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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 407 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Qué tal, vienes por la fiesta?

-Venía a por dos fluorescentes y dos cebadores, pero vamos...

-No. -¿No?

-No, llévate LED.

-¿Trabajas aquí tú también? -No.

-¿Quieres un pinchito de tortilla?

Toni, ¿que si quieres algo? -No, nada. Gracias.

-Conocí ayer un chico muy guapo en la ferretería,

y me dijo que es del barrio y he venido a ver si viene por aquí.

-Tía, no te lo vas a creer, pero estoy igual que tú.

-¿Cuántos clientes tienes como yo en tu cartera,

capaces de poner 200 000 euros en la mesa de un día a otro?

-¿A qué te dedicas, si no es mucha indiscreción?

-Tengo mi propia empresa. Casi todo lo hago online,

por eso vengo aquí a trabajar.

-Ha sido verlo y oler la pasta.

Le he invitado a un par de whiskys y me ha contado su negocio.

-A ver, Ricky,

¿cómo sabes que ese tipo no es un cantamañanas

y que está intentando camelarte a ti?

-He abierto una ferretería aquí. Soy Damián Pérez.

Tú me estás proponiendo montar un taller

y que los vecinos vengan a arreglar sus cacharros.

-Esa es la idea. ¿Qué te parece?

-Haremos que la gente entre en la tienda.

-Silvia ya es historia. -¿Os habéis separado?

-Divorciado. Pero no me arrepiento. Nuestra relación estaba agotadísima.

-Me hace gracia el afán de este amigo tuyo de salir y hacer planes

todo el tiempo.

-Ya te expliqué que está pasando por una fase algo revolucionaria.

(Teléfono)

Es Germán. Sí, soy yo.

Pero ¿qué ha pasado?

Mi padre está convencido de que no fue un suicidio.

¿Tenemos el móvil? No. ¿Te hace falta?

En los móviles todo el mundo guarda sus secretos.

-Os pido que me perdonéis por lo que estoy a punto de hacer.

Estoy muy solo. Adiós.

-Esta tarde he conocido al inspector Almazán,

y es más frío el tío, es un témpano.

-¿No fastidies? -He pasado antes por su mesa,

y tenía una pila de expedientes sin abrir así.

Puede que el inspector Almazán sí necesite ayuda.

Lola siempre decía que tu trabajo en la UFAM era fundamental.

Si tu trabajo te deja tiempo libre,

tienes mi permiso para prestar tu ayuda.

Este es el teléfono de Ainhoa Molina. Me lo dio cuando vino a denunciar.

-Está bien saberlo.

-Pero no me importa llamarla y preguntarle lo que usted necesite.

-Pues me vendría bien, pero si está tan ocupada...

-No, no. Tengo tiempo, de verdad.

-Cuando de imaginaba en una celda por mi culpa...

-Eso ya pasó.

Hice lo que hubiera hecho cualquier madre.

¿Tú quieres compensarme?

Pues céntrate. Ayuda a tu hermano en los negocios.

-Nos ofrece 300 por cada uno. -Pero habíamos dicho 600.

Mándalo a tomar por culo. -Y nos comemos los televisores.

-Dentro de dos horas te quiero aquí con 7000 euros en la mano.

El precio ha subido a 700 por hacerte el chulito.

A los Soler no los torea ni Dios bendito. ¿Estamos?

Vamos a hacer cosas grandes y hay que tener mucho cuidado.

-Qué guapo, Nano.

-Yo no quiero llevar una de estas. -No te he preguntado si quieres,

es lo que hay.

(Música emocionante)

Buenos días.

-Mamá, no te levantes tan pronto por mí.

-No es por ti, cariño.

-Ya os dije que en Picassent les cogí gusto a los madrugones.

A las cinco de la mañana, las presas que teníamos el primer turno

ya estábamos en danza.

-Pasa página, ¿vale? Aquello quedó atrás.

-No es tan fácil.

Pero no pienses que todo es malo en la cárcel,

se aprenden cosas muy útiles, y buenas.

Te preparo el bocata.

-Déjalo, me lo hago en un momento. -Que no.

Anoche hice lomo.

Te lo hago con dos pimientos, como a ti te gusta.

-Qué rico. Me vas a malacostumbrar.

-Aprovecha mientras yo pueda.

-El café con leche, ¿verdad? -Sí.

Oye...

¿siempre entras tan pronto?

-Sí, yo me encargo de abrir el taller.

Ramón suele llegar sobre las nueve.

La verdad es que estoy más a gusto cuando él no está.

-Lo que me da más rabia no es que tu jefe sea un inútil,

sino que no te trate como te mereces. Con esas manos que tienes...

-¿Y cómo las tengo? Siempre sucias de la grasa de los motores.

Toma tu café. -Gracias.

¿Y qué haces a primera hora?

-Tengo un cambio de bujías para un todoterreno.

El dueño viene a recogerlo sobre las ocho.

-Cómo me gustaría que todo ese talento

lo invirtieras en tu propio taller. -A mí también me gustaría, mamá.

-Pues te aseguro que pronto lo harás. -No te preocupes, ¿vale?

Llevo un tiempo ahorrando para ello y no tengo ninguna prisa.

-En lo de ahorrar has salido a mí,

pero no rechaces la ayuda que yo te pueda ofrecer.

-No la rechazo, pero... -¿Y por qué quieres esperar

si yo puedo ayudarte a conseguir tu sueño?

¿Por orgullo? -Pues sí, por orgullo.

-No, trae. Ya recojo yo.

-Gracias. Pero prefiero que no te acostumbres

a hacérmelo todos los días.

A veces voy a un bar que hay cerca del taller a desayunar.

-Ya sé lo que te pasa.

Pero tienes que entenderlo. Para mí siempre seréis mis niños.

-Anda, ve a echarte un rato,

que tus otros dos niños tardan en levantarse.

