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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 376 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Lo de siempre?

-Sí, ponnos un café solo que llevamos un poco de prisa.

-El crimen no descansa, ¿no?

-En este caso se trata solo de un carterista.

-O una carterista.

-¿No será uno que está actuando por la zona de Barlovento?

-Pues sí, ¿por qué lo dices? -Ayer estuvo aquí Fermín,

el que tiene el taller en la calle Molinillos,

y justo en esa zona le habían robado la cartera ayer.

-Nos ha llevado apenas 20 minutos.

Debió venir ayer, cuando vio que le habían robado la cartera.

¿Tenéis alguna pista del ladrón? Puede que sea ladrona.

Parece ser que se cubre con un chaleco con capucha,

pero este Fermín sí ha podido reconocerla.

Encontradla y detenedla antes de que cambie de zona.

En el caso de que actúe sola.

-No seas tonta. Aprovecha que te brindamos esta oportunidad.

Dinos quién te obliga a robar, quién te manipula

y nosotros te ayudamos. -Que no sé nada.

-¿Te estás riendo de nosotros o qué coño pasa, eh?

-Tranquilo, ¿eh? Que yo no sé nada. -¿Cómo que no sabes nada?

Oye, disculpa, que no te quería hacer nada.

-Déjala, Elías, vámonos que está claro que no conseguiremos nada.

-¿Qué ha ido eso? ¿Se creía que le iba a pegar?

-Sí, ha tenido una reacción rara. No es normal.

-Está chica está muy tocada. -Sí. Aquí pasa algo.

No da el perfil de las carteristas que solemos pillar.

Creo que hay algo más, Elías. ¿Y ese frasco?

Eso mismo iba a preguntarte.

Lo he encontrado entre las cosas de Rebeca.

No recuerdo que el pediatra nos lo haya recetado.

Tampoco me suena haberlo visto. ¿Y si se lo ha dado a Leo?

No lo he visto en mi vida. ¿Seguro?

Ni Iker ni yo lo hemos comprado. No tengo ni idea de lo que es,

pero tiene fácil solución. Tengo un amigo en el laboratorio.

Voy a llevárselo a que lo analice. Es un cóctel de medicamentos:

penicilina y un antihistamínico. Los antibióticos le dan fiebre

y el antihistamínico le produce malestar.

No quiero imaginar lo que ocurriría si no le descubrimos.

¡Montse! ¡Eh, Montse, Montse! No está en su cuna. Leo no está.

Soy tu médico y debo respetar tu decisión,

pero soy tu amigo y me incomoda tener que mentir a tu mujer.

-Se lo diré cuando llegue el momento oportuno.

-¿En tu funeral? ¿Es eso lo que quieres?

¿Acabar muerto de un infarto y sin decir nada?

Antonio, ¿qué te pasa? Nada, ¿por qué?

Está alicaído, está despistado, está triste,

esa es la palabra, triste y no debería

porque las pruebas han salido bien, ¿no?

Si le ves tan mal, ¿por qué no le insistes?

Es lo que te puedo decir.

Mis palabras siempre han sido que te cuente la verdad.

¿Cuál es esa verdad, por Dios? Me estoy muriendo.

(Música emocionante)

Toma, Montse.

Haz memoria, Montse, por favor. Debes recordar qué paso.

No lo sé, solo recuerdo que me dieron un golpe por la espalda,

pero no pude ver quién era. ¿No escuchaste una voz familiar?

Lo que sea. Es muy importante. No sé. Me duele mucho la cabeza.

¿Y este pañuelo? No es mío.

Es cloroformo. Por eso no recuerdas nada.

Recibiste el golpe y te durmieron con cloroformo

para dejarte fuera de combate. Podría tumbar a un caballo.

Voy a por un analgésico.

Ha sido Rebeca, estoy segura. ¿Sería capaz de hacer algo así?

Iker, esa mujer está trastornada.

Ha demostrado que es capaz de todo para estar con mi hijo.

¿Darle medicinas a un niño sano no es prueba de que ha sido ella?

Ha sido Rebeca. Hace un minuto no lo recordabas.

Al ir a por el analgésico, he encontrado esto.

¿Qué dice?

"Pablo es mi hijo y un niño debe crecer junto a su madre".

"Por el bien del niño os pido que nos dejéis ser felices juntos".

Debió hacer una copia de las llaves antes de devolverlas,

aquí no llamó.

Hay que informar para que emitan una orden de búsqueda

y que avisen a todas las unidades.

Yo me ocupo. Necesito una foto de Rebeca.

Tengo una en el móvil. Te la paso. Su móvil está apagado.

Iré a comisaría. Le pediré a Fede que geolocalice su posición.

Me voy a casa de su madre. Quizá me dé una pista de su paradero.

Ya tengo la foto. Me pongo con la orden de búsqueda.

Cuando la tengas, ve al médico a que te mire la cabeza.

Lo siento, Iker, no sé cómo ha podido pasarme.

Montse, no te preocupes. Tú no eres la culpable.

La única culpable es Rebeca.

Soy la inspectora Montse Ibarra.

Necesito activar una orden de búsqueda.

Pero eso es imposible, eso no puede ser.

Antonio, hay que pedir una segunda opinión.

No serviría de nada. Los análisis son muy claros.

Mi corazón se está apagando. Me queda poco tiempo de vida.

No, me niego a creer que no se puede hacer nada.

Estamos en el siglo XXI, por Dios bendito.

Es el siglo de los avances tecnológicos y más en medicina.

Trasplantes, se fabrican órganos en 3D, por favor.

Algo se podrá hacer. Tengo una cardiopatía isquémica.

Mi corazón se puede parar y no soportaría una intervención.

¿Desde cuándo sabes esto? El informe es de hace un par de días.

El informe es de hace un par de días, pero lo sabes de antes

y no me lo has querido decir.

Antonio, dime la verdad, por favor.

