www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.11.0/js
4077941
No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 41 - ver ahora
Transcripción completa

lo que le pasó a Ismael Cañadas en Cádiz hace siete años.

Grupos de civiles patrullando por cuenta propia,

sin legitimidad, ni control, ni instrucciones de ningún tipo.

Es una bomba.

Póngase en su lugar.

Sus hijas, hermanas y mujeres están en peligro.

Si no se sienten defendidos, actuarán.

Usted cumplió su condena, se reinsertó en la sociedad

y ahora es un ciudadano honrado.

¡Por supuesto que soy honrado!

Pues imagínese que en un acto delictivo de entonces

en lugar de la policía hubiera caído usted en una patrulla ciudadana.

Espero que utilice su influencia en el barrio

para disuadir a los vecinos de esa disparatada idea.

¿Sigues pensando en el ramo de flores?

¿Quién llevaría a la tumba de mi madre gerberas amarillas?

No sé por qué me obsesiono tanto.

Mi madre decía que las gerberas eran las flores del amor.

No sé por qué todo me lleva a ese misterioso hombre.

Guárdalo en el sitio más seguro que encuentres.

No te conviene saber quién lo busca y, por supuesto,

no puedes abrirlo para ver lo que hay dentro.

-Antes de abrirlo, me corto una mano.

-Si no te la cortas tú, te la corto yo.

-Es otra persona. Es lo que te puedo decir.

No eres tú.

-Me tienes que ayudar a encontrar al tío ese.

Pero ¿quién? ¿Qué tío? No me entero.

Encontrar al que me quiere quitar a Paty.

-Oye, ¿has visto la foto que te mandé anoche?

¿Te gustó? No. No me gustó nada.

Y, de verdad, no sé por qué te coges estas confianzas conmigo.

Bueno, vale. Perdona si te molesta.

No sabía que fueras tan sensible, hijo.

-Quiero que me pregunte directamente si voy a cazar al violador.

El agresor nos ha enseñado sus cartas, Miralles.

Sabe que hace diez años investigaste las agresiones.

Lo que nos permite deducir que se trata de la misma persona.

"Voy a cazar al violador".

Esta noche tendremos preparada a la agente Aguirre para cazarle.

-Mi trabajo no debería ser escribir al dictado.

-Pues no lo hagas, y dedícate al periodismo de investigación.

Por lo visto se te da bastante bien.

-Gracias.

-El dispositivo la controlará en todo momento,

pero tiene que saber que no podemos acercarnos mucho

si no queremos levantar sospechas.

-Lo sé. Y estoy preparada para ese momento.

Esta noche lo vamos a atrapar.

-La deuda que tenía ya está saldada.

Tendrá que buscarse a otro para sus chanchullos.

-¡Te juro que será la última vez!

También te juro que tu hija no tiene por qué enterarse.

-¿Me estás amenazando con decirle algo si no lo hago?

-Es la última vez que te lo pido.

No me gusta un pelo, pero ni un pelo que tengas tanta información

sobre los asuntos en los que estoy metido.

-Demasiado tarde.

-Lo sé.

Por eso quiero advertirte.

Yo de ti tendría mucho cuidado.

Porque como te vayas de la boca, tendrás serios problemas conmigo.

-Hola, Alicia. No me recordarás, yo era un amigo de tu madre.

Me gustaría hablar contigo en privado.

(Música emocionante)

Aquí tiene, señor Idiáquez.

Gracias.

Si prefiere, puedo traerle un café del bar.

Es mucho mejor que este.

Estoy acostumbrado al café malo.

Lo que sí preferiría es que me llames Álvaro

y que me tutees.

No hay problema. Perdona que no cayera antes.

Pero por supuesto que recuerdo escuchar tu nombre a veces en casa.

No puedo creer que aquella niña se convirtiera en inspectora.

Solo tenías cinco años cuando me fui a Nueva York.

Lo recuerdo porque era el día de tu cumpleaños.

Aquel día te llevé un regalo.

¿A qué no sabes qué era? No.

Pues no te lo vas a creer, pero era un coche de policía.

Creo que lo recuerdo.

¿Y ahora sigues viviendo en Nueva York?

Sí. Y el café de allí está malo como este.

Me dedico a la arquitectura.

La verdad, casi soy más americano que español.

Apenas he venido de visita en todos estos años.

Y ahora me arrepiento.

Ojalá hubiera podido volver antes de que...

Uno siempre piensa que habrá momentos de poder volver a verse, de hablar,

pero la vida cambia en un momento.

Y cuando te das cuenta, se te ha escurrido entre los dedos.

¿Has venido a Madrid por trabajo? No.

Debo visitar a un familiar y resolver asuntos,

pero lo que quería era verte a ti y darte el pésame en persona.

Gracias.

Lo que más me corroía por dentro era no poder volver a verla.

He ido hoy a llevarle flores.

¿Al cementerio?

Gerberas amarillas. Sí, sí.

Eran sus favoritas.

Eran tuyas.

Es que he estado esta mañana haciéndole una visita,

a su tumba, y me preguntaba quién habría llevado un ramo de flores.

Supongo que eras muy amigo suyo.

Nos teníamos mucho cariño.

Tu madre era muy especial.

Se hacía querer.

¿Y seguisteis en contacto cuando vivías en Nueva York?

Sí, mantuvimos el contacto.

Ahora se me hace intolerable pensar que nunca más escucharé su voz.

Perdóname, yo aquí quejándome cuando tu pérdida fue peor.

¿Cómo está tu padre?

