www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4798320
No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 369 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué pasa? -Es el abogado de Julio.

Debo dejar la casa en menos de un mes.

He estado en el banco y nos darían un crédito

sin ningún tipo de problemas.

Lleváis toda la vida trabajando para que me la juegue a una carta.

-Queremos ayudarte a que salgas adelante.

-Pero yo soy joven, papá, y tengo toda la vida por delante

para recuperar este proyecto o empezar cualquier otro.

-He llamado a Montero Doria. Quería tantearles

para saber si seguía en pie la oferta que me hicieron hace un tiempo.

¿Y? Sí, me contratarían mañana mismo.

Estaba pensando en darle un cambio radical a mi vida.

-No esperaba oír eso. -He decidido volver a Santander.

-Te voy a echar de menos.

-Le juro por la Esperanza de Triana que no le daré problemas.

Eso espero y, cuanto menos tengamos que vernos las caras,

mucho mejor para los dos, ¿verdad?

Quiero meter las narices en el negocio.

-Ya estás metido en la empresa.

-La empresa de transportes, no, es una tapadera perfecta.

O me metes en el ajo o yo te voy a tener que convencer con mis métodos.

-¿Eres sorda? Pero ¿nos entiendes?

-¿Nos puedes explicar si has sido agredida?

¿Por quién?

-Por lo menos tiene a un familiar que le puede echar un cable.

-Sí, pero no por mucho tiempo.

Se ha quedado en casa de su prima, que está casada y tiene hijos

y una casa muy pequeña.

No creo que se pueda quedar mucho tiempo.

-Entonces tendremos que conseguirle una casa de acogida.

Te tratarán muy bien. Mira, si quieres te llevamos allí

para que la veas y tengas más confianza.

-No sé, ¿por qué no la traemos a casa?

-¡Fuera!

-¡Alto, policía! Al suelo, de rodillas.

Las manos en la cabeza, vamos.

Jamás, nunca en tu vida le vas a poner una mano encima

ni a Adela ni a ninguna otra, ¿me oyes?

-Si te lo propones, saldrás adelante.

-Estoy tan cansado, Nerea. No puedo más.

Ahora me arrepiento tanto de ser como soy.

¿De verdad te tienes que ir?

(Música emocionante)

(Timbre)

Nerea, ¿tienes el día libre?

No, venía a despedirme. Me marcho hoy de Madrid.

¿Ya? ¿Tan pronto?

Sí, el bufete de Santander me ha pedido que me incorpore pronto

y no quiero hacerles esperar. Es una suerte

que me hayan mantenido la oferta en ese despacho tan importante.

Sí, claro, yo me alegro mucho por ti,

pero no sé, no pensaba que iba a ser tan rápido.

Venga, va, que me había propuesto no llorar.

¿Me invitas a un café? ¿Tienes hecho?

Claro. Sírvete.

¿Y cómo se lo ha tomado mi padre?

Me extraña que no me haya dicho nada.

Bueno, le pedí que no lo hiciera.

Prefería venir a verte en persona y decírtelo.

Pero se lo ha tomado bien, ¿no?

Sí, eso que le pillé en un momento inoportuno, de trabajo, digo,

pero hablamos y entiende que quiera cerrar esta etapa en Madrid.

¿Ves? Te lo dije. Sí, ya lo sé.

Me he quitado un peso de encima enorme.

No quería que pensara que lo dejaba tirado otra vez.

Nerea, pero esto es diferente. No te vas a la competencia,

estás volviendo al sitio donde naciste

y es para estar con tu padre.

Sí, además para él va a ser un alivio saber

que su hermano ya no va a estar tan solo.

¿Por qué te has quedado tan pensativa?

Nada, tonterías.

Mira, voy a extrañar esas tonterías, así que, por favor, cuéntamelo.

Venga, va.

¿A que no adivinas quién vino a despedirse de mí ayer al hotel?

Creo que me lo puedo imaginar. Efectivamente. Sergio Mayoral.

Se presentó con un par de copitas de más

para decirme lo mucho que me iba a echar de menos

y lo importante que había sido para él.

Incluso rompió a llorar.

¿En serio? Sí. Y creo que era sincero.

Nerea, Sergio Mayoral nunca ha sido sincero.

Solo estaba buscando afecto. Se sentía como una mierda.

Porque se ha portado como tal. Sí, supongo que eso es así.

¿Cómo sabía que te marchabas?

Me lo encontré por la calle. Se lo dije por la tarde.

No pensé que le fuera a afectar tanto mi marcha.

Cuando vino a verme, estaba hecho polvo.

A ti también te ha afectado su despedida.

Sí, un poco.

Ayer me di cuenta de que estaba muy solo.

Es porque él se lo ha buscado.

No sé si es un monstruo o, simplemente,

una persona normal que ha cometido errores muy graves.

Y tan graves.

Imagínate cómo estarán los familiares de las víctimas

sabiendo que sigue libre. Por poco tiempo, lo sabe.

Se siente atrapado y sin nadie con quien desahogarse.

O es lo que te ha hecho creer. Nerea, Sergio es un manipulador.

Si de algo me alegro es de que estés lejos de él.

Sí, tienes toda la razón,

pero no quita para que no entienda su soledad.

Cuando estaba enfadada contigo y con Marcelino y con el resto del mundo,

me di cuenta de lo duro que es no importarle a nadie.

A mí nunca me has dejado de importar.

Ya, si ahora lo sé, pero entonces lo pasé muy mal

y creo que Sergio lleva así demasiado tiempo.

-Quiero esa mercancía en el puerto mañana por la mañana,

no por la tarde, ¿está claro?

Está bien, espero que no haya más malentendidos de ese tipo.

