer propaganda al local.

-Claro que sí, mamá,

Ricky es un máquina.

Por eso hace negocios con cualquier cliente del pub

y casi acaba en la cárcel. -Mira, te estás equivocando.

En cuanto tuve calado a Rubén Gimeno corté todos los negocios con él.

-No me cuentes películas, Ricky.

Si no llegasteis a un acuerdo

es porque mamá te avisó de qué iba el tipo.

Y yo te eché una mano cuando vino la policía a preguntar por él.

Te salvaste por los pelos. -Venga.

Está bien que te preocupes por tu hermano.

Lo mejor que podemos hacer para ayudarlo,

es darle responsabilidades.

-Yo estoy de acuerdo, pero ¿por qué tiene que ser en el pub?

-Porque ahora mismo no tenemos ninguna otra posibilidad.

-Si Luis prefiera que no vaya al bar,

lo mejor será que no me pase por ahí. -De eso nada.

Lo que tienes que hacer es convencerle

de que no te vas a meter en más líos y no le volverás a dejar tirado.

-OK.

Te juro que a partir de ahora voy a ir a muerte con el pub.

No la voy a volver a cagar. -Lo ves.

Su única prioridad ahora es echarte una mano para levantar el local.

-Vale, de acuerdo.

Pero no veo por qué tanta prisa por hacerlo socio.

-Yo tampoco veo la necesidad de tanta pregunta.

-Muy bien, mamá, como siempre,

se hará como tú ordenes. -Muy bien.

Buenas noches, cariño.

-Muchas gracias, mamá.

-No, no, no me des las gracias.

Somos una familia,

no podemos dejar que ninguno de nosotros caiga.

Grábatelo.

-Jeremías, usted está seguro de que no se han llevado objetos de valor,

ni dinero... -Dinero no había.

Objetos de valor... Lo han destrozado todo.

Allí no queda nada.

-Podríamos decir que han entrado simplemente a reventarle el taller.

-A hacer daño, a hacer daño nada más.

-Yo necesito que me conteste con sinceridad,

¿usted cree que hay alguien

con quien tuvo problemas últimamente

o alguien con quien se ha enemistado y le quisiera hacer daño?

-Yo no soy consciente de que tenga enemigos.

Tú me conoces, no tengo ningún enemigo

que vaya a hacer daño por hacer daño, porque...

-Ya lo creo que se te quiere, Jeremías.

-Pero ¿por qué, por qué hacen eso?

-Tranquilo, Jeremías, haremos todo lo posible

para encontrar a esos miserables que han destrozado el taller.

-Y van a pagar por ello, de verdad. -Muchas gracias.

-Tranquilo.

Tranquilo.

Está muy bien.

La habitación es casi tan grande como el piso donde estoy ahora.

Y más luminoso.

¿Cuál es el truco, por qué es tan barato?

Hay gente que paga el doble por uno igual en esta calle.

Todavía no confías en mi trabajo, ¿verdad?

Claro que sí, simplemente te asigno el trabajo que creo más conveniente.

Acabo de resolver un caso que daban por perdido,

y crees que lo más conveniente es que lea informes sobre Algeciras.

¿Cuándo me dejarás llevar mi propia investigación?

Quería ver si podías asignar a Silvia otro agente.

Siéntate.

Y cuéntame qué pasa.

¿Qué tal, Silvia, cómo lo llevas? Bien.

Revisando diligencias para Alicia.

Ya me ha dicho que te ha tocado bastante trabajo de oficina.

Y supongo que no te gusta estar pegada a la mesa. ¿Me equivoco?

En mi opinión encaja en el perfil del maltratador.

Vuelca sus inseguridades en el exterior,

y se desahoga ejerciendo violencia,

primero en público y luego en privado con su mujer.

Eso no lo sabemos. Ya, es una hipótesis.

-Desde que José se quedó en paro no hemos levantado cabeza.

-Si me entero de algo yo te llamo.

Y yo te lo agradezco de verdad porque estamos con el agua al cuello.

Y José está por la casa

como un león enjaulado y discutimos todo el tiempo por tonterías.

Quintero tiene que pagar por lo que ha hecho.

En eso estamos de acuerdo.

En comisaría todos le tienen ganas, y los jueces ni te cuento.

Sé que tienen que juzgarlo y condenarlo,

pero tampoco quiero que lo linchen.

Si te lo pedí a ti es porque eres el mejor abogado que conozco.

¿Qué quieres, Marcelino? ¿A qué has venido?

Supongo que ahora mismo estás disfrutando

viéndome en esta situación.

Di lo que tengas que decir y déjame en paz.

-No te voy a negar,

que estoy disfrutando.

El gran Fernando Quintero recurriendo a un abogado de oficio.

Y yo creía que lo había visto todo en esta vida.

-Quizá podríamos hacerla venir con una excusa.

Lo de la incidencia informática es convincente.

Pero luego se nos va a ver el plumero muy pronto.

Se nos va a ver el plumero enseguida,

pero tenemos que intentar que se sienta a gusto

y que denuncie o que salga de aquí sabiendo que puede hacerlo.

¿Me has hecho venir engañada para malmeter contra mi marido?

-No, nosotras no queremos malmeter,

solo queremos que sepas que si estás sufriendo maltrato no estás sola.

-¡Pero qué maltrato ni qué nada!

Esto es indignante.

Me parece muy mal por tu parte, Claudia.

-¿Qué ha pasado, te han entrado a robar en el taller?

-Han entrado y lo han puesto todo patas arriba.

-Cuánto lo siento.

-He venido aquí a decirte

que con lo que hiciste ayer no vas a conseguir nada de mí.

-¿Lo que hice ayer? No entiendo.

-¿Habéis discutido? -Sí, ¿no has oído los gritos?

-No, tenía la música puesta.

-Hemos tenido una discusión muy fuerte,

y todo porque le han dicho

que me vieron entrar en la comisaría esta mañana.

Había ido a hablar con tu madre.

-¿Y por eso se ha enfadado?

-Ha cogido un plato y me lo ha tirado a la cabeza.

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  • Capítulo 414

Servir y proteger - Capítulo 414

24 dic 2018

Ricky, por orden de su madre, asalta el taller de Jeremías. Por otra parte, Elvira pide a Luis que haga socio del pub a Ricky. Silvia tiene su primera cita con Álvaro. Miralles pide a Espe que investigue a Rita, una vecina de su bloque, pues cree que puede estar siendo maltratada por su marido.

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