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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 340 - ver ahora
Transcripción completa

Quiero saber qué relación tienes con Anabel.

Domingo murió de una embolia, igual que Flor,

Les esperamos en Teledeporte.

una anciana que también cuidaba Anabel.

¿Tienes alguna noticia sobre lo que te he pedido¿ ¿Estás seguro?

-Todo esto ha sido por no acostarme contigo.

-¿Qué estás diciendo, perdona? ¿Qué estás diciendo?

-No te hagas el indignado, doctor.

Yo sé que eso es lo que has deseado desde que me conociste.

Estás obsesionado conmigo.

Tú me quieres hundir la vida,

pues vas a tomar de tu propia medicina.

-Ah, ¿sí? ¡Largo de aquí! ¡Fuera!

-¡Papa! ¡Papa!

¡Chelo, por favor, Chelo!

-Está acorralada, ¿sabes?

Está haciendo lo posible para que abandonemos la investigación.

Por las buenas o por las malas.

-Adiós, Antonio.

¡Apártate de él!

¡Date la vuelta!

Llévesela.

No tenía que haberle dejado solo.

Si yo hubiera estado aquí, esto no habría pasado.

¿Quién podía imaginar que esa mujer haría esto?

Él, tu padre.

¿Os dijo en el interrogatorio por qué lo hacía?

Dijo que lo había hecho por miedo.

Por miedo a...

a volver a una vida de penurias.

Era una trampa.

La venta de los diamantes nos la ha jugado.

-¿Y Rodrigo? -Lo han matado.

En cuanto tenga mi pasaporte me largo bien lejos.

A disfrutar de la vida, a vivir como un rey.

¿Qué pasa, Tintas? Cuánto has tardado.

¿Seguro que no ha huido y el pasaporte falso lo ha hecho otro?

Antonio y el Tintas coincidieron en Estremera.

Parece que hicieron buenas migas.

Otro amigo profesional de la falsificación

me ha dicho que los documentos de Toño

tienen claramente la firma del Tintas.

Bueno, ya está emitida la orden de busca y captura.

Espero que nos dé resultado.

Tino Molpéceres, alias el Tintas.

Puede haberse visto con Toño horas antes de su muerte.

Haz memoria.

Tómate tu tiempo, coño.

-He hecho memoria y no recuerdo a nadie llamad Tintas.

-Cuando te ofrecieron el botín, ¿no te dijeron de qué iba?

Me parece muy raro.

-Joao, ¿no habíamos quedado en hablar mañana?

¿Cómo dices? Eso es imposible.

Te confundes de persona.

¿Le has hecho una foto?

Pues ya estás tardando en mandármela.

-¿Qué broma es esta?

-No es ninguna broma.

Un testaferro del entramado financiero vive en Cabo Verde.

Me ha llamado para decírmelo.

Sí. "Oficial Lemos".

"Hola". Quiero verlo a primera hora mañana.

Somoza ya me quitó a alguien una vez,

y no soportaría que vuelva a ocurrir.

Me voy a ocupar de Somoza.

Y cuando todo esto termine,

te prometo que no me separaré de ti.

¿Te queda claro?

(Música emocionante)

¿Todo bien, inspectora? Sí.

Hace mucho que no la veía por aquí.

¿Puedo contarte algo?

Sí, claro.

Necesitaba desayunar en silencio.

Aunque me siento bastante mal.

¿Por qué? Pues, porque...

Leo llora mucho por las mañanas,

y aunque suene feo decirlo, necesitaba un tiempo para mí.

Si quiere la dejo sola. No, no.

Pero te pediría que no digas nada.

Soy una tumba.

¡Pati!

¿Me pones un café, por favor?

-Claro. ¿Queréis algo de comer?

-No, yo he desayunado muy pronto. Gracias.

Me he pegado un madrugón para ir al hospital.

Quería saber cómo estaba Antonio.

¿Has podido hablar con Claudia? Me la llevé a desayunar

para que se despejara un poco.

¿Cómo está Antonio? Claudia dice que está mejor.

Ha pasado la noche con pesadillas y dolor de espalda,

pero ya está en la habitación.

¿Y ella cómo está?

Está aturdida y muy cansada.

Después de lo que pasó, no quería ir a descansar a casa.

Supongo que ha pasado una noche horrible.

Sí, se sentía culpable, porque cuando dejó a Antonio solo

esta loca casi lo mata.

Le he dicho que no tiene que preocuparse,

que ya está camino de prisión.

Se ha ido derecha de Plaza Castilla a Soto del Real.

Menos mal.

Aquí tienes. -Gracias, Paty.

Lo necesitaba.

Elías, pareces cansado.

Estuve toda la noche pateando el barrio,

a ver si daba con el Tintas.

Me da miedo que lleguemos tarde también con él.

Eso no suena nada bien.

Todo apunta a que hay alguien interesado

en cargarse a la banda del Toño.

Y han empezado por los más conocidos, como le dije a Bremón.

Que, últimamente, está bastante raro.

Cállate, ayer me cogió de paño de lágrimas.

Cuando no está Miralles me cuenta a mí sus penas.

¿Y cuáles son sus penas?

Quería irse de viaje y ahora no puede.

Había comprado un paquete familiar, y ha tenido que cancelarlo.

¿Qué le ha pasado?

El problema es Miralles. No entiendo.

Bremón dice que mientras no vuelva Miralles,

no se irá de Distrito Sur.