Hasta luego. Has llegado tarde. -¿Qué quieres? Tengo mucho trabajo.

-Tengo varios asuntos de los que hablar contigo.

No tengas prisa y siéntate.

Primer asunto, Gallardo. No me gusta nada ese tipo

y no me hace gracia que esté trabajando en Transportes Quintero.

-Sofía, sé un poco flexible.

Solo es un puesto de chófer, no tendrás que verle la cara.

Además, ya no huele mal, ¿no? Te expliqué que estoy en deuda con él.

Las promesas hechas en la cárcel... -Sí, me dijiste. Son sagradas.

Pero quiero conocer todos los detalles.

-¿Qué detalles?

-Quiero saber lo que hizo por ti para que te sientas en deuda con él.

-Es un tema personal. Me echó una mano en un momento

en el que lo estaba pasando muy mal. Ahora él necesita mi ayuda.

-Pero soy yo la que paga su sueldo.

-Descuéntalo del mío si es una cuestión de dinero.

-No se trata de dinero, es una cuestión de seguridad.

Después de insistirme en que seamos cautos

para no llamar la atención, ¿metes a ese hombre con sus antecedentes?

Robo, hurto, atraco...

Mató a un hombre en una reyerta de un bar.

-Nunca dije que fuera un santo, pero ha cumplido su condena

y le ha servido de escarmiento. Ahora es un hombre libre.

-Es sinónimo de problemas, Sergio.

Si quieres que asuma el riesgo de incorporarlo a la plantilla,

debes explicarme por qué,

si no ya puedes llamar a tu amigo para despedirlo.

-Tote no es mi amigo, fue mi compañero de celda, nada más.

De no ser por él, ahora mismo estaría ciego o peor.

-¿Iban a por ti? -En la cárcel había un tipo, Pedraza.

Era un psicópata que se dedicaba a joder a los novatos

y a mí me enfiló al verme, decía que le había mirado mal

y que iba a sacarme los ojos para que no se repitiera.

-Y pensabas que iban a cumplir con esa amenaza, claro.

-Faltó poco.

Me desperté una noche con Pedraza encima armado con un pincho.

Por suerte, Gallardo intervino. Él se llevó un buen tajo,

pero aquel psicópata no me volvió a molestar.

-Le debo a Gallardo que esa cara tan bonita sigua intacta.

-Ya ves.

Lo menos que puedo hacer por él es darle un trabajo.

De no haberlo hecho, podríamos tenerlo en contra

y no nos interesa tenerlo como enemigo.

-Está bien, puede quedarse de momento,

pero como nos dé problemas, tú serás directamente el responsable.

-Me parece justo. Y ahora, si me disculpas...

-No te vayas todavía, aún no he terminado.

Quiero saber qué hacías en el apartahotel de esa mosquita muerta.

-¿Cómo? -Sé que fuiste a ver a Nerea Ocaña.

-¿Me sigues espiando, Sofía? -¿Y te extraña?

No me diste una explicación de por qué no cenabas conmigo ayer.

He tenido que buscar sola las respuestas.

-No te tengo que dar explicaciones de mi vida privada.

-Sé que estuviste solo 15 minutos.

¿Qué pasó? ¿Te rechazó?

¿Por eso estás tan de mal humor esta mañana?

-Fui a despedirme. Le han ofrecido trabajo en un bufete de Santander

y ha decidido volver a su ciudad. Punto.

-Eso es muy buena noticia

porque no tengo ganas de volver a encontrarme con ella,

aunque parece que eso a ti no te ha sentado bien.

-Pues no. La voy a echar mucho de menos.

Nerea es la única persona que me ha tratado con dignidad

desde que salí de prisión,

la única que no me ha utilizado a su antojo

ni ha abusado de mí. -Eso no lo dirás por mí, ¿no?

Yo siempre te he tratado como a un rey.

-No lo estarás diciendo en serio, ¿no?

-Pensé que te gustaba trabajar para mí.

-¿Cómo puedes ser tan cínica?

Si sigo aquí es porque me tienes cogido por las pelotas.

Me has amenazado con matarme si salgo del país.

Me has puesto espías, me has obligado a deshacerme de un cadáver con ácido

y me reclamas en tu cama cuando quieres.

Te importa una mierda lo que me pase o cómo me sienta.

Me haces sentir tu esclavo, así que no, no me gusta trabajar para ti.

Estás obsesionada conmigo, Sofía.

-¿Has terminado ya? -Sí.

-Que sea la última vez que me hablas así.

Espero una disculpa antes de que salgas por esa puerta.

(Móvil)

-Sí. ¿Cómo? ¿Cuándo?

Está bien, gracias por avisar. Yo me encargo. Voy para allá.

Tengo un asunto urgente. -Sergio.

¡Sergio!

-Está precioso. Le veo muy mayor. Me da pena perderme verle crecer,

pero le vas a hablar de mí, ¿no? Te mandaré fotos.

Y si no me las mandas tú, se las pido a tu padre.

Por favor, no perdamos el contacto. Buenos días.

Mira, justo a tiempo para la despedida.

¿Cómo? ¿Te vas ya a Santander?

Sí, aún me quedan muchas cosas que hacer antes de coger el tren,

pero sí. Bueno, que te vaya todo muy bien.

Gracias.

Para vosotros no hacen falta buenos deseos

porque sé que vais a ser muy felices.

Estáis hechos el uno para el otro.

Nunca olvidaré el tiempo que viviste aquí.

Para mí fuiste como una hermana

y me ayudó mucho que estuvieses durante todo el embarazo.

Te voy a echar mucho de menos. Y yo también.

Gracias a vuestra intervención, hoy no lamentamos una desgracia.

Fue cuestión de suerte.

Si Espe llega a venir más tarde, a saber lo que le hubiera hecho.