Desde que me dio el ataque por lo de Anabel,

ya ahí las pruebas indicaban que esto era irreversible.

¿Cómo me has podido tener engañada todo este tiempo?

Me dijiste que las pruebas habían salido bien,

que todo estaba perfectamente. Lo siento mucho.

Pensaba que era lo mejor.

No quería veros sufrir pensando que cada día era el último.

Quería que todo siguiera igual.

No me gusta dar lástima ni que me vean como a un moribundo.

¡Pero yo soy tu mujer!

Soy tu pareja desde hace 30 años, Antonio, por Dios.

¿Crees que no me incumbe tu salud?

¿No confías en mí? ¿No crees que lo pueda sobrellevar?

Claro que confío en ti y en tu fortaleza.

Pero no es eso, es una cuestión de dignidad.

Desde que me dieron el diagnóstico, me siento desvalido,

lleno de miedos.

No quiero que me recuerdes así,

quiero que me recuerdes como el Antonio de toda la vida,

optimista, alegre, que da solución a todo, que tira para adelante.

Cariño, te entiendo, pero tú mismo has dicho

que lo estás pasando mal, que estás angustiado, que tienes miedo.

Sí. ¿Y lo vas a pasar tú solo?

No, ahora es el momento de demostrar el amor que nos tenemos.

Somos una pareja, estamos juntos en esto.

Tienes que apoyarte en mí.

Yo no quiero que tengas un recuerdo mío triste.

De verdad, el único consuelo que tengo es sentirme activo,

es ser útil.

(Puerta)

Es mi próximo paciente, debo atenderlo

o se me va a acumular el trabajo. Por eso no te preocupes.

Seguro que puedes derivar a tus pacientes a otro compañero.

No me parecería bien, no.

¿Me estás diciendo que vas a seguir dando consultas

como si no pasara nada? Sí, soy médico.

Ni mis compañeros ni mis pacientes tienen la culpa de esto.

Ni yo tampoco, Antonio, yo tampoco tengo la culpa.

No entiendo que no me des margen y que me despaches

por un paciente que, con todo respeto, seguro que no se muere.

El que se muere eres tú, Antonio, tú,

mi marido, ¿lo entiendes?

Hola, Juan.

-Has tenido suerte en que lo que robaste no superaba el hurto.

Bueno, también que te ha tocado el juez Ruiz Peña,

que es enrollado con los detenidos jóvenes.

Es de esas personas a las que les gusta dar segundas oportunidades.

-Qué suerte, pero aquí sigo. ¿Cuándo me vas a soltar?

-Ya te lo he dicho. Queda pendiente algunas gestiones y te dejo ir.

¿Por qué tienes tanta prisa por salir?

-No sé. Me encanta estar aquí.

-¿Estás deseando salir para volver a las andadas?

¿O para reunirte con el chaval que estaba en la sala en la vista?

¿No me vas a decir quién era? -No sé de qué coño estás hablando.

-No te hagas la tonta, no parabas de mirarle.

Uno que estaba así chulillo, fortachón,

que tenía los cuellos de la camisa para arriba

y llevaba unas botas que digo que 200 euros valen.

-No me suena, la verdad. No me acuerdo.

-Venga ya. No parabais de miraros el uno al otro.

Es tu novio, ¿no? -Qué pesada, tío.

¿Vas a volver con las preguntitas otra vez?

¿Por qué no me das esa hoja, la firmo y me voy a mi casa?

-Vale, contéstame a esto y prometo que te dejo ir.

-Sí, es mi novio. ¿Qué pasa, te mola? Pensaba que te gustaban las tías.

-No, tranquila, no es por eso.

Solo me preguntaba qué hace un tipo como ese con una chica como tú.

Es bastante mayor, ¿no? -Déjale en paz.

¿Te da rabia que nos queramos o qué? -No, todo lo contrario.

Me parece bien que tengas a tu lado a alguien que cuida de ti,

alguien que te valora y te da cariño sin esperar nada a cambio

porque al fin y al cabo es eso, una relación desinteresada.

-Venga, vale, que sí. ¿Me puedo ir?

-Una relación en la que no tienes miedo porque eres libre de decir

y hacer lo que piensas. Es un amor incondicional.

-No sé qué trauma tienes, pero déjame en paz.

-Rocío, tranquila. ¿Por qué te pones nerviosa cuando hablo de tu novio?

Me he dado cuenta de cómo lo buscabas con mirada temerosa.

Estabas como suplicándole perdón. -Se te va la cabeza, tía.

-Mientras, no tenía ni el más mínimo gesto de cariño hacia ti.

Yo diría que estaba con una actitud bastante vigilante.

-Claro. -O incluso amenazante.

-Tú tienes mucha idea de cómo miran los tíos.

Mira, no sé adónde quieres llegar.

-A que ha sido él el que te ha enseñado a robar.

-Ya ves, tío. Que pases de mí, tía.

Voy a empezar a pensar que quieres algo conmigo.

-Lo que quiero es que dejes esa vida que llevas.

Rocío, por aquí he visto pasar a un montón de gente,

cada uno con delitos más grandes, más pequeños.

Así empiezan y acaban cumpliendo condenas bastante grandes.

¿Sabes por qué? Porque se dejan mangonear de tíos

que lo único que quieren es aprovecharse.

-Qué bonito.

La escena de la poli que quiere hacerse la amiga de la detenida.

¿Qué vas, de poli bueno?

Y tu colega, el cascarrabias, de poli malo, ¿a que sí?

-Estás a tiempo de reconducir tu vida.

Lo que queremos nosotros es ayudarte.

No temas decir lo que te ha pasado. Hazlo.

-No tengo miedo. No tengo miedo ni de ti ni de la policía ni de nadie.

-A mí me lo parece.

Estabas acojonada creyendo que mi compañero te iba a pegar.

Mientras, solo buscabas la mirada de aprobación de tu noviecito ese.

-Venga ya. Tu compañero tiene una pinta de pegar unas hostias...