No se fía de ninguno de nosotros para estar al frente.

Pues tendrá que fiarse. Antonio va a necesitar cuidados,

así que, alguien tendrá que hablar con él.

Te pido que seas muy discreta. Me pidió que no lo contara a nadie.

-"Si fuera mi enemigo quien me traiciona,

podría soportarlo.

Si un rival viniese contra mí, podría defenderme.

Pero eres tú, mi amigo, mi confidente,

con quien compartí mi intimidad.

Que la muerte lo sorprenda.

Que desciendan aún vivos al abismo.

Porque en su casa solo existe la maldad.

Yo, al contrario, rezo al Señor,

y él me salvará".

(Puerta)

¡Adelante!

-El inspector Lemos está aquí.

-Gracias Maricarmen. Dígale que pase.

Señor Somoza.

Oficial Lemos.

Siéntese, por favor.

¿Va todo bien?

¿Por qué lo pregunta?

No sé, lo veo...

muy serio.

Pensativo, oficial. Pensativo es lo que estoy.

Recuerde que viene un cargamento bastante grande.

Sí, es lo que me dijo.

Entonces es normal que esté un poco nervioso, ¿cierto?

Este cargamento es el más grande que se haya traído a Europa.

Lo otro que hemos traído, eran solo aperitivos.

Ahora empieza el juego de verdad.

Voy a llenar Europa de coca.

Por eso no tiene que preocuparse.

¿Usted me ve preocupado?

Pensativo, como dice usted.

¿Y esa biblia?

Está muy observador usted.

Bueno, forma parte de mi trabajo.

Mi padre me enseñó dos cosas:

cómo llevar este negocio

y la palabra del Señor.

Por eso soy el hombre que soy hoy en día.

Soy un hombre que no le preocupan las cosas.

Tengo el Señor a mi lado.

No sabía que fuera tan religioso.

Oficial Lemos,

no me diga que usted no lee la biblia.

Este es un país religioso.

Igual debería echarle un vistazo.

¿Quiere que lea un pasaje?

Preferiría que hablásemos de ese envío.

Supongo que me ha llamado porque necesita algo de mí.

Así es.

Quiero que vaya a Algeciras.

Cuando llegue, llame a ese número.

Le darán toda la información.

¿Y ya está? ¿Eso es todo?

De momento sí.

Pero ¿qué tengo que hacer? ¿Cuántos días pasaré allí?

Dígame algo para poder planificarme.

Va a pasar tres días allí nada más.

Eso es todo lo que tiene que saber por ahora.

El Señor le da ojos a los ciegos.

Y endereza a los torcidos.

Veo que ha memorizado algunos pasajes.

Solamente los que me interesan.

Por ahora, necesito que llegue esta noche a Algeciras.

Bien.

En ese caso, me marcho a comisaría,

tengo que inventarme una excusa de cara a mis jefes.

¿No se quiere llevar una lectura para el camino?

Quizás, en otro viaje.

No existirá otro viaje, malparido.

No te quedes colgado ahora, por favor.

Comisario, ¿no se iba de vacaciones?

Tú lo has dicho, me iba. Pero ya no me voy.

Con Antonio en el hospital no puedo contar con Miralles.

Y no puedo dejar la comisaría sola.

No me malinterpretes, entiéndeme.

Antonio está fuera de peligro.

Y Miralles no tardará en reincorporarse.

Su lugar ahora es junto a su marido, y no hay más que hablar.

No debería cancelar sus vacaciones.

Elías es un bocazas.

Él solo se preocupa. Debería usted confiar en su gente.

Es posible que tengas razón, pero...

ya no es posible, he cancelado el viaje.

Eso tiene fácil solución, basta con levantar el teléfono.

Era una oferta de última hora, he perdido la oportunidad.

Imposible. No hará que cambie de opinión.

Dele una sorpresa a su familia, llame a la agencia.

Igual puedo preguntar.

Seguro que todavía está a tiempo.

Muy bien. Perfecto.

En cuento podamos, le llevamos el pedido.

Gracias. Adiós.

Hola, María.

¿Qué tal? Cuántos días sin verte.

¿Vienes a comprar algo? -No, vengo a hablar contigo.

De David.

Me tiene muy preocupada tu hijo.

-¿Por qué, qué ha pasado?

-Porque anoche estuvo en el bar, y...

Muy raro, la verdad.

Estaba él solo y me dio mucha cosa verlo beber.

-Ya, pero no sería para tanto.

Me dijo que tomó un par de cervezas. -No es la cantidad, es la manera.

Lo vi amargado.

Dolido, con rabia dentro, yo nunca lo había visto así.

-Gracia por contármelo.

La verdad es que está mal.

-Eso salta a la vista.

-Es un momento complicado para él.

-Si hay algo que yo pueda hacer... -No, no. Gracias, de verdad.

Bastante has hecho con venir a contármelo.

-Es que, es muy buen crío, yo lo aprecio mucho.

Me da una tristeza verlo tomar ese camino...

A lo mejor, lo de ayer no significa nada, pero...

Más vale prevenir que lamentar. -Sí, sí, de acuerdo.

-¿Y qué piensas hacer?

-No te entiendo.

-Jesús, yo no quiero meterme en tus cosas,

pero si el chico está así, algo tendrá que hacer su padre.

-Sí, claro, hablaré con él.

No te preocupes.

-Era un crío lleno de proyectos, de ilusiones...

y de repente lo veo apático, solo, bebiendo en los bares...