Bueno, fue muy duro, la verdad.

Apenas salía de casa y...

ni se levantaba de la cama.

Pero volvió a trabajar y ahora está mucho mejor.

¿Me darías las señas de su trabajo? Me gustaría saludarle.

Siempre fui más amigo de Carmen,

pero tu padre y yo siempre nos tuvimos aprecio.

¿Por qué no vienes a cenar a casa? Así os ponéis al día.

No sé. No querría molestar.

Seguro que le hace mucha ilusión.

No sé.

¿Seguro?

Claro que sí. Luego te mando la dirección.

¿A las 21:00 te va bien?

Sí, sí, claro.

Tengo que seguir trabajando. Gracias por venir.

Gracias a ti.

-¿Qué? ¿Hay hambre?

¿Más magdalenas?

Trague, hombre, trague. Tranquilo.

-Es que en mi trabajo consumo mucha energía.

-Ah. ¿Y qué trabajo es ese? -Soy científico.

Mi especialidad es la medicina cuántica.

-Medicina cuántica. La primera vez que lo oigo.

-Es una nueva disciplina.

Tiene una visión holística de la salud.

Y yo puedo sanar a cualquier persona cualquier enfermedad.

Y hasta las cosas del corazón.

Por ejemplo, la que sufre usted.

-¿Y cómo sabe usted que yo...?

-La práctica de la medicina cuántica

hace agudizar a uno la percepción.

Y además, el sufrimiento ajeno cada vez me resulta más conspicuo.

Conspicuo, evidente. -Ah.

-Que se ve con los ojos.

-Pues fíjese que pensé que lo disimularía mejor.

-Yo, si quiere, puedo ayudarla. -No se preocupe.

Si las penas del corazón solo las cura el tiempo.

-No eso es verdad. Tiene razón.

Pero ¿cuánto tiempo? Porque podría ser poco.

Si tiene ayuda de un especialista

le puede ayudar con la energía psicofísica.

Mire, mire.

Tengo aquí estos libros por si le interesa.

-Muy bien.

-Ahora me voy a sentar en una mesa y si viene algún señor

preguntando por el gran Abraham, ¿me lo puede pasar?

-Claro, el gran Abraham.

-El gran Abraham.

¿El servicio?

-Al fondo a la izquierda.

-Vale.

Aunque sea un científico, debo cambiar el agua al canario.

-Ya, bueno.

-María, ¿qué tal? Dos zumitos "pa" llevar.

-Muy bien, Lola, voy.

-No me digas que ha venido el estafador ese.

-¿Qué estafador?

-Pues uno que vende medicina holística, o mística...

Abraham. -Cuántica.

-Eso. ¿Te está vendiendo a ti la moto también?

-Bueno, no.

Bueno, a ver, un poco.

Pero a mí el hombre me pareció fiable. Está en el baño.

-A ver, ¿por qué fiable? ¿Qué te ha dicho?

Pues chica, ha sido mirarme, y a primera vista

me ha dicho lo que me pasa.

-Estás triste. Has "estao" llorando.

-¿Tú cómo lo sabes?

-Pues, hija, porque tienes ojeras, los ojos rojos, pareces cansada.

-Gracias.

-No, mujer. Ese tío ni es médico ni nada.

Es un estafador. Es un observador.

Observa y dice lo que quieres escuchar.

Así es más fácil engatusar a la gente.

-Vale.

Aparte de estar hecha un adefesio, soy tonta del culo.

-Ni una cosa ni otra. Te ha "pillao" con la guardia baja

y es un profesional. Está "acostumbrao", ¿lo entiendes?

¿Quieres que le diga algo? -¿Qué le vas a decir?

Si lo único que ha hecho es tomarse un café con magdalenas.

Tampoco creo que eso sea un delito.

-Bueno. Si te da cualquier problema, me avisas.

-Vale. Te lo apunto.

Diseñamos una ruta para que pases por los lugares

donde es más probable un ataque.

Estúdiatelo bien.

Es una especie de guion para que tenga cierta lógica

el paseo que te darás.

Para que no se note que doy vueltas.

Exacto. Cuando salgas de la zona de bares,

cruzas el puente por encima de la autovía.

Vas a la parada del nocturno

y de ahí te vienes a este área.

¿Vale? Vale, perfecto.

Por los callejones que le gustan al amigo.

Eso es.

Cuando llegues a la plaza, si no ha habido novedad,

das la vuelta como si hubieras perdido el teléfono.

Llegas a la parada del autobús y allí lo encuentras.

No te preocupes, uno de los nuestros lo dejará allí.

Eso es.

Otra vez para acá

y si llegas a la plaza y no tenemos noticias del agresor,

fin del operativo.

¿De acuerdo?

De acuerdo. Toma.

¿Inspector Osorio? -"Hola, Nacha."

-Sí, le oigo. Perfecto.

Estarás comunicada en todo momento con la base de operaciones.

Correcto. Estaré con dos agentes en un vehículo Apolo.

El vehículo Apolo se desplazará para verte en todo momento.

No, no, no. Estaremos cerca, pero no iremos siguiéndola.

No queremos que nos muerda.

Lo que no queremos es perder a una de nuestras agentes.

Quiero que la tengan a la vista en todo momento.

Este operativo no tiene sentido si le descubrimos

que la policía vigila sus lugares favoritos.

A lo mejor lo que no tiene sentido es el operativo.

Con permiso, comisario.

No hará falta que me tengan a la vista todo el rato.