¿Cómo está Fede?

Perdió el conocimiento unos minutos, pero se ha recuperado bien.

Otra cosa, Lola.

He estado moviendo los hilos con Jefatura

a raíz de este caso y parece que sí, que se van a rascar el bolsillo

para que podamos impartir el curso de lengua de signos

aquí, en comisaría. Qué buena noticia.

Para mí es importante tener un contacto directo con las víctimas

y con Adela me sentí muy limitada. Lo sé.

Pero te tengo que pedir un favor. Sí, claro.

Necesito que convenzas al mayor número posible de compañeros

para que hagan el curso. Necesitamos que sea un gran éxito.

Por supuesto, cuenta con ello.

Además, ya he aprendido algunas nociones básicas por internet

y Adela me enseñó algunos trucos básicos.

¿Ah, sí? A ver. Mira.

Me llamo Lola y soy policía.

Se te da muy bien. Poco a poco.

¿Interrumpo? No, yo ya me iba.

Le estaba diciendo a Lola que tenemos luz verde de Jefatura

para el curso de lengua de signos. Fenomenal.

¿No estás al tanto de lo de Gallardo?

No me asustes. ¿Qué ha pasado?

No me digas que ha hecho algo porque ayer hablé con él.

No se dio por aludido porque está en el calabozo.

¿Está encerrado en esta comisaría?

Lo trajeron ayer de madrugada por una reyerta en un bar.

Le estrelló una botella en la cabeza a un cliente.

Iba bastante cocido. ¿Cómo está el agredido?

No tiene cortes, solo la contusión en la cabeza,

así que la imputación queda en un delito leve de lesiones.

Tampoco puso resistencia en la detención

y acepta los hechos en su declaración.

Pero bueno, él alega que fue en defensa propia

y que el otro se le echó encima. ¿Hay testigos?

Sí, un camarero y dos clientes,

pero ninguno de los dos respalda la versión de Gallardo.

Ya. ¿Y se sabe por qué fue la discusión?

Sí, lo tienes en el atestado. Léetelo, no tiene desperdicio.

A ver. Ahora el otro. Espera, espera, por el agujerillo.

Ahí, ahí. (SE QUEJA)

-Ahora, ya está.

-No sabía que ponerse una camiseta podía ser tan complicado.

-¿Te duele? Conmigo no tienes que hacerte el duro.

-Cuando los calmantes pierden efecto, molesta bastante, sí.

Pero ya has oído al médico, que es lo normal.

-Me ha parecido que ante él aparentabas que te dolía menos.

¿Lo has hecho para que te dieran el alta antes?

-Que ya no pueden hacer más por mí.

Ahora es cuestión de dejar cicatrizar la herida.

-Vamos, que tienes ganas de salir de aquí, ¿no?

-¿Y te extraña?

-No, pero me preguntaba si tenías prisa por ver a alguien.

No sé, a Paty, por ejemplo.

-¿Tantos rodeos para preguntarme por ella?

-David, ¿qué quieres? Ni me has mencionado la visita

y la verdad es que estás pensativo desde entonces.

Pero si no me lo quieres contar, no...

-No te he contado nada porque estoy digiriendo lo que pasó.

-¿Eh? -Se me declaró, papá.

Me dijo que sigue enamorada de mí. -Guau, eso no me lo esperaba.

-Ni yo. Se ve que al saber que me habían disparado,

pensó que podía perderme y nada, que se ha dado cuenta

de que está enamorada de mí y quiere que volvamos a estar juntos.

-Eso es fantástico, ¿no? Siempre has estado colgado de Paty.

-Veo que tú sí lo tienes claro. -¿Y tú, no?

Perdona, pero daba por hecho que te alegrarías

después de lo que has pasado por ella.

-Precisamente, tras todo este tiempo, que me venga con estas...

La verdad es que me quedé paralizado cuando me lo soltó.

-¿Qué le dijiste? -Que me diera tiempo para pensar.

-Ya. -No sé, estoy hecho un lío, papá.

-Bueno, menos mal que os pillo. Pensaba que os habíais marchado.

-Me acaban de dar el alta. -Me alegro mucho.

¿Cómo lo llevas, chaval? -Pues bien, bien.

Podría haber sido peor. -Le echaste un par, David.

No es fácil mantener el temple en una situación así.

Bueno, y le salvaste la vida a tu viejo.

-Y tú le salvaste de ir a la cárcel.

Muchas gracias, Elías, por dar la cara por él ante el juez.

-Miralles también ha puesto su grano de arena.

-Ya lo sé y también pienso agradecérselo.

-Solo dijimos la verdad, que sin vuestra colaboración

no hubiéramos podido trincar a esa panda de criminales.

-Elías, hiciste mucho más que eso. Diste la cara por mí.

-Porque estoy seguro de que el Chispas no va a volver a actuar.

-No.

-Además, David necesita un padre a su lado.

-El Chispas está muerto y enterrado. Se acabaron las mentiras.

-Puedo decir: "Te lo dije".

-Sí, puedes decirlo, sí. Lo tengo merecido.

-Puedes repetirlo todos los días de mi vida.

Sí, deberíamos haber acudido antes a la policía.

-Sabía que podrías ayudarnos a salir del lío.

-¿Sabes, David?

Estas victorias os ayudan a tirar en el día a día.

-¿Estás listo?

-Estoy deseando dejar esto atrás. -Venga, vamos.

-Buenos días, comisario.

-Hombre, comisario, cuánto tiempo. ¿Qué hay de nuevo?

No sé, dímelo tú.

Me pareció entender que no ibas a volver a las andadas,

que ya habías cumplido con la sociedad.

Y mira, no has durado ni 24 horas limpio

desde nuestra conversación.