Da mucha tristeza verlo así.

-Pero ha sido cosa de una vez, no creo que sea tan grave, ¿no?

-No te hagas el tonto.

Tú sabes muy bien desde cuándo está así David,

desde que discutisteis y se fue al pueblo, no es el mismo.

Si no me quieres contar lo que pasó, vale,

pero vamos... -María, no es que no quiera,

es que, no puedo. -Vale, lo que sea,

pero no le quites importancia, porque David está muy mal.

Ha dejado los estudios,

le importa nada su futuro, le habla mal a Paty...

Ese crío tiene una depresión, algo habrá que hacer.

-Estoy haciendo lo que puedo, ¿vale?

-No, no vale.

Pero no puedo obligarte a hacer más. Tú sabrás.

Yo pienso que te vendría bien compartir aquello que os pasó,

pero si no lo quieres contar, tus razones tendrás.

-Sí, sí, tengo mis razones.

-Pues, nada, yo te dejo trabajar.

-María, si yo pudiera...

-Sí, eso ya me lo has dicho y me ha quedado claro.

Gracias por contármelo.

-Claro, yo le entiendo.

Pero la semana que viene ya la tenemos completa.

Somos una empresa pequeña que acaba de empezar,

y nuestros productos son artesanos.

Sí, estoy mirando la agenda ahora mismo,

y.... no.

Lo siento, no tenemos hueco.

Estoy viendo que si no le importa esperar hasta el miércoles,

podríamos hacer el pedido al día siguiente.

Pero debo confirmarlo con la responsable del obrador.

Sí.

Yo se lo confirmo en cuanto pueda.

Gracias por su paciencia. Adiós.

-Perdón por llegar tan tarde. -No pasa nada, tranquila.

-Quería estar con mi padre cuando se despertara.

-No pasa nada.

-¿Era un cliente?

-Sí.

Y ya no sabía cómo darle más largas.

Como no sé cuándo podremos sacar más producto...

-Estamos perdiendo dinero por mi culpa.

-No, no te preocupes, Olga, de verdad.

Hay que tener claras las prioridades.

La salud y la familia son los primero.

Además, siempre hay algo positivo si se sabe mirar.

-¿Y qué hay de positivo en perder clientes?

-Rechazando encargos, da sensación de exclusividad.

Y tu marca se revaloriza.

El cliente recibe el mensaje de que tienes un producto de alta calidad

porque está muy solicitado.

-¿De verdad eso funciona así?

-Según algunos manuales de economía, sí.

Otros te dirán que un cliente perdido es una derrota,

y que tu marca empresarial se debilita, pero...

Cada uno elige el manual que quiere seguir.

Pero cuéntame, ¿cómo está tu padre?

-Mejor, fuera de peligro.

Ha sido muy difícil, pero no le quedarán secuelas.

Yo me doy por satisfecha. -Me alegro.

¿Crees que sería muy raro que me pase a visitarle?

La última vez que nos vimos no estuve muy acertado con él,

y me gustaría hablar y arreglar las cosas.

-Yo creo que sería un detalle muy bonito.

-¿Tú me acompañarías? -Claro.

-Igual, debería esperar a que le den el alta.

-No, no, no.

-Perfecto.

-Pero antes nos ponemos al día con los pedidos, ¿no?

¿Ha llegado la harina? -Sí está en la cocina.

Dos sacos gigantes que llegaron ayer.

-Pues, hala.

-¿Qué hace aquí? No lo esperaba hoy.

-¿Hay novedades sobre el Ave Fénix?

-¿Qué? -El renacido.

Fernando Quintero.

-Mire, Mayoral,

déjese de bromitas.

Si yo quisiera un bufón, le pago el sueldo de un bufón.

-Ha comprobado si el que aparece en la foto

es efectivamente, Quintero? -Sí, sí es él.

Estaba en Cabo Verde Praia,

haciéndose pasar por un comerciante.

-Eso es lo que lo le expliqué. -Pero ahora sé que es verdad.

Para saber las cosas positivamente, hay que hacer lo que hice yo:

comprobarlas.

Uno no puede tomar decisiones sin corroborar la información.

-¿No le parece absurdo por parte de Quintero?

Esa torpeza a la hora de esconderse.

Yo, cuando me marche,

iré a un lugar más recóndito que Cabo Verde.

-A mí no me importa dónde va a tomar usted sus vacaciones.

Yo vine a decirle que no le cuente a nadie

que Quintero está vivo. -Por supuesto que no.

-Es que, yo sé cuánto le gusta a usted restregarle a los Ocaña

lo que sabe sobre ellos y su familia.

-Descuide, no diré una palabra.

-Más le vale.

-¿Cuánto, señor Somoza? -¿Cuánto qué?

-¿Cuánto vale mi silencio.

Habrá que ponerle un precio, si es tan importante.

Las cosas importantes nunca son gratis.

Habíamos hablado de un millón, ¿qué le parece subirlo a dos?

-Mayoral, ya le he dicho que no me interesan sus bromas.

-No es una broma, ya lo sabe.

Usted anda bien de dinero, yo lo sé mejor que nadie.

Es momento de ser generoso con quien le ayuda..

-¿Quién se cree usted para hablarme así?

-Usted mismo lo ha dicho, no tengo el sueldo de un bufón.

Mi sueldo refleja lo que valgo.

No tenga en cuenta mi insolencia,

sino el valor de la información que le proporciona.