Que ya está, que o me dejas irme o llamas a mi abogado,

pero no te respondo a nada más.

-Vale. Ahora te los traigo. -Muy bien.

Seguro que está mi novio esperándome fuera.

-Chicos, una tapica. Que no entre a palo seco la cerveza.

-Gracias, María.

-Buenas, Claudia, ¿qué te pongo?

Ponme... un gin-tonic. Un gin-tonic, ¿tú?

Con mucho hielo y mucho limón.

¿Qué te voy a poner un gin-tonic? Te voy a poner tu té.

Y lo que voy a darte es un poco de conversación.

Ya sabes que los camareros somos mitad confesores,

mitad psicólogos y hoy, por lo que veo, traes un disgusto...

María, tú siempre pensando en los demás, ¿eh?

A ver, mujer, me gusta pensar que los amigos son la familia que uno elige

y yo cuando veo a uno de los míos mal,

pues intento estar con ellos, mimarlos un poco, ayudarlos.

Tú lo has dicho,

cuando alguien de la familia, alguien a quien quieres está mal,

hay que apoyarlo, ¿no? Y darle lo que necesita.

Claro, estar ahí.

Qué hay, María. Ponme un café con leche, por favor.

Ya mismo.

Claudia, vengo de Jefatura, de concretar mi traslado.

¿Alguna novedad en comisaría?

No lo sé, me he cogido la tarde libre.

¿Ha pasado algo? No, nada. Es que no voy a volver.

Bueno, hasta mañana. Espera, Claudia.

¿Seguro que todo está bien?

Ya sabes que puedes contarme todo lo que quieras.

A ver, siempre dices que hay que confiar en el equipo.

Pues aquí estoy. Cuéntame lo que te preocupa.

Gracias, Emilio, pero me tengo que ir.

Aquí te lo dejo, María. Hasta mañana.

María, ¿te ha dicho algo de lo que le pasa?

La verdad es que poca cosa. Estábamos hablando de la familia,

del cariño que le tienes a la gente que quieres,

del apoyo cuando lo necesitan...

Y a todo esto ha entrado usted, no he podido saber más.

Esperemos que solo sea un mal día. Pues sí y que pase pronto.

Por cierto, me ha llegado a oídas que deja usted la comisaría.

No se te escapa una, ¿eh?

Bueno, me gusta pensar que algunos clientes son como de la familia.

Sí, me han ofrecido un puesto en la Jefatura de Unidades Especiales.

Oh, eso suena muy importante, ¿no?

Sí, es un buen trabajo. No me puedo quejar.

Entonces, me alegro mucho por usted,

aunque en el barrio se le va a echar de menos y mucho en el bar.

El barrio quedará en buenas manos, no hay que preocuparse.

En cuanto al bar, me pasaré por aquí

cuando venga a visitar a los compañeros.

Aquí estaremos, con nuestros pinchos y poniendo cafés.

Os echaré de menos también.

Fede, ¿tan difícil es localizar la posición de ese móvil?

Por mucha prisa que me metas, no lo haré más rápido.

Una geolocalización requiere tiempo y no solo depende de mí.

Está bien. Y Rebeca esta tiene el móvil apagado.

Solo conseguiremos una ubicación, que lo sepas.

Además, tampoco sé por qué tenemos tanta prisa por encontrarla.

Rebeca era la niñera de Leo.

Pensábamos que era seria, pero está desequilibrada mentalmente.

Ha entrado en casa y se ha llevado al niño.

Habérmelo dicho antes. ¿Por qué se lo ha llevado?

Piensa que Leo es el hijo que perdió hace años.

¿Puede hacerle daño? No lo creo, adora al niño.

Pero sería capaz de hacer cualquier cosa antes de entregarlo.

(Móvil)

Es Alicia. Dime, Alicia.

"Estoy en casa de la madre de Rebeca".

No ha aparecido aquí y nadie sabe de ella.

¿Qué tal vais vosotros? "Aún no tenemos nada".

Ibarra ya ha emitido la orden de búsqueda.

Cuando salga, preguntaré a los vecinos

si la han visto por los alrededores.

La vamos a encontrar, no estará lejos.

No te preocupes, Leo tiene que estar bien.

"Al niño no le hará daño". Si le ha pasado algo a Leo...

Cariño, la vamos a encontrar. Te lo juro.

¡Lo tengo!

La última ubicación es de hace 20 minutos.

Alicia, la tenemos.

"Su última posición es del parque de la Alameda".

Está cerca. Preguntaré a su madre si tenía un sitio favorito

para ir con Pablo y salgo para allá.

Yo también voy. Infórmame de las novedades. Adiós.

Voy contigo. No, Fede, te necesito aquí.

Si Rebeca enciende el móvil, necesito que me pases su posición.

Mucha suerte. Gracias.

Gracias por lo de esta tarde. Necesitaba salir, despejarme.

-Y dar carpetazo al negocio. -Sí, aunque me da pena.

-Algo me dice que no es por el negocio, sino por Julio, ¿eh?

-No... -¿No?

-Bueno, también, pero no solo por eso.

Estoy contenta sabiendo cómo está él ahora.

-Julio es un buen tío. ¿Has vuelto a hablar con él?

-No. -Bueno, pues ya está.

Así cerramos una etapa, tía, aunque dé pena.

-Ya, y en cuanto a mi empresa, sé que no es ni la primera ni la última

que no funciona y hay que cerrar, pero aun así...

-¿Qué? -Que me siento una fracasada, Paty.

-Olga, no digas eso. Has hecho lo posible porque funcionara.

-¿Y de qué ha servido? Se ha ido a la mierda igual.

-Bueno, no sé, intenta ver el lado bueno.

-Ah, ¿tiene lado bueno? Me encantaría escucharlo, la verdad.

-Mira, aunque no te hayas dado cuenta de esto,

los demás vemos la madurez con la que te has enfrentado a la situación.