-Chist...

-Adiós. -Que tengas buen día, cariño.

-"Pero no puedo más. No puedo vivir más así".

Ese vídeo demuestra que la hipótesis principal es la correcta.

¿Qué te pasa, por qué dudas?

No sé, Claudia, hay cosas que no me cuadran.

¿Qué cosas?

Que Germán era una persona alegre y vital,

y deseaba vivir la vida y conocer gente después de su divorcio.

Eso no cuadra con la personalidad de un suicida.

Las depresiones a veces se enmascaran de muchas maneras.

Y la actitud y las palabras de ese hombre no dejan lugar a dudas.

Mi instinto me dice que alguien o algo...

tuvo que empujarlo hasta la tragedia final.

El Germán que conocía mi padre no tiene nada que ver

con el del vídeo.

Alicia, no vamos a abrir una investigación.

¿Vale?

Ese vídeo es la prueba irrefutable de que se suicidó.

Y no hay indicios de delito.

¿Y por qué le mostró a mi padre una realidad completamente distinta?

Esa pregunta no te puedo responder porque no soy psicóloga,

y la mente humana es muy complicada. No sé...

Igual formaba parte del proceso de la depresión. Yo qué sé.

Me costará convencer a mi padre

de que no hay nada más tras ese suicidio.

Es posible, pero espero que a ti no.

Por su bien deberías convencerle de que pase página.

Sí, tienes razón, Claudia.

Tal vez lo que le pasa a Marcelino es que se siente culpable

porque piensa que podía haber hecho algo más.

Cuando hay una muerte tan abrupta todos nos planteamos

si lo podríamos haber evitado de alguna manera.

¿Dónde estás?

De aquí para allá, ya sabes.

Solo llamaba para saber qué tal estás tú y cómo está el pequeño Leo.

La última vez que nos vimos dijiste que me llamarías

para darme tu dirección y entregarte.

"¿Dónde estás, Fernando?" Ya sé lo que te dije cuando hablamos,

pero créeme que no te puedo decir dónde estoy ahora mismo.

Las cosas no están saliendo como las tenía planeadas,

"y se han complicado, así que estoy teniendo que improvisar.

Entonces, no tenemos nada más que hablar.

¡Espera, espera! Alicia, hija, por favor.

Espera."

Solo quiero saber cómo estás tú y cómo está el pequeño Leo

cada vez que hablo contigo.

Creo que es la última vez que lo haré en mi vida,

solo eso.

¿Qué te ocurre, en qué piensas? ¿Qué?

Alicia,

si tú estás así, no es por la muerte de ese pobre hombre.

Tú estás así por algo más.

¿Ha pasado algo? ¿No le habrá ocurrido nada a Iker?

No, que yo sepa no. Llevo días sin saber nada de él.

Bueno, no te preocupes,

es un país muy complicado y no puede llamar cuando quiere.

No, tendré que acostumbrarme.

Bueno, venga.

Vamos a volver a trabajar que no sobra el tiempo.

Por cierto, que se me había olvidado.

Mañana se incorpora una nueva inspectora,

Silvia Orestes, échale un vistazo a su expediente.

Quiero que tú la ayudes a integrarse.

¿Me quieres decir de una vez qué te pasa?

Siempre hemos confiado la una en la otra, por favor,

lo que sea cuéntamelo.

Es por Quintero.

El otro día me llamó por teléfono. ¿Desde dónde te llamó?

No lo sé, me dijo que estaba en una situación muy complicada,

y que era la última llamada que me haría.

Claro que está en una situación complicada,

lo busca la Justicia por sus delitos.

Y por lo visto, no solo lo persigue la Justicia.

¿Quién lo busca también? No lo sé, fue muy ambiguo.

Quizá sean sus antiguos compinches.

¿Y qué te dijo que quería?

Sabes cómo estamos Leo y yo.

Me dijo que nos quería muchísimo.

¿Lo sabe alguien más? ¿Se lo has dicho a Iker?

No, solamente lo sabes tú.

Y has hecho muy bien en contármelo.

Por favor, si te vuelve a llamar o aparece,

me lo dices de inmediato. Puede que esté en España.

No lo sé, la cabeza me va a estallar,

no dejo de hacer elucubraciones.

Vale. Vuelvo a lo mío.

Hola. -Hola.

-¿Qué haces vestido así? -Salgo a correr.

Intento ir dos o tres veces por semana.

-¿A correr? -Sí, me despeja la mente.

-De tus hermanos lo hubiera dicho, pero de ti...

-¿Por qué te sorprende tanto?

-Porque de pequeño no eras de deporte.

Cuando veías una pelota, en lugar de chutar pasabas de largo.

Odiabas el fútbol. -Y lo sigo odiando.

Pero correr sí que me gusta.

Llegada una edad hay que empezar a cuidarse un poquito.

-Llegada una edad dice.

Si tú estás en la flor de la vida, hijo.

En cambio yo...

-Tú estás estupenda, mamá.

¿Qué pasa, mamá?

-No, nada, nada. Bueno...

Pensaba que durante todos estos años

has tenido que madurar mucho.

Y que has renunciado a muchas cosas por tus hermanos.

-Solo he hecho lo que tenía que hacer.

Sin padre y con la madre encerrada, no me quedó otra.

-Estoy muy orgullosa de ti, hijo.

Y siento haberme pasado anoche contigo.

-A nadie le gusta que le digan que no sabe llevar su negocio.

-No, lo que quiero es que tus hermanos maduren también.

Álvaro tiene que volar lejos de esa sanguijuela que le explota.

Y Ricky, ¿qué te voy a contar de él que tú no sepas?

-Me alegra saber que confías en mí.

-Pues claro que sí, hijo mío.

No tengo ningún reproche que hacerte, Luis.

Ni en los negocios ni como hijo.