-¡Qué le pasa a usted, malparido, hijo de puta!

¡A mí nadie me habla así, y menos para amenazarme!

-No le estaba amenazando... -¡Calle la boca,

o le arranco la cabeza con mis manos!

La próxima vez que me hable así, deseará que le haya matado.

¡Cierto! -Sí, señor Somoza.

-Bueno, pues...

Ya sabemos quién manda aquí.

-Iker, ¿cómo vas?

Un poco ocupado, tío.

¿Quieres un cafelito?

Tú lo tomas con leche y azúcar, ¿verdad?

Lo del azúcar...

He leído en una revista científica que es poco menos que un veneno.

Según lo tomas, se va alojando...

en la arteria, y te puede matar. Yo lo estoy dejando.

Pero te lo pongo con azúcar y leche. Y un poco de cianuro.

Después de lo que dices, ¿cómo quieres que lo tome?

¿Y la leche con lactosa o sin lactosa?

Fede, deja lo del café.

No me da tiempo, tengo lío.

Lo del café era una excusa para charlar un rato.

Aaaaah...

A ver cómo te lo digo, Fede.

Tengo que salir pitando.

Vale, vale, tranquilo.

No me iba a extender mucho.

Si quieres hablar de Espe, deberá ser en otro momento.

¿Por qué voy a querer hablar de Espe? ¿De qué quieres hablar, entonces?

De Espe, sí.

No quiero cortarte, pero últimamente lo único que haces,

es ir por ahí arrastrando tus pies y contando tus penas.

¿Tú crees que yo soy un triste?

Lo que creo es que se te ha ido de las manos.

A la vida hay que mirarla con alegría.

Sí, con la misma alegría que tienes tú.

Cuando tengas un momento para un amigo, ya hablamos.

Fede, ¡Fede, tío!

Joder...

General, soy Lemos.

Tenemos confirmación del nuevo envío.

Tiene pinta de ser muy gordo.

No, Somoza no me ha dado más información.

Me ha pedido que vaya a Algeciras para coordinar la entrega.

No tengo más detalles.

Pero yo iría poniendo en preaviso a todas las unidades del sur.

Gracias, general.

Le llamaré si hay novedades.

A sus órdenes.

¿Qué haces? Necesitaba hacer una llamada.

¿Algún problema?

Somoza me ha encargado una misión.

Puede que sea la definitiva.

Van a hacer un gran envío de cocaína desde Colombia.

Ya. Y...

te tienes que ir a Algeciras. Exacto.

Pero no tengo más información.

No sé ni el lugar exacto de la entrega,

ni la gente que participa, ni la cantidad de droga.

Solo sé que tengo que llamar a un número cuando llegue,

y que Somoza pasará el resto de su vida en la cárcel.

Ten... ten mucho cuidado.

¿Vale? Siempre.

¿Crees que podremos cenar para despedirnos?

Imposible, salgo en un rato.

Tengo que hacer noche allí.

Te echaré de menos.

Y yo a ti.

Pero después de esta misión, todo habrá terminado.

Leo y yo te estaremos esperando.

Entonces, lo celebraremos por todo lo alto.

Claro que sí.

Ahora tengo que irme.

¡Hombre, por fin!

Tres horas tarde. ¿Se puede saber qué ha pasado?

-Se me han pegado las sábanas. -Lo que quiero saber es por qué.

David, no pasa nada.

Yo también he tenido resaca a veces.

Te voy a preparar un zumo de tomate. -No, no quiero.

-¿Cómo que no quieres?

Yo tampoco quiero ocuparme de la tienda solo.

He tenido que cerrarla para entregar los pedidos.

-Ya ves tú. -¿Cómo ya ves tú?

Te recuerdo que esto nos da de comer, por si te has olvidado.

-Papá, ¿te parece el momento de echarme la bronca?

-Si no quieres que te eche la bronca, ven a trabajar cuando te toca.

No me hables así.

David, entiendo que estos días están siendo difíciles.

Pero todo va a pasar.

Nos vamos a olvidar de todo. -No.

Te olvidarás tú, a lo mejor, yo, no.

-Entiendo que estás en una edad en que los problemas se magnifican,

pero, vamos... -Pero nada, papá.

Esta es la edad que tengo.

A lo mejor, tú con tu perspectiva vital

puedes relativizarlo todo, pero yo no puedo.

Tú puedes ser el amable frutero de puertas para afuera.

Han muerto tres personas.

Has robado en una casa.

Hemos ayudado a un asesino a escapar de la justicia.

Y cómo me tuvieron... -Espera, espera.

Cuando digo que nos olvidaremos de todo...

Es evidente que llevaremos una mochila muy grande toda la vida.

Pero ¿qué vas a hacer?

¿Te vas a pasar la vida de bar en bar emborrachándote?

-No, esa no es la solución.

-¿Y cuál es?

¿Se lo cuento todo a Elías?

Te recuerdo que lo que hice fue para salvarte a ti.

Yo no quería tocar esos diamantes.

-Tienes una razón legítima, una excusa para todo.

-No es una excusa, son las malditas circunstancias

que nos han traído aquí.

-Prefieres seguir viviendo con una mentira.

Una más, ¿qué más da?

Has engañando a todo el mundo durante décadas.

-Pero yo no puedo ser así, no quiero ser así.

No soporto este engaño.

No aguanto fingir delante de todo el mundo.

-Muy bien, ¿qué quieres que haga?

¿Confesar?