-Venga ya. -¿Qué? Sí.

-Estás hablando como mi madre.

-Muy bien, te estoy intentando animar y no haces más que fastidiar.

-Vale, tienes razón.

Hoy estoy un poco negativa. -Ya veo.

Lo que te digo es que podrías haber seguido adelante

a pesar de palmar mogollón de pasta.

-No, he hecho lo que hubiera hecho cualquiera, ya está.

-Oye, cualquiera no, ¿eh?

Otro hubiera seguido adelante por no sentirse un fracasado.

-Hubiese sido un suicidio, Paty. -Pues sí.

Y una losa económica para tu familia, los podrías arruinar.

-Y eso no me lo hubiese perdonado. -Has hecho muy bien.

-Sí, pero eso no me consuela. Yo quería que funcionase.

-Bueno, tranquila, habrá más oportunidades.

Igual hasta curramos juntas. -Mira, eso sería muy guay.

-Aunque me tengo que poner en serio con los estudios de Administración.

-Yo debo seguir formándome. -Pero a ti se te da muy bien.

Yo soy incapaz de ponerme a estudiar, te lo juro.

-Es que currar y estudiar es muy duro.

-No sabía que se me iba a hacer tan difícil.

Se me está haciendo cuesta arriba, tía.

-¿Por qué no buscas organizarte o algún método de estudio o algo así?

-No, si eso suena genial,

pero cuando llego a casa llego tan reventada

que solo quiero tumbarme y ponerme a ver la tele.

Pero no, en cambio cojo y me pongo a estudiar,

pero es que estoy tan cansada que no me entran las cosas.

Encima no pego ojo por las noches, estoy todo el rato estudiando.

-Al día siguiente debes madrugar para ir a currar.

-Tú verás. Si viera que mi esfuerzo tiene recompensa,

pues todavía, pero siento que no avanzo.

-Tienes que descansar, Paty. -Ya, ¿y cuándo descanso? ¿Cuándo?

Estoy todo el día en el bar currando.

Por las noches estudio, los fines de semana también.

También tengo que organizar mi casa, es que...

-Son demasiadas cosas para ti sola. -No me da la vida.

-Ya, y te frustras. -Pues sí.

Y no sé si es por cansancio acumulado o porque no sé estudiar, yo qué sé.

-Vale, ¿y por qué no vas a ver a mi padre?

Pide una cita y quizá te hace unos análisis

o te da unas vitaminas, algo que te vaya bien.

-Pues sí, no sé, igual lo intento, sí.

-Espero no tener que verte por aquí a no ser que sea de visita.

-¿Y volver a verte y que me eches el sermón? No, gracias.

-Ya sabes lo que tienes que hacer, pórtate bien.

Rocío, vigila con las compañías. -Sí, te repites más que el ajo.

¿Qué tal? -¿Qué tal, princesa?

-Muy bien. Venga, vámonos, que me quiero ir.

-¿Quién es esa tía? -Da igual, déjalo. Vámonos.

-¿Algún problema? -Que no.

Es una de las polis que me detuvo. -¿Y qué le has contado?

-Nada, te lo juro. -¿Seguro?

-Que no. Además, creo que es bollera y le gusto. Vámonos.

-¿Seguro que no me ocultas nada? -Me estás haciendo daño. Déjame.

-Más te vale, Ro, que ya sabes qué pasa cuando me enfado.

Venga. -Venga.

-¿Esa chica es una detenida tuya? -Sí, una carterista que pillamos.

Tiene dos denuncias, pero la han dejado en libertad.

Hasta que no llega a un monto, sigue siendo hurto.

-Y el chico con pinta de chulo era su novio.

-Eso parece. Es lo que dice ella.

-No es que la haya tratado con respeto, la verdad.

Podría ser bastante agresivo. -No vas muy desencadenada.

Si vieras cómo la trataba durante la vista

y ella estaba atemorizada buscando su mirada

para buscar su aprobación. -¿Sabes algo de él?

-Poca cosa, pero bueno, sospechamos que podría ser él

el que la enseñó a robar o que robe para él.

Ya sabes cómo es esto. Hay algunos tipos

que las pillan para que puedan delinquir por ellos

y cumplir las condenas y las multas, pero no hay nada seguro.

-Conozco casos. No me extrañaría que más chicas trabajasen para él.

-Tal vez, puede ser.

-Las seducen con palabras y regalos bonitos y llegan a dominarlas

e incluso a maltratarlas.

No saben cómo escapar porque les anulan la voluntad.

-Sí. Intuyo que Rocío podría ser una de ellas,

pero he intentado tirarle de la lengua y no ha soltado prenda,

así que no tengo nada. -Bueno.

-Mira qué hojas más bonitas, mi amor.

Yo sé que a ti te gustan mucho, ¿verdad?

Eso es, sonríe.

Cuando lleguemos a casa te voy a dar un bañito

con los juguetes que a ti te gustan.

Perdone, ¿ha visto a esta chica? Muchas gracias.

Vamos a sentarnos aquí, mi amor. Mamá está cansada.

¿Tú no estás cansado, Pablo?

Perdone, ¿ha visto a esta persona? No.

Vale. Muchas gracias.

No voy a volver a llevarme el susto de la otra vez,

aunque no fue culpa tuya, cariño.

Fue la de esos médicos que se inventaron

que no ibas a volver a despertar. Tú solo estabas dormidito.

Pero no te preocupes, que mamá está aquí y voy a cuidar bien de ti.

No voy a dejar que nadie vuelva a separarnos.

Iker, he localizado a Rebeca.

Está sentada al lado del estanque y tiene a Leo en una mochila.

Vale, me voy a acercar. Necesito saber que el niño está bien.

Nos lo vamos a pasar muy bien juntos, Pablo. Precioso.

No se te ocurra dar ni un paso más.

Rebeca, quiero comprobar que el niño está bien.

¡Es mi hijo! ¡No vas a quitármelo! Nadie quiere quitarte nada.