Cualquiera diría que no se alegra de verme.

Eso díselo a tus compañeros de prisión.

Te vas a reunir muy pronto con ellos, ¿sabes?

Anda ya, ¿por esta tontería?

Esto fue solo un cambio de impresiones.

Además, empezó él. Se echó sobre mí y me defendí, de manual.

Legítima defensa. ¿Ah, sí?

Hay muchos testigos que opinan lo contrario,

que le asestaste un botellazo en la cabeza

porque era contrario a tus ideas taurinas.

Comisario, lo he visto en mi vida de todos los colores

y mire que tengo aguante, ¿pero meterse con Curro, con el faraón?

Por ahí sí que no paso.

No sé si sabe que iba para matador. Ese ha sido mi sueño desde chico

y corría por las calles de Triana,

pero una lesión de rodillas me apartó del camino.

Con esto quiero decir que para mí los toros son sagrados

y que algo entiendo del tema.

¿Y viene un mala sombra a decir que está sobrevalorado?

¡Hombre, por Dios!

Entre los antitaurinos y los modernos,

se están cargando el país. ¡No saben lo que es el arte!

En este país cada uno piensa lo que le da la gana.

Yo acepto todos los fanatismos,

lo que no aguanto es que venga un mala sombra

y solo se acuerde de las espantadas del maestro y no de sus faenas.

Gallardo, ya eres mayorcito

y tienes experiencia para empezar a controlar tu ira.

¿Vas a volver a prisión cada vez que alguien cuestione a Curro Romero?

Vamos a ver, no ha sido para tanto.

No, simplemente le asestaste un botellazo en la cabeza.

Nada, una caricia.

Si tuviera que liarse algo, yo estaba muerto.

Sigue alardeando, ya verás qué pronto regresas a Soto del Real.

¿Cuándo me ve el juez? En diez minutos.

Ya conoces el procedimiento.

Afortunadamente, el hombre al que agrediste se encuentra bien,

así que solo se te acusará de lesiones leves.

Lo que yo le he dicho, una caricia.

Seguramente, el juez te deje en libertad bajo fianza

a la espera de juicio. Si es así, volverás aquí

y, en cuanto se pague la fianza, quedarás libre,

si es que alguien se decide a pagarla.

Puro trámite, comisario. ¿Seguro?

También creías que no volverías a las andadas y mira,

aquí estamos.

Espero que tengas muy buenos amigos fuera

porque, si no, vas a tener que reunirte con los de dentro.

Vas a estar bien, mi amor.

Mami te va a cuidar, conmigo no te va a pasar nada malo.

¿Qué tal está el niño? ¿Sigue con fiebre?

Parece que está tranquilo. Sí, ahora ya está más calmado,

pero ha estado llorando un buen rato. Pobrecito.

Ven, amor, ven aquí.

(EXCLAMA)

Le he tomado la temperatura y tenía 37,2.

Ah, ¿le ha bajado?

Igual he sido una exagerada llamándote,

pero cuando ha llorado tenía 38. No, has hecho bien.

Al primer síntoma, me avisas. Es la forma de poder estar tranquila.

¿No ha tomado biberón?

No, y normalmente se lo toma de una tacada,

pero ni lo ha probado y no ha querido ni jugar tampoco.

Se le ve que no está cómodo. Ya. ¿Y qué crees que tiene?

Normalmente, les dan crecederas.

Suelen tener fiebre dos días y luego se les pasa.

Están así, mimosines.

O igual está incubando algo, no lo sé.

Por si acaso hoy no le voy a llevar al parque.

No, claro que no. Mi amor, mamá ya está aquí.

Está muy caliente, ¿tienes el termómetro?

Sí. ¿Qué pasa?

A ver, a ver.

(SUSURRA)

38,2. La tiene más alta.

Me lo voy a llevar a Urgencias. ¿Te acompaño?

No creo que haga falta.

Igual se pone a llorar y te va a poner nerviosa conduciendo.

Si quieres me quedo atrás y tú conduces tranquila.

Sí, sí, vale.

Le llevamos en el carrito o mejor coge la mochila.

Ya está,

ya está, mi amor, vamos a ir al médico y te vas a poner bien.

A ver.

La tengo. Llevo recambios del pañal y una muda.

Muy bien, vamos. ¿Llevas la cartilla médica?

No, claro, es verdad. Menos mal que estás aquí, Rebeca.

¿Se puede?

Ya me he despedido de todos mis compañeros,

solo me faltas tú.

-¿Has llamado a González? -Sí. No me iría sin despedirme de él.

-Espero que le den pronto el alta

porque si no me voy a sentir muy solo

aquí sin ti.

-Gracias, tío, por todo.

Sé que hemos tenido nuestros altibajos, pero por eso

para mí es muy importante que entiendas mi marcha.

-Tu padre me ha llamado hace un momento, ¿sabes?,

y me ha dado las gracias por respaldarte en tu decisión.

-¿Mi padre dando las gracias? ¿Ves? Te dije que estaba cambiando.

-Hemos hablado un buen rato

y hacía muchos años que no teníamos una conversación así de cariñosa.

-Le hace ilusión que vuelva a vivir allí.

Creo que se ha dado cuenta del alcance de sus actos.

Vamos a poder ir recomponiendo poco a poco nuestra relación

y, aunque algunas heridas tardan en curar,

para que eso pase tengo que estar allí, cerca de él.

-Mi hermano tiene mucha suerte de tener una hija como tú.

De todas formas, quería preguntarte algo muy importante.

-¿Qué te pasa?

-Tenías un compromiso la semana que viene, pero lo has olvidado.

-¿Un compromiso? No, si revisé mi agenda antes de comprar el billete.