Todos conocemos la ruta, estamos comunicados por radio

y además, me sé defender. ¡Nacha!

Digo que te quiero a la vista en todo momento.

Nos va a descubrir.

-Comisario... ¡Ni una palabra más!

Osorio, si quieres montar un operativo

con agentes de mi comisaría, lo harás bajo mis condiciones.

¿Entendido?

Entendido. Nacha...

-Permiso.

Nacha, ¿hablamos un momento, por favor?

Sí, claro.

Cierra la puerta.

Inspectora, si vas a intentar convencerme de que no...

No, no es eso.

Quiero dejar clara una cosa.

Osorio es un gran policía, impresiona,

trabajar a su lado sería bueno para tu carrera.

Pero no quiero que te ciegue.

Creo que soy bastante mayorcita para pensar por mí misma.

Eso está claro.

Pero quiero decirte que si tienes alguna duda,

no te la juegues.

Entendido.

¿Qué arma llevarás? Ninguna.

Con esos trapitos que voy a llevar, no tengo donde esconderla.

En el bolso.

Ya lo he intentado. La HK es demasiado grande, no cabe.

De todas formas, no hace falta.

Tenemos el Apolo bastante cerca y la ruta preestablecida.

Bien.

Ha llegado el momento de contarte

lo que le pasó a Ismael Cañadas en Cádiz hace siete años.

Se infiltró en un grupo de yonquis porque andaba detrás

de un traficante que operaba en el Estrecho.

Hacía calor, llevaba poca ropa y no llevó arma.

¿Y qué pasó?

Hubo un soplo.

Intentaron avisar por el pinganillo, pero a veces fallan.

Le cogieron entre cuatro y está en coma.

¿Desde hace siete años?

Se ensañaron con él precisamente porque era policía.

Nacha, tienes que llevar arma.

Tengo una 22 mía.

Es más pequeña que la HK, esa sí podría caber en mi bolso.

Bien.

¿Te quedas más tranquila, Miralles? Sí, gracias.

Me quedo más tranquila.

Vete a descansar.

La noche va a ser larga.

Gracias. Permiso.

Espe, llama a Quintero a ver si el barrio está tranquilo.

Venga.

¿Se puede saber qué pasa aquí?

-Ya casi hemos terminado.

Ya está.

Su equilibrio electromagnético de su cerebro ha sido restituido.

Entre hoy y mañana sus migrañas se pasarán.

-¿En serio? ¿Solo con pasar dos piedras?

-Mi querido amigo, el cerebro humano es como una gran batería.

Por la noche hay que recargarla.

Pero a veces también hay que equilibrarla

para que tenga mejor funcionamiento.

-Pues muchas gracias. Entonces, ¿vuelvo el martes?

-Sí, a la misma hora.

Y no olvide decirles a sus amigos que el gran Abraham les recibe aquí.

En el bar...

¿Cómo se llama este bar? -La Parra.

-La Parra.

-¿Le acaba de soplar 50 eurazos a ese pobre hombre

por restregarle dos piedras por la cabeza?

-Tenía unas migrañas enormes y la medicina no le podía aliviar.

-¿Y usted le va a aliviar? ¿Timándolo?

-No, de timarle nada.

Le han informado mal.

¿No ve lo contento que se ha ido?

-Sí, y lo contento que se va a quedar el hombre

cuando vea que después de timarlo, ahí siguen las migrañas.

-Querida amiga, le aconsejo que por el mal de amores

no tenga ese mal carácter.

Ese cinismo tampoco le viene nada bien.

-¿Encima me llama cínica?

¿Cree que le permitiré montar su chiringuito aquí?

Timando al "lao" de la comisaría. ¡Qué poca vergüenza!

-El 20%.

-¿Qué?

-¿Quieres regatear?

Yo pongo el trabajo y tú pones la mano.

Toma.

-¿Esto qué es?

Tu porcentaje.

50 euros, el 20% de 50 euros, 10 euros.

Porque es lo que quieres, ¿no? Llevarte un pellizco.

Bueno, a mí no me da más porque este bar está bien "montao".

-Anda, tira. Tira de aquí. ¡Tira de aquí!

-El 25%. -Que tires de aquí.

-El 30. -¡Te estoy diciendo que te vayas!

¡Fantasma!

-¿Podemos hablar?

Paty, qué susto, tía. ¿Qué haces aquí?

Trabajo aquí.

¿En el baño de hombres?

Tranquilo, que no hay nadie.

Bueno, estoy yo. Ya. Eso ya lo sé.

Quiero hablar contigo.

¿No podías esperar a que me cambiara?

Te lo iba a decir después de clase, pero saliste corriendo.

Por favor, ¿te sales y me cuentas lo que me tengas que contar?

Pero ¿qué te he hecho para que me trates así?

¿Crees que estoy "desesperá" por verte desnudo?

"Flipao". Vale, perdona, tía.

Me has "dao" un susto de muerte.

Una mujer en el baño de hombres es un corte.

Perdóname, anda.

Bueno, vale, te perdono.

A ver, ¿qué querías decirme? Nada.

Simplemente quería que no hubiera malentendidos.

Me parece muy bien.

A ver cómo te digo esto.

Mira, yo no sé qué te habrá contado Jairo sobre nosotros, pero...

Mira, Jairo será lo que sea, pero es sincero y legal.

No, si eso yo no lo dudo.

Parece un buen chaval.

A lo que iba.

Que él no te ha podido contar nada

porque entre él y yo no hay nada que contar.

O sea, no ha pasado nada, ni va a pasar.