¿Quieres que me metan en la cárcel?

¿Es eso lo que quieres?

-Oficial, Iker. ¿Qué hace, Somoza?

No es conveniente que nos vean hablando en comisaría.

¿Qué pasa, pues?

Yo soy un ciudadano que viene a hacer una pregunta a un agente.

Está bien, ¿qué quiere?

Le tengo una misión.

Ya la estoy gestionando, no se preocupe por eso.

Esta noche estaré en Algeciras como me pidió.

No se trata de eso.

Quiero que me haga unas vueltas en el barrio antes de irse.

Hay unos camellos que me robaron parte de mi alijo

y lo quieren vender por fuera.

Quiero darles un sustico.

¿Qué sentido tiene utilizar a un policía para eso?

¿No tiene matones para partirles las piernas?

No se trata de algo físico solamente.

Se trata de algo de inteligencia también.

Quiero saber quién está detrás de todo esto.

Quién los apoya, y si hay más camellos pensado hacer lo mismo.

Ya entiendo. Pero solo un matiz.

¿No debería centrarme en el viaje a Algeciras?

Eso de los camellos es una nimiedad. Ah, una nimiedad.

Sí.

Déjeme decirle algo, oficial.

Cualquiera puede importar droga y venderla,

pero no vivir durante décadas sin que lo agarren,

o que lo maten.

Para hacer eso, hay que estar pendiente de los detalles.

Y eso nadie lo discute, pero... Pero ¿qué?

¿Qué le pasa?

¿No ha aprendido que a mí no se me discuten las cosas?

Tano podía ser muy traidor, pero hacía lo que se le decía.

No era arrogante como usted.

Haga lo que tenga que hacer.

Lo siento.

Deme los datos y saldré para allá.

A uno le dicen Nando y a otro le dicen Migue.

Andan con sus escúteres por las antiguas vías del tren.

Está bien.

Y recuerde que yo quiero todo el alijo

o el dinero que sacaron de la venta de eso.

Y quiero saber quién los apoya, y lo quiero para hoy.

Si usted no puede hacer esta nimiedad, como dice usted,

no está listo para hacer lo de Algeciras.

Entendido, Somoza.

Gracias, majo. Buenas tardes. -Hasta luego.

¿Dónde vas? -A hacer unos recados.

-¿Cuáles?

-Nada, cosas de bancos.

David...

Me siento muy culpable por todo lo que estás pasando.

Sé que te lo he dicho mil veces, pero...

tú eres lo más importante de mi vida.

-Yo...

yo siento estar así y que tú sufras.

Pero todo lo que ha pasado me puede.

No sé cómo quitarme de encima esta sensación de asfixia.

-Ya lo sé.

No te preocupes, lo solucionaré.

-¡Papá!

¿Adónde vas?

¿No ibas al banco?

Ha entrado un pedido y debes quedarte en la tienda

mientras yo entrego... -Después.

-¡Es bastante urgente! Lo necesitan ya mismo.

No te dejaré entrar ahí.

-David, escucha...

Lo he estado pensando.

No puedes continuar como un alma en pena.

-¿Crees que contigo en la cárcel voy a estar mejor?

-No lo sé, pero no habrá más engaños.

David, ¿no te das cuenta?

Con cada mentira nos metemos más en el hoyo.

Quizá, estamos a tiempo de salir.

-¿Salir? -Sí.

-Si cuentas lo del robo, irás a prisión provisional.

-Me da igual, no soporto verte así.

Te estoy arruinando la vida, no es justo.

-No es justo, pero tampoco es culpa tuya.

Todo ha sido culpa de Toño. -Eso no es verdad.

Toño no habría aparecido, si no hubiéramos trabajado juntos antes.

Si entré en la banda, no fue por obligación, fue por dinero.

No tengo excusa. -Pero tú dejaste aquella banda.

No les debías nada, cambiaste de vida,

curraste para salir adelante decentemente.

Si no es por Toño, todo esto no habría pasado.

Papá, ven conmigo y perdóname.

-¿Por qué ahora me pides perdón? -Por presionarte demasiado.

Casi has cometido una locura por mi culpa.

-Soy yo quien debería pedirte perdón el resto de mi vida.

-Ven, papá, que nos están mirando.

-David, escucha.

Con todo lo que he hecho, me acabarán pillando.

Pero tú no te preocupes por nada.

Les voy a contar la verdad, les diré que fuiste una víctima.

Que Toño te secuestró y que no sabías nada del robo.

-¿Tú crees que eso me preocupa?

Lo que no quiero es separarme de ti.

No tengo más familia que tú, papá.

No tengo a nadie, no puedes dejarme solo.

-Lo sé. Yo...

Solo quiero hacer lo correcto, que no te avergüences de mí.

-No me avergüenzo de ti.

¿Cuánta gente puede cambiar de vida como hiciste tú?

¿Todo por qué? Por mí.

¿Quieres hacer lo correcto? Pues lo correcto es...

que estemos juntos.

Somos una familia.

-Menuda familia...

Un padre ladrón y mentiroso,

que enreda a su hijo con sus líos.

David, deberías verte,

últimamente has cambiado, pareces otra persona.

-¿Cómo crees que voy a estar si me dejas solo?

¿De verdad piensas que voy a estar mejor?

-No lo sé, David, yo no sé nada. -Escúchame.

Estoy dispuesto a guardar todos los secretos que haga falta.