-¿Puedes darme tus entradas para la ópera ahora que no estarás aquí?

-Ya te vale, tío. Qué susto me habías dado.

Es verdad.

Úsalas, claro que sí, no les hagamos el feo

a los de Vallegrande y Sierra dejando las butacas vacías.

-Trato hecho. Ahora, el hotel y el spa es para ti,

para que lo uses con tu padre o quien elijas.

-Yo pensando que me ibas a echar una última bronca...

-Para nada. Nerea, eres una excelente abogada

y me va a costar mucho encontrar a alguien de tu talla para sustituirte.

-Soy ahora mucho mejor abogada que cuando llegué de Santander.

He aprendido mucho de ti.

Has sido mi guía durante estos meses en lo personal y en lo profesional.

Te voy a estar agradecida siempre.

-Hola, Nerea, que me han dicho que te vuelves a Santander.

-Sí, esta tarde.

-Entonces tienes tiempo de comer con nosotros

y así nos despedimos con calma.

-Te lo agradezco, pero tengo muchas cosas pendientes

y tampoco quiero ponerme demasiado sentimental.

Gracias, tío.

Hasta pronto, Montse. -Cuídate.

-Que disfrutéis de la ópera.

-¿Vamos a ir a la ópera? -Sí.

-Aquí tienes. -Muy bien. Ya está.

Si quieres sentarte a esperar...

-¡Colega! Sabía que podía contar contigo.

-Acompáñenme, por favor. -Menuda nochecita.

La próxima vez te vienes conmigo. -¿La próxima? Estás de coña, ¿no?

No pienso volver a pagar 3000 euros para sacarte del calabozo.

-Si eso para ti es calderilla. -Mejor no me pongas a prueba.

-Aquí tiene sus pertenencias. Compruebe que está todo

y me firma aquí. -¿Y mi reloj?

-Si puede ser más específico...

-Un reloj que tenía en esta muñeca cuando me metieron aquí.

¿Le parece lo bastante específico, señorita?

-Agente o señora.

Déjeme comprobarlo, quizá haya una segunda bolsa. Ahora vuelvo.

-¿Me explicas cómo te enzarzas en una discusión

y te lías a botellazos? -Porque insultaron a Curro Romero.

-¿Me lo estás diciendo en serio? -Sí.

Delante mía nadie se mete con Curro. Primero está él, después nadie

y después los demás. -Corta el rollo, me lo sé.

-¿Recuerdas lo que le hice al Chocolatinas en la cárcel

cuando dijo que Curro era un cobarde? -Cómo no.

-Y porque se retractó, si no le corto las dos orejas y el rabo.

-Por última vez, Tote, ya no estás en la cárcel.

Si quieres volver a ese agujero, tú mismo, pero fuera debes comportarte.

-Venga, no hagas una montaña de un grano de arena

y él me buscó las cosquillas.

Se tiró sobre mí, yo solo me defendí. -Sí, con una botella, ¿no?

-Solo fue una caricia, un chichón nada más, por favor,

pero ahora va de víctima.

Si hubiera sido un hombre, lo hubiéramos arreglado

sin meter a los maderos por medio. -Lo que tú digas.

¿Te han impuesto otra medida cautelar?

-Debe presentarse en el juzgado los días 1 y 15 de cada mes.

-No quieren que me vaya del país,

como si hubiera un sitio mejor para vivir.

-Ahí tiene, caballero. Firme aquí y es todo suyo.

-Lo que no se llevan los ladrones aparece en los rincones,

eso lo decía mi abuelo. Gracias, guapa.

Gallardo, espero no verte por aquí en mucho tiempo.

No se preocupe, comisario, voy a ser un ciudadano ejemplar.

Tu jefe te lo agradecerá, ¿a que sí, Sergio?

A Transportes Quintero

no le conviene tener un trabajador montando líos.

Te aconsejo que lo ates muy corto. Aquí no te vamos a pasar ni una.

Toma, Paty, es un regalo de despedida para María y para ti.

-¿Cómo que de despedida? ¿Adónde te vas ahora?

-Yo a ningún sitio. -¡Ah!

-Pero es la despedida de mi empresa. Voy a cerrar La patisserie.

-Pero ¿qué dices? Ayer me dijiste que tus padres te iban a ayudar

para que te metieras en un local.

-Ya, pero cuando te fuiste, me puse a pensar las cosas.

-Te rayaste la cabeza. -Sí, me rayé,

pero me alegro de haberlas pensado bien, Paty.

No quiero que mis padres se endeuden por mí.

Llevan toda la vida trabajando y se merecen una buena jubilación.

-Eres exagerada. Para entonces ya se lo habrás devuelto todo.

-O no, es que no se sabe lo que puede pasar con la empresa.

De verdad, ahora mismo no necesito esa presión.

No dormiría bien sabiendo que si meto la pata, mis padres se endeudan.

Lo mejor es cerrar.

-Olga, te honra que pienses en tus padres antes que en el negocio.

-Es un palo, pero es lo que tengo que hacer.

Con Julio las cosas iban muy bien, pero yo sola...

-Eres muy joven. Cualquier día montas otro negocio por tu cuenta.

-Entonces ya está decidido, no hay marcha atrás.

-No. Esas son las últimas pastas, han sobrado del último pedido.

-Bueno, pues habrá que comérselas, digo yo, ¿no?

-Hombre.

-¿Hago unos menta poleo para acompañar?

-Sí, el mío con miel, a ver si me endulza la derrota.

-Toma.

-Mira, cariño, haber aprendido esa lección a tu edad

no es ninguna derrota, es un logro.

¿Sabes la de gente que se estrella por el camino

por no reconocer que han dado un mal paso?