Y que quede claro que yo no le he dado esperanzas

ni he hecho nada para que se piense lo contrario.

No me ha dicho lo contrario.

Pues eso que...

que aunque pueda parecer que soy una cabecita loca,

cuando hay temas serios de por medio

puedo ser muy seria.

Te has dado cuenta de que no te gusto yo, sino mi hermano.

Y le darás otra oportunidad.

Él también puede ser serio.

No. No, eso es imposible.

Y es imposible porque a mí el que me gusta eres tú.

¿Qué pasa? ¿Estás bien?

Paty, de verdad, yo quiero ser sincero contigo.

Entre tú y yo no puede haber nada, en serio.

Yo pienso justo lo contrario.

Hay una diferencia de edad... Pero la edad no importa.

Tú y yo hacemos muy buena pareja.

Que no me gustas y punto.

A ver, que no es que no me gustes, Paty,

que eres una chica guapa y lista y...

De verdad, pero que no puede ser, tía.

¿Pues sabes lo que pienso?

No digas que algo no te gusta si no lo has probado.

Sal conmigo una o dos veces. O tres. Las que quieras.

Paty, no... Y ya decides. Ya decides.

No puede ser.

Primero, tengo claro quién me gusta.

Y segundo, no le puedo hacer esto a Jairo.

Pero vamos... Mira.

Hemos "hablao" claro lo que debíamos hablar.

Y hemos sido sinceros.

Si no te importa, es el baño de hombres. Déjame tranquilo.

Y perdona que te hable así.

Coño, que en este trabajo no te puedes achantar por tan poco.

Venga. Vete para casa y a ver si vienes mañana

con las pilas puestas.

Ya pago yo. Tira.

-¿Qué le has hecho? Vaya cara de castigado sin postre llevaba.

-No sé qué les enseñan en la academia de Ávila, de verdad.

-Pero ¿qué ha "pasao"?

Pues nada, que estaban identificando a unos chicos

por una gresca en la Renfe Villaverde y uno

se ha puesto a recitar el artículo 9.1 de la ley orgánica

4/2.015.

-Otra vez la misma cantinela. -No veas cómo cantaban.

Debía ser abogado o algo así.

"Al ciudadano no se le podrá sustraer el DNI

ni siquiera temporalmente".

-Y García se arrugó.

-Que le ha devuelto el DNI y he tenido que intervenir.

-Pobre García.

Le ha tocado el más cascarrabias en su año de prácticas.

(CHISTA) -García no es mi compañero.

Mi compañera eres tú.

A ver si acabas ese operativo y volvemos a patrullar juntos ya.

-Pues claro. ¿Quién más te iba a aguantar sino yo?

(CHISTA) -Oye.

¿No deberías dormir?

-Sí, yo sé, pero me quería airear un poquito.

-Vamos, que te sale la adrenalina por las orejas.

-Es normal estar así con todo lo que vamos a montar esta noche.

Y lo sabes. -Sí, sí.

-Una cosa te digo,

si me vas a echar la cantaleta

y a decir que esto igual me queda grande, mejor ahórratelo.

-Pues mira,

de hecho, te iba a decir todo lo contrario.

Me pareces la persona más adecuada del distrito para este trabajo.

-Ya, por eso fuiste con el cuento a Bremón y Miralles.

-Fui con el cuento porque Osorio

quería hacerlo a espaldas del comisario,

y eso además de irregular, es peligroso.

Siéntate.

Mira, si hacéis las cosas como Dios manda,

tenéis todo mi apoyo, faltaría más.

De hecho, me encantaría estar allí,

pero no creo que Osorio quiera verme.

-¿Lo dices en serio?

-Hombre, claro.

Somos compañeros, ¿no?

Se supone que estamos para cubrirnos el uno al otro.

¿Eh?

-Ya. -Además, si te pasa algo

tengo que aguantar a García de compañero toda la vida.

(RÍE)

-Bueno,

yo me voy a ir que acaba mi turno. Salima.

-Oye, Elías.

Hablaré con Osorio para que te haga un hueco en el Apolo.

-¿Estás segura?

-Si las cosas se tuercen, quiero que estés cerca.

-Salima.

-¿Qué? Ya vas cogiendo volumen, ¿eh?

-Voy a coger una contractura.

Las pesas no son para mí.

-¿Tú calientas antes de hacer ejercicio?

-Bueno, procuro ir abrigado.

-No, no es eso.

¿Haces "jumping jacks", "burpees"?

Un poquito de comba, trotar en la máquina, calentar los músculos.

-No lo había pensado. ¿Y así luego me pesan menos?

-Quédate con esta idea:

si no tienes tiempo para calentar, tampoco para entrenar.

¿Mmm? Así de sencillo.

Reduces el riesgo de lesiones y las agujetas.

-Bueno, pues te haré caso.

Tus consejos me vienen muy bien.

-Y tanto.

Salima y tú sois novios.

¿Qué tal, bien?

-Eh... Bien, bien.

-"Bien". ¿Ya te has desencantado?

Estabas enamoradísimo.

-A ver, a mí Salima me gusta, lo que pasa es que

es difícil esto de las relaciones, al menos para mí.

Tengo muy poca experiencia con las mujeres.

Menos que con las pesas.

-Pues eso dice mucho. -Si yo te contara...

-Cuenta, si hay confianza.

-(JADEA)

Tú sabes que iba para cura, ¿verdad?

-Ajá.

-Pues ya sabes cómo son los votos.

-¿Hablas del celibato?

Pero ya saliste del seminario.