Estoy dispuesto a seguir mintiendo a la policía,

y a renunciar a todos mis proyectos.

Pero no estoy dispuesto a perderte. ¿Me oyes?

-¿Quieres seguir mintiendo el resto de tu vida?

-No.

Pero tampoco quiero perderte.

Nos vamos de Madrid,

buscamos un sitio donde empezar de cero,

un sitio donde no nos conozca nadie.

Tú ya lo has hecho, podemos hacerlo.

-Sí, podríamos hacerlo si es lo que tú quieres.

-Claro. Sí.

Vámonos, papá.

Hay qué ver cómo rotamos a las patrullas.

Habrá dos agentes en la estación de cercanías toda la semana.

¿Lo dices por la venta ambulante?

Por precaución en general.

Hay dos carteristas trabajando los andenes.

Martínez y Molina se quedan libres esta semana.

Tras la incautación de ayer, el tema del almacén está cerrado.

Entonces, adjudicamos las mañanas para Martínez y Molina.

Y Cobos y Navarro por las tardes.

Ya está todo, ¿no? Yo creo que sí.

Si los jefes dan el visto bueno, tenemos la semana cubierta.

Alicia... Tranquilo, Elías.

Hay que organizar la dotación para la estación de cercanías.

Me gustaría que te encargaras tú.

Sabes que nos hemos comprometido. Puede irse tranquilo de vacaciones.

Martínez y Molina por las mañanas, y Cobos y Navarro por las tardes.

Estupendo.

Pero ¿Martínez y Molina no estaban con el almacén textil?

Cerraron ayer el caso.

Los responsables del almacén han confesado,

y hoy pasan a disposición judicial. Veo que lo tienes todo organizado.

Podría irse usted de vacaciones, y aquí no pasaría nada.

Lo siento, pero no lo pienso hacer.

Te lo dije, Alicia. No lo pienso hacer

porque me voy esta misma tarde.

Llamé a la agencia, y me han dicho

que la única manera de recuperar la oferta

era marchándome dentro de cuatro horas.

¿En serio? Sí.

Pues, Natalia tiene que estar feliz.

Está contentísima.

Muchas gracias por insistirme.

Entonces, ¿no queda ningún asunto pendiente?

¿Me puedo ir? Comisario, se va de vacaciones,

si hubiera algún asunto pendiente no se lo diríamos.

Como se nota que le dio clases Miralles en la academia.

He tenido la misma conversación con ella.

De verdad, si hay algo importante, me avisáis.

Tienen que prender fuego a la comisaría para que le avisemos.

A Canarias se va a descansar, no a estar pendiente del trabajo.

Tienes toda la razón.

Disfrute de sus vacaciones, está todo bajo control.

Una última cosa.

Ya se lo he enviado por email a Miralles,

pero por si acaso. Aquí está toda la agenda.

Esta tarde hay rueda de prensa en comisaría.

Y todos los apuntes que he tomado están ahí.

En el email también.

Estaremos pendientes para prepararlo todo,

y que Miralles se preocupe lo menos posible.

Pues, nada, me voy que tengo que preparar la maleta.

Muchas gracias. Buen viaje, comisario.

La rueda de prensa, el pasatiempo favorito de Miralles.

Sí que empieza pronto la diversión.

¿Adónde?

-¿Qué? -Has dicho que nos vamos de Madrid.

¿Adónde quieres ir?

-No lo sé, papá, lo he dicho según se me ha ocurrido.

-Ya.

¿Quieres que volvamos a El Bonillo?

-No, después de Madrid, volver a un sitio pequeño

sería muy agobiante. ¿A ti te gustaría?

-No, a mí me da igual. -¿Seguro?

-Sí, esta vez elije tú.

Entonces, ¿dónde quieres que vayamos?

-No sé, ya encontraremos un sitio.

Tú lo hiciste hace 20 años, y tenías un bebé del que cuidar.

Ahora somos dos.

-Bien.

Pues, haremos como hace 20 años.

Dejaremos que el destino decida.

-¿El destino?

-¿Por qué crees que terminamos en El Bonillo?

Mira, David,

yo estaba cruzando La Mancha por carreteras secundarias,

y quería ir a la costa.

No tenía decidido exactamente dónde, pero quería improvisar.

Valencia era lo que estaba más cerca.

Y yendo con un crío tan pequeño como tú,

tenía que llegar pronto.

Así que, no me planteé buscar nada,

ni dar muchas vueltas.

-Íbamos de camino a Valencia.

-Sí, esa era la idea.

Quería que te criaras cerca del mar.

Pero el coche se estropeo a la entrada de un pueblecito.

-Y te quedaste allí sin más. -Pregunté por un taller.

Y me encontré gente muy sencilla, gente muy hospitalaria.

Me dieron buenas vibraciones.

Pensé que era un sitio tan bueno como cualquier otro.

-Aunque no tuviese mar.

-Con el mogollón que tenía encima,

lo del mar era un pequeño detalle sin importancia.

¿Para qué arreglar el coche y seguir si allí podía estar a gusto?

-Nunca me lo habías contado.

-Ya, no te conté muchas cosas.

A partir de ahora no habrá más secretos.

-Papá, esta vez llegaremos hasta la costa.

Montaremos un chiringuito en la playa.

-A mí me sirve, pero tú tienes que estudiar.

Tú vales mucho. No quiero que envejezcas

poniendo cubatas a los turistas.

-Hola, chicos.

(AMBOS) Hola.