Solo quiero hablar contigo.

Sé que eres buena persona y puedo confiar en ti.

¡No te acerques!

-Si yo estoy bien, Antonio. Solo necesito que me recetes algo

para estar menos cansada, para mejorar mi rendimiento.

Algo para concentrarme un poco más. -Algo para concentrarte.

-Sí. Es que estoy muy agobiada, en serio.

Entre el bar y los estudios, yo no doy abasto.

Estoy desbordada. Creo que no voy a llegar.

-Llegar, ¿adónde?

Igual te has puesto un objetivo poco realista.

Ponerse metas muy elevadas genera frustración y ansiedad.

Igual eso es lo que pasa. -No, no es eso.

Lo único que necesito es que me des algún suplemento

o alguna pastilla, no sé, algo. Al bar vienen estudiantes

que toman pastillas para rendir un poco mejor en los exámenes.

-Voy a hablarte en serio, soy médico y los medicamentos están para curar,

pero los suplementos están para cubrir carencias de vitaminas

y minerales y yo soy partidario de evitarlos.

-Me estás diciendo que me quede como estoy, que no me darás nada.

-Te estoy recomendando que adquieras hábitos saludables

como que descanses bien, que hagas ejercicio a diario

y que cuides la alimentación porque tú de eso...

-Ya, como entre horas y un poco lo que pillo,

pero deporte sí que hago, ¿eh?

-Ah, ¿y dormir? -Eso un poco menos, también.

Cuando llego a casa me pongo la tele por no sentirme sola.

-Y si no es la tele, es el móvil o una tablet, ¿no?

Voy a darte una tabla de alimentos bajos en grasa

y ricos en vitaminas y minerales.

Cuando llegues a casa, ponte a cocinar y lees o escuchas música,

pero nada de pantallas.

Te voy a encargar una analítica completa

a ver si tienes alguna carencia y es el motivo del cansancio, ¿vale?

-¿No me vas a dar ni unas vitaminas ni nada?

-Hasta que no veamos el resultado de esta analítica, nada de nada.

Luego ya veremos. -Bueno, vale.

Gracias. -Adiós, Paty. Cuídate, anda.

-Gracias, Antonio. Adiós.

Antonio, discúlpame.

Discúlpame, antes me comporté de una manera muy egoísta.

No sé cómo no me he dado cuenta de lo que tienes que estar sufriendo.

Soy yo el que te tengo que pedir perdón.

Me he comportado de manera egoísta

pensando solo en cómo me afecta todo esto

y sin ver que te estaba excluyendo de algo tan importante.

Es normal que tengas miedo. Sí, supongo que sí.

Si te he contado que me estaba muriendo, es una manera de aceptarlo

y si lo ocultaba, es como si no pasara nada.

Fui un cobarde.

Tú siempre has sido la más fuerte de esta pareja, es la verdad.

Que no, que no. Fuertes somos los dos

y siempre lo hemos superado todo juntos.

Cariño, te prometo que voy a estar al 100 % contigo.

Esto solo es una prueba más.

No es una prueba más, es la última. No digas eso.

No lo digo yo, lo dicen los resultados.

Vamos a disfrutar cada minuto, cada día que estemos juntos.

En eso estoy de acuerdo. Te quiero.

Eres el mejor compañero que se puede tener.

¿Ya me estas despidiendo? ¡Ay!

¿Cómo puedes tener ganas de hacer bromas?

Ya sabes cómo soy.

Y una cosa importante, tendremos que contárselo a Olga

y me gustaría que esperáramos un poco, ¿vale?

Vale, cuando estés preparado.

Le va a afectar muchísimo y no sé si lo voy a poder soportar.

Bueno, tranquilo.

No sé, esperamos un tiempo y se lo dices, ¿vale?

¿Vamos dando un paseo? Venga.

Tranquilo, mi amor, mami está aquí, no te va a pasar nada malo.

Rebeca, está asustado. Baja el cuchillo y vamos a hablar.

¡Déjanos en paz!

Es todo culpa tuya, estábamos muy bien hasta que has llegado tú.

¡Vete!

Diles que se vayan. ¿Qué queréis de mí?

Yo solo quiero estar con mi niño, ¡no le hago daño a nadie!

Rebeca, escúchame. Ese niño no es Pablo.

Es mi hijo Leo. ¡No mientas!

Ya intentaron engañarme para quitármelo otra vez

y os juro que no va a volver a pasar.

¡Antes soy capaz de quitarme la vida y quitársela a Pablo!

Tranquilízate, ¿vale? Tranquilízate. Quiero que veas algo.

(Bebé llora)

Es una foto de Pablo, me la ha dado tu madre.

A ver. ¿Quieres verla? ¿Eh?

Este niño sí que es Pablo.

¿Por qué te ha dado mi madre esta foto?

Porque está preocupada por ti.

Supongo que esta foto la hiciste en este mismo parque.

Pablo debía de tener tres meses más o menos, ¿verdad?

Era primavera.

Siempre se reía mirando cómo se movían las hojas de los árboles,

pero entonces me dijeron que había muerto

y yo me puse muy mal.

Pero ahora lo he encontrado y está aquí, conmigo.

Siento mucho lo que te pasó,

pero debes creerme cuando te digo que ese niño es mi hijo Leo.

Rebeca, no es Pablo.

Pablo solo estaba dormido. Se ha despertado y está aquí conmigo.

No, Rebeca, no es Pablo, es mi hijo. Por favor, mira la foto.

Pablo tenía los ojos azules y Leo los tiene marrones.

Pablo tenía una marca en la pierna y si ves la de Leo,

verás que no la tiene.

Tienes que creerme, Leo es mi hijo y debes dejar que vuelva conmigo.

Por favor, no dejes que sufra más de lo que ya ha sufrido.

Yo no quería hacerle daño.

Yo amaba con locura a Pablo.

Y sé que eras una buena madre,

por eso vas a dejar que Leo vuelva conmigo, ¿vale?