-Ya, ya.

Pero antes tampoco.

-¿Tampoco...?

¡Ah! Eres virgen.

A estas alturas.

-¿Qué quieres? Cada uno tiene el pasado que tiene.

-No pretendía ofender.

Ahora entiendo por qué todo te sale tan raro.

-¿Cómo doy el siguiente paso?

-Lo que puedo decirte es que no tardes mucho en darlo,

la juventud va muy rápido.

Tengo una niña de 18 años,

y no veas si te contara.

-Estupendo,

si no había bastante presión, ahora si no me doy prisa me las dan.

-No, cuidado, no te agobies, ¿eh? Tú...

déjate llevar.

-Decirlo es fácil.

¿Sabes qué me pasó al besarnos?

Me desmayé. Me caí redondo.

-(RÍE)

Perdón, perdón.

Vamos a ver.

Míralo desde el lado positivo.

Si está contigo es porque le gustas mucho.

-Mmm.

-¿A ti ella te gusta? -Claro.

-¿Tienes ganas de estar con ella?

-Menudas ganas tengo, pero no quiero hacer el ridículo.

-Eso se llama miedo escénico.

-¿Y cómo se cura?

-Tirándote a la plaza y agarrando el toro por los cuernos.

Coges y dices: "Salima, tengo que hablar contigo.

Mira, mi problema es que soy virgen,

y tengo miedo de cagarla la primera vez". Y ya.

-¿Así, de sopetón? -Ajá.

A las tías les encantan los hombres sinceros.

-También les gustan los hombres seguros de sí mismos.

-No, créeme.

Les gustan sensibles.

-¿Seguro? -Seguro.

A Salima no le gustan los castigadores porque está contigo.

Mira, sigue mi consejo, ¿vale?

No intentes ser quien no eres. Así de sencillo. Y habla con ella.

-Supongo que no me queda otra.

Gracias, Max.

-A mandar.

Melón.

(JADEA)

(Cajones)

¿Qué pasa, hermano?

Eh.

¿Qué tal? Me he quedado sopa.

¿Antes de cenar? Ya te digo, estoy reventadito.

¿Jairo, qué te pasa?

A mí nada. ¿Y a ti?

No he tenido un buen día.

Pon la tele. No, que me duele la cabeza.

Pues vete a la habitación a dormir.

Estoy bien aquí de momento. ¿Tú no sales hoy?

No, he discutido con el abogado.

Ah.

El rollete de la inspectora, ¿no?

Creo que andan otra vez medio liados. Me cago en...

Vaya movida, hermano.

¿Sabes lo que te vendría bien?

Salir, hermano.

Tomarte algo, despejarte.

No tengo ganas, prefiero quedarme contigo

y ver una película. ¡Eso!

Una película.

Una de esas en versión original.

Búscate una de esas raras, que seguro que le mola a tu inspectora,

y así mañana tenéis de qué hablar en el trabajo.

Y te haces el culto.

Tío, ¿por qué estás tan empeñado en que me vaya?

¿Tú estás flipado o qué? A mí me da igual,

tenlo claro, que entres o salgas.

Como si quieres tocar la guitarra toda la noche, pero en tu cuarto

que me duele la cabeza.

Ni quiero tocar la guitarra, ni irme a ningún lado,

quiero ver la televisión.

Échate "pa'llá".

Qué pesado eres. Bueno, pues nada,

vemos la televisión.

-Si te lo han traído detenido, deberías ficharlo y para dentro.

-Lo detuvieron por estafa y a mí me demostró

que no hacía ninguna estafa.

La denuncia no tenía fundamento. A mí me dolía la espalda y ya no.

¿Cómo lo explicas?

-Muy fácil, porque ese dolor era psicosomático.

-¿Qué...? -No estaba.

-Que soy hipocondríaca, ¿no?

-Tú lo has dicho.

-Estoy harta de que me traten así, otra como el doctor Torres.

-Cuando el río suena...

Pero ¡bueno!

-Perdona, es que tengo que buscar esto.

-Verte así impresiona.

-¿Cómo estás?

-Nerviosa,

pero con ganas.

-El atuendo es impecable.

-Osorio lo ha controlado todo.

El maquillaje, el pelo, el vestuario.

Hasta el perfume.

No ha dejado escapar ni el menor detalle.

-Tendrás cuidado, ¿no?

-Sí, hay una ruta dibujada y tendré un Apolo cerca.

-¿Llevas pinganillo? -Sí.

-¿Te podemos ayudar en algo?

-Pues me podéis desear suerte.

Aunque no hará falta.

Está todo controlado al milímetro.

-Aun así mucha suerte.

-Mucha suerte, y ojalá te den una medalla, que te la mereces.

-Bueno, chicas, gracias. Mañana os cuento cómo va todo,

¿vale?

-Ojalá me hubieran dejado a mí estar en su lugar.

-No sé por qué tienes esa fijación.

-Porque para mí es muy importante, al final sería una prueba de que...

Nada, olvídalo. -No, no quiero olvidarlo.

Explícamelo, por favor.

-Si me hubieran dejado estar allí, al final quedaría claro que no soy...

la protegida de nadie.

-Tú no eres la protegida de nadie,

¿vale?

Anda, vamos "pa" casa.

¿Es un Gran Reserva?

Si no recuerdo mal, Álvaro es un gran entendido en vinos.

Espero que no se haya vuelto abstemio en los EE.UU.

Lo conoces bien.

No mucho.

Era muy amigo de tu madre.

(Llaman a la puerta)

Buenas noches.

Marcelino.

Dame un abrazo.

Cuánto lo siento.

-Gracias, Álvaro.

Venga, señores,

vamos a cenar.

Y a brindar por ella.

Por Carmen. Por Carmen.

-Por Carmen.

¿Queda algo de helado?

Yo qué sé.

Estás muy callado.

Estoy viendo la tele.

Tú estás muy raro.

Yo no estoy raro.

Yo sé por qué es.

Es porque no he indagado quién le gusta a la Paty.

Pues, pues sí,

sí, la verdad.

Sí, eso me jode mucho.

(Suena un móvil)

¿Sí? -"Soy Quintero. ¿Tienes el maletín?"

-(TOSE) Sí, claro.

-"Tráemelo al reservado en media hora.

¿Me estás oyendo?"

-Sí, en media hora, sin ningún problema.

-"¿Está todo bien?"

-Claro que sí.

¿Quién era, Jairo?

Un colega.

¿A estas horas?

Sí, quiere ir a jugar al billar.

Hay más ambiente en los billares de noche.

Más ambiente y líos.

Tío,

que sé cuidarme solito, ya no me meto en líos.

Bájate la basura.

Es que no sé si ir.

Te voy a decir la verdad de por qué estoy raro.

Por mi jefe.

¿Qué pasa?

Es mi primer trabajo serio

y quiero que me dure y no cagarla.

No quiero fallarte ni a ti, ni a él.

No tienes por qué fallarnos.

Estás haciendo las cosas bien.

Yo necesito que me vaya bien.

Transportes Quintero es grande.

Y le he entrado por el ojo derecho.

Si soy listo puedo subir

y ganarme muy bien la vida.

Claro que sí. Y con esa actitud llegarás donde quieras, verás.

Lo haces de lujo.

¿En serio lo dices?

Claro, no sabes cómo me gusta oírte hablar así.

Suenas responsable y todo.

¿Y un tío responsable no debería descansar

en vez de andar de billares y de cañas?

Nunca pensé que te dijera esto,

pero te lo estás ganando, sal y disfruta.

No todo es trabajo, ya te quedarás cuando tengas hijos.

¡Qué dices! Lagarto.

(RÍEN)

Sal, tómate unas cañas,

no te cojas un pedo ni llegues tarde

y cuidado con los broncas, en los billares hay muchos.

¿Tienes el taco con el que jugábamos?

Creo que sí.

Déjamelo, "porfa".

A ver, espera.

¡Pum!

Cuídamelo. Claro que te lo voy a cuidar.

Muchas gracias, tío. De nada.

Pásatelo bien, anda.

¡Melón!

Te dejas la basura.

¡Ah! Lagarto. Lagarto.

Muchas gracias. Estaba todo riquísimo.

Y el vino de primera categoría.

Es un detalle.

Lo has abierto por mí, tú casi ni lo has probado.

Mañana madrugo, y...

las resacas ya pesan.

Ojalá vinierais por Nueva York para devolveros la invitación.

En casa también nos gusta cocinar.

Es un buen lugar para ir de vacaciones.

Sí, pero con una condición.

Que no me lleves a ver "Cats"

en Broadway.

Carmen me hizo verla tres noches seguidas en Londres.

-Los musicales son para turistas.

Si queréis ver teatro, puedo llevaros a una sala con encanto en Connelly.

O a ver a los Knicks.

¿Os gusta el básquet?

Mike no se pierde ni un partido.

Perdona, ¿quién es Mike?

Mike es mi chico. Mi pareja.

Vivimos juntos desde hace 10 años más o menos.

-¿Os casasteis al final?

-No. Pensábamos hacerlo este otoño.

Dicen que es la mejor época del año para visitar Manhattan.

Sí, eso dicen.

Aunque a mí me gustan todas las estaciones.

-Entonces, ¿os casasteis o no?

-Íbamos a pedirle a Carmen que fuera nuestra madrina,

pero después del accidente, hemos decidido posponerlo.

-¿Sabes qué? Que apenas he bebido...

y no sé para qué tengo estos vinos si no es para estas ocasiones.

Voy a abrir otra botella.

Debíais estar muy unidos, ¿no?

Mucho.

Pese a la distancia, tu madre seguía siendo mi paño de lágrimas.

Fue de las pocas personas que me aceptó tal y como era.

Desde el principio.

En aquella época...

ser gay todavía era muy difícil.

Vale, ya.

No le gustaba verme así. Decía que era demasiado sentimental.

Oye, ¿me lo ha parecido a mí o...

te quedaste descolocada cuando dije que Mike y yo...?

No, no. Perdona. Lo siento.

Es solo que...

¿Puedo hablarte con confianza? Por favor.

Es una tontería, pero...

No sé, una serie de detalles como

las flores o...

lo que dices sobre ella, me hizo pensar que quizá...

Erais algo más que amigos.

Perdóname. No pasa nada.

Debes pensar que soy una bruja.

Tú diciendo cosas preciosas sobre ella y...

y yo pensando si tenía una amante.

Nada de eso.

Pero... preferiría cambiar de tema.

Claro.

No me queda Rioja, pero tengo este Ribera del Duero.

Que, según dicen, es cosa fina.

Marcelino, perdóname.

No quiero hacer el feo,

pero la verdad es que es tardísimo

y mañana tengo miles de cosas que hacer antes de tomar el avión.

-No te preocupes. No pasa nada. Lo entiendo.

-Lo he pasado muy bien. Sois unos anfitriones estupendos.