-¿Pasa algo?

-Nada, estábamos hablando del futuro

Hemos decidido que nos vamos. -Que os vais.

¿Adónde os vais? -A la playa.

-Qué guay, ¿de vacaciones? -No.

-¿Cómo que no?

Si no me lo explicas, no lo entiendo.

-Vamos a cerrar la tienda

y vamos a montar un chiringuito.

No suena mal el plan, ¿no?

-No.

No suena nada mal.

Y no lo digo por la playa, sino...

por las caras de ilusión que tenéis.

-¿Se nos ve ilusionados?

-Sí, lo digo en serio.

Hace tiempo que no os veía tan bien.

-Bueno, no todo es buen rollo, no te vayas a creer...

También hay una parte de mí

que le da pena irse.

-Os echaré de menos.

(Puerta)

-¿Pasa algo?

-¿Cómo me llamas para venir a verme aquí?

-Vaya, resulta que hoy no tenías ganas de verme.

-No podemos dejarnos llevar por las ganas o la falta de ellas.

Voy a casarme con Alejandro.

Tengo que tener cuidado. -Qué curioso,

cuando lo menciono yo es cobardía, y resulta ridículo.

Pero si lo dices tú es un argumento de peso.

-A partir de ahora, yo decido cuándo nos vemos, dónde nos vemos,

y si nos vemos.

¿Te ha quedado claro?

-Clarísimo.

Pero no estoy de acuerdo. -Ah, ¿no?

¿Y qué vas a hacer entonces?

¿Jugártela con Alejandro?

-Tu querido Alejandro

me tiene hasta los huevos.

-Mira, mi amor, si tengo un amante, no es para hablar

de lo bien o mal que le cae mi marido.

-Lo comprendo.

Y tú comprenderás que no voy a ser tu perrito faldero,

mientras Somoza me trata a patadas.

-Si tienes problemas con Alejandro, no es asunto mío, lo hablas con él.

Si es que te atreves.

-Prefiero que lo hables tú.

Tienes mejor mano izquierda que yo.

No me mires así.

Conseguiste que dejara marchar a Nerea.

Hazlo conmigo ahora.

Conseguí echar a Nerea porque no soportaba verla por allí.

¿Por qué iba a pedirle que prescindiera de ti?

Sería bueno para los dos.

Si salgo de su radar, será más fácil vernos sin que él sospeche.

Y tú no me volverás oír hablar de tu marido.

-Así que, a eso has venido, a pedirme favores.

Pensé que con tanta insistencia lo que querías era sexo.

-Me dijiste que me ayudarías.

Cumple con tu palabra.

-Cada cosa a su tiempo.

-No te pido que lo hagas a cambio de nada.

Te recuerdo que tengo acceso a sus cuentas.

Puedo quitarle media fortuna en media docena de clics.

Millones de euros desaparecidos, y reaparecidos en dos cuentas suizas.

Una para ti y otra para mí.

-El plan resulta...

tentador.

Pero, igual que con las citas,

seré yo quien decida lo que hacemos y cómo lo hacemos.

-Yo no voy a aguantar mucho más.

-Alejandro me ha pedido firmar unas capitulaciones matrimoniales,

realmente abusivas.

Es su condición para que nos casemos. -¿Entonces?

¿Por qué te casas con él?

Si lo que quieres es su dinero, me necesitas a mí.

Porque, te aseguro, que se lo voy a quitar.

Se lo voy a quitar todo y me voy a largar.

No volverá a verme la cara en la vida.

Pero se va a acordar de mí.

-Cómo me gusta que me hables así.

Como un hombre, y no como un crío asustado.

No es su dinero lo que quiero.

Quiero matarlo.

Vamos a matar a Alejandro Somoza,

y nos vamos a quedar con su dinero.

Pero antes...

vamos a hacer otra cosa.

-Oye, David,

¿por qué se lo has contado a Paty? -No sé, ¿te parece mal?

-No es eso. Lo único que...

Prefiero tener las cosas pensadas antes de compartirlas con todos.

-No sé, me ha salido así.

Es la primera buena noticia que puedo compartir

desde que Toño pisó por aquí. -Ya, lo entiendo.

Pero cuando corra la voz de que nos vamos, querrán saber por qué.

Querrán saber detalles, ¿y sabes qué significa eso?

Que tendremos que contar mentiras. -No necesariamente.

Podemos decir que estamos encantados con el barrio,

pero que queremos cambiar de aires.

Que nos agobia Madrid con su ajetreo,

y queremos volver a un sitio tranquilo.

-Yo solo te pido que tengas paciencia.

No podemos irnos de un día para otro. -Ya lo sé.

-Tenemos que vender el local, y hay mucho papeleo.

Tenemos que ir al Registro Mercantil, al ayuntamiento...

-Ya sé que cambiar de vida no se hace de un día para otro.

Tampoco se lo he dicho a Paty por eso.

Quería oírmelo decir.

Quería hacerlo oficial.

Así, será más difícil dar marcha atrás.

-Dígame.

-Tú no sabes lo que es este motor, chaval.

La versión turbo, 20 válvulas.

Los coches de hoy no son como los de antes.

Cuando coloquemos el alijo, me pillaré un clásico como este.

¡Al loro!

¡Esperad, chavales!

¿Tienes algo? ¿Algo?

¿Algo de qué? Farlopa. Mira, tengo pasta.

Mira, tío, sé que eres poli.

Te he visto alguna vez en la comisaría de Distrito Sur.

Además, te equivocas con nosotros.

¿Nos has visto cara de camellos o qué?

¿Y tú me has visto cara de gilipollas o qué?

Para el motor y baja de ese cacharro.

Te he dicho que pares el puto motor.

Y baja las manos, imbécil. Esto no es una peli de vaqueros.

Somoza me manda buscaros. ¿Trabajas para Somoza?

Pero si tú eres... Puedo ser varias cosas a la vez.

Entonces somos compañeros, ¿no?

Sí, qué guay, somos compañeros.

No veas la ilusión que me hace.

Solo que hay una diferencia,

que yo no le robo al jefe, como hacéis vosotros.

Nosotros no hemos robado al jefe.

Yo pensaba que íbamos a llevarnos bien,

y resulta que me voy a manchar la ropa de sangre.

A ver cómo explico esto en comisaría.

Cálmate un poquito, ¿vale?

Que me calme, ¿por qué?

¿Acaso me ves nervioso?

Vamos a hacer una cosa.

Yo voy a contar hasta tres,

y tú me dices dónde está el alijo que robasteis a Somoza.

Que nosotros no hemos levantado... ¡Ay!

Uno...

Si me obligas a contar hasta tres,

te arranco los dientes de un tiro.

Dos... ¡Vale, vale!

Lo tengo todo aquí, en la moto. Solo medio kilo.

Te juro que no lo hemos tocado. Llévatelo.

No os mováis de donde estáis.

Señor Somoza, estaba a punto de terminar.

Los pimpollos están dispuestos a devolverle todo el alijo.

¿A que sí, chaval? Sí, sí.

Se lo devolvemos todo con intereses.

-¿Con intereses?

No solo me traiciona, también me insulta, malparido.

¿Usted cree que necesito esos intereses?

¿Cree que esto es por dinero, malparido?

La traición se paga con la muerte.

Mátelo.

¿Cómo?

Que lo mate.

Dele un tiro en la cara, que no lo reconozca ni su puta madre.

Vamos a ver. Se supone que solo les daríamos un susto.

Vale, cambié de opinión.

Quiero que los mate. ¿No tiene huevos para matar a esos malparidos?

¡Dispáreles!

¿Es que necesita un arma limpia?

Esto va a traer cola, Somoza.

Dos ejecuciones, piénselo bien.

¿Y si las relacionan con usted?

¡Arranquen, pues!

¡Vayan, malparidos de aquí!

¡No los quiero ver ni un momento más!

¡Dale, pues!

Ya le dije que no me gusta que me discutan las órdenes.

Escuche... Solo un tipo de personas

no es capaz de matar unas ratas como estas.

Otra rata.

¿En serio, otra vez...?

Cállese la boca.

Ya ha dicho demasiadas mentiras.

Y si la abre que sea para rezar.

¿Usted cree que yo no sé que trabaja en el CNI?

¿Que inculpó a Tano para salvarse el pellejo?

¿Qué está diciendo? ¿Qué piensa hacer, me va a matar?

No, pero va a desear que lo haya hecho.

Lo voy a encerrar en el infierno,

y le voy a enseñar el significado de la palabra dolor.

¡Ay!

Así, arrodillado te vas a quedar

los pocos días que te quedan de vida, malparido.

Llevo meses difundiendo rumores sobre la debilidad de Alejandro.

Sus lugartenientes en Colombia me han ofrecido apoyo.

¿No me crees

¿Qué clase de capo permite que maten a su hijo?

Y, luego,el asesinato de Tano.

Cualquiera que trabaja para Somoza puede ser el próximo.

¿Qué te han dicho los médicos? ¿Alguna novedad?

¿Novedad? ¿En qué sentido?

Tus constantes. Si está todo en su sitio...

¿Cuándo te dan el alta?

Vale, sí, va a haber niño.

-¡Ay...!

-Mi Nacha con un bebé en los brazos, no lo puedo imaginar.

No lo tomes a mal.

-Hasta hace unas semanas no me lo imaginaba ni yo.

Vamos a calmar la euforia, porque esto suena muy bien, pero...

es una decisión a futuro, algún día.

-Algún día.

-Te voy a hacer el amor más rico del mundo.

-¿Por qué tengo la sensación

des salir de una cárcel para entrar en otra?

-Siempre es mejor una celda que un ataúd.

-¡Perdón! Arantxa Heredero, del "Faro Sur".

¿Dónde me siento? -Sí, perdone.

Por aquí, por favor.

¿Qué tal? ¿Nerviosa?

Lo justo.

María, te traigo la compra y un cotilleo que vas a flipar.

-¿Y eso?

-Los Merino se van del barrio.

-Hemos pensado en ir a la costa.

David quiere abrir un chiringuito, pero...

no hay nada cerrado.

-¿Esta decisión tiene que ver con que tú y yo hemos roto?

-¿Es cierto que su comisaría ha ocultado información importante

para la seguridad ciudadana?

No entiendo la pregunta, ¿a qué se refiere?

Me refiero a la asesina de ancianos.

La gente debe saber que hay un asesino en serie.

La muerte de esos ancianos, en principio,

parecía que fueron por causas naturales.

Disculpe... -Disculpe usted, pero ya está bien.

La inspectora ha respondido todas sus preguntas.

-Quiero una entrevista con Miralles.

-Y yo unas vacaciones en las Maldivas.

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Servir y proteger - Capítulo 340

06 sep 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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