Eres un puntal en esta familia.

Y voy a seguir apoyándome en ti.

En cambio, Ricky...

-Ricky, reconozco que se me ha escapado de las manos.

No sé qué hacer para meterlo en vereda.

-Ese niño me quita el sueño. -No es un niño, mamá.

Me recuerda demasiado...

-No es por justificarlo,

pero estos años sin ti se le han hecho muy duros.

Te ha echado muchísimo de menos.

-Tú y Álvaro también me habéis echado de menos,

y no sois como él ni como vuestro padre.

-Ahora que estás aquí, seguro que la fiera se calmará.

-No sé... -Tú tienes ese poder con él.

¿Te acuerdas cuando a Ricky le dio por fastidiar aquel fin de curso?

¿Qué edad tenía?

-Diez años, ¿cómo lo voy a olvidar?

-Se lio a pelotazos contra las ventanas del comedor

hasta que las rompió todas.

Se armó un follón gordísimo. -Ya.

-Y no había quien lo calmase, ni el director, ni los profesores,

ni Álvaro ni yo... Nadie.

Hasta que pedí, por favor, que te llamasen a ti.

Y como no me dejaron salir del trabajo...

llegué demasiado tarde.

Se me rompió el alma cuando lo vi solito en aquella sala,

llorando y tiritando como un pollito.

Y sobre todo, lleno de cortes.

Qué desgraciados, ¿no?

Ni lo curaron ni lo llevaron al hospital.

-A nosotros tampoco nos dejaron hacer nada.

Parece que nos quisiesen castigar a nosotros también.

-No sabes cómo me arrepiento de no haberles denunciado.

En fin...

Espero no llegar tarde en esta ocasión.

-Tranquila, mamá,

todo va a salir bien.

-Anda. -Vamos.

-A correr.

-Mírale.

-Veintiocho, veintinueve...

y treinta.

-¿De verdad crees que esto va a funcionar.

-Sí, Damián, confía. De verdad.

Creo que estas cajas nos van a quitar de las manos.

En una mano las hemos vendido todas. -Treinta.

Treinta en una semana.

No podemos vender unos alicates, vamos a vender treinta de estas.

-Creo que va a funcionar lo de "Arréglalo tú mismo".

-Yo sigo pensando que la gente de Distrito Sur

no es de perder el tiempo con tutoriales.

-No van a perderlo, van a ganarlo.

La gente de este barrio es más de arreglar que de usar y tirar.

-Si tú lo ves claro,

te prometo que no te daré más la matraca con esto.

Adelante con el "Arréglalo tú mismo".

-Antes de lo que piensas entrará alguien por la puerta. Verás.

-Hola. -Hola, Olga.

-¿Me podéis arreglar este secador? -Sí, claro.

¿Qué te parece arreglarlo tú misma?

-Que no se me dan muy bien los cacharros.

-No hace falta experiencia, solo voluntad.

Yo te ayudo. -¿Cómo lo vamos a hacer?

-Como hacen los médicos con el cuerpo humano.

-Por ahí vamos bien, que mi padre es médico.

-Lo primero es encontrar cuál es la avería.

¿Qué le pasa? -Que no echa aire caliente.

Solo frío y se me encrespa el pelo con el aire frío.

-Eso puede ser por el botón de la temperatura

o la resistencia.

Así que vamos a abrirlo.

¿Qué te parece abrirlo tú?

Hay que luchar contra la obsolescencia programada.

-Sí, yo estoy superconcienciada.

Tuve un novio ecologista que me lo contó todo

sobre la obsolescencia programada.

-¿Puedes? -No.

-A ver, déjame.

Esto en un periquete está arreglado.

-Ah, ¿sí? Pensé que íbamos a estar un buen rato.

-Cuanto antes acabes, mejor, ¿no?

-Bueno, no tengo prisa.

Además, esto del bricolaje me parece superinteresante.

-Qué alegría, hija, ojalá todos los clientes pensaran como tú.

-Mira, Olga, estas son las tripas del aparato.

Parece que el botón de la temperatura no es.

Así que tendrá que ser la resistencia.

-¿Ha pasado algún cliente más esta mañana?

-No, desgraciadamente, no.

-El otro día cuando vine

vino un chico a comprar dos LED, ¿te acuerdas de él?

-¿Cómo olvidarlo?

-Tiene que ser la resistencia.

-¿Y no ha vuelto a venir por aquí?

-No, que yo sepa, no.

-Mira, Olga, no podemos soldar la resistencia

porque se pondría incandescente.

Entonces, me parece que lo que haremos es estirar del cable.

¿Me ayudas?

Mira, esto de aquí.

Así.

Hola, papá. Hola, Hija.

Tengo una batería de cuestiones para que las sumes al caso.

Ya sé que me vas a decir "zapatero a tus zapatos",

pero como abogado sé sustanciar una investigación,

y creo que estos interrogantes te pueden servir de ayuda.

La grabación es concluyente. ¿Qué me dices?

¿Has hablado con tus jefes? Con Miralles.

Os estáis equivocando.

Yo, sin ser policía, veo que esta grabación es una cortina de humo.

Te juro que lo he intentado todo, pero ella manda.

Está bien. De acuerdo.

Por favor, sigue investigando tú.

Debes aceptarlo, Germán se suicidó,

y no hay indicios que permitan ir más allá.

No es lo que creen sus hijos.

¿Has ido a verlos? Sí.

Y estuve con un grupo de amigos del club de singles que frecuentaba,

y no creen que estuviera deprimido, sino todo lo contrario.

Pero no les habrás enseñado el vídeo.

Eso no, hija.

Son unas imágenes muy duras para que los hijos las vean.

Pero les he prometido que mi hija hará todo lo posible

por buscar la verdad. Papá, no puedes hacer eso.

Alicia, están destrozados.

He hecho una lista con los amigos y conocidos,

y ellos y yo creemos que se mezcló con malas compañías.

Seguro que uno de estos vio su debilidad y se aprovechó de él.

No quiero que te enfades conmigo, pero no voy a investigar nada más.

Mi jefa me ha dado una orden y debo cumplirla.

Si fuera amigo tuyo no te conformarías.

Entiéndelo, por favor. Si alimentas la esperanza,

o contribuyes a que sus hijo lo hagan,

solo conseguirás que todos sufráis más.

Hay que aceptar la pérdida, aunque sea terrible.

Pues...

contigo o sin ti voy a dar respuesta a este sinsentido.

Se lo debo a Germán. Papá, por favor...

¿Quieres tomar algo, Alicia?

No, Paty, gracias.

¿Qué pasa, Sara?

Anda, ponme un whisky doble.

Pero no de los normales, de los que tenemos para clientes exclusivos.

O sea, un whisky de Sild. -Tú no eres un cliente exclusivo.

Ni siquiera eres un cliente.

¿Por qué no te lo sirves tú, que estoy sola?

-¿Me puedes poner un whisky de Sild?

¿Te gusta mi nuevo peluco?

Pues vete acostumbrando, porque es solo el principio.

El nuevo Ricky ha llegado a la ciudad.

-¿El nuevo Ricky? No me hagas reír.

-Estoy destinando a convertirme en lo que dice mi nombre:

Ricky, rico.

Inmensamente rico.

-¿Y de dónde has sacado ese reloj?

-Lo he comprado en una tienda de productos de importación de Suiza.

Me ha costado una pasta.

Tengo certificado de autenticidad y todo.

¿Tengo que enseñarte el certificado para que me creas?

-Te creo, te creo.

-Se puede sumergir 200 metros.

-¿Ahora te ha dado por el buceo?

-Estás muy contestona hoy, ¿no?

-Es que Juan no ha venido y tengo que rellenar las cámaras sola.

¿Qué tal si en vez de perder el tiempo me echas una mano aquí atrás?

-Cuatro manos te echaba yo a ti.

Detrás o donde haga falta.

Ve poniéndolo a mi colega un whisky de Sild.

-Las quemagrasas son mi producto estrella,

pero tengo de todo en catálogo:

pastillas contra el estreñimiento, para combatir la alopecia,

para aumentar el vigor sexual...

Cualquier cosa que puedas vender en tu tienda,

yo te lo puedo suministrar.

-¿Has visto? Quiere su whisky de Sild.

-Ahora veo que eres un imitador de ese mamarracho.

-Te doy máximas garantías, tanto en las entregas

como en la calidad del producto.

Solo trabajo con lo mejor del mercado internacional.

Las pastillas adelgazantes

tienen cinco estrellas sobre cinco de valoración.

-Ya lo llevo yo. Para que digas que no te ayudo.

-¿Pastillas para aumentar la libido femenina?

Sí, y están en promoción.

Tú tranquilo, piénsalo y me dices.

-Ya veo que has hecho del Moonlight tu oficina.

Y nosotros encantados.

-La verdad es que aquí estoy a gusto.

-Es un sitio estupendo para hacer negocios en internet, ¿verdad?

-Ponen buenas copas, el wifi va como un tiro,

y a estas horas hay poca gente.

-Por la noche la cosa cambia bastante.

¿A que sí, Sara? -¿Cómo?

-Le estaba diciendo que por la noche esto cambia bastante.

-Sobre todo los fines de semana, sí.

(Teléfono)

-Tengo que contestar, ¿te importa?

Hola.

Ah, sí, dime. ¿Qué has decidido?

Estupenda elección. Una gran compra.

Y si doblas el pedido ahora, puedo hacerte un 20% de descuento.

Entonces, ¿te animas?

Tú pruebas, que te parece bien, repites.

Que no es lo esperado, pues lo dejas.

Eso sí, te recomiendo hacer el ciclo completo.

Dos meses.

Es lo que recomiendan los expertos.

Es a partir del segundo mes cuando se empiezan a ver resultados.

Perfecto, dos meses.

Y ya verás como repites.

Este tratamiento es la bomba.

-Esto tiene muy buena pinta.

-¿En serio? -Claro, ¿no ves la relación.

-Sinceramente no.

Pero tampoco estoy muy puesto en la ruta sur de la droga.

-Suerte que soy yo y no mi compañero Elías.

Si te oye el comentario que acabas de soltar, te habría echado la bronca.

¿Cómo que a estas alturas aún no estás puesto?

-Es verdad. No conozco todos los casos de la comisaría,

acabo de llegar.

-Esto es un tren que va a toda velocidad y debes subirte en marcha.

No va a aminorar para que te subas tranquilamente.

A mí me importa un pimiento que estés en prácticas.

Pero a los delincuentes, escúchame bien,

no les hagas ese favor. -Vale, me ha quedado claro.

-Espabila.

-¿Elías es el oficial Guevara?

-Sí. ¿Has oído hablar de él?

-Por mi padre, que también es oficial en el Distrito 5.

-No sabía que tu papá era policía. -Sí, Santiago Ríos.

Me ha contado alguna batallita del Elías ese.

-Seguro que tiene razón en lo que te ha contado.

Y se habrá quedado corto.

Pero vamos a ponernos las pilas con esto.

Coge el número de esa entidad bancaria

y averigua todo lo que puedas sobre la cuenta de Miguel Zaldívar.

-A la orden. -Venga.

-¿Otro güisquito?

-No gracias, debo atender otros asuntos.

-Venga, tómate otra.

Me gustaría saber a qué te dedicas exactamente.

-¿A qué viene tanta curiosidad? -Creo que tenemos mucho en común.

-Lo único que tenemos en común tú y yo

es que a los dos nos gusta el dinero. ¿Me equivoco?