Y arrastran a la gente que los quiere con ellos,

como hubiera sido el caso de tus padres.

No te sientas derrotada, esto es un triunfo.

-A mí no me ata en corto ni mi madre, eso le debiste decir al comisario.

¡Me cago en mis muelas! ¿Dónde están tus cojones, querubín?

-Los guardo para las grandes ocasiones, Gallardo.

A ver si te quedan claras dos cosas:

usa más el cerebro y menos las pelotas

y no me vuelvas a llamar querubín.

Sofía no te quiere aquí y es la dueña de lo que ves.

Esta mañana he tenido que dar la cara por ti.

Le he dicho que serías un trabajador ejemplar y no darías problemas.

-¿Me vas a dar la murga?

-Me estoy jugando mi prestigio por avalarte

¿y así me lo pagas? -Yo te recuerdo

que en la trena di la cara por ti y nos jugábamos más que el prestigio

y tú a mí me das limosnas. -¿Limosnas? He pagado 3000 euros

porque le rompiste una botella en la cabeza a un desconocido.

-Y poco le hice. Mira que meterse...

-Como menciones a los toros, el que pierde los papeles soy yo.

Necesito que te centres, Tote, o lo vamos a pasar muy mal.

Ya has oído al comisario, estás en su punto de mira.

Lo último que necesitamos en la empresa es tener a la policía encima.

-¿Ah, sí?

¿Y eso por qué? -Porque es una empresa seria.

-Ah, sí, claro, será por eso.

-Los clientes nos confían mercancías valiosas

y cuentan con que estén en buenas manos.

El prestigio, lo creas o no, es importante.

-¿Quieres que me tome este trabajo en serio?

-¿Es mucho pedir? -Dame un cargo en condiciones.

Dame un puesto como el tuyo y no el niño de los recados.

-La confianza hay que ganársela.

Demuestra que sabes comportarte y hacer lo que se te pide.

Aprende a pasar desapercibido y hablaremos.

-¿Desapercibido? O sea que del descapotable ni hablamos, ¿no?

-Eso va a tener que esperar.

Métete en la cabeza que eres un trabajador de Transportes Quintero.

En todo lo que hagas, la empresa va detrás.

Si vuelves a tener problemas, no podré defenderte ante la jefa.

Te pondrá en la calle.

Recemos para que no se entere de esto o lo vamos a pasar mal.

-Yo no entiendo cómo dejas que esa mujer te mangonee.

-Tote, por hoy ya está bien.

Vete a casa, descansa y mañana vienes fresco a trabajar, ¿vale?

-Cojonudo.

Ya que no tengo que conducir, ven al bar y te invito a una copa.

-Mira...

-Vale, ya me voy. Hasta mañana, figura.

-Una última cosa. Quítate el palillo de la boca para trabajar.

A Sofía no le gusta. -¿Me va a despedir por esto?

-Tiene razón Paty, están de escándalo.

-Oye, que aunque hayas cerrado,

a las amigas las peticiones se las atenderás, ¿verdad?

-Bueno, ya lo vamos viendo. -¡Hombre, por Dios!

-Hola, chicas. Qué bien se os ve. -Antonio, ¿un cortadico?

-Descafeinado, por favor. -¿Y eso?

-Siempre diciendo a los pacientes que no abusen de la cafeína.

Hay que predicar con el ejemplo.

-Mira, Antonio, la última pasta para ti.

-Es la última de verdad, papá.

Hoy es el cierre definitivo de Le patisserie de Olga.

-¿Estás segura? ¿No te lo quieres pensar?

Podíamos contratar a un gestor que revisara las cuentas.

-No, papá, no quiero darle más vueltas.

Ya he anunciado el cierre en la web y he rechazado los últimos pedidos.

Hoy acabo una etapa.

-Estarás orgulloso de tu hija, Antonio.

Tiene la cabeza muy bien amueblada. -Vaya si lo estoy, sí.

Yo ya me veía de "business angels". -Lo podemos dejar en "angel".

Me habéis demostrado que puedo contar con vosotros para lo que sea.

-Y tú nos has demostrado que puedes tomar decisiones por ti misma.

-Oye, te voy a dejar que quiero ir a casa de Julio

a desalojarla cuanto antes. Estar allí me pone bastante triste.

Así que voy a ver cómo vendo la maquinaria

y lo que pueda y a ver qué puedo sacar.

-¿Necesitas ayuda? -No, ya has hecho suficiente. Chao.

(Móvil)

-Dime, Eduardo. ¿Más pruebas? ¿De verdad crees que es necesario?

Vale, como quieras. Sí, estoy bien, no te preocupes.

Sí, me estoy cuidando, sí. Vale, nos vemos.

¡Ya estoy en casa! ¿Todo bien?

Bueno, esta tarde Leo se ha puesto malo

y le he llevado con Rebeca a Urgencias.

¿Qué le ha pasado? ¿Está bien?

Sí, el médico dice que no es nada, un virus, un cuadro catarral leve.

Dice que no debemos preocuparnos, pero la mucosa del pulmón

se inflama y hace que sean vulnerables a otros virus.

No suena bien. ¿Seguro que no es grave?

Es algo común en lactantes, pero sí, suena fatal.

¿Y le han mandado alguna medicación?

No, es algo que tiene que pasar solo.

Debemos tenerlo vigilado y muy hidratado.

Si pasa de 38, podemos darle su Paracetamol.

Pobrecillo, su primer virus. ¿Y dónde lo ha cogido? ¿En el parque?

Solo ha tenido contacto contigo, con Rebeca y conmigo,

así que se lo hemos tenido que pegar nosotros.

Ninguno ha estado enfermo.

El médico ha insistido en que nos lavemos las manos bien,

sobre todo al volver del trabajo.