De verdad, si venís por Nueva York, allí tenéis...

un amigo.

Y una casa en la que pasar todo el tiempo que queráis.

Marcelino. -Álvaro.

-Gracias por todo. -Cuídate.

-Gracias, Alicia. Buenas noches.

¿Seguro que a María no le importa?

-No. Insistió en que viniéramos a tomar una copa después de cenar.

-Ya...

Una copa...

Otra copa, querrás decir.

(RÍE) -¿Qué pasa? ¿Estás borrachillo ya?

-Salima, tenemos que hablar.

-Uy, problemas a la vista.

-No. No es nada malo.

O bueno, igual sí.

Un poco. No lo sé.

-¿Qué tal si lo averiguas y nos tomamos algo?

Y me besas.

-Es que es importante.

A ver cómo... te digo yo esto.

Los Sanfermines.

Pamplona. Sabes, ¿no?

-Sí. Sé lo que son los Sanfermines, pero no sé a qué vienen ahora.

-Bueno.

El caso es que, cuando yo era niño,

la semana de los Sanfermines,

traían al pueblo una feria.

Con un montón de cosas.

El coche, el de los autos de choque de coches.

El tren de la bruja.

Y una noria.

Una noria no, una montaña rusa.

Y yo me volvía loco.

Yo le decía a mi madre: "Mamá, déjame montarme, por favor".

-Vale, vale. Me hago una idea.

Pero ¿y qué?

-Que no me dejaron montarme.

¿Por qué? Porque era muy pequeño.

Y yo, al año siguiente,

cuando volvieron, le pedí otra vez a mi madre:

"Mamá, por favor, déjame montarme".

-¿Recuerdas hace un rato?

Me has dicho que era importante. A ver si llegamos a esa parte.

-El caso es que me monté.

Y me mareé.

Acabé vomitando.

Y me puse perdido, y...

y a mi madre, la pobre, también la puse perdida.

Y a una familia que había detrás... -Eugenio.

-Fue asqueroso. -¿A qué viene todo esto?

-Intento ilustrarte porque, a veces...

a veces tenemos unas expectativas.

Y luego, las cosas no son como uno...

pensaba que iban a ser.

Y el resultado que...

-Hemos bebido demasiado. Tengo el estómago revuelto.

-¿Por la anécdota de la montaña rusa?

-Tú dirás. Después de cenar, ¿le cuentas esta historia a tu novia?

-No. No. No. Pero, yo...

(Suena un móvil)

Intentaba explicarte

que nunca me he vuelto a montar en una montaña rusa, pero que...

Una metáfora. Como una parábola de la Biblia...

No sé por qué me pongo con metáforas.

Lo único que quiero decirte, es...

-Eugenio, creo que me voy a casa.

-¿Tanto se te ha revuelto el estómago?

-No. Además, no estamos de humor para seguir tomando nada más.

-Lo siento, de verdad.

Oye, te estaban llamando.

-Sí. Da igual.

Es una agencia de esas que llaman todo el día.

Vámonos.

-Pero...

¿A estas horas te llaman?

-No me miréis las piernas, salidos.

-No te enfades, Nacha, que te quedan muy bien los tacones.

-Basta ya de bromas, Guevara. ¿Para eso quería participar?

¿Para hacerse el gracioso? -La tensión es contraproducente.

Una broma de vez en cuando

relaja y mejora la concentración. Lo sabrías si hicieras más tronchas.

-Tenemos visita. A las 3.

Un tío solo.

-Quieta. Deje que se acerque.

-No me ha visto. Voy a acercarme.

-Nacha, ¡quédate cerca del Apolo!

La madre que la parió. -¡Ni se mueva! Es una orden.

Si sale ahora, está quemado.

-"No pasa nada. Solo era un borracho."

-Está bien. Volvemos a la ruta.

Y basta ya de charlas.

(Llaman a la puerta)

Pasa.

-Pasa usted más tiempo aquí que en la oficina.

Es broma. Aquí está.

-¿Lo traes así? ¿Sin meterlo en una mochila ni bolsa ni nada?

-Igual que me lo llevé.

-No me dijo que... -¿No te parece que da el cante?

Siéntate.

No lo habrá visto tu hermano, ¿no? -Claro que no. Tuve mucho cuidado.

-Sé sincero, Jairo.

¿Lo has abierto?

¿Sabes lo que hay dentro?

-No.

-¿No te ha picado la curiosidad? -No.

Y si me pica, me aguanto y punto.

-Bien.

Vamos a ver si dices la verdad.

(RÍE)

Muy bien, Jairo.

Muy bien.

Está claro que, a partir de ahora, puedo confiar plenamente en ti.

-Yo ya se lo dije.

-Ábrelo.

Pruébalo.

-A mí no me va eso.

¿Qué pasa? ¿Sabes qué hay dentro?

-Hombre, por la pinta, sí.

-He dicho que lo pruebes.

-¿Qué coño? Pero esto...

Esto es azúcar.

-Marca blanca.

A 0,99 céntimos en el súper de abajo.

Aunque, personalmente, prefiero el azúcar moreno.

¿Qué opinas tú? -Opino que qué broma es esta.

-No es ninguna broma.

Es solo una prueba.

Un examen.

Que has superado con muy buena nota. Todo hay que decirlo.

¿Quieres una copa?

Ahora, lo que me gustaría saber,

es si...

la próxima vez, cuando se trate de algo

que no sea sencillamente azúcar,

cuando se trate de algo más valioso,

también estarás a la altura.

-Claro que estaré a la altura. Por mi trabajo hago lo que sea.

-Muy bien, chaval. Muy bien.

Buen güisqui, ¿no?

-En el súper hay uno por 9 euros que está bien también.

-Por ti.

-La madre que te parió, Guevara. No te había visto.

-Tranquila, que soy yo.

Además, de eso se trata, ¿no? De no dar el cante.

-¿Qué coño haces fuera del Apolo?

-Operativo finalizado por hoy. Volvemos a base.

-¿Ya? ¿Por qué?

-No tiene sentido seguir dando vueltas.

Debería haber atacado ya. -Venga, para casa. Tira.

-No me voy a ir a dormir tranquila sabiendo que sigue suelto.

-No por mucho tiempo. Caerá y será usted la que lo atrape.

Pero váyase a la furgoneta antes de que la vean con nosotros.

-Buenas noches.

(Suena un móvil)

Claudia.

No. No ha habido suerte. Sí, hemos terminado.

No, no ha aparecido.

Venga, que descanses.

Hasta mañana.

-Le faltó tiempo para reportar a Miralles.

-Es mi inspectora jefe.

¿Crees que nos ha visto?

-¿Quién? -Coño, el violador.

-No lo sé.

-Si no lo sabes tú, vamos listos.

-Lo sepa o no lo sepa, le prometo que voy a atrapar a ese miserable.

Algo que ni usted ni Miralles hicieron hace 10 años.

Chicos, nos vamos.

Sabes que mi madre tenía un amante, ¿verdad?

¿Por qué quieres saberlo? ¿Qué importa eso ya?

Su vida está llena de incógnitas.

Desde que murió, siento que no la conozco.

Tú nos aseguraste resultados.

Nos aseguraste que el plan funcionaría.

Solo por eso te di mi autorización.

Y funcionará. Esperemos tener más suerte esta noche.

Yo puedo tener paciencia,

pero los vecinos no la tienen.

Me preocupa que se anticipen y tengamos una tragedia.

Es él. ¿El agresor?

¿A quién voy a engañar? Tengo miedo, Antonio.

Lo raro sería no tenerlo.

Todo es muy macabro.

¿Qué más sabe de mí?

¿De nosotros? ¿Qué más sabe de nuestra familia?

Tranquilízate, anda.

Solo estaré tranquila cuando le tenga entre rejas.

No estoy bien.

Siento que estoy perdiendo.

-¿Perdiendo?

-Cuando persigo a un depredador sexual

es como si jugara al ajedrez,

es una cuestión de paciencia y tiempo,

pero siento que el control de la partida lo lleva él.

-Para mí, esto nuestro es muy bonito. -Para mí también.

-Creo que si hay cosas del pasado que afectan a nuestro futuro,

deberíamos ser capaces de compartirlas.

(Suena el teléfono)

Atiende. Tranquila.

Total, lo mío puede seguir esperando.

¿Todo bien?

-Sí. Son asuntos de familia.

-¿Cómo es el tío que te gusta? Ese imbécil, ¿cómo es?

-El único imbécil que hay eres tú.

-Él, en cambio, es...

maduro, interesante, inteligente, con mucho carácter...

Es especial.

-Me tranquilizo. No tienes nada que hacer.

-¿Tú qué sabes si le gusto a tu hermano o no?

Si es la pareja de moda.

Alicia, pasa de él.

No puedo, es mi compañero. Déjamelo a mí.

¿Dónde te habías metido?

Vete con tu novio y sigue tu vida.

Deja de fingir que te importa lo que me pase.

Hablemos mañana con más calma. Ahora llego tarde.

Vete con tu príncipe azul, no vaya a ser que se escape.

Te advierto que, si entras en mi guarida,

igual se rompe la magia y descubres que soy normal y corriente.

-¿Normal y corriente tú? Qué va.

-Es él, ¿verdad? El violador te está escribiendo.

¿Cómo tiene tu número?

Tranquila. Sé que es aterrador,

pero esto se lo damos a Laura, la de delitos informáticos,

y lo localiza.

¿Lo ha encontrado? No.

¿Y si te encuentra él?

Tiene tu número y eso significa que podría estar vigilándonos.

-¿Por qué no te vienes?

-Estoy muerta. Me voy de cabeza a la cama.

-Pienso salir como Dios manda. Sois unas aburridas.

-Claro, libras mañana. Te puedes ir a dormir a las tantas si quieres.

-Pues sí. -Es verdad.

-Me voy a ir al irlandés a por una cerveza grande y fría.

-Disfrútala. -A tu salud.

-Hasta luego. -Chao.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 41

Servir y proteger - Capítulo 41

23 jun 2017

Alicia quiere saber qué relación tenían Álvaro y su madre. Miralles y toda la comisaría esperan inquietos que se cierre la trampa sobre el violador. Jairo teme que Rober descubra el maletín de Quintero. Abraham, el curandero, intenta líar a María.

ver más sobre "Servir y proteger - Capítulo 41" ver menos sobre "Servir y proteger - Capítulo 41"
Programas completos (108)
Clips

Los últimos 522 programas de Servir y proteger

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. José

    ¿No les parece curioso que cuando aparecen actores secundarios en intervenciones cortas, nunca hablan, solo asienten con la cabeza y desaparecen de la escena sin más? ¿No les pueden hacer decir alguna cosa en réplica a lo que se les dice? En los 41 capítulos que llevo vistos, esta situación se ha repetido bastantes veces. Muchas gracias por su atención

    01 jul 2017