-A mí me parece que es un buen punto de partida.

La avaricia rompe el saco.

-Tienes razón, pero para los negocios puede ser un buen impulso.

-Venga, campeón, no tengo tiempo para charlitas.

Hasta otra. -Cuando quieras.

-Hola, buenas tardes. -Hola. ¿Qué le pongo?

-Nada, muchas gracias. Solo quería hacerte unas preguntas.

Verás, aquí estuve la otra noche con un buen amigo.

¿Lo recuerdas? -Por aquí pasa mucha gente.

-Verás, hace unos días...

mi amigo ha muerto de forma inesperada y yo estoy investigando.

-Vamos a ver, ¿qué pasa aquí?

¿A qué vienen tantas preguntas? ¿Eres madero o qué?

-No, solo necesitaba saber

si os sonaba mi amigo Germán,

y si lo habíais visto con alguien estos días atrás.

-Mira, tu amigo no nos suena de nada.

¿A que no, Sara? -No.

-Si no te importa, aquí estamos trabajando.

-De acuerdo.

Aquí os dejo mi tarjeta por si os acordáis de algo.

Soy abogado, Marcelino Ocaña.

Adiós. Buenas tardes.

-¿Recuerdas el tal Germán?

Era un poco pesado y me entró un par de veces,

pero era inofensivo.

-Un abogado...

Que se vaya a su casa.

¿Y tu compañero? Ha salido un momento.

¿Qué tal con él?

Bueno, a veces consigue sacarme de quicio un poco,

con su tonterías de las redes sociales y los postureos,

pero aparte de eso es un máquina, se lo curra y tiene buena energía.

O sea, que habéis congeniado. Eso parece.

¿Y a nivel de investigación cómo se maneja?

Muy bien, me ha aportado bastantes pruebas

para que solicitar al juez pinchar el teléfono de Charly Zaldívar.

¿Sí? ¿Qué tenéis?

De momento, hemos encontrado estas tres transferencias

por igual cantidad,

desde una cuenta fantasma a nombre de Miguel Zaldívar,

uno de los hijos de Charly Zaldívar.

Y las tres han sido realizadas a antiguos socios de Quintero.

Tres antiguos socios de Quintero.

Así que Charly está intentando reactivar el negocio de Quintero.

Pero vamos a impedírselo.

¿Tú puedes solicitar la orden al juez?

Sí, sin perder un minuto.

Voy a llamar a la secretaria judicial

y lo activamos inmediatamente.

Felicidades. Y felicita también a Tony de mi parte.

Gracias.

-Hola, Olga.

¿Qué, necesitas arreglar algo más?

-La batidora, que tampoco me funciona.

-Te vamos a nombrar clienta del mes. -Clienta, solo clienta.

-Esto va a ser un momentito.

-Pues ahora tampoco tengo prisa.

-¿Le estás cogiendo gusto a lo de arreglar electrodomésticos?

-Bueno, todo es ponerse, como has dicho tú.

-Si te animas, estamos vendiendo unos kits maravillosos

para los clientes de "Arréglalo tú mismo".

-Mira, se te ha ido el cable de aquí.

-Fíjate, Olga, tienes uno abierto delante.

Hay todo tipo de destornilladores, llaves, alicates, cinta aislante...

Tiene de todo.

-Está muy guay. Me llevo uno.

-Muy bien.

-Como veo que te interesa, podrías entrar en nuestra cuenta online.

-¿Tenemos cuenta online?

-Todavía está en pruebas, pero ya funciona.

-Hijo, nos modernizamos a velocidad de vértigo.

Solo nos faltan clientes.

-Esto ya está. Vamos a ver si funciona.

Sí, funciona.

-Perfecto. Ya puedo hacer masas, batidos, lo que quiera.

-¿Necesitas algo más? -No. ¿Cuánto es?

-Damián te cobra.

-A ver, ¿cuánto es?

-Por ser la clienta el kit es gratis.

-No, de eso nada.

Yo te cobré el catering a pesar de que no lo aprovechaste.

-Calla, hija, que aún duele. -Venga, ¿cuánto es?

-Dame 20 euros, precio de amigos.

-Bueno, ya no soy la única clienta.

-Buenas. ¿Vienen al taller de reparación?

Acompáñenme, por favor.

-Ay...

-Muchas gracias. Hasta luego.

-Lo primero es localizar la avería.

¿Qué le pasa?

-¿Qué miras, grandullón?

¿Qué pasa?

¿No te gusta mi camisa o qué?

¿O me estás mirando a mí?

Ten mucho cuidado.

Te voy a dar un consejo por si el día de mañana terminas en la cárcel,

que es probable.

No mires nunca fijamente a nadie, porque encontrarás problemas, amigo.

Te lo digo yo, que estuve unos años en el trullo.

¿Sabes lo que hay que hacer cuando estás encerrado para sobrevivir?

Dos cosas son las importantes:

tener orden

y disciplina.

No lo olvides nunca.

-Estás hecho un pincel, Quintero.

No te habrás puesto así para recibirme.

-Preferiría que fuera para despedirme.

¿Has traído lo que te pedí?

-Traigo unas gominolas, me encantan. ¿Quieres unos ositos?

-No juegues conmigo, Charly.

¿Traes o no traes el pasaporte?

-¿Y tú, has hecho tus deberes?

-Primero enséñame el pasaporte.

-Qué carácter, macho.

Con razón tienes tan mala fama por el sur.

-Dame ese maldito pasaporte, Charly.

-Tranquilo, tranquilo.

-Lo ves, no lo ves. Lo ves, no lo ves.

-¡Que me lo des! -Primero tú.

-Ah, ¿sí? Quieres que juegue también como tú.

Muy bien.

Lo ves, no lo ves. Lo ves, no lo ves. ¿Lo ves?

No lo ves. -Entrégamelo.

-Tranquilo. Voy a probar esto también.

¡Ay! ¡Qué haces! ¡Suéltame!

-Todavía no sabes quién manda aquí.

-Está bien, Charly, ya tienes lo que quieres.

Dile que me suelte, por favor.

-¿Esto qué es?

¿El mapa del tesoro? -Llámalo como quieras.

Son las cuatro rutas que yo utilizaba para distribuir en mi territorio

la droga que le compraba a los franceses.

Con esas cuatro rutas y el material que le compres a los gabachos,

el imperio es tuyo.

-Muy bien, Quintero. Nos empezamos a entender.

-No te equivoques, yo no me quiero entender contigo.

Lo que quiero es que me dejes salir de aquí.

Todavía no. Antes he de comprobar la autenticidad de estos garabatos.

No sea que me quieras vender humo.

-Vete al carajo. Los franceses te lo confirmarán.

-Voy a llamarles hoy mismo.

-Ten mucho cuidado con lo que les digas,

porque esa gente no se anda con chiquitas.

Y no les gusta nada que jueguen con ellos, como estás haciendo conmigo.

-¿Algo más, Quintero?

Cuando esté todo OK, Zeus te llevará a Portugal en coche.

Y allí podrás pillar un avión a Miami con tu nueva identidad.

-Supongo que antes me darás el pasaporte.

-Tranquilo, que no te voy a dejar tirado.

-Espero que te guste, Campoy.

A partir de ahora te llamas así.

Campoy.

-Campoy.

Muchas gracias.

Toma. Así te entretienes un poco.

-Nacha, no vas lo que me ha dicho la inspectora jefe,

me ha felicitado por la investigación de Charly.

-Menos lobos Caperucita,

que lo importante es echarle el lazo al lobo.

-Pero no me agües la fiesta, tía. -No, yo soy realista.

-Pero vamos bien, ¿no? -Que sí, que sí.

Me viene bien que estés animado

para que cojas con ganas estos expedientes

y te familiarices con el historial del delincuente

que estamos investigando. -Perfecto, sin problema.

-Y toma, te dejé un café preparado

porque la tarde es larga y lo vas a necesitar.

-Bueno... Cuando le cuente a la peña

que la durísima oficial Aguirre me invita a café, chaval.

Entre esto y lo de la inspectora jefe me estoy viniendo arriba.

Aaaaah, está asqueroso.

-Tú prefieres lo que te ponen en La Parra, ¿no?

Y si te lo pone Paty mucho mejor, ¿verdad?

-Afirmativo.

Yo que usted no tomaría ese café, inspector, está asqueroso.

-He oído que estás investigando a Carlos Zaldívar, bueno, a Charly.

-Así es, inspector. Estamos esperando la orden del juez

para pincharle el móvil.

-Perdón, por curiosidad, ¿usted no está a cargo de la UFAM?

-Sí, pero hasta hace poco era un inspector de calle

que investigaba casos como vosotros.

Tenía mis propios "confites" y miraba cara a cara a los delincuentes,

como te miro ahora a ti.

Carlos Zaldívar era uno de esos delincuentes.

Lo único que estoy diciendo, Aguirre, es que si necesitas ayuda,

puedes contar conmigo.

-Mucha gracias, inspector.

-Se lo ha bebido entero el tío.

-Es que ese tipo es más raro que un perro a cuadros.

-Sí, gin-tonics para todos, pero tened paciencia, sois muchos.

-A ver, bonita. Fuera de aquí que este es mi sitio.

Tirad para el fondo, que aquí estamos trabajando.

-Si os ponéis en aquellas mesas os los llevo.

No les molestes.

Esos clientes mantienen el local, no puedes hablarles así.

-¿Qué pasa? ¿Te gusta tener esos impresentables en la barra?

Si son unos babosos.

-Son clientes que vienen a divertirse y a consumir.

¿Qué tal si en vez de decir estupideces me ayudas?

-Yo te ayudo, pero tú me das un beso.

Sara, dame una oportunidad.

Yo te ayudo con el pedido y luego nos tomamos la penúltima

lejos del Moonlight.

-Cuando acabe estaré cansada porque Juan ha fallado y tengo que doblar.

-Me da igual, tú sales a tu hora.

Quiero enseñarte una coctelería nueva que han abierto en el centro.

-A ver si te enteras. Yo contigo no voy ni a la vuelta de la esquina.

Si salgo a mi hora tendréis que cerrar antes,

y eso no es lo mejor para el negocio.

-Buenas.

Despedida de soltero. -Por suerte van todos de gin-tonics.

-Luis, tu camarero ha fallado,

vamos a tener que cerrar cuando Sara acabe el turno.

-¿Tú estás tonto? Ponte detrás de la barra y echa una mano a Sara.

-¿Qué dices? ¿Tú quieres que me manche la camisa?

He dicho que cerramos, y cerramos.

-Esa camisa es mía. ¿Te he dado permiso para ponértela?

-No te pongas así, tienes camisas para dar y regalar.

-Que te cambies la camisa y te pongas a servir copas ahora.

-Ricky, por favor, lleva estas copas a las mesas.

-Marchando los gin-tonics.

Atrévete a quitármelo.

-Luis...

-Más tonto y no naces.

-Toma, guapa, para ti.

-¿Qué falta, Sara? -No te preocupes.

Ve llevando estas copas a las mesas.

¿Eres tú el afortunado?

Felicidades.

-Muchas gracias. Ya verá, este kit le va a ir de cine.

-A partir de ahora, "arréglalo tú mismo".

-¡Pssst!

22. -Ocho hemos vendido.

-Ojalá fuera así todos los días. -No, va a ir mucho mejor.

-Pablo, el día que decidí contratarte me tocó la lotería.

No habría arrancado este negocio sin ti.

-Anda ya.

Seguro que lo hubieras hecho muy bien.

-Anda, vete a casa. Por hoy ya te has ganado el sueldo.

-Hola. -Hola.

-Si está cerrado vengo otro día. -No, no.

Si está la luz encendida, esto está abierto.

Dime, ¿qué necesitas, Paty?

-No necesito nada.

Venía a deciros que he oído a unos clientes hablar en el bar

sobre la tienda y sobre vuestro servicio,

y están encantados.

Y he pensado que cuando vuelva María, que es la dueña de La Parra,

ya sabemos donde traer todos los cacharros rotos.

-Por nosotros encantados. Cuando quieras.

-Eso de "Arréglalo tú mismo" es una iniciativa muy guay.

-¿Verdad que sí? Solo tiene un fallo.

-¿Cuál? -Que se le ha ocurrido a este,

en vez de a mí.

-Bueno, os dejo que recojáis tranquilos. Me voy a casa.

-¿Has tenido un día duro? -Ufff, no te quiero ni contar.

Pero no pasa nada, mañana será otro día.

-Bueno, que descanses. -Igualmente.

-Paty.

Muchas gracias por pasarte a darnos ánimos.

-Nada, hombre.

Y mucha suerte. Hasta luego.

-No hace falta que me des tantas veces las gracias.

Que soy yo el que está agradecido

de que hayas depositado tu confianza en mí.

-Muy bien. Anda, vete a casa.

-Gracias, jefe.

Oye, yo creo que los kits deberías ponerlos aquí,

a la vista, para que la gente pregunte un poquito más.

¿No crees? -Vete a casa.

-Buenas noches.

-Gabriel Campoy Ruiz.

Bueno. Podría haber sido peor.

¿Te das cuenta, grandullón,

lo poco que necesita un hombre

cuando es libre y quiere empezar de cero?

¿Eh?

Una vieja mochila,

un par de mudas, un par de camisas, unos pantalones

y un neceser con un cepillo de dientes. Nada más.

Ni lujos ni dinero, nada.

Porque lo único importante es la libertad.

¿No? ¿Tú qué crees?

¿Has oído alguna vez decir

que solo es digno de la libertad aquel que sabe conquistarla cada día?

¿Sabes quién lo dijo?

Lo dijo Goethe.

No sé cómo se pronuncia.

¿Sabes quién es?

No. Qué vas a saber tú.

Si ni siquiera sabes cómo te llamas.

¿Qué te pasa con esa cara? -Eso digo yo.

¿Qué pasa, Quintero? -Yo no sé, cuéntamelo tú.

¿Ha ocurrido algo?

-Pensabas engañarme, ¿eh? -¿Engañarte yo?

¿De qué estás hablando?

-Te crees más listo que yo y no eres nada, nada.

Porque quien manda aquí soy yo, ¿te enteras?

No te enteras, ¿eh?

-¡Ya está bien, suéltame!

-Qué buen actor eres. ¿Por qué no te dedicas al teatro?

-¡Que me sueltes te digo!

-Esos gabachos dicen ahora que no quieren hacer negocios conmigo.

Solo entran si es contigo.

-No me extraña. Porque no se fían de ti, y yo tampoco me fiaría.

Cada día me estás demostrando que tienes menos palabra

y menos inteligencia. -Escúchame, imbécil.

Este marrón es tan tuyo como mío.

Tú me has fallado con esos franchutes y tú me lo vas a solucionar.

-Está bien, Charly, yo te lo solucionaré.

Dame un teléfono y los llamo ahora mismo, y de paso,

escuchas y aprendes como se tiene que tratar este tipo de asuntos.

-¿Tú por quién me tomas?

No vas a hacer esa llamada para camelarme y adiós muy buenas.

De eso nada.

-Entonces, ¿qué quieres que haga?

¿Qué haces?

No, no, Charly.

-Te vas conmigo a Marrakech. -¿A Marrakech?

¡A mí no se me ha perdido nada en Marrakech!

-Olvídate de tus planes.

Te vienes conmigo a Marrakech a ver a esos gabachos.

-Charly, devuélveme mi pasaporte, te lo pido por favor.

Charly...

¡Charly!

Maldita sea.

-¿El Fernando Quintero este quién es?

-Era.

Lo que me parece increíble es que no sepas quién era ese personaje.

Empóllate ya ese expediente porque no puedes estar en esta comisaría

sin tener ni idea quién era Fernando Quintero.

Para que digas que no te pongo al día.

-Pero ¿tú qué haces?

-Estoy viendo tus obras de arte.

Veo que se te da muy bien lo de posar.

-¿Y qué pasa?

A la peña es lo que le mola. Y todo el mundo se saca fotos.

-Una cosa es hacerse fotos

y otra es vivir en una pasarela constante.

-Si te parece que yo vivo en una pasarela,

tendrías que conocer a mi colega "El Pelusa".

Es un colega mío que tiene el récord de Carabanchel

de subir fotos en un día: 124 el colgado.

-Madre mía, con lo útil que puede ser la tecnología

y lo tontos que puede volver a otros.

-"El Pelusa" es ingeniero industrial con matrícula de honor,

es el más listo de Carabanchel.

-Perdona. Yo pagaría por ver a tu grupo de amigotes.

-Pues es peña de lo más normal. -Ya lo veo, normalísimos.

¿Me estoy perdiendo algo?

Nada. El compañero me está hablando de la gente de Carabanchel.

-De un colega mío que se llama "Pelusa".

-El "cum laude" de su barrio. Ingeniero industrial.

Bueno, vamos a sacudirnos la pelusa

que ha llegado la autorización del juez para las escuchas.

Genial. Venga, Toni, vamos a la UIT.

-Perfecto.

-Ricky...

-¿Mamá?

-Me voy a la cama, estoy muy cansado.

-No te cruzo la cara porque ni siquiera te enterarías.