Ya. A veces llego con tantas ganas de achucharlo que se me olvida.

Yo pienso ser muy tajante a partir de ahora.

Debías haberlo visto esta tarde. ¿Por qué no me llamaste?

Te hubiese acompañado. No quería asustarte

y estaba Rebeca conmigo. Esperé a tener el diagnóstico del médico.

Rebeca me ha dicho que es común que los niños pillen tantos virus.

Me ha ayudado tenerla a mi lado. Voy a verlo.

No, espera. Rebeca está durmiéndolo mientras preparaba la cena.

No quiero que se altere. Bueno, está bien.

Hola, Iker. ¿Cómo está Leo?

Bien, ya está más tranquilo. Acaba de caer redondo.

A ver si duerme del tirón. Debe estar agotado.

No es por desanimarte, pero lo peor suelen ser las noches,

es cuando le sube la fiebre y le pueden dar ataques de tos.

¿Le has subido el colchón, como dijo el médico?

Claro, pero lo más normal es que se despierte varias veces esta noche.

He pensado que podría quedarme a dormir,

aunque sea en el sofá, y os echo una mano.

No creo que sea necesario.

Ya has hecho bastante. Necesitas descansar.

No me importa quedarme.

(Móvil)

Dime, Ochoa. No, no he terminado las diligencias.

Mi hijo se ha puesto enfermo y he salido corriendo.

¿Qué pasa? ¿No pueden esperar a mañana?

Vale, ajá. Venga, hasta ahora. Chao.

He de volver a comisaría. Han pasado a un detenido

a disposición judicial y debo terminar las diligencias.

¿No queréis que me quede, al menos hasta que vuelvas?

Sí, seguro. Ya estoy yo para cuidar a Leo. Gracias.

Como queráis.

Cariño, no te lo tomes a mal, pero si Leo vuelve a ponerse malo,

Rebeca podrá compararlo con los síntomas de esta mañana.

Está bien. En un par de horas estaré de vuelta.

No te preocupes, como si tienes que estar toda la noche.

Os he dejado revuelto de setas para cenar y lavaos las manos.

Me encantan las setas. Voy a ver a Leo.

Espero que no se arrepienta.

Hace dos días tenía segurísimo el continuar con el negocio.

-Bueno, pero los números son los números.

Mejor que se haya dado cuenta ahora que en unos meses,

cuando sus padres se hayan gastado todo.

Además, le vendrá bien para pasar página en su relación con Julio.

-Visto así, borrón y cuenta nueva. -A ver en quién se fija ahora,

porque tiene un ojo para los novios que vamos...

Primero el terrorista ecológico y ahora este, pobre.

-No ha tenido mucha suerte con los novios, la pobre.

-Hombre, David, qué alegría verte por aquí.

¿Te puedo dar un abrazo? -Si he sobrevivido a la bala...

-Madre mía, qué preocupadas nos has tenido.

-Sí, ¿cuándo te han dado el alta? ¿Hace mucho?

-Esta mañana. -No sabía si llamarte o...

-¿Quieres tomar algo? Estábamos a punto de cerrar,

pero estás invitado a lo que quieras.

-Gracias, María, pero no he venido a tomar nada.

Me gustaría hablar con Paty a solas. -Ah, claro, pues me subo arriba.

Si quieres que te ayude a echar el cierre, me dices.

-No te preocupes, me encargo yo. -Venga. Hasta luego.

-Eh, siéntate y voy a cerrar la puerta para que no nos molesten.

-Hasta mañana, Paty. -Adiós.

-Y David, que me alegro mucho de verte otra vez por aquí.

-Gracias, María. -Venga.

-Sí que te has tomado tu tiempo para decidirte.

No sé yo si eso es muy buena señal. -Ya he tomado una decisión.

Me ha costado mucho, me pilló por sorpresa, ¿sabes?

-Ya vi tu cara.

-Tenía asumido que solo me veías como amigo,

desde hace tiempo, además. -Venga, va, suéltalo ya.

-Lo siento, Paty,

pero no vamos a volver a salir juntos.

Necesito cambiar de aires. Lo he hablado con mi padre

y los dos estamos de acuerdo en seguir adelante

con la idea de cambiar de vida, de vender la tienda

y buscar un sitio tranquilo cerca del mar.

-Borrón y cuenta nueva, ¿no? -Lo entiendes, ¿verdad?

Nos han pasado demasiadas cosas desde que nos instalamos en Distrito Sur.

-Ya, pero no tiene por qué ser incompatible con lo nuestro.

No sé, podríamos intentarlo, probar a ver qué tal nos va a distancia

y, si todo va bien, pues plantearnos otras cosas.

-No, Paty, no.

Necesito soltar amarras.

Mantener el vínculo contigo solo lo haría más doloroso

y, al final, acabaríamos rompiendo.

-Eso no lo sabes. -Sí, lo sé y tú también.

-No confías en mí, es eso, ¿no? -No.

-Sí, es eso.

-Bueno, a ver, algo de eso también hay, sí,

pero las cosas entre nosotros nunca fueron fáciles, es un hecho.

Siempre que estábamos bien acababa pasando algo que lo estropeaba.

Siempre ha sido así.

-Si no me llego a acostar con Jairo, yo...

-No, Paty, no, te juro que no te guardo rencor.

-Fui una idiota al rechazarte cuando quisiste volver conmigo.

-Habríamos acabado rompiendo igual por mis mentiras,

como mi padre con María.

Todo han sido obstáculos entre nosotros, hay que asumirlo.

-Asumir ¿el qué?

-Que nunca seremos felices como pareja,

por eso sé que es mejor dejar de intentarlo.

¿No me vas a decir nada?

-¿Para qué? Si tú ya lo tienes claro.