(Bebé llora)

Ya está, mi amor, ya está.

Ya está, ya está.

De eso, nada.

El médico ha dicho que has recibido un golpe fuerte

y vamos a seguir sus instrucciones: reposo y un antiinflamatorio.

-Pero ¿te crees que estoy para pensar en mi golpe?

La única prioridad es Leo.

Yo estaba a su cargo y esa mujer se lo ha llevado.

Te juro que si le pasa algo... -Por favor, ni lo mentes.

No dejo de pensar en que debí insistir a Alicia

para que cambiase la cerradura cuando puso a Rebeca en la calle.

-Las madres desarrollan un sexto sentido.

Tenía que haber intuido que esa mujer estaba en casa,

pero ni escuché la puerta. -Cariño, no te culpes, por favor.

Esa joven lo tenía todo planificado, ¿y qué habrías hecho, eh?

Te hubiese golpeado y dormido con cloroformo igual.

-En los últimos meses me he preguntado muchas veces

por qué nunca tuve la llamada de tener un hijo

y quizá sea por eso, porque no tengo instinto maternal.

No sé ni cuidar de un bebé. -Basta ya, Montse, por favor.

Hasta una madre de familia numerosa alguna vez comete un error.

Y otra cosa, cualquier madre primeriza se siente perdida

en los primeros días de cría.

Habrías sido una madre estupenda. -Yo no estoy tan segura.

De todas formas, es un poco tarde para comprobarlo.

(Móvil)

-Ay, mira, es Alicia. Dime, hija. Qué alivio.

¿Y seguro que Leo está bien? ¿Dónde lo habéis encontrado?

-¿Te lo entregó así como así o se resistió?

Vale, sí, tienes razón. Estamos en tu casa. Te esperamos.

Que Leo está perfectamente, ahora viene y nos lo cuenta todo

y bueno, que vienen los tres para aquí.

-¡Menos mal!

He pasado muchos malos momentos en mi vida,

pero este ha sido el más angustioso de todos.

-Has hablado como una auténtica madraza, amor.

-Come algo, ¿no? -No tengo hambre.

-Que comas, te digo.

¿Cómo has podido ser tan pardilla de dejarte pillar por la poli?

Cuántas veces te he dicho que, cuando aparece la pasma,

lo que hay que hacer, lo primero, es deshacerse de la cartera.

Hace falta ser gilipollas, ¿eh?

Eh, mírame cuando te hablo, Ro. Que te he hecho una pregunta.

¿Por qué no te deshiciste de la cartera?

-No me dio tiempo, joder. Fue todo muy rápido.

La policía estaba vigilando vestidos de paisano

y cuando me quise dar cuenta, era tarde.

-Ya. Es que hay que estar a lo que se está, joder.

No sé ni para qué me molesto en enseñarte, ¿eh?

Si no vales para nada. ¿Sabes lo que voy a hacer?

Voy a buscarme a alguien que tenga más luces que tú,

que me haga caso y aprenda lo que le enseño.

-Yo he aprendido superrápido. Nunca había pasado esto,

es la primera vez que me pillan y ha sido sin querer,

que ha sido mala hostia, mala suerte. -Ya.

-Tampoco creo que sea para ponerse así.

-¿No? ¿Y qué hacemos?

¿Nos vamos de fiesta a celebrar que te han fichado?

No te rías, no te rías, ¿eh?

Ahora estás fichada, ¿sabes qué quiere decir?

Que figuras en los archivos policiales.

Cuando haya una redada de carteristas, van a ir a por ti.

Se te ha puesto la cosa jodida. -Lo siento.

-Ya, pero es que sentirlo no vale.

¿Quién me devuelve la pasta que has dejado de ganar?

-Te la voy a devolver yo. -¿Sí?

-Sí. Esto te juro que no me vuelve a pasar.

Ahora conozco a todos los polis, los tengo fichados.

-¿Ah, sí? ¿Los tienes fichados?

-Claro. -¿Y qué has hablado con ellos?

-Nada, tío, ¿qué voy a hablar? Nada.

-Hola, Lolica, ¿te pongo un café? -No, una tónica.

-Oye, que se nos va el comisario. Ha estado aquí y me lo ha dicho.

-Pues sí, pero espero que el cambio sea para mejor.

-Ya, mujer, pero aun así te dará mucha penica, ¿no?

-Sí, a todos nos da mucha pena.

-¿Ves como no me escuchas?

Que la poli no se preocupa por nadie, joder.

Que se hacen los buenos,

pero quieren sacarte información, tirarte de la lengua

y tú eres tan pringada que les habrás contado tu vida.

-Que no, tío, te juro que no les he contado nada.

-¿Seguro? Más te vale, Ro. Como llegue a mis oídos

que has contado algo, vas a desear no haber nacido.

¡Que me mires cuando te hablo, joder! -Te juro que no les he dicho nada.

-Vale, perdóname, perdóname, princesa. Eh, perdóname.

Ya sabes que lo último que quiero es que te hagan daño, ¿vale?

Solo quiero enseñarte y enseñarte bien.

Sabes que, si sigues conmigo, vas a ser la mejor.

Lo sabes, ¿no? ¿Quieres seguir conmigo?

Sí, quieres seguir conmigo porque sabes que te quiero un huevo.

-¿De verdad? -Claro que te quiero, princesa.

Ven aquí, anda.

Tontita.

Volveremos a verla por aquí, ya verás.

¿No te lo crees?

De robar carteras pasará a robar algo mayor

y de ahí a la cárcel hay solo un paso.

-Ya, es una pena porque es joven y no parece mala chica.

-¿Sabes? Solo he conocido a un carterista

que dejase de serlo. Se llamaba Harry "dedos largos".

Sí, era conocido en toda la comisaría.

Todos sabíamos que robaba, pero era imposible trincarle.

Incluso le hicimos guardias, seguimientos

pero imposible. -Sí que era habilidoso, ¿no?

-Mira si lo era que le robó el reloj y la cartera a un ministro

delante de su guardaespaldas. -Menudo artista.

-Se acercó a dorarle la píldora y tal y le desplumó sin despeinarse.

Era un tipo elegante, así, a la vieja usanza.

Además, siempre le robaba a gente pudiente.

-¿Y qué pasó con él?

-Que empezó a perder agilidad y un día le trincaron

y ese mismo día decidió que nunca más iba a ser carterista.

-Es curiosa la historia, pero me temo que lo de Harry

no tiene que ver con lo de Rocío.

Es más, yo te digo que lo de ella no es vocacional.

Alguien la ha tenido que meter en esto.

-Hola, chicos. He visto antes a la chica que habéis soltado.

Estaba en La Parra con el que se supone que es su novio.

-Me estaba comentando Nacha que lleva la palabra cárcel aquí,

tatuada en la frente.

-Más bien debería ser él quien llevase esa palabra

porque parecía un chico muy agresivo y controlador.

La tiene un poco sometida.

-¿Lo dices porque presenciaste algo agresivo o algo raro?

-Vi cómo la agarraba del brazo y ella estaba en actitud sumisa.

Sinceramente, estoy preocupada. Ella no os ha contado nada, ¿no?

-No, pero nosotros ya nos olíamos algo.

Durante el interrogatorio ocurrió algo bastante revelador,

¿verdad, Elías? -Sí, y tan verdad, sí.

-¿Qué pasó? -Estaba Nacha interrogándola

y no soltaba prenda, así que entré a echarle una mano

a ver qué pasaba, debí gesticular algo y la chica entró en pánico.

Yo me quedé frío.

-Sí, fue un acto reflejo. Me dio muchísima pena.

-Les pasa a muchas mujeres maltratadas.

Entran en pánico y se ponen en guardia

porque están hechas a las palizas. Es un acto reflejo del cerebro.

-No sé, ¿qué propones que hagamos, Lola?

-Tenerla en nuestro radar y comprobar que estamos en lo cierto.

-Yo sigo manteniendo mis sospechas de que alguien la ha metido en esto

y enseñarle a robar porque para ser carterista

tienes que tener técnicas, aprendizaje y práctica

y el problema es que no logré sacarle quién la ha enseñado.

-Ya. -¿Y no podría ser

el novio que tiene, que la haya liado para meterse en el tema?

-Claro, esa es mi teoría, pero seguimos sin tener pruebas.

-Sí, es lo probable.

Deberíamos lograr que Rocío hablara con nosotros,

decirle que podemos ayudarle y que reconociera que la tiene dominada,

quizás así pueda confesar otras cosas.

-Por ese camino es posible que ella deje de robar,

si roba por encargo del novio, claro.

-Así mataríamos dos pájaros de un tiro, ¿no?

Detendríamos a este tipo por delinquir

y evitaríamos que esta chica siguiera delinquiendo,

aunque bueno, si le tiene tanto miedo no será muy fácil, ¿no?

-Con eso lidio yo a diario.

Muchas veces un argumento puede vencer el punto de resistencia.

Hay que intentarlo.

-No se hable más. Cuenta con nosotros.

-De acuerdo.

Y nada de llorar, ¿eh? Ya.

En fin, lo voy a intentar, pero tienes que darme tiempo,

que me haga a la idea. Ya.

No me gustaría que la casa se llenara de pena y tristeza

antes de tiempo, ¿de acuerdo? De acuerdo, pero es que,

es que no me voy a resignar a que no se pueda hacer nada.

¿Por qué no pedimos una segunda opinión?

Buscamos un equipo, alguien que te haga pruebas,

análisis y que parta de cero. Claudia, que soy médico.

Sé lo que me han hecho y Cifuentes es un gran especialista.

¿De qué serviría que nos llenáramos de falsas esperanzas?

Me he prometido que, lo que me queda, no lo voy a vivir enredado

entre hospitales y pruebas. Ya, pero ¿y si resulta que...?

Mira,

ya hemos hablado bastante de esto,

ya es suficientemente triste y deprimente. ¿Hablamos de otra cosa?

Vale. ¿De qué quieres que hablemos? ¿Te cuento algo de comisaría?

No sé, pues que el comisario por fin ha hecho oficial su marcha.

¿Anda, sí? ¿Tan pronto? Bueno, ¿y cuándo será su último día?

No tengo ni idea, pero vamos, no creo que pase de dos semanas.

(Puerta)

Hola, ¿qué hay de cenar? ¡Que me muero de hambre!

-Tenemos alitas de pollo doraditas y crujientes.

¿Te apetece el plan? -Sí, mucho.

Hacía mucho que no las comíamos. -Me pongo a ello.

-¿Y tú, mamá, cómo estás?

Bien, bueno, es que he tenido un día así en comisaría.

¿Segura? Tienes los ojos como si hubieses llorado.

-¿Hago salsa de limón? -Sí.

Venga, ayuda a tu padre mientras yo me ducho, ¿vale?

¿Qué pasa? ¿Habéis discutido o algo? -No, está cansada, nada más.

-Ya, claro, seguro que es eso. -Bueno, es que hoy es el día

en que se ha hecho oficial la marcha de Bremón.

Estará agobiada pensando lo que le viene encima.

-Bueno, estoy segura de que puede con eso y todo lo que venga.

-Seguro que sí.

¿Me echas una mano? Venga, échame una mano, anda.

-Ya deberían estar aquí, ¿no? -Tranquila, que Leo está con ellos.

Hombre, por fin.

¿Cómo habéis tardado tanto?

¡Qué cosa!

No le alteres que necesita descansar.

Hola. -Vale.

Voy a acostarlo. ¿Quieres que lo haga yo?

Tienes que estar agotada. No te preocupes.

Hoy quiero hacerlo yo misma

y no descarto luego llevarlo a nuestra cama

para que duerma con nosotros.

Por fin en casa.

Iker, ¿esa perturbada ha puesto en peligro al bebé en algún momento?

Créeme si te digo que era su última intención.

Pensaba que Leo era su hijo y se lo llevó, pero no quería dañarle.

Pensaba que su hijo no había muerto,

que había sido un engaño de los médicos.

Madre mía, qué barbaridad. Sí.

Creía que su hijo solo estaba dormido y que se había despertado.

¿Y cómo la habéis convencido? Ha tenido que ser difícil.

Ha habido un momento de tensión porque Rebeca cogió un cuchillo.

Entonces Leo ha estado en peligro. No, Marcelino,

era su forma de evitar que nos acercáramos a ella

y que le cogiéramos al niño. Ya.

-Pobre Alicia, ha tenido que pasar unos momentos angustiosos.

Pero cuando ha cogido a Leo,

el niño le ha dedicado una sonrisa que se le ha olvidado todo.

¿Y Leo ha sufrido? Porque los bebés también se estresan.

Estaba tranquilo, pero Rebeca se puso a gritar

y Leo comenzó a llorar, pero cuando lo cogió Alicia, se cayó.

Hija, Iker nos estaba contando

por lo mucho que te ha hecho pasar esta mujer.

-Lo siento mucho, Alicia. Todo ha sido culpa mía.

No, Montse, no tienes nada que ver.

Solo estabas en casa, nos pudo pasar a Iker o a mí.

¿Y qué va a pasar con ella? De momento está detenida.

Pasará la noche en el calabozo de comisaría.

Cuando sea la vista, el juez decretará que la internen

en una prisión con módulo psiquiátrico.

Eso espero.

¿Cómo estás, Montse? ¿Qué tal el golpe? ¿Has ido al médico?

Todo bien, yo estoy perfectamente.

-Bueno, el día ha sido muy largo para todos

y es mejor que nos marchemos y os dejemos descansar.

-No sabes cuánto me alegro de que todo haya terminado bien.

Chao. Chao.

Hasta mañana. Hasta mañana.

Eres la mujer más fuerte que conozco

y con la sonrisa más irresistible del mundo.

Si sigues diciéndome esas cosas, me olvidaré de lo que ha pasado.

A veces somos más vulnerables de lo que pensamos, ¿eh?

Y cuando alguien muy cercano está en peligro, nos venimos abajo.

Oye, a ti te pasa algo.

Mira, si no me lo quieres contar, lo respeto,

pero estoy aquí para todo lo que necesites.

Tu colega te ha hinchado la cabeza de mentiras.

Eres buena gente. -No he pronunciado su nombre.

-Pero estás hablando de él. -¿Te trata bien?

-Ni bien ni mal, como todas las parejas. ¡Yo qué sé!

-Os vi en La Parra.

"Gonzo minimiza tus méritos como si no valiesen nada".

-¿Qué pasa? ¿Ya te crees mejor que yo?

-"Tratas de mentirle por miedo a que reaccione con violencia".

Rebeca ha pedido verme antes de pasar a disposición judicial.

¿Para qué? No lo sé, no tengo ni idea.

No vayas, pasa de esa tía.

Desde que he entrado, te has referido a mi hijo

como "ese niño" o "ese bebé"

y te recuerdo que se llama Leo, Rebeca,

¿así que puedes decir su nombre en voz alta?

Leo, se llama Leo, Rebeca.

Tus posibilidades con María siguen impolutas.

Yo diría que ahora se han fortalecido.

Piénsalo bien, Jesús está a kilómetros de Distrito Sur

y María sigue ahí, en La Parra. Más bien espabila

antes de que venga otro pavo real y te quite el trono.

-Agradezco tu interés, pero ahí no echaré la caña

porque no hay peces en el río.

Cualquier información inventada, falsa o errónea

consume recursos y genera gastos que se descontarán de tu paga.

¿Qué paga? Si yo no he visto una gorda.

Entonces, aplícate y cobrarás.

¿Qué pensabas, que iba a llegar y besar el santo?

Mucha confianza no tenía, la verdad,

pero esto es peor porque estás mareando la perdiz.

Os voy a decir una cosa:

si me trincan, os caéis con todo el equipo.

Bueno, ¿me vas a decir lo que ocurre?

Te pides la tarde libre, te encuentro en La Parra

y me llevas esquivando todo el día.

Qué rabia me da que haya tantas chicas como Rocío

que crean que están enamoradas de tíos con el perfil como el de Gonzo.

-Si te muestro el historial, flipas. -¿Tiene historial delictivo?

-He estado investigando y he descubierto

que Cristina Romero le denunció hace cuatro años

en la comisaría de Distrito Cinco.

-Pero se arrepintió y retiró la denuncia.

No puedo, Antonio, se me hace un mundo disimular

y sonreír cuando estoy rota por dentro.

Es como si fuera una impostora.

Si la gente supiera lo que me pasa, no nos dejarían vivir tranquilos.

No sé si con Olga lo voy a conseguir.

Creo que me va a mirar a los ojos y va a saber la verdad.

Voy a darme una ducha.

Oye, ¿has tenido problemas con Fidalgo?

Vamos a sentarnos, Alicia. ¿Malas noticias del CNI?

Concretamente, de la Operación Valentina.

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Servir y proteger - Capítulo 376

29 oct 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. Maribel

    No se ve el vídeo!

    31 oct 2018
  2. Merche

    Merche Cada vez que tiene q irse un personaje de la serie por algún motivo acaban matándolo, por favor cambien el guión!!!

    31 oct 2018
  3. María

    Cada vez hay más ñoñería en la serie. Casi que prefería a los sarcásticos de Quintero y el Colombiano que no recuerdo cómo se llamaba. Tenían buenos golpes esos dos...

    30 oct 2018
  4. Yiyo

    Cómo se muera Antonio ......dejo de ver la serie .....he dicho!!!!

    30 oct 2018