¿Cómo te atreves a llegar así?

¿No te da vergüenza dejar a tu hermano tirado en el pub?

-Ya te ha ido el chivato con el cuento de que me he escaqueado.

-Ven aquí.

¡Mírame a los ojos! -¡Déjame!

-¿Déjame?

¿Eso es lo que tú querías demostrarme?

¿Que eres un niñato consentido,

que no sabe arrimar el hombro cuando los demás lo necesitan?

Tus hermanos dan el callo cada día, ¿tú que das?

¿Disgustos? -La verdad es que me tenéis harto.

-¿Harto de qué?

-De que me tratéis como un crío.

Que todos me decís lo que tengo que hacer

y como no lo hago, me decís que soy un fracasado.

Pero los fracasados sois vosotros, y yo no quiero ser así.

-No sabes más que decir tonterías. -Mira...

Soy más listo que Luis y que Álvaro juntos, y se lo voy a demostrar.

Y a ti también te lo voy a demostrar, ya verás.

Ha llegado mi momento.

Vais a flipar con las cosas que soy capaz de hacer.

Y si no te gusta, te jodes.

-¿Has acabado de soltar gilipolleces por esa boquita?

¿Dónde crees que vas a ir sin tu familia?

¿Te has olvidado que solo nos tenemos a nosotros?

-No me vengas con la monserga de siempre:

la familia, la familia... A la mierda la familia.

-Te equivocas. -No te necesito.

-Sí que me necesitas, claro.

¿Ya no te acuerdas cuando estropeaste el festival de fin de curso

porque rompiste todos los cristales del colegio.

Asustaste a tus compañeros,

te castigaron y acabaste lleno de cortes.

Cuando fui a buscarte

estabas solo en una sala, llorando y tiritando de frío.

Solo dejaste de llorar cuando te abracé.

También sé que estás sufriendo ahora, hijo.

Por eso quiero ayudarte, como siempre.

-Qué ciega estás.

Siempre has estado ciega.

No fui yo quien rompió los cristales, pero me culparon a mí.

¿Sabes por qué?

Me había convertido en el apestado por ser el hijo de mi padre.

-No le nombres. -Te lo había dicho mil veces.

Pero no me creíste, no me creyó nadie.

Era más fácil dejar que me convirtiera en un monstruo.

Pero ¿sabes qué?

La culpa era de otros, y no me siento solamente a papá.

-Te he dicho que no lo nombres.

Y a mí no me hables así. -¿Así cómo?

¿Como hablan los monstruos?

Eso es lo que soy, mamá, un monstruo.

No me dejáis otra opción.

Os quiero presentar a la inspectora Silvia Orestes.

Hola a todos.

¿Por qué solicitaste este destino?

Porque era la única manera de venir a la capital.

Esto va a suponer un cambio bastante grande respecto al anterior.

Tengo entendido que serás su guía.

Así es. Ya hemos hecho el tour por toda la comisaría

y hoy se va a familiarizar con el archivo.

Estás en buenas manos, haz lo que te diga y te irá bien.

Me ha dijo Nacha que te había puesto trabajo en la comisaría, ¿no?

-Sí me ha comentado que has preguntado por mí.

Por eso le he dado caña para venir a tomar un café y estar contigo.

-Cuando salgamos por los carteristas en el mercadillo

me pongo ropa de calle, ¿no? No te preocupes, iré con Hernández.

¿Ocurre algo?

Daba por hecho que iba a acompañarte a la calle, soy novata aquí,

pero tengo experiencia pateándome las calles.

-No sé para qué cuento las cosas, al final la culpa la tengo yo.

-Nadie te está echando la culpa de nada.

-Pero nadie se pone en mi lugar

y se da cuenta de que tengo una vida y una cosas que hacer.

-¿Ir de fiesta con tus colegas?

-Mi vida no es asunto vuestro. ¿Por qué tanto control?

-No puedes largarte cada vez que hay un problema en casa.

-No me interesa el punto de vista de alguien incapaz de montar su taller.

Puede que Germán fuera una persona alegre y vital,

pero parece que en el fondo se sentía solo e incomprendido.

Me está costando bastante aceptarlo.

(Teléfono)

Es Iker.

Si he llegado hasta aquí, es porque calo bien a la gente.

Estás loco por arrimarte a mí con cualquier idea peregrina

que se te haya ocurrido, y que según tú,

es el negocio del siglo.

-Mira por donde, yo a ti también te he calado.

Vamos a ver quién tiene mejor vista para la gente.

Gracias a la concienzuda labor de Nacha y de Ríos,

el juez nos ha concedido las escuchas

al teléfono de Carlos Zaldívar, alias Charly.

Conozco bien el perfil de Carlos Zaldívar,

Creo que es un muñeco de paja

y que detrás de él debe haber alguien moviendo los hilos.

-Si no me equivoco, ese es el expediente de Charly.

-Veo que no se te escapa nada, Espe.

-Eso no es su trabajo. -¿Cuál es según tú mi trabajo?

-Dirigir la UFAM.

-Un inspector de policía está para algo más

que para mediar en peleas de patio de colegio.

-Estás jugando a un juego muy peligroso.

-Sabes que lo que pasó ayer fue porque tus contactos en Marrakech

no quisieron hacer negocios conmigo.

-Te dije que eran una gente muy delicada

y que tuvieses cuidado. -¡Me cago yo en esos gabachos!

Pero por fortuna, todo va a cambiar.

Tú y yo nos vamos a Marrakech a reunirnos con ellos.

Es cierto que Almazán detuvo una vez a Charly,

algo sabrá de él.

Y yo tampoco creo que Charly esté solo.

Si Charly tiene algún socio lo sabremos pronto.

Hablará con él o lo mencionará en las escuchas.

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  • Capítulo 407

Servir y proteger - Capítulo 407

13 dic 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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