Soy parte de tu pasado.

-Una parte muy importante y muy especial.

Eres lo mejor que me ha pasado en Madrid.

Lo que me dijiste en el hospital, nunca voy a olvidarlo.

-Yo me siento muy ridícula. -No, no.

Para mí saber que te importo tanto me da fuerzas para seguir.

-Me alegro, aunque sea para alejarte de mí.

-Mantendremos el contacto, ¿eh? Aunque sea como amigos.

-Menos mal. Pensé que ya ni siquiera querías eso.

-Te voy a echar mucho de menos, Paty. -Y yo.

¿Te puedo dar un consejo como amiga? -Claro.

-Piénsate lo de ser policía otra vez. Es tu sueño

y yo quiero verte feliz haciendo lo que te gusta.

-Tal vez, no lo sé.

Necesito meditarlo con calma. -Hazlo.

Te quiero muchísimo. -Y yo.

-La mayoría de estos virus ni siquiera tienen nombre.

Desaparecen y vuelven a aparecer en el momento más inoportuno,

por mi experiencia.

Una vez ocurrió cuando cuidaba de Carlos y Lucía,

los hijos de mis vecinos.

Nos íbamos a ir todos de vacaciones a Portugal,

a la zona de Nazaré, ¿te suena? No, no he estado nunca.

Pero te tiene que sonar. Esa playa está en el Libro Guinness

por tener la ola más alta jamás surfeada.

30 metros, ¿te lo puedes creer? Cuesta imaginarla.

Debe ser flipante surfear ahí,

aunque no sé si me atrevería a meterme con olas así.

Total, que me quedé con las ganas. A Lucía le dio uno de esos virus

y adiós vacaciones. Y en Madrid hacía un calor esos días...

Estás un poco seco conmigo, ¿no?

Lo siento, no me sale estar de otra manera.

Ya te pedí perdón por haberte besado

y te juro que está todo aclarado. Yo te malinterpreté, simplemente eso.

Simplemente eso. Fui una idiota por haberlo intentado.

Mira, Rebeca, no me apetece hablar del tema.

Ya se me pasará. Eso espero.

Me gusta muchísimo este trabajo y adoro a Leo.

Te agradezco mucho que no le hayas contado nada a Alicia

de lo de mi metedura de pata. Precisamente por eso.

No me gusta guardarle secretos a Alicia y menos de este tipo.

Supongo que podrás entender que no me sienta cómodo.

Siento mucho haberte puesto en esta situación.

Me comporté como una cría,

pero me encantaría recuperar el buen rollo que había entre nosotros.

¿Sabes? No tengo hambre. Voy a darme una ducha, ¿vale?

No te preocupes, ya recojo yo. Tengo que dar el biberón a Leo.

Está todo bien.

Es por tu bien, Pablo, es todo por tu bien.

Nadie te quiere más que yo.

-Qué carita traes, ¿qué pasa? ¿El virus te ha dejado baldada?

-Siento haberte mentido, pero es que era incapaz de hablar.

-Ya, no me digas más. Es por David, ¿no?

-Me ha dejado plantada.

Siguen presionando para que consiga información de Sofía Collantes.

Ahora será más complicado. Antes tenías un pie dentro.

Necesito infiltrar a alguien de su círculo.

Lo dices como si tuvieras un candidato.

He pensado en alguien, pero no estoy del todo seguro.

Es un poco incontrolable, aunque puede jugar a mi favor.

Estoy haciendo un reportaje sobre el autoempleo

y estoy entrevistando a varios emprendedores,

a los emprendedores que han convertido su sueño en negocio

y este es el último en abrir. -Para un momento.

Cuando te he dicho que hemos cerrado

es que cerramos la empresa definitivamente.

¿Te importa cambiarle mientras me ducho?

Quiero llegar pronto al médico o se forman unas filas interminables.

No te preocupes, que cuando termines lo tienes preparado.

Dúchate tranquila.

(Bebé llora)

Mami te ha traído tu medicina, amor mío.

-Por mucha vocación y dedicación que le eches,

si tu socio tiene un trastorno y no puede trabajar,

normal que te cueste sacar el negocio adelante.

-He dicho que tenía problemas de salud, no un trastorno.

Ya sabías quién era mi socio, ¿no?

-Tampoco es un secreto. Olga, por favor, eso es privado.

-Fernando Quintero. Muchas gracias, Rebeca.

A ver, hija, para que me aclare, ¿qué es lo que quieres denunciar?

Una mala praxis o como sea. Los periodistas deben tener un código.

No deben engañar a la gente para sacarle información.

¿Te ha hecho algo? ¿Te ha obligado a algo?

¿Te ha extorsionado, coaccionado o puesto la mano encima?

No, pero me siento estafada. -Estoy de acuerdo.

Una alianza entre España y México en este momento

sería muy conveniente para todos. ¿La semana que viene? Sería perfecto.

Que venga Sergio Mayoral inmediatamente.

Felicita también a Espe de mi parte cuando la veas.

Por supuesto.

Deberíais celebrarlo de alguna manera, ir a cenar o algo.

Desde que tenemos a Fede, que es un cocinillas en casa,

no salimos nunca a cenar fuera, aunque no te digo que no me tomaría

una presa ibérica con crema de calabaza, ¿te acuerdas?

Hace ya mucho tiempo de esto. No tanto.

-Todo el mundo tiene un límite. Me has cuestionado, me has espiado

y me has tratado como a un perro.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 369

Servir y proteger - Capítulo 369

18 oct 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

ver más sobre "Servir y proteger - Capítulo 369 " ver menos sobre "Servir y proteger - Capítulo 369 "
Programas completos (390)
Clips

Los últimos 1.520 programas de Servir y proteger

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios